Al socaire

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Archivo de 2015

Cumpleaños

7 julio, 2015 By amarias 10 comentarios

Cada siete de julio, desde hace sesenta y siete, es mi cumpleaños. Tengo datos de mi mismidad correspondientes al nacimiento y al primer año, documentados, gracias a un librito de tela, algo perjudicado por el paso del tiempo, y con conspicuas manchas de grasa, en el que, bajo el título «Infancia del bebé», impreso en la guarda con letra bastardilla, mi madre recogió información irrelevante para criterios ajenos.

Confieso que, para mí, ese librito tiene un valor incalculable. Ante todo, porque refleja lo que mi madre -fallecida muy joven, pero después de haber puesto en este mundo a siete hijos que, gracias seguro a su intervención en las alturas, nos mantenemos sanos y en muy buena sintonía- esperaba de mí. Fui un niño del percentil 100 según baremos de estas fechas, aunque desconozco si mantendría la misma calificación, juzgado con criterios de 1948. Pesé 5kg 200 al nacer y medí casi 60 cm. Parece ser que estaba condenado a tener diabetes a causa del sobrepeso, según la erudición médica más moderna (por fortuna para quien esto acredita, incumplidos).

Escribe mi madre, atribuyéndome la autoría, con una licencia literaria que me encanta: «Creo que era un niño muy guapo, con una carita redonda y unos ojos grandes, de color aún indefinido y una naricita respingona, que según mamá, me daba cierta gracia». Por supuesto, en nada me parezco hoy a aquella descripción surgida del amor materno, repleta de benevolencia. Unos meses más tarde, sin embargo, se incorpora algo más de objetividad, pues la narración de mis cualidades infantiles prosigue de este tenor: «Soy ahora a los cuatro meses un niño bastante guapo. Mi único defecto es que tengo las orejas un poco hacia adelante y…bueno…también soy muy tragón, y me empapizo alguna vez.»

No quiero cansar con detalles que carecen de interés, pero tengo registrado cuando tomé la primera papilla («harina de trigo Artiach»), el momento en que supe decir «adiós»  o «papá, mamá, Tita» y «hacer como el burro», la aparición de mi primer diente, mis comienzos del andar a gatas, etc. etc.

Mi historia infantil documentada se interrumpe al año justo, con el nacimiento de mi hermana Maru, al que siguieron otros cinco.

Pero puedo decir: «Has tenido un Feliz primer cumpleaños, Angel. Y, desde esta última etapa de la vida -que espero sea suficientemente larga y no muy dolorosa-, dejo testimoniado que, aunque me falte un biógrafo y mucho menos, tan cariñoso como mi madre. he sido, en efecto, un hombre feliz».

Gracias a los que habéis contribuido a ello,

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¿En qué país vivimos?

5 julio, 2015 By amarias 2 comentarios

Podía haber sido otro el desencadenante, y tal vez no hubiera sido necesario ninguno, porque ya estoy bastante mayor para no precisar estímulos ajenos para ahondar con propias escardaderas en lo que se nos oculta. Pero reconozco que la columna del 4 de julio de 2015, «Exámenes» (EP), de Fernando Fernández-Savater, catedrático de Ética y reconocido filósofo, autoconfeso seguidor de Spinoza y de la ética del querer frente a la del deber, me ha conmovido.

Expone Savater que, en los años 80, varios presos etarras aprobaban las asignaturas correspondientes a sus licenciaturas, no por lo que sabían, sino por el terror que infundía la organización terrorista a los examinadores, que se los quitaban de encima con un simulacro de legalidad.

Por las mismas fechas, un historiador británico empecinado en contarnos la historia verdadera de España, Paul Breston, desenmascara (si aún hacía falta), a un Santiago Carrillo más atento a eliminar correligionarios y compañeros de facción, consiguiendo así que no creciera más árbol de sombra que el suyo, utilizando las depuradas técnicas del stalinismo como garrote y sierra de podar.

Son solo dos ejemplos, desde luego, sesgados en intención ideológica y sección de atención, aunque me sirven también para reflexionar sobre lo que hemos soportado, quizá conscientemente ignorado, seguramente tímidamente consentido, muchos ciudadanos que nunca estuvimos en las instituciones oficiales, y que creíamos que nuestra labor sería suficiente con hacer bien lo poco o mucho que teníamos entre las manos.

¿En qué país vivimos? ¿Esas personas que se han alzado con méritos y gorros que aún lucen sobre sus cabezas, tienen todas idéntica legitimidad?¿Cómo distinguir a los que alcanzaron sus puestos con decisiones dictadas desde el amiguismo, el nepotismo, la filiación, la incuria…?

Reconozco que no lo sé. No soy examinador de personajes, sino que solo me detengo en analizar los resultados, en la medida en que están al alcance de mis opciones de descubrir qué nos está sucediendo, y que son, por supuesto, limitadas.

Quisiera creer que estamos en un gran país, que no nos parecemos a los que están en la senda de los perdedores, que nos encontramos colectivamente bien situados para mantener las riendas de nuestro futuro por la senda más prometedora, esa que nos garantizaría una sociedad más justa, equilibrada, solidaria, honesta.

He leído también que abre muchas interrogantes el reconocer ahora, como resultado de las últimas elecciones locales (mayo de 2015), que se han aupado a los puestos de poder (aún limitado), gentes de los que ignoramos su pasado, personas con currícula que juzgaríamos como inadecuados, según los baremos tradicionales, hombres y mujeres venidos desde la sociedad oscura, de la protesta tal vez visceral, acompañados, puede, de resentidos, ilusos, gentes de buen corazón y escaso sentido práctico.

Pero como no tengo más que una vida a disposición, y soy consciente de que esta se va acabando por ley natural, y mantengo una curiosidad insobornable acerca de lo que puede lograr la humanidad cuando combina, sin trabas, la inteligencia y la ilusión, …me reconozco tensamente ilusionado en poder presenciar, si la naturaleza no me vence antes, que lo que estamos ahora viviendo en este país, y viviremos aún, es el efecto de un aire fresco que ponga en solfa y al desnudo lo que se haya conseguido sin méritos, sin vocación, sin intención ni ganas de hacerlo por mejorar lo común antes que lo propio.

Si se cumplen estas expectativas, que reclaman participaciones gigantescas, hercúleas, titánicas, y una total transparencia, no nos preguntaremos en qué país vivimos, ni nos vanagloriaremos de habitar un gran país porque nos lo digan desde arriba, sino que seremos capaces de responder, como inmensa mayoría: Estamos orgullosos de vivir en éste, porque es el que estamos haciendo entre todos, guiados por el esfuerzo, la entrega y la ilusión de los mejores, a los que apoyamos sin recelos.

 

 

 

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Ofiuco y el COP21

4 julio, 2015 By amarias Deja un comentario

El 3 de julio de 2015 asistí a la presentación del World Energy Outlook Special Report, preparado por la International Energy Agency (IEA) ante la perspectiva de la COP 21 (vigésimo primera Conferencia de las Partes), que tendrá lugar en Paris, en diciembre de este año.

El acto tuvo lugar en el saloncito del primer piso de la sede del Club Español de la Energía, en Madrid, y la conferenciante fue Laura Cozzi, ingeniera ambiental, subdirectora (deputy head) de la IEA en el equipo que dirige, como Economista jefe, Fatih Birol, ingeniero turco que hizo sus primeros dientes profesionales en la OPEC y que tiene muchas líneas de mérito en su CV, entre las que se encuentra el haber presidido el Foro de Davos.

Laura fue presentada por Arcadio Gutiérrez Zapico, director general del Club, ingeniero de caminos con una carrera profesional anterior en el sector de la energía nuclear, y un brillante conferenciante él mismo.

Llegué casi media hora antes del inicio del acto, y me decidí a hacer algo de tiempo dando una vuelta por los alrededores del espacio arquitectónico que separa la ciudad de las «Cuatro Torres Business Area». Allí me encontré a Laura Cozzi, llevando una maleta de viaje compacta, con ruedecillas, de esas que salvan la pejiguera de la pernoctación fuera de casa.  No me acerqué para saludarla, pues no quise interrumpir lo que me pareció era su disfrute de unos momentos de relax cuando estás en una ciudad en la que supones que no te conoce nadie, y no te apetece aún empezar a representar tu yo oficial.

El Informe está disponible en internet, de forma gratuita (http://worldenergyoutlook.org/energy), y con sus 200 páginas, se hace difícil de resumir. Su propósito confesado es servir de orientación, desde la autoridad del organismo, para que los asistentes a la cumbre de París no pierdan el tiempo haciendo deberes previos, y también indica algunas propuestas para salir del paso, de forma que la reunión no se convierta en un fiasco.

En este sentido, la combinación de paños calientes y compresas frías, en un ejercicio de equilibrio, quedó también de manifiesto en la exposición de Laura Cozzi que fue hecha en inglés, con la aclaración previa, inconcebible en un italiano, que de la lengua española solo conocía «Buenos días» (Tal vez allí habría que buscar el origen de la razón por la que  tanto Arcadio G. Zapico como los intervinientes en el debate se obstinaron en pronunciar su nombre de pila como «Lore»).

Así que, por si aún lo ignoran los que tengan proyectado asistir a la conferencia de París y necesitaran un breviario de urgencia: hay que ahorrar en energía, invertir en renovables, reducir la combustión ineficiente del carbón (existe, además, escasa ventaja económica en profundizar en la combustión subcrítica), eliminar subsidios, mejorar la tecnología y preocuparse por las emisiones de metano directas, sin confiar demasiado en los cambios de comportamiento de los consumidores, ya que las decisiones antieconómicas no son fáciles de comprender (ni de explicar).

Aunque el horizonte debe ser contemplado a largo plazo, es aconsejable -siguiendo la experiencia- hacer seguimiento cada cinco años del cumplimiento de los objetivos, y, reconociendo la excepcionalidad de cada país, trazar un camino propio de transición, sin perder en competitividad y mejorando la eficiencia.

En el debate, me di cuenta -por si no lo había reconocido antes- que buena parte de los asistentes eran anteriores ejecutivos de distintos niveles en las empresas energéticas, hoy, tempranamente jubilados u ocupando puestos -supongo que no remunerados, para no perder sus pensiones- en Asociaciones y Fundaciones relacionadas con la energía y sus empresas.

Allí tuvo Cozzi oportunidad de expresar su optimismo respecto a lo que pasará en París en diciembre, expresar que no creía que el éxito de los norteamericanos en utilizar el gas convencional fuera replicable en otros países, y reconocer que ella estaba a favor de la energía nuclear como única fuente que no produce metano como efecto directo o colateral, pero que había que tener en cuenta el rechazo de ciertos sectores, por lo que el informe, aunque la había considerado, no se había manifestado expresamente sobre su implantación.

Todo eso, y más. Por ejemplo, la referencia al volumen creciente de contaminación ambiental que proviene del transporte terrestre, especialmente provocado por los vehículos pesados (crecimiento exponencial en China), y  una mención de cuadro de horror a India, donde 300 millones de personas no tienen electricidad y cuya posición crítica puede bloquear la unanimidad de los acuerdos y, en todo caso, dado su volumen, su efectividad.

En poco más de una hora, quedó así perfilado -y con muy tenebrosos colores- el cuadro previa a la/el COP 21 y, como estamos en una época en la que el cielo nocturno permite contemplar la hermosa constelación de Ofiuco, que corta en dos la de la Serpiente (convertida así en Serpens Caput y Serpens Cauda), me imaginé que la IEA era Al-Yad («la mano que precede») tratando de agarrar a Unakalhai («el cuello de la serpiente»), que sería, por su parte, el fenómeno del cambio climático.

Todo ello situado en el ecuador celeste, y, por tanto, siempre visible, para análisis de estudiosos, diletantes y amigos de lo etéreo, e ignorancia consciente de multitudes, entre el Escorpio -¿símbolo del capitalismo?- y el Sagitario -¿portador en sus flechas del placebo de una ética universal?-.

No quiero ahondar en metáforas traídas algo a contrapelo, pero Ofiuco-Esculapio, es, además de una de las 84 constelaciones en que se ha dividido convencionalmente el firmamento, el decimotercer signo del Zodíaco en la astrología sideral, reconocido en 2011 entre Acuario y Piscis, con un período entre el 30 de noviembre y el 17 de diciembre. O sea, que bajo su advocación cosmogónica tendrá lugar el/la COP21.

Publicado en: Actualidad, Ambiente Etiquetado como: Agencia Internacional de la Energía, Arcadio G, Club español de la Energía, COP21, IEA, Laura Cozzi, Ofiuco, Zapico

La mirada podrida sobre Grecia

1 julio, 2015 By amarias Deja un comentario

En algún lugar leí que la palabra Europa no tiene sus raíces etimológicas en el griego, pues no se le puede suponer -como por algunos eruditos se había defendido- compuesta de los vocablos eur y op (que significaría «mirada amplia»),  sino por eur y opa, ya que se debe mantener la concordancia de género, y eso se traduciría por «mirada podrida». Así que la polémica sobre el origen del nombre ha derivado hacia las fuentes semíticas, que tienen aguas mucho más frescas.

Lo que tiene menos dudas es que Europa  tiene su amplia base geográfica y cultural original en el equilibrio entre Atenas y Roma, al que se ha de añadir una componente judía, proveniente de los vientos históricos que se formaron desde Jerusalén. Y también admite poca discusión que en los últimos veinticinco siglos se han librado en el territorio que podríamos considerar originariamente europeo muy cruentas batallas, que lo han seccionado, longitudinal y transversalmente (1).

Esas manifestaciones de la belicosidad de sus gobiernos, las ambiciones de conquista y apropiación de bienes del vecino, las luchas dinásticas, las revoluciones sociales, la evolución de las lenguas habladas y escritas -¡y, cómo no, la influencia de las religiones y la autoritas otorgada por los creyentes al representante de Dios en la Tierra!- se han reflejado en multitud fracturas, convirtiéndola en un mosaico de intereses, que debemos admitir, de forma indulgente, que forman parte de las culturas nacionales.

Estamos oyendo múltiples opiniones acerca de  la manera de resolver la actual crisis nacida en la Unión Económica Europea, como consecuencia de la dificultad -en realidad, debemos hablar de la incapacidad- de Grecia de devolver la totalidad de los créditos que obtuvo de los demás socios de la eurozona. Como en todos los temas, los comentarios no hacen sino reflejar la consecuencia de los diferentes intereses que se defienden, y que están detrás de los argumentos, aunque no se vean.

La situación no admite circunloquios, sin embargo: Grecia, independientemente de cuál sea el color de su gobierno, quizá pueda pagar algún día el principal de la deuda, si se le concede la moratoria adecuada y se le ayuda a la reactivación de su maltrecha economía, pero jamás podrá responder de los altísimos intereses, propios de usureros, que los prestamistas le habían fijado. Por cierto: una buena parte de los préstamos han ido a parar a dotar al estado griego de una capacidad armamentística, para pagar, a buen precio, los equipos bélicos proporcionados por los principales países de esa Unión Europea.

No valen para nada afirmaciones políticas destinadas a asustar a los griegos, pretendiendo tranquilizar (sensu contrario) a los ciudadanos de los países de donde surgen las declaraciones de ciertos mandatarios: apelar a que «los pactos deben cumplirse» o a que «la salida de Grecia del euro tendrá escasa o nula recuperación para nuestra economía», se hayan hecho o no los deberes (¿qué significa eso?) no puede merecer ningún calificativo inteligente.

Grecia es Europa (casi, más propiamente hablando, al revés: Europa es Grecia). En una familia, las dificultades esporádicas, ocasionales, de un miembro -aunque haya sido un despilfarrador, incluso si se le califica de drogadicto- se solucionan en el seno de la misma, ayudando al perjudicado: con un tratamiento de rehabilitación, pagando sus deudas, ayudando a su recuperación definitiva. No ahogándole aún más.

No me duelen prendas al afirmar que los argumentos más sensatos respecto al tratamiento de la deuda griega han venido desde la izquierda reputada como «radical» por los amigos del orden mundial, supongo que siempre que lo determinen ellos mismos. He escuchado a Gaspar Llamazares y a Iñigo Errejón decir cosas muy adecuadas. En esencia: no exijas a quien no puede pagar, que pague, haciendo los sacrificios que tú le quieres imponer, y escúchalo atentamente, y ayúdale a que se recupere.

Creo que la razón por la que, en este caso al menos (no es el único), me encuentro tan próximo a las ideas que se exponen desde los márgenes del sistema, incluso desde fuera de él, es sencilla: no tienen nada que perder. Cosa que, mírese por donde, me parece que los distancia de los sabios defensores del dólar Stiglitz, Krugman, de los asesores de Merkel o de Hollande (y sus palmeros) y me acerca, junto a ellos, a lo más sensato.

—

(1) He recuperado esta idea de un artículo, aún no publicado, escrito por mi buen amigo Santos Castro Fernández, «Europa: Una realidad histórica», y que su autor apoya con citas, entre otros, de Remi Brage, Horacio, y Jacques Le Goff.

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El acoso en el ámbito militar

22 junio, 2015 By amarias 2 comentarios

El caso de la ex comandante Zaida Cantera, que en realidad es el caso del coronel Isidro Lezcano-Mújica, condenado a dos años y diez meses de cárcel por acoso sexual, ha abierto al público en general la cuestión, de resolución en absoluto trivial, en torno a tres asuntos que guardan una relación entre sí que tampoco es sencillo calificar: a) si debe existir un Tribunal de Justicia Militar, b) si existen delitos que solo puedan ser cometidos por militares o, excepcionalmente, por civiles en casos concretos y c) si delitos comunes -recogidos en el Código Penal general- pueden ver agravado el tipo de lo injusto cuando el sujeto o la víctima son militares y, en ciertos supuestos, cuando el lugar, el medio utilizado o el objeto afectado, pertenecen a la esfera militar.

El debate lleva abierto desde hace décadas, y es bien conocido por los especialistas que no existe una línea uniforme entre los Estados, incluso entre los considerados democráticos y, de entre ellos, los supuestamente más avanzados en el respeto a los derechos y deberes.  No voy por ello, en este breve comentario, más que a referirme -y sin profundidad- a dos características muy relevantes, en mi opinión, del caso Lezcano-Mújica.

Que un supuesto delito o falta común, suficientemente caracterizada en su tipo y agravantes, por el Código Penal español vigente, como es el acoso sexual, sea analizado por un Tribunal Jurídico Militar, es, sin duda, una anomalía conceptual y un exceso de segregación jurisdiccional. En principio, podría suponerse que el atraer un caso de justicia común al ámbito militar, para juzgar el acto hipotéticamente ilícito cometido por un superior contra una inferior, es indicativo de que se pretende juzgar con mayor benignidad -protegiendo al mando de mayor grado- la cuestión.

No ha sido, sin embargo, éste el caso. Lo afirmo, independientemente del efecto mediático conseguido por el talante personal, la fuerza expresiva y la credibilidad emocional de los argumentos, ingredientes expuestos públicamente, para consumo y análisis general, por la comandante Cantero. Me abstraigo de la escasa, y cuando la hubo, posiblemente merecedora del calificativo de deplorable, intervención por parte del Ministerio de Defensa, que solo aportó leña a la subjetividad del tema. Y lo hago, en fin, al margen de otros factores, como pueda ser la confusión popular respecto al papel de las fuerzas armadas en tiempo de paz, heredera en mala parte del comportamiento chulesco de algunos de los militares levantiscos en la postguerra, y sometida, entre militaristas y pacíficos, a esquizofrenias o maniqueísmos que precisarían urgente revisión social.

Desde la serenidad, y la comparación con otros procesos judiciales, el esfuerzo de instrucción en el caso que pretendo comentar, ha sido importante…y, sin duda, excesivo. En el ámbito civil, ese caso no hubiera alcanzado especial relevancia -seguramente, ninguna-, sepultado por centenares de otros similares, de los que -sospecho, a falta de mejores datos- la mayoría son sobreseídos o archivados sin el menor progreso procesal, por falta de pruebas y testigos.

En la jurisdicción militar, sin embargo, a la que llegan pocos asuntos de este cariz, y dado el efecto de apetitosa difusión en los medios que alcanzó, la instrucción resultó altamente pormenorizada y, además, los juzgadores se encontraron sometidos a una indudable presión, observados con lente de aumento. No solamente el tribunal, sino, y sobre todo, el acusado se convirtió en sujeto de una disección en toda regla.

Puede que, observado en esa situación incómoda, de tener que defenderse de la acusación de un inferior jerárquico -¡y mujer!-, a salvo del círculo de amigos y conocidos, que se expresarían comprensivos con su relato, el coronel no haya sido capaz de despertar la menor simpatía. Dio la imagen de un tipo más bien zafio, al que se le podrían atribuir -por sus infaustas declaraciones en el proceso- los adjetivos de prepotente, machista y petulante…

Elegido como buco emisario, macho cabrío expiatorio de la necesidad de humillar, de vez en cuando, a algún superior como redención de lo que tenemos que soportar de toda autoridad, la pieza resultó excelente. Hay que admitir, sin embargo, que su perfil no se diferencia un ápice del de tantos y tantos individuos que andan por ahí, que están a nuestro lado, tocando al disimulo muslos, rozando como si tal cosa carnes contra carnes, echando miradas con intenciones que podrían entenderse como rijosillas, y, cuando se encuentran en lo que creen auditorio adecuado, presumiendo de haberse ligado a secretarias, subordinadas, esposas ajenas y colegas, animando a los suyos a evadirse a un burdel para festejar un logro, y aprovechando cualquier ocasión para lucir sus dotes de contador de chistes e historietas -reales o inventadas- en las que el héroe es el villano, la mujer el objeto, el homosexual o el diferente, el objetivo de la chanza.

Que el caso haya sido tratado en la jurisdicción militar y por un tribunal constituido por militares (independientemente de que le corresponda la última revisión al Tribunal Supremo), ha perjudicado al encausado. Su condena es excesiva, porque se tuvo en cuenta, y de forma especial, la gravedad del prevalimiento como superior militar.

Pero, además, el que el caso se haya visto en un Tribunal jurídico militar ha perjudicado a la víctima. La comandante Cantera, cuya vocación militar es evidente, y así lo ha reconocido ella misma y su brillante historial, ha visto su carrera abortada. Y puedo sospechar que su esposo, también militar, no tendrá un camino precisamente de rositas hacia el generalato.

Un caso, por tanto, para meditar, hurgando entre todos sus matices, analizando los condicionantes, extrapolando sus consecuencias.

Publicado en: Actualidad, Derecho, Ejército Etiquetado como: abuso de autoridad, acoso, ámbito militar, comandante Zaida Cantera, condena, coronel Lezcano-Múgica, defensa, ejército, reforma

Qué voz de seductor, qué cánticos rasgados

21 junio, 2015 By amarias Deja un comentario

Apunte a lápiz y acuarela
Representando a Baco con aficionados (Apunte, 1994)

Qué voz de seductor, qué cánticos rasgados,
qué arias de agudos subidos que producen
emociones en fuerzas encontradas,
qué barullo la caza, van timbales y tiras de colores,
qué jaleo, jaurías.

Qué cauto cazador, qué astuto carnicero
capaz de apostarse días y noches al acecho
sin mover paz ni mano hasta el momento propicio,
y con disparo acertado y a la corta carrera
justificarse, templando de emoción, la larga espera,
herido el bicho, colmar el rito cobrando pieza.

Ya en sosiego,  con las presas abatidas torna al nido
y allí las despluma montaraz, desollando pellejos a destajo,
revelándose ahora experto cocinero
-capaz de prepararse un sápido condumio
con carnes, ajo, sal,  pizcas de iodo, tomillo y albahaca,
sin que los gritos y ayes de víctimas aún vitales
promuevan su perdón, (más bien  lo excitan),
que infortunio mayor no hay sino el suyo.

Desoyendo los aires de clemencia,
apartando con ansias de matar, entre las otras,
razones de prudencia y horror,
compartimos sus gestos, complacientes admitiendo
que amamos el oficio de verdugos, que potencialmente somos matarifes,
que nos bulle la sangre, que es música grata el fuego que crepita,
que, muerto el can, no hay prisas, que la rabia se ajusta,
y revolviendo las ascuas con tenazas bajo el trípode,
dejamos hacer al fuego, echamos grasa al hierro,
dorando la piel por igual por todos lados del trofeo.

Sórdido silencio de hiel con que ahora vuelca
el chamán el caldo , siguiendo detallados movimientos ancestrales,
en escudillas de brezo y,  a riesgo de quemarnos,
conseguido el color asado que los hace apetitosos, desmembramos
los sápidos despojos de las piezas que traiciono si digo,
que cazamos furtivos, caprichosos, esta misma mañana,
en la tierra de nadie que es futuro.

Mientras saciamos así los íntimos deseos de venganza,
devorando sin hambre, los hígados, cerebro, muslo, patas
chupando entrañas manchándonos las manos, alguien preguntará,
ajeno a este bullicio, señalando la culpa que ocultamos, el refajo,
por qué matamos inocentes, qué festejamos de haber logrado una victoria
sobre alguien tan débil,
por qué no arriesgamos a medir nuestras fuerzas sin ventajas
con piezas de un tamaño superior a nuestras ansias,
que sería la opción de vernos redimidos,
convertidos en la víctima siguiente.
(«Poco que contar», Poema V, @angelmanuelarias, 2005;
El dibujo lleva por título: «Representando a Baco con aficionados», Cuaderno de apuntes, 1994, @Angel  ManuelArias)

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Poniendo a prueba la capacidad de destruir las carencias (1998)

20 junio, 2015 By amarias Deja un comentario

poniendoapruebalacapacidad de destruirlascarencias

En abril de 1998, durante uno de mis viajes a Bolivia, fui invitado a merendar a su casa en Santa Cruz de la Sierra por el arquitecto Antelo, con el que había encontrado una rápida sintonía. Por la mañana, el ingeniero Egüez me había sugerido que, puesto que nuestro anfitrión era un buen pintor, y su esposa aficionada a las artes, podríamos entablar una competición artística informal que, si todo salía como esperaba, habría de ser el germen de una exposición conjunta en una de las galerías de la ciudad.

La idea me pareció, como casi todas las que surgen en el aturdimiento que provoca la distancia, casi tan curiosa como aceptable, y le pedí, por favor, que encargara a alguien de comprar los pinceles y pinturas al óleo, además de un lienzo de no excesivo tamaño, pues no me parecía oportuno contaminar la hospitalidad ni la merienda convirtiendo la casa del arquitecto en un estudio de arte.

Mientras dábamos cuenta del jamón, el queso y otras viandas, amén de un magnífico vino serrano que las mujeres de la casa pusieron a disposición de los contendientes y espectadores, y mientras Antelo desplegaba su caballete y la caja de tubos de colorines, le urgí a Egüez que me entregara lo que su propio me había comprado en la mañana. Grande fue mi sorpresa cuando desempaquetó dos tubos -uno negro y otro rojo bermellón, un diminuto bastidor, y un pincel más adecuado para embadurnar paredes que para finuras de artista diletante.

«El hombre al que mandé en la mañana a comprar lo tuyo, me dijo que solo encontró esto en la imprenta a la que fue. Lo siento».

Antelo se apiadó de mí, y me dejó una caja de pinturas que su hija había utilizado en alguna clase de manualidades. Y, mientras el realizaba, con maestría, una hermosa composición -que apostaría que tenía estudiada de antemano-, yo, aturdido, ensayé en el escaso margen que tenía a disposición y los colores que no estaban endurecidos por el paso del tiempo, varias ideas que no acababan de convencerme, sintiendo los ojos clavados en la nuca de las bellas mujeres de aquella casa (la esposa y las hijas de Antelo, entre otras santas mujeres).

A Egüez le gustó lo que pinté (no me acuerdo qué resultó, al final, de tanto como me esforcé en cambiar líneas y acumular colores, buscando un contenido), y se quedó con el cuadrito. Y yo, aquella misma noche, de vuelta a Los Tajibos, dibujé en mi cuaderno de viaje este apunte que, pasados unos meses, traspasé a una tabla con acrílico. Se me había olvidado que titulé el primer esbozo «Poniendo a prueba la capacidad de destruir las carencias». Con el trascurso del tiempo, pinturas, dibujos y poemas, cobran dimensiones que no estaban allí cuando las imaginó el autor, quienquiera que haya sido.

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¿De quién la prisa?

18 junio, 2015 By amarias Deja un comentario

Un proverbio clásico que, al parecer, se convirtió en principio de actuación para los emperadores Augusto y Vespasiano, aconsejaba «Festina lente». Es decir, sin prisa, pero sin pausa. En lenguaje más elaborado: antes de actuar, piensa lo que vas a hacer; y una vez que has decidido lo más conveniente, hazlo.

Los acuerdos postelectorales entre los partidos y agrupaciones políticas que consiguieron representantes en las elecciones locales (municipales y autonómicas), en mayo de 2015, que resultaron obligados en muchas circunscripciones por la dispersión del voto, han traído como consecuencia que algunas de las listas más votadas no alcanzaron mayoría suficiente para conseguir vencer a otras coaliciones.

En la ciudad de Madrid, por ejemplo, el apoyo del PSOE (limitado a la investidura) a Manuela Carmena , independiente que figuraba en las listas de Ahora Madrid, la condujo a la alcaldía y, por tanto, a repartir los cargos principales del Ayuntamiento entre los concejales de su agrupación. En la Comunidad madrileña, el acuerdo entre el PP y Ciudadanos, ha aupado a Cristina Cifuentes a la posición de presidenta de esta corporación.

El panorama que se ha construido en Madrid, en la ceremonia postelectoral, es complejo, por su inestabilidad. Los partidos que apoyan a la investidura no gobernarán, convirtiéndose, por  tanto, en una primera policía que pretende garantizar determinados pactos que se han negociado después de las elecciones. La posición del PSOE, con el candidato Carmona actuando de consejero aúlico de la alcaldesa Carmena ha tomado ya tintes cómicos con el tratamiento dado a los cadáveres de animalillos asilvestrados que algunos concejales de Podemos guardaban en sus armarios curriculares.

Yo le oí decir a Esperanza Aguirre, Presidenta entonces de la Comunidad de Madrid, que «a los arquitectos había que matarlos a todos», y todos lo tomaron a broma simpática (salvo el decano del Colegio de Madrid, que pidió, y obtuvo, una disculpa).

No había leído hasta su feroz difusión mediática el tuit de Zapata -aficionado, parece, al humor negro, que es ese tipo de chascarrillo pestilente en que te mofas de gente con algún hándicap o de asociaciones y colectivos dignos de todo respeto, con el que se consigue despertar la carcajada estentórea de individuos que tienen algún trastorno mental-. Menos aún sabía del contexto en que difundió en la red su graciosidad respecto al Holocausto, que no sirve de disculpa, pero que es necesario considerar si se quiere enjuiciar el asunto con justicia.

Pero no es lo que me mueve a escribir estas líneas. Ni Zapata, ni Maestre, ni los casos que puedan surgir de comportamientos infantiles, puntualmente criticables o impropios de futuros líderes, me preocupan. Doy por admitido que, en cualquier trayectoria vital suficientemente extensa, si se buscan con ardor, y no digamos con saña, se encontrarán puntos oscuros, agujeros negros criticables, amistades peligrosas y comportamientos sospechosos.

¿Nos vamos a detener en eso, o vamos a dejarles tiempo a las nuevas corporaciones, sean del signo que sean, -todas ellas, democráticamente elegidas y acordadas- para que desempeñen su labor de la mejor manera posible?

Me gustó la respuesta de la recién elegida alcaldesa Carmena a una pregunta de la periodista Ana Pastor, apremiada sicológicamente a sonsacar algún titular para la entrevista que estaba haciendo en El objetivo (La Sexta), y que estaba siendo realizada justo el día en que había tomado posesión la regidora: «Ana, te doy un consejo: si quieres obtener buenas respuestas, espera a hacer las preguntas cuando te puedan responder.»

 

Publicado en: Actualidad, Política Etiquetado como: Aguirre, Ana Pastor, carmena, censura, El objetivo, festina lente, Mestre, política, tuit, Vespasiano, Zapata

El futuro de Telefónica (y 2)

16 junio, 2015 By amarias 2 comentarios

Quizá en la idea de que Telefónica, en tanto que empresa líder en el sector de comunicaciones, se maneja con soltura en escenarios virtuales, en los que se pueden reducir drásticamente los tiempos de transferencia de información, César Alierta dio por leído su Informe a  la Junta General de Accionistas. Me resultó paradójico, y me recordó esas sesiones en las que se da por leída el acta de la reunión anterior, con lo cual pocos se dan por enterados de lo que se aprobó y, por eso, los mismos argumentos se repiten una y otra vez, sin avanzar en lo que importa.

En fin. El folleto, de quince páginas (incluídas las que contienen, respectivamente, el Indice y una foto del Presidente, en postura de «ahí me las den todas»), alude al avance en «la transformación tecnológica» de la compañía, al «crecimiento orgánico» (que alcanzó el 2,6%) -atribuible al incremento del negocio en Hispanoamérica y, en menor medida, al impulso a los servicios digitales y a las «iniciativas de monetizar el tráfico de datos». Se trata de un informe optimista (demasiado), y quizá por eso los asesores del Presidente, dado el caliente caldo de tensión emocional que se preveía, optaron por pasar de puntillas por el trámite.

Hay que remitirse al Informe financiero -que tuve que solicitar expresamente-, para entender lo que está pasando en la compañía y, sobre todo, lo que puede pasar. Telefónica, con unos ingresos por ventas en 2014 de 50.377 Mill euros, ha perdido un 20% de facturación en relación con 2012.  Su resultado operativo antes de amortizaciones (OIBDA), que fue de 15.515 Mill euros, ha caído casi un 30% si lo relacionamos con ese mismo año. Y, aunque las amortizaciones aplicadas son casi 2.000 Mill euros inferiores a las de 2012, (aunque el informe del Presidente indica que 2014 «ha sido un año récord en inversiones, hasta casi 9.500 Mill euros»), el resultado final ha caído en un 35%.

Brasil se ha convertido en el principal mercado de Telefónica, con más de 100 millones de clientes, con un reflejo en la facturación total similar al de España (22,8% y 23,9%, respectivamente), aunque el mercado español está perdiendo eficiencia relativa.  La devaluación del real brasileño y el peso argentino frente al euro y la hiperinflación en Venezuela están influyendo muy negativamente en los resultados y, de mantenerse la situación, las perspectivas futuras del negocio de la compañía pueden terminar seriamente dañadas. Porque, aunque el número total de clientes crezca, si lo que pagan por el servicio -traducido a moneda fuerte- es una bagatela, salvo que los costes se lleven a la misma moneda que los ingresos, las pérdidas en la matriz no harán sino aumentar.

La dedicación que el Informe financiero realiza a los planes de retribución e incentivos de sus principales ejecutivos, me merece el calificativo de lamentable. Cierto que otras grandes compañías parecen muy sensibilizadas por garantizar unos altos honorarios a sus directivos de máximo nivel, y que pretenden presentarlos como vinculados a los resultados obtenidos, pero -y esta cuestión queda reflejada en los datos de Telefónica de forma bastante evidente-, no puede obviarse que son los Consejos de Administración y sus accionistas principales quienes seleccionan y aprueban tales propuestas, de las que los accionistas minoritarios son meros espectadores y, además, inocentes incompetentes para valorarlas.

Esta cuestión de la remuneración a los altos ejecutivos, que merecería un capítulo especial (y al margen de Telefónica), está relacionada, y directamente, con tres cuestiones claves de la sociedad globalizada: a) la obsesión de los grandes grupos empresariales por reducir costes, disminuyendo la mano de obra o desplazándola a países con menores salarios (en cuanto sea posible); b) la imposible vinculación convincente entre la «excelente gestión» y unos honorarios que están completamente fuera de toda comparación con los salarios del resto de los mortales, y levanta la incógnita acerca de lo que hace a esos hércules de la técnica y las finanzas tan eficientes, lo que despierta sospechas fundadas de que la economía tiene claves que no se estudian en ninguna escuela de negocios ; y, c) en fin, llevando la sinceridad del análisis hacia a una reflexión filosófica, la necesidad de reflexionar éticamente acerca de la distribución  de cargas, beneficios y responsabilidades entre los que soportan las servidumbres de una sociedad cada vez más tecnológica y deshumanizada y los que la disfrutan, con crecientes márgenes de satisfacción e individualismo.

El grupo Telefónica tenía en 2012, 272.598 empleados y en 2014 sostenía solo 120.497.  La transacción de Atento la liberó de 137.454 trabajadores en plantilla, que quedaron «externalizados» en su mayor parte. En Telefónica España, se perdieron, solo entre 2012 y 2014, 2.000 empleos (al final de este año tenía 29.840 empleados). Solo los más viejos del lugar tendrán presente que en 1996, Telefónica empleaba a más de 67.000 personas en España, cuando estaba controlada por el Estado. La privatización redujo la plantilla en más de 17.000 empleados entre 1999 y 2000, paso previo para un segundo ERE entre 2003 y 2007 que redujo en casi otros 19.000 esta joya de la corona tecnológica española, que tiene sus engastes muy deteriorados.

No tengo la bola de ver el futuro, pero puedo avistar que el camino del futuro de Telefónica y las grandes empresas de comunicaciones estará lleno de piedras agudas, y que el terreno tecnológico alcanzará más pronto que tarde una dicotomía disruptiva (entre quienes puedan pagarse los cada vez más sofisticados equipos y las empresas capaces de estar en la punta de lanza de los avances, y los que no puedan ni adquirirlos ni sostenerlos, y las empresas que no puedan competir para producir más barato y con  mayor calidad). Hay una burbuja generándose en el ambiente, y el tamaño sí que importa…pero por el daño que pueden producir los cascotes.

Encontrar una vía para avanzar por ese sendero, no se paga incentivando a altos ejecutivos. No tiene precio, en realidad, y resolver la dimensión para su desarrollo eficaz solo se logra involucrando a toda la sociedad que la sustenta: desde la investigación hasta el consumo; desde los operarios menos cualificados hasta los especialistas más sabios en reducir costes para dar un mejor servicio con una tecnología crecientemente sofisticada que, en este momento, no tiene límites conocidos y no se está generando precisamente en las grandes compañías, sino en pequeños think tanks dispersos por el mundo.

César Alierta tendría que haber expresado, en su discurso, su previsión de por dónde cree que van a ir los tiros. Que no provendrán, seguro, de ese par de decenas de alborotadores que me ensordecieron un viernes de junio de 2015.

Publicado en: Actualidad, Tecnologías Etiquetado como: César Alierta, ERE, Junta General, protestas, Telefónica

El futuro del Presidente de Telefónica

14 junio, 2015 By amarias Deja un comentario

El 12 de junio de 2015, Telefónica celebró la Junta General Ordinaria de accionistas, preceptiva para la aprobación de las cuentas del Ejercicio de 2014. Lo hizo, como en otras ocasiones, en el Pabellón de Cristal -en algunos sitios, designado también como «Palacio de Cristal», por confusión con el apelativo que corresponde al edificio singular ubicado en el Retiro- de la cada vez más deteriorada Casa de Campo de Madrid.

No suelo ir a las Juntas de esta compañía (aunque tengo Matildes desde el año de la pera), pero quería disponer de más información que la que dan los periódicos económicos, que, como es sabido, suele recoger la Nota de prensa que les proporcionan los servicios publicitarios de las empresas.

También tenía cierta curiosidad por ver a César Alierta ejerciendo en directo de mandamás de la compañía, en el que sería, según los más entendidos acerca de cómo se mueven, enrocan y retiran las fichas del gran poder, su último año como Presidente de Telefónica. José María Alvarez Pallete, actual consejero-delegado, tomaría el relevo.

Podía citar como cuestiones accesorias para justificar mi presencia en ese acto, que la hora de la convocatoria me era propicia (¿qué se puede hacer a la una de la tarde un viernes?), e, incluso, que prometían regalar un extensor para selfies como premio de asistencia, de esos que se compran en los chinos de todo a un euro. Sea como fuere, con quince minutos de antelación salía un servidor de la estación Lago del metro de Madrid -, para, siguiendo los confusos letreros indicativos, avanzar por la Avda.de Portugal hasta lo que suponía la gran fiesta de la Telefónica.

Gran decepción. Me esperaban dos horas bastante desagradables. Para empezar, el acceso al lugar de la Junta estaba fuertemente controlado. Había varias furgonetas policiales y más miembros de una empresa de seguridad privada transmitiéndose instrucciones por los pinganillos que si estuviera anunciada la actuación de Beyoncé.  Habían habilitado una  sola entrada, por la parte inferior del edificio, lo que obligaba a hacer un largo recorrido a los mortales de a pie.

¿Qué más?. Tuve que enseñar dos veces el DNI, pasar bajo arcos para detección de objetos metálicos y soportar la incómoda sensación de ser observado por decenas de ojos escrutadores. Nada que ver con la simpática recepción con las que nos obsequiaron a los asistentes al Fujitsu World Meeting hacía unos días, con japonesas en kimono haciendo reverencias…si hasta Angeles Delgado, la Presidente para España de Fujitsu me pareció que se había disfrazado de oriental para la ocasión.

Cuando solicité la Memoria de la empresa, un portavoz de un grupo de desocupados que se parapetaba detrás detrás de un mostrador con periódicos económicos de esos que ya nadie compra, me espetó que no disponía de tal información, como si le hubiera preguntado por el momento propicio para observar la lumictancia en el día. Ese mismo individuo, dos horas más tarde, habiendo decidido ya ausentarme del lugar, y ante mi exigencia de que me entregara un ejemplar, puesto que había visto algunos en manos de cuatro o cinco asistentes, sacó de un armarito que tenía a la espalda, al cabo de un rato, una Memoria, justificándose con un «Tenemos pocos ejemplares».

Nadie sabía nada del aparato para selfies, ni siquiera el fulano que parecía dormitar bajo un letrero que decía, prometedora y falsamente: «Atención al accionista».

Tan pronto empezó la Junta apareció claro la intención de este despliegue de medidas de seguridad e ineficiencia desenfocada. Los organizadores deseaban que el acto terminase cuanto antes: no hubo discurso del Presidente (que, para quien tuviese el interés por saber de él, debía solicitarse expresamente en los mostradores); y el secretario del Consejo cumplía los trámites legales a la máxima velocidad que le permitía su capacidad de dicción, atropellándose a veces.

¿Había habido amenaza de bomba, quizá? ¿Se trataba de abortar una protesta tumultuaria y agresiva de proveedores, accionistas o empleados descontentos?. No, no era eso. Ante más de mil accionistas y compromisarios, lo que se desveló era que un grupito de no más de veinte personas, con camisetas verdes, pancartas hechas a mano, silbatos y cornetines de juguete, se habían introducido en la sala, dispuestos a boicotear las intervenciones oficiales, y, en el turno de accionistas, preparados para exponer sus reivindicaciones laborales.

Por eso, desde que César Alierta abrió la sesión, sus palabras y las del secretario del Consejo, incluso las del Notario habilitado, -y aunque se elevó el nivel de megafonía al máximo admisible (demasiado para mis tímpanos)-, quedaron apagadas  por el acompañamiento estruendoso de ese grupo de alborotadores. «Alierta, cabrón, trabaja de peón», era alguno de sus delicados eslóganes. Más tarde, cuando intervinieron como accionistas (o sus representantes), expresaron reivindicaciones, según aclararon, como trabajadores de las contratas de servicios externalizados -sobre todo, de Movistar-, miembros de un sindicato minoritario del grupo Telefónica (despreciaron la representación de UGT y CCOO, a los que designaron como «vendidos»), y en nombre de quienes denominaron «falsos autónomos», exigiendo para todos un «sueldo digno»  y «la readmisión de los despedidos».

Me sorprendió que el presidente de Telefónica no supiera cómo atajar la protesta. Al contrario, la azuzó, con intervenciones improvisadas -introducidas entre las frases del texto que leía en cumplimiento de los trámites reglamentarios- afeando la conducta de los que protestaban, a los que tildó de antidemócratas y de irrespetuosos, e incluso los retó a manifestarse así «en la cafetería».

Tenía razón al estar disgustado, desde luego, porque le chafaron la exhibición de su gestión. Pero alguien que cobra casi seis millones de euros al año y cuenta con un equipo de asesores excepcionalmente bien pagado, podría saber que tenía en sus manos la forma de reconducir la protesta, y conseguir el aplauso del millar largo de accionistas -en su mayoría, jubilados sin ganas de aguantar jaleos, y atentos a que les dieran el selfie y los canapés al final del acto-, con unas palabras elegantes. Por ejemplo:

«Ruego a los señores accionistas que están silbando y gritando mis intervenciones y las del Sr. Secretario, que respeten el deseo de la mayoría de accionistas y, desde luego, de este Consejo, de que la Junta se realice con la mayor cordialidad y de acuerdo con las prescripciones legales. Y, desde luego, en el turno de intervenciones previsto, dispondrán de los diez minutos reglamentarios para exponer sus razones de discrepancia. Y si necesitan más tiempo, saben que estoy a su disposición para dedicarles el que haga falta, escuchar sus opiniones y atenderlas, en lo posible y en cuanto sean justas, en mi despacho en la empresa, siempre abierto»

(continuará)

Publicado en: Actualidad, Tecnologías Etiquetado como: César Alierta, futuro, informe del Presidente, Junta General, Telefónica

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