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Malos tiempos para la mesura

12 mayo, 2018 By amarias 5 comentarios

Siempre pensé que me había tocado vivir en una época interesante, pero la terca realidad parece dispuesta a demostrarnos lo contrario. Con una mayoría de españoles nacidos después de la guerra incivil, y aún conscientes de que las heridas que produce haberse matado entre hermanos y vecinos supurarán siempre, tuvimos la ventana de oportunidad de una democracia que nos acercó a la visión de libertades y tolerancia como ningún otro ciudadano del mundo hubiera soñado.

Tuvimos mucha suerte, pues los avances sociales alumbrados por los inexpertos dirigentes de un reconstruido partido socialista no quedaron en agua de borrajas, sino que sirvieron de plataforma de continuidad para un equipo que caracterizamos como de derechas (calificación que, por otras latitudes, allí donde todo el país está escorado hacia el puro capitalismo, se les hubiera discutido). Estábamos haciéndolo distinto, y nos parecía que muy bien. Los aplausos, el recelo envidioso, el expectante vaticinio de nuestro descalabro -en su caso- de quienes nos habían menospreciado hasta entonces nos calentaban el cogote.

Pero todo empezó a deteriorarse sin que aún podamos entender las razones verdaderas, ni los mejores historiadores nos lo han conseguido explicar aún. No hay una clara línea divisoria entre los errores cometidos por los partidos de gobierno, que marcaron una inestabilidad agudizada por la mala gestión de las crisis: guerra de Irak, ley de extranjería, burbuja inmobiliaria, crecimiento de la población activa, incongruencias en la planificación de los recursos hídricos, posiciones estrafalarias en política internacional, corrupción, nacionalismos resurgentes, etc.

Los españoles aprendimos de pronto que los nuevos políticos nos mentían. No estábamos en una dictadura, desde luego, pero las cosas se aproximaban peligrosamente a una anarquía en la que los que estaban arriba miraban demasiado por sus intereses particulares. Y, cuando sucede algo así, todo el que puede atiende preferentemente por sus intereses particulares y los de sus allegados, allí donde se percibe el descontrol.

No pretendo realizar un repaso a la reciente historia de nuestro país, pero no puedo por menos que poner de relieve que, en lo que se refiere a este concreto momento, nos pesan demasiado las malas noticias y, aún peor, el desencanto de sospechar que no podemos fiarnos los unos de los otros.

El mayor problema actual (12 de mayo de 2018) es, sin duda, Cataluña, que está siendo guiada hacia su propio desastre y, por tanto, empuja el de una gran parte de la economía de todo el país que aún llamamos España. Los que conducen el timón, con la apariencia del respaldo mayoritario de los votantes de una democracia que ya sabemos que se ha corrompido, están poseídos del enajenamiento de su pretensión de entrar en la Historia, desde la involución más rancia, recuperando la independencia del capitalismo regional, el aislacionismo tan egoísta como cutre, la insolidaridad. Vuelta, pues, al pasado de las tensiones, los desencuentros, las batallas dialécticas y, puede ser, físicas.

No le veo solución a este problema, porque no se puede negociar con enajenados, iluminados, visionarios que se jactan de estar enviados por los dioses para avanzar haca una tierra prometida que no existe más que en su imaginación.

Desde luego, la judicialización del tema es un error, pero no cabía otra opción. La cuestión es que la aplicación del Derecho tiene muy mala vuelta atrás, e iniciado el pulso con los levantiscos por esa vía, solo cabe el aplicar la parafernalia penal, hasta el final. Hasta que se sofoque el incendio. La resistencia empecinada de los que apoyan a los secesionistas, de no conseguirse que ceda, provocará muertos. Es un milagro que no los haya habido aún, y solo lo puedo achacar a la disciplina y aguante de las fuerzas del orden.

Me gustaría poder escribir que los verdaderos problemas económicos y sociales del país (los que nos afectan a todos y a no a minorías incalificables) están siendo tratados en los foros políticos. No es evidentemente así, y lo atribuyo a una falta de capacidad intelectual y pragmática muy importante. Me resulta descorazonador que el partido de gobierno nos mienta tan descaradamente. El tufo de las prebendas repartidas, de los títulos académicos falseados, de las empresas con resultados amañados, del lenguaje de superioridad y de la falta de sensibilidad social ahoga.

Me parece también increíble que no pueda concretarse una alternativa de renovación que nos cure del desgobierno y la ausencia de diálogo. No creo que el PSOE en solitario la constituya, por supuesto, atenazado por su propia corrupción e ineficacia. Me parece que el complejo artificial construido entre los machos y hembras alfa de Podemos y la ingenua colaboración del equipillo que navega con los restos de Izquierda Unida, nos ha decepcionado ya suficientemente como para no concederle credibilidad absoluta y, sobre todo, la capacidad de conocimiento del mundo real, que nos evitaría caer en un desastre o una debacle sin precedentes.

En este contexto, que la prensa y los otros partidos se vuelquen contra Ciudadanos y sus representantes, se me antoja un síntoma más de lo miserable del momento. A sus dirigentes se debe lo más sensato de lo que estamos escuchando. Sí, son gente de derechas, es decir, de orden, de sensatez. No nos llevarán a una revolución, sin duda. Pero necesitamos calma, mucha calma para restañar las heridas del guirigay al que nos condujo, pardiez, nuestro permanente complejo de no querer trabajar juntos, de querer ser el gallo de la quintana, el que se lleva el santo y la peana.

En fin, entiendo que estamos abocados a un gobierno de concertación, de revisión de postulados, de encaje de las intenciones de cada sección, sin pretender la imposición a los demás de lo que solo representa una valoración desde una minoría.


Unas agujas colinegras (limosa limosa) se disputan un bocado apetitoso (en otras fotos de la secuencia pude detectar que se trataba de un cangrejo), con el transfondo indolente de una polla de agua. En los marjales herbosos de Doñana, en marzo de 2018, cuando los bandos de primavera de estas limícolas son numerosos, ya en los inicios del período de cría, que se convierten en espectáculo ruidoso.

Publicado en: Actualidad, Cataluña, Política Etiquetado como: aguja colinegra, Cataluña, Ciudadanos, Partido Popular, política, PSOE, situacion

Cuento de invierno: Paradigma erróneo

16 enero, 2014 By amarias2013 Deja un comentario

Cuando los castores y las comadrejas se pusieron como locos a fabricar casas para los cerditos, los patos, los gallos y gallinas, todos se pusieron muy contentos.

Por una parte, eso significaba trabajo abundante. De una forma u otra, casi una tercera parte de los puercos, anátidas y gallináceas estaban empleados en el sector de la construcción, lo que significaba que tenían dinero para pagar las cuotas de los créditos con los que pagarían, en cómodos plazos durante decenas de años -incluso más allá de su esperanza de vida-, las casas de las que podían considerarse propietarios desde el mismo momento en que se ponía sobre el terreno la primera piedra.

¡A, las casas!. Las había de todas las categorías y diseños imaginables. Se podía elegir, de acuerdo con los gustos, con duernos de piedra, de madera de castaño o de roble; los dormitorios tenían lechos de paja fresca o cemento armado, las corralas comunitarias estaban provistas de agua corriente; incluso las había con vistas al campo o al matadero; con ventilación forzada o calefacción por suelo radiante.

Por supuesto, se construyeron muchas carreteras, puentes, vías férreas y hasta aeropuertos para que todos pudieran visitar cuando quisieran a sus familiares y amigos, pudieran conocer otros mundos y aumentar su felicidad hasta donde la curva de satisfacción alcanza prácticamente su asíntota.

Todo estaba, además, controlado y garantizado. El lema de tan frenética actividad constructora, que no podía ser más encomiable, gozaba con la máxima protección del Estado. Se habían impreso miles de pasquines para difundir el objetivo: Ninguna familia, sea de anátidas, gallináceas o puercos sin un espacio de pocilga propia.

Los injustamente temidos cánidos -ya fueran lobos de bosque abandonado como hienas de dehesa protegida-, se portaron también de forma espléndida. Concedieron, tanto a los castores como a las comadrejas como, por supuesto, a los cerditos, todo tipo de facilidades. No importaba te alimentabas de bellota en la montanera o te contentabas con desperdicios de una cloaca. Aunque no fueras ni comadreja, aún teniendo aspecto de ratoncito de campo o de oveja churra, si tenías un terreno en donde implantar una granja, los depredadores te concedían un crédito de inmediato.

-Ya nos pagaréis después-, decían los lobos de pradera y las hienas de la dehesa, con su mejor sonrisa sardónica.-Lo importante es que tengáis una pocilga o palo de gallinero propios en la que poder crecer como corresponde a vuestra dignidad y naturaleza.

Un día, sin saber por qué, los confiados animales se encontraron con que las tornas cambiaron. Los castores y comadrejas no tuvieron créditos y los cerditos, patos y gallinas, perdieron su trabajo, con lo que no pudieron pagar los recibos que les llegaban de las pocilgas y palos de gallinero que habían comprado, por lo que se encontraron con que no eran propietarios de nada más que de unos papeles pringosos.

Los hechos se aceleraron. Había miles de pocilgas y gallineros que no habían podido venderse, y los castores y comadrejas se encontraron entrampados hasta las cejas. Miles de puercos, patos y gallinas perdieron sus casitas, y se vieron de patitas y pezuñitas en la calle.

El precio de las pocilgas y palos de gallinero cayó por los suelos. Nadie podía pagárselo, a pesar de todo, porque no había dinero…Los únicos que podían permitirse aprovechar la situación eran algunos lobos de pradera, hienas de la dehesa y, sobre todo, los tigres de Bengala y los tiburones de Madagascar, que tenían liquidez para cualquier cosa.

Y vaya si la aprovecharon. Se hicieron rápidamente con casi todas las pocilgas y palos de gallinero que los confiados puercos, gallos, gallinas y patos no habían podido pagar, y que les fueron arrebatados, viendo cómo servían para nada los dineros que habían entregado hasta entonces.

Pasó algún tiempo y uno de los cerditos escribió un artículo muy curioso en el periódico del País de los animales. Decía, más o menos:

Seguimos necesitando lugares donde vivir, comida que llevarnos a la boca y, aún reconociendo la dificultad, nos gustaría intuir mejor nuestro destino como animales de granja, para ser algo más felices hasta que lleguemos a él. Construir pocilgas y palos de gallinero nuevos sigue costando lo mismo, o más, que hace unos años, y, sin embargo, los depredadores están comprando las pocilgas y palos de gallinero que ya están construídas a precios muy inferiores, aprovechándose de la necesidad de los castores y comadrejas y, por supuesto, de nosotros, los animales de la granja. Estoy seguro de que piensan volver a vendérnoslas dentro de poco, otra vez, al mismo precio o superior al que en su momento pagamos. Así nos veremos obligados a comprar la misma cosa dos veces».

Apareció solo en la primera edición del periódico. En las siguientes, fue vilmente censurado.

FIN

Publicado en: Cuentos y otras creaciones literarias Etiquetado como: constructora, cuento de invierno, cuentos, edificación, erróneo, mercado, paradigma, sector inmobiliario, situacion, vivienda

Si me lo tararea…

14 diciembre, 2013 By amarias2013 Deja un comentario

¿Saben de aquél que entra en un bar de copas y pide una bebida cualquiera y cuando se lleva el vaso a los labios aparece un mono que le introduce groseramente sus testículos en el recipiente? El tipo que atiende en la barra, le vuelve a servir varias veces el combinado, pero el macaco repite otras tantas la operación, para desesperación del cliente y del camarero.

En el local únicamente hay una tercera persona, que, con profesional dedicación, enlaza en el piano piezas románticas, a la espera de que lleguen más clientes. El contrariado bebedor se acerca a él, y le pregunta, poniendo el vaso sobre el instrumento:

-¿Sabe de quién cojones es el mono que mete los huevos en la bebida?

El pianista le mira con los ojos distraídos.

-No lo sé, señor. Pero tal vez si me lo tararea…

Cuando me constituyo en el desalentado observador de nuestra sociedad, en la que, ante los menores vestigios de que, por fin, parece que recuperaremos la tranquilidad económica y social, aparece en escena un elemento perturbador, que, sin ánimo de polémica, juzgo desagradable, me pregunto de quién es el interés para desbaratarlo todo.

Algunos de los hechos estaban ahí, y no hemos sabido o querido descubrirlos. La corrupción de ciertos personajes, su voluntad falsaria de enriquecerse a costa de los demás, no son cosa nueva en el panorama del despilfarro; haberlos detectado no nos hace más pobres, solo más sabios, y por ello, deberíamos dejar que la Justicia hiciera de lo suyo, y atender con mayor ahínco, por nuestra parte, a la generación de actividad y riqueza, eliminados de la escena quienes nos mentían con sus actos, palabras y mensajes de complacencia.

Otras interferencias son nuevas, es cierto. Los movimientos separatistas catalanes, las intenciones de destruir una parte de lo conseguido en lo que llamábamos sociedad del bienestar, la falta de discusión en los temas sustanciales relativos a investigación, educación, sanidad, defensa, desarrollo,… revela una carencia de liderazgo, una voluntad de marear, conscientemente, la perdiz.

No me atrevo a valorar lo que está pasando. me faltan, supongo, datos sustanciales, y me sobra ruido de fondo.

Pero si alguien me lo tararea…

Publicado en: Política, Sociedad Etiquetado como: cojones, desconcierto, escena, mono, pianista, situacion, sociedad, tararea, tranquilidad

Cuento de otoño: La hormiga picajosa y el escarabajo pelotero

23 septiembre, 2013 By amarias2013 Deja un comentario

En un hormiguero de cualquier apartado territorio, que no merece la pena detenerse en ubicar exactamente, en el que había decenas de miles de montículos poblados cada uno por cientos de miles de hormigas idénticas, vivía una hormiga.

¿Una hormiga en un hormiguero en un campo atiborrado de hormigas? Podrá parecer una tontería. Desde luego, considerada como insecto, era físicamente igual a las demás; incluso para un entomólogo avezado, carecía de la menor característica que la hiciera peculiar, dentro de su especie.

Sin embargo, por una mutación cuya explicación correspondería a los analistas de las mutaciones inextricables, había nacido con una deformidad en el cerebro, lo que le había dotado de una particular cualidad, sin interés para las hormigas, pero, si llegara a ser descubierta por alguien que fuera capaz de contemplar el mundo de estos insectos desde arriba, y analizarlo, podría constituir un hallazgo asombroso.

La cualidad en cuestión, como se carecía de antecedentes que pudieran referenciarla al mundo de las hormigas, no tenía nombre. Al no tener consecuencias físicas -no suponía, pongamos por caso, una cabeza sobredimensionada-, pasaba desapercibida. Para apreciarla, era preciso tener visión de conjunto, lo que solo se alcanza observando la situación desde fuera. Y es un principio irrebatible del campo de la filosofía que ningún ser, ya sea humano o león u hormiga, puede entender la esencia de su naturaleza con los instrumentos propios de la misma. Vamos, que no se puede ser al mismo tiempo observador imparcial y objeto sometido a experimento.

Esa es la razón por la que en cualquier hormiguero, todas las hormigas se esfuerzan en cumplir su destino de una manera ciega, constante, incansable. Aunque no sepan jamás en qué consiste ese destino.

Como consecuencia de esa anomalía cerebral derivada de un par de enlaces estrambóticos en la cadena de los ADNs, la hormiga sobre la que escribo tenía la capacidad de analizar el trabajo del hormiguero como si no fuera, exactamente, una hormiga. Lo que no le impedía, dado que esa virtud o defecto permanecía ignorada para sus semejantes, las demás hormigas trabajadoras, cumplir aparentemente con su destino. Se afanaba, como las demás, en ir y venir, comunicando, cuando correspondía, con el roce de sus antenas con las que se cruzaba en el camino, lo que era determinante para la subsistencia de la colonia: dónde había comida, una colega malherida o muerta, la humedad ambiental o que había llegado la hora de ordeñar a los pulgones.

La cualidad de observar el trabajo de las hormigas, la convirtió, con el paso del tiempo, en una hormiga picajosa. Hacía lo mismo que las demás, desde luego, pero sin ver en ello una consecuencia propia de su naturaleza, sino con ansiedad. ¿Por qué hacer todos los días lo mismo? ¿Para qué? ¿Qué ventajas tiene el poblar la tierra de hormigas?…Y cosas por el estilo.

Para entender su desequilibrio, era como un pájaro con cuerpo de hormiga. Ni las hormigas soldado -encargadas de velar que no se colaran intrusos en el hormiguero, y deshacer con sus fuertes mandíbulas cualquier intento de desequilibrar el orden imperante, cualquiera que fuera éste-, ni las hormigas aladas -a las que se encontraba atravesadas en cualquier galería, holgazaneando, a la espera de que fueran llamadas para satisfacer los deseos sexuales de la hormiga reina-, ni la propia hormiga reina o su cohorte de admiradoras, serían capaces de entenderlo.

Por eso se cuidaba muy mucho de disimular, de forma que la procesión iba por dentro. Pero la hormiga de esta historia se pasaba muchas horas preguntándose el para qué de las cosas que hacían las hormigas.

En esas estábamos, cuando la casualidad quiso que se encontrara en el camino de un escarabajo pelotero. El escarabajo conducía su pelotita de estiércol fresco a su agujero, y, afanado como estaba en darle patadas a su deliciosa inmundicia, no reparó en que, en una de esas vueltas, se le pegó la hormiga.

-Héme aquí, por fin -reflexionaba la hormiga, mientras la cabeza le daba vueltas- a punto de conocer cuáles son las razones de los animales superiores. Este animal, que, por su tamaño y fortaleza, ha de tener las claves del comportamiento de las hormigas, me está conduciendo a su mundo, que, por lo que huelo y veo, es un paraíso de alimentos sabrosísimos y, supongo, de otros placeres.

Fue uno de los últimos pensamientos que alcanzó a terminar la hormiga, pues, embriagada por olores de tal intensidad, a los que no estaba acostumbrada, entró en una especie de éxtasis, lo que le salvó de sentir las certeras dentelladas con las que el escarabajo la convirtió en su alimento principal aquél día.

No consta que se dieran posteriores mutaciones en el mundo de las hormigas. Por ahora, al menos.

FIN

FIN

Publicado en: Cuentos y otras creaciones literarias Etiquetado como: angel arias, cuentos de otoño, escarabajo pelotero, esencia, experimento, hallazgo, hormiga picajosa, imparcial, naturaleza, observador, situacion

La vuelta a la Edad del Cobre

14 junio, 2013 By amarias2013 Deja un comentario

Estamos, en realidad, en la Epoca de las commodities, que es una forma un tanto vergonzante de empaquetar fonéticamente todo aquello con lo que se comercia, y desde que alguien descubrió que podía hacer mucho dinero con la basura, es posible afirmar sin equivocación que no hay nada sin precio.

El Foro España Innova, una actividad del hiperactivo Nueva Economía Forum, que apoyan con dineros El Corte Inglés y la Fundación Areces, y con alientos algunas instituciones públicas, nos invitó a unas doscientas personas a un «desayuno informativo» con Javier Targhetta Roza, el 10 de junio de 2013. Fue en el Hotel Ritz, de Madrid.

Es Javier Targhetta -vicepresidente de FCX y Presidente de Attlantic Copper S.L.U.(1)- uno de esos ingenieros de minas a los que no tengo más remedio que seguirles la pista, y envidiarlos secreta y públicamente, por lo que ha conseguido y por cómo lo hace. Otra de mis referencias es Matías Rodríguez Inciarte, economista, vicepresidente de BSCH, también asturiano, también de mi misma edad, y al que conozco desde niño, porque nuestras familias eran amigas.

Matías fue el telonero de lujo de Javier. En la presentación de Targhetta, Rodríguez Inciarte recordó una frase de Bill Gates: «El mayor negocio es hacer amigos», y, en un cálido repaso por la biografía llena de hitos de Javier, no dejó sin mencionar que ambos pertenecían a la Cofradía de «Asturias Patria Querida» (APQ). asociación fundada por José Luis Alvarez Margaride (q.e.p.d.), que aglutina a los asturianos ilustres desterrados en Madrid y a la que, por mi propia desidia, o por no cumplir la segunda de las condiciones, no pertenezco.

Javier Targhetta presentó el grupo y el mercado internacional de las materias primas en las que trabaja -fundamentalmente el cobre- de una forma clara, concisa, brillante. En algunos aspectos, su ponencia recogió temas que ya había presentado en el IIE hacía unas semanas. En otros, y sobre todo, al hilo de las preguntas en el coloquio, que contestó con sinceridad, dejó reflejada su posición en relación con los temas económicos, energéticos y mineros.

Abogó por una Unión Europea que al 20-20-20 que tenemos tan repetido, incluya el 20% del PIB dedicado al sector industrial, después de haber expresado que España está cuatro o cinco puntos por debajo (aunque en la media europea) y que Andalucía, con su 34% de paro, anda por el 11%, lejos del 27% del Pais Vasco, que solo tiene al 13% de su población activa sin empleo.

(continuará)

(1) Pronúnciese Cúper, en cruce mental con Gary Cooper, y se permitirá así que cualquier empleado de la multinacional en España le corrija, y, con ello, se abrirá el comienzo de una posible amistad.

Publicado en: Ambiente, Internacional, mineria Etiquetado como: APQ, Asturias patria querida, Atantic Copper, BSCH, cobre, commodities, Corte Inglés, Foro Nueva Economía, Margaride, Ramón Areces, Rodríguez Inciarte, situacion, Targhetta

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