El profesor Yataro Hatamura expuso con frialdad las conclusiones del Informe en el que la Comisión independiente había reflejado el resultado de sus investigaciones sobre el accidente nuclear de Fukushima.
Lo hizo en un inglés bastante deficiente, acompañándose de diapositivas que, en general, se limitó a leer. El público que abarrotaba el Salón de la Fundación Areces, el 28 de octubre de 2013, le escuchaba en silencio.
Hatamura es ingeniero mecánico, profesor emérito en su especialidad, el análisis de fallos. Durante toda su vida ha ido perfeccionando una teoría que se resume en esta cadena lógica, de apariencia demoledora:
«What could happen, happens; what cannot happen, happens as well; things beyond imagination, happen as well» (Lo que podía ocurrir, ocurre; lo que no puede ocurrir, sucede igualmente; lo que está fuera de la imaginación, también ocurre».
Quien designó al profesor japonés, que tiene ahora 73 años (nació en 1940), como presidente de la Comisión sobre Fukushima, sabía lo que hacía. Su propuesta filosófica viene siendo que «necesitamos introducir una cultura que se confronte a los riesgos y los discuta» (need to cultivate a culture to face risks and discuss them) y, por encima de lo que nos digan otros, «es preciso ver las cosas con los propios ojos, y pensar con el propio cerebro, para juzgar y tomar decisiones» (see with your own eyes, think with your own brain, to judge and take actions».
Por eso, es razonable pensar que, una vez cumplida su misión en Japón -la de hacer ver a la población de que, si se quiere mantener la actual calidad de vida, hay que asumir algunos riesgos y que lo que puede hacer el ser humano, incluso el más inteligente, es convivir con esa zona oscura que «we fail to recognize and are unprepared for»- se dedique a dar conferencias por el mundo para difundir un mensaje universal.
Lo expresó también en la conferencia del 28 de octubre: Debemos combinar la prevención de los desastres para aquellos riesgos conocidos con minimizar los daños para los riesgos que desconocemos (disaster prevention versus damage minimization).
Las preguntas que se hicieron en el coloquio resultaron irrelevantes. Hatamura, obviamente, no tenía más que decir. No hacía falta.
(P.S. La minería del carbón está de luto, y, con ella, toda España, por la muerte de seis mineros en la mina Emilio del Valle, en Santa Lucía (León). Parece que ha sido por un escape masivo de metano, procedente de una bolsa que no explotó ni delató previamente su presencia.
Descansen en paz, y mi condolencia más honda hacia los familiares y amigos de las víctimas.
No se si el lector del Comentario habrá encontrado la línea filosófica de conexión entre Fukushima, la mina Emilio, y todos los accidentes que resultan imputables al avance técnico, a la confianza excesiva, al ahorro de medios, a la necesidad de seguir subsistiendo y hacerlo cada día mejor.
Hatamura, cuyo nombre significa, en japonés, «Hombre del Pueblo», nos da la pista.
Desde el dolor, como ingeniero y como español, afirmo que sí, que existe un camino. Es la vía que impulsa e impulsará a la Humanidad a tratar de dominar la naturaleza. No tenemos más remedio que seguirla. Una batalla de David contra Goliat, que está en nuestra propia esencia: como seres racionales, somos una anomalía de la evolución, y conocer del todo aquello de lo que formamos parte, es la única forma de encontrar, si existe, la puerta que nos serviría de escapatoria.
Una labor imposible, aunque inexcusable.
