Al socaire

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Recuerdos a la madre

4 octubre, 2019 By amarias 2 comentarios

Hace ya 53 años (el 3 de octubre de 1966) falleció mi madre. Su aniversario es un momento especial para recordarla. Y lo hago con tres sonetos, dedicados a su memoria, que están incorporados a mi libro Sonetos desde el Hospital, recientemente publicado (Editor: Angel Arias, precio 10 euros, de los que 5 se destinan a la AECC).

1

Aquel rostro que dio calma a mis manos,
y de labios de amor primeros besos;
ojos que sembraron paz y embelesos
con que crecer como inocentes, sanos,

se volvieron ceniza y polvo y huesos,
ejemplo de dolor, vez de gusanos,
espejo en que vi límites humanos,
cántaro roto, fuente para excesos.

Hace años que besé la calavera
y aparté tierra de los restos tiesos,
y pedí nos curase la ceguera

y retornara a la niñez, ilesos.
Cayó el silencio, y tras larga espera,
percibí fuerte aroma de cantuesos.

2

De esa muerta asomada a una ventana
guardo el recuerdo vivo y no perece
la luz que alumbra la cuna que mece
con su mano blanca, mi madre sana.

Pasan los años y mi afecto crece
alimentado de amor en su peana
y la saco a pasear cada mañana
y le compro un helado si apetece.

Esa mujer teje jerséis de lana
que protejan del frío cuando empiece
y me ofrece un caldo o una tisana

sin que logre moverla de sus trece.
Peino su cabellera ya algo cana
con estrellas del campo que florece

y lágrimas que mi dolor emana.

3

Fue en este mismo banco que hoy escojo
para aliviar mi dolor, donde antaño
se sentara mi madre año tras año
mientras yo daba vueltas a mi antojo.

Su recuerdo me envuelve como un baño
de relajante paz y así a remojo
me curo suavemente y me sonrojo
al advertir lo frágil de mi daño.

Confiado por saber que tiene cura
el mal que me atenaza, tengo prisa
en volver sano y salvo a la cordura.

Acude un enfermero que me avisa
que estoy mucho mejor de la locura.
Mi madre muerta esboza una sonrisa.

(Del Libro Sonetos desde el Hospital, 2019, @angelmanuel arias)


 

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Sonetos desde el Hospital

20 septiembre, 2019 By amarias 2 comentarios

Ya tengo en mi poder los ejemplares de la edición Sonetos desde el Hospital. Me decidí a editar el libro yo mismo, recogiendo en él casi 130 sonetos y doce dibujos a todo color (incluido el de la portada, que reproduzco aquí, en una fotografía que realicé con el móvil y poca luz. Algunos de los sonetos ya fueron recogidos en este blog, pero la mayoría estaban inéditos. Recojo, a continuación, el primero de la recopilación, escrito cuando estaba aún convaleciente en el Hospital. Advierto, sin embargo, para quienes no agrade la temática hospitalaria, que pocos de los sonetos tienen que ver no con la enfermedad, sus cuidados o los estados de ánimo que provoca encontrarse más o menos delicado de salud.

A solas, desnudo y harto dolorido,
veo pasar el tiempo como un lujo
y si rompe el silencio algún sonido,
no aportará a la noche paz o embrujo.

Conteniendo ayes, mi magín estrujo
para escribir dos líneas con sentido
y tantas son las ganas con que empujo
el deseo de verme, aun yendo herido,

liberado de este cuarto de hospital
donde hago de paciente el cometido
que, sin reparar que me siente bien o mal,

por volver a mi sitio preferido,
soy capaz de ocultar que estoy fatal
y copiar de alguien sano el parecido.

El libro se vende a 10 euros, y por cada ejemplar vendido donaré 5 euros a la Asociación Española Contra el Cáncer (AECC). Como la edición consta de 1.000 ejemplares, si los vendiera todos, como espero, al final de este año o principios del siguiente haré la entrega de un cheque por la cantidad de 5.000 euros a la indicada Asociación.

Espero poder organizar una pasarela de pago para aquellos que quieran adquirirlo con entrega en su domicilio. De momento, puedo enviarlos contra reembolso o, si coincidimos en alguno de los recitales que estoy preparando, haceros la entrega directamente y así podré dedicároslo si lo deseáis.

Gracias por la difusión.

Publicado en: Personal, Poesía Etiquetado como: AECC, angel arias, angel manuel arias, difusión, donación, recital, sonetos, Sonetos desde el Hospital

Soneto: Volviendo de buscar hallar reposo

18 julio, 2019 By amarias Deja un comentario

Volviendo de buscar hallar reposo
alejado del ruido y de la gente
por tratar de librarme del acoso
que me produce el carajal vigente,

me encontré con un viejo que, gozoso,
sentado a buen resguardo del relente
fumaba en su cachimba algo oloroso,
con tranquilo semblante muy patente.

«Buenas tardes, anciano, ¿qué se siente
para tener aspecto tan dichoso
a pesar de los males del presente?»

Atusando su bigote ya canoso,
el hombre contestó, mostrando un diente:
«Según me venga el aire, escupo o toso».

(@angelmanuelarias, «Sea por instinto» Opus 51, 2019)

Nota al pie: Está ya terminada la impresión de mi libro de Sonetos desde el Hospital, que ofrezco a la venta por diez euros (más gastos de envío por correo, en su caso). El ejemplo, junto a los más de 130 sonetos, tiene también 12 láminas a todo color, reproducción de otros tantos de mis dibujos.

Si os parece, ayudadme a difundir esta noticia literaria, que afronto con ilusión y riesgo (asumible) económico. También agradezco que me indiquéis si tenéis relación con Ateneo, Círculo literario o Foro poético regionales en donde se me da la oportunidad de ofrecer un recital, y comentar de paso algunas de mis razones poéticas.

,,,

El fotografiado esta vez es un críalo (clamator glandarius), sorprendido a las orillas del río Tajo, oculto entre el ramaje de uno de los álamos de la orilla. Perteneciente al orden de los cuculiformes, junto al cuco, esta curiosa ave, difícil de sorprender, se comporta igual que su compañero de orden, aunque dicen los expertos en ornitología que actúa de forma más benigna. Esto es así, porque el críalo, como el cuco, aprovecha la ausencia de sus nidos de la pareja de córvidos (típicamente, urracas) a las que va a depredar, para colocar su huevo entre los de la nidada que están empollando.

Pero, a diferencia del retoño del cuco, que, provisto de poderosas espaldas desde su nacimiento, elimina del nido a todos los polluelos de la especie hospedante, éste suele perdonar a algunos la vida, dándose el caso curioso en la naturaleza de que es alimentado, sin que los padres adoptivos reparen en la desproporción de tamaños y las diferencias genéticas, junto a sus falsos hermanos de nidada supervivientes.

Ayer volví a la zona, y pude fotografíar, en su huída, a un inmaduro de esta curiosa especie, imagen que ofreceré a los seguidores de esta historia paralela para aficionados a la observación de aves en mi próximo comentario.

Publicado en: Poesía Etiquetado como: angel arias, críalo, Sea por instinto, soneto

Soneto: La sombra centenaria de un olivo

30 junio, 2019 By amarias 4 comentarios

La sombra centenaria de un olivo
me recoge con arrullos de alegría
y me ensancha la serena paz del día
alzando la consciencia de estar vivo.

Del pasado que llevo estoy cautivo
pero esta calma en la soledad sombría
pone a mi calentura compresa fría
y me regala las fuerzas con que esquivo

saber que en la quietud tristeza crece.
Potente trino de alondra estrena alas
al impulso de amar que emprende el vuelo

y consciente que el tiempo ya anochece
bajo de golpe todas las escalas
volviendo a tierra caído desde el cielo.

(Con las mismas rimas que el Soneto de Miguel Hernández «Sonreir con la alegre tristeza del olivo», al que está dedicado)

@angelmanuelarias (Soneto 49 del libro «Sea por Instinto».)

Tengo en imprenta el libro «Sonetos desde el Hospital», en el que incluyo 12 láminas a todo color que son reducciones de otros tantos de mis dibujos y que espero tenga un éxito razonable.


El zorzal charlo (turdus viscivorus) de la fotografía fue una de las aves que pude fotografiar desde el exterior de la verja en una frustrada visita al Observatorio ornitológico de Villafáfila, que estaba cerrado.

No puedo menos que lamentar el poco apoyo que recibe ese magnífico lugar, en principio, para la observación de aves, y que ha visto en los últimos años, reducido su personal y limitado a un único día y en horas intempestivas el horario de visita. Lo que sería un acicate estupendo para impulsar la castigada economía de la zona, se ha vuelto en un recinto disuasorio para los amigos de la contemplación y estudio de la avifauna, ya que lo más probable es encontrarlo cerrado.

El zorzal charlo es mayor que el mirlo, distinguible del zorzal común por las grandes manchas pardo negruzcas de la zona ventral. Aunque más habitual en zonas montañosas y boscosas, este animal ha elegido, a lo que parece, la zona húmeda y su arboleda circundante de la laguna de Villafáfila más inaccesible. Las manchas del zorzal común, muy parecido (de menor tamaño) están más alineadas y tienen forma de «uve»

Publicado en: Poesía Etiquetado como: Miguel Hernández, olivo, soneto, Sonetos desde el Hospital, zorzal charlo

Soneto: Manchas de sangre son, salpicaduras

17 mayo, 2019 By amarias Deja un comentario

A Pere Gimferrer

”El ocaso gasta en salpicaduras” (con las mismas palabras de las rimas y en el mismo orden, que su soneto)

Manchas de sangre son, salpicaduras/de cuantos fusilaron contra el muro/y esas huellas y marcas, rozaduras/ de uñas de tanto muerto prematuro.//Ante tales señales, alma acampa/entre gritos de pánico celeste/componiendo la quejumbrosa estampa /mientras reniega de su esencia agreste.//Postrándose de hinojos, caen las hojas/del árbol del dolor, y se hacen rojas/de vergüenza, victorias; los fulgores/ de méritos se queman en la llama/de la antorcha que lleva quien reclama/ser el héroe, acreedor de resplandores.

(Del libro “Sea por instinto” Soneto 45, @angelarias)

—-

La foto corresponde al Museu Aureli Capmany

Publicado en: Personal, Poesía Etiquetado como: angel arias, Barcelona, Museu Capmany, Pere Gimferrer, soneto

Soneto: Caerán tiernas verdades a la tierra

16 mayo, 2019 By amarias 2 comentarios

A Quevedo

”Fue sueño ayer, mañana será tierra “, con las mismas rimas que el soneto que así empieza

Caerán tiernas verdades a la tierra/y tercas objeciones se harán humo,/en tiempos de olvidar como presumo/ viejos anhelos que el pasado  encierra/y, a base de restar, al cabo  asumo /que reservas de amor pronto consumo.//El presente cualquier vestigio entierra/de restos de placer con que has llegado/arriesgando a que un falso movimiento/te haga pasar de osado a despeñado.//Disfruta sin reparos del momento/descartando el andarte con cuidado,/pues no falta al valiente un monumento.

(Soneto 44 de “Sea por instinto”, @angelmanuelarias, 2019)

PS. Con el deseo más cálido que mi querido hermano Juan Carlos, hospitalizado desde ayer por causa de un repentino infarto, se recupere rápido y completamente.

(Foto: En la ruta del Lobo, Belmonte de Miranda, Asturias)

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Soneto: Hagamos una pira y en la hoguera

1 mayo, 2019 By amarias Deja un comentario

Hagamos una pira y en la hoguera
donde al fuego el carbón raudo crepita
dejemos que también el odio muera
y, con él, la ocasión que al mal invita.

Que no falte al hogar mucha madera
para que arda con gusto cuanta cuita
nos causa desazón y, sin espera,
tiremos sinrazón que el goce evita.

Una vez que el fulgor desaparezca
revisemos con rigor que las cenizas
no guarden rescoldo en el que crezca

deseo ni ambición, y hagamos trizas
cualquier señal que la atención merezca.
Porque encontrarás paz, si no analizas.

(Soneto del libro «Sea por instinto», @angelmanuelarias, 2019)

—

Un mirlo de agua ((cinclus cinclus) alimenta a su cría, ya talludita, a la orilla del río Pigüeña, en Belmonte de Miranda, Asturias, Esta preciosa ave, inconfundible aunque no tan fácil de ver por su mimetismo y los lugares donde habita (junto a torrentes y cursos de agua impetuosos), bucea para encontrar los invertebrados (larvas de insecto, fundamentalmente) que le sirven de sustento. El joven del mirlo acuático tiene el plumaje grisáceo -el adulto es negro pardusco, menos la pechera, de un blanco que aparece refulgente-; también se distingue por su aspecto más esbelto y las barras onduladas del vientre.


 

 

Publicado en: Poesía Etiquetado como: angel arias, hoguera, mirlo acuático, pira, soneto

En el día de los bosques, los títeres y la poesía

21 marzo, 2019 By amarias 2 comentarios

El 21 de marzo, la comunidad internacional celebra, ni más ni menos, que tres conmemoraciones. Dispares. Es el día mundial de la poesía; el día internacional de los bosques y el día de los titiriteros y manipuladores de marionetas. Desde 2012, la Asamblea de las Naciones Unidas decidió prestar atención a los afectados por el síndrome de Down, a sus familias y cuidadores, instaurando el Día Mundial del Síndrome de Down, que incorporó al abigarrado elenco de celebraciones que concurren con el comienzo de la primavera en el hemisferio occidental.

A primera hora de la mañana de hoy, 21 de marzo de 2019, a la simpática enfermera que me inyectaba el contraste para realizarme la enésima gammagrafía con la que se monitorizan (hermosa palabra del gusto de los clínicos) mis osteomas le informé de que era el día de la Poesía.

-No soy yo mucho de poesía -me replicó, mientras me buscaba la vena más adecuada, que acabó encontrando en mi mano derecha.

-¿Y de los poetas? -inquirí, sin aparentar curiosidad, advirtiéndole que, hasta ese momento, todos sus antecesores en el cargo de enchufarme el catéter habían preferido las venas del codo.

-Pues tampoco. Soy más del bocadillo de chorizo y las patatas fritas. -me ilustró, al tiempo que me informaba que desde la mano podía observar mejor la penetración del contraste en mi organismo.

-Entonces, no le queda más remedio que admitir poder llegar a ser musa de poetas -le espeté, mientras el líquido que inyectaba me producía un tenue escozor.

-Listo -concluyó, sacando el catéter y poniéndome un apósito con soltura- Ahora, vaya a desayunar, beba mucho líquido y vuelva en unas tres horas, que hoy estamos con mucho jaleo.

No me considero capaz de encontrar un hilo conductor que relacione los tres ítems (bosques, titiriteros y poesía) a los que se conmemora mundialmente el 21 de marzo y. mucho menos, a incorporar en ese recuerdo cuyo alcance real desconozco, a los afectados por la minusvalía congénita, y a los que aún estamos aprendiendo a entender, a valorar, a admirar.

Haciendo un esfuerzo de elemental integración, se me ocurre elucubrar que, siendo los poetas títeres o marionetas de la imaginación y esclavos de la remisa creatividad, nos sentimos a menudo perdidos en el bosque creativo, cosechando muchas veces abrojos de desilusión como resultado.

Tengo varios poemas en los que aparece la palabra bosque, pero elijo, para contribuir con mi propio homenaje a la rama literaria la que dediqué y dedico tantas horas, y que tan buenos momentos -como lector y autor- me ha proporcionado, este poema de mi libro «Poemas de encargo», que terminé de escribir en abril de 2005.

V

Cuando me notas a punto de desfallecer, desvelas el regalo
que me traes en esa caja de juguetes: tu sonrisa,
la manera de entretener con trozos que pueden ser pasado,
el momento en que otro como yo, con esta carga al hombro,
no tendría más remedio que estallar en semen o en sollozos.

No es eso solo, no, son muchas más las veces
en que alternando anécdotas con historias inventadas
-así eras tú, ese árbol plantaste, la huella del jardín
pertenece sin duda a tu zapato- me descubres algo de futuro
rebañando en los bordes de mi plato, avanzando
segura entre precipicios de ambos lados.

Bendito seas, lazarillo lleno de voluntad que me salva paso a paso
del riesgo de caer, ciego como voy, renco y muy feo,
en la zanja de tanta profundidad que cruza de lado a lado,
sin señales ni advertencias, destrozándola por la mitad, mi propia calle.

@angelmanuelarias, 2005, Poemas de encargo


El calamón (porphyrio porphyrio) es un ave grande, poderosa, de plumaje azul oscuro con reflejos púrpuras, que habita entre los carrizales de las lagunas y marismas. Este es uno de los muchos habitantes de la albufera de Alcudia, singular paraje natural, con algunos buenos avistaderos de anátidas, gallinetas, ardeidos y fochas.

Se trata de una gallinácea inconfundible, con unos largos dedos que le sirven para desenterrar, junto al fuerte pico (rojo y con un escudete frontal del mismo color), bulbos de los carrizos. Es curioso verla acercarse a la boca los tallos de enea, su alimento favorito. Su voz más habitual, un gruñido que recuerda al del cerdo, le delata cuando está oculta entre la densa vegetación.

Publicado en: Actualidad, Poesía Etiquetado como: bosques, calamón, carrizos, celebración, poesía, síndrome de Down, títeres

Sonetos a las cuatro estaciones

4 marzo, 2019 By amarias 1 comentario

A la primavera

Rota la reclusión tras tensa espera
surge al fin, orgullosa de su alarde,
alargando la luz, la primavera.
Despierto del letargo, el campo arde

convirtiendo en verdor la sementera.
Por ganas de vivir, será la tarde
triunfo del placer y, aunque se esmera
invierno en que respeto se le guarde,

florecerán cerezos, será la era
de nuevo el vergel que amamos tanto
y en la rama del naranjo más somera

harán mirlos su nido, y con su canto
contagiarán de alegría zalamera
el ánimo triunfal que me levanto.

10.01.19

Al verano

Sopor bendice que el calor te aporta,
-viajero del tiempo-, trayéndote el verano
la fiel reparación con que te acorta
páginas que se nos fueron en vano.

Responde con sudor en la retorta
para aliviar tensión, el cuerpo sano:
de alegría explota que al amor exhorta,
y un corazón, volando, el gran milano,

traza sobre el paisaje. El campo yermo
se rinde a la tormenta, cortesano.
Yo me siento feliz mientras me duermo,

protegido al soñar del mal villano,
y ya curado al despertar si voy enfermo,
vuelvo con paz y frutos en la mano.

15.01.19

Al otoño

Surgiendo del calor, será el otoño
quien llenará cestas y cántaras
de vino y frutos; fiestas y chácharas
vencerán la resistencia del gazmoño.

Caerán para placer, pieles y cáscaras;
rendido a tentación galán bisoño
ofrecerá a su amor, como el madroño,
junto a pulpas, flores, y en las cámaras

acortándose noches, crecen tretas;
y al caer de las hojas, cubren máscaras
la desnudez de opciones obsoletas;

mandan ventarrones a hacer gárgaras
delirios de amantes, locos y poetas.
¡Enciéndanse pábilos de lámparas!

20.01.19

Al invierno

Ni dolor ni placer son nunca eternos,
y al fin de otoño, ¡ay del que se atreve
a afrontar sin abrigo los inviernos
que lluvia del estío trocan en nieve!.

Marchitas ya las hojas en cuadernos
que triunfante Cronos al suelo mueve,
mutan los purgatorios en avernos
y no hay pasión que a su expiación no lleve.

Cuando a todo cerdo san martín llega,
desea a cubierto que tu mal sea leve
y si la gloria alguna vez te ciega,

prudencia y compasión en calma bebe,
pues con calzón quitado no se juega
y no hay necio que su rigor no pruebe.

31.01.19

(Del libro «Sea por instinto, vocación o influjo», @angelmanuelarias, 2019)

—

Una gaviota y un cormorán común disputan por los restos de un pez. Seguramente el cormorán lo atrapó de las profundidades marinas, utilizando su habilidad buceadora, pero, incapaz para engullirlo sin salir a la superficie, mientras trataba de voltearlo para tragárselo entero, se encontró con la habilidad torticera de la gaviota, que le arrebató un trozo de su presa.

Magnífico espectáculo de supervivencia animal que el ojo atento del observador de la naturaleza puede captar, en no pocas ocasiones, cuando pasea a la orilla del mar, en el dominio de los puertos pesqueros o desde una barca de paseo. A veces, incluso, puede ser el mismo, el protagonista inductor de la dramática historia del combate diario por la supervivencia (en este caso, aves marinas), ofreciendo a su voracidad un alimento más fácil que el que proporciona la naturaleza abierta.

Pequeño dios de ese mundo limitado, por unos momentos, el amigo de la naturaleza se recrea en una escena de rivalidades que, con su voluntad, ha pretendido crear.

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Brotaban las muchachas (Poema)

14 febrero, 2019 By amarias Deja un comentario

No ignoro que es el día de los enamorados, fiesta comercial movilizada en torno a la figura de un tal San Valentín, del que se sabe tan poco que hasta la iglesia suprimió su advocación del santoral, teniéndolo por una creación imaginativa del medioevo, época en la que floreció la tendencia a inventarse leyendas ejemplares. Con santo o sin él, estamos ya en puertas de la primavera, como se puede advertir por la actividad de las aves de estas latitudes en buscar pareja y preparar sus nidos. Qué digo…no solo de los pájaros.

He revisado los seis libros de poemas que tengo recopilados hasta 2005 (Absueltos de todo don; Sin herencia precisa; No tenemos a nadie; Que nos proteja al caer; Con algo suave y Poemas de Encargo) y, buscando la palabra «amor», la encuentro citada 75 veces. No son muchas, teniendo en cuenta además, que hay algunos poemas en los que se repite con insistencia. Entre ellos, me llamó la atención éste, del libro «Sin herencia precisa», de 1990, que os brindo, queridos lectores y lectoras, con un solo objetivo: que lo disfrutéis, si así os parece.

2

Brotaban en la calle, a cientos, las muchachas,
anunciando su propia primavera,
brotaban entre risas, moviendo rápidas sus manos
explicando con gestos destinados a explicar otras cosas
lo que es el destino,
la confianza, el sordo amor, los frutos de los tiempos;
surgían como garzas, reclamos de falsa nata y flor,
palomas, atropellándose las risas las unas a las otras.
Salían del colegio con la lección del mes mal aprendida,
repitiendo a sus madres,
preocupando con su firme vagar a cientos de varones
pollos nostálgicos de usos incipientes,
ellas vírgenes en triunfo, ellos anegando sus ansias
en ríos de gozo y miel, libando angustias sin querer,
espléndidos aurigas encallando,
desconocedores aún del poder de la sangre,
mientras ellas -más sabias- les iban regalando esperanzas,
atinando a ciegas, azar, con sus deseos,
perdonando lujurias con sonrisas de monja,
enmelándolo todo.

Aquellas huestes ingratas, cuerpos sin control,
trabas atónitas al rubor del placer, a saltos y a montones
brotaban, brotaban, brotaban y llegaban
al umbral de las puertas, acercándose a la
ocasión de la tuya
-diablo cojuelo que no entiendes no bulles,
viejo verde que esperas amarillo que el tropel se detenga
acumulando reclamos, burdo genio vencido-.
Allí en el oscuro rincón, tremolado de ansias,
apostado en el fondo, estás tú,
hormiga león, cabrón, torvo cordero,
conteniendo al acecho
la respiración hasta la muerte,
nervioso como cualquier cazador,
concentras sentidos en captar el calor de esos cuerpos
hecho mano y manojos, turbio radar casero de esperanzas rendidas,
perceptor de esos ritmos latiendo muy cerca,
tan próximos que por poco te pierdes,
al imaginar que te son entregadas, entre rosas, riendo.

Brotan, van, brotaban muchas las muchachas.
Pero míralas pasar en tropel,
sin mirarte, ciegas, ajenas al poder que destruye,
deja crecer, comparte rico lo que aún no es de nadie,
declina sabio ese triunfo fugaz,
-una bomba incendiaria-
que explota actuando, mata, falso abrazo que con caricia aplasta.

Pasaron las muchachas,
tormenta de sal, langostas debidas al placer,
arrasándolo todo,
como nube de granizo,
sus cuerpos premios buscando destino,
dejando donde rictus, ansias,
alegrías donde juegos destrozados,
dejando por señal de amor, besos y ramas en las ruinas de sus dueños,
soledades de autor la noche del éxito, el sórdido fracaso,
antiguo amigo enloquecido y ronco
que nos desea suerte, mientras la gloria nos deja llenos de huellas del vacío.

(@angelmanuelarias, Sin herencia precisa, Opus 2, 1990)


Héla aquí. La ubicua bisbita común (anthus pratensis) observando, curiosa, al caminante desde un cable, sobre los pastizales en donde encuentra alimento. Las bisbitas, junto con las lavanderas, forman la familia de los Motacillidae, dos grupos de aves de patas largas, que les sirven, sobre todo, para corretear por el suelo, siempre atentas a algún insecto o pequeña semilla que engullir.

Las bisbitas son aves de color pardo, con el pecho listado de manchas pardo oscuro. Están identificados varios tipos de bisbitas, difíciles de distinguir entre sí para los no especialistas entre los que, desde luego, me cuento. Este ave pertenecía a la fauna que fotografié en una de mis muchas visitas a Villafáfila, -era primavera, en esta ocasión-. La sorprendí mientras circulaba por la carretera que conduce al Centro de Orientación de la población zamorana. Paré el coche en uno de los pocos desviaderos del camino, retrocedí unos pasos y allí estaba aún, impertérrita, absorta.

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