Al socaire

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Tierra de homenajes

21 agosto, 2018 By amarias Deja un comentario

Con ocasión de cumplirse un año de los atentados en Barcelona y Cambrils, familiares de las víctimas, autoridades de la región y del Estado y ciudadanos de distinta condición, se han reunido en un acto de recuerdo. Los media y, en general, cuantos se han referido a esta conmemoración luctuosa, lo han hecho bajo la invocación de que se trataba de un «homenaje a las víctimas».

Venimos  realizando, no solo en España, múltiples homenajes a las víctimas de atentados terroristas, de accidentes graves (principalmente, si han causado  numerosos fallecidos) y de catástrofes naturales o provocadas. También se ha consolidado la expiación de la sorpresa y el sobrecogimiento por la ocurrencia de varias muertes súbitas en una localidad, sin importar, circunstancias, edad de los fallecidos o la naturaleza del hecho, decretando oficialmente varios días de luto en homenaje a los fallecidos.

No tengo ningún problema mental en que se homenajee a la gente, al contrario. Creo que la mayor parte de los seres humanos, en especial los nacidos sin apoyos, herencias ni dádivas, han tenido que sobrevivir bajo duras situaciones, son dignos de homenaje. En vida, preferiblemente. No deberia hacer falta morirse e, incluso, sería de desear que, si se quiere homenajear a alguien, se lleve a cabo el acto en presencia del destinatario de la distinción. Podría decretarse un día al año dedicado al Homenaje Colectivo Global.

No parecen estos homenajes encajar, ya sean de un tipo o de otro, con la primera acepción del Diccionario de la Real Academia, que se aplicaría a «Acto o serie de actos que se celebran en honor de alguien o de algo”, salvo que interpretemos (como puede ser el caso) que hacer algo en honor de alguien, estando el destinatario ya difunto y no siendo conocidos sus méritos salvo haber muerto en circunstancias desgraciada sea equivalente a tener un recuerdo hacia el. Lo que es, simplemente, retorcer el lenguaje y exagerar la intención.

Hay personas que, por su especial significación -generalmente, en el mundo de las letras, de la medicina, de la ingeniería, o por su contribución excepcional al avance de la Humanidad- son dignos acreedores de ese otro tipo de homenaje, también designado en el respetable monumento a la corrección de nuestro idioma, como una segunda acepción: «Sumisión, veneración, respeto hacia alguien o de algo.» Son escasos y, sin embargo, solemos dejarlos sin reconocimiento ni gloria, vivos o muertos.

Descarto, por supuesto, la oportunidad de recuperar el añejo significado, también recogido por RAE como tercera acepción:
“En la Edad Media, juramento solemne de fidelidad hecho a un rey o señor.” Para eso no está el horno, ya se trate de seres humanos, ideas, creencias o banderas. Tal vez, ¿algún futbolista?

Mi humilde propuesta es que recuperemos el sentido al acto de recuerdo a las victimas, en especial cuando han sido el desgraciado resultado de un execrable fanatismo, como lo que es, en verdad. Una manifestación doliente, pero firme y de repulsa unánime contra los autores del acto vandálico y sus móviles. Una Exaltación de valores éticos, sociales y cívicos. Un Acto de Reafirmación de Nuestra Solidaridad con Quienes Creen como Nosotros y un Recuerdo Doliente sin Fisuras hacia Quienes han Resultado Victimas de la Barbarie.

Un acto así, con ese significado, no puede ser silencioso. Es un grito inmenso y hay que darle expresión oral, hablada y escrita.

Publicado en: Actualidad, Sin categoría, Sociedad Etiquetado como: Homenajes

Ruidos

19 agosto, 2018 By amarias 7 comentarios

¿Notan, como yo, que hay demasiado ruido en el escenario de la convivencia? ¿Qué una gran cantidad de secundones, arribistas, deslenguados, corruptos, incompetentes, aprovechados, cínicos, pendencieros, necios… se han apropiado de  los espacios fundamentales en los medios de expresión?

Me hartan, encorajinan, duelen. Ocupan con insolencia muchos de los mejores lugares en la letra impresa,  llenan las calles con reivindicaciones egoístas, excesivas, imposibles. Se apropian de tribunas y foros y emiten opiniones infundadas desde las ondas; se alzan con voz sonora para emitir juicios bobalicones pero intocables, en los bares, las tertulias, las reuniones de empresa, los momentos para estar entre amigos.

Parecen muchos, -en todo caso, demasiados-, quienes, faltos de capacidad para discernir el alcance y consecuencias de sus dicciones y actos, se aventuran por el camino peligroso de la confrontación, usando, no la dialéctica, la comprensión o la tolerancia, sino el desprecio, la burla, el griterío y, en suma, la ausencia de respeto hacia el que discrepa con ellos.

No tengo más que una voz, no represento más que una opinión, no valgo sino un voto, pero llamo la atención sobre la forma en que se está marginando a los pacíficos, a los tolerantes, a los que mantienen como sabiduría el ejercicio de la prudencia.

En ese arca en el que se alimenta la disensión, con la estúpida pretensión de la novedad, se va directo a las bases de nuestra cultura de convivencia: se aplaude a todo el que haga burla de una religión (la católica), sin reparar en que, para la inmensa mayoría, no existe otro soporte para la -ética, faltos de formación filosófica.  Sin que convenga echar en el olvido que se critica, como postura plausible, lo que provenga de esa Iglesia, sus sacerdotes y fieles, como añejo, en tanto se procede con un respeto cerval a cuanto toque a la religión musulmana, ajena a nuestra cultura y, -sin querer entrar en polémica en este punto-, más retrasada en la evolución de las religiones por reencontrar el camino seguro de la ética universal y la necesidad de encontrar una respuesta individual al misterio de la anomalía de nuestra capacidad de raciocinio en el orden cósmico.

Por ese mismo camino de hacer gracia de lo que más importa, se critica la forma de Estado que tenemos (la Monarquía) y al actual detentador de su Jefatura, con anécdotas inventadas a mala uva, acumulando menosprecios a la persona sin darse por enterados de que se trata de una institución clave de nuestra democracia constitucional, y, como paradigma del desequilibrio mental colectivo, se aplaude con fervor infantil la situación de otros países en los que, justamente, es la Monarquía la forma como se ha dado estabilidad al Estado social.

Todo me parecería menos importante, con serlo mucho, sino fuera porque se añade al desbarajuste, una dilapidación continua de caudales de conocimientos y oportunidades económicas. Ganan los que prefieren dispararnos a los pies de la estructura económica, en vez de arrimar el hombro para construir un orden institucional sólido. No es cierto que la economía se esté recuperando, porque la verdad es que tenemos una grave disfuncionalidad, una tensión no resuelta entre capital y trabajo, entre sectores de futuro y precariedad laboral y tecnológica.

No es cierto que tengamos una Universidad de élite, sino un desbarajuste formativo. No es cierto que avancemos en investigación, ni en tecnología, ni en crecimiento empresarial, ni en oportunidades de empleo.

No lo es porque no puede crecer la excelencia en el campo de cultivo de la intolerancia, la continua discusión, las huelgas reivindicativas, las pretensiones independentistas.

Pueden encontrarse muchas razones y tampoco sería justo ver un panorama negro, porque tenemos un país de oportunidades y una población capaz de ponerse en marcha hasta la heroicidad. Pero la notoria ausencia de liderazgos en España y una excesiva presencia de pretensiones de minorías y grupúsculos, dedicados a armar jaleo y propiciar el desorden, sembrando de reivindicaciones y alegatos egoístas, nos están conduciendo por el sendero de la catástrofe.

Estamos en un estado de malestar, no de bienestar. Y en ese caldo de cultivo, tenemos, otra vez, activas en su bulle bulle, la dos Españas. La que me hiela el corazón hoy es la que se mueve en la ignorancia de la Historia y en la añoranza de páginas que hicieron grave daño a los que tuvieron que vivirlas en primera persona.

Ni Casado, ni Torra, ni Sánchez, ni Iglesias, ni Garzón, ni Rivera, ni Díez, ni Perico de los palotes ni el pato Donald van a solucionarnos la papeleta. No saben, no pueden, no quieren. Necesitamos estabilidad, ya. Y esa solo se consigue con una mayoría capaz de gobernar con tranquilidad, conocimientos y criterio, asentada en lo real, no en suposiciones, inquinas o quimeras.

Conseguir esa mayoría de Gobierno no es cuestión de tiempo, sino de voluntades. Tengo solo un voto, una voz, una opinión, pero lo que yo deseo es que este país en el que vivo y al que he dedicado toda mi vida se ponga de acuerdo en tirar, en lo fundamental, hacia delante. Sin trampas, sin antojos.


Esta pareja de abubillas (upupa epops) fue fotografiada en el Pardo, en los jardines de lo que fue residencia de un Jefe de Estado que se aupó a esta posición después de una guerra civil, originada por un levantamiento militar contra el orden constitucional. Muchos de nosotros, los españoles de hoy, fuimos niños en esa postguerra.

El nombre latino de la abubilla hace referencia a su voz (un sonoro puup-puup-puup), que puede confundirse con un ladrido. Los dos sexos son indiscernibles, y de una belleza sin discusión.

 

Publicado en: Actualidad, Política Etiquetado como: abubilla, democracia, discusión, guerra civil

Por tierras movedizas

5 julio, 2018 By amarias Deja un comentario

Mientras los afiliados al Partido Popular, en número pulido hasta el ridículo, (al bajar desde los aires de grandeza insolente a la triste realidad de una entidad política en descomposición), se disponen a votar sin mucha convicción entre tres candidatos tocados de ala, los restantes partidos españoles, con la mirada perdida, mordisquean las uñas a la espera de que el tiempo mejore.

Cierto que el Partido Socialista de Pedro Sánchez, impulsado por el azar y el deseo de varias figuras del plantel de principales, por poner su nombre entre los ex ministros del país, tiene en este momento la sartén del poder por el mango. Pero el asa de ese instrumento de cocinar el pote común, está que quema y no se sostendrá en la mano por mucho tiempo.

El ojo tan lleno de altanería como falto de visión pragmática de Pablo Iglesias Turrión y sus amigos de Podemos-Desunidos ofrece un compañero de viaje que se asemeja, sobre todo, a un easy rider, un oportunista atento al beneficio propio más que a ayudar a gobernar mejor.

La historia, aún inconclusa, para nombrar un presidente para la Televisión pública o la imposibilidad de formar un Consejo para el ente en el que figuren representantes de todas las facciones públicas, no refleja sino la peligrosa combinación de la exigencia de altos peajes para mantener al PSOE en el Gobierno como la cerrazón de los partidos de derecha y centro derecha para acercarse al diálogo con quienes, según su lectura, les han usurpado el poder.

Nadie sabe lo que podrá salir de ese debate entre enemigos acérrimos en el que se ha convertido el debate a porrazos por la sucesión de Mariano Rajoy en el PP, aunque las encuestas -que no tengo ni idea de cómo se lavan y peinan en este caso- apuntan a que la ex vice Soraya Saenz de Santamaría tendrá la mayoría, lo que no evitará que esta camaleónica política deba emprender un camino de expiación por su partido, al estilo del que Pedro Sánchez realizó por el suyo.

En este guirigay de afectos descompuestos, me preocupan, como seguramente a una mayoría de españoles a los que interesa que la política se haga de la mejor manera posible, tres o cuatro cosas de mayor calado:

a) el silencio de Ciudadanos y de sus dirigentes, obviados por los media tendenciosa como si se tratara de apestados, cuando han ofrecido los argumentos más serios de esta reciente historia de nuestro malhadado país;

b) la obstinación de Torra, Puigdemónt y sus secuaces separatistas en insultar al resto de los españoles y a la mayoría de los españoles residentes en Cataluña (es decir, a los catalanes) con una agresión y una falta de respeto institucional que si no merece el castigo de la Justicia (hoy demasiado solicitada) debiera encontrar el desprecio masivo en las urnas;

c) y, finalmente, para no hacer el cuento largo, me asombra que se haya sepultado a la izquierda histórica, la del Partido Comunista, sin que se adviertan voces no ya discrepantes, sino aullidos de dolor, actuando de enterrador. Alberto Garzón, que más que líder de la rancia institución, aparece como un joven aficionado al glamour y falto del carácter crítico y reivindicativo que correspondería a la verdadera izquierda consciente de que su papel es el de actuar de mosca cojonera del poder establecido y no de comparsa de populismos ni florituras de salón.


He fotografiado una pareja relativamente insólita: una cigüeñela (Himantopus himantopus) , elegante con sus patas de color rosado y su fino y alargado pico, y una polla de agua (gallinula Chloropus), también inconfundible por el pico rojo con  punta amarilla de los adultos.

Cierto que estas dos aves casi parecerían domesticadas, compartiendo hábitat circunstancialmente con los patos azulones y las fochas comunes que ocupan ocasionalmente como dormitorio uno de los grandes estanques de la urbanización de Costaballena, hoy en crecimiento desmesurado al haberse recuperado en parte, por lo que parece, la anterior burbuja inmobiliaria y estarse preparando una segunda.

 

 

Publicado en: Actualidad, Política, Sociedad Etiquetado como: cigueñela, Ciudadanos, focha, Garzón, Izquierda Unida, Partido Popular, Podemos, polla de agua, PSOE, Sánchez

A alinearse tocan

20 junio, 2018 By amarias 3 comentarios

Debo reconocer que la vida me ha favorecido con muy buenas oportunidades de conocer a gentes excelentes. Algunas no están ya aquí, aunque su ejemplo, amistad y maestría espero residan en mi para siempre conmigo.

Me concentro más, desde la experiencia y la necesidad de cubrir la inmediatez que da la edad, en los amigos con los que comparto el presente. Carlos Yárnoz, periodista, es uno de los más perspicaces, de los que tomo con asiduidad referencia, para opinar mejor.

Escribe hoy Carlos, en la página 5 de El Pais, que leo mientras espero mi sesión oncológica, bajo el título “Alinearsr: por Eutipao contra Europa” y concluye que, con la crisis de la coalición alemana, en la que la CSU ha dado un ultimátum a Merkel, para que acuerde sobre migración en la UE o cierre fronteras, “Europa ha tocado fondo”.

No voy a enmendar la plana trazada de forma coherente por Carlos Yárnoz, aunque me atrevo a opinar que el fondo es tan inseguro que puede desmoronarse en cualquier momento.

Porque Europa ya es un mosaico de incongruencias y el egoísmo seudo patriota pero anti solidario nos ha crecido por doquier. Se esgrime que Europa es hegemón en la defensa de las libertades, pero se ha perdido la homogeneidad y están creciendo los enanos del antiguo circo de buenas voluntades.

Y si, lean los amigos de este blog a Carlos Yárnoz. Sus opiniones siempre merecerán la pena. Hasta servirán para discrepar con calidez respetuosa.

——

La foto que incorporo a este Comentario se explica por si sola. Lo que dice el pleito enjaulado no se oye y, por eso pongo palabras a la ausencia de sonido: Quo vadis, Europa?

Publicado en: Actualidad, Economía Etiquetado como: alinearse, Europa, Macron, Merkel, Unión europea, Yárnoz

En la cueva del Minotauro

19 junio, 2018 By amarias 3 comentarios

La muy sugerente leyenda del Minotauro, -monstruo que causaba terror a los cretenses, y que habitaba en una cueva protegida por un laberinto en el que se perdería cualquiera que osara penetrar en sus dominios-, cuenta que Teseo consigue llegar hasta él, matarlo con añagazas y, al fin, salir del recito sin perderse gracias al truco que Ariadna le sugirió: haber ido desarrollando un ovillo de lana mientras avanzaba, lo que, al ser recogido en sentido inverso, le permitió encontrar la salida, es decir, el sitio por donde había entrado.

Ese metafórico hilo de Ariadna es recurrido con frecuencia en relación con el descubrimiento de la verdad que encierran asuntos en los que hay interesados en ocultarla. En España,  los nuevos Teseos pertenecen a la judicatura, ya que su trabajo calificado de lento pero metódico y libre, ha puesto de manifiesto algunos de los turbios tejemanejes de nuestro país, básicamente relacionados con lo que se denomina genéricamente «corrupción».

No estoy yo entre los que se llevan las manos a la cabeza, o se entregan a grandes aspavientos, para dar a entender que nada sabían de las pócimas que se cocían en la casa de al lado o, incluso, en la suya. No necesito esperar a que aparezcan delatores ni arrepentidos para entender que el uso de información privilegiada, el favorecimiento especial, la utilización del otro lado de la verdad, es moneda común en el mundo. Formamos parte del Minotauro, la Humanidad es parte de su esencia, y España, como tengo escrito, no está en la zona central de la confusión, la desvergüenza y el latrocinio, aunque sus corruptos y engañófilos parecen estar a la cabeza de entre los descuidados y torpes en ocultar sus movimientos hacia la caja común o el derecho de otros.

Siendo el mal tan extendido, que sea por la vía de arrepentidos y colegas del mismo percal por lo que se suelen descubrir estos fastidios, no viene sino a confirmar que, además de no querer meterse en líos, quien más quien menos tiene algo que ocultar a la luz de los mecheros. Está escrito en libros sagrados: Quien esté libre de pecado, tire la primera piedra.

Sorprende, por ello, (se acepte o no la premisa con la que me guío) la rudeza con la que, cuando se descubre algo que está mal, aparecen por doquier gentes con piedras. Hay exaltados que parecen dispuestos a tomarse la justicia por su mano, aunque no estén afectados o muy poco: vociferan a la entrada de los Juzgados, insultan al presunto o al ya declarado culpable, se enfrentan con las fuerzas del orden para picotear al encausado…

Hay clases, claro. Pero la persecución mediática -y, con el respeto debido, procesal- del cuñado de S.M. Felipe VI, Ignacio Urdangarin, condenado tras un recurso presentado al Tribunal Supremo contra la Sentencia inicial a más de cinco años, por la que acaba de ingresar en prisión, me ha hecho reflexionar sobre algunas cuestiones.

Estoy convencido de que todos cuantos tuvieron relación culposa con el caso Nóos, desde el Sr. Urdangarin hasta el último mono que cubrió la situación de favorecimiento, creían que actuaban conforme a las reglas y costumbres que han venido rigiendo este país (y todos) durante siglos: obedecer, aunque no fueran explícitos, los deseos de quien tiene poder, y tratar de eliminar obstáculos para que se llevaran a cabo.

Los artículos del Código Penal que criminalizan delitos económicos son duros. En un Código previsto históricamente para ladrones de gallinas, como afirmó con rotundidad, ni más ni menos que el Presidente del Consejo General del Poder Judicial, se han colado artículos que tenían como función ser ejemplarizantes. Es decir, respondían más a la creencia de que no habrían de ser utilizados, ya que bastaría su mera existencia como elemento disuasorio. En realidad, ese es el objetivo principal de un Código Penal: amenazar para no tener que dar con el mazo de la Ley.

Tenemos desplegada en este país, en relación con los casos de corrupción, que afectan (ya se ve) a la misma Familia Real, una máquina de cortar cabezas que no sabemos -ni podemos, si no me equivoco- parar.

La Comisión Europea, en un documento de 2014, elucubraba que las «irregularidades en los procesos de contratación pública» (vamos, la corrupción) en España podían suponer más de 13.000 Mill. de euros. La Comisión Nacional del Mercado y la Competencia, cifra las fugas por las cañerías de las malas prácticas en 47.500 Mill. de euros. Otros analistas de lo obvio, imaginan una pérdida del 1,5- 3% del PIB, en lo que entiendo es un cálculo simplista, a partir de la hipótesis de que ese es el porcentaje reconocido por los arrepentidos y por los lenguaraces como comisiones irregulares.

Es corrupción del sistema, claro. Una hipótesis razonable de lo que se presume se queda en entresijos particulares. Una estimación mínima de lo que la corrupción total convierte en redistribución de las plusvalías que generamos todos.

Yo lo veo también como la demostración de la predisposición hispana a aparecer como el tonto de la película. Porque estoy convencido de que en todos los países cuecen las mismas habas, solo que las ocultan mejor, las disimulan más. No me dejo engañar porque haya ministros que dimitan porque copiaron parte de su tesis. Soy escéptico. La verdadera corrupción de los países más desarrollados en el engaño está muy bien oculta por el laberinto del Minotauro.

¿Somos Teseos? ¿El hilo de Ariadna nos conducirá a la salida o será la soga del ahorcado rodeando nuestra sociedad?

No veo la forma de que alguien desvele la verdad, si esta es como me imagino.


Esta hembra de papamoscas cerrojillo (ficedula albicollis), fotografiada haciendo equilibrio en el Botánico de Madrid, vigila su nido, atenta a los movimientos de la cantidad de intrusos humanos que se han colado en las proximidades.

Publicado en: Actualidad Etiquetado como: código penal, corrupción, delitos económicos, Minotauro, presunción de inocencia, Teseo, urdangarín

Ingenieros militares y civiles

13 junio, 2018 By amarias 4 comentarios

Los ingenieros no estamos de moda, si estar de moda se asocia con ocupar espacios en la prensa, en los debates televisivos o en los ministerios. Nuestra misma formación académica nos invita, además,  a ser prudentes a la hora de expresar una opinión en terrenos que desconocemos, puesto que la especulación sin fundamento repugna a la mentalidad técnica.

Sin embargo, podemos ser vehementes y hasta revestirnos de petulancia cuando nos encontramos en una reunión o tertulia en la que se opina por intuición o sentimientos sin valorar las dificultades o condicionantes de un proceso, en especial si afecta a un tema que profesionalmente nos afecta y estamos seguros de conocer bien.

Las carreras de ingeniería siguen siendo difíciles, reclaman años suplementarios de estudio y muchas horas de hincar los codos en los pupitres. Esa dedicación no se corresponde, sin embargo, con los honorarios que la mayoría reciben, ni tampoco ofrecen perspectivas curriculares atractivas, al menos en el actual momento socioeconómico.

Por supuesto, no son las carreras de ingeniería las únicas que presentan dificultades especiales ni las que exigen tanto del alumno como del profesional, entrega y sacrificio. Solo que quiero enfocar este Comentario en un concreto sentido, y esta introducción pretende ayudarme y ayudar al lector a entender mis argumentos.

Apreciaciones sociales circunstanciales aparte, no debería ser objeto de polémica que los ingenieros hemos sido y somos parte fundamental del desarrollo y, por tanto, la calidad de la ingeniería de un país está relacionada directamente con la consecución de altos niveles de bienestar y con la mejora de las condiciones de vida.

En fin, la buena formación de los ingenieros debe ser una cuestión central de una sociedad y no hay atajos para llegar a la excelencia. (1) Si queremos apoyar el conocimiento, la investigación, el trabajo bien hecho, la responsabilidad en la ejecución y la seguridad de lo ejecutado, necesitamos que nuestras Escuelas Técnicas y Universidades se ocupen de formar profesionales de alto nivel, con base ancha de conocimientos.

Viene esto a cuento porque en el seno de los debates que sirven para planificar la formación académica y el destino curricular de unos concretos profesionales, los oficiales de los Ejércitos españoles, se han introducido, con buena intención, pero en mi opinión con orientación equivocada, las titulaciones de ingeniería civil.

Para facilitar, se dice, la integración en la vida civil de los oficiales que deberán entrar obligatoriamente en la reserva cuando no aún habrán alcanzado la edad de jubilación (2) , se está ofreciendo -de acuerdo con el RD 1723/2008- la opción de seguir simultáneamente la carrera militar y la obtención de un grado (en la terminología de Bolonia).

La primera promoción de tenientes acogida a esta modificación obtuvo sus despachos en el Centro Universitario de Defensa (CUD) de Zaragoza, recibiendo, además de la titulación de oficial, la de graduado en organización industrial. Actualmente hay cuatro CUDs: además, del de Zaragoza (en donde se puede obtener el máster en técnicas de ayuda a la dirección), en Cartagena (donde también se obtiene el grado de organización industrial), en Madrid (donde se obtiene un grado en Medicina), y en Pontevedra (en la Escuela de Marín, para los oficiales de la Armada, que saldrán con el grado de organización industrial).

No me parece que haya existido el imprescindible debate antes de lanzarse a esta decisión.

En primer lugar, porque los grados o máster han de ser habilitantes -esto es, reforzados por una Orden Ministerial o Real Decreto que autorice para el ejercicio reglado de la profesión) para que los egresados puedan disponer de verdadero acceso al mundo laboral con plenas garantías. En segundo lugar, porque la experiencia adquirida en los Ejércitos es muy diferente a la que se necesita en la vida civil (incluso, para ejercer el grado de medicina, equivalente a los antiguos enfermeros). En tercer lugar, porque se está hurtando o evitando un problema de las Fuerzas Armadas actuales (y futuras): la necesidad de una alta cualificación para la guerra -y la defensa- no convencionales, en las que el mando sobre tropa es cada vez menos importante en relación con el conocimiento de las TICs y del armamento sofisticado de nueva generación.

Y, en fin, tampoco se ha considerado en mi opinión, que lo que se necesita con urgencia, en el campo civil como el militar, es conseguir formar a cuadros con muy altas cualificaciones, capaces de integrarse en los Centros de Investigación del Ejército, ya sean directamente dependientes de Defensa o de carácter mixto (por supuesto, en gran parte, en desarrollo de programas europeos). Equipos humanos y material dedicados a desarrollar tecnologías y procesos de alta, tanto de uso militar como de doble uso.

(1) Discrepo de lo indicado, aunque no en forma frontal, en la recogida de su galardón como alumno distinguido de Bachillerato, por el nieto del admirado Francisco Tomás y Valiente -asesinado por ETA en 1996-, cuando pareció contradecir al nuevo presidente de la Comunidad de Madrid, Angel Garrido (que habló después que él), defendiendo que, con preferencia a jugar a la excelencia, la sociedad debe preocuparse por recuperar a los rezagados, es decir, buscar la equidad en la enseñanza.

Mi discrepancia no se fundamenta en la intención de entrar en discusión con argumentos bien intencionados y de orientación solidaria y ecuánime. Pero necesitamos élites para que los que normales encuentren mejor acomodo. Y las élites se forman en centros de alta cualificación, sin el estorbo de los que no quieren o no pueden seguir el ritmo de los mejores. Esos Centros adecuados cada vez nos faltan más en esta España disoluta y son especialmente necesarios en la Universidad, caída en un deterioro indescriptible.

(2) La cuestión tiene su origen en la decisión de reducir el Ejército profesional a 120.000 efectivos con un máximo de 20.000 oficiales. Tiempos aquellos en los que España alardeaba de tener un Ejército de medio millón de soldados y mandos y el paso por los campamentos y centros de instrucción era obligatorio para aquellos varones que no alegábamos ningún impedimento.


El ave que he fotografiado es el esquivo Cetia ruiseñor (conocido como ruiseñor bastardo), cuyo canto sonoro, de naturaleza explosiva, puede sorprender al paseante a las orillas de ríos, embalses o canales en donde existan arbustos o carrizos espesos. Tímido y reservado, permanece oculto en la maraña arbustiva, y solo raramente asoma para atrapar un insecto o cambiar de lugar. Su identificación no es sencilla, a salvo de su canto inconfundible. Físicamente, se parecen (macho y hembra son similares) al carricero común (acrocephalus scirpaceus) y a la buscarla unicolor (locustella luscianoides)

Publicado en: Actualidad, Ejército Etiquetado como: Centro Universitario de Defensa, cetia ruiseñor, civiles, CUD, ingeniero industrial, ingenieros militares, ruiseñor bastardo, teniente

Ciudadanos en la picota

10 junio, 2018 By amarias 3 comentarios

En el negocio bursátil (ese juego para adultos en el que aún no he conocido a nadie capaz de asesorarme con solvencia y no con palabrería) existe la figura clave de los cuidadores del valor. Son expertos en proporcionar noticias sobre contrataciones reales  o en perspectiva, comentarios de coyuntura, juicios sobre mercados y competencias, aderezado con avances de cuentas de resultados y apoyado con dineros contantes y sonantes en los momentos oportunos.

Este despliegue de saber hacer, con efectos sobre la cotización de una acción y con el menor coste posible, tiene como destinatario al ahorrador particular, pero cuenta con la mediación (no necesariamente desinteresada) del experto en analizar curvas de fundamentales, topes de resistencia al alza o a la baja, volúmenes de contratación y su fino olfato de asesor de terceros sin poner precio a su propia cabeza.

Pues bien, en el escenario político español, los expertos en analizar el caos de la polis, coinciden en cacarear que toca ahora apostar por el valor del PSOE de Pedro Sánchez, (hay varios, como el lector sabe), encaramado a las labores y tejemanejes del Gobierno, y, en correspondencia, se airean consejos para vender acciones, confianzas, apuestas de futuro, de todos los demás grupos políticos, o, en el más benévolo de los casos, tenerse ojo avizor sobre su evolución inmediata.

Dé por perdido, oímos lo invertido en el PP, víctima de una burbuja explotada por la corrupción sobrecalentada y sin capacidad de reacción debido a la concentración excesiva en el sector de la autocomplacencia. Cierto que existen importantes activos inmobiliarios y personales que podrán aprovecharse, aunque en este momento lo que procede es ver quién es el nuevo equipo gestor de los valores de la derecha tradicional tras la debacle.

Si ya lo tiene en su cartera ideológica, mantenga, aunque consciente del riesgo que asume, las acciones que haya destinado a Unidos Podemos, devaluadas en este momento por la pérdida de credibilidad de sus otrora mediáticos líderes. Consideradas inicialmente como «chicharros» -denominación despectiva para aquellos valores que fluctúan en exceso, sometidos a vaivenes especulativos-, no se descarta una recuperación rápida si volvieran a entrar en el parqué las inversiones de los fondos antisistema que potencian las revueltas callejeras y la apuesta, por los que saben poco de la economía real y quieren ver en las tecnologías de ficción socioeconómica, la solución a sus necesidades que es el punto fuerte del valor.

Dentro de este panorama, en el que los partidos nacionalistas y, en especial, los anticonstitucionalistas, no cumplen otra función que la de enmerdar el parqué para su propio beneficio, jugando de farol con los intereses legítimos de la mayoría y despreciando las reglas según les convenga, destaca, en mi opinión, una anomalía.

Vencido y derrotado el ejército de la derecha tradicional, cerrada la puerta con un golpe en las narices a la izquierda montana, el ascenso a los cielos de la facción de Pedro Sánchez por mor de una carambola y un equipo de figuras del santoral, sorprende la casi total unanimidad de representantes de los demás partidos, informadores, analistas y amigos del tertulianeo de café, en utilizar a Ciudadanos como trasunto del muchacho al que toca vapulear en los recreos. Suele ser, ¿recuerdan? ese chaval de gafas, negado para la gimnasia, militante entre los mejores de la clase, que levantaba la mano cuando el maestro hacía una pregunta y salía voluntario cuando se solicitaba desde la tarima una colaboración.

Sí, también era al que, cuando la autoridad tenía que ausentarse por cualquier necesidad, ésta le encargaba de apuntar en la pizarra a todos aquellos que no guardasen la compostura.

No quisiera confundir deseo con factibilidad, pero si me preguntan qué valor político es al que concedo mejor evolución futura, les contesto sin dudar: Ciudadanos. Cómprenlo ahora que está bajo. Por los fundamentales.

 

 

Publicado en: Actualidad, Economía, Política

No precipitarse a gobernar sin Programa

7 junio, 2018 By amarias 1 comentario

Después del impacto emocional y mediático que supuso la presentación del gobierno con el que Pedro Sánchez anunció su disposición a convertir el asalto a la Moncloa en una demostración de solvencia, es imprescindible poner el énfasis en la inmensa tarea por delante.

He escuchado ya, entre los optimistas informados, que la limitación que supone tener que atenerse a un Presupuesto aprobado por el anterior gobierno, y al que se manifestó expresamente su rechazo en la votación del Congreso, no es tan grave.

Grave no parecerá a algunos, pero no puedo estar de acuerdo con que se caiga en la tentación de cambiar partidas y hacer reasignaciones presupuestarias, pues contravendría las obligaciones legales de ajustarse a lo aprobado.

Sin embargo, queda poco más de medio año de ejecución presupuestaria y el horizonte presenta un magnífico regalo adormecedor a la posible presión de reivindicativos y descontentos: el Mundial de Fútbol, y concede margen de preparación fuera de focos para generar un buen programa de gobierno con el que conseguir, tal vez, la aprobación del presupuesto para 2019 -es imprescindible utilizar una capacidad de convicción a contrarios que  no será ni fácil para el PSOE ni asimilable para sus competidores políticos-.

Sin embargo, ese programa y las buenas maneras y los puntuales logros que se consiga poner de manifiesto, han de estar destinados a conseguir el apoyo mayoritario del pueblo llano en las próximas elecciones.

El mundial de fútbol juega, pues, un papel relevante para aliviar la presión sobre el nuevo ejecutivo. Si la suerte que acompaña a Sánchez se concreta en que la selección española llegue a jugar la final, y no digamos si se gana la competición, nos plantaríamos, vacaciones de verano mediante, a finales de septiembre y con una sensación placentera como placebo para aliviar las adversidades de cada día.

Opino que este flamante gobierno de 17 capacidades innegables, 17 personalidades muy potentes, no debe es cometer el error de empecinarse en acelerar el inicio de la labor de cada Ministerio de forma independiente.

Que hablen poco, o que lo que digan no suponga apuntar a objetivos imposibles. Porque lo más urgente es confeccionar un Programa de Gobierno, una relación concertada, seria, ambiciosa, con la convicción realista de que no podrá ser ejecutado de inmediato. No hay consenso y, por encima de los deseos, no lo olvidemos, no hay dinero.

El trabajo inmediato de los ministros -perdón, me resisto a hablar de ministras y ministros- debería ser, en las próximas semanas o meses, analizar ese Programa conjunto, ponerlo en claro, expresarlo con rigor a la ciudadanía y, en lo posible, abstenerse de realizar declaraciones de intención que pondrán de manifiesto altura de miras y nobleza de criterios, pero tropezarán con el muro de la realidad inevitable.

Como deseo que no suceda esta dicotomía entre realidad y ficción presupuestaria, opino que ese riesgo de que muchos de los responsables de las carteras se evadan por los cerros de Ubeda de sus querencias de gestores eficaces en el mercado de los dineros, atiendan más a quienes conocen los entresijos de la zona pantanosa por donde discurre la labor pública. Serenidad. En aportar ese sentido, ha de emplearse Sánchez con mano directora, poniendo él mismo en valor una capacidad de gestión y control que sus opositores le niegan.

Ha tenido la inteligencia y la oportunidad de convencer a personas de capacidad, con ideas de reforma, incluso con criterios discrepantes, si atendemos a las trayectorias anteriores. Yo no desearía que se embarcaran en grandes cambios inmediatos, salvo los de talante, y no porque no los vea necesarios, sino porque deseo que perduren en el Gobierno, y eso pasa por la confirmación en las urnas.

La buena política no se improvisa, sino que se define y traza, y no es posible actuar sin programa de Gobierno. Aplíquense, pues, los flamantes ministros, y su presidente a la cabeza, rodeado de aquellos asesores y avezados funcionarios que crean conveniente, a confeccionarlo, y no se preocupen de hacerlo ambicioso y con objetivos a medio y largo plazo.

Porque se debe tratar de convencernos, a nosotros, los votantes, ilusionados, recelosos o discrepantes, de que serán capaces de impulsar a un maltrecho socialismo a ganar las próximas elecciones, y eso solo se conseguirá con los cestos tejidos con los mimbres que se vayan seleccionando y concretando en ésta, desde las marismas de las oportunidades recobradas.

 

Publicado en: Actualidad, Política Etiquetado como: gobierno, programa, Sánchez

Poniendo los bueyes

6 junio, 2018 By amarias 2 comentarios

Aunque no han tomado todavía posesión de sus cargos, los nombres de los ministros del gobierno de Pedro Sánchez se han ido conociendo a lo largo de esta primera semana de junio y, en el momento en que esto escribo (la mañana del día 6 de este mes de 2018), el gabinete se haya ya prácticamente perfilado.

Es justo reconocer una doble cuestión en relación con este primer equipo de gobierno de la nueva era socialista. No me refiero (aunque entiendo que es de valorar en ciertos foros) a la imparidad de género del futuro ejecutivo, a favor de las mujeres.

Lo que me llama especialmente la atención es que Sánchez se ha preocupado de elegir a personas con un currículum excelente y experiencia de gestión, ya que no pública, privada. Son personas conocidas en prácticamente su totalidad, con marchamo de solventes en sus anteriores cometidos.

La segunda cuestión que creo necesario resaltar es que los nombramientos le han servido para marcar algunas líneas intencionales de su actuación.

Borrel (Josep), ingeniero aeronáutico y economista,  representa, además de un peso personal de gran mérito, al catalanismo no separatista, con argumentos expresados con rotundidez en múltiples apariciones públicas.

Ribera (Teresa) es, de los funcionarios españoles involucrados en temas ambientales y, en concreto, los relativos a los acuerdos de contención del incremento de temperaturas por efecto de los gases de producción humana, una de las voces más respetadas y competentes.

A primera hora de la mañana trascendió que el astronauta Duque (Pedro), también ingeniero aeronáutico,  se encargará del Ministerio de Ciencia, Innovación y Universidades. Una apuesta importante -y arriesgada, por el perfil de exigencia que presupongo al candidato- por remover el océano de descoordinación de la investigación en España, a la que hay que dedicar, por supuesto, más medios, aunque también, esfuerzos de coordinación.

Podría, de la misma forma que he trazado algunas pinceladas sobre la idoneidad de los tres nombrados, referirme a los demás futuros ministros. Todos ellos, en conjunto y de forma unitaria, representan la voluntad de trazar un camino de solvencia y seriedad. No será posible, supongo, llevar a cabo grandes operaciones en lo que queda de legislatura, si es que llega a completarse. No habrá tiempo, no habrá apoyos. El PP ya anunció su voluntad beligerante, y Podemos no oculta su decepción por no haber entrado en el Gobierno.

Los portavoces del PNV se muestran prudentes ante la previsible modificación presupuestaria que recordará la dotación extraordinaria que motivó su apoyo, con el anterior gobierno y que, de eliminarse aquella, pondrá de manifiesto la profundidad de su deseo de cambio. El PdeCat y todo el independentismo catalán ha visto, en el nombramiento de Borrel, un portazo a sus deseos de república por la vía rápida anticonstitucional, aunque el ministro se encargará de los temas de exteriores.

Creo que Sánchez ha hecho un movimiento de ajedrez muy inteligente, sin duda, bien asesorado. Es de agradecer que personas con tan buena trayectoria profesional haya accedido a formar parte de un gobierno al que las previsiones auguran carácter efímero.

Hay un pulso en el escenario. El país espera con expectación, con ilusión, con necesidades. Los bueyes (me perdonarán la metáfora) imagino que están deseosos de tirar del carro de la verdad, ese que no discurre por los avatares del Parlamento, que no ara por los caminos de la dialéctica, sino que ha de avanzar por los vericuetos de la realidad, embarrados y con parajes ignotos.

 

Publicado en: Actualidad, Política Etiquetado como: Borrel, Duque, ministros, Ribera, Sánchez

Influencers

4 junio, 2018 By amarias 2 comentarios

En las redes sociales -tejidos enmarañados lanzados al mar de la necesidad humana de relación e interacción- se mueven intereses de toda especie. Hay tiburones, arenques, delfines, palometas y  ballenatos, por ejemplo.

Entre lo más singular de la fauna variopinta que vive atrapada en esa cetárea de valores y orientaciones subrepticiamente comerciales e inmediatas, figuran los influencers.

La palabra está tomada del idioma inglés, pero  se ha incrustado en el lenguaje meta tónico de los de menos de cuarenta y cinco años, con un aumento de la señal localizada en los que andan por la treintena.

Influencers son, cierto, los que influyen, los que poseen autoridad intelectual, técnica, política, moral o de otra índole en un subsector y, por tanto, tienen followers, seguidores. Gentes, declaradas o anónimas (fundamentalmente, de esta última categoría) que, con alguna regularidad, leen o dicen leer lo que opina el grupete de influencers al que están adscritos.

No es tan sencillo admitir para los educados en lo analógico (diríamos, para andar por casa, los que siguen creyendo que solo existe un mundo regido por la realidad y el orden) que la vida ha pasado a tener una componente básicamente virtual, etérea e imprecisa, aunque con destacable presencia en el cada día de todos nosotros.

Como la edad, incluso más que el conocimiento, me ha convertido en escéptico sobre la mayoría de las influencias -el rebaño está regido por fuerzas más relacionadas con el azar y la improvisación que por la reflexión-, no me creo que los influencers tengan influencia significativa, ni sobre los followers, ni, por supuesto, sobre los que ignoran de la existencia de unos y otros.

Cuando, en el batiburrillo de los encuentros ocasionales con colegas, amigos, desconocidos y gentes de cualquier vivir, alguien se me acerca y me comunica, con el aire de quien realiza una confesión ignominiosa: «Te sigo», me quedo, por lo general, con la pregunta personal de «¿A dónde?»

Solo que no se la formulo, claro, porque es agradable la sensación de imaginar que, en esta sociedad en la que nadie tiene mucho interés por el próximo o lejano -salvo que pertenezca a un equipo de fútbol o a la propia escudería-, hay, desde el silencio y la opacidad, alguien que lee lo que escribo y le sirve para ayudarle a poner algo de orden personal en la cetárea en donde somos alimentados, fundamentalmente, con carroña y mentiras para ser catapultados una y otra vez al mercado para que compremos lo primero que se nos ponga delante de las narices.

 

Publicado en: Actualidad, Cultura, Sociedad Etiquetado como: follower, influencer, mercado, red social

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