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La energía en los programas políticos de los partidos que optan a gobernar España (1)

5 diciembre, 2015 By amarias Deja un comentario

La infatigable Yolanda Moratilla hizo de presentadora y entrevistadora de tres expertos en temas energéticos, que analizaron, el 2 de diciembre de 2015, y en un acto público en el seno del IIE, la parte energética de los programas de los cuatro partidos con más opciones de participar en el futuro Gobierno de España, en la combinación que resulte de las elecciones del próximo día 20: PP, PSOE, C’s (Ciudadanos) y Podemos.

Quienes hicieron tanto el trabajo previo como la presentación de las conclusiones, además de la catedrática de la Universidad Pontificia, fueron Isaac Alvarez (compañero de la ingeniería minera, directivo emérito de Repsol), Manuel Lozano (catedrático de Física Nuclear en Sevilla) y Victoriano Casajús (ex Director General de REE, presidente de Lysys Real).

Moratilla dilapidó aparentemente la parte misteriosa que pudiera tener el acto, al resumir, apoyándose en un par de transparencias,  los programas energéticos de los partidos, en los que se habían señalado con puntos rojos las propuestas técnicamente  irrealizables, y de amarillo, las inconsistencias detectadas en el propio programa electoral.

«Nucleares y fracking, no; renovables a tope», era -concretó- el mensaje común de los tres partidos opositores, que, en el caso de Podemos, presentaba una curiosa singularidad: apoyaba el alcanzar el 100% de empleo de energía renovable en la Administración pública (realizable, aunque caro), y clausurar el ATC, además de cerrar de inmediato todas las centrales nucleares (elucubración patafísica, aunque el adjetivo lo pone este cronista por su cuenta) .

Pero advirtió también, que, si el menos dañado por los puntos rojos era el programa propuesto por el PP, lo era más por omisión de propuestas en temas que pudieran resultar conflictivos, quizá por la idea subyacente de que, siendo el actual partido de gobierno, lo que inferirá el elector es que habrá de mantenerse en la misma línea.

A preguntas concretas de la conductora del acto, los invitados fueron desarrollando sus comentarios críticos a los programas. Posteriormente, se admitieron intervenciones y comentarios desde el público, que resultaron en algún caso, polémicos, más por el tono que por el contenido. Lo que no hubo, y lo lamento, fue una propuesta técnica alternativa de lo que podría ser un programa energético óptimo. Al final de esta reseña realizo un esfuerzo petulante en esa dirección..

Casajús, que fue, quizá, el más comprometido en la rotundidad de los análisis, expresó que sería técnicamente imposible, desde el punto de vista de la seguridad de todo el sistema, introducir un porcentaje de energía renovable tal que se comprometiera la sincronicidad.

En lo esencial, se expresó así (aunque utilizo el entrecomillado, transcribo desde mis notas manuscritas).

«Por supuesto, las energías renovables son valiosas en múltiples órdenes y lo serán cada vez más. Pero su incorporación masiva en nuestro actual sistema eléctrico es inviable. Esto es así, porque el sistema de distribución de electricidad es síncrono, -de frecuencia constante-, y ante cualquier variación externa, tiende a autoregularse para mantener su sincronismo.  La incorporación de producciones asíncronas modifica el sistema, que las máquinas instaladas no son siempre capaces de compensar. La situación se convierte en especialmente grave cuando se compromete la falta de periodicidad y la predictibilidad de la generación eléctrica, al superar ese límite por la introducción masiva de energía eólica y solar, que, por su esencia, son asíncronas y, por tanto, perturbadoras de la estabilidad.

«La teoría electromagnética de Maxwell y Cía -explicó el actual presidente de Lyxys Real, para justificar su aseveración- no fue desarrollada a partir de la observación de la realidad, sino en base a experimentos de laboratorio, que sirvieron para concebir los actuales sistemas de suministro. Necesitamos en ellos, mantener la inercia y la capacidad generadora. Para conservar la inercia, son necesarias máquinas rodantes -turbinas, grupos diesel, máquinas de vapor, ciclos combinados, máquinas hidráulicas, etc.- , y si se introducen excesivos elementos que no satisfacen las condiciones de inercia, una parte del sistema, intentan corregir ese desequilibrio y si no fueran capaces de lograrlo, se provocará su desconexión automática».

Y Casajús prosiguió, extendiéndose en la idea:

«Por su parte, las centrales nucleares son sistemas que proporcionan mucha capacidad de inercia para compensación; la central hidráulica es el elemento ideal -la tubería que comunica los rodetes tiene una reserva de energía importante-. Por el contrario, las centrales solares son sistemas estáticos puros… y, no podemos ignorar que las centrales termosolares no son más que centrales de gas… que se apoyan en el sol para conseguir la fuente de energía primaria.

«Si, en nuestro mix actual, cerráramos de golpe todas las centrales nucleares, el sistema español solo podría admitir un 40 a 50% de generadores asíncronos. Ni siquiera las centrales de ciclo combinado pueden estabilizar el sistema cuando cae la tensión y, por tanto, se altera la frecuencia: el compresor de cabecera baja la velocidad y se queda parado durante un intervalo; ya ha se ha dado ya el caso de un «blackout» (apagón total) cuando el subsistema de generación solo se disponía de centrales de ciclo combinado para alternar con aerogeneradores.»

Con esta concluyente aseveración, la promesa del PSOE de alcanzar el 70% de incorporación de energías renovables, la calificó, por tanto, de irrealizable, al menos, en un horizonte de una o dos décadas.

(continuará)

Publicado en: Actualidad, Energía, Política Etiquetado como: Ciudadanos, Isaac Alvarez, Manuel Lozano, Moratilla, Podemos, PP, programas electorales, PSOE, Victoriano Casajús

En defensa del inconformismo

1 noviembre, 2015 By amarias Deja un comentario

El 24 de septiembre de 2015, yo no había leído aún el libro («Una vindicación de la acción política», Felipe Gómez-Pallete Rivas, Asociación por la Calidad y Cultura Democráticas, 2015). El autor estaba a punto de presentarlo, a amigos y colegas de la ingeniería, en el recoleto Salón de Actos de la Fundación Gómez Pardo.  Yo tenía, justamente ese día y con hora de comienzo quince minutos antes, otra reunión en la misma sede, a la que no debía faltar, y me excusé por no poder asistir a la suya, derramando algunos elogios de cortesía. Incluso aventuré a Gómez-Pallete que estaba seguro de que tendríamos muchos puntos de coincidencia.

Felipe dejó depositado un ejemplar para que se me entregara -aunque no me lo dedicó, ni hemos tenido ocasión de hablar sobre su contenido desde entonces-. Por distintas razones, no pude recogerlo hasta hace tres días, y, con la curiosidad imaginable, cuando lo tuve en las manos, incluso desde el trayecto en metro hasta casa, empecé a hojearlo y, ya en ella, terminada la jornada laboral, lo convertí en libro de cabecera y lo leí aquella misma noche del tirón.

Tengo que reconocer, en primer lugar, que el título me resultaba equívoco, y, en efecto, guía la imaginación hacia un sitio inadecuado a lo que el autor pretende. Porque no es un manifiesto político, ni pretende transmitir carga ideológica. La vindicación -es decir, la defensa- de la «acción política» -es decir, la obligación ciudadana de intervenir, con las propias fuerzas, para mejorar la sociedad- (si asumo, bajo mi exclusiva responsabilidad, la interpretación que dada al término Hanna Ahrendt), no es el objetivo del libro.

Lo que Gómez-Pallete glosa es la importancia de introducir en la política, como fermento o catalizador de los esquemas tradicionales con los que se estructura la acción de los partidos políticos, una sistemática extraída del mundo empresarial, que les ayude a mejorar la calidad de su producto, y que entiende válida al margen de cualquier ideología. Su libro habla, por ello, de prioridades,  indicadores de calidad, selección de objetivos, cuantificación y control de avances y, sobre todo, ilustra sobre el método y manera de plantearse un trabajo en equipo,  para elegir metas de calidad (internas o externas), fijarse plazos y medio para lograrlas, y evaluar los resultados.

La exposición se aleja de la manera de presentación que nos resulta habitual en libritos de inspiración norteamericana -esos manuales de autoayuda omnipresentes en los que nos cuenta una anécdota o relato corto y de los que se extraen, haciendo del cuento un limón intelectual, decálogos de consecuencias y consejas prácticas. Por el contrario, «Una vindicación de la acción política» no se estructura con la pretensión de ofrecer un resultado acabado, redondo, sino como una propuesta de trabajo. Recuerda a unos apuntes del profesor escritos como apoyo extraescolar, destinados a servir de ampliación a un seminario sobre calidad y control que hubiera sido, en este caso,  encargado por el responsable de pre-campaña de un hipotético partido político.

Con voluntad enfocada hacia lo práctico se desarrolla en el libro, -desde lo conceptual hasta la elaboración de un prototipo-, un modelo base.  Se elige, para ello, la fórmula de exponer un ejemplo de apariencia sencilla y sin aristas ideológicas, y, combinando reflexiones y propuestas, se va avanzando con él en sesiones de trabajo simulado, en las que participan un patrocinador,  un asesor de la Asociación por la Calidad y Cultura Democráticas y varios militantes elegidos del partido.

Si la existencia de una propuesta de acción ha de ser justificada para cubrir una necesidad, Felipe Gómez-Pallete aventura no una, sino varias carencias en la acción actual de los partidos, enumerándolas, aunque, fiel a su idea de resultar políticamente correcto, no pretende que se las atribuya a ningún partido concreto: falta de transparencia, debilidad de los liderazgos, fallos en la comunicación, errores en la transmisión de los objetivos, problemas de credibilidad, etc.

Una interesante aportación,  realizada con honestidad intelectual y evitando la petulancia o caer en una complejidad innecesaria, que enmascararía el mensaje. Está destinada a los que toman decisiones en política, es decir, a los dirigentes de los partidos políticos, de las asociaciones y fundaciones relacionadas con la vida en común. Gentes que, como sabemos, provienen en su mayoría del mundo universitario del derecho, de la economía o de la sociología y que no tienen experiencia práctica de la empresa, que no se han planteado fijarse o cumplir objetivos parciales, distintos de ganar unas elecciones o mejorar resultados electorales, a partir de un ideario no pocas veces, difuso.

Lo que ya no estoy tan seguro es de que, quienes lean el libro desde esas posiciones, deseen avanzar algo más que contentarse con su sola lectura, acudiendo humildes a los miembros cualificados de la Asociación para que se conviertan en tutores y mentores de la aplicación del método a sus propias corporaciones.

No se. Eso, de momento, se mantiene como secreto profesional de Gómez-Pallete, Sampedro Blanco, González Quirós y el resto del equipo que, como instigadores, nutricionistas intelectuales, proponentes metodológicos, asesores experimentados y jubilados de élite, conforman el núcleo duro de la Asociación por la Calidad y la Cultura Democráticas.

Y, para mi propio coleto, me pregunto si, además de controles de calidad internos, los partidos españoles no están necesitados de revisar y calificar sus objetivos generales, sus principios de actuación, y hasta sus catecismos y dogmas ideológicos…para orientar, con ese bagaje, sus propuestas concretas hacia lo que nos preocupa a todos los ciudadanos -militantes o no-: construir una sociedad más justa, más eficiente, más honesta, menos crispada, más sabia.

Publicado en: Actualidad, Política Etiquetado como: Asociación por la Calidad y la Cultra Democráticas, control de calidad, Felipe Gómez-Pallete, González Quirós, partido político, programa, propuestas, Sampedro Blanco, sesiones de trabajo

La vulnerabilidad de Europa

23 septiembre, 2015 By amarias Deja un comentario

El recoleto Paraninfo del Centro Superior de Estudios de la Defensa Nacional (CESEDEN) tenía algo más de media entrada, circunstancia que no se correspondía, en absoluto, ni con la calidad de los conferenciantes previstos, ni con el tema de debate: «Presente y futuro de la Política Común de Seguridad y Defensa». El acto tuvo lugar en Madrid, el 22 de septiembre de 2015.

La intervención estrella fue, sin duda, la de Javier Solana, que, en un tono distendido, pero con plena solidez argumental, desgranó su visión respecto al asunto que nos traía allí.

Para el ex-Representante de la UE para la Política Exterior y de Seguridad Común (PESC) existen tres líneas de «potencial fractura o división» en el panorama geopolítico: a) la frontera norte-sur, de naturaleza económica -con la que creí entender se refería, tanto a la divergencia de planteamientos entre la Europa rica y el arco mediterráneo, pero, también, a la presión desde los países del norte de África por acercarse a la idea de bienestar europeo; b) la nueva frontera este-oeste, de importancia sustancial para los países del llamado grupo Visegard (la vieja unión V4, que tiene sus hondas raíces ni más ni menos que en 1335, entre Hungría, Polonia, República Checa y Eslovaquia), siempre pendientes de la problemática rusa; c) la relación con Estados Unidos, que ha pasado a ser menos fluida.

Javier Solana expuso, en relación con la problemática migratoria y el tratamiento que están dando a los grupos de exiliados forzosos en algunos países, puesto de actualidad dramática por la cuestión siria, que no se debe olvidar que Polonia y Hungría carecen de experiencia en la asimilación de emigrantes. Ve déficits, también, respecto a la asimilación de lo que significan los acuerdos Schengen, que calificó de esenciales para la reconstrucción europea. «Hungría no cumple los criterios de Copenhague, y, si se estuviera decidiendo hoy su entrada en la UE, no sería aceptada» -matizó.

«Quienes nos llegan como refugiados tienen su origen en un conflicto armado en su país, y la UE no ha hecho nada para evitarlo. El problema es diferente al que España tuvo con quienes llegaban en pateras, porque había contactos previos con Marruecos y otros Estados, y se podía pactar con ellos. En la situación siria, no existe Estado con el que pactar». Por ello, concluía -en una expresión que volvería a utilizar en la conferencia- «El tema de los refugiados está aquí para quedarse».

Para solucionar el conflicto («esta guerra hay que pararla»), hay que tratar con Rusia, que «nos ha ganado la partida a los europeos». El formato que propone es el mismo que se siguió con Irán, que implica un acuerdo con contraprestaciones; en este caso, analizar con Rusia el tratamiento a la frontera este. Ve como positivo para avanzar en esta dirección, la referencia al acuerdo de alto al fuego en Minsk (febrero de 2015), que se está cumpliendo., razona

Respecto al futuro de Al-Ashad, el razonamiento de Solana, tal como quedó expuesto, tiene varios elementos: ante todo, es imprescindible evitar un vacío de poder total en Siria: la experiencia de Irak ha de servir para evitar esta situación, por lo que habría que contar con algunas de las fuerzas alauitas que estuvieron en el bando de Al-Ashad y, si se llega a un acuerdo, ofrecer la garantía de algún tipo de presencia militar sobre el terreno.

La urgencia de empezar a trabajar (políticamente) por la seguridad de Europa fue puesta de manifiesto en varias ocasiones por el conferenciante («el momento es ahora»), si bien no se mostró partidario de modificar los Tratados vigentes: «El artículo 44 regula que el Consejo puede llamar a una coalición de Estados miembros, y se debe tomar en consideración el concepto de «cooperación estructurada» -quien puede, tiene que querer- en distinción al de «cooperación reforzada». En definitiva, apoyó que, al igual que se han trazado objetivos para una unión monetaria, energética, agraria, etc., se debe ir hacia una «unión de defensa», lo que exigirá cambios en el comportamiento, revisión de capacidades, y mejora de gestión de éstas.

Javier Solana recordó que los 28 países sostienen ejércitos individuales que, en conjunto, cuestan a sus erarios unos 200.000 millones de euros, con un beneficio real difícil de evaluar: es imprescindible «gastar mejor», y la solución está en gastar mejor ese presupuesto. «La Alianza Atlántica solicita aumentar el gasto en defensa en un 2%, incremento al que no se va a llegar…pero se alcanzaría mayor rentabilidad con un menor incremento, si se actuara unidos».

Las dificultades de llegar a un acuerdo en el corto plazo, también fueron puestas de manifiesto por Solana, que recordó que en 2015 habrá elecciones generales en Portugal, Dinamarca y España; en 2016, tendrá lugar el «capital referéndum» británica, y elecciones en Francia, Alemania, Países Bajos, Irlanda y Eslovaquia.

Tal vez para tratar de abrir el coloquio con un mensaje positivo, el comerciante recordó «la carta de los cinco Presidentes de la Unión», (1) divulgada el 22 de junio de 2015, en la que presentaron un plan para profundizar en la Unión Económica y Monetaria (UEM), que debería completarse en 2025.

Abierto el coloquio, Javier Solana respondió con agilidad a preguntas sobre Libia («Libia tiene petróleo, y si hubiera estado, podría sobrevivir con sus recursos; en Tobruk existe un gobierno alternativo dominado por Egipto»), Turquía («en noviembre habrá elecciones, y se abre una indeterminación sobre la posición del gobierno, ya que existe solapada intención de reducir el número de refugiados, y se pretenderá rentabilizar que desde la base fronteriza con Siria se pueda bombardear al Daesh»), China («empieza a tener interés por la estabilidad fuera de su geografía. Para solucionar la problemática de toda la zona, habría que sentar a la mesa, además de a Rusia, Estados Unidos y la Unión Europea, a China, Irán, Arabia Saudí y Turquía»)

La Jornada proseguiría con intervenciones igualmente interesantes. La mesa redonda, dirigida por el ex-Ministro de Defensa. Julián García Vargas, aportó nuevos elementos para entender aspectos del tema, que he recogido, con mi voluntad de aprendiz permanente, en mi cuaderno. Pero no voy a transcribirlas aquí y ahora, pues me reclaman otros temas.

La vida sigue, los elementos que captan mi atención son siempre demasiado ambiciosos para mis capacidades y el tiempo de que dispongo. Que me disculpen los demás conferenciantes. Y el lector amigo que hubiera tenido curiosidad por conocer más detalles.

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(1) El presidente de la Comisión Europea, Jean-Claude Juncker; el presidente de la Cumbre del Euro, Donald Tusk; el presidente del Eurogrupo, Jeroen Dijsselbloem; el presidente del Banco Central Europeo, Mario Draghi, y el presidente del Parlamento Europeo, Martin Schulz.

Publicado en: Actualidad, Política

¿Qué se enseña en las Facultades de Políticas?

19 julio, 2015 By amarias 2 comentarios

Publica El País del 19 de julio de 2015, en la sección de Opinión, un artículo de Pablo Iglesias (Turrión), secretario general de Podemos, titulado «Una nueva Transición». Iglesias presenta un relato fáctico de lo sucedido a partir de 1978 en el escenario político de España que no tengo mayor problema en identificar como «de parte», es decir, interesado.

Dada la edad del firmante y su relación indirecta con los hechos que narra, tampoco se puede aceptar su declaración como testigo, aunque, dada la formación académica de Iglesias y el que hasta ahora su modus vivendi fuera de Profesor universitario, no hay razón para negarle, en principio, la calificación de perito, si bien, al no haberle tomado previamente juramento o promesa de decir la verdad, cabría tener dudas de si lo que afirma es resultado de ciencia o producto de una calentura.

No soy yo proclive a conceder títulos de experto a quienes analizan hechos que solo conocen de oídas y leídas, especialmente si tengo la sospecha de que pretenden obtener tajada del relato. Pero que el autor sea hoy día candidato a la presidencia del Gobierno de España, y que lleve la enseña de capitán de una formación política que despierta adhesiones inquebrantables como no se conocían desde los tiempos de la dictadura de Franco, confiere a sus reflexiones un carácter relevante y, dado lo colorido y ágil con que las presenta, sería de necios despreciar su influjo doctrinario.

Si a Iglesias se le puede negar el carácter de testigo neutral y hasta el de experto en prácticas políticas, dado su corto pase por la escena, distinta calificación merecería Jorge Verstrynge,  rigurosamente coetáneo de quien esto escribe (ambos nacimos en 1948).

Verstrynge,  en una entrevista realizada con el formato de loor de santidad y con un distendido encuadre televisivo (La Sexta, bajo el título, con divertida connotación para perversos, de «Al Rojo vivo»), en la madrugada del mismo día 19 ofreció también un recorrido pictórico sui generis sobre la política de los últimos cuarenta y tantos años de nuestro país.

En este caso, el relato fáctico cuenta con la calidad testifical y la riqueza anecdótica y semántica,  de quien ha vivido los hechos en primera persona, y, además, ha experimentado en sus propias carnes, siendo él mismo un brillante resultado, una secuencia intensa de cambios ideológicos. Puede que la de Verstrynge sea la más variada, compleja e inaudita carrera política de cuantas puedan presentarse en España, tierra, por cierto, nada escasa en transfuguismos políticos ni en cambios de chaqueta.

Dijo Verstrynge, que Iglesias había sido uno de sus mejores alumnos. Lo expresó con evidente admiración, por lo que cabe interpretar que, para el maestro, pocos como Pablo Iglesias (Segundo) han captado en profundidad y en toda su complejidad, la esencia del Camino Iniciático que a él le condujo a la Verdad, al Nirvana político, a la revelación que inspira al bienaventurado a ser otro Buda.

Así lo pone de manifiesto el sendero recorrido por Verstrynge, lleno de trampas y caídas: desde el neofascismo francés, pasando por Alianza Popular -en donde tuvo el placer morboso de hallarse sentado a la derecha del padre-, … siguiendo por las frondosas ramas del socialismo felipista -en donde apenas si tuvo tiempo a una pirueta-, hasta arribar, después de un itinerario por el comunismo de cartilla, y ya casi purificado de toda mancha anterior, al círculo interior de la devoción mística por los principios inquebrantables de la revolución bolivariana.

Cierto que aún se le advierte, como una verruga, un suave aprecio hacia las esencias del comunismo teórico, que ve encarnadas hoy en Cayo Lara, cuyo aspecto y tono venerables aseguran su incapacidad para enfadarse ni con quien le haya robado los calzones. La condescendiente sonrisa con la que Verstrynge despachó el tema del futuro del viejo león desdentado, revelan que le inspira más lástima que recuerdos del terror bakuniano, superados hoy por el mensaje vertical, integrador, con la visión inspirada de que habrá, otra vez, un Partido Único, gran unificador de las inquietudes del pueblo,  encajadas en un mosaico común, en el que todos se sabrán escuchados.

Mientras leía, caladas mis gafas, las frases inspiradas del erudito Pablo Iglesias, reconociendo que «llevamos un año preparándonos para ganar siendo la fuerza política que representa a las clases populares y a la sociedad  civil (…)» sentí el escalofrío de quien teme encontrarse otra vez en la noche oscura de las almas, junto a otras víctimas agrestes con incapacidad para sacar el menor partido, la mínima ventaja, de cuanto saben y conocen, pobres diablos que siempre estarán del lado equivocado. Tipos que jamás se sentaron junto al poder, pero nunca les pareció una buena opción alinearse contra él.

De pronto, recordé aquellos tiempos en que la llamada Facultad de Ciencias Políticas, Económicas y Comerciales, hacia 1971, en los arcanos académicos de la Complutense, misteriosa para quienes habíamos estudiado en una Escuela Superior de Ingeniería, e incluso para quienes nos animábamos a investigar en los recovecos de la Filosofía pura, se escindió en dos: Ciencias Políticas y Sociología y Ciencias Económicas y Empresariales. Fue preludio de posteriores divisiones, que vinieron a demostrar la actividad generadora de esos saberes nuevos, despreciados por técnicos y los filósofos, y probaron la fuerza creativa de sus impulsores, cocineros autolaureados que introdujeron ingredientes exóticos y citas foráneas para salpimentar lo que se coció en los fogones de nuestra polis.

Comprendo bien que Pablo Iglesias, acompañado de otros muchos estudiosos de la ciencia política, se crean capacitados mejor que ningún otro para dirigir ahora el cotarro real: No han vivido el cambio, pero lo han estudiado en las aulas, lo han digerido ya explicado y condimentado, mamándolo de los pechos ideológicos de personas experimentadas como Jorge Verstrynge, navegante superviviente en todos los mares.

Para mayor facilidad didáctica con la que propagar el mensaje, lo encuentran incluso representado en secuencias memorables de películas interpretadas por Marlon Brando -la «genial Queimada de Gillo Pontecorvo»- (cito literal del artículo)… Al fin y al cabo, todo se concreta en argumentos sencillos, mandamientos irrefutables que se reducen, en esencia a dos: denunciar la corrupción de todos los gobernantes anteriores, y dejar que el pueblo se exprese, porque en él está la verdad.

No soy capaz de desentrañar lo profundo del mensaje, por más que me devano la sesera. Por eso, me pregunto, consciente de que llego ya demasiado tarde para emprender otra carrera univesitaria: ¿Qué se estudia en las Facultades de Políticas?

¿Me he perdido algo? ¿Es una rémora insalvable haber permanecido fiel a los principios éticos que me inculcaron mis padres? ¿No me servirá de nada haber estudiado Historia por mi cuenta, buceando en múltiples fuentes, sin admitir que una persona sola me la explique? ¿Es un desdoro haber conocido de primera mano muchos currícula de arribistas, salvapatrias y sabihondos? ¿Pesa en mi contra que nadie me haya considerado jamás su mejor alumno, ni siquiera en las Universidades en donde obtuve mis títulos académicos?

Y, por cierto, ¿dónde puedo homologar el recorrido experimental que me acreditaría como escéptico ante quienes se arrogan la capacidad, derivada de su presunta superior inteligencia, para otorgar títulos de expertos en legitimidad y proyectos de país?

Porque, como he escrito muchas veces, una cosa es predicar y otra dar trigo. Aunque se tenga el campo, hace falta la semilla. Y para hacer buen pan -prefiero el de muchos cereales y libre de toda mamadura-, mejor el saber práctico del panadero, que pertrecharse tras libros de cocina.

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¿De quién la prisa?

18 junio, 2015 By amarias Deja un comentario

Un proverbio clásico que, al parecer, se convirtió en principio de actuación para los emperadores Augusto y Vespasiano, aconsejaba «Festina lente». Es decir, sin prisa, pero sin pausa. En lenguaje más elaborado: antes de actuar, piensa lo que vas a hacer; y una vez que has decidido lo más conveniente, hazlo.

Los acuerdos postelectorales entre los partidos y agrupaciones políticas que consiguieron representantes en las elecciones locales (municipales y autonómicas), en mayo de 2015, que resultaron obligados en muchas circunscripciones por la dispersión del voto, han traído como consecuencia que algunas de las listas más votadas no alcanzaron mayoría suficiente para conseguir vencer a otras coaliciones.

En la ciudad de Madrid, por ejemplo, el apoyo del PSOE (limitado a la investidura) a Manuela Carmena , independiente que figuraba en las listas de Ahora Madrid, la condujo a la alcaldía y, por tanto, a repartir los cargos principales del Ayuntamiento entre los concejales de su agrupación. En la Comunidad madrileña, el acuerdo entre el PP y Ciudadanos, ha aupado a Cristina Cifuentes a la posición de presidenta de esta corporación.

El panorama que se ha construido en Madrid, en la ceremonia postelectoral, es complejo, por su inestabilidad. Los partidos que apoyan a la investidura no gobernarán, convirtiéndose, por  tanto, en una primera policía que pretende garantizar determinados pactos que se han negociado después de las elecciones. La posición del PSOE, con el candidato Carmona actuando de consejero aúlico de la alcaldesa Carmena ha tomado ya tintes cómicos con el tratamiento dado a los cadáveres de animalillos asilvestrados que algunos concejales de Podemos guardaban en sus armarios curriculares.

Yo le oí decir a Esperanza Aguirre, Presidenta entonces de la Comunidad de Madrid, que «a los arquitectos había que matarlos a todos», y todos lo tomaron a broma simpática (salvo el decano del Colegio de Madrid, que pidió, y obtuvo, una disculpa).

No había leído hasta su feroz difusión mediática el tuit de Zapata -aficionado, parece, al humor negro, que es ese tipo de chascarrillo pestilente en que te mofas de gente con algún hándicap o de asociaciones y colectivos dignos de todo respeto, con el que se consigue despertar la carcajada estentórea de individuos que tienen algún trastorno mental-. Menos aún sabía del contexto en que difundió en la red su graciosidad respecto al Holocausto, que no sirve de disculpa, pero que es necesario considerar si se quiere enjuiciar el asunto con justicia.

Pero no es lo que me mueve a escribir estas líneas. Ni Zapata, ni Maestre, ni los casos que puedan surgir de comportamientos infantiles, puntualmente criticables o impropios de futuros líderes, me preocupan. Doy por admitido que, en cualquier trayectoria vital suficientemente extensa, si se buscan con ardor, y no digamos con saña, se encontrarán puntos oscuros, agujeros negros criticables, amistades peligrosas y comportamientos sospechosos.

¿Nos vamos a detener en eso, o vamos a dejarles tiempo a las nuevas corporaciones, sean del signo que sean, -todas ellas, democráticamente elegidas y acordadas- para que desempeñen su labor de la mejor manera posible?

Me gustó la respuesta de la recién elegida alcaldesa Carmena a una pregunta de la periodista Ana Pastor, apremiada sicológicamente a sonsacar algún titular para la entrevista que estaba haciendo en El objetivo (La Sexta), y que estaba siendo realizada justo el día en que había tomado posesión la regidora: «Ana, te doy un consejo: si quieres obtener buenas respuestas, espera a hacer las preguntas cuando te puedan responder.»

 

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Rusia ha vuelto

30 mayo, 2015 By amarias 1 comentario

Con ocasión de la visita de Felipe VI al centro de la OTAN en Torrejón (un búnker subterráneo en el que operan 180 militares de varias nacionalidades), el teniente coronel del CAOC (Centro de Operaciones Aéreas Combinadas), Velázquez Gaztel,  expresó que Rusia ha emitido el mensaje de que «está de vuelta» (1).  Matizó luego que no creía que nos encontráramos en el albor de una nueva guerra fría, aunque se desconocía la intención con la que ese vecino pródigo nos hacía la visita.

Las radiaciones recogidas por el sensor militar con ocasión de la reunión de estrellas de alto rango, coincidieron en el tiempo con la emisión de una señal paranormal que afirmó haber detectado Esperanza Aguirre, estrella de gran magnitud ella misma, y que fue la candidata más votada -por los pelos- en las recientes elecciones de mayo de 2015.  La frustrada proto-alcaldesa, asentada en territorio post electoral, denunció la intención de la juez retirada Manuela Carmona, alcaldesa in pectore de una coalición que no acaba de cuajarse, de implantar los soviets en los barrios.

Fue una casualidad. Pero el azar también lanza sus mensajes, y, tratándose de una política avezadas en jugar con las palabras,  identificar la idea de las asambleas participativas, herencia yacente de las plataformas del 15-M,  con la creación, allá por 1905, en la Rusia precomunista, de unas agrupaciones mixtas de obreros, militares y campesinos, que tenían por objetivo derrocar al zar, confirma el fino olfato de la condesa para detectar olor a ruso en un cocido aunque no figure en la receta.

Para los militares que gustan de tener claro el enemigo -alguno ha de quedar-, la vuelta de Rusia a la confrontación potencial, significaría volver a soñar con hacer carrera triunfando en batallas campales y no con cursos de ascenso al generalato impartidos en aulas en donde las clases prácticas se realizan con simuladores. ¡Qué tiempos aquellos en los que la población civil se desayunaba cada dos por tres con la vista puesta en el cielo, temiendo atisbar un misil de cabeza atómica dirigido hacia un «objetivo estratégico» situado en la manzana de al lado.

Para los políticos que se habían acostumbrado a tener solo una alternativa a la que desmontar, el que el enemigo sea ahora difuso, debe provocar inquietud, y encuentro lógico (poniéndome en su piel) que atribuyan a las nuevas especies políticas cualidades que pertenecieron a poderes extintos, a formaciones de viejos manuales de campaña, en la ingenua obsesión de creer que el antídoto será insultar la inteligencia de la ciudadanía.

No estoy en condiciones (ni tengo la formación necesaria) para negar taxativamente que Rusia y el comunismo no vayan a volver, aunque mi conocimiento de la Historia me indica que son dos entidades de diferente naturaleza, y con objetivos diferentes.

Además, como ciudadano pacífico y de talante posibilista, quiero ver, sobre todo, oportunidades de cooperación entre países, grupos y personas. Prefiero situarme al lado de los que analizan el terreno para tender puentes y avanzar, en un mundo que está, al menos en lo que respecta a las comunicaciones,  globalizado.

Estupenda ocasión  para que los Estados se esfuercen en mejorar el producto interior bruto mundial y lograr, de una vez por todas, repartir mejor las plusvalías, para aliviar con urgencia la situación de los más desfavorecidos, no importa allí donde se encuentren.

Me encantaría oir hablar de la existencia de un Centro de Operaciones de Cooperación Combinadas, en el que personal con amplios conocimientos tecnológicos y datos fidedignos sobre los flujos de riqueza y la óptima rentabilización de los recursos naturales del planeta (además del óptimo aprovechamiento de las fuentes de energía accesibles con nuestros actuales conocimientos), se encargase sin desmayo de proponer actuaciones de mejora.

Y en cuanto a la puesta en solfa del bipartidismo PP-PSOE, que ya había mostrado su agotamiento y, aún peor, la inclusión en el esquema del virus de la corrupción galopante, veo motivos para estar de enhorabuena, porque toda nueva expectativa, significa ilusión. Y, tal como se presenta el panorama político en la mayor parte de los municipios y autonomías españolas, no nos vendrá mal dedicar un tiempo a tratar de entendernos sobre las prioridades, sin recelos ni ideas preconcebidas, ni clichés que pertenecen a otras épocas, otros países, y a temores desfasados.

—

(1) La noticia la recojo del blog de Carlos Penedo en Estrella Digital.

 

Publicado en: Actualidad, Economía, Política

La teoría del pacto

25 mayo, 2015 By amarias Deja un comentario

Los resultados de las elecciones municipales y autonómicas en España en 2015 han servido para poner de manifiesto varias cosas, que los especialistas en analizar a posteriori -lo que tantas veces no han sido capaces de predecir-, se encargarán de remover una y otra vez, sacándole todo el jugo posible.

Como el mayor interés del presente descansa en producir los hilos que sirven de apoyo para construir un futuro mejor, me gustaría compartir algunas reflexiones sobre las consecuencias de los posibles pactos que supondrían alcanzar las mayorías para garantizar lo que se ha dado en llamar «estabilidad de gobierno».

Desde luego, este análisis debe tener en cuenta la diferente situación que se presenta según se trate de municipios o de autonomías, de acuerdo con la legislación que rige la interpretación de los resultados en los comicios. En los Ayuntamientos, el alcalde electo es el cabeza de la lista más votada, aunque si no tiene la mayoría simple, un pacto entre otros partidos puede suponer que esta coalición post electoral le arrebate la alcaldía, en la votación de investidura.

En Madrid, parece seguro que un pacto entre Ahora Madrid y el PSOE hará a Manuela Carmena alcaldesa de la capital de España, aunque Esperanza Aguirre haya capitaneado la lista más votada, con un concejal más que los conseguidos por esa agrupación controlada por Podemos. El talante conciliador de Carmena, su serenidad como valor personal y los mensajes con irrefutable presunción de sinceridad por los que la candidata expresa su voluntad de tender puentes entre los extremos ideológicos de la ciudad, predisponen a suponer que dará a esta ciudad la dosis de apaciguamiento colectivo que precisa.

Bienvenido sea el pacto, pues, a posteriori de las votaciones, si bien quiero poner de manifiesto que los pactos entre partidos con características ideológicas marcadas no suelen funcionar. No sirven para generar estabilidad persistente durante la legislatura -acaban rompiéndose por los motivos más diversos, incluidos el trasfuguismo de alguno de los representantes- y, sobre todo, tienen el grave riesgo intrínseco de hacer perder la visibilidad de la identidad del partido que ha entrado como minoritario en la coalición, que arriesga por ello el que en las próximas elecciones sea castigado, tanto si las cosas han ido bien como, sobre todo, si han ido mal.

En fin, me apresuro a señalar lo que considero el factor diferencial de Madrid en estas elecciones, y su valor para avanzar en democracia.

Porque creo que el gran mérito de Ahora Madrid y del PSOE en esta jurisdicción no ha sido poner de relieve las diferencias ideológicas, sino el haber hecho pivotar la campaña en dos candidatos de consenso, razonables y serios: Manuela Carmena y Angel Gabilondo.

Ambos serían buenos alcaldes, en cuanto representan el buen sentido plural que debe presidir una sociedad madura y progresista, y en donde el primer regidor, precisamente por vivir el día a día de la ciudad, ha de estar lo más lejos posible de las discrepancias teóricas para atender a la solución de los problemas diarios y la mejora de la población en la que viven.

Como Gabilondo no compite por la alcaldía, ya que figuró en la lista del PSOE para la Presidencia de la autonomía, la posibilidad de que pudiera haber sido ese buen alcalde que Madrid necesita pertenece al terreno de la imaginación. Y en el campo que le compete, no tiene opciones reales de batir a Cristina Cifuentes, a la que, -y lo digo sin solicitar el perdón a mis amigos de la izquierda razonable, ni pretender el aplauso de mis amigos de la derecha liberal-, veo como una potencial buena presidenta de la Comunidad de Madrid, dotada también del sentido conciliador y positivo que necesita esta sociedad vapuleada por la crisis, la corrupción y la incomprensión hacia el que piensa lo contrario, sin saber matizar por qué.

Tendremos en Madrid, pues, si mis previsiones son correctas, dos pactos de signo diferente: PP y Ciudadanos, para aupar a Cifuentes a la Presidencia de la autonomía, y el de Ahora Madrid (con su núcleo en Podemos) y PSOE, para que Carmena sea alcaldesa. Más emoción, casi imposible. La teoría del pacto, puesta a prueba.

 

Publicado en: Actualidad, Política Etiquetado como: Ahora Madrid, alcaldesa, autonomía, carmena, carmona, cifuentes, elecciones, Gabilondo, Madrid, pacto, presidenta, PSOE

Pongamos que hablo de Madrid (y 8)

26 abril, 2015 By amarias Deja un comentario

Esta es la última entrada que acojo bajo el título de la popular canción de Joaquín Sabina, que tantas veces escuché en el coche, de camino entre Madrid y el norte y el sur de las Españas. Quienes hayan tenido la curiosidad de leer mis comentarios sobre la capital, en un momento de crisis económica y cultural, y conozcan la letra, habrán podido apreciar que no hay apenas distancia afectiva entre las dos visiones.

En una nota al final de esta entrada, copio la letra de Sabina, al que envío un saludo desde aquí. A mí, que me lleven al norte, por favor.

8. Respecto a las opciones razonables para mejorar la ciudad. La vida enseña a ser prudente, pero la historia muestra a las claras el destino de la inmensa mayoría de los que se arriesgan. Pretender cambiar la fisionomía de una ciudad, que es el resultado de siglos de convivencia (y de tensión) entre los elementos económicos sociales que la conformaron, sería una maniobra contra la Historia.

Sin embargo, no han faltado en la trayectoria de las ciudades, momentos en que se produjeron intromisiones sobre su evolución natural. Ha habido guerras, incendios, terremotos, inundaciones, políticos visionarios o ególatras, urbanistas ilustrados o herejes, etc., que han dejado su huella en muchas ciudades. A veces, son heridas en el escenario urbano; otras, como obras  forzosamente incompletas, inacabadas o reconducidas, producen la sensación de que se ha desperdiciado una excepcional oportunidad de conseguir Utopia.

El individualismo, la pretensión de dejar una huella para el futuro del paso por la ciudad de personajes y personajillos, es un elemento característico de la época en que vivimos, que se superpone a un feroz utilitarismo. Frente a bloques de hormigón anodinos, conformando colmenas para asentar habitantes en sus nichos de vivencia particular, han proliferado también supuestos monumentos a la megalomanía de quienes han dispuesto de dineros, públicos o privados, para poner su sello en la ciudad.

Madrid tiene, claro está, muchos ejemplos de este proceder, que ofrecen un resultado conjunto caótico. Aceptemos que es símbolo también de la ciudad, y forma parte del desprecio a la estética que se ha adueñado del hombre moderno, amenazando con constituirse en característica consuetudinaria. Plazas sin la menor gracia, sedes corporativas que solo rivalizan en ser más altas, más aparatosas, menos prácticas que caprichosas, se han adueñado del perfil de Madrid. Desde la plaza de Castilla hasta la Avenida del aeropuerto de Barajas, o desde la salida hacia Burgos, la avenida del Loira,  como desde el camino paralelo a la autovía A-6 que conduce hacia las poblaciones del norte, los ejemplos son múltiples, los resultados, saltan a la vista, dañándola.

Admitámoslo, pues. Más que en el urbanismo, la respuesta a la mejora de los ámbitos de convivencia, habrá de estar en propiciar puntos de encuentro de la ciudadanía, en la que se ponga en valor al individuo, incluso a pesar del paisaje urbano. No faltan aquí salones de actos, preparados para acoger conferencias, exposiciones, propiciar intercambio de opiniones, difundir conocimientos. Soy habitual, cuando mis ocupaciones me lo permiten, de algunos de estas convocatorias, en las que se cumple bien la observación, por los asistentes habituales -prejubilados y jubilados en su mayoría, hoy entre el público, pasado mañana en los atriles- de que «en Madrid, o das una conferencia, o te la dan» (Eugenio d´Ors).

Lamentablemente, pocas veces, a pesar del interés de esos actos, cuentan con una asistencia masiva. Madrid, aunque tiene una gran oferta cultural e intelectual, no mueve multitudes, salvo para asistir a un concierto de estrellas de la canción, o un partido de fútbol de sus equipos señeros. Entonces, sí, se colapsan las arterias alrededor del Palacio de deportes, el Bernabéu o el Manzanares.

El Rastro, los museos, e incluso los recintos feriales, concentran más a curiosos -en este caso, turistas más que locales- que a elementos activos. Las procesiones de Semana Santa, en su ámbito, no son prueba de religiosidad, sino parte del folklore. Y así, más ejemplos podría exponerse.

Necesita Madrid una corporación municipal que viva la ciudad, la anime con su ejemplo, y se vuelque en interés del ciudadano normal, ese ser anónimo que tiene escasas veces la oportunidad de manifestar lo que le hace más feliz. ¿Ha asistido el amigo lector al espectáculo de convivencia ciudadana que implican las fiestas de barrio, allí donde existe iniciativa para organizarlas? ¡Qué nostalgia de lo que puede ser el pueblo de Madrid, cuando se le convoca a pasar un buen rato, sintiendo al otro, como debió ser el viejo Madrid!

Libérese la ciudad de la tenaza de la excesiva burocratización, del falso control policial, de la cutrería y la pijería (orgullo de la ostentación del poder fatuo), y dése entrada a la sencillez, poténciese la manifestación cultural al alcance de todos, difúndase impulso de convivencia y solidaridad. Menos rotondas sin acceso posible, fuera coches inundando espacios peatonales y obturando arterias, persíganse ruidos molestos, revísense los circuitos de los transportes públicos, cuídese la limpieza de cada barrio (especialmente, los de fuera del casco central), impúlsese el adorno sencillo de los balcones, adecéntese las fachadas, elimínense los infectos solares abandonados…

En lo que respecta a la generación de actividad económica en Madrid, el modelo exige especial profundización, para no caer en clichés ni en peligrosas inercias: hay que involucrar al empresariado existente (particularmente, al responsable de las grandes empresas), promocionar las iniciativas privadas, orientar a los inversores. Son tópicos, sin embargo. Porque esas ideas generales se cruzan con otros principios igualmente comunes, aunque menos conocidos: las multinacionales solo mantendrán sus sedes próximas a los mercados (o a los centros productivos) si les compensa la obtención marginal de beneficios; los particulares que generen emprendimientos tienen peligrosa tendencia a pensar en local, lo que vincula su perspectiva de negocio a un entorno geográfico y de información reducido; los políticos carecen, en general, de la menor formación empresarial y, cuando la tienen, es muy probable que se encuentren prisioneros de sus relaciones anteriores.

Solamente desde un debate abierto, lo más transparente que sea posible en relación con la confidencialidad de estrategias de empresa, y en la que los inversores particulares puedan encontrar orientación para que sus dineros no se pierdan en la vorágine engullidora del fracaso, se conseguirá dinamizar de manera permanente una estructura productiva, comercial y de consumo. No soy estatalista, al contrario. Soy pragmático. Incluso los más avezados defensores del libre mercado hacen trampas en sus solitarios: a las pruebas me remito.

Y, por supuesto, es un despilfarro permanente que Madrid esté formando tantos y tantos jóvenes, universitarios o no, y no sea capaz de aprovechar mejor su fuerza vital, su creatividad real y potencial. Hace falta dar un vuelco a la forma de enseñar, implantar masivamente la formación dual, generar líneas coherentes de apoyo a las nuevas empresas y proyectos imaginados desde la Universidad y las Escuelas de Formación,…Creerse, en fin, que vivimos en colectividad y que esa colectividad está imbricada felizmente con el resto de España, de la que es impulso, modelo, banco de pruebas efectivo.

En las próximas elecciones municipales, me temo que los futuros representantes políticos se enzarzarán en prolijas, e inútiles, discusiones sobre malversación de fondos públicos, corruptelas varias, personalismos de charanga. Algunos dirán que hay que dar la voz al pueblo, para que elija, en permanente consulta, lo que desea que se haga.

Estoy de acuerdo en que hay que escuchar a todo el mundo, pero, sobre todo, hay que tener la claridad de ideas, la honestidad, la inteligencia, de saber decidir.

Y me viene a la memoria la magnífica entrevista que un periodista con excepcional habilidad, JordiEbole, hizo al actual presidente de Bolivia, Evo Morales, mientras visitaba con él un pueblo  en el que se acababa de inaugurar un polideportivo. Simultáneamente, presentaba las imágenes de unos niños bebiendo agua de un regato infecto. «¿No cree que hubiera sido prioritario haber mejorado el servicio de agua potable?», preguntó al político que acababa de ser aclamado por las gentes que había llenado el nuevo recinto. «El gobierno ha dado al pueblo lo que éste le pidió como más urgente», fue, más o menos, la contestación.

Magnífico ejemplo acerca de la necesidad de que el dirigente político no olvide las prioridades objetivas. Porque el pueblo, no siempre puede sacudirse de encima la ignorancia acerca de lo que es más conveniente, e, incluso, imprescindible. La educación la ciudadanía forma parte fundamental del ejercicio por la optimización de la polis, y no se suple con demagogias ni oportunismos trapaceros, sino que se ahoga en ellas.

FIN

——-

Letra de «Pongamos que hablo de Madrid», de Joaquín Sabina

Allá donde se cruzan los caminos,
donde el mar no se puede concebir,
donde regresa siempre el fugitivo,
pongamos que hablo de Madrid.

Donde el deseo viaja en ascensores,
un agujero queda para mí,
que me dejo la vida en sus rincones,
pongamos que hablo de Madrid.

Las niñas ya no quieren ser princesas,
y a los niños les da por perseguir
el mar dentro de un vaso de ginebra,
pongamos que hablo de Madrid.

Los pájaros visitan al psiquiatra,
las estrellas se olvidan de salir,
la muerte viaja en ambulancias blancas,
pongamos que hablo de Madrid.

El sol es una estufa de butano,
la vida un metro a punto de partir,
hay una jeringuilla en el lavabo,
pongamos que hablo de Madrid.

Cuando la muerte venga a visitarme,
que me lleven al sur donde nací,
aquí no queda sitio para nadie,
pongamos que hablo de Madrid.

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Pongamos que hablo de Madrid (7)

25 abril, 2015 By amarias Deja un comentario

Madrid es una ciudad dinámica, no cabe duda. Como en toda gran ciudad, y máxime siendo la capital de un Estado de los llamados desarrollados, múltiples factores interactúan continuamente, configurando una realidad con múltiples facetas.

Madrid es también una ciudad deforme. Su crecimiento  ha sido desmedido, y en él,  ha predominado la especulación sobre el suelo -el agotamiento de un suelo definido como urbanizable a capricho de una normativa dirigida por voluntades avariciosas- frente a la planificación (que, en una metrópolis, significa, sobre todo, contención y limitación al desarrollo indiscriminado).

La ciudad y el Area Metropolitana han pasado por los arcos del triunfo de intereses particulares, muchos de ellos, ocultos en las oscuridades de la toma de decisiones, todos los planes de urbanismo que en su mundo han sido.

¿Este crecimiento en el número de los habitáculos está justificado por el aumento paralelo de las fuentes económicas que permitirían garantizar el nivel adquisitivo de sus pobladores? En mi respuesta rápida, no tanto. El desequilibrio urbanístico, con la aparición y crecimiento de barrios marginales, ý áreas de asentamiento del «lumpen proletariat» que vive en una cuarta dimensión de la ciudad,   ha provocado también la acumulación de viviendas vacías -¿a la espera de una reactivación del mercado inmobiliario?-  en zonas incluso de supuesto alto standing… encuentra su reflejo en la precariedad de no pocas de sus fuentes de vitalidad económica, que se han destruido para siempre.

En este análisis informal de la identidad de Madrid y su problemática, es necesario abordar la cuestión de los elementos que configuran su economía. ¿De qué vive Madrid y, hasta donde sea posible preverlos (en mi modesta y particular apreciación), cuál es la capacidad de adaptación, innovación y resistencia de sus soportes principales?

7. Respecto al sostenimiento económico de la ciudad.- En el momento en que escribo estas reflexiones, España está aún inmersa en una grave crisis de actividad y empleo, que ha generado una pérdida de más de cinco millones de empleos declarados (es decir, respecto a la población activa registrada en su momento álgido);

El empleo total en la Comunidad de Madrid gira en torno a los 3,2 millones de personas, siendo el número de desempleados de unos 700.000. Indico los órdenes de magnitud, no porque carezca -en absoluto- de sensibilidad respecto a las situaciones individuales, sino por ayudar a que el lector se sitúe en el paisaje laboral. En la capital, desde 2006 (enero) hasta 2015 (marzo) el número de parados se ha duplicado (pasó de 113.000 a 230.000).

El crecimiento del número de parados ha venido paralelo, sin duda, aunque no lo reflejen las cifras oficiales, con el aumento de la economía sumergida. Basta darse un paseo crítico por los interiores de la ciudad para detectar el creciente número de acompañantes (latinoamericanos, fundamentalmente) de ancianos con avanzados grados de demencia senil, domésticas acarreando niños a los colegios y escuelas, obreros de la miniconstrucción (rumanos, rusos, marroquíes, principalmente) asumiendo trabajos de pintura y retabicado en viviendas particulares y reparando averías o tapando grietas en las calles y aceras, ayudantes ocasionales en bares y comercios, etc….

La mayor parte de los que tienen empleo en la Comunidad están censados en Madrid capital (2,8 millones), y de ellos, más de 420.000 son funcionarios (el 15%). Respecto al total de la población,  como se suele repetir con énfasis, hay 1 funcionario por cada 15 habitantes, aproximadamente (6% de la población). Teniendo en cuenta que hablamos de la capital de un Estado y que allí reside teóricamente el núcleo duro de las decisiones económicas y políticas, no parecen muchos. Al contrario, reflejan que el país se ha perdido en una descentralización, que ha generado muchas duplicidades e ineficiencias.

Lo que ya no puedo garantizar es que todos esos funcionarios tengan algo que hacer, aunque sí proclamo que todos deberían estar muy ocupados si tuvieran quién les dirigiera adecuadamente.

Pero esa es otra historia.

Madrid construyó la base su crecimiento desmesurado entre los años 40 y 70 del siglo XX, actuando como foco de atracción de la inmigración interior y de la internacionalización parcial de la economía, en las que las multinacionales intuyeron las perspectivas de aprovechar el impulso consumista latente en el español. Vivir en Madrid era más caro, pero había mejor nivel.

Todo eso ha pasado a ser pura fantasía en la segunda década del siglo XXI.

Madrid es ahora bastante más barato (al menos, para los que saben comprar y se molestan en patear la ciudad) que muchas ciudades de provincias, pero se vive bastante peor, agobiados los habitantes por la lejanía entre los centros de trabajo y los lugares de residencia, la ausencia de tiempos libres, la escasez de espacios de relax, la falta de lugares de auténtico encuentro y participación colectiva. Las variaciones de precios entre comercios son exageradas, pues los comerciantes se aprovechan del escaso tiempo que tiene el comprador para comparar, y, en ciertos casos, también cuenta el abono a la pijería de querer comprar en ciertos comercios «porque tienen garantía de calidad».

No me engaño con las cifras de la hipotética recuperación económica de España y de Madrid. No la veo. Una cosa es que las grandes empresas consigan beneficios, que los ejecutivos que cobran sus buenos sueldos (¿les pagan también también por ello?) difundan optimismo, y otra muy distinta es el pulso que se percibe en la calle. Hay más pobres, (pedigüeños visibles como vergonzantes), se ven más comercios cerrados, existen permanentes stocks en liquidación por supuesto cierre de negocio «por jubilación de su dueño», proliferan locales vacíos que ofrecen acumulan suciedad a sus puertas que antesdeayer eran sucursales bancarias, delegaciones de empresas.

Eso sí, cada dos por tres se encontrará una parafarmacia, un bareto-restaurante con tufillo a aceite de girasol quemado, una franquicia de un supermercado de cercanías, una peluquería bi-sex (?), un comercio regentado por una familia china (ahora, también, de marroquíes), …en muchos de ellos, no faltará el amigo de raza negra y procedencia desconocida que nos abrirá la puerta en solicitud de alguna ayuda para subsistir. En el centro, la calidad de los productos mejora: tiendas de los múltiples nombres comerciales de Zara, o del Corte Inglés, Sánchez Romero y delicatesen, farmacia 24 horas, Rodillas, cafeterías con mesa de mármol y café a tres euros, y…pedigüeños a la entrada y cada diez metros, flanqueando el itinerario de la complacencia.

Las telecomunicaciones han reducido y siguen reduciendo ferozmente los puestos de trabajo disponibles. Se puede comunicar más rápido, mejor, con menos intermediarios  cualquier decisión o adoptarla. Y esos puestos de trabajo que formaban secretarias, administrativos, bancarios, bedeles, carteros, conductores, mecanógrafos, agentes de viajes, comerciales, etc., etc., se han perdido para siempre.

Y no se van a recuperar por muchos programas informáticos que queramos enseñar a los jóvenes, ni mucha adaptabilidad o iniciativa privada que se preconice o pretenda estimular desde arriba.

Hace falta un nuevo modelo de ciudad para Madrid, y no será fácil construirlo. Tendremos Madrid convertida en una Smart city, es obvio, cualquier cosa que sea eso, y como les gusta denominar a los políticos que están a la última en poner nombre a las añagazas del desarrollo. Habrá, por impulso de la necesidad y de los hechos ajenos, más coches eléctricos (y menos coches), más trabajo a realizar en el hogar (y menos trabajo) , más geriátricos (y más caros), una atención sanitaria pública despersonalizada (y…¿menos eficiente?), hospitales privados muy buenos (para quienes puedan pagárselo), nuevos planes educativos selectivos (unos formarán élites; los más, a desorientados o incluso, a desgraciados), etc.

Tendremos una sociedad aún más dual. Puede que, incluso, con varias capas: con sedimentos económicos muy rígidos, anquilosados por la presión de los que se encuentren arriba. Madrid sufrirá de esa dicotomía muy especialmente, porque es una ciudad desconectada socialmente, en la que el anonimato impera. Eso era una ventaja hace décadas; hoy, ser un animal que pasa desapercibido entre otros semejantes que van a  lo suyo, preocupados con lo que les compete, es una rémora.

No se si estamos a tiempo de corregirlo. Como en el caso de la amenaza del calentamiento global, estamos muy avanzados en el diagnóstico, pero no parece que nos preocupe colectivamente el hallazgo de las soluciones.

(Continuará)

Publicado en: Actualidad, Política Etiquetado como: ayuntamiento, capital, hablo de Madrid, Madrid, política, pongamos, urbanismo

Pongamos que hablo de Madrid (6)

21 abril, 2015 By amarias Deja un comentario

Este es el sexto de los Comentarios que dedico a Madrid, la ciudad en donde vivo, junto a varios millones de personas. La primera vez que la visité, yo era un adolescente que participaba en una competición que se llamaba Olimpiada Matemática y que pretendía fomentar el interés por la carrera de Ciencias Exactas entre los bachilleres. Después, volvía a ella muchas veces, en reuniones de trabajo, para asistir a Congresos o para reportar a mis jefes de mis actividades en el extranjero o en la periferia.

Nunca imaginé que iba a acabar residiendo en ella (van ya más de dos décadas), que mis hijos fundaran aquí sus familias y que mis nietas fueran madrileñas.  Le debo mucho a esta ciudad, aunque siempre echaré de menos el paisaje de Asturias, a la que acudo como operación imprescindible de renovación de mi nostalgia por el contacto con una naturaleza que forma parte de mi manera de entender la felicidad, puesto que allí tengo, para siempre, mis raíces.

Pero, pongamos que hablo de Madrid.

6. Respecto al urbanismo de Madrid. Recuerdo bien que la carrera de arquitectura, para quienes terminábamos el Preuniversitario a mediados de los sesenta, era tenida por una de las más difíciles. En particular, el dibujo era la asignatura que resultaba de una complejidad casi imposible de superar: víctimas de la exigencia con la que se impartía esa disciplina académica se frustraron muchas vocaciones.

Pues bien, no puedo entender cómo de aquellas mentes educadas en el placer de lo artístico han proliferado tantas aberraciones urbanísticas, prismas sin gracia dedicados a la mayor gloria del hormigón armado. La piqueta demoledora ha ido poblando Madrid (como tantas otras ciudades y pueblos españoles) de edificios sin personalidad alguna. La periferia se ha llenado de urbanizaciones que son simples colmenas -no importa el tamaño interior de las viviendas- en las que se ha descuidado la belleza exterior.

El desprecio por los edificios singulares, ya sean monumentos históricos, sedes empresariales o de entidades públicas, es una tradición en nuestro país, y Madrid marca, cómo no, la pauta. No contento el destructor con haber demolido lo que debería haber sido conservado con respeto, se ha dado en llenar la ciudad de placas con el mensaje de «Aquí hubo…»o «En el edificio que había en este lugar, residió el insigne…».

De poco sirve, por lo demás, que,  al socavar un terreno para realizar el inevitable parque subterráneo, se dejen un par de piedras al descubierto, como si la contemplación de esos restos fuera suficiente para rememorar el edificio ausente para siempre. Las inútiles, costosas y vanas, prospecciones en la Plaza de Ramales, a la búsqueda fatua de los restos de Miguel de Cervantes, no vienen si no a demostrar el desvalor que se concede al urbanismo en beneficio del populismo de baratija.

Madrid, urbanísticamente, no tiene remedio. No será jamás París, Dusseldorf, Viena, Budapest… Su encanto descansará, no en la monumentalidad, no en los edificios singulares, no en el recuerdo de su pasado histórico, sino en la cercanía que aportarán sus habitantes, en particular, si se atiende a la vida de barrio, que el visitante, desgraciadamente, no podrá apreciar.

El turista fotografiará una Plaza mayor sin encanto, una Puerta del Sol sin más aliciente que las decenas de oportunistas disfrazados de cualquier adefesio, el estadio de fútbol del Real Madrid (me produce vergüenza ajena ver a esos peregrinos de la vulgaridad asomar el careto ante el Bernabéu), y, si tiene tiempo, hará cola para entrar en alguno de los museos de la ciudad, atiborrados de excelentes obras artísticas, que serán ignoradas frente al poder de atracción de Las Meninas, el Guernica o los opulentos desnudos de un Rubens. Pocos irán al Museo Lázaro Galdeano, o al Sorolla, o se aventurarán a visitar las joyas que atesoran los pocos conventos que permiten el acceso a su interior.

¿Tiene algo que ver el Paseo de la Castellana con la Avda. Charles de Gaulle? ¿Se asemeja la plaza de Neptuno a los Invalides? ¿Quién sabría indicar cuál es la sede de cada uno de los Ministerios, Direcciones generales, Tribunales de Justicia? Desperdigados por la ciudad, muchos de ellos en edificios monolíticos, adustos, encierran tanto misterio por fuera como por dentro.

He propuesto en otros foros la incorporación al paisaje urbano de Madrid de edificios de concepción historicista, del que tan excelente exponente fue Luis Bellido y González (Logroño, 1869; Madrid, 1955), autor de la rehabilitación imaginativa de la Casa de Cisneros, o de los edificios del Matadero, entre otros. Si se ha destruido el patrimonio arquitectónico, al menos, rehágase, en los solares que vayan quedando disponibles, con edificios de empaque, que resulten agradables a la vista, y concédase visibilidad a los que merecen la pena, no pocos de ellos, empozados en otros sin ningún valor.

Claro está que la referencia a esta problemática urbanística de Madrid (y, repito de otras ciudades españolas, víctimas del desarrollismo arquitectónico impenitente), no puede menospreciar la influencia surgida desde la corrupción y la negligencia en la observación de las normas de Planificación urbana. ¿De qué valen los planes, si no se cumplen? ¿Qué criterio sirvió para sepultar, rodeados de hormigón, colonias urbanas, supuestamente protegidas? Véase, por ejemplo (mal ejemplo), el mamotreto instalado en la calle Mateo Inurria, dominando, como un fantasmón, la Colonia Rosales, ejemplo de una forma de vivir agradablemente en la ciudad, que no mereció respeto por parte de quienes estaban obligados a defender su naturaleza.

(continuará)

Publicado en: Actualidad, Política

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