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Cuento de primavera: Una celebración singular

1 mayo, 2014 By amarias Deja un comentario

En el reino de Valgamediós se celebraba la Fiesta del Trabajo. Había sido una conmemoración muy importante, equivalente a la del día de la Inmaculada, el Corpus o el Jueves Santo. Con el transcurso del tiempo, sin embargo, esas fiestas seguían siendo motivo de jolgorios, aunque ya nadie recordaba el motivo.

Especialmente curioso era la situación generada en relación con esa Fiesta del Trabajo. Se la llamaba así porque, de acuerdo con la costumbre ancestral, se exaltaba el hecho -aunque surgían dudas acerca de su verdadera existencia histórica- del día, perdido en la memoria colectiva, en que a todos los valgamediosinos en edad de trabajar, y con ganas de hacerlo, les había sido posible encontrar un puesto de trabajo «digno, adecuado a su formación y sus necesidades».

Ese logro se atribuía a siglos de lucha sindical, durante los cuales, según rezaba el imaginario, se había estado presionado con contundencia, unidad y juego de cintura, a la «clase empresarial». Se presentó, durante muchos años, como demostración de la fuerza, el poder y la efectividad que conseguían quienes dependían de su trabajo para poder vivir, si estaban unidos.

¿Frente a quién?. El dilema parecía resuelto. La inmensa mayoría debería defender sus intereses (trabajo a cambio de remuneración, remuneración a cambio de bienestar) frente a un grupo minúsculo, pero potentísimo, formado por los empresarios, también conocidos como  capitalistas, a los que solo preocupaba la obtención del máximo beneficio, mezquino objetivo en el que estaban auxiliados por algunos de los más listos y capacitados, que habían estudiado en centros de formación y sectas misteriosas cómo conseguirlo.

Si bien muchos habitantes de Valgamediós no conocían los orígenes de lo que celebraban, lo más preocupante ya no era eso. Tenían un grave problema: no había, prácticamente, trabajo. Tal vez algunos creían que si se trataba de un dios, Trabajo volvería si lo invocaban con fuerza.

¿Cómo se había llegado a esta situación? Al principio, evolucionó suavemente. Durante algunos años, las mejoras tecnológicas fueron reduciendo sustancialmente la cantidad de trabajo disponible; las máquinas venían a reforzar el trabajo de operarios y oficinistas, que se sintieron muy satisfechos porque su actividad era más descansada y de mayor calidad.

De pronto, un día, miles y miles de valgamediosinos se encontraron con que fueron despedidos. Las máquinas y los que se encargaban de su correcto funcionamiento -que eran muy pocos- ocuparon su sitio, y a ellos se les consideró amortizados.

-No hay problema -se les tranquilizó, de forma anónima- os facilitaremos conseguir otra formación y os seguiremos pagando algún tiempo.

Así fue como muchos aprendieron a ser cocineros, camareros, peluqueros, modistos, programadores y delineantes de chichas y nabos, etc. Algunos se hicieron emprendedores con el dinero que habían recibido como indemnización

Demasiado tarde, advirtieron que esas tareas, que se consideraban «auxiliares», eran pan para hoy y hambre para mañana. Muchas de ellas, además, habían sido declaradas anteriormente indignas y abandonadas en manos de inmigrantes, mujeres y desnortados, como las de cuidar ancianos, atender a infantes, limpiar cacas y cristales, pasear al perro y a la abuela, etc.-

Para los que habían abierto una peluquería, pronto resultó evidente que la competencia era feroz y que el negocio no existía.

Las actividades denominadas «cualificadas» exigían, por otra parte, una especialización y formación continua y, además, al crecer la oferta, por la ley de la demanda, su remuneración disminuía.  Había que estar poniéndose continuamente al día para entender el manejo de los equipos, máquinas y programas que mentes privilegiadas de países donde se concentraban las mejores Universidades e Institutos Tecnológicos, estaban desarrollando sin parar.

Muchos fueron los que sucumbieron, física y mentalmente: por desánimo, por desorientación, por ignorancia, por despecho. Las causas fueron tan variadas, que resultaba imposible enumerarlas a todas.

Los debates para analizar posibles soluciones no daban el resultado apetecido, pero proporcionaban una visión sociológica muy interesante.

-No puedo más. He aprendido ya catorce lenguajes informáticos, asistido a diez cursos de robótica, y ampliado mi formación con tres diplomas de gestión óptima de recursos físicos, y me he vuelto a quedar sin empleo. Me dicen siempre oficialmente que mi puesto está amortizado y que tengo que reconvertirme-comentaba, en la reunión semanal de Intercomunicación de Perspectivas con Propósitos Permanentes de Encontrar Soluciones Proactivas y Protopragmáticas (IPPESPP), una mujer de treinta y tres años, que se había presentado a los asistentes como madre soltera de un bebé de cuatro meses.

-Mi caso es peor -hablaba un hombre de cuarenta y siete años, divorciado, ingeniero nuclear, que expresó haber estado residiendo los últimos cuatro años en Ghuanzou, en la China meridional-. Me quedé sin trabajo, junto con todo mi equipo, porque la multinacional que me empleaba estima ahora que los ingenieros locales, a los que yo formé, pueden hacer lo mismo o mejor, pero con la mitad del salario. Y no tengo derecho a subsidio de paro, porque la empresa dejó de pagar la contribución que correspondía.

-Nada de lo vuestro es comparable a lo mío -se levantó el que, aunque confesó tener sesenta y siete años, aparentaba casi ochenta-. No tengo pensión.  Recibo treinta vales de pan, dos kilos de sardinilla y sesenta frascos de cola azucarada de una institución benéfica. La residencia geriátrica en la que está mi mujer, enferma de Alzheimer, carece de servicio regular de agua y su ocupación es del 300 por ciento. Cultivo de tapadillo patatas, acelgas y zanahorias en una parcela del parque del Mediodía, y recojo restos de comida de los contenedores de basura. Perdonadme si hiero vuestra sensibilidad, pero desearía morirme -concluyó.

-¿A qué te dedicabas? -preguntó uno de los asistentes, que llevaba un libro de poemas de Rainer Marie Rilke en una mano.

-La pregunta importante no es esa -le contestó el anciano-, sino ¿para qué estamos haciendo todo esto?

A unas cuantas decenas de metros de allí, los representantes sindicales de Valgamediós habían conseguido reunir a algunos cientos de personas, y repetían, con voces tonantes, el mismo discurso que los años anteriores. Había banderolas de colorines, y varias pancartas con leyendas en las que podía leerse: «Agrupación Sindical Renovada de Carbuncos de Abajo», «Sindicalistas por la Unidad Definitiva» y «Parados del Mundo, jodéos» (Esta última había sido retirada por la organización).

-Hemos hablado con la clase empresarial y nos ha prometido que es probable que no haya más reducciones de puestos de trabajo, o que las que sea forzoso realizar, debido a la coyuntura, sean de empresas en donde no haya miembros de los sindicatos mayoritarios. Podemos afirmar rotundamente que tenemos garantizado nuestros puestos de trabajo. No debemos temer que la crisis nos afecte a nosotros. Incluso estamos negociando un acuerdo específico para conservación indefinida de los derechos de los representantes sindicales.

Una mujer que estaba siguiendo desde una terracita el despliegue de discursos y banderas, gritó, y su pregunta resonó, hecha ecos, en la plaza:

-¿Para qué estamos haciendo todo esto?

No había, como quedó escrito, muchos empresarios en Valgamediós. Era muy difícil organizar una actividad partiendo de cero, y las posibilidades de perder el dinero y el trabajo resultaban tan altas, que muy pocos valgamediosinos se habían atrevido a crear una empresa propia.

Si lo hacían, no importa se tratara de un bar, una mercería, una peluquería o un taller de artesanía local, desde ese mismo momento, pasaban a ser considerados capitalistas por los demás, y, como en un acto reflejo, no dudaban en ponerles todo tipo de zancadillas, para hundirles lo que llamaban «el negocio»: compraban los productos que aquellos ofrecían en las grandes cadenas, o en comercios orientales o los recuperaban del armario de la abuela, alegando que eran de mejor calidad, más atractivos o más baratos, o la excusa que se les ocurriera de repente.

No todo era negativo: había jóvenes que habían conseguido, gracias a su creatividad e ingenio, inventar algo. Se les podía ver, con su mercancía expuesta a la luz del sol, en el Valle de los Inventores, esperando que acudiera algún comprador, como quien vende baratijas. Cuando llegaba la noche, muchos se emborrachaban y, con la fuerza del alcohol y de los dopantes, seguían creando y alimentando ilusiones.

A la entrada del Valle de los Inventores, alguien había colocado una cinta con esta leyenda:

Why are we doing all these things?

Los propietarios de los grupos multinacionales, integrantes del cártel Biggest World Tycons (BWT) se encontraban celebrando también el Día del Trabajo en un lugar no determinado de un paraíso fiscal.

-Levanto mi copa -expresó, al final de la comida anual, su Presidente, Theo Lattim, con evidente satisfacción- porque los próximos años sigan en este camino emprendido, ya imparable, de incremento exponencial de beneficios. Estamos a punto de conseguir que la mano de obra se haya reducido a carácter testimonial en los países antes desarrollados, ahora concentrados en el consumo. Conseguiremos captar todos sus ahorros y los seguiremos invirtiendo en crear empresas en los países emergentes, donde sus trabajadores son dóciles a pesar de sus bajos salarios.

Resultó un momento desagradable para la concurrencia, -que su hija, Patricia Kolomoski, atribuyó a la mezcla explosiva de senectud y alcohol- cuando su padre, que seguía siendo presidente honorario de un imperio comercial que extendía sus redes por toda Africa, Asia centroccidental, Estados Reunidos Americanos y Restos Nucleares de la Vieja Europa, se levantó de su silla, tambaleante, vertió el contenido de su copa sobre el impoluto mantel, y preguntó en voz alta:

-¿Sabe alguno de Vds. para qué hacemos todo esto?

La Fiesta del Trabajo siguió celebrándose un año más.

FIN

Publicado en: Cuentos y otras creaciones literarias, Sin categoría Etiquetado como: cuento, cuentos de primavera, desempleo, dia, exaltación, sindicatos, trabajo

Cuento de primavera: Empleo encuentra compañía

20 marzo, 2014 By amarias Deja un comentario

El equipo de investigación, formado por una excelente combinación de expertos internacionales y locales, entregó, en el plazo acordado, el informe que se le había encargado. Su título era, por demás, significativo respecto al objetivo que se pretendía y que debería ser convenientemente glosado en la propuesta : «Plan estratégico para generación de empleo en el país de Valgamediós».

Para su presentación pública, habían sido convocados en el Hotel Pritz, en la capital del mirífico país, representantes de los más diversos estamentos. La sala estaba llena.

Junto a ministros, empresarios, profesores universitarios, jueces, banqueros, periodistas, se sentaban, en lo que se había denominado modestamente «desayuno informativo», destacados miembros de la sociedad civil, elegidos por sorteo: amas de casa, parados, jubilados, políticos, religiosos, enfermos  de larga duración, ecologistas, y hasta eran distinguibles, por su color y fachenda, un inmigrante clandestino y un pobre de solemnidad, incorporados en el último momento como nota aún más exótica.

La Dra. Cristopherinda Krubber, PhD. en Sociología y Desarrollo Corporativo (Soziologie und korporative Entwicklung), MSc. en Optimización de Recursos Ociosos por la Universidad de Cowford, se encargó de hacer la exposición del Resumen Ejecutivo del Informe, seguido con el obvio interés por el público asistente. Se había también previsto la trasmisión por internet (hash-tag #Jobcreation), aunque, lamentablemente, la instalación dejó de funcionar a los pocos instantes de iniciada la transmisión, por causas que se están investigando.

«Hemos analizado todas -bueno, casi todas- las posibilidades de creación de empleo para un país de tamaño medio, como Valgamediós, y comparádolas con las de un país de tamaño adecuado, es decir, grande. Desgraciadamente, no se cumplen las condiciones necesarias para emularlos. Valgamediós no tiene la masa crítica ni en empresas, ni en empresarios, ni en capital, ni en técnicos, ni en investigadores, ni en ganas, para poder competir con los países más desarrollados, teniendo en cuenta, además, que la tecnología avanza a un ritmo exponencial. -dijo la Dra. Krubber, mientras en la sala se oía el ruido de las cucharillas de batir el café y del delicado masticar de los pastelillos con crema y bocaditos de jamón york que se habían dispuesto en el centro de cada mesa.

«Lamento no tener un proyector para ilustrarles sobre esta idea -se excusó la dama, que utilizaba gafas de concha y llevaba un collar de perlas artificiales sobre un sueter demasiado apretado para su corpulenta factura.

«El equipo de expertos, que me he honrado en presidir, ha establecido como primera y fundamental conclusión, que, aunque se empezara ahora mismo a tratar de cubrir el gap existente con los países avanzados y el crecimiento fuera exponencial, no se les alcanzaría jamás -al menos, en un tiempo finito-, ya que ellos están a un nivel demasiado alto y como sus descubrimientos también avanzan exponencialmente, la distancia tecnológica con ellos es cada vez mayor.»

Hubo un movimiento de intranquilidad en la sala, debido a que uno de los asistentes recibió una llamada al móvil, que se había olvidado cambiar a «modo avión». Se le oyó decir: «Te llamo luego. Estoy en una reunión», antes de apagarlo.

La Dra. Krubber se quitó las gafas, para enfatizar mejor, y las mantuvo en su mano izquierda como ariete simbólico.

«El comité ha estudiado, por supuesto, las posibilidades de generar empleo verde. Sin embargo, al comparar la creación de empleo que se obtendría en Valgamediós por empresas que se dedicaran al cuidado y protección ambiental, presionando desde la legislación y las multas a infractores ecológicos, así como a la implantación de tecnologías de las llamadas «Green», el efecto conjunto, sería la generación neta de desempleo, pues la incorporación de las externalidades ambientales a los costes internos de las empresas, causaría, en una buena parte de ellas, su inviabilidad. A este fenómeno hemos dedicado el capítulo de «desempleo verde», que es obra personal del experto en paradojas, Dr. Andreas Cipote…perdón, Dr. Capirote.

Los asistentes habían sido invitados a realizar preguntas por escrito a la ponente y algunos -profesores universitarios en especial- garabateaban frenéticamente en las hojas preparadas al efecto, demandando a las azafatas que recogieran sus intervenciones, deseando en secreto que fueran seleccionados por el moderador para exponerlas de viva voz, ya que eso les daría visibilidad posterior para ser convocados a otros debates y mejorar su currículum académico.

«Muy interesante, y con esto ya termino -carraspeó la conferenciante- ha sido el estudio de la opción de generar empleo en el sector armamento. Es, sin duda, la propuesta más esperanzadora. Por una parte, el diseño y fabricación de armas, no importa su nivel de sofisticación, ayudaría a crear empleos en Valgamediós y podrían ser exportadas a países con un nivel de desarrollo aún inferior, y, muy especialmente, a aquellas zonas en las que existen conflictos bélicos, que, dicho sea de paso, no creemos factible provocar desde un país como éste, aunque se puede conseguir ayuda de algún otro más grande, en condiciones a analizar que se salen del marco de este informe.

En la sala se había creado real expectación, pues había entrado un equipo de televisión y estaba enfocando a las mesas sucesivamente

«Por otra parte, si se llegara a participar directamente en un conflicto armado, y hubiera bajas propias, los huecos generados podrían ser cubiertos por los que aún estuvieran vivos, que se incorporarían de esta forma inmediata al mundo laboral.

Se habían acabado los pastelillos de crema y en algunas mesas se reclamó por la escasez de las vituallas, impropias de un hotel de tal categoría. Sin esperar al debate, los asistentes que pertenecían a los principales sectores económicos y sociales de Valgamediós, salieron de la sala, ya que tenían programadas reuniones de trabajo.

«La mesa ha recibido muchas preguntas escritas, y no habrá, por desgracia, tiempo para formularlas a la ponente, pero podrán hacerlo a la dirección de correo electrónico que se les proporcionará a la salida.

Un tipo con cara de estar de vuelta de muchas cosas, y que estaba escuchando de pie la disertación, preguntó con voz potente, como quien hace música a capela:

-¿Alguien de ese grupo de expertos se molestó en analizar a dónde queremos ir en Valgamediós? ¿Solo se puede ser feliz si se tiene trabajo?

El silencio creado pareció a algunos una respuesta.

FIN

 

 

Publicado en: Cuentos y otras creaciones literarias, Sin categoría Etiquetado como: actividad, cuento, cuento de primavera, defensa, desempleo, ecología, empleo, verde

Venezuela silenciosa

6 marzo, 2013 By amarias2013 1 comentario

Estaría terminando el encuentro entre el Real Madrid y el Chelsea (léase Chélsi) y hacía poco que la Dos emitía Cría Cuervos. La muerte de Hugo Chavez, presidente electo desde la última consulta al pueblo bolivariano, victoria que ya no podría hacer efectiva, fue noticia en directo solo para el programa 24 horas.

Era poco antes de las 10 de la noche en España del 5 de marzo de 2013. El vicepresidente Maduro, con un tono compungido que nos recordaba por estos territorios también recorridos por las dictaduras a Arias Navarro, anunció que el inmortal líder, el revolucionario que había cambiado de nombre a Venezuela y dividido como nadie antes al país durante años de repartir mejor la miseria, había fallecido, víctima de un cáncer recalcitrante que ni la sedicente avanzada tecnología cubana había podido vencer.

Se terminó, pues, lo que se daba y los analistas de urgencias repasan lo poco que saben hoy de Venezuela para exponerlo con el aire dogmático del que tiene las claves de su ignorancia. Hay gentes en las calles de Caracas gritando «¡Chavez vive!¡La revolución sigue!» y en los despachos no es difícil imaginar que se estarán definiendo estrategias para recuperar poderes perdidos.

La imagen más repetida de Chavez por estos lares, desde que sucedió la anécdota, presenta al recién fallecido interrumpiendo al entonces presidente español Zapatero, en una de esas convenciones tan numerosas como inútiles, y al Rey Juan Carlos, aún con buena salud, ordenándole que se callara. «¿Por qué no te callas?».

Hacer callar a Chavez, como a Fidel Castro, y, llevando el modelo a caricatura, a prácticamente cualquier mandatario latinoamericano, es/era un propósito irrealizable. Los latinos, aún con mayor fuerza que los españoles, no necesitan saber qué van a decir para hablar, y por eso, pueden tener, cuando se lanzan y tienen público, un discurso infinito.

Chavez tenía, por encima de todas las cualidades y defectos, el don de la palabra. Gracias a ese don y a sus cuatro ideas bien plantadas en un contexto popular adecuado, consiguió aglutinar en torno a su espíritu visionario a dos tipos de seguidores dilectos, incomprensiblemente los dos muy fieles, a lo largo de su andadura por la presidencia: unos, que creían en el socialismo utópico como fórmula para mejorar el mundo, y que dieron cobertura ideológica al invento; otros, que veían en el ejercicio de poder la fórmula insuperable para enriquecerse, y que se dedicaron a la faena con devoción de mafiosos.

Esa fórmula es la misma que utilizó, con éxito incuestionable, un modelo aún vivo: el también comandante ideólogo cristocomunista Fidel Castro.

Chavez gobernó durante 13 años a Venezuela y consiguió ser amado y reverenciado por la mayoría de la población venezolana. Son los más pobres, los menos cultos, los que no conocen los entresijos del poder internacional, ni falta que les hace, y tampoco saben lo que se cuece en su propio país, porque no tienen dinero para viajar y es difícil saber lo que hay de verdad o mentira en lo que ven en la televisión .

Muchos vivían (y viven) en ranchitos, tienen agua solo una vez a la semana (aunque el Gobierno les regaló una lavadora) y disponen de trabajos precarios, con nombres rimbombantes y uniforme recosido, que apenas si les dan para malvivir; hay otros muchos no tienen ningún trabajo, porque dicen que les basta con lo que les proporciona el Estado, porque Venezuela es muy rica, ¿sabes?,  o lo que pueden conseguir en la calle, tal vez con una pistola o un cuchillo, ándase con cuidado con las balaceras y los operativos.

Pero no nos confundamos. Chavez no conseguiría ni un solo voto de quienes eran nostálgicos fervientes adecos o copeyanos, pero convencía a raudales a los que no lo eran de que esa mezcla de exótico socialismo cristiano y devoción internacional al comunismo antinorteamericano y antiimperialista tenía sentido. Despreciar esa posición, tachándola de producto de la incultura es un error gravísimo.

Esa Venezuela es la que se ha quedado silenciosa, velando un cadáver. No tardará en darse cuenta que su fallecido líder es insustituíble, y se preguntará, entonces, qué es lo que procede hacer.

Y es ahí donde el pueblo venezolano debe ver su oportunidad. España también la tiene, animándolo a que hable, poniéndose a su lado, para escucharlo, no para pedirle que se calle. Porque, aunque cueste reconocerlo, para ser como es, independientemente del bando en el que se encuentre, tiene sus razones.

Publicado en: Internacional Etiquetado como: adeco, Arias Navarro, Chávez, copeyano, desempleo, Hugo, lavadora, Maduro, muerte, petróleo, presidente electo, pueblo venezolano, ranchito, Venezuela

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