Al socaire

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Archivo de 2016

Sexta carta a Manuela Carmena, alcaldesa de Madrid

11 junio, 2016 By amarias 1 comentario

Alcaldesa,

Esta será mi última carta, al menos, por ahora. No quiero que se interprete, como algunos de los que se asoman a estas páginas están haciendo, como que defiendo una opción política determinada y que critico su gestión o la de su equipo de Gobierno municipal por ello. No es el caso.

Además, mi actitud personal es conocida por personas de su entorno y se conoce mi disposición permanente a colaborar. Con todas las Administraciones, independiente de su signo ideológico, siempre que sea por la evolución de la sociedad. No tengo por qué justificarme.

Le quiero hablar hoy, en fin, de los ingresos del Ayuntamiento de Madrid. Tomo como punto de partida los Presupuestos de la ciudad. También pretendo aprovechar que el Manzanares pasa por Madrid para expresar algunas ideas acerca de la reactivación de la ciudad en aquellos sectores a los que concedo mejores perspectivas de futuro, a medio plazo.

Ese futuro al que, por nuestra edad, ni Vd. ni yo -mal que nos pese- puede que no alcancemos a ver ni disfrutar pero del que todos debemos sentirnos, en la medida de nuestra capacidad de actuación y dirección, responsables.

Poco se puede hacer con un presupuesto tan exigüo como el de Madrid, y tan comprometido para mejorar la preparación ante ese futuro. Durante una década larga de bonanza (que resultó aparente, pues hubo que pagar la mayor parte de las cuentas atrasadas, y con intereses), se hicieron nuevas infraestructuras viarias sin estudios de rentabilidad y uso, se compraron terrenos y levantaron edificios para dependencias administrativas que luego no fueron trasladadas, se contrató personal o se firmaron contratos de servicios con alegrías que se hicieron rémoras.

Un predecesor suyo que quiso modernizar la ciudad para comodidad de un medio de transporte que el tiempo está próximo a sancionar con crudeza -tal vez con el ojo bizco mirando a Carlos III, «el mejor alcalde de Madrid» (pro cierto: ¿qué le parece que un Rey, con el apoyo de reformistas ilustrados, lleve ese título honorífico, justo antes de la Revolución francesa?)-  Alberto Ruiz Gallardón, invirtió en Madrid 10.000 millones de euros de los que no se disponía, con el ladino principio político de «quien venga detrás, que arree».

Unos llevan la fama y otros cardan la lana. Tenemos que agradecer -qué cosas- a la sucesora de aquél, Ana Botella, de la saga de los Aznar, que, aguantando el tipo de su incompetencia, bajara esa deuda, a base de inhibición que no precisamente de eficacia gestora, hasta poco más de 4.600 millones. Así que cuando su equipo de «fuerzas del cambio» se hizo cargo de la alcaldía, con la ayuda de un genio de la informática presupuestaria apellidado Sánchez Mato,  al que veo sentado ante un ordenador haciendo simulaciones como loco con un mapa de la ciudad y algunos datos del consumo por áreas del agua y del vino, hizo posible que solo precisara en 2016 dedicar un 12% del presupuesto (560 millones de euros) a la amortización de la deuda, la mitad que lo dedicado en 2015.

Aparte de los impuestos y tasas, la partida más importante de los ingresos de Madrid son las llamadas Trasferencias corrientes, que resultan de la participación en los tributos que recauda el Estado central y de la ayuda por el fondo complementario de Financiación. Para la ciudad, este montante alcanza los 1.420 Mill. de euros, y permanece prácticamente constante desde hace años (depende de la población, de la recaudación total y de fórmulas imaginativas para llegar a una cantidad adelantada que se liquida posteriormente con datos reales, y que ha abierto, por supuesto, una vía permanente de litigio entre las Administraciones).

No me voy a calentar la cabeza (ni la suya) calculando cuánto queda libre por madrileño para inversiones reales en cada Ejercicio. Nada. Podemos encubrir el carácter de las partidas dedicadas a mantenimiento, conservación y renovación presentándolas como inversión, pero la realidad será que si Madrid puede invertir algo (poco) será detrayéndolo de otras necesidades. Y si en época de crisis económica -situación que, no por pesimista, sino por haberlo analizado, considero irrecuperable- se decidiera aumentar los impuestos o tasas, habrá que actuar con sumo cuidado para no provocar mayores desigualdades aún o un airado levantamiento de patas de la clase media, que es la que sostiene en este país, el edificio de la solidaridad.

Permítame lo que parece una boutade, pero saldría con más cuenta ponerse de rodillas ante la presidente del Banco de Santander, entidad que ha declarado 6.000 Mill. de euros de beneficio en 2015, para que movilizase una parte de esa cantidad en Madrid, que hacer elucubraciones sobre cómo rascar unas decenas de euros de un presupuesto de la ciudad para acometer nuevas inversiones. Teniendo ya detectadas bolsas de miseria y precariedad tan importantes, y contando con la presión tabanera de los movimientos sociales, cualquier dinero que pueda reajustar a base de encaje de bolillos, entre partidas, desaparecerá en su mayor parte en el camino intrincado que va desde el estudio de oportunidad hasta las áreas de necesidad.

Incluso los 725 millones de euros de beneficio en 2015 declarados por ACS, propiciarían más de una charla con Florentino Pérez, que podría servir, de paso, para convencerle de la necesidad social de que dedicara a actuaciones conjuntas los casi 60 millones de euros de beneficio que prevé en la temporada actual ese gran club que lleva el nombre de la ciudad por el mundo y, de paso, que tome ejemplo de equipos más modestos que no necesitan fichar a atletas de museo que cobran como dioses para divertir al personal.

¿Líneas de futuro para la ciudad? Creo que nadie como el Ayuntamiento con mayor poder de convocatoria como para reunir a un grupo de analistas, empresarios, profesores, economistas, informadores, etc., para que debatan sobre el impulso conveniente a la ciudad. La Universidad sería uno de esos ejes, en efecto, aunque hay que revisar tanto la composición como los resultados de su Consejo Económico Social. Queremos ver sus conclusiones.

La CEOE sería otro eje de aportación de iniciativas e ideas: hay que estudiar, con decisión y transparencia, qué se imaginan como desarrollo para Madrid: ¿más restaurantes? ¿espacio para zonas comerciales y de ocio? ¿intensificación en la formación en fontanería, cocina y jardinería? ¿aumento de la productividad laboral con incremento de la amenaza al despido?…tal vez…¿ayudas a la rehabilitación energética de edificios? ¿inversiones públicas de apoyo a los sectores en situación delicada? ¿mayores incentivos a la investigación aplicada?

Mi propuesta es mucho más sencilla: transparencia y honestidad ante los demás agentes sociales.

No faltarán bancarios a las  reuniones: ellos deben saber dónde circula el dinero y a qué huele. Ni, claro, dejarán de estar invitados: asociaciones de vecinos y padres, ni representantes de partidos políticos, ni empresarios autónomos, portavoces de colegios profesionales, responsables de enseñanza pública y privada, gerentes de Hospitales, responsables de oficinas de desarrollo local y de empleo, etc.,

Me apunto, si me lo permite. Y, si no molesta a nadie, me apunto también para invitar, si nadie quiere hacerlo, eso sí, amablemente, a que ceda su sitio a otro, si alguno de los convocados en primer lugar no aporta nada, y solo se contenta con calentar su silla y tomar notas.

Necesitamos gentes que, en el plato común de los huevos con chorizo, aporten tanto un ingrediente como otro, aunque merecen mucho más respeto los que entreguen parte de su esencia, se comprometan.

Tambié le doy una pista de por dónde van a ir los tiros del futuro, aunque seguro que pensó Vd. o alguien de su equipo más de una vez en ello.

No son buenas noticias. Habrá más necesidades y será cada vez más difícil sostener el estado de bienestar. Qué digo: imposible. Habrá menos trabajo a repartir, de más cualificación y más apuntados a los beneficios sociales. El número de empleos destinados al servicio asistencial o de terceros dependerá, exclusivamente, de la fortaleza y cuantía de los empleos de alto nivel.

Madrid precisará, por tanto, conectarse -de verdad, no de mentirijillas, desarrollando toda una red de interacción- con la élite mundial del desarrollo tecnológico (en biomedicina, en nuevos materiales, en robótica, aviónica, farmacia, biotécnica, etc.) o no será más que una ciudad en rápido retroceso y con graves tensiones sociales.

Confío bastante en la Universidad y en la colaboración con las empresas, si bien dándole un giro sustancial. Tan sustancial que o se consigue incorporar como catedráticos y profesores a gentes con verdadera experiencia empresarial, aunque no sean doctores ni hayan tenido currículum docente, o la Universidad no saldrá de su círculo vicioso.

Hay que conseguir que los egresados universitarios sepan cómo crear empresas. Las tesis doctorales han de tener aplicación práctica, no responder a una reproducción harto endogámica y sin destino extraacadémico. En este sentido de activación, me parece notable el modelo de la Politécnica de Catalunya. ¿Lo conoce?.

No niego que en Madrid seguirá habiendo un hueco para la sociedad de servicios, y se mantendrá, en competencia dura, como foco turístico (sobre todo, interior), pero…el espacio para esas actividades tiene una tendencia de cuarto menguante.

Me alegra haberla conocido, alcaldesa. Sí, ahora que lo pienso, también estoy muy satisfecho de ser como soy.

Angel, un ciudadano de Madrid

 

Publicado en: Actualidad Etiquetado como: alcaldesa, carta, empleo, ideas, Madrid, Politécnica, presupuesto, Sanchez Mato, Universidad

Quinta carta a Manuela Carmena, alcaldesa de Madrid

9 junio, 2016 By amarias 1 comentario

Alcaldesa,

Si por casualidad leyera esta carta, seguramente será la que le resulte menos agradable. No tanto porque a Vd., a la que supongo curada de espantos y de llantos, vaya a molestarle, sino porque imagino molestará a algunos miembros de su Corporación y a parte de los funcionarios y del personal empleado del Ayuntamiento.

No pretendo, sin embargo, ofender. Escribo desde lo que observo y, como nunca tuve un cargo en el Ayuntamiento de Madrid, que me posibilitara conocer y, tal vez mejor comprender su funcionamiento desde dentro, puede que esté total o parcialmente equivocado. En tal caso, -que solo dejo abierto en beneficio de la duda que debe asistir a todo el que sea juzgado y, especialmente, por la protección que merece quien es destinatario genérico de deducciones y presunciones ocasionales -, el problema estaría repartido entre la torpe visión del ojo que percibe, como en la falta de claridad con que muestra su eficacia quien está obligado, por su posición al servicio de los demás o garante de ella, a ser intachable.

Tratándose de servicios públicos, el oscurantismo es falta lamentable, ya que conduce a errores, elucubraciones y torpes deducciones del que juzga u opina, y sume en la intranquilidad al que es administrado. En particular, a este último, al que se le hurta información imprescindible, no solo sufre las consecuencias, sino que paga por un servicio cuyo nivel de eficacia real en relación con lo que le cuesta no tiene elementos para valorar, pues ignora si se está despilfarrando el gasto o si la calidad sería mejorable.

Todo esto es pura teoría. Dirigir un Ayuntamiento como el de Madrid es tema tan complejo que exigiría una formación y experiencia gerenciales de las que pocos dispondrían y de la que, no se ofenda, Vd. no dispone. No es grave. Tampoco se la concedo a sus antecesores. Todos ellos, y allá va Vd. por tanto, han debido contentarse con actuaciones puntuales hacia dentro y se concentraron en exhibiciones hacia fuera: actos públicos, inauguraciones, discursos más o menos rimbombantes, etc.

Un caldo de cultivo excelente para que los equipos de personal adquieran comportamientos y vicios propios, para que el análisis de las funciones y cometidos de los servicios se enfoque más desde la teoría o la analogía con otros municipios que desde la eficacia.

No le voy a descubrir nada nuevo si afirmo rotundamente que Vd. ha heredado un Ayuntamiento con focos abiertos de corrupción, bolsas importantes de ineficacia y, también, con asignaciones de personal en diferentes secciones o capítulos de actividad que no están basados en objetivos o funciones. Madrid no es la capital de la incompetencia hispana, pero sí concentra más por metro cuadro por simples efectos de su tamaño.

Hay tradición de la falta de transparencia y la impunidad acerca de lo que se cuece en las Administraciones públicas y, especialmente, en las locales, en la que se reparten favores -desde contrataciones de personal o servicios, hasta la confección de planes urbanos a medida de intereses particulares,  recalificaciones urbanísticas, asignación de zonas verdes y equipamientos, etc.- que no están o no se vieron sometidos a las intervenciones que hubieran sido imprescindibles. ¿Lo dejamos así? ¿Va a favorecer a algunos en detrimento de otros, vengan de donde vengan, incluidos los que la apoyaron?

Vaya, vaya. Presiento que algunos se han levantado airados de sus asientos para acercarse a darme un coscorrón y alegar que estoy muy, pero que muy equivocado, porque la corrupción y las corruptelas se concentran en el ala derecha del espectro ideológico.

Pues no me lo creo. La corrupción surge allí donde se le deja oportunidad, y no tiene marca política, pues surge de una de las debilidades de lo humano cuando no se siente vigilada. Ante todo, aclaro que no estoy acusando concretamente a nadie; como abogado, me tiento la ropa antes de apuntar sin fundamentos seguros a personas determinadas, tomando como precaria  para las conclusiones, informaciones obtenidas solo de algún proceso u episodio concretos, y por tanto, sesgadas, o de comentarios entre amigos, más o menos de café.

Pero bastaría pasearse con tranquilidad por las calles de la ciudad para percibir vestigios de corrupción, que, como fósiles en la geología, han dejado su huella para que el investigador saque sus deducciones. No se han cumplido los diversos Planes de Ordenación Urbana y no se están cumpliendo: hay flagrantes situaciones que han causado la disparidad de alineaciones de alturas en edificios de la misma calle o manzana, se han demolido edificios singulares a cambio de una torpe placa recordatoria, hay feas fachadas suplantando allí donde había artísticas terminaciones….

Más, y para no volar alto: se están realizando multitud de obras de reforma de interiores de edificios, locales comerciales, clínicas, casas particulares -detectables incluso por contenedores en la vía pública en la que se amontonan restos de tabiquería, junto a los más variados enseres- que apostaría que se hacen de tapadillo, mintiendo sobre la cuantía y carácter de las mismas y, a lo que parece, en su mayoría por personal extranjero, por lo que me permito, además, dudar de la legalidad de la situación laboral y residencial de la mano de obra ejecutante, de la honestidad de los funcionarios e inspectores de obra que han visado y revisado las obras..

Veo junto a clubs y otros locales de alterne (¿vamos a seguir admitiendo que la prostitución no se puede prohibir?), restaurantes, zonas de ocio y comerciales, colegios públicos y privados, establecimientos bancarios, clínicas, etc., (estén señalados con prohibición de aparcar o no), vehículos atascando el tráfico en doble y hasta en triple fila; no será la primera vez que observo cómo pasan ante ellos diligentemente, solo que de largo, agentes de la policía. Tampoco seré yo el único que ha detectado unas cuantas veces, más vehículos de policía o Samur de los que puedo contar con una mano, ocupando calle y aceras…sin que se haya producido accidente alguno ni nada que oficialmente lo justifique…tal vez estarán sus ocupantes tomando el aperitivo, visitando a un amigo, o haciendo las compras para la semana.

No tengo nada contra la policía municipal, ni menos para los bomberos o el Samur. Al contrario, puedo dar muchos más ejemplos de su comportamiento eficiente. Las muestras de botón no dan para hacer una camisa, pero son parte de la imagen, y el ser humano se guía por excepciones, que son las que hay que cuidar. Tampoco tengo porqué ser crítico con esas colas de funcionarios fichando para disfrutar. simultáneamente, de su pausa de bocadillo, o esas largas bancadas de personal y mesas vacías, que nos encontramos los visitantes cuando penetramos en los entresijos de cualquier dependencia municipal…Alguien los controlará, ¿verdad? ¿o no?.

La multitud de grafittis, letreros (no todos son reivindicativos: muchos ofensivos y obscenos) que ensucian edificios singulares, fachadas, cierres comerciales, escaparates, vehículos públicos, estaciones de metro, etc., demuestran dos cosas: que existe un núcleo nada despreciable de imbéciles en esta ciudad -provistos de herramental adecuado para plasmar sus necedades sobre las propiedades ajenas, ya sean públicas como privadas- y que no hay vigilancia ni sanción suficientes. ¿Es tan difícil identificar a esas manos pintoras? ¿No son siempre los mismos?

Ya ve que su corporación no tiene por qué sentirse culpable de casi nada de lo que enumero: es una herencia enquistada en la ciudad y en sus comportamientos adquiridos, y Vds. solo llevan un año. ¿Poco tiempo? Para cambiarlo, tal vez, para detectarlo y empezar a corregirlo, no.

Y no voy a mirar solamente hacia un lado: esta ciudad tiene miles de cierres de terraza realizados a la Buenadedios, supongo que para aumentar la utilización de las viviendas más allá del volumen edificable autorizado; miles de marquesinas que interrumpen, sin sentido, el tráfico peatonal; miles de señales de pintura sobre las aceras y calles, anunciando, desde hace años, que alguna misión especial ha marcado de este modo, las irregularidades las tapas de alcantarillado, en los accesos a las redes públicas, y faltas de alineación, baldosas rotas, agujeros en las calzadas, etc.; no hay dinero, pero ¿es ésa sola la razón? ¿existe un plan para corregirlas?

He presentado, ante mi constatación de diversas irregularidades y riesgos para la seguridad de personas y cosas, peticiones de inspección concretas -me preocupa especialmente el tránsito de mercancías peligrosas por la ciudad y los depósitos de gases licuados y líquidos inflamables-, que han tenido como respuesta, el silencio, la pérdida de los expedientes, o contestaciones de salida de pie de banco. Si soy el único ante el cual se comportan así algunos funcionarios, he tenido muy mala suerte, sino soy el único, como tengo la seguridad, habrá que reforzar las inspecciones internas y detectar qué está pasando y obrar en consecuencia.

No le pongo más ejemplos, porque no voy a entrar en detalles, incluso aunque me los pidiera Vd. personalmente. No tengo vocación de pertenecer a la reinvención de una Stasi local. Quede dicho que, junto a una mayoría de empleados que son o quieren ser eficientes y se muestran solícitos ante las demandas del ciudadano (también me pregunto por qué, en algunos casos, algunos de ellos me han animado a presentar denuncias y solicitar reiteradamente entrevistas con concejales de distrito y otros responsables), hay núcleos oscuros.

«Como en todas las organizaciones», se me dirá, pero estoy hablando de la que Vd. ahora dirige, y en un momento en el que quiere/queremos dar la vuelta a muchas cosas. En mi caso, como también estoy convencido en el suyo, de forma razonable, ordenada y pacífica. Tenemos una trayectoria personal que, cada uno en relación con las responsabilidades que hemos tenido en nuestra vida -ya en su fase final- nos avala. Hago votos porque Vd. pueda contener los impulsos de los «mozos y mozas del martillo» que figuran en su equipo improvisado.

Voy a volver aquí, aunque no corresponda plenamente con el resto de lo expresado en esta carta, con el asunto clave de la actividad económica y empleo de Madrid.  Ya le comenté que los 25.000 empleados del Ayuntamiento, con sus nóminas, suponen una importante inyección al consumo de esta ciudad, obviamente orientada hacia el apoyo indirecto al comercio, la restauración o el ocio. Necesitamos disponer de un mapa concreto de la distribución de actividad en Madrid, de los empleos que se generan por ellas, y de sus perspectivas de crecimiento. Se más de Londres, París, Dusseldorf, Copenhague u Oslo (por ejemplo) que de Madrid.

Me gustaría conocer exactamente cuántas viviendas en Madrid son de alquiler o habitadas por sus propietarios y, de éstas, cuántas están sujetas al pago de hipotecas. Hace diez años apenas era muy sencillo conseguir una hipoteca por el cien por cien del valor (entonces) de una de ellas, a devolver en treinta años. Hoy, esas viviendas valen incluso menos que lo que resta de los créditos y muchos de sus propietarios han visto reducidas sus capacidades económicas. Pagarán mientras puedan, pero si no mejora la situación económica y suben los intereses, no podrán.

Para los propietarios, por otra parte, las pérdidas patrimoniales han sido de más del 40% y los rendimientos por el capital aportado -si las tienen ya abonadas en su totalidad-, las tengan alquiladas a terceros o las ocupen directamente, son negativos. Antes de castigar a los propietarios de viviendas que constituyen su único patrimonio o la mayoría de él, con subidas de ibi, que alguien haga un estudio serio sobre lo que significa y a quién está perjudicando. Lo mismo sirve para la tentadora idea de subir las tasas por vehículos, aumentar las multas, incrementar los espacios de estacionamiento limitado, etc. Cualquier medida recaudatoria solo debe ser aprobada después de haber analizado su repercusión social.

Y si quiere hacerme caso, solamente en algo, además de escuchar las voces de las asambleas de vecinos, de atender a las reclamaciones de okupas, de defender la  actuación de titiriteros, de asistir a actos de toda índole sin que alguien le establezca claramente la repercusión de su asistencia a ellos (cambiar horas de análisis, supervisión y control por imagen y relaciones), de ofrecer su visibilidad aquí y allá con sonrisa de abuelita comprensiva (que me gusta como marca de identidad, pero me inquieta cuando la veo entre lobos), etc. etc., entretenga algo de su tiempo en seleccionar un equipo de ciudadanos que, gratis et amore, utilizando su experiencia y capacidad, le orienten sobre cómo seleccionar las prioridades.

Puede no hacerles caso, porque ese es su derecho -para algo es la alcaldesa- pero, al menos, que lo hayamos intentado.

Tenga un buen día,

Angel, un ciudadano de Madrid.

 

 

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Cuarta carta a Manuela Carmena, alcaldesa de Madrid

8 junio, 2016 By amarias 1 comentario

Alcaldesa,

No me la puedo imaginar leyendo las 327 páginas de la Memoria e Informe Económico-Financiero del Proyecto Presupuesto General Ayuntamiento de Madrid 2016, y no es porque albergue dudas sobre su capacidad intelectual o de trabajo, al contrario. Solo que hay documentos que, por su naturaleza y extensión, parecerían destinados a ocupar directamente un lugar en las estanterías y , fuera de sus autores y algunos especialistas en hurgar en datos y cifras, no serán muchos los esforzados que les saquen utilidad y rendimiento.

Una Memoria y un Presupuesto anual son, ante todo, una propuesta de actividades y, una vez aprobado, un documento de trabajo. Para la ciudadanía interesada, hubiera sido aconsejable que sus autores hubieran hecho un Resumen Ejecutivo. Supongo que un documento de ese tipo sería el que se sometió a su revisión, el que recogió sus directrices generales -si las hubo- y alcanzó su plácet.

Como no he encontrado en la red telemática un Resumen del Presupuesto del Ayuntamiento, voy a dedicar esta carta a realizar una breve reseña de lo más significativo, en mi opinión, como paso previo para extraer algunas consecuencias y, tal vez, sugerir ciertas indicaciones pragmáticas. Vaya por delante mi felicitación a la Corporación por la voluntad de transparencia, como demuestra, de por sí, la posibilidad de acceder íntegramente al documento.

La previsión de Gastos para 2016 del Ayuntamiento de Madrid es de aprox. 4.500 Mill. de euros. Hay una disminución de 340 Mill. por «inversiones reales» y una partida de 600 Mill. por»pasivos financieros» a las que convendría dedicar más tiempo de análisis. Pero me quedo con lo que me parece más significativo: los Gastos de personal ocupan 1.150 Mill. de euros (es decir, la cuarta parte), y los Gastos corrientes en bienes y servicios, llegan a los 1.600 Mill. Entre ambas partidas, pues, se llevan más del 60% del gasto.

El Ayuntamiento es una gran empresa madrileña. Tiene una plantilla de 25.410 personas, y si se añade la de los organismos autónomos adscritos a su estructura (3.260) se llega a los 28.669 puestos de trabajo. Un potencial tremendo, al que hay que asignar funciones correctas, estimular, controlar. Una fuerza difusora de energía sobre la ciudad y, si no se consiguiera convertirlos -total o parcialmente- en aliento expansivo de ilusiones, un freno, una rémora, allí donde transmitieran desánimo, desilusión, reivindicaciones incomprensibles para el resto de la ciudadanía. Por cierto, si no me equivoqué al dividir, con 45.275 euros/año de coste medio por persona, la plantilla del Ayuntamiento de Madrid está relativamente bien pagada.

Hay en la Memoria alguna obsesión con pretensiones justificadoras que se me hace duro compartir. La más áspera de engullir es la preocupación por la «feminización» de las actuaciones, y el replanteamiento de las mismas en relación con el número de hombres y mujeres asignados a cada una. Como tanto Vd. como yo venimos de una época en la que había menos puestos de trabajo total y muchas familias vivían de solo un sueldo, seguro que hemos tenido ocasión de meditar muchas veces que la incorporación de la mujer al trabajo ha supuesto, sobre todo, una ventaja para las empresas (pagan menos por cada función).

No es lugar éste para traer este asunto a discusión, aunque no me dejaré engañar por «las ventajas» de que todos trabajemos de forma asalariada. Hay que investigar aportaciones no remuneradas en dinero a la colectividad y, alcaldesa, Madrid puede encontrar ahí una forma estupenda de dar ejemplo, como una smart city (ciudad inteligente) que saque ventaja de muchos ciudadanos dispuestos a ofrecer su trabajo, su tiempo, su experiencia, a cambio de satisfacción personal y reconocimiento, no de dinero.

Pero sigo con el Presupuesto. De los diferentes Programas previstos para ejecución, se llevan la palma económica unos pocos. Son los dedicados a «personas mayores» con 250 Mill. euros (ayuda a domicilio para las 190.ooo personas en situación de dependencia, de ellos, un 50% mayores de 80 años, y en un 66%, mujeres; centros de día propios y concertados, centros residenciales, etc.); está la «limpieza viaria», que recibe una aportación de 220 Mill. euros, y las «instalaciones deportivas», a las que se aplican 115 Mill. En conjunto, se llevan 580 Mill. de euros, que es casi la mitad de lo presupuestado para los Programas en que se desagrega el Gasto (1.260 Mill. de euros en total).

En cuanto a las necesidades asistenciales para lo que se llamaba tercera edad, en la que Vd. y yo nos encontramos de hoz y coz, las perspectivas son fáciles de proyectar. El 20,5 por ciento de la población de Madrid (650.000 personas) tiene hoy más de 65 años; y, como podría decir un vendedor de alarmas, «y creciendo».

Poca atención parecen merecer, lo que me sorprende, incluso en una situación restrictiva de gasto, pero dada la grave crisis de empleo, las «políticas activas de empleo municipales». Están dotadas con algo menos de 30 Mill. de euros, que se destinan a cursos de formación. Visto así, y dado que no me creo nada (o muy poco) de las ventajas de formar a la trágala a grupos de desempleados, habrá que felicitarse de que el despilfarro no sean mayor.

Según recoge la Memoria que me estoy permitiendo despiezar, los nuevos contratos laborales registrados de junio de 2014 a junio de 2015 fueron, de manera casi exclusiva, temporales y precarios: camareros y camareras (143.000), peones de transporte (conductores de furgonetas de reparto?) (28.000) y mujeres de la limpieza (sic) (76.000). Paupérrimo balance. En cuanto a indefinidos, se han generado 24.000 empleos en el servicio doméstico, 20.000 puestos de camareros y 6.500 para vendedores. Si alguien no quiere ver hacia dónde vamos, está ciego.

En mi opinión, las mejores políticas de empleo son las que difunden oportunidades empresariales, información estructurada de sectores, líneas de crecimiento económico y de formación de largo alcance, que se desea estimular desde las Administraciones. Siempre, elegidos en cooperación con los sectores empresariales, los centros de formación oficiales y los representante sociales (partidos políticos, representaciones vecinales, ONGs, etc.). Hablar cuesta menos y tiene un efecto multiplicador muy grande.

El Programa de inclusión social previsto pretende evitar, según dice, entre otros riesgos, la «feminización de la pobreza». Atenderá a algo más de 18.ooo personas, con ayudas que se concentran en apoyos económicos de emergencia, o asignaciones periódicas a mujeres en necesidad. Escasa dotación económica para un problema que parece detectado y en expansión.

El desglose en Programas del gasto puede hacer incurrir en el error de no atender a los conceptos concretos en que se distribuye éste. Por ejemplo, al importante capítulo de la limpieza de la ciudad, se dedican 440 Mill. de euros, -incluyendo 190 Mill. de euros que se asignan al Programa que ya comenté antes-, pero también 135 Mill. de gestión ambiental urbana y 78 Mill. para el Parque Tecnológico de Valdemingómez.

Me gustaría haber tenido espacio para analizar más partidas, pero por dejar algo indicado respecto a los Ingresos del Ayuntamiento, expreso solamente que de los 4.500 Mill. de euros necesarios para el equilibrio presupuestario, 2.700 Mill. de euros (el 60%) son tributarios (y de ellos, el 84%, impuestos directos). Solo que no es cuestión de dejar tratado un tema tan importante con solo una pincelada, por lo que habrá otra carta en la que volveré sobre este asunto y conexos.

Tenga un buen día,

Angel, un ciudadano de Madrid

 

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Tercera carta a Manuela Carmena, alcaldesa de Madrid

6 junio, 2016 By amarias 2 comentarios

Alcaldesa,

Empezaré esta carta con una obviedad. Una ciudad grande, que es también capital de un país con casi cincuenta millones de habitantes y, por tanto, alberga la estructura central del Estado y algunos de los centros de decisión más importantes -en lo empresarial y en lo político-, tiene problemas específicos, aunque también puede disponer de algunas ventajas, que debe saber utilizar.

Conocemos mejor los problemas que las opciones positivas, porque, en eso, los madrileños -como la mayoría de los españoles- estamos orientados hacia la búsqueda de nichos futuros de felicidad, en lugar de afincarnos y disfrutar de los que ya tenemos al alcance.

Después de décadas de vivir en esta ciudad, no dejo de preguntarme cuáles son los principales atractivos de Madrid y cómo ponerlos en máximo valor. ¿Su oferta museística? ¿El Retiro, la Casa de Campo y las variadas zonas verdes? ¿Los edificios con valor arquitectónico o histórico, dispersos por ciudad y, en no pequeña parte, desconocidos? ¿La vitalidad de sus barrios, la lasitud de los comportamientos?

Al lector de esta carta (que, como ya apunté, no puedo imaginar que sea Vd., a pesar de que se la dirijo en el encabezamiento) le interesarán algunas cifras, para situar el contexto.

La Comunidad tiene un PIB anual de 200.000 Mill. de euros (en grandes cifras, el 20% del total español) y alcanza casi los 32.000 euros/cápita. No tengo cifras exactas, y lo lamento, pero de diversas extrapolaciones deduzco que el PIB de la ciudad de Madrid estará próximo a 120.000 Mill. de euros (si aceptamos que el comportamiento medio de la ciudad fuera idéntico al de la Comunidad, y que en ella habitan 3,2 millones de personas, llegaríamos a un PIB de 102.000 Mill de euros).

No tengo que advertir a nadie, y menos a Vd., que Madrid es una ciudad con grandes diferencias de nivel económico. La crisis no solo no parece haber afectado a algunos, sino que se deduciría que los benefició: restaurantes de alta gama, cafeterías abarrotadas en ciertas zonas, salas de fiesta aparatosas, lujosos vehículos circulando con ostentación por la ciudad, mansiones de escándalo, etc., forman parte creciente de un paisaje urbano que señala esa dicotomía.

En fin, vayamos a la esencia. Madrid es una ciudad de servicios (85% de su pib), siendo el turismo uno de los que representan características de estacionalidad y potencialidad de crecimiento más analizadas, aunque, en mi opinión, sin  demasiada claridad respecto a las líneas a adoptar para transformarlo en parte consistente de los ingresos a medio-largo plazo. Se reitera que el turismo ha sido adoptado como uno de los ejes de crecimiento del pib para España, en detrimento de otros, que me han parecido más atractivos, porque tienen una competencia más selectiva, como sería la industria de alto valor tecnológico, la investigación aplicada (en farmacología, biología, materiales, etc).

He escrito en múltiples ocasiones que es hambre para mañana, pues el atractivo de un país o una ciudad como foco turístico depende de factores, en realidad, coyunturales. Qué se le va a hacer, detengámonos en el turismo, pues.

España recibe actualmente cerca de 70 millones de turistas extranjeros, de los que el 7 % recalan en la Comunidad de Madrid (aceptemos que un 80% en la capital), frente al 26% que se deciden por Cataluña.

La pereza periodística y, en general, informativa, para recopilar los datos de forma inteligible con una simple mirada, además de la detectable incoherencia de las fuentes, no permite ofrecer al análisis cifras exactas, sino órdenes de magnitud, y aún éstos, sometidos a reservas. Me quedo, a efectos de esta sencilla exposición, con esta idea: En 2015, Madrid  recibió 11 millones de visitantes, de los que aproximadamente la mitad eran turistas nacionales, y casi una quinta parte de ellos, procedentes de la propia Comunidad de Madrid.

Los ingresos que el turismo deja en Madrid son del orden de 6,5 Mil millones de euros. No es mucho, pues no llega al 5% del PIB de la ciudad, aunque en alguna información leí que alcanza el 7%; en todo, caso, la mitad que en Barcelona, que, con sus 1,8 millones de habitantes, absorbe 12,6 Mil millones de euros. Lejos ambas de Londres (cerca de 18.000) y París (14.700).

Alcaldesa, no tiene por qué creerse estas cifras. Haga que sus colaboradores le brinden las más actuales y fiables. Obtengan un cuadro lo más exacto posible de los ingresos totales en la ciudad, y, en cuanto al turismo, sobre la procedencia de los visitantes, la categoría y ocupación de los establecimientos -no solo hoteleros, también cafeterías, restaurantes, etc. y por zonas- y consiga una distribución aproximada de los ingresos por áreas y por categorías.

Como se trata de movilizar inquietudes efectivas, y no solo de escuchar a los que tienen protestas que formular, es fundamental que se reúna con los gremios. No solo con los representantes empresariales, sino que despliegue sus antenas (las de sus colaboradores) por la ciudad.

¿Qué se necesita mejorar? En mi opinión: la calidad de la oferta gastronómica, la limpieza interior de los locales, la profesionalidad de los empleados, el control de calidad de los productos y su ejecución, la inspección, propia y oficial. Normas hay, pero no se cumplen y solo se cumplirán si se vigila su aplicación y se sanciona con severidad la infracción.

Pero también hay que ayudar a los comerciantes hoteleros en la limpieza de los entornos de sus emplazamientos, en la autorización del cierre de algunas terrazas, en la uniformidad del mobiliario, en la revisión de los carteles y rótulos, en la pintura interior y exterior de las paredes y en la renovación de su mobiliario. También, ayudando a potenciar esas notas tan agradables con saber a antiguo, aunque sean falaces. Estamos en un mundo de fantasías, alimentémoslas.

Lo que le indico para el sector de restauración, o podría también aplicar a la hostelería -revisión de la salubridad de las pensiones, control de las prestaciones, ofertas de habitación no declaradas, etc.- sirve para todos los gremios. El Ayuntamiento debe ayudar a los futuros empresarios, en especial, a los modestos, a que decidan bien. ¿Necesitamos más bares, más mercerías, más peluquerías, más fruterías,…? Mi opinión es que no, y es muy importante analizar la supervivencia de esos hipotéticos negocios productos de la ignorancia respecto al medio y la necesidad de buscar una forma de vida.

Reúnase con representantes de todos los sectores, analice con sus colaboradores -preferiblemente, independientes, no sesgados ideológicamente- qué está pasando en la ciudad y qué se puede hacer para mejorar las expectativas de generación de empleo y riqueza.

No me olvido de las grandes cadenas empresariales que, a la chita callando, han ido ocupando sitio en la ciudad. Reunirse con sus representantes es importante, en un doble sentido. Primero, para conocer cómo piensan, qué orientaciones reciben, quienes son (y para que se sientan próximos a la alcaldía: se evitaría así el grave error -suyo y de sus consejeros- que no consiguiera identificar al presidente de El Corte Inglés, Dimas Gimeno). Segundo, para involucrarlos con la ciudad, hacerlos partícipes de los deseos y expectativas de sus habitantes, engancharlos con Madrid.

No le canso más, alcaldesa. Volveré sobre el tema en otra carta.

Angel, un ciudadano de Madrid

 

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Segunda carta a Manuela Carmena, alcaldesa de Madrid

4 junio, 2016 By amarias Deja un comentario

Alcaldesa,

Tengo que aclararle, no a Vd., sino a quien se asome a estas líneas creyendo ver el destilado de una oposición crítica a su talante personal, e incluso a su ideología política, que no voy por ahí. La he votado como alcaldesa, sin fijarme en los demás nombres que acompañaban su candidatura. También voté a Angel Gabilondo como mejor candidato, en mi opinión, a la presidencia de la Comunidad, e igualmente, sin parar mentes en el resto de nombres que figuraban en su lista.

Posiblemente que, de haberlo hecho, no hubiera votado a ninguno de los dos. Pero como creo que este país tiene arreglo si conseguimos eliminar la tensión entre generaciones y ponemos en circulación buenas ideas y no simplemente ocurrencias ocasionales, es por lo que emití mi voto de esa manera: un voto de confianza.

Las dudas respecto a que Vd. no pudiera controlar una candidatura tan variopinta, formada masivamente por personas llegadas de la oposición y la protesta sistemática -y no digo que les falten razones concretas, pero les sobran rencores difusos-, se me han ido confirmado con el tiempo. La alcaldía está colapsada, pasa el tiempo y las cosas no arrancan o se corrigen, porque no se toman decisiones.

No es problema suyo, entiendo, porque Vd. no tiene por qué tener Madrid en la cabeza, sino de que no se le trasladan los temas suficientemente estudiados para que se puedan valorar los pros y contras de cada posible actuación, y echar para adelante.

Madrid no puede presumir de ser una ciudad inteligente (smart city, como dicen los pedantes). Más bien, es una ciudad bastante cutre. Entrañable, pero cutre. No hay más que darse una vuelta por la Puerta del Sol o la Plaza Mayor, y asombrarse de la cantidad de personajes estrafalarios que se nos han colado por allí. Hay equilibristas imposibles, Mickey Mauses, guerrilleros del antifaz, carteristas a montón, tenderetes para majas y toreros en los que solo hace falta poner la cabeza…

Esa plaza podía estar en La Paz, en Lima, en Guatemala, Quito, o en cualquier pueblo de las américas con el desarrollo paralizado.  No tiene nada que ver con la transmisión de una esencia culta, europea, de foro de encuentro entre personas para pasarlo bien. Desde luego, el centro de Madrid encuentra su complemento natural con tiendas de recuerdos confeccionados en China, imitaciones grotescas, comida para llevar de tres al cuarto y, eso sí, unos grandes almacenes en donde se puede adquirir de todo, como en cualquier lugar del mundo.

¿Se ha fijado Vd. o alguno de sus asesores -me han hablado muy bien de su hija, Eva Leira, que parece tiene una capacidad de observación excepcional- que, antes de que la manada de turistas se acerque al centro de Madrid, se distribuyen, cada mañana, los disfraces y las plazas que ocuparán las decenas de desarrapados que vestirán todo el día, bajo el atufante calor?

Allá, en los aledaños de las Plazas turísticas, se produce el trasiego en el que se reparten los avíos para desgastados cabezudos, se entregan las mantas que servirán para simular cabras tristes con cabeza de coco, se prepararán los ánimos para acercarse sin descanso a cada infante de paso, haciendo de Pocoyó, Goma Esponja o Popeye. Son ellos, los reyezuelos de la economía sumergida más miserable, los que moverán, quemando su energía por ganarse cuatro euros, los pesados carteles de espalda con el desazonador mensaje de Compro Oro o repartirán con insistencia indomable papeletas de Menú barato, que acabarán tiradas diez metros más tarde sobre el asfalto?

Se que no le parecerá bien, pero lo pregunto aquí, porque no le dirijo la cuestión a Vd.; en todo caso, no solo a Vd. ¿Le parece bien que decenas de jóvenes atletas, con sus saquetas de baratijas al hombro, se desplieguen una y otra vez por la zona, disponiendo con calculado orden sus mercancías falsificadas, actuando como gacelas temerosas que aprovechan los respiros más bien burlones, que les proporciona la vigilancia errática de otros tantos policías municipales? El espectáculo de sus alocadas carreras para salvar el pellejo de la posible incautación de sus mercacías por los guardianes del orden me mueve a tristeza profunda.

Porque Vd., que fue juez, sabe de las condiciones en las que se han autorizado la residencia de esos jóvenes venidos de las profundidades de África, atravesando desiertos y superando barreras de todo tipo. Los tenemos aquí como indocumentados, y no pueden trabajar legalmente, sin otros recursos económicos que lo que consigan de la venta de esas mercancías que les son entregadas en depósito por misteriosos distribuidores (iba a escribir mafias, pero quiero contenerme).

La reforma del art. 270 del Código Penal (Ley Orgánica 5/2010) ha rebajado las penas para quienes venden DVDs, CD y otras mercancías de falsas marcas en la calle con la fórmula consolidada de los top manta, añadiendo dosis de discrecionalidad judicial (el legislador no se atreve a tomar decisiones y traslada el ámbito de la responsabilidad del castigo a la judicatura).  La pena es ahora de seis meses a dos años, y la multa de 12 a 24 meses, que podrá ser sustituida -atendiendo a las características del culpable y a la reducida cuantía del beneficio económico, por una multa de tres a seis meses o trabajos en beneficio de la comunidad de treinta y uno a sesenta días. Si el beneficio no excede de 400 euros, se castigará el hecho como falta, según el artículo 623.5.

Hay miles de manteros afectados por la legislación anterior, con antecedentes penales que les impedirán conseguir su permiso de residencia; más de un centenar están en la cárcel. Muchos miles , sin duda, andan por la ciudad y por España, emboscados, ocultos, huídos, como si esto fuera una selva.

El número de pobres en las calles, crece día a día. La mayoría, no son españoles. No me importa, desde luego, la nacionalidad, sino su situación de necesidad, la forma en qué tienen resuelto (siempre, mal resuelto) su modus vivendi. A la puerta de cada comercio de mínima entidad, hay un pedigüeño instalado; cada diez metros en las calles principales de Madrid, hay un tenderete con alguien que proclama su necesidad.

La pobreza visible es solo la punta de un iceberg de la miseria, no solo propia, sino del entorno: no pocas de esas gentes vienen, por supuesto, de otros países en los que lo estaban pasando aún peor y están aquí porque lo poco que reciben les compensa. Sin embargo, ¿debemos dejar que la situación se enquiste, mirar hacia otro lado, permitir que crezca o se emponzoñe?

En mi opinión, no. Encarar la cuestión con la intención de corregirla, esto es, superarla, eliminarla, exige, ante todo, tomar consciencia completa de la magnitud del tema. Cuántas personas están afectadas, con qué medios de subsistencia cuentan, en qué condiciones viven. Si tienen hijos, cuáles son las situaciones de escolarización e integración concretas. En todo caso, enterarse de cómo resuelven asuntos tan importantes -además de la manutención y la vivienda- como la de la salubridad, la asistencia médica, la previsión que se imaginan de su futuro personal.

No hay solución en dejarlos solos, a su aire.

Estoy convencido, porque quiero estarlo, que Vd. está preocupada en analizar y encontrar soluciones al problema de la creciente visibilidad de la pobreza en Madrid. Es una cuestión de imagen, sin duda. No veo que haya encontrado su equipo el quid del asunto, porque vamos a peor.

El tratamiento de la pobreza invisible o más oculta lo dejo, si le parece, para otro día, para tratarlo en otra carta.

Un saludo,

Angel, un ciudadano de Madrid

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Carta a Manuela Carmena, alcaldesa de Madrid

3 junio, 2016 By amarias 1 comentario

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Alcaldesa:

Hace unos días, en uno de los cajetines utilizados eventualmente para comunicar informaciones sobre el servicio de transportes en los autobuses urbanos, me encontré con un «Bando de Limpieza de la Alcaldesa de Madrid», suscrito por Vd.

No tenía fecha, aunque supongo que debió ser emitido hace poco. Como el escrito era largo y los viajeros que se amontonaban en la plataforma me impedían leerlo con la debida atención, aproveché un hueco visual y lo fotografié con mi teléfono inteligente. Así pude enterarme, en la calma doméstica, no ya de su contenido, sino que ahora trato de inferir de su concentrada lectura, tomándolo como muestra de razones más profundas, cuál sería la situación por la que Vd. se encontraba en la necesidad de enviar un mensaje a los madrileños.

¿Ilusionada, inspirada, tal vez, aburrida? Si alguno de esos calificativos encajan parcialmente al tono del escrito, el que más se adecúa es otro: desorientada. Mal asesorada.

Desde luego, el reto que lanza en su escrito es tan ingenuo como imposible: «que nos convirtamos en los ciudadanos más limpios del planeta». Ni siquiera veo el interés que pueda tener, objetivamente, que la ciudadanía madrileña huela a limpio por las mañanas. ¿Hay detrás un intento de promocionar alguna marca de jabón de tocador o desodorante? Por supuesto, las pituitarias sensibles sufren al ser dominadas por el olor a sudor, fritangas, humos de tubos de escape y calefacción, cuando no restos vegetales en putrefacción, pero la cuestión del aire de Madrid no parece, de momento, con entidad para mover su creatividad literaria.

Lo que Vd. pretende con ese Bando, en el que recuerda al que Tierno Galván, «primer alcalde de nuestra democracia» promulgó con idénticas inquietudes a las que Vd., varias décadas después, vuelve a poner de manifiesto, es que Madrid -los madrileños y los visitantes- corrijan, de una vez por todas, su perniciosa manía de ensuciar. El carismático profesor no lo consiguió y le puedo adelantar que Vd. tampoco lo va a conseguir solo con sus recomendaciones.

Coincido con Vd. que la base de lo que «nos ha pasado»es que menospreciamos lo público, esto es, lo que es de todos. No es, por supuesto, lacra que haya que hacer descansar sobre los madrileños. El desprecio hacia los bienes y valores generales de la colectividad ha pasado a formar parte de nuestra idiosincrasia. Especialmente, con la democracia, que hemos entendido mal y corremos el riesgo de entenderla aún peor.

Me preocupan, como a Vd. y a sus asesores, la actitud de los que tiran colillas en las calles y alcorques, de quienes no recogen cacas de sus perros y de todos aquellos que ensucian a sabiendas el espacio público. No ignoro que se nos han colado en el argumentario colectivo dos perniciosas exculpaciones:  «ya pagamos para que lo  limpien» y  «total, para lo que sirve que yo cumpla, sino nadie lo hace». Ambas direcciones de falsa dialéctica, muy peligrosas.

Debo llamarle la atención, ante todo, de algo que no es trivial o, al menos, no tan conocido. La limpieza de las calles es, de todas las actividades relacionadas con la recogida de basura, la más intensiva en creación de mano de obra.

¿Qué se necesita para barrer? Una persona pertrechada contra las inclemencias, con bolsas, una escoba, un recogedor y un carrito, moviéndose a pie por las aceras y por sus bordes; en algún caso, manejando un aspirador de hojas, papeles o cualesquiera residuos ligeros.

Fíjese algo más y advertirá, para su consternación, como fue la mía, que buena parte de esas personas que recorren las calles son bastante mayores, próximas a la edad de jubilación o que parecen ya haberla superado. También encontrará mujeres con aspecto de acabar de salir de sus labores domésticas, manejando con brío los trastos de limpiar.

¿Por qué? Sin duda, porque de esa manera las empresas concesionarias reducen sus gastos generales (menores pagos a la Seguridad Social) apremiadas por la necesidad de competir a la baja para llevarse alguna parte del contrato.

No me parece un despilfarro, dado el alto índice de paro que tiene la ciudad, generar un par de cientos de puestos de trabajo -baratos- para recoger la basura que otros ciudadanos más pudientes y harto despreocupados tiran en las calles.

Tampoco creo que se pueda/deba reducir más el coste de la recogida en camiones compactadores, con personal a la carrera desesperada por las aceras, manejando los contenedores a golpes, con el fin de cumplir con los exigentes destajos.

Habrá que enfocar la cuestión en otras direcciones, ¿no?

Porque, lo que si me parece intolerable es que se utilicen los contenedores que, teóricamente, están destinados a recogida selectiva, para que se entreguen a ellos, sin respeto, todo tipo de basuras, y que se dejen a su lado, abandonados como si la intención fuera construir tótem urbanos de la inmundicia, aparatos electrodomésticos estropeados, colchones y muebles viejos, aceites de automóvil usados, etc.

Me parece inaceptable que, en lugares elegidos a comodidad del ciudadano más irresponsable, se amontonen bolsas de basura en la calle, y que allí sigan por semanas.

Me parece insoportable -para mi sensibilidad profesional- asistir, cada día, y varias veces, al espectáculo de ver cómo una legión de pepenadores -al estilo de las ciudades paupérrimas- se dedican a abrir las bolsas de basura depositada en los contenedores, y a recoger, en camionetas desvencijadas, algunas sin matrícula, en cajas abiertas, cartones, restos metálicos o mobiliario (no tengo que hacer esfuerzo para imaginar que con destino a una eventual reventa, en una cadena de miserias de largo alcance subterráneo), poniendo boca abajo, revolviendo a la trágala, dejándolo todo luego abandonado de cualquier manera, contenidos aún de menos valor que el sustraído, cajas y bolsas rotas y culminando así el espectáculo de la dejación, el descontrol y el desorden.

No, Sra. Alcaldesa, esto no se corregirá con palabras. Hay que poner barreras: más formación, más concienciación, más inspección y más multas. Actuando de forma implacable con los que incumplan. También con aquellos encargados de la vigilancia que hagan dejación de su función de control.

Si no le molesta, le voy a escribir varias cartas abiertas. Le escribí ya varias cerradas, dirigidas a Vd., solicitándole entrevistas personales, que no me contestó. No se diferencia en eso Vd. de otros alcaldes y alcaldesas que hubo en Madrid, y los disculpo: puedo comprender que estén muy ocupados: una ciudad es un entramado complejo, vital, arisco…aunque también seductor como ninguno.

Como estoy seguro de que está imbuida de la mejor intención, le voy a dar un consejo de persona a persona, ambos peinando canas de experiencia: no se entretenga con los problemas pequeños. El de la basura es un tema muy visible, pero menor.

Tenemos otros mucho más importantes y, aunque no le corresponda a Vd. resolverlos -¡por favor, Vd. no es la heroína de los cuentos de hadas!- sí le vendría bien conocerlos.

Un saludo

Angel, un ciudadano de Madrid.

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Epílogo:…y utilizar más grados de libertad

19 mayo, 2016 By amarias Deja un comentario

(Continúa aquí, y finaliza con esta segunda entrega, el Epílogo de «La Granja Humana»,  una ficción con indudable parecido con la realidad, cuyo título completo para la versión inglesa sería: «The human farm: a factory of hopes, welfare, poverty and delusions»)

Quinta orientación: Fortalecer las políticas mejorando la competencia de los políticos

De la lectura del epígrafe, no pretendo que se interprete, sin más, que los políticos de la jaula hispana son incompetentes. No tendría razones para afirmar algo así, y, desde luego, «no los conozco a todos».

Por ello, la afirmación del presidente actual del Círculo de Empresarios, mi compañero de profesión en la ingeniería, Javier Vega de Seoane, de la que ignoro el contexto exacto, aunque pronunciada en relación con la falta de acuerdo tras las elecciones de diciembre de 2015 («Si los partidos políticos funcionaran como las empresas, cambiarían de líderes tras un fracaso como éste») me parece poco afortunada, porque parece una indicación a que las empresas deberían ser el modelo a seguir por la política.

En cualquier caso, en todas partes cuecen habas, como dice el dicho, (y en la mía, a calderadas, como reza la obligada continuación del dicho popular).

Sin desviar la atención hacia otros colectivos, el silogismo admitido es que la política es cuestión delicada que exige una especialización y que, por tanto, debe encomendarse su ejercicio a un tipo muy concreto de profesionales: los políticos.

Hay, al menos, dos razones para estar en desacuerdo: una, de base genérica. Para hacer algo bien, además de conocimiento y dedicación, hace falta experiencia. Tanto da que se trate de empresarios, políticos, médicos, comandantes de aeronave o… maestros soldadores. Para llevar a cabo con solvencia la gestión pública, los competentes naturales deberían ser los funcionarios de cada una de las ramas de actividad de las Administraciones, quienes, con los años, serían quienes pueden acreditar la experiencia práctica. Los políticos, por supuesto, pueden llegar a acumular una importante y específica experiencia, pero en cuestiones que  poco tienen que ver con la gestión de la cosa pública, y sí con el desarrollo de su capacidad de convicción, su éxito como vendedores.

Como segunda razón, no comparto la práctica institucionalizada de considerar el acceso a los puestos clave de la gestión pública, como un premio para los políticos. Cuando los partidos consiguen cuotas para nombrar puestos de responsabilidad en los poderes públicos, y cuando éstos son de libre designación, echan mano prácticamente en exclusiva de personas que desde su más tierna juventud se han dedicado al ejercicio de la política. Los convierten, como reconocimiento, en ministros, consejeros de comunidades autónomas, presidentes de empresas públicas, directores de organismos dependientes de las Administraciones,  embajadores, asesores municipales, etc.

El efecto derivado de esta estrategia de pura naturaleza excluyente es que el valor de cambio del político en el mercado laboral queda abrillantado por la experiencia adquirida como gestor de los intereses públicos, y especialmente, por el conocimiento adquirido desde la torre de mando de los entresijos de la Administración, robustecidos por la información confidencial que proporciona esa posición. La teoría viciosa de las puertas giratorias viene a confirmar que no son excepcionales las incorporaciones de ex altos cargos a alguno de los grupos privados con los que se relacionó mientras se mantuvo en ellos, sin que tampoco me apetezca descartar a los políticos con tan excelsa capacidad que pueden culminar su carrera académica, obteniendo doctorados o cátedras, mientras ejercen la -en teoría- absorbente función de gestionar lo de todos.

Ni siquiera estoy de acuerdo en que, por pertenecer a un partido concreto, se está mejor cualificado para cumplir el programa -si existe éste- con el que se ganaron las elecciones. En el ejemplo de la empresa, al que ahora sí vuelvo, los mejores gestores no son los herederos de los fundadores de la misma y, en puridad, ni siquiera los que tuvieron la idea y la lanzaron al éxito. Aquello de :»Soy un buen político porque lo que hago es política, y lo vengo haciendo desde muy joven» es un oxímoron, una falacia por petición e principio.

Debería de prevalecer, justamente, la tesis contraria. Tendrían que ser aquellos profesionales, que hubieran ejercitado su competencia en el sector privado, los que en un momento de madurez, vencida la etapa de aprendizaje, encontrasen en el acceso a un puesto público, su consagración al servicio de la sociedad. En beneficio de todos. Una puerta giratoria, al revés.

Apuesto doble contra sencillo a que se encontraría de esta forma una solución más adecuada al problema de credibilidad que tiene planteado la jaula hispana, y que puede agudizarse más. Porque la frustración de expectativas provocada por la grave crisis económica va agravarse aún, por la ignorante difusión de mensajes supuestamente salvíficos que carecen de viabilidad, emitidos por aquellos que tienen poca idea de cómo funcionan los entresijos de la Granja ni valoran las capacidades reales de la jaula hispana para encajarse u oponerse a ellos.

Sexta orientación. Detectar las líneas de desarrollo más adecuadas en relación con las ventajas comparativas, ya sean naturales o generadas

Ni qué decir tiene que el descontento de una parte importante de la población española tiene serios fundamentos. Casi nadie protesta por diversión o porque le paguen por hacerlo. Los millones de votos conseguidos por la formación de Podemos, o el núcleo fiel de la Izquierda comunista, son reales, serios y no provienen de aves antisistema. En absoluto. La crisis es real, y es duradera. Y si las protestas se dirigen contra la forma de Estado, la Constitución, las entidades financieras o los partidos que gobernaron hasta ahora, no es mala fe. Es mucho peor: es por ignorancia.

La recuperación económica, en términos de generar los millones de puestos de trabajo que se han perdido por la crisis, será imposible si no se alimentan líneas de desarrollo de mucha fuerza, que deben crearse o potenciarse en relación con el contexto de otros intereses en la Granja global. Además, debe tenerse muy presente que no basta con que se mejoren las cifras de beneficio de las cuentas de explotación empresariales, o se presenten incrementos de sus facturaciones anuales. Hay que analizar a qué se deben: si conseguidos por aumento de las exportaciones, o por haber desplazado a las empresas que empleaban metodologías tradicionales con tecnologías más eficientes, o por compra de otras empresas. Algo muy distinto de construir un entramado industrial alternativo en pocos años, que tape los graves agujeros causados por el boom (esto es, el estallido) inmobiliario y la brusca detención de la carrera alocada de planes públicos de mejora de las infraestructuras.

Siempre que reflexiono sobre la teoría -de base bíblica- de los ciclos económicos, y recorro, en ejercicio mental o literario, las múltiples explicaciones sobre los mecanismos que hacen alternar los momentos de recesión con los de esplendor, me pregunto por qué hemos convertido en un misterio algo que tiene una justificación técnica sencilla.

A nivel de Granja, el crecimiento del Producto Interior Bruto Global de la Granja se encontrará sistemáticamente con la resistencia que ofrecen los explotados o más perjudicados ante los que procuran concentrar para sí los máximos beneficios. A mayor resistencia, el ciclo será más largo, las oscilaciones más atenuadas; si las perspectivas de beneficio son altas, la avidez por hacerlo efectivo, mayor,  y el ciclo será más corto pero con superiores tensiones. La producción de la Granja sufre continuos impulsos que le hacen parecer una cuerda sostenida por sus extremos por dos infantes jugando a provocar movimientos ondulatorios por pura diversión.

Además, el asunto de fondo no es ése. El crecimiento en términos económicos del PIB de la Granja ya no sirve para medir el aumento de bienestar en muchas áreas. Los aproximadamente 80 billones de dólares/año en los que se calcula aproximadamente su valor total (en 2015), están muy desigualmente distribuídos: Estados Unidos, Europa y Asia Oriental (China y Japón), concentran, por partes iguales, más del 70%.   porque los índices Puede parecer una afirmación a algunos evidente y a otros, controvertida. Si algo cabe esperar es que, en el corto plazo, Estados con economías que venimos llamado emergentes, presionarán sobre los Estados con economías derivadas hacia el sostenimiento de la economía de bienestar, que se hará imposible. También las corrientes migratorias dejarán de poder ser contenidas con policías de frontera, concertinas y mamporros. No será posible seguir generando guerras y episodios de desentendimiento entre etnias, religiones o castas donde apetezca a quienes ahora tienen interés en controlar La Granja.

Me apetece citar a un teórico sobre cuyas teorías ha llovido mucho, aunque la frase tiene aplicación para poner en evidencia la debilidad de los planteamientos globales en La Granja (« Pour découvrir les meilleures règles de société qui conviennent aux nations, il faudrait une intelligence supérieure, qui vît toutes les passions des hommes et qui n’en éprouvât aucune… Il faudrait des dieux pour donner des lois aux hommes. » Jean-Jacques Rousseau, Du Contrat Social).

Si a nivel global, comparto la opinión de que no hay mente humana capaz de predecir hacia dónde irá la Humanidad, sin embargo, encuentro mucho más sencillo elegir las líneas de orientación para un país intermedio, como el de la jaula hispana.

La timorata aplicación hispánica de los amplios conceptos de «libertad de mercado» y «capitalismo liberal» ha restringido las intervenciones desde el Estado sobre la economía o, más bien, las ha desplazado a un maremagnum sin ton ni son de decisiones tomadas, en su mayor parte, desde las Autonomías regionales. Ha sido un error mayúsculo que tuvo (y tiene, porque el mal prosigue) efectos perniciosos sobre la economía real, y ha causado un despilfarro de recursos. Las Sociedades de Promoción Regional, los Institutos de Desarrollo autonómico, la parafernalia de instrumentos para fomentar la iniciativa local, sirven para muy poco, y por razones fáciles de entender, en realidad.

Sin orientación desde arriba, no es de esperar que las iniciativas privadas sean capaces de proponer emprendimientos con valor diferencial: saldrán muchas peluquerías, instalaciones de despiece de conejos, fabricantes de queso o pan artesanal, cooperativas de tres al cuarto y, en el menor de los casos, petición de ayuda para implantación local de multinacionales que lo que agradecen, pero no necesitan para ganar aún más dinero es un terreno barato y publicidad ya sea para su casino, la nave de ensamblaje de componentes o la instalación para productos químicos más o menos contaminantes.

Soy partidario de la definición de sectores preferentes para la jaula hispana. Somos, al fin y al cabo, un país intermedio, sin apenas recursos naturales (salvo el sol, el agua y un legado histórico monumental relativamente bien conservado, pero de mantenimiento costoso). Esos sectores preferentes podrían ser: el energético (con dedicación especial a las energías no contaminantes y renovables), los materiales especiales (cerámicos, aplicaciones del grafeno, muy alta resistencia y comportamiento ante solicitaciones extremas, etc.), transformaciones de productos agropecuarios de mayor valor añadido (y su distribución), diseño industrial con incorporación de valores ergonómicos, seriales, etc. y, por no hacer la relación muy larga, la concepción y elaboración de productos farmacéuticos y biomédicos (con orientación positiva hacia la gerontología o enfermedades especiales o raras)

Impulsar empresas y proyectos en las llamadas nuevas tecnologías (TICs) es, no ya una posibilidad, sino una obligación ineludible para un país que pretende recuperar, y no desea volver a perderlo el contacto con la élite tecnológica.

Cuando pienso que el «sector de defensa» -es decir, la fabricación de armamento- ha sido y es uno de las bases del desarrollo tecnológicos de Estados Unidos, Canadá o Israel, me pregunto, a fuer de pacifista (pero no ingenuo) por qué no hemos conseguido conectar de forma fluida, directa, absoluta, la industria del sector en la jaula hispánica -incluido su centro de investigación muy cualificado, el INTA (1)- con el resto de sectores industriales «civiles». Las tecnologías de comunicaciones e información ofrecen una estupenda oportunidad de enlace entre lo civil y lo militar que ayudaría, además, a encajar la carrera de muchos profesionales del Ejército en la vida civil, cuando terminara su servicio activo.

Séptima orientación. Revisar, con visión trasversal, el funcionamiento de la administración pública, del poder judicial y, en general, de todos los instrumentos de acción del Estado

A nadie le gusta que le juzguen, y a los jueces, menos. Pero es hora de indicar que la independencia del poder judicial tiene que ser revisada. Una cosa es la no injerencia en la función de administrar la Justicia, que es aplicación profesional de la legislación, y otra muy distinta, impedir que la labor profesional de los jueces no pueda ser juzgada por criterios externos, neutrales y objetivos, no empañados ni por el respeto a los órdenes superiores de la carrera judicial o por la prohibición -más de uso que de fuero- de emitir juicios sobre los jueces.

Ha de ser posible, y sin cortapisas, enjuiciar, no solamente las Sentencias de cualquier orden judicial -labor que, por fortuna, es cada vez más frecuente, perdido el miedo a criticar a magistrados de los Tribunales llamados superiores, incluido el Supremo-, sino a los jueces. Saber los porcentajes en que las Sentencias de un juez o Sala son revocados o revisados por el orden superior. Abrir el debate opinión sobre los comportamientos en los foros, permitiendo la expresión, no anónima, sí fundamentada, acerca de lo que se ventila en los foros. Porque, aunque las vistas son, en general, públicas, el público no asiste a ellas, más que cuando alguna circunstancia puramente morbosa hace un proceso mediáticamente atractivo, sin nada que ver con la administración de Justicia.

Lo dicho para los jueces, para los que es exigible una estructura no judicial que supervise, de manera independientemente y con transparencia hacia la opinión pública, las actuaciones de los jueces y magistrados, obligando así a un control externo muy aconsejable de esta función del Estado moderno que Montesquieu distinguía, de forma arcaica, como uno de los tres poderes independientes, vale para toda la administración pública. No basta el Congreso de Diputados y, en buena medida, tampoco serviría para lo que es necesario hacer que la eficiencia de la Adminstración tenga parámetros  medibles, individualizados y…públicos.

En relación con la administración de Justicia en la jaula hispana, una cuestión fundamental y, debido a su complejidad, arrumbada, es la revisión de las penas previstas en el Derecho Penal, relación con la gravedad de los delitos -las disparidades e incongruencias son notables-. Otra, no menos importante, es el abrir el debate acerca de los cometidos pretendidos -no los fantasiosos, ingenuos o voluntaristas- por la reclusión de los penados: ¿simple reclusión como castigo? ¿verdaderamente procurar la reinserción del penado? ¿para qué sujetos, en qué casos y de conformidad con qué delitos?

Finalmente, y por cerrar este capítulo, debería reordenarse la tremenda complejidad de las leyes y normativas de determinadas áreas, empezando por la ambiental y siguiendo por el derecho urbanístico y deteniéndose con cinturón y tirantes de la calma más resistente, en el laboral. Demasiada disparidad, redundante o contradictoria complejidad, que hace imposible la aplicación correcta del principio «dame los hechos, que yo (el juez) te aplicaré la ley correspondiente». ¡Si cada día surgen unas cuantas decenas de disposiciones en algún lugar legiferante de la jaula hispana! Basta tomarse la molestia de estudiar las modificaciones, revisiones, anulaciones y remisiones de una Ley cualquiera, para entender que el orden jurídico está lleno de lagunas, posibles superposiciones de criterios de aplicación presumiblemente contradictorios y, en fin, huecos para la interpretación abierta de lo reglado…

FINAL

Termino aquí este relato sesgado, seguramente pretencioso, genuinamente superable, de la Granja Humana, con especial detención en la Jaula Hispana y claro sesgo hacia el momento actual. Me hubiera gustado ser Tony Judt para sacar más enjundia al panorama descrito y poder terminar este relato con algo parecido a esta conclusión: «Sea el que fuere, el nuevo orden de la Jaula hispana, estará siempre unido a los signos y símbolos de su pasado, y su propia concepción como impulsora de renovadas ilusiones, constituye un éxito notable. Para que los españoles conserven ese vínculo vital con sus antecesores, para que el pasado siga proporcionando al presente un contenido que no sea únicamente reprobatorio y se constituya en un objetivo moral y alimente metas con futuro, habrá que enseñárselo de nuevo a cada generación. Porque cada nuevo orden que se imagine en la Jaula, puede que se considere una completa renovación, una destrucción absoluta de lo anterior, pero por innovadora que se crea la respuesta a la Historia, siempre estará vinculada a ella, y jamás podrá borrarla ni sustituirla.» Pongo entrecomilladas las frases, pero el lector de Judt podrá detectar que me he inventado gran parte del contenido. (2)

Madrid, 15 de mayo de 2016

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(1) El repaso a la situación actual de los centros de investigación que «fueron en otro tiempo Italica famosa» es desesperante: falta de medios, de personal investigador de recambio, de ilusión u objetivos: CSIC (Instituto de Ciencias de la Construcción Eduardo Torroja, Cebtro de Automática y Robótica, Centro Nacional de Investigaciones Metalúrgicas, Instituto Nacional del Carbón,…)

(2) Tony Judt, «Postguerra, una historia de Europa desde 1945» Ed. Taurus, 2006

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Epílogo: Romper barrotes

14 mayo, 2016 By amarias 1 comentario

«Yes, a violent quarrel was in progress. There were shoutings, bangings on the table, sharp suspicious glances, furious denials. The source of the trouble appeared to be than Napoleon and Mr. Pilkington had each played an ace of spades simultaneously» (*)

(George Orwell, Animal Farm, 1944,  Penguin Books, pag. 120 /Ed. 1971)

En este paseo virtual por la Granja Humana he recalado en la jaula hispánica, en la  que yo mismo habito y, como no es cosa de reclamar indefinidamente la atención del lector -que puede que tenga otras preocupaciones-, me apresto a sacar algunas Conclusiones. Porque cualquier ensayo, por modesto que sea, debe tenerlas.

Supongo que quien haya seguido el paseo hasta aquí habrá detectado que no soy de los que animarán a hacer revoluciones.  Me gustaría aquí decir que coincido con Keyness cuando escribió: «Puedo estar influido por lo que me parece ser justicia y buen sentido, pero la guerra de clases me encontrará del lado de la bourgeosie educada», aunque debo expresar de inmediato que, si esa frase representa los principios ideológicos keynessianos , discrepo de forma radical. Mi educación burguesa y mi formación académica tradicional, son solo parte de la base sobre la que he construido una visión de la Granja que es, sobre todo, experimental.

Al haber sido configurada mi visión a partir de experiencias propias -y, dado el período tan corto de la vida humana, en relación con la Historia de la Granja, «recientes» y «limitadas»- no desdeño que se pueda converger -actualmente, de forma pragmática, desde posiciones de fondo aparentemente muy alejadas.

Los ejemplos en el conjunto de la Granja son muchos y, en nuestra jaula, no faltan. La política llevada a cabo por el primer gobierno de Jose María Aznar no se separaba mucho, por la cuenta que le tenía a los intereses económicos y sociales, de la línea de los gobiernos de Felipe González: los logros de la economía del bienestar eran intocables. Tampoco cabría explicar de otra forma que como producto de un utilitarismo rentable para las propias formaciones políticas, que, para ahogar al PSOE, el PCE, bajo la dirección de Julio Anguit, hubiera planteado sin rubor acuerdos con Alianza Popular, en la primera aplicación española de la técnica italiana del sorpasso (adelantamiento) político.

La presentación conjunta en las elecciones del 27-J de 12016, por parte de Izquierda Unida y Podemos es, nuevamente, un intento de apariencia juguetona pero de alto calado en términos de rentabilidad para sus dirigentes, de estrechar el cerco a los del Partido Socialista, aprovechando la grave crisis de la identidad socialdemócrata. No veo claro, y no descarto que sea por mis gafas ahumadas, la utilidad para el pueblo llano de esos tejemanejes en la jaula (1)

El pragmatismo implica, ante todo, no ser ingenuo, no confiarse, no dejarse engatusar por luces y abalorios. En la Granja global, los latrocinios han sido la clave del desarrollo de los pueblos, no la inteligencia ni la perspicacia. A poco que te descuides, te roban la cartera.

El propio Keyness recuerda que «los comienzos de la inversión británica en el extranjero se hallan en el tesoro que Drake robó a España en 1560. Aquel año regresó a Inglaterra trayéndose con él el prodigioso botín del Golden Hind. La reina Isabel era una accionista importante de la empresa que había financiado la expedición. Con su parte, la reina Isabel pagó la totalidad de la deuda exterior de Inglaterra, equilibró su presupuesto y se encontró con unas 40.000 libras en su mano (…)» ¿Cabe una prueba más sólida sobre las raíces de la prosperidad de Inglaterra? ¿Imaginamos lo que hubiera significado «el prodigioso botín» para la corona española? Y…¿somos capaces de vislumbrar lo que supuso arrebatar esa prodigiosa riqueza a sus anteriores propietarios? ¿Nos detenemos ahí, o seguimos la traza hasta su posible principio? (2)

Por supuesto, no estoy de acuerdo en absoluto que desde esta jaula hispánica se puedan/deban iniciar o apoyar movimientos con la intención ingenua de subvertir el «orden mundial» -y menos en una alianza con los rectores de otras jaulas de descamisados, tanto económica como políticamente (Irán, Grecia, Venezuela, Bolivia, etc.). No me refiero a falta de solidaridad con los pueblos, sino a extremar la prudencia en la connivencia con sus poderes actuales.

No veo el menor recorrido a los impulsos apocalípticos ni a esos propósitos mesiánicos de apoyar la redención global con soflamas. Como a muchos de mis colegas, me gustaba mucho leer a K. Marx cuando era joven, y a otros teóricos anticapitalistas.

Hoy soy incapaz de leer de corrido más de media página de cualquiera de ellos, si bien tengo acotados múltiples párrafos para citarlos cuando me apetezca. Su música me sigue sonando bien, pero la letra es muy aburrida. Y lo que tengo anotado en mi memoria personal es que no pocos de aquellos jóvenes que se decían dispuestos a cambiar el mundo, -que dirigían las asambleas en las Facultades, que militaban en los partidos de la ultraizquierda en el tardofranquismo- evolucionaron rápidamente en la dirección particular que más les interesaba -a ellos y a sus familias-, sin que encontraran, al parecer, dificultades insalvables en acomodar sus ideas juveniles al nuevo ritmo de los tiempos.

No fueron malos tiempos en la jaula. Como cuando nos ordenaban quitar el machete del mosquetón, la mayor libertad y la apertura internacional, vinieron bien, porque el peso de  la impedimenta se tornó más ligero. Salvo los últimos diez años -la década maldita de 2007 a 2016-, hubo momentos muy buenos para todos los habitantes de la jaula: comimos mejor alpiste, volamos con más garbo, nos pintaron de dorado los barrotes y hasta nos sentimos muy orgullosos de ser admitidos como iguales (creíamos) por los más presumidos de la Granja, que nos permitieron hacernos fotos con ellos en las perchas más altas de sus gallineros.

Dejo, pues, el rollo ideológico y apunto unas cuantas orientaciones que tienen poco que ver con la ideología de quien gobierne, sino que dependen de los apoyos que pueda conseguir para hacerlas realidad, de la manera más eficiente, en estos  momentos de la jaula y de la Granja. Si alguien los considera como de izquierdas, es que no tiene ni idea de qué va esta vaina.

Primera orientación: Educación de élites de máximo nivel, revisión general del enfoque educativo, mejora de la formación práctica

El primer punto irrenunciable para romper barrotes en la jaula hispánica es la de crear -no muchos, uno o dos bastarían- centros de formación de élites económico tecnológicas y de manera inmediata. Basta ya de juegos, hay que romper la brecha tecnológica y es imprescindible acercarse a la frontera del máximo nivel, combinando dos saberes: saber hacerlo bien y saber cuánto cuesta y cómo conseguir la financiación. El modelo ENA francés es la inspiración.

¿Cómo poner ese cascabel al gato de la jaula? Sabemos hacerlo para algo no rentable (salvo para algunos de sus agentes), como el fútbol, la ignorancia que expresa la pregunta, suena a ridícula. Contratando a los mejores, donde estén y sin importar lo que cuesten.

No por espectáculo, es por razón de tener el huevo. Agrupando las mejores experiencias, involucrando lo más granado de los intelectuales bien dotados, exprimiendo el jugo salutífero de los más experimentados de nuestros profesionales, para que expongan, condensen y transmitan el conocimiento que poseen, tendremos la sustancia para formar las élites eco-tecnológicas.

No tenemos el modelo aquí, porque no se trata de una nueva Escuela de negocios, ni de mejorar una Escuela de Ingeniería -ahora, con los nuevos planes, abocadas a su autoinmolación-, ni de agrupar Facultades de Económicas, Derecho o Políticas para que se enseñen en ellas teorías de juegos malabares que no sirven más que para llenar horas de clase. Tampoco hay que obsesionarse porque los centros que se creen con el objetivo indicado actúen de forma excluyente, aunque hay que darles algunas ventajas, ya que se les exigirá mucho.

La jaula hispana precisa generar un par de Centros de formación de funcionarios de élite, que posean conocimientos completos del real funcionamiento del mundo. No solo de política, que, para el caso, sería lo de menos: de la situación tecnológica, de los enlaces económicos, con un conocimiento completo de las necesidades concretas de desarrollo eficiente en nuestro país dentro el marco global, de los medios que tenemos a disposición o podemos alcanzar, con capacidad para proponer objetivos sólidos, creíbles, prácticos. Deberán ser ingenieros-economistas con una educación complementaria en derecho y sociología y lo que haga falta. Por supuesto, deben estar imbuidos de la necesidad de sostener una ética inquebrantable, de los principios de transparencia y servicio público como premisas.

Deberán ser pocos, muy buenos, espléndidos. Seleccionados entre los mejores de la tribu, con criterios duros y, claro, objetivos. Serán nuestras futuras abejas reina. Trabajarán para la Adminstración por un período largo (los egresados de ENA están obligados a hacerlo por diez años) y cobrarán de ella desde que sean admitidos como estudiantes. Han de saber, preferiblemente, cuatro idiomas a la perfección: inglés, chino, alemán y francés. (El francés podría sustituirse por el ruso y el alemán, por el árabe estándar moderno: nunca simultáneamente).

Como se repite desde el imaginario de una Europa sólida y eficaz, para que esas aves de nuestra jaula, como de cualesquiera otras del recinto europeo, puedan ser candidatas serias para la Presidencia de la Europa federal, o de sus puestos de máxima relevancia, deberían conocer, además del español, otras tres lenguas comunitarias (las más habladas: inglés, alemán y francés).

Por supuesto, la formación de esa «fuerza de choque», a la que vengo dedicando tanto espacio, será independiente de la obligación de orientar la formación general de los jóvenes hacia aplicaciones realmente útiles para las necesidades de la jaula hispánica. No dejemos a la «iniciativa del mercado» el futuro de nuestra juventud. Es una trampa para ellos. Sobran peluquerías, expertos en jardinería, semiduchos en albañilería,  mecánicos de las cuatro reglas del automóvil, chapuceros del serviprisa, diplomados en programas informáticos obsoletos, master en hostelería y cocineros de saloncito de estar. Necesitamos jóvenes seguros de que tienen la base para hacer muchas cosas bien, porque podrán aprenderlas en poco tiempo, ya que saben lo fundamental. Ni modelo francés, ni inglés, ni norteamericano o chino.

Necesitamos implantar un modelo español, el que nos conviene. Estuvimos a punto de lograrlo hace no mucho tiempo. Técnicos bien formados, unos, con base ancha. Especialistas intermedios, otros, prácticos de verdad en los niveles y sectores que se consideraban necesarios. Hay propuestas muy interesantes de orientaciones formativas en campos de desarrollo concretos. Este gallo viejo que escribe tiene algunas circulando por ahí; no soy el único.

Se deben revisar, y también de inmediato, todos los programas académicos. Habrá sorpresas al conocer lo que se está ofreciendo, de veras, en los centros educativos. ¡Homologuemos todas las enseñanzas que conducen a un título! ¡Fuera la confusión! La libertad de cátedra ha sido penosa, egoistamente interpretada y precisa una urgente revisión. Las autonomías regionales han deshecho, a conciencia, la calidad de la oferta formativa, generando un desorden académico que se debe corregir de inmediato.

Pero un Plan de estudios general no se improvisa: exige un trabajo serio, independiente, leal. Para analizar lo que se enseña, no solo hay que oir a los docentes, sino dejar expresarse a los discentes; en particular, los recién egresados; específicamente, los mejores de entre ellos. ¿Qué han aprendido?. He aquí algo que no tiene que ver con la ideología; es más, si se pretende que tenga algo que ver con ella nacerá viciado, será inútil.

La igualdad de oportunidades tiene su origen en las escuelas, no en la calle.

Segunda orientación: La Unión Europea es el marco natural de nuestro desarrollo y la opción federalista, la única rentabilizable

Unión Europea como plataforma de acción y que sea fuerte. No tenemos otra opción viable desde la jaula hispana y debemos aplaudir todo lo que suponga avanzar desde las otras jaulas europeas en esa dirección. Una Unión Europea fuerte, hará fuertes a todos los países que la integran (y viceversa). Hay que ser europeísta por serena convicción y estar presente, con personalidad, en todos los foros, tratando de tú a tú a los estados más fuertes de esa original agrupación de comerciantes, imprecisa y vacilante, que debe evolucionar hacia una auténtica Unión Federal para afianzar su identidad.

Por eso, no solo hay que asumir las condiciones pactadas en su seno (de política económica, de circulación interna de personas y mercancías, etc.), sino obligar a que sean cumplidas por los demás, detectando con igual fuerza las irregularidades de otros.

No es sencillo, porque los egoísmos imperan en las actuaciones, y la presentación sesgada de lo que sería más rentable o más perjudicial para cada jaula, es moneda común. Las elecciones locales son buena muestra de que hay mucho que hacer, y de que los poderes económicos no quieren perder espacios de acción, y, por eso, se apoyan en lo que tienen más cerca: generar miedo en las clases burguesas respecto a cualquier apertura de las jaulas. Pintan continuamente los barrotes de dorado.

Política económica y financiera común, por supuesto que es imprescindible. No se puede sostener como objetivo una Europa de varias velocidades; ni con diferenciales en los tipos de interés según países; ni protegiendo a unas entidades financieras o a unos grupos de capital nacionales en detrimento de otros; sí a la agilización del crédito; sí al endeudamiento responsable, pero sin cortapisas impuestas por los que más tienen; sí a la financiación de proyectos de investigación que, en lugar de favorecer a las grandes empresas, se destinen a las pymes y a impulsar la colaboración entre Universidades y empresas; sí a la rebaja fiscal de las inversiones en i+d, en particular, en sectores preferentes; sí a favorecer emprendimientos de jóvenes; sí a inversiones público-privadas, que promuevan crecimiento en las líneas más intensivas en mano de obra; sí al control del gasto público con férreas medidas de exigencia de la eficiencia como valor irrenunciable; sí a…

Me parece íntimamente vinculado a ese robustecimiento de la Unión Europea la generación de una Política exterior común y de una estructura propia de Defensa. Seguridad y defensa propias no pueden confiarse a terceros y, en este sentido, la subordinación de ese objetivo a la OTAN por parte de Europa es una dependencia infantil procedente de la postguerra, que debería entenderse superada. Estados Unidos ha manifestado -con la boca pequeña- varias veces su incomodidad en soportar la mayor parte de los costes de esa estructura, aunque es su principal beneficiario.

Para la jaula hispánica, abrir el debate interno de la salida de la Alianza Atlántica es inoportuno, además de temerario, pues somos un país frontera. A nivel europeo, la salida de la OTAN sería una grave temeridad. Por el contrario, apoyar la necesidad de sustituir, en medida suficiente, el apoyo de la estructura atlántica por otra de control propio desde los centros de mando de la Unión es…imprescindible para obtener una verdadera identidad de contrapeso en la Granja global.

Tercera orientación: Cuidar las relaciones internacionales fuera de la Unión Europea

Desde un país intermedio, no se puede abarcar todo y, además, habrá que distinguir entre las relaciones a nivel institucional y las de las empresas. La necesidad de mantener cifras de negocio anteriores a la «crisis del ladrillo» -que ha sido, también, de paralización de las inversiones públicas en infraestructuras-  ha llevado a los grupos empresariales vinculados de manera sustancial a la construcción a salir fuera, asumiendo riesgos nuevos.

No quiero ser alarmista respecto a la solidez financiera del resultado de esas huídas hacia adelante. Las obras deben cobrarse y, además, realizarse de forma impecable, sometidas a escrutinios de calidad no siempre honestos ni fáciles de superar desde la distancia. Pero si en algo quiero llamar atención especial es que los trabajos en el extranjero no crean apenas puestos de trabajo en la jaula hispánica, y los desplazados para ser integrados en los equipos ejecutores de esas obras, responden a cualificaciones muy especiales. Pocos y, además, con buen currículum. Pan para mañana.

La enseñanza que deduzco de este análisis de los mercados exteriores es que deben ser acometidos sin descuidar la posición diplomática -involucrando a las instancias de los países a los que van destinadas las obras y los trabajos- y, de forma preferible, en conjunción con otros grupos empresariales europeos. Es un mensaje para las empresas, aunque es también un punto de reflexión, en mi opinión, para el apoyo a prestar desde las estructuras del Estado de la jaula hispánica.

Cuarta orientación: Preparar las estructuras sociales y asistenciales para el nuevo orden económico

Podría haber puesto esta Conclusión en primer lugar, pero es que considero a todas igualmente importantes. No se ha comprendido por los agentes sociales y económicos la consecuencia de la aplicación de las tecnologías digitales. Se puede decir más alto, pero no más claro: No crearán empleo positivo. Por mucho que proclamen los falsarios optimistas, no hay una Tercera Revolución Industrial, ni la habrá. En lugar de grandes cantidades de puestos de trabajo, se generarán inmensas bolsas de paro.

No puedo entender por qué se oculta esta realidad. Cualquiera de las grandes empresas de las llamadas «nuevas tecnologías de información y comunicación» es incapaz de crear más puestos de trabajo de los que destruye.

Y es lógico: donde antes se necesitaban decenas, o miles de personas para manejar la información, y tomar decisiones o ejecutar las actividades necesarias en los campos de comercio, turismo, periodismo, ingeniería, cartografía, etc., etc. ahora se necesitan buenos equipos de tratamiento de datos, conexiones de fibra óptica y el mantenimiento de las redes de comunicación para que unos pocos técnicos y cuatro especialistas mantengan en funcionamiento la estructura. Se beneficiarán miles, millones de usuarios -productos más eficientes, más rápidos, más baratos- con un pequeño problema: no podrán pagarlo, porque no tendrán ingresos.

(continuará)

 

—-

(1) Keyness, J.M. Texto extraído de la Conferencia pronunciada en la Escuela de Verano del Partido Liberal, Cambridge, 1925. “I can be influenced by what seems to me to be justice and good sense; but the class war will find me on the side of the educated bourgeoisie.”

(2) Copio este párrafo truncado del ensayo de Keyness «Posibilidades económicas de nuestros nietos», con traducción de Jordi Pascual, que forma parte de la selección hecha por Joaquín Estefanía, (Edit. Taurus, 2015), y que incluye una Introducción de este periodista, viejo amigo, con el título «Keynes lives!» en la que glosa, con agudeza, el alcance de términos como la «revolución pasiva» o el «laissez faire» del capitalismo, entre otros. De él tomo la cita de Martín Quetgals (EP, 6 de enero de 2015) que, ni qué decir tiene, no solo comparto, sino que -modestia aparte- contiene la esencia del riesgo de la falsamente llamada «Tercera Revolución Industrial», que vengo denunciando desde hace más de una década, en multitud de artículos, y que adelantaba en mi tesis doctoral, ya en 1989.

(*) «En efecto, tenía lugar una violenta disputa. Había gritos, golpetazos en la mesa, lanzamiento de miradas sospechosas, mentís furibundos. El origen del problema parecía estar en que Napoleon y el Sr. Pilkington habían jugado cada uno un as de espadas al mismo tiempo» 

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Jaleo en la jaula de grillos: quiere Jauja

12 mayo, 2016 By amarias Deja un comentario

Próximo ya a finalizar este repaso sesgado por las peculiaridades de la Granja Humana, y habiendo enfocado el telescopio hacia la jaula hispánica, creo conveniente volver a situar lo que tenemos magnificado en el objetivo dentro del contexto. Con atención específica a una cuestión: los modos de generar mayor valor a la actividad humana, la problemática inherente a la remuneración por el trabajo como fórmula -más o menos eficiente para distribuir las plusvalías colectivas a la mayoría de las familias-,  y la aplicación de esa servidumbre a nuestra realidad actual. (1)

La Organización Internacional del Trabajo calcula que más de 3.000 millones de personas en la Granja humana, trabajan. Aunque el término trabajo es utilizado con gran profusión, su definición resulta permanentemente controvertida. ¿Qué es, en realidad, un trabajo decente? ¿Cómo se determina la productividad de una actividad humana? ¿Solo si se consideran trabajo las actividades que se realizan para un tercero y, dentro de ellas, cuando el prestatario de las mismas recibe alguna compensación, ya sea material o…espiritual (incluida la palmadita en la espalda)? (2)

En todo caso, el número de personas que realizan actividades transformadoras en la Granja s muy superior al indicado por la OIT.  El ave humana, desde muy pronto -«apenas siendo flor de pluma o ramillete con alas»-, interactúa con su entorno, pretendiendo cambiarlo, aunque no sea para obtener un beneficio concreto, sino solo por bulla. Por ello, sin abrir una nueva discusión, admítase que la capacidad de la población para modificar los estados de la materia y de la energía a formas más elaboradas (irreversibles en su mayoría) es inmensa y la potencialidad de que la mayoría de esos cambios redunden en mejoras de la situación en la Granja, muy estimulante.

Por desgracia, el optimismo en la Granja tiene recorrido corto, si se analiza el resultado a nivel global y se focaliza el estudio en relación con el reparto del incremento de los beneficios o utilidades. De forma más lamentable aún, la decepción es tremenda si se considera la cantidad de esfuerzo que se dedica a destruir, obstaculizar o dejar abandonados sin uso, los esfuerzos de otros.

La remuneración por el trabajo está sujeta al principio de la explotación del que más puede sobre el que ás necesita. El porcentaje de trabajadores por cuenta ajena en situación de pobreza (por ganar menos de 2 dólares diarios) se acerca a la tercera parte del colectivo total (28%); la alta tasa de desempleo juvenil oscila entre el 30% del Norte de Africa y el 17% de las «economías desarrolladas»: un gran despilfarro.

Dado que la solidaridad se esgrime como virtud de la especie humana, resulta curioso descubrir que la indolencia colectiva es el fenómeno predominante. La diferencia de productividades en la Granja, la explotación de esos desequilibrios, hasta hace muy poco, no afectaba psicológicamente a los que vivían en las zonas cálidas (léase, supuestamente desarrolladas). Sencillamente, por activa o por pasiva, se aprovechaban éstos de su existencia, sin sentirse culpables. No había problemas en considerar a otros, esclavos, seres inferiores, colonizables, estúpidos, salvajes o, simplemente, enemigos a los que avasallar.

Esas actitudes subsisten, porque están muy bien arraigadas. Puede que formen parte del ADN subliminal de la Granja. Solo hay que descubrir el núcleo de buena parte de los mensajes políticos: la prevalencia de lo que «nos» conviene frente a lo que necesitan «ellos». No hay mayor dificultad en convivir con que, para algunas almas sensibles, la situación ahora no resulta -ahora- soportable. «Hay que hacer algo», defienden, apuntando a responsabilidades ajenas, salvando así sus conciencias y ofreciendo un argumento para aplicar algunas cataplasmas y placebos a las necesidades de los que más sufren el peso de la bota insolidaria.

En lo que respecta a la explotación sin compensaciones adecuadas del trabajo de otros pueblos y de sus recursos, entiendo que no es la globalización la que ha hecho presente ese sentimiento de bonhomía. La culpable principal de la difusión limitada de esa sensibilidad -que se compensa, como he adelantado, con acciones meramente simbólicas-, ha sido la introducción de la televisión en las casas particulares. También ha contribuido, aunque en mucha menor medida, la aparición en la escenografía de los debates políticos internos de una nueva terminología, que habla de los problemas de las migraciones, de las catástrofes causadas por cambio climático, de los perniciosos efectos económicos de las guerras y del la amenaza de  atentados terroristas en las jaulas propias.

En casi todos esos problemas, que existieron siempre por cierto, se puede detectar el cóctel genuino, nada misterioso, de extremismo religioso forzado, miseria rampante e ignorancia culpable.

Las encuestas prueban que la asimilación de las noticias desagradables es, con todo, muy rápida. Una catástrofe con decenas de muertos próximos (miles, si se han producido a miles de km, en la equivalencia acomodaticia) se olvida en pocas semanas, no importa si producidas por un tsunami, una explosión nuclear o una bomba colocada por fanáticos con pretensiones expiatorias).

En la jaula hispana, los cuatro mayores diarios deportivos, todos de pago,  editan 800.000 ejemplares, con una difusión que alcanza a 5,5 millones de lectores (datos de la OJD, Oficina de Justificación de la Difusión). Los cuatro mayores diarios generalistas no gratuitos, editan algo menos de 1 millón de ejemplares, y solon llegan a 4,4 millones de lectores. El dato es ya significativo de por sí, pero su valor esclarecedor cobra nueva dimensión cuando se reconoce que resulta exótico oir conversaciones sobre la situación económica general o acerca de temas de política internacional. En cambio, en cada lugar de la jaula, hay aves deseosas de entablar una conversación animada sobre la situación física o anímica de cualquier futbolista, con empeño y conocimientos asombrosos.

La capacidad de la jaula hispana para poner énfasis en lo marginal es proverbial. Los insulsos debates de la política interna sobre lo que habría que hacer (¿impedir a toda costa que gane el otro? ¿conseguir un gobierno de cambio para hacer qué?), no están enfocados, desde luego, a solucionar el problema mundial. En un momento tan grave de nuestra economía, y dada la debilidad relativa del poder de nuestra jaula, no tendría sentido preocuparse del todo si la parte se resquebraja. No está el horno para bollos del tipo «alianza de civilizaciones» ni para que nuestro apoyo simbólico a cualquier causa bélica o pacífica merezca la menor atención. Cada lugar de la Granja está enfrascado en resolver su propio problema. Tocan a «sálvese quien pueda», sin que importe a quién ha de pisar para alcanzar la piñata.

Los poderes económicos y su brazo armado, desde los cuarteles superiores de la Granja, han generado una situación de alta tensión internacional. Las posiciones reaccionarias, regresivas, han vuelto a ocupar los lugares preferentes del escenario; son aplaudidas, como corresponde a un momento de confusión, no solo por los directos beneficiarios, sino por la cohorte de desorientados, que es mucho más numerosa. (3)

Para la jaula hispana, el momento impondría la obligación de encontrar una solución pragmática y aprovechar los huecos de la coyuntura, sin generar ni atención ni tensiones. Dado el reducido tamaño de nuestro territorio, y la condición de país intermedio,  habría que arrimarse al calor de otros que aumenten la capacidad de respuesta, y no desaprovechar los vientos, ni despreciar, por el momento, las migajas. Pero hemos convertido la jaula en jaula de grillos, y las promesas electorales en un viaje a Jauja (salvo para el Partido Popular, que quiere que se monten aquí tres tiendas: una para el sol; otra para el humo; y otra para sus dirigentes).

No es posible entender la razón por qué los partidos que pugnarán, nuevamente, a finales de junio de 2016 por el control del gobierno de la jaula hispana desestimen que lo (único) importante ahora es no desaprovechar ninguno de los escasos recursos: económicos, técnicos, y humanos.

Que hayan vuelto a aparecer cuatro o cinco posturas ideológicas radicales no es síntoma de vitalidad democrática, sino de la pobreza de las propuestas concretas. Discúlpeseme la simpleza: Todos los ricos son, por naturaleza, conservadores; todos los pobres son, genuinamente, revolucionarios; todos los descontentos quieren que la situación cambie a su favor; todos los lerdos quieren que la inteligencia se menosprecie y los talentos se igualen; pocos habrá que no se crean el más capaz ni el que posee mejores méritos, ni deje de apoyar a los suyos en detrimento de los demás; todos los que aplauden a un líder esperan conseguir algo a cambio, en su propio beneficio. Quienes digan ser espléndidos, y no ponga en circulación, ante todo, su propio peculio, mienten. Jugar a pelo y a pluma conjuntamente es doctrina seguida sin problemas.

En fin, allá va un consejo no pedido. No es momento para cambios bruscos, porque nos faltan elementos clave para saber por dónde irán las corrientes dominantes. El examen al que hay que responder con solvencia solo contiene tres cuestiones: 1) seleccionar las medidas más eficientes para generar, de inmediato, riqueza y actividad con perspectivas de mantenimiento; 2) valorar, simultáneamente, cuanto cuestan y, por supuesto, si podemos encontrar la forma de pagarlas o financiarlas con los recursos disponibles y la escasa capacidad de endeudamiento remanente y 3) tratar de llevarlas a cabo lo antes posible, sin menospreciar ninguna aportación ni ahuyentar a los detentadores del capital, porque hay que ser taimados, no ingenuos.

Me resulta un ejercicio vacío discutir acerca de qué teorías económicas son mejores: los creadores de casi todas ellas, contrapuestas o no, tienen su premio Nobel. Hay que actuar de forma combinada desde el Estado y desde el apoyo a la iniciativa privada: no a cualquier precio. Seleccionando cuidadosamente los sectores, los apoyos, los objetvios.

Ni los programas de los partidos  -ni los anteriores, ni lo que se va sabiendo de «los nuevos»- ni las ideas expresadas por aquellos que son o fueron líderes de los mismos, se ocupan de cuantificar, solo de prometer. Subir impuestos a los que más tienen, puede ser interesante, pero más importante es saber concretamente qué se va a hacer con ese hipotético aumento de la recaudación fiscal, y, claro, valorar el efecto espantapájaros para los soportadores de la leva.

Hay mucha ingenuidad, cuando no ignorancia de base, en los discursos programáticos. Se lee como un librito de doctrina elemental el «Juntos podemos; el futuro está en nuestras manos» de Albert Rivera (Unigraf, 2014), y los no menos ligeros,  «Esto tiene arreglo» (2012) o «La tercera República» (2014), de Alberto Garzón. No mejora el calificativo de un ejercicio de mirada al ombligo, «El compromiso del poder», de José María Aznar, (2013) y el doctrinario panfleto de «Ganar o morir», coordinado por Pablo Iglesias Turrión, que no mejora su «Disputar la democracia, política para tiempos de crisis», con prólogo de Alexis Tsipras.

Supongo que eso es lo que el gran público desea, lo que el votante valora. Se ha escrito, desde la Academia, muchísimo, sobre todo, para obtener doctorados y licenciaturas. Papel de envolver, en su mayoría. Por profesión y afición, leo con frecuencia los análisis y propuestas de ilustrados economistas, y, porque conozco a muchos personalmente, sigo sus trayectorias profesionales con asombro. He vuelto a hojear «España, Economía: ante el siglo XXI», coordinado por José Luis García Delgado (Espasa Calpe, 1999), una mente lúcida, sin duda, no sé si independiente, porque el tiempo ha pasado por encima de casi todo. No lo veo culpable de que la recopilación tenga hoy el aire de lo que nació obsoleto, y de que las buenas voluntades subyacentes no hayan encontrado seguidores.

El análisis económico que en ese libro de apuntes profesorales, pongo por caso, hace Julio Segura -que despertaba en los 7o del pasado siglo admiración de féminas e izquierdosos asamblearios- sobre el sector público en las economías de mercado, me mueve a preguntarme, como tantas otras veces, para quién se escriben estos libros, qué se hace con las tesis serias, a quién aprovechan los mensajes. Leo (escrito en 1998) que «es imposible que la economía española avance sostenidamente en el proceso de convergencia real sin un aumento de los gastos -públicos y privados en estas rúbricas»(se refiere a las de infraestructura civil, inversión en i+d, mejora de los niveles educativos, formación y cualificación de mano de obra). ¿No es lo mismo que propugna, hoy, Luis Garicano, mentor económico de Ciudadanos? ¿Repugnará a alguien?

Surgen, en fin, varias preguntas, cuando contemplamos las sonrisas con las que un partido «transversal» (lo dicen sus simpatizantes) se une con un partido cuya ideología -utópica, pero impecable- siempre he respetado.

¿Va la jaula hispánica a marcarse un do de pecho uniéndose a los más pobres de la Granja, participando en la confusión mental por el lado de la izquierda, o prefiere arrimarse a los que se benefician por el costado de un progresismo moderado? Como republicano, agnóstico, progresista, me contesto: prefiero la actual monarquía, vivir en un país católico oficialmente aconfesional y me enorgulleceré siempre de participar en el cambio desde dentro, con decisión, en todo lo que me dejen y en bastante de lo que pueda hacerme con el sitio. Pero con cautela. Tengo el culo pelado de gallo viejo curtido en cientos de peleas, de las que no todas gané, claro, pero habrá testigos de que me empeñé hasta el fondo.

(continuará)

———

(1) El presidente de Cantabria, Miguel Angel Revilla, es el mejor maestro local conocido en el empleo de la economía como elemento recreativo. Con un título en Ciencias Económicas, ha protagonizado programas de TV que han levantado ampollas a críticos ortodoxos de la izquierda como de la derecha ideológicas.  Se olvida quizá, que no siendo la economía -a pesar de la denominación de las Facultades y diplomas- una ciencia exacta, sino una elucubración cercana a la metafísica (cuando no a la patafísica), su poder adormecedor sobre las conciencias es lo que más cuenta.

(2) Según la misma OIT, el 66% de los trabajadores por cuenta de otros sufren de alguna, o todas, de estas vulnerabilidades: carecen de contrato o derechos de los reconocidos como fundamentales, tienen una remuneración muy inferior a sus capacidades o muy distante del beneficio que generan a sus empleadores, no disponen de protección social, etc. La mitad de la población activa de la Granja no tiene cobertura alguna en caso de desempleo, enfermedad, discapacidad, vejez o maternidad.

(3) El debate por la Presidencia en Estados Unidos ha permitido destapar el fondo del vaso ideológico del partido republicano; si se produce, el triunfo de H. Clinton, no será ni sencillo ni sin compromisos. En el Reino Unido, los intereses del capital afloran por encima de la solidaridad con la UE, y el Brexit es una propuesta con reales posibilidades de éxito, cuyo beneficiario no ofrece dudas. El apetito ruso por recuperar áreas productivas de la Europa oriental convierte esa franja en zona caliente. China, India, Corea del Norte, etc. proporcionan motivos para la preocupación. Latinoamérica arde en incongruencias y Africa sigue siendo utilizada como solución rápida a problemas ajenos, despreciando las opciones de considerar el abordaje de los suyos propios.

Publicado en: Actualidad

La jaula hispánica tiene puesto el pestillo por dentro

9 mayo, 2016 By amarias 2 comentarios

(Hamlet: Do you see yonder cloud that,s almost in shape of a camel?
Polonius: By th´mass, and it,s like a camel indeed.
Hamlet: Methinks it is like a weasel.
Polonius: It is backed like a weasel.
Hamlet: Or like a whale?
Polonius: Very like a whale. (*)
(Hamlet, William Shakespeare)

En la jaula hispánica se escribe mucho, pero se lee menos y se profundiza apenas. Se debate continuamente, pero no se escucha o muy poco. Cuando se eligen personas para un cargo, puesto o prebenda, no importa si público o privado, se atiende más a las recomendaciones y al amiguismo que a otras virtudes.

No es sencillo cambiar esa inercia, porque viene de muy antiguo y está enquistada en el comportamiento popular, admitida como principio para conseguir algo con mayores opciones. Por supuesto, no todo se mueve en el nepotismo ni se enmarca en la designación interesada, pero el mal está ahí, bien arraigado, y el tiempo acaba disimulando los orígenes, legitimándolos.

Solo sería necesario observar la rudeza con la que los que tienen un puesto de prestigio o valor defienden la necesidad de duros requisitos para que otros accedan a su misma condición, para deducir que hay gatos encerrados. Cuanto más duros sean los niveles exigidos para una oposición, deberían crecer las sospechas de que la designación no será leal. No han de buscarse, al fin y al cabo, genios, sino solo gentes capaces para desempeñar el cometido que el puesto demanda.

Cuando escribo estas líneas, en la jaula hispánica se van a repetir las elecciones políticas para designar un Presidente de Gobierno. Las anteriores fueron en diciembre. No ha habido acuerdo entre los partidos respecto al candidato, y cuatro de las facciones que se repartieron los votos ciudadanos casi por igual, consumieron el tiempo en conversaciones baldías, mareando las perdices hasta la asfixia.

Salvo el presidente de Gobierno saliente, Mariano Rajoy, -y no pretendo que en él sea mérito- los cabezas de lista de las distintas polladas son gente muy joven, que, por tanto, han vivido poco. Eso no les impide alardear, quien más quien menos, con petulancia culposa, de saber cómo solucionar los problemas de la jaula.

No lo saben, sin embargo; no demuestran saberlo. Se olvidan de que estamos en una jaula pequeña, con mayores necesidades que recursos y que es imprescindible contar con ayudas externas para que toda la población avícola sobreviva manteniendo el actual nivel de vida. La cuestión de fondo, muy preocupante, tiene una exposición muy simple: no existe perspectiva creíble para sostener el actual nivel del estado de bienestar, sin que la línea más simple, aumentar los impuestos de los que más tienen, arriesgue hundir aún más la economía.

El capital fluye sin fronteras, es cobarde, se esconde a la primera señal de peligro, y lo hará con destreza, porque siempre encontrará cómplices y pagará bien a los que más sepan de agujeros (preferiblemente, si ellos mismos los han creado). Los «papeles de Panamá» son solo una minucia, una engañifla para entretenimiento de periodismo diletante y asombro de ignorantes de cómo funcionan las cosas, en esta jaula y en toda la Granja.

Si preferimos ir al núcleo que interesa y no dar palos de ciego entre los matorrales de los bordes, debemos conocer que el problema que tenemos que resolver, en lo que nos es propio, es otro. Ni la corrupción, con ser aparatosa; ni las castas, con ser lamentables; ni la incapacidad de los políticos para entender de economía real, tecnología y humanidades.

La estructura económica española, con escasez notoria de centros de actividad e insuficiente dinamismo, no permite garantizar la generación de los puestos de trabajo suficientes, y desde luego, no lo serán de la calidad necesaria para que el reparto de las plusvalías que la estructura de actividad sea capaz de producir, y cuya manera eficiente es hacerlo por la vía de los salarios y no de los subsidios, permita recuperar la situación de bonanza que se ha vivido antes de la crisis inmobiliaria.

No es necesario repetir un análisis ya perfectamente trazado y bastarán un par de pinceladas para ponerlo en contexto. Por culpa del boom inmobiliario, una parte sustancial de la población se decidió al dinero fácil que proporcionaban los empleos en el sector de la construcción y servicios derivados, que no exigían cualificación previa. Diez años más tarde, la mayoría siguen indecisos ante la necesidad de adquirir una formación útil, inmersos en la frustración del desempleo e incapaces de entender las claves de una sociedad que creen les ha traicionado.

Tampoco la Universidad ha sabido adaptarse. Aunque las estructuras universitarias se vanaglorian de que los egresados han aguantado mejor  la crisis, la realidad descubre que una mayoría están subempleados, y que no pocos han debido emigrar. El modelo no ha funcionado, ni por arriba, ni por abajo; no ha generado alternativas a la amenaza de crisis, y sigue sin encontrarlas.

La falta de crítica objetiva en la jaula es manifiesta, y los que critican, son menospreciados. La versión oficial apoya el optimismo convulsivo y los planteamientos desde la oposición son maximalistas, destructivos, rancios. La cruel realidad es que el sistema se ha deteriorado con fuerza, desde hace, al menos, una década, y no debe atribuirse el problema a la política, al menos, no en exclusiva y ni siquiera de forma prioritaria.

Todos los sectores económicos y sociales tienen parte de culpa. Unos más, otros menos: no será igual la culpa de los que retiraron las ganancias a paraísos fiscales, en lugar de reinvertirlas en nuevos emprendimientos, que la de quienes alimentan la economía sumergida mientras cobran el subsidio de desempleo; pero ambos, son culpables de deteriorar el sistema legal.

Ni la Universidad ha sabido adaptarse o prever los cambios, enfrascada en un nepotismo y amiguismo lamentable; ni las organizaciones del Estado, empeñadas en una ineficaz carrera de emulación que condujo a un despilfarro mayúsculo; tampoco las grandes empresas han sabido diversificarse ni apoyar las líneas de desarrollo más prometedoras, obsesionadas con ofrecer valor para el accionista, lo que, aunque no se conseguía, no excluía la obtención de beneficios para los consejos de administración, en donde se sientan consejeros independientes muy bien adoctrinados.

No hay por qué ocultar que ni la Administración pública -jueces, secretarios, interventores, funcionarios de toda condición- ni los, ministros, alcaldes, concejales, representantes político tampoco han estado a la altura.

La jaula hispánica, después de un momento de intenso fulgor (con combustible en gran parte, ajeno), ha perdido peso en el contexto internacional, consumido su credibilidad, falta de empuje. Los culpables de ese descalabro no son tanto las personas (al fin y al cabo, las personas son fáciles de sustituir), sino el deterioro de las infraestructuras, que hay que revisar, apuntalar y corregir de inmediato si se quiere conseguir su funcionamiento eficiente. Es divertido, sin duda, criticar a las personas, sacar de sus cuevas a corruptos e ineptos (qué difícil será llegar a lo más profundo, a los más contaminados), apuntar con la más genuina mala baba a objetivos seleccionados -sospecho que abandonados primero por sus propios comilitones-, aunque esto no soluciona el fondo del asunto.

No funciona correctamente la justicia, no los jueces; no actúan bien las empresas, no los empleados; no consigue sus objetivos la política, no los políticos. No culpemos a los sanitarios, sino a la estructura sanitaria; no nos preocupemos tanto de los docentes (y menos aún de los discentes), y sí de la formación que se imparte por decisión de programas confeccionados sin visión.

El deterioro de la jaula se manifiesta, desde luego, en los comportamientos individuales. Todo el mundo parece feliz de no respetar el espacio común, de contribuir a la suciedad de la jaula, como si el asunto no fuera con él.

Sin acudir a la metáfora, vayan ejemplos: el propietario de perros, dejará que las necesidades de sus chuchos queden abandonadas en la calle cuando nadie le observe; cigarrillos, papeles, plásticos, aceites, se arrojan en cualquier sitio; los contenedores separativos no cumplen  su función, porque son utilizados sin miramientos respecto a su destino previsto; los coches son aparcados en doble fila, o en lugares expresamente prohibidos, y no hay más que ver la cara de satisfacción del infractor, que toma aires de que la norma no va con él; los productores de ruido no se controlan, se enmascaran; hay vertederos en cada esquina de la jaula, en los montes protegidos, en las tierras de labor y algunos, que han crecido a la vista de todos, arden espontáneos.

Los inspectores, los policías, los designados para efectuar la vigilancia y proponer la sanción a los infractores, tienen una escusa: son pocos, cobran poco, están superados, no tienen motivación.

En general, la calidad de la oferta ha disminuido, favoreciendo la sustitución en los mercados de la competencia en precios por la brusca caída de la calidad de los productos. Se nos han colado los chinos, en las tiendas de cercanía y en sustitución de los productos artesanos propios: así lo hemos querido.

Entre los pocos libros interesantes que tratan de las posibles soluciones, selecciono el de alguien que tuvo responsabilidades en el Estado y que, vuelto a su posición académica de docente de Derecho constitucional, se ha decidido a contar ciertas verdades y propone medidas que, al menos, convendría discutir.

Me refiero a Diego López Garrido, quien publicó en 2014  un análisis sobre los problemas de fondo que  han conducido a la «Edad de Hielo» (1). Concreta tres posibles actuaciones de alcance:

  1. Abandono del ajuste presupuestario rígido, recomendando un giro en la política del Banco Central Europeo hacia la expansión inflacionista. Es decir, más inversiones desde el Estado, más gasto público. Postkeynessiano en ésto, yo estoy básicamente de acuerdo, aunque con la premisa de un férreo control y la selección consensuada e inteligente de los proyectos y sectores que conviene activar.
  2.  Detener la tendencia, que califica de suicida, que ha venido sustituyendo los impuestos directos por el incremento sin fin de la deuda, volviendo a los impopulares impuestos progresivos. Paralelamente, propone atajar el mal endémico del Estado contemporáneo: la «industria de la evasión fiscal», y perseguir sin miramientos la evasión fiscal de las multinacionales. Aquí caben matices, puesto que una cosa es la inspección fiscal de quienes evaden, su detección y sanción, y otra, reordenar el sistema impositivo. Hay que saber bien para qué, puesto que la simple recaudación para mantener el estado de bienestar no solucionará los desequilibrios estructurales, sino que los agudizará.
  3. Implantar el control político del sistema financiero, que es quien creó la crisis y que se protege de ella con medidas destinadas a su propio beneficio. Entiendo que no será fácil, porque la Banca es especialmente escurridiza y los altos salarios con los que compensa a sus altos ejecutivos permite seleccionar a profesionales muy eficientes en los tinglados financieros, bastante opacos o misteriosos para quienes no provienen del sector y no pueden analizar las cifras desde dentro. Las auditorías de las grandes entidades financieras, como la Historia ha demostrado, son demasiadas veces, apaños de estómagos agradecidos.

En consecuencia con su argumentación (que yo dejé algo mancillada con mis puntualizaciones) López Garrido defiende el que tanto en la jaula hispana como en la Unión Europea, se de un giro progresista al timón político, abandonado el rumbo seguido en tres décadas de (r)evolución conservadora, que considera la culpable de haber establecido los pilares para la Edad de Hielo,» de la cual vemos solo la punta del iceberg».

Al contraponer ideológicamente las posiciones de la derecha y la izquierda, con una visión más bien reduccionista, atribuye a la primera el argumento de que el Estado de bienestar es ya insostenible, porque no hay medios económicos suficientes para la sanidad y la educación universales y gratuitas, la dependencia, las pensiones, el seguro de desempleo, etcétera.

Según L. Garrido, la izquierda defiende justamente lo contrario: el modelo social europeo forma parte de nuestra identidad y hemos de proponernos luchar por la desaparición del desempleo y del subempleo, la pobreza y la exclusión social, que afecta particularmente a la infancia, y la desigualdad, el gran desafío de nuestro tiempo. En España, la crisis habría provocado el aumento de los  hipermillonarios.

La reforma fiscal progresiva es la solución propuesta, con aumento de impuesto a las grandes fortunas y salarios, y la subida de otros impuestos directos como el impuesto de sociedades, con descenso de impuestos indirectos y de los que recaen sobre las clases medias y la clase trabajadora.

Por atractiva que parezca la propuesta desde las posiciones de izquierda, no puedo sino manifestar la insuficiencia del planteamiento, desde mi conocimiento de la realidad. Porque, además de recaudar, el Estado debe fomentar y apoyar las iniciativas generadoras de actividad y empleo.

Demonizar a los empresarios -especialmente, a los propietarios de las grandes empresas- es un (grave) error, porque no existen alternativas que puedan propiciarse, ni desde el Estado ni desde la iniciativa privada emergente, no ya en el corto, ni siquiera en el medio plazo. La colaboración con el capital es imprescindible, apretando lo justo, sin ahogar.

La puerta de la jaula está abierta -se abre por dentro- y el dinero, como siempre se dijo, no tiene más amigos que los que lo hacen crecer y multiplicarse, y los candidatos a acoger a un gallo despechado, salido de una quintana, son numerosos.

(continuará)

—-

(*) Ofrezco aquí la traducción de este diálogo entre Hamlet (ya fingiéndose loco) y Polonius (Lord Chamberlain, consejero real) :(Hamlet: ¿Ves aquella nube que tiene casi la forma de un camello?; Polonius: Por supuesto, y es, en verdad, como un camello; Hamlet: Aunque, si lo pienso mejor, quizá se parezca más a una comadreja;Polonius: Sí, tiene el lomo como una comadreja;Hamlet: ¿O…tal vez como una ballena?; Polonius: En efecto, se parece mucho a una ballena. (Hamlet, William Shakespeare)

(1) «La edad de hielo. Europa y Estados Unidos ante la Gran crisis: el rescate del Estado de bienestar» (RBA, 2014). En su blog, López Garrido ha puesto de manifiesto que «la crisis —la impotencia de la política ante ella y sus efectos— ha traído una bipolarización nueva (…). Es la oposición entre la “gente” (sin distinciones) y la “casta”, que estaría constituida por todo aquel dirigente que forme parte de los partidos políticos tradicionales. Este enfoque es, por ejemplo, el sustento ideológico de Podemos, cuyo éxito electoral se basa en plantear ese binomio como un mantra. Así ha logrado captar votos de todos los partidos. En ciencia política se le ha llamado a un grupo de esa naturaleza catch-all party (“partido atrapatodo”)».

Publicado en: Actualidad Etiquetado como: Edad de Hielo, elecciones, Granja humana, López Garrido, política

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