Al socaire

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Archivo de 2015

Hildegardas

17 septiembre, 2015 By amarias Deja un comentario

Malvís en un tejo

Hoy conmemoran las iglesias católica y anglicana a Santa Hildegarda von Bingen, una monja benedictina alemana que vivió en el siglo XII y que evidenció una capacidad intelectual excepcional. Su santidad no fue reconocida hasta época reciente, aunque, según las crónicas, ya fue venerada por muchos de quienes la trataron, por su percepción extrasensorial, que ella misma atribuía al Espíritu Santo.

Se sabe de ella que, como décima hija de una familia, fue entregada a la vida monástica a temprana edad (en calidad de tributo divino, es decir,  como «décima»), aunque antes recibió una educación exquisita, que le permitió conocer varias lenguas, leer muchos libros y, sobre todo, abrir el ánimo a amplias curiosidades.

En una vida que la naturaleza consintió longeva,  y gracias a que las reglas claustrales no eran entonces tan rígidas como lo serían después, pudo cultivar su espíritu viajero, dio clases en centros de prestigio que pusieron a prueba, con gran éxito, su erudición e inteligencia, y hasta se atrevió a combatir con herejías y papas falsos y, apoyada en la intuición y en la imaginación, a interpretar sueños.

Hildegarda escribiría varias obras (o las mandaría escribir a amanuenses de letra más aplicada), de las que se conserva un testimonio excepcional, el Riesencodex, o Código de Wiesbaden, que transcribe sus reflexiones canónicas, místicas y apostólicas, y que le ha hecho merecedora del título de Doctora de la Iglesia, que le otorgó recientemente el Papa Benedicto XVI que de ella sabía un rato.

De sus escritos, llama la atención del curioso impenitente un librito, denominado abreviadamente «Lingua ignota», en la que hay frases que no responden a ningún idioma conocido -aunque la autora les dio traducción-, y que se inventó y hasta le puso signos o letras propias, por lo que Hildegarda es considerada patrona de los esperantistas.

No he investigado si esta Hildegarda fue la que inspiró el nombre de Hildegart  Rodríguez, santa española del siglo XX sin peana,  que -dijeron los que enhebraron la historia a posteriori- fue concebida por su madre soltera con la semilla de un sacerdote elerdense, elegido entre los varios candidatos que barajó para tal oscuro emprendimiento, -se cree que por su gran capacidad intelectual, ya que guiaba a la progenitora el objetivo de que su hija llegara a ser culmen de la inteligencia y la sabiduría, una super-hembra, al mejor estilo del héroe nietschiano-.

El experimento parecía estar teniendo éxito, puesto que antes de los seis años, Hildegart («jardín de vida» era la traducción libérrima con la que su madre explicaba porqué había llamado así a su hija), dominaba varios idiomas y a los diecisete, además de haber terminado la carrera de Derecho, se hacía admirar hasta del mismo Gregorio Marañón, que la tomó por su secretaria y la admiraba por su erudición y buen tino con la filosofía del sexo, de la que, siendo virgen y niña, ya era experta, según parece.

De ambas Hildegardas se ha hecho película. De la que tuvimos más próxima, sabemos, por ello, (al menos), que a los dieciocho años, su madre, recelosa del giro que tomaba su creatura (parece que temió que se estuviera enamorando), la descerrajó cuatro tiros mientras dormía, en 1933.

Este 17 de septiembre, he querido tener un recuerdo para estas dos mujeres. De distinta época, de diferentes circunstancias vitales, con formación y objetivos personales -y ajenos, respecto a ellas-seguramente distantes, pero unidas por una fuerza brutal, misteriosa y, por tanto, mágica: la inteligencia. La suya, una inteligencia excepcional, que dudo resultara o no de un experimento eugenésico en el caso de la Hildegart madrileña, o de la estimulación por estudios y viajes en la Hildegarda alemana.

(La foto que sirve como señuelo visual para este comentario, la tomé hace cuatro años, a finales de agosto, en Asturias. Un malvís muestra su glotonería atrapando dos frutos de un tejo; es conocida la afición de estas simpáticas aves por estos frutos, de sabor dulce, pero cuyas semillas, como el resto del árbol son venenosas.)

 

Publicado en: Sin categoría Etiquetado como: esperantistas, Hildegarde, Hildegart, Marañón, patrona, santa

Vergüenzas públicas, beneficios privados

16 septiembre, 2015 By amarias Deja un comentario

globalización y compromiso
globalización y compromiso @angelarias, 2010

Todos admitimos que de la teoría a la práctica hay un gran trecho, que, en no pocas ocasiones, se convierte en un abismo. Cuando se trata de hacer declaraciones de propósitos, particularmente en política, las promesas invaden el discurso; no se atiende, en general, a los costes, y se detiene la perorata en los propósitos que, alcanzado el poder, tienen alta probabilidad de ser incumplidos.

De entre todo el argumentario internacional, hay dos temas que, en mi opinión, representan lamentablemente bien esta dicotomía perversa. Están imbricados, en realidad: derecho internacional y globalización. Ambos conceptos se han convertido en un recurso dialéctico estupendo para sepultar las buenas intenciones nominales entre los oscuros intereses particulares. Se habla, por ello, de un mundo global y del imperio de la ley y del derecho, como si se tratara de cuestiones admitidas por todos, y, en especial, por los gobernantes de los estados más poderosos de la Tierra.

Y no es así, y, por supuesto, la Historia reciente nos proporciona continuamente ejemplos, por lo que no es preciso recurrir a lo que otros nos han contado. El caso de Siria se está convirtiendo en paradigmático. Desde hace cinco años -escribo ésto en septiembre de 2015- el país está inmerso en una «tremenda guerra civil», que empezó siendo algo parecido a una revuelta callejera, aprovechando la mecha ilusoria de la llamada «primavera árabe», desde la fontanería occidental.

Resulta incalificable que lo que, en un primer momento, movilizó a Estados Unidos y a Europa para apoyar el derrocamiento de Yasser Al-Assad, caracterizado con ligereza pero con interés económico, como un dictador impresentable, y presentando su eliminación de la escena política (y hasta del mundo de los vivos) como un objetivo similar a los de Sadan Husein, o Gadafi, se haya trocado ahora en un maremágnum experimental.

Porque como experimento cabe caracterizar el que dentro de Siria, se haya consentido la formación de un conflicto armado virulento entre el ejército islámico heredero de AlQueda, que busca conquistar territorio y los defensores del estado sirio, parapetados en torno a la legitimidad democrática del último Al-Assad. Ambos grupos contendientes, con armas proporcionadas por las potencias europeas, Rusia y Estados Unidos, pueden pretender que se está librando una guerra civil, pero la realidad es que la población civil es sufridora de las consecuencias del conflicto, del que nada puede obtener, más que dolor y miseria.

Siria era un país de 20 millones de habitantes, próspero según todos los indicadores, con elevado nivel cultural y buenas universidades. De pronto, la Unión Europea parece descubrir lo que está pasando, cuando siente la presión de una imprevista oleada de migrantes sirios, que no para de crecer. Pueden ser quinientos mil, y llegarán a ser -¿se teme?-millones. Jordania ya ha acogido/absorbido a más de un millón de desplazados (no solo sirios), por ejemplo.

Hemos estados escuchando, supongo que atónitos, discursos lamentables por parte de los responsables de países europeos respecto a los riesgos de recoger a una cuota excesiva de estos desplazados que se han ido acumulando en las fronteras de la Unión Europea. Responsables de la gestión de sus Estados -también en el campo internacional, puesto que la política exterior de esta agrupación es, como se sabe, incoherente- que han estado haciendo alarde en los discursos anteriores de la voluntad de hacer del organismo el modelo y paladín avanzado de la globalidad, guía para el entendimiento entre los pueblos, y, en fin, ejemplo en la aplicación del derecho internacional, incluido la repulsa activa al genocidio y el asilo humanitario.

En la plasmación práctica, se discute con vehemencia el reparto de migrantes entre países, se han asignado cuotas, se han aceptado exclusiones, se toleran tratamientos vejatorios, se ignora o desprecia a los sufrientes, reduciéndolo todo a una traducción en cifras -como si se tratara de ganado, bienes o perjuicios-.

Alguien ha hablado -¿pretendiendo convencer a los reacios?- de las «ventajas para la economía» de incorporar a asilados de tal o cual cualificación y otros se han atrevido, ya que no a cerrar sus fronteras con concertinas (1) o emitir prohibiciones drásticas (que todo ha valido), a imponer restricciones a la ideología de los que pueden acogerse.

Esta historia solo está empezando, y desconozco el final. Me vienen, persistentes, a la memoria, los versos de un poeta demasiado olvidado, que influyó en el perfeccionamiento anímico de varios poetas de mi generación, y del que, en su momento, leí mucho. Se llamó Gabino Alejandro-Carriedo. Así terminaba un relato dramático: «Estoy roto de llorar, y no sé qué hacer».

(El dibujo, de pequeño formato, sin título, está realizado con otra ocasión: Una mujer lleva sobre su hombro, el espectro de un niño negro; en el fondo, en una barca neumática se atisban varias sombras. Por la dirección de la proa, debemos caer en la cuenta, de pronto, que se están yendo de la escena. ¡Somos nosotros!.  @angelmanuelarias, 2010)

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(1) Nombre de resonancias musicales para una riestra de navajas o cuchillas que tiene por objetivo acallar las conciencias de los que las ponen y toleran y generar ayes de dolor a los que las ven como una muralla que deben franquear para alcanzar una supuesta vida mejor.

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El Espejo / Der Spiegel

15 septiembre, 2015 By amarias Deja un comentario

der spiegel

Der (Dä) Spiegel es el nombre de un local de copas que, por lo que acabo de comprobar en internet, subsiste desde hace más de 40 años en la Alt Stadt -la zona antigua, el down town- de Düsseldorf. En 1980, cuando yo aún vivía en esa ciudad alemana, realicé este apunte a la acuarela, con el que intenté reflejar el ambiente de emociones que se percibía en aquel sitio de alterne.

No era Carnaval, por lo que recuerdo bien, aunque algunos de los personajes caricaturizados que el paso del tiempo ha petrificado en el dibujo, se representan parcialmente disfrazados o disimulando sus rostros con pinturas de guerra, en la eterna batalla sexual y sensorial de los encantos. Yo mismo, constituido en observador (más o menos)  impertérrito, aparezco a la derecha de la imagen, tan joven como era entonces, embutido en la cazadora de piel de asno con la que me protegería del frío invernal y con el ojo visible aderezado con la estrella de quien no quiere comprometerse.

Por aquellos tiempos, así en la tierra como en el cielo, en Madrid como en Düsseldorf y seguramente en Nueva York como en Constantinopla, al salir de las tareas cotidianas remuneradas, las gentes del bien vivir se tomaban unas copas en algún lugar de moda, e intercambiaban miradas, insinuaciones y direcciones concretas, con los objetivos establecidos por el ritmo mundial de afectos y desafectos al que los humanos nos acompasamos.

Nada cambió, en lo sustancial. Las circunstancias pueden parecer otras, si bien los impulsos que movilizan a otras generaciones, no modificaron su cadencia. Tal vez, como sucedió en Der Spiegel, ahora el nombre de los locales de alterne, si aún subsisten, sufriría un cambio menor: Dä Spiegel, acercándose con ello a lo que parece coloquial, y, por tanto, más próximo.

Pero, sobre las ruinas de los lugares caídos, se levantan nuevos monumentos con la intención de propiciar encuentros placenteros, con los ánimos aderezados con algunas copas que venzan, por algún instante, la resistencia pasiva a volver a ser uno mismo, antes de retornar a la casa tranquila y al inestable sosiego de saberse no expuesto, detrás de las persianas.

En los locales de moda de las ciudades europeas, el observador -involucrado o no- constataría, si así le pete, que los ambientes adecuados siguen impregnados de la misma esencia, ese aroma a flirteo con objetivo sensorial, que puede o no desembocar, según se tercie, en triunfo de dos en las alcobas. «Es inútil fingir, todo dios sabe, lo impregnado que de sexo está el ambiente», escribí como comienzo de un poema. («Absueltos de todo don»)

Así que, en todo lugar, con trastabilleo sobre la mesa, canciones melódicas en picúp o música en vivo, con vasetes de vino bocholés peleón, claras con lima, yín tónic o combinados más sofisticados, El Espejo y todos los espejos del mundo siguen reflejando una misma situación, porque es sempiterna: la imagen del yo vuelta desde el otro. Allí se ven, a uno y otro lado, las soledades que se encuentran o se repelen, se retuercen, se untan, se embadurnan de nostalgias y apetencias, buscando compaginarse y se alargan hasta llegar a tocar con la lengua de la curiosidad, el fondo de la soledad del otro.

Y ese dibujo sobre el que se han acumulado ya casi cuatro décadas, (que, evidentemente, me sigue gustando), mantiene , por ello, la vigencia de representar la cadena sin fin de las vidas puestas en común, con sutiles diferencias, y los rostros e intenciones, ocultos sin gran éxito, tras la máscara de la convivencia anodina, tranquila, sosegada. Y que estallará cuando menos se espera.

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Espíritu grupal, objetivos y liderazgos

14 septiembre, 2015 By amarias Deja un comentario

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Tinta china y acuarela: «Expedición de buscadores de nada» (oct 1987, @angelarias)

La idea no es nueva, y no es el único dibujo con el que la expresé. Un grupo heterogéneo de gentes, con banderas, símbolos y bagajes, avanzando por un terreno desértico. No falta un vigía que parece señalar, como renovado Rodrigo de Triana, un destino invisible; hay musicantes, danzarines, avasallados por la turba, amantes, niños…Alguien mira hacia atrás, tal vez incluso añorando el desperdicio que se abandona.

En estas mismas páginas, en la serie «Cuadros comentados», glosé el significado de otro dibujo satírico, trasunto en aquel caso del famoso de Lecroix «La libertad guiando al pueblo», al que no puedo sino remitir al lector curioso.

Me han preocupado siempre los liderazgos sin razones, los seguidores sin crítica, los objetivos sin futuro, los argumentos sin matices. A lo largo de mi vida, he tenido múltiples ocasiones de observar el comportamiento de líderes y guías y, cómo no, de analizar los de sus seguidores, ya sean subordinados, colaboradores, fieles, devotos, y hasta esbirros. De una manifestación grupal, me interesa estudiar el resultado pretendido: para el que promueve el objetivo, para los que lo apoyan convencidos, para quienes esperan conseguir, a cambio de su apoyo, prebendas y dádivas.

Es muy difícil conseguir seguidores; no digamos ya, adeptos. Quienes escribimos, por ejemplo, en un blog, -sin padrinos, desde la independencia de partidos, grupos o sectas, sin nada que ofrecer a cambio más que el eventual producto de nuestro reflexión cultivado en el terreno ignoto del parecer peculiar de cada lector-, sabemos cuánto cuesta que te lean, qué riesgo supone que te malinterpreten los que te lean, que milagro se tiene que producir para que los que te hubieran leído, y te hayan interpretado sin sesgos, intervengan. Qué pocas opciones hay de que los otros se manifiesten contigo, aunque sean en tu contra, en desacuerdos fundados.

Por eso, cuando veo a varios cientos de miles, parece incluso que millones, siguiendo un objetivo que no alcanzo a comprender, en pos de uno o varios líderes que no comprendo lo que dicen (igual me da que se expresen en español que en inglés o en su prístina lengua vernácula), vuelvo la vista a este cuadro que cuelga de una de las paredes de mi casa, y me pregunto: «¿quo vadis?». Porque, estas huestes a las que me refiero hoy, no huyen de nada ni de nadie, -no las persiguen por sus creencias, no hay guerra en sus predios, no les amenazan de muerte por existir a su manera-.

A esas gentes, no les caracteriza ni su lengua, ni su pasado histórico común, ni la mayor eficacia presunta de sus capacidades y estructuras propias. Si tal creyeran, estarían ahondando únicamente en sus limitaciones: porque hablar un idioma particular, anclarse en la Historia pasada, pretender que se tienen inteligencias superiores, no son más que argumentos de los que no se puede comer ni con ellos disfrutar de una vida mejor.

Así que a esas gentes las guía solamente la promesa de que alguien -atribuyéndose una credibilidad mesiánica, una portavocía sideral-  les ha dicho que tendrán una existencia más feliz si se separan del grupo en el que, juntos, íbamos. Les han hecho incluso creer, trileros del lenguaje y del pasado común, que les hemos estado quitando algo que era suyo.

Dejemos a los aguirres con su cólera de dioses ultrajados, y a los que le siguen, con firmeza, cariño o despecho, según cuadre, vayámosles quitando sin tapujos las vendas que tapan sus ojos, para que, pudiendo mirar en rededor sin anteojeras, abandonen esa expedición de buscadores de nada. Persuadidos de lo que nos es a todos útil, únanse a nosotros, a todos nosotros. Les estaremos esperando allí donde se dejaron seducir por adormecedores cantos de faunos, trasgos,  mendaces sabihondos y mórbidos sirenos.

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¡Migrantes del mundo, uníos!

11 septiembre, 2015 By amarias Deja un comentario

La búsqueda de la precisión semántica para distanciarnos, al menos desde el lenguaje, con lo que nos incomoda, ha puesto en circulación el término migrante, para designar a los grupos de desplazados que vagan por tierras ajenas buscando el acomodo que se les niega en las propias.

Migrantes son, hoy, los millares de sirios, kurdos, hutus,  chechenos, serbios, macedonios, keniatas, que huyen de las guerras civiles (masacres, exterminios, venganzas tribales) que provocan continuamente quienes se fuman puros de intereses torcidos mezclados con ignorancias culpables junto a los nichos  de pólvora de los desentendimientos colectivos.

Cada vez hay más migrantes. Para los amigos de la ornitología, las aves migratorias, o migrantes, viajan entre dos lugares de acogida, en los que se asientan según la época del año, para aprovechar de cada uno las condiciones más favorables, que les permitan superar los inviernos y criar sus proles. Los migrantes humanos viajan sin rumbo, y, si lo tienen, apuntan a lugares que alguien les contó (la información es ahora global, los recursos tienen dueño) que eran más ricos.

Es un éxodo sin Moisés, en el que nadie ha prometido la tierra que se busca para asentar en ella los exigüos petates. Para vergüenza de todos, estas caminatas de desplazados a la fuerza, en nuestra sociedad en la que la información trivial es fundamental, están bien documentadas.

Hay decenas de periodistas que acompañan, con sus cámaras y sus libretas en ristre, a esas huestes inocentes de su existencia desgraciada, que se agolpan en cada frontera que encuentran, que reciben golpes y amenazas de los guardianes de todos los órdenes, que siguen ciegamente, mientras no encuentran obstáculos, los rieles y los caminos que apuntan a algún sol que tal vez les acoja.

Estamos siendo testigos, al menos los europeos de toda la vida -no me resisto al sarcasmo- de una escalada en esas corrientes migratorias que buscan nuestro bienestar como acomodo. Hubo un tiempo en que necesitamos mano de obra barata (aún la queremos cuando repunta algo la economía), y así se han tolerado turcos que hoy son casi alemanes, ecuatorianos que son casi españoles, argelinos que son casi franceses, paquistaníes que se creen ingleses, etc.

Después, nos hemos echado las manos a la cabeza y elevado poco a poco las alambradas con cuchillas para ponérselo muy difícil a las avanzadillas de atletas subsaharianos que tienen una capacidad de supervivencia propia de hércules y que solo parecen necesitar un lugar en la oscuridad de nuestra economía sumergida.

Y ahora, los líderes de nuestro mundo, reunidos en cónclave permanente, se reparten los despojos de esta última corriente migratoria, formada por un par de cientos de miles de seres humanos que huyen de su país, Siria, en un intento desesperado de salvar sus vidas. Han perdido todo lo demás.

Si no somos capaces de entender que todos somos, o seremos, migrantes, si no nos sentimos representados en cuantos huyen, escapan, se van de los lugares donde la naturaleza les puso a vivir, nos convertiremos, aunque nos pese, en cómplices de lo que pasa.

Porque tenemos que estar, sin paliativos, sin que quepan disculpas ni miradas de soslayo, del lado de los que no pueden consentir que esté pasando lo que pasa. No hay otro sitio decente.

Por eso, mientras me quedo atónito contemplando a una señora con una cámara en mano que va poniendo zancadillas y dando empujones a los migrantes sirios («para documentar mejor la noticia»?) que han soportado caídas de cascotes de sus casas, ametrallamiento de familiares y amigos, porrazos de policías de frontera, inclemencias climatológicas, marchas de cientos de kilómetros por caminos que no conducen a ninguna indulgencia plenaria ni se hacen por placer,…me sale del alma un grito de guerra santa: ¡Migrantes del mundo, uníos!

 

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Preparando Octubre de 2015

10 septiembre, 2015 By amarias Deja un comentario

Tengo abierto sobre la mesa, por las páginas 1158 y 1159, el libro «La segunda República española,  una crónica» (Ed. Destino, 2006), con la recopilación de artículos escritos por Josep Pla en el período 1931-1936, traducidos al español.

Las páginas corresponden a la crónica publicada en «La Veu de Catalunya» el 10 de octubre de 1934, bajo el título «El momento actual». Más de ochenta años después de los sucesos que sacudieron el árbol frágil de la República desde dos áreas del país -Asturias y Cataluña-, por diferenciables propósitos y móviles, el lector de Pla tiene una perspectiva formidable para valorar lo que estaba pasando, – y lo que aconteció luego-.

Pla escribe desde sus propias convicciones ideológicas y con la limitación de su parcial acceso a la información sobre lo que estaba sucediendo en esos precisos momentos.

Nuestra posición es, desde luego, diferente. Es muy posible que, como fue mi caso, quien avance en la lectura de las crónicas del gran periodista, se haya acercado a esa recopilación con el bagaje de sus propias conclusiones o se entienda alineado con las extraídas por alguno de los eficientes analistas de hechos históricos que encontraron en esa época un campo abonado para estudiar algunos de los porqués de la incapacidad de los españoles para entendernos sin llegar a las manos.

Pero la lectura de la descripción, casi en tiempo real, de lo que estaba sucediendo en España, tiene un efecto provocador, y, cuando se compara aquella situación con lo que estamos viviendo hoy, con la que, en mi opinión, no faltan similitudes, se suscitan imágenes con tintes sombríos respecto a lo que puede venir y, por tanto, aún evitarse.

Repasar el pulso de esas fechas guiado por la dicción del  «prosista más relevante de la literatura catalana» -que es como se le denomina en una de las guardas del grueso volumen- me ha puesto de manifiesto algo que supone más que una intuición, porque ha sido sellado con la realidad dramática. Entre Asturias y Cataluña, dos regiones españolas de esencial personalidad, jalonada por su historia y el sentimiento de complicidad intuitivo entre sus habitantes, el núcleo mayoritario de esa identidad corporativa se alinea con dos presupuestos ideológicos muy diferentes: lo que bulle en Asturias es un sentimiento solidario hacia lo universal; lo que moviliza el catalanismo descansa en la defensa de los intereses propios.

No quiero pontificar y rehúyo la polémica. Pero han sido tenazmente distintos los móviles sociales, económicos, políticos y hasta sentimentales que han servido de acicate para conducir su responsabilidad histórica, en momentos significados, por parte de los colectivos que asumieron el protagonismo en esas regiones. En octubre de 1934 tuvieron lugar dos movimientos simultáneos, pero que tenían poco que ver.

Los mineros que se levantaron contra la República en Asturias, estaban guiados por las ilusorias expectativas de los líderes de la UGT y la CNT de tumbar una República que entendían de derechas e implantar una República de trabajadores, bajo el ideario marxista. Lucharon bajo esa convicción, vivieron durante unos días con la emoción de la victoria, y -permítaseme esta licencia- no se rindieron, aunque los promotores de aquella revolución pactaron la entrega de las armas cuando comprendieron la desproporción de sus fuerzas y las del Ejército que se envió para sofocarlos. Porque no se rindieron, en julio de 1936 volverían a movilizarse para luchar por sus convicciones.

En Cataluña, la insurrección del 34había sido capitaneada por el propio gobierno de La Generalitat, y el mismo Companys proclamó, el 6 de octubre a las ocho de la tarde, el estado Catalán de la República Federal Española. El objetivo era exclusivamente político, provocado por la falta de entendimiento entre el gobierno central y el de Cataluña, en el que el riesgo de Companys era que «su postura comporta querer ligar sus propios errores a los intereses generales» (crónica del 28 de febrero de 1934) .

Había también algunos antecedentes de agravios inmediatos: el Tribunal de Garantías, en junio de 1934, declaró anticonstitucional la ley catalana de Contratos de Cultivo, aprobada por el parlamento catalán. A finales de mayo, Cambó, líder de Lliga Catalana, conmovía a la Cámara de diputados defendiendo los regímenes de libertad frente al presunto despilfarro de una Dictadura bajo la influencia de los socialistas.

Escribe Plá: «Los hombres de Esquerra, que gobernaban en la Generalitat de Cataluña, a pesar de la magnífica posición de privilegio de que disfrutaban dentro del régimen, privilegio que no había conocido ningún partido político catalán, han creído que tenían que ligar su suerte a la política de los hombres más destructivos, más impopulares y más odiados de la política general. Se han equivocado y lo han pagado caro».

Es bien sabido que la inmediata reacción del general Batet, negándose a acatar las órdenes de Companys y sacando las tropas a la calle, reduciendo sin problemas a los escamots del Estat Catalá, terminó al alba del día 7 de octubre con el intento secesionista y la prisión de Companys y su gobierno.

En su crónica del 20 de junio anterior, había escrito Plá (pág. 1098): «En el estado actual de las cosas, dejo a la consideración del lector la valoración de la gravedad inmensa que podría significar un reavivamiento del anticatalanismo en este país».

En septiembre de 2015, cuando escribo estas líneas, el gobierno legítimo de Cataluña está embarcando a la región en una aventura anticonstitucional, con la pretensión de obtener una mayoría secesionista en un referéndum, que podrá ser legal en su convocatoria, pero que plantea solidarizarse con una ilegalidad y, sea cual sea su resultado, cava más hondo en el infame pretexto de la separación entre las Españas, tan acomodaticio y, por tanto, utilizado con ligereza por variados intereses particulares.

Tengo pocas dudas de cómo habrá de terminar este movimiento de carácter secesionista y jurídicamente suicida; no se hará, sin embargo, sin que se haya provocado algún dolor y ciertas lágrimas.

Miro hacia Asturias, y la veo, hoy, tranquila y, a pesar de la crisis, confiada en que se saldrá adelante con el apoyo de todos. Ya no es una región minera, ni existen impulsos protagonistas que alimenten brotes revolucionarios ni mucho menos, secesionistas. Y cierro el libro de Pla y me dispongo a escribir la crónica de esta otra historia que nos corresponde vivir en directo.

 

Publicado en: Actualidad Etiquetado como: Asturias, Cataluña, Companys, Pla, referéndum, separación

Segmento del capítulo «Encarna» de «Hay un mensaje para Elías»

8 septiembre, 2015 By amarias Deja un comentario

Apunte a lápiz y acuarela
Apunte a lápiz y acuarela

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Al volver a mi pueblo, no reconocí a casi nadie. Ni siquiera fuí capaz de encontrar la tumba de mi padre, porque habían reformado el cementerio. Una de las gemelas vivía en la panadería, en donde se hacía ahora pan francés en horno eléctrico. La otra se había ido a vivir a La Coruña con un guardia civil. Encarnita había engordado tanto que estuve seguro de que mi otra hermana no podía haber seguido el mismo ritmo, así que habrían dejado de ser gemelas, nos vemos únicamente por las fiestas, y de los niños, ¿qué sabes?, el más pequeño tiene algo en los huesos, lo están tratando especialistas de Santiago.

De las puertas abiertas de las viejas casas aparecían personas desconocidas que pretendían que yo las identificase con antiguos amigos y vecinos. «Soy Mercedes, ¿no te acuerdas de mí?», me confesaba una sonrosada matrona, con la dentadura deshecha por la piorrea, arrastrando con las manos sendos niños demasiado gordos, uno de ellos, por no atender las que se le hacían, con señales autistas. Su marido era el concejal de Obras y, como los otros, habían entrelazado sus vidas de forma poco imaginativa. Cuando conseguía ubicar un rostro, surgía algo más allá otro grupo de entusiastas de la adivinación, convencidos de mi capacidad para eliminar canas, gorduras, y reponer dientes, pelos, ligerezas, tú sí que no has cambiado nada.

-Cómo le hubiera gustado a mi padre verte. Pues no hablaba poco el viejo de tí. Me decía: Arturo, el de la Encarna, ese sí ha triunfado.

-¿Triunfar, yo?. ¿Triunfar alguien que anda de un sitio para otro, buscando recuperar lo que ya tenía en este pueblo?

-Siempre tan bromista. Esto va para atrás.

-No hay de qué quejarse. Ahora hay teléfono, televisión. No falta dinero. Las tierras de labor están sembradas de eucalíptos. Los establos se han transformado en locales de negocio en donde la gente bebe malta.

-¿Qué querías? ¿Que nos quedáramos atrás?

-Si tengo que decir la verdad, sí.

Tendían las fuertes manos callosas y las mantenían rígidas sin atreverse a apretar las mías, dedos y palmas de mujer ante las suyas; viéndolos así, transformados en gentes de otra raza, gordos, recios, feos, nadie diría que nuestra niñez había sido conjunta, conservándome yo tan estirado, el bigotillo recortado, el cutis blanquecino, las cejas depiladas con mesura, el traje de fina tela hecho a la medida. Yo los había utilizado tantas veces como defensa ante los habitantes de la gran ciudad, había presumido de mis orígenes junto el pueblo simple, que me avergonzaba descubrir que nadie, salvo un imbécil, me podría confundir con ellos.

El río y el puente sobre la carretera permanecían en pié, ningún programa de desarrollo hubiera podido con su inercia. Paseé con el coche hasta el borde del agua. Aparqué el vehículo entre tres olmos que habían resistido al tiempo. Empecé a desnudarme poco a poco. Fue un movimiento reflejo el que me llevó a quedarme como mi madre me trajo al mundo, tal como habíamos hecho cada tarde de verano los niños de mi edad, y me zambullí sin percatarme de que ya no era la estación, de que mi cuerpo se había transformado en la vulnerable coraza de un adulto. Obsesionado por el recuerdo, estuve seguro de que la sensación de frío que me invadió de pronto era exactamente la misma que no había vuelto a disfrutar desde la infancia, porque nos pertenecía por igual al río y no a mí. Al tiempo que redescubría el tiritar de la niñez, me di también cuenta de que había sabores y olores olvidados que podría reencontrar en aquellos orígenes. Así que, saliendo del agua, corrí desnudo por la orilla y estuve masticando acederas, potentillas, tarios y tréboles, oliendo el aire como quien imita a un perro.

A la siguiente inmersión, me entró curiosidad por saber si todavía habría peces en las mismas oquedades. Los importuné poco, cómplice de su ocultación, haciéndoles cosquillas de salutación en el vientre. Podrían ser las mismas que había conocido, hacía treinta años, alevines cuya longevidad tenía el sentido de permitirme reflexionar sobre el pasado. Me acometió el pudor. Sentí que me habían echado del Paraíso. Avergonzado de que alguien hubiera podido verme en ese estado de desnudez injustificable salvo para un loco, tomé mis pantalones y me los puse rápidamente, sin atreverme a mirar a ningún lado.

Rehice el camino de vuelta a casa, y en el cuarto que había sido mío y que mi hermana había dejado expedito para mí, me eché sobre la cama luego de prepararme una pipa muy aromática, que tomé deleitándome con cada una de las aspiraciones, abandonándome, mientras me masturbaba recordando lo que había sido de mí, convocando las voces y el cuerpo de Amelia, pero sobre todo, excitado por la visión anticipada de Esperanza, una putita cuyo concepto empezaba a perfilar, mucho antes de que ella hubiera nacido, de que sus nalgas duras de adolescente se convirtieran en la razón de mi vejez.

Cuando me concentré en mi placer, los jóvenes de entonces desaparecieron como empujados por un tornado. Sus rostros se desdibujaron, se deformaron, engordando, estirándose, rompiéndose. No los reconocería ni aunque pasasen por mi lado. Mi hermana la gemela abre la puerta sin avisar, se sienta sobre la cama, no advierte mi turbación, y dice imitando a mi madre, «Te he preparado natillas para la cena». Por un momento pensé que era Encarna, pero ella permanece para siempre inválida en la cocina. «¿Eres tú, Arturo José?, pregunta desde su enajenación, cuando me siento frente a esa anciana y le tomo sus manos entre las mías, tratando de llegar al fondo de su mirada vacía.

(pags. 138 a 139, «Hay un mensaje para Elías», Angel Manuel Arias, copyright)

Publicado en: Cuentos y otras creaciones literarias Etiquetado como: angel manuel arias, Hay un mensaje para Elçias, novela

¿A dónde váis, lloviendo y de alpargatas?

27 agosto, 2015 By amarias 1 comentario

Este verano se fue para siempre -a ese no lugar en donde ubicamos a los muertos- mi tía Inés . Era mi tía más joven y, como en la familia somos formalmente bastante ordenados, fue la última en decir adiós, por lo que, de mis hermanos y primos carnales, el siguiente en la lista soy yo.

No tengo especial emoción por las consecuencias previsibles que corresponderían a ocupar un lugar de tan hipotético privilegio, pero tampoco me preocupa en absoluto ser el que ocupa el primer lugar de los destinados a pasar al más allá, o sea, a desaparecer para siempre. Al fin y al cabo, es el destino de todo ser vivo, aunque nos lo adornen con promesas de vida eterna, transmitidas por enviados nada creíbles de los imaginarios designios de un -no lo niego- deseable poder superior pero claramente poco conspicuo de interesarse específicamente por nosotros.

La interrogación con la que titulo este comentario veraniego la tomo de un escrito procesal de uno de mis tíos más exóticos, el abogado Mario Fernández Carrio, fallecido hace dos años, también en verano.

Ante la pretendida erudición con la que un colega adornaba de latinajos su alegato jurídico, escribía, en primer lugar, que había consultado la traducción de los mismos con un viejo sacerdote, quien, después de mucho cavilar, había concluido que bastantes de ellos eran intraducibles, o estaban mal construidos o no tenían el significado que se pretendía para ellos.

Así que mi tío, rechazando los argumentos de contrario con el descrédito, que es la forma más segura (y cruel) de avanzar en una defensa, recordaba que, en el pueblo, un día que llovía mucho, una paisana del lugar (tal vez la misma que contestaba, a quien se interesaba por cómo se encontraba, con la frase feliz de «Ay, fíu, menos la regla tengo de todo») le increpaba a un guaje que, despreciando las madreñas, se aventuraba por la caleya camino del bar:

«¿A dónde vas, rapaz, lloviendo como tá y de alpargates?».

Pues eso. Leyendo y escuchando muchas opiniones de las que, no solo nuestros políticos, sino muchos de los que creen saber por dónde van, me pregunto qué hacen de alpargatas por los charcos.

—-

P.S.
Mi tía Inés era la viuda de mi padrino de abogacía, Justo de Diego Martínez, fallecido hace poco más de cuatro años. Era una adolescente cuando yo nací, y me paseó muchas veces, en el carrito aparatoso en el que se lucía por entonces a los niños bien, por el Bombé y otros lugares del campo de San Francisco, y de Oviedo.  Descansa en paz.

Publicado en: Actualidad Etiquetado como: alpargatas, Arias, De Diego, lloviendo, políticos

¿Qué se enseña en las Facultades de Políticas?

19 julio, 2015 By amarias 2 comentarios

Publica El País del 19 de julio de 2015, en la sección de Opinión, un artículo de Pablo Iglesias (Turrión), secretario general de Podemos, titulado «Una nueva Transición». Iglesias presenta un relato fáctico de lo sucedido a partir de 1978 en el escenario político de España que no tengo mayor problema en identificar como «de parte», es decir, interesado.

Dada la edad del firmante y su relación indirecta con los hechos que narra, tampoco se puede aceptar su declaración como testigo, aunque, dada la formación académica de Iglesias y el que hasta ahora su modus vivendi fuera de Profesor universitario, no hay razón para negarle, en principio, la calificación de perito, si bien, al no haberle tomado previamente juramento o promesa de decir la verdad, cabría tener dudas de si lo que afirma es resultado de ciencia o producto de una calentura.

No soy yo proclive a conceder títulos de experto a quienes analizan hechos que solo conocen de oídas y leídas, especialmente si tengo la sospecha de que pretenden obtener tajada del relato. Pero que el autor sea hoy día candidato a la presidencia del Gobierno de España, y que lleve la enseña de capitán de una formación política que despierta adhesiones inquebrantables como no se conocían desde los tiempos de la dictadura de Franco, confiere a sus reflexiones un carácter relevante y, dado lo colorido y ágil con que las presenta, sería de necios despreciar su influjo doctrinario.

Si a Iglesias se le puede negar el carácter de testigo neutral y hasta el de experto en prácticas políticas, dado su corto pase por la escena, distinta calificación merecería Jorge Verstrynge,  rigurosamente coetáneo de quien esto escribe (ambos nacimos en 1948).

Verstrynge,  en una entrevista realizada con el formato de loor de santidad y con un distendido encuadre televisivo (La Sexta, bajo el título, con divertida connotación para perversos, de «Al Rojo vivo»), en la madrugada del mismo día 19 ofreció también un recorrido pictórico sui generis sobre la política de los últimos cuarenta y tantos años de nuestro país.

En este caso, el relato fáctico cuenta con la calidad testifical y la riqueza anecdótica y semántica,  de quien ha vivido los hechos en primera persona, y, además, ha experimentado en sus propias carnes, siendo él mismo un brillante resultado, una secuencia intensa de cambios ideológicos. Puede que la de Verstrynge sea la más variada, compleja e inaudita carrera política de cuantas puedan presentarse en España, tierra, por cierto, nada escasa en transfuguismos políticos ni en cambios de chaqueta.

Dijo Verstrynge, que Iglesias había sido uno de sus mejores alumnos. Lo expresó con evidente admiración, por lo que cabe interpretar que, para el maestro, pocos como Pablo Iglesias (Segundo) han captado en profundidad y en toda su complejidad, la esencia del Camino Iniciático que a él le condujo a la Verdad, al Nirvana político, a la revelación que inspira al bienaventurado a ser otro Buda.

Así lo pone de manifiesto el sendero recorrido por Verstrynge, lleno de trampas y caídas: desde el neofascismo francés, pasando por Alianza Popular -en donde tuvo el placer morboso de hallarse sentado a la derecha del padre-, … siguiendo por las frondosas ramas del socialismo felipista -en donde apenas si tuvo tiempo a una pirueta-, hasta arribar, después de un itinerario por el comunismo de cartilla, y ya casi purificado de toda mancha anterior, al círculo interior de la devoción mística por los principios inquebrantables de la revolución bolivariana.

Cierto que aún se le advierte, como una verruga, un suave aprecio hacia las esencias del comunismo teórico, que ve encarnadas hoy en Cayo Lara, cuyo aspecto y tono venerables aseguran su incapacidad para enfadarse ni con quien le haya robado los calzones. La condescendiente sonrisa con la que Verstrynge despachó el tema del futuro del viejo león desdentado, revelan que le inspira más lástima que recuerdos del terror bakuniano, superados hoy por el mensaje vertical, integrador, con la visión inspirada de que habrá, otra vez, un Partido Único, gran unificador de las inquietudes del pueblo,  encajadas en un mosaico común, en el que todos se sabrán escuchados.

Mientras leía, caladas mis gafas, las frases inspiradas del erudito Pablo Iglesias, reconociendo que «llevamos un año preparándonos para ganar siendo la fuerza política que representa a las clases populares y a la sociedad  civil (…)» sentí el escalofrío de quien teme encontrarse otra vez en la noche oscura de las almas, junto a otras víctimas agrestes con incapacidad para sacar el menor partido, la mínima ventaja, de cuanto saben y conocen, pobres diablos que siempre estarán del lado equivocado. Tipos que jamás se sentaron junto al poder, pero nunca les pareció una buena opción alinearse contra él.

De pronto, recordé aquellos tiempos en que la llamada Facultad de Ciencias Políticas, Económicas y Comerciales, hacia 1971, en los arcanos académicos de la Complutense, misteriosa para quienes habíamos estudiado en una Escuela Superior de Ingeniería, e incluso para quienes nos animábamos a investigar en los recovecos de la Filosofía pura, se escindió en dos: Ciencias Políticas y Sociología y Ciencias Económicas y Empresariales. Fue preludio de posteriores divisiones, que vinieron a demostrar la actividad generadora de esos saberes nuevos, despreciados por técnicos y los filósofos, y probaron la fuerza creativa de sus impulsores, cocineros autolaureados que introdujeron ingredientes exóticos y citas foráneas para salpimentar lo que se coció en los fogones de nuestra polis.

Comprendo bien que Pablo Iglesias, acompañado de otros muchos estudiosos de la ciencia política, se crean capacitados mejor que ningún otro para dirigir ahora el cotarro real: No han vivido el cambio, pero lo han estudiado en las aulas, lo han digerido ya explicado y condimentado, mamándolo de los pechos ideológicos de personas experimentadas como Jorge Verstrynge, navegante superviviente en todos los mares.

Para mayor facilidad didáctica con la que propagar el mensaje, lo encuentran incluso representado en secuencias memorables de películas interpretadas por Marlon Brando -la «genial Queimada de Gillo Pontecorvo»- (cito literal del artículo)… Al fin y al cabo, todo se concreta en argumentos sencillos, mandamientos irrefutables que se reducen, en esencia a dos: denunciar la corrupción de todos los gobernantes anteriores, y dejar que el pueblo se exprese, porque en él está la verdad.

No soy capaz de desentrañar lo profundo del mensaje, por más que me devano la sesera. Por eso, me pregunto, consciente de que llego ya demasiado tarde para emprender otra carrera univesitaria: ¿Qué se estudia en las Facultades de Políticas?

¿Me he perdido algo? ¿Es una rémora insalvable haber permanecido fiel a los principios éticos que me inculcaron mis padres? ¿No me servirá de nada haber estudiado Historia por mi cuenta, buceando en múltiples fuentes, sin admitir que una persona sola me la explique? ¿Es un desdoro haber conocido de primera mano muchos currícula de arribistas, salvapatrias y sabihondos? ¿Pesa en mi contra que nadie me haya considerado jamás su mejor alumno, ni siquiera en las Universidades en donde obtuve mis títulos académicos?

Y, por cierto, ¿dónde puedo homologar el recorrido experimental que me acreditaría como escéptico ante quienes se arrogan la capacidad, derivada de su presunta superior inteligencia, para otorgar títulos de expertos en legitimidad y proyectos de país?

Porque, como he escrito muchas veces, una cosa es predicar y otra dar trigo. Aunque se tenga el campo, hace falta la semilla. Y para hacer buen pan -prefiero el de muchos cereales y libre de toda mamadura-, mejor el saber práctico del panadero, que pertrecharse tras libros de cocina.

Publicado en: Actualidad, Política Etiquetado como: económicas, Facultad de Ciencias Políticas, Gillo Pontecorvo, Jorge Verstrynge, Marlon Brando, Pablo Iglesias, Queimada, Una nueva Transición

Aznalcóllar, from lost to the lawsuit

9 julio, 2015 By amarias 2 comentarios

Pocas veces he sentido tan intensamente el orgullo de ser, a la vez, ingeniero de minas y abogado y haber tenido la fortuna de desarrollar mi vida profesional combinando ambos campos. Fue en la Fundación Gómez Pardo, el 8 de julio de 2015, con ocasión de una Sesión sobre «Minerales en Andalucía» (1).

Todas las ponencias fueron de muy alto interés, y espero tener ocasión en estas mismas páginas de referirme a otras con cierto detalle. Pero en este comentario quiero poner énfasis especial en la intervención de la Directora General de Minería de Andalucía, María José Asencio.

María José Asencio es economista y, compartiendo ante todo la opinión que he venido escuchando de muchos colegas de la minería, ha tenido un papel impulsor por el desarrollo de esta actividad que la hace merecedora de la admiración, el apoyo y el afecto (pues, además de sus cualidades como política y como profesional, derrocha simpatía personal) de quienes creemos en el papel que debe jugar la explotación de los recursos minerales en el desarrollo de nuestro país.

Se preguntaba María José, si encontraría el tono adecuado para contarnos las vicisitudes por las que está pasando la decisión de abrir la Mina de Aznalcóllar, palabra convertida en la bicha de la minería, a partir del desastre ecológico provocado por la rotura de la balsa de lodos en 1998 (que fue importante, pero de efectos bastante menores de lo anunciado por los voceros diligentes en exacerbar todo catastrofismo) (2).

Lo hizo, después de haber expuesto, con datos concretos, el Balance legislativo del mandato anterior a las últimas elecciones autonómicas, y su labor de promoción exterior, exponente necesario para las actividades desarrolladas en Andalucía, enfocadas a eliminar dificultades para la explotación minera y que están relacionadas, por tanto con la ingente labor de poner al día el Registro de derechos mineros y abordar la sistematización para el tratamiento de la información sobre explotaciones vigentes, nuevas concesiones, sin olvidar la detección de los derechos caducados. Todo esto, sin detrimento de otras actividades de su equipo.

Quienes escuchamos, con plena atención, su disertación, estaremos de acuerdo que encontró el tono. Y sobre todo, acertó a poner de manifiesto que la batalla post decisión de adjudicación del concurso que su Dirección convocó para cumplir con el mandato del Parlamento andaluz de abrir la mina mediante un concurso, no es una batalla técnica, ni jurídica, sino que es la consecuencia de una pataleta de perdedor que ha utilizado en su beneficio ciertas debilidades de nuestro sistema.

Para quienes no hayan seguido las informaciones de prensa, hago un resumen de urgencia. Dos grandes grupos se presentaron al concurso (un tercero, igualmente poderoso, se retiró sin ofertar, aduciendo pertinentes razones acerca de las dificultades encontradas para cumplir con el restrictivo Pliego de condiciones): Mexico-Minorbis (denominación de la agrupación entre Magtel y Grupo México) y Emerita-Forbes (con la potencia financiera del grupo inversor canadiense Forbes&Manhattan, canalizado a través de su participada en España, creada en 2012, Emerita Resources Corp,  que tiene los derechos de explotación del oro de Navelgas, en Asturias, que adquirió a Narcea Gold Mines, y dos proyectos de investigación en Extremadura, también en relación con el oro).

La Mesa Técnica y la Mesa de Concurso (formada a imitación de lo previsto en la Ley de Minas para la adjudicación de permisos de investigación), valorando ambas propuestas, decidieron dar ganadora a Mexico-Minorbis, que debería presentar en plazo muy corto, el proyecto concreto de explotación. (3)

La Directora refirió que, desde ese momento «nos hemos visto envueltos en una denuncia derivada de la situación generada por la empresa que perdió el concurso».

Quienes han puesto su empeño, y empleado dineros, en presentar una oferta tentadora a un concurso importante, y se encuentran en la posición de perdedores, es natural que se sientan decepcionados. Admito, porque he experimentado la sensación y tratado de obtener consecuencias, que el asunto sea causa de revisión interna de fortalezas y debilidades, asunción de oportunas responsabilidades, sin obsesionarse por la cuestión, de naturaleza siempre inquietante, del»qué habremos hecho mal», ni lacerarse por ello.

El propósito de transparencia, que es objetivo laudable en las administraciones modernas, ha conducido a Pliegos prolijos, normas de puntuación que pretender ser objetivas, peticiones exhaustivas de información a los licitantes, conversaciones reiteradas entre técnicos de las empresas, funcionarios y asesores, acercamientos personales, subterfugios para revestir la oferta con los mayores atractivos, y, en fin, movimientos comerciales de amplio espectro, que pretenden llegar a adquirir el pleno conocimiento de lo que la Administración quiere, y valorarlo adecuadamente, para no renunciar al beneficio empresarial.

En el sector de servicios ambientales, que tomo por ejemplo, -ya que lo he vivido muchas veces, como responsable de numerosas ofertas-, esto es pan diario. Con una diferencia al respecto: el mercado -al menos, hasta hace años, cuando gran parte del pescado estaba por repartir y las administraciones públicas se prodigaban en licitaciones- tenía espacio suficiente. Se podría perder una oportunidad, pero la experiencia servía para ganar la siguiente. Las empresas competidoras se conocían cada vez mejor, la intención de ser el candidato idóneo exigía imaginación, cálculos finos, renuncias a beneficios inmediatos.

En ciertos casos, la empresa perdedora llevó a la ganadora a los tribunales de lo contencioso, alegando errores de apreciación, confusión en los baremos de puntuación, y otros argumentos, más o menos fundados. La mayoría de las reclamaciones no prosperaron. Se resolvieron por retirada de la demanda, porque el mercado no permitía empecinarse en las batallas del perdedor. En otros casos (pocos), los Juzgados encontraron dificultades en entrar a una valoración de criterios técnicos, ya que los peritos de parte y los judiciales llevaron a la convicción del juzgador de que hay siempre elementos subjetivos, nacidos de la experiencia particular de cada empresa, que no son comparables, o lo son solo por sus efectos finales, es decir, por la ejecución correcta de lo previsto en el contrato de adjudicación, y que solo puede dilucidarse cuando se esté realizando ésta.

La realidad actual del sector de explotación de recursos minerales en España es diferente. El mercado minero en España es, actualmente, reducido, y no se puede invocar ni la ausencia de rentabilidad ni la escasez de oportunidades. Si, en general, falta investigación de recursos mineros, y siempre se necesitan inversores dispuestos a arriesgar (y, a veces, cantidades importantes) y se han de apelar a conocimientos técnicos y experiencia en absoluto comunes, se está viviendo un momento importante para la minería de algunos minerales, por demanda, y por precio.

La explotación de la franja pirítica bética, con una riqueza mineralógica excepcional, es la más clara oportunidad -ya realidad en varias explotaciones- para generar actividad, empleo y rentabilidad económica, en Andalucía. Se comprende que, en una comunidad tan necesitada de iniciativas empresariales, la Junta de la Comunidad autonómica viera en la reactivación de Aznalcóllar un activo cuya puesta en valor no se debía demorar.

Emerita Resources, la perdedora, eligió una vía de reclamación que solo se puede calificar de lamentable: acusar, por la vía de lo penal, a personas de la Junta y a los técnicos intervinientes, de los delitos de prevaricación, tráfico de influencias, cohecho y fraude. Y, de forma inexplicable, funcionarios de los cuerpos de Policía y de la Guardia Civil han participado, con opiniones que la prensa se ha encargado de difundir, alimentando el fuego mediático, sobre la actuación de los profesionales técnicos, en una injustificable extroversión de sus funciones específicas, entrometiéndose en la cualificación de pericias ajenas a sus competencias.

Me parece que el auto de la juez Patricia Fernández, del Juzgado de Instrucción de Sevilla, expresando que «la Junta ha adjudicado el concurso sin el más mínimo rigor» revela una predisposición sancionadora que invalida o compromete seriamente, por su expresión y forma, la objetividad que debía pretenderse de una instrucción en la que entran como elementos centrales de juicio, es decir, de opinión, factores técnicos precisos y de muy alta cualificación, y que afectan, no solo al procedimiento administrativo, sino a la forma de valoración de ofertas complejas, dispares, presentadas por grupos internacionales de probada experiencia y que han interpretado lo que demanda el Pliego a su saber y entender.

María José Asencio, experimentada a fuerza de disgustos en explicar por activa y por pasiva su actuación y la de sus técnicos, terminó su alocución con estas palabras, que transcribo de mi libreta de apuntes:

«Doy estas explicaciones porque las hemos datos en todas partes. Este foro me parece, sin embargo, especialmente adecuado, por su cualificación. Y hago una reflexión final: No podemos estar diciendo continuamente «¡Con lo bien que lo hemos hecho y la caña que nos están dando!». A lo mejor teníamos que haber esperado un tiempo, para que no coincidiese la adjudicación con el ruido político. »

Porque, como también concretó, respondiendo a su pregunta: ¿Cuál es el resultado del Concurso? «Que Grupo Méjico, junto con las demás empresas licitadoras, lo que han ganado es la posición de privilegio para tratar ahora de poner en marcha el proyecto de investigación previo al proyecto minero, para lo que necesitan obtener la aprobación en absolutamente todos los trámites necesarios. Esto tampoco se ha entendido. Lo que han ganado es, pues, solo una posibilidad  de explotar la mina, no la explotación propiamente dicha.»

El aplauso con el que se premió la intervención de la Directora General, y el vivo coloquio posterior, vinieron a demostrar que contaba con el apoyo de los presentes y, en lo que se refiere a los compañeros ingenieros de minas que se están viendo incursos en ese desagradable proceso penal, quedó patente que cuentan -y solo estamos juzgando su profesionalidad, su capacidad para analizar un proyecto minero desde la ética, conscientes de su complejidad- con la simpatía y respaldo de los profesionales que vivimos la minería, como nos recuerda permanentemente, con muy pocas palabras el legado de Casiano del Prado (1841), esculpido en mármol en el hermoso salón de Actos de la Escuela de Madrid: «Apenas conozco carrera en la que la probidad, la lealtad, la buena fe, sean de tanta necesidad como en la del minero».

¿Qué por qué me he sentido orgulloso de mi doble titulación? Porque, desde mi experiencia en entender las debilidades humanas, creo poder comprender mejor que lo técnico y lo jurídico deben respetarse mutuamente, y que solo desde la delimitación de los respectivos campos de competencia, se estará más cerca de la verdad objetiva, cuando de lo que se trata es de analizar la coherencia de una decisión que demanda, para su cabal comprensión, altos conocimientos de cualquier procedimiento de ingeniería.

Y aún digo más: la verdad objetiva, en lo técnico, no existe a menudo, por más que se pretenda. Y en la explotación de los recursos mineros, solo podría conformarse en la mente ingenua de un juzgador que no entendiera el significado y valor de las ciencias que permiten obtener con eficiencia los recursos de la tierra. Hacen falta muchos años de estudio, decenas de experiencia propia y ajena y una cierta dosis de intuición para alcanzar algo parecido a lo perfecto.

Qué pena para Andalucía y para la minería que la rabieta del perdedor haya encontrado eco en un sistema judicial lento y excesivamente garantista, cautivo él mismo de recursos procesales que se pueden utilizar con ánimo intimidatorio y, en todo caso, dilatorio; qué pena que la profesionalidad y la probidad puedan ser puestas en entredicho por quienes no saben de lo que hablan, ni a quién hieren.

—-

(1) La sesión fue organizada conjuntamente por los Colegios de Ingenieros de Minas de Sur y centro de España, por la Fundación Gómez Pardo y por Atlantic Copper España.

(2) Por cierto, que el itinerario jurisdiccional de las reclamaciones económicas, imputaciones a técnicos y empresa, en relación con el «desastre de Aznalcóllar» debieran servir de material de reflexión, junto a otros sucesos que alcanzaron en su momento gran difusión en los medios y luego se han visto sepultados por larguísimos procesos judiciales, para revisar planteamientos sociales, jurídicos, económicos y técnicos en relación con la protección al ambiente, la explotación de recursos y la importante cuestión de la rehabilitación de los espacios afectados por la minería.

(3) Grupo México es uno de los principales productores mundiales de cobre y molibdeno, con explotaciones en México -en Sonora posee la mayor reserva de cobre conocida, el yacimiento de Buenavista-, Perú, Chile y Estados Unidos. En el primer trimestre de 2015 informó de una facturación de 2.100 millones de Dólares. Magtel, con sede en Córdoba, aporta el conocimiento local, junto a una experiencia real en Marruecos y Perú y una facturación que supera los 100 millones de euros.

Publicado en: Actualidad, mineria Etiquetado como: Aznalcóllar, Emerita Resources, Forbes&Manhattan, Fundación Gómez Pardo, Grupo Méjico, Juzgado de Instrucción, Magtel, María José Asencio

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