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La cumbre de los ingenieros

14 mayo, 2013 By amarias2013 3 comentarios

Los días 13 y 14 de este mayo caprichoso -corre el año de la desgracia de 2013-, el Instituto de la Ingeniería de España celebra la «Cumbre de la ingeniería española».
Todos los nombres pomposos me mueven al recelo, porque he dejado de creer -hace tiempo- en cimas y solo veo valles y, en todo caso, repechos.

La primera reunión se anunciaba a la temprana hora de las 8h30 del lunes, y allí estábamos unos cuantos fieles a las causas de la ingeniería, después de haber pasado un control de identidad, con olfateado de cánidos incluído, porque a las 12 h se inauguraba la operación «cumbre» por SAR El Príncipe de Asturias, ceremonia de boato a la que había que estar, se me informó, previamente invitado. (Tiempos éstos de respeto, amigo Sancho, en los que los Reyes y sus familias no son temidos por los súbditos, sino que son aquellos los que temen a éstos).

La montaña a la que me había apuntado no resultó precisamente el Angliru (más bien, un cerro menor), aunque sí me sirvió para confirmar los tufos de discrepancia entre la Administración pública y la privada en los temas de la energía. Creo que en eso nos hemos constituído en una singularidad europea y, seguramente, mundial: la Administración pública no se entiende con el gran capital. Como todos teníamos fresca la confesada devoción por la libertad de mercado y el apoyo a una no-planificación (flexible, eso sí) del secretario de Estado de la Energía, sonó a discrepancia legítima, pero rebelde, oir del representante de Iberdrola (Carlos Sallé) que «se necesita una política visible y no cambiante» y que «la estabilidad regulatoria es un elemento más del mix».

Aunque, por el buen rollete en la mesa, todos parecían estar de acuerdo con ello, no me pareció que esto fuera exactamente lo mismo que se desprendía de otras frases que apunté de boca de Rafael Mateo (Acciona), que expresó que «hay que sacar de la tarifa lo que no tiene que ver con ella, como el apoyo al carbón nacional, los bonos sociales, las primas a las renovables, etc» y que «cada ez que tenemos un vertido de eólica en el sistema, se produce una pérdida de competitividad enorme», siendo víctimas «de un gravísimo error de planificación del crecmiento de la demanda y de la dejación de responsabilidades por parte del regulador en el control». Tal vez va a ser verdad que lo que nos pasa es que no sabemos lo que nos pasa.

En fin, yo estaba allí a Rolex y no a setas (con perdón), puesto que me había apuntado a la conferencia de Javier Targhetta, que apechugó, ni más ni menos, que con el tema «Minería»; así, por las bravas. Estuvo bien, explicando con pocas pinceladas y un par de slides que «el mundo se mueve cada vez más por motivaciones a corto plazo -estornudos-» y que «China ha multiplicado incluso por diez su orden de consumo desde 2003», en tanto que «los precios deflactados del cobre, zinc, y aluminio» (los tres metales en los que fijó su análisis) se mantienen invariables.

¿De España? «Caída salvaje de los mercados, que solo la exportación ha podido compensar; (…) se necesita seguridad jurídica, incluyendo certeza en la utilización del suelo industrial, con carácter ilimitado en el tiempo». Y, ya cogido a contrapelo, dijo Targhetta que echa de menos «apoyo a la contención del gasto público, con saneamiento del sector financiero», porque -supongo que era esta la razón del arabesco- aunque «no tenemos ya recursos mineros importantes», si bien «pueden ser puntualmente rentables», y allí hace falta que la Administración apoye y los ecologistas no incordien con sus flautas.

No me quedé a la inauguración. Tomé un café en el jardín del Instituto, departí sobre trivialidades y fundamentos con varios colegas (el patio se pobló de ancianos uniformados a medida que llegaba el momento de la aparición de SAR) y me fui, para intentar «sacar algo de piedra», con la noticia a cuestas del fallecimiento de Julio Gavito, que me acababa de pasar, emocionado, Javier Cueto-Felgueroso. Me contaron luego que el Príncipe había dicho que España necesitaba ingeinieros. ¿Alemanes?

Publicado en: Ingeniería Etiquetado como: Acciona, Carlos Sallé, cumbre, Iberdrola, IIE, ingeniería, instituto, Rafael Mateo, Targhetta

Julio Gavito Omaña, inteligencia emocional cum laude

13 mayo, 2013 By amarias2013 2 comentarios

Acabo de enterarme de que Julio Gavito Omaña, compañero en la ingeniería de minas y en varias vivencias, ha fallecido ayer, 12 de mayo de 2013. Creo que no tengo forma mejor de expresar mis sentimientos, que trasladar aquí la entrevista completa que le hice hace cuatro años, en junio de 2009, y que fue publicada, con el mismo título que este Comentario, en la revista ENTIBA.

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Quedo con Julio Gavito para cenar en el restaurante la Misión, en Madrid, y llega algo tarde. Nos aposentamos en la terraza, entre ejecutivos y señoras de buen ver, que disfrutan del alivio de la temperatura en un día cálido de mediados de junio.
No nos lleva mucho tiempo elegir de la carta. Canelones con rabo de toro y Solomillo de ibérico; como entrada, compartiremos croquetas de calamares y alcachofas. Lo acompañamos con un vino cosechero riojano, servido frío.

La vida de Julio Gavito es intensa y daría para varias entrevistas como ésta. Tengo que acallar la posible tentación de caer en el detalle, de pormenorizar. Es obligado contentarse con hacer un cuadro a pinceladas, saltar de un tema a otro. Conozco bastante bien la historia de Julio y tenemos varios puntos de coincidencia, personal y profesional.

Nuestras biografías se han cruzado varias veces. Al tiempo en que Gavito fue nombrado Consejero de Industria, yo acepté asumir la Dirección de Proyectos en la Sociedad Regional de Promoción de Asturias. Ambos hemos vivido nuestra infancia en Oviedo, fuimos vecinos en la calle Matemático Pedrayes. Tenemos más o menos la misma edad, estudiamos el primer curso de ingeniería en las mismas aulas. Nos mantuvimos expatriados durante años, retornamos a Asturias, y volvimos a marchar. Hemos cambiado varias veces de empresa…

Julio tiene también experiencia como restaurador. “Invertí todo el dinero de la emigración, que ahorré cuando estuve en Arabia Saudí y Kuwait con Schlumberger, en Valentino, un restaurante que monté con unos viejos amigos en Oviedo, en la calle de Marqués de Pidal “. Perdió toda la inversión. “Se cometieron todos los errores posibles”.

Entre las simpatías comunes, se encuentra nuestro interés por Bolivia, país en el que Julio vivió casi dos años y en donde le hicieron protagonista de una historia rocambolesca.
Le recuerdo que debe entregarme algunas fotografías para ilustrar este reportaje, mientras una camarera atiende mi solicitud –que repetiré a lo largo de la cena- de que nos fotografíe. “En internet se pueden encontrar muchas fotos mías. Incluso hay alguna que estoy detrás de los barrotes, en Bolivia”.

Pero de eso hablaremos luego.

La experiencia asturiana: entre la técnica y la política

Julio niega que sea un ingeniero metido a político. “Me parece demasiado simplificador. Siempre tuve, y la mantengo, preocupación por la política. Casi al mes de la muerte de Franco, dimití de mi trabajo en Arabia Saudita y quise venirme a España. No quería perderme lo que entendía que iba a pasar aquí. El 20 de noviembre de 1975 me encontraba en Londres, de vacaciones. Varios españoles lo festejamos juntos: Laura García Lorca, José Martín Artajo, Lucy Durán, -su mujer, hija del coronel republicano Gustavo Durán-,…La limpiadora nos hizo una foto”.

Gavito fue invitado por Pedro de Silva, en 1984, a participar en el Gobierno regional de Asturias, en la primera legislatura socialista. Ocupó la Consejería de Industria y Comercio hasta 1987. Mantiene desde entonces una amistad estrecha con Pedro de Silva, que le permite juzgar sus virtudes con ironía. “Pedro era el Príncipe del Colegio, y ya se sabe los jesuítas no hacen Príncipe a cualquiera. Fue posiblemente el mejor presidente de Asturias y no creo que sea ya posible que haya otro igual. Sintetiza muy bien, es trabajador, tiene alto coeficiente intelectual”.

Julio estudió bachillerato en el Instituto Alfonso II, de Oviedo, influencia que “cree determinante” en su vida. Aprovecha el recuerdo de aquellos años para lanzar un dardo azucarado: “Los que no tenemos tan alto coeficiente intelectual como otros, debemos suplirlo con inteligencia emocional, que suele faltarles a los príncipes”.

Los tiempos en la Consejería fueron intensos. “El problema mayor era la falta de competencias, lo que te convertía en un mero catalizador con escasa capacidad para resolver. Dedicabas mucho tiempo a mediar en los conflictos”. Fue época de alta conflictividad: Talleres Moreda, Confecciones Gijón, Naval Gijón, son algunos ejemplos. La industria regional ardía en dificultades económicas y tensiones laborales, generadas en torno a la reconversión drástica de los sectores siderúrgico, naval y carbón, que arrastraron a las empresas de montaje y a las industrias transformadoras y de equipos.

“Me hubiera gustado tener más participación en algunos temas. Por ejemplo, en la reestructuración de la Fábrica de Armas. En otros, traté de impulsar las ideas que se me presentaban. Así, presté mi apoyo a la agrupación de fundidores asturianos, que deseaban mejorar su capacidad para exportar a todo el mundo; incluso a Italia. También traté de potenciar Exportastur”.

No tenía la Consejería competencias respecto a Hunosa y Ensidesa. “A poco de llegar, se presentó un problema con la máquina de extracción de la Camocha. Allí fui con toda ilusión, y me puse a hablar en inglés con el técnico que estaba al cargo del equipo. Me dejaron claro mi sitio de inmediato: Yo tenía que ser ahora un político, no un técnico”.

Las relaciones con Madrid y con los sindicatos

Por entonces era ministro del área Carlos Solchaga, con el que dice haber tenido una relación fluida. Con su estilo gráfico, cuenta: “En Madrid nos creíamos que éramos catalanes. La gente de la Administración central nos hacía mucho caso, a pesar de que en población Asturias tenía más o menos el tamaño de Vallecas”.

Gavito es modesto al juzgar su papel. “La importancia regional de la época se debía a la delicada coyuntura y, especialmente, a una persona: Pedro de Silva. Imponía respeto, porque daba la sensación de superioridad moral y descolocaba a los interlocutores. Cuando ibamos a pedirle algo a Solchaga, me sacaba recurrentemente el tema de Hunosa. Era un problema estatal, pero nos veía como observadores de confianza.”
De la relación con los poderosos sindicatos de la época, recuerda que “tenía mejor sintonía con las secciones del metal, tanto de UGT como de Comisiones. Me encontraba mejor con ellas que con el SOMA.”

Aunque no especifica si se refería al entonces poderoso líder del Sindicato Minero, José Angel F. Villa –en la entrevista pasaríamos revista a muchos conocidos comunes, empresarios, políticos, compañeros, periodistas, amigos, etc. – apunta una frase que pone en boca de Manuel Fernández López «Lito”, de UGT-Metal. “Las personas pasan, pero los sindicatos duran toda la vida”

La buena sintonía con los sindicatos la rememora Julio, en particular, en relación con los conflictos en el naval. “Pasé muchas horas con los gestores de Cantábrico y Riera, como mediador cualificado”. Además de con Amalio Muñoz, recuerda los contactos con Félix Mazón, las peculiaridades de Leonardo A. de Diego, las entrevistas con los Sitges, con los M. Carrillo, …, en una catarata de personajes y circunstancias. No destaca a nadie en particular, si yo no se lo pido, aunque parece tener siempre a punto un comentario en su memoria: “Al frente de Mefasa se encontraba Alperi, muy listo, que encajaba dentro del esquema modernizador; la empresa fabricó algunos grandes barcos competitivos, a cuya botadura, realizada con gran despliegue, fui invitado”.

Dimisión: “No sin haberlo meditado largamente”

Recordamos el proyecto de la Factoría Cultural, del que Ingeniería y Diseño (y su centro de Cad-Cam) sería, a la postre, la única realización visible. “Cuando llegué a la Consejería ya existía ese proyecto, que era fruto de la capacidad de seducción de Juanjo Cueto y de Chus Quirós, reforzados por Víctor Manuel, Ana Belén y Rodrigo Uría…Porque Pedro de Silva era seducible. “

El proyecto “fracasó por razones que no se controlaban desde Asturias. Pero no hay de qué arrepentirse. Se debe intentar siempre lo que se crea que merece la pena. Otra cosa sería dejar triunfar la filosofía pancista. Hay que arriesgar. En España, por ejemplo, hay tantos restaurantes que no parecería que montar un restaurante sea buena idea. Muchos lo hacen, sin embargo, y algunos funcionan bien. El proyecto de la Factoría Cultural pudo haber salido adelante, y no lo hizo, no por ser bueno o malo, sino porque la coyuntura y los apoyos no fueron los adecuados.“

Julio dimitió de la función de Consejero de Industria por escrito. Le sustituiría Paz Felgueroso, hoy alcaldesa de Gijón. “Tomé algunas decisiones probablemente precipitadas, que fueron desautorizadas, con buen criterio, por Pedro de Silva. Pedro tardó un año en aceptar mi dimisión. Cuando se acabó la legislatura sacó mi carta del cajón.”

En un acto de Tribuna Ciudadana, en el que fue presentado por el ex-Presidente como conferenciante, contó “que esa carta estaba redactada exactamente en los mismos términos que la de mi dimisión de Shlumberger. La había copiado de un libro de cartas de inglés comercial y empezaba así: No sin haberlo meditado largamente, he llegado a la conclusión final…” Gavito se ríe, como si fuera una travesura.

La experiencia boliviana: los idus de marzo

A Julio Gavito le gusta escribir y leer. Tuvo ocasión excepcional de desarrollar esa habilidad para contar una parte de su propia vivencia, al final de su estancia en Bolivia, como Presidente de Andina, la empresa mixta de Repsol-YPF y el gobierno boliviano.

Andina daba empleo a unas 100 personas y a otras 300 indirectamente. Estaba capitalizada al 51% por Repsol-YPF; el resto pertenecía al gobierno boliviano. La responsabilidad de Gavito incluía también varios campos de gas en los que Repsol era operador o socio.

“Cuando Repsol compró YPF, incorporó todos los activos de esta compañía, de los que fue desinvirtiendo con diversos criterios. Antes de irme a Santa Cruz estuve en Boston, como consejero delegado de Global Companies LLC, de la que YPF había adquirido el paquete de control, porque se deseaba participar en alguna empresa de downstream.”

Julio recogió la experiencia de sus últimos días en Bolivia, en varios artículos periodísticos, alguna conferencia, y un relato inédito titulado “Los idus de marzo”. Su imagen y peripecias judiciales ocuparon titulares en la prensa de varios días de 2006.

La cosa fue así: La fiscalía cruceña, movida al parecer por el ex-Presidente Mesa, pretendía que Andina había cometido irregularidades fiscales, de las que imputó a Julio Gavito y a Pedro Sánchez, los máximos responsables del momento en la empresa, aunque no habían sido empleados de la compañía en los años investigados.

La situación puso nuevamente a prueba la capacidad de Julio para contemplar desde alguna distancia sus propias vicisitudes. Por cierto, el comportamiento de algunos de los altos directivos de Repsol en aquella época no le despierta buenas emociones. “Hasta el final, cuando el juzgado boliviano dió por sobreseído el caso, Repsol no realizó ni una sola nota de prensa defendiendo a sus directivos imputados. La que apareció, la redacté yo mismo. El interés del responsable de comunicaciones estaba más enfocado en cuidar la imagen del presidente del grupo que la de la compañía”.

Orden de desarraigo, paletadas y nombres propios

El momento más delicado de la aventura de Bolivia fue la salida subrepticia del país, en marzo de 2006, porque la fiscalía había dictado una orden de arraigo (prohibición de abandonar Bolivia). Lo hicieron en un viaje rocambolesco, por una frontera apenas transitada, en un peligroso itinerario, ocultándose en Argentina durante un par de días.

Con el paso del tiempo, la cuestión ha adquirido para Gavito una visión aún más nítida, incorporándose nuevos datos. “Carlos Mesa, que fue presidente en Bolivia cuando Sánchez Losada huyó por las grandes revueltas del final de la época liberal, sostiene en uno de sus libros que un tal Manuel Suárez (boliviano, que había estudiado en la complutense) y yo conspirábamos para derrocarlo. En aquella noche larga de la fiscalía, todos me repetían que si yo hubiera sido norteamericano no estaría allí. “

La política española se involucró para negociar. El embajador Juan Francisco Montalbán y el secretario de Estado Bernardino León, e incluso el ministro de Exteriores Moratinos, mediaron en la cuestión. Pero Julio tenía tan claro entonces como lo tiene ahora que el camino de negociar a los altos niveles resultaría equivocado: “Se mantuvieron conversaciones con el nuevo presidente Evo Morales, lo que era un error. Porque no había que negociar con el poder político, ya que el gobierno no iba a intervenir corrigiendo decisiones de la fiscalía. Cualquier orden desde el ejecutivo hubiera apoyado la convicción de quienes pensaban que Bolivia no era una democracia formal, sino un cachondeo, en donde los políticos controlan a los jueces…lo que era, por supuesto, cierto”.

Su aprehensión y el paso fugaz por la cárcel, en fin, la ve Gavito como “una gran paletada, propia de gentes poco viajadas. Yo tenía las claves básicas, sabía cómo habría que actuar, pero nadie me preguntó nada. Las instrucciones venían desde Madrid. Genéricamente decidí denominar a estar fuentes de instrucciones, Moscú . “¿Qué dice Moscú?” nos preguntábamos en broma.”

“Siguiendo órdenes de Madrid, que entendía que estaba todo resuelto, me presenté voluntariamente en el Juzgado de Santa Cruz, por la tarde, para sorpresa de los funcionarios, pues no podían hacer otra cosa que encarcelarme, dado que tenía sobre mí una orden de busca y captura. Así pasé una noche entre rejas, porque el único que podía ordenar mi inmediata puesta en libertad era el juez, que no trabajaba por las tardes. En consecuencia, -cuenta- la prensa gráfica obtuvo la imagen que los fiscales deseaban: Los ejecutivos de Andina tras las rejas”.

No guarda Julio, en absoluto, mal recuerdo de Bolivia, ni de sus gentes. Al contrario. “A mi despedida de Bolivia acudió mucha gente. Entre ellos, mi buen amigo Salvador Rich Riera, ministro de Obras Públicas con Morales, hoy embajador en Uruguay”.

Tiene el entrevistado clara opinión sobre un buen número de políticos bolivianos, a los que conoció personalmente. Por ejemplo: “Evo es un listo de la calle que ha sabido ignorar a todos los partidos, presentándose como un indígena, a pesar de que su apellido delata su origen mestizo. El presidente Paz Zamora supo que era imprescindible incorporar a la población mestiza al gobierno, pero el Movimiento de izquierda revolucionaria (MIR) se fue al traste por la corrupción, ligada a la coca. Tuto Quiroga es un gran funcionario, que tiene el estado en la cabeza, como Fraga Iribarne…”

El futuro de Bolivia y las trampas para osos de Muniellos. However

Las perspectivas de futuro de Bolivia, no las hace descansar Julio solamente en el petróleo. “Las riquezas mayores están en el gas, la soja, la plata, el estaño, la madera y el litio (muy abundante en el salar de Oyuni). Pero hay que estructurar el país, que tiene doble superficie que España y solo 8 millones de habitantes.”

“Tiene Bolivia que olvidar el racismo y apoyarse en la realidad del mestizaje, alejándose de las posiciones de Chavez y Castro y acercándose a las de Lula y Bachelet. Porque yo sigo siendo marxista en cuanto que estoy convencido de que la economía precede a la cultura. Las trampas para osos son iguales en China que en Muniellos. Hay que superar la filosofía del oenegero. Ayudemos a que los países pobres aumenten su pib y a que lo repartan mejor.”

Julio recuerda con especial afecto a Dionisio Sierra, que estaba de director general en Eniepsa-Hispanoil, con el que había coincidido en Schlumberger y que fue Director de Repsol Exploración. “Dionisio fue importante para mi entrada en el mundo petrolífero; quería que aportara modernidad, y fue quien me asignó al proyecto Gaviota de Bermeo. “

También tiene palabras encomiásticas para Miguel Ángel Remón. “Miguel Ángel tuvo el papel del funcionario diligente que escuchaba pacientemente las ideas de cada recién nombrado presidente de Repsol, para acabar indicándoles, como en aquella serie de la televisión inglesa de los 80, “Yes minister”, hacía Bernard Woolley, el respetuoso e irónico Secretario Personal: “Yes, minister, however…”

La experiencia árabe. Irán y su revolución pendiente

En Oriente Medio trabajó Gavito en Kuwait, Dubai, Iraq, Irán y Arabia Saudita. En Irán estuvo año y medio. “Intentamos incluso comprar un campo petrolífero en el golfo Pérsico, pero acabó yendo a parar a manos de Shell”. Fue su primer trabajo, y coincidió con el final de la época del Shah Reza Pahlevi.

“Me enerva la actual situación en Irán, -dice-, lo que no me sucede cuando pienso en Arabia Saudí o en Kuwait. Siempre tuve la esperanza de que la contrarevolución la hicieran las mujeres, y que un millón o más salieran de pronto a las calles, quitándose los velos. Muchas mujeres iraníes son universitarias, y la mujer acude allí la Universidad desde los cincuenta. “

Opina que la solución para Irán depende de la liberación de la mujer iraní. “No son raras las mujeres iraníes que han leído a Shakespeare y a Proust. Se las trata como ciudadanas de tercera. pero muchas son muy cultas. Un reformador debe apoyarse en ellas. La segunda mujer del Shah, Soraya, era estudiante de arquitectura. Mientras no se libere esa fuerza, habrá una revolución latente en Irán, que se encuentra bajo un régimen teocrático inventado sin contar con la mitad de la población. Recuerdo que cuando salíamos del país en el avión con la British Petroleum, ya en la escalerilla del avión, las mujeres se quitaban la pañoleta. Era espectacular, una sensación muy erotizante. Se despedían del chador, de la pañoleta de Hermés, en un gesto de libertad”.

“Por eso, Musavi pretende cambiar el sistema desde dentro, siguiendo el modelo Adolfo Suárez. Y como Irán es fundamental para el equilibrio de la zona, Obama pactará con quien gobierne allí”, concluye.

La planificación energética y la gasificadora de El Musel

Julio se confiesa partidario probablemente de la energía nuclear. “No haría nunca una central, pero si Garoña puede durar diez años más, no tendría duda en mantenerla. Porque, además, la polémica que se está viviendo es falsa: el juego de alternativas a las nucleares no son las energías renovables, sino el carbón, el gas y el petróleo.”

“Cuando fui Consejero, la opción que defendimos como mejor era acercar a Asturias el gasoducto de Enagás, a pesar de que la demanda aparecía como insuficiente para los criterios de entonces. Fui a ver a Oscar Fanjul con el consejero de Cantabria para que el gasoducto llegara a Cantabria y a Asturias, y lo convencimos, enumerando las empresas que se beneficiarían.”

La cuestión, como otras, está clara en la mente de Julio Gavito. “En realidad, la idea de la gasificadora en el Musel no es nueva. Creo recordar que ya fue propuesta, en mi época, por los consignatarios del puerto. Actualmente no se necesitan son más gasificadoras en España. Estados Unidos tiene solo cuatro instalaciones, mientras aquí tenemos 8. Ningún país tiene tantas. No hay ningún argumento serio para defender una gasificadora como imprescindible. Por la ley de Boyle Mariotte, todos sabemos que si se necesita más volumen de gas, bastaría aumentar la presión de suministro, y si fuera imprescindible, sustituir la conexión por otra de mayor diámetro. Es falaz apoyar la necesidad de la gasificadora en los proyectos de ciclo combinado, porque no hace falta producir kilowatios para exportar sino se negocian contraprestaciones”.

Generación perdida, ilusiones frescas. Privatizaciones precipitadas

Le pido que hable de su visión de la generación de los nacidos a finales de los cuarenta, principios de los cincuenta. “Somos una generación, digamos, perdida. Nuestros mayores no nos dejaron incorporarnos fácilmente al sistema. Fuimos respetuosos, y cuando creímos llegado nuestro turno, los más jóvenes ya habían ocupado con rapidez los puestos que nos debieran haber correspondido.”

“La verdadera ocasión la tuvimos en los 80. Pocos podían decir entonces que habían estado en el extranjero, y algunos volvimos a España perdiendo dinero. Mirando hacia el presente, queda mucho por hacer. Desde la gestión de la coyuntura, cambiar el sistema financiero, potenciar la investigación, etc. No parece haber la sensación de que exista un buen plan ni por la izquierda ni por la derecha. “

Tiene Julio ideas, -cómo no-, respecto a las opciones para salir de la crisis. “No se debería desincentivar la compra de viviendas. La economía ha estado basada en la construcción, y no se puede dar un giro a la industria por decreto. Los ayuntamientos dependen para subsistir de las obras de nuevos edificios, de las recalificaciones de los terrenos. Les faltaría el medio de financiación, porque los gastos corrientes se cubren con la construcción. Hay que tener claro el modelo al que se desea ir, antes de destruir lo que se tiene.”

Y formula un reproche: “Nos hemos precipitado en las privatizaciones de las empresas públicas. Fuimos bastante ingenuos. Ni Italia ni Francia lo hicieron. Por eso, hoy, en Italia, uno de los firmes instrumentos de poder de Berlusconi es el IRI.”

Respecto al cambio en Estados Unidos, comenta que “Obama es hoy la mejor noticia en nuestro mundo global. Dábamos por perdido todo en la pendiente, y no se sabía si la estábamos subiendo o bajando. Obama trae aire fresco, y da igual lo que haga. Ni siquiera haría falta que hiciera algo, en realidad…Para un ciudadano europeo es muy importante la política económica de Estados Unidos. Zapatero podrá realizar alguna actuación aspirínica, pero la mayor capacidad de influir en nuestra cotidianidad la tiene Obama y no él. En esta crisis, nos han metido los americanos, y nos van a sacar ellos. Sin olvidar que la globalización es incuestionable, y hay que superar la visión demasiado transitiva de los hechos. Todos se influyen. Irán no puede pretender ignorar el Nimex, porque le afecta para su supervivencia lo que se decida allí “

Añoranza de Asturias

Cuando le pregunto sobre su ocupación actual, Julio me dice que trabaja en el proyecto Escal UGS, concesionaria de la explotación que convertirá un antiguo pozo petrolífero submarino, a 21 kilómetros de la costa de Vinaroz, en un gran almacén submarino de gas y que aprovecha el yacimiento explotado por Shell en los setenta. Y reconoce: “No he vuelto a Asturias, sinceramente, porque nadie me ha llamado para volver a trabajar allí”. Lo que no le impide ir frecuentemente a la tierrina, para conversar con viejos y nuevos conocidos y amigos y, tal vez, arañar algunas horas para escribir unas memorias antes de que las historias vividas se cubran de olvido o sean tergiversadas por otros intereses .

Le acompaño hasta su coche. Han sido dos horas y media de conversación intensa y entretenida. Se ha levantado algo de fresco, que se agradece en este final de primavera. Al llegar a casa, miro las fotos que nos han sacado en el restaurante. Todas mal. Con el fotoshop, consigo salvar una, para dejar al menos testimonio gráfico de esta cena.

FIN de la Entrevista. Junio 2009, ENTIBA

Descansa en paz, Julio. No quisiste que casi nadie se enterase de tu enfermedad, descubierta cuando ya estaba muy avanzada y te parecía irreversible. Eras, también para lo tuyo, perspicaz. Siempre fuiste divertido, ingenioso, con un punto iconoclasta; y atrevido para tomar decisiones cuando otros se limitaban a ver el obstáculo. Así te recordaré.

Publicado en: Ingeniería, Personal, Política Etiquetado como: Asturias, Bolivia, consejero, fallecimiento, idus, industria, Julio Gavito, obituario, Principado, reconversión, Repsol

Por las rutas de las profesiones

8 mayo, 2013 By amarias2013 1 comentario

Hoy quiero referirme, nuevamente, al panorama de desorientación en el que está inmerso el mundo de las profesiones, al que amenaza, además, en lo que respecta a la ingeniería, una inminente Ley de Servicios Profesionales que pretende convertir en norma el capricho mental de un aprendiz de legislador, sin la menor idea de lo que es la ingeniería, que estipula como dogma de fe que los ingenieros pueden dedicarse, independientemente de su formación académica, a diseñar y construir cualquier artilugio -desde un barco de guerra a un túnel bajo el estrecho de Gibraltar-, siempre que respondan de la osadía con los polvos mágicos de su deontología ante el cliente y estén cubiertos, a su voluntad, por un segurcito de responsabilidad civil por si vienen mal dadas y un tsunami les echa a perder el involuto tecnológico.

Comprendo que un país al que le salen a borbotones las cifras de parados por los agujeros abiertos en su economía por los cuchillos de la improvisación y la insolidaridad y que los falsos fontaneros alemanes han pretendido restañar a golpes, no está de ánimo para oir de estas minucias, que parecen ayes corporativos y lamentos de tipos de corbata ansiosos por mantener sus prebendas históricas.

Aún menos, si hay temas que resultan más enjundiosos para animar una conversación con cafelito, como es el estar advertido de que los tesoreros del partido de Gobierno se ocupaban, no solo de recaudar dinero de los beneficiados por las adjudicaciones públicas, sino de repartirlo en sobresueldos entre los compas y, con el sobrante, hacer un capitalillo personal con el preparar el disfrute de una jubilación bien merecida. ¿Por qué no pensar que los ingenieros, como los políticos, son gentes que sirven para cualquier cosa, desde cambiar un plan de ordenación urbana para recalificar los terrenos de la abuela hasta decidir que un aeropuerto pueda servir como pista de prueba de coches de carreras?

Bien es cierto que, con la que están cayendo, hay mucho que hacer, aunque solo se emplee el tiempo en decidir qué hacer primero. Pero podrían sus señorías dedicar algún momento en las largas sesiones de los Congresos a analizar las razones por las que los jóvenes de nuestras flamantes camadas universitarias no encuentran aquí empleo y están dispuestos a irse a Alemania (o a donde sea) para no deprimirse aún más al ver que se van haciendo muy mayores; y todo ello, en lugar de aplaudir a los ministros del Estado del mismo signo cuando rivalizan en repetir las tonterías con esa sonrisa bufa que se les pone, de bachilleres que han calculado mal el número de copas que bebieron en la fiesta de fin de curso.

Sería igualmente de agradecer que, en el debate de ideas que permanentemente dice tener convocado la oposición (y coloco a todos en el mismo saco, a sabiendas), en vez de traslucir ocurrencias de parvulario en forma de programas alternativos que confirman la extensión homogénea de las incapacidades entre las ideologías, se analizaran las razones por las que conviene desmantelar, y de inmediato, este aparato monstruoso que come por un lado de la autonomía universitaria y por otro de la libertad de cátedra y que mantiene decenas de cabezas y cabezudos y es sustentadora de miles de rabiles hacedores de titulaciones y especialidades que en su mayoría carecen de aplicación en el mercado del trabajo.

Pues bien: en lugar de ir al fondo del asunto, alguien con negro sentido del humor ha decidido que lo adecuado es juntar las ramas del árbol del caos, atándolas por arriba, haciendo un ramillete con ellas, cubriéndolo todo con celofán y adornándolo de cintitas y bolas de colores, sin escuchar a los que le gritan que no, que no es así, ni es eso, y que el árbol de las profesiones también está enfermo y hay que atender a las raíces, pero para darle fuerza, no para quitársela convirtiéndolo en un objeto muerto más en el salón de los despropósitos.

Publicado en: Ingeniería, Universidad

Tecnopatanes

6 mayo, 2013 By amarias2013 Deja un comentario

No me extrañaría que aún existiera algún patán ilustrado que, a pesar de lo que nos ha sucedido, siga pensando que «la tecnología siempre acude», y que lo importante es saber jugar con la maquinita esa del dinero, dándole más rápido al rabil del papel o, según el humor, reduciendo los cromos en circulación.

Debo admitir que, a diferencia de la mayoría de los que nos dan consejos, no tengo el culo pelado por razón de curarme las almorranas contra el asiento de ninguna prebenda, sino que tengo el currículum apalancado por haber recorrido medio mundo, y no precisamente de vacaciones ni por el gusto de volver con un título en inglés bajo el brazo. Y aunque tampoco ando escaso de plumas académicas, no me identifico con los pájaros que las llevan como signo de ostentación, sino como servidumbre permanente dimanada de un privilegio.

Tengo máximo respeto por la tecnología y por los que saben bien lo que se cuece en ella. Esto me conduce a recelar de los generalistas que nos quieren convencer con su labia comercial de las bondades de un aparato que no saben, en realidad, cómo funciona, como de los especialistas laureados que se han quemado las pestañas desde su primer trabajo como becarios hasta ver sus barbas encanecidas analizando la histéresis de los materiales cerámicos (cuando no hablan de lo suyo).

Necesitaríamos, para revisar este país con seriedad, saber mucho más de tecnología, y escuchar, con suma atención, a los técnicos que saben hacer alguna cosa muy bien y, por ello, pueden valorar si nos encontramos en ese campo entre los mejores del mundo o solo formamos parte de un montón o pelotón de seguidores.

Porque, con un simple análisis superficial comparativo entre lo que importamos y exportamos los españoles y, por ejemplo, los alemanes, queda al descubierto la diferencia entre saber dar valor añadido a un semiproducto, incluso ya de naturaleza muy acabada, para convertirlos en un Mercedes, un Audi o un BMW, o estar concentrados en competir en precio -pongo por caso- con las naranjas marroquíes, que, al fin y al cabo, para lo que sirven, es, como las nuestras, para hacer zumillos y tienen por consecuencia perniciosa pelearse por la poca agua del desierto.

No, no hace falta que me arrollen los optimistas crónicos: el ejemplo del automóvil y el de las naranjas son solo por concretar un poco: tengo miles muy parecidos. Lo importante, en mi opinión, es situar en cada proceso el lugar de la tecnología que poseemos y, por ello, saber si estamos utilizando la punta, el medio o solamente el rabo.

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La gente del fracking

18 marzo, 2013 By amarias2013 2 comentarios

¿Habremus fracking?. Las señales del Consejo de Ministros del 15 de marzo de 2013, parecen indicar que sí, y en corto plazo. El gobierno ha autorizado con plausible celeridad la tramitación de un proyecto de Ley en el que se contempla un apartado relativo al control ambiental de las técnicas de extracción de gas no convencional mediante fracturación hidráulica.

Han sido tantos los comentarios dedicados en los últimos meses en todos los medios de confusión a este procedimiento para aprovechar un recurso energético que era, hasta entonces,  absolutamente desconocido salvo para contados investigadores y especialistas , que seguramente habrá pocos españoles que carezcan hoy de opinión al respecto. Por supuesto, negativa; y añado: obviamente, nacida sin preocuparse por su fundamentación técnica.

Como en tantas otras cuestiones, en lugar de un debate técnico-económico, ponderado, del que resultase una conclusión que se basara en atención a necesidades, costes de oportunidad o estrategias, se ha formado un guirigay, en el que, como suele decirse, «el que más chifle, capador».

Por ello, estamos sometidos a ráfagas de versiones viscerales, emocionales, intuitivas, nacidas del principio de más sencillo sostenimiento: todo lo que no se entiende, es malo, contamina, es seguramente peligroso y, además, previsiblemente, oculta intereses de unos pocos aprovechados.

Y, como un tema que ocupa la atención de la calle es, por definición, cuestión política, el pronunciamiento al respecto supone asignar banderas a diestra y siniestra.

Si el Partido Popular apoya el fracking, el Partido Socialista tiene que negarlo, o, al menos, dejar avisos de sospecha. El País del 17 de marzo de 2013, confronta, al menos visualmente, dos artículos de «Análisis», uno de ellos titulado «¿Una nueva burbuja?» firmado por Teresa Ribera, ex-secretaria de estado de Cambio Climático en el último Gobierno de Zapatero, y ahora, directora de desarrollo estratégico de Isofotón, empresa de energía solar.

La cuestión del fracking es un reducto adecuado para ejercer la afición generalizada por pontificar acerca de lo ignoto, convirtiendo la ignorancia propia en amplificador consciente de los argumentos esgrimidos por otros.

Y, gracias a internet, no hay problema alguno en alimentar cualquier opción con citas abundantes, porque, sabido es que en toda ceremonia se puede expresar alguna discrepancia, ya que nada de lo humano deja de tener el color con que se mire, y el anonimato de la red permite inventarse un nombre, una opinión, expresar tanto una verdad como una tontería, y lanzarla a recorrer el mundo de la estulticia colectiva.

Hay ya, en efecto, en torno al fracking, una amplia referencia literaria muy conveniente para alarmar, sobre todo al que no sabe, sobre las consecuencias ambientales de la implantación del fracking en España, abordando la cuestión desde la vertiente más populachera, que es también la genuinamente ecologista, aquella que a todos nos gustaría abordar si viviéramos solos en el mundo y el coste de disfrutarlo fuera nulo.

Siendo lo ecológico de car, por propia naturaleza, muy amable, no faltan, por supuesto, expertos más o menos ocasionales, que esgrimen títulos universitarios que suenan a saber de la cosa y que les permiten, aupados en ellos y en selectiva información ajena, incorporar conocimientos prestados como si fueran fruto de la experiencia propia.

Diagnóstico precoz: el fracking es peligroso, porque existe riesgo de filtraciones de metano y contaminación química de los acuíferos, puede provocar el aumento de los riesgos sísmicos, y supone el despilfarro de un recurso escaso como es el agua. Y, además, ya se puede uno imaginar, existen intereses económicos oscuros, lobbies que presionan a los que generan leyes, gentes del fracking, en suma. que andan moviéndose por los despachos para sacar tajadas y llevárselas a sus rincones apartados para comérselas.

El Consejo Superior de Ingenieros de Minas, con indiscutible sentido de la oportunidad. pero una sorprendente voluntad de constituirse en este caso en paladín de esta causa (cuando son contadas las veces que ha salido a la palestra para defender cualquier otro tema) , ha aparecido públicamente como defensor de una técnica aún no experimentada en España.

No es exactamente así, pero así suena. Lo que sucede en realidad es que este venerable sanedrín ha costeado y, por tanto, incorporado su nombre como Editor, la publicación de los artículos, resúmenes y conclusiones nacidos de la jornada sobre el fracking que tuvo lugar en el último CONAMA (2012) , y en eñ que participaron algunos de los pocos técnicos españoles que han tenido relación con esta técnica o, más propiamente, con su hermana mayor, la prospección petrolifera profunda.

El libro se presentó a la opinión pública el 11 de marzo de 2013 y se comprende que la coincidencia de fechas con el anuncio de la tramitación del proyecto de Ley haya vinculado ambas actuaciones, lo que no era, en realidad, más que casualidad.

Desde mis modestos conocimientos sobre el tema, solo puedo decir que ahí, en ese documento de 150 páginas, no se debe pretender encontrar las respuestas.

Hay -junto a una presentación general de la cuestión-, eso sí, propuestas razonadas de selección de lugares más convenientes para prospección, exposición elegante y somera de las formas de explotación del gas de esquisto, extrapolación de resultados de prospecciones singulares ya realizadas o de las posibilidades derivables de los mapas geológicos de ciertas zonas y, en fin, sugerencias sensatas y prudentes sobre lo que debería hacerse para aprovechar ese recurso en España.

Son, pues hipótesis y propuestas surgidas de estudios teóricos, experiencias de campo y similitudes con otros casos, realizadas por gente que sabe o tiene por qué saber de lo que está hablando, y a los que guía el propósito de exponer públicamente una posibilidad atractiva de  aprovechamiento de un recurso hasta ahora inutilizado.

El informe ha sido coordinado por dos catedráticos, respectivamente, de las Escuelas de Madrid (Angel Cámara) y Oviedo (Fernando Pendás) y en él han participado más de una decena de ingenieros de minas. Puede encontrarse en esta dirección de internet; http://www.ingenierosdeminas.org/documentos/130312_informe_gas.pdf.

No estamos, por tanto, al final del camino del fracking, sino al principio. Y cuanto menos emocional sea el debate y más técnico y fundamentado, mejor. Sin pretender, sin embargo, que el fracking no tenga sus puntos oscuros, ni admitir como axioma que todos los ingenieros de minas estemos de acuerdo con las bondades de esa técnica o que suscribamos de pé a pá el informe de Pendás, Cámara y compañía.

Pero lo que no deberíamos admitir es que la postura mejor sea sentarse a la puerta de la inmovilidad viendo a los demás pasar con sus oportunidades aprovechadas. Y ese es el positivo mensaje que he encontrado en ese libro virtual que se titula, modestamente: «.El gas no convencional. Una oportunidad de futuro».

Mensaje que sigo, con la total convicción de que merece la pena explorar sus posibilidades y de que quienes lo emiten, son honestos y serios al plantearlo como una opción muy válida.

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Reservas de actividad para ingenieros

18 enero, 2013 By amarias2013 Deja un comentario

El debate previo sobre la Ley de Servicios Profesionales, que pretende regular, entre otros aspectos, el ejercicio de la ingeniería en España, concentra una parte de las discrepancias en lo que serán las «reservas de actividad» para las ingenierías de este país.

La discusión ha sido propiciada con torpes argumentos y en un momento bastante inoportuno, pero es necesario clarificar lo que se ha convertido en materia de litigio entre las ingenierías y motivo de confusión generalizada, cuando no de intereses oscuros por mantener esferas de poder y control.

Aunque la titulación de ingeniero estuvo, en sus orígenes (siglo XVIII), muy vinculada a las actividades bélicas, evolucionó rápidamente, diversificándose las titulaciones, en la brillante ocupación de presentar la batalla por mejorar las condiciones de la subsistencia colectiva.

La actitividad dominante de la práctica totalidad de los que tienen la titulación de ingenieros -existen diez ramas de ingeniería en España-, y ejercen la profesión tiene que ver con las muy diferentes formas de progreso y mejora de la calidad de vida. Desgraciadamente para el buen desarrollo de este país, hay un gran número de ingenieros titulados que no ejercen la profesión, porque no tiene demanda lo que han estudiado.

La confusión respecto a lo que debe ser un ingeniero está anclada en la falta de conocimiento, no solo de lo que se estudia en las Escuelas y Universidades, sino de la falta de uniformidad de criterios, en la sociedad y en los centros de formación, de para qué sirve o debe servir hoy un ingeniero.

Y hay que clarificar este punto, porque las necesidades a cubrir por los ingenieros son diferentes a las que les ocuparon hace siglos, incluso hace un par de décadas. Pero siguen estando directamente ligadas a la capacidad de desarrollo de un país. Un país que consigue formar y mantener una élite de buenos ingenieros tiene ancladas sus perspectivas en un futuro más favorable.

En realidad, el concepto central de ingeniero no ha cambiado. Ingenieros fueron, durante siglos, todos los que sabían hacer algo útil muy bien, vinieran de donde vinieran, con título en Salamanca o capacidad adquirida en Vitigudino. (1)

La cuestión de las reservas de actividad para las distintas ingenierías es un tema capital para la supervivencia de los Colegios profesionales, aunque, sobre todo, lo es para el avance de la sociedad en su conjunto. No se debe caer en la defensa a ultranza de parcelas de poder sin sentido. Los ingenieros, con buena formación básica, pueden entender y proyectar múltiples instalaciones y equipos. En absoluto cabe adscribir, siendo leal, a una ingeniería concreta ese saber hacer «básico»: la concepción de una instalación eléctrica, realizar un cálculo estructural, dirigir una fábrica metalúrgica, proyectar un camino, entender un circuito electrónico o programar un equipo, por enumerar unas cuantas actividades de todas las que pueden -o deberían, desde luego- ser realizadas con solvencia por cualquier ingeniero, con una formación de cinco o seis años en cualquier Escuela.

La reserva de actividad debe limitarse a aquello que exige una tecnología y experiencia profesional elevada. Y aquí viene el problema, que hay que saber resolver: los ingenieros recién licenciados, no importa en qué ingeniería, no están capacitados para resolver por sí mismos problemas prácticos complejos -no porque sean incapaces, sino por los avances tecnológicos-. Necesitan seguir formándose, integrarse en equipos que tengan ya esa competencia, acreditar con el paso del tiempo y el conocimiento de proyectos similares, en los que -por qué no- acabarán aportando su propia creatividad- …

La reserva de actividad para las ingenierías tiene que estar vinculada a la formación posterior de los ingenieros y al control de esa experiencia. Los Colegios profesionales tienen, aquí, mucho que decir. Además de discutir, entre ellos, qué parcela de la ingeniería pretenden arrimar a su control; pero, sin olvidar, por favor, que se trata de hacer las cosas bien, no de mentir que se están haciendo bien o prometer que se sabrá hacerlas si llega el caso.

—

1) Los ingenieros hicieron casas, castillos, puentes y caminos, que aguantaron siglos, aunque también sabían cómo destruirlos en un par de horas, colocando explosivos en los sitios justos; construyeron catapultas, accionaron mecanismos, fundieron sables o fusiles, y perfeccionaron procedimientos y materiales  para consegir que se hicieran más resistentes; imaginaron barcos, siempre más grandes, con capacidad para resistir fuertes embates marinos, y, con celo incuestionable,los dotaron de motores y cañones que los convertían en inexpugnables, salvo si el enemigo -a salvo de caprichos de la naturaleza- dispusiera de una flota superior.

No quedó ahí la cuestión. Ingenieros eran los que imaginaron e hicieron realidad que pesados cuerpos volaran, y supieron hacerlos muy manejables, para transportar personas, materiales, equipos y, en tiempos de guerra, soldados, tanques o bombas; ingenieros eran llamados quienes sacaban del interior de la Tierra materiales de enorme utilidad para calentarse, cocinar, fundir otras piedras, hacer edificios más altos, carreteras y puentes más grrandes, curar enfermedades muy mortíferas.

Fueron llamados ingenieros los que supieron cómo hacer que las tierras fueran agrícolamente más productivas, idearon sistemas de regadío, supieron cómo purificar el agua o desalarla; ingenieros los que repoblaron montes, seleccionaron especies; ingenieros los que idearon sistemas de comunicación entre personas muy distantes, o crearon artilugios para reproducir voces, difundir ideas, ver imágenes transmitidas por el aire y captadas por sensores misteriosos para la mayoría de los usuarios.

Publicado en: Ingeniería, Uncategorized Etiquetado como: actividad, colegios profesionales, competencias, ingenieria, Leyde Servicios profesionales, litigios, reserva, responsabilidad

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