Al socaire

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Vigésimo Sexta Crónica desde el País de Gaigé

1 agosto, 2022 By amarias Deja un comentario

Los principales líderes de Gaigé han entrado en campaña electoral que, de cumplirse lo previsto en la Norma Suprema (Título III) deberán celebrarse cada cuatro años, correspondiendo el momento de la Convocatoria a la primavera de 2023.

Las tensiones provocadas por el deseo de tomar posiciones ante esa situación que proporcionará unos cuantos miles de puestos de trabajo a los diputados y senadores vencedores en los Comicios se traduce en un evidente nerviosismo que exacerba o sirve para inventar discrepancias entre las opciones políticas.

Desde luego, lo más chocante en Gaigé es la manifiesta tensión entre el partido mayoritario en la coalición de Gobierno y sus socios de la deteriorada izquierda ideológica. La habilidad del presidente Sánchez para controlar a los amigos de conveniencia de la derecha regionalista (independentista o conformista) hace aguas cuando se trata de poner a raya los protagonismos de los partidos de la «gauche» populista, cada vez menos divina y más carnal.

Aunque la presentación de resultados de Gobierno de hace una semana se centró en anunciar un impuesto excepcional (presuntamente inconstitucional, según se ha denunciado de inmediato) a los beneficios de los grandes grupos empresariales y financieros, las diferencias con el heterogéneo grupo que resulta de la descomposición de Podemos e Izquierda Unida son crecientes.

Incluso la sospechosa sintonía personal de la vicepresidenta designada -en fallida propuesta sucesoria por Iglesias (Pablo)- con su jefe teorico Sánchez (Pedro) está más impregnada de folclore estético que de contenido práctico. Las disensiones entre los ocupas de los ministerios económicos son palmarias y la pérdida de soporte institucional por parte de la Ministra de Defensa (Robles, Margarita) a la que se la van quitando competencias y atribuciones, es significativa; su posición crítica contra los pacifistas prorusos que están incrustados en el Gobierno de Gaigé adquiere ya dimensiones de sainete. Otras dos Ministras, antes provistas de mando en plaza, la de Hacienda (la muy desprestigiada Calviño, Nadia) y la de Energía (el azote de energéticas Ribera, Teresa) han cedido terreno hacia otros ministerios. Como un pantocrátor carnal, en última instancia, presidiéndolo todo (no tanto por su capacidad gestora como por su excepcional habilidad para la venta) se adivina, como un aglutinante imprescindible, el ansia centralizadora de Sánchez, (Pedro), convertido en un superministro factótum. Se dice que su objetivo a medio plazo (en especial, si no consiguiera revalidad la presidencia de Gaigé) se orienta a conseguir el puesto muy atractivo de Presidente de la Internacional Socialista, lo que le permitiría cerrar con broche de oro una carrera política realizada en contra de vientos, mareas, y de las esencias de su propio partido, hoy desconocido para quienes creyeron/creímos en la socialdemocracia.

El grupete de Ciudadanos está en estudio urgente de su refundación, tratando de reencontrar las raíces del centro liberal. Dirigen la operación de rescate de los suburbios andrajosos de esa opción antes muy querida, Villacís (Begoña) y Díaz (Guillermo), quienes toman la antorcha semiapagada en sus manos, ante la manifiesta incapacidad de Arrimadas (Inés) para reconducir el descalabro. La dimisión de Garicano (Luis) es una de las últimas deserciones del proyecto que había despertado tantas expectativas, incluso cuando parecía posible acceder a la Presidencia de Gaigé.

Siguen los incendios, favorecidos por la tremenda ola de calor, para cuyos efectos, a pesar de la apariencia de querer liderar desde Gaigé la batalla contra el cambio climático, ni se previeron ni se consigue ahora acotar con solvencia. Los esfuerzos de Bomberos, Unidad Militar de Emergencias, personal de apoyo y ciudadanos concienciados del desastre ambiental o directamente afectados por el avance de las llamas, se estrellan contra la fuerza del fuego y la escasez de medios. Las lluvias se hacen esperar y el agua escasea, incluso amenazando resultar insuficientes las reservas para consumo humano (y, desde luego, para riego agrícola) en algunos puntos.

La guerra de Rusia contra Ucrania prosigue, dando la sensación de enquistamiento táctico. La hambruna por falta de suministro de grano y fertilizantes (hoy, por fin, se liberó un barco cargado de maiz para Líbano desde Odesa) tiene efectos muy graves aún no evaluados suficientemente. Y en cuanto a la escasez de energía para calentarse este invierno, los Estados europeos aceleran la toma de decisiones bastante asimilables al sálvese quien pueda. Gaigé saca pecho, ofreciendo un exceso de energía de la que carece, mientras se anuncian medidas de ahorro que parecen más de tipo estético que efectivo.

Se anuncia por el Gobierno una situación excelente en cuanto al empleo (más de 20 millones de cotizantes a la Seguridad Social) y se distribuye optimismo moderado por los medios de difusión, advirtiendo, sin embargo, que nos esperan momentos de crisis económica y energética. La portavoz el Gobierno, Montero (María José) ha encontrado el gusto a reconocer como culpable de todos los males pasados y venideros al Partido Popular, que ha pasado a autocalificarse como alternativa de Gobierno, abandonando la designación de Partido de la oposición.

Para el gobierno socialista de Gaigé el Popular es, por derecho asignado, partido de oposición, macho cabrío expiatorio de cuanto salga mal, nulo colaborador, falaz adversario, incapaz de reconocer que, si Gaigé no levanta cabeza con la velocidad deseable, la culpa la tienen Nuñez Feijóo, Casado, Rajoy, Aznar, Fraga y Francisco Franco. La nueva Ley de Memoria Histórica, si se aprobara, permitirá resolver, de una vez por todas, cuando empezó la democracia en Gaigé y, cuando sea derogada, en qué momento terminó.

 

Publicado en: Actualidad, País de Gaigé Etiquetado como: Arrimadas, Aznar, Gaigé, Guillermo Díaz, Internacional Socialista, Margarita Robles, Montero, Nadia Calviño, Núñez Feijóo, Sánchez, Teresa Ribera, Villacís

Duodécima Crónica desde el País de Gaigé

24 abril, 2022 By amarias Deja un comentario

La semana que termina el 24 de abril ha sido pródiga en pequeños acontecimientos a los que se ha dado una gran trascendencia en Gaigé.

En mi opinión, el más significante de entre los protagonizados por el presidente Sánchez ha sido la visita a Kiev, en donde se encontró con el presidente ucranio, metido éste de hoz y coz, después de dos meses de defenderse de la invasión del sátrapa Putin, en una guerra sin fin. Sánchez, ya en campaña electoral frente al crecimiento del nuevo PP de Feijóo, ha prometido camiones y vehículos ligeros.

El rostro cansado de Zelenski agradeció el detalle, pero volvió a pronunciar su deseo explícito de lo que necesita su país: Más armas. No solo se enviará material de transporte, sino también especialistas en neutralización de minas y en la identificación de señales de tortura o trato vejatorio en los cadáveres que la retirada (momentánea) de las tropas rusas, bielorusas y chechenas han dejado al descubierto en Buscha y otras ciudades abismadas por la furia expansionista del loco del Kremlin y sus secuaces.

Por cierto, que se ha juzgado en círculos militares como un desliz imperdonable desde el punto de vista de la estrategia militar, un crecido presidente de Gaigé haya filtrado que el envío de apoyo bélico se realizará por medio del buque Ysabel y a través de la frontera con Polonia, en un viaje que iniciará de inmediato y que durará una semana, pues expone a éste a un ataque ruso.

La tensión política en Gaigé suben enteros cada día. La amenaza de ruptura de la coalición de gobierno parece ya un leit motiv del panorama. Por una parte, se debe registrar la oposición de algunos miembros del Gabinete a enviar armamento y apoyo estratégico (y hasta sicológico) a Ucrania. Muy expresivamente, ante esa resistencia expresada por ministros como Montero y Garzón, la ministra de Defensa (convertida, a su pesar, en ministra de la Guerra) Margarita Robles, ha indicado que «si alguien cree que se puede negociar con Putin por la vía diplomática, que lo haga».

El otro y nuevo punto de tensión lo conforma el «caso Pegasus», por presunto  espionaje (según indicios, por el CNI) a los independentistas catalanes, hoy socios de gobierno.

Como era de sospechar, el asunto de las comisiones lujuriosas por mascarillas y guantes al inicio de la pandemia, entra en la fase del «y tu más».

El nuevo Presidente del PP se ha aupado a su puesto con tanta energía que parece haber estado allí toda su larga vida política. Sin sentirse frustrado por la reunión sin acuerdos que mantuvo con Sánchez hace apenas una semana, ha elegido la vía singular de enviarle una carta al «Querido Presidente», con más de cien puntos, entre los que destaco la exigencia de reducción de impuestos, la prolongación de la vida de las centrales nucleares y la renta mínima a las clases más necesitadas. Un golpe  bajo la línea de flotación de la incómoda singladura que se prevé para el resto de la legislatura.

La victoria de Macron en Francia sobre Le Pen, que le garantiza cinco años de presidencia pero no un Paramento a la medida (al contrario), abre incógnitas sobre el liderazgo en la Unión Europea, perdida para la Historia la canciller alemana Merkel, que ha cedido los trastos de ordenar el girigay europeo en un gris Scholz y, sobre todo, habiendo recibido un golpe irrecuperable por su amistad con Putin, en el que confió el futuro energético de Alemania.

 

Publicado en: Actualidad, País de Gaigé Etiquetado como: Feijóo, Gaigé, Margarita Robles, Montero, Pedro Sánchez, Putin, Scholz, Volodomir Zelenski

Desgobernados

17 noviembre, 2019 By amarias Deja un comentario

Aunque no tenga el empaque y aptitud para la representación pictórica que alcanzó el abrazo de Vergara, el que se prodigaron Pedro Sánchez y Pablo Iglesias jr. tiene visos también de convertirse en un apretón histórico.

Se anunciaba con él el final de las hostilidades en el espectro de la izquierda española, al menos entre los dos equipos que conforman la mayor parte del rompecabezas en que se ha convertido el gallinero de la progresía pseudocomunista, en su pugna interna por hacerse con el pendón que lo confronta con los pseudoliberales neocapitalistas.

No me parece que la formación de gobierno sea cosa fácil para Pedro y Pablo y, si lo consiguen (con los apoyos de los acomodaticios regionalistas de derechas cántabros y vascos) y la abstención de los separatistas catalanes, más el voto con ojos cerrados y la bolsa presta de otros partídulos, el mantenimiento del gobierno con mínimas condiciones de estabilidad, será cosa prácticamente imposible.

Este largo proceso electoral habrá tenido consecuencias muy dolorosas y costosas, en todo caso, para nuestra economía y la serenidad y solidaridad (más o menos ajustadas) que nos habían acompañado desde 1978 hasta 2019.

Se ha roto la izquierda, tanto por la parte populista como por la histórica facción comunista; el partido socialista, al abrigo de la capacidad camaleónica de Pedro Sánchez y sus inmediatos colaboradores, se han despojado de casi todos los restos del pacto de Suresnes; Alberto Garzón ha destrozado el PC; Iñigo Errejón se separó de la pareja Unidas Podemos (Iglesias-Montero) para «dignificar la izquierda» y se encontró con la pared de enfrente.

Se ha roto la derecha, aunque se nos quiera convencer que el PP está nuevamente fuerte. Pero Pablo Casado no tiene el empaque intelectual de Fraga ni el atractivo chulanesco de Aznar, o la socarronería simpaticona de Rajoy; le ha salido un grano por el flanco más débil que se ha convertido en alternativa para los amantes de la gresca política y, además, Abascal ha reunido un trío de disidentes del Partido troncal que tienen labia y capacidad de convicción entre los votantes descontentos de toda condición; el caso de Albert Rivera es de los que mueven a la lástima, pero el resultado está ahí, siguiendo el manual del desquiciado: Cómo dilapidar en pocos meses un inmenso caudal de credibilidad, apareciendo con el paso cambiado en cada aparición pública televisiva.

Sigo sin ver claro el futuro, y no descarto unas nuevas elecciones. Pero el abrazo de Moncloa, con dos personajes en salto mortal al vacío, apoyándose cada uno en el hombro del otro, pasará a la historia como una voluntad de quererse políticamente entre dos personalidades incompatibles, con el deseo de obtener, por fecundación artificial, un gobierno que, al menos, dure mientras se firmhttps://angelmanuelarias.com/libro-sonetos/a el reparto de los gorros de plumas, digo, los ministerios.


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Publicado en: Actualidad, Poesía, Política Etiquetado como: Abascal, firma, gobierno, Iglesias, Montero, Partido Popular, Rivera, Sánchez

Lenguaraces en pugna por el pescante

1 abril, 2019 By amarias Deja un comentario

A un mes vista de las primeras elecciones generales de 2019, los candidatos de las muy diversas facciones políticas se esfuerzan, no en señalar diferencias programáticas, no en perfilar sus propuestas de gobierno y alianzas, sino en ocupar espacios mediáticos.

¿Cómo se consigue el objetivo con máxima probabilidad? Diciendo ocurrencias, “boutades”, tonterías.

Calientes las bocas lenguaraces por la presencia de un público de fieles deseosos de aplaudir las jugadas que pudieran ser susceptibles de gol (aunque sea en propia puerta), los candidatos se lían con la pelota y hacen filigranas y adoptan posturitas con las ideas al hilo de contorsionistas circenses.

No veo el atractivo semántico de anunciar la posición antiabortista, y genuinamente machista, de negar a la mujer el pleno dominio sobre su naturaleza física, difundiendo que en Estados Unidos o en Sabediosdonde matan niños al nacer. (A. Suárez Illana). No, Adolfo,  esperan a que sean estudiantes de secundaria para que algún compañero jugando a Rambo ccon las armas de su padre, se tome la revancha por cualquier tontería que haya encrespado sus ánimos adolescentes sicoticos. (Abascal Conde y Ortega Smith quieren armar a la ciudadanía y favorecer la creación de comités ciudadanos con vocación  justiciera tomada por propia mano; ellos ya llevan siempre consigo una Smith o una Beretta y ay de quién les tosa) .

Me parece magnífico el ejercicio literario de imponer una renta mínima general, ordenar a los Bancos, multinacionales y a los grandes grupos empresariales que trabajen a beneficio cero y perseguir a latigazos a los filántropos poseedores de fortunas que crecen, dicen, gracias al subempleo y a la mano de obra barata del subdesarrollo (cada vez que oigo a Pablo Iglesias, Echenique o Montero y su discurso anticapitalista y animar a que nuevos ricos ex proletarios ocupen las sillas del banquete, se me saltan las lágrimas imaginando quién les habrá dado clase de economía ).

No tengo nada que objetar, salvo -ni más ni menos- que el sentido económico más común a la idea de Pedro Sánchez de blindar las pensiones. Incluso me parecería bien, si pudiéramos pagárnoslo, capitanear a escala mundial la defensa contra el cambio climático. Y es sensato -en pequeños círculos catalanes- pero inconstitucional (al menos, por ahora ) y desleal con la inmensa mayoría de españoles abogar por la independencia de Cataluña si lo demandara un 65% de la levantisca parroquia catalana, que ya sin ganas de jugar con el mechero, como el vidente telegénico Iceta expresó en una entrevista de un periodista extranjero.

En fin, Albert Ribera debe tener el lápiz rojo ya sin mina de tanto trazar con línea gruesa el riachuelo que le separaba del PSOE para convertirlo en el Amazonas de las incongruencias que desorientan al electorado, Macron, Luis Valls y Garicano incluidos.

Pablo Casado no necesita que José María Aznar lance bravuconadas desde su cueva para envalentonar a la derecha más engominada, porque el votante a la búsqueda del arca perdida de la derecha civilizada no le va a mirar a los ojos, sino al bolsón y, desde luego, al bolsín de las propuestas. A Pablo -éste, el que no lleva coleta ni vaqueros rotos con dos móviles asomándole por la trasera- ya no le basta con alardear de que va a crear millones de puestos de trabajo y a sacarnos de la crisis en que nos metió y meterá nuestra incompetencia institucional bifronte para generar riqueza. Ya no funciona el truco de la varita mágica de bajar los impuestos a muy ricos y grandes empresas y sacar la pasta para lograr el milagro español persiguiendo el fraude del pequeño ahorrador, subiendo los irpf de los salarios de la clase media y escrutando las  cuentas del comerciante de cercanías.

——

Esta puerta tan decorada forma parte de la colección de puertas de los aseos del Hospital Ramón y Cajal, de Madrid. Un magnífico ejemplo de la expresividad que emana de las mentes de quienes están confinados momentáneamente para cumplir con una servidumbre natural en un espacio de propiedad publica.

Es un grafitti plural, un muro de las vergüenzas intelectuales de este país que ha encontrado en la espontaneidad de la chabacanería la manera de redimir su incapacidad para expresarse con algo más complejo que el exabrupto y la descalificación frontal.

 

 

Publicado en: Actualidad, Política Etiquetado como: Abascal, Aznar, campaña, Casado, Echenique, elecciones, Garicano, Montero, Pablo Iglesias, Ribera, Smith, Valls

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