Al socaire

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Vergüenzas públicas, beneficios privados

16 septiembre, 2015 By amarias Deja un comentario

globalización y compromiso
globalización y compromiso @angelarias, 2010

Todos admitimos que de la teoría a la práctica hay un gran trecho, que, en no pocas ocasiones, se convierte en un abismo. Cuando se trata de hacer declaraciones de propósitos, particularmente en política, las promesas invaden el discurso; no se atiende, en general, a los costes, y se detiene la perorata en los propósitos que, alcanzado el poder, tienen alta probabilidad de ser incumplidos.

De entre todo el argumentario internacional, hay dos temas que, en mi opinión, representan lamentablemente bien esta dicotomía perversa. Están imbricados, en realidad: derecho internacional y globalización. Ambos conceptos se han convertido en un recurso dialéctico estupendo para sepultar las buenas intenciones nominales entre los oscuros intereses particulares. Se habla, por ello, de un mundo global y del imperio de la ley y del derecho, como si se tratara de cuestiones admitidas por todos, y, en especial, por los gobernantes de los estados más poderosos de la Tierra.

Y no es así, y, por supuesto, la Historia reciente nos proporciona continuamente ejemplos, por lo que no es preciso recurrir a lo que otros nos han contado. El caso de Siria se está convirtiendo en paradigmático. Desde hace cinco años -escribo ésto en septiembre de 2015- el país está inmerso en una «tremenda guerra civil», que empezó siendo algo parecido a una revuelta callejera, aprovechando la mecha ilusoria de la llamada «primavera árabe», desde la fontanería occidental.

Resulta incalificable que lo que, en un primer momento, movilizó a Estados Unidos y a Europa para apoyar el derrocamiento de Yasser Al-Assad, caracterizado con ligereza pero con interés económico, como un dictador impresentable, y presentando su eliminación de la escena política (y hasta del mundo de los vivos) como un objetivo similar a los de Sadan Husein, o Gadafi, se haya trocado ahora en un maremágnum experimental.

Porque como experimento cabe caracterizar el que dentro de Siria, se haya consentido la formación de un conflicto armado virulento entre el ejército islámico heredero de AlQueda, que busca conquistar territorio y los defensores del estado sirio, parapetados en torno a la legitimidad democrática del último Al-Assad. Ambos grupos contendientes, con armas proporcionadas por las potencias europeas, Rusia y Estados Unidos, pueden pretender que se está librando una guerra civil, pero la realidad es que la población civil es sufridora de las consecuencias del conflicto, del que nada puede obtener, más que dolor y miseria.

Siria era un país de 20 millones de habitantes, próspero según todos los indicadores, con elevado nivel cultural y buenas universidades. De pronto, la Unión Europea parece descubrir lo que está pasando, cuando siente la presión de una imprevista oleada de migrantes sirios, que no para de crecer. Pueden ser quinientos mil, y llegarán a ser -¿se teme?-millones. Jordania ya ha acogido/absorbido a más de un millón de desplazados (no solo sirios), por ejemplo.

Hemos estados escuchando, supongo que atónitos, discursos lamentables por parte de los responsables de países europeos respecto a los riesgos de recoger a una cuota excesiva de estos desplazados que se han ido acumulando en las fronteras de la Unión Europea. Responsables de la gestión de sus Estados -también en el campo internacional, puesto que la política exterior de esta agrupación es, como se sabe, incoherente- que han estado haciendo alarde en los discursos anteriores de la voluntad de hacer del organismo el modelo y paladín avanzado de la globalidad, guía para el entendimiento entre los pueblos, y, en fin, ejemplo en la aplicación del derecho internacional, incluido la repulsa activa al genocidio y el asilo humanitario.

En la plasmación práctica, se discute con vehemencia el reparto de migrantes entre países, se han asignado cuotas, se han aceptado exclusiones, se toleran tratamientos vejatorios, se ignora o desprecia a los sufrientes, reduciéndolo todo a una traducción en cifras -como si se tratara de ganado, bienes o perjuicios-.

Alguien ha hablado -¿pretendiendo convencer a los reacios?- de las «ventajas para la economía» de incorporar a asilados de tal o cual cualificación y otros se han atrevido, ya que no a cerrar sus fronteras con concertinas (1) o emitir prohibiciones drásticas (que todo ha valido), a imponer restricciones a la ideología de los que pueden acogerse.

Esta historia solo está empezando, y desconozco el final. Me vienen, persistentes, a la memoria, los versos de un poeta demasiado olvidado, que influyó en el perfeccionamiento anímico de varios poetas de mi generación, y del que, en su momento, leí mucho. Se llamó Gabino Alejandro-Carriedo. Así terminaba un relato dramático: «Estoy roto de llorar, y no sé qué hacer».

(El dibujo, de pequeño formato, sin título, está realizado con otra ocasión: Una mujer lleva sobre su hombro, el espectro de un niño negro; en el fondo, en una barca neumática se atisban varias sombras. Por la dirección de la proa, debemos caer en la cuenta, de pronto, que se están yendo de la escena. ¡Somos nosotros!.  @angelmanuelarias, 2010)

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(1) Nombre de resonancias musicales para una riestra de navajas o cuchillas que tiene por objetivo acallar las conciencias de los que las ponen y toleran y generar ayes de dolor a los que las ven como una muralla que deben franquear para alcanzar una supuesta vida mejor.

Publicado en: Sin categoría Etiquetado como: angel arias, cuotas, emigración, Jordania, migrantes, Siria, Unión europea, Yasser Al Assad

El Espejo / Der Spiegel

15 septiembre, 2015 By amarias Deja un comentario

der spiegel

Der (Dä) Spiegel es el nombre de un local de copas que, por lo que acabo de comprobar en internet, subsiste desde hace más de 40 años en la Alt Stadt -la zona antigua, el down town- de Düsseldorf. En 1980, cuando yo aún vivía en esa ciudad alemana, realicé este apunte a la acuarela, con el que intenté reflejar el ambiente de emociones que se percibía en aquel sitio de alterne.

No era Carnaval, por lo que recuerdo bien, aunque algunos de los personajes caricaturizados que el paso del tiempo ha petrificado en el dibujo, se representan parcialmente disfrazados o disimulando sus rostros con pinturas de guerra, en la eterna batalla sexual y sensorial de los encantos. Yo mismo, constituido en observador (más o menos)  impertérrito, aparezco a la derecha de la imagen, tan joven como era entonces, embutido en la cazadora de piel de asno con la que me protegería del frío invernal y con el ojo visible aderezado con la estrella de quien no quiere comprometerse.

Por aquellos tiempos, así en la tierra como en el cielo, en Madrid como en Düsseldorf y seguramente en Nueva York como en Constantinopla, al salir de las tareas cotidianas remuneradas, las gentes del bien vivir se tomaban unas copas en algún lugar de moda, e intercambiaban miradas, insinuaciones y direcciones concretas, con los objetivos establecidos por el ritmo mundial de afectos y desafectos al que los humanos nos acompasamos.

Nada cambió, en lo sustancial. Las circunstancias pueden parecer otras, si bien los impulsos que movilizan a otras generaciones, no modificaron su cadencia. Tal vez, como sucedió en Der Spiegel, ahora el nombre de los locales de alterne, si aún subsisten, sufriría un cambio menor: Dä Spiegel, acercándose con ello a lo que parece coloquial, y, por tanto, más próximo.

Pero, sobre las ruinas de los lugares caídos, se levantan nuevos monumentos con la intención de propiciar encuentros placenteros, con los ánimos aderezados con algunas copas que venzan, por algún instante, la resistencia pasiva a volver a ser uno mismo, antes de retornar a la casa tranquila y al inestable sosiego de saberse no expuesto, detrás de las persianas.

En los locales de moda de las ciudades europeas, el observador -involucrado o no- constataría, si así le pete, que los ambientes adecuados siguen impregnados de la misma esencia, ese aroma a flirteo con objetivo sensorial, que puede o no desembocar, según se tercie, en triunfo de dos en las alcobas. «Es inútil fingir, todo dios sabe, lo impregnado que de sexo está el ambiente», escribí como comienzo de un poema. («Absueltos de todo don»)

Así que, en todo lugar, con trastabilleo sobre la mesa, canciones melódicas en picúp o música en vivo, con vasetes de vino bocholés peleón, claras con lima, yín tónic o combinados más sofisticados, El Espejo y todos los espejos del mundo siguen reflejando una misma situación, porque es sempiterna: la imagen del yo vuelta desde el otro. Allí se ven, a uno y otro lado, las soledades que se encuentran o se repelen, se retuercen, se untan, se embadurnan de nostalgias y apetencias, buscando compaginarse y se alargan hasta llegar a tocar con la lengua de la curiosidad, el fondo de la soledad del otro.

Y ese dibujo sobre el que se han acumulado ya casi cuatro décadas, (que, evidentemente, me sigue gustando), mantiene , por ello, la vigencia de representar la cadena sin fin de las vidas puestas en común, con sutiles diferencias, y los rostros e intenciones, ocultos sin gran éxito, tras la máscara de la convivencia anodina, tranquila, sosegada. Y que estallará cuando menos se espera.

Publicado en: Sin categoría Etiquetado como: convivencia, Der Spiegel, El espejo, máscara

De blunt to smart city, una guía para dummies (2)

1 mayo, 2015 By amarias Deja un comentario

Existen multitud de clasificaciones de ciudades pretendidamente Smart, puesto que, como sucede con el concepto de la enigmáticamente llamada «responsabilidad social corporativa», una vez que alguien pone en circulación un vocablo o combinación de palabras que arraiga como término positivo, todos los responsables munícipes se apuntan a la moda.

En Europa, por ejemplo, en 2013, encontró cierta difusión una clasificación que alineaba las diez ciudades más Smart, encabezadas por Copenhague, que suele ocupar -como casi todas las cosas que provienen de los daneses- el primer lugar de forma sistemática.

Copenhague ha conseguido una reputación de ciudad verde de primera categoría en el mundo. Fue seleccionada como Capital Verde Europea en 2014, y también ocupa el primer lugar del Indice Siemens de ciudades verdes. La huella de carbono de la ciudad (menos de 2 t/persona) es una de las más bajas del mundo, y aspira a alcanzar la compensación total en 2015, proponiendo objetivos realmente ambiciosos, como la implantación de índices severos de eficiencia energética, normativa para que todos los nuevos edificios sean neutros en la producción de carbono equivalente antes de 2010, aumentando poderosamente la accesibilidad, impulsando el uso de la bicicleta (casi el 40% de los desplazamientos se realizan por este medio).

La ciudad ha firmado un protocolo con la MIT para desarrollar un tipo de bicicleta «inteligente» provista de sensores que sean capaces de proporcionar información en tiempo real a los supervisores para poder hacer la integración de la contaminación del aire y de la congestión del tráfico.

Ámsterdam es otra ciudad que apoya el uso de la bicicleta, hasta el punto que cuando se habla de congestión del tráfico, se refiere más bien a este vehículo que al automóvil.  La ciudad pretende ser un laboratorio urbano para la recogida e interpretación de la información, mejora de la calidad de vida y el apoyo a iniciativas particulares y públicas de proyectos Smart, desde la robotización de aparcamientos, el desarrollo de formas de producción y almacenamiento autónomas de energía, creando una red inteligente (smart grid) de interconexión entre los puntos sensibles de la ciudad

Le sigue en estas iniciativas, Viena, preocupada igualmente por la cualificación objetiva de la calidad de vida ciudadana, para lo que creó una entidad PPP (participación público-privada), que, entre otros objetivos, pretende alcanzar el que el 50% de la energía que consume provenga de fuentes renovables en 2030. Los particulares pueden comprar paneles solares, de Wien Energy, en un proyecto de crowd-funding (inversión colectiva) por el que se les garantiza una rentabilidad del 3,1% anualmente.  El municipio estimula igualmente el alquiler de bicis eléctricas y el uso de coche compartido, e incluso está remodelando las zonas residenciales con alta densidad de ocupación, premiando el que no utilicen el vehículo personal y eliminado los aparcamientos en ellas. Se está impulsando también el trabajo en las llamadas start-ups (Nuevo Distrito Marx), que aspira a llegar a los 15.000 empleos en actividades limpias y de nueva creación.

De las ciudades españolas, el lugar prominente lo ocupa, cómo no, Barcelona. El municipio ha organizado el Primer Congreso Smart Cities Expo World, por el que se pretende recoger y difundir iniciativas piloto para ciudades inteligentes, conectando ciudades preocupadas por resolver los retos que plantea el futuro desarrollo de la vida municipal. La difusión del uso de la bici, la implantación de sensores para detectar (y, por tanto, poder eliminar) el ruido, y la contaminación del aire, así como reducir la congestión de tráfico, son algunos ejemplos de estos proyectos en marcha. El distrito Barcelona’s 22@ innovation combina planificación urbana inteligente con innovación empresarial, lo que ha servido como fuente de inspiración a otras ciudades, como Boston y Buenos Aires.

Como se ve, los enfoques hacia la reducción del uso del coche propio como forma de transporte, el control de los despilfarros energéticos, del ruido y la contaminación del aire, forman los ejes de las ciudades Smart. Una clasificación por la carrera de ser ciudad con alta calidad de vida, en la que también compite Paris (Proyecto Velib, para impulsar el uso de la bici, Autolib, para apoyar el uso de coche compartido, y Startup Genome, para el apoyo al emprendimiento verde e innovador).

Estocolmo (Mejor capital verde en 2010), con el mejor ratio de empleo del metro urbano, con un aire que pasa por ser el menos contaminado del mundo (norma de la World Health Organitation) y más de 800 km de sendas propias para ciclistas, está también en el podio. La transparencia en la comunicación de datos, con base en un concepto de gobernanza digital  y empleo de tecnologías Tic, pretenden hacer de ella también, una ciudad ejemplo de calidad.

La clasificación incorpora también a Londres, Hamburgo, Berlín, Helsinki, como otras tantas ciudades que se consideran modelos de ciudad Smart.

Pero este conjunto de comentarios resultaría muy poco elaborado si me limitara a exponer unas cuantas ideas elementales acerca de los modos en que las corporaciones de las ciudades que ya eran reconocidas como lugares interesantes para vivir pretenden seguir siendo pioneras en la implantación de medidas que reduzcan la contaminación, el ruido o el consumo de energía.

Una ciudad verdaderamente Smart tiene que ofrecer mucho más y, sobre todo, ha de responder a un concepto trasvasable, proyectado hacia el futuro, y capaz de resolver a priori los problemas de la convivencia en una gran urbe: generación de trabajo suficiente, disponibilidad amplia de zonas verdes, capacidad para ofrecer relax y disfrute a sus ciudadanos, cultura, educación, distensión, etc. Por eso, mi exposición no ha hecho más que comenzar.

(continuará)

 

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Pongamos que hablo de Madrid (4)

14 abril, 2015 By amarias Deja un comentario

(Este Comentario es continuación de los tres anteriores que, preferiblemente, deberían leerse en el mismo orden en que fueron escritos)

4. Respecto a la calidad de vida.- Madrid, que, entre otras características, tiene la de ser una metrópoli sin centro, impone condicionamientos a la vida de sus habitantes que, por mi propia experiencia cuando hablo de este tema con «madrileños de toda la vida», no son siempre percibidos por claridad si no se los compara con otras referencias.

Los turistas o visitantes por trabajo u obligación que llegan a Madrid -tanto nacionales como extranjeros, pero especialmente, los primeros- figuran entre los primeros responsables de su despersonalización. Los comercios adscritos a las grandes cadenas comerciales, así como las sucursales bancarias y algunos hoteles de lujo han invadido cuatro o cinco arterias de las que rodean el centro propiamente dicho (los tramos iniciales de Serrano, Velázquez y Goya y sus inmediatas trasversales), convirtiéndolo, en lugar de desencuentro generalizado. El que va a comprar, en efecto, no tiene vista más que para el producto que se le ofrece: ropa, fundamentalmente, que, dada la gran diversidad, se probará convulsivamente, y acabará portando varias bolsas de marcas, que le servirán de impedimenta.

Los habitantes fijos de ese circuncentro de lujo, por su parte -en gran mayoría, personas de edad ya respetable que habitan los grandes pisos familiares que han quedado vacíos, anónimos bancarios, oficinistas y abogados de bufete al abrigo de un renombre-, no lo disfrutan. O van a paso ligero hasta el garaje o la boca de metro más próxima, o se dejan llevar en silla de ruedas por la sobrina soltera o el latino que es su pareja de hecho, hasta su extenso habitáculo.  La noche los convierte en espacios vacíos, solo animados por unos pocas cafeterías o restaurantes, seguramente demasiado caros para lo que ofrecen.

Por supuesto, en esta época de crisis económica, la presencia del dinero en mano atrae también a necesitados (y algunos amigos de tomar gratis lo ajeno) que flanquean en las horas de trasiego, cada diez metros, (e incluso menos), el itinerario de los transeúntes, con sus variadas peticiones de ayuda, plasmadas en carteles bastante normalizados con las, parece ser, imprescindibles faltas de ortografía.

Lo que las guías turísticas entienden por centro de Madrid, no existe. La Plaza Mayor, la Puerta del Sol, incluso las cercanías del Palacio Real, son hoy, para quienes se tomen la molestia de visitar esas zonas, reducto de malabaristas, grupos musicales improvisados, estatuarios vivientes de personajes de variado gusto (desde el malo al pésimo), cabras con boca de cáscara de coco, Mickeys y Pocoyos de gastado disfraz, falsas novias encaladas, etc., junto a algunos zombis aún vivos, agarrados a una botella de cerveza o al tetrabrik de vino, con su jauría y su petate, que podrían servir para escribir varias novelas de terror y desamor si tuvieran algún interés en contarnos sus vidas.

El antiguo centro de Madrid se parece, cada vez más, al centro promiscuo, maloliente, abigarrado, vital y colorista de una ciudad hispanoamericana. Estoy seguro de que, si fuéramos capaces de realizar un muestreo de quienes son hoy sus ocupantes, encontraríamos un levísimo porcentaje de madrileños…(hasta la alcaldía ha huido de allí, y el edificio de la Puerta del Sol sospecho que solo se usa de tarde en tarde para incómodas recepciones, en donde los coches de los invitados tienen que hacer cola por Alcalá para desocupar a sus distinguidos ocupantes).

La preocupación por hacer de Madrid una ciudad amigable para los que poseen minusvalías físicas, debe haber sido plasmada en varios documentos oficiales, pero ha tenido poca repercusión efectiva. Para empezar, son varias las estaciones de metro -¡incluso las de las terminales de tren de Chamartín o Atocha!- que disponen de una vía de acceso que no sean las escaleras, y ni siquiera mecánicas, en algunos tramos. Es lamentable tener que ver a los viajeros cargando sus maletas, dando golpes con ellas por los desmochados peldaños, a madres con sus cochecitos de bebé a cuestas propias de ocasionales benefactores, etc. y, desde luego, no se encontrará, a minusválidos en la mayoría de los trayectos del suburbano.

¿La vialidad peatonal mejora en superficie? No creo que quepa mucha ilusión al respecto. Madrid moderna está hecha pensando en el automóvil. Obstáculos de variada categoría interceptan el camino del transeúnte: paneles supuestamente informativos que se imponen ante nuestras narices; farolas a mitad de acera; estrechamientos del camino que obligan, si se va con un carrito de la compra, o de bebé, a bajar a la calle. Si alguien tuviera que trasladarse en coche de minusválido, las dificultades serían, en ciertas zonas, insalvables. La paradoja esquizofrénica es que se obliga a los particulares a soportar medidas de facilitación del acceso a personas con minusvalía y ancianos, cuando los poderes públicos se muestran ineficientes en cumplir con la norma. Incluso en clínicas y hospitales.

Pero no quiero desviarme del interés en lanzar otro mensaje. Madrid se ha convertido en una sociedad dual, peligrosamente dual. Hay zonas para los más holgados económicamente, y barrios marginales. Sitios elegantes, caros, para ver y dejarse ver por quienes tienen un buen empleo y están ajenos a preocupaciones económicas (propias y, sobre todo, de los demás), y quienes se afanan en sobrevivir.

Reconozco que la vitalidad de esas zonas más empobrecidas de Madrid es muy superior. Los barrios de Tetuán, de la Arganzuela, Carabanchel, La Latina, por ejemplo, están vivos, bullen. Un barrio de acomodados que también posee efervescencia, propia y por su comercio, es el de Chueca. En esos ámbitos, por esas calles y mercados, atisbo el Madrid que pudo ser, los Madrides que deben ser, en torno a un espacio de convivencia abierto, de conocimiento recíproco, de respeto y amistad por el otro.

Fuera de estos escasos lugares en los que aún se ve vida citadina, hay páramo, grandes edificios aislados entre calles muy anchas, con poco comercio de cercanías, y habitantes que consumen su vida yendo del trabajo (cuando lo tienen) a casa, y que solo salen a calle para bajar la basura o ver un partido de fútbol en el bar con televisión por cable y de pago. Pero sobre los recovecos del dinamismo de Madrid habrá que extenderse en otra entrega.

(continuará)

 

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Pongamos que hablo de Madrid (1)

11 abril, 2015 By amarias Deja un comentario

Madrid no es la ciudad en donde nací, pero sí donde vivo, desde hace más de veinte años. Hay cosas que echo de menos y que no se pueden corregir (relativas al paisaje y al paisanaje), y otras que valoro en lo más alto (relativas al paisaje y al paisanaje). Sin embargo, y puesto que estamos nuevamente en período electoral, esta es mi modesta contribución -para ser valorada por quien corresponda- respecto a lo que no funciona bien, y puede cambiarse a mejor:

1. Respecto a la limpieza. Madrid no es una ciudad sucia, pero no está limpia. Las razones no hay que buscarlas únicamente en las empresas concesionarias de la recogida de residuos -una de las tasas más caras de España-, sino en el comportamiento ciudadano:

-hay una proliferación de perros, productores al aire libre de miles de deposiciones (pises y cacas), que, debido a la preferencia de sus propietarios de pasearlos de noche, en donde se amparan en la nocturnidad y la presunta alevosía para abandonar sus excrementos sin recogerlos, se amontonan en alcorques, zonas verdes, parques infantiles, y, por supuesto, en las aceras.

-hay una pandilla de grafitteros, posibles delincuentes -y, en todo caso, destructores de la estética urbana y penalizadores de la economía de probos propietarios de comercio, cuando no gamberros iconoclastas de patrimonio nacional o local- a los que no se qué deformación de la sensibilidad artística ha permitido autoconsiderarse artistas, ensucia con sus aberraciones creativas, cierres de tiendas, ventanas de escaparates, vehículos, puentes y pasarelas, muros, monumentos, etc.

-proliferan fumadores guarros que han encontrado en los alcorques los ceniceros inadecuados, pero útiles, en donde depositan sus colillas y cerillas, acumulación que es de ver especialmente junto a hospitales, cines, restaurantes y bares, etc.-

-no se ha controlado el mal uso de los contenedores para recogida separativa que, además de estar sistemáticamente mal utilizados en sí, sirven como puntos de referencia para que ciudadanos sin respeto alguno por los demás, los utilicen para abandonar junto a ellos, electrodomésticos viejos, muebles destartalados, espejos rotos, etc., sin olvidar a aquellos inadaptados que, incapaces a lo que parece de doblar los cartones adecuadamente para introducirlos por la bocana del contenedor, los dejan al desgaire, formando montón, a su lado, incluso ocupando la calle.

-Aunque ignoro la razón, se permite que decenas de furgonetas de recolectores salvajes (en el sentido de no autorizados, supongo- abran las bolsas de basura, vacíen los contenedores como les pete, para llenar las cajas abiertas de sus vehículos, avanzando a toda velocidad por las calles, especialmente, las céntricas y en las proximidades de comercios.

(continuará).

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¿Una ley contra el blanqueo de capitales?

27 marzo, 2015 By amarias 1 comentario

Usted habrá recibido una o varias cartas de las entidades financieras con las que trabaja (es un decir), advirtiéndole de que, si no entrega cierta información o actualiza sus datos, la Ley 10/2010, que deberá ser aplicada desde el primero de mayo de 2015, después de un «período de gracia» de cinco años, obligará al bloqueo de sus cuentas.

La prolija descripción de motivos, la indescifrable relación de variedad de controles y medidas a adoptar, las consecuencias gratuitas y terriblemente penalizadores para las cuentacorrentistas e inversores de buena ley que desoigan ese llamamiento, será, pues, terrible: negarles el acceso a su dinero.

Lo que la motiva es el mismo objetivo que las múltiples medidas que pretenden salvaguardar nuestra seguridad cuando viajamos en avión (en menor medida, hasta llegar a su carencia absoluta, en los demás medios de transporte): el despropósito, la desproporción entre los resultados perseguidos, las actuaciones y los medios.

No necesito bola de cristal para saber que el uno de mayo de 2015 habrá cientos de miles de depositarios que confiaron su dinero en una entidad financiera, aporreando las puertas de las oficinas y amenazando de muerte a los bancarios si es que, como parece, están dispuestos a aplicar a rajatabla la congelación de las cuentas.

Por favor, que no nos tomen el pelo quienes legislan, sin haber meditado en las consecuencias. Esa Ley es desproporcionada, inútil, aberrante. No persigue aflorar las operaciones ilegales, sino abrumarnos a los ciudadanos normales con la sensación de que se nos trata como delincuentes, de que se aprovecha cualquier excusa para desposeernos de nuestro derecho.

He recibido una carta de una de las entidades financieras en las que tengo mis pocos ahorros en la que se me insta a entregar con urgencia la fotocopia de mi carnet de identidad, o me veré privado del acceso a mi dinero. ¿A qué se está jugando? ¿Quién nos representa? ¿Qué nos mantiene tan silenciosos ante el avasallamiento continuo de nuestro derecho a que nos dejen en paz a los pacíficos, a los ciudadanos cumplidores, a los serios? ¿Alguien cree que hemos dejado de ser la inmensa mayoría?

¿Se nos está juzgando con el baremo que los que legislan no se atreven a aplicar contra ellos mismos?

 

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Usted puede ser un terrorista

27 marzo, 2015 By amarias 1 comentario

Reconozcámoslo. Las especulaciones en torno a las causas que llevaron a un avión Airbus de una compañía de bajo coste a estrellarse en los Alpes han dejado al descubierto muchas de nuestras debilidades. Colectivas, pero también individuales.

Por si aún no nos habíamos dado cuenta, queda demostrado, casi sin réplica posible, que nos hemos vuelto muy vulnerables.

Tan pronto como se difundió -fundamentalmente, a través de las redes sociales- que un aparato que hacía el vuelo entre Barcelona y Madrid se había estrellado, las televisiones y emisoras con más medios (ruego que el lector entienda el juego de palabras. en referencia a lo mediático, es decir a lo que resulta rentable) se dedicaron con ahínco a desflorar la noticia, en todas las direcciones posibles.

Exprimían nuestro morbo, nuestra ignorancia casi supina y, por supuesto, nuestro miedo al otro.

No se descarta ninguna opción, fue el mantra al que se acogieron los portavoces oficiales desde el inicio del crecimiento de la bola de nieve, mientras la rueda de la imaginación giraba, frenética.

a) Podía tratarse de un nuevo acto de terrorismo islámico. ¿No estamos permanentemente amenazados por esa fuerza oscura que consigue la inmolación de sus creyentes, llevados hasta el fanatismo, en una permanente guerra santa contra infieles, partidarios menos ortodoxos de su doctrina, religión desconocida de la que la mayoría opina, sin entender a profundidades, niveles ni matices, que «necesita un hervor», o que «es una adulteración ingenua del mensaje cristiano»?

b) Podría deberse a uh fallo técnico, porque nos han enseñado a desconfiar de todo lo que no entendemos. El avión era ya viejo (tenía 20 años), o bien que, a pesar de haber sido revisado recientemente (¡el día anterior!) no lo hubieran hecho a conciencia (¡Horror! ¿Podría haberse tratado de una inspección en Barcelona?…Por fortuna, el debate apasionante sobre el verdadero estado tecnológico intraeuropeo y sus diferencias, no llegó a abrirse, porque se indicó justo a tiempo que la revisión se había realizado en Düsseldorf. Así que la alta tecnología alemana hubiera sido la culpable de cualquier error supervisor.

c) Pero podría haber sido un fallo de concepción del modelo mismo. El Airbus, esa apuesta europea para competir con la tecnología norteamericana, quizá no estaba tan bien concebido como la práctica venía demostrando. O quizá, a pesar de la pretendida seguridad de este medio de transporte (hay que apresurarse a decir que tenían que caer un par de centenares de aviones para que empeoraran significativamente los ratios de solvencia del transporte aéreo, cuyos índices de fiabilidad parecen mantenerse firmes como rocas), convendría recordar que había algunos accidentes de Airbus provocados por fallos misteriosos.

Se añadieron otros ingredientes para mayor patetismo, mientras el reloj de los hecho ajenos se paralizaba. No había inanición en Somalia ni guerras en Sudán, ni crisis en Grecia, ni parados en España, ni cajas B, ni inacción en cientos de conflictos. Los representantes a máximo nivel de tres de los poblaciones a las que pertenecía el grueso de las víctimas, decidieron ponerse de acuerdo para hacer turismo en los Alpes, acercándose, cuanto pudieron, al lugar del accidente.

Todos los que fueron solicitados de opinión, coincidieron con solidarizarse con las víctimas (es decir, con los muertos), estar consternados por la noticia, ser prudentes acerca de las razones del accidente. Los expertos consultados ilustraron al pueblo llano acerca de cómo funcionan los mandos automáticos de una aeronave moderna, del tiempo que hacía y hará en los Alpes y en esa zona concreta, del esfuerzo para tratar los traumas de los familiares, etc., y los testigos -incluso a decenas de kilómetros del lugar inaccesible en el corazón de la tragedia- hablaron de ruidos, explosiones, normalidad, nieve, dificultades, silencios-.

Se habilitaron carpas para periodistas, acompañantes, curiosos, políticos, familias de las víctimas, rescatadores, alpinistas, policías, sicólogos, etc.

El tiempo seguía parado, mientras sabíamos ya mucho de la naturaleza de los ocupantes del avión; habíamos precisado con imaginativa concisión lo que había sucedido en los ocho o nueve minutos de caída suave del avión hasta su encuentro con la rota. Se habían ya mantenido, decretado o solicitado miles, millones de minutos de silencio en escuelas, centros públicos, sedes empresariales o deportivas.

Hasta que apareció Andreas Lubitz. Veintisiete años, alemán, copiloto, con solo 600 horas de vuelo, tal vez en una parte importante en un simulador o como acompañante de cabina. La caja negra del avión siniestrado no registraba su voz, sino las órdenes del comandante del Airbus, de los controladores, los gritos de los pasajeros, los golpes dados con los puños, con a saber qué instrumentos, para tratar de abrir la puerta que el joven había cerrado desde dentro, aplicando las claves que impedían, por estrictas medidas de seguridad, abrirlas desde fuera.

El desentrañamiento de los hechos, de su responsable, nos desvela una metáfora/realidad muy intranquilizadora. Pretendíamos defendernos del terrorismo exterior, dando las llaves de nuestra seguridad a los que estaban dentro, en el núcleo del sistema, a los que deberían pilotarnos a nuestro destino, y resulta que entre ellos también hay terroristas.

Porque, aunque se nos pretende convencer de lo contrario, el suceso por el que un avión Airbus, fue estrellado por un terrorista. Alguien que, en lugar de suicidarse con un tiro en la sien, o arrojándose al paso de un convoy, decidió que le acompañaran 149 personas en su inmolación. 149 ajenos a su propósito.

Lo del móvil particular de Andreas es lo de menos. Los medios seguirán especulando, habrá alimentación para rato con más especulaciones y análisis inanes. Lo importante, para mí al menos, es que no la amenaza proviene también de los que están elegidos para protegernos. Y los medios de seguridad que hemos ideado contra un peligro teórico exterior, son los que nos impiden acceder a la cabina de mando para desconectar el sistema previsto cuando algo va mal.

Qué relato salvaje, que historia más verdadera. Qué enseñanza para entender que hay que desconfiar de todo el mundo, del vecino apacible, del experto sonriente, del político sagaz. El enemigo vive con nosotros.

Y es, en mi opinión, nuestra creciente incapacidad para protegernos del otro, ignorándolo. Ignorando todo lo que sucede alrededor, hasta que, de pronto, se nos descubre el velo por el que deberíamos entender que, en lugar de desviar nuestra mirada para no chocar con la del otro, sería conveniente que nos miráramos a los ojos.

 

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Una yunta díscola (7): Sectores de desarrollo preferentes. El papel de la Universidad

9 marzo, 2015 By amarias Deja un comentario

(Este texto es continuación de los seis anteriores con el mismo título genérico)

7. ¿Existen sectores de desarrollo preferentes para España? ¿Qué papel debe jugar la formación universitaria técnica?

Al tratar de contestar a estas dos preguntas cruciales, debo anticipar que no me importa se me califique de pretencioso. No pretendo sino abrir un debate que la sociedad española ha venido obviando sistemáticamente, en la errónea percepción de que las cosas se arreglan de forma natural, y que la estructura empresarial de un país -de un protagonista secundario, debo precisar, pues hablo de España- se acomodará, con el tiempo, a su posición óptima.

Esta premisa es, en mi opinión, completamente errónea. Si se analizan con algún detalle los datos de crecimiento sectorial de países con diferentes estadios de desarrollo, se comprenderá que su evolución es diferente en relación con los recursos propios, la situación de partida -socioeconómica y tecnológica- y la capacidad empresarial y nivel de formación de sus estructuras nativas.

Si un país tiene amplios recursos por explotar, su desarrollo descansará fundamentalmente en ellos, y la necesidad de tecnología favorecerá a aquellos países más desarrollados con los que tenga firmados acuerdos de colaboración (tecnología e inversión a cambio de perspectivas de rendimiento futuras, en general) o, aunque no existan éstos, en situaciones en las que las empresas extranjeras vean oportunidades de rentabilizar su inversión.  Esto es tan obvio, que se comprende de inmediato: si no tienes nada que ofrecer, a nivel de país, los demás te superarán rápidamente, y tu nivel de bienestar se deteriorará a gran velocidad.

Por eso, países como Alemania, Francia, Reino Unido y, por supuesto, Estados Unidos, descansan fuertemente en su potencialidad exportadora. Es cierto, como reflejan las estadísticas, que los sectores primario y secundario de estos países han disminuido dramáticamente en beneficio del sector terciario. Pero el análisis completo de la situación ha de ser éste: los beneficios obtenidos en el exterior, o en la fabricación de productos elaborados para su exportación, permite seguir avanzando en la mejora de las prestaciones asistenciales y mantener el estado de bienestar: habrá más tiempo de ocio, mejores tratamiento hospitalarios, residencias para ancianos mejor dotadas, un mayor cuidado del medio ambiente, o su recuperación según qué zonas, más centros de diversión, más ordenadores personales y aparatos de telecomunicación y video, etc., que los naturales del país podrán permitirse mientras se mantenga la expansión internacional.

Puede, como en el caso de Estados Unidos, que a esa posición exportadora se añade el descubrimiento de un recurso nuevo (gas de esquisto, pongo por caso singular), pero lo habitual será que se esté cambiando ayuda a la explotación ajena en el sector primario y secundario por sostenimiento de los sectores terciarios, que aparejan nivel de vida. Y eso no vive del aire: las tensiones previsibles se resolverán, salvo mejor opinión, con guerras, destrucciones masivas, contención del desarrollo ajeno para que no contamine el propio.

Volviendo el razonamiento a nuestro contexto, España tiene ventajas indudables en el sector terciario, como servicio a naturales de otros países que puedan permitírselo: apelemos al sol, a un entorno paisajístico no muy deteriorado, a la natural simpatía y curiosidad de muchos nacionales. Cabría poner de manifiesto, para no precipitarse en conclusiones, que una parte muy importante de los puestos de trabajo necesarios son para personal con poca cualificación y que, por ello, se han dejado progresivamente, en los tiempos de bonanza, de extranjeros venidos de países con menor desarrollo; camareros, cocineros sin experiencia, asistentes sanitarios sin título, cuidadores, sirvientes, obreros de la construcción, etc.

¿Qué ha hecho la Universidad, entretanto? Jugar a lo suyo, en mi opinión. En lo técnico, se ha ignorado colectivamente que la diferencia entre lo aprendido en las aulas y el nivel tecnológico preciso en las empresas crecía exponencialmente. No solo éso: se ha perdido énfasis en la cualificación de los estudiantes en las disciplinas básicas, pretendiendo que se puede ser experto sin conocer los rudimentos: menos física, peores matemáticas, teoría expresada con insuficiencia y sin profundidad, en no pocos casos.

Se dice ahora que la Universidad debe dar especial preferencia a la generación de emprendedores, proporcionando a los estudiantes una visión lo más certera posible del entorno en el que habrán de moverse. Desde luego, este objetivo debería ser, para las Escuelas de Ingeniería, sustancial: la Universidad ha de ser consciente de que debe formar las élites intelectuales a corto plazo, y esa responsabilidad ha de condicionar la orientación de la enseñanza impartida.

Pero tampoco aquí cabe improvisar. El impulso a las actividades de cooperación Universidad-empresa es un objetivo irrenunciable que se debe alimentar desde la base: no solamente con las cátedras de empresa, sino también con la incorporación de profesionales experimentados a las aulas que den sentido práctico a las enseñanzas. Los Consejos Económico-Sociales de la Universidad han de ser verdaderamente efectivos en señalar las orientaciones de la enseñanza, revisando los planes, eliminando repeticiones o materias innecesarias y coordinando e impulsando la plena coordinación del “mundo de la Universidad” con el “mundo real”.

(continuará)

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El discípulo se acercó a mi silencio

25 febrero, 2015 By amarias 1 comentario

El discípulo se acercó a mi silencio,
y, turbando mi meditación, preguntó si podía
interpretarle un sueño, que adiviné estaría lleno
de imágenes, confusión y palabras.

«Cuéntaselo al árbol», le dije, señalando un almez.

Cuando terminé mis abluciones mentales,
vi que el joven jugaba,
arrojando su pelota contra el tronco.

«¿Ya tienes lo que querías?»,
murmuré, al pasar por su lado,
prestando atención para no recibir un pelotazo.

«Solo obtuve silencio», replicó el muchacho,
que no parecía estar decepcionado.

Me alejé, a buen paso,
pues no deseaba que el relente enfriara mi cabeza,
y alcé la voz para que el aprendiz oyera mi sentencia.

«¿Que esperabas de mi? ¿Respuestas?
¿Acaso que te contara mi propia pesadilla?»

(De Poemas de encargo, num. 87, dic 2014, @angelmanuel arias)

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Una yunta díscola (5): Los empleos del bienestar

24 febrero, 2015 By amarias 1 comentario

(En este Comentario se prosigue con el análisis de las consecuencias del desarrollo tecnológico).

5. El fundamento de la generación de actividad y empleo en sectores vinculados a la mejora del bienestar. 

Somos ya bastantes, entre los analistas, los convencidos de que la defensa de la globalización no es sino un recurso útil para avanzar en la explotación de los países desarrollados sobre los más atrasados, si bien, debido al poder creciente de los grupos empresariales multinacionales, las decisiones sustanciales se alejan del ámbito de decisión de los gobiernos.

He defendido siempre que se me dio oportunidad, la paradoja de resultar coyunturalmente ventajoso, e incluso imprescindible, desde la perspectiva del mantenimiento de suficientes empleos en un territorio, que garanticen la estabilidad social, apoyar sectores ineficientes a corto plazo. Lo que no cabe ignorar es que la transformación tecnológica obedece a impulsos imparables, y que solo tiene sentido subvencionar ciertas actividades si no se abandona el propósito, igualmente, a plazo determinado, de sustituirlas progresivamente por otras.

En efecto, estoy pesando -por ejemplo- en el aparente despropósito de mantener la subvención al carbón nacional -cuyo coste de explotación es superior al extranjero-, para sostener empleos en algunas cuencas. Lo que se debe considerar una acción fallida es que, a pesar de esas primas al carbón nacional, no se haya avanzado suficientemente en la generación de alternativas y, no menos criticable, que las subvenciones hayan servido para el enriquecimiento paralelo de empresarios privados del carbón, que se arrimaron a la coyuntura.

El apoyo a la transformación de los sectores ineficientes pero sostenedores tradicionales de empleo, no tiene sentido sin la creación de empleo en sectores de futuro. La reconversión tiene que correr paralela a la creación de alternativas, para que los desajustes de empleo no sean insoportables. Y es aquí, como en todas las actuaciones que exigen estabilidad a largo plazo, donde no caben trampas ni buenos deseos sin respaldo tecnológico. Porque prácticamente todos los sectores de nueva creación tienen un comportamiento dual sobre la economía y, por tanto, se deben analizar con extremo cuidado las consecuencias de apoyar su crecimiento sin atender a los ritmos con que éste se produce.

Por comportamiento dual entiendo que, al mismo tiempo que las nuevas tecnologías, materiales y procesos, generan líneas de actividad (y, por tanto, subsidiariamente, de empleo), destruyen empresas, puestos de trabajo y áreas de mercado tradicionales. Y, en general, analizado desde la perspectiva del empleo, es superior el que destruyen al que generan, aunque en una zona concreta, en donde se ubiquen los centros de producción, pueda hablarse de aumento de actividad y, por tanto, nuevos puestos de trabajo.

Se puede objetar que siempre ha sido históricamente así, y que cada revolución tecnológica ha traído su pan debajo del brazo, obligando a reajustes en los sistemas de producción, que, cuando fueron absorbidos, situaron a la humanidad en un nivel de bienestar más alto. No me atrevo a negar esa aseveración de manera absoluta, ni quiero ser dogmático, aunque llamo la atención sobre la explotación que los poseedores de las nuevas tecnologías han ejercido sobre quienes solo deseaban disfrutar de sus consecuencias.

Recientemente, pongo por caso, la ambición de poseer televisiones, móviles, automóviles y electrodomésticos en países menos avanzados tecnológicamente ha arrastrado a algunos de ellos a mayores servidumbres relativas a la enajenación de sus recursos naturales; en otros casos, solo la existencia de ingentes cantidades de recursos sin explotar o de graves desequilibrios en las rentas internas les ha permitido, no se si solo de momento o de forma duradera, crecer a un ritmo que podemos calificar de vertiginoso, aunque a distancia aún muy alejada de los países más avanzados.

El medio ambiente es, sin duda, uno de los sectores duales: el control general y la presión normativa para proteger mejor el ambiente generan, -no seré yo quién lo cuestione, en tanto que ingeniero ambientalista-, empleo. Sin embargo, es necesario tener en cuenta qué sucede en la etapa de transición de las empresas hacia la sostenibilidad ambiental. Para muchas, el proceso implica la asunción de extracostes, por la incorporación de las externalidades, que antes les eran desconocidos o, simplemente, resultaban asumidos por toda la sociedad y no entraban a formar parte de la cuenta de resultados, penalizándola.

La solución al dilema no es sencilla, ni en el corto ni siquiera en el medio plazo, puesto que el comportamiento de los diferentes países dista mucho de ser homogéneo y, empleando el más suave de los calificativos, no se puede calificar de transparente.

Tampoco sería juicioso ignorar, para no verse introducido en tareas inabordables, que el concepto de medio ambiente, o de naturaleza preservable, no es el mismo en este siglo XXI que el que podría servir para definir estos términos en siglos anteriores, incluso en épocas recientes. Sin embargo, los nuevos conocimientos y la utilización de tecnologías adecuadas, son elementos de uso inexcusable para lograr su sostenibilidad futura y evitar la prolongación de su deterioro, que ha alcanzado ritmos exponenciales en la actualidad, precisamente por la apetencia exacerbada al consumo inmediato, al disfrute sin demora, propio de una sociedad que se ha despreocupado, colectivamente, por lo que legará a las futuras generaciones.

En consecuencia lógica con el contexto, en el que hay pocos vencedores y muchos vencidos, es necesario comprender que al asumir a ultranza la defensa ambiental –como sería, sin duda, lo deseable si el mundo fuera solidario sin fisuras- se empeora la viabilidad de no pocas empresas y, por tanto, si se atiende a la visión conjunta de un área o país pequeño (como España), tecnológicamente poco desarrollado en la práctica (es decir, dependiente de patentes, desarrollos y tecnologías de fabricación foráneas), se reduciría el empleo. Se trasladarían empresas y centros de trabajo a lugares en donde las medidas ambientales no fueran tan estrictas, el coste de las externalidades poco significativo, y el rubro salarial más soportable para garantizar el beneficio máximo.

Afirmar, sin matices, que el medio ambiente creará cientos de miles de puestos de trabajo, sin analizar, paralelamente, los efectos en otros sectores, es ver solo una parte de la cuestión: las cifras deben manejar los empleos netos generados. Además, el análisis completo de la cuestión ambiental deberá poner el énfasis en que la mayor parte de los empleos se generarían en la recuperación ambiental, es decir, no generarían nuevas plusvalías, significando un coste a soportar, que pagaría toda la sociedad concienciada ambientalmente y disfrutaría como oportunidad empresarial y beneficio económico, el sector de empresas ambientales.

El límite de deterioro ambiental alcanzado en el planeta está ampliamente superado y, por tanto, hay que atender a la potenciación de empresas ambientales. Pero no hay porqué engañarse, ni engañar: descontaminar, corregir fallos ambientales, controlar los residuos, depurar agua, terreno, aire, mejorar las condiciones de salubridad e higiene, los servicios, la atención energética, etc., cuesta dinero. Las inversiones a realizar son cuantiosas (a nivel mundial), una parte de la población no podrá pagar siquiera el coste de mantenimiento, y lo que es preciso, por tanto, es buscar en otros sectores la generación de los medios económicos que permitan asumir ese esfuerzo,

Distinta resultaría la visión de la cuestión ambiental si se mantiene, como sería lo deseable, el enfoque a escala global y se involucrasen en la participación a todos los países: cuidar el medio ambiente sería entonces también rentable para los mismos países en desarrollo, y en ellos las posibilidades de implantación de las nuevas tecnologías –en particular, la producción de energía con métodos renovables- permitirían rentabilidades que no tienen que circunscribirse al corto plazo ni tampoco limitarse al país en donde se llevan a cabo las medidas ambientales, porque beneficiarían a todos. El coste que implican los daños medioambientales, así como los beneficios de la más eficiente gestión de los recursos consumibles, incluida la protección, conservación o regeneración de muchos espacios, han de calcularse, no solo a nivel local, sino, sobre todo,global.

El estudio de todas las posibilidades de cooperación con los países en desarrollo o menos desarrollados exige, por sí mismo, un Libro blanco de las actuaciones: en producción y distribución de energía, mejora de gestión de recursos –hídricos, mineros, agrarios, forestales, etc.-, acceso general a la electricidad y las comunicaciones, incorporación de mejores prácticas disponibles en procesos, etc. También es necesario aumentar la concienciación de las ventajas de mejorar la gestión de los recursos, como valor en sí mismo, haciendo ver los peligros de la mala praxis: por ejemplo, destruir el bosque provoca el aumento de inundaciones, pérdida de valor del suelo, que se vuelve más difícil de cultivar, etc.

El cambio climático es una amenaza grave y no una elucubración pesimista y, a tenor de los trabajos del panel de expertos IPCC, prácticamente, irreversible (AR5, Quinto Informe). Es significativo que exista mayor concienciación sobre el origen antropogénico del incremento de gas invernadero en los países menos desarrollados, y es preocupante que los países en desarrollo con mayor potencial (China, India, Brasil, etc.) se propongan, explícita o implícitamente, alcanzar patrones de consumo occidentales actuales, cuando, en realidad, esos patrones no son sostenibles tampoco en Occidente.

El desarrollo de coches híbridos, el impulso al transporte colectivo, la mejora de la eficiencia energética, la implementación de energías verdes, las técnicas de ahorro y reutilización del agua, aprovechamiento de residuos, etc. tienen sentido, sobre todo, en esos países con gran potencial de crecimiento. Pero no debemos engañarnos: el reto de cambiar la línea de desarrollo basada en la generación energética derivada de productos de carbón y petróleo es descomunal. (P.ej. Datos más recientes de producción de CO2/cápita: En USA: 14,5 t/año; en UE: 7,5 t/año; en China: 7,9 t/año!). Los países líderes en desarrollo o con mayor potencialidad de crecimiento deben, por tanto, apoyar un cambio drástico en los patrones de consumo en una doble vertiente: proporcionando un ejemplo creíble e inmediato y presionando, con medidas comerciales, para que los demás cumplan con los objetivos acordados.

Los previsibles impactos del calentamiento global, para España, deben ser adecuadamente estudiados, valorados en su secuencia temporal y, en consecuencia, adoptarse las medidas de protección correspondientes, empezando por las más urgentes. Existe un Plan Nacional de Adaptación al Cambio Climático –nacido en 2006- del que se han derivado, hasta el momento, tres Programas de Trabajo (el vigente, con validez 2014-2020), y se ha creado un Grupo de Trabajo de Impactos y Adaptación al Cambio Climático coordinado por la OECC, con participación de las Comunidades Autónomas.

El consenso científico sobre los riesgos e inmediatez de una elevación de temperatura global, que arrastrará la elevación del nivel del mar y drásticas modificaciones en los episodios estacionales, exige planteamientos inmediatos, tanto correctivos como la preparación de medidas paliativas. Carecería de sentido estar defendiendo actuaciones globales, dando por admitido el acuerdo oficial con los informes, cada vez más pesimistas, del Panel, y no adoptar en la Unión Europea, y en nuestro territorio nacional, decisiones inmediatas. Esto supondría dedicar fondos en previsión de la paliación de los daños, preparar la reubicación de poblaciones, hacer análisis específicos de los impactos sobre las especias vegetales y animales.

Debe ponerse de manifiesto el origen de la práctica aberrante de ocultar a la población los peligros detectados en un horizonte tan cercano –la difusión restringida del problema debe considerarse como parte de la ocultación-. Y, desde luego, es imprescindible descartar de forma contundente, con estudios definitivos, si se producirá un calentamiento en Europa o si, por efecto de este mismo fenómeno del cambio climático, como indican algunos científicos “díscolos” con el planteamiento general, la circulación termohalina se colapsará y se provocaría su enfriamiento.

Consideración particular en este contexto que pretende analizar posibles medidas de aplicación general relacionadas con la actividad económica y el empleo, ha de concederse a la energía. La energía es un input básico para una gran parte de los procesos productivos y es un elemento coadyuvante principal hacia el objetivo de bienestar. Por tanto, disponer de energía barata y confiable en su producción y distribución es un elemento básico de competitividad.

España tiene problemas tradicionales, perfectamente detectados, en su modelo energético: alta dependencia energética  de combustible fósiles procedentes, además, de fuentes exteriores, sobredimensionamiento de la capacidad de generación eléctrica en relación con el consumo real actual, elevados costes relativos para el usuario industrial y doméstico, comparados con el entorno próximo y, también, insuficiente interconectividad de sus redes con los países vecinos, que, en el caso de Francia, se traduce en una restricción a la competitividad perfectamente salvable con voluntad política.

Sin entrar en valoraciones más profundas y dejando la calificación ideológica para otros análisis, se puede afirmar objetivamente que el actual modelo energético –incluyendo tanto la producción de electricidad como el consumo de combustibles destinados al transporte y a otras formas de empleo más o menos difusas- no es soportable en el tiempo, por las excesivas emisiones que podrían resultar evitables con otro mix de producción, y tiene deficiencias que es preciso superar, pues hay zonas de pobreza energética detectadas.No se trata, además, de una decisión que necesite ser abordada aisladamente. Las directrices de la Unión Europea imponen el uso masivo de energías limpias en la generación, y se inclinan por un énfasis mayor, y progresivo, en mejora la eficiencia energética.

En lo que respecta a la generación eléctrica, las energías denominadas renovables han conseguido, especialmente en el caso de las eólicas, una creciente competitividad que las hace, a corto plazo incluso, preferibles a la producción con centrales convencionales de gas o carbón. La producción discontinua de la energía producida con ellas, sin embargo, obliga a mantener generaciones de apoyo y la localización de su producción en determinadas zonas (crestas montañosas, áreas de mayor insolación, por ejemplo), dirige la atención hacia los métodos de almacenamiento de la no consumible y su distribución. La generación renovable distribuida, -ya sea como paneles fotovoltaicos, generadores eólicos, centrales de biomasa, fuentes geotérmicas, etc.- pone el acento sobre la funcionalidad actual de las redes de distribución. Otra cuestión que hace necesario replantear el modelo de producción eléctrica se deriva de las previsiones a la baja del coste del almacenamiento (por ejemplo, mediante tanques de reserva).

La cuestión energética, por tanto, ya sea desde el punto de vista de la generación de empleo, como de simples consideraciones medioambientales, o de la necesidad de aumentar la seguridad de suministro energético, abre un amplio panorama positivo de oportunidades. Incluso, y dando por supuesta la recuperación de la demanda eléctrica, sería recomendable apoyar la implantación de generadores destinados al autoconsumo, de origen en la energía renovable, combinados con redes inteligentes que optimicen la distribución de las necesidades y los sobrantes. La aplicación de nuevas tecnologías en este sector repercute, adicionalmente, en la creación de empleo, avanzando en el objetivo irrenunciable de alcanzar una cifra positiva (empleo neto) en la combinación de todos los factores imbricados.

 

(continuará)

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