Al socaire

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Regeneración o trasplante

15 julio, 2014 By amarias Deja un comentario

Empiezo este Comentario felicitando a Pedro Sánchez Pérez-Castejón, aunque me apresuro a puntualizar que él sabrá porqué, porque yo no estoy tan seguro de que su nueva andadura política le vaya a deparar satisfacciones.

El aún considerado partido mayoritario de la oposición al Gobierno del aún tenido por partido representante de la mayoría del pueblo español, lo tiene crudo. En la deslucida «campaña» para hacerse con el puesto de Secretario General del PSOE, luego de la renuncia del profesor Alfredo Pérez Rubalcaba, tanto Pedro Sánchez -la eliminación del apellido materno dota a su nombre de una connotación más popular, casi anónima-, tanto él como los otros candidatos han puesto el énfasis en la «regeneración» del partido.

Con casi 200.000 afiliados, de los que aproximadamente un 30% manifestaron su apoyo al nuevo responsable de fijar la estrategia electoral del partido que fundó Pablo Iglesias («¡el bueno, el nuestro!», en la desafortunada, pero espontánea innecesaria matización de Sánchez en declaraciones surgidas cuando defendía su postulación), el PSOE está necesitado, como nunca de un cambio de rumbo.

Lo demandan sus actuales miembros con carné, lo exigen los que aún se consideran simpatizantes y lo proclaman a gritos, desde su hipotética mayoría silenciosa, quienes están convencidos de que hay que encontrar una nueva vía para la social democracia, porque el paquebote en el que se refugiaban los ideales de cambiar, «moderadamente», la sociedad española, hace agua por tantos sitios que ha sido abandonado masivamente por quienes en algún momento confiaron en que su ideario, cada vez más imaginario que plasmado en hechos, pudiera servir para mejorar la situación del país.

Si estuviera en la piel de Sánchez -lo que hago como simple ejercicio de no buscada complicidad- me preocuparían, ante todo, dos cosas: robustecer el partido poniendo en primera línea a los miembros más activos en sostener una recuperación de principios ideológicos y, aún más importante, lanzar un mensaje muy claro de comprensión y complicidad hacia quienes no militan, pero son imprescindibles para que su voto otorgue la mayoría con la que gobernar el país.

Son dos operaciones muy difíciles aunque, por fortuna, encajables la una en la otra, como un par de matriescas rusas. Son difíciles porque surgen de la necesidad de revisar un esquema agotado, estéril para la actual socio-economía. Los viejos postulados socialistas -ya tantas veces revisados desde la cúpula- no son atractivos para la inmensa mayoría, al menos, no para que movilicen un voto favorable.

El sostenimiento de un estado de bienestar, como el que sirvió para encandilar a quienes no hicieron bien lo números ni supieron apretar las clavijas a los más beneficiados por una economía de mercado desbocada, resulta ahora imposible, por lo que hay que detectar muy bien los ajustes que tienen que ser, circunstancialmente, asumidos desde la izquierda, y plantear, aún mejor, los sacrificios que deben ser soportados, no por los que menos poseen, sino por los que siguen acumulando plusvalías.

Regeneración no puede significar, por ello, confiar en que baste plantar un esqueje extraído del tronco vegetal, y regarlo con nuevos rostros y el ardor que se supone en la juventud no mancillada ni por la corrupción ni por el desánimo. Hay que trasplantar lo que parezca más consistente y sano, y fertilizarlo con ideas que solo pueden surgir de un debate amplio, en el que participen -¡ay!- no solo los militantes, sino los simpatizantes, e incluso (tal vez, sobre todo) los que han dado la espalda al partido que aún confía en su fuerza para ganar la mayoría.

Es un momento interesante, desde luego, aunque no me parece todavía apasionante. Encuentro que la edulcorada campaña no ha conseguido despertar emociones y que al elegido por esa minoría de militantes -insuficiente para evidenciar el arrebato de satisfacción ante una nueva etapa- le falta concreción en lo que está decidido a proponer como programa.

Lo tiene difícil. El trasplante es imprescindible. Si no consigue que el Partido Socialista Obrero Español encaje con los Partidos Socialistas europeos más eficientes -desprendiéndose de obrerismos sin razón de ser y trascendiendo de españolismos para universalizarse-, seremos testigos de una hecatombe de lo que Pablo Iglesias (¡ni el bueno, ni el nuestro!) pergeñó para otro momento de la Historia de España, arrumbado, confiemos, para siempre.

 

Publicado en: Actualidad, Política, Sociedad Etiquetado como: elecciones, europeo, Pablo Inglesias, Pedro Sánchez. PSOE, Rubalcaba, Secretario General, socialismo

Republicanos con la Corona

19 junio, 2014 By amarias 11 comentarios

Si los reyes fueran corredores de relevos, escribiría que el 19 de junio de 2014, Felipe VI recogió el testigo de Juan Carlos I (o, quizá, a la manera de los Papas, simplemente Juan Carlos, como lo es ese Francisco que está dispuesto a revolucionar la Iglesia Católica, volviéndola del revés).

Las Monarquías europeas se han hecho todas parlamentarias, o constitucionales, en una deriva desde la concepción mística que las colocaba entre la divinidad y sus súbditos, pasando por monarcas absolutistas -pocos han sido despóticos- y algún que otro enajenado circunstancial. Hoy día, ser Rey, Majestad o Monarca, aquí en la tierra como en la antes pérfida Albión, tiene más de símbolo que otra cosa, con poderes tan restringidos por las Constituciones que, en la práctica, cabe decir que reinar no tiene nada que ver con gobernar.

Felipe VI es un rey bien preparado, que, como las abejas reinas de las colmenas, ha sido alimentado para ser el mejor. Reúne una combinación prácticamente insuperable de presencia física, exquisita educación, poliglotismo, conocimiento de personajes y personas, y una amplia cultura general y política.

Si le faltara algo, puede contar con muchos de los mejores en una disciplina para asesorarle, incluso anónimamente. Su rostro es conocido aquí y allá. Y su figura, representación y talante, son respetados y hasta venerados por muchos más de los que puedan pretender cualesquiera de los presidentes y cabezas de lista de nuestras variopintas nacionalidades, partidos o grupúsculos asentados en territorio español.

Como republicano posibilista, y como ciudadano respetuoso con la Constitución y con las leyes, como experimentado analista de lo que pasa en este país y en otros, e incluso de lo que nos pasa a gentes como yo, y mucho mejores que yo, creo que Felipe VI es la mejor opción para España.

Lo demás, son elucubraciones y los que las elaboran, si piensan de veras en hacerlas verosímiles, insensatos.

¡Viva Felipe VI! ¡Viva la República! ¡Viva la Corona! ¡Viva España!

Publicado en: Actualidad, Política Etiquetado como: españa, felipe VI, Monarquía, rey

Demócratas e Hipócritas

10 junio, 2014 By amarias Deja un comentario

«Marchaban los troyanos, semejantes/a ovejas de un rebaño numeroso/que en establo de rico ganadero/mientras de su blanca leche las ordeñan/balan y balan sin cesar si escuchan/la angustiada voz de sus corderos.»(1)

El asunto es tan viejo como el hombre en el mundo. Aquí tiene que haber, como en todo gremio, manada, rebaño o situación, alguien que dirija. Podrá ser el mejor, el más sabio, el más osado, o alguien que pasaba por ahí y fue confundido con enviado de los dioses. Lo importante es que sea aceptado por el grupo como el conductor de la grey.

Porque de esa forma, si el tropel de seguidores, dirigido de forma equivocada o por producto del azar, se despeña, cae en manos de las fieras, o se pierde en las selvas del acontecer, los que sobrevivan tendrán a quien echarle la culpa y, enterrando su memoria con anatemas y odios, no tardarán en olvidarse de lo que les pasó y cómo se les indujo a tal descalabro.

Por el contrario, si por haber acertado en la guía, o por producto del azar, las huestes encuentran la salida a sus males, venerarán al caudillo como un dios, le atribuirán aún más historias, batallas y victorias, y generarán con el paso del tiempo la leyenda que, trasmitida de padres a hijos por generaciones, acabará desdibujándose de tal modo, que no la reconocería ni el más avispado de los exégetas.

¿Tiene esto que ver con la democracia? Entiendo que sí, en especial para los que no creemos en ella. Ahora que está tan de moda confesarse como demócrata, por haber atribuido a la democracia la solución a todas las encrucijadas, reconocer que no se es de ese pelaje, merecerá la condena por perjuro, canalla, idólatra y egoísta pendenciero.

No me veo así, y por ello, me permito acusar, por mi parte, a los hipócritas que defienden la democracia en todos los momentos en que se deben tomar decisiones. Creo que el aforismo de «un hombre, un voto», debe ser terriblemente matizado. No creo siquiera en esa apelación, de signo mágico, al supuesto de que «el pueblo nunca se equivoca».

Podría citar miles de ejemplos en los que no sometería a referéndum una situación y otros cuantos en los que, si me aventurara a hacerlo, lo haría entre pertenecientes a grupos muy selectos. En técnica, en medicina, en economía, en sociología y… sí, incluso en política.

Pero este comentario es ya demasiado largo. Además, tenemos experiencia muy reciente del para qué nos ha servido. Y, o mucho me equivoco (y así lo desearía), o la aumentaremos a la vuelta de la esquina.

—–

(1) La Iliada, Homero, Libro IV, versión libre de este aprendiz, utilizando como base la estupenda traducción del griego de José Gómez Hermosilla, Librería de Perlado, Páez y C (1913)

Publicado en: Economía, Política, Sin categoría Etiquetado como: borregos, democracia, elecciones, ganado, hipócritas, Homero, Iliada, líderes, selección

Los mejores jinetes de Europa

9 junio, 2014 By amarias Deja un comentario

Los tres máximos deseos de Joseph Schumpeter, ese economista tan citado que muy pocos han leído (incluidos licenciados en economía),  en su juventud, habían sido, según él mismo dejó expresado: ser considerado el más diestro jinete de Europa, cotizarse como el más deseado amante de Austria y alcanzar el prestigio de mejor economista del mundo.

No fue Premio Nobel de Economía, porque aún no se había establecido ese galardón, pero fue maestro de varios premiados, y un devoto generoso de la escuela austríaca. No consta su éxito como mujeriego, aunque parece que estaba muy orgulloso de sus dotes amatorias. En cambio, como jinete creyó, a tenor de su valoración cuando no estaba para trotes, que había quien lo superaba.

Si Schumpeter tenía en mente algo más que los caballos, y quería indicar que había quien lo ganaba a eso de correr, apostaría que estaba pensando en los españoles. A correr, nunca nos ha ganado nadie. Y no solo con los caballos, las motos y los coches. A correr sin ton ni son, también. Siempre hemos tenido alguien que se lanzaba a la aventura, visionarios, rebeldes, levantiscos, espadones, utópicos.

Lamento decir que me están decepcionando a ritmo rampante los chicos de Podemos. De los políticos más experimentados, ya ni hablo, porque son pocos los que aprueban mi prueba del nueve. Pero alguien con carisma en las filas de los que creen Poder (y lo añoran) debería aconsejar calma a estos jóvenes que están defendiendo un mayo de 2014, y, como único artilugio, están proponiendo ponerlo todo patas arriba. Me he perdido y, francamente, no se a dónde quieren llegar, y, por supuesto, no sé cómo.

Hubo otro mayo (el de 1968, evidentemente), que sí tenía sentido. Había un modelo a seguir extraordinariamente atractivo. Los jóvenes franceses (como modelo más próximo) sabían lo que querían y, para los jóvenes españoles, ir detrás era simple y muy reconfortante. Muchos de sus mayores compartían y alentaban ese cambio: más libertad, más democracia, apertura internacional, más frescura institucional, etc.

Sabemos ahora que los jóvenes de Podemos están mal en matemáticas. No se les da eso de los números. Tampoco se les da bien lo de entender el mundo real, empapizados con enseñanzas académicas que dan bien el tipo en las aulas pero que no sirven para salir a la calle.

Siguen siendo muy agresivos en los planteamientos estrictamente económico-políticos y, en un panorama de crisis, corrupción y desánimo general, es lógico que encuentren algunas adhesiones. Pero a este mayo de 2014 les falta modelo concreto a imitar, y la improvisación nunca fue buena consejera. ¿Qué se va a hacer con esa República que preconizan? ¿Son de izquierdas o son solo chicos con martillos?.No querrán convertirnos en una república bolivariana, ¿verdad?

Por eso es de agradecer, en este momento y en este país, que se den prisa en aparecer rostros nuevos, creíbles, experimentados en la economía, las finanzas y…en la gestión de la polis, para que enderecen la vía por la que canalizar tanto descontento, y vuelvan a sus sitios a los jóvenes que, faltos de modelo real, quieren instaurar su prototipo de gabinete.

Que por ser los más rápidos jinetes de Europa en esto de andar acelerados, no nos van a dar ningún premio.  Ni en Europa ni fuera de ella. Al contrario. Nos harán pedazos y se morirán de risa.

 

 

Publicado en: Actualidad, Economía, Política Etiquetado como: calma, crisis, Europa, jinete, líderes, Podemos, política, Schumpeter, soluciones

Algo por lo que ilusionarse

7 junio, 2014 By amarias 2 comentarios

«Por Dios, por la Patria y el Rey»,  han sido históricamente los tres conceptos sublimes por los que merecía la pena luchar y morir, al menos en las cristianas belicosidades que formaban el mosaico europeo de nacionalidades.

Ese mensaje trascendente fue recogido, de una u otra forma, en no pocos himnos y cánticos, pero pocos alcanzaron la rotundidad con la que se recogió el patriotismo, la religiosidad y la devoción al monarca que creían más legitimado para gobernarlos, con los que los carlistas festejaban la victoria de Oriamendi  1837) sobre los cristinos. Por esa triada superior «lucharon» (en otras versiones, incluso se dice, «murieron») «nuestros padres/ por Dios», y «por la Patria y el Rey/lucharemos nosotros también». (1)

Hasta en la guerra incivil española de 1936, un siglo más tarde, la arenga fue incorporada sin reparos por el bando sublevado -luego triunfador-, y luego sería cantado, no solo como himno de los requetés, en institutos y colegios de la postguerra por inocentes criaturas dirigidas sus voces por otras adultas nada inocuas («Cueste lo que cueste/ se ha de conseguir/ que los boinas rojas/ entren en Madrid»… «defendiendo todos juntos la bandera de la santa Tradición»).

Tiene que ser decepcionante,  si queda en nuestro convulso país alguien idealista, que esos tres conceptos no solo hayan caído en desuso como elemento inspirador de los ánimos y los cánticos, sino que hayan sido  sustituidos por otros sin el menor misterio.  Porque ni «la roja», ni «Ronaldo», ni «Shakira» ni «Beyoncé» (cito al azar) o cualquiera de esos ídolos de carnes y huesos que mueven el fervor de los jóvenes, tienen el encanto poético de un Dios omnipotente, una Patria ahíta de hazañas bélicas contra pérfidas albiones, califas malandrines o caudillos impíos.

Por no decir de un Rey, al que Dios salve, que represente el aglutinante, el liante pegamento que relacione las dos esencias anteriores, conectando la vulgaridad doliente con lo que es inalcanzable, abstracto, metafísico, poniendo poesía y magia de la buena a la monotonía de nuestras vidas.

Un grupo de jóvenes universitarios parece haber encontrado una vía de ilusión en las elecciones europeas de mayo de 2014. El análisis serio y ponderado, realizado por mentes sesudas, de lo que pretenden, ha revelado que su programa -o lo que fuera- es irrealizable, por costoso y por utópico.

No se han dado cuenta estos sensatos, que los símbolos que han movido a la humanidad son, justamente, intangibles, etéreos, inextricables. Lo que necesitamos es algo por lo que ilusionarnos. Cuanto más incomprensible e inexplicable, mejor.

—

(1) Pertenecí durante cierto tiempo al grupo de chavales incompetentes (para entender de tradiciones) que creían incluso que ese era también el himno de las «tropas rojas» que querían volver a entrar en Madrid, después de haberlo perdido para la República, pues hasta tan punto se nos había teñido de rojo todo lo que no era franquista.

 

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Borrador del Discurso de investidura de Felipe VI

4 junio, 2014 By amarias Deja un comentario

En una actuación sin precedentes en la trayectoria de las diferentes dinastías reales que han ocupado la jefatura del Estado español, la Casa Real ha pedido a varios ciudadanos, incluso republicanos confesos, ideas para el Discurso de investidura que tendrá que pronunciar S.A.R. el Príncipe de Asturias, cuando sea investido Rey, con el nombre de Felipe VI de España y nada de Alemania.

Por su indudable interés, reproduzco aquí la propuesta de uno de los elegidos, que ruega mantenerse en el anonimato:

«Españoles, catalanes, vascos, gallegos, valencianos, andaluces, inmigrantes con alguna de esas nacionalidades, naturalizados actuales y futuros, residentes todos :

«Ante todo, quiero deciros que no pretendí dejar de nombrar a nadie. Si alguien no se siente identificado con los que nombré expresamente, pido disculpas. Me equivoqué. No volverá a suceder.

«Se que algunos de vosotros, quizá un veinte por ciento de los que tenéis más de dieciocho años, quizá la mayoría de los que tenéis menos de treinta y cinco, desearías que este país fuera una república, en sus variadas formas -desde el modelo norteamericano al chino o bolivariano, o, tal vez, una república balcánica o, incluso, centroafricana.

«Quiero deciros a vosotros, los republicanos convencidos y conversos, que estoy de acuerdo con todos y cada uno. He aceptado ser príncipe y ahora Rey, pero me equivoqué, y si tuviera ocasión de repetir la historia, no volvería a suceder.

«A aquellos de vosotros que pensáis en la necesidad de cambiarlo todo, incluso en la revolución, os confieso que no tengo ni idea de conseguir eso sin repetir la historia de mi bisabuelo, marcharme del país y dejar que allá os entendierais entre vosotros. A los que hubierais preferido que me sometiera al refrendo de las urnas para competir con otros candidatos, ya fueran de casas reales, como el Príncipe de Mónaco, el rey Mohamed VI, el monarca saudí,  la Reina Isabel II de Inglaterra, o gente del pueblo, como Pablo Iglesias júnior, José María Aznar, Felipe González senior, Susana Díaz o Isabel Lopez -qué más dará, somos todos tan parecidos-, os agradecería que os creyerais que iba a ganarles. Estoy preparado desde que nací para ser el rey de España, soy el único que cursé la carrera completa y no estoy en edad de jubilación.

«En fin, pido disculpas si ofendo a alguien. No desearía que volviese a suceder nada de lo que sucedió antes, pero qué le vamos a hacer si sucede lo que tiene que suceder. Pido perdón, otra vez, por mí, por todos los que antes que yo se han aprovechado de sus cargos y posiciones, por todos los que lo harán en el futuro. Volverá a suceder.

«Para aquellos de vosotros que, os confesáis como monárquicos por respeto a las tradiciones, sean las que sean, que decís que, no siéndolo, lo sois, por respeto a una Constitución que habéis dicho múltiples veces  que había que cambiar, a vosotros que os reconocéis juancarlistas pero no felipistas, o felipistas que no juancarlistas, porque no tenéis mucha idea del mínimo margen que tiene el Rey en este país, a vosotros, los que confundís la gestión de gobierno con la jefatura del Estado, a los que tenéis miedo a una revolución, o a la República en sí misma, o, tal vez, a que os gobiernen los marxistas y os quiten vuestras propiedades, quiero manifestar tanto mi profunda simpatía como también mi más honda preocupación.

«Gracias a vosotros he llegado hasta aquí y por culpa de vosotros ni yo ni vosotros sabemos cómo va a terminar todo esto, es decir, no solo mi reinado, sino vuestra trayectoria ciudadana. Si os equivocasteis, creyendo que ibais a evitar lo inevitable, y vuelve a repetirse lo que la Historia ha enseñado tantas veces que tiene que pasar, estoy educando a mis hijas, con ayuda de los conocimientos populares de mi actual esposa, para que se empapen bien de lo que significa ser plebeyo, es decir, una persona normal.

Porque os aseguro que, desde hoy, no voy a pedir más disculpas, en especial si sucede lo que no está previsto que vaya a suceder, -es casi improbable-, pero que, según me ha dicho mi padre que le explicaron, en su día, en el cursillo de acceso a Generalísimo  en el Estado Mayor de la Defensa, es un recurso que supondría mi aceptación general por unos cuarenta años, más o menos.»

La propuesta de discurso a la que hemos tenido acceso termina ahí, aunque posiblemente tuviera más hojas.

Publicado en: Economía, Política Etiquetado como: discurso, felipe VI, investidura

Smart global citizenship

3 junio, 2014 By amarias Deja un comentario

Piero Fassino, alcalde de Torino, fue el ponente principal en el «desayuno del Ritz» del 3 de junio de 2014, actividad organizada por Nueva Economía Fórum. El segundo ponente fue Alfredo Pérez Rubalcaba -aunque, según la convocatoria, le correspondía ser solamente el presentador del conferenciante-. Las circunstancias por las que atraviesa España y la reciente dimisión del secretario general del PSOE, impusieron esa revisión del programa, consentida desde la organización.

Fassino, en un español muy aceptable, disertó sobre las Smart-cities, concepto ya de uso común, y enfocó las luces, como le corresponde, hacia Torino. Esa «nueva manera de pensar y organizar la vida de la comunidad», necesita -dijo, para explicar el concepto- «un alfabeto propio, un nuevo paradigma», y, por ello, «una Smart community».

Avanzando por el camino de incorporar el rutilante adjetivo a todo lo que se toca, apuntó hacia la necesidad de una «Smart democracy»(adaptada al tiempo de las TICs, «ya que los modelos estructurados en el siglo XX no son hijos de la tecnología digital»), y se debe tener en cuenta que «las nuevas tecnologías generaron partidos sin ideología, organizaciones fuertes, estableciendo una relación directa con los electores». Esto ha de ser así, porque, «a través de la web, la sociedad va organizándose en un nuevo lenguaje».

No tengo duda alguna de que el modelo general de mayor aproximación al ciudadano y a la resolución de sus problemas -ambientales, energéticos, de transporte, de ocio, de comunicación, etc.- es imprescindible. Las ciudades tienen -Pérez Rubalcaba se encargó de poner el lápiz rojo sobre una frase de Fassino- que reconstruirse desde el aprecio al «papel de la cultura en las nuevas ciudades».

Me gusta participar en los debates, y en el coloquio, propuse al moderador (José Luis Rodríguez) una cuestión que no mereció ser planteada al conferenciante, sepultada entre otras intervenciones -fundamentalmente, surgidas de los periodistas presentes en el acto, y, por tanto, buscando los titulares-.

Lo que me interesaba saber era si Fassino, que es también presidente de la Asociación de Smart cities europeas, tenía respuesta a la cuestión de la solidaridad, que no es un concepto anodino, sino que está imbricado en la resolución del problema del paro,  y en el avance o sostenimiento de los modelos de bienestar. Tiene que ver con el mejor reparto de la riqueza generada y no solo ha de enfocarse hacia el mayor disfrute y a disponer de más tiempo de ocio, si no alcanza a todos.  No deriva únicamente de la producción más eficiente, y ni siquiera se satisface con la puesta a disposición del ciudadano de oportunidades para pasarlo bien y ser más responsable ambientalmente.

La solidaridad implica la consciencia colectiva para hacer llegar, tanto a nivel individual como familiar, aquellos medios -económicos, asistenciales, culturales, formativos, …-suficientes que garanticen que todos sean co-partícipes de esa generación, distribución y consumo de bienes y servicios.

Hace falta una Smart-solidarity, que tenga en cuenta, en concreto, la creciente disminución del tiempo de trabajo preciso para desarrollar las actividades y fabricar los productos que son precisos en un mundo globalizado, con muy diferentes costes de mano de obra y expectativas personales. Una cuestión que apunta a la necesidad de encontrar urgentemente nuevas formas -Smart solutions- para el reparto de las plusvalías que una sociedad inteligente, animada por una Smart global citizenship, sea capaz de generar, para conducirse, en equilibrio dinámico, a una mayor satisfacción general.

Me quedé con las ganas de conocer la visión de Fassino sobre esa importante cuestión. Sí  nos enteramos ( a mí ne me hacía falta) de que Pérez Rubalcaba es partidario, a pesar de las «hondas raíces republicanas del PSOE», de mantener el «consenso que nos condujo al período más floreciente de la historia de España», que implica aceptar la monarquía como forma legal para la jefatura de Estado.

Torino parece estar en el proceso de su salvación específica, al menos de forma provisional, en base a proyectos como byke-sharing, car-sharing, mejora de la concienciación ambiental y energética, etc., y… una cierta ingenuidad que creí adivinar en alguno de los «proyectos novedosos» a los que hizo referencia su alcalde, menos convincente en esa parte de su discurso. Torino puede enorgullecerse, sobre todo, de haber logrado la reconversión de la vieja industria del automóvil y de encontrar la vía para potenciación turística de su legado monumental.

No me parece un modelo indefinidamente duplicable, porque no hay sitio para muchos clones de esa estrategia. Seguimos necesitando más opciones para cristalizar esa Smart global citizenship que nos ilusione por un futuro en el que las actuales nubes de tormenta se traduzcan en lluvias provechosas.

 

 

 

 

Publicado en: Economía, Política, Sociedad Etiquetado como: alcalde, Monarquía, Pérez Rubalcaba, Piero Fassino, PSOE, smart citizenship, smart city, sucesión, Torino

La abdicación

2 junio, 2014 By amarias Deja un comentario

El 2 de junio de 2014, a las 10 h 30 m de la mañana, el presidente del Gobierno de España, Mariano Rajoy, anunciaba que el Rey Juan Carlos «abdicaba la Corona».

La abdicación del Rey en la Jefatura del Estado es una figura no contemplada con rigor por la Constitución vigente, necesitando la rápida aprobación de una Ley Orgánica que, aprobada por las Cortes, garantice el cambio sucesorio que las peculiares reglas de la Casa Real han personalizado en S.A.R. el Príncipe Felipe, que será, por tanto, el nuevo rey, con el nombre de Felipe VI, si todo sucede conforme al libreto.

Convertido en portavoz del dimisionario, el presidente Rajoy ha indicado, en una rueda de prensa sin preguntas -¿para qué preguntar, -se podría decir-, si no habrá respuestas?- que «el momento es oportuno».

La oportunidad viene, en este caso, medida por la necesidad de recuperar alguna popularidad, desde el recambio de personas. El previsto como sucesor tiene 45 años, por lo que está en la edad en la que la mayoría de los españoles que se han quedado sin empleo por razón de la pésima gestión del país, verán reducidas a casi cero sus posibilidades de encontrar un nuevo trabajo.

La oportunidad no viene, desde luego, señalada por la pérdida galopante de simpatía hacia los partidos políticos que se siguen considerando mayoritarios; no está soportada, naturalmente, por la incapacidad demostrada de esta colectividad para generar actividades que permitan mirar hacia el futuro con optimismo generalizado y no solo desde la complacencia de los que más poseen; no tiene que ver, por supuesto, con el malestar rentabilizado por una urna de recogida de pesares cuyo mensaje es tan claro como contundente: no, así no, nos engañan, se enriquecen a costa nuestra, no nos representan.

A los más viejos de esta tribu les ha tocado vivir una parte de la historia de España insuperable en emociones: guerra civil injustificable, dictadura perniciosa, aislamiento insufrible, decadencia de la autarquía, ilusión irrefrenable, actividades imposibles, despilfarros impresentables, logros maravillosos, traiciones desvergonzadas, desilusiones galopantes, fracaso perdurable, desorden manifiesto.

Tengo la amarga impresión de que la Corona abdica cuando ha percibido que se le ha pasado el arroz. Oigo voces -nunca mayoría, pero siempre suficientes para que no se las desprecie- que reclaman una votación para refrendar al candidato a sucesor.

Un sucesor que, careciendo la Monarquía de programa y no tener la institución asignados cometidos constitucionales de entidad, lo que supone únicamente es cambiar el rostro de quien detenta el título. Como en esos tableros de feria en los que se puede meter la cabeza en el hueco abierto, para llevarse una foto de recuerdo del paso por el sitio.

Voto al chápiro verde, tenemos que cambiar el rumbo de la cosa, pero con tanto experto en marear, mal lo tenemos.

 

 

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Rumbo al chápiro

2 junio, 2014 By amarias Deja un comentario

En este escenario polivalente en el que, quién más, quién menos, todos tenemos molestias en el humor, familiares en paro y dosis de mala leche para las horas sin dormir, solo hace falta que te crezcan las ganas de contar algo para crear un blog de estos gratuitos y que pasemos a crearnos influyentes como la gripe aviar.

Llevo varias décadas dándole a las teclas hablando de lo humano (y a veces, incluso, adentrándome en las tinieblas en busca de lo divino) para estar curado, sino de espantos, de los llantos. Tengo escritas más líneas en letras verana, arial, times y courier que la distancia por tierras castellanas entre Sevilla y Barcelona. A solas con la imaginación, pasé mas horas de las que sería aconsejable a un buen padre de familia, sean con baremos del Código civil o de la Biblia.

Cuando me puse a buscar un nombre que sirviera de título o referencia conjunta para una nueva sarta de elucubraciones, tanteé varias opciones, cuya pertinencia se me antojó que podía ser luego acreditada. Todas estaban ocupadas. Había arqueros, aurigas, saeteros y ocupantes de las torres del homenaje como de las barbacanas, en todas las esquinas del martirologio literario. Cuadernos de tareas, Libros de estilos, Notas para vacantes, Informes ejecutivos y Asuntos pendientes florecían por doquier, incluso hasta boyantes.

No descarto que en otro lugar del universo virtual existan más Rumbos al chápiro. Ya no importa, el paso está avanzado. Me gustó tomarlo para mí, porque admite sentidos figurados.

El chápiro, etimológicamente, es sombrero o caperuza, y, por tanto, de sus telas se hace el capirote. Pero su polisemia es más fecunda, porque, dícese que se dice, también designa a un duende o tipo imaginario que lo llevaría como distintivo, por lo que pasa a ser, sin más, sinécdoque.

Convertido en referencia general casi multiuso, el chápiro verde es sustituto, elipsis, metáfora soberbia.

Ha servido, por ejemplo, desde aquellos tiempos del cuplé para expresar el disgusto por lo que no nos salió que ni pintado, evitando jurar en vano o pecar de mal dicente, sin que nos atizaran un coscorrón en el cogote.

¡Voto al chápiro verde! era también la jaculatoria más común con la que los niños de esa época nos animábamos en los trances, escupiéndonos, llegado el caso, sucesivamente, las dos manos.

Después de la travesía de la rebeldía, casi desiertos los campos de la ilusión, descritos como zonas de peligros y trampas los espacios de lo que queda por venir, poner rumbo al chápiro puede que parezca  insolente o signo de insania. Ruego paciencia al lector. Pero, le advierto: para votarlo, para eso sí que hay que estar ya muy perjudicado.

 

 

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No es un Cuento de Primavera: Por qué Podemos

28 mayo, 2014 By amarias Deja un comentario

La irrupción en el panorama político español, con ocasión de las Elecciones al Parlamento Europeo, de una plataforma aglutinada en torno a la figura mediática del profesor Iglesias y el tremendo atractivo del nombre, Podemos, está motivando todo tipo de comentarios.

Muchos de ellos, interesados, es decir, intrascendentes para hacer una valoración.

Desde luego, no hubiera merecido la misma atención de medios, comentaristas políticos y candidatos de otras fuerzas políticas, de no haber conseguido algo más de 1,2 millones de votos (casi el 8% de los emitidos), que le otorgan 5 diputados en el Parlamento Europeo, y que prometen, de aumentar la tendencia, una presencia importante en las Cámaras españolas y en los Ayuntamientos.

Se les acusa ahora de no tener programa, de carecer de objetivos concretos, de responder a un concepto de marxismo-leninismo trasnochado, de apoyar el movimiento bolivariano, de pretender volver a las cavernas sociales, económicas y tecnológicas, prometiendo lo imposible.

Sería, sin embargo, un grave error no considerar que, al margen de ideologías, esos votantes que han manifestado su apoyo a Podemos, son, fundamentalmente, jóvenes, parados, y descontentos frontalmente con los dos partidos mayoritarios, junto a no pocos desconfiados, en general, de la actuación que pudiera esperarse de los demás partidos que tenían ya representación parlamentaria.

Constituyen, sin duda, una nueva vía. Pujante. Una conmoción contra lo establecido, lo que era «normal».

Los que apoyaron a Podemos pretenden, sin discusión, lanzar una clara llamada de atención respecto a los planteamientos tradicionales. Su Programa, que puede ser calificado, sin que ello implique su menosprecio, de utópico, entremezcla reclamaciones razonadas -que no es cuestión de detallar aquí, pues basta con la lectura atenta y sin prejuicios del mismo- con otras, inexcusablemente, irrealizables.

¿Merecen, por ello, el líder del movimiento y sus votantes, la descalificación frontal? En absoluto. Muy por el contrario, sus propuestas exigen un análisis reposado, desprovisto de fundamentalismos -que es. justamente, de lo que más se les acusa-, que implica analizar con autocrítica, lo que se está haciendo mal, -muy mal-, desde la mayoría social que representan, o dicen representar, los partidos mayoritarios.

Algo que esta sociedad ha consentido, mirando, no pocas veces, hacia otros lados.

Hay una corrupción injustificable, una falta de profesionalidad intolerable en el comportamiento de algunos de quienes ocupan puestos relevantes, una avidez por la acumulación de bienes y dinero por parte de unos pocos, despreciando la vinculación solidaria que corresponde a los que detentan el capital y la capacidad de decisión, una ausencia de un programa de desarrollo empresarial, educativo y tecnológico pragmático, una descoordinación injustificable entre los estamentos, una perniciosa tendencia a perpetuarse por quienes ocupan sillones y prebendas, etc.

Podemos. Podemos y debemos cambiar muchos comportamientos, revisándolos desde la honestidad y el compromiso con los que menos tienen.

Lo que se echa en falta, no está en el programa de Podemos. Qué va. Se echa en falta un programa acomodado a la realidad y a sus problemas, de todos esos partidos que se dicen con vocación de ser mayoritarios, y que pretenden, sin credibilidad y sin la necesaria concreción, tener las soluciones a lo que nos pasa.

La cuestión no es si Podemos. Claro que Podemos. La cuestión es Qué queremos y poner, de inmediato, manos a la obra. Nos hace falta, con tal urgencia, que hace bastante tiempo que debiéramos haber iniciado el proceso de cambio.

Publicado en: Actualidad, Política, Sociedad Etiquetado como: mayoría, partidos, Podemos, programa

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