Al socaire

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Archivo de 2019

Dana

15 septiembre, 2019 By amarias Deja un comentario

Algunas palabras técnicas, que son desconocidas para la mayoría no especializada, se cuelan de pronto, con intensidad, en el lenguaje común, incluso con sus valoraciones eruditas. Es el caso, pongo por ejemplos, de la fractura hidráulica («fracking»), el índice de referencia de prestamos hipotecarios («IRPH»), los fibromas y carcinomas (y sus diagnósticos diferenciales), o la «eutanasia pasiva», la «prisión permanente revisable o la «renta mínima universal».

Estas últimas semanas, hemos oído hablar mucho de la DANA (depresión aislada en niveles altos), término del argot meteorológico que ha venido a sustituir con fuerza al popularmente asimilado concepto de «gota fría». En regiones del Mediterráneo español, especialmente en Alicante, Albacete, Murcia, Granada y Valencia, se han sufrido las consecuencias del fenómeno con inmensas pérdidas materiales. Orihuela y su entorno han sido gravemente castigadas.

El fenómeno atmosférico ha supuesto, como cúmulo de desgracia, la pérdida de seis vidas humanas; personas que se encontraron atrapadas en su camino habitual, por rieras rebosadas o aguas fluviales crecidas que, en pocos minutos, anegaron carreteras, derribaron muros, desbordaron alcantarillados y penetraron en las casas aledañas a cauces y calles convertidas en anómalas salidas para el agua torrencial.

La intención inmediata de espectadores y sufridores del fenómeno de achacar al cambio climático los desastres provocados por la dana, ha sido desmentida por historiadores, meteorólogos y climatólogos. Este fenómeno natural no se debe a la elevación de temperatura media del planeta, ni es la primera vez que se presenta en nuestras latitudes. Es más: se produce todos los años, como consecuencia del choque de aire frío polar con el frente cálido y húmedo del Mediterráneo. Varía solo su intensidad como resultado combinado de múltiples circunstancias, y sus efectos pueden aparecer menos dramáticos si no afectan directamente a grandes poblaciones o -como es el lamentable caso actual- se cobran vidas y generan pérdidas graves a particulares.

No quiero sacar punta al lápiz rojo de la desventura, pero la situación sufrida me hace recalar, una vez más, en el problema fundamental de nuestra manera colectiva de abordar la prevención. Prácticamente, ninguna. Estamos poco inclinados a disponer de medios de cobertura, nos acogemos al rito de alertar, incluso con exageración,cuando el peligro es inmediato. Pasamos de actuar para paliar o evitar sus efectos cuando el riesgo es solo una posibilidad. Ya llegará el momento de preocuparse, parece decirnos la voz interior. Y, empeñados en ignorar los equilibrios ante el precipicio, preferimos dedicar nuestro tiempo a disfrutar del presente o, si el cabecilla de turno nos anima, nos entregamos a elucubraciones con poco sentido práctico, adoptando no pocas veces medidas y decisiones fuera de nuestras posibilidades.

No importa ahora discutir sobre el cambio climático, su verdad o sus consecuencias previsibles. El tema que el dana ha vuelto a poner sobre la mesa es inmediato, crucial. Debemos adoptar con urgencia medidas correctoras, preventivas y no solo paliativas, para proteger a las poblaciones en riesgo y a sus bienes de los peligros reales que ya conocemos, porque se han manifestado con anterioridad y tienen caracteres cíclicos o repetitivos.

Pregunto, pues: ¿Por qué se siguen consintiendo, autorizando y, en todo caso, utilizando sin pudor ni castigo las rieras y cauces secos como lugares de aparcamiento? ¿Por qué se construyen y mantienen casas -legales e ilegales- junto a arroyos, márgenes de ríos y zonas costeras y deltas, sin respetar terrenos demaniales, prohibiciones, y pasando por alto la atención a la más elemental prudencia? ¿No hay nadie responsable de limpiar regularmente imbornales y atender a sistemas de alcantarillado o a la recogida de aguas separativa, con la construcción de diques de choque para atender a lluvias torrenciales? ¿Se han calculado bien y se revisan regularmente los estados de acequias, presas, azudes, imbornales, taludes, puentes y sotopuentes, así como lugares de escorrentía? ¿Por qué no se atiende sistemáticamente a la limpieza de orillas de ríos, arroyos y viejos cauces, convertidos muchos de ellos en basureros impúdicos? ¿No es importante atender al desbroce y cortes de maleza de carreteras y vías, eliminando árboles y cualesquiera elementos que puedan significar obstáculos al tránsito?

No estoy hablando del comportamiento frente a la catástrofe. La capacidad de nuestro pueblo para volcarse ante la desgracia no tiene parangón. Se nos despierta, colectiva e individualmente, el ánimo solidario para ayudar a cualquiera que se vea afectado por una fatalidad, en especial si es una catástrofe colectiva. Merece todo aplauso.

Pero como planificadores, y como ejecutores de medidas preventivas, no estamos a esa altura. Desde la calma entre tempestades, nos entretenemos en discutir y proponer teorías fantasiosas sin estudio suficiente, gastamos dineros en acciones desproporcionadas, sin relación con nuestra capacidad económica o técnica, y optamos por ser campeones de las medidas restrictivas y adalides de las inversiones desmesuradas en lugar de preocuparnos por los problemas que demandan atención para que el lobo de la realidad no nos vuelva a morder con su despiadada dentadura.

Busco culpables de la falta de planificación no en el pueblo llano, poco apto para adoptar decisiones colectivas, sino en quienes nos dirigen y han dirigido. Si atiendo a la increíble disputa por sillones, que no por programas, con la que nos han martirizado los representantes que hemos elegido para gobernarnos en el futuro inmediato, me temo que la falta de planificación nos seguirá acompañando. Lástima.


Una abeja (apis mellifica) libando de la flor del limonero puede ser, en este momento, el símbolo de la calidad que hay que proteger y defender del ataque que está sufriendo. La terrible vespa velutina (avispa asiática) se propaga con descontrol por las regiones del norte de España, matando sin piedad a nuestras productoras de miel, causando estragos en sus colmenas. Esta imagen me sirve para recordar que tenemos la obligación de defender lo que nos es propio.

No me parece que en la lucha contra la avispa asiática se esté en el camino de vencer a ese feroz enemigo de la abeja autóctona. Porque el mal no apareció este año ni en nuestro territorio. Los primeros ejemplares se encontraron en Burdeos hace ya una decena de años y son varios desde que se conoce aquí la presencia de este depredador de la cabaña melífera. He leído que se está estudiando la acción del avispón autóctono como enemigo de la avispa asiática, y que se especula sobre la potenciación de la cría de cualquier ave insectívora (desde el halcón y aguilucho abejeros hasta el carbonero común).

Quizá quienes están analizando el problema con seriedad e inmediatez conocen los experimentos realizados en Francia con la mosca conops vesicularis, que anida en el abdomen de la avispa asiática y se alimenta de ella, o del  gusano pheromermis vesparum, que tiene un comportamiento similar. Aquí se están ensayando líquidos dulquérrimos, barreras de alambre y se ataca a los nidos detectados con fungicidas. Está muy bien. ¿Ha pensado alguien en la opción de hacer que las avispas asiáticas captadas vivas se conviertan en portadoras a sus nidos de algún veneno específico, que actúe sobre sus congéneres, en lugar de matarlas una a una?

Supongo que sí.

Publicado en: Actualidad, Ambiente, Asturias, Sociedad Etiquetado como: avispa asiática, avispón, dana, depresión, elecciones, gusano, inundaciones, niveles altos, Orihuela, prevención

Uniformes

10 septiembre, 2019 By amarias 3 comentarios

Han empezado las clases para los escolares de los niveles elementales, y en los hogares con educandos, los desayunos cobran un nuevo ritmo acelerado. Las aceras se pueblan antes de las nueve de la mañana en que se abren las aulas para la docencia, de padres apresurados que conducen a hijos propios y ajenos hacia los lugares en donde se imparte el saber oficial.

Mi horario deportivo (hago una hora diaria de musculación, por prescripción facultativa) se cruza, mientras me dirijo al gimnasio, con esas diminutas huestes con rostros de no haberse despertado del todo, y me detengo en contemplar, al paso, sus uniformes. Todos van uniformados, supongo que con independencia de que la doctrina que les imparten sea por la vía pública, la privada o la concertada.

¡Ah, el uniforme! Los niños de mi generación no llevábamos uniforme, sino mandilón. El mandilón, o guardapolvo era un cúbrelotodo que impedía que nos ensuciáramos el atuendo de vestir con los avatares de las aulas y de los juegos infantiles en las polvorientas calles y plazas en donde entonces circulaban pocos vehículos e, incluso, a menudo se cerraban al tránsito para explotar barrenos con los que se abrían unos agujeros por donde afloraban las tuberías de agua que debían ser cambiadas por otras nuevas.

Ahora se han puesto de moda los uniformes. El uniforme es signo de distinción, en el sentido de diferenciación. Hay uniformes que infunden y proporcionan señal de prestigio y respeto, como las togas judiciales y las militares. Las batas blancas o verdes de los facultativos y resto del personal médico y paramédico son, por supuesto, signo de categoría.

Otros uniformes, por el contrario, proclaman sumisión y servicio: los de las chicas de trabajo doméstico, los jardineros de multipropiedades, los conserjes,…hasta las gorras de plato que aún siguen usando los conductores de vehículos para uso principal de ejecutivos, gentes del Estado y de la farándula mediática, sirven para proclamar la subordinación propia de su trabajo al mandato de otros.

Estos niños de uniforme no saben aún que esos pantaloncitos, blusas, faldas, zapatos y hasta mochilas, en los que van bordados los escudos de las escuelas y colegios que forman parte de uno de los negocios más seguros del mundo real, que es la guardería intelectual y física de los que son preparados para el día de mañana,  los convierten en anuncios visibles, en señales de muchas cosas que pertenecen al lenguaje de adultos.

No me es difícil desentrañar, mientras avanzo hacia mi destino deportivo, esas señales. Infantes y adolescentes que cursan enseñanzas en colegios donde se les enseña el privilegio de pertenecer a una clase superior, o donde se les hace creer que la igualdad de oportunidades existe, mientras otros crecen en el mundo de relaciones que habrá de servirles, adultos, para apalancarse en las mejores posiciones.

Resulta, entonces, que los uniformes no sirven para uniformar, sino para clasificar, para crear distinciones ya desde edades tempranas. Qué paradoja.

Miro hacia atrás de mi vida, y me veo entre mandilones. Qué tiempos.


Hay aves de comportamiento especialmente gregario y, desde luego, los moritos (plegadis falcinellus) figuran entre ellos. Su porte inconfundible, con plumaje color castaño brillante -que parece negro a luz contrastada o en el anochecer- y su pico curvo, perfectamente detectable en vuelo como en reposo, los hace pertenecer al tipo de especies de la avifauna que todo el mundo conoce. Se alimentan en humedales, buscando invertebrados en aguas someras y, al atardecer, se dirigen en pequeñas bandadas hacia los dormideros, donde suelen coincidir con las garceta comunes (egretta garzetta).

Publicado en: Actualidad Etiquetado como: distinción, enseñanza, escolares, mandilones, uniformes

Semana decisiva

9 septiembre, 2019 By amarias Deja un comentario

 

La semana que empezó el 9 de septiembre de 2019 ha sido calificada como «decisiva» por quienes atienden al negocio de llegar a un consenso sobre el coste y la manera que supondría el apoyo de Unidas Podemos al Partido Socialista Obrero Español para que nos gobierne durante algún tiempo. Periodistas, dadores de opinión y los propios negociadores coinciden en la apreciación. La semana será decisiva.

Decisiva, ¿por qué y para quién? Desengañados la mayoría de los electores respecto a la capacidad de nuestros representantes políticos para entenderse, no la consideraríamos como tal quienes hemos visto que, prácticamente todos aquellos que dicen mirar por los intereses generales (y deberían hacerlo, por mandato constitucional), atienden más a sus intereses particulares, el reparto de puestos y el tamaño de los gorros con los que ocultarán o ensalzarán sus ambiciones y desconocimientos.

Se ha polarizado la cuestión mediática en las conversaciones atormentadas de los dos partidos que dicen estar a la izquierda del espectro político, para lograr que la plataforma heterogénea de Unidas Podemos apoye al candidato Pedro Sánchez. Los líderes oficiales de ambas agrupaciones han dejado en sus segundas fuerzas la espinosa tarea de negociar lo infumable, entregando, respectivamente,  a la voluntariosa Adriana Lastra (magnífico acervo dialéctico y porte oratorio el de la asturiana) y al correoso e imprevisible Pablo Echenique (siempre doctoral, a ratos cansino), el peso de aguantar el fracaso.

Coincido en apreciar que, dadas las magníficas expresiones de disenso con que nos han obsequiado desde que fue conocido el resultado de las últimas elecciones generales, lo mejor es que desistan de limar sus diferencias. Sus supuestos ideológicos son incompatibles y solo nos garantizarían un período de dramática inestabilidad, tanto si fueran socios en un ya reconocido como inviable gobierno de coalición, como si se mostraran aptos para pactar varios puntos programáticos y, con ese papel prendido con alfileres en la solapa, se decidieran a avanzar para evitar unas nuevas elecciones.

Los apoyos incondicionales, «gratuitos», en la terminología esperpéntica que se ha introducido en nuestro vocabulario post electoral, que prestarán al postulante Sánchez las facciones independentistas no deben tranquilizar en absoluto, ni al candidato ni, por supuesto, a los expectantes ciudadanos de a pie, suficientemente ilustrados para saber que cuando se publique la sentencia del Procés, prepararán el escenario para armarla. Y como para armarla, según docta opinión, solo basta un 3% de revoltosos, el tumulto está garantizado tan pronto como el honorable juez Marchena dé a conocer su resolución, que -por más dibujos que se intenten-, tiene que ser condenatoria.

Lamentable ha sido también el comportamiento de los partidos que se alinean con la derecha ideológica, en una pugna incalificable por alzarse con el pendón de líder de la oposición. El suicidio de Ciudadanos, guiado por un ciclotímico Albert Rivera, conduciendo al otrora interesante vocacional partido charnela, cual nuevo Aguirre -sin la cólera de Dios-, por el Amazonas de la derecha del todo me vale, es digno de figurar en los Anales de la política trapacera. Los intentos de recuperación del norte perdido por parte de Pablo Casado, molestado a su flanco más vulnerable por los dípteros de buen decir que conforman el equipo de Santiago Abascal, tampoco merecen el aplauso de quienes desean/deseamos que se nos gobierne, no ya en paz, sino con buenas y contrastadas ideas.

Estamos asistiendo, con la boca abierta de estupor, a la decadencia del saber político. Ha muerto, por consunción, el proyecto socialdemócrata -que, no se equivoquen los amigos de la cúpula del PSOE, ya no representan-. La incorporación tardía del matiz ambientalista no convence más que a crédulos de que lo que es bueno o interesante no cuesta dinero. El proyecto federalista necesita mucho más que buenas palabras. La recuperación económica no se desarrolla con un lápiz sobre una servilleta de papel.

Sí, la semana será decisiva. Pero no por lo que se decida en los despachitos del Congreso de Diputados. Alemania no encuentra su fórmula de reactivación del motor industrial. China le planta cara a la bravuconada de Estados Unidos con una patada en la espinilla. Irán se revela contra cualquier control occidental y Egipto (y Túnez) se sumen en la pobreza y el desorden, mientras Arabia y los Emiratos siguen amontonando dineros del petróleo y negocios derivados (y no tanto), como el tío Gilito del cuento.

Además, qué caramba: el Real Oviedo no encuentra su forma como equipo de Segunda y parece destinado a las catacumbas del descenso a Segunda B. La vuelta ciclista pasó por mi pueblo y yo estaba en Madrid, pendiente de la enésima revisión médica.

Esta semana decisiva, me iban a entregar los mil ejemplares de mi libro de poemas, Sonetos desde el Hospital, para que empezara mi ronda de recitales desde los que pediré urbi et orbe que me compren ejemplares a diez euros, para que pueda destinar toda la recaudación, una vez cubierto el coste de la edición, a la Asociación Española Contra el Cáncer (de Asturias). Pues acabo de hablar con la imprenta y parece que se retrasa la entrega por «problemas de encuadernación».

Así que era eso.


La agachadiza común (gallinago gallinago), con su característico pico largo, tiene una pauta de alimentación característica, pues, cuando realiza el calado en el barro con él, para buscar el alimento, lo mueve de un lado para otro con delicadeza, ya que el extremo es muy sensible y, con él sumergido, puede succionar los invertebrados que detecta.

La agachadiza chica (lymnocrytes minimus) es, desde luego, más pequeña, y de pico más corto. Ambas son aves bastante reservadas, pero aún lo es más la agachadiza chica, que es capaz de mantenerse agazapada procurando que su mimetismo la libre de ser vista, hasta que casi se encuentra bajo el pie del caminante sobre los bordes de la marisma o los pantanos de la tundra-

Publicado en: Actualidad, Política Etiquetado como: agachadiza, Albert Rivera, elecciones, negociaciones, Pablo Casado, Pedro Sánchez, PSOE, Santiago Abascal, Unidas Podemos

Lost Agosto

3 septiembre, 2019 By amarias 3 comentarios

Titulo -excepcionalmente- en inglés (al 50%), este Comentario, para subrayar que Agosto está perdido. No «perdido en la traducción» (hermosa y sugerente película, Lost in traslation, bajo la dirección de Sofía Coppola).

Perdido para nosotros, que lo hemos dejado pasar con propósitos incumplidos; ojalá, al menos, hayamos conseguido desconectar de lo que nos preocupa u ocupa sin gracia. Si no ha sido así, si nos hemos perdido en Agosto, lost in August, no hay por qué atormentarse: la vida sigue.

Agosto se ha convertido en un mes no totalmente inhábil a efectos administrativos y penales (como los abogados en ejercicio sabemos muy bien). La maquinaria que alimenta de forma continua las demandas para cubrir las necesidades ciudadanas no permite la inactividad de quienes tienen, por mandato constitucional, la obligación de atenderlas. Aunque este mes de agosto estuvo prdido políticamente, desde el momento en que nuestros representantes actuales en las Cámaras han decidido tomarse una vacatio, que tenemos derecho de pataleo a considerar inmerecida.

El caso es que los servicios de comunicación de las Administraciones no han cesado su actividad durante el mes de agosto, y los ciudadanos hemos tenido ocasión de percibir y sufrir sus efectos. ¿Quién no se encontró en el buzón, al volver de unos días de asueto, el aviso de que tiene pendiente de recogida una carta certificada de alguna de las dependencias de la Administración pública? ¿Oculta esa nota apurada del cartero en el que nos indica que pasó por nuestro domicilio en ausencia nuestra, una multa, un apercibimiento de inspección tributaria? ¿Será acaso una comunicación de la Tesorería de la Seguridad Social expresando que se nos abonarán los retrasos? Tal vez, ¿la respuesta a una solicitud que formulamos en la impertinente hoja fotocopiada que recogimos de uno de los montones de la conserjería del estamento, allá en el lejano junio?

Si tengo que juzgar por la cola de ciudadanos que aguardaban, con su boleta de aviso de entrega frustrada en ristre, a que la pantalla mostrase la combinación algebraica que habían obtenido del expendedor para atención en la oficina de correos, diría que fue intensa la actividad de los departamentos administrativos en agosto. También lo fue, en misteriosa conjunción, el trabajo de los servicios de Correos que, a pesar de los publicitados esfuerzos y cambio de imagen, aún tiene margen de mejora. Por ejemplo, en que los repartidores, que supongo mal remunerados y trabajando a destajo, no se inventen ausencias de receptores para terminar rápido su trabajo.

Por lo que oí, la respuesta más común que recibían mis expectantes colegas sufrientes desde este lado de las administraciones era: «Lo siento, pero la notificación ha sido devuelta al emisor por haber transcurrido el plazo para retirarla». Siete días, quince días, el día siguiente, según los casos.

Yo me había encontrado en mi buzón una Nota de Entrega fallida emitida por el repartidor el día 14 de agosto, que apareció en mi casillero el día 30. Mala suerte. El plazo estaba vencido. ¿Qué hacer para reclamar el reenvío de la comunicación, u obtener una copia ? El amable funcionario de Correos me orientó: «llame al 010». Cuando llegué a casa, eso hice.

Después de cinco minutos de espera, me atendió una amable señora o señorita que me ilustró de que mi tema no tenía nada que ver con el Ayuntamiento. «Diríjase al Ministerio correspondiente». Ante su gentileza, quise ofrecerle mi colaboración desinteresada: «Gracias. Quisiera advertirle que el contestador me ha venido informando de que me atenderían sin falta en tres minutos y, sucesivamente, dos y uno, según pasaba el tiempo, lo que no fue realidad, pues Vd, tardó dos minutos más en recoger mi llamada en espera». «No tengo nada que ver con eso- me aclaró-. Eso es cosa del sistema de respuesta automática». Le agradecí nuevamente su amabilidad, y me dirigí  -virtualmente, claro- a la web del ministerio.

Maravilla. La web me permitió enviar un mensaje sin problemas a un Servicio centralizado de Información, en el que procuré ser escueto y directo en referir mi problema. Pocas palabras y al grano. A la mañana siguiente, recibí una contestación concisa, en la que se me indicaba que me dirigiera a la oficina más cercana a mi domicilio de la Delegación correspondiente en la plaza y pidiera el certificado cuya entrega no había sido posible «directamente» en ese Servicio, que la forma de computar los tiempos en Correos me había hurtado hasta el momento.

Después de aguardar ser atendido durante una hora aproximadamente, con lo que tuve ocasión de hacer algunas amistades circunstanciales -había solo una funcionaria para solucionar las más variopintas cuestiones, una especie de ventanilla única multifunción con busto parlante-, me dieron, al fin, la combinación algebraica para obtener atención personalizada. Otros minutos de estar atento a las pantallas y, hélo ahí: premio, Diríjase al puesto tropecientos.

Avanzo entre mesas vacías, y el amable empleado público que se disculpó por atenderme mientras mordisqueaba un bocadillo -«estamos en cuadro», aclaró- me ilustró, después de comprobar mi identificación y escuchar atentamente por dos veces el motivo de mi educada presencia ante su pertinente autoridad, de que no figuraba en mi expediente informático ningún documento pendiente de entrega.

Cuando le expliqué, tratando de hallar las palabras precisas en el fondo de mi atoramiento sin mostrar enfado, de que sí debía tenerlo, pues allí estaba como evidencia la Nota de Entrega frustrada, y el hecho también fehaciente que desde el Ministerio me habían expresado, por escrito, que podía recogerlo en esa oficina, me puso en claro lo que, en su docta opinión, sucedía:

«En el Ministerio no tienen ni puta idea de lo que sucede en las Oficinas regionales».

Obtuve, debo reconocerlo, más información. Lo que había hecho hasta entonces, siguiendo instrucciones de otro empleado del servicio, hacía dos meses, estaba mal hecho. Me faltaban muchos documentos para que el Expediente (cuyo número me resultaba ilegible, pues el sello automático de la máquina de recepción de documentos quedaba interferido por el texto de mi Solicitud «ahora no sellamos fotocopias, es todo automático», resonaba en mi recuerdo) pudiese ser tramitado. «Seguramente lo que le comunican en ese certificado es que su Expediente está paralizado», continuó el del bocadillo, al que debí despertar conmiseración.

Cuando llegué a casa, me encontré con que, desde la dirección de correo electrónico del Ministerio al que yo había contestado con un «Muchas gracias», emocionado por su diligencia (ahora sabía que fantasiosa o descoordinada) me replicaba con un enigmático «Consulta no admitida. El procedimiento adecuado para consultas es dirigirse a la web del Organismo».

Me di cuenta, de pronto, que estaba tratando con un autómata. Con autómatas.


La golondrina dáurica (hirundo daurica) es una pariente rolliza de la golondrina común (hirundo rustica), difícil de diferenciar en vuelo, salvo para ornitólogos cuidadosos. Su tamaño es bastante mayor -18 cm frente a 10 cm- si se incluye la larga cola, aunque es algo más corta en la dáurica. Carece de las manchas blancas en la cola de la común y el adulto no tiene la garganta de color castaño rojizo ni la franja pectoral oscura, casi negra con luz escasa o a contraluz.

Encontrarse con un adulto de dáurica alimentando a su retoño ya volantón, en un paseo por el Tajo, es una experiencia inolvidable.

Publicado en: Actualidad, Administraciones públcias Etiquetado como: agosto, autómata, correos, entrega, funcionamiento de la administración, funcionario, hirundo darurica, nota, servicio, servicios regionales, web

Cambiar los muebles del despacho

31 agosto, 2019 By amarias Deja un comentario

He tenido a lo largo de mi vida profesional, que discurrió tanto por andaduras públicas como privadas, más de dos docenas de despachos.

Salvo en aquellos casos en que abrí oficinas y tuve que acotar por primera vez espacios y adquirir todo el mobiliario, prescindí de hacer reformas y de hacer adquisiciones. Me senté allí donde se habían sentado mis antecesores, seguí utilizando la misma mesa y armarios que ellos, y si me pareció que el despacho era demasiado grande en relación con el que correspondía a mis más directos subordinados, no tuve el menor problema en reducirlo para beneficiar a otros.

No pretendo presumir de austeridad, pues no viene a cuento. Pero quiero resaltar que no parece que la idea de mantener lo que hicieron los anteriores, y auparse en ello para mejorarlo, sea el método que se utiliza por los nuevos encargados cuando vienen a sustituir a otros.

Cambiar el espacio asignado para realizar la gestión, cambiar la pintura, ordenar la compra de nuevo mobiliario y hasta ensanchar, incorporando metros cuadrados, el marco en el que uno asentará sus reales, parece norma general.

Vale. Cada uno ha de sentirse libre para recargar con algunos miles de euros y dólares los gastos imputables a su gestión, si se siente capaz de superar ese extracoste con creces, gracias a la ventaja teórica de encontrar ideas felices en una habitación más amplia.

Lo que ya no puedo entender es la obsesión de todo político encaramado en novedad al puesto de la gestión pública, por poner su huella digital enmendando lo que hizo el anterior, especialmente, si es de signo ideológico contrario. La cantidad de parques tecnológicos abandonados, edificios que han quedado sin uso a pesar de las costosas reformas y todas las esplendorosas promesas de ventajas mágicas explotadas como globos de feria, los monumentos a la fantasía y vanaglorias propias, etc. que jalonan el territorio español (y, por lo que tengo visto, también el de predios extranjeros) es casi tan innumerable como las arenas del mar.

Por eso, cuando leo que los nuevos alcaldes, como lo han hecho, desde luego, sus antecesores, siguiendo un aberrante comportamiento consuetudinario, censuran de cabo a rabo los planes anteriores, prometen a boca llena nuevas actuaciones que suponen, bien poner picas en Flandes como recuperar añejos planes sin chicha, incorporándose a una noria de despropósitos sin fin, me pregunto qué otra cosa les guía, salvo el instinto vanidoso de intentar resistir a la maquinaria implacable del olvido, dejando una placa en algún sitio en la que figuren como promotores de cualquier chisme urbano.

Pocos lo conseguirán, porque faltarán recursos, fracasarán los propósitos al toparse con los dientes acerados del paso del tiempo y los problemas perentorios, se confundirán los medios con los fines. Dejarán la huella descarnada del esqueleto de un edificio interminado o inútil, de una estatua sin gracia, de una fuente sin agua.

Perderemos tiempo y dineros de todos.

Si pensamos en cientos o miles de responsables de empresas públicas, de encargados de ministerios, de todos cuantos, desde su puesto de gestión o control de lo que afecta al erario general, que están actuando, no ya reformando sus despachos, sino dejando tierra quemada a sus sucesores, llevándose conocimientos y contactos preciosos, cuando no dineros efectivos, y dejando tareas a medias que nadie continuará, puede que tengamos algo de luz acerca del gran despilfarro que supone ignorar lo que debería ser acervo colectivo y patrimonio de todos.

Qué pena que no sepamos o no queramos construir sobre lo que hacen los demás, que nos cueste tanto reconocer méritos al contrario, que fallemos en la clave de crecer, aumentando lo que sabemos con el conocimiento de los predecesores. Tenemos un pueblo creativo, pero terriblemente indisciplinado, terco, individualista y necio.

Cada uno, a su nivel, se complace en cambiar los muebles del despacho, tirando los que había, porque no nos gustan los colores, el diseño o el contraste de la alfombra con el tapizado de las sillas de querencia.


Una de las aves más simpáticas y cercanas de nuestro paisaje, tanto rústico como urbano, moviéndose siempre con agilidad de equilibrista entre los árboles, es el herrerillo común (cyanistes caeruleus). Inconfundible con su caperuza de azul celeste, es un acróbata que gusta de una alimentación variada, pues liba el néctar de los amentos de los sauces y de las flores de los frutales, golpeando incluso los tallos de los carrizos para abrir aquellos que contienen larvas e insectos.

Publicado en: Actualidad, Política Etiquetado como: alcaldes, antecesor, cambiar, muebles, políticos

Cerrado por disensiones

28 agosto, 2019 By amarias 5 comentarios

Este agosto está vencido, y al levantarle el velo con el que solucionamos por unos días nuestra necesidad sicológica de poner distancia con las preocupaciones que forman parte de la necesidad de vivir, quedan al descubierto los problemas que habíamos dejado sin resolver. La mayoría han crecido, incluso.

Fue imposible, además, poner distancia con lo que sucedía alrededor de nuestra vacancia y, superando la barrera intencional de abstraerse por unas fechas, se infiltraron noticias poco alentadoras. Es el vaticinio de que septiembre, como siempre, vendrá duro y que éste, en especial, obligará a dedicarle en su travesía los mejores esfuerzos.

No tenemos resuelto en absoluto la cuestión del deterioro climático, y las evidencias se acumulan: perdemos biodiversidad a manos llenas, los incendios de la Amazonía y en nuestro propio territorio nos dejan sin paisaje, la precariedad de los empleos de verano -con un turismo en decadencia- muestra su verdadero rostro, la economía mundial se tambalea, el egocentrismo de la política de los dirigentes estadounidenses cobra matices incluso bélicos, la pobreza de las colonias exprimidas de África golpea con furor a las puertas del mare Nostrum.

Encaja en este panorama de incógnitas con mal aspecto el que el primer ministro británico, Boris Johnson, capitán de la disidencia europeísta, haya pedido formalmente a la Reina Isabel II la suspensión temporal del Parlamento. durante más de un mes, en un período que terminaría el 14 de octubre. Se interpreta como una añagaza -es decir, una idea brillante en su beneficio-, para no tener que admitir un Brexit duro, al cumplirse el plazo concedido por la Unión Europea para llegar a un acuerdo de salida.

En España, el mes de agosto ha venido a prolongar la incertidumbre política. Seguimos con un gobierno en funciones -con grandilocuentes mensajes políticos, pero sin acción- y todo parece desembocar en unas nuevas elecciones. No serán la solución, desde luego -ningún partido conseguirá la mayoría suficiente para gobernar en solitario-, aunque nuestra clase política estará entretenida y nos mantendrá con el placebo de las magníficas ideas de ejecución imposible.

La Humanidad no tiene remedio, y no seremos los españoles (ni los europeos) los que parecemos dispuestos a administrarnos la panacea. Enzarzados en la inoperancia, las ambiciones personales, el menosprecio a la solidaridad y faltos de ideas brillantes, los europeos asistimos con la boca abierta del papamoscas a la destrucción del modelo de bienestar.

Estamos en el imperio de la disensión, que cierra la capacidad de adoptar soluciones, mientras nos empecinamos en dilucidar quién tiene más razón. Podemos pensar que el culpable es Trump (la visión autárquica de Estados Unidos), la globalización demasiado acelerada (bien aprovechada por Xi Jin Ping) o el incontenible impulso pirogénico de las generaciones pasadas. Por ejemplo.

No lo veo así. El avance descomunal de las tecnologías, con un mercado en crecimiento hiperexponencial, ha puesto el chupete al alcance de todos y, mientras nos deleitamos mamando de un efímero néctar que no podemos pagar, el nivel de destrucción sube por momentos.

Se que no son pensamientos gratos para empezar el nuevo curso. Espero que con la vuelta a la actividad, después de las vacaciones, el entretenimiento de la ocupación inmediata me haga olvidar la nube densa de tormenta tenebrosa que se cierne sobre nosotros. Necesitaríamos un arbitraje, pero para ser árbitro habría que estar fuera del problema, y todos somos parte de él.


El somormujo lavanco, cuando tiene crías, suele ofrecer a alguna de ellas (particularmente, las más débiles), el cobijo de su lomo para trasportarlas por el agua, mientras busca alimento o se traslada a un sitio mejor.

La fotografía está tomada a gran distancia, pero se distingue al ave adulta y a tres juveniles, uno de ellos, aupado sobre la espalda de su progenitor.

 

Publicado en: Actualidad, Política Etiquetado como: cerrado, crías, disensiones, somormujo, vacaciones

Aires de Vacaciones

7 agosto, 2019 By amarias 8 comentarios

Habrá que admitir, como punto de partida, que quienes tienen derecho a vacaciones son los que disfrutan de un puesto de trabajo asalariado. Además, las actuales disposiciones legales no permiten que los días que correspondan -de acuerdo con los convenios, ya sean sectoriales o particulares del grupo empresarial- se cambien por emolumentos. Hay que disfrutarlos, sí o sí.

Los prejubilados y jubilados disfrutan de unas «merecidas vacaciones» hasta el momento de su fallecimiento (lo que los anglosajones llaman golden years), si bien el empleo de ese tiempo libre de obligaciones ajenas puede ser ocupado de múltiples maneras; desde hacer deporte, cuidar nietos o animales domésticos, hasta ayudar a los necesitados o dar clases gratuitas bajo el cobijo de alguna organización no gubernamental. Todo ello, en tanto que las enfermedades propias y otras pejigueras no empañen el panorama con penosas servidumbres.

También existen casos documentados (pocos) de jubilación activa -renunciando a la mitad de la pensión que corresponda- y aún menos, de quienes, estimando que en vida profesional o por otras razones, ya han acumulado suficientes medios de subsistencia, renuncian a su pensión.

Si Vd. tiene el derecho a unas vacaciones, y tiene la oportunidad y el dinero para marcharse del lugar de residencia habitual por unos días, no tengo duda de que lo hará. Sea por una semana, quince días o un mes, hacia ese lugar o lugares alternativos se marchará, en solitario, con la pareja, la familia más cercana o un grupo de amigos o conocidos. Volverá tal vez al lugar de sus correrías infantiles, emprenderá una excursión a un lugar apetecido, visitará a un conocido que le ofreció su casa por esas fechas o, más probable, alquilará por un par de semanas un pisito o un chalet (de acuerdo con sus posibilidades) cerca de una playa.

No se qué idea tiene Vd. de vacaciones. Pero no se las amargue pensando que podían ser mejores. No las empañe llevando montones de impedimenta. No las ensucie generando tensiones con sus acompañantes. Ayude a que todos se sientan mejor, porque ese esfuerzo personal le será recompensado con alegría y buen rollo.

En España, dos de cada tres habitantes no trabajan, según las estadísticas. Entre ellos, están los niños y los jóvenes que aún se encuentran en formación. Están las llamadas antes «amas de casa», ésas a las que se les atribuía el epígrafe de «sus labores» (puede que haya algunos amos de casa).

Piense también, cuando tal vez algún momento se le caiga encima, en todos aquellos que no pueden tener vacaciones, porque carecen de puesto de trabajo aunque lo buscan y, seguramente, con desesperación; piense en los autónomos sin derecho a detener su actividad o por adición; piense en los que trabajan en negro y como negros.

Ah, y se me olvidaba. Piense que este agosto, los que se dedican a la política como profesionales están nerviosos como pocas veces antes. Tienen mucho que hacer para despejar las nubes de su horizonte profesional. ¿Les votaremos otra vez? ¿Les botaremos? ¿Podrán convencernos de su utilidad como gestores de la cosa pública para el próximo cuatrienio? Tienen que aplicarse, desde luego.


 

Publicado en: Actualidad, Sociedad Etiquetado como: aires, botar, disfrute, elecciones, paro, trabajo asalariado, vacaciones, votar

Mitos, realidades y creencias

5 agosto, 2019 By amarias 2 comentarios

No resulta sencillo distinguir entre mitos, realidades y creencias. Elucubrar sobre una posible diferenciación es materia de análisis obligada para filósofos, ya sean laureados, aprendices o simples aficionados.

Debería  interesarnos a todos, establecer una escala personal entre lo que hemos comprobado o podido demostrar por nuestros medios, aquello que aceptamos en reconocimiento a la autoridad ajena, o cuanto situamos en los baúles de la superchería, la ficción o la propia conveniencia.

Es ley de nuestra naturaleza convivir con esa triada. Mantener creencias compartidas nos hace sentir el pulso social, unirnos al clan o a la tribu. Cuestionar ante terceros si las verdades admitidas por la mayoría  son solo mitos o falsas percepciones puede situarnos en riesgo de ser considerados infieles al grupo.

La historia de los pueblos, está soportada por héroes, víctimas, brujas y visionarios, construidos con base en mitos, creencias y percepción de realidades. Muchos más lo intentaron. Algunos resultaron ensalzados a la gloria sin haber ganado una batalla ni inventado el menor artilugio. Otros fueron llevados a la hoguera, por su destiempo, antes de que se comprobara que lo que habían postulado era verdadero, útil o  necesario.

Nada cambió desde tiempo inmemorial, como el arcipreste de Hita puso de manifiesto: queremos paz, buena comida y alguien que nos haga fiel compañía. Pero algunos se empeñan en conducirnos a Tierras más fértiles, alegando haber recibido designios peculiares. Aquí, ahora, los profetas se llaman Pedro, Pablo (tenemos dos), Albert y Santiago, entre otras figuras menores.

No se ponen de acuerdo en el camino revelado  unos señalan la luna, otros su dedo o el ojo del contrario y todos, al parecer, engordan sus bolsillos o los de quienes les son más fieles.

Tienen agosto para elegir la vía más favorable. No para llegar a Arcadia, sino para sacarnos del atolladero en el que nos han metido con sus tejemanejes.

—

Un herrerillo capuchino (parus cristatus), cogido al trasluz, atrapa al vuelo un insecto.

Publicado en: Actualidad, Política Etiquetado como: agosto, creencias, elecciones, futuro, herrerillo común, mitos, parus, programas electorales, realidades

Las estrategias peligrosas

29 julio, 2019 By amarias 3 comentarios

¿Y si todo ha sido un juego de estrategia? No un juego de los que suman cero, o de esos en que todos ganan, sino un juego perverso en el que todos pierden y, en especial, pierden más los que más ponen. Me refiero, claro debía estar, al período de alta intensidad mediática que hemos padecido en España. a la espera de que sus Señorías se pongan de acuerdo sobre el próximo presidente de gobierno para el país.

Habiendo sido testigos en la distancia (o sea, haciendo seguimiento ocasional del suceso gracias al tubo catódico o a los transistores) de la representación del debate de investidura fallida del candidato Pedro Sánchez, puede ser el momento, mientras se prepara el segundo acto de la representación política, de comentar en los vestíbulos, mientras tomamos una cerveza, la valoración que nos merecen el guión de los autores y la actuación de los actores (y actrices, por supuesto) de este sicodrama con tintes cómicos en el que tenemos la opción, como espectadores, no de votar al final si nos ha gustado, sino al principio de la obra, si nos va a gustar.

He leído en el periódico al que se atribuye la representación oficial del Partido socialdemócrata (El País, 28 de julio de 2019) que los Sres. Pablo Iglesias e Iván Redondo son los principales autores del libreto a cuya representación hemos tenido el tedioso privilegio de asistir en vivo y en directo. Sobre la cualificación personal y profesional de Iván Redondo es posible que no todos hayan oído hablar, por lo que convendrá únicamente aclarar que se trata del jefe de Gabinete de Sánchez, y que, según la crónica, éste bebe los vientos por él y le come de su mano (no lo dice así, pero la semántica fuerza entendederas).

La trama se entrelaza con tintes más bien oscuros si se combina con la constatación que Iglesias y  Redondo no tienen rencores en su trastienda (como parece el caso de Sánchez con Rivera), sino que se aprecian mucho al margen de posiciones ideológicas, son aficionados a ver series de esas largas con muchos muertos y traidores, y que, aficionados a todo enredo, les gusta jugar al ajedrez aleatorio (una modalidad de ese suplicio mental que implica situar las fichas en el tablero prácticamente al azar, manteniendo solo unas mínimas reglas para evitar desequilibrios aparentes en el inicio del juego).

Por si sirve más al juicio valorativo, añado de mi cosecha que Redondo e Iglesias tienen estupendos egos, producto de floridas formaciones académicas, nutridos por el aplauso de admiradores y la envidia de detractores, y que, como medida de cambio más al uso, gozan de una experiencia dialéctica culmen de los cúlmenes, impropia de humanos, curtida en terrenos  mediáticos en donde en teoría te despellejan a preguntas capciosas y te defiendes en la práctica con respuestas ininteligibles.

El resultado del primer acto del docudrama es conocido por todos. La única sorpresa que contenía este acto demasiado largo, más soporífero que enjundioso, fue que el Unidas-Podemos de «solo» Iglesias y el PSOE de Sánchez no han llegado a un acuerdo para investir con el gorro de capitán del buque España al segundo, después de haber consumido meses de nuestra espera y horas de su negociación, habiéndose reconocido como socios idóneos, Cuando creíamos que estaban repartiéndose los ministerios y los sillones y las cajas de reparto del dinero de la administración pública, su desacuerdo no fue por culpa de Esquerra Republicana y su voluntad de hacer nuestra España un desbarajuste republicano repartido en taifas.

Esta facción minoritaria llama por azar ER, conformada por seguidores de una troupe de amigos de hacer bulla y tirar de navaja lenguaraz, que estaba magníficamente representada por el Sr. Rufián (al que hay que aconsejarle que utilice el privilegio legal de cambiar su apellido, para darle un tono más acorde con su maleabilidad discursiva sobrevenida) ¡estaba a favor de que pactasen!, de que se subieran como fuera al podio de la gestión del Estado, y habían ofrecido ponerse de lado, incluso estaban a favor de votar el programa que saliera de su parto de consenso.

Así que saco una consecuencia desde mi silla de gallinero, donde solo veo un trozo del escenario y me llegan mal los sonidos de todos los cantábile: que este acto haya salido tan zafio, no es culpa de los actores.

Ellos no saben, a priori, el papel que les va a tocar representar. Se ven en la obligación de escenificar un guión que se les entrega desde bastidores en tiempo real, y del que desconocen todo, incluso si han de ser ellos u otros quienes encarnen a los buenos, a los malos, al hada maléfica o al chico que cambia los decorados y se encarga de hacer zumbar las caracolas.

Reconozcamos que lo que no tengan el ánimo para aburridos, estarán al menos desconcertados, amén de atónitos. Hubo algunos momentos, sí, entretenidos. Quizá el mejor fue cuando el indicado Rufián aleccionó a Iglesias y a Sánchez sobre la necesidad de que se pusieran de acuerdo sobre la marcha, como «ventana de oportunidad» y en atención a las «ganancias marginales» porque en septiembre ya no podrían apoyar la investidura de Pedro Sánchez, previsiblemente ocupados en organizar revueltas callejeras.

Otro momento digno de recuerdo fue la apelación de Adriana Lastra, en su monólogo final, sugiriendo que algunos de los personajes no tenían alma, con tiros a derecha como a izquierda, en plan llaner@ solitari@. Notable fue, también,  la discordancia entre el traje de malo de western de Abascal y el papel de novicia que le asignó el letrista. Del antaño sólido Rivera ya queda más bien poco, en relación con la fama que traía. Y por no dejar a ninguno de los cinco magníficos sin calificación, Casado ha desempeñado bien el papel de segundo tenor, con una dicción clara y fraseo comedido, con los que en el anfiteatro de la derecha despertó algunos aplausos, porque debieron pensar que robaba escenario al primer espada, aunque la letra que le asignaron carece de contenido relevante, y suena mejor en los solos desde detrás de bambalinas.

Sucede que no me apetece ver el final de la obra. Quiero que ver otro libreto, que se conceda protagonismo a otros actores y actrices. Tiene que haberlos, que los busquen, que salgan a la palestra. Y que cambien el decorado, por favor, que es de otra época. Que los escribas y los que se ocultan tras los negros -me refiero a los que no dan la cara- den pie a que se luzcan otros, que pongan más realidad social en los fraseos y que , por favor, si se eligen jóvenes para la representación (que es lo que mola acá) que les instruyan que dejen de introducir morcillas presumiendo que son jóvenes y que su momento ha llegado para cambiar España.

No es cuestión de gustos ni de ideologías, no. Solo que he percibido, con claridad meridiana, que el horno no está preparado para estos bollos, ni los bollos tienen la levadura y la mezcla de harina precisas (menos fuerza y más espelta) para que el producto no nos reviente en el hogar o salgan panes duros como un cuerno.

Les doy unas pistas a los escribas: en septiembre, la estrategia deberá consistir en contener los ímpetus secesionistas de la mitad de una Catalunya oficialmente descontenta con la dura sentencia contra los cabecillas de la secesión; en septiembre, habrá que empezar a digerir la fuga del Reino Unido en un Brexit salvaje; en septiembre nos daremos cuenta, luego de un tórrido verano, que somos un poco más pobres, algo más desorientados, que tendremos menos superficie arbórea, más empleo -tal vez- pero estacional y de peor calidad, menos empresas de valor, y más capital extranjero en las que lo tenían; seremos. sí, menos ingenuos, pero estaremos más cansados para aguantar elucubraciones de gabinetes mediáticos.

Resumen: hay estrategias muy peligrosas porque tratan de separar en vez de unir. Y como decía mi tío Carrio, «si te engañan una vez, la culpa la tiene el mentiroso; pero si te engañan dos veces, la culpa será tuya». No tenemos un país de reserva, señores diputados. No nos lo conviertan en un campo de minas mientras ustedes se ríen o se pelean de mentirijillas desde el escenario.


El zorzal común (turdus philomelos) es muy aficionado a comerse los frutos del tejo. Es un pájaro más pequeño que el mirlo, y de costumbres parecidas, si bien más tímido que éste y, aunque habitual en la invernada en territorio de la península ibérica, es más raro en las regiones al sur de la cordillera cantábrica.

Su reclamo es un corto «zipp», emitido generalmente en vuelo. El canto, inconfundible una vez que se le ha oído alguna vez prestándole atención, posee una musicalidad especial, que puede ser tenido por variado en tonos y hasta lleno de matices. Sin embargo,  como se suele repetir dos o tres veces, enlazando estrofa tras estrofa, a los que entienden de trinos, y lucen buen oído, e incluso a los que se pasan el tiempo embelesados con su gorgoritos, les acaba pareciendo más bien soso.

 

 

Publicado en: Actualidad, Política Etiquetado como: Abascal, Casado, elecciones, Iglesias, presidente de Gobierno, Rivera, Sánchez

Lentejas a la greña

23 julio, 2019 By amarias 1 comentario

La propuesta de investidura de Pedro Sánchez como Presidente de Gobierno está deparando incómodas sorpresas, en relación, no ya con las opciones del candidato a obtener una mayoría suficiente, sino, y esto es mucho más grave, como demostración de la incapacidad para dialogar serenamente, respetarse recíprocamente y facilitar entre los distintos partidos puntos de encuentro común que garanticen la gobernabilidad en España.

Las intervenciones de los portavoces parlamentarios han sido lamentables. Desde luego, el primer responsable de que la singladura del debate fluctuara entre lo inane y lo aparatoso, ha sido el candidato. Consciente, en su primer discurso, de que la negociación con su «socio natural», Unidos Podemos estaba encallada y amenazada de una ruptura total, se limitó a repasar conceptos y cifras en tonos y acentos propios de un opositor a cátedra de Bachillerato, pero lejanos de lo que cabe desear de la aparición pública, en momento estelar, de un futuro presidente de Gobierno de un país que quiere ser modelo para el mundo.

Las réplicas y contraréplicas de los líderes de los partidos que se han definido, y así lo han reconocido el candidato y sus teóricos apoyos, como «oposición», se han desenvuelto por los terrenos esperados: la justificación de su rechazo al candidato y, en el caso de Pablo Casado, creo no desviarme de la apreciación de los que vimos el debate sin dogmatismos ni aprioris, con un discurso brillante. Me gustaría decir algo parecido de la locución de Albert Rivera, pero la facción naranja ha perdido fuelle, con tantas idas de militantes de relieve, y eso se nota en los ánimos del portavoz.

Lo que resultó insólito fue asistir en directo a la escenificación de los desencuentros -que juzgo insuperables. entre Sánchez y Pablo Iglesias. Si ambos personajes de nuestra política actual pretenden convencerse y convencernos a todos de que, con esos mimbres y talantes, van a ser capaces de conformar un gobierno estable, necesitan nuevas gafas para entender la política y las necesidades de nuestro país.

Si tengo que apostar, apuesto porque ayer -y, definitivamente, hoy, 23 de julio de 2019- se han confirmado la inviabilidad de la candidatura de Pedro Sánchez. Las tres «derechas» (los trillizos, se les llama ahora) no van a cambiar el sentido de su voto, por mucho que el candidato les pida, les sugiera, les implore, su abstención: no tendría sentido sociopolítico que concedas carta de naturaleza para gestionar el país quienes han sido desplazados del gobierno por socialistas, podemitas e independentistas, o quienes han sido y están siendo insultados permanentemente como apestados.

Ah, pero lo que resulta novedoso es que, luego de haber consumido tres meses (si no más) en negociaciones de hipotético entendimiento y cordial preparación para gobernar conjuntamente, saltándose las sustanciales diferencias entre la visión anticapitalista y la prudente concesión a la economía social y de mercado, cuando se ponen a explicarnos en la tribuna pública del Parlamento a todos los españoles lo que van a hacer y lo contentos que están de haberse conocido, nos obsequien con un plato de lentejas cocinado a la greña, servido a navajazos, condimentado con patadones bajo y sobre la mesa.

Votad, malditos. Si algo podemos agradecer es la claridad con la que habéis conseguido mostrarnos las bajezas con las que sois capaces de defender vuestros intereses. Los nuestros, los del pueblo, han quedado arrumbados en las urnas, perdidos en la maraña de votos, inutilizados porque se nos ha pedido que expresáramos lo que nos gustaba más de las diferentes propuestas, todas ellas, lentejas cocinadas y empaquetadas desde los partidos, y resulta que hemos elegido lo que nos pareció mejor a cada uno.

Y ahora, cuando el pueblo ha expresado su parecer, ¿venís vosotros, los representantes del pueblo, para decirnos a la brava que no podéis poneros de acuerdo porque nosotros no supimos ponernos de acuerdo antes, votando mayoritariamente a un partido que le diera la opción de gobernar en solitario?

Que os zurzan.


No estoy seguro, porque no lo había observado nunca antes y la visión no fue perfecta. Iba paseando por la orilla del Tajo, bajo un sol abrasador, más atento a golondrinas, vencejos, jilgueros, garzas reales, fochas comunes, andarríos y martinetes que a otra cosa, despreciando por conocido el brusco batir de alas de las palomas emboscados entre los álamos, cuando, de pronto, atisbé una sombra desconocida.

No era una paloma, aunque tenía aparentemente el tamaño de una torcaz. Disparé cuatro fotos, sin tiempo para enfocar. Ya en casa, consultando las decenas de libros de ornitología que mantengo en una biblioteca donde no cabe más, me pareció que podría tratarse de un avetorillo común (ixobrychus minutus), macho. Las alas, rosas y negras, con ese dibujo del plumaje, que se presenta como característico, junto con la caperuza oscura, parecen dar las claves. El ave está fotografiada de espaldas, y no se perciben las patas amarillas y la cola, achaparrada contra el cuerpo rechoncho, no se percibe con claridad.

Publicado en: Actualidad, Política Etiquetado como: avetorillo, Casado, Ciudadanos, debate, elecciones, Iglesias, investidura, Pedro Sánchez, Podemos, Rivera

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