Al socaire

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Mensaje apócrifo de Navidad de Felipe VI

24 diciembre, 2014 By amarias Deja un comentario

(En el escenario a semioscuras, se ve la carcasa de un aparato de televisión sobre una mesa con ruedecillas. Por un lateral, aparece, con gesto cansado, el Rey Felipe VI. Se sitúa detrás de la mesita y, moviéndose ligeramente a un lado y a otro, incluso sacando los brazos fuera de la carcasa, ajusta su colocación con parsimonia.

Cuando está satisfecho con el resultado de la operación, Felipe VI extrae unos papeles algo arrugados del bolsillo, se cala las gafas que necesita para compensar su incipiente presbicia, y mira al frente. En ese momento, se encienden más luces, y descubrimos, en el lateral contrario a aquel por donde apareció el Rey, a la Reina Doña Leticia, sentada sobre unas maletas de viaje.

Felipe VI lee con voz timbrada, guardando las pausas; de vez en cuando, utiliza una petaca de la que bebe un líquido no identificado)

-Buenos días a todos. Me corresponde, como hacían mi padre y su antecesor en la Jefatura de Estado, dar un mensaje de Navidad en estas fiestas entrañables. Se trata, como bien sabéis, de ser proactivo y amable, repitiendo cuatro o cinco ideas de esas sin el menor interés, por su obviedad manifiesta. Por ejemplo, animando a que seáis solidarios, a recordar que si estamos juntos podemos superar cualquier dificultad, y expresando que todos somos iguales ante la ley, la democracia y las oportunidades de la vida.

Pues bien. En estos meses que llevo haciendo de Rey, me he dado cuenta de que se estaba mucho mejor haciendo de Príncipe de Asturias. Viajaba mucho, tanto de placer como para asistir a las investiduras de presidentes de antiguas colonias, asistía a fiestas de incógnito o con otros miembros de familias reales, y entregaba una vez año unos premios con mi nombre -con mi nombre- a algunos compatriotas, junto a personajes que habían sido galardonados con el Nobel o estaban a punto de serlo en la próxima convocatoria.

Pero no solo eso, la Reina Doña Leticia también ha sacado sus propias consecuencias de este tiempo. Me dice que estaba muchísimo mejor siendo periodista del montón, nieta de taxista y locutora, e incluso, cuando estaba divorciada y se reunía de vacaciones con sus amigos en Asturias para comer oricios, regarlos con sidra y cantar Patria querida. Ella, que viene de por ahí, de por donde vosotros, me anima a que nos comportemos como tipos normales, sin pasarse, claro, permaneciendo más o menos de buena familia, sin que tengamos que disfrazarnos para tratar de pasar desapercibidos en la calle. Me apetece, incluso, ponerme de vez en cuando la camiseta con la inscripción CR que me regaló Florentino, irme algún fin de semana en tren a Alicante con el taper de tortilla y las niñas, y hasta debe tener su puntillo hacer la cola del paro por las mañanas y una chapucilla, para ir tirando, por las tardes.

La verdad, cuando no puedo dormir por la noche, la idea de mandarlo todo a la porra, me mola cantidad. ¿Qué hice yo para tener que representar la unidad de España? ¿Qué diablos es eso? He asistido a algunas reuniones del Consejo de Ministros y leo todos los días las notas de prensa que me recorta y clasifica la Reina, que de eso sabe un montón, y me doy cuenta de que los problemas que tiene el país son de una complejidad abrumadora. No es que sean superiores a los de otros países, es que hay demasiada gente encargada de complicarlos todo lo posible cada día. Y lo hacen con tanto empeño, con tanta devoción, que el único punto de acuerdo al que es posible que lleguen es que no tienen solución, y solo consiguen calentarse recíprocamente las cabezas.

A esta situación general, se añaden las cuestiones personales. Mi padre, que tiene los achaques propios de su edad, se encuentra en paradero desconocido, negociando no se qué, por lo que me cuentan, con la que fue su amante durante las últimas décadas. Mi madre,  está buscando casa con terreno en la campiña griega, para retirarse a cuidar allí, junto a mis helénicos tíos, los toros de lidia que pueda salvar de su cruel destino en plazas españolas. Mi hermana mayor, separada del padre de sus hijos, con un exigüo peculio, trata de rehacer su vida como puede a la caza de algún candidato con posibles. La pequeña me ha dicho que vendrá a vivir con nosotros, pues su casa va a ser embargada, porque un juez rencoroso con la élite  quiere saber de dónde sacó el dinero su marido, pues no se cree que alguien pueda hacerse rico por el solo hecho de pertenecer a la familia real, como siempre ha sido desde que el mundo es mundo.

Todo esto que ya sabéis por los periódicos, no tiene nada de particular. Si no en todas las familias, pasa en algunas de ellas, y solo basta leer el Hola, para estar de acuerdo en que las familias de la aristocracia y de la farándula en general, andan por los mismos andurriales a cada poco.

Pero lo que ha colmado el vaso de mi paciencia es que, según las encuestas vienen reflejando, soy el más popular de los personajes públicos relacionados con la política -es evidente que hay que sacar fuera de las estadísticas a los que se dedican al fútbol o a la canción melódica-. Hasta ahí, bien. Lo que sucede es que me dicen, también, que la gran mayoría de vosotros sois republicanos.

Esto supondría que, si se os dejara libres, tendríais como forma de gobierno una República, y desearíais que me presentara a las elecciones para la jefatura del estado o del Gobierno. Y eso sí que no. ¿Competir yo, que he sido formado en las mejores Universidades del mundo, que hablo impecablemente cuatro idiomas, que he hecho la carrera militar en todos los ejércitos, que se pilotar aviones y tanques, que mido más de dos metros, etc. con cabezas de lista de los partidos políticos?

No quiero poner ejemplos, para no encrespar los ánimos de nadie. Jamás he ido a una reunión, que no fuera de vacaciones, en camisa; nunca me visteis levantar la voz en una comparecencia pública; jamás he emitido una opinión contra nadie; me tragué lo que pensaba de todo lo que sucedió a mi alrededor; etc.

He releído la historia del Rey Amadeo, y me volvió a impresionar mucho. Tanto que, concluyo, para no cansaros.

Ahí os quedáis. Leticia, las niñas y yo, nos vamos. A un lugar secreto, y para siempre.»

(Se van las luces del escenario. Felipe saca el cuerpo de detrás de la carcasa, se acerca a Leticia y salen con las maletas, mientras suena una música celestial, o algo parecido)

Publicado en: Política Etiquetado como: discurso, Felipe Sexto, Navidad, rey

Vuelven, tenaces

23 diciembre, 2014 By amarias Deja un comentario

Vuelven, tenaces,
conchas abandonadas por el mar
a las orillas.

Recuerdos muertos,
de los que hemos olvidado su razón,
flotan entre restos de naufragios
y, aunque los tiremos lejos,
valvas del corazón,
se acercan dóciles a lamer nuestros pies,
pidiendo que las llevemos a casa,
que las ensartemos a tiras
con el presente más austero.

(Con algo suave, Angel Manuel Arias, versión 1998)

 

 

Publicado en: Poesía Etiquetado como: angel manuel arias, Con algo suave, poesía, Vuelven tenaces.

Obras de reforma en otro yo

21 diciembre, 2014 By amarias Deja un comentario

La principal reforma social que se me ocurre
es destrozar la pared que comunica el baño con la alcoba,
pero he llenado con mi currículum las calles de la ciudad
y estoy tan seguro de que me van a contratar
que dejo un mensaje de destrucción en el contestador;
a estas horas de la noche
es poco posible que me llame alguien decente
pero por si hay un alma gemela que pene por ahí
le voy a dar mi último diagnóstico:
hermano, no quiero que me den más competencias,
qué razón tenías: cuanto más pones más pierdes,
no enseñes el culo a quien no te lo va a tapar,
y, para colmo, te desvelo mi preciado secreto, soy un impostor,
el verdadero yo aún no ha nacido, lo que no me impide que en este acto solemne
lo nombre mi sucesor de todo lo que sé
por más lejos que esté.

Le dejo la brocha de pintar al más pintado,
cediéndole por señal de buena suerte la grapadora, las gomas de borrar
y un bote con bolígrafos y  lápices, los trastos de crear estas historias.

(No tenemos a nadie, Angel Manuel Arias, 1996)

 

Publicado en: Poesía Etiquetado como: angel manuel arias, No tenemos a nadie, Obras de reforma en otro yo

Admirable su voz ronca, cuyas palabras

20 diciembre, 2014 By amarias Deja un comentario

I

Admirable su voz ronca, cuyas palabras
comprometían, al sonar, el eco de la sala,
atronando.

Leía versos sociales
pero igual podía encender una guerra,
destruirnos a todos.

En las filas de atrás, modestos por la fuerza,
nos limitábamos a envidiar en silencio
su poder para captar la atención
de aquellas hembras duras
que parecían vivir pendientes de su favor;
y a nuestras señales de pollitos muy tiernos
respondían con miradas al aire.

Lo más seguro
es que sobre todos nosotros gravitaba una orden de busca
y captura permanente,
pero -teniendo en cuenta nuestros antecedentes de locura-
nos unía lo agradable que era
sabernos protagonistas del recelo
con el que, en las cuatro habitaciones de los lados,
alguien vigilaba nuestros pasos,
estudiaba mínimo los gestos,
nos sonábamos la nariz, íbamos al baño.

El ya no está. Incluso, en los momentos más bajos,
dudo que existiera.

Las mujeres que nos hacían vibrar, soñando
con noches de recreo y sinrazón, son pálidas
gemas engastadas en prótesis cuyos ojos
tienen el brillo de las cataratas de la vida;
puestas a olvidar, ni siquiera identifican bien las fechas.

II

Pero lo que más me preocupa todavía
es que no reconozco la pasión de tu éxito,
qué has hecho del imberbe revoltoso
puesto a vivir en ese hombre mayor,
iconoclasta de élite, hoy devoto del montón,
crítico demoledor ayer, que se cree respetable
controlando mal las opiniones ajenas,
actor que ha construído su razón de seguir,
(qué espantosa carrera),
en rentabilizar, lleno de ansias,
la debilidad de lo que toca.

(De Con algo suave, Angel Manuel Arias, 1996)

Publicado en: Poesía Etiquetado como: Admirable su voz ronca, angel manuel arias, Con algo suave. poemas

Primera Precisión de la Forma Amada

19 diciembre, 2014 By amarias Deja un comentario

 Primera Precisión de la Forma Amada

La forma que preside las cosas
es la forma que amamos, cáliz tan frágil
donde la mano justifica su empeño.

Ánfora de su alma desnuda, el único escollo
que nos separa de alcanzarla del todo.

Al recorrerla a diario, la mano la crea,
modela su carne con los trazos precisos,
la abarca, descubre los pliegues más íntimos,
y al estarla queriendo comprende
y predice con la serenidad de un profeta.

Esta forma tan suave perfecciona la mano.

(De Absueltos de todo don, Angel Manuel Arias, 1989)

 

Publicado en: Poesía Etiquetado como: Absueltos de todo don, angel manuel arias, Primera Precisión de la Forma Amada

Un sueño intencionado (Algunas tardes, mientras estoy más relajado)

18 diciembre, 2014 By amarias Deja un comentario

Un sueño intencionado

Algunas tardes, mientras estoy más relajado,
me dejo caer del balcón,
es un placer notar exhausto cómo me abandonan
las ganas de morir,
podía haberme preparado peor.

Abro los brazos al soñar
planeando como una cometa de cartón,
y disfruto viendo a mis viejos amigos en el patio,
mirando boquiabiertos
cómo voy a romperme la cabeza,
gozo sintiendo que una mujer tiende sus manos
desde el cuarto,
lo que tengo en común con ella pienso mientras vuelo.

Se oye por fin una sirena de bomberos
provistos de una larga escalera
de mano insuficiente
pero me queda tan poco espacio
para vivir, y además me favorece
estar atado a un sueño por los globos
que reviento, sin esperar muchos milagros,
el toldo de un comercio
y rompo, para salvarme, varias sillas de diseño
contra el suelo.

(De «No tenemos a nadie», Angel Manuel Arias, 1996)

Publicado en: Poesía Etiquetado como: angel manuel arias, No tenemos a nadie, poemas, Sueño intencionado

Cuando me encuentras a punto de desfallecer

17 diciembre, 2014 By amarias Deja un comentario

Cuando me notas a punto de desfallecer, desvelas el regalo
que me traes en esa caja de juguetes: tu sonrisa,
la manera de entretener con trozos que pueden ser pasado,
el momento en que otro como yo, con esta carga al hombro,
no tendría más remedio que estallar en semen o en sollozos.

No es eso solo, no, son muchas más las veces
en que alternando anécdotas con historias inventadas
-así eras tú, ese árbol plantaste, la huella del jardín
pertenece sin duda a tu zapato- me descubres algo de futuro
rebañando en los bordes de mi plato, avanzando
segura entre precipicios de ambos lados.

Bendito seas, lazarillo lleno de voluntad que me salva paso a paso
del riesgo de caer, ciego como voy, renco y ya feo,
en la zanja de tanta profundidad que cruza de lado a lado,
sin señales ni advertencias, destrozándola por la mitad,
mi propia calle.

(De Poemas de encargo, Angel Manuel Arias, abril 2005)

Publicado en: Poesía Etiquetado como: angel manuel arias, Cuando me notas a punto de desfallecer, poemas de encargo

Círculo de Bellas Artes

15 diciembre, 2014 By amarias Deja un comentario

Escribo sensaciones, la mujer que escribe notas
concentrada en hacer llamadas de teléfono, y más allá
dos hembras jóvenes (una algo más fea) que se enseñan los compases
sin parar de hablar, cuando en la mesa de al lado
una anciana circunspecta con el aire de cliente habitual
mira alrededor con curiosidad hecha de hurtadillas.

Luego está el grupo de intelectuales de sartén, tomando su cerveza
mientras el patriarca dogmatiza. Un francés sorbe, delicado,
su cafe au lait, el pelo blanco a juego con un rostro rubicundo.
Está allí la pareja de amantes que van a ser, él, desplegándose,
ella atendiendo a sus razones. Entra un trío formado por un padre
y sus hijas, que al sentarse en la realidad se descompone,
pues una de las jóvenes ocupa otra mesa y lanza un mensaje
desde el móvil, mucho más allá. La anciana, en fin, se va;
lleva muleta y cruza -corriendo en contraste, duelo y risa-
una niña con una bolsa de plástico que suena a cristal.

El camarero, elegante y cordial, me trae lo que he pedido.
Un poco de tranquilidad, la marca de la casa. No finjo más,
junto al ventanal que da a la calle transitada se han dispuesto
los más afortunados: dos inglesas con trazas de llevar así el verano,
un joven lector en chándal deportivo, dos poetas, alguien pensativo,
y mi imagen reflejada entre tanta soledad, hecho testigo

(escrito en el Café del Círculo de Bellas Artes, el 7 de noviembre de 2005,
Angel Manuel Arias, Poemas de encargo)

Publicado en: Poesía Etiquetado como: angel arias, Círculo de Bellas Artes

De uniforme

13 diciembre, 2014 By amarias Deja un comentario

En las fotografías de ambiente callejero que se conservan de los primeros decenios de la posguerra civil española, se ve a muchas personas de uniforme. Hay militares de graduación y sin ella, curas de sotana, monjas tocadas en variadas composturas, policías municipales con porra o con casco de explorador, guardias civiles con montera o a carreras, niños de colegio de pago con chaquetilla y escudo bordado, y otros, de inclusa, con mandilones a cuadros y  pelo rapado, domésticas de casa de postín con la servidumbre de una cofia, señoras con abrigos de visón en verano y señores embigotados con cintillo en el sobrero y brazalete de luto en la manga del terno o gabardina, tal vez, nos encontramos incluso a serenos con chuzo de vuelta a casa tras su ronda nocturna, …

Los albores de la democracia y su promulgación efectiva, trajeron, camufladas entre tantas cosas buenas, el miedo a las manifestaciones tanto las ideológicas como las de pertenencia a una profesión, ya fuera de fe o de trabajo, y más en especial, a las particulares de orden militar o religioso. Desaparecieron de la vista los uniformes que nos resultaban propios de oficios que eran antes muy comunes, que acabaron restringidos a mostrarse con todo su esplendor solo en los actos conmemorativos por la Patria y en las iglesias y claustros por la gloria de Dios.

Había miedos nuevos: de atentados, de que le encasillaran a uno, de que hicieran mofa de las creencias más profundas. También era justo pensar, como descargo de la discreción de nuevo cuño, que nadie estaba obligado a llevar expuesta su tonsura o acarrear visibles los signos de sus devociones y apetencias. Los hábitos se guardaban, a la espera de la concreta ocasión, con bolas contra la polilla, en los armarios.

Pero el animal humano gusta de exhibirse, y aparecieron otras indicaciones, que fueron dócilmente asimiladas por la mayoría del rebaño, sobre que cómo había que mostrarse. Al principio, los líderes de la rebelión al uniforme, idearon variaciones en el pelaje y en el atuendo que pretendían mostrarse diferentes: pelos largos, barbas y greñas, piernas y senos al aire, ropas sueltas, pantalones de pata de elefante o en canutillo. Pronto, todos imitaron, y, pretendiendo vestirse al gusto de cada uno, se consiguió ser indiscernible del grupo y, por tanto, pasar a ser desapercibido.

Hoy, en que todos vamos vestidos iguales a la moda, el uniforme ha calado más adentro, llegando a los cerebros. Se que afirmar esta uniformidad concreta no es de recibo, y que no gusta a algunos que haya quienes digamos que la sociedad ha absorbido, como Lacoonte, a sus hijos, devorándolos por fuera y por dentro. Lo individual sucumbe ante la fuerza de lo mismo. La igualdad se manifiesta ahora, incluso, en la escasez de ideas originales, en la forma ovejuna en la que se alinean los espíritus con los patrones colectivos que ya no somos capaces ni de discernir quién los inculca.

Los espacios para mostrar nuestra empatía con la masa se han hecho, por tanto, más extensos. Los estadios, más grandes; los lugares de reunión de la manada, más concretos. La expresión de pareceres, la discusión de la que surge el conocimiento ventajoso, muy escasa.

Y ay de quien no lleve puesto el uniforme, porque será identificado de inmediato como ajeno a la tribu, sospechoso. Aunque, como la historia no termina aquí, solo habrá que esperar a que baje de nuevo la marea y, como sucedió en otras ocasiones, alguna generación venidera advertirá que hemos estado idolatrando a tipos que, habiéndonos hecho creer que llevaban uniforme, lo que nos estaban dejando es, en su propio beneficio, en pelotillas.

Publicado en: Actualidad Etiquetado como: desnudo, Lacoonte, pelotas, sociedad, uniforme

Vamos a ordenar el territorio

9 diciembre, 2014 By amarias 2 comentarios

Vamos a ordenar el territorio,
fuera tópicos,
revelaciones, verdades admitidas.

Sin discusión, alcémosles el velo
a los que las defienden,
inmovilicémosles el genio,
hagamos burla
de las amenazas que profieren.

No admitamos grandezas,
sus títulos
no se los hemos conferido.

Presentadas sus caras al desnudo,
veámoslos así, perplejos,
timoratos,
notando nuestra fuerza.

¿Qué les vamos a pedir?
Que nos devuelvan sin tardar cuanto quitaron,
y sobre todo, el tiempo que era nuestro,
los días que nos faltan
por haberlos empleado
en destapar lo que ocultaban.

¿Que no hay modo de recuperar
tiempos ya idos?

Pues que se queden ellos aquí.

Con su pan se lo coman,
que no hieran a más.

Los que nos vamos
a ir somos nosotros.

(De El animal que hay en nosotros, Angel Manuel Arias. 2008)

 

Publicado en: Poesía Etiquetado como: angel manuel arias, El aninal quehay en nosotros, poemas, Vamos a ordenar el territorio

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