Encina enana que, obligada a existir, te aplicas cauta,
incapaz de ahondar ya tus raíces por el suelo,
-chaparro abrasado por la sed-, a imitar torpe del vuelo
los ritmos que a la alondra, hacen del cielo grácil nauta.
Ignoras acaso que tu esencia es árbol, y tu tronco, pauta
que rendirá por inútiles, vanos, cuantos devaneos
propongan otros caminos a tus ramas, reos
de los ritmos que les marca de natura, flauta.
Por ese empeño y celo, en tu apariencia encuentra
mi vida espejo e igual y, a su costado, en el reflejo hallo
consuelo y paz, alientos sanos, aires impolutos.
Pues si, por fatal confusión, la mayoría hoy se concentra
en descubrir, gozosa, en todo afán ajeno el fallo,
donde fracasos solo ve, recojo yo, sin ser más sabio, frutos.
(Dedicado a Rafael Ceballos, abril 2015 @angelmanuelarias)




