Al socaire

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Archivo de 2014

Si pudiera elegir

4 diciembre, 2014 By amarias Deja un comentario

Si pudiera elegir, me quedaría
con un atardecer junto a tu tiempo, y el regusto
del contacto de una mano de niño confiando en las nuestras,
y puestos a pedir, tener siempre algo especial,
bellas cosas por decirte.

Y para el caso de un viaje largo, lejos
de angustias y desgracias
quiero guardar siempre a punto un frasco de te quieros,
de me siento feliz de me gustas más que otras,
y tú que te lo creas, te conformes.

Esa imagen tan bella me acompaña
antes de dormir cuando no te tengo al lado,
es mi canción de cuna favorita,
nana para viejo peleado,
que a rienda suelta me conduce en un suspiro
hasta el sueño más profundo,
donde solo estoy yo, a trancas y barrancas
con lo poco que es mío.

Paz llena de alivios que querría tener a flor de labios
cuando me empiece a doler la herida del costado,
y deseo que me ayude a superar cuando me toque
pasar a no ser, hacerme de la nada,
tragarme la última pastilla.

(«Poemas de encargo», Angel Manuel Arias, 2005)

Publicado en: Poesía Etiquetado como: angel manuel arias, poemas de encargo, poesía, si pudiera elegir

Palabras

4 diciembre, 2014 By amarias Deja un comentario

Miré con desconfianza
la página en blanco
que tenía ante mí
y encontré que estaba ya llena
de palabras.

Separé con mis manos
el silencio del grito,
y me adentré,
desnudo y azorado
en un abismo sin fondo.

Recogí  cuantas pude.

Palabras, muchas palabras,
un cesto rebosante
de palabras.
Sonaron las sirenas.

Cuando apenas quedaba
tiempo para salir,
escapé.

Pasó la muerte.

Volví a mi casa,
sellando a cal y canto
huecos y ventanas.

Mañana es otro día.

(«El animal que hay en nosotros», Angel Manuel Arias, 2008)

Publicado en: Poesía Etiquetado como: angel manuel arias, el animal que hay en nosotros, muerte, otro día, palabras, poesía

Una reflexión acerca de la orientación del consumo

2 diciembre, 2014 By amarias 2 comentarios

Hace hoy cuatro años nació mi primera nieta, Carlota. Es muy lista -mis cuatro nietas lo son, pero ella siempre será la mayor-, aunque aún no sabe leer. Entre los muchos regalos que recibirá en este día -tiene abuelos entregados, tíos muy próximos, tíos abuelos al acecho de fechas importantes, amigos consecuentes de sus papás y compañeros de sus trabajos- no creo que nadie haya tenido, además de un servidor, la descabellada idea de entregarle un relato socioeconómico para que lo lea, no ahora (ni siquiera para que se lo lean ahora), sino cuando tenga edad suficiente para analizar las cosas que se le ocurrían a su abuelo Angel, y poder juzgar, entonces, si tenían algún sentido o eran solo elucubraciones propias de la edad tercera.

Claro que, a lo mejor, también hay alguna persona mayor que se interese ya hoy por este regalo singular a mi nieta Carlota, y le apetezca leerlo mientras tanto.

Querida nieta:

He pensado que muchos de estos movimientos que los gobiernos de la Unión Europea y, entre ellos, particularmente, el nuestro, dicen que están haciendo para generar actividad y empleo, no dejan de ser manotazos al aire de la economía. Que estamos en crisis, lo sabe todo el mundo.  Pero cómo salir de ella, ¿lo sabe alguien? ¿Se puede salir de esta crisis? ¿Todos, o solo unos cuántos? ¿En cuánto tiempo?

Cuando tú leas estas líneas, dentro de unos años (si es que no se han perdido en las cenizas del tiempo), las respuestas ya estarán dadas o serán muy fáciles de obtener, con solo mirar alrededor y contemplar lo que ha pasado. Hoy por hoy, en el momento de escribir estas elucubraciones (yo las llamo elucubraciones, para no inquietar a nadie, porque los pesimistas tenemos muy mala prensa), no hay consenso sobre lo que conviene hacer.

Los que toman las decisiones, (y los que, por estar fuera del Gobierno, no pueden tomarlas, sino solo criticar lo que hagan los que están haciendo como que saben por dónde van),  no se ponen de acuerdo sobren las medidas concretas que tendrían efecto seguro sobre esas dos variables que te he nombrado antes: actividad económica y empleo. Ni siquiera parece que conozcan, con certeza, cuál de las dos es la variable dependiente, o si las dos son dependientes de otras variables principales. Hay muchos estudiosos que dicen que han reflexionado sobre el asunto, aunque mi opinión es que lo han hecho sentados cómodamente en sus despachos calentitos de profesores universitarios, entre clase y clase de teoría.

Tengo fundadas sospechas (es decir, es mi opinión), que las dos variables se han hecho, hoy por hoy, ya bastante independientes (en relación con lo unidas que estaban hace uno o dos siglos, por ejemplo) y, lo que es más importante, me temo (otra opinión personal), que cada vez lo serán más, porque las tecnologías -sí, esa especie de monstruo de las galletas que devora empleo por aquí y genera actividad económica por allá, y, a veces, a saber dónde-, eliminan mucha mano de obra allí donde se aplican, y, ya habrás visto, se aplican con intensidad y frecuencia creciente.

Caminamos hacia un mundo muy, pero que muy, automatizado, y eso, que parece bueno o bonísimo, casi óptimo (todos hemos soñado con la idea de que alguien nos haga el trabajo mientras estamos tirados a la bartola), sería nefasto si resulta que todo aquello que la mayoría de nosotros sabríamos hacer, (porque nos lo han enseñado en las escuelas de formación  o lo hemos aprendido por nuestra cuenta), no tiene ninguna demanda.

Porque sabemos todos, y algunos lo hemos experimentado en nuestra carne, que lo que no tiene demanda, equivale a decir que nadie pagaría ni un chavo por ello, aunque nos pareciera lo más hermoso y útil del universo. (Por cierto, ya se que no habrá chavos cuando puedas leer esto por ti misma; ni siquiera los hay hoy, en verdad, esos chavos, cuando ésto escribo. Mi curiosidad para ese entonces en el que tú estás es: ¿hay alguna moneda en circulación, de las que sirven para comprar y gastar, o la mayoría de la gente, en el después, solo se dedica a cambiar unos productos por otros -habríamos vuelto a la economía del trueque-, o tal vez están a la espera de que su Banco les diga que ya tiene bitcoins en su cuenta personal?)

Se puede estar mucho tiempo discutiendo acerca de si las cosas van a evolucionar a peor o no, y si -como dicen algunos, en mi opinión, sin ningún fundamento claro – lo que va a suceder es bueno, ya que la humanidad demostrará, una vez más, ser tan inteligente, (de forma colectiva, claro: unos pocos perfeccionarán las tecnologías para que los que les pagan hagan con ellas lo que les convenga, que se va a encontrar la solución a los principales roblemas actuales y seguiremos avanzando (hacia donde creamos estar avanzando).

Al grano, Carlota. Lo que se me ha ocurrido es que lo más importante para estar seguros de que los desequilibrios del crecimiento ultra-rápido no nos descompongan gravemente nuestro sistema socioeconómico, (ahora tan precario en su equilibrio), debiera ser atender a lo que está pasando con el consumo. No hay que mirar solo a la producción, no. Encuentro que hay un error grave en que lo hagamos así. Porque estamos en un mundo de productores, que nos señalan, en su propio interés, que no es el nuestro, la mayor parte de lo que tenemos que consumir.

Debemos  darle la vuelta a la tortilla y mirar desde la perspectiva que nos importa a nosotros, a la mayoría. A los consumidores.

Fijémonos, pues, en el consumo, es mi mensaje. En lo que necesitamos consumir y en lo que queremos consumir para ser más felices, mejores, más iguales, en aquello que interesa que seamos más iguales, que no quiere, ni mucho menos, pretender que a todos se nos encaje en el mismo rasero.

La matriz que importa -me refiero a algo parecido a la matriz de Leontieff, que ya hace tiempo que dejó de estudiarse, pero aún tiene su migajita de interés para mí y, posiblemente, algunos pocos que andarán desperdigados por ahí, dando clases de teoría económica o enfrascados en la poesía lírica para su exclusivo recreo- es el punto de vista del consumo.

Pongámonos, pues, a concretar y definir lo que nos interesa consumir a los consumidores. (Parece un juego de palabras, pero no se me ha ocurrido otra forma de resaltar que las personas no nacemos consumidoras, y que solo lo somos, cuando consumimos, que es una parte pequeña de nuestro tiempo, pues también somos productores, y amigos de divertirnos, y aprendices de brujo, y…). A partir de ahí, deduciremos si somos capaces de producirlo, con qué medios, dónde y con el propósito de hacerlo de la manera más eficiente de todas las posibles.

¿Qué cuál es? ¡La más barata que nos permita cubrir la necesidad y, si no es la de menor coste respecto a las alternativas (que eso es ser la más barata), la que nos apetezca mantener, pero porque lo hayamos decidido nosotros, los que hemos fijado la calidad del producto que consideramos más interesante en relación con el objetivo! (por ejemplo, para preservar el medio ambiente, o mejorar el empleo de una zona, o llevar energía, agua y servicios de sanidad para todos, o ayudar a un sector de la población a salir adelante de una catástrofe… )

Hay varias formas de llegar desde el consumo a la producción, -no digo que sea sencillo, hay que ponerse a ello- y algunas nos vienen señaladas por lo que se seguirá llamando, mientras el mundo sea mundo, factores de conversión. Los que yo propongo utilizar son los factores inversos, no los directos. ¿Cuánto hace falta producir de cada cosa para satisfacer este consumo? ¿Cuánta superficie tenemos que sembrar para tener, por ejemplo, las doscientas toneladas de tomates, trescientas de patata, veinte de remolacha,…que queremos consumir? ¿Cuántos agricultores? ¿Cuántos camiones para transportarlas a los mercados? ¿Cuántos conductores de camión? ¿Cuántos…?

Y así, con todo.

Me repito algo, pero como no sé la edad que tendrás cuando puedas leerme, y mucho menos, la edad en que tendrás capacidad para entenderme, voy a dar una vuelta más al argumento.

Lo sustancial es saber, y definir, cómo alcanzar de forma verdaderamente interesante para la mayoría, la producción de un bien, de cualquiera de los bienes que deseamos consumir, porque hemos tomado antes la decisión de que nos apetece tenerlo, hacerlo, disfrutar de él.

Puede ser que lo consigamos explotando racionalmente los recursos naturales (decimos ahora, de forma sostenible, pero hay que advertir que los sostenible no lo puede decidir un grupo empresarial, ni siquiera un Estado, sino que hay que medirlo con neutralidad, a escala de toda la Tierra).

Tampoco es complicado saber lo que es sostenible: lo es si lo que necesitamos para producirlo es igual o menor que lo que desaparece cuando lo consumimos. Puede que lo consigamos fabricando un bien intermedio a partir de los beneficios que podamos generar en otro lado. Puede que sea necesario inventar alguna forma nueva, por ejemplo, de curar enfermedades, de prolongar la vida, de hacer más confortable la existencia de los ancianos, de los que sufren adversidades físicas, de los que no tienen tanta formación o información.

Tenemos que calcular con cuidado que lo que necesitamos consumir no haga desaparecer para siempre lo que necesitamos para producirlo. Eso nos obliga a ser muy cuidadosos a la hora de planificar nuestro consumo.

Tenemos que analizar, siempre de atrás hacia adelante, del final a la cabecera, cómo se distribuye toda esa cadena de consumidores-intermediarios- productores, teniendo en cuenta que los que mandan y marcan lo que hay que producir y cómo, seremos nosotros, los futuros compradores, los que los necesitamos.

Así, si se trata de un producto natural, sabríamos cuánto interesa extraer ahora -lo justo-, guardando las reservas para otro momento, sin agotarlas ni despilfarrarlas, sabiendo que otros necesitarán también lo mismo, o más, o mejor.

Si se trata de un producto derivado, se fabricará en la cantidad exclusiva para cubrir exactamente la demanda. No vamos a querer -¿verdad?- ni aparatos que consuman más productos naturales de los que podemos producir, ni más juegos ridículos que nos idioticen, ni más coches tan veloces que nunca podamos utilizar a las prestaciones teóricas de su fantástico diseño, ni maquinitas que nos aislen de los demás, encerrándonos en nuestra soledad de profundidad interminable…

Si hemos calculado mal y  hemos agotado lo que producimos sin cubrir todas las necesidades de todos, lanzaremos un nuevo pedido urgente a los centros de producción más eficientes, y lo tendremos inmediatamente el cálculo para corregirlo la próxima vez. Si se ha producido de más, o se ha estropeado una parte, guardaremos el excedente para otro uso posterior, conservándolo con cuidado, o reciclaremos o recuperaremos, hasta donde sea posible, lo inservible para su destino original, aprovechando la energía que aún contiene su materia.

Habrá que ponerte ejemplos, porque ya se que, incluso ahora, en que aún eres muy pequeña, te gustan los ejemplos concretos y, por supuesto, infiero que cuando seas más mayor, y más juiciosa todavía, te gustarán mucho más.

Tomemos  por ello, como ejemplo, el consumo de los funcionarios: del dinero de que dispongan, una parte se dedicará a comprar alimentos, ropa, y otros bienes de consumo propio o familiar; ese dinero o disponibilidad económica, irá a parar (ahora) a los cadenas de distribución de alimentos o vestidos (cada vez menos, al tendero de la esquina), que obtendrán beneficios, tal vez importantes, porque, a través de sus intermediarios (que ganarán algo cada uno), son capaces de comprar barato a los agricultores, ganaderos o a los que confeccionan los trajes y zapatos, tal vez en países aún pobres en donde las gentes ganan poco.

De esa manera, los que producen esas materias imprescindibles para vivir y sentirse abrigados o frescos, e incluso pasarlo algo mejor, a veces tienen que vender por debajo de lo que les cuesta y, casi siempre, mucho más barato de lo que el consumidor paga por ello. Y como nadie se preocupa (o poco) de repartirlo bien, para que llegue a los que no pueden pagárselo, incluso habrá muchas veces (así sucede ahora) en que, para mantener los precios o porque no llega a tiempo al punto en donde podría consumirse, se pierde. No digamos si, además, nadie ha calculado cuánto es, de verdad, necesario producir para que todos los que  consumen tengan lo necesario. ¡Aunque no puedan pagarlo de momento!

No te quiero complicar la historia, sino solo que te imagines toda la cadena de personas que se sostiene -no solo con el dinero de los funcionarios españoles, claro- con ese flujo de dinero, que tienes que tener presente de dónde proviene: de los impuestos que pagan los ciudadanos de cada país.

Podíamos seguir también el rastro de la parte que los funcionarios pueden dedicar a comprar viviendas, a alquilarlas, o a disfrutar de su ocio. Así construiríamos una cadena de gasto y consumo que nos llevaría hasta el destino final de ese flujo de dineros; los productores, constructores, terratenientes, especuladores, etc. Unos, bien intencionados; otros -¿los más?- egoístas y ávidos de acumular para sí.

Pensemos ahora en un trabajador de una empresa. En la parte inferior de la pirámide de salarios, están aquellos que apenas ganan lo suficiente para cubrir sus necesidades básicas (algunos, ay, ni siquiera eso). El dinero que entreguen a sus proveedores seguirá un camino parecido al del dinero del salario de los funcionarios. Solo que el origen de lo que reciben debe provenir de una actividad de producción o servicios regida por el mercado.

Atención, Carlota. El trabajo de los funcionarios es muy importante, y no debes interpretar, ¡al contrario!, que no son necesarios: son imprescindibles, pero no tengo tiempo ahora para explicarte por qué. Lo que quiero decir ahora, porque me importa más a este relato, es que los que trabajan para el mercado tienen que obtener la productividad que justifica sus salarios a base de lograr que el valor añadido de lo que fabrican o realizan es positivo: lo que venden sus empresas tiene que dejar beneficio respecto a lo que les ha costado lo que necesitan para producirlo.

¡Santo Dios! me dirás. ¿A dónde quieres llegar, abuelo?. Tranquila, estamos casi al final de esta historia. Lo que compran los asalariados que menos cobran, sean funcionarios o trabajadores de empresas privadas, o autónomos de cualquier tipo, está, fundamentalmente, dedicado a productos de primera necesidad.

Puede que paguen mucho más de lo que van a recibir los que han cuidado las hortalizas en el campo o confeccionado los vestidos y zapatos en un sótano de la India, Bangladesh o Madrid, pero lo que importe es que, por el camino, diversos intermediarios -incluso de otros países-, algunos de ellos, quizá, grandes empresas, se habrán quedado con las diferencias. Y las emplearán en lo que les apetezca comprar, porque, para ellos, son sus beneficios. Si los emplean en montar más empresas y poner ese dinero nuevamente en circulación, y lo hacen en el país en donde se generó el beneficio, vamos bien. Si lo emplean en otros países, los que irán bien serán los ciudadanos de allí. En otro caso, si el dinero permanece congelado, improductivo, estéril, es un desastre para todos.

La parte que más interesa saber a dónde va es la que corresponde a aquellos productos que no son de primera necesidad. La sociedad de consumo nos está continuamente bombardeando con anuncios muy seductores: electrodomésticos que hacen maravillas (muchas de ellas, estrambóticas o inútiles), aparatos reproductores de imágenes o música, espectáculos con figuras sobrehumanas alimentadas de fantasía generada en estudios electrónicos, vehículos con prestaciones muchas de las cuales jamás utilizaremos, viajes exóticos, etc. etc. ¿Quién se va a quedar con los beneficios generados por todo ese mundo de avidez y apetencias teledirigido, cuya base es que pocas veces sabremos el coste exacto de producir las mercancías, y por tanto, no sabremos el precio justo, sino que, simplemente, nos hemos guiado porque nos apetece tenerlo en nuestro poder?

Pues aquí está mi mensaje, Carlota, y me repito nuevamente. Fijémonos en quién está al final de la cadena de producción,  a partir del consumo específico y preguntémonos qué está haciendo con el dinero que va acumulando, al recolectar los beneficios del trabajo de muchos. ¿Lo pone en circulación, lo invierte en otros países, compra tierras, se hace una mansión o varias aún más lujosas, crea una fundación, adquiere cuadros para su colección privada….?

He aquí la obligación más importante de una sociedad responsable de su futuro: controlar la reutilización constante de las plusvalías que se generen colectivamente, de forma que produzcan más, y, sobre todo, que se distribuyan bien. Y mi indicación es que, en cuanto puedan y tengan voluntad para hacerlo bien, lo hagan mirando hacia atrás desde el consumo, y canalizando las apetencias de la mayoría para evitar despilfarros o acumulaciones interesadas de plusvalías colectivas.

Ese es mi regalo, querida nieta. No es una muñeca, ni un vestido de hadas, ni se puede comer como un chuche, ni siquiera te va a divertir como los cuentos que te cuenta, para que duermas mejor, la abuela Chus, cuando tus papás te dejan con nosotros algún día.

Tu abuelo Angel es, posiblemente, uno de los abuelos más aburridos del mundo para una nieta de tu edad. ¿ O no?

Un beso y, por supuesto, Happy Birthday! (Te lo dicen así, ¿verdad?)

Publicado en: Economía Etiquetado como: Carlota, cumpleaños, nieta, producción, sociedad de consumo

La UICM en el CONAMA

1 diciembre, 2014 By amarias Deja un comentario

Los acrónimos que utilizo en el título de este Comentario no dirán mucho a los que no estén en esos ajos, por eso, en el espacio más amplio que proporcionan las interioridades del mismo, lo despliego: La Unión Interprofesional de la Comunidad de Madrid, en el Congreso Nacional de Medio Ambiente.

El Conama, el Congreso ambiental más importante de cuantos se celebran en España, es creación particular de Gonzalo Echagüe, decano del Colegio de Físicos y presidente de la Fundación que lleva ese nombre. Lleva ya doce convocatorias, con ritmo bienal; es decir, cumplió 22 años de andadura, desde 1992.

La UICM nació hace años con la intención de agrupar a todos los Colegios de Madrid, aunque, con el declinar económico y la reducción del músculo de la sociedad civil, en este momento el número de miembros ha quedado reducido a la treintena.

Tantos pormenores no tendrían cabida en este blog personal, sino fuera porque el 27 de noviembre de 2014, la UICM, como viene haciendo desde que yo guardo memoria de esta colaboración, ha vuelto a participar en el Conama, y lo ha hecho en esta ocasión con una actividad relacionada con la Creación de Empleo y la Sostenibilidad. El acto fue inaugurado conjuntamente por la presidenta de la UICM -Sonia Gumpert Melgosa- (que es decana del Colegio de Abogados de Madrid)  y el viceconsejero de Medio Ambiente y Ordenación del Territorio de la Comunidad matritense, Enrique Ruiz Escudero.

Fue un acto con múltiples actores. Se entregaron los premios a las tres mejores propuestas de proyectos relacionados con sostenibilidad y creación de empleo y sus autores los resumieron en una corta intervención (1): Marta García Benito leyó el Acta. El coordinador general de Sostenibilidad y Movilidad del Ayuntamiento de Madrid, Javier Rubio de Urquía, presentó la iniciativa Madrid Subterra, que pretende el aprovechamiento de las energías del subsuelo de la capital. José Manuel González Estévez, del colegio de Químicos, hizo un resumen de las actividades desarrolladas por la Comisión de Medio Ambiente de la UICM desde su creación.

Ah, y quien esto escribe, hizo de presentador y conductor del Acto. Que resultó, por lo que tengo oído, entretenido. Así también me lo pareció a mí, y le doy el mérito a todos cuantos intervinieron, sin olvidar a Nuria Salou y a Miriam Aragonés que se encargaron, con profesionalidad y entrega, de toda la intendencia.

—–

(1)

Los premiados, ex aequo, fueron éstos:

1) Proyecto “R3F. SUELO RADIANTE REMOVIBLE” (Removable Radiant Floor, con especial aplicación a catedrales y otros recintos abiertos al público), presentado por dos integrantes de LYCEA ARQUITECTURA E INGENIERÍA, por su originalidad, concreción, capacidad generadora de empleo y aplicabilidad inmediata.

2) Proyecto  “APLICACIÓN DE UNA RED ELÉCTRICA INTELIGENTE (SMART-GRID) A LA RED ELÉCTRICA FERROVIARIA ESPAÑOLA”, presentado por D. Israel Herrero Sánchez, por su propuesta novedosa en España, y las perspectivas positivas respecto a la reducción de gasto energético y mejora de las prestaciones ferroviarias.

3) Proyecto de “UNA PLANTA DE VALORIZACIÓN DE RESÍDUOS LÍQUIDOS CON ALTA CARGA ORGÁNICA”, presentado por D. Carlos Alberto Romero Batallán, por su carácter original, el trabajo de laboratorio realizado y las posibilidades de desarrollo ulterior que presenta.

 

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Renuevo generacional

27 noviembre, 2014 By amarias Deja un comentario

En nuestro pequeño país se está hablando mucho, otra vez, de renovación generacional. Nuevas caras, en efecto, de jóvenes que están en su treintena -e incluso no la alcanzaron todavía- han ocupado algunos puestos de relevancia.

Sobre todo en política. Porque, la verdad sea dicha, en las empresas -especialmente en los grupos de cierta entidad- las modificaciones en los lugares donde se toman decisiones no son tan importantes.

Si nos ceñimos a analizar lo que está sucediendo en España en el marco político, deduciríamos sin problemas que la razón principal por la que personas sin experiencia significativa anterior ocupan los lugares de mayor proyección mediática es por abandono de sus mayores, conscientes de pronto del desgaste que produce a la imagen de los partidos un rostro muy visto y, especialmente, si la formación política -o sindical- está contaminada por casos de corrupción.

Claro que el ejemplo de lo que pasa en el Partido Popular es excepcional, puesto que, aunque en segundas líneas destacan (es un decir) cabezas más juveniles, el tono cansino del Presidente Rajoy y sus mensajes pontificales inanes dotan a esta formación de un gusto a rancio que quizá es solo reflejo del alcanfor con que se conservan las esencias propias de la derecha patria.

Entre los nuevos partidos, Podemos y Ciudadanos tienen de momento, según las encuestas, las mejores posibilidades de seguir ganando votos. Las pieles tersas y las meninges ilusionadas y frescachonas han introducido un nuevo hacer política, más orientado a los modos que a los fondos.

Vox me huele a viejuno, y, sobre todo, suena a hueco. El PSOE e Izquierda Unida (plural o no) están en una fase de reconstrucción interna de tal magnitud que me hace temer que, de tanto querer cambiar mensajes, los pintores se queden con las brochas en la mano.

Por eso, llamo la atención del riesgo de abandonar a los que tienen experiencia, reduciéndolos al ostracismo injusto. Vale para todos. No se vea en los mayores, porque sería un error imperdonable, solo las manchas de corrupción, agotamiento o incapacidad. Hay muchos que peinan canas que son, no ya aprovechables, sino imprescindibles, si se quiere avanzar sin equivocarse o corregir sin despropósitos.

Tampoco se vea en los jóvenes, porque sería un desliz muy grave, solo la capacidad de cambiar, trastocándolo todo. La Humanidad es vieja en intentos fallidos y en ilusiones despilfarradas. No por ser joven se es mejor ni más honesto, y no por ser joven, desde luego, se es más inteligente ni -claro está- se puede alardear de tener más conocimiento.

Consigamos que, en esta hora de reflexión renovadora, los equipos del buen querer hacer se conformen combinando personas de todas las generaciones útiles, siempre que evidencien su honestidad, su cordura, sus ganas de trabajar por mejorar las cosas. Y, sobre todo, no permitamos que, por exceso de empuje y cortedad de experiencia, las ilusiones se estrellen contra las paredes de lo imposible.

 

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Concedidos los Premios del IX Certamen Nacional de Escritores ingenieros de Minas

24 noviembre, 2014 By amarias Deja un comentario

Acabo de recibir el Acta de la concesión de los premios al IX Certamen Nacional de Escritores ingenieros de Minas, firmada por Da. Carmen Ruiz-Tilve Arias, D. Manuel Herrero Montoto y D. Miguel Rodríguez Muñoz.

El primer premio ha sido otorgado, por unanimidad, a D. Fernando Mendieta Benedicto, por «La leyenda de…»

Me presenté al Certamen, con mi relato «Fragmentos de una investigación», bajo el lema Achernar, que no obtuvo Premio ni mención alguna.

Al tiempo que felicito a los premiados, al no haber sido considerado merecedor de publicación por parte del Jurado, entiendo quedo libre para hacerlo en los lugares que me plazca, por lo que incorporo el mismo a este blog, para su posible disfrute, al margen de premios y favores.

Fragmentos de una investigación

A las once y media del jueves, 6 de noviembre de 2014, Maurice Godward detectó un agradable olor a cacao  en el aire que entraba por la ventana abierta del aula. Acababa de impartir su clase diaria de Fotónica aplicada a los alumnos de Ingeniería de Materiales en la Universidad de Ciencia y Tecnología de Kumasi.  Quizás fuera éste el último día de la temporada de lluvias.

Atrás en su memoria, quedaba la parte de su vida que había consumido en Estados Unidos, en donde  había desarrollado una brillante carrera como ingeniero nuclear, concentrada durante años en la generación y aplicaciones de los positrones. Es decir, en la extracción de recursos de la antimateria.

Contrariando lo abstracto o pretencioso que a cualquier lego le pudiera parecer ese sector de actividad, Godward se consideraba “simple aventurero por terrenos desconocidos”, según había manifestado en 2003 a un redactor de la prestigiosa publicación Scientific American.

Sin embargo, catalogar a Maurice no hubiera resultado sencillo. Ni justo, encasillar su compleja personalidad en un modelo preconcebido. El grupo de trabajo de la Universidad de Stanford, Palo Alto, que pretendía detectar las características relevantes atribuibles a los investigadores profesionales, lo definió como “Intuitivo y asistemático”.  Es decir, atípico.

“¿Asistemático?” se limitó a replicar en la nota al margen, con la que devolvió la valoración de sus resultados al equipo que realizó el estudio.

Si cada existencia fuera una peculiar respuesta personal contra el desorden externo, la brújula de Maurice cambió de dirección el día en que murió Jane –su primera esposa-.

Fue el 4 de marzo de 2007, domingo, a las 4 horas 45 de la madrugada. Nevaba en Tennessee. El mundo de interés de Maurice Godward se desplomó.

Jane había sido su ayudante de laboratorio. Eficaz, tímida, voluntariosa. Ambos figuraban adscritos como docentes profesionales al mismo programa de doctorado del Instituto de Tullahoma, en la Universidad of Tennessee—Knoxville. Aún disponían de cuatro años antes de renovar su tercer contrato por otros diez.

Como amante, Jane era frígida. Como investigadora, era genial. Experta en analizar las interacciones de rayos laser y materiales compuestos, bajo la influencia de campos electromagnéticos, había desarrollado una línea de investigación apasionante.

“Jane fue colaboradora irremplazable”, reconoció en la carta de baja voluntaria que Maurice entregó al decano, a las dos semanas exactas del funeral. “Estamos hechos de polvo y permanecemos sobre el filo de los tiempos, sin ser capaces de entender aún la razón”, añadió, repitiendo la glosa del Confiteor. “Sin Jane a mi lado, me siento inerme”.  Unable, fue la palabra elegida.

Admitir que Jane había sido soporte fundamental en su trabajo, por el que fue incluso propuesto como precandidato al Premio Nobel de Física en 2003, era justo, pero hacerlo en el momento del duelo, reflejaba la consciencia de su desamparo.

Jane le había venido proporcionando las razones para alimentar su pedestal de genio, regalándole, espléndida, los frutos de sus propias conclusiones, dejando que Maurice las administrase como quisiera; atribuyéndoselas si así le apetecía. Y le había apetecido casi siempre, absorbiéndola. Neutralizándola.

Aunque la naturaleza no les había concedido tener hijos, la compensación consistía en sembrar de inquietudes los cerebros de las decenas de jóvenes inteligentes que, año tras año, se ponían a su alcance, inoculándoles el ansia de saber más acerca de la posibilidad remota de controlar la producción de antimateria.

También esa idea era de Jane. Estaba convencida de que los alumnos eran su descendencia. Se convertirían en su continuación, si conseguían inocularles los alelos espirituales de la inquietud por descubrir lo que estaba pasando por la esencia del cosmos. Una raza mística de la que saldrían los campeones que recogerían el testigo en la carrera de obstáculos en la que Jane imaginaba el desarrollo de la inteligencia, es decir, lo intangible, y cuyo premio era desentrañar, por fin, el misterio de la evolución de la materia.

-Maurice, la investigación está madura… Creo haber encontrado el principio por el que la energía evoluciona selectivamente en determinadas formas de materia…

-Descansa, querida. –prometía Maurice, apretando la mano lánguida de su esposa, agotada por el sufrimiento-.

-Los positrones….-musitaba Jane, en frases entrecortadas- pueden estabilizarse…en otro universo…

Jane, sin remedios para su metástasis, vencida su inteligencia por analgésicos que la conducían al definitivo sopor de la inconsciencia, repetía entre ayes de dolor: “Otro universo…imaginable…”

“Un ejemplo de la aplicación general de la teoría de la evolución bajo campos electromagnéticos” fue el título del proyecto con el que se había propuesto, al parecer, condensar sus hallazgos. Maurice descubrió el archivo al revisar el ordenador de trabajo de Jane. Estaba vacío. Le había faltado tiempo para escribir más.

Con su muerte, Maurice admitió que, sin su protección, sepultado entre talentos muy superiores al suyo, desenmascarada su mediocridad, había quedado relegado al mero papel de estrella gigante roja, destello terminal en la constelación de la investigación científica. Como Betelgeuse en Orión, estaba destinado a apagarse para siempre.

Habían pasado siete años desde entonces. Comenzaron por un túnel de alcoholismo y desgana, el intento chapucero de suicidio, y, después de un tratamiento de desintoxicación, se abrieron, felizmente, nuevas esperanzas.

El 19 de enero de 2009, Maurice se postuló, como profesor invitado, en la Universidad de Kumasi, la Kwame Nkrumah University of Science and Technology, conocida como la KNUST. La convocatoria se abría a doctores con experiencia docente de, al menos, diez años, y comprendía varias disciplinas en las que podía encajar.

No sabía entonces nada de Ghana, ni del nivel de estudios que encontraría en los alumnos, ni era consciente de las exigencias más elementales con las que tendría que enfrentarse para sobrevivir. ¿Habría elefantes, cocodrilos, leones, monos? ¿Se encontraba Kumasi en medio de una selva tropical, o estaba enclavada en un desierto en donde proliferarían serpientes y alacranes?

En realidad, Maurice solo buscaba la oportunidad de abrir una vía en la jungla de su personal desamparo. Una mirada en Google Map le sirvió para fijarse en la gran mancha azul del Lago Volta: Ghana no era el Sáhara, pues. Otro descubrimiento feliz: el inglés se encontraba entre los idiomas oficiales del país y era, junto al chino, la lengua en la que estaba admitido impartir la docencia.

Rellenó los formularios, sugirió su encaje como profesor en tres o cuatro asignaturas de los últimos cursos de Ingeniería de Materiales, y los envió a la dirección que se indicaba en la convocatoria. Adjuntó varios pdf con los certificados que se exigían –añadió alguno más- y la declaración jurada de no estar incurso en ninguna investigación judicial, ni inhabilitado para ejercer sus derechos civiles, ni sometido a la obligación de guardar secreto militar por razón de su trabajo anterior.

A los pocos días –el 20 de febrero de 2009-, el departamento de Contrataciones de la Universidad de Ciencia y Tecnología de Kumasi le envió los ejemplares del contrato como profesor encargado de Fotónica aplicada.

En el correo, le indicaban que Miss Abena Comfort Annan sería su contacto para ayudarle en los trámites administrativos y facilitarle la acomodación al país. Ella y un conductor le esperarían el día de su conveniencia del mayo siguiente -¿le parecería adecuado el día 27, miércoles?- en el aeropuerto de Accra (Kotoka International Airport) para conducirlo hasta Kumasi. Dejaban a su cargo obtener el visado y los billetes necesarios para conectar Tennessee con Accra, pues desconocían –admitían en su amable escrito- si habría enlaces directos, asegurándole que, desde luego,  el coste del vuelo de ida le sería totalmente reembolsado.

Fotónica aplicada era una disciplina interesante, aunque algo distante de la experiencia investigadora de Maurice; a Jane, en cambio, le hubiera encantado.

¿Se puede empezar otra vida cuando se está cercano a cumplir los cincuenta años, en un país del que se ignora lo más elemental, y en el que, en cualquier sitio a donde se vaya, sería detectado de inmediato como blanco, rico, intelectual y excéntrico? Habría que intentarlo.

Kumasi, con más de dos millones de habitantes, es una ciudad tumultuosa y desorganizada, enclavada en un paisaje lleno de contrastes, escenario de la lucha entre la naturaleza rebelde a dejarse modificar y la impetuosa demografía humana empeñada en provocar su deterioro irreversible. Una urbe fascinante, compleja, vital.

Maurice se había tenido que vacunar contra la malaria y la fiebre amarilla y a las tres semanas de su llegada temió morir, víctima de una gastroenteritis infecciosa. El 5 de octubre de 2009, cuando se encontró dando su primera clase en la KNUST, inició el proceso que le recuperaba para la nueva existencia. Su adaptación al nuevo entorno se produjo de forma tan sólida, que decidió quedarse en Ghana para siempre. Abena Comfort  había sido el catalizador de tal transformación.

A las once y treinta y dos del seis de noviembre de 2014, Maurice desconectó el ordenador portátil y recogió de la mesa, para meterlas en el maletín, varias  hojas con las notas en las que se había apoyado para subrayar algunos de los conceptos que podrían resultar más oscuros. Los alumnos permanecieron quietos, esperando a que, como acostumbraba, concretase el tema que trataría al día siguiente.

Dirigiendo la vista a un punto indeterminado de los primeros bancos, anunció:

-Mañana me alejaré del programa. Comentaré con Vds. las últimas teorías sobre la evolución de nuestro sistema solar hasta su previsible final. Analizaremos cómo se modelaron los planetas y por qué se descomponen.

Tuvo la sensación de que alguien le estaba dictando las palabras.

-Las ondas de energía interna, al chocar contra la coraza impenetrable del espacio exterior, se vuelven materia inestable. Para sacar máximo provecho de la disertación de mañana, les sugiero que repasen sus apuntes de cálculo tensorial. También será conveniente refrescar la aplicación del teorema de Bayes a dominios indeterminados.

Se suscitó un murmullo, provocado por los comentarios y cábalas de los estudiantes más inquietos, del que sobresalió la voz de Mary Aqua, nacida un miércoles.

-Profesor Godward: ¿Cree que la física tiene explicación para cualquier evolución de la materia? ¡Cuando miramos las cosas en detalle, todo son anomalías! Nuestro cerebro es una gran anomalía, ¿verdad?

Maurice levantó la cabeza para dirigirse a Mary Aqua, una bella joven de  la tribu manjago, considerada entre los más inteligentes e imaginativos del grupo. A su clase, solamente asistían ahora tres mujeres, pues otras dos que también se habían apuntado al principio, abandonaron el curso para casarse. Pontificó:

-La física tiene grandes soluciones, pero no para las mejores preguntas.

Mientras se dirigía hacia la puerta, lanzó este reto:

-Mary Aqua ha expresado una preocupación interesante, para la que no se tiene respuesta todavía. Tal vez alguno de Vds., la encuentre un día. Después de la clase, realizaremos en el laboratorio, algunos experimentos que probarán que los haces de iones de muy alta energía pueden adulterar la naturaleza de la materia sobre la que inciden. Y aquí viene lo interesante: un observador que estuviera dentro del sistema,  consideraría que estamos causando daños sobre ella; visto desde fuera, deberían tratarse como un resultado, es decir, un éxito.

Salió del aula. Condujo su todoterreno de segunda mano por el camino, a ratos barrizal, de quince kilómetros trescientos cincuenta metros que separaba el campus de su casa, situada en Kentinkrono. A las once cuarenta y siete volvió a presentársele el dolor de cabeza que le asaltaba de vez en cuando. Añadido a la penosa necesidad de tener que levantarse varias veces por la noche para ir al baño, resultaba una seria advertencia de que su reloj vital estaba avanzando velozmente para que su cerebro se convirtiera en antimateria.

Maurice vivía en un chalet con siete habitaciones y tres cuartos de baño. Un edificio desmesurado para sus propias necesidades y ostentoso para el nivel de vida de los habitantes del entorno, que había sido imaginado como sede de una multinacional que nunca llegó a instalarse. El profesor lo había comprado a medio construir, cuando, apenas llegado a Ghana, le explicaron que el campus no tenía aún terminados los alojamientos para profesores.

La casa necesitaba arreglos y, a pesar de ello, el aspecto exterior era engañoso. Como su porte destacaba sobre los alojamientos del área, la llamaban “el palacio del profesor”.  Maurice Godward la había convertido en algo más que su casa particular. Era también un albergue para cuatro o cinco de sus mejores estudiantes, a los que seleccionaba anualmente, en una competición de excelencia. Para los alumnos equivalía a una beca, puesto que no cobraba nada por el alojamiento y les dejaba utilizar la cocina.

A las 12 horas y tres minutos, sus meditaciones fueron interrumpidas por el móvil, que sonaba insistente. Sin abandonar el volante, miró la pantalla del aparato y comprobó que quien llamaba era Abena Comfort, nacida en martes. Sintió un pinchazo en la espalda, como consecuencia del movimiento brusco con el que intentó coger el teléfono. El aparato dejó de emitir señales y, puesto que estaba llegando a casa, no intentó devolver la llamada.

Con Abena compartía su determinación de vivir mientras fuera posible. Para la mayoría de los ghaneses, cuya edad no superaba los treinta años, Maurice era ya un superviviente. Así también lo admitía él mismo. Se había convertido en el protector de Abena. Ella, a cabio, le cuidaba, lavaba la ropa, cocinaba, le enseñaba con inagotable paciencia la dificultosa lengua akan e incluso le impulsaba a arrugar las sábanas con esporádicas demostraciones de cariño, que él agradecía como se respeta la voluntad de una diosa.

No le sorprendió verla, junto al murete de entrada a la casa, esperándolo con el pequeño Gary Kuesi Godward, nacido en domingo, en sus brazos. Pero sí le extrañó advertir que un vehículo con la bandera tricolor estaba aparcado en el callejón.

-¿Ha pasado algo? –preguntó, dando un beso a la joven y acariciando al niño, de unos dos años. No era su hijo, aunque lo había adoptado como suyo. Algunos vecinos y colegas de Universidad, murmuraban a sus espaldas que  parecía ligeramente mulato.

-Han traído esta carta del Ministerio de Defensa. –dijo Abena.

Le alargó, sin soltar al pequeño Kuesi, el sobre que mantenía sujeto bajo la axila. Olía a desodorante y a almizcle. Maurice lo cogió y, en la solapa leyó su nombre, mal escrito: Professor Dr. Gokard, Kwame Nkrumah University of Science and Technology.

Lo abrió de inmediato. No conocía al Ministro de Defensa. Solo en una ocasión había tenido la oportunidad de saludar al Presidente de la República, cuando se inauguró el Laboratorio de Física Experimental, el 7 de agosto de 2012, donación del Winnington Group de Hong Kong.

Dentro del sobre había un tarjetón, con el escudo de Ghana y el membrete del Ministerio en color. Se le convocaba a una reunión para el día siguiente, 4 de noviembre de 2014, a las ocho de la mañana. Alguien había escrito de su puño y letra: “Su presencia es requerida como imprescindible”. La mano había subrayado la palabra “imperative”. Abena Comfort habló entonces nuevamente.

-El hombre que trajo la carta está ahí fuera.

Maurice no la entendió bien.

-¿Está esperando respuesta?

El profesor se volvió a tiempo para comprobar que el tipo uniformado que se ocultaba dentro del vehículo oficial, se había bajado del coche. De manera educada, con una sonrisa radiante que mostraba su dentadura inmaculada, expresó, como si hubiera estado atento al desarrollo de la conversación anterior, avanzando unos pasos:

-Dr. Gokard, estoy aquí para llevarle a Accra. Le volveré a traer mañana, después de la reunión. Tiene hotel reservado para esta noche.

-¿Tan urgente es? –preguntó Maurice, ahogando la sorpresa en cierta incomodidad.

-No lo sé. El viceministro me ordenó que no volviera sin usted.

Entonces se dio cuenta de que Abena Comfort lo tenía todo previsto para el viaje. Le había preparado un bolso de mano con el traje de celebraciones –no tenía otro-, una camisa, muda, maquinilla de afeitar, loción, y el ejemplar de la Biblia que acostumbraba a hojear cuando no podía conciliar el sueño.

-También metí el cd de Rhian Benson que pensaba regalarte para tu cumpleaños –confesó la joven, señalando el maletín de viaje que reposaba en el suelo-. En la bolsa hay bocadillos de pollo y cervezas para el camino.

Maurice guardó la carta en un bolsillo, se agachó y abrió uno de los laterales del bolso, en donde estaba la carátula de Say how I feel; en el otro lateral, abultaban dos envoltorios de papel de aluminio y cuatro latas de cerveza.

A las 12 horas y veintidós minutos, le vino a la cabeza que seguramente el objeto de aquel despliegue de búsqueda y captura hacia su persona podría ser debido a que la Administración ghanesa quería agradecerle con alguna distinción los servicios que venía prestando a la Universidad de Ciencias. Fantaseó que, incluso, cabría la posibilidad de que le nombraran ciudadano honorario de la república de Ghana… si tal distinción existiera. Pero, ¡qué diablos! ¿Por qué habría de movilizarse el ministerio de Defensa para otorgarle su mejor galardón a un norteamericano carente de pedigrí político? ¿Habrían imaginado que les ayudaría a fabricar una bomba atómica?

A las 12h 28 min Maurice se sintió dispuesto a aclarar a las gentes del Ministerio, llegado el caso, antes mismo de empezar cualquier reunión, que él, Maurice ex Betelgeuse Godward, no tenía más noción de lo que sería necesario para confeccionar un artefacto nuclear que la que podría extraerse directamente de la Wikipedia. Les pondría de manifiesto de inmediato que solo pretendía estudiar mejor los efectos de la amorfización en ciertas estructuras cristalinas, al bombardearlas con positrones.

Se despidió de Abena con un beso en la frente –así acostumbraba a manifestar su afecto por ella en público, poniéndose casi de puntillas, pues era más alta- y le susurró al oído:

-Hasta mañana, mi pequeña. Serán buenas noticias. Cuida de Kuesi y de tí.

La capital estaba distante doscientos setenta y dos kilómetros. Si bien la autovía Kumatsu-Accra se había dado oficialmente por terminada, en algunos tramos, debido a la lluvia y a la falta de mantenimiento, aparecía enfangada y resbaladiza. Sabía que tenía ante sí algo más de tres horas de implacable penitencia para su espalda sensible.

El conductor era una persona educada, con tendencia a mantenerse silente. Puede que se sintiera inseguro con el inglés. Pronto se desveló como aficionado al fútbol, deporte del que Maurice sabía muy poco.

-Nadie podrá emular a Abédi Pelé –dijo, recordando el nombre de un ídolo popular.

El ghanés reaccionó, activado en sus resortes emocionales.

-¡El padre de André Ayew! Un genio. Gracias a Ayew estuvimos a punto de ganar a Alemania en Brasil hace dos años. Yo también me llamo André. André Kuaku, nacido miércoles –aclaró.

Agotado el tema deportivo, como puso de manifiesto el siguiente largo silencio, Maurice le entregó el cd que llevaba en la bolsa, rogando que lo introdujera en el reproductor.

-Este coche solo admite casetes –se disculpó André, volviendo a extraer de su caja de rictus, la mejor sonrisa.

André Kuaku encendió entonces la radio, y buscó una emisora con programación musical, que dejó conectada durante el resto del viaje. Maurice se entretuvo mirando el paisaje. ¿Habría visto un leopardo? Deseaba, al menos mientras se mantuvo plenamente despierto, que ninguna rueda reventara durante el trayecto.

Atravesaron Suhum. El conductor prestaba la máxima atención para no arrollar bicicletas, animales sueltos o peatones cargados de bultos que cruzaban los carriles sin cuidarse de los vehículos que circulaban a la máxima velocidad que podían ofrecerles sus gastados motores y la resistencia de sus neumáticos lirondos. Maurice dormitaba cuando el conductor le comunicó que estaban llegando a Nkawkaw, y que debía pararse a repostar. Eran las tres y veintisiete de la tarde, y seguía lloviendo con fuerza.

Mientras cargaban el depósito con los 100 cedis que le alargó al encargado, Maurice ofreció a André Kuaku uno de los bocadillos y un bote de cerveza tibio, que el otro agradeció. Luego, volvió a entregarse a la perezosa duermevela.

A las quince cincuenta y cuatro le pareció que había tenido una precisa revelación sobre la composición de la materia más allá de la heliopausa. ¿Se trataba de una señal desde Jane? Hubiera deseado  recoger de inmediato el fogonazo de inspiración en su ipad, que se había quedado en Kentinkrono. La idea se desvaneció en su frágil memoria humana.

Durante los últimos kilómetros tuvieron que soportar un atasco formidable. Había ya oscurecido cuando llegaron al hotel, a las diecisiete treinta.  Estaba situado muy cerca de Burma Camp, en el Gran Accra, en primera línea sobre la playa de Labadi.

No llovía entonces. André Kuaku se despidió hasta la mañana siguiente.

-Le recogeré a las siete y media. Descanse. –habló, desapareciendo de inmediato,  dejando la bolsa de viaje y el traje de ceremonia en manos del conserje.

A Maurice le apeteció dar un paseo por la playa, envuelta en sombras, y en la que se adivinaban algunos pescadores que esperaban a que subiera la marea. Se guió por nuevas luces, callejeó. No tenía hambre y, con el solo objeto de matar el tiempo, penetró en un restaurante, que estaba vacío.

-No estamos abiertos, pero le podemos servir.- Le dijo la joven que estaba limpiando las mesas pasándoles por encima la bayeta húmeda.

La empleada se ausentó para volver portando una carta casi tan extensa como un libro de cocina. Maurice sabía cómo defenderse del riesgo de una espera interminable.

-¿Qué tienen ya cocinado? –preguntó a la muchacha.

-Fufu con nueces. Se lo puedo servir con alacha a la plancha–le contestó.

Pidió las raíces cocinadas entre granos de almidón y dos sardinas ovejeras. Mientras le cumplían el encargo, llamó a Abena para comunicarle que había llegado y que todo estaba en orden. Eran las veinte horas cuatro minutos. Se acordó  de que no había dejado aviso en la Universidad de que no podría impartir la clase de mañana, así que le pidió que llamara a Sharon y le dijera que repasara con los alumnos cualquier tema anterior en el que se sintiera cómodo.

No durmió bien. El aparato de televisión solo permitía ver Ghana News y películas pornográficas de pago. No consiguió tampoco controlar el aire acondicionado. Releyó una y otra vez páginas del Apocalipsis, sin prestar demasiada atención.

A las siete y cinco de la mañana, el ruido era intenso. Se levantó, se duchó, se puso el traje de ceremonia y se sentó a desayunar en el restaurante. Un muchacho le sirvió café y bollos recién hechos y le invitó a utilizar el buffet libre. Cuando estaba sirviéndose un zumo de kiwano y limón, entraron varios jóvenes vociferantes, en chándal.  Dejó el hotel, después de echarle una ojeada a los periódicos que estaban sobre una mesita.

Andre Kuaku estaba esperando. Seguro que desde bastante antes de las siete. Puede incluso que hubiera pasado gran parte de la noche en el automóvil.

En los alrededores del Ministerio se percibía ajetreo. Los encargados del control de seguridad le dejaron pasar sin pedirle documentación, saludándolo militarmente. “Están ya reunidos”, le apremió el oficial que se encontraba en la puerta, y le condujo casi en volandas a una sala del primer piso.

Había una mesa gigantesca, y varias decenas de sillas en torno a ella. En la sala solo se encontraban tres personas, de pie, charlando animadamente. Cuando entró Maurice, se callaron. Alguien con uniforme del ejército del aire, la casaca condecorada con varias medallas y cintas, se identificó como el viceministro y le tendió la mano.

-Es un honor tenerle entre nosotros, Dr. Gokard –pronunció, en un inglés con  acento que a Maurice le pareció galés.

Junto a una inmensa bandera tricolor con la estrella de cinco puntas, en la pared principal, colgaba la fotografía del Presidente, rodeada de un lazo con los colores de Ghana: verde, amarillo, rojo. Las demás paredes también estaban ocupadas. En la del fondo, se había representado un mandala, y debajo podía leerse que “La unión nos da confianza”. En las laterales, pendían máscaras talladas en madera de okum, y una colección de fotografías de multitudes, procedentes de mítines de campaña del Presidente, al que debía  pertenecer la figura que aparecía, en todas ellas, de espaldas.

El viceministro señaló el objeto que estaba sobre la mesa, en una bandeja, y que Maurice había creído se trataba de un adorno peculiar.

-Procede del vertedero de Agbogbloshie.  En realidad, no lo hemos recogido allí, sino en una oficina de Accra. Pertenece a mercancía incautada a una banda criminal que se dedica a descifrar códigos de los discos duros que llegan con ordenadores de segunda mano desde Europa y Estados Unidos.

Maurice sabía de qué estaba hablando. Agbobloshie era el destino de miles de toneladas de basura informática, enviados a Ghana en contenedores facturados desde Amberes y otros embarcaderos hasta el puerto de Tema, bajo la cobertura de ayuda al desarrollo. La mayoría eran equipos desechados por inservibles en países donde la tecnología de consumo sepulta en prematura obsolescencia los juguetes de la modernidad.

Sabía también que, frecuentemente, el propietario casi nunca se molestaba en borrar los discos duros, y los cachivaches eran entregados a empresas que los recogían para su teórico reciclaje o destrucción. Muchos contenían aún información delicada: números de tarjetas de crédito, balances y cuentas de resultados, datos financieros personales. Había mafias dedicadas a inspeccionar las memorias de esos ordenadores, que utilizaban los datos obtenidos para cometer estafas y fraudes.

-Lo que tenemos sobre la mesa son restos de la carcasa semidestruida de un ordenador, en uno de cuyos puertos –pronunció la palabra slot con solemnidad- se encontraba, casualmente, una memoria extraíble de un tera. Ésta.

El viceministro se detuvo, deseando dar énfasis a la frase que pronunció a continuación, esgrimiendo un pequeño objeto de plástico.

-Ese ordenador perteneció seguramente a la Agencia de Inteligencia del Ministerio de Defensa Americano.

-Ah –dijo Maurice, convencido de que le correspondería expresar algo. Trató de descubrir en alguna zona del amasijo metálico sobre la mesa una pegatina con las siglas DIA (Defense Intelligence Agency), pero no percibió nada especial.

El viceministro consideraba la memoria usb que tenía en la mano un trofeo de caza.

-Hemos analizado su contenido y encontrado información y planos para fabricar un generador de energía de alta potencia electromagnética. Una máquina capaz de producir campos de millones de miles de voltios por metro y guiar, mediante la rotación de lanzaderas de ultra precisión, haces de electrones al espacio.

Maurice supuso entonces que se trataba de una broma.

-Eso no es posible, señor. Nadie ha inventado un artefacto así. Es más, es imposible alcanzar campos de esa magnitud. Se necesitarían, además, para tratar la información resultante, hiperprocesadores aún no desarrollados

Los dos acompañantes del viceministro le miraron, atentos a un golpe de efecto. Aquel, pulsando un mando a distancia, hizo correr una pantalla de proyección que sepultó momentáneamente el multicolor mandala en cruz y señaló, sobre ella, una fotografía, que apareció, al principio, borrosa.

-El almacén informático tiene, en una de sus caras, dos iniciales: J.G.

Con un puntero, señaló una zona concreta de la pantalla. Inmediatamente, proyectó la carátula de lo que parecía el título de un trabajo académico: “Un ejemplo de la aplicación general de la teoría de la evolución bajo campos electromagnéticos. Por Jane Godward”.

Debajo, había una fecha: 6 de marzo de 2007. Dos días después de la muerte de Jane.

-Era su esposa, ¿no?-preguntó a Maurice el viceministro.

-No puede referirse a mi difunta esposa.- contestó el profesor-. Había fallecido y desde hacía varios meses no se dedicaba a ninguna investigación relacionada con el electromagnetismo. Le era físicamente imposible acercarse al Laboratorio. Y, desde luego, no trabajábamos para la Secretaría de Defensa. Nuestro trabajo era exclusivamente académico. Como sigue siéndolo el mío.

El viceministro no se detuvo.

-Eso creíamos. Hemos hecho revisar parte de la información de este lápiz por especialistas de  bioelectromagnetismo la Universidad de Hong Kong. Hace dos días nos comunicaron que los planos son objetivamente fiables y corresponden a un aparato perfectamente ejecutable, un híbrido que utiliza la potencia de procesamiento que puede lograrse con un supercomputador para seleccionar eficazmente los huecos intersticiales de la materia, dirigiendo los haces de positrones entre ellos. Están ferozmente interesados en recibir el resto de los planos y fabricar un prototipo.

Maurice se sintió, de pronto, interesado.

-¿Y? ¿Qué les han contestado ustedes?

El viceministro le miró.

-Les dijimos parte de la verdad: carecemos de toda la información. –dijo-. Algunos de los planos son irrecuperables. Por eso, necesitamos que Vd. los complete en lo que falta, y así podamos fabricar y probar el aparato aquí, en Ghana.

-P…permítame, viceministro, antes de formular cualquier objeción o comentario, que le haga una pregunta. En el caso de que fuera posible realizar ese propósito,  ¿qué esperan conseguir con un aparato tan peculiar? –preguntó Maurice, sin desviar su atención de los algoritmos, cálculos y esquemas que, en una secuencia veloz, estaban siendo proyectados en la pantalla por el viceministro.

Eran las ocho cuarenta y siete de la mañana. Un mozo trajo una bandeja con café y pastas.

-Sr. Gokard, no conseguirá ocultar lo que es obvio. Este aparato ha sido ideado para generar núcleos alternativos de Magara.

-¿Magara? –preguntó Maurice, aparentando estar estupefacto.

¿Cómo ignorar que Magara es la fuerza vital universal, el espíritu que conecta a todos los seres vivos, pasados y presentes?. El alma del mundo: una quimera filosófica.

-Magara –repitió el viceministro, eliminando el énfasis.

Entonces intervino uno de los acompañantes, rompiendo su silencio.

-El equipo servirá para generar fuerzas excepcionales, capaces de acelerar la materia más allá de la velocidad de la luz, que podrán hacer un agujero en el tiempo. Seguramente, una brecha pequeña, pero suficiente –explicó. Podría estar convenciéndose a sí mismo mientras se expresaba.

-Hemos sido alumnos de la Dra. Jane Godward en Tennessee, en 2006. En su seminario, reconoció que estaban Vds. próximos a obtener un resultado excepcional en la predicción de la evolución general de la materia. No nos extraña, pues, que esta invención sirva para observar  el futuro con cierta antelación. No mucha. Un minuto, quizá. –dijo, con entusiasmo, el otro acompañante.

Maurice tomó el lápiz informático de la mano del viceministro.

-Ahora que todas las cartas están sobre la mesa, Sr. Gokard, no vale que disimule con nosotros. Podría exigirle la cooperación, pero apelo, sobre todo, a su cariño hacia nuestro país, en el que decidió fijar su residencia. Afecto y devoción que son correspondidos por miles de mis compatriotas.  Fabrique aquí, en Ghana, el prototipo de esa máquina. Tiene la información que  falta y nadie como Vd. dispone de la práctica necesaria para trabajar con positrones. Conocer con uno o, quizás, dos minutos de adelanto,  lo que va a suceder, es de importancia capital, y abre el camino para otros desarrollos en Defensa y estrategia.

Así habló el viceministro. Maurice estalló en una risa incontenible.

Estaba viendo a su primera mujer,  con bata blanca de laboratorio y la melena rubia recogida en una coleta. Vio a su propia madre, sometiendo la ropa de la cama cuando estuvo enfermo de paperas. Se contempló a sí mismo el día en que consiguió el acceso a la Universidad,  con la corbata estampada regalada por la tía Rosheen y volvió a abrazarse a su padre al obtener el diploma de licenciatura en ingeniería nuclear. Hasta se vio viajando por toda Europa y se reconoció cuando le entregaban el premio al mejor científico en física cuántica del año en Berlín, en 2003.

-Con todo respeto, no encuentro el menor interés en fabricar un artefacto complejo y muy caro para observar el futuro con solo un minuto de antelación.  Si se tratara de un año, dos meses, o incluso, un día…. ¡Pero un solo minuto!–dijo, con parsimonia.

Continuó.

-Señores, lamento tener que desilusionarles. Lo que Vds. han encontrado en ese puerto de ordenador no son los planos de un equipo avanzado, sino la plasmación de una elucubración. La fecha es errónea, desde luego. Aunque lo sustancial es que ese  proyecto al que, por lamentable confusión, Vds. dan tanta importancia, no es más que un juego infantil.

Maurice se había trasladado mentalmente al aula universitaria. Su tono era docente.

-Mi  difunta esposa, con la frustración de que no pudimos tener hijos, debió idearlo para fomentar el uso de la imaginación en los niños. Yo no lo sabía, pero doy por seguro que el lápiz  contiene los esquemas para confeccionar un juguete, un aparato de fantasía y que fue ideado como entretenimiento, por pura diversión, sin la menor intención de que funcionara jamás como instrumento científico.  Por eso, estoy firmemente convencido de que los planos que echan en falta nunca existieron y que, si se fabricara el aparato, no funcionaría en el sentido que pretenden.

Un reloj de pared hizo sonar nueve campanadas. El eco de la última llenó la sala.

-¡Por supuesto que sería interesante conseguir la capacidad a nuestro antojo para viajar por encima del heliocampo, más allá de donde termina el sistema solar! Pero eso, señores, –afirmó el Dr. Maurice Godward- solo sería posible negando el presente, destruyéndonos a nosotros mismos. El futuro deshace de forma natural  la realidad para convertirla en antimateria. La hace, por tanto, irrecuperable para nosotros desde el espacio en que se desarrolla nuestra existencia, porque necesitamos el tiempo como sitio en que vivir.

Volvió a mirar el lápiz, lo volteó varias veces, y se lo devolvió al viceministro con un vaivén lateral de la cabeza. El viceministro no le  creyó.

-El aparato funcionará, Dr. Gokard. Y lo fabricaremos aquí, en Accra o en Kumasi, bajo su dirección. A partir de este mismo momento, queda Vd. sometido a la obligación de mantener absoluta confidencialidad. Iniciamos hoy mismo el programa ultrasecreto para el que contará con el apoyo de cuantos ingenieros, biólogos, físicos, filósofos y todo el personal subalterno que sea preciso. No regatearemos medios materiales.

Sonó un móvil. Abena Komfort Annan anunció que había trasmitido el recado a Sharon y que éste repasaría con los alumnos las teorías del nacimiento de una supernova.

-¿Qué tal lo estás pasando ahí? –preguntaba Abena. Maurice pidió disculpas, y poniéndose la mano delante de la boca, musitó:

-Acabo de caer en la cuenta de que soy una de las pocas personas a quienes importa más lo que sucederá dentro de millones de años, que lo que va a pasarle el próximo minuto.

Se volvió hacia el viceministro, y le confesó, imitando su sonrisa.

-De acuerdo, señor. Estudiaré toda esa información, y me comprometo a fabricar el aparato si, en efecto, cuento con los medios adecuados y puedo suplir las deficiencias. Después de todo, la ciencia humana no es más que un juego para quien nos contempla desde fuera del tiempo. Y qué diablos,  para nosotros, un minuto…

Iba a decir que un minuto es un minuto, pero le pareció una obviedad inoportuna.

El día transcurrió sin incidentes. Puede que una mónada de tiempo se hubiera cruzado en la vida de Maurice Godward, atravesándola. Era, teóricamente, algo imposible, porque el tiempo carece de corpúsculos. Aunque, considerando la evidencia, también era fruto de la casualidad que Maurice hubiera nacido, además, otro viernes.

FIN

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La madre de todas las ciencias

22 noviembre, 2014 By amarias Deja un comentario

Sin ganas de abrir un nuevo debate sobre el tema, me apunto a la opción expresada por el maestro Alonso Quijano de que la experiencia es la madre de todas las ciencias.

Cierto que si el asunto hubiera surgido en una tertulia académica (de esas que ya no se estilan), hubiera defendido a la Filosofía, pero no está el horno para bollos ni florituras reposteras, sino para empanadas. Y no de las rellenas de bonito o carne guisada, sino de esas mentales que, a los que tenemos el alma señalada por los zurriagazos de la cruda realidad, nos hacen temer que el aprendizaje colectivo es imposible, y que, por mucho que se haya escrito, analizado o dicho,  la inmensa mayoría sigue siendo crédula, y se traga lo que sea, con tal de que se le adorne convenientemente.

Me parece que la corrupción, en particular, la de los que manejan dineros públicos, es inadmisible, pero la solución a ese problema, en el que ahora se ceban, como truchas al atardecer en tarde tormentosa de verano, todos los líderes políticos, es sencillo, pues basta adoptar este principio:  «pocas manos y muchos ojos». Se lo oí decir a Sergio Fajardo, gobernador de Antioquia, en una magnífica entrevista que le hizo recientemente Jordi Evole.

Tengo escrito, además,  que no soy de los partidarios de que nos flagelemos con la obsesión de ser calificados como uno de los países más corruptos del mundo.  Con seguridad, no lo somos. En todas partes cuecen corrupciones.

Si en algo podemos aparentemente distinguirnos, separándonos especialmente de nuestros vecinos de porte inmaculado, es que nuestros corruptos han sido, por confiados, además de ladrones, torpes para ocultar mejor el resultado de sus fechorías. Los que los eligieron -culpa in eligendo-, merecen ser calificados de cómplices más que de engañados, y los que debían vigilarlos y no lo hicieron -culpa in vigilando-, por mucho que intenten escurrirse, no se salvan con menor sanción que la de ser designados como incompetentes, y, por tanto, inútiles para seguir en las labores de cuidar lo de todos.

Tema distinto y, desde luego, muy difícil, es analizar cómo salir de la crisis, y muy en especial, resolver la necesidad apremiante de crear empleo, generando nuevas actividades y empresas que tengan continuidad. Tampoco es menos importante, arbitrar nuevas formas de distribuir las plusvalías que se produzcan por el juicioso empleo de los recursos humanos, naturales y físicos.

Para mayor dificultad del cierre categorial, no se puede descuidar que, puesto que la situación es de emergencia, habrá que echar mano -justificada, transparente, gradual, ordenada y procurando evitar medidas confiscatorias- al patrimonio de los que más acumulan, sobre todo, al ocioso.

Me produce, por ello,  gran alarma personal  que las argumentaciones, claramente improvisadas en lo económico y con nulo apoyo tecnológico, de los sabiondos chicos de Podemos (aunque no ignoro que detrás también se incorporan algunos canos), magníficamente adobadas con palabras duras como puños, ajustadas al guión,  contra los partidos mayoritarios, no sean contrastadas por interlocutores que, puestos enfrente, además de alardear de parecida labia, sean capaces de aportar ideas viables sobre cómo mejorar la realidad, y no entren en el juego de buscar solo la descalificación desde la ética.

La ética, como el valor a los militares, se supone a los políticos. Y, si se descubre que a alguno le falta, se le hace consejo de guerra deontológico y se le manda al paredón del escarnio.

Claro que es necesario, como catarsis, meter  a unos cuantos de los corruptos en la cárcel. Pero me temo que si nos proponemos meter en jaulas a todos los que tengan manchadas las manos de esa mierda, no vamos a tener plazas suficientes.

Contentémonos, pues, con amedrentar para siempre a los que lo hayan sido y, sobre todo, dejemos el terreno marcado con advertencias de peligro a todos los que se hubieran propuesto serlo. Implantemos  un sistema estricto de control del gasto público -atentos a porcentajes, comisiones, revisiones de contratos, etc. pero no ignoremos que donde más se ha perdido es en adjudicaciones de obras inútiles-.

Pongamos ya el foco en lo que más interesa al futuro: crear empleo.

Cuando me entero con sorpresa de los beneficios de las grandes empresas, crecientes en épocas de crisis; cuando observo que el lujo y la ostentación con la que viven algunos no solo no ha disminuido, sino que ha aumentado; cuando veo que la investigación, la enseñanza, la Universidad, la sanidad y todo aquello que sustenta nuestro estado de bienestar, sigue confiado al buen hacer de unos cuantos, capaces de abstraerse del fragor de incompetencia que les rodea, … echo de menos que salgan a la palestra, exponiendo sus ideas, no a jóvenes politólogos, no a economistas o historiadores con la cabeza caliente, no a miembros de partidos viejos proclamando a quien quiera escucharlos que van a renovar sus estructuras, ni siquiera a teóricos de partidos nuevos alardeando de pureza, sino a gentes con experiencia concreta, viajados y bragados, conocedores de cómo funciona la realidad, tanto la española como la internacional, y que, con base en ello y en su voluntad de servir al bien público, nos propongan ideas factibles, cuantificadas, serias y serenas, que puedan obligar sin escapatoria a los que tienen más y que nos comprometan a todos, en ese objetivo irrenunciable de salir rápido del agujero sin que haya vencidos, sino solo convencidos.

Porque la experiencia es la madre de la ciencia, en especial, de la ciencia que da de comer a las familias. Por otros caminos, me atrevo a vaticinar que se llega a una mayor descomposición social, a ahuyentar a inversores, aspaventando a los dineros, profundizado, con cada tormenta estéril de improperios y descalificaciones, en un desánimo improductivo.

Si no lo corregimos, gane quien gane en próximas elecciones, con ese panorama, cuando se disipe el humo de las ilusiones,  nos encontraremos atrás, bastante más atrás.

El mundo es global y no se puede pretender jugar en solitario. El sistema económico imperante es el capitalismo de base liberal y no es factible, sin que se nos caigan encima los cascotes de la pirámide, cambiar sus cimientos, ni hace falta. A un país intermedio como España, solo le es preciso reformar con inteligencia la parte que nos sustenta. Teniendo presente que, como en toda selva, al que se separa de su rebaño natural, se lo comen los depredadores.

 

 

Publicado en: Actualidad Etiquetado como: Antioquia, bienestar, cárcel, ciencia, corrupción, descomposición social, empleo, experiencia, improductivo, Jordi Evole, Podemos, política, programa, Quijhano, Sergio Fajardo, tecnología

¿Revisar la Constitución para perder solidaridad?

19 noviembre, 2014 By amarias 1 comentario

Entre las reglas de aplicación universal, creo debería anotarse que, si se las deja que desarrollen su vitalidad sin control, crisis y solidaridad crecen en direcciones yuxtapuestas. Precisamente, a los que más tienen -y a sus voceros- se les suele llenar la boca expresando con rotundidad el falso aforismo de que crisis significa oportunidad.

A los que tienen poco o nada, la crisis solo viene a hundirlos aún más en la miseria.

Esta segunda década del siglo XXI se va a caracterizar en España porque nos toca desbrozar una tremenda desorientación, con tantos recovecos que no conozco a nadie que se aventure a vaticinar cómo saldremos de ella. No estoy escribiendo acerca de cómo salir de la crisis, sino de la desorientación.

No tengo la solución, pero si creo disponer del método. Cuando no se sabe cómo resolver un problema, hay que tratar de complicarlo aún más, para que, al eliminar las pejigueras nuevas, se obtenga la calma que es imprescindible para resolver los temas viejos. Es la fórmula, a la que otras veces me he referido, de la cabra, deducida de un cuento judío que debería ser incorporado como conocimiento obligatorio en las escuelas de negocios y de politología.

Algunos catalanes y, de entre ellos, una mayoría de los líderes que en este momento tienen su representación institucional, desean separarse de España, con el argumento -más o menos edulcorado- de que «España nos roba» (y que adopta otras modalidades no tan impertinentes, pero que desembocan en lo mismo: «Desde la independencia, gestionaríamos mejor», «Tomando las decisiones en Cataluña para los catalanes, se generaría más actividad y riqueza para todos», etc.).

No tengo información suficiente para desentrañar la verdad -o falsedad- de los Balances fiscales según los cuales, Cataluña podría ser deficitaria o excedentaria, según el cristal con que se miren, y ni siquiera me parece hábil, por parte de los que defienden mantener la actual unidad de España, expresar que «la eventual secesión de Cataluña ha de ser votada por todos los españoles, y no solo los catalanes» o que «una Cataluña independiente no es viable».

Desde luego, tampoco estoy por la invasión militar de Cataluña, o apresar a sus díscolos dirigentes o disolver las Cortes catalanas con algún espadón o a golpe de sentencias del Tribunal Constitucional o de Supremo. No alimento la política ficción más que cuando me pongo a escribir novelas.

Pero no me parece descabellado plantear, aprovechando la ocasión, la reforma constitucional del Estado de las autonomías, revisando la aplicación de un principio que considero irrenunciable: la solidaridad. Analicemos una nueva asignación territorial, reduciendo el número de autonomías, y hagamos bien y publiquémoslas de forma transparente, las cifras de ingresos y gastos por Autonomías, reduciendo despilfarros y redundancias y tratando de que las prestaciones que emanen de gastos de las Administraciones converjan para todas ellas, con un calendario pactado.

Lo que estimo que es de una cortedad estratégica indisculpable es pensar que, en el escenario de la dura competencia internacional, se tienen más posibilidades de sobrevivir en soledad que en compañía, y se pueda ignorar que romper un país de casi cincuenta millones de habitantes en trozos depara ventajas para algunos de éstos.

¿Que no se quiere avanzar por este camino? Pues tengo una alternativa aún mejor: apoyemos, en el seno de la Unión Europea, la Europa de las regiones. Esta era una aspiración que se manejó por un tiempo y que se aparcó, erróneamente, incorporando, por el contrario, a minipaíses que han desequilibrado profundamente la toma de decisiones en la institución que estaba llamada a transformarse, de unión de comerciantes, en unión de solidaridad y libertades.

¿Qué tampoco se quiere pensar en la Europa de las regiones?. No hay problema; es decir, tampoco va a acabarse el mundo por ello. Sentémonos a la puerta de nuestras cortedades nacionalistas y veremos pasar, en este caso, no el cadáver de nuestro enemigo, sino los restos de las últimas ilusiones de que Europa pudiera cumplir un papel relevante en el orden mundial.

 

 

Publicado en: Actualidad Etiquetado como: autonomías, balance fiscal, Cataluña, Constitución, pacto, revisar, secesión, solidaridad

Ónde vais?

14 noviembre, 2014 By amarias 2 comentarios

Hace pocos días fue, según me enteré después, «el día del abuelo». No lo sabía cuando, encontrándome a la espera del autobús, un grupito de niños de entre cinco o seis años, dirigido por uno algo más atrevido, me increpó: «¡Abuelo, abuelo!» y el que llevaba la voz campante, incluso se interesaba por un detalle que me dejó perplejo: «¿Cuántos años tienes? ¿Ochenta? ¿Cien?»

Miré al monitor que, cual gos d´atura homínido, trataba de ordenar aquella troupe de descarados para repartirles unos bocadillos que acarreaba en una caja de cartón de fondo desvencijado, esperando de él alguna reconvención al más vociferante, pero desvió la vista, dándome a entender que el asunto no iba con él.

Aunque no pude menos que recordar al pasaje bíblico donde se nos cuenta que los profetas Elías y Eliseo se toparon con unos mozalbetes que insultaban al primero -que sería poco después elevado al cielo en carro flamígero-, gritándole :»¡Sube, viejo calvo!», y que, según el relato, fueron castigados con el envío de dos osos que despedazaron en un momento a varios de aquellos deslenguados, debo reconocer que lo que en realidad me preocupó era sospechar que mi estado físico había sufrido un deterioro repentino y que, de resultas, aparentaba unos cuantos años más de los que ya soporto.

No estoy dispuesto a dejarme intimidar por cómo me vean niñatos que no son aún capaces de distinguir edades de envejecientes con la precisión con la que yo he aprendido a discernir, por tramos de seis meses a los párvulos. Me encuentro físicamente bien, y aunque no me vean tan joven los que incluso sacan un par de años a mis nietas mayores, me creo con capacidad aún bastante para seguir trabajando por mejorar algo lo que me rodea, haciendo lo que pueda dentro de lo que me dejen (1).

Por eso, y porque la madurez me ha dado la visión directa de unas décadas ilustrativas de la historia de España y del mundo, me siento, sino con autoridad, si con la necesidad, de advertir que el momento por el que está atravesando nuestro país es muy interesante, porque es extremadamente peligroso.

Tomando como referencia el tiempo que los media dedican a los temas, sacaríamos la conclusión de que los dos temas que más animan a unos cuantos españoles y preocupan a otros muchos españoles -no quiero ahora cuantificar la dimensión de ambos grupos- son: la propuesta de escisión independentista que ha calado entre muchos residentes en Cataluña y el avance de la agrupación Podemos, con un programa político que se va construyendo, en buena medida, sobre la marcha.

Por supuesto, ambos asuntos no son sino la lengua de la morrena del glaciar que empuja al mar de la inmediatez el hielo de la indiferencia con la que se tratan los problemas de los demás. No es nuevo para la Humanidad, ni para nuestro país, y hasta ahora, la generación de unos años de caos y destrucción le ha venido bien. De las cenizas y la sangre han surgido nuevas esperanzas, entre supervivientes que se han llevado las manos a la cabeza gritando «¿Qué hemos hecho?» (o dejado hacer) y aprovechados que se han aupado sobre las ruinas, para enriquecerse con la reconstrucción más sólida de lo destruido, utilizando la capacidad, no exenta de docilidad y esperanza de la mayoría de los que también sobrevivieron.

La actualidad nos ha puesto sobre la mesa del comedor a dos excelentes charlatanes: Mas e Iglesias, que, además, venden frascos de una medicina que hace un par de años no hubiéramos creído necesitar jamás pero ahora, a no pocos, les parece imprescindible. El nombre del producto es diferente, pero el contenido del frasco es el mismo: un placebo que no soluciona el problema de base, sino que lo complica.

A ambos líderes mediáticos, con la mirada puesta en el después y no en el ahora, creo que les viene de perlas el mensaje de advertencia que recoge esa canción asturiana, convertida en dicho popular muy socorrido: «Ónde vas, Pachín del alma, de alpargates y orbayando, non te metas por los praos, que vas ponéte pingando».

—

(1) Estoy pensando, al escribir esto, en el cuento guaraní que presenta a un diminuto colibrí que, mientras el bosque ardía, y ante la pasividad de los demás animales, volaba una y otra vez de un riachuelo al corazón del fuego, llevando cada vez en su pico una gota de agua. El jaguar, -¿o fue el oso?- que estaba quieto mientras el fuego amenazaba sus pies, justificaba su propia inactividad queriendo hacer ver al pajarillo que sus esfuerzos serían inútiles ante la magnitud de lo que pretendía: «Nada conseguirás», le dijo. A lo que el colibrí replicó. «Yo hago lo que puedo».

Tengo comprometido a mi amigo Rafael Ceballos -que nos lo transmitió cuando recibía, el 14 de noviembre de 2014, la medalla del Club Español de Medio Ambiente- mejorar el previsible final de esta historia de animalario, simulando que los animales del bosque se movilizan todos, recapacitando respecto al poder de que son capaces si actúan conjuntamente, y consiguen apagar el fuego. De momento, solo algunos luchan con las llamas y otros, hasta se diría que las aventan.

Publicado en: Actualidad, Cuentos y otras creaciones literarias, Cultura, Política Etiquetado como: anciano, Artur Mas, Ceballos, CEMA, charco, colibrí, Elías, Eliseo, gos d´atura, movilización, niños, Pablo Iglesias, Podemos, soluciones

Ego non obliviscar tui (ahora que te has muerto)

2 noviembre, 2014 By amarias 1 comentario

tumba cementerio almudena 2014

Como mis santos muertos más próximos están enterrados lejos, este uno de noviembre me di una vuelta por el cementerio de la Almudena (Madrid), para airear ese sentimiento heterogéneo que tiene tendencia creciente a posarse sobre el alma a medida que cumplimos años.

Pensar con serenidad en la muerte, a pesar de su inevitabilidad, es patrimonio de pocos, por lo que voy viendo y me aplico en lo que me toca. Lo normal es ignorar conscientemente que nos vamos a ir -mas bien pronto, y a escala cósmica, ya mismo-, desde la complacencia de saber que, por el momento, estamos aquí y, si no estamos enfermos y, aún mejor, si no hemos alcanzado los cuarenta,  nos aferramos a cada momento de felicidad como posesos.

La Almudena estaba bastante vacía de vivos (no está en los tiempos visitar iglesias ni cementerios), aunque a la entrada decenas de floristos se concentraban al rececho de visitantes que pretendieran amortiguar su distancia con los que les fallecieron antes con algunos crisantemos. También había un mercadillo de ropa de esos de barato y hasta me crucé con representantes de la emergente economía sumergida que vendían al paso setas -¡menuda temporada ésta!-, chirimoyas y ajos.

No tiene este cementerio capitalino que lleva nombre árabe por culpa de una imagen aparecida en la muralla musulmana en la mitad del siglo XI, hermosos mausoleos, predominando, entre los más costosos, lo hortera: un exponente singular resulta, en  mi opinión, el recinto dedicado a acoger a los González Flores, que aún potencian en su desequilibrado esteticismo las zapatillas con el escudo del Atlétic que alguien colocó a los pies del fundido que recuerda al hijo mayor de la que fue una de las Lolas de España.

Pero de entre tantas tumbas y nichos, me atraen, desde niño, los abandonados. En especial, siento predilección por aquellos que, como si tendieran una amenaza al implacable destino, anuncian lo que se está mostrando, por los síntomas, que fue intención frustrada: «No te olvidaremos nunca», esgrimen.

Aún son más terribles, en su descaro, los que detallan los presuntos culpables del abandono: «Tu esposo e hijos no te olvidan», si bien, de las lápidas más antiguas, se puede interpretar que los que no acuden hoy a la ceremonia profiláctica de honrar, limpiándolas de moho, las tumbas de sus ancestros,  son los bisnietos o quizá tataranietos, o lo que pasó, sencillamente, fue que la rama genealógica se perdió para siempre sin vástagos que la sustentaran.

No saco, con todo, mayores consecuencias, porque el asunto me parece que no las tiene si somos  coherentes con la corriente actual de poner las cosas en su sitio, que es el desprecio a lo ajeno, y que incluye, como parte del mismo devocionario , desinteresarse por todo aquello que no se pueda pasar por el gañote o alguno de los sentidos, excluido el común.

Lo normal es olvidarse de los demás si no hay nada que  obtener de ellos. Y como dejar de hacer es mucho más fácil que actuar para corregir, a cuantos de los que se cree ya no hay posibilidad de lograr fruto,  lo habitual es ponerles tierra por encima.

Sensu contrario, pretender que a uno se le recuerde después de muerto, no solo es petulancia, sino que demuestra la ignorancia supina respecto a cómo procede, de forma natural,  el futuro: sepultándolo todo.

Si algo queda de lo que mucho fue, como lo evidencia la Historia, incluso de los que tuvieron nombre, es ruina y, entre los menos tocados por el paso del tiempo, fantasía. Ya fueran emperadores, filósofos, científicos o santos de peana, que a todos iguala, dejándolo actuar, no la muerte, sino más que ella, el menosprecio por lo ajeno.

—-

(1) Para los que tienen olvidado su latín, traduzco la parte del título de este Comentario que no está en español: «Yo no te olvidaré»

 

 

Publicado en: Actualidad

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