Al socaire

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Estrategia sin proyecto

8 febrero, 2020 By amarias Deja un comentario

La tremenda exposición mediática de los ministros del gobierno de España, está dando como primer resultado -lógico- el incremento del desconcierto. No sería honesto negarles buena voluntad para hacer las cosas bien, pero a su falta de experiencia y conocimientos (ya nos hemos acostumbrado que el paso por las Administraciones públicas es un camino hacia la puerta giratoria), se une la falta de coherencia en temas importantes.

En política internacional, la desafortunada gestión del asunto Delzy Rodríguez -la vicepresidenta del gobierno de Maduro que tuvo la desfachatez de venirse a España pretendiendo contrarrestar la visita del presidente encargado Guadó- ha provocado no solo el descrédito del ministro Abalos (enredado en su deslavazada y mendaz explicación de lo que sucedió en el aeropuerto de Adolfo Suárez, en Barajas), sino que también ha arrastrado la credibilidad, ya bastante erosionada del propio presidente Sánchez.

Poco importa que la verdad se vaya cebando sobre las mentiras acumuladas: es mucho más grave que la equivocada exposición del ministro de Transportes y los apaños verbales del propio Presidente, faltos de coherencia, haya venido a poner de manifiesto que no hay homogeneidad en el tratamiento del problema venezolano  por parte del Gobierno. Los ministros del clan Unidas Podemos deben demasiado a Maduro (y todo indica que en el magma putrefacto está también atrapado el ex presidente Zapatero) como para apoyar sin tapujos a Juan Guaidó, como se comprometió a hacerlo la Unión Europea y el propio Sánchez cuando no tenía otras ligazones.

En el terreno internacional, el desencuentro con Estados Unidos ha crecido, también, por dejar pasar las oportunidades. La crisis del campo se entronca con dureza con las desmedidas medidas del gobierno de Donal Trump que, enfadado por la competencia de Airbus, ha preferido golpear en la mejilla del más débil, es decir, la cuota de los productos españoles introducidos en el mercado americano, imponiéndoles unas duros e injustos gravámenes en frontera. Y todo se ha hecho mientras las lentejas y los garbanzos norteamericanos, junto con otros productos de indudable valor añadido (para las empresas de USA) inundan las estanterías de nuestros supermercados y presionan sobre nuestra competitividad tecnológica.

La llamada de atención de un sensato ex ministro Borrel, desde su retiro dorado europeo, advirtiendo que es bonito ser defensor de la necesidad de tomar medidas urgentes contra el cambio climático, pero que hay que calcular buen los costes y decidir quién va a pagarlos, no deja de ser una llamada general acerca de lo cómodo que es presentar sobre el papel medidas que mejoren teóricamente los puntos en los que se está mal, sin saber calcular, o negarse a hacerlo, lo que cuesta ponerlas en práctica y asignar las cargas a quienes deberán soportarlas. Y no es sencillo porque estamos en un sistema en equilibrio (por muy desgraciado que pueda parecer) y tocar a alguno de los pilares que lo sustentan, sin atender a la estabilidad de todo el tinglado, puede provocar efectos no deseados: empresas que se van o quiebran, aumento del paro, regiones perjudicadas, aumento de las desigualdades y de la ineficacia, aunque el resultado deseado hubiera sido el contrario.

No es posible desviar la mirada del negocio catalán, en el que se ha hecho fuerte la falta de solidaridad y la desvergüenza. La visita a Cataluña del presidente Sánchez, acompañado de su pepito grillo Iván Redondo, entregado a la pleitesía al títere puigdemoniano Torra, ha dejado el descubierto que el gobierno dirige su atención al que más ladra, con preferencia a los que más sufren. La España vaciada, la España marginada, la España despreciada, es enviada con empujones al lugar del castigo, en tanto se pone en primera línea de atención a los que chillan, arman jaleo, incluso delinquen confiados en que saldrán impunes.

Me temo que el Gobierno está dejando cada vez más evidente que tiene una estrategia. Lo que no tiene es proyecto.


 

Publicado en: Actualidad, Administraciones públcias Etiquetado como: Abalos, Cataluña, Delzy Rodriguez, Josep Borrel, Juan Guidó, proyecto, Sánchez, Torra, Venezuela

Sarna con gusto

31 enero, 2020 By amarias Deja un comentario

Desde que se formó el Gobierno de coalición entre los diputados del PSOE y las facciones de Unidas Podemos que consolidaron al ambicioso proyecto de Pedro Sánchez como Presidente de Gobierno (con la valiosa abstención de los republicanos independentistas de ERC), a los españolitos de a pie no nos faltan temas para entretener el café de media mañana.

En realidad, no diría tanto que vivimos en continuo sobresalto, sino que más bien se ha instalado en nuestro ánimo la parsimonia relajada con la que se contempla el estreno de una obra de teatro de la que no acabamos de captar el argumento. Podría incluso suponer que las primeras semanas del nuevo Gobierno son aptas para construir un relato lleno de enjundias, dimes, diretes, declaraciones pomposas y desmentidos rutilantes.

Todo se va asemejando a la versión en pantalla grande, pero cutre, de la Regenta, con la que Leopoldo Alas «Clarín» realizó un biópic con personajes de Vetusta, acertado heterónimo de mi pueblo natal, Oviedo. Esa ciudad alegre y confiada que dormía la siesta, más arcaica que heroica, bien puede traslucirse en la España actual, despreocupada de la política, que duerme plácidamente la siesta de su ignorancia respecto a lo que nos fuera a pasar.

Me apunto, claro, a la corriente de dar un voto de confianza al nuevo Gobierno, aunque necesitaría más fe y menos información para imaginar que todo saldrá tan bien como los voceros oficiales se empeñan en presentarnos, y carezco de la mala uva y el tono agrio con el que los derrotados en las últimas elecciones siguen anunciando la Apocalipsis.

Vale, lo admito. Se nos han colocado en el Gobierno dos grupos de ministros, alineados férreamente en torno a sus respectivos jefes de fila, que, por muchos abrazos que se den en público, tienen ideas, públicos a los que contentar y deseos de protagonismo diferentes. No puedo digerir la boa de que un matrimonio acapare una vicepresidencia y un ministerio, ni tampoco que, repasando las nóminas de los que están en las primeras y segundas líneas del poder político, haya más vínculos familiares, incluso, que en las muy nepotistas Universidades españolas.

Admito también que la derecha, vencida y convencida de su homogeneidad a fuerza de tanto repetírselo desde los medios informativos y del bloque de la desigual izquierda, no sea capaz de poner en orden sus ideas, y se empeñe en criticar todo lo que hacen o no hacen los de los Ministerios, en vez de clarificar qué programa alternativo van a presentar cuando se rompa la actual coalición o le fallen los apoyos desde los independentistas.

El Gobierno se esfuerza en sacar medidas del sombrero mágico, sin valorar las consecuencias y esta precipitación debería tener su sanción económica. Se ha subido el salario mínimo y la medida debiera ser aplaudida si realmente supusiera que todos los que actualmente tienen un trabajo mal remunerado fueran a cobrar más sin que se viera amenazado el puesto del que, mal que bien, sacan para los garbanzos.

Porque si el dinero saliera de darle a los rabiles con el que el Tesoro fabrica los billetes, no habría más efecto que provocar algo más de inflación, y aquí paz y después gloria. Pero como estamos en una Unión Europea (Krugman ha vuelto a decir que o del euro fue un error), toda subida salarial no vinculada a la productividad provocará pérdidas de empleo, ya que los costes empresariales se ajustarán casi automáticamente reduciendo las cargas laborales, con el objetivo elemental de mantener beneficios, o la viabilidad de las empresas y los emprendimientos, especialmente en aquellos que tienen pocos empleados, se manejan en el sector agrario o de servicios domiciliares o en negocietes de chicha y nabo.

No se confíe el Gobierno en que los agentes sociales le estén aplaudiendo con las orejas, porque es cierto que la empresa de mayor tamaño, el capital más receloso y las fortunas de buen asiento necesitan estabilidad en el escenario. Las cosas tienen que hacerse con su ritmo y no a golpe de voluntades e inspiraciones geniales. Y tenemos demasiada prisa en los Ministerios. Me repito hasta la saciedad: somos un país intermedio, y dependemos mucho de lo que hagan otros. Sacar pecho a destiempo nos ha pasado siempre factura.

El caso Abalos ha puesto una nota exótica sobre las consecuencias de no tener una política clara en temas sensibles. Habíamos apoyado, siguiendo el acuerdo europeo que España había propiciado, al venezolano Guaidó, como presidente encargado de Venezuela (curioso nombre para lo que se creyó alternativa a Maduro) y ahora estamos haciéndole morritos al régimen chavista. La historia verdadera de la visita nocturna del Ministro de Transporte a la zona de aterrizaje de aviones privados en el aeropuerto de Barajas encaja con la cultura del vodevil.

Porque ya se puede completar el relato, sacudiéndose de las mentiras urdidas sobre la marcha por Abalos para justificar un tema menor. La vicepresidenta venezolana, Deniz Fernández, quiso venir a Fitur, aprovechando el viaje de la delegación del Ministerio de Turismo del país hermano. Pero la policía de fronteras, en el trámite de pasaportes, descubrió que la señora tenía prohibida la entrada en la Unión Europea o, si se quiere ser menos fino, estaba en busca y captura por presunto delito de tráfico de drogas y otras lindezas y los diligentes funcionarios anuncian su detencion.

Molesta tanto como asustada, la Sra. Fernández llama a sus amigos de Podemos y éstos despiertan al superministro Abalos, que acude raudo para solucionar el embrollo, al tiempo que los policías de fronteras alertan al Ministro de Interior, que es la autoridad a la que deben obedecer. Después de varias llamadas telefónicas y la evaluación de lo que debería hacerse, la vicepresidenta, cabreada pero libre, accede a marcharse a otro lugar, aunque el mal ya estaba hecho. Porque no es cierto que el aeropuerto internacional de Barajas no sea territorio español y no resulta creíble que las reuniones se mantuvieran en el avión y no en la zona de autoridades, y que a la fugada de la justicia europea, amiga de varios ministros podemitas (y, al parecer, del propio ministro de Transportes e Infraestructuras) n se le ofreciera un lugar discreto donde pasar la noche y el disgusto.

Hoy, 31 de enero de 2020, se ha sabido que Ciudadanos y Partido Popular concurrirán juntos a las elecciones de Cataluña (Torra anunció por sorpresa, incluso para sus aliados de gobierno, que su legislatura estaba agotada). País Vasco y Galicia. Otro craso error de la derecha, si así piensa sumar votos. Y el preludio del canto final de Ciudadanos, del que cabe decir aquello de «quien te vio y quien te ve y sombra de lo que eres).


Un grupo de buitres comunes (llamados también leonados por el color de su pelaje, gyps fulvus) observa desde los farallones de Olite (en Navarra) a los cuidadores que les proporcionan regularmente alimento, ya que la falta de animales muertos por causas naturales en la zona los hace dependientes de ese suplemento nutricio.

 

Publicado en: Sin categoría Etiquetado como: Abalos, buitres, Cataluña, Deniz Fernández, Navarra, Olite, Torra, Venezuela

Venezuela ante su batalla civil

2 mayo, 2019 By amarias Deja un comentario

La primera parte de este Comentario fue escrita el mismo dos de mayo de 2019,  desde la emoción de haber escuchado en directo la intervención de Leopoldo López ante la residencia del embajador español en Caracas. Habló durante 20 minutos, a la puerta de la casa (es decir, desde territorio venezolano, no sujeto a la soberanía territorial española)en unas declaraciones que me parecieron más bien desordenadas, aunque destinadas inequívocamente a recuperar el liderazgo de la oposición al cuestionado presidente Maduro, Le rodeaban  representantes de medios de comunicación, convocados de urgencia (supongo), algunos curiosos simpatizantes y varios miembros de seguridad de la embajada, simpatizantes con el carismático opositor o conscientes de la necesidad de ser pasivos en ese momento sensible.

Resultaba especialmente significativa para la plástica del momento, que tras López alguien enarbolaba, haciéndola girar a un lado y otro, una bandera venezolana. La porteadora era la esposa del líder, Lilian Tintori, exultante. Posteriormente. la pareja López se volvió a introducir en la casa del embajador.

Todo aparecía aún más confuso. La situación generada por la declaración de rebeldía frente al régimen presidencialista de Nicolás Maduro, con soporte constitucional, del presidente de la Asamblea Nacional, Juan Guaidó, incorporaba elementos nuevos. López, del mismo partido que Guaidó,  fue candidato presidencial, encarcelado antidemocráticamente por el aparato judicial servil al sátrapa,  y su visibilidad en el proceso de derrumbamiento civil del entramado que protege a Maduro y a su cúpula protectora, abría interrogantes específicos respecto al alcance práctico y significado político.

Porque Leopoldo López fue liberado de su arresto domiciliario, al que se le había confinado después de tres años de cárcel, gracias, siempre al parecer, con el apoyo de los encargados de su custodia, y se había refugiado inicialmente en la embajada de Chile. Su tránsito al domicilio del embajador español revelaba, ya que no parece existir un acuerdo con el Gobierno de Sánchez (ahora en funciones), una decisión de quienes guían el proceso de derrocamiento de Maduro, de involucrar a España en los movimientos para propiciar la caída definitiva del presidente venezolano.

Y así ha sido, para desconcierto del Gobierno español -puesto de manifiesto por las ininteligibles declaraciones del ministro de Exteriores Josep Borrel, en funciones, desde ¡Birmania!, señalando que Leopoldo López es «huésped» (diríamos que «invitado personal») del embajador español, recordando que la casa del embajador, por extensión del concepto de embajada en país amigo, es territorio propio, y que no se iba a entregar al ilustre ocupa a la justicia venezolana, como demandaban los aún secuaces institucionales de Maduro.

Han transcurrido cuatro días desde lo que escribí entonces y, contrariamente a lo que parecía probable, no ha pasado nada. La tranquilidad con que se toman las cosas en los países caribeños parece imponerse sobre cualquier intuición fatalista de los analistas europeos y, gracias a los dioses, a la presión con ribetes invasores del ambicioso aparato norteamericano que protege y encumbra al presidente del hasta hace unos años país más respetado del Universo conocido. Porque Ronald Bush sigue amenazando con que todas las opciones para borrar del mapa a Maduro, apelando a la situación de inmensa gravedad de las carencias de la sociedad civil venezolana, pero, salvo palabras que lleva el viento de la inanición, nada relevante está sucediendo.

Es improbable que Maduro rete a España ordenando la entrada en la casa del embajador español para detener a López. La posición del débil régimen es la de contemporizar con una situación insostenible y tratar de negociar una salida de los más significativos del chavismo hacia un país amigo, pertrechados con un acuerdo de que no se investigarán sus actuaciones por el Tribunal Penal Internacional.

Es improbable que los militares seguidores de López y Guaidó traduzcan en rebelión en los cuarteles su posición de simpatía. El riesgo es alto de que cualquier confrontación entre armados se traduzca en varias muertes, y sin beneficio para nadie. Se habla de negociaciones subterráneas, de la creciente división en los entresijos de las fuerzas armadas, aunque no me creo que sean relevantes. Prima el miedo a que cualquier traición detectada al régimen de Maduro cueste la vida a los que canten su apoyo a los políticos opositores.

¿Qué nos queda, pues? Desgraciadamente, y espero equivocarme, el aumento de la tensión civil, entre partidarios de Maduro o del tándem López-Guaidó, y ello sin dejar de recordar que una buena parte de los que están apoyando a estos últimos, con dinero y declaraciones, están fuera de Venezuela. Hay más de dos millones de ciudadanos venezolanos que han abandonado su país y, no hace falta ser un lince del análisis, la inmensa mayoría lo hicieron por estar descontentos o ser víctimas del régimen chavista. Cuántos ciudadanos venezolanos residentes en el país apoyan el cambio político y, sobre todo, hasta dónde están dispuestos a defender esa idea, es una incógnita. No hablo de manifestaciones en las calles, sino de capacidad para arrojarse al precipicio de una batalla civil.

Es urgente solucionar la cuestión venezolana. No a la revolución civil. No a la escalada de tensión como solución al conflicto institucional y social. Saquen ustedes a Maduro y sus principales apoyos del país, condédanles la inmunidad internacional que les tranquilice en la escapada, aléjese todo peligro de intervención del ambicioso clan norteamericano y, por todos los dioses, convóquense unas elecciones libres que den el poder legítimo a la estabilidad que Venezuela necesita. Y a partir de entonces, que se cuide a ese querido país para que recupere la tranquilidad social y económica que se haya perdida en los recovecos de intereses de todo pelaje.


Una polla de agua se escapa, chapoteando, alarmada por el intruso que ha turbado su tranquilidad. Estas aves acuáticas, bastante frecuentes en nuestras aguas territoriales, son aparatosas en sus huidas, corriendo a guarecerse en las plantas de las orillas y, si se las sorprende en el agua, avanzando sobre ella, apoyándose en sus grandes patas, para cobrar impulso suficiente para volar.

Publicado en: Actualidad, Venezuela Etiquetado como: batalla civil, Borrel, embajada española, Guaidó, López, Maduro, Venezuela

¿Donde vas, Venezuela?

8 abril, 2019 By amarias Deja un comentario

Los dictadores alcanzan el poder por levantamiento militar y perduran en su ejercicio despótico hasta que otra asonada los destituye. Puede que creen una dinastía si la mayoría de la población está asustada, desencantada, desinformada o adormecida, generando incluso de este modo espurio, con el tiempo, una utópica senda hacia  la democracia secuestrada.

No pretendo sistematizar acerca de las dictaduras, que historiadores con paciencia y medios han glosado muy satisfactoriamente. Lo que me resulta de dramático interés es que tanto acertado diagnóstico no ha servido para atajar el camino a dictadores, ni para movilizar   la opinión pública mundial (caso de que la ética universal no sea una entelequia) para que el pueblo  secuestrado  recupere las riendas de su destino.

Porque  los dictadores y sus validos y beneficiados sueñan con que la muerte les llegue de avanzada vejez y en la cama, con las alforjas repletas de productos de su latrocinio.

En el grupo de fieles, es imprescindible (para el dictador) que figure  una mayoría de uniformados con sujeción a sus Mandisa, a los que se premiará la lealtad con buenos trozos del pastel; previamente, en la etapa de la “liberación del pueblo” se habrá asesinado encarcelado o mandado a buen recaudo a cualquiera que haya manifestado la menor oposición al levantamiento armado.

Nicolás Maduro, presidente sátrapa del hermano país venezolano, ha heredado el cetro de un levantisco, Chaves, que desbarató con la espada y el apoyo de la tropa y la mayoría de la suboficialidad, la precedente farsa de la alternancia en el poder de la élite venezolana. No tiene su carisma, aunque sí su labia de trilero. Lo anterior no era democracia -juzgada con ojos de la pureza europea-, pero se parecía.

Les fue bien a Chaves y a su hijo putativo a Maduro mientras el precio del petróleo se mantuvo a niveles de gran rentabilidad y la  corrupción no alcanzó a los niveles bajos de la camarilla de seguidores y adeptos. Aislada del mundo, como sucedió (y sucede) en Cuba, Nicaragua, Ecuador o Bolivia, la población desinformada se  cree que la culpa de todos los males la tiene el imperialismo, esto es, los Estados Unidos de Norteamérica.

La resistencia del chavismo-madurismo a ser despojado del poder por la Asamblea Nacional y, bajo el mando transitorio de Juan Guaidó, abrir nuevas esperanzas al país convocando elecciones libres, era normal. Las dictaduras no son vencidas con buena voluntad. Pero tampoco pueden ser sustituidas por un apoyo militar foráneo, que coloque en el poder a una alternativa. Tal intervención, contraria a la libertad de los pueblos, no legitima al líder impuesto, sino que lo desvirtúa.

El pueblo venezolano tiene que avanzar rápida y sólidamente en manifestar un clamor de rechazo hacia Maduro. La destruccion  del régimen tiene que proceder del miedo del dictador hacia la población que antes le apoyaba. Doy por supuesto que la mayor parte de los que aplaudieron en su momento a Chaves y los aires de cambio que preconizaba están desengañados. Pero no basta.

Las masas (de cualquier población) tienen aversión al cambio, a cualquier cambio y teme manifestarse contra el poder. Vencer ese respeto, ese temor a que la alternativa no cuaje es,  no ya obligación programática de Guaidó y quienes le apoyan desde los brotes de la resistencja a Maduro, sino una necesidad para que la controversia ciudadana no degenere en un conflicto civil de grandes proporciones.

Y, al enemigo que huye, puente de plata.

 

Publicado en: Actualidad, Internacional Etiquetado como: Chaves, Guaidó, Maduro, Venezuela

La orina del enfermo

7 febrero, 2019 By amarias Deja un comentario

Cuando preparo entradas para este blog, en el que llevo ya más de once años de actividad, no me obsesiono por comentar la actualidad. Para eso están los diarios y, en concreto, las decenas de columnistas a los que, supongo, se les paga por su trabajo, como debe ser.

Lo mío es afición discursiva, una vocación literaria que no me esfuerzo lo más mínimo por encauzar, ya que disfruto escribiendo sobre lo que me apetece y hacerlo público, para que lo disfruten, si así lo desean, tanto amigos como desconocidos.

La situación actual, sin embargo, invita a dedicar algunas líneas gruesas a lo que está pasando a nuestro alrededor, porque tengo la impresión de que estamos viviendo un momento crucial de nuestra historia inmediata. Centro esta aseveración en tres temas, sobre los que deseo llamar la atención del lector:

  1. Venezuela. La encomienda al joven Guaidó de convocar elecciones en el período más corto posible, marginando al dictador Maduro, presidente elegido en unas urnas amañadas, pero con el poder sobre el Ejército y capacidad para movilizar a una parte no despreciable de la población, ha generado una situación de bloqueo en el país. No quiero imaginar lo que podría desencadenarse si el megalómano Trump decide una intervención armada en Venezuela, pero sigo sin entender qué es lo que se desea que suceda, por parte de ese grupo europeo de países que apoyan al presidente de la Asamblea Nacional y lo han nombrado presidente interino (que es una intervención, en mi opinión, nada pacífica: me recuerda lo de “el mensaje a García”).
  2. Cataluña. La vicepresidenta del gobierno español ha transigido con el gobiernín catalán en incorporar a un diálogo -cuya naturaleza ineficaz está en la misma sustancia de los planteamientos anticonstitucionales, es decir, delictivos, de la facción separatista- a una figura exótica, incalificable, que han llamado relator, notario, mediador y otros calificativos de la posición inaceptable de ese comisionado. Escribo “transigir” porque no puedo imaginar que la propuesta haya venido del lado del gobierno que tiene la obligación de velar por los intereses de todos los españoles (al menos, de la mayoría, pienso yo).Las críticas han llovido desde dentro del partido socialista (que se supone que es el que gobierna) y , por supuesto, desde los partidos de la oposición, que no se han ahorrado adjetivos y exabruptos para definir la operación, llegando incluso a hablar de traición, felonía y otras lindezas. El movimiento no va a servir para salvar los presupuestos del Estado para 2019, ya que se han presentado enmiendas a la totalidad que imposibilitan el trámite parlamentario. Solo va a servir para confirmar que el gobierno improvisa, falto de coherencia y apoyos. Sánchez debe convocar elecciones. Sí o sí. Habrá que esperar, luego, que se recomponga el espectro político, y que los partidos recuperen sus esencias. Creo que ni la derecha, ni la izquierda, ni el centro saben, en este momento dónde están. Es decir, están perdidos.
  3. China. El gigante asiático no se encuentra, ni mucho menos, dormido. Se nos ha colado por nuestra economía confiada por todos los resquicios. China no es vecina, sino que nos alucina. Vestimos chino, comemos chino, nos solazamos con productos chinos. Se nos han colado los chinos hasta en la sopa; nos tomaron por chinos. Ha sido una invasión pacífica en las formas, pero letal en los resultados. Se ha perdido gran parte de la capacidad de fabricación y de respuesta. No hemos calculado lo que significaba abrir los mercados a un mundo globalizado, cuando uno de los agentes tiene una dimensión muy superior al resto. Nos coge, además, a los europeos, sin haber conseguido ni la unión comercial, ni la industrial, ni -por supuesto- las estructuras de defensa.En resumen: no me gusta la orina del enfermo, que es lo que oía decir a mi padre cuando las cosas pintaban mal. Que es como pintan ahora, solo que en el cuadro estamos todos, chino más o menos, catalanes y venezolanos, incluidos.
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    Presento aquí a un pico menor (dendrocopos minor), habitante escaso de bosques caducifolios y zonas de ribera con árboles maduros, según dice uno de mis libros de cabecera en cuestiones ornitológicas. Es un pequeñin con semejanza clara con el pico mayor, pero con el dorso listado de rayas blancas. Otra diferencia: carece del rojo en el plumaje del abdomen y los machos tienen solo una caperuza roja (mancha pileal) con bordes negros, en lugar de la gran mancha que adorna la cabeza de la otra especie. El macho de pico menor de la foto vive en las recuperadas graveras de Velilla de San Antonio, en donde lo sorprendí esta mañana de febrero, trepando silencioso por un sauce de la antigua grsvera

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Venezuela en el foco mundial

2 febrero, 2019 By amarias 1 comentario

Mañana, día 3 de febrero de 2019, se cumple el plazo impuesto por algunos países de la Unión Europea, entre ellos España, para que Nicolás Maduro, presidente de Venezuela, convoque elecciones o reconocerán a Juan Guaidó, presidente de la Asamblea Nacional y autoproclamado presidente interino con el apoyo de una parte de la población, como máximo mandatario del país.

Se ha generado una situación extremadamente complicada en el país, que parece preludio de una guerra civil. La confianza de Guaidó y quienes lo apoyan desde dentro -al parecer, varios millones- es que el Ejército venezolano se mantenga neutral, aceptando como buena la promesa del presidente interino de que no se realizarán cargos ni se tomarán represalias contra los militares que no apoyen a Maduro. Ese deseo no va a cumplirse, aunque han aparecido algunas fisuras entre los altos jefes de la república bolivariana.

Pero el presidente Maduro sigue agrupando en su entorno a la mayoría de la cúpula militar, formada, sin duda, `por estómagos agradecidos, que han expresado en sus apariciones públicas y en algunas declaraciones privadas, que apoyan al incalificable sátrapa, un endiosado personaje, manifiesto incompetente para dirigir un país, pero experto en latrocinio de los bienes públicos en beneficio propio y de sus secuaces y poseedor de un verbo fluido, incendiario y voluntariamente indocumentado, que se ha evidenciado muy capaz para movilizar a millones de individuos, muchos de ellos sin formación ni información, crédulos con cuanto emana de la dicción con cuño de soflama del déspota sin escrúpulos.

Podía extenderme en calificativos -no precisamente laudatorios- respecto a la personalidad y actuaciones del presidente Maduro y, en la línea de juzgar como antidemocrática su voluntad de perpetuarse en el poder, cuestionar su legitimidad como presidente de un país al que ha estado esquilmando de los resultados de su mayor riqueza natural (el petróleo).

Sin embargo, lo que me pregunto hoy, ahora, en la fecha llena de simbolismo para el pueblo venezolano del dos de febrero, en que están convocadas sendas manifestaciones encaminadas a demostrar al mundo y, sobre todo, a los sufridos naturales de ese hermoso país, que tanto Maduro como Guaidó cuentan con el mayor respaldo popular, es ¿por qué el mundo «civilizado» ha creído llegada la hora de tomar postura respecto a la terriblemente deteriorada situación venezolana, capitaneada por la hiperinflación, la hambruna y el descrédito de su gobierno militar?

Otros analistas con más información que yo podrán responder, seguramente, con mejor tino y mayor acierto a la cuestión. Yo, simplemente, estoy convencido de que Guaidó y los venezolanos que le apoyan desde el exilio (también algún destacado líder de la oposición a Maduro, exiliado, represaliado o encarcelado, del que Antonio Ledezma, Henrique Capriles y López  de Mendoza  aparecen como más significados) han conseguido,- antes de actuar en una maniobra que pretende desestabilizar el régimen del tirano del que muchos Estados supuestamente defensores del mundo civilizado y demócrata, el plácet del gobierno norteamericano de Donald Trump.

El apoyo de la Unión Europea, lamentablemente, resulta, por las declaraciones de algunos mandatarios europeos, una vez más incapaces de ponerse de acuerdo, haber sido buscado tardíamente, a contrapié y construido de forma improvisada, lo que explicaría, que no justifica, su carácter heterogéneo y friable.

El en otras ocasiones desconcertante Donald Trump (cuyo único lema de acción, si existe, ha explicitado con la aporía: America first, entendiendo por América, solo Estados Unidos, por supuesto), ha echado mano de una lógica militar al afirmar, ante el hecho consumado de Guaidó de haber encendido las mechas de la simpatía o rechazo ante su levantamiento cívico, que «no excluye ninguna actuación» al respecto. En lenguaje paladino: «no solo te animo a tener firmeza, amigo Guaidó, sino que estoy dispuesto a apoyarte con lo que haga falta, incluso a riesgo de involucrarme en un conflicto armado».

El descuido  premeditado del consejero de Seguridad Nacional John Bolton -curiosa denominación la de su puesto para quien se ha puesto en primera línea de las declaraciones contra Maduro- dejándose ver con dos líneas de su bloc escolar, en la que todos pudimos traducir  «5.000 tropas a Colombia», alimenta la deducción de que los grandes Estados Unidos de Norteamérica están preparados para una intervención armada en Venezuela: la frase sería un aviso para los navegantes que apoyen a Maduro.

Vaya, pues. Los asesores de Trump saben bien que, además de la fuerza propia, (bien educados sus mandos y muchos de sus efectivos en la fidelidad que dan los garbanzos garantizados), Nicolás Maduro,  cuenta con la intendencia y el saber militar sobre el terreno de miles de curtidos militares cubanos, hoy destacados en el país amigo, que forman un contingente preparado, no para luchar en el exterior, sino para defender con las armas, si fuera preciso, el orden tiránico del sátrapa.

No va la cuestión de ideologías (el régimen putrefacto del Sr. Maduro carece de ellas),  sino de la capacidad de persuasión de la bota puesta sobre el cuello del pueblo inerme sometido, emanada de un grupo armado y entrenado para apoyar un régimen que se ha especializado en aprovechar el poder para apropiarse de los beneficios del petróleo, cambiando dólares por boliviaranitos sin valor. ¿La fórmula? Controlar la información exterior, perseguir toda oposición y utilizar como álibi eficaz la eficaz cortina de humo que proporciona a las vísceras sentimentales la figura del «enemigo yanqui», paradigma del capitalismo más apestoso, según el manual chavista.

Permanezco atento a la pantalla, porque no veo claro el desenlace. Preciso: no veo un desenlace sencillo, salvo que Maduro y parte de su cúpula más significada fleten un avión y se vayan con su viento fresco y los ojos cerrados de la opinión internacional a algunos de los paraísos fiscales en donde han ido amontonando, sin empacho ni vigilancia exterior,  el dinero hurtado a su país.

La posición del Gobierno español, concediendo un plazo de ocho días a Maduro (que acaba el lunes, cuatro de febrero) para que convoque nuevas elecciones o reconocerá la legitimidad de Guaidó, al no contar con pleno apoyo de todos los Estados de la Unión Europea, aparece doblemente delicada: cabe preguntarse cómo se ha pensado actuar si el cuestionado presidente venezolano no se aviene (como bravuconamente ha anunciado) a aceptar la presión y…qué se pretende, en realidad, conseguir si el deplorable dictador convoca elecciones, que, como su anterior proceder ha demostrado varias veces, convertirá en un nuevo pucherazo, a despecho de los observadores internacionales.

Más aún. Incluso en el caso de que Maduro adopte el camino de tomar las de Villadiego, la cuestión que me hago es si se les prometerá impunidad o se les ofrecerá inmunidad frente al Tribunal Penal Internacional, por sus muy evidentes crímenes contra la población civil, a la que ha dejado, con ayuda de sus cómplices y palmeros, en la miseria. Venezuela está hoy necesitada de una recuperación de la estabilidad y el camino del progreso, surgiendo de un pozo tan profundo que solo se puede comparar (aunque, en este caso, con ventaja para Maduro) con los descalabros a la decencia y a la ética protagonizados por otros tiranos de parecido pelaje de adulterado doctrinario marxista-cristiano, próximos geográficamente (habitan en Nicaragua, Bolivia, Cuba, …)


Me gusta esta fotografía, con la que pretendo aliviar algo la tensión que me provoca, y provocará con seguridad a cualquiera interesado en Venezuela y en la paz mundial, el momento venezolano.

La he publicado ya en otra ocasión. Un zorzal común (turdus philomelos), que en Asturias conocemos como malvís, dedicado a devorar el fruto del tejo, uno de sus predilectos proveedores de alimento, allí donde se encuentra. Un ave pequeña más que su pariente el mirlo común, distinguible por sus motas ventrales y, en el amanecer y atardecer (sobre todo) de los días primaverales, identificable por el hermoso canto, lleno de notas vibrantes, de gran melodiosidad.

El fruto del tejo es dulce y sabroso (animado por mis amigos pueblerinos en mis días de vacaciones veraniegas, cuando maduraba, ya a final de verano, tuve ocasión de probarlo, temerariamente. Escupíamos las pepitas, venenosas, como lo son también las hojas del emblemático árbol de los celtas.

 

 

 

Publicado en: Actualidad, Ejército, España, Venezuela Etiquetado como: conflicto, Guaidó, John Bolton, Maduro, manifestaciones, Unión europea, Venezuela

Venezuela silenciosa

6 marzo, 2013 By amarias2013 1 comentario

Estaría terminando el encuentro entre el Real Madrid y el Chelsea (léase Chélsi) y hacía poco que la Dos emitía Cría Cuervos. La muerte de Hugo Chavez, presidente electo desde la última consulta al pueblo bolivariano, victoria que ya no podría hacer efectiva, fue noticia en directo solo para el programa 24 horas.

Era poco antes de las 10 de la noche en España del 5 de marzo de 2013. El vicepresidente Maduro, con un tono compungido que nos recordaba por estos territorios también recorridos por las dictaduras a Arias Navarro, anunció que el inmortal líder, el revolucionario que había cambiado de nombre a Venezuela y dividido como nadie antes al país durante años de repartir mejor la miseria, había fallecido, víctima de un cáncer recalcitrante que ni la sedicente avanzada tecnología cubana había podido vencer.

Se terminó, pues, lo que se daba y los analistas de urgencias repasan lo poco que saben hoy de Venezuela para exponerlo con el aire dogmático del que tiene las claves de su ignorancia. Hay gentes en las calles de Caracas gritando «¡Chavez vive!¡La revolución sigue!» y en los despachos no es difícil imaginar que se estarán definiendo estrategias para recuperar poderes perdidos.

La imagen más repetida de Chavez por estos lares, desde que sucedió la anécdota, presenta al recién fallecido interrumpiendo al entonces presidente español Zapatero, en una de esas convenciones tan numerosas como inútiles, y al Rey Juan Carlos, aún con buena salud, ordenándole que se callara. «¿Por qué no te callas?».

Hacer callar a Chavez, como a Fidel Castro, y, llevando el modelo a caricatura, a prácticamente cualquier mandatario latinoamericano, es/era un propósito irrealizable. Los latinos, aún con mayor fuerza que los españoles, no necesitan saber qué van a decir para hablar, y por eso, pueden tener, cuando se lanzan y tienen público, un discurso infinito.

Chavez tenía, por encima de todas las cualidades y defectos, el don de la palabra. Gracias a ese don y a sus cuatro ideas bien plantadas en un contexto popular adecuado, consiguió aglutinar en torno a su espíritu visionario a dos tipos de seguidores dilectos, incomprensiblemente los dos muy fieles, a lo largo de su andadura por la presidencia: unos, que creían en el socialismo utópico como fórmula para mejorar el mundo, y que dieron cobertura ideológica al invento; otros, que veían en el ejercicio de poder la fórmula insuperable para enriquecerse, y que se dedicaron a la faena con devoción de mafiosos.

Esa fórmula es la misma que utilizó, con éxito incuestionable, un modelo aún vivo: el también comandante ideólogo cristocomunista Fidel Castro.

Chavez gobernó durante 13 años a Venezuela y consiguió ser amado y reverenciado por la mayoría de la población venezolana. Son los más pobres, los menos cultos, los que no conocen los entresijos del poder internacional, ni falta que les hace, y tampoco saben lo que se cuece en su propio país, porque no tienen dinero para viajar y es difícil saber lo que hay de verdad o mentira en lo que ven en la televisión .

Muchos vivían (y viven) en ranchitos, tienen agua solo una vez a la semana (aunque el Gobierno les regaló una lavadora) y disponen de trabajos precarios, con nombres rimbombantes y uniforme recosido, que apenas si les dan para malvivir; hay otros muchos no tienen ningún trabajo, porque dicen que les basta con lo que les proporciona el Estado, porque Venezuela es muy rica, ¿sabes?,  o lo que pueden conseguir en la calle, tal vez con una pistola o un cuchillo, ándase con cuidado con las balaceras y los operativos.

Pero no nos confundamos. Chavez no conseguiría ni un solo voto de quienes eran nostálgicos fervientes adecos o copeyanos, pero convencía a raudales a los que no lo eran de que esa mezcla de exótico socialismo cristiano y devoción internacional al comunismo antinorteamericano y antiimperialista tenía sentido. Despreciar esa posición, tachándola de producto de la incultura es un error gravísimo.

Esa Venezuela es la que se ha quedado silenciosa, velando un cadáver. No tardará en darse cuenta que su fallecido líder es insustituíble, y se preguntará, entonces, qué es lo que procede hacer.

Y es ahí donde el pueblo venezolano debe ver su oportunidad. España también la tiene, animándolo a que hable, poniéndose a su lado, para escucharlo, no para pedirle que se calle. Porque, aunque cueste reconocerlo, para ser como es, independientemente del bando en el que se encuentre, tiene sus razones.

Publicado en: Internacional Etiquetado como: adeco, Arias Navarro, Chávez, copeyano, desempleo, Hugo, lavadora, Maduro, muerte, petróleo, presidente electo, pueblo venezolano, ranchito, Venezuela

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