Al socaire

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El tortuoso cálculo del fí (Φ)

9 febrero, 2013 By amarias2013 2 comentarios

Los angloparlantes lo llaman «fee», pero entre nosotros, lo representamos por la letra griega Φ (léase fí), que ya tiene múltiples aplicaciones: desde la filosofía, a la ingeniería. Es también utilizada para referirse al conjunto vacío.

Si hubiera una manera universal de cálcular fí (el fí), se eliminarían muchas negociaciones, discusiones y hasta sospechas de corrupción. Porque el fee, la comisión, es lo que se queda (o se le entrega) al intermediario de un negocio por su labor, que consiste, esquemáticamente, en poner en contacto a un proveedor con su cliente.

No está nada claro para las almas cándidas que,  cuando la Administración pública es el cliente, y particularmente, en aquellos países que se rigen o dicen regirse por principios de transparencia, licitación reglada y adjudicación más ventajosa para los intereses generales, tenga sentido hablar de intermediarios.

Y mucho menos, para poner en contacto a los grandes grupos empresariales de un país con su propia Administración. El fí parecería cosa de terceros mundos, de estructuras feudales o mafias desvergonzadas.

Sin embargo, dado que los sueldos de los políticos son insuficientes para recompensar suficientemente el esfuerzo de soportar la carga pública, los partidos que han conseguido alguna responsabilidad de gestión concreta, parece que han adquirido la costumbre de solicitar un fí a los adjudicatarios de trabajos para la comunidad.

Los pliegos de condiciones (call for tender) se prefieren, por ello, abiertos, para que no sea imprescindible adjudicar la obra o el servicio al más barato, permitiendo así que los Comités de revisión de ofertas tengan ciertos márgenes de actuación. Lo que ofrece interesantes opciones ex post (a posteriori) a los intermediarios, para que una concreta oferta pueda adquirir una ventaja que la haga competitiva en la mesa de operaciones, dando por sentado que, técnicamente, será impecable.

El valor concreto del fí para obtener un negocio público es un secreto, y se puede admitir que, en muchos casos será cero, o, por lo menos, de cuantía despreciable, por lo que se suele llamar «detalle». Por supuesto, no cabe imaginar que un regalo de ese tipo haya doblegado o conducido ninguna voluntad. Son, como suele decirse -incluso por Ministros de Estado- «atenciones que responden a los usos y costumbres» entre amigos y conocidos.  Pueden ser tres tristes trajes , un bolso de marca o una tarjeta por el cumpleaños. También cabría incluir en la relación de mini-fís la llamada cesta de Navidad, si contiene productos de primera necesidad.

A falta de una orientación general para el valor de fí, se suele utilizar la que dió, hace algún tiempo, el president Maragal, en la Generalitat, que indicó que era habitual trabajar con un 3%.

Si la obra pública contratada en España, un año sí y otro no, fluctúa entre los 20.000 Millones de euros y los 8.000 Millones (ahora que estamos en horas bajas), y aceptando que solo la mitad de esa cifra puedan encajarse en el ámbito del fí, y que su valor medio fuera el indicado en Cataluña (que ha de ser un cálculo conservador, por la reconocida tacañería de esos compatriotas), llegamos a la nada despreciable cifra de un movimiento anual, por ese concepto, entre 300 y  120 Mill. de €. Si pensamos en 10 años de fíes, es presumible que hayan circulado entre los partidos políticos del orden de 3.000 a 1.200 Millones de euros.

Cuando me fijo en la extraña contabilidad «LB» (que ahora se empieza a decir que no es de Bárcenas, lo que ya sospechaba, y tampoco del Partido Popular, lo que parece lógico, dado su restringido alcance), me parece ridículo pensar que una persona seria y capaz, tesorero de un partido con vocación de gobernar, una legislatura sí y otra no, lleve la contabilidad de una mínima parte de los ingresos por fí de su formación política.

¿Qué son 10 o 12 millones de euros?. Nada. Esas páginas, de no ser una burda invención, no son ni contabilidad B ni nada que se le parezca. Son simples anotaciones cariñosas de lo que se reparte entre personas muy especiales del partido.

Comparados con los dineros detraídos como gastos comerciales de las contabilidades empresariales, para pagar los trajes, bolsos, zapatos, cinturones, cestas, puros, palos (de golf), etc., los flujos dinerarios opacos son una nadería.

Su movilización corresponde a detalles y atenciones para amigos de las cúpulas políticas, y que nadie osará imaginar que sirvieron para poner de acuerdo voluntades públicas y negocios privados, …porque, si todo funciona bien, ya estarían garantizadas por otras vías menos transparentes…y a niveles más bajos que los de los Bárcenas del ramo.

Ya verá el lector que yo no hago periodismo de investigación. No tengo tiempo. Ni ganas. Solo les pido a Rajoy y a Rubalcaba que nos ayuden a salir de ésta, y no se me ocurre método más simple que el que dejen que las bases de sus partidos tengan la palabra.

Los que no pertenecemos a ninguna formación política -ni siquiera a las, cada vez más atractivas, facciones todavía minoritarias- ya tenemos dicho suficiente: en las urnas y, sobre todo,  fuera de ellas.

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La muy noble profesión de porquero

6 febrero, 2013 By amarias2013 Deja un comentario

Casi todo el mundo cree que «la verdad es la verdad, dígala Agamenón o su porquero«, porque así lo aprendimos de Las coplas de Juan de Mairena, como fruto de la inspiración de Antonio Machado.

Por eso, en momentos en que la mal llamada «clase política» (1) está revuelta porque, al dar los primeros pases de vals, se han descubierto rotos, comezones y huellas -de ratas, ratones y polillas- en los vestidos de fiesta con los que nos las prometieron tan felices, no está de más recordar que, unas pocas líneas más abajo de aquellos versos, Machado nos desvela que el porquero no está de acuerdo ni con la máxima, ni con Agamenón. (2)

Argumentan algunos políticos, saliendo de sus casillas un tanto aturullados, que, como si fuera previsible y lógico, ellos no tienen nada que ver ni con cobros ilegales, ni con cuentas oscuras, ni con comisiones indecentes.

Expresando lo que resulta también obvio, añaden otros, con aire de poner picas en terrenos vedados a quienes estaríamos menos dotados, que están orgullosos de pertenecer a la «muy noble profesión de la política».

Y los que más se atreven a aventurarse en arenas movedizas, elucubran para su coleto que «el problema está en la Ley cicatera que rige la financiación de los partidos políticos». Emocionante indicación que, cuando se les solicitan los detalles, se desdibuja en naderías, dado que «todo lo dicho lo fue como simple hipótesis, elucubración propia», y , aunque prometía tanto el titular,  resulta que están solos, carecen de pruebas y, respetuosos con el derecho y la libertad de expresión, es la justicia la que tiene la palabra y el periodismo de investigación quien ha de hacer todo el trabajo.

He buscado en internet y son muchos los momentos en que políticos de todo cuño han querido reivindicar la bondad de su dedicación, comparable, desde luego, a tantas otras que resultan también muy necesarias -y, la mayoría, imprescindibles- para avanzar con tino hacia algún sitio de cobijo seguro en este valle de discordancias. Por citar solo algunas: abogado, fontanero, ingeniero, médico, marino, aparejador, bombero…de entre tantas. Todas estas profesiones, nobilísimas. Las citadas a modo de ejemplo, y miles de otras más, casi tan viejas como la sociedad que las precisa.

No conozco a ningún porquero, y ni siquiera estoy seguro si los que cuidan cerdos admitirían hoy esa denominación para su profesión. Pero, como diletante ocasional del resultado de su trabajo, defenderé en cualquier foro que es nobilísima.

Por eso, después de atender a las confusas razones de Agamenón, me he puesto del lado del porquero. Porque, no siendo la verdad de Agamenón, la misma que la del porquero, y entendiendo que, en el fondo, no por lavarse con más frecuencia las manos, se es más limpio, todo se reduce a una cuestión de ambientes.

—

(1) Porque no hay «clase», sino «clases», y dentro de cada una, grupos, subgrupos, grupúsculos y hasata individualidades.

(2)  Sigue: «Agamenón. – Conforme./ El porquero. – No me convence».

Publicado en: Política, Sociedad Etiquetado como: Agamenón, Antonio Machado, cobros ilegales, comisiones, coplas, Juan de Mairena, noble, política, porquero, profesión

Deutsche UnterstÜtzung

5 febrero, 2013 By amarias2013 Deja un comentario

La canciller alemana Angela Merkel, anfitriona en Berlín de un circunstancialmente crecido Primer Ministro español -Mariano unter uns-, expresó su voluntad de ayudar al país amigo, envuelto en dificultades de tanta diversidad que podríamos calificar de «esféricas» -globale Schwierigkeiten-, con unas cariñosas palabras.

Sonó algo así: «Animamos a nuestras empresas alemanas en España a que contraten españoles y a nuestras empresas en Alemania a que se fijen en los técnicos cualificados españoles, especialmente, los jóvenes, cuando piensen en ampliar sus plantillas«. (Rueda de prensa posterior a la cumbre hispano-alemana del 4 de febrero de 2013, Berlín).

El presidente Rajoy debía tener la cabeza ocupada con la repetición mental de las expresiones tajantes con las que estaba decidido a reconocer, por fin, que no había tenido conocimiento de contabilidad paralela en su partido, que toda la información publicada por los periódicos controlados por la oposición política era una invención malintencionada, y que las siglas LB no correspondían a Luis Bárcenas, ex- tesorero del PP durante más de una década, ni tampoco a Lehman Brothers, sino a Lysoghenia Broth, el caldo de cultivo utilizado en los laboratorios para el crecimiento de las bacterias, con las que los envidiosos del buen hacer de su gobierno estaban contaminando la economía.

Si el presidente-primer ministro español hubiera tenido la cabeza despejada, hubiera rechazado con una sonrisa la ridícula oferta de cooperación, y, con sus más cuidadas palabras, hubiera expresado esta idea:

«Guárdese su ayuda, Sra. Merkel. Wir brauchen nicht so fortzuleben, wie wir gestern gelebt haben. Macht uns nur von dieser Anschauung los, und tausend Möglichkeiten laden uns zu neuem Leben ein.»

El prejuicio hispano es el inmovilismo. Pasamos más tiempo discutiendo lo mal que lo hemos hecho que lo que tenemos que hacer. Con o sin Alemania.

—

(1) El título del Comentario es: «Apoyo alemán» y la frase con la que termino, tomada de C. Morgenstern, refleja lo siguiente: «No necesitamos seguir viviendo como hemos vivido hasta ayer. Liberémonos» (en el original, se dice, «libéranos») «de este prejuicio, y miles de posibilidades nos invitarán a una nueva vida».

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Esto no es una salida

4 febrero, 2013 By amarias2013 2 comentarios

Con esta frase termina American Psycho, la novela que confirmó a Bret Easton Ellis como un peligroso activista intelectual y elevó a Patrick Bateman, su creación literaria, a los altares de la desfachatez social.

Cuando, a primeras horas de la mañana del 3 de febrero de 2013, un sonriente González Pons, portavoz del Partido Popular, se entregaba a recoger dardos como quien cosecha flores y sembraba dudas en campos ajenos como si el suyo fueran los jardines del Generalife,  todo ello con la dedicación profesional que se deriva de su amplia experiencia política, me acordé del cartel que Bret situaba en Harry´s, encima de una puerta oculta tras cortinas rojas, poniendo con ello la última nota de desolación sobre la imaginación del lector, atrapado cruelmente tras centenares de páginas por las andanzas sangrientas de Patrick, para quien todo lo que no perteneciera a su círculo selecto era, simplemente, un instrumento. «Esto no es una salida» («This is not an exit»

González Pons representó, -desde luego, mucho mejor que Rajoy en la falsa conferencia de prensa que ofreció el Presidente ese mismo día y con más agallas que las que mostraron Cospedal y Santamaría-  el papel de quien está convencido de que no tiene nada que explicar a seres inferiores, aupado en su gallardía porque unos ridículos trapaceros no reconocen que hace un año la mayoría de los siervos de la gleba, conducidos a su pasaje por el arco electoral, lo convirtieron en el arco de triunfo de su partido, al hacerle el regalo incaducable de su confianza ciega. Y lo que da, Santa Rita, Rita, no se quita. Y al que se equivoca, pagar le toca.

Sin atender al letrero que la mayoría de los que lo escuchábamos, veíamos sobre la puerta bloqueada que González Pons señalaba indicándonos que la verdad estaba detrás de las cortinas, el portavoz del partido asediado se entregaba a la labor complaciente de convertir rotundas evidencias en débiles conjeturas, de responder a certeras preguntas con confusas interrogantes, de defender a los presuntos culpables acusando de conspiración a los que descubrieron sus huellas, adornando, al paso, de colores de incompetencia, rencor y vesania a los jueces, y atribuyendo el mismo pecado,  por si acaso, a los que exigieran expiación, justificación o castigo de quienes habían sido pillados con las manos metidas en una masa que no se cocía en el horno de los panes colectivos, sino en Paraísos fiscales, y abundando, para mayor confusión, en que no había manos, ni masa, ni documentos, ni testigos, sino solo la torva intención de los que perseguían.

El argumento de la  novela que estuvieron/están representando algunos de los responsables del Partido que gobierna España -seguro que no todos, por supuesto- es, en esencia, el mismo que dió pies a American Psycho, aunque los personajes principales no disfruten violando ni asesinando a sus víctimas.  Su gozo proviene solamente de sentirse superiores, gestionar como les apetezca lo público y lo privado según  intereses de los que no precisan dar cuenta, incólumes tras las caretas. La base de la diversión, queda protegida por su superior inteligencia, y el manejo impávido de las situaciones es la garantía de que la única condena que podrán tener, en el caso improbable de ser descubiertos e incluso si fueran juzgados, será dejar de hacer lo mismo por un tiempo, para volver a la carga algo más tarde.

Publicado en: Política, Sociedad Etiquetado como: Bárcenas, corrupción, ética, excusas, González Pons, indignados, papeles, Partido Popular, partido socialista, política, Rajoy, rueda de prensa

Bring on the empty horses

3 febrero, 2013 By amarias2013 Deja un comentario

«Traigan los caballos vacíos» es el título enigmático que David Niven dió a uno de sus trabajos literarios. No creo que los jóvenes recuerden a ese magnífico actor secundario de Los cañones de Navarone, una película de las llamadas de guerra con las que los adolescentes de lo que se llamó la España imperial fuimos educados en la admiración a lo norteamericano, (sus hazañas inventadas, sus héroes honorables y actrices, casi todas, extranjeras, que aparecían fugazmente en la pantalla para besarse con tres o cuatro tipos guapetones, hasta que se decidían por el personaje que interpretaba quien tenía las letras más grandes en los títulos de crédito).

De aquella película, se me ha quedado incrustada entre las imágenes memorables de mi vida la espalda desnuda de Gia Scala, recién descubierta como espía. Ese debía ser el motivo -supongo- por el que la censura de principios de los 60 del pasado siglo la había calificado como «solo apta para mayores de 16 años» -edad que yo no tenía (por poco) cuando la pusieron por primera vez en el Cine Santa Cruz, en Oviedo.

El feroz portero que se encargaba de pedir los carnés acreditativos a aquellos a quienes nos temblaba el labio mientras sosteníamos la entrada, me rechazó una vez,  y cuando, al día siguiente, camuflado entre varios compis más fornidos, se me ofreció la posibilidad de desentrañar las razones por las que el obseso de la tijera había restringido el uso de aquella medicina de divertimento a chavales con bozo ya asentado y a hembras con años de menstruación acreditables, me propuse no volver a afeitarme el bigote, lo que cumplí sin mayores interrupciones hasrta hoy.

Traigan los caballos vacíos es una frase sin sentido, que Niven atribuye al director húngaro Michael Curtiz, quien tenía un dominio precario del inglés, y que, en realidad, quería decir «traigan los caballos sin jinete», esto es, desmontados.

Parecerá al lector de este Comentario inconsistente, pero, leyendo ayer los periódicos con las desgracias del día, asimilé llas tristes novedades a la necesidad de que, en lugar de tanto tropel de jinetes montando a la carrera caballos enjaezados de mentiras, se nos trajeran al plató  «los caballos vacíos», esto es, sin entrañas, despojados de sus tripas.

A ninguno de los colaboradores del director Curtiz se le ocurrió ofrecerle, en lo que hubiera sido el cumplimiento exacto de lo que había expresado, rocines destripados, pero hoy nuestro caso es diferente.

No queremos hechos simulados, sino verdades desnudas; y, por favor, dejen de tomarnos por niños. Aunque protagonizada por mayores sin reparos, esta película real deben verla todos los públicos, para vergüenza de los que la hicieron posible y ejemplaridad de cuantos tengan tentaciones de seguir tomándolos como modelo.

Publicado en: Política, Sociedad Etiquetado como: caballo, Cañones de Navarone, David Niven, desmontado, economía, empty horses, españa imperial, ética, gobierno, justicia, películas, política, reproche generalizado, verdad desnuda

El Club de la Tragedia: Por dónde hay que cortar

20 enero, 2013 By amarias2013 Deja un comentario

Transcurrida la hora menguada para las calles, en que, por faltar la luna, el momento había resultado término redondo de todo requiebro lechuzo, el piélago racional español continúa trabando la batalla de cada día, cada uno con propósito y negocio diferente, en la pretensión de engañarse los unos a los otros. (1)

De lo que algunos no parecen darse cuenta, fingiendo que aquí no ha pasado nada es que, en esta noche pasada, el Diablo Cojuelo ha estado alzando los tejados de ciertas casas escogidas, levantando una polvareda de embustes y mentiras que nos dejó boquiabiertos.

Retornados hoy a la luz del día, no atinamos a descubrir, aturdidos como estamos, una brizna de verdad, ni por un ojo de la cara, en cuantos nos dicen ser de otra ralea bien distinta a los bichejos con los que se encuentran juntos en las rendijas.

Andan los pobres y pobras escarapelados viendo la justicia en su garito, y mientras con parsimonia proverbial desgrana como puede la madeja de los hechos, interferida o intervenida como can sujeto con correa por intereses de gran pelaje y superior calado, tememos los de a pie que el Cojuelo nos ponga de manifiesto más y más tramposos, porque prosiguiendo su labor de destape nocturno, al descubrirnos, a cada luz del día, más sujetos de tal calaña, nos deje a los restantes por confusos, inermes, por escandalizados, corridos, por confiados, más ayunos.

Dicen ahora los que creen saber lo que se cuece después de haber comido, que el Cojuelo actúa por despecho al haber sido expulsado él mismo del bienestar de un Paraíso donde moraban los demonios principales, y que, vuelto esclavo liberado de la redoma a donde le había confinado un astrólogo desnortado -que es, como decir, licenciado en economías de provecho-, se ha hecho amigo de un tal Cleofás, estudiante en la profesión de provocar el cataclismo en lo que toque -becario de un medio de difusión, por todas señas-.

Pues ya lo tenemos aquí, un desaguisado más. El diablo alzando velos, como quien levanta el hojaldre de un pastelón, dejando ver la carne pútrida que ha generado nuestro país en la fiambrera de la desidia colectiva, y convertida en pasto de risión ajena, nuestra arca nacional. Sin que sea de ignorar cuanto sirve de catarsis el asunto para otros mentirosos, aún por descubrir, que se creen a salvo de la corriente de destape, afirmando que nunca tuvieron ni un catarro ni supieron jamás de nadie qe tuviera el menor moquillo, atentos solo como estaban a mirar solo de frente, por donde alguien cualesquiera les guiaba, y ellos, obedientes.

No es de envidiar siquiera el papel de los que nos vamos acercando al socavón de silencios movedizos por donde se hunde nuestra ingenuidad a tierras llenas. Mirando moverse patas arriba  la variedad de sabandijas, batracios y culebras, que antes se ocultaban en los áticos y ahora se retuercen como pueden, no atinamos a dónde mirar que no sirva de espanto, ni sabemos bien qué hacer con tanto bicho , y no porque, habiendo entre ellos alacranes, corramos peligro de quedar emponzoñados también con su veneno, sino porque corridos ya estamos, inocentes culpables de consentir tanta vergüenza.

Volviendo de la realidad literaria a la ficción social, ha dicho y redicho el presidente Rajoy, cuando la claridad del día ya era cegadora, que no le temblará la mano para cortar por donde haya que cortar, pretendiendo atajar de esa manera carnicera el mal de corrupción en grado sumo que puso el diablo al descubierto en uno que tuvo toda la confianza del conento, siendo consciente de que las escopetas cazadoras, cargadas ahora de fuego verdadero, apuntan al núcleo de la financiación irregular de su célebre partido, disparando allí donde tejió su nido la gaviota y se pusieron los primeros huevos.

Lo peor para él es que no le creemos, acostumbrados de más a su silencio para que ahora hable, de puerta en puerta, en cortijos y masías. No le vemos con fuerza para acuchillar, ni con ganas demancharse con sangre ajena las manos para tenerlas más limpias, y ya notamos que se parapeta detrás de otros pobres y pobras más bregados en hacer, con las palabras, de las suyas.

Siendo el riesgo grande, para el que teme que le alcancen los disparos, mejor quedarse agazapado. Porque, aunque hemos visto esta noche anterior algo de lo que se mueve bajo algunos tejados, cuando vuelva la oscuridad y Cojuelo vuelva con las suyas, es posible que se nos ponga en evidencia lo que está sucediendo igual en otros habitáculos y que lo que aflora ahora en pisos altos, alcance a otros más bajos, enmerdando a empresarios y a emprendidos.

Presionado por la misma desazón que embarga a este Gobierno, ha dicho el candidato a ser alternativa para gastar lo que entregamos, el otrora ingenioso Rubalcaba, liebre corredora, caída del guindo o de una higuera, que es necesario un acuerdo político de todos los partidos contra la corrupción. Y sentimos en el alma atormentada no poder creerle más que al otro, y hasta dudemos de los que están aposentados a su izquierda, inseguros de que muchos de quienes nos convencen con mieles se hallan encumbrados, debajo de los caparazones de su género ideológico, por las mismas lindezas, idénticos espumarajos productivos, y están ocultos también en sus partidos, con parecidas añagazas, responsables independientes o para beneficio colectivo, de desvaríos y desmanes, detrás de convenientes mascarillas para que los rostros resistieran, pétreos, embates de sospecha.

Ya al completo el festival de fuegos, con todo ardiendo, sospechamos, con suficientes muestras de que el jamón está podrido, que otros castillos y torres de poder se encuentran presas del mismo mal, y que todo fallece víctima de la misma calentura. Abierta la veda del destape, otros diablillos, más o menos cojos o traviesos, levantarán, de noche o de día, más pestillos, y se alzarán más cornejas y lechuzas que estaban anidando en los almiares; saldrán más sabandijas cuando se destruyan o desplacen tapas de agujeros, y en cuantos sean los resquicios por donde penetre nuestra vista y actúe el filo escudriñador de la sospecha, se recoja de cosecha una fauna completa de alimañas.

Solo queremos que nuestra vergüenza termine, no la suya. Sin ánimo para escuchar las explicaciones rebuscadas, deducimos en juicio sumarísimo, que todo era asunto consentido, porque no cabe ignorar lo que hacen con las manos quienes están sentados con nosotros a la mesa.

Matar a Pitón necesita el surgimiento de un Aquiles, y no podrá serlo quienes han campado, admitiéndolas o ignorándolas a base de rodeos, por las mismas miserias, o disfrutaron de las victorias que otros les brindaron, repartiendo entre los suyos prebendas y plazas con las dádivas que fueron peaje por mercedes públicas.

Como la casualidad es maravilla, en estos mismos días, del mundo del deporte ha llegado, campante, una respuesta. Lance Armstrong, mito heroico, adalid de un deporte para sufridores extremos, ejemplo de manual para explicar valores a la infancia, ha confesado que su personaje increíble era, en efecto, una ficción, fruto de mentira. Que hacía trampa, en fin, que se drogaba, que tomaba ventajas, todo ello para no competir en igualdad con los otros, porque quería ganar por encima de cualquiera.

Su aterradora verdad ha despertado otras, y son, en pocos días, multitud los que reconocen que venían haciendo lo mismo, para aparentar ser mejores. Como en un cuento burdo,  en el que se acaba descubriendo que todos cuantos participaban en el juego con opciones de ganar, trampeaban, han dejado patente que engañaban a los ingenuos que, por seguir las reglas, carecían de la menor oportunidad para vencer, y, por tanto, a los que disfrutábamos con el espectáculo de ver ganar a quienes, creyéndolos heroicos, mentían más qe nadie.

Catarsis, sí, Pero dejando que otros, limpios, nos permitan volver a ilusionarnos de que ningún Cojuelo tendrá nada vergonzante que mostrarnos la próxima vez que le de por levantar los tejados de las casas, dejándonos a todos, los que manden y mandados, dormir a pierna suelta, tan tranquilos.

—

(1) Comienzo el Comentario de esta forma, con rendida devoción a Luis Vélez de Guevara, autor de El diablo cojuelo (1640), que tengo a la vista en la magnífica edición de Ramón Valdés (Biblioteca clásica, 1999), cuya lectura de texto original y glosas recomiendo. Son varios los momentos del texto en que utilizo, con ligeras transformaciones, frases de Vélez.

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España, una división territorial pragmática

15 enero, 2013 By amarias2013 2 comentarios

Redefenir el espacio autonómico español es tarea prácticamente imposible. Se han colado tantos fantasmas como «realidades históricas»; pasiones junto a intenciones de racionalidad. Y, entre medias, una gran dosis de falta de solidaridad, de egoísmos liberales (o sea, capitalistas), de decaimientos progresistas.

Cuando Diocleciano (284-305) dividió Hispania en cinco provincias, no tenía compromisos constitucionales ni presiones culturales ni tradiciones que mantener. Con el pragmatismo de quien desea tener una visión equilibrada de un territorio alejado de la metrópoli, aunque productivo, trazó las líneas que conformaron la Tarraconense, Gallaecia, Lusitania, Cartaginense y Baetica.

Tenemos ahora un problema muy distinto, que viene señalado por la fiebre separatista de ciertos capitostes políticos de Catalunya y Euskadi, y que el pueblo llano de esas regiones sigue con la misma pasión con que jugábamos los partidillos al terminar las clases del día cuando éramos niños, que terminaban al marcar un gol, sin límite de tiempo.

¿Por qué no atender a la división de España por población? Al generar una estructura territorial uniforme, por ejemplo, de seis a ocho estados federados, con un número de habitantes similar en cada uno, la atención a la distribución de los medios económicos en relación con las necesidades de población centraría crudamente las discusiones de reparto. Es decir, hablaríamos, sin tapujos, de solidaridad.

Esta sería una propuesta de Estados federales:

1. Castilla (Madrid, Cáceres, Badajoz, Toledo, Avila, Segovia, Soria, Ciudad Real, y Guadalajara): 9,7 millones hab. (censo 2011)
2. Catalunya: 7,5 Mill. hab.
3. Arco Atlántico (La Coruña, Pontevedra, Lugo, Orense, Asturias, León, Santander, Zamora, Valladolid, Palencia y Burgos). 6,8 Mill hab.
4. Andalus (Huelva, Sevilla, Cádiz, Córdoba, Málaga, Jaén, Granda, Almería y Murcia): 9,9 Mill. hab.
5. Euskadi-Aragón (Vizcaya, Alava, Guipúzcoa, Navarra, Huesca, Zaragoza, Teruel, La Rioja): 5,3 Mill hab.
6. Valencia (Valencia, Castellón, Alicante, Albacete, Cuenca e Islas Baleares) : 6,5 Mill. hab.
7. Canarias (Santa Cruz, Las Palmas, Melilla y Ceuta: 3,5 Mill hab.

¿Parece provocador? A mí me parece pragmático. Por supuesto, cabrían otras soluciones inspiradas en el mismo principio: solidaridad.

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El Club de la Tragedia: Falta programa, exceso de mediocres alardeando de opinión, ningún líder con carisma

11 enero, 2013 By amarias2013 Deja un comentario

He puesto en el titular del Comentario el tronco argumental. Las conclusiones deducibles son obvias y la explicación del contexto, bien conocida por casi todos y, desde luego, por todos quienes participan -de buen o mal grado- en la ceremonia de confusión colectiva.

Puede que alguien se pregunte con qué autoridad me permito la jactancia de realizar un diagnóstico tan ácido de la situación actual en España.
Respondo de inmediato. Con ninguna. Es decir, con la misma de la que pueda alardear cualquier ciudadano sensato, comprometido con la mejora del pais, y que se encuentra, por mor de la edad, casi al final de su vida profesional activa (en lo previsto por quienes pretenden la jubilación por decreto).

Asisto con frecuencia a presentaciones, reuniones y conferencias de gente que sabe y que desea comunicar lo que sabe. Escucho con atención las intervenciones de quienes, terminada la disertación principal, quieren contribuir a enriquecer el debate. Casi siempre, exponiendo los problemas con los que se encuentran. Se agradece, aunque se repiten. Sus palabras no encuentran el eco que merecen, sepultadas por otras opiniones que se diria, en el contexto, igualmente relevantes.

He leido, y leo, multitud de informes sobre los temas en los que creo tener algun criterio -se escribe mucho, se avanza poco-, enriqueciéndome con opiniones ajenas y procurando despejar las incógnitas o aclarar los dilemas -o contribuir a clarificar su existencia-, cuando se presentan.

Este pais en el que nos ha tocado vivir tiene multitud de cabezas de ratón, en general, bien intencionadas (¿por qué habría que suponer lo contrario?), pero con una persistente falta de visión de conjunto y, en no pocas ocasiones, con obsesión por defendner parcelas particulares, a despecho de lo que sería contribución a un bien general.

Falta carisma, autoridad superior, alguien que elija entre las opciones, y decida. Puede que se equivoque, pero, si lo hiciera después de haber escuchado muchas opiniones, de obtener la máxima informacion y, desde luego, sin perder la visión de conjunto, que es la que da valor a la adopción del camino a seguir, (incluso por los que inicialmente se hubieran podido manifestar discrepantes), tendría valor y merecería respaldo su postura. Tammbién por los que resultaran afectados negativamente por la decisión, que sabrían a qué atenerse, por donde corregir, qué mejorar.

Nos ha pasado siempre, como un mal crónico. Cada vez que alguien se ve investido de la autoridad de su gorro de ratón, actúa a partir de ahí, ignorando gatoos (que hay, y muchos) y atosigando a quienes deberían ejercer de animales superiores, empeñados en defender lo suyo, pretendiendo que le asiste la Razon, el Interés y la Fuerza para oponerse contra cualquier Medida que pueda afectarle.

Y ganan. Porque no se hace nada, o muy poco, por avanzar en conjunto. Ni en Ambiente, ni en Energía, ni en Desarrollo, ni en Investigación, ni en Cultura, ni en Sanidad, ni en Educación.

Creo que no tenemos cura. De vez en cuando, la Historia nos concede una oportunidad de cambiar la orientación en la toma de decisiones, pero la desperdiciamos, desdpués de algunos fuegos de artificio.

Cuando el pais estaba en un nuevo punto de arranque, con una Constitució recién estrenada y, poco más tarde, con un equipo joven, ilusionado y deseoso de ofrecer lo mejor de si mismo, tuvimos esa oportunidad. Se perdió pronto, con la corrupción en el reparto de cargos, el premio a los que alardeaban de partido, la avidez por tomar posiciones particulares, el amiguismo y el nepotismo.

Desde entonces, seguimos a la deriva. Da igual que gobierne un partido político que otro. Los individuos que alcanzan esferas de poder, se empapizan con temas para los que carecen de criterio, no tienen la capacidad para atraer a los que saben más, no les escuchan cuando éstos hablan, y se concentran -siempre hay excepciones, pero pocas- en garantizar su posterior entrada en la empresa privada, cuando, con la formación y la información que han adquirido, se encontrarán libres de la carga (no se ve como un honor) de la responsabilidad de dirigir lo colectivo.

Pasa igual en las empresas, en la Universidad, en la Judicatura, en todos los órdenes del pais. Estaremos siempre empezando, empeñados en estériles discusiones sobre lo que convendría hacer. Con un guirigay de cabezas de ratón, opinando sobre lo suyo, sobre lo que les conviene.

Publicado en: Política, Sociedad Etiquetado como: colectivo, debate, gobierno

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