Al socaire

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Abengoa y los himnos al sol

10 diciembre, 2015 By amarias 2 comentarios

Aunque no se debe especular sobre la calidad del bollo cuando aún está en el horno,  tengo pocas dudas de que  a Abengoa, como a Ícaro, se le quemaron las alas por culpa del sol: de la energía termosolar, para ser más exactos. Su visión mesiánica para mantenerse como la adelantada mundial de esa forma de dominar a Helios, le quemó la cera -digamos, el combustible- con la que contaba realizar el viaje, y, al forzar la máquina, se le calentó el endeudamiento y se le partió el ebitda (acrónimo para «Earnings before interests, taxes, depreciations and amortizations»).

En pocos años, y a la vista de todos, Abengoa pasó de ser la gema especial de la corona de las empresas ambientales españolas (¡y mundiales!), a convertirse en una entidad basura, un chicharro bursátil, provocando la pérdida prácticamente total de los dineros que se depositaron confiadamente en su aventura.

Desde luego, el auge y caída de Abengoa debe mover a reflexión a quienes ven solo ventajas, y no riesgos, en la carrera por asentar ambiciosos proyectos empresariales en las arenas movedizas de las energías alternativas. Por atractivo que sea el señuelo -calentamiento global, concienciación ambiental, consejos de sabios que animan a aprovechar la oportunidad del moto sostenibilidad-, las dificultades para conseguir beneficios económicos consistentes son altas.

Y, lo que hace a la aventura especialmente delicada, es que la obtención de resultados positivos no depende ni de la tecnología, ni de las intenciones propias, ni de los que confían en el proyecto, sino, y sobre todo, del contexto y de los ritmos que marcan otros, -no siempre con buenas intenciones-, lo que, a partir de un cierto momento, en que las necesidades de capital para sostener el crecimiento se hacen enormes, puede hacer que todo se vaya al garete.

El grupo empresarial que fue feudo de poder de la familia Benjumea se ha muerto de éxito. Participante hiperactivo en el grupo de devotos de la doctrina solar -en su versión más elaborada, la térmica-, cuyo catecismo Abengoa misma contribuyó a desarrollar, el eco de las declaraciones optimistas de sus principales accionistas y directivos resuena aún, porque todo sucedió muy rápido. Sánchez Ortega, en 2010, entonces Consejero Delegado, afirmaba que el ebitda pasaría en tres años del 44% al 67% y que la deuda se mantendría por debajo de 3 veces su valor, al tiempo que se multiplicaría por 7 -de 193 MW a 1.443 MW- la potencia termosolar instalada.

Qué horas, qué auras. Según el informe de la agencia Moody´s, fechado el 19 de noviembre de 2015, la deuda bruta de Abengoa es de 7,9 veces el ebitda anual. Las dudas sobre las cifras reales del complejo Abengoa se han extendido como la pólvora. Nadie quiere poner dinero en ese fuego.

¿Razones para este despropósito financiero? En mi opinión, haciendo abstracción de la hojarasca, dos: la presión de un mercado emergente, que embriaga del éxito, y la facilidad para obtener créditos muy baratos, en una situación de excedentes monetarios. En ese contexto, las proyecciones de futuro de ingresos y beneficios no tienen más credibilidad que la que quiera dárseles.

El grupo necesitaba mucho dinero para atender a su etapa expansionista, y recurrió -lo digo a partir de lo que leo-, para mantener la petición de créditos externos a un nivel que no pareciera escandaloso, al juego financiero de concederse préstamos entre sus filiales, en operaciones de picardía contable que se están analizando, -¡ahora!-, con el rigor de que carecieron anteriores auditorías.

Abengoa se endeudó, según las cifras que van siendo expuestas a la luz del escándalo, en 20.000 Mill. de euros -con 7.500 Mill. de euros de facturación prevista y un ebitda objetivo de 1.400 Mill. euros- construyendo un laberinto de créditos entre casi 900 filiales y/o participadas, agrupadas en Abengoa Yield y Abeinsa (que es la accionista principal de Abener Energía, Abengoa Solar, Abengoa Bionergía y Teyma/Sainco).

Como sucede siempre que un gigante empresarial revela sus debilidades, se han asomado a los estertores de la agóncia Abengoa multitud de interesados: unos, con intenciones necrófilas; otros, portando pócimas supuestamente salvíferas; no faltan quienes se aprovecharán de lo más jugoso.

A mí, lo que me apena especialmente, es que miles de puestos de trabajo -casi 7000 empleos, solo en Andalucía- se hayan puesto en tan grave peligro de extinción, y que no se haya sabido atajar el mal cuando tenía solución -entre otras, la de mantener los compromisos legales de subvencionar las energías solares-, y no haberse obcecado, desde los estamentos oficiales como desde los empresariales y sociales que se beneficiaban del crecimiento de la burbuja abengoense, en jalear con aplausos, coplas y brindis a la gestión, que era, en esencia, una huída hacia adelante, esto es, un camino sin retorno hacia el agujero.

 

Publicado en: Actualidad, Ambiente, Empresa Etiquetado como: abengoa, deuda, ebitda, energía termosolar, quiebra, suspensión de pagos

Espatuxando (I)

24 octubre, 2014 By amarias Deja un comentario

Decimos en Asturias, cuando alguien está tratando de hacer valer su opinión sobre las de otros, sin atender a las razones que se le exponen, que está espatuxando. Es decir, chapotea en el charco del decir, embarulla, distorsiona.

Uno de los temas que, por su naturaleza, resultan más adecuados para espatuxar es el del agua. Como todos bebemos de ese líquido varias veces al día y no hay nada más acogedor y relajante que un paisaje con ella, nos sentimos animados, cuando se nos presenta ocasión, para opinar con autoridad sobre el tema.

Agua para todos, derecho al agua, muertes por insuficiencia o falta de calidad del recurso, depuración de aguas usadas, control de regantes, negocios en torno a la gestión del asunto, etc., son algunos de los tópicos que garantizan un ferviente debate cada vez que alguna entidad abre la caja de pandora.

Asistí hoy, como muchas otras veces (mi voluntad de estar atento a lo que dicen los demás espero que no se agote mientras viva), a uno de esos diálogos en torno al agua, que, en realidad, se constituyen en pluri-monólogos que vienen a demostrar que es muy difícil ponerse de acuerdo cuando los que tienen alguna información se aferran a su conocimiento parcial del tema, y no se preocupan en liberarlo de errores de información o apriorismos ideológicos.

En torno al agua no me duelen prendas ni quiero aparentar modestia impropia, si me postulo como uno de los técnicos españoles que tienen más experiencia práctica sobre el agua, habiendo ocupado responsabilidades en la empresa pública como en la privada, en la gestión nacional como en la internacional; he podido también aportar mi formación jurídica y financiera en distintos proyectos.

Pues bien: cuando oigo, especialmente en foros españoles, hablar a los entendidos sobre lo que hay que hacer con el agua, sobre la bondad o maldad de los planes hídricos (en los que no han participado, claro), sobre la conciencia ciudadana (de los demás), el precio justo que ha de darse al líquido (sin haber tenido que cobrar por él para organizar el servicio) , la reglamentación local o mundial que correspondería implementar (con mensajes hacia un ente incorpóreo), etc., etc., me he acostumbrado a callar.

Mientras se esté en la fase de espatuxar, lo mejor es mantenerse alejado para evitar las salpicaduras. Llevamos así, si no calculo mal, en esa tarea de chapotear en los charcos, más de treinta años, que yo sepa y seguro que los más viejos del lugar aún son capaces de ponerle un horizonte más lejano.

(seguirá)

Publicado en: Ambiente, Economía, Empresa Etiquetado como: agua, espatuxar

Aparecen brotes verdes en las grietas del edificio del Instituto de la Ingeniería de España

22 octubre, 2014 By amarias 1 comentario

El 21 de octubre de 2014 se produjo el fenómeno. Duró apenas dos horas y media, y no hubo muchos testigos, a pesar de que la posibilidad de que se produjese esa anomalía estaba anunciada por los correos electrónicos que el coordinador de Comités de la rancia institución había enviado, para su prevista masiva distribución entre los asociados, centros universitarios y empresas.

Lo digo ya. Ese día, entre las 18h 30min y las 21 h tuvo lugar la Sesión «Emprendimiento en el marco de la Ingeniería y el Desarrollo Sostenible«, en la que participaron cuatro empresas creadas por ingenieros (y otros universitarios), cuyos representantes expusieron, brillantemente, la situación actual de las mismas, sus perspectivas de crecimiento e hicieron una valoración de las dificultades que habían tenido que vencer y sus expectativas de crecimiento.

La Jornada había sido anunciada con este mensaje: «El Comité de Ingeniería y Desarrollo Sostenible (CIDES) del Instituto de la Ingeniería de España (IIE) considera que la promoción del emprendimiento y el fomento de la capacidad para crear proyectos empresariales deben ser una prioridad de la formación académica y una alternativa que debe ser impulsada, como una forma eficaz de generación de empleo por los profesionales de la ingeniería. »

La invitación, continuaba de esta forma:» (…) Se plantea como un intercambio de experiencias de éxito en torno al proceso del emprendimiento innovador, desde que se concibe la idea, pasando por su planificación,  la creación de la empresa, su evolución, la búsqueda de financiación para apoyar el crecimiento, analizando los principales desafíos que se encuentran en el camino y las satisfacciones vinculadas al vencimiento de las dificultades.

«Con esta iniciativa, y una primera Jornada a la que seguirán otras, el CIDES quiere contribuir a dar a conocer actividades emprendedoras realizadas por profesionales de la ingeniería, en el marco de la innovación tecnológica y del desarrollo sostenible. Esperamos, por ello, contar con la participación activa tanto de ingenieros jóvenes como senior, profesores universitarios, representantes de empresas tecnológicas y de entidades financieras y fondos de inversión, cuya presencia en la Jornada ayude a dinamizar un debate siempre estimulante.»

 Los Ponentes fueron:  ANA MENDEZ MÁRQUEZ, Responsable de Comunicación y Ventas de la Empresa CREANDO REDES.
ALEJANDRO GOMEZ VILLARINO, Dr. Ingeniero Agrónomo. Director ejecutivo de la Empresa ECOWORKING.
JORGE BARDISA ASENSIO, Diplomado en Empresariales y Máster en Marketing Promocional y Relacional de la Empresa INGENATURE (Ingeniería al servicio de la naturaleza).
MIGUEL ARIAS BERMUDEZ .Ingeniero de Caminos, MBA. Director de Operaciones de la Empresa CartoDB. y
JAIME CAVERO GANDARIAS, Ingeniero Industrial. Socio Fundador (especialista en financiación) de la Empresa DYRECTO consultores.

Los tres primeros, glosaron un proyecto aún en su fase preliminar (la que, refiriéndose de manera genérica a la evolución general de los proyectos que se inician desde una start-up), Cavero definiría como «valle de la muerte». Lo hicieron con un elemento común, detectable en sus exposiciones llenas de frescura y sinceridad, que es la ilusión, la seriedad técnica y la voluntad de crear una perspectiva de autoempleo y, por supuesto, de negocio duradero, que está sirviendo, sin duda, como base para crear otros puestos de trabajo, actividad y riqueza. Su enfoque hacia nichos de mercado ciertos, en parte dirigidos hacia países latinoamericanos o en vías de desarrollo, estuvo claro, también, en la definición de los objetivos asumidos en sus novedosos planteamientos.

Miguel Arias presentó un proyecto ya consolidado, CartodB, con ejemplos concretos destinados a hacer valer la versatilidad que permite su producto, un software complejo, ofrecido en abierto (open source), que permite múltiples aplicaciones para integrar sobre un mapa cualesquiera los datos, propios u obtenidos de la red, que facilitan la toma de decisiones: en empresas, trabajos de investigación o universitarios, administraciones e, incluso, de índole periodística.

Jaime Cavero explicó la amplia disponibilidad de subvenciones o ayudas de que pueden disponer los proyectos novedosos, y se detuvo en la opción de financiación que pueden proporcionar, superada la fase inicial -que deben soportar los emprendedores-, tanto los business angels, el crowdfunding o el recurso a la financiación proyecto o los fondos de inversión.

El coloquio resultó también muy animado. Enrique Fagúndez, desde el público (es miembro destacado del CIDES) apuntó a una opción muy querida por este Comité, del que actualmente soy secretario: animar a que los ingenieros senior constituyan un fondo de inversión para start-ups, que sirva de cauce a impulsar proyectos promovidos por ingenieros jóvenes, destinando capitales y tutela técnica y aportación de experiencia proporcionados desde él.

No puedo menos que felicitar al CIDES, a su actual presidenta, María Jesús Rodríguez de Sancho, y al moderador de la Jornada, Domingo Gómez Orea, por la iniciativa.

Lo dicho en el título: Brotes verdes entre los resquicios de una institución añeja (más de cien años de funcionamiento) que necesita, desde luego, una renovación impulsora y que Jornadas como la que hemos vivido el 21 de octubre de 2014, ayudan a consolidar. Esta sesión es la primera de otras con igual objetivo y, como se anunció, las exposiciones estarán disponibles en la web del Instituto, pues han sido grabadas.

Publicado en: Empresa, Ingeniería Etiquetado como: Alejandro Gómez Villarino, Ana Méndez Vázquez, Arias Bermúdez, Bardisa Asensio, CartoDB, CIDES, Creando redes, Dyrecto, Ecoworking, Ingenature, Instituto de la Ingeniería, Jaime Cavero

Bien común, males corrientes

12 julio, 2014 By amarias Deja un comentario

Voy a empezar mal: no se lo que es el bien común. Tengo, sí, una idea genérica de que el término debe relacionarse con aquello que no puede ser legítimamente apropiado por nadie y su explotación y rentabilidad solo debería servir para mejorar la situación del conjunto de los seres humanos, y no de unos pocos. Pero si quiero avanzar algo más, precisar lo nuevos elementos que aparecen en la hipotética definición, me voy complicando cada vez más.

Su plasmación concreta como objetivo universal entremezclaría la negación de la propiedad particular de las materias primas, incluida la tierra, y de los sistemas de producción de bienes y servicios, cuando su utilidad pública fuera superior a la conseguida con la explotación privada.

Implicaría, por supuesto, el reconocimiento de una serie de derechos inalienables para individuos y grupos, que situasen en claro régimen de igualdad a todos los seres humanos y que no precisasen ser reclamados para ser ejercidos. Y, como contrapartida natural, supondría la satisfacción de varios deberes que tampoco necesitarían expresarse, pues descansarían en universales fundamentos deontológicos, sin discusión ni réplica admisibles, siendo su prestación, en sí misma, motivo de satisfacción.

Recurro a la ética, a la filosofía, a la economía o a la sociología, y encuentro múltiples intentos de definición de lo que es el «bien común», de los que no me convence ninguno. Demasiadas peticiones de principio, gran confusión de términos y conceptos abstractos para un fin tan preciso, limitación de aplicaciones a sectores y, por tanto, faltos de orientación general. Concluyo que nadie sabe qué es concretamente el bien común o, en caso de que lo supieran, no han sido hasta ahora capaces de expresarlo de forma clara y concluyente.

En cualquier caso, constato que el bien común, como objetivo, no es una preocupación universal, por lo que cabría negar su existencia física y, posiblemente, hasta su atractivo metafísico. La Historia no refleja que «lo común» haya sido preocupación de los pueblos y personajes dominantes (al contrario: ha sido «lo local» o «lo particular» lo que primó y prima).

El menosprecio generalizado a filósofos, místicos e investigadores científicos, que son vistos -fuera de ciertos pináculos- como una singularidad de la especie, más bien estrambótica, y no como recurso genético al que potenciar sin límites, confirmaría también que el discurrir ideológico de la Humanidad no considera siquiera de interés detectar o fijar un objetivo universal, aquello que, de ser alcanzado, supondría, por excelencia, la generación sistemática del «bien común».

Por eso, cuando lei que Christian Felber, el laureado fundador del movimiento Attac, tenía publicado un libro sobre «La economía del bien común» (Edit. Deusto, 2012) me apresuré a comprarlo. El modelo económico propuesto por el autor, según la portada de la edición, «supera la dicotomía entre capitalismo y comunismo para maximizar el bienestar de nuestra sociedad».

Voy a seguir peor de como empecé este comentario: no entendí casi nada de los consejos que ofrecía Felber para que la sociedad global (así me obligué a entender el apelativo de lo que llama «nuestra») diera un salto categorial sobre los dos sistemas económicos más conocidos, que, hasta el momento, solo han probado su persistente intención de conducirla hacia su extinción, por la vía de una guerra universal de todos contra todos.

Si fuera por el capitalismo, del que el ilustrativo juego del Monopole es su modelo en miniatura fidedigno, el objetivo a perseguir sería que, al final, sobre el tablero de los recursos e intereses, uno solo o unos pocos se hayan hecho con todo, y los demás, se apañen con las ganas. La búsqueda del máximo beneficio individual, a la largo de la Historia, consolida élites cada vez más poderosas.

Si fuera por el comunismo, del que el cristianismo primitivo es su doctrinario ideal y la dictadura soviética o el chavesianismo bolivariano simples aberraciones populacheras, se llegaría, por métodos ni más ni menos deplorables si los juzgamos por sus efectos conocidos, a que, a la postre, unos pocos se quedasen con todo, y los demás, con las ganas. Los que juzgan, nunca se sancionarán a sí mismos y los que se benefician de su actuación, jamás se rebelarán contra ellos y, si alguno lo intentara, será rápidamente represaliado.

Que la primera fórmula haya probado mayor habilidad en alcanzar su culminación, dilatando el momento de su triunfo final y enmascarando los logros parciales con reparto de limosnas a los más agradecidos, no debería contar a su favor: el «bien común» no puede identificarse con el deseo de acumular, sin límite, poderes y bienes para ponerlos al servicio y administración de unos pocos egos.

En ambos sistemas, sin embargo, la falacia brutal que es el bien común es el objetivo perseguido teóricamente. Está en los idearios, porque mentarlo supone tranquilizar a los que son avasallados y salvar las apariencias. Las democracias capitalistas y las neoliberales lo persiguen. Los fascismos, dictaduras, gobiernos despóticos, democracias orgánicas e inorgánicas, teocracias y aristocracias, también. Los regímenes comunistas, socialistas, comunas, etc. por supuesto. Todas las organizaciones conocidas entronizan el bien común y dicen respetarlos. Como no se sabe lo que es, no hay riesgo en que alguien objete que lo que se pretende sea una quimera. En todo caso, a nadie preocupa que el «bien común» no sea sinónimo de «bien universal».

Felber, en su librito, presenta varias opciones de lo que podemos entender, lisa y llanamente, como simples fórmulas cooperativas. En España tenemos una experiencia reciente, muy documentada y prácticamente exhaustiva de cómo acaban, tarde o temprano, las cooperativas: con sus miembros a la greña, las subvenciones perdidas, las naves que se construyeron con dineros públicos y la maquinaria y equipos que sirvieron a la ilusión de los primeros momentos, abandonadas o, en los mejores casos, arrendados o cedidos a un ex-miembro.

Hay características comunes a las propuestas del filósofo-sociólogo austríaco: su elementariedad. Se centran en el sector agropecuario, en los servicios básicos o en la fabricación de productos de primera necesidad. Deja al margen el sostenimiento de sistemas complejos y pretende crear islas de producción y consumo, comunas o guetos a los que aglutinaría una excepcional capacidad de sacrificio y la autolimitación para obtener beneficios del mercado.

Nada nuevo bajo nuestro sol hispano. Las cooperativas han tenido mucho predicamento entre nosotros.

¿Por qué no funcionan, cabe preguntarse? ¿Por qué estoy petulantemente convencido de que no funcionarán? Por algo muy sencillo: los que reciben aquello que no tienen, aceptan encantados el modelo, sea el que sea y, mientras mantengan el estado de necesidad, serán exigentes con el cumplimiento de lo que se previó. Los que aportan más -más trabajo, mayor formación, más capacidad, quizá, incluso, más capital o más bienes- desearán recibir más y, salvo que estén optando a figurar en el santuario o en el martirologio, lo reclamarán, o dejarán de rendir como se esperaba de ellos. Puede que la relación de 1:6 o 1:10 en los salarios sea la adecuada para señalar y recompensar las diferencias, pero mientras no se resuelva qué pueden hacer con los excedentes, la cuestión capital quedará sin resolver: ¿cuánto estarían autorizados a vivir mejor? ¿se toleraría la transmisión hereditaria? ¿quién califica la calidad de las aportaciones, y con qué  baremos?

No sé definir satisfactoriamente lo que es el bien común, pero no soy un descreído, ni me rindo tan fácil. Bienes comunes son, desde luego, la biodiversidad, el medio ambiente, … están vinculados a derechos individuales e inalienables, pero no solo: saber leer y escribir y poder situarse en el sendero del saber más y mejor, libertad de desplazamiento y ubicación en un territorio, tener alguna descendencia y que crezca sana y a la que se pueda dar la seguridad de que su futuro será mejor que el presente, disponer de acceso a alimento, agua potable y satisfacciones que justifiquen la calidad de la propia vida, contar con fuentes de energía y calor para protegerse del frío o de las temperaturas extremas, acceso libre y gratuito a los fármacos que hayan supuesto la erradicación de cualquier tipo de enfermedad contagiosa o epidemia, contar con un mínimo de trabajo y de forma regular, que garantice, no solo la existencia, sostenimiento y goce de toda familia, sino la satisfacción de sentirse útil frente a los demás y, en particular, la colectividad más próxima, vivir en paz, sin riesgo de ser atacado en la intimidad ni forzado a actuar contra otras colectividades ni a infringir cualesquiera derechos universales…

¿Sigo? Christian Felber apela a la solidaridad universal, a la eliminación de la competencia con el objetivo de acaparar, a la creación de Bancas (rehúye el término entidades financieras) que presten dinero sin interés -conseguido por ahorros cedidos por bienaventurados- y midan su eficacia en términos de ética, a la implantación de una renta básica universal…Bastantes de esas ideas las hemos visto replicadas en las intervenciones de los portavoces de ese movimiento con bases libertarias, elegantemente utópico y de incuestionable atractivo para descontentos, que es Podemos.

Si fuera bastante más joven y estuviera menos escaldado en mis sensibilidades, seguramente escribiría que me encantan las ideas de Felber, poyadas por Stéphane Hessel por Jean Ziegler, por Juan Carlos Cubeiro (que escribe el Prólogo de la primera Edición española)…Me siguen gustando, pero no me seducen. Frente a la perspectiva del bien común, difusa e imperfecta en sus contornos, están los males corrientes. A esos, los distingo claramente.

Habrá que seguir investigando. De la teoría a la práctica, sigue habiendo mucho trecho. Demasiado para saltarlo de golpe y, menos, alardeando de «mostrar el camino hacia una economía en la que el dinero y los mercados vuelvan a servir a las personas y no al revés» (Jakob von Uexküll). Por eso, con respeto, pero con escepticismo crítico formulo mi respuesta actual:

No entiendo lo que me dice, pero por si, debido al ruido ensordecedor, el problema es acústico y no de lenguaje, ¿me lo repite?

Publicado en: Ambiente, Empresa Etiquetado como: Attac, bien común, Cubeiro, Felber, mal corriente, Podemos

Creo en la resurrección de los sueños y en un mundo mejor, amén

5 julio, 2014 By amarias 1 comentario

(Con este Comentario termino la serie de seis a los que he dedicado la confección de mi Credo tecnológico)

6. A modo de conclusiones

Las evidencias apuntan a que el conocimiento tecnológico más avanzado se concentrará (en realidad, se concentra) en pocas instituciones, en tanto que, a los niveles inferiores, las telecomunicaciones contribuirán a una rápida expansión y homogeneización de los conocimientos científicos, haciendo irrelevante su posesión, premiándose, en cambio, la disponibilidad de materias primas.

El papel de la mano de obra no cualificada será de manera creciente, irrelevante, generándose graves tensiones, a nivel global como local, respecto a la distribución de la riqueza y su disfrute. Las necesidades de ayuda social, incluso existencial, crecerán, y los Estados, de forma independiente, no podrán hacer frente a la resolución de los problemas generados por la combinación de desarrollo tecnológico, insuficiencia de trabajo disponible y presión reivindicativa sobre lo que se conoce como nivel de vida deseable.

La valoración de la situación es diferente por países, pues no cabe hablar de convergencia. En Alemania, por ejemplo, se advierte un crecimiento en la creación de empleo de muy alta cualificación (hasta un 25% de la población activa), en tanto que los empleos auxiliares (que no demandan especiales habilidades) se han reducido hasta un 15%. Muy diferente a lo que sucede en China, India, Pakistán, etc. Y bastante diferente a lo que se observa en España, empeñada en consolidarse como un país a remolque de las circunstancias.

Admitiendo que la celeridad en la asimilación de los conocimientos tecnológicos y la redistribución de los mercados, obligará a una adaptación constante, tanto de las estructuras como de aquellos que tengan empleo, no puede pretenderse que esa «versatilidad», invocada continuamente por los políticos y analistas, sea posible para la gran mayoría. No depende tanto de la formación previa, ni siquiera de la actitud personal, sino de la orientación recibida. Deberíamos sacar consecuencias del exceso de peluqueros, cocineros, camareros, expertos en lenguajes informáticos obsoletos, empresarios de bares y mercerías arruinados, etc. Se les ha impulsado a un fracaso personal y económico, porque se les ha hecho abrigar esperanzas en lo que estaba vacío.

Es imprescindible que los empresarios, las representaciones sindicales y las instituciones políticas de todo orden se pongan de acuerdo en objetivos comunes. No los tenemos en la actualidad: ¿despido libre? ¿mini trabajos? ¿formación continuada? ¿ruptura definitiva entre la Universidad y el mundo real? ¿disminución de las prestaciones sociales a golpe de martillazos en el modelo existente? ¿incremento de impuestos a las clases medias para sostener el estado «social y de derechos»?…

Tenemos un tejido industrial con múltiples deficiencias, pero lo tenemos y tiene elementos muy aprovechables, que hay que poner en valor y saber potenciar. Se han de promover constantes reuniones (la palabra «reunión» está adulterada por el uso, pero no tengo otra forma de referirme  a encuentros dinámicos de trabajo), en las que se pueda plasmar el intercambio de información, la voluntad de coordinación, la transparencia en los objetivos y en la detección de dificultades y las conclusiones para apoyo recíproco.

La Administración no tiene por qué participar en ellas con voto, y ni siquiera con voz, pero debe de estar, y saber estar. Me produce sonrojo cuando, en un Congreso o Sesión en las que representantes de empresas exponen sus planes en ponencias por lo general muy bien preparadas, contando lo que hacen, sus sugerencias de solución a los problemas, etc., veo que los políticos que han realizado la inauguración de la Jornada se han marchado todos (principal y séquito), después de la intervención del Ministro o Secretario de Estado. ¿Tanto tienen que hacer? ¿Cómo se enteran de lo que pasa? ¿Por los periódicos?.

Habrá cada vez menos trabajo disponible, las cualificaciones cambiarán y las empresas no podrán garantizar el empleo indefinidamente. Los demandantes de empleo y la población actualmente activa ha de organizarse, y de manera diferente a como lo ha venido haciendo hasta ahora. El fracaso de las organizaciones sindicales en la detección del problema es notorio: se han preocupado de mantener el empleo y no por la creación, con lo que han sido testigos ineficientes de la corrosión de los fundamentos del sistema socio-laboral.

Es necesario, por tanto, la organización desde la oferta de trabajo, teniendo en cuenta la formación requerida, y las necesidades familiares y personales. Puesto que las empresas -las grandes empresas- no pueden garantizar los puestos de trabajo, los que lo necesitan para vivir han de plantear propuestas colectivas nuevas. Si la demanda de trabajo ha de ser a tiempo parcial, temporal y no indefinido y remunerado con criterios no transparentes, no se puede permanecer inactivo o con obsoletos esquemas desde la oferta, y hay que recuperar olvidados elementos de solidaridad, forzando a que el Estado se alinee en la defensa de los más débiles, no para argumentar junto a los que ya poseen.

No pretendo la originalidad de esta propuesta. La sustitución progresiva del tipo de empleado contratado laboralmente por la de un ofertante de prestaciones que negocia con las empresas o con la Administración el precio de las mismas, está cobrando creciente interés sociológico. Existen ya, como es bien sabido, empresas que se ocupan de la externalización de trabajos y servicios, franquicias, subcontratistas a precio inferior al que fue contratado el principal y otras que ofrecen una cartera de trabajadores a tiempo parcial. La modalidad de empresas que ofrecen solo trabajo y capacidad ha de crecer exponencialmente, y muchos de los actuales autónomos, deben organizarse para una oferta colectiva.

Y si se asumen todos los riesgos de los períodos en los que no se disponga de empleo (es decir, los no cubiertos por las prestaciones públicas), ese ofertante de disponibilidades tiene que organizarse y pensar como un empresario, no como un empleado… con todas las consecuencias: fijación del precio de sus servicios, potenciación de su capacidad, interconexión gremial, creación y selección de oportunidades, creación de oligopolios y soporte de estrategias, concreción de los espacios en los que se realiza la publicidad de las ofertas, modos de interconexión física y virtual de los miembros que forman las empresas de la oferta.

Creo, en definitiva, en un mundo mejor, reforzado por la puesta en valor de la versatilidad de ese tradicionalmente menospreciado factor de producción que es el trabajo. No me refiero al trabajo físico (al menos, no solo), sino, y sobre todo, al trabajo de alta cualificación, aquel que caracteriza la genialidad de la especie humana, que se ha de convertir en el eje de reconstrucción de las relaciones entre capital y empleo en el mundo global, si queremos que sea sustentable y no una fantasía de papel.

Así sea en España como en toda la Tierra, así en los países intermedios como en el cielo de la más alta tecnología. En defensa de la honesta distribución de las plusvalías generadas entre todos, de acuerdo con el trabajo, capacidades y oportunidades de cada uno.

(No hay por qué ocultar que esa defensa de posiciones es, por sí misma, revolucionaria. La superación de las ventajas circunstanciales que derivan del poder irregularmente adquirido, de la herencia descomunal de origen injusto, de las acumulaciones desorbitadas de beneficios obtenidas por razón de las ineficiencias del mercado o sus trampas, y, en fin, de todas esas espurias razones derivadas del azar, la corrupción histórica y no de los méritos propios, es revolucionaria. La forma de llegar al objetivo puede ser pacífica o violenta. Depende de la capacidad de liderazgo y convicción de los que se encuentren a ambos lados del conflicto)

Por la inteligencia. Amén.

FIN

Publicado en: Actualidad, Cultura, Economía, Empresa, Ingeniería, Internacional Etiquetado como: conflicto, cooperación, desarrollo, empleo, intenacional, mini-jobs, organización, tiempo, trabajo

Un país para turistas

25 junio, 2014 By amarias 6 comentarios

La resistencia de ciertos grupos de opinión a la implantación de nuevas actividades industriales o mineras, se ha centrado en el argumento de que, con ello, se perjudicaría gravemente al sector turístico, que se presenta como la actividad con mejor comportamiento ante la grave crisis de la que España no parece aún capaz de recuperarse.

España ha pasado en pocas décadas de ser un país con base económica fundamentalmente agrícola y ganadera, a gozar de un desarrollo industrial notable, lo que motivó el despoblamiento del campo, hoy en una situación lamentable de abandono. El análisis detallado de las razones y consecuencias del cambio de tendencia, no puede ser expuesto en pocas palabras, aunque no admite réplica el hecho de que el crecimiento de los sectores industriales que mayor empleo generaron en la segunda mitad de siglo XX descansó peligrosamente en procesos y tecnologías que resultaron extremadamente vulnerables, pues los países emergentes se convirtieron rápidamente en eficaces competidores.

Los mayores de este pueblo hemos vivido tiempos de vacas flacas y gordas, y la revisión de un pasado próximo en el que la demanda de empleo, relativamente muy bien remunerado, se polarizaba hacia sectores que hoy están en profunda crisis (siderurgia, carbón, construcción naval, edificación, etc.) revela las graves carencias de un modelo que no supo aprovechar la bonanza para robustecerse, avanzando hacia la diversificación y la obtención de mayores valores añadidos y…se agarrotó, en no pocos casos, en la defensa a ultranza de unos objetivos empresariales y, por tanto, de unos puestos de trabajo derivados, que no eran económicamente sostenibles.

No están lejanos los tiempos en los que cada Municipio de este país celebraba la instalación de Parques Industriales -hoy, en su mayoría, simplemente, eriales-. Tenemos demasiadas autopistas y carreteras que no conducen a ninguna parte (o casi), y la geografía se han poblado de muñones de estructuras que serán, sin duda, monumentos permanentes a la pésima adopción de injustificadas decisiones de las Administraciones, adobadas con la avidez de ciertos grupos empresariales por obtener beneficio inmediato de los presupuestos públicos.

Han sido muchos los pecadores, y desde las entidades financieras a unas Universidades endogámicas y poco eficientes, pasando por la cortedad de los planteamientos de decenas de centros de investigación descoordinados, incapaces para abrir y potenciar caminos alternativos, no es posible salvar muchos trastos del naufragio colectivo.

Vueltas las cosas del revés, las Administraciones parecen haber redescubierto que España es un país turístico: tenemos playas, sol, buena gastronomía, precios aceptables, monumentos, buenas carreteras (por ahora), seguridad ciudadana y una tendencia innata a querer caer simpáticos al extranjero.

Pues bien: alerto de que estamos ante una nueva burbuja, que no servirá para crear empleo estable de calidad y que, además, nos distanciará aún más de ese pelotón de cabeza industrial que concentra su empeño en desarrollar aún más su músculo para fabricar productos más y más sofisticados, tecnológicamente más avanzados en cada remesa y que, dirigido desde la practicidad del «sálvese el que pueda», no tiene empacho en seguir desplazando la fabricación de lo que es intensivo en mano de obra, contaminante o de menor empaque tecnológico, allí donde están lo centros de consumo más importantes, reservándose la recolección de la nata de sus plusvalías.

 

Publicado en: Actualidad, Economía, Empresa Etiquetado como: desarrollo, españa, industria, sectores, turismo

Un Cuento real: La jubilación activa de los autónomos

5 noviembre, 2013 By amarias2013 11 comentarios

A quien pueda interesar, esta es la situación actual, a partir del 17 de marzo de 2013:

Si Vd. es autónomo y ha llegado a la edad de jubilación:

Si desea mantener su actividad como profesional, debe seguir dado de alta como autónomo, pasando a cotizar al mínimo correspondiente a Contingencias Comunes (IT).

Para trabajadores con 65 años de edad y 38 años y 6 meses de cotización ó 67 años de edad y 37 años de cotización este tipo es del : 3,3% ó 2,8%, si está acogido al sistema de protección por cese de actividad.

Por tanto, si está en la base de cotización máxima, que es de 1.888,8 euros, y no estando acogido al sistema de protección por cese de actividad, le correspondería pagar: 62,33 euros.

A partir del mismo momento en que alcance la edad legal de jubilación, puede empezar a cobrar el 50% de la pensión que le corresponda (determinado según la Base reguladora que le proporcionará en cualquier oficina de la SS, y que dependerá de sus cotizaciones anteriores y de que esté o no casado, y de los hijos a su cargo).

No importará que Vd. facture poco o mucho como autónomo, puesto que para estos profesionales, mientras se mantengan en esta situación, solo se les abonará el 50% de la Base reguladora.

Publicado en: Economía, Empresa, Sociedad Etiquetado como: actividad, autónomo, cese, cuota, edad, jubilación, jubilación activa, mínimo, protección, seguridad social, trabajo

Feeling start-up´s Initiatives (y 8)

28 octubre, 2013 By amarias2013 Deja un comentario

Con esta entrada termino la primera serie de Iniciativas de Inversión, que consta de 8 comentarios.

8. Senior Business Angels (Inversores jubiletas). Me he preguntado muchas veces qué es lo que lleva a los ahorradores a invertir su dinero en empresas de cuyos gestores no sabe nada, o muy poco, o incluso, lo que sabe, resulta poco tranquilizador, solo porque cotizan en Bolsas y Bolsines sobre las que no tiene ninguna capacidad de influencia.

Me he convencido de que lo que sucede es que los seres humanos confiamos en los dioses del azar y que nos gusta jugar, imaginando que nos va a tocar el premio gordo, justamente a nosotros, porque para esas deidades somos sus hijos predilectos.

Centrándome en aquellos que han tenido la suerte de acumular algún patrimonio en su vida profesional activa, y que, sabiéndose aún son capacidad intelectual más allá de la posibilidad de resolver sudokus en el transporte urbano, se resistan a abandonar este mundo por la puerta del silencio y el abandono, ¿por qué no invertir en proyectos de nuevas tecnologías, propuestos por jóvenes recién titulados de nuestras universidades (solos o en compañía de alguno de sus profesores)?

Si se creara un pool de inversión con personas que tuvieran esa capacidad y ese deseo, podrían, legítimamente, imponer que se ejercería desde él una tutela constructiva sobre los proyectos en los que se invirtiera, incorporando, en la medida de lo factible, su experiencia, consejos y relaciones.

Los Colegios profesionales, llamados según el anteproyecto de Ley de servicios profesionales, a sufrir un cambio profundo en su reglamentación e ingresos, quizá puedan profundizar en esta idea, y lanzarla como una interesante opción para sus miembros, enlazando las generaciones de los que no quieren irse con la de los que quieren empezar con paso firme.

Publicado en: Economía, Empresa, Tecnologías Etiquetado como: business angels, colegios profesionales, gestión, influencia, inversores, jubiletas, riesgo, start-up, sudoku, tecnología

Feeling start-up´s Initiatives (7)

27 octubre, 2013 By amarias2013 Deja un comentario

Continúo con la presentación y somero análisis de algunas ideas para generar nuevas actividades lucrativas:

7. All-Exchange Craigslist.- Desde finales de la década pasada se encuentran plasmadas en Internet listas de clasificados que reproducen, por supuesto dotándolas de mucha mayor agilidad e información, ofertas de compra-venta de inmuebles y productos, demandas y ofrecimientos de empleo, etc.

Lo que no me consta que exista, al menos en activo y general funcionamiento, es una plataforma de trueque, en la que, en lugar de realizar las transacciones en dinero, se haga intercambio, simplemente de uno o varios productos por otros.

Desde luego, no es tan sencillo aplicar el sistema a productos que exijan inscripción en el Registro mercantil, porque no creo factible mantener a nivel privado el trueque de un apartamento en Benidorm, por ejemplo, por el cuidado irreprochable, hasta su fallecimiento, de un anciano en León.

Pero, analizando las posibilidades en un amplio contexto, se me ocurren multitud de operaciones que no precisan ser traducidas monetariamente y, por tanto, pueden establecerse al margen del mercado del dinero.

El cambio de períodos de estancia en viviendas propiedad, respectivamente, de quienes han llegado a ese acuerdo es el más directo y ya bastante utilizado. En los pueblos agrícolas o ganaderos, siguiendo una tradición ancestral, se han venido cambiando, entre vecinos, trabajos, mercancías y favores, sin llegar a una traducción monetaria.

¿Por qué no llevarlo a todos los órdenes, y hacerlo desde internet?. He visto ya algunas ofertas en las redes sociales, pero no desde una plataforma dedicada a ello.

Quede aquí la idea, para que alguien la elabore o, por lo menos, la comente.

Publicado en: Economía, Empresa, Tecnologías Etiquetado como: all-exchange, bienes, craiglist, inciativas, intercambio, mercado, registro mercantil, start-up, trueque

Feeling start-up´s Initiatives (6)

25 octubre, 2013 By amarias2013 Deja un comentario

(Continúa de anteriores Entradas)

6. Seleccionar empleados -o conseguir trabajo-, a través de las redes sociales («Social Recruitment»). Prácticamente todas las empresas que se precien de estar al día en estas cosas, tienen un apartado en sus webs en donde te invitan a dejar el currículum, prometiendo virtualmente que te llamarán, en la medida que tu perfil encaje en no se sabe qué cerraduras de entrada a sus estructuras.

Por supuesto, estos métodos coexisten con las empresas de selección, y unos y otros, sobreviven -a duras penas- en un mundo en el que escasean los trabajos.

No tengo dudas de la ineficacia de las redes sociales para conseguir trabajo. Todo el que las haya pretendido utilizar con este fin podría ofrecer su experiencia, si le apetece sincerarse, y confirmar este aspecto.

¿Qué falla? ¿Por qué anunciarse en internet «en búsqueda activa de empleo», teniendo más de 500 «contactos directos» y varias decenas de miles de relaciones de segundo o tercer nivel, no sirve para nada?

Ante todo, porque las redes no tienen verdadera visibilidad. Las utilizamos no para ver, sino porque deseamos ser vistos.

Y, mientras tanto, una parte del mundo real sigue atendiendo a los mismos esquemas de siempre: conocimiento directo, imagen personal (aspecto físico y atuendo, incluidos), recomendación, amistad, enchufismo, intercambio de favores, compensación indirecta, etc. Pocos elementos que puedan conjugar las redes sociales.

Hay, sin embargo, campo para cualquier sistema de contactos virtual que establezca peajes de entrada, bonus de credibilidad y solvencia, sistemas serios de valoración del conocimiento, establezca baremos neutrales en relación con decenas de variables, admitiendo clasificar de forma continua y automática, según las palabras clave que se desee, su bolsa de empleo o su cartera de miembros.

No interesa a un empleador en su sano juicio que alguien sea hincha del Deportivo o fan de Garralde…sino que se evalúe, con la mayor seriedad y objetividad, a los candidatos que tengan ciertas características que él haya determinado previamente, para no perder el tiempo revisando miles de candidaturas no adecuadas.

Las «Ferias virtuales de empleo», campo en el que la empresa española Imaste-IPS (hoy dentro del grupo ON24) ha sido innovador e impulsor, ofrecen permanentes vías de exploración de nuevos enfoques… entrevistas personales por vídeoconferencia, conocer empresas desde casa, consultar opiniones a otros visitantes de la feria virtual, etc.

No es la única opción de mejora. La renovación de planteamientos es constante, y el sector resulta muy sensible a los perfeccionamientos en el software de comunicación, desarrollo y diseño (y, naturalmente, en el hardware, pero eso ya es otro cantar de tono más alto). Invito al lector interesado a visitar algunas páginas de gente creativa en este terreno, que sabe exprimir el zumo de su imaginación: Ignite , Bright, o Tribehired.

¿Se le ocurre cómo mejorarlas?…Si es así, adelante.

Publicado en: Economía, Empresa, Tecnologías Etiquetado como: bright, contratación laboral, empleo, ferias virtuales, ignite, imaste-ips, initiatives, on24, social recruitment, start-up, tribehired

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