Al socaire

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Un rey superviviente

21 mayo, 2022 By amarias Deja un comentario

El 19 de mayo de 2022, el rey de antes, Don Juan Carlos, decidió reaparecer físicamente por el país en el que fungió como Jefe de Estado durante más de cuarenta años y del que, mal aconsejado, se vio impulsado a abandonar hace casi dos. Tenía entonces, perdida su inviolabilidad jurídica, algunos asuntos pendientes con la Justicia española, promovidos por Corinna, su amante despechada, que levantó la colcha que le dejó desnudo, apaleado y metafóricamente, cornudo.

Demasiados adjetivos indeseables que suponían una carga difícil de soportar,  no ya para un Monarca jubilado que había defendido la honestidad y la eficacia como elementos de renovación en los que apoyar el resurgir del régimen monárquico después de la guerra incivil, sino para su hijo bien amado, Felipe VI, en el que el pueblo español y él mismo tenían puestas todas sus complacencias.

Podía haber elegido quien fuera Juan Carlos Primero quedarse en España mientras se ventilaban esos feos asuntos legales y cruzaba los dedos para que sus abogados le sacaran del embrollo judicial sin mordeduras ni lobanillos. Podría haber ido a Inglaterra, en donde seguro que la reina Isabel le podía prestar algún palacete en el que dedicarse a leer y, entre semana, cazar faisanes o cérvidos.

Pero, metido en el berenjenal, escogió o le impulsaron a hacerlo, uno de los países con peor fama, en donde impera el lujo, la corrupción sin medida y el machismo de diente afilado: Abu Dahbi. El emir de ese pequeño país, respetado por su inmensa capacidad económica, lo acogió, le dejó un palacete y le quitó de la curiosidad ajena hasta que resultó que los supuestos delitos prescribieron, se estimaron improbados o la denuncia de la despechada no prosperó, al menos ante la Justicia española.

Es una historia muy triste, en la que se dan los elementos propios de una inmolación autoinflingida junto al lanzamiento al escarnio por una parte del gobierno del país que hasta hacía poco besaba por donde pisaba y sacaba pecho por su regia galanura.

Fue un desastre anunciado, una sucesión de tormentas sobre su imagen: yerno encarcelado -por un juicio mediático que propició una sentencia ejemplarizante y, por ello, injusta-, hijo varón que se distancia para salvar el pellejo de la institución monárquica y que admite que la Casa Real quede restringida a su quintaesencia, esposa obligada a extraer dosis de dignidad del exigüo coleto del despecho, hijas que se separan de sus galanes y que pierden títulos y reconocimiento público, nietos influyentes en las redes sociales que tratan de encontrar vida fuera de la Casa Real, etc.

Volvió el Rey de antes entrando por la puerta de atrás, utilizando el falso pretexto de una regata en Sanxenxo y abusando de la pretendida hospitalidad de -se dice- uno de sus mejores amigos, el empresario gallego Pedro Campos, quien lo recogió en el aeropuerto de Peinador y lo hospeda en su casa el par de días que estará en España. En el apretado y ridículo programa, se acercará el lunes a la Zarzuela, en donde tendrá un encuentro privado con su hijo Rey y su nuera Reina. No ha trascendido cómo hará el viaje, aunque se descarta que Sánchez disponga de uno de los Falcon que utiliza para sí con tanta libertad.

Alegan los que le odian desde el Gobierno y fuera de él que «ahora es un ciudadano normal y es libre de hacer lo que le plazca». No, no puede hacerlo, porque la Constitución establece su condición imperecedera de prerrogativas propias del Monarca que fue y del sitio que ocupa en la Historia de este país. Y siempre será observado, escudriñado, analizado, donde quiera que vaya, incluso hasta después de su muerte. Ciudadanos normales son Jordi Pujol y  Marta Ferrusola, Junqueras y los Panchos, Chanel, Griñán o Chaves, Rodríguez Zapatero, Florentino Pérez  o Alfonso Guerra. Don Juan Carlos no.

Es un situación esperpéntica, propia del ridículo que es consustancial a un país que es incapaz de valorar, proteger y respetar sus recursos. El Rey de antes fue intocable mientras se mantuvo como Jefe de Estado y cuando dimitió, por propia voluntad, al quedar sus carnes humanas -carnestolendas- al descubierto, quedó expuesto a la crítica, al ridículo y a la posibilidad de ir a la cárcel. Porque, presuntamente entonces, había actuado de intermediario o conseguidor para algunos proyectos en los que competían empresas españolas y, se le habría entregado una comisión. No quedó probado y el dinero que la amante Corinna recibió del emirato en donde acabaría don Juan Carlos refugiando su real vergüenza, era un regalo, una dádiva, un don.

No soy monárquico, y me gustaría vivir en un Estado republicano, con un jefe de Estado elegido por votación entre insignes ciudadanos, de esos que tienen el pelo cano o la calva dilecta y acreditan una trayectoria personal llena de triunfos por la Patria.

Pero nací en una dictadura, viví en ella casi toda mi juventud y aplaudí hasta con las orejas cuando se aprobó, por votación mayoritaria, un texto constitucional que debía garantizar paz y prosperidad para un país en permanente amenaza de espadones, pucherazos y guerras civiles. La monarquía era la forma de Estado como cualquier otra y un tal Juan Carlos, educado a la sombra del dictador, pero con ganas de demostrar su independencia y alta formación (que nos había costado bastante), se encargó de hacernos creer en que era posible la homologación de España en Europa y en el mundo. De decirle a Chaves, «¿Por qué no te callas?» en lugar de «¿Qué puedo hacer por tí, querido Maduro?»

Gobiernan ahora este país personas que no han vivido la postguerra. Algunos no han sido educados en las Universidades españolas sino en prestigiosas Universidades inglesas, alemanas o norteamericanas en donde les han dado títulos pomposos que les acreditan en funciones que nos resultaban desconocidas para quienes tuvimos que superar pruebas selectivas hacinados en aulas en donde se nos recomendaban libros en francés o inglés y teníamos apuntes a cicloscil.

Algunos de esos nuevos mandarines no creen en la Constitución, sino en la necesidad de cambiarlo todo. No son monárquicos, pero no han vivido el nacimiento de la Monarquía, sino su caída, y conviven ahora con el placer de querer destruir esa institución, para festejar el advenimiento de una forma sustituta: el gobierno de todos, es decir, no la democracia, sino allí donde todos mandan igual, la anarquía.

Nunca creí que el rey Juan Carlos fuera a figurar junto a Santiago Apóstol o la Virgen María, en el pedestal de las entidades sobrenaturales. Pero advierto a los especialistas en coprofagia, empeñados en vociferar que el rey de antes es indigno, y que debe explicar hasta la eternidad sus andanzas y tejemanejes con el dinero, el sexo y la verdad y la mentira, que no habrá paz en esa búsqueda.

No estoy defendiendo al rey Juan Carlos y, puesto a ser sincero, no creo que lo necesite. No me pidió ni el ni sus asesores consejo alguno. Tampoco el rey de ahora, don Felipe. Y les voy a dar un consejo que no me han pedido y que, con seguridad, nunca leerán: no tengan vergüenza de aparecer como humanos. La jefatura de Estado monárquica fue y es una fórmula de conveniencia para sostener nuestra democracia. Ella es la intocable. Dentro del ropaje, hay seres humanos.

 

Publicado en: Actualidad, España, País de Gaigé Etiquetado como: Abudabhi, Chanel, Chaves, Constitución, felipe VI, Ferrusola, Griñán, Juan Carlos, Pujol, regatas, Sanxenxo, urdangarín

Décimo Quinta Crónica desde el País de Gaigé

15 mayo, 2022 By amarias 2 comentarios

Está ya vencida la primera quincena de mayo en Gaigé, el país de los Despropósitos, y no faltan temas que comentar en esta Crónica singular. En primera página ha de figurar la sustitución-destitución-despido de Paz Esteban, la jefa de los espías de Gaigé y encargada, por tanto, de salvaguardar las intimidades del edificio de la gestión de lo público, esos subterráneos que Rufián (el valido de Junqueras) se obstina en llamar las «cloacas del Estado».

Pretende con ello, junto a  los portavoces y palmeros de los partidos que pretenden dinamitar la democracia (una débil figura de entendimiento colectivo que en Gaigé parece que hoy solo puede ser defendida desde dentro, como una fortaleza en la que los asediados han conseguido entrar) hacer una llamada a la transparencia total. Un oxímoron sin recorrido práctico, que Rufián, Iglesias jr, Montero, Echenique, Colau, Torras, Otegui, Puigdemont, entre otros -secesionistas y antimonárquicos incrustados en el Gobierno- se encargan de adornar con tinta de calamar y grandilocuentes falsedades, acompañándose de gritos desaforados, con el único objetivo de ahuyentar a quienes osen acercarse a su imitación de burda kaaba, en donde se venera el dios de la confusión.

Andalucía, la región más extensa de Gaigé, está en campaña electoral para renovar el 19 de junio la presidencia de la autonomía y la falta de entendimiento entre los partidos y formaciones de la extrema izquierda permite pronosticar que la anunciada coalición para sacar a la derecha del gobierno regional, sufrirá un duro descalabro. La inscripción de Podemos a la plataforma electoral que registraron Izquierda Unida y Más País, Equo e Iniciativa del Pueblo Andaluz, llegó fuera de plazo, al no haberse conseguido el acuerdo sobre el candidato (Delgado, Juan Antonio) antes de que el período para presentar candidaturas conjuntas se cerrase. Así que será Nieto (Inmaculada) la candidata a quitarle el puesto a Moreno (Juan Antonio) o las ilusiones a Espadas (Juan). Será una campaña en la que es muy posible que, a medida que se acerque el momento de elegir, habrá sobre el escenario más sangre que carne. No se eligen programas, que se parecen mucho en lo sustancial y difieren solo en la fantasía de sus redactores y el actual presidente (en funciones) de Andalucía es maestro en ofrecer ambigüedad, que el votante interpreta, en general, con promesa de tranquilidad.

Tanta falsa disputa ideológica, con descalificaciones cansinas sobre corrupciones y malas gestiones del pasado -pendientes de resolución en los tribunales o caídas en los agujeros del olvido- robustece, sin pretenderlo, la coherencia del partido de Abascal, que ha conseguido disfrutar de la mejor propaganda imaginable al ser presentado como anticonstitucional y ultraderechista desde la cúpula del PSOE, abrazo del oso que el candidato socialista Espadas no debiera agradecer demasiado. Tampoco la medida ambigüedad de Núñez Feijóo (Alberto), es aliño de gusto para Moreno que, como todos los líderes regionales que confían sobre todo en conocer su percal, prefieren organizar la campaña por su feudo con sus criterios. Aunque pocos se acuerdan ya de Casado, la sede de Génova alberga aún fantasmas de una guerra fratricida en la que la sangre de las paredes no se limpió del todo.

Gaigé ha celebrado como si fuera un triunfo el tercer puesto de Chanel (cantante y bailarina cubana) en el Festival de Eurovisión. El esfuerzo gimnástico de la artista y de su coreografía no guardaba relación con la letra de una canción ininteligible, más propia de un país caribeño y que, mirada con espíritu crítico, podría ser calificada de hortera y vulgar. Ganó Ucrania, al recibir los votos sentimentales de las redes sociales, y queda en el aire el aprovechado e incomprensible ofrecimiento de TVE (con la aquiescencia del Gobierno, dicen) de ofrecer a Madrid como sede suplente si el pais invadido aún estuviera en guerra o no hubiera alcanzado su plena reconstrucción el próximo año.

El rey de antes, Juan Carlos, liberado de responsabilidades legales que nunca hubieran debido gravitar sobre su cabeza desplumada y coronada, quiere volver, y quisiera hacerlo a la Zarzuela, y aprovechar el momento de gozo y confusión para congraciarse con la sufrida reina Sofía y, con algo de retraso, tal vez celebrar los sesenta años de su irregular matrimonio reintegrado a los rediles del afecto popular. El pueblo de Gaigé, experto en aguantar traiciones, dictadores, guerras civiles, democracias débiles y falsos mesías, estará siempre dispuesto a disculpar amoríos, extramatrimoniales devaneos y, rodeado de corruptos y proclive a utilizar ventajas él mismo, entendería  hasta recogida y reparto de coimas, pues sabe en sus carnes lo difícil que es medrar entre falsarios.

Regresa don Juan Carlos a un país que en poco se parece al que abandonó hace casi dos años en contra de su voluntad, secuestrada la de la Casa Real y la suya por un gobierno republicano, que estuvo y estará siempre atento a aprovechar la ocasión para darle pasaporte también al rey Felipe. No lo tiene fácil, pues Felipe VI ha revelado un talante correoso y dispuesto a mantener la silla del falso privilegio real contra vientos y mareas. Casado con una plebeya que, con su buen hacer (a pesar de críticas mordaces que muerden siempre en el hueso de la profesionalidad de la asturiana), la reina Letizia ha puesto de manifiesto que para ser rey o reina puede servir teóricamente mucha gente. Desde fuera, parece simple. Pero hace falta al menos, inteligencia emocional y capacidad de adaptación, formación de base y voluntad de seguir aprendiendo, sentido de la sobriedad, resistencia y buen aspecto físico. Para ser buen presidente de Gaigé, la cosa se presenta muy distinta y, a pesar de supuestos caminos de selección democrática, lo más seguro es el fracaso al analizar el resultado.

La guerra rusa por anexarse Ucrania (o un buen trozo de ese Estado) sigue causando daños, y no solo en el terreno invadido. La petición de Finlandia de unirse a la Alianza Atlántica, a la que seguirá de inmediato la de Suecia, ha enfadado al osezno del Kremlin, que amenaza con duras represalias si se lleva a cabo la adhesión. Erdogán, el exótico presidente de Turquía, atento a rentabilizar sus noes con divisas, ha dicho que no lo ve bien, pero quienes lo conocen mejor afirman que está de acuerdo siempre que se negocien los términos.

Publicado en: Actualidad, País de Gaigé, Política Etiquetado como: Abascal, Adalucía, Delgado, elecciones, Espadas, felipe VI, Inmaculada Nieto, Juan Carlos, Letizia, Moreno, Núñez Feijóo, País de Gaigé, Ucrania

Discurso de Navidad del rey Juan Carlos desde el exilio

23 diciembre, 2021 By amarias Deja un comentario

Este año, como todos los años desde hace casi una década, tenía preparado un borrador del discurso de Navidad del Rey y me disponía a publicarlo en este blog, ya que consideraba muy poco probable que los ideólogos del Gobierno de turno y de la Casa Real me pidieran ideas que pudieran poner algo de salsa picante a los anodinos guiones que debe leer el Monarca, ya se llame Juan Carlos o Felipe.

De pronto, caí en la cuenta de que lo verdadera interesante era preparar un discurso para el Rey en el exilio, Juan Carlos. He aquí mi propuesta:

Españoles:

Agradezco la oportunidad que me ofrece la cadena de televisión Al Yazeera para grabar esta alocución, que será difundida el día 24 de diciembre a las nueve de la mañana, hora española.

Tampoco estaré este año con la familia, porque, la verdad sea dicha, no quiero meterme en más líos. Creo que tuve una genial idea al marcharme de España en agosto de 2020. Los que estéis interesados de verdad en saber cómo me encuentro, os diré que estoy mucho mejor que si me hubiera quedado ahí. La voluntad de despellejamiento de mi persona, que se ha apoyado desde muchas instancias, dispuestas a sacar tajada de mi augusta persona, queda muy amortiguada cuando se ve desde un palacio de Abu Dabi que, como supongo sabéis,  es la capital de los Paises Arabes Unidos.

Mi amigo el jeque Jalifa bin Zayed Al Nahayan ha ordenado que se me dispense toda la atención propia de un jefe de Estado y debo reconocer que me trata como se trataría a un padre, aunque tiene ya 73 años, o sea, que es más bien un hermano. No quiero daros envidia, pero no me falta de nada. Cualquier capricho me lo colman inmediatamente, y les hace felices. La renta de este pais es de más de un millón de dólares por habitante y no saben cómo gastar la pasta. Fijaros que, comparada con los 27.000 de España, si no me confundí con la calculadora del móvil, es 50 veces superior.

No estoy desconectado de lo que pasa en España, al contrario, tal vez esté más informado que nunca, porque no tengo los filtros y las reservas que se me ponían cuando era Rey en activo. Tenemos un chat familiar restringido, con las infantas y Felipe, en el que también hemos incluído a Sofía, y otro más amplio, en el que también están Leticia, Iñaky y las nenas. Tengo otro grupo de whastapp con el que jugamos todas las semanas a hacer varias quinielas, en el que están Florentino (no el payaso, el otro), Rafa (el campeón), Felipe y Mariano -que mira que ahora se llevan bien estos dos, son casi como Pili y Mili, pero en serio y algo más mayores- y,claro, está Amancio, que ahora tiene mucho tiempo libre. Querían participar muchos otros, pero lo hemos cerrado, porque hay por ahí mucho easy rider, que se apunta solo para cotillear y no abre boca. Además, ya acertamos cinco veces los catorce.

Pienso que fue un error el haber abdicado sin haberme reservado todos los privilegios y, en concreto, el de la inmunidad. La verdad, no pensé en que habría gente que estaba esperando con la escopeta cargada. Lo de los independentistas catalanes no tiene nombre. Si me hubiera preguntado Felipe, pero es que hay cosas de las que no me habla, parece secuestrado, le hubiera aconsejado que no mandara a la niña a estudiar al Reino Unido. Mejor hubiera venido aquí, que tienen una Universidad de fábula, con los mejores profesores del mundo y, además, hablan inglés de ese que todo el mundo entiende (menos los ingleses, claro). Incluso, podría haberla mandado a la Pompeu Fabra, que tiene buen nivel y saldría más bararata. Además, para lo que sirven los títulos…

A veces tengo pesadillas y debo salir a dar una vuelta. Tengo que ser precavido porque aquí la gente es muy amable y, como el pobre soy yo,  si me descuido, volvería a casa cargado de sus regalos, que consideran limosnas, que me meten en los bolsillos sin darme cuenta o me tiran al pasar. Uno, al que no conocía de nada, solo porque se enteró por la televisión que me habían quitado la asignación real, me quiso regalar un talón por doscientos cincuenta mil euros, otros dejan en la esplanada del palacio, junto al portalón de servicio, coches de alta gama con vales de gasolina para diez años, caballos árabes educados en Bristol o pases permanentes para la danza del vientre ejecutada por huríes…

Yo no acepto nada. Bastante problema me dio el regalo del padre del actual jeque, que estaba empeñado en pagarme la misma comisión que a los demás que negociaron no me acuerdo qué contratos importantes . Yo fui inflexible. Dáselo a Corina o a cualquiera de las chicas de tu harén, pero no me comprometas, que todas estas cosas acaban saliendo a la luz.

Por cierto, me acuerdo mucho de los Pujol y de los Ferrusola. Los tengo presentes en mis oraciones, hasta ahora sin resultado. Parece que tienen a los que dominan el cotarro en Cataluña bien cogidos por salva sean sus partes y están esperando a que les diagnostiquen a todos demencia senil. Esa era una solución que me propuesieron para acabar con lo mío, pero por mis Borbones que eso no va a suceder conmigo. Yo me moriré, si no hay otro remedio, libre, con un par, estén las demandas mal o bien puestas. Por cierto, si algún día tengo que pedir indemnización por todos los perjuicios que se me han causado, económicos y de pérdida de imagen, va a arder Troya. He nombrado heredero de cualquier dinero que pudiera corresponderse, a Iñayi. Ese sí que es leal hasta la médula.

En fin, esto puede interpretarse como un desahogo y no me importa. Tal vez sea así.

Quería dar un mensaje final a Felipe. Déjalo ya, no hagas el ridículo, hijo. ¿No ves que no te quieren? ¡El Monarca mejor preparado en toda la historia de la Cristiandad! Quién vio y quién ve a esa Jefatura de Estado. Yo llamé cantamañanas a Chavez y al Lucero del Alba. Me felicitaba por mi santo hasta el presidente de Estados Unidos. Cuando hacía una cena en Palacio, todos los principales perdían el culo para estar allí; en los besamanos, se peleaban por aparecer conmigo desde Santiago (no Abascal, el otro, aunque…bueno, tampoco me parece mal éste) hasta Ernesto (el de Carolina, la del principado).

¡Iba yo a consentir que si me desplazaba a Barcelona no apareciesen ahí, para rendirme pleitesía, el President, el alcalde de la ciudad condal y los de Gerona y Tarragona! ¿Cómo se puede consentir que un ministro de tres al cuarto, que no sabe ni coger bien el tenedor de postre, se niegue a acudir a una recepción a la que fue invitado?

Españoles, que os vaya bien, lo que veo, desde mi retiro dorado, cada vez más difícil. Se que estáis preocupados por la quinta o la sexta ola del coronavirus, por el paro, por el secesionismo, por los fondos europeos que no llegan, porque las constructoras no consiguen contratos como antes…Esa tormenta pasará, sin duda. Os doy un consejo: recuperad la capacidad de divertiros. A veces, pongo la televisión de España y los programas los encuentro cada vez más aburridos.

Os dejo. Me voy a cazar un par de elefantes que el jeque trajo la semana pasada de Africa y los tiene instalados en un parque temático en la parte occidental de la isla. Para los más sensibles, no los matamos. Les disparamos con balines adormecedores. Aquí ya no hay sitio en palacio para colocar las cabezas de animales en extinción.

(música, algo parecido a un himno, mezcla del himno nacional español (con la letra de Pemán), la quinta sinfonía de Bethoven, la marsellesa y pajaritos por aquí.)

Publicado en: Actualidad Etiquetado como: Amancio, Amancio Ortega, discurso de navidad, Felipe, Felipe González, Florentino, Florentino Pérez, himno, Iñaky Urdangarín, Jalifa bin Zayed Al Nahayan, José María Pemán, Juan Carlos, Letizia Rocasolano, Mariano, Mariano Rajoy, Rafa Nadal, Rey de antes, rey emérito

La abdicación

2 junio, 2014 By amarias Deja un comentario

El 2 de junio de 2014, a las 10 h 30 m de la mañana, el presidente del Gobierno de España, Mariano Rajoy, anunciaba que el Rey Juan Carlos «abdicaba la Corona».

La abdicación del Rey en la Jefatura del Estado es una figura no contemplada con rigor por la Constitución vigente, necesitando la rápida aprobación de una Ley Orgánica que, aprobada por las Cortes, garantice el cambio sucesorio que las peculiares reglas de la Casa Real han personalizado en S.A.R. el Príncipe Felipe, que será, por tanto, el nuevo rey, con el nombre de Felipe VI, si todo sucede conforme al libreto.

Convertido en portavoz del dimisionario, el presidente Rajoy ha indicado, en una rueda de prensa sin preguntas -¿para qué preguntar, -se podría decir-, si no habrá respuestas?- que «el momento es oportuno».

La oportunidad viene, en este caso, medida por la necesidad de recuperar alguna popularidad, desde el recambio de personas. El previsto como sucesor tiene 45 años, por lo que está en la edad en la que la mayoría de los españoles que se han quedado sin empleo por razón de la pésima gestión del país, verán reducidas a casi cero sus posibilidades de encontrar un nuevo trabajo.

La oportunidad no viene, desde luego, señalada por la pérdida galopante de simpatía hacia los partidos políticos que se siguen considerando mayoritarios; no está soportada, naturalmente, por la incapacidad demostrada de esta colectividad para generar actividades que permitan mirar hacia el futuro con optimismo generalizado y no solo desde la complacencia de los que más poseen; no tiene que ver, por supuesto, con el malestar rentabilizado por una urna de recogida de pesares cuyo mensaje es tan claro como contundente: no, así no, nos engañan, se enriquecen a costa nuestra, no nos representan.

A los más viejos de esta tribu les ha tocado vivir una parte de la historia de España insuperable en emociones: guerra civil injustificable, dictadura perniciosa, aislamiento insufrible, decadencia de la autarquía, ilusión irrefrenable, actividades imposibles, despilfarros impresentables, logros maravillosos, traiciones desvergonzadas, desilusiones galopantes, fracaso perdurable, desorden manifiesto.

Tengo la amarga impresión de que la Corona abdica cuando ha percibido que se le ha pasado el arroz. Oigo voces -nunca mayoría, pero siempre suficientes para que no se las desprecie- que reclaman una votación para refrendar al candidato a sucesor.

Un sucesor que, careciendo la Monarquía de programa y no tener la institución asignados cometidos constitucionales de entidad, lo que supone únicamente es cambiar el rostro de quien detenta el título. Como en esos tableros de feria en los que se puede meter la cabeza en el hueco abierto, para llevarse una foto de recuerdo del paso por el sitio.

Voto al chápiro verde, tenemos que cambiar el rumbo de la cosa, pero con tanto experto en marear, mal lo tenemos.

 

 

Publicado en: Política, Sociedad Etiquetado como: abdicación, Felipe, forma de etado, gestión, Juan Carlos, Monarquía, país, República, rey, trabajo

En vos confío

7 marzo, 2013 By amarias2013 1 comentario

El «estallido» de varias botellas de oxígeno en la Clínica La Milagrosa de Madrid, en donde está hospitalizado el Rey Juan Carlos, convaleciente de una operación de hernia discal, ha desatado especulaciones sobre el origen de ese incidente, que causó al menos cinco heridos, y obligó a desalojar la unidad de cuidados intensivos.

Sucedió el 6 de marzo de 2013,a las 7h 45 min. Las crónicas del reino indican que innmediatamente, se desplazaron al sitio cinco dotaciones de bomberos, cuatro ambulancias del SAMUR, varios coches de policía, un hospital de campaña, se acordonaron las calles y aceras (la Clínica está situada en el centro de la ciudad), y se atendió a los afectados por las inhalaciones de humo y por las quemaduras de vapor.

No se más. La dirección del Hospital ha afirmado que, «se informará de las causas de incidente tan pronto se conozcan» y que «a partir del medio día el Hospital funciona normalmente», sin que «en ningún momento la seguridad del Rey se ha visto amenazada«.

La mía, sí. El Rey y la mayor parte de sus súbditos podrán dormir tranquilos, pero yo no.

Vengo denunciando, desde hace varios años, ante los organismos llamados competentes, que la manipulación de gases licuados en los hospitales y clínicas de Madrid -y no solo en los centros hospitalarios y supongo que también en toda España, porque la desidia es mal de general propagación- no cumple con las medidas de seguridad. Lo hice incluso en los periódicos, enviando fotografías de irregularidades y, en un caso, de un accidente, que he tenido la ocasión de presenciar en directo.

Sin mucho éxito, aunque debo reconocer que, en algunos casos, se han reforzado los muros de contención ante eventuales implosiones o explosiones de gases, se han incorporado carteles más grandes o cegado algunas ventanas por las que se arrojaban, inconscientemente, colillas encendidas sobre los depósitos sucios.

Las irregularidades, en mi opinión técnica, son múltiples: situación de depósitos de oxígeno de gan tamaño sin guardar las distancias mínimas -con las propias dependencias hospitalarias, incluso-, o sin que se indiquen (ni, por supuesto, cumplan) las limitaciones de acceso o la prohibición de fumar en sus proximidades; cargas mientras se produce el tránsito de peatones y coches; suciedad de todo tipo en los recintos donde se produce la carga y manipulación; almacenaje conjunto de botellas de gases licuados diferentes, y sin los adecuados anclajes; válvulas en mal estado; etc.

En la época de la anterior dictadura, las familias se pasaban de piso en piso unas imágenes de las que la más popular era la del Corazón de Jesús, que se entronizaba en los hogares. «Corazón de Jesús, en Vos confío», era la jaculatoria más socorrida, por la que se invocaba la protección permanente del Altísimo, en pretendida evitación de todo mal.

En esta sociedad no creyente, indolente y ácrata, confiamos ahora en que la casualidad nos proteja. Es decir, seguimos desconfiando de la obra bien hecha, en la seriedad de los controles, en el cumplimiento de la normativa, para apelar a la protección de lo desconocido.

En cada frontispicio, en cada despacho funcionarial, en cada dependencia municipal o empresarial, en cada hogar, con letras en tinta simpática que la hacen invisible, parece que hay escrita esta frase increíble:

«Venerable Casualidad, en vos confío y a vuestra invisible protección me someto, para que no suceda ese accidente del que, conociendo los riesgos, no hago nada por evitar. Y si, como por pura Probabilidad es seguro que acabará sucediendo alguna vez, te ruego que, por mor del inextricable Azar, me pille lejos, para no tener que ofrecer explicaciones».

Publicado en: Sanidad, Sociedad Etiquetado como: bomberos, clínica La Milagrosa, gases licuados, heridos, hospital, imcumplimiento, implosión, Juan Carlos, Madrid, manipulación, oxígeno, quemaduras, seguridad

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