Al socaire

Blog personal de Angel Arias. La mayor parte de los contenidos son copy@left, aunque los dibujos, poemas y relatos tienen el copy@right del autor

  • Inicio
  • Sobre mí

Copyright © 2026

Usted está aquí: Inicio / Archivo de Actualidad

Segunda de las Cartas filípicas

8 enero, 2015 By amarias 2 comentarios

Majestad,

En mi primera carta puse de manifiesto la oportunidad que se le presenta hoy a la Monarquía, institución arcaica y anómala en el contexto cultural contemporáneo, para servir de plataforma al entendimiento constructivo entre los españoles.

Sería un grave error de apreciación por mi parte, que de ninguna manera desearía trasladar a Vd., creer o hacer creer que un Rey, lo mismo que cualquier otra figura, -¡incluso la de un Presidente de la República!-, pueda fungir como árbitro de los variados intereses de los ciudadanos. Aunque puedo imaginar que, en situaciones críticas, como sucede en algún otro país, el Presidente se vea compelido a proponer un jefe de Gobierno para salvar la falta de entendimiento entre los partidos, incapaces circunstancialmente para ponerse de acuerdo, por hallarse prisioneros de sus intereses peculiares, la medida no deja de ser provisional y, frecuentemente, proporciona una falsa solución, viniendo a complicar aún más el problema de la ausencia de concordia.

Tampoco imagino que a un Rey o Presidente le corresponda dar instrucciones que deban ser cumplidas por as restantes instituciones, como si tuviera alguna lógica admitir que alguien pueda mantener en su privilegiada cabeza todas las necesidades propias del Estado y dispusiera de la llave mágica para satisfacerlas. Sería ridículo caer en tal error, inadmisible en un  Estado moderno.

Si, por otra parte, creyera ese Jefe de Estado que su función era limitarse dar consejos o máximas generales, a modo de instrucciones de un ideario elemental, puede que eso sirviera de cierto alivio o contento a los más declarados monárquicos (o republicanos, para el caso), pero los problemas permanecerían, desde luego, sin resolver. Manifestar que se está preocupado por el paro, la corrupción o la falta de unidad, es  poner en evidencia una carencia colectiva, no aportar una salida constructiva para solventarla.

Se pueden seguramente, indicar múltiples causas por las que el país está en la actual situación de crisis. Lo diagnósticos son mucho más sencillos de hacer que encontrar propuestas de solución viables y, aunque éstas se pudieran detectar y aportar, ponerlas en práctica es otra cuestión aún más compleja. La causa de que los españoles anden, otra vez, desorientados respecto a lo que hay que hacer, defendiendo unos que hay que volver atrás y otros que lo que procede es olvidarse de lo recorrido y empezar de nuevo con todo, está, sin duda, en la ausencia de liderazgos surgidos desde la autoridad moral y técnica, por ello,  caracterizan la escasa credibilidad que tienen los que se presentan como líderes.

Para avanzar, es imprescindible admitir que los problemas a resolver son muy heterogéneos, (desde luego) y que no valen fórmulas académicas, ni copias de lo que a otros les va aparentemente bien, ni es momento para acudir a estereotipos, pues es la cuestión capital es generar un tejido socioeconómico dinámico, sólido, vital, y no recurrir a parches reclamados por quienes ven que su negocio se cae o atender a la demanda urgente de propuestas de  intervención particulares, amparadas en confusas ideologías que no tienen refrendo práctico sólido. Crear todo nuevo, sería imposible: hay que aprovechar lo que se tiene, robustecer lo que es principal,  y generar nuevas ramas fértiles.

Los españoles actualmente vivos, no han sabido de la guerra civil, apenas guardan memoria de la dictadura franquista y carecen de perspectiva para valorar la evolución experimentada durante el reinado de su señor padre, D. Juan Carlos. Muchos no admiten que el camino recorrido tenía fallas estructurales y que el modelo social que se creía consolidado presenta grietas que es imprescindible cubrir o revisar.

La gran mayoría de los que tienen menos de cuarenta años solo saben de las dificultades para encontrar empleo, de la pérdida de poder adquisitivo respecto al que tenían sus padres y, además, carecen de orientación social, religiosa o política a la que puedan acudir como referente ideológico.

Por otra parte, la generación de los que tienen más de setenta años, (nacidos antes de 1945), por ley natural, pero también porque algunos han sabido aprovecharse de la coyuntura, ha ocupado la mayor parte de las posiciones, relevantes;  algunos -muy pocos, pero altamente significativos- se han enriquecido excepcionalmente con la coyuntura y controlan centros de decisión o acaparan (ellos o sus inmediatos descendientes) núcleos sustanciales de generación de actividad y riqueza. La situación contrasta con que muchos otros -los más, y, entre ellos, casi todos los mejor ilustrados y honestos- han visto ignoradas o marginadas sus capacidades.

Es un grave error colectivo ignorar la experiencia y conocimientos de los que, habiendo llegado a la jubilación, tienen aún capacidad e interés por ayudar a encontrar las soluciones. En el colectivo -hombres y mujeres- de los que tienen entre cuarenta y setenta años, se halla, obviamente, la mayor combinación de experiencia y conocimientos, y se deben encontrar las vías de poner en concordancia todo ese bagaje, para beneficio de la comunidad, y no solo para beneficio directo de unos pocos.

Tal vez habrá oído comentar que la generación de los que ahora tienen entre treinta y cuarenta años es una generación perdida. En realidad, España ha desperdiciado siempre una parte importantísima del potencial de sus generaciones, pues el control de las decisiones se ha mantenido en muy pocas manos, que lo han utilizado fundamentalmente en su provecho. La generación de los que tienen entre treinta años y veinte años ha de ser recuperada de inmediato para la colaboración activa, y mantener altas tasas de paro en ella es cortar las ilusiones colectivas (de todos) y dificultar la construcción de un futuro mejor, pues ellos son los que pueden aportar la mayor dosis de empuje para crear nuevas iniciativas estables.

No creo, como Vd., en las revoluciones, sino en los cambios. En esta hora concreta, las cambios han de ser rápidos y, aunque no desearía que fueran drásticos, tienen que ser convincentes. Se ha de generar una atmósfera de oportunidades, de transparencia y de ilusión colectiva. Y eso solo es posible generando plataformas de comunicación y toma de decisiones en la que los distintos estamentos tomen conciencia de sus respectivas necesidades y responsabilidades.

Es cierto que la Historia proporciona algunos ejemplos, más de por donde no debe irse que de caminos a seguir. No avanzará Vd. por un camino solvente si no llama a esa plataforma a personas de toda condición, pero especialmente, de solvencia intelectual y económica. Es importante que sean gentes de distintas opiniones, pero que sean capaces de argumentarlas y defenderlas, no desde la ideología, sino desde la razón, para que sus ideas puedan ser analizadas por los que opinen lo contrario, y se pueda llegar así a un consenso sobre lo que es prioritario.

Tomemos el ejemplo de si es necesario aumentar el gasto público o, por el contrario, disminuir los impuestos, para que el consumo privado aumente.

Podría decirle que estoy en el grupo de opinión de quienes están convencidos de que es imprescindible combinar ambos criterios -como en la mayor parte de las cosas-, y que lo que se debe hacer es priorizar algunos sectores y señalar aquellos productos para los que los impuestos deben bajar, haciéndolos más apetecibles para el consumo.

Podría apuntar también a la idea, en la que, desde luego, no estoy solo, en que las inversiones en infraestructuras iniciadas han de llevarse a término y que el Estado debe mantener un nivel de inversiones para sostener su industria básica, principal generadora de empleo en ese sector. Pero también ha de disminuirse los impuestos para todos los productos de primera necesidad -¿por qué grabar la leche, la carne de pollo, los huevos o el pan?, por ejemplo- y los de consumo cultural directo -libros de texto, y, en general, todas las ediciones en rústica; representaciones teatrales en ciertos espacios; producciones de interés formativo, histórico, etc.-

Pero lo importante no es quien tenga la idea, sino generar la oportunidad de que se discutan y analicen las propuestas, en los foros adecuados, y se emitan conclusiones fundamentadas que sean expuestas a la consideración pública y se conviertan en líneas de actuación asumidas por todos.

En este momento, como Vd. no ignora, está sometido continuamente a debate la cuestión de protección del medio ambiente, lo que se ha convertido en bandera para ciertos grupos  que encuentran amplio apoyo para su difusión. Lo que no se ha discutido, en este como en otros terrenos, es el coste de la no acción. Ahí está la clave. No actuar es mucho más costoso que actuar: en pérdidas de empleo, en dedicación a subvenciones sociales, en necesidad de compras alternativas, etc.

Termino aquí mi segunda carta, Majestad, que escribo en Madrid, a ocho de enero e 2015.

Publicado en: Actualidad, Cartas filípicas Etiquetado como: angel manuel arias, cartas al Rey, cartas filípicas

Primera de las Cartas filípicas

7 enero, 2015 By amarias 2 comentarios

Majestad,

Permítame, en primer lugar, que me presente: soy, entre tantos, un ciudadano más, convencido de que la forma de Estado preferente es la República y de que la mejor organización imaginable para concretar los objetivos generales es la de una democracia participativa, en la que quienes más tengan, contribuyan en mayor medida que otros, para corregir las desigualdades de los menos favorecidos.

Esta introducción no tiene otro objetivo, sin embargo, que ayudar a delimitar la naturaleza de alguna de mis contradicciones, puesto que me apresuro a expresar que, en este momento y circunstancias, no puedo concebir  una forma más pragmática y eficaz que la de una Monarquía con Vd. como Jefe de Estado, ni tengo por menos que expresar mis dudas de que una democracia sin restricciones, en la que la opinión de todos, en absolutamente cualquier tema, tenga un valor equivalente, nos ayude a tomar las decisiones más convenientes en ciertos asuntos cruciales.

No me decido a escribir esta Carta, a la que me propongo sigan otras, para justificarme. Sí creo necesario explicar, para no ser calificado de adulador oportunista, que Vd. dispone, por edad y formación, de una excepcional posición intergeneracional y se le ha dotado de  una muy útil cualificación que sería imperdonable desaprovechar. Además, en su etapa como Príncipe de Asturias, ha podido relacionarse, de manera distendida y relativamente al margen de compromisos ideológicos, tanto con dirigentes de muy variadas instituciones españolas como con mandatarios internacionales, que, en su mayoría, continúan en activo.

Todas estas premisas le hacen un candidato preferente para ocupar la posición de Jefe de Estado español, habida cuenta, además, del limitado marco institucional que le confiere a esta figura la actual Constitución, si bien, siempre en mi particular opinión, no encuentro problema alguno, sino, por el contrario, ventajas, en que se amplíen estos cometidos, en aquellos concretos y puntuales mandatos que le fueran encomendados, en el servicio a los intereses generales.

El problema más importante del país en este momento no lo encuentro pues, en absoluto, en cuestionar su posición como Jefe de Estado, sino en ordenar la forma de participación ciudadana para que se consigan objetivos  urgentes e irrenunciables. El problema crucial que debemos resolver es organizar a la sociedad civil, es decir, a todos, en torno a un programa concreto, coherente, real, y compartido, y a él deberían dedicarse los esfuerzos principales y, en especial, de quienes tienen más autoridad o consciencia mayor de su responsabilidad histórica.

Si algo ha fallado en nuestro país en los últimos veinte años (por lo menos) es la gestión de los recursos, desde una perspectiva común, y han sido los representantes elegidos por el pueblo quienes no han sabido o querido estar a la altura de lo que resultaba imprescindible.

Los partidos políticos no han contado con una estructura democrática que introdujera sus raíces, vitalizándolas, en el resto de la sociedad, y, lo que es más grave aún, porque atañe a su credibilidad ética, han fallado en el control interno ,en cuestiones como la selección objetiva de los mejores, la eliminación instantánea de brotes de corrupción, y la propuesta y ejecución de medidas que permitieran prever los problemas que podrían afectar a las mayorías, corregirlos cuando se presentaran y eliminar las causas para que no se reprodujeran, activando los recursos positivos de la sociedad.

En esta primera carta, que no deseo hacer excesivamente larga, me limito a subrayar la paradoja de que, aún representando a una institución obsoleta, su posición es excepcional. La institución que Vd. encarna puede ser el activador -me atrevo a afirmar, que el único factible- de la capacidad de convergencia de todos los españoles, ya sean intelectuales, empresarios, trabajadores de los más diversos campos, inversores, universitarios, científicos, iletrados o eruditos…e incluso, ya fueran fieles como opositores al régimen monárquico.

Si asume esta responsabilidad, a la que le invito, y que desarrollaré en sus posibles concreciones en mis próximas cartas,  le puede caber la satisfacción de movilizar a los agentes sociales y económicos para acometer un cambio, imprescindible y urgente de España hacia una sociedad más justa y más equilibrada.

No estará Vd. solo en ese empeño, si se deja aconsejar por quienes no tienen nada que perder y no desean ganar nada para sí, y se propone hacer de la Monarquía, no el punto de encuentro entre españoles, que es una quimera imposible de realizar, sino la plataforma que sirva de escenario para la discusión de las diferencias y reticencias que impiden que nuestro país se desarrolle libremente, superando las contradicciones que impiden pensar más en las soluciones que en la perfección de los diagnósticos.

En Madrid, a siete de enero de 2015

Publicado en: Actualidad, Cartas filípicas Etiquetado como: angel arias, cartas al Rey, filípicas

El año de ya está bien

30 diciembre, 2014 By amarias Deja un comentario

Termina 2014 y no debiera haber dudas de que ha sido un año importante. Aunque se intentó disimular su entidad, a medida que ésta crecía, echando la vista atrás o hacia los lados, para enfocar actos y personas del pasado e incluso otras celebraciones sin futuro, destaca sobre los de su constelación con especial intensidad.

Puede ser el brillo que delata la extinción de las estrellas, pero no debe pasar desapercibido.

Son muchos sus signos para ignorar su fortaleza. La globalización ya no engaña: está estallando en las manos de los que la manipulaban, alardeando ser artificieros y conocer sus ventajas. A su alrededor, danzan,  como descarnados esqueletos, antiguos pretendientes a su mano que la realidad ha rechazado con rudeza.

¿Desarrollo sostenible? Sobre el papel, un joven atractivo; en el escenario, una quimera de la que se aprovechan, riendo, celestinas y chulos, que lo utilizan como trofeo y, a veces, todavía, como enseña. ¿Crecimiento constante, generador de bienestar y pleno empleo? Magnífico gañán, experto en  palabras de reclamo, gran seductor con bagaje de pura fantasía. ¿Responsabilidad social corporativa? Señora de altos vuelos, utilizada como engaño para atraer consumidores compulsivos, inconscientes de lo que se hará por detrás con su dinero. ¿Sensibilidad ante el cambio climático y el deterioro ambiental? Aires de final de fiesta, música para distraer a los pasajeros de cubierta de primera, que bailan con los informes, cada vez más pesimistas, del panel orquestal que ya no se sabe bien quién ha contratado.

La Unión Europea se hunde en la ciénaga de sus terribles contradicciones: en tránsito de aquel hipotético entrañable proyecto de región de regiones a execrable vejestorio cubierto de potingues que cuenta batallitas, pretendiendo que se sigan sus consejos y se tenga en cuenta su ejemplo tardío, pero se olvide su pasado fagocitador. Pertrechada en su salón de invierno, quema los pocos muebles que le quedan, pero ya no puede disimular sus carencias: en política internacional, en defensa de la biodiversidad, en capacidad para generación de empleo, en solidaridad, en cohesión interna, en impulsar liderazgos convincentes.

El número de países verdaderamente relevantes se ha reducido, al mismo tiempo que aumentaron y aumentan los territorios que seccionan sus fronteras, bajo el estéril señuelo de pretender saber hacerlo mejor. No hace falta convocar a los sabios para interpretar las señales. Los poderes de China y Estados Unidos han decidido que es mejor ponerse de acuerdo en querer lo mismo, en lugar de continuar tirándose los trastos. Se trata de aguantar unos decenios, abrazados tiernamente, hasta que el terremoto se debilite. Estabilizada la tectónica, la reconstrucción sobre las placas derruidas, señalará nuevas vías a los supervivientes.

2014 ha servido para mostrar que la crisis es, ciertamente, momento para oportunidades, siempre que se tenga la sartén por el mango. La plutocracia rusa aprovechó la ocasión para recuperar algunos terrenos, no solo en geografía, y pulsar de paso la capacidad de protección de la OTAN sobre los bordes de Europa.

Asoma el esperpento de descubrir campos  para ensayos de más potentes artefactos bélicos: se puede apelar al fanatismo religioso, al iluminismo caciquil, a la protección o escasez de recursos minerales, a la casualidad o al raciocinio. Qué más dará. Este año de tránsito ha servido también para comprobar cómo Latinoamérica se transformó, tras tiempos encerrada en su crisálida, en un glifo en el que se combinan incongruencias ideológicas, proclamas populistas y hallazgos económicos con fondos harto sospechosos, convocados al grito, cómo no, de sálvese quién pueda.

Pero si el exterior tiene importancia, es en la política interior, en nuestro pequeño país, y para quienes vivimos en él, donde la proximidad permite apreciar las grietas que se nos han hecho más profundas. Un gobierno que no sabe y que  engaña: ni recuperación, ni perspectiva, ni cohesión, ni fortaleza. Una oposición que se deshace, cambiando jinetes y caballos, aunque sin saber lo que corresponde hacer, ni haber analizado el tipo de carrera.

Adiós al estado de bienestar, a la sanidad, a la educación para todos, a los beneficios sociales, a la calma ciudadana. Había cierta ilusión por conocer lo que podemos. Podemos, desde luego, mucho, pero el tiempo ha venido a mostrar rápidamente que, no basta con un diagnóstico certero, si las propuestas son fantasía de aprendices salidos de la escuela, y el mucho hablar delata el vacío de las mochilas. Hay acuerdo total en que las castas defenderán siempre sus sitios, que la corrupción, sin que alcance a todos, hace asqueroso lo que toca. Se necesita cambiar muchos fondos y maneras, cuestionar y vigilar con más cuidado. Pero la solución, que siempre hay, no vendrá de mozos con martillo. Hay que llamar a la necesidad y a la destreza.

2014 es el año de Ya está bien. El clamor es intenso, y cuando más se grite, más feroz será la resistencia. No parece que el problema provenga de la forma de Estado, sino del modo con el que se realiza su gobierno.

La Monarquía -reducida a símbolo-, se refugia en la última trinchera, prodigiosamente incólume. La nostalgia republicana tiene más miedo a sí misma que al análisis de las ventajas que la harían coyuntura. La Universidad, a menudo da la impresión de que, por no saber, ignora hasta la razón de su cáncer. Está prohibido criticar las decisiones de los jueces, cuya independencia es delito poner en duda, y hay dudas. La gran empresa es capaz de alardear de buenos resultados sin comprometerse en ayuda de quienes le hicieron crecer, desagradecida. Los comercios de cercanías cierran, arruinados, sus puertas, mientras las grandes superficies amplían sus ofertas encantados. La economía, asustada, se sumerge aún más hondo. Hay más pobres, y aunque no se quiera verlos, están ahí, junto a nosotros; y ya no todos vienen de fuera.

Se atisban cambios y, aunque es pronto para saber dónde conducen, desde la posición de observador, se intuye que provocarán, con el tiempo, que 2014 sea un año destacado en la memoria colectiva. Que sea para bien; es decir, para ya está bien.

 

Publicado en: Actualidad Etiquetado como: año 2014. año de ya está bien

De uniforme

13 diciembre, 2014 By amarias Deja un comentario

En las fotografías de ambiente callejero que se conservan de los primeros decenios de la posguerra civil española, se ve a muchas personas de uniforme. Hay militares de graduación y sin ella, curas de sotana, monjas tocadas en variadas composturas, policías municipales con porra o con casco de explorador, guardias civiles con montera o a carreras, niños de colegio de pago con chaquetilla y escudo bordado, y otros, de inclusa, con mandilones a cuadros y  pelo rapado, domésticas de casa de postín con la servidumbre de una cofia, señoras con abrigos de visón en verano y señores embigotados con cintillo en el sobrero y brazalete de luto en la manga del terno o gabardina, tal vez, nos encontramos incluso a serenos con chuzo de vuelta a casa tras su ronda nocturna, …

Los albores de la democracia y su promulgación efectiva, trajeron, camufladas entre tantas cosas buenas, el miedo a las manifestaciones tanto las ideológicas como las de pertenencia a una profesión, ya fuera de fe o de trabajo, y más en especial, a las particulares de orden militar o religioso. Desaparecieron de la vista los uniformes que nos resultaban propios de oficios que eran antes muy comunes, que acabaron restringidos a mostrarse con todo su esplendor solo en los actos conmemorativos por la Patria y en las iglesias y claustros por la gloria de Dios.

Había miedos nuevos: de atentados, de que le encasillaran a uno, de que hicieran mofa de las creencias más profundas. También era justo pensar, como descargo de la discreción de nuevo cuño, que nadie estaba obligado a llevar expuesta su tonsura o acarrear visibles los signos de sus devociones y apetencias. Los hábitos se guardaban, a la espera de la concreta ocasión, con bolas contra la polilla, en los armarios.

Pero el animal humano gusta de exhibirse, y aparecieron otras indicaciones, que fueron dócilmente asimiladas por la mayoría del rebaño, sobre que cómo había que mostrarse. Al principio, los líderes de la rebelión al uniforme, idearon variaciones en el pelaje y en el atuendo que pretendían mostrarse diferentes: pelos largos, barbas y greñas, piernas y senos al aire, ropas sueltas, pantalones de pata de elefante o en canutillo. Pronto, todos imitaron, y, pretendiendo vestirse al gusto de cada uno, se consiguió ser indiscernible del grupo y, por tanto, pasar a ser desapercibido.

Hoy, en que todos vamos vestidos iguales a la moda, el uniforme ha calado más adentro, llegando a los cerebros. Se que afirmar esta uniformidad concreta no es de recibo, y que no gusta a algunos que haya quienes digamos que la sociedad ha absorbido, como Lacoonte, a sus hijos, devorándolos por fuera y por dentro. Lo individual sucumbe ante la fuerza de lo mismo. La igualdad se manifiesta ahora, incluso, en la escasez de ideas originales, en la forma ovejuna en la que se alinean los espíritus con los patrones colectivos que ya no somos capaces ni de discernir quién los inculca.

Los espacios para mostrar nuestra empatía con la masa se han hecho, por tanto, más extensos. Los estadios, más grandes; los lugares de reunión de la manada, más concretos. La expresión de pareceres, la discusión de la que surge el conocimiento ventajoso, muy escasa.

Y ay de quien no lleve puesto el uniforme, porque será identificado de inmediato como ajeno a la tribu, sospechoso. Aunque, como la historia no termina aquí, solo habrá que esperar a que baje de nuevo la marea y, como sucedió en otras ocasiones, alguna generación venidera advertirá que hemos estado idolatrando a tipos que, habiéndonos hecho creer que llevaban uniforme, lo que nos estaban dejando es, en su propio beneficio, en pelotillas.

Publicado en: Actualidad Etiquetado como: desnudo, Lacoonte, pelotas, sociedad, uniforme

Catarsis sin tragedia

7 diciembre, 2014 By amarias Deja un comentario

A medida que se van concretando los signos por los que podríamos deducir que nos encontramos en la etapa más interesante de la evolución de la Humanidad, -es decir, de la última-, supongo que no seré el único preocupado porque sea lo más dilatada posible.

No merece la pena detenerse en detallar cuáles son esas señales que me hacen sospechar que la cuerda cósmica que nos compete se nos está acabando. Los ritmos de los cambios se han acelerado exponencialmente, la presión consumista sobre la naturaleza es ya insostenible, el desacuerdo sobre lo que convendría hacer se consolida como insalvable (desigualdades sociales, desprecio a principios éticos, fanatismos contagiosos, contaminación galopante, desequilibrios climáticos asumidos con estulta resignación, modelos económicos en crisis de solvencia, individualismos exacerbados, ausencia de liderazgos solventes, etc.).

Admitiendo que la adopción de medidas globales es imposible, ante la dispersión y heterogeneidad de los centros de decisión, preocupados por mantener a flote sus cuatro dogmas, a los que no participamos en la toma de decisiones pero mantenemos la ilusión de considerarnos capaces para realizar, aunque sea limitado, un análisis de lo que está pasando, solo nos queda escribir a los dioses.

Recuerdo la emoción que me produzco leer por primera vez a Mircea Eliade («El mito del eterno retorno») y la atención con la que me detuve en saborear la idea de que la fe supone la emancipación de la ley natural, y de que la presunción, entendida como un axioma, es decir, un a priori sin justificación, de que existe Dios, es el pilar más sólido de nuestro concepto de libertad.

La existencia de un ser superior a nosotros, que está en el otro lado de nuestro devenir, esperándonos, proporciona, según Eliade, la certeza de que las tragedias que ha soportado la Humanidad, a lo largo de su Historia, tienen un significado que las trasciende. Con palabras más llanas, debieron haber servido para algo: para corregir el rumbo, cuando estaba equivocado, en relación con ese tactismo luminoso hacia quien, deberíamos aceptar, es el autor de esta grandiosa escenografía en la que evolucionamos desde el primer mono-homínido, hasta el homo sapiens superior que creemos ser ahora.

Estoy lejos -aunque no exactamente en el polo opuesto- de la conclusión de Eliade, pero lo que me gustaría, y por ello, a mis lares y penates invoco cada noche, es que esta última catarsis, contradiciendo por una vez a Aristóteles, se realice sin tragedia. Que me pille, a mí y, al menos, a los que quiero, en un dulce sueño.

Publicado en: Actualidad, Política Etiquetado como: Aristóteles, catarsis, Eliade, historia, mito del eterno retorno

La madre de todas las ciencias

22 noviembre, 2014 By amarias Deja un comentario

Sin ganas de abrir un nuevo debate sobre el tema, me apunto a la opción expresada por el maestro Alonso Quijano de que la experiencia es la madre de todas las ciencias.

Cierto que si el asunto hubiera surgido en una tertulia académica (de esas que ya no se estilan), hubiera defendido a la Filosofía, pero no está el horno para bollos ni florituras reposteras, sino para empanadas. Y no de las rellenas de bonito o carne guisada, sino de esas mentales que, a los que tenemos el alma señalada por los zurriagazos de la cruda realidad, nos hacen temer que el aprendizaje colectivo es imposible, y que, por mucho que se haya escrito, analizado o dicho,  la inmensa mayoría sigue siendo crédula, y se traga lo que sea, con tal de que se le adorne convenientemente.

Me parece que la corrupción, en particular, la de los que manejan dineros públicos, es inadmisible, pero la solución a ese problema, en el que ahora se ceban, como truchas al atardecer en tarde tormentosa de verano, todos los líderes políticos, es sencillo, pues basta adoptar este principio:  «pocas manos y muchos ojos». Se lo oí decir a Sergio Fajardo, gobernador de Antioquia, en una magnífica entrevista que le hizo recientemente Jordi Evole.

Tengo escrito, además,  que no soy de los partidarios de que nos flagelemos con la obsesión de ser calificados como uno de los países más corruptos del mundo.  Con seguridad, no lo somos. En todas partes cuecen corrupciones.

Si en algo podemos aparentemente distinguirnos, separándonos especialmente de nuestros vecinos de porte inmaculado, es que nuestros corruptos han sido, por confiados, además de ladrones, torpes para ocultar mejor el resultado de sus fechorías. Los que los eligieron -culpa in eligendo-, merecen ser calificados de cómplices más que de engañados, y los que debían vigilarlos y no lo hicieron -culpa in vigilando-, por mucho que intenten escurrirse, no se salvan con menor sanción que la de ser designados como incompetentes, y, por tanto, inútiles para seguir en las labores de cuidar lo de todos.

Tema distinto y, desde luego, muy difícil, es analizar cómo salir de la crisis, y muy en especial, resolver la necesidad apremiante de crear empleo, generando nuevas actividades y empresas que tengan continuidad. Tampoco es menos importante, arbitrar nuevas formas de distribuir las plusvalías que se produzcan por el juicioso empleo de los recursos humanos, naturales y físicos.

Para mayor dificultad del cierre categorial, no se puede descuidar que, puesto que la situación es de emergencia, habrá que echar mano -justificada, transparente, gradual, ordenada y procurando evitar medidas confiscatorias- al patrimonio de los que más acumulan, sobre todo, al ocioso.

Me produce, por ello,  gran alarma personal  que las argumentaciones, claramente improvisadas en lo económico y con nulo apoyo tecnológico, de los sabiondos chicos de Podemos (aunque no ignoro que detrás también se incorporan algunos canos), magníficamente adobadas con palabras duras como puños, ajustadas al guión,  contra los partidos mayoritarios, no sean contrastadas por interlocutores que, puestos enfrente, además de alardear de parecida labia, sean capaces de aportar ideas viables sobre cómo mejorar la realidad, y no entren en el juego de buscar solo la descalificación desde la ética.

La ética, como el valor a los militares, se supone a los políticos. Y, si se descubre que a alguno le falta, se le hace consejo de guerra deontológico y se le manda al paredón del escarnio.

Claro que es necesario, como catarsis, meter  a unos cuantos de los corruptos en la cárcel. Pero me temo que si nos proponemos meter en jaulas a todos los que tengan manchadas las manos de esa mierda, no vamos a tener plazas suficientes.

Contentémonos, pues, con amedrentar para siempre a los que lo hayan sido y, sobre todo, dejemos el terreno marcado con advertencias de peligro a todos los que se hubieran propuesto serlo. Implantemos  un sistema estricto de control del gasto público -atentos a porcentajes, comisiones, revisiones de contratos, etc. pero no ignoremos que donde más se ha perdido es en adjudicaciones de obras inútiles-.

Pongamos ya el foco en lo que más interesa al futuro: crear empleo.

Cuando me entero con sorpresa de los beneficios de las grandes empresas, crecientes en épocas de crisis; cuando observo que el lujo y la ostentación con la que viven algunos no solo no ha disminuido, sino que ha aumentado; cuando veo que la investigación, la enseñanza, la Universidad, la sanidad y todo aquello que sustenta nuestro estado de bienestar, sigue confiado al buen hacer de unos cuantos, capaces de abstraerse del fragor de incompetencia que les rodea, … echo de menos que salgan a la palestra, exponiendo sus ideas, no a jóvenes politólogos, no a economistas o historiadores con la cabeza caliente, no a miembros de partidos viejos proclamando a quien quiera escucharlos que van a renovar sus estructuras, ni siquiera a teóricos de partidos nuevos alardeando de pureza, sino a gentes con experiencia concreta, viajados y bragados, conocedores de cómo funciona la realidad, tanto la española como la internacional, y que, con base en ello y en su voluntad de servir al bien público, nos propongan ideas factibles, cuantificadas, serias y serenas, que puedan obligar sin escapatoria a los que tienen más y que nos comprometan a todos, en ese objetivo irrenunciable de salir rápido del agujero sin que haya vencidos, sino solo convencidos.

Porque la experiencia es la madre de la ciencia, en especial, de la ciencia que da de comer a las familias. Por otros caminos, me atrevo a vaticinar que se llega a una mayor descomposición social, a ahuyentar a inversores, aspaventando a los dineros, profundizado, con cada tormenta estéril de improperios y descalificaciones, en un desánimo improductivo.

Si no lo corregimos, gane quien gane en próximas elecciones, con ese panorama, cuando se disipe el humo de las ilusiones,  nos encontraremos atrás, bastante más atrás.

El mundo es global y no se puede pretender jugar en solitario. El sistema económico imperante es el capitalismo de base liberal y no es factible, sin que se nos caigan encima los cascotes de la pirámide, cambiar sus cimientos, ni hace falta. A un país intermedio como España, solo le es preciso reformar con inteligencia la parte que nos sustenta. Teniendo presente que, como en toda selva, al que se separa de su rebaño natural, se lo comen los depredadores.

 

 

Publicado en: Actualidad Etiquetado como: Antioquia, bienestar, cárcel, ciencia, corrupción, descomposición social, empleo, experiencia, improductivo, Jordi Evole, Podemos, política, programa, Quijhano, Sergio Fajardo, tecnología

¿Revisar la Constitución para perder solidaridad?

19 noviembre, 2014 By amarias 1 comentario

Entre las reglas de aplicación universal, creo debería anotarse que, si se las deja que desarrollen su vitalidad sin control, crisis y solidaridad crecen en direcciones yuxtapuestas. Precisamente, a los que más tienen -y a sus voceros- se les suele llenar la boca expresando con rotundidad el falso aforismo de que crisis significa oportunidad.

A los que tienen poco o nada, la crisis solo viene a hundirlos aún más en la miseria.

Esta segunda década del siglo XXI se va a caracterizar en España porque nos toca desbrozar una tremenda desorientación, con tantos recovecos que no conozco a nadie que se aventure a vaticinar cómo saldremos de ella. No estoy escribiendo acerca de cómo salir de la crisis, sino de la desorientación.

No tengo la solución, pero si creo disponer del método. Cuando no se sabe cómo resolver un problema, hay que tratar de complicarlo aún más, para que, al eliminar las pejigueras nuevas, se obtenga la calma que es imprescindible para resolver los temas viejos. Es la fórmula, a la que otras veces me he referido, de la cabra, deducida de un cuento judío que debería ser incorporado como conocimiento obligatorio en las escuelas de negocios y de politología.

Algunos catalanes y, de entre ellos, una mayoría de los líderes que en este momento tienen su representación institucional, desean separarse de España, con el argumento -más o menos edulcorado- de que «España nos roba» (y que adopta otras modalidades no tan impertinentes, pero que desembocan en lo mismo: «Desde la independencia, gestionaríamos mejor», «Tomando las decisiones en Cataluña para los catalanes, se generaría más actividad y riqueza para todos», etc.).

No tengo información suficiente para desentrañar la verdad -o falsedad- de los Balances fiscales según los cuales, Cataluña podría ser deficitaria o excedentaria, según el cristal con que se miren, y ni siquiera me parece hábil, por parte de los que defienden mantener la actual unidad de España, expresar que «la eventual secesión de Cataluña ha de ser votada por todos los españoles, y no solo los catalanes» o que «una Cataluña independiente no es viable».

Desde luego, tampoco estoy por la invasión militar de Cataluña, o apresar a sus díscolos dirigentes o disolver las Cortes catalanas con algún espadón o a golpe de sentencias del Tribunal Constitucional o de Supremo. No alimento la política ficción más que cuando me pongo a escribir novelas.

Pero no me parece descabellado plantear, aprovechando la ocasión, la reforma constitucional del Estado de las autonomías, revisando la aplicación de un principio que considero irrenunciable: la solidaridad. Analicemos una nueva asignación territorial, reduciendo el número de autonomías, y hagamos bien y publiquémoslas de forma transparente, las cifras de ingresos y gastos por Autonomías, reduciendo despilfarros y redundancias y tratando de que las prestaciones que emanen de gastos de las Administraciones converjan para todas ellas, con un calendario pactado.

Lo que estimo que es de una cortedad estratégica indisculpable es pensar que, en el escenario de la dura competencia internacional, se tienen más posibilidades de sobrevivir en soledad que en compañía, y se pueda ignorar que romper un país de casi cincuenta millones de habitantes en trozos depara ventajas para algunos de éstos.

¿Que no se quiere avanzar por este camino? Pues tengo una alternativa aún mejor: apoyemos, en el seno de la Unión Europea, la Europa de las regiones. Esta era una aspiración que se manejó por un tiempo y que se aparcó, erróneamente, incorporando, por el contrario, a minipaíses que han desequilibrado profundamente la toma de decisiones en la institución que estaba llamada a transformarse, de unión de comerciantes, en unión de solidaridad y libertades.

¿Qué tampoco se quiere pensar en la Europa de las regiones?. No hay problema; es decir, tampoco va a acabarse el mundo por ello. Sentémonos a la puerta de nuestras cortedades nacionalistas y veremos pasar, en este caso, no el cadáver de nuestro enemigo, sino los restos de las últimas ilusiones de que Europa pudiera cumplir un papel relevante en el orden mundial.

 

 

Publicado en: Actualidad Etiquetado como: autonomías, balance fiscal, Cataluña, Constitución, pacto, revisar, secesión, solidaridad

Ónde vais?

14 noviembre, 2014 By amarias 2 comentarios

Hace pocos días fue, según me enteré después, «el día del abuelo». No lo sabía cuando, encontrándome a la espera del autobús, un grupito de niños de entre cinco o seis años, dirigido por uno algo más atrevido, me increpó: «¡Abuelo, abuelo!» y el que llevaba la voz campante, incluso se interesaba por un detalle que me dejó perplejo: «¿Cuántos años tienes? ¿Ochenta? ¿Cien?»

Miré al monitor que, cual gos d´atura homínido, trataba de ordenar aquella troupe de descarados para repartirles unos bocadillos que acarreaba en una caja de cartón de fondo desvencijado, esperando de él alguna reconvención al más vociferante, pero desvió la vista, dándome a entender que el asunto no iba con él.

Aunque no pude menos que recordar al pasaje bíblico donde se nos cuenta que los profetas Elías y Eliseo se toparon con unos mozalbetes que insultaban al primero -que sería poco después elevado al cielo en carro flamígero-, gritándole :»¡Sube, viejo calvo!», y que, según el relato, fueron castigados con el envío de dos osos que despedazaron en un momento a varios de aquellos deslenguados, debo reconocer que lo que en realidad me preocupó era sospechar que mi estado físico había sufrido un deterioro repentino y que, de resultas, aparentaba unos cuantos años más de los que ya soporto.

No estoy dispuesto a dejarme intimidar por cómo me vean niñatos que no son aún capaces de distinguir edades de envejecientes con la precisión con la que yo he aprendido a discernir, por tramos de seis meses a los párvulos. Me encuentro físicamente bien, y aunque no me vean tan joven los que incluso sacan un par de años a mis nietas mayores, me creo con capacidad aún bastante para seguir trabajando por mejorar algo lo que me rodea, haciendo lo que pueda dentro de lo que me dejen (1).

Por eso, y porque la madurez me ha dado la visión directa de unas décadas ilustrativas de la historia de España y del mundo, me siento, sino con autoridad, si con la necesidad, de advertir que el momento por el que está atravesando nuestro país es muy interesante, porque es extremadamente peligroso.

Tomando como referencia el tiempo que los media dedican a los temas, sacaríamos la conclusión de que los dos temas que más animan a unos cuantos españoles y preocupan a otros muchos españoles -no quiero ahora cuantificar la dimensión de ambos grupos- son: la propuesta de escisión independentista que ha calado entre muchos residentes en Cataluña y el avance de la agrupación Podemos, con un programa político que se va construyendo, en buena medida, sobre la marcha.

Por supuesto, ambos asuntos no son sino la lengua de la morrena del glaciar que empuja al mar de la inmediatez el hielo de la indiferencia con la que se tratan los problemas de los demás. No es nuevo para la Humanidad, ni para nuestro país, y hasta ahora, la generación de unos años de caos y destrucción le ha venido bien. De las cenizas y la sangre han surgido nuevas esperanzas, entre supervivientes que se han llevado las manos a la cabeza gritando «¿Qué hemos hecho?» (o dejado hacer) y aprovechados que se han aupado sobre las ruinas, para enriquecerse con la reconstrucción más sólida de lo destruido, utilizando la capacidad, no exenta de docilidad y esperanza de la mayoría de los que también sobrevivieron.

La actualidad nos ha puesto sobre la mesa del comedor a dos excelentes charlatanes: Mas e Iglesias, que, además, venden frascos de una medicina que hace un par de años no hubiéramos creído necesitar jamás pero ahora, a no pocos, les parece imprescindible. El nombre del producto es diferente, pero el contenido del frasco es el mismo: un placebo que no soluciona el problema de base, sino que lo complica.

A ambos líderes mediáticos, con la mirada puesta en el después y no en el ahora, creo que les viene de perlas el mensaje de advertencia que recoge esa canción asturiana, convertida en dicho popular muy socorrido: «Ónde vas, Pachín del alma, de alpargates y orbayando, non te metas por los praos, que vas ponéte pingando».

—

(1) Estoy pensando, al escribir esto, en el cuento guaraní que presenta a un diminuto colibrí que, mientras el bosque ardía, y ante la pasividad de los demás animales, volaba una y otra vez de un riachuelo al corazón del fuego, llevando cada vez en su pico una gota de agua. El jaguar, -¿o fue el oso?- que estaba quieto mientras el fuego amenazaba sus pies, justificaba su propia inactividad queriendo hacer ver al pajarillo que sus esfuerzos serían inútiles ante la magnitud de lo que pretendía: «Nada conseguirás», le dijo. A lo que el colibrí replicó. «Yo hago lo que puedo».

Tengo comprometido a mi amigo Rafael Ceballos -que nos lo transmitió cuando recibía, el 14 de noviembre de 2014, la medalla del Club Español de Medio Ambiente- mejorar el previsible final de esta historia de animalario, simulando que los animales del bosque se movilizan todos, recapacitando respecto al poder de que son capaces si actúan conjuntamente, y consiguen apagar el fuego. De momento, solo algunos luchan con las llamas y otros, hasta se diría que las aventan.

Publicado en: Actualidad, Cuentos y otras creaciones literarias, Cultura, Política Etiquetado como: anciano, Artur Mas, Ceballos, CEMA, charco, colibrí, Elías, Eliseo, gos d´atura, movilización, niños, Pablo Iglesias, Podemos, soluciones

Ego non obliviscar tui (ahora que te has muerto)

2 noviembre, 2014 By amarias 1 comentario

tumba cementerio almudena 2014

Como mis santos muertos más próximos están enterrados lejos, este uno de noviembre me di una vuelta por el cementerio de la Almudena (Madrid), para airear ese sentimiento heterogéneo que tiene tendencia creciente a posarse sobre el alma a medida que cumplimos años.

Pensar con serenidad en la muerte, a pesar de su inevitabilidad, es patrimonio de pocos, por lo que voy viendo y me aplico en lo que me toca. Lo normal es ignorar conscientemente que nos vamos a ir -mas bien pronto, y a escala cósmica, ya mismo-, desde la complacencia de saber que, por el momento, estamos aquí y, si no estamos enfermos y, aún mejor, si no hemos alcanzado los cuarenta,  nos aferramos a cada momento de felicidad como posesos.

La Almudena estaba bastante vacía de vivos (no está en los tiempos visitar iglesias ni cementerios), aunque a la entrada decenas de floristos se concentraban al rececho de visitantes que pretendieran amortiguar su distancia con los que les fallecieron antes con algunos crisantemos. También había un mercadillo de ropa de esos de barato y hasta me crucé con representantes de la emergente economía sumergida que vendían al paso setas -¡menuda temporada ésta!-, chirimoyas y ajos.

No tiene este cementerio capitalino que lleva nombre árabe por culpa de una imagen aparecida en la muralla musulmana en la mitad del siglo XI, hermosos mausoleos, predominando, entre los más costosos, lo hortera: un exponente singular resulta, en  mi opinión, el recinto dedicado a acoger a los González Flores, que aún potencian en su desequilibrado esteticismo las zapatillas con el escudo del Atlétic que alguien colocó a los pies del fundido que recuerda al hijo mayor de la que fue una de las Lolas de España.

Pero de entre tantas tumbas y nichos, me atraen, desde niño, los abandonados. En especial, siento predilección por aquellos que, como si tendieran una amenaza al implacable destino, anuncian lo que se está mostrando, por los síntomas, que fue intención frustrada: «No te olvidaremos nunca», esgrimen.

Aún son más terribles, en su descaro, los que detallan los presuntos culpables del abandono: «Tu esposo e hijos no te olvidan», si bien, de las lápidas más antiguas, se puede interpretar que los que no acuden hoy a la ceremonia profiláctica de honrar, limpiándolas de moho, las tumbas de sus ancestros,  son los bisnietos o quizá tataranietos, o lo que pasó, sencillamente, fue que la rama genealógica se perdió para siempre sin vástagos que la sustentaran.

No saco, con todo, mayores consecuencias, porque el asunto me parece que no las tiene si somos  coherentes con la corriente actual de poner las cosas en su sitio, que es el desprecio a lo ajeno, y que incluye, como parte del mismo devocionario , desinteresarse por todo aquello que no se pueda pasar por el gañote o alguno de los sentidos, excluido el común.

Lo normal es olvidarse de los demás si no hay nada que  obtener de ellos. Y como dejar de hacer es mucho más fácil que actuar para corregir, a cuantos de los que se cree ya no hay posibilidad de lograr fruto,  lo habitual es ponerles tierra por encima.

Sensu contrario, pretender que a uno se le recuerde después de muerto, no solo es petulancia, sino que demuestra la ignorancia supina respecto a cómo procede, de forma natural,  el futuro: sepultándolo todo.

Si algo queda de lo que mucho fue, como lo evidencia la Historia, incluso de los que tuvieron nombre, es ruina y, entre los menos tocados por el paso del tiempo, fantasía. Ya fueran emperadores, filósofos, científicos o santos de peana, que a todos iguala, dejándolo actuar, no la muerte, sino más que ella, el menosprecio por lo ajeno.

—-

(1) Para los que tienen olvidado su latín, traduzco la parte del título de este Comentario que no está en español: «Yo no te olvidaré»

 

 

Publicado en: Actualidad

Nuevo modelo para la faja pirítica luso-andaluza

31 octubre, 2014 By amarias 2 comentarios

La minería ibérica recibe nuevos impulsos que podrían rescatarla de su atonía, y vienen, por supuesto, del lado de la economía, pero también de la demanda social de empleo estable.

Esas dos fuerzas tradicionales tienen un opositor, de cuño reciente, en los defensores de la naturaleza impoluta, un grupo heterogéneo, pero muy vociferante, que agrupa a ecologistas bien intencionados, catastrofistas desinformados y revoltosos de profesión, además de otras categorías tecnoculturales cuya exacta precisión me llevaría demasiado espacio y, a la larga, considero de poco interés para desarrollar este Comentario.

El 30 de octubre de 2014, el Colegio de Ingenieros de Minas del Sur de España y la Ordem dos Engenheiros de Portugal, celebraron en Sevilla un Seminario de Minería bajo el título «Iniciativas para la innovación en materias primas de la faja pirítica ibérica (FPI). Tuvo lugar en el precioso marco del edificio del consulado de Portugal en la ciudad, parte  principal del pabellón que erigió este país en la Exposición Internacional de 1929, y del que constituye un residuo encantador.

La serie de conferencias, a cuyo desarrollo asistí con máximo interés, abarcó diferentes aspectos de la actual situación de la FPI, aunque, evidentemente, en lo que se presentó como un primer encuentro al que han de seguir otros, tuvo que limitarse a trazar un bosquejo de la amplia problemática.

Tengo que recoger, ante todo, que la labor del moderador del Seminario, el colega y amigo Javier Targhetta, consejero delegado de Atlantic Copper, fue magnífica, tanto en la ponencia inicial, el estricto control que sostuvo del cumplimiento del horario y de las intervenciones (rara avis por estos predios) y, como colofón, en su intento conseguido de impulsar el debate-coloquio al final de las sesiones, al que pude contribuir modestamente.

Tengo a la vista un enjundioso libro (¡mil páginas!) que rescaté hace años, salvándolo de un injusto reciclado, y que se titula «Piritas de Huelva. Su historia, minería y aprovechamiento». Fue escrito en 1963 por Isidro Pinedo Vara, ingeniero de minas, director que fue de la División Minera de «Piritas españolas S.A.» Me ha proporcionado horas de agradable lectura técnica y, en particular, lo traigo ahora aquí a colación por sus capítulos Sexto «Minas de sulfuro inactivas y Séptimo «Producciones y reservas de piritas», aunque no oculto que el que tengo más subrayado es el «Apéndice. Breve descripción de la minería no pirítica», por la relación de mi familia con la explotación de algunos de los criaderos de manganeso.

Justifico con ello, a posteriori, el sentido de mi intervención en el Congreso. ¿Por qué no se unifica el disperso banco de datos, con informaciones de diversa naturaleza, de las explotaciones habidas y actuales de la faja pirítica, volcándolo sobre un modelo tridimensional, que permita poner en máximo valor la explotación de ese fenómeno único de la geomorfología?.

No tuve respuesta, de momento. Queda, por tanto, el sabor amargo de una realidad en la que han proliferado, desde remota antigüedad, los picoteos sobre los depósitos y mineralizaciones, generando centenares de emprendimientos independientes a lo largo de la historia, y que han tenido, por su naturaleza fundamentalmente especulativa, una vida relativamente corta, condicionada por las evoluciones mundiales del precio de los metales, con intereses que poco tienen que ver con las necesidades y objetivos de las comarcas de la Faixa Piritosa Ibérica.

Enhorabuena a los organizadores, que personifico en Felipe Lobo y Carlos Caxaria y felicito de manera especial a Fernando Tornos , investigador del CSIC, que protagonizó, desde mi peculiar criterio, la intervención más original y atractiva del Seminario, ilustrándonos con fluidez e inteligencia provocadora sobre «El futuro de la investigación geológica en la faja pirítica».

 

Publicado en: Actualidad, mineria Etiquetado como: Carlos Caxaria, Consulado de Portugal, faja pirítica, Felipe Lobo Ruano, Fernando Tornos, Javier Targhetta, seminario, Sevilla

  • « Página anterior
  • 1
  • …
  • 70
  • 71
  • 72
  • 73
  • 74
  • …
  • 81
  • Página siguiente »

Entradas recientes

  • Homilía y lecturas del funeral de Angel Arias – Viernes 14 abril
  • Cuentos para Preadolescentes (12)
  • Cuentos para preadolescentes (11)
  • Cuentos para preadolescentes (10)
  • Cuentos para Preadolescentes (9)
  • Cuentos para preadolescentes (7 y 8)
  • Por unos cuidados más justos
  • Quincuagésima Segunda (y última) Crónica desde Gaigé
  • Quincuagésima primera Crónica desde el País de Gaigé
  • Cuentos para Preadolescentes (6)
  • Cuentos para preadolescentes (5)
  • Cuentos para preadolescentes (4)
  • Cuentos para Preadolescentes (3)
  • Quincuagésima Crónica desde el País de Gaigé
  • Cuentos para preadolescentes (2)

Categorías

  • Actualidad
  • Administraciones públcias
  • Administraciones públicas
  • Ambiente
  • Arte
  • Asturias
  • Aves
  • Cáncer
  • Cartas filípicas
  • Cataluña
  • China
  • Cuentos y otras creaciones literarias
  • Cultura
  • Defensa
  • Deporte
  • Derecho
  • Dibujos y pinturas
  • Diccionario desvergonzado
  • Economía
  • Educación
  • Ejército
  • Empleo
  • Empresa
  • Energía
  • España
  • Europa
  • Filosofía
  • Fisica
  • Geología
  • Guerra en Ucrania
  • Industria
  • Ingeniería
  • Internacional
  • Investigación
  • Linkweak
  • Literatura
  • Madrid
  • Medicina
  • mineria
  • Monarquía
  • Mujer
  • País de Gaigé
  • Personal
  • Poesía
  • Política
  • Religión
  • Restauración
  • Rusia
  • Sanidad
  • Seguridad
  • Sin categoría
  • Sindicatos
  • Sociedad
  • Tecnologías
  • Transporte
  • Turismo
  • Ucrania
  • Uncategorized
  • Universidad
  • Urbanismo
  • Venezuela

Archivos

  • mayo 2023 (1)
  • marzo 2023 (1)
  • febrero 2023 (5)
  • enero 2023 (12)
  • diciembre 2022 (6)
  • noviembre 2022 (8)
  • octubre 2022 (8)
  • septiembre 2022 (6)
  • agosto 2022 (7)
  • julio 2022 (10)
  • junio 2022 (14)
  • mayo 2022 (10)
  • abril 2022 (15)
  • marzo 2022 (27)
  • febrero 2022 (15)
  • enero 2022 (7)
  • diciembre 2021 (13)
  • noviembre 2021 (12)
  • octubre 2021 (5)
  • septiembre 2021 (4)
  • agosto 2021 (6)
  • julio 2021 (7)
  • junio 2021 (6)
  • mayo 2021 (13)
  • abril 2021 (8)
  • marzo 2021 (11)
  • febrero 2021 (6)
  • enero 2021 (6)
  • diciembre 2020 (17)
  • noviembre 2020 (9)
  • octubre 2020 (5)
  • septiembre 2020 (5)
  • agosto 2020 (6)
  • julio 2020 (8)
  • junio 2020 (15)
  • mayo 2020 (26)
  • abril 2020 (35)
  • marzo 2020 (31)
  • febrero 2020 (9)
  • enero 2020 (3)
  • diciembre 2019 (11)
  • noviembre 2019 (8)
  • octubre 2019 (7)
  • septiembre 2019 (8)
  • agosto 2019 (4)
  • julio 2019 (9)
  • junio 2019 (6)
  • mayo 2019 (9)
  • abril 2019 (8)
  • marzo 2019 (11)
  • febrero 2019 (8)
  • enero 2019 (7)
  • diciembre 2018 (8)
  • noviembre 2018 (6)
  • octubre 2018 (5)
  • septiembre 2018 (2)
  • agosto 2018 (3)
  • julio 2018 (5)
  • junio 2018 (9)
  • mayo 2018 (4)
  • abril 2018 (2)
  • marzo 2018 (8)
  • febrero 2018 (5)
  • enero 2018 (10)
  • diciembre 2017 (14)
  • noviembre 2017 (4)
  • octubre 2017 (12)
  • septiembre 2017 (10)
  • agosto 2017 (5)
  • julio 2017 (7)
  • junio 2017 (8)
  • mayo 2017 (11)
  • abril 2017 (3)
  • marzo 2017 (12)
  • febrero 2017 (13)
  • enero 2017 (12)
  • diciembre 2016 (14)
  • noviembre 2016 (8)
  • octubre 2016 (11)
  • septiembre 2016 (3)
  • agosto 2016 (5)
  • julio 2016 (5)
  • junio 2016 (10)
  • mayo 2016 (7)
  • abril 2016 (13)
  • marzo 2016 (25)
  • febrero 2016 (13)
  • enero 2016 (12)
  • diciembre 2015 (15)
  • noviembre 2015 (5)
  • octubre 2015 (5)
  • septiembre 2015 (12)
  • agosto 2015 (1)
  • julio 2015 (6)
  • junio 2015 (9)
  • mayo 2015 (16)
  • abril 2015 (14)
  • marzo 2015 (16)
  • febrero 2015 (10)
  • enero 2015 (16)
  • diciembre 2014 (24)
  • noviembre 2014 (6)
  • octubre 2014 (14)
  • septiembre 2014 (15)
  • agosto 2014 (7)
  • julio 2014 (28)
  • junio 2014 (23)
  • mayo 2014 (27)
  • abril 2014 (28)
  • marzo 2014 (21)
  • febrero 2014 (20)
  • enero 2014 (22)
  • diciembre 2013 (20)
  • noviembre 2013 (24)
  • octubre 2013 (29)
  • septiembre 2013 (28)
  • agosto 2013 (3)
  • julio 2013 (36)
  • junio 2013 (35)
  • mayo 2013 (28)
  • abril 2013 (32)
  • marzo 2013 (30)
  • febrero 2013 (28)
  • enero 2013 (35)
  • diciembre 2012 (3)
julio 2026
L M X J V S D
 12345
6789101112
13141516171819
20212223242526
2728293031  
« May