Al socaire

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Manchas de sangre son, salpicaduras (Sonetos)

28 marzo, 2020 By amarias Deja un comentario

16

A Pere Gimferrer, con las mismas rimas del Soneto:
“El ocaso gasta en salpicaduras”

Manchas de sangre son, salpicaduras
de cuantos desterramos contra el muro
y esas huellas y marcas, rozaduras
de uñas de tanto muerto prematuro.

Ante tales señales, alma acampa
entre gritos de pánico celeste;
compongo fiel la quejumbrosa estampa
mientras reniego de mi esencia agreste.

Postrándome de hinojos, caen las hojas
del árbol del dolor, y se hacen rojas
de vergüenza, victorias; los fulgores

de méritos se queman en la llama
de la antorcha que lleva quien reclama
ser héroe, y se apagan resplandores.

(revisión de otro Soneto del 20 de mayo de 2019)

17

A José García Nieto, con las rimas de su Soneto:
“Canto mi soledad en la medida”

Carece mi pasión de otra medida
que el deseo de vivir que me reclama
y, confiado en él, no hay alta rama
que no presente fruta apetecida.

Golpe a golpe, compongo así mi vida.
poniendo a toda mecha siempre llama,
creyendo ver que la ocasión me llama.
Toda pasión del árbol desprendida

se marchita en el suelo, de manera
que los brotes vigilo en primavera

y si acompaña azar puede que acierte,

que, aun llegando enfermo, desterrado
a los límites mismos del cercado,
envuelto en mi pasión, hálleme suerte.

27 de marzo de 2020

18

A Quevedo
Con las rimas de su Soneto: «¡Ah de vida!…Nadie me responde”

Este silencio cómplice responde
de cuantos desengaños he vivido
y, por no traslucir que me han mordido,
tras una capa de desdén se esconde.

Sigo avanzando sin saber adónde
me habrá de conducir mi fe de huido,
que aún no dando por bueno lo vivido
no faltará bandido que me ronde.

Pero una vez que al fin haya llegado
pondré sin tardanza la hora en punto
y se borrará la huella de cansado

dedicando mi tiempo a poner junto
cuanto de más valor haya quedado
vistiendo en paz la capa de difunto.

27 de marzo de 2020

@angelmanuelarias, Sonetos desde la crisis

Publicado en: Actualidad, Poesía Etiquetado como: angel manuel arias, coronavirus, García Nieto, la belleza desprendiéndose de su recato, Pere Gimferer, Quevedo, sonetos desde la crisis

Si fue un pangolín la especie china (Sonetos)

27 marzo, 2020 By amarias Deja un comentario

14

Si fue un pangolín la especie china
que está en la razón de este contagio,
que saquen lo oriental de la cocina
y pongan a esa creación un epitafio.

Concentro mi atención en el presagio
que me lleva a pensar que quien opina
mezclando especulaciones con su plagio
se hace acreedor a darme mala espina.

Y si oigo propagar a cualquier zafio
-dispuesto a complacerse con la ruina-
tonterías pretendiendo hacer adagio,

a remojo las pongo, que no atina
quien solo piensa en restos del naufragio.
y no en mejorar cuanto se avecina.

26 de marzo 2020 (@angelmanuelarias)

15

A Luis de Góngora, con las rimas de su Soneto
“A la que España, toda humilde estrado”

No quisiera subir a algún estrado
y tratar de explicar sin luz apenas
que llevo ojos de lágrimas y arenas
y prefería no haberme levantado.

Porque como oyente, hubiera estado
al abrigo de cantos de sirenas
tomando a voluntad de mis antenas
cómo ser para luego recordado.

Nos falta material, y sobra gloria.
¡y los duros teutones de Baviera
opinan que podrán salir sin daños

aconsejando a los demás, espera!.
Quisiera haber perdido la memoria
para no soportar más desengaños.

(27 de marzo de 2020, Sonetos desde la crisis, @angelmanuelarias

Publicado en: Actualidad, Poesía, Sanidad Etiquetado como: angel manuel arias, coronavirus, pangolín, sonetos desde la crisis

Semana de Compasión

24 marzo, 2020 By amarias 2 comentarios

Si esto es una guerra contra el coronavirus y nuestro mando civil-militar tiene las cosas claras, estamos en la semana decisiva para vencer al invasor. No es que, con el despliegue de resistencia y sumisión de toda la población (salvo algunos, pocos, insolidarios y rebeldes), de los esfuerzos titánicos para tratar de paliar los déficits de previsión y equipos con dedicaciones extraordinarias de quienes pueden ofrecerlas desde su conocimiento, y de las medidas de emergencia, consejos de última hora, regates de opinión e interpelaciones al mal común, a la mala suerte y a la desorganización consuetudinaria, vayamos a derrotar esta misma semana al repelente inquilino de nuestra nave cósmica.

No. No caerá de inmediato. Alcanzará su pico de propagación, contagiando aún a más compatriotas, habrá una ascensión en el número de muertos y luego, bajará la cadencia hasta convertirse solo en un mal recuerdo. Para que eso suceda, habrá de pasar aún dos o tres meses, quizá incluso más.

Porque nos estamos mirando en el espejo roto de quienes dicen haber conseguido recuperar la normalidad (o casi): los dirigentes y personal facultativo de la lejana China, convertidos a un tiempo en denostados causantes de la aparición del coronavirus 19 y aplaudidos vencedores locales de la pandemia que nació en Wuhan, provincia de Hebei, lugar de ignota ubicación en nuestra mapa mental hasta enero de 2020, en donde -dicen- se comen pangolines (animales mitológicos, mitad armadillo y serpiente, mitad fantasía y superstición)- y donde -se comenta, se sospecha- hacen ensayos muy avanzados con microorganismos para estudiar los efectos (Confucio, Alá y Dios no lo quieran) de una guerra vírica que haga inútil el armamento nuclear.

Querido lector, estoy tan asustado, confuso, indignado, confiado, esperanzado, roto, alarmado, asqueado, tenso, incrédulo, …como tú.

No discuto que hemos llegado tarde para darnos cuenta de que se nos había colado el enemigo invisible. Me asombra que, sabiendo su peligrosidad y carácter letal, ministras de Gobierno y personas relevantes de nuestro mundo socio-político se embarquen en una manifestación para reivindicar ya no me acuerdo qué diablos, o que tipos curtidos en denunciar todo tipo de falsedades y verdades se contagien por celebrar con unos camaradas su triunfo en las urnas, en la que tampoco guardo memoria de lo que votamos.

Me enerva que en este país que ha presumido y presume de tener la mejor Sanidad de Europa y el mejor servicio asistencial del mundo, no tengamos suficiente capacidad y recursos para entender que una gran parte de ese orgullo institucional dependía y depende del esfuerzo personal del personal sanitario y de la capacidad acomodaticia de muchos pacientes.

He visto las imágenes de cuerpos de compatriotas entrando en la morgue improvisada del Palacio de Hielo, en donde tantas familias hemos ido a patinar en días de ocio y rosas. He oído que hay ancianos yertos en geriátricos, esperando que alguien levante sus cadáveres, envenenados por el coronavirus. Tengo mi atención puesta en los informes civil-militares del Comité de crisis, en donde hace días que no veo aparecer ni a Pedro Sánchez, el presidente de Gobierno (en cuarentena por el coronavirus, con su esposa infectada), ni el vicepresidente Pablo Iglesias (en cuarentena por lo mismo y por la misma razón), y no sé cuántos miembros más, incluido el incalificable Torra, desde su refugio mental en Cataluña, animando al suicidio colectivo.

Esto pasará, por supuesto. Nos dejará muchos esqueletos en los armarios. No solo, y por desgracia que pudimos evitar y eso pesará en nuestras conciencias, de los que fallecieron por el coronavirus, y a los que tendremos/tendréis que dar una despedida como debiera haber sido, multitudinaria y silente. Son los esqueletos de nuestro viejo sistema socioeconómico, nuestra economía de mercado, nuestras relaciones con las Autonomías, nuestra colaboración en el seno de la Unión Europea y demás instituciones, nuestra defensa de un mundo en paz. nuestra voluntad de atajar (y de qué manera) el cambio climático, y, en fin, la generación de un modelo de cooperación internacional que garantice trabajo y distribución del mismo para todos, porque todos debemos vivir en paz.

Mucha tarea por delante. De momento, tenemos una semana complicada.

Publicado en: Sin categoría Etiquetado como: coronavirus, crisis, economía, futuro, guerra, semana complicada, superación

A explotar de tensión tengo las sienes (Soneto)

23 marzo, 2020 By amarias Deja un comentario

Es sangre, no granizo lo que azota mis sienes
Miguel Hernández

A explotar de tensión tengo las sienes,
que arroyos llevan dentro inundaciones,
no me importa quién eres, dónde vienes:
salgamos a aplaudir a los balcones.

Son sanitarios los mejores bienes;
casi sin valor, financieros dones
máscara y guantes lo mejor que tienes
para luchar contra virus, no leones.

Salgamos a aplaudir a los balcones.

Lo tenemos corriendo por las venas
y está el cuerpo social muy mal herido…
No importan situaciones ni tamaños.

Nos contagiamos con un roce apenas…
El bienestar de ayer, palidecido,
no irá a recuperarse en varios años.

Salgamos a aplaudir en los balcones.

(Con las mismas rimas que el Soneto de Miguel Hernández)
23 de marzo de 2020 @angelmanuelarias, Sonetos desde la crisis

Publicado en: Actualidad, Personal, Poesía Etiquetado como: angel manuel arias, coronavirus, salgamos a aplaudir a los balcones, soneto, sonetos desde la crisis

Más Sonetos desde la Crisis

23 marzo, 2020 By amarias Deja un comentario

He puesto en orden los Sonetos que ya tengo publicados en este blog. Ayer, en que tenía algo más de tiempo, he revisado algunos de los que había desechado cuando publiqué Sonetos desde el Hospital. No son precisamente optimistas, y lo lamento. Prometo que en los próximos días me dedicaré a escribir en positivo, porque también se trata de animarme yo mismo.

Pero, como sabéis los que escribís poesía y aquellos a quienes gusta leer poesía, el verso es muy pegajoso a los sentimientos reales.

Allá van, y numerados. Leedlos, si os apetece, lentamente. Mejor en voz alta, conservando los versos y las rimas y tratando de encontrar el ritmo interno.

7

Me levanto del fango, pienso airado
que la caída me produjo rencor ciego
y atiendo sin dudar a cualquier ruego
sin confiar por ello ser lisonjeado.

Pongo en cada detalle gran cuidado
y espero con tensión si acaso luego
arroja el tiempo la creación al fuego
o vierta la ilusión en campo helado.

Sin poder darlo todo por perdido
planto cara y razón a quien acaba
entregando ilusión al mal, aún viva.

¡Cuánto becerro de oro conducido
al altar de adoración donde estaba
la ocasión de gozar, tal vez cautiva!

8

Siempre vendrá la muerte muy temprana
aunque no llegue en plena juventud
y abrirá con un golpe la ventana
trayendo la oscuridad a humana luz.

Nacimos en tiempos de miedo y avestruz
sin barruntar que en esperanza vana
se disolverían fe, deseos y virtud.
Pusimos nuestro esfuerzo en el mañana

sin preocuparnos la gloria ni la cruz.
Fue la vida, contra los vientos, sana,
aguantando en pie el traicionero alud

que si impidió lucir edad anciana,
nos servirá de adorno en la quietud,
limpios de culpa al paso de la aduana.

 

9

He encontrado en un mar de conjeturas
una verdad renuente a su belleza
que oculta por discreción en la maleza
era objeto de chanzas y locuras.

Puso a prueba un mendaz su fortaleza
ofreciendo serle guía por oscuras
conclusiones de improbable certeza
que prometían pingües rentas futuras.

“Espero pasar el tiempo en este sitio
replicó, asomando la cabeza.
que es para brillar única conditio

y no atribuyas miedo ni pereza
a mi renuncia a entrar en un litigio
si no a mi peculiar naturaleza.”

 

10

«Retirado en la paz de este desierto»
Francisco de Quevedo

Recogiendo espejismos del desierto
donde instalar la tienda y estar juntos
fui apartando cuerpos de difuntos
dudando al caminar si estaré muerto.

Encontrando al soñar mares abiertos
puse a remojo todos mis asuntos
ordenados a pares contrapuntos
y lamenté, amor, no estar despiertos

pues a falta de verdad el mal se ausenta
porque pierde su fuerza vengadora,
reducido al nivel de pie de imprenta.

Cuando aliviado de cargas, por la hora,
me bajé del soñar sin darme cuenta.
Allí esperabas tú con la mejora.

(Con las mismas rimas que el  Soneto de Quevedo)

23.03.20 @angelmanuelarias «Sonetos desde la crisis»


La foto es la de un carbonero común, agarrado a la bombilla del porche de la casa de enfrente, en Madrid. Está buscando moscas y mosquitos que quedaron pegados a la bombilla.

Publicado en: Actualidad, Poesía, Sociedad Etiquetado como: angel manuel arias, coronavirus, Quevedo, Sonetos desde el Hospital, sonetos desde la crisis

Para alegrar mi vida pienso en rosa (Soneto)

22 marzo, 2020 By amarias Deja un comentario

Para alegrar mi vida pienso en rosa
y entre recuerdos los del gozo escojo
y en el brocal del amor, feliz recojo
larvas que convertir en mariposa.

Pinto sobre el negro de ayer, el rojo
Que imagino después fragante rosa
Y de las marcas de hierro, perezosa
Desvía la mente la atención del ojo.

Fuerza me das, amor, si vengo flojo
y más puede virtud que cualquier cosa
si pongo mis pesares a remojo,

que encuentra calma quien en ti reposa
y no hay causa bastante para enojo
que es toda ocasión maravillosa.

(22 de marzo de 2020 @angelmanuelarias, Sonetos desde la crisis)

Publicado en: Actualidad, Poesía Etiquetado como: amor, angel manuel arias, coronavirus, esperanza, soneto, sonetos desde la crisis

Nos preparamos contra un enemigo (Soneto)

22 marzo, 2020 By amarias 1 comentario

Nos preparamos contra un enemigo
y centramos en armas nuestro esfuerzo
la clave siendo contra ti o contigo.
Pero un virus precisa otro refuerzo.

Qué equivocados estamos, amigo.
Y en la vía emprendida me retuerzo
que, sin asegurar lo que consigo,
de portavoz con este verso ejerzo.

Nuestra desgracia como tú maldigo
preguntándonos por la resistencia
del mal que junto a ti vencer persigo.

Cuido de provocar interferencia
en la confusión: me importa un higo
cuanto no valoremos en conciencia.

(22 de marzo de 2020 @angelmanuelarias, Sonetos desde la crisis)

Publicado en: Actualidad, Sanidad, Sociedad Etiquetado como: armamento, coronavirus, crisis, sonetos, vencer

Seamos serios, por favor. No juguéis con la vida.

20 marzo, 2020 By amarias 2 comentarios

Resumo lo sustancial de este mensaje, al margen de cualquier floritura: La única fuente plenamente fiable en relación con la información general sobre el coronavirus que nos afecta a los españoles, es el Comité de Crisis y sus portavoces específicos. Lo están haciendo, por cierto, con claridad, de una forma forzosamente repetitiva en cuanto a las medidas a adoptar, y conscientes como nadie de que la crisis de la pandemia no ha alcanzado aún su máxima virulencia.

Cierto que la necesidad de información, y presionados por la incertidumbre y la angustia, todos buscamos que las más diversas fuentes nos proporcionen alguna luz. A niveles regionales y locales, los medios de difusión -sobre todo las emisoras radiofónicas, ejemplo de inmediatez- están continuamente bombardeando al oyente con noticias de carencias en centros hospitalarios y residencias de ancianos, entrevistas, a menudo con tonos angustiosos y dramáticos, a alcaldes, representantes de las comunidades autonómicas y a personal facultativo.

Las redes sociales, ese vehículo de comunicación rápida de todo tipo de bulos, chismes y mentiras, han encontrado en esta crisis su naturaleza más repelente y viscosa. Hay individuos, que solo cabe calificar como mensajeros del Mal, tributarios de la maldad, que aprovechan el momento para imaginar cualquier información,  dotarla de apariencia de credibilidad (la firma un médico, un periódico, un centro asistencial nacional o extranjero, una agencia china o coreana, etc.) y encontrar así la difusión que convierte a su genialidad morbosa en algo viral, repetido por inocentes receptores de la misma, con velocidad fulgurante y crecimiento exponencial.

Es el virus, no la de la estupidez, de la mala uva, del terrorismo antisocial y morboso. La red ha difundido ya cientos de veces que se ha encontrado un fármaco que cura el coronavirus, ha alarmado a placer con carencias hospitalarias y fallecimientos en las condiciones más lamentables, se ha permitido prohibir como malignos, contraproducentes o letales ciertos medicamentos.

De todas esas despreciables maniobras, hay una que me duele especialmente. Se ha difundido, alcanzando fuerza viral en las redes, que la aplicación para autoevaluar la posibilidad de estar infectado por el Coronavirus COVID-19, de la Comunidad de Madrid, https://www.coronamadrid.com/ a cuyo desarrollo contribuyó eficazmente mi hijo Miguel, en tiempo récord, dirigiendo sin tiempo para descansar ni dormir, un equipo magnífico de profesionales de la programación, el análisis de datos masivos y las telecomunicaciones, «cede sus datos a terceros y no se sabe quiénes son» (www.elconfidencial.com)

De hecho, escriben, «la aplicación está alojada en una web de la que ni aparece el propietario del dominio. No instalar.»

Es una canallada, una infamia, que perjudica la plena difusión de un programa estupendo cuyo objetivo es descongestionar los centros hospitalarios de personas que no tienen síntomas o los tienen sin relevancia clínica.  Han corregido el mensaje desde el confidencial, pero el mal ya está hecho. Es fácil destruir y dar el premio al mozo del martillo.

Publicado en: Sin categoría Etiquetado como: autoevaluación, canalla, Comunidad de Madrid, coronavirus, infamia

Un virus nos fuerza a ser conjunto (Soneto)

20 marzo, 2020 By amarias Deja un comentario

Un virus nos fuerza a ser conjunto
consciente que para éxito completo
no sirve estar en contra, ni, barrunto,
pedir seguridad donde me meto.

A la unidad de todos yo me apunto
y contra interferencias pongo el peto
que al ser caso tan grave, en este asunto,
más vale que el lego opine escueto.

Me ciño, pues, del tema a lo concreto,
porque estoy convencido solo gana
quien en vez de poner a todo el veto

abandona sin tregua porfía vana
y asume que hoy incumbe que a este reto
venzamos para que vuelva ya el mañana.

19 de marzo de 2020 (Sonetos desde la crisis, @angelmanuelarias)

Publicado en: Actualidad, Poesía, Sanidad Etiquetado como: angel manuel arias, apoyo, coronavirus, crisis, soneto, superación, unidad

Aparentando tranquilidad

19 marzo, 2020 By amarias Deja un comentario

Recluidos forzosos en nuestras casas, ahítos de información intranquilizadora, vagamos de habitación en habitación sin rumbo. Qué hacer, qué no hacer. La necesidad de salir a la tienda de ultramarinos para adquirir algunos víveres nos incorpora nuevas angustias. ¿Cómo prepararse? ¿Bastarán los guantes de cocina? ¿Habrá que tirarlos luego, limpiarlos con lejía, eliminar las bolsas en las que transportamos la comida?

Y luego están las angustias mayores. Qué sucederá con nuestros mayores, padres, tíos, amigos y familiares de amigos que superan los setenta y que están solos en sus casas, o en residencias de mayores o atendidos por emplead@s de ahogar que se encuentran secuestrados con ellos.

Qué está pasando en los Hospitales, en los Centros de Salud, en todos los servicios asistenciales. ¿Habrá unidades de cuidados intensivos para todos, respiradores, analgésicos? ¿Tienen batas, mascarillas y guantes suficientes todo el personal sanitario?

¿Cómo irá la investigación que permitirá combatir con calidad este virus silente y letal, que se nos coló desde la lejana China, que ahora, superado por los habitantes de ese siempre misterioso y gigantesco país, nos obsequian con su experiencia y material clínico, del que tanto nos falta?

Abro una Biblia al azar y en Los Salmos, leo sin prestar al principio atención: «Ansias de huir a la soledad. (…) El corazón tiembla en mi pecho, y me acometen mortales angustias. El temor y el terror me invaden, y me envuelve el espanto. Y exclamo: «¡Oh, si tuviera yo alas como la paloma, para volar en busca de reposo! Me iría bien lejos a morar en el desierto. Me escaparía al instante del torbellino y de la tempestad»

Hay palabras, escritas por otros y hace mucho tiempo, que nos hablan en tiempo presente de lo que nos preocupa, obsesiona y atormenta.  Buscamos consuelo, proximidad, afecto.  En tiempos modernos, desde este aislamiento forzoso, con el temor de que la espada del ángel exterminador no seleccione a nosotros, tratamos de protegernos siguiendo señales, admitiendo ritos y nuevos carismas, abrazados a cualquier esperanza.

Está claro que tenemos que encontrar confianza. Ante la multitud de falsas esperanzas, de consejos vanos, de palabras que atormentan sin motivo por despreciables individuos que gozan generando terror, abracémonos a lo que nos da fuerza: la solidaridad de los seres humanos para vencer cualquier dificultad, superar la desgracia.

Pero no podemos olvidar, jamás, que hoy más que nunca dependemos de dos categorías muy especiales de seres humanos: a) el personal sanitario, esos profesionales vocacionales que nos cuidan, que sufren con nuestra enfermedad y dolor, que se exponen para salvarnos y caen a veces en el verdadero campo de batalla, en su lucha en primera línea contra el enemigo vírico y la patología contagiosa; y b) los investigadores, los científicos de todo tipo que, en el silencio de sus laboratorios y centros de trabajo, están buscando afanosamente una solución que nos libere.

Es correcta, en mi opinión, la actitud del Gobierno, aunque adoptada con tardanza, de obligar a la reclusión y vigilarla incluso con las fuerzas del orden y el personal militar (que, por supuesto, también está en su profesión ayudar si alguien lo necesita); y tampoco puedo olvidarme de todo ese conjunto de personas expuestas a riesgos especiales para mantener, al menos, viva, la cadena de suministro alimentario y la producción básica, con atención particular a lo sanitario.

Necesitamos ganar tiempo para que la propagación del virus se limite espacialmente y para evitar que nuestros Hospitales no se colapsen con los terribles picos de contagiados graves, obligados a cuidados intensivos. Quiero creer que pasado bastante tiempo, con o sin vacuna, cuando todos o casi todos hayamos sido contagiados y la inmensa mayoría hayáis/hayamos sobrevivido, nos arrimaremos a las plazas de cada pueblo, al centro de cada lugar, por pequeño que sea. para lanzar un grito de victoria.  Un inmenso grito que llegue a todas las esquinas del cosmos, y anuncio de una nueva solidaridad de la que nunca deberíamos separarnos.

Publicado en: Actualidad, Sanidad, Sociedad Etiquetado como: afectados, Biblia, cadena alimentaria, coronavirus, meddas, Militares, personal sanitario, políticos, Salmos

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