Al socaire

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Archivo de 2015

El melón de Toledo

29 octubre, 2015 By amarias Deja un comentario

Toledo desde la Biblioteca

Sobre uno de los bancos de la plaza de Zocodover, alguien (un turista inglés, probablemente), había olvidado las hojas sobre Sevilla que había recortado de una guía sobre España. Cuando repasaba la exultante descripción acerca de Sevilla y sus encantos, -«Sevila doesn´t have ambience, it is ambience», me preguntaba qué le falta a Toledo.

La pregunta carece de voluntad provocadora, puesto que el bello conjunto de la ciudad enclavada en un entorno de insuperable fuerza paisajística, es permanente motivo de inspiración para pintores y fotógrafos y, a cualquier hora del día y bajo cualquier climatología, sugiere al ánimo más frío de quienes lo contemplen, evocaciones de paz y misterio. La parte antigua de la ciudad imperial posee tales y tantos monumentos, sobrados de empaque e historia, y su solar está tan lustrado por sucesos relevantes de la Historia de España y del mundo, que harían palidecer la hipotética pretensión de primacía de la que alardeara cualquier otra población turística europea.

Sin embargo, Toledo no es una ciudad cómoda, ni para el turista ni para quienes la habitan. La ciudad vieja, en donde se concentran los edificios históricos, con sus pendientes y callejas, padece de problemas propios, pero, también, en gran medida, provocados o consentidos.

Para el turista, su visita a Toledo está enfocada a pasar un par de horas en ella, desde la superficialidad de aquel que visita un museo plagado de reliquias, pero del que solo interesa poder decir «estuve allí». Hordas de visitantes, guiados normalmente por un especialista en vulgarizar historietas, recorren su calle del Comercio -estrecha calle que conecta siguiendo una línea de nivel, la plaza de Zocodover con la de la catedral-. y, cumplida la ceremonia de tocar con la mano San Juan de los Reyes y comprar unos mazapanes, se vuelven, dichosos, a los autobuses, para pernoctar en Madrid o apurar el ave hacia Sevilla.

Los turistas españoles de visita en la ciudad, en realidad, en su inmensa mayoría autodidactas en la conducción de su ignorancia por las calles de Toledo, no lo hacen muy distinto a los alóctonos, salvo quizá por su especial predilección a atiborrarse de cordero o cochinillo en algún restaurante recomendado, o, si viajan con niños, a cumplir con la ceremonia de tomarse unos menús de hamburguesa en Zocodover o una paella descongelada en cualquier bareto que encuentren en su camino de ida vuelta para pasar un festivo y «conocer Toledo».

Toledo no es eso, y, además, es mucho más de lo que puede verse en unas horas. Hay que darle la vuelta a la oferta toledana, y emprender la acción con inteligencia, buen gusto, sentido histórico y turístico, y una determinación honesta e implacable. Para empezar, se deben revisar las ofertas comerciales, orientando a los inversores respecto a lo que merece la pena, y, en un mismo sentido, coordinándolas en lo posible. No son los ridículos suvenir, las tiendas de tres al cuarto, los restaurantillos de menú del día a base de carcamusas y pollo rebozado lo que sostiene, de forma consistente, el atractivo no histórico de una ciudad.

Es imprescindible señalar itinerarios sobre la ciudad, alternativas a paseos sobre ella, unos que conduzcan al río Tajo (un excelente paseo ribereño que no está promocionado, por cierto, y que tiene propensión a mostrarse en abandono) y otros que permitan acceder a los monumentos de la ciudad desde distintas curvas de nivel, ángulos y trayectos. Me parece clave revisar qué se cuece tras las paredes de todos y cada uno de los inmensos edificios que actúan a modo de murallones defensivos imponentes, obstaculizando vistas y recubriendo las calles de misterio, silencio y sensación de abandono.

Hay que negociar con las instituciones (en su mayor parte, eclesiásticas, ya que los caserones son propiedad de órdenes monásticas) la apertura de esos espacios, y, en su caso, darles nuevos destinos, complementarios o alternativos. No me he recuperado de aquel momento en que, deseando situar un convento toledano al que pretendía rendir culta visita, abordé a dos monjas en la calle, -una, anciana; la otra, en la flor de su juventud-, preguntándoles por él. «No tenemos ni idea» -fue la desolada respuesta de la más joven. «La madre es la primera vez que sale del convento en muchos años, y lo hace porque vamos al médico. Y yo vengo de Bolivia».

(continuará)

Publicado en: Actualidad, Cultura Etiquetado como: ciudad histórica, cochinillo, convento, cordero, hamburguesa, monja, monumento, San Juan de los Reyes, Sevilla, suvenir, Toledo, turismo, visita, Zocodover

Coño con la próstata

28 octubre, 2015 By amarias Deja un comentario

La economía de recursos -incluido el óptimo aprovechamiento de los espacios- con la que la naturaleza tiende a resolver las cuestiones que la evolución le plantea, ha llevado, sin duda, a que en los mamíferos machos la glándula llamada próstata se vea atravesada por un conducto de evacuación del trabajo depurador de los riñones, la uretra.

Así es, por supuesto, en el hombre. Cuando, por cualquier razón -envejecimiento, tensión emocional o tumoral- la hinchazón de la próstata presiona dramáticamente sobre la uretra, se dificulta primero la micción, se hace frecuente la necesidad de atender al alivio de la vejiga y, en caso extremo, la situación puede alcanzar progresivo envilecimiento, hasta llegar al colapso de la función renal, proceso al que la terminología médica ha caracterizado con los acrósticos RUA (Retención urinaria aguda), IRA (Insuficiencia renal aguda)  y RAO y FRA (Retención aguda de orina y Fracaso renal agudo).

Para evitar la complicación del proceso, que se presenta de forma natural en casi el cien por cien de los varones con el avanzar de la edad, es de todo punto aconsejable la observación regular de la glándula y el análisis de los parámetros que ayudan a detectar y delatar posibles anomalías, para atajar cualquier problema antes de que el deterioro alcance mayor gravedad, e incluso pueda provocar una situación irreversible (la muerte).

Veo grandes similitudes, por supuesto, de orden metafórico, entre este proceso biológico y la evolución político-sociológica de la llamada cuestión catalana. Para el actual lector de estas líneas, Cataluña se halla inmersa en un proceso secesionista, propiciado por una exigüa mayoría favorable a la independencia en el Parlament, surgida de unas elecciones desarrolladas en un clima extraordinario de crispación y desentendimiento entre los responsables de las instituciones del Estado.

Una situación grave, calificable de RAO (Retención aguda de opciones) y FRA (Fracaso reconductor agudo). Para quienes entienden que la cuestión debería remitirse a la consideración inequívoca de Catalunya como nación, y consideran que este es un derecho incuestionable a decretar de forma autónoma su independencia, no vendrá de más recordar la diferencia entre «pueblo» y «nación».

Todos somos, y a mucha honra, gente de pueblo, que es el lugar en donde tuvimos nuestro origen y hemos crecido en infancia y pubertad, y es el sitio a donde acudimos para refrescar los contactos con lo que nos une a nuestros mayores, a nuestros difuntos, a nuestros amigos infantiles. Nación es otra cosa, un elemento artificial, en el que se amalgaman intereses políticos, económicos y de frontera, y en el que es posible integrar a gentes que no tienen nada en común y, por supuesto, carecen de un pueblo que compartir.

Cataluña ha sido y es una región prostática, con dificultades para evacuar sus comprensibles -diría que es de bien nacidos amar y defender tradiciones, lengua y usos- impulsos individualistas. Tuvo un episodio muy grave, en época relativamente reciente, -de 1931 a 1940- que tuvo por protagonistas a Francesc Macià (fallecido en 1933, quien defendió una Cataluña integrada en una Federación de repúblicas españolas) y a Lluís Companys (quien proclamó el Estado Catalán en octubre de 1934, sueño independentista que fue sofocado sin sangre por el general Batet en pocos días, aunque resurgió con fuerza propia con ocasión del levantamiento anticonstitucional de parte del Ejército contra el Gobierno de la República).

La inflamación independentista sometió a gran sufrimiento a Cataluña, y el visionario Companys fue fusilado por el gobierno franquista en 1940, después de ser entregado desde Francia por la Gestapo. La medicina aplicada por el gobierno de Franco tras la guerra incivil no sirvió más que para poner unos paños calientes sobre la glándula catalana.

Supongo que hay una parte de la sociedad que vive en Cataluña y, posiblemente, una mayoría de españoles que viven fuera de ese territorio, desean una drástica intervención -judicial, y hasta militar- que ponga fin a la tensión de una vez.

No me parece que por la vía judicial (constitucional, administrativa o penal) haya muchas opciones de tranquilizar a la sociedad catalana más beligerante, encelada con promesas cuyo análisis nadie puede defender con absoluta credibilidad. Veo opciones a la intervención por la fuerza (no estrictamente militar, aunque con su apoyo), lo que no supone sino confirmar el fracaso de los que lideran las corrientes unidad del Estado español y secesión sin paliativos.

Pero, como pacífico y en tanto que acostumbrado a negociar en aguas densas, por el momento, yo aconsejo que se le ponga una sonda de inmediato al tema catalán, y se evacúe por ella el líquido retenido, que ahora ocupa una vejiga desmesurada y presiona cruelmente sobre los riñones.

Con tanta carga emocional no se puede pensar en soluciones. Claro que, para que se adopte la medida de introducir a Cataluña una sonda que, atravesando próstata y uréteres, llegue hasta la base de la vejiga, hace falta que el paciente se deje y que exista un equipo médico capaz de generar la confianza de que todo tendrá una solución feliz. Hablamos de credibilidad recíproca, intención serena, objetivos claros, propósito de pactar desde la negociación.

Con un Presidente de Gobierno que parece un residente de primer año y un President en funciones de la Generalitat que, como una esposa angustiada, no ve más solución que cambiar al enfermo de hospital, sin importar donde, no me parece que se esté en vías de solución, sino en grave peligro de catástrofe. ¿Quién habrá de perder? La Historia es tan clara al respecto, que solo pediría que quien tenga dudas, se atreva a poner nuevos nombres a los viejos collares.

 

Publicado en: Actualidad, Medicina, Sociedad Etiquetado como: Batet, Cataluña, Companys, ejército, FRA, Franco, Generalitat, Gestapo, IRA, Macià, negociación, President, próstata, RAO, riñón, uretra

Tipos de la calle (III)

27 octubre, 2015 By amarias Deja un comentario

Si hay una posición que ha caído en descrédito en nuestra sociedad, es la intermedia. No es una buena noticia. Los extremos (los extremismos) no se tocan más que para darse mamporros, y la ausencia de posiciones contemporizadoras, que deberían estar cubiertas por gentes capaces de ver matices positivos en parte y parte, favorece la crispación general.

Me cuento entre quienes perciben que, al igual que sucede en el ámbito económico (mayor concentración de la riqueza en menos manos, a pesar de que haya constatación de un incremento de la misma), la mayoría de los sectores de actividad humana han derivado en la concentración de los elementos más positivos -y, por compensación, de los negativos- en un porcentaje reducido.

Como en la economía, la mejora de los datos medios que señalan los indicadores habituales, no conduce a la sensación colectiva de mejor bienestar, sino a alimentar la sospecha de que algo importante está siendo omitido del análisis.

Varios tipos de la calle reflejan bien esta deriva social hacia la segregación de destilados en los extremos:

A falta de recomendación en las alturas, siempre ha sido importante tener mano con el bedel, conserje, celador de la cosa. Antes de que una propuesta de multa o sanción entre en el aparato triturador de cualquier Administración,  aquel que pueda, le servirá mejor controlar su trámite con un pequeño toque -afectivo o económico- ante el funcionario de medio pelo que está encargado de darle trámite o al que le tocó custodiar, de momento, para que extravíe definitivamente el Expediente con la papela, que molestar a alguien más alto.

Por eso, con esto de la democratización que iguala por abajo, ha cobrado aún más importancia, la figura del tipo del gorro de plato, ya sea guardián de discoteca, encargado provisional del triaje en urgencias, mantenedor del orden en la cola de un supermercado. Estamos en una sociedad oficialmente más democrática, en la que todos tenemos nominalmente el mismo derecho al acceso a los servicios públicos. Pero no nos engañemos: lo que han cambiado son las élites que controlan el reparto de ese derecho a un trato igualitario, del que, naturalmente, los que pueden pagarse la opción de un servicio privado (pienso en la sanidad, pero no solo), ocupan un estadio especial, al que dedicaré también un comentario más adelante.

Si no tienes padrino (que puede ser el conserje del establecimiento, si es que no eres familia del presidente de la compañía), verás cómo te sobrepasan los nuevos recomendados. Si los parámetros de asignación fueran transparentes y objetivos, no habría nada que comentar; pero los mecanismos que establecen las prioridades son tanto o más arbitrarios que los de hace décadas.

Me parece que un «nuevo orden social» es principal causante de que los lugares de responsabilidad en buena parte de las entidades públicas estén ocupados por gente bastante incompetente, y que, al descender en la pirámide de autoridad, se encuentren con mayor frecuencia gentes desmotivadas, centradas en cubrir su expediente sin problemas, para llegar, en el camino hacia abajo, a la constatación de una nueva pirámide de autoridades extraoficiales, que son las que, por dejación o ignorancia de los que tienen cargos y obligaciones más altas, controlan parte del cotarro en beneficio de sus allegados y amigos, que cobran prioridad para el paso por el servicio público.

Otros tipos de la calle son la consecuencia de la pérdida de interés general por lo público, consciencia social para defender al más débil, y, por supuesto, de la falta de educación y ausencia de respeto a los mayores. Pruebe el lector a llamar la atención al jovenzuelo que, bote de spray en mano, encuentra placer en decorar con la muestra de su estulticia la pared de una casa, el pilar de un puente, una señal urbana o el portal de un escaparate. ¿Conseguirá la mínima muestra de arrepentimiento, despertará la vergüenza del delincuente menor? Quiá. La mayor posibilidad a la que se enfrenta es a ser insultado y, por supuesto, contará con la omisión, la pretensión de invisibilidad culposa de los testigos de la escena.

Un representante más de esta categoría genérica de tipos a los que importa un pito lo ajeno (material o inmaterial) son los conductores, al parecer terriblemente apresurados, que trasladan la posibilidad de no verse arrollado a la agilidad del peatón que cruza en paso cebra o se atreve a cruzar con luz verde para su trayectoria, pero intermitente para el vehículo. No tengo opción de realizar un análisis sicológico de estos homicidas potenciales y puede que hasta tengan apariencia y comportamiento normales cuando descienden del auto que les enajena, por lo que no descarto que estos tipos necesiten, para actuar con tal desprecio al otro, el complemento material de verse con un volante en las manos.

No crea nadie que esta falta de atención al otro, salvo para avasallarlo, es patrimonio de los más jóvenes. En absoluto. Las peleas (no siempre solo verbales) en las colas del supermercado o de la taquilla donde se venden entradas para cualquier espectáculo, no son infrecuentes. He sido testigo de rifirrafes incluso en la atención primaria, por un quince minutos más o menos, entre señoras y señores para los que, dada su edad, el tiempo no debiera parecer ya tan importante.

Tipos son estos, habitantes de las calles tortuosas de los barrios del Nomeimportas, a los que podría calificarse de subproducto sociológico del modelo que lleva a no conceder aprecio más que al propio yo y a tener por dogma sus mezquinas circunstancias.

(continuará)

Publicado en: Actualidad

Tipos de la calle (II)

17 octubre, 2015 By amarias Deja un comentario

En mi barrio hay  condensación de hospitales para enfermos mentales. Los fines de semana, en los que supongo habrá menos personal para atenderlos o, simplemente, a los internos les corresponde tener un tiempo libre a su disposición, me cruzo con algunos.

Son hombres y mujeres que van a lo suyo, y en eso no se distinguirían de cualquiera, solo que, a poco que se les observe, se deducirá que su ocupación, reflejada en movimientos repetidos de forma obsesiva, conduce normalmente a resultados inútiles y, si no los son, se puede calificar de singulares.

Hay una señora que se detiene ante los árboles, como escudriñándolos, y así es capaz de pasarse varios minutos. Otra pide cincuenta céntimos a todo paseante, explicando que lo quiere para un autobús que, por supuesto, no tiene intención de tomar ni falta que le hace. Un joven demasiado obeso se ha convertido en pacífico cliente sedentario de una cafetería, en donde se atiborra de cruasanes y magdalenas, sin decir palabra hasta que, mirando su reloj, entiende que ha llegado la hora.

Otros son los que, como zombis, circulan de cabo a cabo de la acera, siguiendo líneas imaginarias que no dejan de pisar aunque se crucen con corredores en sudadera, mamás con gemelos de probeta o jubilados a los que se les encargó comprar el pan y la leche de diario.

De todos ellos, me impresionó un hombre en su cincuentena, que hacía frecuentes paseos cargado con bolsas de libros, a los que iba abandonando en las papeleras que encontraba a su paso, con un empeño exquisito en llenarlas hasta el borde.

No se de dónde sacaba su carga, pero puedo dar fe que, cuando llevado por la curiosidad de precisar lo que depositaba, hurgué tras él en uno de los contenedores, encontré que eran fascículos de múltiples enciclopedias en francés, español e inglés, tomitos de varias colecciones de filosofía y política, y ejemplares de maestros diversos, desde Emilio Salgari a discípulos hoy olvidados del marxismo, el estructuralismo y la semiología. Me dio que pensar, sobre todo que, aquellos libros,  si habían sido suyos, revelaban que aquel orate había tenido una formación de base parecida a la mía.

Cuando desapareció de mi paisaje, me atenazó el fantasma de temer que ese erudito de papel impreso, habría avanzado más, traspasándola hasta el fondo, por la puerta de su locura, lo que le habría cerrado las puertas físicas del manicomio en el que le había hospedado sus deudos algún día.

Tipos curiosos, aunque habituales de Madrid, que es mi ciudad desde hace años, son también quienes forman las que caractericé como especiales parejas de hecho, a las que ya  me referí en otros escritos. No son específicas de la escena matritense, pero aquí se hacen notar, porque, por la obvia concentración demográfica, su concentración es mayor que en otras ciudades más pequeñas.

Las hay de varios grupos: la más curiosa es, en mi opinión, la del señor anciano, más o menos cuidado en el vestir, al que acompaña una joven de opulenta apariencia -condensada en sus nalgas sobre todo-, tez bastante oscura y patente origen hispanoamericano; con un anciano en silla de ruedas empujada por una persona más joven, y, en este caso, por los síntomas, compartiendo su misma base genética, se forman también múltiples parejas urbanas, cuyo número crece también, y por la misma razón que la anterior, por el envejecimiento de la población.

De todas las parejas urbanas, hay una, la formada por dos animales de distinta especie, que suele repugnarme. No es culpa de los dos por separado, sino por el efecto que la combinación propende a producir. Se trata, como el lector habrá adivinado, del propietario de un perro y el llamado por su excelencia, animal de compañía.

Su proliferación, que no tenía por qué tener efectos sobre terceros, ha llenado la ciudad de cacas y malos olores. No es raro sorprender, en la mañana temprano o una vez anochecido, a esas parejas paseando hacia el parterre más próximo a la residencia del humano, para que el otro se aligere de sus necesidades apremiantes. En el camino, por corto que sea, lo habitual es que el bicho se detenga varias veces a husmear olores de sus congéneres, orine allí donde le parezca que debe anunciar su territorio, y, en fin, defeque en cuanto el vientre le apriete.

Esa pareja urbana tiene una posible representación deplorable, si de inmortalizarla se tratara, para escarmiento general, modelando al perro en actitud de evacuar y a su propietario, sosteniéndolo por la correa, mirando hacia los lados, vigilando la ocasión de escapar dejando a otros el regalo de la deposición de su mascota.

He sido testigo incluso de la actuación canallesca de un propietario de cánido, al que, habiendo simulado primero disponerse a recoger lo que acababa de evacuar su perro -sin duda, de excelente pedigrí-, cuando le pareció que yo habría pasado de largo y creyendo que no miraría hacia atrás, sorprendí dejando la mierda para otros.

(continuará)

Publicado en: Actualidad

Tipos de la calle (I)

17 octubre, 2015 By amarias Deja un comentario

Hay tipos singulares -anónimos- con los que uno se tropieza casi a diario, y cuya fisonomía, atuendo y circunstancias, se convierten en habituales, llegando a ser imprescindibles para caracterizar el paisanaje peculiar de nuestra ciudad, particularmente, si es una población grande en la que las relaciones personales escasean.

Esos otros seguirán siendo desconocidos en lo sustancial, pero, a base de cruzarnos con ellos una y otra vez, acabamos incorporando inconscientemente su realidad a la nuestra, como un trofeo, convirtiéndolos en uno más de los recursos con los que nos adueñamos del espacio que, obviamente, nos pertenece solo de pasada.

Se ha puesto de moda en las ciudades introducir estatuillas que pretenden recordar a esos tipos, que encarnan o encarnaron profesiones imprescindibles, y de los que nos importa muy poco entender su individualidad: el barrendero, la estudiante, el cartero, la lechera, el sereno…

No hay ciudad que se sustraiga a esa devoción a rellenar huecos urbanos con figurillas de personajes reales o inventados, a los que uno puede encontrar, hechos bronce y piedra, en las esquinas, (ya ocupados en un eterno paseo sereno o discusión tensa), ocupando espacios fijos (en bancos de asiento,  plazas y balaustradas), o apostadas como para hacernos zancadillas en medio de una acera.

De todas las poblaciones españolas, resulta que Oviedo, según algunos que han hecho el cómputo per cápita de las estatuas diseminadas por sus suelos, es la campeona de la categoría, como si hubiera una obsesión frenética en convertirla en una peculiar Pompeya. Esa ciudad, recoleta por excelencia en las Españas, saloncito urbano del cosmos ibérico, ha consolidado, con ello, su naturaleza provinciana cum laude, pudiendo ser considerada  ejemplar superlativo en la devoción monumental a poner en un material poco perecedero a personajes de realidad o ficción que tienen o tuvieron o pudieron tener algo que ver con su paisaje urbano, aunque lo fueran traídos por los pelos.

Una notable colección inmovilizada de mitos propios y ajenas, héroes literarios, tipos inventados por otros o creación de sí mismos, incluso trozos de vísceras, culos y torsos, puebla Oviedo, disputando el espacio con los vivos. Hay estatuillas dedicadas a la Regenta, a las verduleras, a la estudiante absorta, a la cantante lírica, al viajero, a la lechera, a la madre amamante…a Rufo (un perro), compartiendo fama visual con otras representando a Woody Allen, a Manolo Avello, a la Torera, a Paulino Vicente, a Sabino Fernández Campo, al cabo Nobal, a Manolín el Gitano o a Carlos Tartiere -no quiero ser exhaustivo, por supuesto-.

Pues bien: después de este largo prolegómeno, que puede que no tenga nada que ver con lo que voy a contar, pero me apeteció escribir, paso a enumerar mi particular colección de tipos de la calle, con los que me encuentro prácticamente a diario, y de los que, cumpliendo con la tradición que he expuesto, no conozco más que un destello de su existencia, cruzándose con la mía.

De entre todos cuantos piden limosna en el metro urbano, y cuyo número crece casi exponencialmente, me detengo en primer lugar, en el tipo que, después de comprobar que los guardas de seguridad no están al acecho, atraviesa con medida velocidad los vagones, esgrimiendo un par de paquetes de toallitas de papel en su mano izquierda.

Con voz tonante pero no estridente, nos anuncia, bajo un acento con mínimo deje extranjero, que ha sufrido varias operaciones de corazón y que el carné que sostiene en su derecha justifica su incapacidad para trabajar. En un discurso breve, pero efectivo, nos convence de que carece de pensión alguna, a pesar de tener dos hijos a los que alimentar, y, con preciso énfasis, repite el mantra que le da para vivir: «Esto que cuento no es un engaño ni una mentira. En mi mano tengo una tarjeta con mi nombre. Con mi nombre. Dos toallitas, cincuenta céntimos».

Puedo imaginarme que, a lo largo del mes, un día tras otro, habrá repetido miles de veces la misma retahíla. Su eficacia, por lo que tengo comprobado, es muy superior a la de los músicos estridentes que destrozan clavelitos, a los mozalbetes que, sin decir palabra, dejan en los regazos distraídos un papel con faltas de ortografía contando su desventura, o a la polifacética ucrania que canta y baila mientras un altavoz a pilas difunde un fondo folclórico de su país de origen.

(continuará)

 

 

 

 

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Guardianes antisistema de la legalidad constitucional

25 septiembre, 2015 By amarias 4 comentarios

La mayor virtud de la democracia sirve de asiento a una gran debilidad: la tolerancia con los que se empeñan en destruirla, que crece entre sus resquicios, como un muérdago o una hiedra molestas, y que, si no se está  continuamente vigilando, la deteriora y hasta envilece, haciéndola parecer fantoche sin futuro.

Vaya por delante una obviedad, algo axiomático: Los sistemas democráticos construyen un armazón basado en el estado de derecho, en la legitimidad de las instituciones, en el respecto a la ley y a los pactos.

Sin embargo, esa concepción formal, con resonancias idílicas, puede manifestarse en la práctica, entremezclado con vulnerabilidades severas. Un grupo importante de debilidades se configura en torno a  las dificultades para detectar y, desde luego, para sancionar, a todos los ilegales, a quienes no cumplen con las normas que la sociedad se ha impuesto para garantizar una convivencia sin tensiones.

Esta fisura del estado de derecho, resultado de la limitación de medios, aunque también de voluntades, favorece, obviamente, la aparición de quienes se dedican a aprovecharse, en su propio beneficio y en el de sus secuaces, de la generación de plusvalías económicas y sociales de toda la colectividad.

Incluso, los individuos más aviesos, procurarán auparse a los puestos de control y de mayor relevancia de las administraciones públicas y de los centros de decisión importantes, para, desde ellos, obtener ventajas sustanciales, enmascarando sus actuaciones en una apariencia de legitimidad, tapando sus mentiras con mensajes de intachable deontología, poniendo, en fin, sus huevos en una cesta (la propia) y cantando en otras ramas, para distraer.

La sociedad española parece haber descontado -utilizando terminología bursátil- el efecto del conocimiento público repentino sobre múltiples casos de corrupción -identificada típicamente como haber sustraído dinero de las arcas públicas para fines particulares, desviando porcentajes menores, poco significativos en relación con el montante total, y, por lo tanto, difíciles de detectar si se considera el perjuicio a la obra o servicio de referencia-.

Quizá lo había ya descontado desde un principio, en la consciencia no confesada de que la corrupción es consustancial a la inmensa mayoría de los comportamientos humanos, y alcanza diferentes niveles solo en relación con el poder de actuación de quien está contaminado por esa ambición de retirar para sí elementos que tienen por dueño la colectividad, que es guardiana débil.

En este momento, el consenso mayoritario de quienes se mueven en el ámbito de los intereses por administrar la res publica, se ha ubicado en un «hacer borrón y cuenta nueva» de ese pasado inmediato y dejar que «la Justicia siga su curso»,  río de aguas lentas que conduce, con frecuencia, al archivo por prescripción o a la sanción ejemplar a los menos poderosos (más débiles) de entre los implicados, dejando libre el resto más robusto.

Pero no es esta cuestión la que me apetece tratar, justamente en este momento, en que están a punto de celebrarse las elecciones autonómicas en la región catalana, y cuando una coalición defiende, con posibilidades de obtener la mayoría en el Parlamento autonómico, la opción independentista.

Lo preocupante de este estado de derecho es que, capitaneados por el presidente de una Autonomía, responsable, por tanto, de garantizar el cumplimiento de la legalidad, como parte de una de las instituciones fundamentales del Estado, incumpliendo flagrantemente sus obligaciones y su compromiso de lealtad, se esté apoyando la ruptura frontal con la Constitución vigente, que es nuestra Ley fundamental, «nuestra Norma Suprema» consensuada como garante de la convivencia, como se nos ha repetido cien veces a los que estudiamos derecho y a los que creemos en él.

Me parece que esta violación de confianza en la democracia, representa un ejemplo sublime -por su carácter máximo- de la debilidad del sistema con los insumisos, tanto más inaceptable, cuanto más alto es el incumplidor de la Ley. Porque estoy dispuesto a ser más tolerante con aquellos, que estando bajos en la escala social, actúan al margen de la misma, desconociéndola, ya sea por ignorancia, necesidad, e incluso, su desprecio.

Si Vd., lector, autónomo, pequeño empresario, pensionista o trabajador por cuenta ajena, deja de pagar sus impuestos una sola vez, seguro que no tiene la menor duda de que su pecado será detectado y sancionado, aplicando sobre su cabeza el imperio eficientísimo de la Ley para seguir su rastro. Hasta en las menores cosas, percibirá la atención sobre sí: si su vehículo aparcado en zona azul supera la estancia por la que ha pagado el tique correspondiente, un eficaz e inflexible operario le habrá colocado en el parabrisas un volante con la multa…

Si hace bien las cuentas de lo que ha pagado y obtenido del Estado, es altamente probable que le apetezca declararse insumiso o independiente, al tomar consciencia de que es bastante más lo que ha aportado que lo que recibió y recibirá. No lo hará, por supuesto, porque es consciente de que es Vd. un afortunado, y su solidaridad con los más humildes y necesitados no le permite cuestionar el sistema, aunque pueda entender que le trata injustamente.

Estamos viviendo en estos momentos la situación, insólita pero ya real, de que un Presidente del gobierno de la Generalitat de Catalunya, con un grupo de insumisos, y empleando argumentos manifiestamente ilegales, promueve la manifestación de una secesión a los ciudadanos de su autonomía. Lo de menos es la falta de veracidad de sus argumentos -que, desde luego, no comparto en absoluto: «España nos roba», «Desde la independencia, los catalanes viviremos mejor» «Como no se nos puede privar de la identidad española, seguiremos siendo miembros de la Unión Europea, pero como catalanes», etc.-

Lo de más, es que esa posición rebelión, está tipificada en el Código Penal (art. 472 del C.P., apartado 5º cuando se realiza con la intención consciente de «declarar la independencia de una parte del territorio nacional»), supone una vulneración de la lealtad constitucional y, desde luego, implica una descomunal falta deontológica.

Y, allá en el fondo de los argumentos separatistas, de esas gentes de orígenes tan variados -andaluces, marroquíes, catalanes, leoneses, gallegos, etc.,- que se esfuerzan en poner de manifiesto sus coincidencias catalanistas, no importa si son dos millones o dos docenas, lo que veo es un ejercicio de insolidaridad, una manifestación pura y simple de egoísmo. No tengo información suficiente para hacer el cálculo correcto de si será o no beneficioso para los que vivan y trabajen en Cataluña actuar como estado independiente, y admito que pueda ser más ventajoso. Pero esa pretensión de sus conductores de romper, conscientemente, las reglas pactadas, no puede ser irresponsable y exige la aplicación de la legalidad.

Gane o pierda en las elecciones por el Parlamento catalán el 27 de septiembre de 2015 la opción de Junts pel sí, y tengan o no mayoría de votos o de escaños. ¿Van a quedar sin sanción por más tiempo los guardianes antisistema de la legalidad, a cuya protección y defensa están obligados, adicionalmente, por promesa o juramento personal?

Se ha dejado crecer por demasiado tiempo el árbol torcido, aunque sigue siendo cierto que el terreno en el que está asentado no le está destinado y, por tanto, en vez de cambiar el resto del bosquete para acomodarlo a sus apetencias exageradas de sol y sustancia, no hay más remedio, leñadores, que cortarlo.

Publicado en: Actualidad

La vulnerabilidad de Europa

23 septiembre, 2015 By amarias Deja un comentario

El recoleto Paraninfo del Centro Superior de Estudios de la Defensa Nacional (CESEDEN) tenía algo más de media entrada, circunstancia que no se correspondía, en absoluto, ni con la calidad de los conferenciantes previstos, ni con el tema de debate: «Presente y futuro de la Política Común de Seguridad y Defensa». El acto tuvo lugar en Madrid, el 22 de septiembre de 2015.

La intervención estrella fue, sin duda, la de Javier Solana, que, en un tono distendido, pero con plena solidez argumental, desgranó su visión respecto al asunto que nos traía allí.

Para el ex-Representante de la UE para la Política Exterior y de Seguridad Común (PESC) existen tres líneas de «potencial fractura o división» en el panorama geopolítico: a) la frontera norte-sur, de naturaleza económica -con la que creí entender se refería, tanto a la divergencia de planteamientos entre la Europa rica y el arco mediterráneo, pero, también, a la presión desde los países del norte de África por acercarse a la idea de bienestar europeo; b) la nueva frontera este-oeste, de importancia sustancial para los países del llamado grupo Visegard (la vieja unión V4, que tiene sus hondas raíces ni más ni menos que en 1335, entre Hungría, Polonia, República Checa y Eslovaquia), siempre pendientes de la problemática rusa; c) la relación con Estados Unidos, que ha pasado a ser menos fluida.

Javier Solana expuso, en relación con la problemática migratoria y el tratamiento que están dando a los grupos de exiliados forzosos en algunos países, puesto de actualidad dramática por la cuestión siria, que no se debe olvidar que Polonia y Hungría carecen de experiencia en la asimilación de emigrantes. Ve déficits, también, respecto a la asimilación de lo que significan los acuerdos Schengen, que calificó de esenciales para la reconstrucción europea. «Hungría no cumple los criterios de Copenhague, y, si se estuviera decidiendo hoy su entrada en la UE, no sería aceptada» -matizó.

«Quienes nos llegan como refugiados tienen su origen en un conflicto armado en su país, y la UE no ha hecho nada para evitarlo. El problema es diferente al que España tuvo con quienes llegaban en pateras, porque había contactos previos con Marruecos y otros Estados, y se podía pactar con ellos. En la situación siria, no existe Estado con el que pactar». Por ello, concluía -en una expresión que volvería a utilizar en la conferencia- «El tema de los refugiados está aquí para quedarse».

Para solucionar el conflicto («esta guerra hay que pararla»), hay que tratar con Rusia, que «nos ha ganado la partida a los europeos». El formato que propone es el mismo que se siguió con Irán, que implica un acuerdo con contraprestaciones; en este caso, analizar con Rusia el tratamiento a la frontera este. Ve como positivo para avanzar en esta dirección, la referencia al acuerdo de alto al fuego en Minsk (febrero de 2015), que se está cumpliendo., razona

Respecto al futuro de Al-Ashad, el razonamiento de Solana, tal como quedó expuesto, tiene varios elementos: ante todo, es imprescindible evitar un vacío de poder total en Siria: la experiencia de Irak ha de servir para evitar esta situación, por lo que habría que contar con algunas de las fuerzas alauitas que estuvieron en el bando de Al-Ashad y, si se llega a un acuerdo, ofrecer la garantía de algún tipo de presencia militar sobre el terreno.

La urgencia de empezar a trabajar (políticamente) por la seguridad de Europa fue puesta de manifiesto en varias ocasiones por el conferenciante («el momento es ahora»), si bien no se mostró partidario de modificar los Tratados vigentes: «El artículo 44 regula que el Consejo puede llamar a una coalición de Estados miembros, y se debe tomar en consideración el concepto de «cooperación estructurada» -quien puede, tiene que querer- en distinción al de «cooperación reforzada». En definitiva, apoyó que, al igual que se han trazado objetivos para una unión monetaria, energética, agraria, etc., se debe ir hacia una «unión de defensa», lo que exigirá cambios en el comportamiento, revisión de capacidades, y mejora de gestión de éstas.

Javier Solana recordó que los 28 países sostienen ejércitos individuales que, en conjunto, cuestan a sus erarios unos 200.000 millones de euros, con un beneficio real difícil de evaluar: es imprescindible «gastar mejor», y la solución está en gastar mejor ese presupuesto. «La Alianza Atlántica solicita aumentar el gasto en defensa en un 2%, incremento al que no se va a llegar…pero se alcanzaría mayor rentabilidad con un menor incremento, si se actuara unidos».

Las dificultades de llegar a un acuerdo en el corto plazo, también fueron puestas de manifiesto por Solana, que recordó que en 2015 habrá elecciones generales en Portugal, Dinamarca y España; en 2016, tendrá lugar el «capital referéndum» británica, y elecciones en Francia, Alemania, Países Bajos, Irlanda y Eslovaquia.

Tal vez para tratar de abrir el coloquio con un mensaje positivo, el comerciante recordó «la carta de los cinco Presidentes de la Unión», (1) divulgada el 22 de junio de 2015, en la que presentaron un plan para profundizar en la Unión Económica y Monetaria (UEM), que debería completarse en 2025.

Abierto el coloquio, Javier Solana respondió con agilidad a preguntas sobre Libia («Libia tiene petróleo, y si hubiera estado, podría sobrevivir con sus recursos; en Tobruk existe un gobierno alternativo dominado por Egipto»), Turquía («en noviembre habrá elecciones, y se abre una indeterminación sobre la posición del gobierno, ya que existe solapada intención de reducir el número de refugiados, y se pretenderá rentabilizar que desde la base fronteriza con Siria se pueda bombardear al Daesh»), China («empieza a tener interés por la estabilidad fuera de su geografía. Para solucionar la problemática de toda la zona, habría que sentar a la mesa, además de a Rusia, Estados Unidos y la Unión Europea, a China, Irán, Arabia Saudí y Turquía»)

La Jornada proseguiría con intervenciones igualmente interesantes. La mesa redonda, dirigida por el ex-Ministro de Defensa. Julián García Vargas, aportó nuevos elementos para entender aspectos del tema, que he recogido, con mi voluntad de aprendiz permanente, en mi cuaderno. Pero no voy a transcribirlas aquí y ahora, pues me reclaman otros temas.

La vida sigue, los elementos que captan mi atención son siempre demasiado ambiciosos para mis capacidades y el tiempo de que dispongo. Que me disculpen los demás conferenciantes. Y el lector amigo que hubiera tenido curiosidad por conocer más detalles.

———–

(1) El presidente de la Comisión Europea, Jean-Claude Juncker; el presidente de la Cumbre del Euro, Donald Tusk; el presidente del Eurogrupo, Jeroen Dijsselbloem; el presidente del Banco Central Europeo, Mario Draghi, y el presidente del Parlamento Europeo, Martin Schulz.

Publicado en: Actualidad, Política

Fondos de armario

22 septiembre, 2015 By amarias Deja un comentario

Todavía se escucha de vez en cuando la categórica frase de «todo está inventado», que es una fórmula todo terreno que igual sirve para sacudirse de encima a un petulante que presume de una autoría que no le corresponde, que para acogerse a la falsa modestia, cuando se ha tenido suerte en algún emprendimiento.

Como es imposible saber exactamente lo que nos queda por descubrir para desentrañar lo que calificamos como «misterios del Universo», en lugar de pretender que ya estamos al cabo de la calle, es decir, que estamos a punto de entrar -como colectivo pensante- en el sacrosanto reducto que nos desvelará lo fundamental, lo más prudente sería admitir que nos queda mucho por avanzar. Que lo que sabemos o creemos saber es apenas un ápice de lo que nos queda por descubrir y que, por supuesto, lo descubrirán otros.

Para quienes estamos sumidos en la consciencia de una ignorancia que podríamos calificar de supina, sino fuera porque tampoco es cosa de fustigarse las meninges en plan masoquista de élite, cuando escuchamos que algún sabio de primer nivel se cree a punto de descubrir lo que sucedió en los primeros nanosegundos de la existencia del cosmos, no podemos menos de abrir tamaños ojos, reconociendo la distancia que nos separa de los privilegiados del conocer «lo más», cuando estamos aprendiendo a poner palotes .

Conscientes de esta limitación del cerebro común, o simplemente, con-vencidos por la certeza de que nuestro tiempo propio se está acabando y que muy poco tenemos resuelto, y aún menos, entendido, de las grandes incógnitas que vienen preocupando tanto a filósofos como a lerdos desde que el ser humano se empezó a dar cuenta de que algo iba mal en nuestra naturaleza inmortal, no nos queda otra que echar mano del fondo de armario de las creencias colectivas, el poso de lo transmitido por padres (madres, sobre todo), educadores con carisma (profesores de latín y griego, tal vez) y de aquellas lecturas de Salgari y Dickens, que nos hicieron soñar con que nos esperaban aventuras y nosotros tendríamos el papel de los buenos.

En ese fondo de armario se encuentran, cubiertas con el polvo de siglos, transferidas como un testigo con marcas de haber sido utilizado en infinitas carreras de fondo,  ideas bastante simples, aunque revestidas de ropajes imaginativos, que pretenden responder con dogmas y ritos ancestrales para convocar espíritus, a lo qué hacemos aquí, por qué razones, y, por si acaso, qué sentido tiene que seamos capaces de elucubrar, planteando tantas preguntas para tan torpes y escasas respuestas.

Solo los más sagaces en descifrar misterios, parecen disfrutar de la sensación emocionante de intuir dónde está el punto de apoyo de la flecha del tiempo en el arco del que se nos lanzó a vivir escatimándonos tanto espacio, con tanta carga y tan escaso nervio.

A medida que nos hacemos mayores y lo que entendemos queda por hacer pierde sentido para nosotros, no queda otra que volver con mayor frecuencia la vista hacia dentro (es decir, hacia atrás) y rebuscar, en el fondo de armario de nuestras vivencias, lo que nos une todavía a nuestros muertos, a las personas que nos han amado, a los que nos cedieron la antorcha de la vida. Para preguntarnos y responder también por ellos, si hay algo de lo qué les fue que mereció la pena.

Con esos harapos tenemos que cubrirnos cuando nos vengan mal dadas y se nos acaben los trajes de oropeles y cuentos. En cualquier caso, sería desolador encontrar vacíos y silencios en nuestro armario, aunque, también, lo más probable.

 

 

Publicado en: Cultura, Filosofía, Sociedad Etiquetado como: conocimiento, cosmos, creencia, cultura, fondo de armario, genio, investigación

Hacia un mundo virtual

21 septiembre, 2015 By amarias Deja un comentario

Reconozcamos que nos ha tocado vivir en una época apasionante. Misteriosas mutaciones en el cerebro de algunos individuos de nuestra especie han provocado avances espectaculares en la utilización ventajosa de la materia cercana. Y lo que es más interesante, desde el punto de vista de la perversión sociológica: aunque la inmensa mayoría de los restantes miembros de esa heterogénea colectividad no tenemos la menor idea de cómo funcionan los apetecibles mecanismos que se nos ofrecen a cambio de nuestra actividad, nos afanamos por conseguirlos ,porque en su posesión se nos ha hecho creer que reside la felicidad.

Podemos añadir, si fuera necesario, más ingredientes a este cóctel cuya naturaleza explosiva no debiera pasar desapercibida, por débil que sea la combinación neuronal con la que se analice. Las claves para controlar las tecnologías más avanzadas con plena eficacia se concentran, con velocidad exponencial, en menos manos, más distantes y oscuras. Los centros de investigación independientes, realmente cualificados para conectar con las fronteras de la ciencia y obtener resultados positivos para todos con su trabajo, son ridículamente escasos y limitados -en medios, es decir, personal y dineros- en relación con los centros de entidades opacas, y no digamos con las líneas abiertas de posibles campos de análisis…aunque, en el desorden provocado por una meritocracia fantasiosa, cada vez se cuenta con mayor número de titulados y sabios oficiales, que ignoran hasta cómo cambiar una bombilla de la lámpara del comedor.

Pero la cuestión de la tecnología es relativamente menor. La sobrepoblación en ciertas regiones está provocando hambrunas, muertes por inanición, insalubridad o falta de medios, que, como no son corregidas, se traducen en millones de muertos de esa especie que consideramos brillante y destinada a dominar la Tierra, por hipotético mandato de los que nos ven, nos imaginamos, desde fuera de nuestro periplo hacia su sabiduría. Hay desplazamientos masivos -cientos de miles, millones- de quienes no tienen sitio para vivir donde antes lo hacían y buscan un lugar en donde creen que se les dispensará trabajo y, por tanto, cobijo y comida. Ni los que vienen ni los que reciben tienen claro qué va a pasar.

Uno de los representantes de la más cualificada de las divinidades acaba de expresar que nos encontramos en una tercera guerra mundial a trozos. No lo hace en el lenguaje a que nos había acostumbrado el Espíritu Santo: este lenguaje del papa Francisco es muy cercano, y quema las entrañas del alma.

No tengamos duda de que esta confrontación -que no es del hombre contra la naturaleza, ni causada por invasión de creaturas cósmicas, ni de microscópicos entes que se hubieran obstinado en colarse en nuestros organismos para destruirnos- será la última de las que han enfrentado al ser humano contra el ser humano. Hay tantas opciones de discrepancia entre colectivos de nuestra especie, capaces de generar un conflicto, que no merece la pena enumerarlas. En su base, está la incapacidad para entenderse, para cooperar, para compartir, para dejar de lado el egoísmo que empaña, surgiendo como un magma desde el fondo de nuestras mezquinas idiosincrasias, casi todas las actuaciones, tanto de individuos como de colectivos (grandes y pequeños, próximos como alejados, occidentales como orientales, instruidos como lerdos…).

Precisamente por mi apreciación del gran desnivel, y creciente, entre lo que la colectividad sabe y lo que utiliza alegremente, alarmado por el papel preponderante que vamos concediendo a las máquinas que almacenan creciente información y con las que aumentamos nuestra dependencia, aventuro una posibilidad de que todo se nos vaya al garete: un día nos levantaremos, creyendo que todo será como ha venido siendo, y encontraremos que a la máquina de la que dependemos se le ha borrado la información que nos era sustancial, …para saber quienes somos, qué tenemos hacer, qué nos es imprescindible conocer para vivir y ser .

(Tengo mi android entre granos de arroz desde hace días; se me cayó del bolsillo trasero del pantalón al wáter. No funciona. Tenía en él los teléfonos de mis contactos, información de últimos correos, varios documentos imprescindibles…Ruego se disculpe si parezco derrotista. Cada poco, me acerco al recipiente donde yace mi aparatito imprescindible, introduzco la tarjeta sim y recibo, a cambio, junto con un dibujo de una especie de robot y unas palabras en chino, esta frase en inglés: «Sim card not available». Estoy asustado; no por mi información, que recuperaré por otros medios, sino porque este sea el mensaje que algún día reciban los que tienen el control de lo que nos puede pasar.)

 

Publicado en: Actualidad

Cuerpo

20 septiembre, 2015 By amarias Deja un comentario

trozos del yo¿Cuántas veces, al contemplar una antigua fotografía de nosotros mismos -aquella misma con la que no nos sentimos conformes, porque nos creíamos más atractivos, más hermosas- hemos reconocido «Pues no estaba tan mal»? El tiempo nos mejora el pasado, sin duda.

A medida que nuestro cuerpo se debilita, enferma y languidece -nos abandona, «va pidiendo nicho», como expresaba, con ironía gallega, un viejo amigo, nos sentimos más apegados a esa imagen que ya no somos, y que entendemos nos refleja mejor que el rostro y el cuerpo del anciano en el que, por el mero hecho de sobrevivir, nos estamos convirtiendo.

El «autoretrato» que dibujé, en fecha recogida de forma tan exacta -cinco de enero de mil novecientos noventa y ocho-, «Trozos del yo, cayendo de un autoretrato de memoria», me recuerda esa previsión del paso fatal del tiempo que vendrá, deteriorándonos y enajenándonos de la imagen preferida del yo (supongo que en el que piensan los que creen que resucitaremos algún día del más allá, con los mismos cuerpos y almas que tuvimos) .

Y, de manera que podría explicar, si me alcanzaran las ganas en esta mañana de domingo de septiembre en la que me dispongo a dar un paseo por Madrid -día de puertas abiertas del Ayuntamiento-, conecta mi hoy con un poema dedicado al cuerpo, ubicado en la colección de «Primeras precisiones de las formas».

Se trata de una serie de poemas escritos cuando yo tenía diecinueve años, y que, sometidos al juicio del «poeta mayor» Carlos Bousoño, al que unos jovencísimos vates osamos pedir que nos prologara nuestro libro, merecieron un juicio implacable: «Si tú, Arias, tuvieras un grupo de poemas como los mejores de tu libro, te diría: Publica ya» (es decir, no publiques todavía, como cuento en el Prólogo de Absueltos de todo don).

Primera Precisión de nuestra Forma

Más mansión cuanto más permanece con uno,
obediente al deseo de su solo habitante,
esta forma es el perro más fiel pretendido,
nos envuelve, nos limita, nos cierra
y se ajusta a nosotros como un traje perfecto.

Nuestro cuerpo. La forma que nos hace visibles;
la forma palpable que identifica el afecto.

Qué himno escribir adecuado a esta forma,
cuerpo en el que todos creemos, lecho nuestro,
que no quiere dejarnos partir y al fin claudica,
labios tan unidos a nosotros, inconcebibles sin las manos,
cabeza irreductible, olfato ya resuelto,
mentón del rostro con que nos reconocen.

Y tronco, y piernas nuestras, sexo firme,
inseparable abdomen, nalgas mías, forma entera
a la que hemos puesto nuestro propio nombre.

Cuando esta forma nos falte, qué será de nosotros.

(@angelmanuelarias, «Absueltos de todo don», 1989, KRK)

Publicado en: Sin categoría Etiquetado como: Absueltos de todo don, angel arias, autoretrato, poema

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