Al socaire

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Tercera carta a Manuela Carmena, alcaldesa de Madrid

6 junio, 2016 By amarias 2 comentarios

Alcaldesa,

Empezaré esta carta con una obviedad. Una ciudad grande, que es también capital de un país con casi cincuenta millones de habitantes y, por tanto, alberga la estructura central del Estado y algunos de los centros de decisión más importantes -en lo empresarial y en lo político-, tiene problemas específicos, aunque también puede disponer de algunas ventajas, que debe saber utilizar.

Conocemos mejor los problemas que las opciones positivas, porque, en eso, los madrileños -como la mayoría de los españoles- estamos orientados hacia la búsqueda de nichos futuros de felicidad, en lugar de afincarnos y disfrutar de los que ya tenemos al alcance.

Después de décadas de vivir en esta ciudad, no dejo de preguntarme cuáles son los principales atractivos de Madrid y cómo ponerlos en máximo valor. ¿Su oferta museística? ¿El Retiro, la Casa de Campo y las variadas zonas verdes? ¿Los edificios con valor arquitectónico o histórico, dispersos por ciudad y, en no pequeña parte, desconocidos? ¿La vitalidad de sus barrios, la lasitud de los comportamientos?

Al lector de esta carta (que, como ya apunté, no puedo imaginar que sea Vd., a pesar de que se la dirijo en el encabezamiento) le interesarán algunas cifras, para situar el contexto.

La Comunidad tiene un PIB anual de 200.000 Mill. de euros (en grandes cifras, el 20% del total español) y alcanza casi los 32.000 euros/cápita. No tengo cifras exactas, y lo lamento, pero de diversas extrapolaciones deduzco que el PIB de la ciudad de Madrid estará próximo a 120.000 Mill. de euros (si aceptamos que el comportamiento medio de la ciudad fuera idéntico al de la Comunidad, y que en ella habitan 3,2 millones de personas, llegaríamos a un PIB de 102.000 Mill de euros).

No tengo que advertir a nadie, y menos a Vd., que Madrid es una ciudad con grandes diferencias de nivel económico. La crisis no solo no parece haber afectado a algunos, sino que se deduciría que los benefició: restaurantes de alta gama, cafeterías abarrotadas en ciertas zonas, salas de fiesta aparatosas, lujosos vehículos circulando con ostentación por la ciudad, mansiones de escándalo, etc., forman parte creciente de un paisaje urbano que señala esa dicotomía.

En fin, vayamos a la esencia. Madrid es una ciudad de servicios (85% de su pib), siendo el turismo uno de los que representan características de estacionalidad y potencialidad de crecimiento más analizadas, aunque, en mi opinión, sin  demasiada claridad respecto a las líneas a adoptar para transformarlo en parte consistente de los ingresos a medio-largo plazo. Se reitera que el turismo ha sido adoptado como uno de los ejes de crecimiento del pib para España, en detrimento de otros, que me han parecido más atractivos, porque tienen una competencia más selectiva, como sería la industria de alto valor tecnológico, la investigación aplicada (en farmacología, biología, materiales, etc).

He escrito en múltiples ocasiones que es hambre para mañana, pues el atractivo de un país o una ciudad como foco turístico depende de factores, en realidad, coyunturales. Qué se le va a hacer, detengámonos en el turismo, pues.

España recibe actualmente cerca de 70 millones de turistas extranjeros, de los que el 7 % recalan en la Comunidad de Madrid (aceptemos que un 80% en la capital), frente al 26% que se deciden por Cataluña.

La pereza periodística y, en general, informativa, para recopilar los datos de forma inteligible con una simple mirada, además de la detectable incoherencia de las fuentes, no permite ofrecer al análisis cifras exactas, sino órdenes de magnitud, y aún éstos, sometidos a reservas. Me quedo, a efectos de esta sencilla exposición, con esta idea: En 2015, Madrid  recibió 11 millones de visitantes, de los que aproximadamente la mitad eran turistas nacionales, y casi una quinta parte de ellos, procedentes de la propia Comunidad de Madrid.

Los ingresos que el turismo deja en Madrid son del orden de 6,5 Mil millones de euros. No es mucho, pues no llega al 5% del PIB de la ciudad, aunque en alguna información leí que alcanza el 7%; en todo, caso, la mitad que en Barcelona, que, con sus 1,8 millones de habitantes, absorbe 12,6 Mil millones de euros. Lejos ambas de Londres (cerca de 18.000) y París (14.700).

Alcaldesa, no tiene por qué creerse estas cifras. Haga que sus colaboradores le brinden las más actuales y fiables. Obtengan un cuadro lo más exacto posible de los ingresos totales en la ciudad, y, en cuanto al turismo, sobre la procedencia de los visitantes, la categoría y ocupación de los establecimientos -no solo hoteleros, también cafeterías, restaurantes, etc. y por zonas- y consiga una distribución aproximada de los ingresos por áreas y por categorías.

Como se trata de movilizar inquietudes efectivas, y no solo de escuchar a los que tienen protestas que formular, es fundamental que se reúna con los gremios. No solo con los representantes empresariales, sino que despliegue sus antenas (las de sus colaboradores) por la ciudad.

¿Qué se necesita mejorar? En mi opinión: la calidad de la oferta gastronómica, la limpieza interior de los locales, la profesionalidad de los empleados, el control de calidad de los productos y su ejecución, la inspección, propia y oficial. Normas hay, pero no se cumplen y solo se cumplirán si se vigila su aplicación y se sanciona con severidad la infracción.

Pero también hay que ayudar a los comerciantes hoteleros en la limpieza de los entornos de sus emplazamientos, en la autorización del cierre de algunas terrazas, en la uniformidad del mobiliario, en la revisión de los carteles y rótulos, en la pintura interior y exterior de las paredes y en la renovación de su mobiliario. También, ayudando a potenciar esas notas tan agradables con saber a antiguo, aunque sean falaces. Estamos en un mundo de fantasías, alimentémoslas.

Lo que le indico para el sector de restauración, o podría también aplicar a la hostelería -revisión de la salubridad de las pensiones, control de las prestaciones, ofertas de habitación no declaradas, etc.- sirve para todos los gremios. El Ayuntamiento debe ayudar a los futuros empresarios, en especial, a los modestos, a que decidan bien. ¿Necesitamos más bares, más mercerías, más peluquerías, más fruterías,…? Mi opinión es que no, y es muy importante analizar la supervivencia de esos hipotéticos negocios productos de la ignorancia respecto al medio y la necesidad de buscar una forma de vida.

Reúnase con representantes de todos los sectores, analice con sus colaboradores -preferiblemente, independientes, no sesgados ideológicamente- qué está pasando en la ciudad y qué se puede hacer para mejorar las expectativas de generación de empleo y riqueza.

No me olvido de las grandes cadenas empresariales que, a la chita callando, han ido ocupando sitio en la ciudad. Reunirse con sus representantes es importante, en un doble sentido. Primero, para conocer cómo piensan, qué orientaciones reciben, quienes son (y para que se sientan próximos a la alcaldía: se evitaría así el grave error -suyo y de sus consejeros- que no consiguiera identificar al presidente de El Corte Inglés, Dimas Gimeno). Segundo, para involucrarlos con la ciudad, hacerlos partícipes de los deseos y expectativas de sus habitantes, engancharlos con Madrid.

No le canso más, alcaldesa. Volveré sobre el tema en otra carta.

Angel, un ciudadano de Madrid

 

Publicado en: Actualidad Etiquetado como: alcaldesa, carmena, empleo, empresa, generación, Madrid, turismo

Segunda carta a Manuela Carmena, alcaldesa de Madrid

4 junio, 2016 By amarias Deja un comentario

Alcaldesa,

Tengo que aclararle, no a Vd., sino a quien se asome a estas líneas creyendo ver el destilado de una oposición crítica a su talante personal, e incluso a su ideología política, que no voy por ahí. La he votado como alcaldesa, sin fijarme en los demás nombres que acompañaban su candidatura. También voté a Angel Gabilondo como mejor candidato, en mi opinión, a la presidencia de la Comunidad, e igualmente, sin parar mentes en el resto de nombres que figuraban en su lista.

Posiblemente que, de haberlo hecho, no hubiera votado a ninguno de los dos. Pero como creo que este país tiene arreglo si conseguimos eliminar la tensión entre generaciones y ponemos en circulación buenas ideas y no simplemente ocurrencias ocasionales, es por lo que emití mi voto de esa manera: un voto de confianza.

Las dudas respecto a que Vd. no pudiera controlar una candidatura tan variopinta, formada masivamente por personas llegadas de la oposición y la protesta sistemática -y no digo que les falten razones concretas, pero les sobran rencores difusos-, se me han ido confirmado con el tiempo. La alcaldía está colapsada, pasa el tiempo y las cosas no arrancan o se corrigen, porque no se toman decisiones.

No es problema suyo, entiendo, porque Vd. no tiene por qué tener Madrid en la cabeza, sino de que no se le trasladan los temas suficientemente estudiados para que se puedan valorar los pros y contras de cada posible actuación, y echar para adelante.

Madrid no puede presumir de ser una ciudad inteligente (smart city, como dicen los pedantes). Más bien, es una ciudad bastante cutre. Entrañable, pero cutre. No hay más que darse una vuelta por la Puerta del Sol o la Plaza Mayor, y asombrarse de la cantidad de personajes estrafalarios que se nos han colado por allí. Hay equilibristas imposibles, Mickey Mauses, guerrilleros del antifaz, carteristas a montón, tenderetes para majas y toreros en los que solo hace falta poner la cabeza…

Esa plaza podía estar en La Paz, en Lima, en Guatemala, Quito, o en cualquier pueblo de las américas con el desarrollo paralizado.  No tiene nada que ver con la transmisión de una esencia culta, europea, de foro de encuentro entre personas para pasarlo bien. Desde luego, el centro de Madrid encuentra su complemento natural con tiendas de recuerdos confeccionados en China, imitaciones grotescas, comida para llevar de tres al cuarto y, eso sí, unos grandes almacenes en donde se puede adquirir de todo, como en cualquier lugar del mundo.

¿Se ha fijado Vd. o alguno de sus asesores -me han hablado muy bien de su hija, Eva Leira, que parece tiene una capacidad de observación excepcional- que, antes de que la manada de turistas se acerque al centro de Madrid, se distribuyen, cada mañana, los disfraces y las plazas que ocuparán las decenas de desarrapados que vestirán todo el día, bajo el atufante calor?

Allá, en los aledaños de las Plazas turísticas, se produce el trasiego en el que se reparten los avíos para desgastados cabezudos, se entregan las mantas que servirán para simular cabras tristes con cabeza de coco, se prepararán los ánimos para acercarse sin descanso a cada infante de paso, haciendo de Pocoyó, Goma Esponja o Popeye. Son ellos, los reyezuelos de la economía sumergida más miserable, los que moverán, quemando su energía por ganarse cuatro euros, los pesados carteles de espalda con el desazonador mensaje de Compro Oro o repartirán con insistencia indomable papeletas de Menú barato, que acabarán tiradas diez metros más tarde sobre el asfalto?

Se que no le parecerá bien, pero lo pregunto aquí, porque no le dirijo la cuestión a Vd.; en todo caso, no solo a Vd. ¿Le parece bien que decenas de jóvenes atletas, con sus saquetas de baratijas al hombro, se desplieguen una y otra vez por la zona, disponiendo con calculado orden sus mercancías falsificadas, actuando como gacelas temerosas que aprovechan los respiros más bien burlones, que les proporciona la vigilancia errática de otros tantos policías municipales? El espectáculo de sus alocadas carreras para salvar el pellejo de la posible incautación de sus mercacías por los guardianes del orden me mueve a tristeza profunda.

Porque Vd., que fue juez, sabe de las condiciones en las que se han autorizado la residencia de esos jóvenes venidos de las profundidades de África, atravesando desiertos y superando barreras de todo tipo. Los tenemos aquí como indocumentados, y no pueden trabajar legalmente, sin otros recursos económicos que lo que consigan de la venta de esas mercancías que les son entregadas en depósito por misteriosos distribuidores (iba a escribir mafias, pero quiero contenerme).

La reforma del art. 270 del Código Penal (Ley Orgánica 5/2010) ha rebajado las penas para quienes venden DVDs, CD y otras mercancías de falsas marcas en la calle con la fórmula consolidada de los top manta, añadiendo dosis de discrecionalidad judicial (el legislador no se atreve a tomar decisiones y traslada el ámbito de la responsabilidad del castigo a la judicatura).  La pena es ahora de seis meses a dos años, y la multa de 12 a 24 meses, que podrá ser sustituida -atendiendo a las características del culpable y a la reducida cuantía del beneficio económico, por una multa de tres a seis meses o trabajos en beneficio de la comunidad de treinta y uno a sesenta días. Si el beneficio no excede de 400 euros, se castigará el hecho como falta, según el artículo 623.5.

Hay miles de manteros afectados por la legislación anterior, con antecedentes penales que les impedirán conseguir su permiso de residencia; más de un centenar están en la cárcel. Muchos miles , sin duda, andan por la ciudad y por España, emboscados, ocultos, huídos, como si esto fuera una selva.

El número de pobres en las calles, crece día a día. La mayoría, no son españoles. No me importa, desde luego, la nacionalidad, sino su situación de necesidad, la forma en qué tienen resuelto (siempre, mal resuelto) su modus vivendi. A la puerta de cada comercio de mínima entidad, hay un pedigüeño instalado; cada diez metros en las calles principales de Madrid, hay un tenderete con alguien que proclama su necesidad.

La pobreza visible es solo la punta de un iceberg de la miseria, no solo propia, sino del entorno: no pocas de esas gentes vienen, por supuesto, de otros países en los que lo estaban pasando aún peor y están aquí porque lo poco que reciben les compensa. Sin embargo, ¿debemos dejar que la situación se enquiste, mirar hacia otro lado, permitir que crezca o se emponzoñe?

En mi opinión, no. Encarar la cuestión con la intención de corregirla, esto es, superarla, eliminarla, exige, ante todo, tomar consciencia completa de la magnitud del tema. Cuántas personas están afectadas, con qué medios de subsistencia cuentan, en qué condiciones viven. Si tienen hijos, cuáles son las situaciones de escolarización e integración concretas. En todo caso, enterarse de cómo resuelven asuntos tan importantes -además de la manutención y la vivienda- como la de la salubridad, la asistencia médica, la previsión que se imaginan de su futuro personal.

No hay solución en dejarlos solos, a su aire.

Estoy convencido, porque quiero estarlo, que Vd. está preocupada en analizar y encontrar soluciones al problema de la creciente visibilidad de la pobreza en Madrid. Es una cuestión de imagen, sin duda. No veo que haya encontrado su equipo el quid del asunto, porque vamos a peor.

El tratamiento de la pobreza invisible o más oculta lo dejo, si le parece, para otro día, para tratarlo en otra carta.

Un saludo,

Angel, un ciudadano de Madrid

Publicado en: Actualidad Etiquetado como: alcaldesa, Bando, carmena, carta, código penal, Madrid, pobreza, top manta

Carta a Manuela Carmena, alcaldesa de Madrid

3 junio, 2016 By amarias 1 comentario

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Alcaldesa:

Hace unos días, en uno de los cajetines utilizados eventualmente para comunicar informaciones sobre el servicio de transportes en los autobuses urbanos, me encontré con un «Bando de Limpieza de la Alcaldesa de Madrid», suscrito por Vd.

No tenía fecha, aunque supongo que debió ser emitido hace poco. Como el escrito era largo y los viajeros que se amontonaban en la plataforma me impedían leerlo con la debida atención, aproveché un hueco visual y lo fotografié con mi teléfono inteligente. Así pude enterarme, en la calma doméstica, no ya de su contenido, sino que ahora trato de inferir de su concentrada lectura, tomándolo como muestra de razones más profundas, cuál sería la situación por la que Vd. se encontraba en la necesidad de enviar un mensaje a los madrileños.

¿Ilusionada, inspirada, tal vez, aburrida? Si alguno de esos calificativos encajan parcialmente al tono del escrito, el que más se adecúa es otro: desorientada. Mal asesorada.

Desde luego, el reto que lanza en su escrito es tan ingenuo como imposible: «que nos convirtamos en los ciudadanos más limpios del planeta». Ni siquiera veo el interés que pueda tener, objetivamente, que la ciudadanía madrileña huela a limpio por las mañanas. ¿Hay detrás un intento de promocionar alguna marca de jabón de tocador o desodorante? Por supuesto, las pituitarias sensibles sufren al ser dominadas por el olor a sudor, fritangas, humos de tubos de escape y calefacción, cuando no restos vegetales en putrefacción, pero la cuestión del aire de Madrid no parece, de momento, con entidad para mover su creatividad literaria.

Lo que Vd. pretende con ese Bando, en el que recuerda al que Tierno Galván, «primer alcalde de nuestra democracia» promulgó con idénticas inquietudes a las que Vd., varias décadas después, vuelve a poner de manifiesto, es que Madrid -los madrileños y los visitantes- corrijan, de una vez por todas, su perniciosa manía de ensuciar. El carismático profesor no lo consiguió y le puedo adelantar que Vd. tampoco lo va a conseguir solo con sus recomendaciones.

Coincido con Vd. que la base de lo que «nos ha pasado»es que menospreciamos lo público, esto es, lo que es de todos. No es, por supuesto, lacra que haya que hacer descansar sobre los madrileños. El desprecio hacia los bienes y valores generales de la colectividad ha pasado a formar parte de nuestra idiosincrasia. Especialmente, con la democracia, que hemos entendido mal y corremos el riesgo de entenderla aún peor.

Me preocupan, como a Vd. y a sus asesores, la actitud de los que tiran colillas en las calles y alcorques, de quienes no recogen cacas de sus perros y de todos aquellos que ensucian a sabiendas el espacio público. No ignoro que se nos han colado en el argumentario colectivo dos perniciosas exculpaciones:  «ya pagamos para que lo  limpien» y  «total, para lo que sirve que yo cumpla, sino nadie lo hace». Ambas direcciones de falsa dialéctica, muy peligrosas.

Debo llamarle la atención, ante todo, de algo que no es trivial o, al menos, no tan conocido. La limpieza de las calles es, de todas las actividades relacionadas con la recogida de basura, la más intensiva en creación de mano de obra.

¿Qué se necesita para barrer? Una persona pertrechada contra las inclemencias, con bolsas, una escoba, un recogedor y un carrito, moviéndose a pie por las aceras y por sus bordes; en algún caso, manejando un aspirador de hojas, papeles o cualesquiera residuos ligeros.

Fíjese algo más y advertirá, para su consternación, como fue la mía, que buena parte de esas personas que recorren las calles son bastante mayores, próximas a la edad de jubilación o que parecen ya haberla superado. También encontrará mujeres con aspecto de acabar de salir de sus labores domésticas, manejando con brío los trastos de limpiar.

¿Por qué? Sin duda, porque de esa manera las empresas concesionarias reducen sus gastos generales (menores pagos a la Seguridad Social) apremiadas por la necesidad de competir a la baja para llevarse alguna parte del contrato.

No me parece un despilfarro, dado el alto índice de paro que tiene la ciudad, generar un par de cientos de puestos de trabajo -baratos- para recoger la basura que otros ciudadanos más pudientes y harto despreocupados tiran en las calles.

Tampoco creo que se pueda/deba reducir más el coste de la recogida en camiones compactadores, con personal a la carrera desesperada por las aceras, manejando los contenedores a golpes, con el fin de cumplir con los exigentes destajos.

Habrá que enfocar la cuestión en otras direcciones, ¿no?

Porque, lo que si me parece intolerable es que se utilicen los contenedores que, teóricamente, están destinados a recogida selectiva, para que se entreguen a ellos, sin respeto, todo tipo de basuras, y que se dejen a su lado, abandonados como si la intención fuera construir tótem urbanos de la inmundicia, aparatos electrodomésticos estropeados, colchones y muebles viejos, aceites de automóvil usados, etc.

Me parece inaceptable que, en lugares elegidos a comodidad del ciudadano más irresponsable, se amontonen bolsas de basura en la calle, y que allí sigan por semanas.

Me parece insoportable -para mi sensibilidad profesional- asistir, cada día, y varias veces, al espectáculo de ver cómo una legión de pepenadores -al estilo de las ciudades paupérrimas- se dedican a abrir las bolsas de basura depositada en los contenedores, y a recoger, en camionetas desvencijadas, algunas sin matrícula, en cajas abiertas, cartones, restos metálicos o mobiliario (no tengo que hacer esfuerzo para imaginar que con destino a una eventual reventa, en una cadena de miserias de largo alcance subterráneo), poniendo boca abajo, revolviendo a la trágala, dejándolo todo luego abandonado de cualquier manera, contenidos aún de menos valor que el sustraído, cajas y bolsas rotas y culminando así el espectáculo de la dejación, el descontrol y el desorden.

No, Sra. Alcaldesa, esto no se corregirá con palabras. Hay que poner barreras: más formación, más concienciación, más inspección y más multas. Actuando de forma implacable con los que incumplan. También con aquellos encargados de la vigilancia que hagan dejación de su función de control.

Si no le molesta, le voy a escribir varias cartas abiertas. Le escribí ya varias cerradas, dirigidas a Vd., solicitándole entrevistas personales, que no me contestó. No se diferencia en eso Vd. de otros alcaldes y alcaldesas que hubo en Madrid, y los disculpo: puedo comprender que estén muy ocupados: una ciudad es un entramado complejo, vital, arisco…aunque también seductor como ninguno.

Como estoy seguro de que está imbuida de la mejor intención, le voy a dar un consejo de persona a persona, ambos peinando canas de experiencia: no se entretenga con los problemas pequeños. El de la basura es un tema muy visible, pero menor.

Tenemos otros mucho más importantes y, aunque no le corresponda a Vd. resolverlos -¡por favor, Vd. no es la heroína de los cuentos de hadas!- sí le vendría bien conocerlos.

Un saludo

Angel, un ciudadano de Madrid.

Publicado en: Actualidad, Administraciones públicas, Ambiente Etiquetado como: alcaldesa, Bando, basura, contenedores, educación, limpieza, Madrid, multas, residuos, vigilancia

Epílogo: Romper barrotes

14 mayo, 2016 By amarias 1 comentario

«Yes, a violent quarrel was in progress. There were shoutings, bangings on the table, sharp suspicious glances, furious denials. The source of the trouble appeared to be than Napoleon and Mr. Pilkington had each played an ace of spades simultaneously» (*)

(George Orwell, Animal Farm, 1944,  Penguin Books, pag. 120 /Ed. 1971)

En este paseo virtual por la Granja Humana he recalado en la jaula hispánica, en la  que yo mismo habito y, como no es cosa de reclamar indefinidamente la atención del lector -que puede que tenga otras preocupaciones-, me apresto a sacar algunas Conclusiones. Porque cualquier ensayo, por modesto que sea, debe tenerlas.

Supongo que quien haya seguido el paseo hasta aquí habrá detectado que no soy de los que animarán a hacer revoluciones.  Me gustaría aquí decir que coincido con Keyness cuando escribió: «Puedo estar influido por lo que me parece ser justicia y buen sentido, pero la guerra de clases me encontrará del lado de la bourgeosie educada», aunque debo expresar de inmediato que, si esa frase representa los principios ideológicos keynessianos , discrepo de forma radical. Mi educación burguesa y mi formación académica tradicional, son solo parte de la base sobre la que he construido una visión de la Granja que es, sobre todo, experimental.

Al haber sido configurada mi visión a partir de experiencias propias -y, dado el período tan corto de la vida humana, en relación con la Historia de la Granja, «recientes» y «limitadas»- no desdeño que se pueda converger -actualmente, de forma pragmática, desde posiciones de fondo aparentemente muy alejadas.

Los ejemplos en el conjunto de la Granja son muchos y, en nuestra jaula, no faltan. La política llevada a cabo por el primer gobierno de Jose María Aznar no se separaba mucho, por la cuenta que le tenía a los intereses económicos y sociales, de la línea de los gobiernos de Felipe González: los logros de la economía del bienestar eran intocables. Tampoco cabría explicar de otra forma que como producto de un utilitarismo rentable para las propias formaciones políticas, que, para ahogar al PSOE, el PCE, bajo la dirección de Julio Anguit, hubiera planteado sin rubor acuerdos con Alianza Popular, en la primera aplicación española de la técnica italiana del sorpasso (adelantamiento) político.

La presentación conjunta en las elecciones del 27-J de 12016, por parte de Izquierda Unida y Podemos es, nuevamente, un intento de apariencia juguetona pero de alto calado en términos de rentabilidad para sus dirigentes, de estrechar el cerco a los del Partido Socialista, aprovechando la grave crisis de la identidad socialdemócrata. No veo claro, y no descarto que sea por mis gafas ahumadas, la utilidad para el pueblo llano de esos tejemanejes en la jaula (1)

El pragmatismo implica, ante todo, no ser ingenuo, no confiarse, no dejarse engatusar por luces y abalorios. En la Granja global, los latrocinios han sido la clave del desarrollo de los pueblos, no la inteligencia ni la perspicacia. A poco que te descuides, te roban la cartera.

El propio Keyness recuerda que «los comienzos de la inversión británica en el extranjero se hallan en el tesoro que Drake robó a España en 1560. Aquel año regresó a Inglaterra trayéndose con él el prodigioso botín del Golden Hind. La reina Isabel era una accionista importante de la empresa que había financiado la expedición. Con su parte, la reina Isabel pagó la totalidad de la deuda exterior de Inglaterra, equilibró su presupuesto y se encontró con unas 40.000 libras en su mano (…)» ¿Cabe una prueba más sólida sobre las raíces de la prosperidad de Inglaterra? ¿Imaginamos lo que hubiera significado «el prodigioso botín» para la corona española? Y…¿somos capaces de vislumbrar lo que supuso arrebatar esa prodigiosa riqueza a sus anteriores propietarios? ¿Nos detenemos ahí, o seguimos la traza hasta su posible principio? (2)

Por supuesto, no estoy de acuerdo en absoluto que desde esta jaula hispánica se puedan/deban iniciar o apoyar movimientos con la intención ingenua de subvertir el «orden mundial» -y menos en una alianza con los rectores de otras jaulas de descamisados, tanto económica como políticamente (Irán, Grecia, Venezuela, Bolivia, etc.). No me refiero a falta de solidaridad con los pueblos, sino a extremar la prudencia en la connivencia con sus poderes actuales.

No veo el menor recorrido a los impulsos apocalípticos ni a esos propósitos mesiánicos de apoyar la redención global con soflamas. Como a muchos de mis colegas, me gustaba mucho leer a K. Marx cuando era joven, y a otros teóricos anticapitalistas.

Hoy soy incapaz de leer de corrido más de media página de cualquiera de ellos, si bien tengo acotados múltiples párrafos para citarlos cuando me apetezca. Su música me sigue sonando bien, pero la letra es muy aburrida. Y lo que tengo anotado en mi memoria personal es que no pocos de aquellos jóvenes que se decían dispuestos a cambiar el mundo, -que dirigían las asambleas en las Facultades, que militaban en los partidos de la ultraizquierda en el tardofranquismo- evolucionaron rápidamente en la dirección particular que más les interesaba -a ellos y a sus familias-, sin que encontraran, al parecer, dificultades insalvables en acomodar sus ideas juveniles al nuevo ritmo de los tiempos.

No fueron malos tiempos en la jaula. Como cuando nos ordenaban quitar el machete del mosquetón, la mayor libertad y la apertura internacional, vinieron bien, porque el peso de  la impedimenta se tornó más ligero. Salvo los últimos diez años -la década maldita de 2007 a 2016-, hubo momentos muy buenos para todos los habitantes de la jaula: comimos mejor alpiste, volamos con más garbo, nos pintaron de dorado los barrotes y hasta nos sentimos muy orgullosos de ser admitidos como iguales (creíamos) por los más presumidos de la Granja, que nos permitieron hacernos fotos con ellos en las perchas más altas de sus gallineros.

Dejo, pues, el rollo ideológico y apunto unas cuantas orientaciones que tienen poco que ver con la ideología de quien gobierne, sino que dependen de los apoyos que pueda conseguir para hacerlas realidad, de la manera más eficiente, en estos  momentos de la jaula y de la Granja. Si alguien los considera como de izquierdas, es que no tiene ni idea de qué va esta vaina.

Primera orientación: Educación de élites de máximo nivel, revisión general del enfoque educativo, mejora de la formación práctica

El primer punto irrenunciable para romper barrotes en la jaula hispánica es la de crear -no muchos, uno o dos bastarían- centros de formación de élites económico tecnológicas y de manera inmediata. Basta ya de juegos, hay que romper la brecha tecnológica y es imprescindible acercarse a la frontera del máximo nivel, combinando dos saberes: saber hacerlo bien y saber cuánto cuesta y cómo conseguir la financiación. El modelo ENA francés es la inspiración.

¿Cómo poner ese cascabel al gato de la jaula? Sabemos hacerlo para algo no rentable (salvo para algunos de sus agentes), como el fútbol, la ignorancia que expresa la pregunta, suena a ridícula. Contratando a los mejores, donde estén y sin importar lo que cuesten.

No por espectáculo, es por razón de tener el huevo. Agrupando las mejores experiencias, involucrando lo más granado de los intelectuales bien dotados, exprimiendo el jugo salutífero de los más experimentados de nuestros profesionales, para que expongan, condensen y transmitan el conocimiento que poseen, tendremos la sustancia para formar las élites eco-tecnológicas.

No tenemos el modelo aquí, porque no se trata de una nueva Escuela de negocios, ni de mejorar una Escuela de Ingeniería -ahora, con los nuevos planes, abocadas a su autoinmolación-, ni de agrupar Facultades de Económicas, Derecho o Políticas para que se enseñen en ellas teorías de juegos malabares que no sirven más que para llenar horas de clase. Tampoco hay que obsesionarse porque los centros que se creen con el objetivo indicado actúen de forma excluyente, aunque hay que darles algunas ventajas, ya que se les exigirá mucho.

La jaula hispana precisa generar un par de Centros de formación de funcionarios de élite, que posean conocimientos completos del real funcionamiento del mundo. No solo de política, que, para el caso, sería lo de menos: de la situación tecnológica, de los enlaces económicos, con un conocimiento completo de las necesidades concretas de desarrollo eficiente en nuestro país dentro el marco global, de los medios que tenemos a disposición o podemos alcanzar, con capacidad para proponer objetivos sólidos, creíbles, prácticos. Deberán ser ingenieros-economistas con una educación complementaria en derecho y sociología y lo que haga falta. Por supuesto, deben estar imbuidos de la necesidad de sostener una ética inquebrantable, de los principios de transparencia y servicio público como premisas.

Deberán ser pocos, muy buenos, espléndidos. Seleccionados entre los mejores de la tribu, con criterios duros y, claro, objetivos. Serán nuestras futuras abejas reina. Trabajarán para la Adminstración por un período largo (los egresados de ENA están obligados a hacerlo por diez años) y cobrarán de ella desde que sean admitidos como estudiantes. Han de saber, preferiblemente, cuatro idiomas a la perfección: inglés, chino, alemán y francés. (El francés podría sustituirse por el ruso y el alemán, por el árabe estándar moderno: nunca simultáneamente).

Como se repite desde el imaginario de una Europa sólida y eficaz, para que esas aves de nuestra jaula, como de cualesquiera otras del recinto europeo, puedan ser candidatas serias para la Presidencia de la Europa federal, o de sus puestos de máxima relevancia, deberían conocer, además del español, otras tres lenguas comunitarias (las más habladas: inglés, alemán y francés).

Por supuesto, la formación de esa «fuerza de choque», a la que vengo dedicando tanto espacio, será independiente de la obligación de orientar la formación general de los jóvenes hacia aplicaciones realmente útiles para las necesidades de la jaula hispánica. No dejemos a la «iniciativa del mercado» el futuro de nuestra juventud. Es una trampa para ellos. Sobran peluquerías, expertos en jardinería, semiduchos en albañilería,  mecánicos de las cuatro reglas del automóvil, chapuceros del serviprisa, diplomados en programas informáticos obsoletos, master en hostelería y cocineros de saloncito de estar. Necesitamos jóvenes seguros de que tienen la base para hacer muchas cosas bien, porque podrán aprenderlas en poco tiempo, ya que saben lo fundamental. Ni modelo francés, ni inglés, ni norteamericano o chino.

Necesitamos implantar un modelo español, el que nos conviene. Estuvimos a punto de lograrlo hace no mucho tiempo. Técnicos bien formados, unos, con base ancha. Especialistas intermedios, otros, prácticos de verdad en los niveles y sectores que se consideraban necesarios. Hay propuestas muy interesantes de orientaciones formativas en campos de desarrollo concretos. Este gallo viejo que escribe tiene algunas circulando por ahí; no soy el único.

Se deben revisar, y también de inmediato, todos los programas académicos. Habrá sorpresas al conocer lo que se está ofreciendo, de veras, en los centros educativos. ¡Homologuemos todas las enseñanzas que conducen a un título! ¡Fuera la confusión! La libertad de cátedra ha sido penosa, egoistamente interpretada y precisa una urgente revisión. Las autonomías regionales han deshecho, a conciencia, la calidad de la oferta formativa, generando un desorden académico que se debe corregir de inmediato.

Pero un Plan de estudios general no se improvisa: exige un trabajo serio, independiente, leal. Para analizar lo que se enseña, no solo hay que oir a los docentes, sino dejar expresarse a los discentes; en particular, los recién egresados; específicamente, los mejores de entre ellos. ¿Qué han aprendido?. He aquí algo que no tiene que ver con la ideología; es más, si se pretende que tenga algo que ver con ella nacerá viciado, será inútil.

La igualdad de oportunidades tiene su origen en las escuelas, no en la calle.

Segunda orientación: La Unión Europea es el marco natural de nuestro desarrollo y la opción federalista, la única rentabilizable

Unión Europea como plataforma de acción y que sea fuerte. No tenemos otra opción viable desde la jaula hispana y debemos aplaudir todo lo que suponga avanzar desde las otras jaulas europeas en esa dirección. Una Unión Europea fuerte, hará fuertes a todos los países que la integran (y viceversa). Hay que ser europeísta por serena convicción y estar presente, con personalidad, en todos los foros, tratando de tú a tú a los estados más fuertes de esa original agrupación de comerciantes, imprecisa y vacilante, que debe evolucionar hacia una auténtica Unión Federal para afianzar su identidad.

Por eso, no solo hay que asumir las condiciones pactadas en su seno (de política económica, de circulación interna de personas y mercancías, etc.), sino obligar a que sean cumplidas por los demás, detectando con igual fuerza las irregularidades de otros.

No es sencillo, porque los egoísmos imperan en las actuaciones, y la presentación sesgada de lo que sería más rentable o más perjudicial para cada jaula, es moneda común. Las elecciones locales son buena muestra de que hay mucho que hacer, y de que los poderes económicos no quieren perder espacios de acción, y, por eso, se apoyan en lo que tienen más cerca: generar miedo en las clases burguesas respecto a cualquier apertura de las jaulas. Pintan continuamente los barrotes de dorado.

Política económica y financiera común, por supuesto que es imprescindible. No se puede sostener como objetivo una Europa de varias velocidades; ni con diferenciales en los tipos de interés según países; ni protegiendo a unas entidades financieras o a unos grupos de capital nacionales en detrimento de otros; sí a la agilización del crédito; sí al endeudamiento responsable, pero sin cortapisas impuestas por los que más tienen; sí a la financiación de proyectos de investigación que, en lugar de favorecer a las grandes empresas, se destinen a las pymes y a impulsar la colaboración entre Universidades y empresas; sí a la rebaja fiscal de las inversiones en i+d, en particular, en sectores preferentes; sí a favorecer emprendimientos de jóvenes; sí a inversiones público-privadas, que promuevan crecimiento en las líneas más intensivas en mano de obra; sí al control del gasto público con férreas medidas de exigencia de la eficiencia como valor irrenunciable; sí a…

Me parece íntimamente vinculado a ese robustecimiento de la Unión Europea la generación de una Política exterior común y de una estructura propia de Defensa. Seguridad y defensa propias no pueden confiarse a terceros y, en este sentido, la subordinación de ese objetivo a la OTAN por parte de Europa es una dependencia infantil procedente de la postguerra, que debería entenderse superada. Estados Unidos ha manifestado -con la boca pequeña- varias veces su incomodidad en soportar la mayor parte de los costes de esa estructura, aunque es su principal beneficiario.

Para la jaula hispánica, abrir el debate interno de la salida de la Alianza Atlántica es inoportuno, además de temerario, pues somos un país frontera. A nivel europeo, la salida de la OTAN sería una grave temeridad. Por el contrario, apoyar la necesidad de sustituir, en medida suficiente, el apoyo de la estructura atlántica por otra de control propio desde los centros de mando de la Unión es…imprescindible para obtener una verdadera identidad de contrapeso en la Granja global.

Tercera orientación: Cuidar las relaciones internacionales fuera de la Unión Europea

Desde un país intermedio, no se puede abarcar todo y, además, habrá que distinguir entre las relaciones a nivel institucional y las de las empresas. La necesidad de mantener cifras de negocio anteriores a la «crisis del ladrillo» -que ha sido, también, de paralización de las inversiones públicas en infraestructuras-  ha llevado a los grupos empresariales vinculados de manera sustancial a la construcción a salir fuera, asumiendo riesgos nuevos.

No quiero ser alarmista respecto a la solidez financiera del resultado de esas huídas hacia adelante. Las obras deben cobrarse y, además, realizarse de forma impecable, sometidas a escrutinios de calidad no siempre honestos ni fáciles de superar desde la distancia. Pero si en algo quiero llamar atención especial es que los trabajos en el extranjero no crean apenas puestos de trabajo en la jaula hispánica, y los desplazados para ser integrados en los equipos ejecutores de esas obras, responden a cualificaciones muy especiales. Pocos y, además, con buen currículum. Pan para mañana.

La enseñanza que deduzco de este análisis de los mercados exteriores es que deben ser acometidos sin descuidar la posición diplomática -involucrando a las instancias de los países a los que van destinadas las obras y los trabajos- y, de forma preferible, en conjunción con otros grupos empresariales europeos. Es un mensaje para las empresas, aunque es también un punto de reflexión, en mi opinión, para el apoyo a prestar desde las estructuras del Estado de la jaula hispánica.

Cuarta orientación: Preparar las estructuras sociales y asistenciales para el nuevo orden económico

Podría haber puesto esta Conclusión en primer lugar, pero es que considero a todas igualmente importantes. No se ha comprendido por los agentes sociales y económicos la consecuencia de la aplicación de las tecnologías digitales. Se puede decir más alto, pero no más claro: No crearán empleo positivo. Por mucho que proclamen los falsarios optimistas, no hay una Tercera Revolución Industrial, ni la habrá. En lugar de grandes cantidades de puestos de trabajo, se generarán inmensas bolsas de paro.

No puedo entender por qué se oculta esta realidad. Cualquiera de las grandes empresas de las llamadas «nuevas tecnologías de información y comunicación» es incapaz de crear más puestos de trabajo de los que destruye.

Y es lógico: donde antes se necesitaban decenas, o miles de personas para manejar la información, y tomar decisiones o ejecutar las actividades necesarias en los campos de comercio, turismo, periodismo, ingeniería, cartografía, etc., etc. ahora se necesitan buenos equipos de tratamiento de datos, conexiones de fibra óptica y el mantenimiento de las redes de comunicación para que unos pocos técnicos y cuatro especialistas mantengan en funcionamiento la estructura. Se beneficiarán miles, millones de usuarios -productos más eficientes, más rápidos, más baratos- con un pequeño problema: no podrán pagarlo, porque no tendrán ingresos.

(continuará)

 

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(1) Keyness, J.M. Texto extraído de la Conferencia pronunciada en la Escuela de Verano del Partido Liberal, Cambridge, 1925. “I can be influenced by what seems to me to be justice and good sense; but the class war will find me on the side of the educated bourgeoisie.”

(2) Copio este párrafo truncado del ensayo de Keyness «Posibilidades económicas de nuestros nietos», con traducción de Jordi Pascual, que forma parte de la selección hecha por Joaquín Estefanía, (Edit. Taurus, 2015), y que incluye una Introducción de este periodista, viejo amigo, con el título «Keynes lives!» en la que glosa, con agudeza, el alcance de términos como la «revolución pasiva» o el «laissez faire» del capitalismo, entre otros. De él tomo la cita de Martín Quetgals (EP, 6 de enero de 2015) que, ni qué decir tiene, no solo comparto, sino que -modestia aparte- contiene la esencia del riesgo de la falsamente llamada «Tercera Revolución Industrial», que vengo denunciando desde hace más de una década, en multitud de artículos, y que adelantaba en mi tesis doctoral, ya en 1989.

(*) «En efecto, tenía lugar una violenta disputa. Había gritos, golpetazos en la mesa, lanzamiento de miradas sospechosas, mentís furibundos. El origen del problema parecía estar en que Napoleon y el Sr. Pilkington habían jugado cada uno un as de espadas al mismo tiempo» 

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Jaleo en la jaula de grillos: quiere Jauja

12 mayo, 2016 By amarias Deja un comentario

Próximo ya a finalizar este repaso sesgado por las peculiaridades de la Granja Humana, y habiendo enfocado el telescopio hacia la jaula hispánica, creo conveniente volver a situar lo que tenemos magnificado en el objetivo dentro del contexto. Con atención específica a una cuestión: los modos de generar mayor valor a la actividad humana, la problemática inherente a la remuneración por el trabajo como fórmula -más o menos eficiente para distribuir las plusvalías colectivas a la mayoría de las familias-,  y la aplicación de esa servidumbre a nuestra realidad actual. (1)

La Organización Internacional del Trabajo calcula que más de 3.000 millones de personas en la Granja humana, trabajan. Aunque el término trabajo es utilizado con gran profusión, su definición resulta permanentemente controvertida. ¿Qué es, en realidad, un trabajo decente? ¿Cómo se determina la productividad de una actividad humana? ¿Solo si se consideran trabajo las actividades que se realizan para un tercero y, dentro de ellas, cuando el prestatario de las mismas recibe alguna compensación, ya sea material o…espiritual (incluida la palmadita en la espalda)? (2)

En todo caso, el número de personas que realizan actividades transformadoras en la Granja s muy superior al indicado por la OIT.  El ave humana, desde muy pronto -«apenas siendo flor de pluma o ramillete con alas»-, interactúa con su entorno, pretendiendo cambiarlo, aunque no sea para obtener un beneficio concreto, sino solo por bulla. Por ello, sin abrir una nueva discusión, admítase que la capacidad de la población para modificar los estados de la materia y de la energía a formas más elaboradas (irreversibles en su mayoría) es inmensa y la potencialidad de que la mayoría de esos cambios redunden en mejoras de la situación en la Granja, muy estimulante.

Por desgracia, el optimismo en la Granja tiene recorrido corto, si se analiza el resultado a nivel global y se focaliza el estudio en relación con el reparto del incremento de los beneficios o utilidades. De forma más lamentable aún, la decepción es tremenda si se considera la cantidad de esfuerzo que se dedica a destruir, obstaculizar o dejar abandonados sin uso, los esfuerzos de otros.

La remuneración por el trabajo está sujeta al principio de la explotación del que más puede sobre el que ás necesita. El porcentaje de trabajadores por cuenta ajena en situación de pobreza (por ganar menos de 2 dólares diarios) se acerca a la tercera parte del colectivo total (28%); la alta tasa de desempleo juvenil oscila entre el 30% del Norte de Africa y el 17% de las «economías desarrolladas»: un gran despilfarro.

Dado que la solidaridad se esgrime como virtud de la especie humana, resulta curioso descubrir que la indolencia colectiva es el fenómeno predominante. La diferencia de productividades en la Granja, la explotación de esos desequilibrios, hasta hace muy poco, no afectaba psicológicamente a los que vivían en las zonas cálidas (léase, supuestamente desarrolladas). Sencillamente, por activa o por pasiva, se aprovechaban éstos de su existencia, sin sentirse culpables. No había problemas en considerar a otros, esclavos, seres inferiores, colonizables, estúpidos, salvajes o, simplemente, enemigos a los que avasallar.

Esas actitudes subsisten, porque están muy bien arraigadas. Puede que formen parte del ADN subliminal de la Granja. Solo hay que descubrir el núcleo de buena parte de los mensajes políticos: la prevalencia de lo que «nos» conviene frente a lo que necesitan «ellos». No hay mayor dificultad en convivir con que, para algunas almas sensibles, la situación ahora no resulta -ahora- soportable. «Hay que hacer algo», defienden, apuntando a responsabilidades ajenas, salvando así sus conciencias y ofreciendo un argumento para aplicar algunas cataplasmas y placebos a las necesidades de los que más sufren el peso de la bota insolidaria.

En lo que respecta a la explotación sin compensaciones adecuadas del trabajo de otros pueblos y de sus recursos, entiendo que no es la globalización la que ha hecho presente ese sentimiento de bonhomía. La culpable principal de la difusión limitada de esa sensibilidad -que se compensa, como he adelantado, con acciones meramente simbólicas-, ha sido la introducción de la televisión en las casas particulares. También ha contribuido, aunque en mucha menor medida, la aparición en la escenografía de los debates políticos internos de una nueva terminología, que habla de los problemas de las migraciones, de las catástrofes causadas por cambio climático, de los perniciosos efectos económicos de las guerras y del la amenaza de  atentados terroristas en las jaulas propias.

En casi todos esos problemas, que existieron siempre por cierto, se puede detectar el cóctel genuino, nada misterioso, de extremismo religioso forzado, miseria rampante e ignorancia culpable.

Las encuestas prueban que la asimilación de las noticias desagradables es, con todo, muy rápida. Una catástrofe con decenas de muertos próximos (miles, si se han producido a miles de km, en la equivalencia acomodaticia) se olvida en pocas semanas, no importa si producidas por un tsunami, una explosión nuclear o una bomba colocada por fanáticos con pretensiones expiatorias).

En la jaula hispana, los cuatro mayores diarios deportivos, todos de pago,  editan 800.000 ejemplares, con una difusión que alcanza a 5,5 millones de lectores (datos de la OJD, Oficina de Justificación de la Difusión). Los cuatro mayores diarios generalistas no gratuitos, editan algo menos de 1 millón de ejemplares, y solon llegan a 4,4 millones de lectores. El dato es ya significativo de por sí, pero su valor esclarecedor cobra nueva dimensión cuando se reconoce que resulta exótico oir conversaciones sobre la situación económica general o acerca de temas de política internacional. En cambio, en cada lugar de la jaula, hay aves deseosas de entablar una conversación animada sobre la situación física o anímica de cualquier futbolista, con empeño y conocimientos asombrosos.

La capacidad de la jaula hispana para poner énfasis en lo marginal es proverbial. Los insulsos debates de la política interna sobre lo que habría que hacer (¿impedir a toda costa que gane el otro? ¿conseguir un gobierno de cambio para hacer qué?), no están enfocados, desde luego, a solucionar el problema mundial. En un momento tan grave de nuestra economía, y dada la debilidad relativa del poder de nuestra jaula, no tendría sentido preocuparse del todo si la parte se resquebraja. No está el horno para bollos del tipo «alianza de civilizaciones» ni para que nuestro apoyo simbólico a cualquier causa bélica o pacífica merezca la menor atención. Cada lugar de la Granja está enfrascado en resolver su propio problema. Tocan a «sálvese quien pueda», sin que importe a quién ha de pisar para alcanzar la piñata.

Los poderes económicos y su brazo armado, desde los cuarteles superiores de la Granja, han generado una situación de alta tensión internacional. Las posiciones reaccionarias, regresivas, han vuelto a ocupar los lugares preferentes del escenario; son aplaudidas, como corresponde a un momento de confusión, no solo por los directos beneficiarios, sino por la cohorte de desorientados, que es mucho más numerosa. (3)

Para la jaula hispana, el momento impondría la obligación de encontrar una solución pragmática y aprovechar los huecos de la coyuntura, sin generar ni atención ni tensiones. Dado el reducido tamaño de nuestro territorio, y la condición de país intermedio,  habría que arrimarse al calor de otros que aumenten la capacidad de respuesta, y no desaprovechar los vientos, ni despreciar, por el momento, las migajas. Pero hemos convertido la jaula en jaula de grillos, y las promesas electorales en un viaje a Jauja (salvo para el Partido Popular, que quiere que se monten aquí tres tiendas: una para el sol; otra para el humo; y otra para sus dirigentes).

No es posible entender la razón por qué los partidos que pugnarán, nuevamente, a finales de junio de 2016 por el control del gobierno de la jaula hispana desestimen que lo (único) importante ahora es no desaprovechar ninguno de los escasos recursos: económicos, técnicos, y humanos.

Que hayan vuelto a aparecer cuatro o cinco posturas ideológicas radicales no es síntoma de vitalidad democrática, sino de la pobreza de las propuestas concretas. Discúlpeseme la simpleza: Todos los ricos son, por naturaleza, conservadores; todos los pobres son, genuinamente, revolucionarios; todos los descontentos quieren que la situación cambie a su favor; todos los lerdos quieren que la inteligencia se menosprecie y los talentos se igualen; pocos habrá que no se crean el más capaz ni el que posee mejores méritos, ni deje de apoyar a los suyos en detrimento de los demás; todos los que aplauden a un líder esperan conseguir algo a cambio, en su propio beneficio. Quienes digan ser espléndidos, y no ponga en circulación, ante todo, su propio peculio, mienten. Jugar a pelo y a pluma conjuntamente es doctrina seguida sin problemas.

En fin, allá va un consejo no pedido. No es momento para cambios bruscos, porque nos faltan elementos clave para saber por dónde irán las corrientes dominantes. El examen al que hay que responder con solvencia solo contiene tres cuestiones: 1) seleccionar las medidas más eficientes para generar, de inmediato, riqueza y actividad con perspectivas de mantenimiento; 2) valorar, simultáneamente, cuanto cuestan y, por supuesto, si podemos encontrar la forma de pagarlas o financiarlas con los recursos disponibles y la escasa capacidad de endeudamiento remanente y 3) tratar de llevarlas a cabo lo antes posible, sin menospreciar ninguna aportación ni ahuyentar a los detentadores del capital, porque hay que ser taimados, no ingenuos.

Me resulta un ejercicio vacío discutir acerca de qué teorías económicas son mejores: los creadores de casi todas ellas, contrapuestas o no, tienen su premio Nobel. Hay que actuar de forma combinada desde el Estado y desde el apoyo a la iniciativa privada: no a cualquier precio. Seleccionando cuidadosamente los sectores, los apoyos, los objetvios.

Ni los programas de los partidos  -ni los anteriores, ni lo que se va sabiendo de «los nuevos»- ni las ideas expresadas por aquellos que son o fueron líderes de los mismos, se ocupan de cuantificar, solo de prometer. Subir impuestos a los que más tienen, puede ser interesante, pero más importante es saber concretamente qué se va a hacer con ese hipotético aumento de la recaudación fiscal, y, claro, valorar el efecto espantapájaros para los soportadores de la leva.

Hay mucha ingenuidad, cuando no ignorancia de base, en los discursos programáticos. Se lee como un librito de doctrina elemental el «Juntos podemos; el futuro está en nuestras manos» de Albert Rivera (Unigraf, 2014), y los no menos ligeros,  «Esto tiene arreglo» (2012) o «La tercera República» (2014), de Alberto Garzón. No mejora el calificativo de un ejercicio de mirada al ombligo, «El compromiso del poder», de José María Aznar, (2013) y el doctrinario panfleto de «Ganar o morir», coordinado por Pablo Iglesias Turrión, que no mejora su «Disputar la democracia, política para tiempos de crisis», con prólogo de Alexis Tsipras.

Supongo que eso es lo que el gran público desea, lo que el votante valora. Se ha escrito, desde la Academia, muchísimo, sobre todo, para obtener doctorados y licenciaturas. Papel de envolver, en su mayoría. Por profesión y afición, leo con frecuencia los análisis y propuestas de ilustrados economistas, y, porque conozco a muchos personalmente, sigo sus trayectorias profesionales con asombro. He vuelto a hojear «España, Economía: ante el siglo XXI», coordinado por José Luis García Delgado (Espasa Calpe, 1999), una mente lúcida, sin duda, no sé si independiente, porque el tiempo ha pasado por encima de casi todo. No lo veo culpable de que la recopilación tenga hoy el aire de lo que nació obsoleto, y de que las buenas voluntades subyacentes no hayan encontrado seguidores.

El análisis económico que en ese libro de apuntes profesorales, pongo por caso, hace Julio Segura -que despertaba en los 7o del pasado siglo admiración de féminas e izquierdosos asamblearios- sobre el sector público en las economías de mercado, me mueve a preguntarme, como tantas otras veces, para quién se escriben estos libros, qué se hace con las tesis serias, a quién aprovechan los mensajes. Leo (escrito en 1998) que «es imposible que la economía española avance sostenidamente en el proceso de convergencia real sin un aumento de los gastos -públicos y privados en estas rúbricas»(se refiere a las de infraestructura civil, inversión en i+d, mejora de los niveles educativos, formación y cualificación de mano de obra). ¿No es lo mismo que propugna, hoy, Luis Garicano, mentor económico de Ciudadanos? ¿Repugnará a alguien?

Surgen, en fin, varias preguntas, cuando contemplamos las sonrisas con las que un partido «transversal» (lo dicen sus simpatizantes) se une con un partido cuya ideología -utópica, pero impecable- siempre he respetado.

¿Va la jaula hispánica a marcarse un do de pecho uniéndose a los más pobres de la Granja, participando en la confusión mental por el lado de la izquierda, o prefiere arrimarse a los que se benefician por el costado de un progresismo moderado? Como republicano, agnóstico, progresista, me contesto: prefiero la actual monarquía, vivir en un país católico oficialmente aconfesional y me enorgulleceré siempre de participar en el cambio desde dentro, con decisión, en todo lo que me dejen y en bastante de lo que pueda hacerme con el sitio. Pero con cautela. Tengo el culo pelado de gallo viejo curtido en cientos de peleas, de las que no todas gané, claro, pero habrá testigos de que me empeñé hasta el fondo.

(continuará)

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(1) El presidente de Cantabria, Miguel Angel Revilla, es el mejor maestro local conocido en el empleo de la economía como elemento recreativo. Con un título en Ciencias Económicas, ha protagonizado programas de TV que han levantado ampollas a críticos ortodoxos de la izquierda como de la derecha ideológicas.  Se olvida quizá, que no siendo la economía -a pesar de la denominación de las Facultades y diplomas- una ciencia exacta, sino una elucubración cercana a la metafísica (cuando no a la patafísica), su poder adormecedor sobre las conciencias es lo que más cuenta.

(2) Según la misma OIT, el 66% de los trabajadores por cuenta de otros sufren de alguna, o todas, de estas vulnerabilidades: carecen de contrato o derechos de los reconocidos como fundamentales, tienen una remuneración muy inferior a sus capacidades o muy distante del beneficio que generan a sus empleadores, no disponen de protección social, etc. La mitad de la población activa de la Granja no tiene cobertura alguna en caso de desempleo, enfermedad, discapacidad, vejez o maternidad.

(3) El debate por la Presidencia en Estados Unidos ha permitido destapar el fondo del vaso ideológico del partido republicano; si se produce, el triunfo de H. Clinton, no será ni sencillo ni sin compromisos. En el Reino Unido, los intereses del capital afloran por encima de la solidaridad con la UE, y el Brexit es una propuesta con reales posibilidades de éxito, cuyo beneficiario no ofrece dudas. El apetito ruso por recuperar áreas productivas de la Europa oriental convierte esa franja en zona caliente. China, India, Corea del Norte, etc. proporcionan motivos para la preocupación. Latinoamérica arde en incongruencias y Africa sigue siendo utilizada como solución rápida a problemas ajenos, despreciando las opciones de considerar el abordaje de los suyos propios.

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La jaula hispánica tiene puesto el pestillo por dentro

9 mayo, 2016 By amarias 2 comentarios

(Hamlet: Do you see yonder cloud that,s almost in shape of a camel?
Polonius: By th´mass, and it,s like a camel indeed.
Hamlet: Methinks it is like a weasel.
Polonius: It is backed like a weasel.
Hamlet: Or like a whale?
Polonius: Very like a whale. (*)
(Hamlet, William Shakespeare)

En la jaula hispánica se escribe mucho, pero se lee menos y se profundiza apenas. Se debate continuamente, pero no se escucha o muy poco. Cuando se eligen personas para un cargo, puesto o prebenda, no importa si público o privado, se atiende más a las recomendaciones y al amiguismo que a otras virtudes.

No es sencillo cambiar esa inercia, porque viene de muy antiguo y está enquistada en el comportamiento popular, admitida como principio para conseguir algo con mayores opciones. Por supuesto, no todo se mueve en el nepotismo ni se enmarca en la designación interesada, pero el mal está ahí, bien arraigado, y el tiempo acaba disimulando los orígenes, legitimándolos.

Solo sería necesario observar la rudeza con la que los que tienen un puesto de prestigio o valor defienden la necesidad de duros requisitos para que otros accedan a su misma condición, para deducir que hay gatos encerrados. Cuanto más duros sean los niveles exigidos para una oposición, deberían crecer las sospechas de que la designación no será leal. No han de buscarse, al fin y al cabo, genios, sino solo gentes capaces para desempeñar el cometido que el puesto demanda.

Cuando escribo estas líneas, en la jaula hispánica se van a repetir las elecciones políticas para designar un Presidente de Gobierno. Las anteriores fueron en diciembre. No ha habido acuerdo entre los partidos respecto al candidato, y cuatro de las facciones que se repartieron los votos ciudadanos casi por igual, consumieron el tiempo en conversaciones baldías, mareando las perdices hasta la asfixia.

Salvo el presidente de Gobierno saliente, Mariano Rajoy, -y no pretendo que en él sea mérito- los cabezas de lista de las distintas polladas son gente muy joven, que, por tanto, han vivido poco. Eso no les impide alardear, quien más quien menos, con petulancia culposa, de saber cómo solucionar los problemas de la jaula.

No lo saben, sin embargo; no demuestran saberlo. Se olvidan de que estamos en una jaula pequeña, con mayores necesidades que recursos y que es imprescindible contar con ayudas externas para que toda la población avícola sobreviva manteniendo el actual nivel de vida. La cuestión de fondo, muy preocupante, tiene una exposición muy simple: no existe perspectiva creíble para sostener el actual nivel del estado de bienestar, sin que la línea más simple, aumentar los impuestos de los que más tienen, arriesgue hundir aún más la economía.

El capital fluye sin fronteras, es cobarde, se esconde a la primera señal de peligro, y lo hará con destreza, porque siempre encontrará cómplices y pagará bien a los que más sepan de agujeros (preferiblemente, si ellos mismos los han creado). Los «papeles de Panamá» son solo una minucia, una engañifla para entretenimiento de periodismo diletante y asombro de ignorantes de cómo funcionan las cosas, en esta jaula y en toda la Granja.

Si preferimos ir al núcleo que interesa y no dar palos de ciego entre los matorrales de los bordes, debemos conocer que el problema que tenemos que resolver, en lo que nos es propio, es otro. Ni la corrupción, con ser aparatosa; ni las castas, con ser lamentables; ni la incapacidad de los políticos para entender de economía real, tecnología y humanidades.

La estructura económica española, con escasez notoria de centros de actividad e insuficiente dinamismo, no permite garantizar la generación de los puestos de trabajo suficientes, y desde luego, no lo serán de la calidad necesaria para que el reparto de las plusvalías que la estructura de actividad sea capaz de producir, y cuya manera eficiente es hacerlo por la vía de los salarios y no de los subsidios, permita recuperar la situación de bonanza que se ha vivido antes de la crisis inmobiliaria.

No es necesario repetir un análisis ya perfectamente trazado y bastarán un par de pinceladas para ponerlo en contexto. Por culpa del boom inmobiliario, una parte sustancial de la población se decidió al dinero fácil que proporcionaban los empleos en el sector de la construcción y servicios derivados, que no exigían cualificación previa. Diez años más tarde, la mayoría siguen indecisos ante la necesidad de adquirir una formación útil, inmersos en la frustración del desempleo e incapaces de entender las claves de una sociedad que creen les ha traicionado.

Tampoco la Universidad ha sabido adaptarse. Aunque las estructuras universitarias se vanaglorian de que los egresados han aguantado mejor  la crisis, la realidad descubre que una mayoría están subempleados, y que no pocos han debido emigrar. El modelo no ha funcionado, ni por arriba, ni por abajo; no ha generado alternativas a la amenaza de crisis, y sigue sin encontrarlas.

La falta de crítica objetiva en la jaula es manifiesta, y los que critican, son menospreciados. La versión oficial apoya el optimismo convulsivo y los planteamientos desde la oposición son maximalistas, destructivos, rancios. La cruel realidad es que el sistema se ha deteriorado con fuerza, desde hace, al menos, una década, y no debe atribuirse el problema a la política, al menos, no en exclusiva y ni siquiera de forma prioritaria.

Todos los sectores económicos y sociales tienen parte de culpa. Unos más, otros menos: no será igual la culpa de los que retiraron las ganancias a paraísos fiscales, en lugar de reinvertirlas en nuevos emprendimientos, que la de quienes alimentan la economía sumergida mientras cobran el subsidio de desempleo; pero ambos, son culpables de deteriorar el sistema legal.

Ni la Universidad ha sabido adaptarse o prever los cambios, enfrascada en un nepotismo y amiguismo lamentable; ni las organizaciones del Estado, empeñadas en una ineficaz carrera de emulación que condujo a un despilfarro mayúsculo; tampoco las grandes empresas han sabido diversificarse ni apoyar las líneas de desarrollo más prometedoras, obsesionadas con ofrecer valor para el accionista, lo que, aunque no se conseguía, no excluía la obtención de beneficios para los consejos de administración, en donde se sientan consejeros independientes muy bien adoctrinados.

No hay por qué ocultar que ni la Administración pública -jueces, secretarios, interventores, funcionarios de toda condición- ni los, ministros, alcaldes, concejales, representantes político tampoco han estado a la altura.

La jaula hispánica, después de un momento de intenso fulgor (con combustible en gran parte, ajeno), ha perdido peso en el contexto internacional, consumido su credibilidad, falta de empuje. Los culpables de ese descalabro no son tanto las personas (al fin y al cabo, las personas son fáciles de sustituir), sino el deterioro de las infraestructuras, que hay que revisar, apuntalar y corregir de inmediato si se quiere conseguir su funcionamiento eficiente. Es divertido, sin duda, criticar a las personas, sacar de sus cuevas a corruptos e ineptos (qué difícil será llegar a lo más profundo, a los más contaminados), apuntar con la más genuina mala baba a objetivos seleccionados -sospecho que abandonados primero por sus propios comilitones-, aunque esto no soluciona el fondo del asunto.

No funciona correctamente la justicia, no los jueces; no actúan bien las empresas, no los empleados; no consigue sus objetivos la política, no los políticos. No culpemos a los sanitarios, sino a la estructura sanitaria; no nos preocupemos tanto de los docentes (y menos aún de los discentes), y sí de la formación que se imparte por decisión de programas confeccionados sin visión.

El deterioro de la jaula se manifiesta, desde luego, en los comportamientos individuales. Todo el mundo parece feliz de no respetar el espacio común, de contribuir a la suciedad de la jaula, como si el asunto no fuera con él.

Sin acudir a la metáfora, vayan ejemplos: el propietario de perros, dejará que las necesidades de sus chuchos queden abandonadas en la calle cuando nadie le observe; cigarrillos, papeles, plásticos, aceites, se arrojan en cualquier sitio; los contenedores separativos no cumplen  su función, porque son utilizados sin miramientos respecto a su destino previsto; los coches son aparcados en doble fila, o en lugares expresamente prohibidos, y no hay más que ver la cara de satisfacción del infractor, que toma aires de que la norma no va con él; los productores de ruido no se controlan, se enmascaran; hay vertederos en cada esquina de la jaula, en los montes protegidos, en las tierras de labor y algunos, que han crecido a la vista de todos, arden espontáneos.

Los inspectores, los policías, los designados para efectuar la vigilancia y proponer la sanción a los infractores, tienen una escusa: son pocos, cobran poco, están superados, no tienen motivación.

En general, la calidad de la oferta ha disminuido, favoreciendo la sustitución en los mercados de la competencia en precios por la brusca caída de la calidad de los productos. Se nos han colado los chinos, en las tiendas de cercanía y en sustitución de los productos artesanos propios: así lo hemos querido.

Entre los pocos libros interesantes que tratan de las posibles soluciones, selecciono el de alguien que tuvo responsabilidades en el Estado y que, vuelto a su posición académica de docente de Derecho constitucional, se ha decidido a contar ciertas verdades y propone medidas que, al menos, convendría discutir.

Me refiero a Diego López Garrido, quien publicó en 2014  un análisis sobre los problemas de fondo que  han conducido a la «Edad de Hielo» (1). Concreta tres posibles actuaciones de alcance:

  1. Abandono del ajuste presupuestario rígido, recomendando un giro en la política del Banco Central Europeo hacia la expansión inflacionista. Es decir, más inversiones desde el Estado, más gasto público. Postkeynessiano en ésto, yo estoy básicamente de acuerdo, aunque con la premisa de un férreo control y la selección consensuada e inteligente de los proyectos y sectores que conviene activar.
  2.  Detener la tendencia, que califica de suicida, que ha venido sustituyendo los impuestos directos por el incremento sin fin de la deuda, volviendo a los impopulares impuestos progresivos. Paralelamente, propone atajar el mal endémico del Estado contemporáneo: la «industria de la evasión fiscal», y perseguir sin miramientos la evasión fiscal de las multinacionales. Aquí caben matices, puesto que una cosa es la inspección fiscal de quienes evaden, su detección y sanción, y otra, reordenar el sistema impositivo. Hay que saber bien para qué, puesto que la simple recaudación para mantener el estado de bienestar no solucionará los desequilibrios estructurales, sino que los agudizará.
  3. Implantar el control político del sistema financiero, que es quien creó la crisis y que se protege de ella con medidas destinadas a su propio beneficio. Entiendo que no será fácil, porque la Banca es especialmente escurridiza y los altos salarios con los que compensa a sus altos ejecutivos permite seleccionar a profesionales muy eficientes en los tinglados financieros, bastante opacos o misteriosos para quienes no provienen del sector y no pueden analizar las cifras desde dentro. Las auditorías de las grandes entidades financieras, como la Historia ha demostrado, son demasiadas veces, apaños de estómagos agradecidos.

En consecuencia con su argumentación (que yo dejé algo mancillada con mis puntualizaciones) López Garrido defiende el que tanto en la jaula hispana como en la Unión Europea, se de un giro progresista al timón político, abandonado el rumbo seguido en tres décadas de (r)evolución conservadora, que considera la culpable de haber establecido los pilares para la Edad de Hielo,» de la cual vemos solo la punta del iceberg».

Al contraponer ideológicamente las posiciones de la derecha y la izquierda, con una visión más bien reduccionista, atribuye a la primera el argumento de que el Estado de bienestar es ya insostenible, porque no hay medios económicos suficientes para la sanidad y la educación universales y gratuitas, la dependencia, las pensiones, el seguro de desempleo, etcétera.

Según L. Garrido, la izquierda defiende justamente lo contrario: el modelo social europeo forma parte de nuestra identidad y hemos de proponernos luchar por la desaparición del desempleo y del subempleo, la pobreza y la exclusión social, que afecta particularmente a la infancia, y la desigualdad, el gran desafío de nuestro tiempo. En España, la crisis habría provocado el aumento de los  hipermillonarios.

La reforma fiscal progresiva es la solución propuesta, con aumento de impuesto a las grandes fortunas y salarios, y la subida de otros impuestos directos como el impuesto de sociedades, con descenso de impuestos indirectos y de los que recaen sobre las clases medias y la clase trabajadora.

Por atractiva que parezca la propuesta desde las posiciones de izquierda, no puedo sino manifestar la insuficiencia del planteamiento, desde mi conocimiento de la realidad. Porque, además de recaudar, el Estado debe fomentar y apoyar las iniciativas generadoras de actividad y empleo.

Demonizar a los empresarios -especialmente, a los propietarios de las grandes empresas- es un (grave) error, porque no existen alternativas que puedan propiciarse, ni desde el Estado ni desde la iniciativa privada emergente, no ya en el corto, ni siquiera en el medio plazo. La colaboración con el capital es imprescindible, apretando lo justo, sin ahogar.

La puerta de la jaula está abierta -se abre por dentro- y el dinero, como siempre se dijo, no tiene más amigos que los que lo hacen crecer y multiplicarse, y los candidatos a acoger a un gallo despechado, salido de una quintana, son numerosos.

(continuará)

—-

(*) Ofrezco aquí la traducción de este diálogo entre Hamlet (ya fingiéndose loco) y Polonius (Lord Chamberlain, consejero real) :(Hamlet: ¿Ves aquella nube que tiene casi la forma de un camello?; Polonius: Por supuesto, y es, en verdad, como un camello; Hamlet: Aunque, si lo pienso mejor, quizá se parezca más a una comadreja;Polonius: Sí, tiene el lomo como una comadreja;Hamlet: ¿O…tal vez como una ballena?; Polonius: En efecto, se parece mucho a una ballena. (Hamlet, William Shakespeare)

(1) «La edad de hielo. Europa y Estados Unidos ante la Gran crisis: el rescate del Estado de bienestar» (RBA, 2014). En su blog, López Garrido ha puesto de manifiesto que «la crisis —la impotencia de la política ante ella y sus efectos— ha traído una bipolarización nueva (…). Es la oposición entre la “gente” (sin distinciones) y la “casta”, que estaría constituida por todo aquel dirigente que forme parte de los partidos políticos tradicionales. Este enfoque es, por ejemplo, el sustento ideológico de Podemos, cuyo éxito electoral se basa en plantear ese binomio como un mantra. Así ha logrado captar votos de todos los partidos. En ciencia política se le ha llamado a un grupo de esa naturaleza catch-all party (“partido atrapatodo”)».

Publicado en: Actualidad Etiquetado como: Edad de Hielo, elecciones, Granja humana, López Garrido, política

Experimentos en La Granja

3 mayo, 2016 By amarias Deja un comentario

La Granja Humana tiene una evolución natural, intrínseca. Aunque el proceso es dual -esto es, por una parte avanza hacia el mayor desarrollo tecnológico. por otra, se sumerge en la ignorancia y el caos-, los humanos con mayores disponibilidades económicas, ponen de manifiesto, con satisfacción, la tendencia positiva. En los foros políticos, académicos y mercantiles, la expresión que mejor recoge ese contento es «La ciencia siempre acude». Su sencilla formulación facilita que sea utilizada tanto por los sabios oficiales como por los lerdos consagrados.

No hace falta ser un lince para constatar que ese avance tecnológico, que está vinculado a la sensación de bienestar y al concepto de utilidad, no tiene una distribución homogénea. Para grandes colectividades de La Granja, la distancia respecto al grupo de cabeza se percibe como creciente, un ave que se escapa. Su situación, llena de precariedades -falta de agua, de electricidad, de saneamiento, de viviendas (no «dignas»: mínimas), de medios para explotar los recursos, de centros sanitarios, educativos, infraestructuras, de legislación, etc.- resulta, además, indecentemente afectada por la tolerancia de situaciones de corrupción, explotación humana, crímenes, marginación de género y de etnias, por parte de otros sectores aventajados de la Granja.

No hay explicación coherente ni aceptable para el mantenimiento de esas trabas, cortapisas, rémoras, promesas de ayudas incumplidas, cuando no exigencias desmesuradas, etc., que impiden que las regiones más deprimidas de La Granja levanten la cabeza. Pero, menos aún, para la introducción de elementos ajenos, que actúan a modo de experimentos. Hay muchos ejemplos: venta de armas y explosivos a tiranos o grupos incontrolables, envío de chatarras informáticas y residuos, incluso nucleares, explotación infantil y cargas de trabajo inadmisibles en horarios inaceptables.

La historia reciente de La Granja levanta la sospecha de que se han ensayado acciones de desestabilización, previstas inicialmente a pequeña escala, que se han descorregido de manera incontrolada, al fallar los puntos de contención. No de otra forma se pueden calificar los sucesos de la guerra en Afganistán, el derrocamiento y homicidio de Sadam Hussein en Irak, el apoyo al ayatolah Jomeini en Irán, la guerra en Siria, el asalto a Libia con la muerte de Gadafi, el consentimiento de la presión israelí sobre el pueblo palestino, etc.

Este relato solo pretende referirse tangencialmente a las cuestiones históricas. Sin embargo, no puedo dejar de comentar que en todos los puntos actualmente en conflicto, se detectan, aunque no sin esfuerzo, como si se tratara de un incendio provocado en un bosque, dónde empezó la desestabilización, y qué vientos la impulsaron. No siempre será fácil identificar a los culpables; los actores materiales son escurridizos y los instigadores espirituales se ocultan en laboratorios recónditos de la Granja, incluso puede que camuflados tras Oficinas de Ayuda al Desarrollo, Centros de Inteligencia, o Cooperación Humanitaria.

Hay un Olimpo para los verdaderos Poderes fácticos de la Granja. Allí están, quienes controlan los grandes factores macroeconómicos, las hambrunas, las guerras. Reparten los premios y los castigos. También se encuentran con ellos los poderes más oscuros, las injerencias metafísicas. Son los dioses no terrenales, deidades flexibles a las que se rinde devoción. En La Granja total, entre los humanos, pululan entes invisibles. (1)

Como la imaginación del Poder es inmensa, y muchas de sus creaciones y recreaciones, son efímeras, ha quedado huella solo de algunas de sus actuaciones. En este momento histórico de la Granja, la expresión más potente de esa fuerza bien pudiera ser el «mundo árabe» y su reciente evolución.

El mundo árabe comprende alrededor de una veintena de países y es un sentimiento nacido de la combinación fructífera de una lengua: el árabe y una religión: la musulmana, (con algunas variantes). Desde la perspectiva europea de La Granja, este espacio comprende el Oriente Próximo (Arabia Saudí, Chipre, Egipto, Emitatos Arabes Unidos, Irak, Irán, Israel, Jordania, Bahrein, Kuwait, Líbano, Libia, Omán, Qatar, Siria, Sudán y Yemen) y el Oriente Medio (Afganistán, Pakistán e India). Habitan en él 450 Millones de humanos, muy jóvenes en relación con la envejecida población europea: más de la mitad tiene menos de 25 años. Su potencial es tremendo, pues, además de esa fuerza juvenil, laboral e intelectual, disponen de recursos energéticos y minerales muy importantes.

Para los propios Estados de la zona, el mundo árabe incluye tanto los Estados situados al Oriente de Africa, que integrarían el Magreb ( Marruecos, Túnez, Argelia, Mauritania, República Árabe Saharaui Democrática y Libia) y el Mashrek (Egipto, Palestina, Jordania, Líbano, Siria, Arabia Saudí, Sudán, Yemen, Irak, Qatar, Bahrein, Omán, Kuwait y los Emiratos Árabes Unidos), excluyendo, algunos de la relación anterior.

En esa zona de la Granja, con diferencias económicas terrribles -el PIB/cápita de Arabia Saudí es 19.100 dólares; el de Yemen, 2.500; Afganistán, 1.100), a los graves problemas de subsistencia para grandes sectores de población, se ha añadido, de forma artificial, el efecto de las creencias musulmanas concretas como elemento reactivador de un conflicto olvidado.

Es una vuelta a la Baja Edad media. Pocos árabes musulmanes, hasta hace muy pocos años, tenían preocupación alguna por conocer los límites o diferencias entre la doctrina chií o suní, – la batalla de Kerbala, en el 680, señaló la separación entre ambas y la forma de seguir las enseñanzas de su Libro sagrado y de atender a los exégetas-; sucedía igual que entre protestantes y católicos, por ejemplo.

Cada uno seguía individualmente sus inclinaciones, tanto dentro de Estados laicos, como teocráticos; así era en Irán bajo el Shah Reza Palehvi; o en Egipto, con Nasser o Sadat. Pacífico estaba Túnez, hasta encabezar la ilusión de una primavera árabe, animada por «expertos occidentales» y convertido en un Estado sin rumbo desde la huída de Ben Alí -que había sido apoyado anteriormente como «democráta»- y que cuenta en su haber luctuoso el asesinato a balazos del líder marxista panárabe Chokri Belaid en 2013.

Qué decir de Siria, en guerra civil desde la revolución de los jazmines (enero 2011), copiada de Túnez, donde se intentó de derrocar a Al-Asad sin contar con el avance del DAESH, lo que cambió las tornas. No se puede dejar de mentar a Libia, donde Gadafi, apoyados los rebeldes por la OTAN, capturado herido, fue ajusticiado de forma ignominiosa, dejando al país en manos de caciques de decenas de taifas.

En 2011, por los múltiples flancos abiertos en la Granja árabe, entró un grupo depredador, llamado Estado Islámico de Iraq y Siria (ISIS, DAESH para quienes niegan al monstruo al que ayudaron a engendrar). Es, sobre todo, un ejército de asalariados, bien entrenados en las guerras de Afganistán e Irak, que siguen la herejía salafista. Los conflictos armados se extienden por la región, en donde los contendientes usan sus armamentos europeos, rusos, israelíes, canadienses y norteamericanos. Hay un efecto colateral muy importante: el miedo se ha apoderado de La Granja.

Tengo la penosa impresión de que ha sido saludado con vítores de Bienvenida desde algunos lugares.

(continuará)

—–

(1) Esa base tiene varios sustentos: 1) la flecha del tiempo no parece que tenga un blanco definido con el que chocar, por lo que el tiempo para evolución de la mutación de energía en materia es infinito/indeterminado; 2) resulta irrefutable la idea de que, si el tiempo no tiene límite, todo lo imaginable como posible acabará siendo verdadero; Tomás de Aquino y otros sabios han puesto de manifiesto que la concentración de todas las excelencias y bondades imaginarias tiene forzosa representación ontológica; sensu contrario, la de todas las maldades y miserias, apunta a un maligno igualmente poderoso; 3) en fin: más de 3.000 millones de seres (digamos, la mitad de la Humanidad) están seguros o han sido convencidos de que Dios existe, de que se ha manifestado en varios lugares de La Granja, y en los libros que recogen las bases de la teoría teocosmogónica, figura hasta el árbol genealógico de la deidad.

 

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¿Un huevo de ave Fénix?

25 abril, 2016 By amarias Deja un comentario

En los cuentos, aunque sean de macroeconomía, hay que dejar siempre lugar para el misterio, o si se quiere expresarlo de manera más acorde, para la fantasía. Caperucita y su abuela salieron indemnes del estómago del lobo feroz y la bella durmiente superó los cien años de letargo y vigilia sin que una sola arruga mancillara su donosura.

En la parcela de la Granja dedicada a la vieja Europa, esa apelación mágica lleva el nombre de Unión Europea, y tiene por modelo, orientación o trasunto, los Estados Unidos de América. Si el objetivo final fuera equiparable al del estatus norteamericano, es una quimera, porque entre otras cosas, supondría la superación del concepto de nacionalidad propia, algo irrenunciable quienes se han estado matando, se matan o están dispuestos a matarse, generación tras generación, en defensa de ese arcano.

Daniel Cohn-Bendit y Guy Verhofstadt en un librito titulado «¡Por Europa!», cuya intención es transparente, señalan con razón que «en el credo nacionalista solo hay un pequeño paso de distinto a enemigo».

La integración de los estados europeos en una Unidad común no es algo que interese, además, al gallo de la quintana norteamericano. En su momento, la creación de la OTAN pretendía establecer una línea de contención al probable expansionismo de la URSS. Esta idea de crear una protección bélica para Europa no tiene sentido ahora, en donde los puntos serios de conflicto mundial están muy alejados de esta parte de la Granja.

La tercera guerra mundial tiene muy altas probabilidades de desatarse lejos, en el Mar de la China Oriental, lugar de tránsito marítimo de gran interés estratégico, y en donde confluyen, como en un delta ficticio, los sedimentos del ansia de dominio mercantil, energético y sociopolítico, de China y varias potencias asiáticas emergentes, con una densidad de población muy alta, y el sueño imperialista norteamericano.

Sin política exterior común detectable, sin ejército propio, con una colección de nacionalismos irreconciliables e incluso emergentes, Europa tiene poco papel que jugar en la globalización como conjunto. Curiosamente, menor que el que de algún Estado comunitario, actuando de manera independiente.

Lo que se había presentado como un avance hacia la integración, la moneda única -que no aceptó Gran Bretaña, que se ha especializado en rentabilizar su diferencia- se convirtió en una rémora. Porque un euro no vale lo mismo en los diferentes estados europeos que lo adoptaron, ya que las economías internas no se comportan de igual manera -tejidos productivos, prestaciones sociales, niveles educativos, productividad, salarios, etc., desiguales. La tasa de paro es muy distinta de un país a otro y, en la pretensión de una Europa sin fronteras, el arraigo de los ciudadanos en su territorio natural está sometido a una tensión permanente.

No es, ni mucho menos, evidente, detectar, desposeyéndolos de todo sentimentalismo, cuáles serían los elementos de unión principal unos Estados Unidos de Europa. No sería la lengua común -hay más de 30 idiomas y seguramente centenares de dialectos en el seno de la Unión-; no lo es la religión cristiana, aunque cumplió su papel -incluso como elemento de tensión bélica-, pues la separación entre Iglesia y Estado se ha ido imponiendo, por fin, aunque, nuevamente aquí la singularidad de Gran Bretaña. en la que S.M. Isabel II es cabeza de la iglesia anglicana, resplandece con rancias características propias.

Es, por otra parte, la laicidad oficial europea, unida a la filosofía de la tolerancia (con tufos a dejación) la que favorece la implantación en su seno de colectividades unidas por la religión, que actúan como aglutinante extra-nacional, lo que queda demostrado por el avance de la religión musulmana en Europa; la posible integración de Turquía, cuya aconfesionalidad oficial parece goma elástica,  en la deslavazada Unión de naciones, añadirá más incertidumbre a los teóricos elementos que pudieran servir de cola de pegar.

No quiero aparecer maximalista, pero la única opción válida para el futuro de los Estados Unidos de Europa es la de trasladar competencias desde los Estados a los órganos centrales comunitarios. Es decir, seguir -como un tactismo, una orientación, no como atraídos a sus teorías por un imán- J.M. Keynes y a J.K. Galbraith antes que a F. Hayek y a M. Friedman, al menos, hasta que se produzca la consolidación de una estructura básica de la Unión que fuera suficientemente resistente. (1)

El germen fértil de ese huevo salvífico, ha de estar en el eje Francia-Alemania. Doy por admitido que Gran Bretaña tendrá su «corazón partido» entre ambos Estados Unidos, ya que sus dirigentes (y su población) aparecen más vinculados a los beneficios económicos de una infraestructura propia independiente que a los que se derivarían de la solidaridad con un renacimiento europeo.

El abrazo del oso de un saliente presidente B. Obama a una caciller casi en campaña, A. Merkel, animando a profundizar en esa Unión Europea, no debería mover a engaño. La zona de la granja europea tiene asumidos como si fueran de su exclusiva responsabilidad, conflictos que no lo son. La globalización está fracasando, por razones externas. Los problemas generados por la presión migratoria siria, libia o afgana (como más significativos en número) no son europeos, si bien la proximidad de la región nos hace sentir más cerca el calor (incendiario) de la situación desestructurada de esos países.

A la zona de la granja en la que se distribuye el grano islámico dedicaré otro capítulo. Aquí bastará con indicar lo elemental: hay que reconstruir, con una actuación internacional rápida, la paz en Siria, y ello implica eliminar la ambigüedad y no alimentar la tensión interna con apoyos exteriores a ambas partes del conflicto. España ha sido, en 1936, idéntico campo de experimentación.

Por otra parte, el espejismo de las «primaveras árabes», concreción de la obsesión por aplicar como fórmula infalible, el modelo propio a lo que sucede en lugares muy diferentes y con distintas motivaciones, de historia, religión y cultura, ha provocado más pobreza, desplazamientos, tensiones, guerras civiles, y repartido nuevas desgracias.

—

(1) Con un presupuesto aprobado para 2016 de 155.000 Mill. € en «créditos de compromiso» y 143.900 Mill. € en «créditos de pago», y un PIB de la zona euro inferior a 19,5 billones, se comprende de inmediato el limitado campo de acción de la Unión respecto a los Estados miembros.  (Zona euro: Alemania, Austria, Bélgica, Chipre, Eslovaquia, Eslovenia, España, Estonia, Finlandia, Francia, Grecia, Irlanda, Italia, Letonia, Lituania, Luxemburgo, Malta, Países Bajos y Portugal).

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Viejas gallinas ponedoras para un caldo

23 abril, 2016 By amarias Deja un comentario

La Historia mejor documentada de la Granja humana se encuentra en Europa. La versión occidental de la filosofía de la vida, es europea, y está basada en un elemento mágico, perfeccionado a lo largo de casi veinte siglos (unos diecisiete, para ser exactos), que es el cristianismo. Esa religión, que ha probado una excepcional maleabilidad, ha evolucionado desde una concepción puramente esotérica, cerrada, hasta su actual condición de teoría ética universal.

Existen teóricos que pretenden para Europa una posición relevante en la Granja, pero el tiempo  de protagonismo ya no le corresponde. Como se suele decir vulgarmente, se le pasó el arroz. Lo que no quiere decir que el tiempo haya transcurrido en vano para el núcleo duro. Ahí queda la magnífica concentración de pensadores, de investigadores, eruditos, economistas, o políticos con sus peculiares, y contradictorias, visiones del mundo. Europa ha defendido una tesis y la contraria, demostrando la versatilidad de los productos del cerebro humano.

A Europa se le debe el desarrollo norteamericano, incluso el japonés, y, por supuesto, el israelí, derivado de dos guerras mundiales y, muy particularmente, de la segunda, que ha sido una perfección diabólica del esquema de la primera. ¿Se puede decir más? ¡Sí! La Granja no sería concebible sin la explotación colonial por ese núcleo duro europeo de grandes zonas de Africa y Asia… Y aunque la península ibérica ha aportado sustanciales perversidades a la apropiación de lo que pertenece a los otros, debe reconocerse, a fuer de objetivos, que la Leyenda negra que todavía algunos criollos esgrimen para criticar a los herederos de los que se quedaron aquí, es un libro de cuentos para niños comparado con lo que aún no está escrito de las actuaciones de otros Estados con vocación imperial menos sofisticada.

Incluso antes de que se firmara la paz que dio fin a la segunda guerra mundial, las tensiones entre los bloques ganadores se manifestaron con tal fuerza, que parecían presagiar una tercera contienda. Truman, en junio de 1947 apoyó el Plan Marshall, ayudas económicas que se añadirían a las militares, y que se enfocaron, sobre todo, a la rápida recuperación de la Alemania occidental. Stalin copió la idea con el Plan Molotov y bloqueó el acceso a Berlin, que, como es sabido, había sido dividido entre los países vencedores como quien reparte un bizcocho, pero quedaba en medio de países que habían pasado a tutela soviética.

A medida que la tensión crecía, y ambos bloques evitaban enfrentarse directamente, pero apoyaban a facciones diferentes en conflictos que surgían por doquier (Corea, Grecia, Vietnam, China, República Dominicana, Yugoslavia, etc.) Europa aparecía como un excelente campo de pruebas para liberar la adrenalina.

El cambio de Truman y Stalin por Eisenhower y Khrushev (1953), caracteres menos contenidos que los anteriores en sus declaraciones públicos, propició la difusión en Europa de la creencia patética -que duró hasta 1963, al menos, y que tuvo un momento cumbre con la crisis de los misiles de Cuba- de que, cualquier día, uno de los dos gallos de sus quintanas lanzaría un misil o varios sobre ella, lo que serviría de catarsis para ambos, que se abrazarían, arrepentidos, sobre unos cuantos millones de muertos europeos.

En 1951, Francia, Alemania Occidental, Italia y el Benelux acordaron eliminar las barreras arancelarias para el carbón y el acero. Se dice que allí quedó implantada la semilla de la futura Europa comunitaria, y se considera a Jean Monet, Robert Schuman, Paul Henri Spaak y Konrad Adenauer, los padres de Europa. El objetivo del acuerdo era mucho más elemental, y era facilitar la reconstrucción de las infraestructuras y dar impulso, sobre todo, a las comarcas de Francia y Alemania más devastadas por la guerra. Gran Bretaña no vio el interés de participar en esa acción puramente capitalista, que favorecía a los grandes grupos siderúrgicos: su granja isleña ya contaba con apoyo directo de Estados Unidos.

Y en lo que nos afecta a los españoles, España se convirtió, durante casi tres décadas, en un «país tercero», luchando a cara de perro por hacerse un miserable hueco en el mercado siderúrgico alemán, con aranceles, cuotas, «alineaciones» y marginaciones vergonzosas. Sin participar en ella, España había perdido la guerra.

(continuará)

 

Publicado en: Actualidad

El gallo de la quintana

23 abril, 2016 By amarias Deja un comentario

«El gallo de la quintana» es una obra teatral de Eladio Verde, un escritor costumbrista asturiano, al que nacieron en Madrid en 1899. Una quintana es una casa de recreo; la expresión, en Asturias, se ha convertido en una frase hecha, que tiene varias acepciones. La traigo aquí por una de ellas: alguien que presume y alardea de sus valores -es el más guapo, el más fuerte, o el más listo-, y lo hace de forma tan agresiva y petulante, que se prefiere no discutir su posición para no entrar en conflicto con él.

En este relato en el que lo imaginario sucumbe ante las evidencias, el gallo de la quintana es Estados Unidos. En la granja humana, la quintana norteamericana crea identidad refleja a sus habitantes, en curioso efecto de contagio, pues la mayoría de los estadounidenses se consideran, -sobre todo cuando salen de viaje por ahí, y, en particular, si lo hacen por Europa-, gallitos o representantes de la quintana; la estructura de la identidad norteamericana es, por ello, fractal, asemejándose a una gran matrieska que cobijara millones de matrieskitas en su seno.

El corpus colectivo norteamericano está conformado por una amalgama heterogénea -historias, leyendas, fantasías que apuntan a atribuciones identitarias- que tiene por objetivo reafirmar la superioridad a quienes se otorga el privilegio de identificarse con él. No tiene que ver con el territorio, ni con la tradición documentada, a diferencia, pongo por caso, de las identidades catalana o vasca (cuyo principal elemento aglutinador parece ser el territorio) o con esa pluralidad de esencias presuntamente irrenunciables, en las que podría adivinarse una base religiosa, étnica, tribal -e insolidaria- que podrían converger sobre un mismo territorio, como es el caso de los Balcances, o de otros muchas regiones y países, en las que se ha puesto el énfasis sobre cualquier idea separadora.

En lugar de profundizar demasiado en identidades  comunes, el gallo de la quintana norteamericano se reafirma sobre todo por el ejercicio práctico del poder frente a otros pueblos, y, en especial, por un sentimiento de primacía respecto al segundo clasificado en la Liga de poderes antagónicos (que fue en su momento la URSS y hoy día, parece que emerge en esa posición, China). Como en toda reafirmación colectiva, se combina con la ignorancia del otro, el desprecio a sus cualidades, y ese caldo de cultivo se simboliza en la bandera de las franjas y estrellas, que está en el corazón, en el patio delantero o en la ventana visible de todo buen norteamericano. Contrasta con el uso que los españoles hacemos de nuestra bandera y cómo canalizamos hacia ese símbolo, no lo que nos une, sino nuestras diferencias.

Las instituciones del país, las grandes empresas con sede en Estados Unidos, los representantes de la quintana en las organizaciones internacionales, sus embajadores y miembros diplomáticos,la práctica totalidad de los blancos nacidos en ese territorio de la Granja,  una parte significativa de los de humanos raza negra que tienen esa nacionalidad y algunos latinos, incluso aunque no la tengan, resultan expresión viva de ese peculiar efecto.

Por supuesto, para ser presidente de un país así, hay que seguir un proceso de selección muy duro. Y, aunque se supere el proceso, se estará siempre expuesto a que su actuación no guste a los poderes de la granja colectiva. Mayor riesgo corren, en general, quienes lideren intentos de transformar el orden, subvertir los cimientos de una sociedad en la que los conceptos de libertad y democracia son versátiles y, por ello, de lenta gestación.

Algunos ejemplos recientes estarán todavía, sino en la memoria colectiva de la granja, al menos, en las hemerotecas. El reverendo Martin Luther King Jr., seguidor de la ideología pacífica de Mohandas Gandhi, y propulsor de la eliminación de la discriminación racial de los negros y otras minorías, fue asesinado en 1968 en Memphis. Poco antes, Malcolm X que pretendía lo mismo, desde posiciones religiosas musulmanas, había sido acribillado a balazos en febrero de 1965. A pesar de todo, el Tribunal Supremo de Justicia había puesto de manifiesto que todo ciudadano tenía derecho a la equal opportunity, ¡en 1954!, pero la idea no había prendido en los dominadores de la quintana.

En enero de 1961, J.F. Kennedy llegaba al poder, y a pesar de pertenecer al partido demócrata, siguió la política internacional de sus antecesores republicanos Dwight Eisenhower (que, a su vez, había seguido la estela de Harry Truman). En política interior, las propuestas kennedianas no cuajaron, ni por el ni por su posible sucesor, el hermano Bob, pues ambos fueron asesinados (John Fitzgerald en nov. 1963; Robert, en jun. 1968). Una inmolación que sucedió delante de todo el mundo.

Para el gallo de la quintana, la Granja había quedado dividida como resultado de  la segunda guerra mundial, porque el otro principal vencedor de la contienda, la URSS, representaba valores inconciliables. Se configuró una separación económica, es decir, ideológica, que creció como espuma de jabón en la batidora: el occidente capitalista, debía de ser próspero, plural y democrático, y el oriental comunista, aparecía como totalitario, despótico y atrasado. Por si fuera poco, los Estados Unidos no dudaron en ponerse especiales galones en su manga, apelando a un as invencible: su fe en Dios.  «In God we trust» será, desde 1956, el lema oficial del gallo de la quintana. Un valioso aliado supraterrenal frente al agnosticismo o el ateísmo de la URSS y los países comunistas.

Los ánimos en la quintana a mediados de los 50 del siglo XX estaban ya muy revolucionados. En 1949, la revolución comunista de Mao triunfaba en China. El peligro se estaba extendiendo. Y estaba el caso de Indochina y, más específicamente, de Corea. Había que tomar medidas para que el capitalismo liberal tuviera espacio para crecer.

La península coreana había sido ocupada por Japón en 1910, pero cuando el imperio nipón se rindió, se dividió en 1945 ese territorio con tiralíneas, siguiendo el paralelo 38: las tropas soviéticas ocuparon el Norte. Si la teoría pretendía que unas elecciones libres, que estaban convocadas para 1948, facilitaran un gobierno común para una Corea unificada, sucedió exactamente al contrario, aunque, por supuesto, el azar tuvo poco que ver. Se propició una guerra en la que el norte fue apoyada por la URSS y China y el sur, por Estados Unidos y la ONU (es decir, Estados Unidos al cuadrado): se apuntaban a la guerra fría los dos antiguos colegas que lucharon contra Hitler. Por guerra fría ha de entenderse un marco de disputa en el que se elige a un tercero como chico de los mamporros.

En 1954, Corea quedó definitivamente dividido en dos.

Más ilustrativo aún sería el modelo vietnamita. Ho Chi Min era presidente de Vietnam desde 1954. Había derrotado a los franceses (que habían disfrutado de esa colonia). También se pensó en elecciones libres. En 1955, un golpe de estado puso en Vietnam del Sur al presidente católico Dinh Diem, y se inició un conflicto armado que duraría 20 años, cuyo objetivo era, para las fuerzas del orden mundial, impedir un gobierno comunista unificado. Estados Unidos y otras naciones amigas del imperio apoyaron a Dinh, contra el Viet Cong (Frente de Liberación de Vietnam) y el ejército del Norte, al que respaldaban la Unión Soviética y China.

Ho Chi Min era un político nacionalista, y, para mi gusto, un buen poeta. Escribió varios libros, entre ellos, cuando estaba en la cárcel, «Diario de la prisión», en el que figura el poema «Duro es el camino de la vida», que dice así:» Después de haber escalado a pie montañas y altos picos,/¿Cómo iba a suponer que en la llanura encontraría peligros mayores?/En las montañas encontré al tigre, y nada me pasó./En las llanuras me topé con los hombres, y fui arrojado en prisión.»

Ho Chi Min moriría de tuberculosis, en 1969, a los 79 años; Dinh, sería asesinado, junto a su hermano, en 1963, por su propia guardia, como resultado de un golpe que tutelaba, desde la distancia…Estados Unidos: ambos hermanos creían que se les había ofrecido un avión para salir del país.

Como se suele decir en los títulos de crédito cuando se acaba la película, en 1975, la guerra terminó y Vietnam quedó unificado bajo un gobierno socialista.

(continuará)

 

Publicado en: Actualidad, Internacional Etiquetado como: China, Corea, Dihn, Eisenhower, Eladio verde, estados unidos, gallo, Ho Chi Min, Kennedy, quintana, Truman, Viet Cong, Vietnam

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