Al socaire

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Habérmelo dicho antes

27 julio, 2016 By amarias 2 comentarios

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La dama, más bien obesa, que obstaculizaba la cola para pagar en el supermercado, mientras introducía con parsimonia sus compras en en el carrito, respondió a la educada indirecta del pobre diablo (yo) que esperaba pacientemente a que dejara el paso libre, y que expresé así: «¿Me permite que le ayude a meter las cosas?»  con un «No hace falta. Puedo yo».

«Es que…-indiqué con mi mejor tono de sutil condescencia- Quizá no se está dando cuenta de que ha paralizado la cola…»

«¡Habérmelo dicho antes!»-me espetó, mientras estiraba ligeramente su voluminoso abdomen, por lo cual pude, sin apenas rozar sus carnes, pasar a recoger mi compra.

No pensar en el otro, ni atender a las consecuencias -mínimas o letales- de nuestras actuaciones, se ha convertido en una socorrida manifestación de pobreza intelectual. Podría haber escrito que lo que evidencia este desapego por la molestia, o el daño, que podemos estar provocando con nuestra actitud de pensar únicamente en lo que nos interesa, es producto del egoísmo dominante.

Pero quiero ir más allá. Nuestra sociedad es pobre intelectualmente. No sé si nos hemos hecho así, o siempre hemos sido colectivamente de esa manera. Solo que esa percepción se me ha hecho casi insoportable.

La señora del supermercado es un ejemplo trivial, inocente y simple. Me sirve únicamente como referencia para revolotear en torno a un asunto más grave: individualmente estamos corriendo un grave riesgo. No tenemos el menor valor para esa mayoría que se guía por la intuición de lo que les conviene exclusivamente a ellos. Somos su molestia, su incordio, su pesadilla.

Si «se lo hubiésemos dicho antes», no nos hubieran prestado por ello más atención. Tendrían otros argumentos, nos darían otras contestaciones. «Actuamos así por tradición», o «por mandato de la mayoría», o «por designios de nuestro Dios», o…»porque sí».

Me sobran los ejemplos. En nuestra polis, hemos perdido los españoles una oportunidad excelente de tener un gobierno mejor que el que teníamos: la coalición PSOE -Ciudadanos, que solo precisaba de la abstención del PP o de Podemos. No pudo ser. «Si nos lo hubieran dicho antes»…

No creo que el PP de Rajoy consiga la investidura para su líder, en esta segunda vuelta de pirinola electoral -no le conviene a Ciudadanos apoyarlo a las claras, ni al PSOE abstenerse a la primera, ni mucho menos dejar manos libres a unos diputados para que apoyen al impertérrito presidente en sus eternas disfunciones… Será incluso peor si por los pelos, sin fuerza, con un traje de circunstancias y el jaretón mal hilvanado, se mantiene agarrado al clavo ardiendo de la falta de coordinación de sus oponentes. No debiera ser. Volveremos a recurrir al «Quélástima. Si nos lo hubieran dicho antes».

Tengo amigos que aún creen que hay una oportunidad de gobernar desde la izquierda plural. No va a ser. Fue un error de Izquierda Unida asociarse con el patafísico partido oportunista, Podemos, disfrazado de izquierda trasversal y sometido a la labia verborreica de su líder actual, Pablo Iglesias (jr.). Ay, si Errejón hubiera capitaneado las negociaciones, otro gallo habría cantado, dicen.  «Habérnoslo dicho antes».

El Reino Unido se va de la UE, aunque, como ha afirmado perogullescamente su nueva Premier, «no de Europa». Si en lugar de haber catapultado a la dirección de ese organismo que prometía a personas sin carisma, y con demasiado apego a defender sus intereses nacionales, se hubiera avanzado en aquel proyecto frustrado de Constitución Europea…Si hubiera más capacidad para adoptar una posición coherente hacia el exterior, si se fuera capaz de analizar con visión de futuro los temas clave (cooperación internacional, sistema financiero, evolución de la empleabilidad, enrgía y ambiente, igualación salarial, etc.)…Si el Parlamento de la UE fuera menos partidista y más eficiente…Si…No pudo ser. «Si lo hubiéramos sabido. Haberlo dicho antes».

Ponga, ponga el lector ejemplos. Puede enfocar su interés hacia los temas del terrorismo islámico (y a los de los otros), de la desigualdad social, de la quiebra probable de los estados de bienestar allí donde se encuentren, a la involución turca de Erdogan y cía, al riesgo de implosión siria, al llamado problema palestino (o, mejor, ¿será solo problema israelí?), a los desastres afgano e irakí, a la financiación irregular de los partidos (de aquí y de allá), a la corrupción generalizada (¡pues!), a la deficiencia de la enseñanza, al ascenso de un candidato impresentable del partido republicano en el país más rico del mundo, al cambio climático que tiene un final previsible, etc. etc.

«Haberlo dicho antes», ¿verdad?. Pero,  ¿a quién? ¿de qué modo mejor? ¿con qué capacidad de persuasión?


Nota sobre la fotografía que acompaña este comentario: Me trato de especializar, gracias a un magnífico objetivo 200-800 que me han regalado mis hijos y nueras, en fotografiar aves volando. Es divertido (y algo difícil, por su gran movilidad: se necesita buena luz, y disparar a velocidades altas y sensibilidades bajas para que la apertura del diafragma sea la adecuada). Alguien dijo que si los mamíferos han sido puestos por Dios en la Tierra por su utilidad al hombre, las aves están entre nosotros para alegrarnos la vista y servir a nuestra evasión. Puede. ¡Habérmelo dicho antes!.

Publicado en: Actualidad Etiquetado como: abuso, Brexit, Ciudadanos, confianza, Irak, Izquierda Unida, Palestina, paro, Podemos

Amenaza concreta, estrategia improvisada, terrorismo endémico

15 julio, 2016 By amarias Deja un comentario

Cuando terminaba el día 14 de julio de 2016, un francés «de origen tunecino», se lanzó, conduciendo un camión que había alquilado dos días antes, haciendo zig-zags, contra la multitud que veía los fuegos artificiales con los que se conmemoraba la toma de la fortaleza de la Bastilla, declarada el día nacional francés. Hasta el momento se han contabilizado 84 personas asesinadas, y hay varios heridos muy graves.

Mi solidaridad sin resquicios, con las familias de las víctimas, con el pueblo francés y mi repulsa con corazón compungido contra esta nueva barbarie. Je suis très touché, me trouve proche et tout à fait solidaire.

Con ocasión de tan dramático suceso, dirigentes, autoridades y comentaristas noticieros de todas partes, han emitido manifestaciones en las que, con monótona regularidad, combinan las palabras: amenaza global, terrorismo islámico, estrategia global. En orden: Ante la amenaza global del terrorismo islámico, es necesario ofrecer una estrategia global.

Son varios los elementos que concurren en el perfil de este atentado, en coincidencia con otros, que no se puede decir sean pocos (desgraciadamente) que se han producido tanto en zonas de cristiandad como de devoción musulmana.

Las organizaciones de persuasión, extremadamente crueles, de quienes son animados a cometer estas acciones, se confiesan empeñadas en una guerra santa (yihad), siguiendo designios de Alá, para lograr que los seguidores musulmanes se reconviertan a lo que consideran doctrina ortodoxa y el mundo entero acabe sometido, por las buenas o por las malas, a sus arcaicas normas sociales.

Para hacer efectivos tan elucubrantes propósitos, han elegido realizar llamadas de atención brutales. Atentados, incluso con autoinmolación de sus autores, con los que buscan conseguir el mayor número de víctimas: mercados, fiestas populares, medios de transporte, son los espacios preferidos. La difusión mediática de sus actos, en especial si se realizan en territorio occidental y han conseguido algunas decenas de muertos, está así garantizada.

De los ejecutores de los atentados que se producen en ciudades de mayoría musulmana, no sabemos mucho: que pertenecen a una etnia o rama doctrinal diferente de la dominante en el país, o que han actuado contra una asamblea de fieles judíos o cristianos, o contra embajadas o centros en donde se concentran mayoritariamente extranjeros. También, en algún caso, pretendiendo conseguir altos rescates, han apresado miembros de ONGs o periodistas, a los que no dudaron en ejecutar, difundiendo imágenes impactantes en las redes sociales.

Cuando los atentados se producen en territorios occidentales, las investigaciones posteriores -mucho más activas- acaban poniendo de manifiesto, ya de forma recurrente, muy parecidos elementos, que no dejan de producirme perplejidad porque, en su fondo, reflejan la descoordinación o la falta de profundidad con la que se ejecutan los protocolos de «máximo riesgo terrorista» : tipos jóvenes, mayoritariamente varones, de la llamada segunda generación, habitantes en zonas específicas de la ciudad en donde se concentran musulmanes, radicalizados personalmente al Islam en fecha reciente, fichados por la Policía por algún incidente anterior, y cuyas familias y entorno eran ignorantes de sus últimas andanzas, que involucraban entradas y salidas del país o asistencia a centros de adoctrinamiento (léase, «lavado de cerebros»). (1)

Como todos los creyentes/devotos en el ser humano y en el máximo valor de la libertad y el respeto al otro que actúa sin voluntad de herir, como cualquiera respetuoso con la vida humana, abomino de estos guerrilleros, de sus ideales y de su estrategia. Son miserables.

Pero no considero que respondan a una amenaza global, porque su objetivo es irrealizable, sino que forman parte de amenazas concretas, detectables y, por tanto, que se pueden abortar con la adecuada investigación, control, seguimiento; sin ridículas ni ingenuas confianzas.

Tampoco creo que sus actuaciones forman parte de una estrategia global, sino que está, en su misma esencia, improvisada. Esta característica, justamente, le dota de su peculiar fortaleza aparente: cualquiera con un instrumento de matar (un vehículo cualquiera, lo es) y la voluntad de sacrificarse él mismo, puede provocar un atentado.

Esta cuestión tiene, para mí, su importancia, pues desliga los atentados de la necesidad de ayudar a los países menos desarrollados a que salgan de su pobreza (también la intelectual), con ayudas en destino. Ese asunto no tiene ya nada que ver con el yihadismo: ahí los países occidentales han perdido, sí, la batalla. Los fanáticos que han encontrado en una sinrazón de imaginaria base islámica su punto de apoyo,  no piensan ni actúan en términos de desarrollo, cultura, bienestar. En su caso, esos términos solo son de interés para sus dirigentes, para los que se ocultan detrás de las negras bambalinas del terror.

Finalmente, no me parce que se trate de un terrorismo islámico, en el sentido de exterior a las naciones occidentales. No lo es, desde luego, porque, como se encargan de poner de manifiesto los dirigentes de las comunidades musulmanas, ellas también sufren los efectos de los atentados y, por supuesto, su doctrina defiende la paz  y el respeto al otro como corresponde a una religión evolucionada.

Los terroristas que actúan en nuestro territorio son nuestro problema, son nuestros fanáticos, son producto de la podredumbre que se ha incrustado en nuestra manera de segregar a los otros, a los que piensan distinto, a los que no disfrutan de las mismas opciones de bienestar, conocimiento y búsqueda de placeres que nosotros.

No son terroristas islámicos, aunque les demos ese nombre, para tranquilizarnos. Son terroristas producto de nuestra sociedad, de nuestro credo. Y los tenemos, por tanto, que combatir en nuestro territorio. Sin ir más lejos.


(1) Quiero destacar un cierto parecido con el perfil de esos jóvenes enajenados que, armas en ristre, se lanzan a disparar contra sus antiguos compañeros de escuela, maestros o quienes paseen por delante de sus ventanas, en la muy civilizada nación norteamericana.

Publicado en: Actualidad Etiquetado como: apoyo, atentado, Bastilla, declaraciones, musulmán, Niza, occidental, París, terrorista, yihadismo

Línea sabor

10 julio, 2016 By amarias Deja un comentario

Hace unos días, en el supermercado donde me provisiono de legumbres y frutas, me percaté de que ofrecen una «línea sabor», cuyo propósito, según me confesó una dependiente, era ofrecer una mercancía con el mejor gusto disponible. «Está funcionando muy bien», me reconoció.

Como el tratamiento oncológico al que estoy siendo sometido me reduce la capacidad de percepción y, por lo tanto, el disfrute, de las características organolépticas de los alimentos, me decidí, sin mayores reflexiones, por cargar el carro de la compra con melocotones, albaricoques, melones y otras vituallas, que tenían un aspecto aceptable pero que carecían de calificación, lo que les hacía notablemente más baratos.

Mi disgusto fue, que, llegado a casa y puesto a cotejar con la exigente controladora de la calidad alimentaria con la que comparto mi vida, descubrimos que los melocotones y albaricoques estaban «duros como peñas», no pocos tenían el hueso mohoso o con gusano, y los melones eran un híbrido de calabacín. Así que deduje que la «línea sabor» no era sino una engañifla para protegerse de la mala calidad de otros productos, sorteando la clasificación reglamentariamente obligatoria.

Podía continuar este Comentario recordando los múltiples engaños y triquiñuelas con las que el comercio trata de engatusar al comprador acerca de lo que ofrecen: patatas de Galicia que provienen, según la etiqueta, de Francia; quesos de Cabrales que no han pasado jamás por Asturias, o fresones y espárragos de Aranjuez que han crecido con el agua del Tajo, pero en Almería.

Pero, cambiando de rumbo, quiero referirme a la macroeconomía, y hacerlo con un disparo de calado.

Resumo el argumento así: Sospecho que la economía mundial está basada en la alimentación de una estafa piramidal, en la que los beneficios de los países más avanzados se producen por las aportaciones de los menos desarrollados.

La sospecha se alimenta de que se ha construido una «línea sabor» por parte de los centros que recogen los datos de crecimiento de la economía, que tiene en cuenta, desde luego, el coste de los factores de producción, las entradas y salidas de bienes y servicios en cada país, pero que ignora que una parte, y seguramente, una gran parte, de la economía mundial, no se produce por la vía del mercado, ni de los datos oficiales, ni, en su caso, tiene en cuenta -porque es imposible preverlo o calcularlo- que el valor de muchos productos que afloran al mercado -todos los basados en nuevas tecnologías o en el aprovechamiento de recursos naturales que antes no tenían aplicación-, es ficticio .

Por supuesto, la tecnología, el trabajo y los flujos monetarios cumplen una función central en ese trasiego, pero, lo que corresponde preguntarse es: ¿qué tipo de plusvalías, y cómo se calculan en los diferentes países, hace que el crecimiento del PIB mundial, sea positivo? ¿cómo se reinvierten las que se generan en los empresas que concentran la producción de bienes y servicios cuyo precio se realiza al margen del mercado, por carecer de competencia? Y, en fin, ¿en qué condiciones se está realizando la aportación al crecimiento de la mano de obra y recursos de los países con menor PIB de la Tierra?

Son muchos los coetáneos que ignoran la existencia de la «línea sabor» de la economía mundial, y muchos de los que la conocen, no pueden  permitírsela, porque no pueden pagársela o por estar a tratamiento especial de suspensión o restricción de crédito.

He cambiado de supermercado y, en el nuevo, más que en hipotéticas «líneas sabor», me fijo en el precio y en el aspecto del producto: si me dejan probarlo, lo compro. En cuanto a mi presunción de burbuja mundial, basada en el temor a una versión a gran escala del timo de pirámide, en la que los que están cobrando los beneficios de su inversión, lo hacen porque lo soportan los que entran nuevos en el mercado, con sus productos y su mano de obra barata, tendré que darle otra vuelta, a ver si se me escapa algo de ese trío que se presenta como apetitoso, que forman: la globalización, el desarrollo sostenible y la defensa contra el cambio climático global.

 

Publicado en: Actualidad, Política Etiquetado como: burbuja, cambio climático global, desarrollo sostenible, estafa piramidal, globalización, lìnea sabor, pib mundial, pirámide, política, producto

Las bazas de Mariano Rajoy

9 julio, 2016 By amarias Deja un comentario

Mariano Rajoy, todavía Presidente en funciones del Gobierno de España, es, sin duda, la persona más cualificada para dirigir el país en este momento. Nadie como él atesora experiencia acerca de cómo funcionan las cosas por aquí.

Es cierto que no «ganó las elecciones», ni las de diciembre de 2015 ni las de junio de 2016, porque, aunque el Partido Popular fue la opción más votada, lo fue por una minoría del total de votantes. No cabe decir, pues, que «el pueblo ha expresado su voluntad de que gobierne el PP», ni otras retóricas, y falsarias, expresiones con las que los representantes más conspicuos de la derecha española defienden su presunto derecho a seguir gobernando.

Pero la capacitación de Mariano Rajoy que defiendo en este Comentario proviene de su abrumador currículum. Registrador de la Propiedad al año siguiente de terminar la licenciatura de Derecho, concejal del Ayuntamiento de Pontevedra, Presidente de la Diputación de la Provincia homónima, diputado durante décadas, ministro de Educación y Cultura, de Administraciones Públicas, de Interior, de la Presidencia, vicepresidente Primero y Presidente de Gobierno él mismo…¿Quién podrá alardear de una experiencia similar? Nadie.

Nadie como él ha de conocer las triquiñuelas que se vienen realizando desde tiempo inmemorial para compensar, en los discretos despachos anexos al principal, las diferencias entre el precio declarado en las escrituras públicas y el concertado entre comprador y vendedor de inmuebles; siendo Pontevedra lugar de asentamiento clásico de los grandes traficantes de droga de España y de Europa, en donde suntuosas mansiones, barcos de recreo, lugares de placer y lenocinio, han proclamado, sin rubor, durante decenas, el origen misterioso y con seguridad, ilícito, de los dineros con las que se adquirieron tales bienes, no es ajeno, sin duda, al conocimiento de tales maniobras (de las que, por supuesto, siempre se mantuvo al margen).

Rajoy estuvo en los entresijos del derrocamiento a Sadam Husein, -cuya figura alcanza, por cierto, con el tiempo, dimensiones propias de la veneración santificada-, y estar apoyando a José María Aznar en la difícil decisión adoptada, junto a Bush jr, Barroso y Blair, tuvo que darle amplios conocimientos acerca de cómo se mueven los designios del gran capital norteamericano, que han de estar conservados en algún lugar de su prodigioso cerebro.

Como Ministro de Educación, y Ciencia, que fue, y harto brillante (como se puede comprobar en las hemerotecas, propulsor de los nuevos Planes de Formación Profesional) nadie mejor para saber cómo impulsar, de una vez, la pureza de la Universidad española, la regulación del acceso transparente a las cátedras y títulos, la elevación del decaído prestigio de las carreras y profesiones, o la orientación acerca de los puestos de trabajo que se crearán en las ya no tan nuevas, tecnologías, incluidas, claro, las ambientales.

No admito que nadie se jacte de conocer mejor las administraciones públicas -salvando, quizá, al desaparecido en la batalla Francisco (Paco) Sosa, que propugnó una reforma imposible-, porque él fue quien firmó la LOFAGE en 1997,  y, por supuesto, ningún antecesor ni subordinado ha igualado su prestigio como Ministro de Interior, con sus éxitos para doblegar a ETA al aprisco de la deposición de las armas y su Ley de Extranjería, que tanto ha significado para la cobertura de puestos laborales que los españoles despreciaban.

Como Presidente, su ilusión y empuje por impulsar nuevos proyectos empresariales, en negociación continua con los mejores empresarios de este país, además de ponerle en delicado pero efectivo conocimiento de las relaciones subterráneas entre el gran capital y los partidos políticos (si no lo había adquirido antes), ha significado la generación de millones de puestos infra-mileuristas, y el crecimiento de los negocios de algunos grupos empresariales en el extranjero, lo que ha mejorado sus resultados, por supuesto, aunque, desgraciadamente, ha significado la reducción de su capacidad de empleo en España.

No tiene, pues, necesidad de suscribirlo alguien de tanto prestigio pasado como Felipe González. Mariano Rajoy debe gobernar. Y debe hacerlo en solitario, contra todos. Quizá con apoyos puntuales de Ciudadanos, del PSOE, incluso de Unidos Podemos que, como recordamos bien, en el curso de las negociaciones para estudiar la posibilidad de coaliciones de gobierno más aventureras, negó su apoyo -cuando eran solo la mitad de la denominación, aunque más numerosos en simpatizantes.

Nos esperan, por supuesto, tiempos muy difíciles. Pero entretenidos. Mariano Rajoy, con su visión escénica del Estado español, con su conocimiento profundo de la Administración Pública y de las capacidades de iniciativa privadas, nos lo garantiza.

Ah, y que vaya enseñando a los nuevos -esos «chicos» voluntariosos, pero inexpertos aún, llamados Pedro Sánchez, Pablo Iglesias, Albert Rivera, Alberto Garzón,…cómo se corta el bacalao. Sugiero que los nombre ministros por turnos, y que cuente, en esa hipotética Escuela de Otoño- con la asesoría inapreciable (en el sentido de, gigantesca) de Felipe González, José Luis Rodríguez Zapatero y José María Aznar; para no ampliar más la nómina de expertos en la política real. Sobre la economía real, habría otro curso, más avanzado, para los que aprobaran el primero.

Publicado en: Actualidad, Política Etiquetado como: administraciones públicas, apoyo, currículum, diputado, empresa, empresario, españa, ETA, exportación, Formación Profesional, gobierno, laboral, Mariano, PP, PSOE, puesto de trabajo, Rajoy, Unidos Podemos

¿Quién manda aquí?

22 junio, 2016 By amarias Deja un comentario

Si el lector quiere provocar polémica, al mejor estilo del que se atribuye a Miguel de Unamuno cuando, al llegar a cualquier tertulia de amigos o conocidos, preguntaba: «¿De qué opináis? Yo opino lo contrario», le sugiero una frase equivalente: «¿Quién manda aquí?».

A mí me ha dado siempre un magnífico resultado. Naturalmente, es preciso acompañarla de una serie de frases que, a modo de cabestros, introduzcan el victorino o miura en la plaza dialéctica. No importa el momento.

Quienes oigan su frase, que puede repetir con énfasis, para estar seguro de que penetra en los cerebros de sus oyentes, se cebarán en ella, e interpretarán como les venga en gana lo que ha dicho. Tenga, eso sí, la seguridad de que le criticarán duramente y la polémica se centrará en Vd. y en su intolerancia.

He tratado de entender por qué resulta molesto que se pregunte a un colectivo aparentemente homogéneo quién tiene el manual de instrucciones para ejercer el liderazgo de cualquier asunto. En este momento emocionante de la situación española, en la que el conjunto plural de ciudadanos no sabe -no puede saberlo- a dónde seremos conducidos, si no teme poner en riesgo su integridad o ser maldecido por las fuerzas del orden interno y sus files seguidores, pregunte en una reunión política ¿quién manda aquí?

Me han contestado a veces, de forma tal vez airada por el peso de sentirse escandalizados, que manda el Gobierno, que tenemos una Constitución, que la separación de poderes funciona y funcionará. Que somos un pueblo pacífico, serio, sabio y prudente.

No tengo idea en qué se basan estos bienaventurados, porque el Gobierno está en funciones, la Constitución y la forma de Estado, cuestionada, la separación de poderes, contaminada, y la tranquilidad de nuestro pueblo -y de cualquiera-, es una falacia desmentida por la Historia.

Afirmo, y lo lamento, que, hoy por hoy, ante la ausencia deplorable de líderes, de convicciones, de propuestas coherentes, no manda nadie. La televisión y todos los medios nos han intoxicado, y ni los que hablan ni, claro, los que escuchamos, tenemos tiempo para pensar.

Improvisamos. Corremos, llenamos páginas a tanto la palabra. A izquierda y a derecha. Desde los púlpitos en donde se lanzan las soflamas, se va recogiendo todo lo que se encuentra, y se incorpora al discurso como si se tratara de una psico-obra moderna confeccionada con hallazgos, materiales de desecho, artículos de arribazón, etc. buscando provocar, más que causar evocación de la creatividad o la belleza. El escándalo se ha hecho verbo entre nosotros.

Leo que casi dos centenares de economistas apoyan el programa económico de Unidos Podemos y, me parece bien. Me parece bien, porque he defendido, con mis propios argumentos, sin ser ni Picketty ni el hijo de Galbraith, que hay que romper con la política de austeridad y propiciar el incremento de consumo.

Ah, pero no se me va a olvidar preguntar, tampoco en este Comentario: ¿quién manda aquí?. Por eso, junto a esa argumentación -y me jacto de ser uno de los pocos españoles que ha leído hasta el final centenares de libros de economía y política macroeconómica, de autores de todo signo y condición ideológica- me preocupa tener claro cómo se va a conseguir sostener el preciado estado de bienestar, bajo qué mando.

Para ello, hace falta, en mi opinión fundada, tener realizado un análisis muy completo acerca de los sectores tecnológicos que van a propiciar la generación de nichos de trabajo en el inmediato futuro, estudiar muy bien cómo se va a realizar la distribución de las plusvalías colectivas generadas, y, no en último lugar, conocer la manera en que se van a hacer llegar a los millones de desplazados por la eficiente tecnología -no es cuestión de formación, sino de adaptabilidad- los recursos imprescindibles para su sostenimiento.

Por supuesto, en el fondo, el tema no deriva únicamente de la economía, que explica mal que bien el pasado pero es incapaz de predecir el futuro. No puede predecirlo porque los intereses capitalistas -incluidos los de los países bajo teórica dicción comunista- y siento ser tan esquemático para lectores tan inteligentes como los que me siguen, están continuamente generando elementos caóticos en su propio beneficio.

Para un país intermedio, que es como vengo caracterizando a España, la solución debe huir de maximalismos: no somos un país rico, ni tenemos recursos importantes, ni alta tecnología disponible o empresas grandes, a escala mundial. No funcionará la chispa del resentimiento: detonará sin voladura.

Hay que aumentar la presión fiscal y estimular la reinversión de los beneficios, pero con tiento de no espantar a los que sostienen la generación y distribución de la riqueza generada. La participación de las empresas públicas en ese entramado ha de ser discreta y selectiva y, por supuesto, orientada hacia el mercado.

La inteligencia práctica aconseja fervientemente que el cambio pacífico descanse también en la mejora de la formación, en la eficacia de la educación para responder ante los retos y dificultades presentes y futuras. De todos, no solo de unos cuantos. A todos los niveles. Teniendo presente que la economía mundial no regala nada; se lo cobra, en moneda contante o en víctimas a lamentar.

Para España, la solución no es sencilla. Habrá que formar a miles de estudiantes con una base muy ancha para que puedan llegar a lo más alto del conocimiento. Justamente lo contrario de lo que resulta que estamos haciendo, ya que hemos vulgarizado un tanto las enseñanzas, bajado los niveles, para aumentar el número de los que tienen formación intermedia, dejando que muchos de los mejores, a los que no sabemos a qué dedicar, se vayan al extranjero.

Con los maestros adecuados, convenientemente cualificados, continuamente reciclados, que sepan de qué van las cosas que enseñan. Qué difícil hacerlo bien desde el ruido mediático, sin que nadie mande aquí.

Pero no bastaría con tener unos cuantos miles de profesionales con muy altas cualificaciones. Hay que resituar, y hacerlo con mucha frecuencia, a millones de personas en una estructura laboral y económica extremadamente inestable.

Porque no estamos solos, no decidimos en los despachos, ni en las tertulias, ni siquiera en las asambleas universitarias, ni tampoco en las reuniones en la calle, en donde se manifiesten lícitos descontentos, legítimas aspiraciones, que acabarán dirigidas hacia una escaramuza inútil en la que los directores serán un par de decenas de alborotadores profesionales que se enfrentarán a la policía.

Si vuelvo a preguntar quién manda aquí, también en este artículo, estoy seguro, por experiencia, en que no faltará quien decida que soy partidario de que las cosas sigan igual, que me asustan los cambios, que estoy en contra del progreso social. También habrá quienes me vean como un peligroso polemista que oculta su afición izquierdófila por comunistas o socialdemócratas, y quienes, si les apetece tomarse la molestia de juzgarme por lo que pienso, concluirán que soy un tipo amorfo, acomodaticio, al que importa poco lo que pase a los demás,

Estoy sentado a la puerta de mis ideas, y veo pasar a la gente muy alborotada. Hay sillas a mi lado, disponibles para quien quiera asistir al espectáculo. Volverán.

Publicado en: Actualidad Etiquetado como: Constitución, economistas, elecciones, falacia, Galbraith, gobierno, historia, Picketty, quién manda, tranquilidad, Unidos Podemos

No solo las pirulinas son divertidas

19 junio, 2016 By amarias Deja un comentario

Creo que ya lo conté otra vez, al menos. Pero me sirve para enmarcar este Comentario y, como ha visto el lector, para ponerle título.

Unos padres de una pizpireta nena de cuatro años, se interesaban por saber lo que había aprendido en su jornada de preescolar. «Hoy nos enseñaron a distinguir los niños de las niñas», explicó la interpelada.

El papá quiso, desde un principio, quitar hierro al asunto, utilizando la teoría que suponía adecuada a la edad de la pequeña. «Bueno…en realidad, no veo que haya diferencias importantes», casi balbució.

Pero la niña tenía ganas de comunicar detalles de su ampliación de conocimientos acerca de la humanidad. «En el recreo, Carlitos y yo nos bajamos los pantalones y las comprobamos».

La madre encendió las alarmas: «¿Y qué? Después de todo, lo que hay es que los niños tienen pirulina y las niñas tenemos otra cosa», afirmó, pretendiendo ser convincente, y deseosa de cerrar el capítulo.

«Pero, ¿sabes, mamá? -replicó la niña-. Las pirulinas son mucho más divertidas».

Si se pudiera hacer una encuesta mundial, entre adultos, acerca de la conclusión de esta niña, tengo que vaticinar que los resultados a favor y en contra deberían ser equilibrados. No haría falta, entre lectores inteligentes, explicar las razones objetivas por las que aventuro la conclusión de esta hipotética consulta.

Aunque el asunto pueda ser más controvertido, mis conocimientos sobre el tema no me permiten decidirme -en lo pragmático, o sea, en lo que conviene a la colectividad- acerca de si es mejor el capitalismo liberal o el comunismo de base marxista-leninista.

He sido educado en una economía y un entorno basados exclusivamente en la evolución (e involución) del capitalismo.

He sobrevivido a una dictadura de las consideradas de tomo y lomo -que, al ser nacido en la postguerra civil, no me avergüenzo reconocer que no me dejó huellas apreciables); hice mis dientes y uñas contestarias frente a una tecnocracia aperturista muy moderada, pero no mal intencionada; superé -desde el extranjero- el pánico a una operación de ruptura con el presente extremadamente delicada que se saldó sin víctimas inocentes; fui testigo y colaborador hasta donde me permitieron sus muñidores de los avances de una socialdemocracia tal vez demasiado apresurados para su época; observé, encantado, como los defensores del capitalismo teórico del dejad hacer se convertían al estado social y de derecho y, en fin, cuando se pusieron malas, asisto con decepción, tanto a la vuelta de tuerca hacia un capitalismo engreído y poco tolerante, como al pasado de rosca de una socialdemocracia sin ideas de cómo recuperar posiciones.

No alcanzo a vaticinar lo que me espera conocer en mi país.

Ahora mismo, ante el creciente desbarajuste entre las cifras macroeconómicas del país y la realidad cotidiana harto miserable -especialmente, por comparación- que viven más de millón y medio de familia, cuando la situación de millones de jóvenes sin trabajo ni aparente futuro ha hecho eclosionar sus mentalidades hacia la exigencia de un cambio brusco de la situación, en fin, en el tiempo presente en que una mitad de la población defiende lo divertido que son las pirulinas sin preocuparse de la otra mitad, no soy capaz de entender lo que se pretende con el debate electoral, previo a las votaciones del 27 de junio de 2017, en las que se repetirán los comicios de finales de diciembre.

Unos parecen encantados con resaltar lo divertidas que son las pirulinas, y otros, justamente los que tienen ese adminículo, no son capaces de explicar para qué sirven.

No es un juego de niños, sin embargo. Tenemos que elegir cómo queremos que sea nuestro mundo de adultos, en el que, como ya recordé muchas veces, hay muchos matices a considerar, dentro y fuera de nuestras fronteras. Y, claro, olvidar esa realidad, nos pone en riesgo de cometer gravísimas piruladas, muy difíciles de corregir si salen mal.

 

 

Publicado en: Actualidad Etiquetado como: capitalismo, comicios, elecciones, liberal, marxismo-leninismo, pirulada, pirulina

Sin método

14 junio, 2016 By amarias Deja un comentario

Por las encuestas de opinión que se publican con frenética dedicación, mis conciudadanos siguen teniendo claro a quién votar el 26 de junio, en la repetición de las Elecciones Generales a que obligó no haberse conseguido acuerdo para elegir presidente de Gobierno.

Eliminada por confusión con Podemos, el vuelo distorsionador de abejorro ideológico que significaba Izquierda Unida, las cuatro opciones de que dispondrán, en esencia, los votantes, repartirán las preferencias de forma tan equilibrada que ninguna de ellas conseguirá la mayoría suficiente para gobernar en solitario…y puede que la única coalición que permitiría un gobierno estable obligaría a que dos opciones incompatibles – PP y Unidos Podemos- se pusieran de acuerdo contra natura.

El debate televisivo del 13 de junio de 2016, en el que los cuatro cabezas de lista han debatido en faena de aliño sobre cuestiones bastante marginales, no ha venido a aclarar en absoluto el panorama. Más grave aún que los programas de cada partido o coalición permanezcan desdibujados, es que si, después de las elecciones, los partidos alcanzan algún pacto de gobierno o de investidura, éste se hará a espaldas, es decir, sin previo conocimiento de la ciudadanía, porque todos  parecen esgrimir posturas inconciliables, salvo Ciudadanos respecto al PSOE (opción de coalición que, por estrategia que no entiendo muy bien, el PSOE no corresponde con la misma elegancia).

Y el tema es importante, porque, por falta de la necesaria concreción, las posiciones de fondo (en algún caso, intuidas) de las cuatro opciones no son tan diferentes. Asunto curioso, en realidad: al no profundizar en las soluciones, las ideologías alcanzan una dramática transversalidad, tienden a parecerse, y nos fijamos más en el talante y carácter mediático de los líderes, que en lo que nos dicen.

Empiezo por constatar la primera grave ausencia: ninguno de los partidos ha sido capaz de concretar cómo se va a conseguir, de verdad, y no por puro voluntarismo, la consolidación del estado de bienestar.

No es tarea sencilla y, en mi opinión ni siquiera lo veo posible sin un sólido esfuerzo conjunto y, si se me permite la expresión simple, sin que nuestros políticos, refrendados por el poder de las urnas, sean capaces de ponerse el mundo por montera, sacando pecho y argumentos sin que les tiemblen las pestañas. Porque la incorporación de las tecnologías de informática, robótica, comunicaciones, etc., seguirá provocando, en un país con nuestro déficit tecnológico, inmensas bolsas de paro estructural, que necesitarán de crecientes ayudas sociales, para sostener, hasta donde sea posible, el edificio ya muy dañado del estado de bienestar del que hemos venido disfrutando.

El Partido Popular trampea la solución indicando que, de seguirse con el ritmo del crecimiento del pib del último año, se generarán, en cuatro años, dos millones de puestos de trabajo. No indica, claro, qué tipo de ocupaciones y en qué sectores. La reiterada afirmación de que, si se generan estos trabajos, se recuperarán tanto las cuentas de la Seguridad Social como la bonanza económica, resulta ser un puro wishful thinking (pensar como querer), que, me temo, solo pretende adormecer los espíritus sin información de lo que se está cociendo en el mundo, al menos, hasta que la realidad los haga despertar de golpe contra la losa.

La coalición Unidos Podemos no se detiene tanto en la creación de empleo -que también le gusta-como en la mágica redistribución de la riqueza, aumentando la presión fiscal a las clases altas y medias y a las empresas, y, en lo referente a la dinámica económica, creando empleos en no se qué sectores, de donde surgirán consumidores nuevos, confiando en que se produzca algún milagro socioeconómico que no se ha conseguido explicar, o, en mi torpeza agnóstica, yo no alcanzo a detectar.

Así que, el impulso mágico al consumo provocado por nuevos millones de trabajadores, surgidos de la chistera de la reactivación de la economía interna, lo enmarco, por las mismas, en el mismo espacio celestial en el que sus seguidores encontrarán, a los devotos de la economía del mercado que hayan votado al PP.

Más me gusta, desde luego, porque al menos lo percibo como una trabada opción académica en la que adivino la mano docta de los asesores de Rivera (Ciudadanos), la opción de mejorar la educación en todos los niveles, tomando como modelo a seguir los países del norte de Europa. Acompañada de otras medidas de menor alcance, y, por supuesto, asumibles por cualquier política decente -más inspección fiscal, eliminar el despilfarro reduciendo gastos superfluos, implacabilidad con la corrupción. etc.-, la medida, con resultados a medio plazo -si se consiguiera alcanzar esa revolución académica, a la que tanta resistencia vaticino-, es imprescindible.  No hay nada -o muy poco- en el programa sobre la deseable reactivación económica, y no estaría de más, en un partido que quiere ser pragmático, advertir de la extrema dificultad en mantener y aún menos, revitalizar, en un país intermedio y descabezado como el nuestro, la economía productiva.

Y dejo para el final el PSOE, ese resto de la socialdemocracia que produce pesadumbre y lástima, mirado desde la perspectiva de los que le hemos visto tomar cuerpo y quemar sus alas como Icaro, en caída libre, a pesar de la parsimonia dialéctica de Pedro Sánchez. El argumento central de lo que queda ideológicamente de este partido es que ha llegado la hora de cambiar el rumbo del PP o, al menos, de retirar a Rajoy. Los argumentos son una mezcla de alegación al final de ciclo, incompetencia, mayores dosis de corrupción detectada y falsedad en los datos de la recuperación económica. Si no hay más que contar, apaga y vámonos.

En fin, me hubiera gustado que se nos diese a los españoles, por única vez, la opción de votar a dos partidos a la vez. Ya que los partidos no están dispuestos a pactar antes del día de las elecciones, al menos, que se nos dejare a la mayoría sufrida y silenciosa, la posibilidad de indicar qué dos partidos deseamos que nos gobiernen durante la próxima legislatura.

Que deberían ser aquellos que tengan más claro que les esperan, que nos esperan a todos, años extremadamente difíciles, en los que no valdrán cuentos ni buenos deseos. Necesitamos gentes excepcionalmente capaces, muy inteligentes, bien conectadas con el exterior -conocedores de, al menos, tres o cuatro idiomas extranjeros- y creíbles ante los agentes sociales del interior, honestas sin resquicios, versátiles, con capacidad para aguantar y juego de cintura para esquivar.

En figurado: piel de saurio, estómago de dromedario, instinto de elefante, corazón de perro siberiano,  manos de tigre, vista de águila y resistencia de caballo de carreras.

No veo estas cualidades en ninguno de los candidatos. Que se me perdone mi debilidad para no reconocer, en tiempos de crisis, oportunidad para las opciones ideológicas. Por eso, agradecería que se formara una coalición de gobierno cuanto más extensa, mejor. Así aprenderían los políticos, como hacemos, por la cuenta que nos tiene, los empresarios y los profesionales, a sacar el máximo partido de las capacidades disponibles.

 

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Sexta carta a Manuela Carmena, alcaldesa de Madrid

11 junio, 2016 By amarias 1 comentario

Alcaldesa,

Esta será mi última carta, al menos, por ahora. No quiero que se interprete, como algunos de los que se asoman a estas páginas están haciendo, como que defiendo una opción política determinada y que critico su gestión o la de su equipo de Gobierno municipal por ello. No es el caso.

Además, mi actitud personal es conocida por personas de su entorno y se conoce mi disposición permanente a colaborar. Con todas las Administraciones, independiente de su signo ideológico, siempre que sea por la evolución de la sociedad. No tengo por qué justificarme.

Le quiero hablar hoy, en fin, de los ingresos del Ayuntamiento de Madrid. Tomo como punto de partida los Presupuestos de la ciudad. También pretendo aprovechar que el Manzanares pasa por Madrid para expresar algunas ideas acerca de la reactivación de la ciudad en aquellos sectores a los que concedo mejores perspectivas de futuro, a medio plazo.

Ese futuro al que, por nuestra edad, ni Vd. ni yo -mal que nos pese- puede que no alcancemos a ver ni disfrutar pero del que todos debemos sentirnos, en la medida de nuestra capacidad de actuación y dirección, responsables.

Poco se puede hacer con un presupuesto tan exigüo como el de Madrid, y tan comprometido para mejorar la preparación ante ese futuro. Durante una década larga de bonanza (que resultó aparente, pues hubo que pagar la mayor parte de las cuentas atrasadas, y con intereses), se hicieron nuevas infraestructuras viarias sin estudios de rentabilidad y uso, se compraron terrenos y levantaron edificios para dependencias administrativas que luego no fueron trasladadas, se contrató personal o se firmaron contratos de servicios con alegrías que se hicieron rémoras.

Un predecesor suyo que quiso modernizar la ciudad para comodidad de un medio de transporte que el tiempo está próximo a sancionar con crudeza -tal vez con el ojo bizco mirando a Carlos III, «el mejor alcalde de Madrid» (pro cierto: ¿qué le parece que un Rey, con el apoyo de reformistas ilustrados, lleve ese título honorífico, justo antes de la Revolución francesa?)-  Alberto Ruiz Gallardón, invirtió en Madrid 10.000 millones de euros de los que no se disponía, con el ladino principio político de «quien venga detrás, que arree».

Unos llevan la fama y otros cardan la lana. Tenemos que agradecer -qué cosas- a la sucesora de aquél, Ana Botella, de la saga de los Aznar, que, aguantando el tipo de su incompetencia, bajara esa deuda, a base de inhibición que no precisamente de eficacia gestora, hasta poco más de 4.600 millones. Así que cuando su equipo de «fuerzas del cambio» se hizo cargo de la alcaldía, con la ayuda de un genio de la informática presupuestaria apellidado Sánchez Mato,  al que veo sentado ante un ordenador haciendo simulaciones como loco con un mapa de la ciudad y algunos datos del consumo por áreas del agua y del vino, hizo posible que solo precisara en 2016 dedicar un 12% del presupuesto (560 millones de euros) a la amortización de la deuda, la mitad que lo dedicado en 2015.

Aparte de los impuestos y tasas, la partida más importante de los ingresos de Madrid son las llamadas Trasferencias corrientes, que resultan de la participación en los tributos que recauda el Estado central y de la ayuda por el fondo complementario de Financiación. Para la ciudad, este montante alcanza los 1.420 Mill. de euros, y permanece prácticamente constante desde hace años (depende de la población, de la recaudación total y de fórmulas imaginativas para llegar a una cantidad adelantada que se liquida posteriormente con datos reales, y que ha abierto, por supuesto, una vía permanente de litigio entre las Administraciones).

No me voy a calentar la cabeza (ni la suya) calculando cuánto queda libre por madrileño para inversiones reales en cada Ejercicio. Nada. Podemos encubrir el carácter de las partidas dedicadas a mantenimiento, conservación y renovación presentándolas como inversión, pero la realidad será que si Madrid puede invertir algo (poco) será detrayéndolo de otras necesidades. Y si en época de crisis económica -situación que, no por pesimista, sino por haberlo analizado, considero irrecuperable- se decidiera aumentar los impuestos o tasas, habrá que actuar con sumo cuidado para no provocar mayores desigualdades aún o un airado levantamiento de patas de la clase media, que es la que sostiene en este país, el edificio de la solidaridad.

Permítame lo que parece una boutade, pero saldría con más cuenta ponerse de rodillas ante la presidente del Banco de Santander, entidad que ha declarado 6.000 Mill. de euros de beneficio en 2015, para que movilizase una parte de esa cantidad en Madrid, que hacer elucubraciones sobre cómo rascar unas decenas de euros de un presupuesto de la ciudad para acometer nuevas inversiones. Teniendo ya detectadas bolsas de miseria y precariedad tan importantes, y contando con la presión tabanera de los movimientos sociales, cualquier dinero que pueda reajustar a base de encaje de bolillos, entre partidas, desaparecerá en su mayor parte en el camino intrincado que va desde el estudio de oportunidad hasta las áreas de necesidad.

Incluso los 725 millones de euros de beneficio en 2015 declarados por ACS, propiciarían más de una charla con Florentino Pérez, que podría servir, de paso, para convencerle de la necesidad social de que dedicara a actuaciones conjuntas los casi 60 millones de euros de beneficio que prevé en la temporada actual ese gran club que lleva el nombre de la ciudad por el mundo y, de paso, que tome ejemplo de equipos más modestos que no necesitan fichar a atletas de museo que cobran como dioses para divertir al personal.

¿Líneas de futuro para la ciudad? Creo que nadie como el Ayuntamiento con mayor poder de convocatoria como para reunir a un grupo de analistas, empresarios, profesores, economistas, informadores, etc., para que debatan sobre el impulso conveniente a la ciudad. La Universidad sería uno de esos ejes, en efecto, aunque hay que revisar tanto la composición como los resultados de su Consejo Económico Social. Queremos ver sus conclusiones.

La CEOE sería otro eje de aportación de iniciativas e ideas: hay que estudiar, con decisión y transparencia, qué se imaginan como desarrollo para Madrid: ¿más restaurantes? ¿espacio para zonas comerciales y de ocio? ¿intensificación en la formación en fontanería, cocina y jardinería? ¿aumento de la productividad laboral con incremento de la amenaza al despido?…tal vez…¿ayudas a la rehabilitación energética de edificios? ¿inversiones públicas de apoyo a los sectores en situación delicada? ¿mayores incentivos a la investigación aplicada?

Mi propuesta es mucho más sencilla: transparencia y honestidad ante los demás agentes sociales.

No faltarán bancarios a las  reuniones: ellos deben saber dónde circula el dinero y a qué huele. Ni, claro, dejarán de estar invitados: asociaciones de vecinos y padres, ni representantes de partidos políticos, ni empresarios autónomos, portavoces de colegios profesionales, responsables de enseñanza pública y privada, gerentes de Hospitales, responsables de oficinas de desarrollo local y de empleo, etc.,

Me apunto, si me lo permite. Y, si no molesta a nadie, me apunto también para invitar, si nadie quiere hacerlo, eso sí, amablemente, a que ceda su sitio a otro, si alguno de los convocados en primer lugar no aporta nada, y solo se contenta con calentar su silla y tomar notas.

Necesitamos gentes que, en el plato común de los huevos con chorizo, aporten tanto un ingrediente como otro, aunque merecen mucho más respeto los que entreguen parte de su esencia, se comprometan.

Tambié le doy una pista de por dónde van a ir los tiros del futuro, aunque seguro que pensó Vd. o alguien de su equipo más de una vez en ello.

No son buenas noticias. Habrá más necesidades y será cada vez más difícil sostener el estado de bienestar. Qué digo: imposible. Habrá menos trabajo a repartir, de más cualificación y más apuntados a los beneficios sociales. El número de empleos destinados al servicio asistencial o de terceros dependerá, exclusivamente, de la fortaleza y cuantía de los empleos de alto nivel.

Madrid precisará, por tanto, conectarse -de verdad, no de mentirijillas, desarrollando toda una red de interacción- con la élite mundial del desarrollo tecnológico (en biomedicina, en nuevos materiales, en robótica, aviónica, farmacia, biotécnica, etc.) o no será más que una ciudad en rápido retroceso y con graves tensiones sociales.

Confío bastante en la Universidad y en la colaboración con las empresas, si bien dándole un giro sustancial. Tan sustancial que o se consigue incorporar como catedráticos y profesores a gentes con verdadera experiencia empresarial, aunque no sean doctores ni hayan tenido currículum docente, o la Universidad no saldrá de su círculo vicioso.

Hay que conseguir que los egresados universitarios sepan cómo crear empresas. Las tesis doctorales han de tener aplicación práctica, no responder a una reproducción harto endogámica y sin destino extraacadémico. En este sentido de activación, me parece notable el modelo de la Politécnica de Catalunya. ¿Lo conoce?.

No niego que en Madrid seguirá habiendo un hueco para la sociedad de servicios, y se mantendrá, en competencia dura, como foco turístico (sobre todo, interior), pero…el espacio para esas actividades tiene una tendencia de cuarto menguante.

Me alegra haberla conocido, alcaldesa. Sí, ahora que lo pienso, también estoy muy satisfecho de ser como soy.

Angel, un ciudadano de Madrid

 

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Quinta carta a Manuela Carmena, alcaldesa de Madrid

9 junio, 2016 By amarias 1 comentario

Alcaldesa,

Si por casualidad leyera esta carta, seguramente será la que le resulte menos agradable. No tanto porque a Vd., a la que supongo curada de espantos y de llantos, vaya a molestarle, sino porque imagino molestará a algunos miembros de su Corporación y a parte de los funcionarios y del personal empleado del Ayuntamiento.

No pretendo, sin embargo, ofender. Escribo desde lo que observo y, como nunca tuve un cargo en el Ayuntamiento de Madrid, que me posibilitara conocer y, tal vez mejor comprender su funcionamiento desde dentro, puede que esté total o parcialmente equivocado. En tal caso, -que solo dejo abierto en beneficio de la duda que debe asistir a todo el que sea juzgado y, especialmente, por la protección que merece quien es destinatario genérico de deducciones y presunciones ocasionales -, el problema estaría repartido entre la torpe visión del ojo que percibe, como en la falta de claridad con que muestra su eficacia quien está obligado, por su posición al servicio de los demás o garante de ella, a ser intachable.

Tratándose de servicios públicos, el oscurantismo es falta lamentable, ya que conduce a errores, elucubraciones y torpes deducciones del que juzga u opina, y sume en la intranquilidad al que es administrado. En particular, a este último, al que se le hurta información imprescindible, no solo sufre las consecuencias, sino que paga por un servicio cuyo nivel de eficacia real en relación con lo que le cuesta no tiene elementos para valorar, pues ignora si se está despilfarrando el gasto o si la calidad sería mejorable.

Todo esto es pura teoría. Dirigir un Ayuntamiento como el de Madrid es tema tan complejo que exigiría una formación y experiencia gerenciales de las que pocos dispondrían y de la que, no se ofenda, Vd. no dispone. No es grave. Tampoco se la concedo a sus antecesores. Todos ellos, y allá va Vd. por tanto, han debido contentarse con actuaciones puntuales hacia dentro y se concentraron en exhibiciones hacia fuera: actos públicos, inauguraciones, discursos más o menos rimbombantes, etc.

Un caldo de cultivo excelente para que los equipos de personal adquieran comportamientos y vicios propios, para que el análisis de las funciones y cometidos de los servicios se enfoque más desde la teoría o la analogía con otros municipios que desde la eficacia.

No le voy a descubrir nada nuevo si afirmo rotundamente que Vd. ha heredado un Ayuntamiento con focos abiertos de corrupción, bolsas importantes de ineficacia y, también, con asignaciones de personal en diferentes secciones o capítulos de actividad que no están basados en objetivos o funciones. Madrid no es la capital de la incompetencia hispana, pero sí concentra más por metro cuadro por simples efectos de su tamaño.

Hay tradición de la falta de transparencia y la impunidad acerca de lo que se cuece en las Administraciones públicas y, especialmente, en las locales, en la que se reparten favores -desde contrataciones de personal o servicios, hasta la confección de planes urbanos a medida de intereses particulares,  recalificaciones urbanísticas, asignación de zonas verdes y equipamientos, etc.- que no están o no se vieron sometidos a las intervenciones que hubieran sido imprescindibles. ¿Lo dejamos así? ¿Va a favorecer a algunos en detrimento de otros, vengan de donde vengan, incluidos los que la apoyaron?

Vaya, vaya. Presiento que algunos se han levantado airados de sus asientos para acercarse a darme un coscorrón y alegar que estoy muy, pero que muy equivocado, porque la corrupción y las corruptelas se concentran en el ala derecha del espectro ideológico.

Pues no me lo creo. La corrupción surge allí donde se le deja oportunidad, y no tiene marca política, pues surge de una de las debilidades de lo humano cuando no se siente vigilada. Ante todo, aclaro que no estoy acusando concretamente a nadie; como abogado, me tiento la ropa antes de apuntar sin fundamentos seguros a personas determinadas, tomando como precaria  para las conclusiones, informaciones obtenidas solo de algún proceso u episodio concretos, y por tanto, sesgadas, o de comentarios entre amigos, más o menos de café.

Pero bastaría pasearse con tranquilidad por las calles de la ciudad para percibir vestigios de corrupción, que, como fósiles en la geología, han dejado su huella para que el investigador saque sus deducciones. No se han cumplido los diversos Planes de Ordenación Urbana y no se están cumpliendo: hay flagrantes situaciones que han causado la disparidad de alineaciones de alturas en edificios de la misma calle o manzana, se han demolido edificios singulares a cambio de una torpe placa recordatoria, hay feas fachadas suplantando allí donde había artísticas terminaciones….

Más, y para no volar alto: se están realizando multitud de obras de reforma de interiores de edificios, locales comerciales, clínicas, casas particulares -detectables incluso por contenedores en la vía pública en la que se amontonan restos de tabiquería, junto a los más variados enseres- que apostaría que se hacen de tapadillo, mintiendo sobre la cuantía y carácter de las mismas y, a lo que parece, en su mayoría por personal extranjero, por lo que me permito, además, dudar de la legalidad de la situación laboral y residencial de la mano de obra ejecutante, de la honestidad de los funcionarios e inspectores de obra que han visado y revisado las obras..

Veo junto a clubs y otros locales de alterne (¿vamos a seguir admitiendo que la prostitución no se puede prohibir?), restaurantes, zonas de ocio y comerciales, colegios públicos y privados, establecimientos bancarios, clínicas, etc., (estén señalados con prohibición de aparcar o no), vehículos atascando el tráfico en doble y hasta en triple fila; no será la primera vez que observo cómo pasan ante ellos diligentemente, solo que de largo, agentes de la policía. Tampoco seré yo el único que ha detectado unas cuantas veces, más vehículos de policía o Samur de los que puedo contar con una mano, ocupando calle y aceras…sin que se haya producido accidente alguno ni nada que oficialmente lo justifique…tal vez estarán sus ocupantes tomando el aperitivo, visitando a un amigo, o haciendo las compras para la semana.

No tengo nada contra la policía municipal, ni menos para los bomberos o el Samur. Al contrario, puedo dar muchos más ejemplos de su comportamiento eficiente. Las muestras de botón no dan para hacer una camisa, pero son parte de la imagen, y el ser humano se guía por excepciones, que son las que hay que cuidar. Tampoco tengo porqué ser crítico con esas colas de funcionarios fichando para disfrutar. simultáneamente, de su pausa de bocadillo, o esas largas bancadas de personal y mesas vacías, que nos encontramos los visitantes cuando penetramos en los entresijos de cualquier dependencia municipal…Alguien los controlará, ¿verdad? ¿o no?.

La multitud de grafittis, letreros (no todos son reivindicativos: muchos ofensivos y obscenos) que ensucian edificios singulares, fachadas, cierres comerciales, escaparates, vehículos públicos, estaciones de metro, etc., demuestran dos cosas: que existe un núcleo nada despreciable de imbéciles en esta ciudad -provistos de herramental adecuado para plasmar sus necedades sobre las propiedades ajenas, ya sean públicas como privadas- y que no hay vigilancia ni sanción suficientes. ¿Es tan difícil identificar a esas manos pintoras? ¿No son siempre los mismos?

Ya ve que su corporación no tiene por qué sentirse culpable de casi nada de lo que enumero: es una herencia enquistada en la ciudad y en sus comportamientos adquiridos, y Vds. solo llevan un año. ¿Poco tiempo? Para cambiarlo, tal vez, para detectarlo y empezar a corregirlo, no.

Y no voy a mirar solamente hacia un lado: esta ciudad tiene miles de cierres de terraza realizados a la Buenadedios, supongo que para aumentar la utilización de las viviendas más allá del volumen edificable autorizado; miles de marquesinas que interrumpen, sin sentido, el tráfico peatonal; miles de señales de pintura sobre las aceras y calles, anunciando, desde hace años, que alguna misión especial ha marcado de este modo, las irregularidades las tapas de alcantarillado, en los accesos a las redes públicas, y faltas de alineación, baldosas rotas, agujeros en las calzadas, etc.; no hay dinero, pero ¿es ésa sola la razón? ¿existe un plan para corregirlas?

He presentado, ante mi constatación de diversas irregularidades y riesgos para la seguridad de personas y cosas, peticiones de inspección concretas -me preocupa especialmente el tránsito de mercancías peligrosas por la ciudad y los depósitos de gases licuados y líquidos inflamables-, que han tenido como respuesta, el silencio, la pérdida de los expedientes, o contestaciones de salida de pie de banco. Si soy el único ante el cual se comportan así algunos funcionarios, he tenido muy mala suerte, sino soy el único, como tengo la seguridad, habrá que reforzar las inspecciones internas y detectar qué está pasando y obrar en consecuencia.

No le pongo más ejemplos, porque no voy a entrar en detalles, incluso aunque me los pidiera Vd. personalmente. No tengo vocación de pertenecer a la reinvención de una Stasi local. Quede dicho que, junto a una mayoría de empleados que son o quieren ser eficientes y se muestran solícitos ante las demandas del ciudadano (también me pregunto por qué, en algunos casos, algunos de ellos me han animado a presentar denuncias y solicitar reiteradamente entrevistas con concejales de distrito y otros responsables), hay núcleos oscuros.

«Como en todas las organizaciones», se me dirá, pero estoy hablando de la que Vd. ahora dirige, y en un momento en el que quiere/queremos dar la vuelta a muchas cosas. En mi caso, como también estoy convencido en el suyo, de forma razonable, ordenada y pacífica. Tenemos una trayectoria personal que, cada uno en relación con las responsabilidades que hemos tenido en nuestra vida -ya en su fase final- nos avala. Hago votos porque Vd. pueda contener los impulsos de los «mozos y mozas del martillo» que figuran en su equipo improvisado.

Voy a volver aquí, aunque no corresponda plenamente con el resto de lo expresado en esta carta, con el asunto clave de la actividad económica y empleo de Madrid.  Ya le comenté que los 25.000 empleados del Ayuntamiento, con sus nóminas, suponen una importante inyección al consumo de esta ciudad, obviamente orientada hacia el apoyo indirecto al comercio, la restauración o el ocio. Necesitamos disponer de un mapa concreto de la distribución de actividad en Madrid, de los empleos que se generan por ellas, y de sus perspectivas de crecimiento. Se más de Londres, París, Dusseldorf, Copenhague u Oslo (por ejemplo) que de Madrid.

Me gustaría conocer exactamente cuántas viviendas en Madrid son de alquiler o habitadas por sus propietarios y, de éstas, cuántas están sujetas al pago de hipotecas. Hace diez años apenas era muy sencillo conseguir una hipoteca por el cien por cien del valor (entonces) de una de ellas, a devolver en treinta años. Hoy, esas viviendas valen incluso menos que lo que resta de los créditos y muchos de sus propietarios han visto reducidas sus capacidades económicas. Pagarán mientras puedan, pero si no mejora la situación económica y suben los intereses, no podrán.

Para los propietarios, por otra parte, las pérdidas patrimoniales han sido de más del 40% y los rendimientos por el capital aportado -si las tienen ya abonadas en su totalidad-, las tengan alquiladas a terceros o las ocupen directamente, son negativos. Antes de castigar a los propietarios de viviendas que constituyen su único patrimonio o la mayoría de él, con subidas de ibi, que alguien haga un estudio serio sobre lo que significa y a quién está perjudicando. Lo mismo sirve para la tentadora idea de subir las tasas por vehículos, aumentar las multas, incrementar los espacios de estacionamiento limitado, etc. Cualquier medida recaudatoria solo debe ser aprobada después de haber analizado su repercusión social.

Y si quiere hacerme caso, solamente en algo, además de escuchar las voces de las asambleas de vecinos, de atender a las reclamaciones de okupas, de defender la  actuación de titiriteros, de asistir a actos de toda índole sin que alguien le establezca claramente la repercusión de su asistencia a ellos (cambiar horas de análisis, supervisión y control por imagen y relaciones), de ofrecer su visibilidad aquí y allá con sonrisa de abuelita comprensiva (que me gusta como marca de identidad, pero me inquieta cuando la veo entre lobos), etc. etc., entretenga algo de su tiempo en seleccionar un equipo de ciudadanos que, gratis et amore, utilizando su experiencia y capacidad, le orienten sobre cómo seleccionar las prioridades.

Puede no hacerles caso, porque ese es su derecho -para algo es la alcaldesa- pero, al menos, que lo hayamos intentado.

Tenga un buen día,

Angel, un ciudadano de Madrid.

 

 

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Cuarta carta a Manuela Carmena, alcaldesa de Madrid

8 junio, 2016 By amarias 1 comentario

Alcaldesa,

No me la puedo imaginar leyendo las 327 páginas de la Memoria e Informe Económico-Financiero del Proyecto Presupuesto General Ayuntamiento de Madrid 2016, y no es porque albergue dudas sobre su capacidad intelectual o de trabajo, al contrario. Solo que hay documentos que, por su naturaleza y extensión, parecerían destinados a ocupar directamente un lugar en las estanterías y , fuera de sus autores y algunos especialistas en hurgar en datos y cifras, no serán muchos los esforzados que les saquen utilidad y rendimiento.

Una Memoria y un Presupuesto anual son, ante todo, una propuesta de actividades y, una vez aprobado, un documento de trabajo. Para la ciudadanía interesada, hubiera sido aconsejable que sus autores hubieran hecho un Resumen Ejecutivo. Supongo que un documento de ese tipo sería el que se sometió a su revisión, el que recogió sus directrices generales -si las hubo- y alcanzó su plácet.

Como no he encontrado en la red telemática un Resumen del Presupuesto del Ayuntamiento, voy a dedicar esta carta a realizar una breve reseña de lo más significativo, en mi opinión, como paso previo para extraer algunas consecuencias y, tal vez, sugerir ciertas indicaciones pragmáticas. Vaya por delante mi felicitación a la Corporación por la voluntad de transparencia, como demuestra, de por sí, la posibilidad de acceder íntegramente al documento.

La previsión de Gastos para 2016 del Ayuntamiento de Madrid es de aprox. 4.500 Mill. de euros. Hay una disminución de 340 Mill. por «inversiones reales» y una partida de 600 Mill. por»pasivos financieros» a las que convendría dedicar más tiempo de análisis. Pero me quedo con lo que me parece más significativo: los Gastos de personal ocupan 1.150 Mill. de euros (es decir, la cuarta parte), y los Gastos corrientes en bienes y servicios, llegan a los 1.600 Mill. Entre ambas partidas, pues, se llevan más del 60% del gasto.

El Ayuntamiento es una gran empresa madrileña. Tiene una plantilla de 25.410 personas, y si se añade la de los organismos autónomos adscritos a su estructura (3.260) se llega a los 28.669 puestos de trabajo. Un potencial tremendo, al que hay que asignar funciones correctas, estimular, controlar. Una fuerza difusora de energía sobre la ciudad y, si no se consiguiera convertirlos -total o parcialmente- en aliento expansivo de ilusiones, un freno, una rémora, allí donde transmitieran desánimo, desilusión, reivindicaciones incomprensibles para el resto de la ciudadanía. Por cierto, si no me equivoqué al dividir, con 45.275 euros/año de coste medio por persona, la plantilla del Ayuntamiento de Madrid está relativamente bien pagada.

Hay en la Memoria alguna obsesión con pretensiones justificadoras que se me hace duro compartir. La más áspera de engullir es la preocupación por la «feminización» de las actuaciones, y el replanteamiento de las mismas en relación con el número de hombres y mujeres asignados a cada una. Como tanto Vd. como yo venimos de una época en la que había menos puestos de trabajo total y muchas familias vivían de solo un sueldo, seguro que hemos tenido ocasión de meditar muchas veces que la incorporación de la mujer al trabajo ha supuesto, sobre todo, una ventaja para las empresas (pagan menos por cada función).

No es lugar éste para traer este asunto a discusión, aunque no me dejaré engañar por «las ventajas» de que todos trabajemos de forma asalariada. Hay que investigar aportaciones no remuneradas en dinero a la colectividad y, alcaldesa, Madrid puede encontrar ahí una forma estupenda de dar ejemplo, como una smart city (ciudad inteligente) que saque ventaja de muchos ciudadanos dispuestos a ofrecer su trabajo, su tiempo, su experiencia, a cambio de satisfacción personal y reconocimiento, no de dinero.

Pero sigo con el Presupuesto. De los diferentes Programas previstos para ejecución, se llevan la palma económica unos pocos. Son los dedicados a «personas mayores» con 250 Mill. euros (ayuda a domicilio para las 190.ooo personas en situación de dependencia, de ellos, un 50% mayores de 80 años, y en un 66%, mujeres; centros de día propios y concertados, centros residenciales, etc.); está la «limpieza viaria», que recibe una aportación de 220 Mill. euros, y las «instalaciones deportivas», a las que se aplican 115 Mill. En conjunto, se llevan 580 Mill. de euros, que es casi la mitad de lo presupuestado para los Programas en que se desagrega el Gasto (1.260 Mill. de euros en total).

En cuanto a las necesidades asistenciales para lo que se llamaba tercera edad, en la que Vd. y yo nos encontramos de hoz y coz, las perspectivas son fáciles de proyectar. El 20,5 por ciento de la población de Madrid (650.000 personas) tiene hoy más de 65 años; y, como podría decir un vendedor de alarmas, «y creciendo».

Poca atención parecen merecer, lo que me sorprende, incluso en una situación restrictiva de gasto, pero dada la grave crisis de empleo, las «políticas activas de empleo municipales». Están dotadas con algo menos de 30 Mill. de euros, que se destinan a cursos de formación. Visto así, y dado que no me creo nada (o muy poco) de las ventajas de formar a la trágala a grupos de desempleados, habrá que felicitarse de que el despilfarro no sean mayor.

Según recoge la Memoria que me estoy permitiendo despiezar, los nuevos contratos laborales registrados de junio de 2014 a junio de 2015 fueron, de manera casi exclusiva, temporales y precarios: camareros y camareras (143.000), peones de transporte (conductores de furgonetas de reparto?) (28.000) y mujeres de la limpieza (sic) (76.000). Paupérrimo balance. En cuanto a indefinidos, se han generado 24.000 empleos en el servicio doméstico, 20.000 puestos de camareros y 6.500 para vendedores. Si alguien no quiere ver hacia dónde vamos, está ciego.

En mi opinión, las mejores políticas de empleo son las que difunden oportunidades empresariales, información estructurada de sectores, líneas de crecimiento económico y de formación de largo alcance, que se desea estimular desde las Administraciones. Siempre, elegidos en cooperación con los sectores empresariales, los centros de formación oficiales y los representante sociales (partidos políticos, representaciones vecinales, ONGs, etc.). Hablar cuesta menos y tiene un efecto multiplicador muy grande.

El Programa de inclusión social previsto pretende evitar, según dice, entre otros riesgos, la «feminización de la pobreza». Atenderá a algo más de 18.ooo personas, con ayudas que se concentran en apoyos económicos de emergencia, o asignaciones periódicas a mujeres en necesidad. Escasa dotación económica para un problema que parece detectado y en expansión.

El desglose en Programas del gasto puede hacer incurrir en el error de no atender a los conceptos concretos en que se distribuye éste. Por ejemplo, al importante capítulo de la limpieza de la ciudad, se dedican 440 Mill. de euros, -incluyendo 190 Mill. de euros que se asignan al Programa que ya comenté antes-, pero también 135 Mill. de gestión ambiental urbana y 78 Mill. para el Parque Tecnológico de Valdemingómez.

Me gustaría haber tenido espacio para analizar más partidas, pero por dejar algo indicado respecto a los Ingresos del Ayuntamiento, expreso solamente que de los 4.500 Mill. de euros necesarios para el equilibrio presupuestario, 2.700 Mill. de euros (el 60%) son tributarios (y de ellos, el 84%, impuestos directos). Solo que no es cuestión de dejar tratado un tema tan importante con solo una pincelada, por lo que habrá otra carta en la que volveré sobre este asunto y conexos.

Tenga un buen día,

Angel, un ciudadano de Madrid

 

Publicado en: Actualidad Etiquetado como: alcaldesa, carta, Madrid, presupuesto

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