Al socaire

Blog personal de Angel Arias. La mayor parte de los contenidos son copy@left, aunque los dibujos, poemas y relatos tienen el copy@right del autor

  • Inicio
  • Sobre mí

Copyright © 2026

Usted está aquí: Inicio / Archivo de Actualidad

Pacto o Ley anticorrupción?

28 octubre, 2014 By amarias 1 comentario

Por supuesto, el lector habrá adivinado que el título de este Comentario tiene su referente gramatical en el ¿Truco o Trato? que se nos ha colado por la puerta trasera de la influencia norteamericana en nuestras vidas.

La explosión simultánea de múltiples cargas de profundidad que se encontraban ocultas -ya se ve que de forma insuficiente- en las miserias de nuestra vida pública, imagino sin esfuerzo que ha despertado en los lugares adecuados, grandes dosis de miedo de que se descubra que nuestra democracia iba desnuda.

O no. Quiero decir, que esta democracia a la española no es diferente de la italiana, la francesa, la alemana o la norteamericana. Solo se la distingue por los ropajes con las que se la enmascara.

Porque también cabe imaginar que lo que se ha puesto de manifiesto con este ir y venir ante la Justicia de personajes públicos que hasta hace poco nos ilustraban sobre su honradez y hasta nos daban consejos sobre cómo apretarnos el cinturón, no es sino un ejemplo -triste muestra- de que aquí nos diferenciamos de los países más desarrollados en la ocultación de las impudicias públicas, en que nuestros corruptos son tan torpes, o tan ingenuos, que ni se molestan en tapar las heces de sus contubernios.

Puestos a aportar mi propia dosis de empatía con el cinismo dominante en las cavernas de la política pragmática (no la teoría que se estudia en las Facultades de Sociología y afines) , sospecho sin distorsión de mi capacidad de análisis, que los esfuerzos del partido que actualmente nos gobierna (mal) por acordar con el partido que nos gobernó (en los últimos años, mal) una Ley anticorrupción, responden, en realidad, únicamente al intento de pactar una Ley de borrón y cuenta nueva, que permita salvar los trastos por la puerta de atrás.

Y ahí sí que no me dejo llevar por la corriente con pretensiones catárticas. No creo necesario pactar ninguna Ley anticorrupción. Sería como recuperar para la legislación reglada los Mandamientos de la Ley de Dios o la Etica universal, que coinciden en proclamar como axioma deontológico indiscutible el «no robarás» que, para los gestores de la cosa pública, se puede traducir sin menoscabo en «no te apropiarás de los bienes ajenos que la sociedad te ha encomendado».

Me resulta también muy difícil entender las declaraciones de asombro, los gritos de acusación, contra los viejos compañeros ahora cogidos con las manos en la masa de sus cuentas en Suiza, por parte de quienes fueron hasta hoy mismo sus íntimos compañeros. Los reconozco como una combinación del cinismo prolongado y la voluntad controlada de mantenerse al margen, negándolo todo con cara de jugador de póker, esperando que el vendaval no los arrolle a ellos también, agarrados a su palo de escoba.

Por otra parte, me pregunto qué podemos esperar de este proceso a la española de levantar algunos de los escondrijos que han servido de guarida a corruptos, corruptores y cómplices, y cómo se detendrá esa vorágine, si es que alguien tiene la facultad y el poder para valorar las consecuencias y reconducir el caballo desbocado.

Porque todas estas historias que van saliendo a la luz (pero existían en la oscuridad, y seguramente muchos de los que ahora se llevan las manos a la cabeza no lo ignoraban), están favoreciendo el crecimiento de una corriente inmensa de descontento, de voluntad de cambio drástico, de condena multitudinaria, que pueden desembocar en un linchamiento general hacia quienes se dedican actualmente a la política y a la economía.

Si no se es capaz de introducir matices, de aislar el hecho de que lo sustancial está incólume, de que no somos diferentes a lo que se produce en otros lugares, porque el aprovechamiento vicioso de las situaciones es consustancial a la naturaleza humana cuando se la deja sin control externo, vamos camino acelerado de una revolución sin sentido práctico, que nos aislará de otro países con los que compartimos lo que se puede llamar «cultura occidental del desarrollo económico-político».

No veo la solución en esos partidos nuevos que aparecen como incólumes, puros, precisamente, porque no han tenido el poder y que se atribuyen, obviamente sin posible réplica, la presunción de inocencia y lealtad al servicio de la generalidad.

Me parece muy grave lo que nos está pasando, porque nos ha dejado solo con el malestar, con el desagradable sabor de boca de que muchos -si no muchos, más que suficientes- de quienes nos estaban, y están, exigiendo sacrificios, ni los hacían ellos mismos e incluso, no tenían empacho en robarnos el tres o el cinco por ciento de cada obra pública que contrataban.

Paremos este carrusel. Estoy mareado con los giros de la rueda de las mentiras, la ambición, la insolencia de creer que los demás somos tan tontos que nunca se descubriría que nos estaban engañando. Los de las cuentas en Suiza, los de las comisiones introducidas en sus bolsillos cuando seguramente pretendían alimentar la voracidad de sus partidos o sindicatos, los que pensaron que sus sueldos oficiales no eran suficientes para compensar su sacrificio, ¿cuántos son?

¿Lo sabremos algún día, o solo se descubrirán los manejos de los caídos en desgracia, de los más odiados, de los que murieron en el curso de las investigaciones judiciales? Y esos individuos a los que se les va poniendo cara de aterrados, ¿no tuvieron la inteligencia suficiente para eliminar las huellas de sus latrocinios? ¡tanta impunidad imaginaban ellos y los que les apoyaron y animaron a actuar de esa manera?¿Cuántas veces vamos a tener que escuchar en los próximos meses que las fortunas de quienes fueron referentes económicos, políticos o sociales provienen de una herencia no declarada?

¿Truco o trato?

Publicado en: Actualidad, Sociedad Etiquetado como: corrupción, sociedad, trato, truco

Los límites de Sobornópolis

23 octubre, 2014 By amarias Deja un comentario

¿Cuántas veces hemos oído o leído en los últimos años que en España tenemos una Tangentopolis, similar hasta en los andares lascivos al estallido de la burbuja de la corrupción que conmovió Italia en 1992? Muchas.

¿Y cuántas hemos leído u oído que lo que hay en España en este 2014 no es comparable a aquello, porque los límites de la corrupción están bien acotados, y lo que está saliendo al descubierto son los resultados puntuales de la ambición desmedida de unos cuantos -pocos-, que han actuado al margen de las instituciones, ya sean partidos políticos, empresas, representantes de la judicatura o presidentes de clubes deportivos? Muchas.

No tengo, por supuesto, la bola de cristal ni soy amigo del Diablo Cojuelo (aquel que podía ver a través de los tejados que encubrían la hipocresía), pero muevo ficha para aventurar que no son pocos los que se han dejado llevar por la vorágine de poner la mano en los dineros públicos, recoger porcentajes por la adjudicación de obras y servicios destinados al uso colectivo, asignarse comanditariamente salarios de fantasía para protegerse en masa de sus desmanes, o arrimarse al tráfico de influencias para envolver, arrollándolos, a jueces, profesores, seleccionadores, fiscales, amigos y enemigos…

Puede que esto se acabe aquí con un par de miles de encausados, algún suicidio (raro en estos lares), nuevas confesiones de arrepentidos o despechados (más de lo segundo que de lo primero), tres o cuatro jueces expedientados por salirse del guión y otros amenazados de muerte por atenerse a lo que han jurado o prometido…Si la historia se repite, los partidos actualmente mayoritarios perderán influencia, habrá unas cuantas sacudidas al árbol pétreo de la democracia, con mayor o menor ímpetu, y, entre cumplimiento de períodos de prescripción, caducidad y hastío, quedarán solo un par de docenas enjaulados, que, con el pasar del tiempo, olvidaremos hasta cómo se llamaban y, por supuesto, qué pasó con ellos.

Puede incluso que algunos vaguen convencidos de que nuestro Berlusconi -aquí sí que seríamos originales, salvando las distancias ideológicas-, apoyado como él en el dominio de los media, (aunque sin ser propietario de ninguno), sería ese líder de hastiados, míseros, marginados y descontentos en que se ha constituido el segundo Pablo Iglesias.

No lo veo así, sin embargo.

No será Pablo Iglesias el libertador de Sobornopólis, sino el profeta que sirve de revulsivo para volver a la senda. Su verbo florido, ágil en la dialéctica para repetir verdades que duelen como puños, su imagen mesiánica, reforzada con el apoyo juvenil y descarado de su grupo de sociólogos universitarios y cuidadores de imagen a lo artista de Holliwood, intuyo que solo llevará a la convicción mayoritaria de que, desde luego, es necesario pasar página, pero no de la manera que Podemos nos va revelando: rompiendo la baraja.

Mientras las televisiones más rentables lo presentan, una y otra vez, repartiendo latigazos sobre los mercaderes del templo de los dineros, tanto a diestra y siniestra, gritando algo así como «¿Qué habéis hecho con los dineros de mis padres?», siento la necesidad creciente de acotar los terrenos de Sobornopolis o Corruptopolis, y robustecer urgentemente las ramas sanas sobre las que está apoyada nuestra sociedad. Porque no es la corrupción la que nos sostiene, sino la seriedad y el trabajo honesto, continuado, leal, de la inmensa mayoría.

Esto es lo que Podemos y Debemos poner en valor. No nos obsesionemos con detectar y destruir los focos de corrupción que se han colado en nuestro país. Así consumiremos las energías en una dirección equivocada. Pongamos en primera línea lo mucho que tenemos de positivo. Los jóvenes de Podemos y quienes los siguen en su discurso, son parte de la solución, sin duda, pero no son la Solución. Cabría aplicarles el dicho gallego: Podemos tiene razón, mas la razón que tiene es poca, y la poca que tiene, no nos vale.

Al menos, no nos vale como solución definitiva, sino como elemento de la fase de catarsis.

 

 

 

Publicado en: Actualidad, Sin categoría Etiquetado como: Sobornopólis

La culpa es de Ikea

29 septiembre, 2014 By amarias Deja un comentario

Me lo temía desde hace tiempo. Cuando ví que empezaban a proliferar esas esterillas con la leyenda «Bienvenido a la República independiente de mi casa» en los rellanos de las escaleras, empecé a sospechar que un movimiento contestatario, imparable, estaba asentándose entre nosotros.

Porque el lema nos va como anillo al dedo. Cierto que, dentro del mosaico variopinto de temperamentos españoles, algunos tendemos más al aislamiento que otros. Eso es historia, amigos. Pero, si rascamos un poco en nuestra pretendida solidaridad y bonhomía, por mucho que estemos a la cabeza de donación de órganos o de defender que hay que ayudar al desarrollo y contaminar algo menos, allá en el fondo, lo que nos gusta más es la tranquilidad de no tener que dar explicaciones a nadie, metidos en casa, en ropa interior si no hace frío, y viendo una buena película o esperando que nuestra selección de lo que sea demuestre al mundo lo buenos que somos.

Que vascos, catalanes, asturianos, gallegos, cazurros, murcianos o tordesillanos tengamos el prurito, picazón o molestia de preferir recluirnos en el reducto complaciente de la intimidad, con los nuestros, y cuanto más nuestros, mejor, tiene razones históricas profundas que no es del caso referir, una vez más. Eso está metido en nuestra idiosincrasia. Sabemos que hay que desconfiar de todo lo que no huela al mismo pelaje que nuestra dehesa.

El buey suelto, bien se lame. Pájaros de la misma pluma, vuelan juntos. Quien con infantes pernocta. excrementado alborea. Etc. Por eso, ¡Viva la independencia! ¡Viva Cataluña libre! ¡Viva la ruptura del Estado español, que nos oprime! ¡Viva el País Vasco libre! ¡Viva Asturias independiente!¡Viva que viva la libertad para encerrarnos en nuestra casa, con la esterilla en la puerta, advirtiendo de nuestra feroz defensa de lo íntimo, lo que nos distingue de todos los demás, lo nuestro!

¡Gracias, Ikea! ¿Tenéis algún mensaje más en la recámara?

Publicado en: Actualidad Etiquetado como: Cataluña, españa, esterilla, Ikea, independencia, noviembre, país, referéndum

Panálisis

20 julio, 2014 By amarias Deja un comentario

Me acabo de inventar la palabra. El destello que me induce a crearla es la frase redonda de un amigo: “En España estamos empeñados en hacer análisis. Y el exceso de análisis conduce a la parálisis”.

Luego, panálisis. En nuestro país vivimos paralizados por la obsesión de completar los análisis. Como faltan líderes, esto es, tipos con agallas que, una vez realizada la tormenta de ideas -o sin ella- elijan un camino a seguir, y muevan los ánimos, nos perpetuamos en la inútil actividad de exprimir todas las posibilidades.

La forma con la que solemos salvar este proceso colectivamente improductivo es copiando las conclusiones a las que han llegado otros. Ni más listos, ni mejores. Incluso, en no pocos casos, esas conclusiones que incorporamos tan felices, siempre tardíamente, y generalmente imperfectamente traspuestas, han sido obra de alguno de nuestros nacionales expatriados, que han conseguido, al fugarse de aquí, que los acojan con interés, generando el hábitat adecuado en donde dejarles producir sin tener que debatir con incompetentes -en el hacer, duchos en el deshacer- a cada paso.

Si pudiéramos curarnos de la panálisis… A mi solo se me ocurre una medicina, que debería aplicarse, sistemáticamente, cada vez que alguien asoma la testuz para torpedear una idea de otro, sin aportar nada a cambio: echar de inmediato a esos alborotadores del foro o comisión en donde se entrometan, asignándoles el carnet de rompegüebos.

Solo podrán liberarse de este sanbenito si consiguen proponer algo competente, lo que deberán juzgar los mismos que le han distinguido de esa manera.  Me imagino lo que mejoraría la calidad de la reunión o codicilio, lo contentos que nos iríamos todos a casa y – si conseguimos poco a poco ir generando normas, reglamentos que se cumplan, procedimientos que sirvan para algo-, la rapidez con la que nos aproximaríamos a esos países que hoy tanto admiramos, y que solo nos mejoran en el método para acallar a los que distraen sin resultados.

(publicado el 17 de julio de 2014 como angelmanuelarias.com)

Publicado en: Actualidad, Sociedad

País torístico

20 julio, 2014 By amarias Deja un comentario

España es un país torístico, lo que le confiere muchas cualidades adicionales. Por ejemplo: La fiesta nacional se llama corrida, que es una de las pocas palabras del idioma español -que catalanes y otros amigos de llamar a pan, panceta y al vino, clarete, entienden que debe renombrarse como castellano- que, junto a torero, Messi y sangría conocen la mayor parte de los ingleses que no saben  hablar nuestra lengua a la perfección (que existen, desde luego).

A muchos españoles, especialmente si han nacido en una población lindante con el País Vasco llamada Pamplona, les gusta ver correr a los toros por las calles. No todos los días, a veces. Esta manifestación de algo que no tiene nombre definido, aunque se han propuesto muchos, (no del todo elogiosos la mayoría), sucede todos los años, con ocasión de la festividad del santo Patrón de la ciudad, llamado Fermín, que, según parece, era mayoral de una ganadería.

La velocidad que alcanza un animal de aproximadamente media tonelada de peso, cuando se lanza a la carrera, puede ser aumentada algo si delante del mismo se ponen a correr también unos cuantos miles de personas con un pañuelo rojo al cuello. Según ensayos no científicos, llegarían a alcanzar hasta los 40 y los 45 km/h, en trechos cortos y en descenso; mayor velocidad de la que puede evidenciar un humano en llano (los atletas especializados en correr los 100 m lisos, pueden bajar algo de los 10 s; es decir, podrían jactarse de correr en ese corto tramo a 36 km/h)

En general, se trata, pues, de plantear las bases de un espectáculo divertido -al decir de los fanáticos-, sobre todo cuando alguno de los astados empitona a cualquiera de los humanos -suelen ser, por razones ignotas, australianos o sudafricanos-, y le da unas cuantas volteretas, lo que llega a provocarle terribles contusiones e incluso heridas profundas de las denominadas, en atención a su origen, producidas por asta de toro -que deberían renombrarse «causadas por estupidez manifiesta»-. De todo ello se informa oportunamente en un parte médico, que se difunde al acabar la carrera mixta, y que se difunde por una cadena de televisión nacional en riguroso directo.

No es el único espectáculo en el que gente no profesional se pone en peligro porque sí. Hay toros embolados, bous con teas, cornúpetas lanceados a caballo, juegos que tienen por fin hacer caer al bicho al agua, etc.

Como no solo de torismo vive un país, España ha apostado de forma decidida por poner en valor el sol, particularmente, combinado con arena, agua de mar y barra libre. Los ensayos iniciales de esta idea se llevaron a cabo en Ibiza y fueron un completo éxito, consiguiendo poner el nombre de San Antonio -otra manifestación de la devoción católica que es signo identificador del país- de moda en todo el mundo, en especial, en Inglaterra y Suecia. Hoy, Magaluf ha recogido la antorcha, y otras poblaciones de la costa rivalizan por poner el escenario al espectáculo lamentable de jóvenes drogados,  borrachos o, simplemente, desquiciados.

Se está estudiando, aunque con prudencia, para evitar la contaminación con las fuentes del torismo más seguras, introducir en la oferta el conocimiento de la historia y la cultura hispañas, pues aún se conservan algunos monumentos y piezas artísticas, algunos ya en deplorable estado.

Sin embargo, como se ha comprobado que la inmensa mayoría de los visitantes de cualquier lugar -tanto los alóctonos como los autóctonos- cuando viajan, solo están interesados en comer pizzas o hamburguesas y beber cerveza y, según su edad, dar un recorrido rápido por la ciudad o no hacer ninguno, de momento, se descarta la posibilidad de ampliar la oferta, pues siempre se podrán ver tranquilamente en casa las fotografías tomadas a la carrera, en las que la exacta identificación del vestigio de lo que antes se denominada cultura, carece de interés propiamente dicho.

Obviamente, el torismo impide analizar vías para impulsar actividades de otro tipo, ya que, según se ha difundido, el estudio en profundidad, la investigación científica o el reconocimiento del mérito -por ejemplo- exige un cambio de mentalidades para las que, ni en este país, ni en los países desde donde se contempla con admiración nuestra incapacidad para sacar mejor partido a lo que tenemos, no estamos preparados.

(Publicado el julio 18, 2014 como angelmanuelarias)

Publicado en: Actualidad, España, Sociedad Etiquetado como: conclusiones, España. torístico, Navarra, Pamplona, San Fermín, toro de la vega, turístico

I would prefer to fight

16 julio, 2014 By amarias Deja un comentario

En un Acto aceptablemente concurrido, a pesar de la hora incómoda (10h 30m de la mañana), el Instituto de la Ingeniería de España (IIE) celebró una rueda de prensa en la que responsables de diversas Asociaciones expusieron su malestar, bajo la fórmula de un Manifiesto, por una situación realmente increíble: cientos de miles de titulados españoles no tienen reconocida la cualificación universitaria que les acredita, teóricamente, el diploma que han conseguido.

Y no la tienen, ni en el extranjero, ni en España.

Manuel Moreu, (Presidente del IIE), Elena de Vicente (Presidenta de FEDECA), Carlos del Alamo (Presidente de AIPE) y Jesús Rodríguez Cortezo (Presidente de AIPE), desgranaron los detalles de una cuestión que quedó ya perfectamente expresada en la intervención del primero: «El objetivo de los acuerdos de Bolonia era facilitar la movilidad de los profesionales dentro de la Unión Europea. El resultado, para España, ha sido justamente lo contrario. Antes no existía ninguna traba y ahora, existen todas porque no se equipara nuestra titulación al master».

El documento, que puede encontrarse en la web del IIE, ha sido ya suscrito por varias Asociaciones y, según confesó Moreu, «pretendemos que esto sea un clamor». Por su parte, de Vicente subrayó que «coincidimos en este planteamiento tanto el sector privado como el público. Con la estructura anterior se reconocía que una titulación superior (3+2, en su abreviatura, que hace referencia al número mínimo de años lectivos) era la base para el acceso a la categoría de funcionarios A1» (la más alta de la función pública). Ahora, «al no haberse tenido la precaución de establecer una equivalencia», «estamos materialmente en el limbo».

«Para puestos en los que se exige en la EQF (Marco Europeo de Cualificaciones) el nivel 7, ya estamos siendo afectados. Para los cuerpos superiores de la Administración Pública, antes de la aplicación de los acuerdos de Bolonia, se exigía el nivel superior. Actualmente, por la vía de hecho, se está equiparando al ingeniero o licenciado con el grado», explicitó Elena de Vicente.

Carlos del Alamo, se refirió, glosando lo anterior, a «la situación real injusta», creada, que «afecta gravemente a la economía española». La ingeniería española, que «estaba reconocida como de calidad, con prestigio internacional», se encuentra ahora sin la validación en el Marco Europeo de competencias profesionales. Gran contraste, por ejemplo, con Francia, que por un sencillo Decreto ya publicado en 1999, resolvió la homologación de las antiguas enseñanzas y su continuidad en el nuevo escenario. Más de 200.000 profesionales se encuentran afectados -en el coloquio se matizaría que la cifra ha de ser mucho más alta, dado que gran número de ingenieros y licenciados no están colegiados- y las pérdidas por esta situación, considerando solamente los contratos perdidos por las empresas, debido al no reconocimiento internacional de los títulos de ingeniería anteriores a Bolonia (y la mayoría de los nuevos, igualmente faltos de refrendo legal específico), fueron evaluadas por el Decano del Colegio de Ingenieros de Caminos, y en su demarcación concreta, en más de 10.000 millones de euros.

Jesús Rodríguez Cortezo, cuya Asociación «certifica profesionales», expuso que «el problema no es nuevo. Venimos pidiendo desde hace años que se resuelva. La Comisión Europea era consciente del tema, y propuso la solución, al diseñar el EQF, que era la maqueta a la que había que acomodar las calificaciones. Todos los países lo hicieron, menos…España». Apuntó más concreto: «No quiero que me llamen master, sino ingeniero industrial».

En el coloquio, intervine para plantear una pregunta: ¿Quiénes son los culpables de esta dejación de responsabilidades que afecta aun colectivo tan numeroso y que está causando a empresas y particulares, un perjuicio concreto? Apuntaba, con ello, a una propuesta que ya tuve ocasión de exponer ampliamente en el Editorial de la revista ENTIBA, del Colegio de Ingenieros de Minas del Noroeste del último número. «Es necesario, más que aumentar el clamor, analizar las vías de demanda penal, administrativa o de responsabilidad civil».

Mi propuesta, que abrió la opción a otras intervenciones, fue analizada por Elena de Vicente, que estimó que «no hay un responsable concreto. Es cuestión de un planteamiento político. No es prioritario para este Gobierno (y el anterior) el asunto. Falta interés por resolver el tema, y buena prueba de ello es el borrador de la Ley de Servicios Profesionales, por la que se pretende que, al margen de su titulación, todo el mundo pueda servir para todo, siendo lo determinante el desempeño de la profesión, lo que puede desembocar en un totum revolutum, si a ello añadimos la falta de calidad de la enseñanza universitaria actual en España».

En fin, apremiado por otras obligaciones profesionales, tuve que abandonar el salón de Actos, en donde, supongo, siguió debatiéndose la cuestión. Pero, al menos por mi parte, mi opinión había quedado expuesta y el camino a seguir, según mi propuesta, y que he resumido, y en inglés (para que se me entienda mejor), en el título de este Comentario: Yo prefería luchar, y no solamente exponer, educada y sobriamente, nuestras legítimas exigencias en un Manifiesto.

Hace, ni más ni menos que 15 años, que Francia resolvió la cuestión. No es cuestión de política, es un agravio consciente a un colectivo profesional, injustificable, incumplidor de los compromisos a que se obligó el Ejecutivo ante Bruselas y perfectamente cuantificable, en pérdida de oportunidades, perjuicios económicos concretos y negación persistente de un derecho adquirido. Por asuntos menos importantes para la economía se ha llevado ante los tribunales de justicia, españoles y europeos, al Gobierno de España, a titulares de Ministerios y a funcionarios concretos que, a sabiendas, han ignorado su obligación de proteger, con la diligencia debida, el interés público y el de colectivos afectados por su negligencia.

http://www.change.org/es/peticiones/min-de-educaci%C3%B3n-regular-la-categor%C3%ADa-profesional-de-los-ingenieros-anteriores-a-plan-bolonia-al-nivel-7-en-el-marco-europeo?share_id=cECVlpMhDU&utm_campaign=friend_inviter_chat&utm_medium=facebook&utm_source=share_petition&utm_term=permissions_dialog_true

Publicado en: Actualidad, Política, Sociedad, Universidad Etiquetado como: Administración, Bolonia, Carlos del Alamo, demanda, denuncia penal, Elena de Vicente, EQF, homologación, IIE, ingenieros, Jesús Rodriguez Cortezo, licenciados, Manifiesto, Manuel Moreu, master, nivel 7, perjuicio, profesionales

Regeneración o trasplante

15 julio, 2014 By amarias Deja un comentario

Empiezo este Comentario felicitando a Pedro Sánchez Pérez-Castejón, aunque me apresuro a puntualizar que él sabrá porqué, porque yo no estoy tan seguro de que su nueva andadura política le vaya a deparar satisfacciones.

El aún considerado partido mayoritario de la oposición al Gobierno del aún tenido por partido representante de la mayoría del pueblo español, lo tiene crudo. En la deslucida «campaña» para hacerse con el puesto de Secretario General del PSOE, luego de la renuncia del profesor Alfredo Pérez Rubalcaba, tanto Pedro Sánchez -la eliminación del apellido materno dota a su nombre de una connotación más popular, casi anónima-, tanto él como los otros candidatos han puesto el énfasis en la «regeneración» del partido.

Con casi 200.000 afiliados, de los que aproximadamente un 30% manifestaron su apoyo al nuevo responsable de fijar la estrategia electoral del partido que fundó Pablo Iglesias («¡el bueno, el nuestro!», en la desafortunada, pero espontánea innecesaria matización de Sánchez en declaraciones surgidas cuando defendía su postulación), el PSOE está necesitado, como nunca de un cambio de rumbo.

Lo demandan sus actuales miembros con carné, lo exigen los que aún se consideran simpatizantes y lo proclaman a gritos, desde su hipotética mayoría silenciosa, quienes están convencidos de que hay que encontrar una nueva vía para la social democracia, porque el paquebote en el que se refugiaban los ideales de cambiar, «moderadamente», la sociedad española, hace agua por tantos sitios que ha sido abandonado masivamente por quienes en algún momento confiaron en que su ideario, cada vez más imaginario que plasmado en hechos, pudiera servir para mejorar la situación del país.

Si estuviera en la piel de Sánchez -lo que hago como simple ejercicio de no buscada complicidad- me preocuparían, ante todo, dos cosas: robustecer el partido poniendo en primera línea a los miembros más activos en sostener una recuperación de principios ideológicos y, aún más importante, lanzar un mensaje muy claro de comprensión y complicidad hacia quienes no militan, pero son imprescindibles para que su voto otorgue la mayoría con la que gobernar el país.

Son dos operaciones muy difíciles aunque, por fortuna, encajables la una en la otra, como un par de matriescas rusas. Son difíciles porque surgen de la necesidad de revisar un esquema agotado, estéril para la actual socio-economía. Los viejos postulados socialistas -ya tantas veces revisados desde la cúpula- no son atractivos para la inmensa mayoría, al menos, no para que movilicen un voto favorable.

El sostenimiento de un estado de bienestar, como el que sirvió para encandilar a quienes no hicieron bien lo números ni supieron apretar las clavijas a los más beneficiados por una economía de mercado desbocada, resulta ahora imposible, por lo que hay que detectar muy bien los ajustes que tienen que ser, circunstancialmente, asumidos desde la izquierda, y plantear, aún mejor, los sacrificios que deben ser soportados, no por los que menos poseen, sino por los que siguen acumulando plusvalías.

Regeneración no puede significar, por ello, confiar en que baste plantar un esqueje extraído del tronco vegetal, y regarlo con nuevos rostros y el ardor que se supone en la juventud no mancillada ni por la corrupción ni por el desánimo. Hay que trasplantar lo que parezca más consistente y sano, y fertilizarlo con ideas que solo pueden surgir de un debate amplio, en el que participen -¡ay!- no solo los militantes, sino los simpatizantes, e incluso (tal vez, sobre todo) los que han dado la espalda al partido que aún confía en su fuerza para ganar la mayoría.

Es un momento interesante, desde luego, aunque no me parece todavía apasionante. Encuentro que la edulcorada campaña no ha conseguido despertar emociones y que al elegido por esa minoría de militantes -insuficiente para evidenciar el arrebato de satisfacción ante una nueva etapa- le falta concreción en lo que está decidido a proponer como programa.

Lo tiene difícil. El trasplante es imprescindible. Si no consigue que el Partido Socialista Obrero Español encaje con los Partidos Socialistas europeos más eficientes -desprendiéndose de obrerismos sin razón de ser y trascendiendo de españolismos para universalizarse-, seremos testigos de una hecatombe de lo que Pablo Iglesias (¡ni el bueno, ni el nuestro!) pergeñó para otro momento de la Historia de España, arrumbado, confiemos, para siempre.

 

Publicado en: Actualidad, Política, Sociedad Etiquetado como: elecciones, europeo, Pablo Inglesias, Pedro Sánchez. PSOE, Rubalcaba, Secretario General, socialismo

El encanto melancólico del deterioro

11 julio, 2014 By amarias Deja un comentario

Quiero empezar con una, posiblemente, innecesaria puntualización. Por deterioro, recupero su significado genuino: progresiva degradación de algo, menoscabando su categoría, para situarla en inferior condición. La distingo, por ello, de la ruptura del objeto, de la destrucción que lo hace inservible para cumplir su función. Lo deteriorado aún sirve, solo que cumple con peor rendimiento el fin para el que fue imaginado, trampeándolo.

La ausencia de reposición de lo dañado, como consecuencia de la disminución del poder económico de quien es propietario, o, puede ser, de su desidia o conformismo, sostiene la situación de servicio deficiente hasta que, finalmente, el asunto se rompe de cuajo y ya no se puede continuar con su uso, ni siquiera utilizando el mejor de los pegamentos.

Los técnicos hablamos de la vida útil de una instalación o equipo, que es una manera elegante de fijar un tope a la obsolescencia admisible, producida por el envejecimiento y el uso. Se podría seguir empleándolo un tiempo, pero cambia su fiabilidad y rendimiento: las características son otras.

El responsable del menaje casero aguanta, en el hogar, con los cacharros escachados hasta que, por fin, puede renovar la vajilla, mandando las tazas y platos fisurados al cubo de la basura (léase, para tranquilizar la conciencia de reciclantes, al punto limpio más cercano). Es otro ejemplo.

Genéricamente hablando, nos encontramos viviendo una situación de deterioro global. Al moral, al político, al económico y social, se nos añade, como una pátina, el deterioro del ánimo, que paliamos ingenuamente con la presunción de que, aunque nada es como solía, aún podríamos aguantar con la carga un tiempo más. Como en el cuento del caballo percherón, vamos poniéndole encima más y más peso, confiados, hasta que el soporte se nos desfonde.

Tenemos cinco o seis millones de parados -no los he contado, y tampoco sé bien cómo otros hacen el cómputo-. Es preocupante, pero lo vemos como un deterioro. Nos preocuparía más si los hubiéramos provocado de golpe, pero la crisis anduvo creciendo al disimulo, socavando entre palabrerías y falsos arreglos, con tipos muy serios alardeando de que todo estaba controlado, convenciéndonos de que las estructuras seguían sólidas.

En el sendero del deterioro, tenemos una juventud desorientada, ayuna de perspectivas de futuro feliz. Pretendemos ser capaces de controlar el desaliento colectivo ofreciéndoles títulos de papel, mini trabajos basura y abriéndoles puertas para que se vayan con el petate a otros lugares («os esperaremos al volver», les mentimos). Para preservar el menaje, mandamos (mandan) cada vez más policías, armados con porras y escudos anti-sensibilidad, para que contengan a los más rebeldes que, sin menos razón porque la expresen a gritos, exigen cambios drásticos, agrupándose en los lugares donde se cuecen las habas colectivas.

Tal vez en las altas instancias -no voy a detallar: el deterioro cunde por doquier- haya quienes crean que la degradación es asumible, que  los instrumentos pueden aún cumplir su función, y que solo es cuestión de aguantar, sirviendo en los mismos platos hoy despanzurrados, el cocinado cada vez menos sápido, empeñados en darle los mismos nombres que tenía.

No lo creo así. La falta de renovación, el conformismo ante lo que ya no sirve para cumplir bien con lo que antes nos valía, el empecinamiento en sostener viejas ideas vistiéndolas con oropel para disimular su decadencia, alimenta otra cosa: el melancólico recuerdo que mantenemos algunos de los tiempos en que estrenábamos vajilla, ilusión colectiva, ganas frescas, explorando lugares en donde desarrollar la capacidad para dedicarnos a una tarea cuyo propósito era lograr que no faltase a nadie vituallas en su mesa.

Pero del recuerdo no se vive; la añoranza, entorpece y, al que no lo vivió, le desconcierta e irrita.

Si la crisis nos ha dejado sin posibilidad de recambiar la vajilla, no hagamos culpable al menaje del deterioro, sino al mucho o mal uso que tuvo.

Como hacían las amas de casa en la postguerra, si no hay dinero para dispendios, aprovechemos bien lo que tenemos. Ocupen los lugares en cocina quienes no duden en recorrer de cabo a rabo y a diario los mercados, compren con lo que haya en la faltriquera común de forma tal que llegue y alimente a toda la familia. Sacando valores al condumio a base de poner tiempo y destreza en los fogones, suplan con imaginación la forzosamente reducida variedad de los menús, incorporando los ingredientes calóricos que sirviendo de sustento, sean a la par más sustanciosos, y que lo hagan de forma trasparente, rindiendo cuentas, sin hurtarnos dineros.

Poniendo, claro está, para potenciar el sabor del potaje, sal, especias, cariños, devociones. Que no valdrán para alimentar el cuerpo, pero qué caramba, dan consuelo.

Publicado en: Actualidad Etiquetado como: cambio, cocina, cocinero, deterioro, ilusión, ingredientes, melancolía

Me gusta

10 julio, 2014 By amarias 2 comentarios

Nos estamos idiotizando a pasos agigantados, y, lo que es más singular, no parecemos ser conscientes de ello.

Nos hemos hecho capaces de manifestar con un «me gusta» (un simple teclear instantáneo en ese lugar que nos ofrece Facebook para calificar sin compromiso el comentario de ese amigo virtual al que quizá no conocemos ni de vista y que, desde su soledad, nos ametralla en el ipad con los disparos de su no diagnosticada psicopatía), nuestra confusa impresión personal ante cualquier noticia. Ya sea la muerte de setenta iraquíes por una bomba suicida, la frase teóricamente genial y falsamente atribuida por las redes a un personaje cuyo nombre nos suena de algo o una disquisición razonada sobre la conveniencia de utilizar un lenitivo para aligerar el vientre colapsado, por poner ejemplos a lo que circula a rienda suelta, por las redes

Esa dejación de interés no tendría, después de todo, mayor importancia, si no se correspondiera coherentemente, con otros síntomas terribles. No somos capaces de concentrarnos en la lectura de ninguna información que no sea intrascendente, hace años que no leemos un libro desde la primera página a la última, y, siguiendo en esa línea, de los vecinos no nos interesa más que el que no causen ruidos por las noches. y nos hemos hecho tan insensibles que solo lloramos cuando nuestro ídolo futbolero falla un disparo a puerta que era gol cantado.

Me produce estupor, pero me encaja con el tono vital de nuestra sociedad en estado de colapso catatónico, el que un flamante secretario de la OCDE -Angel Gurría, «diplomático» mexicano con un título en Economía por la Autónoma de México- afirme, sin que nadie le haga tragarse sus palabras a gorrazos (1), que nuestros titulados universitarios están al mismo nivel formativo que un estudiante de segunda enseñanza de Japón.

Debe tener que ver con la dejación con la que contemplamos, impertérritos, que nuestras instituciones más preciadas se han emponzoñado hasta las corvas con los males apocalípticos de la corrupción, la incompetencia feroz y la desidia. Puede que esté relacionado ese mal con este otro, que nos hace sentir incapacidad al tiempo que apatía, mientras apartamos al paso pedigüeños y parados, y oímos expresar, con los mismos argumentos, que estamos saliendo de la crisis o profundizando en ella. Puesto que faltan soluciones, los alibis sirven a ambos lados.

En fin, que no me gusta, para entendernos. Y, adelantándome a que el lector, descartando llegar hasta aquí y haciendo como que me sigue, me regale con un su «me gusta» lo que he escrito, quiero que sepa que lo interpreto como es debido: está atrapado también por la indiferencia con la que nos hemos acostumbrado a mirar, sin ver, lo que tenemos enfrente y a los lados.

—

(1) Lo hizo en un Foro conscecuente: estaban presentes el Presidente del Consejo de Rectores de la Universidad española (CRUE), Manuel López, el Rector de la Politécnica de Madrid, Carlos Conde, el Secretario de Estado de Universidades, Federico Morán, con ocasión del demoledor Informe Anual (2013)  de la Fundación Conocimiento y Desarrollo, dirigido por Martín Parellada y patrocinado por el Banco de Santander. Fue el 6 de julio de 2014.

Publicado en: Actualidad, Sociedad Etiquetado como: desgana, Facebook, Gurría, ignorancia, indiferencia, líquida, me gusta, México, opinión, sociedad

¡Por Dios!

9 julio, 2014 By amarias Deja un comentario

Israelíes y palestinos se encuentran de nuevo enzarzados en una escalada de violencia de un conflicto que no tiene solución, porque no es cuestión de diálogo, sino de principios. Y cuando los principios son inamovibles, de poco vale que los que asisten a la exhibición de intransigencia exhorten a que se pongan de acuerdo los que se confrontan.

El antiguo responsable de Asuntos Exteriores de la Unión Europea, Javier Solana, actualmente Presidente de EsadeGeo (Center for Global Economy and Geopolitics), ha expresado que ese nuevo incidente en las estériles relaciones de ambas colectividades, «no conducirá a nada», lo que ha de interpretarse, no como una frase diplomática, sino como una conclusión nacida de su amplia experiencia en asistir a empecinamientos políticos, tratando de mediar entre quienes tienen clara su voluntad de no entenderse.

¿Por qué ha de ser así? Existen, como un análisis elemental puede poner de manifiesto, discrepancias religiosas, que solo pueden servir a los que creen todavía que la religión es un fundamento y no una excusa. Los judíos se creen descendientes de Isaac y los musulmanes pretenden serlo de Ismael, los hijos mitológicos de Abraham, habidos, respectivamente, con su esclava Agar y con su esposa Sara, y a los que Jehová, o Alá, en tiempos en los que los dioses hablaban con los humanos, encomendó de manera suficientemente oscura la construcción de la genealogía para su futura encarnación en el descabellado propósito de darse un paseo por nuestras miserias, sellando ese pacto con una acción realmente singular, es decir, estrambótica: ordenando que se cortara el prepucio a los descendientes varones.

No voy a adentrarme más en la narración bíblica, salvo para recordar sin mayor énfasis que uno de los hijos de Isaac fue Jacob (Israel), que tenía un hermano gemelo, Esaú, al que le gustaban mucho las lentejas y con el que compartía, al menos, un exagerado carácter pendenciero, pues peleaban ya desde el seno materno.

Poco que ver el cuento divertido con la complicada historia geopolítica que se tejió en torno a Palestina, aunque se podría adivinar por él, pero no justificar, los cientos de años de esclavitud y persecución que sufrieron los judíos, ni se encontrarán atisbos del juego descarado al que se sometió por las llamadas potencias occidentales, el territorio del cercano Oriente, ni hay preludios del genocidio nazi durante la segunda guerra mundial y, mucho menos, del estrambótico reconocimiento como nación de Israel, dándole un trozo de la tierra prometida, fabricando un parche sin futuro en una zona rodeada por musulmanes. Hay tanto escrito sobre la cuestión que es imposible resumirlo y no menos difícil, comprenderlo.

Los israelíes han conseguido, con la ayuda de los Estados Unidos, convertirse en una potencia militar, capaz de mantener a raya a los países árabes que la circundan y, no solo eso, apta para aventurarse en incursiones bélicas gracias a las cuales ha ido ampliando el espacio de su asentamiento. Los palestinos, empujados a una mísera dependencia económica del próspero estado israelí, -adobados también, por su parte, pero en mucha menor cuantía, con circunstanciales ayudas norteamericanas y subvenciones de subsistencia surgidas de aquí y de acullá-, se han convertido en un pueblo empobrecido, dividido y aislado: sus razones se ven como apestosas, su resistencia, inútil, las discrepancias entre sus líderes forman parte del folclore mundial, y, lo que es gravísimo, sus derechos -a la libertad, a la tranquilidad, a la construcción de una economía autosuficiente-, son ignorados sin despertar el menor sentimiento de culpabilidad ajena.

Los hechos recientes no son más que una consecuencia de algo que, en 1938!, la clarividente pensadora judía Simone Weil, inteligente cosmopolita renegada de sus raíces semíticas, ya veía como la prolongación de la sempiterna conflagración por hincar banderas en ese territorio estratégico.

Para Israel, atento a cualquier excusa, el asesinato de tres adolescentes judíos atribuido -de forma poco creíble- a miembros de Hamás, justifica hoy las represalias, el lanzamiento de misiles sobre Gaza, e incluso la movilización de 40.000 reservistas «dispuestos a defenderse» de quien no tiene capacidad de ofensa suficiente. Es decir, los dirigentes israelíes se declaran dispuestos a invadir otra vez las tierras que añoran como expansión de su Estado consentido.

David esgrimiendo la honda frente a otro David armado con torpedos de cabeza atómica y cohetes antimisiles.

¡Por Dios! ¿No seremos capaces nunca de contener los impulsos destructivos de la especie humana contra sí misma, allí donde afloren? ¿A qué necesitamos apelar, no para entendernos -en Israel y Palestina como en cualquiera de los múltiples lugares del planeta Tierra en donde la Humanidad se está destruyendo a sí misma, apelando a la religión, es decir, a la economía y a la ambición de unos pocos, escudada en designios de Aquel que, cuando le hacen hablar, los que no estamos en la procesión no sabemos interpretar lo que quiere decir?

¿O es que no hay quien, como yo -y otros que tienen más elementos que yo para analizar lo que nos pasa- entienda que hay que dejarse de una vez por todas de hacer atribuciones fuera de nuestra capacidad de actuación, y reconocer que mientras los que dirigen lo sustancial de lo que nos tiene que pasar sigan, en realidad, adorando a Belcebú-dinero, no tenemos solución?

Aunque momentáneamente parezca a los que las promueven y a los que creen obtener beneficio de aplastar a otros, tantas guerras y guerras, …no conducen a nada.

Porque nada es destruir lo creado por nosotros, una y otra vez, hasta que sea la última.

 

Publicado en: Actualidad, Internacional, Sociedad Etiquetado como: conflicto, guerra, Hamás, historia, Israel, judíos, palestinos, Solana

  • « Página anterior
  • 1
  • …
  • 71
  • 72
  • 73
  • 74
  • 75
  • …
  • 81
  • Página siguiente »

Entradas recientes

  • Homilía y lecturas del funeral de Angel Arias – Viernes 14 abril
  • Cuentos para Preadolescentes (12)
  • Cuentos para preadolescentes (11)
  • Cuentos para preadolescentes (10)
  • Cuentos para Preadolescentes (9)
  • Cuentos para preadolescentes (7 y 8)
  • Por unos cuidados más justos
  • Quincuagésima Segunda (y última) Crónica desde Gaigé
  • Quincuagésima primera Crónica desde el País de Gaigé
  • Cuentos para Preadolescentes (6)
  • Cuentos para preadolescentes (5)
  • Cuentos para preadolescentes (4)
  • Cuentos para Preadolescentes (3)
  • Quincuagésima Crónica desde el País de Gaigé
  • Cuentos para preadolescentes (2)

Categorías

  • Actualidad
  • Administraciones públcias
  • Administraciones públicas
  • Ambiente
  • Arte
  • Asturias
  • Aves
  • Cáncer
  • Cartas filípicas
  • Cataluña
  • China
  • Cuentos y otras creaciones literarias
  • Cultura
  • Defensa
  • Deporte
  • Derecho
  • Dibujos y pinturas
  • Diccionario desvergonzado
  • Economía
  • Educación
  • Ejército
  • Empleo
  • Empresa
  • Energía
  • España
  • Europa
  • Filosofía
  • Fisica
  • Geología
  • Guerra en Ucrania
  • Industria
  • Ingeniería
  • Internacional
  • Investigación
  • Linkweak
  • Literatura
  • Madrid
  • Medicina
  • mineria
  • Monarquía
  • Mujer
  • País de Gaigé
  • Personal
  • Poesía
  • Política
  • Religión
  • Restauración
  • Rusia
  • Sanidad
  • Seguridad
  • Sin categoría
  • Sindicatos
  • Sociedad
  • Tecnologías
  • Transporte
  • Turismo
  • Ucrania
  • Uncategorized
  • Universidad
  • Urbanismo
  • Venezuela

Archivos

  • mayo 2023 (1)
  • marzo 2023 (1)
  • febrero 2023 (5)
  • enero 2023 (12)
  • diciembre 2022 (6)
  • noviembre 2022 (8)
  • octubre 2022 (8)
  • septiembre 2022 (6)
  • agosto 2022 (7)
  • julio 2022 (10)
  • junio 2022 (14)
  • mayo 2022 (10)
  • abril 2022 (15)
  • marzo 2022 (27)
  • febrero 2022 (15)
  • enero 2022 (7)
  • diciembre 2021 (13)
  • noviembre 2021 (12)
  • octubre 2021 (5)
  • septiembre 2021 (4)
  • agosto 2021 (6)
  • julio 2021 (7)
  • junio 2021 (6)
  • mayo 2021 (13)
  • abril 2021 (8)
  • marzo 2021 (11)
  • febrero 2021 (6)
  • enero 2021 (6)
  • diciembre 2020 (17)
  • noviembre 2020 (9)
  • octubre 2020 (5)
  • septiembre 2020 (5)
  • agosto 2020 (6)
  • julio 2020 (8)
  • junio 2020 (15)
  • mayo 2020 (26)
  • abril 2020 (35)
  • marzo 2020 (31)
  • febrero 2020 (9)
  • enero 2020 (3)
  • diciembre 2019 (11)
  • noviembre 2019 (8)
  • octubre 2019 (7)
  • septiembre 2019 (8)
  • agosto 2019 (4)
  • julio 2019 (9)
  • junio 2019 (6)
  • mayo 2019 (9)
  • abril 2019 (8)
  • marzo 2019 (11)
  • febrero 2019 (8)
  • enero 2019 (7)
  • diciembre 2018 (8)
  • noviembre 2018 (6)
  • octubre 2018 (5)
  • septiembre 2018 (2)
  • agosto 2018 (3)
  • julio 2018 (5)
  • junio 2018 (9)
  • mayo 2018 (4)
  • abril 2018 (2)
  • marzo 2018 (8)
  • febrero 2018 (5)
  • enero 2018 (10)
  • diciembre 2017 (14)
  • noviembre 2017 (4)
  • octubre 2017 (12)
  • septiembre 2017 (10)
  • agosto 2017 (5)
  • julio 2017 (7)
  • junio 2017 (8)
  • mayo 2017 (11)
  • abril 2017 (3)
  • marzo 2017 (12)
  • febrero 2017 (13)
  • enero 2017 (12)
  • diciembre 2016 (14)
  • noviembre 2016 (8)
  • octubre 2016 (11)
  • septiembre 2016 (3)
  • agosto 2016 (5)
  • julio 2016 (5)
  • junio 2016 (10)
  • mayo 2016 (7)
  • abril 2016 (13)
  • marzo 2016 (25)
  • febrero 2016 (13)
  • enero 2016 (12)
  • diciembre 2015 (15)
  • noviembre 2015 (5)
  • octubre 2015 (5)
  • septiembre 2015 (12)
  • agosto 2015 (1)
  • julio 2015 (6)
  • junio 2015 (9)
  • mayo 2015 (16)
  • abril 2015 (14)
  • marzo 2015 (16)
  • febrero 2015 (10)
  • enero 2015 (16)
  • diciembre 2014 (24)
  • noviembre 2014 (6)
  • octubre 2014 (14)
  • septiembre 2014 (15)
  • agosto 2014 (7)
  • julio 2014 (28)
  • junio 2014 (23)
  • mayo 2014 (27)
  • abril 2014 (28)
  • marzo 2014 (21)
  • febrero 2014 (20)
  • enero 2014 (22)
  • diciembre 2013 (20)
  • noviembre 2013 (24)
  • octubre 2013 (29)
  • septiembre 2013 (28)
  • agosto 2013 (3)
  • julio 2013 (36)
  • junio 2013 (35)
  • mayo 2013 (28)
  • abril 2013 (32)
  • marzo 2013 (30)
  • febrero 2013 (28)
  • enero 2013 (35)
  • diciembre 2012 (3)
julio 2026
L M X J V S D
 12345
6789101112
13141516171819
20212223242526
2728293031  
« May