Al socaire

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Guía para novatos: Prioridades para un nuevo Gobierno

1 junio, 2018 By amarias 1 comentario

Contra pronóstico, el órdago del partido socialista contra el gobierno catatónico de Rajoy, ha tenido éxito. Utilizando el símil del mus, Pedro Sánchez no tenía opciones a la grande, no llevaba pares ni juego, pero su par de ases a la chica le sirvió para ganar la partida, al aceptar el órdago quienes llevaban o creían llevar un trío bien apalancado .

Desde luego, el Partido Popular estaba condenado -¡y judicialmente!- a abandonar el terreno de Gobierno. Se puede decir que ha sido tumbado por la judicatura, certera e insensible en juzgar los graves asuntos de corrupción que emponzoñaron a esa opción política, y enmerdaron hasta límites insalvables cualesquiera idea de logros en el terreno de la gestión.

No sirvió el enroque del hoy ya ex Presidente en la hipotética recuperación económica (de la que los populares parecen convencidos más que convincentes), ni en el increíble mantra de que ni él ni nadie de su actual gobierno (en funciones, ya) metieron nunca jamás la mano en la caja en donde se guardan los dineros de todos, recibiendo porcentajes a cambio de adjudicaciones (que, tal vez, eran peajes consentidos y acordados entre las empresas que licitaban por algunas obras y servicios).

No es hora para juzgar los errores, las intolerables petulancias y exabruptos de algunos de los ex ministros, las lecciones facilonas de derecho para iletrados e ilusos con las que nos malilustraron algún@, y ni siquiera merece la pena intentar un análisis de la etapa que hoy termina, protagonizada por una derecha que se fue incivilizando, encerrada en la propia estima de sus méritos y logros.

La operación de salvamento que suponía Ciudadanos para ese barco en hundimiento acelerado, no sirvió; no llegó a tiempo, aunque hay que considerar muy estimable el esfuerzo de Ribera, Arrimadas y el equipo más visible de la corporación naranja para mantener alta la bandera del liberalismo, mientras crecían los enanos del circo popular, se hundían los trapecistas en posturas fallidas y hasta morían envenenadas por el hastío las fieras del zoo ocasional.

Nos adentramos en un período nuevo, en el que el mayor riesgo del gobierno que organice Sánchez, investido como presidente por azar (es decir, el apoyo sorprendente de fuerzas tan heterógeneas, incompatibles con un modelo de Estado serio, homogéneo, creíble), es pensar que puede hacer cambios sustanciales y hacer caso a la presión de los que le han aupado con el abrazo del oso al poder.

El reducido número de escaños socialistas obliga a la continuidad, es decir, a mantener el presupuesto actual (como prometió Sánchez) y a concentrarse en muy pocas reformas, bien meditadas, antes de buscar los apoyos necesarios para sacar adelante las propuestas.

Escuché decir a un relevante ex ministro socialista, en otra hora de confesiones, que el PSOE, al que se consideraba públicamente responsable de la crisis económica (no entro en razones), debería aparecer como colaborador eficiente con el gobierno del PP para salir de ella, y así, liberarse del sanbenito de haber sido él quien hundió la economía.

Valga ahora la frase, en sentido inverso, para meditar que la verdadera ventana de oportunidad de este gobierno -perdón por acogerme a una frase hecha que, en verdad, me repugna emplear- es buscar la colaboración con Ciudadanos y con el PP. E decir, justamente con aquellas fuerzas políticas que la moción de censura dejó en la estacada, y que figuran hoy como perdedores.

Tiene el PSOE gente con muy grande experiencia de gobierno. Más de 600 altos cargos de otras legislaturas pueden ayudar a Sánchez y a su equipo de bisoños a no equivocarse demasiado. Hay que tranquilizar a los mercados, apoyarse en las grandes empresas y conseguir que reinviertan aquí sus beneficios, animar a los autónomos a que imaginen aún más, mejorar la Universidad y la enseñanza en general para que se involucre con el país, poner a trabajar a todos los funcionarios (sí, lo siento; hay mucho vacío detectado de actividad), perseguir a los infractores fiscales y, sobre todo, unir a España.

Y no me olvido de que existe un grave compromiso con los jóvenes de este país. No con los que vociferan en la calle exigiendo república y cambio de la tortilla. Con esos millones que han creído que el futuro les pertenecía y que aún se preguntan quién se lo está birlando.

Puede que en las próximas elecciones (muy cercanas) los votos de los jubilados no vayan todos al PSOE, pero tiene que contar con la ilusión de la mayoría juvenil de este país. Si lo consigue, en un entorno de estabilidad económica y crecimiento verdadero, habrá ganado la partida al futuro que, hoy por hoy, se presenta demasiado incierto para apostar ciegamente por él.

 

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Presidente Sanchezstein

31 mayo, 2018 By amarias Deja un comentario

En el momento en que redacto este Comentario, 31 de mayo de 2018, el secretario general del PSOE, Pedro Sánchez, se confirma como ganador de la moción de censura presentada por su partido contra el presidente de Gobierno, Mariano Rajoy. En consecuencia, a partir de mañana mismo -a más tardar, el sábado, una vez que los resultados de la votación en el Congreso de Diputados sean presentados al Rey Felipe VI-, será el nuevo Presidente de Gobierno de España.

No es el cambio de presidente de Gobierno, ni mucho menos, lo que mueve al análisis matizado y tiñe de incertidumbre el futuro político inmediato. Son los apoyos que ha conseguido el candidato, para hacerse con el máximo poder ejecutivo en nuestro país, los que ponen demasiadas incógnitas sobre la necesidad de estabilidad imprescindible para salir con solvencia de un embrollo de magnitud espeluznante.

Ni los antisistema de Unidos-Podemos, embarcados en una notable falta de credibilidad y liderazgo, ni los nacionalistas vascos, ni mucho menos, los independentistas catalanes, que son los que habrán aupado a Sánchez a la Presidencia, ofrecen garantía de tranquilidad ni conceden margen para gobernar con solvencia.

Las discrepancias de ideológicas entre los votantes de cada uno de esos partidos, la deriva anti-constitucionalista de los partidos separatistas y, en fin, la total ausencia de sentido de la realidad política del grupo pre-revolucionario que alimenta Podemos y sus adlátares, aseguran un panorama bronco, de contestación callejera y persistencia en la caída de la economía, que se acelerará.

¿Es que debe entenderse que apoyo que Rajoy permanezca en el Gobierno? En absoluto. El Partido Popular, confirmada la participación sustancial de miembros muy destacados de la coalición en la corrupción que ha convulsionado los cimientos sociales de España, no tiene ninguna opción de mantener un rumbo serio, estable y creíble, para la economía.

Habrá ministros que sepan -y hasta puede que quieran- hacer las cosas profesionalmente con pulcritud, pero no se puede sostener el gobierno del Partido Popular. Las cifras concretas no importan tanto como la descubierta pública de la corrupción económica con la que se alimentó parte de la fuerza electoral. Una vez que la judicatura, en un trabajo impecable pero implacable, ha puesto de manifiesto la verdad que se esconde tras las cifras del Partido Popular, y el objetivo deplorable de enriquecimiento personal de demasiados de los que se encontraron en núcleos de decisión relevantes para nuestra sociedad, el cambio, no solo de rostros, era imprescindible. El PP está muerto como partido.

Yo hubiera preferido un cambio de gobierno sustentado en una coalición PSOE-Ciudadanos, que me parece mucho más homogénea (y serena para los mercados y la sociedad) que el desbarajuste institucional, como vaticino, sin mayor esfuerzo mental, que se producirá a partir de junio.

Mi deseo voluntarista no se cumplió y, con la gran mayoría silenciosa, me convierto en espectador involucrado (¡qué remedio!) en el devenir inmediato. Mi bola de cristal, ya bastante desgastada por el uso, presenta como panorama un guirigay de manifestaciones callejeras a favor de la independencia de Cataluña (y del País Vasco, claro), soflamas identitarias que no solo ignoran la Historia real, sino que alimentan el desorden jurídico y atentan contra la noble identidad española y desprecian la solidaridad y respeto debidos entre pueblos.

No solo eso, el gobierno de Sánchez se encontrará con la necesidad de lidiar con reclamaciones desmesuradas que, surgidas del desequilibrio económico y social, no tendrán posibilidad de ser atendidas con sensatez y oportunidad.

Y no me olvido, no, de que la monarquía está hoy más débil que nunca, y se agudizará su tensión de supervivencia en un pueblo que siempre fue monárquico (religión obliga) pero no se atreve a reconocerlo, porque todos nos sentimos indefectiblemente republicanos de corazón y revolucionarios de intención. Cuando se conozca, por fin, la sentencia inapelable del caso Noós, Felipe Sexto y su consorte plebeya Letizia sufrirán un revés personal que también afectará al supuesto carácter superior y quasi-sagrado de la rancia institución monárquica.

Esto será así, porque para dispararnos a los pies y preparar eternamente la próxima revolución no tenemos competencia. En Europa, desde luego que no; ni en Italia, ni en Grecia, ni en los Balcanes.

Buena suerte, presidente Sanchezstein. La necesitas, la necesitamos todos.

Publicado en: Actualidad, Política Etiquetado como: moción de censura, nacionalistas, Pedro Sánchez, PNV, presidente, Rajoy, separatistas

Franjas

15 mayo, 2018 By amarias Deja un comentario

Cada 15 de mayo, los palestinos celebran La Nakba (el día de la Desgracia), en conmemoración de la pérdida de territorio por la creación del Estado de Israel. Que un pueblo haya convertido en fecha para recordar el momento desgraciado en que la Comunidad internacional impone la decisión de incrustar en la tierra que venías ocupando a tus enemigos irreconciliables, es una muestra de la nula existencia de acontecimientos dignos de festejo para los varios millones (¿cuántos?¿diez?) de descendientes de filisteos.

Por supuesto, los habitantes del Estado de Palestina (entendiendo por ello, el territorio formado por Cisjordania y la franja de Gaza), no forman un núcleo homogéneo. Las precisas decisiones de los Estados que controlan, hasta ahora, el mundo, capitaneados por Estados Unidos e Israel, han conseguido romper la unidad palestina.

Los palestinos de la franja de Gaza, cercanos a los dos millones se encuentran en una situación tan especial como inaceptable por cualquier persona sensata, sensible al principio de que los seres humanos tenemos derecho a gozar de libertad. No lo digo yo, lo ha denunciado incluso la Organización de las Naciones Unidas, Gaza es el mayor campo de concentración del mundo. Rodeados por alambradas, vigilados por Israel y controlados férreamente por Egipto, solo el mar Mediterráneo les ofrece, cartográficamente, sensación de poder escapar hacia el exterior. Una falsa impresión.

El gran provocador Duck Donald Bush ha desplazado a Jerusalén la embajada norteamericana del gran aliado Israel, poniendo así un claro signo sobre a quién pertenece, según criterio del país que aún rige los destinos de gran parte del mundo, la ciudad sagrada. En la franja de Gaza esta decisión ha movilizado la rebeldía de quienes creen no tener nada que perder, y se saben marginados por la opinión internacional. Miles de manifestantes se han aproximado a la frontera con Israel, ofreciendo un claro blanco para los fusiles del Ejército judío. Para los cócteles Molotov, las piedras y los gritos con los que algunos de los enfadados palestinos, una distancia muy desproporcionada. La lógica del supuesto enfrentamiento ofrece un resultado abrumador: centenares de palestinos muertos y ningún israelí herido.

Quiero expresar con este Comentario, no ya mi solidaridad con el pueblo palestino y con todos los pueblos oprimidos del mundo, sino mi rechazo a quienes fabrican murallas.

 

 

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Malos tiempos para la mesura

12 mayo, 2018 By amarias 5 comentarios

Siempre pensé que me había tocado vivir en una época interesante, pero la terca realidad parece dispuesta a demostrarnos lo contrario. Con una mayoría de españoles nacidos después de la guerra incivil, y aún conscientes de que las heridas que produce haberse matado entre hermanos y vecinos supurarán siempre, tuvimos la ventana de oportunidad de una democracia que nos acercó a la visión de libertades y tolerancia como ningún otro ciudadano del mundo hubiera soñado.

Tuvimos mucha suerte, pues los avances sociales alumbrados por los inexpertos dirigentes de un reconstruido partido socialista no quedaron en agua de borrajas, sino que sirvieron de plataforma de continuidad para un equipo que caracterizamos como de derechas (calificación que, por otras latitudes, allí donde todo el país está escorado hacia el puro capitalismo, se les hubiera discutido). Estábamos haciéndolo distinto, y nos parecía que muy bien. Los aplausos, el recelo envidioso, el expectante vaticinio de nuestro descalabro -en su caso- de quienes nos habían menospreciado hasta entonces nos calentaban el cogote.

Pero todo empezó a deteriorarse sin que aún podamos entender las razones verdaderas, ni los mejores historiadores nos lo han conseguido explicar aún. No hay una clara línea divisoria entre los errores cometidos por los partidos de gobierno, que marcaron una inestabilidad agudizada por la mala gestión de las crisis: guerra de Irak, ley de extranjería, burbuja inmobiliaria, crecimiento de la población activa, incongruencias en la planificación de los recursos hídricos, posiciones estrafalarias en política internacional, corrupción, nacionalismos resurgentes, etc.

Los españoles aprendimos de pronto que los nuevos políticos nos mentían. No estábamos en una dictadura, desde luego, pero las cosas se aproximaban peligrosamente a una anarquía en la que los que estaban arriba miraban demasiado por sus intereses particulares. Y, cuando sucede algo así, todo el que puede atiende preferentemente por sus intereses particulares y los de sus allegados, allí donde se percibe el descontrol.

No pretendo realizar un repaso a la reciente historia de nuestro país, pero no puedo por menos que poner de relieve que, en lo que se refiere a este concreto momento, nos pesan demasiado las malas noticias y, aún peor, el desencanto de sospechar que no podemos fiarnos los unos de los otros.

El mayor problema actual (12 de mayo de 2018) es, sin duda, Cataluña, que está siendo guiada hacia su propio desastre y, por tanto, empuja el de una gran parte de la economía de todo el país que aún llamamos España. Los que conducen el timón, con la apariencia del respaldo mayoritario de los votantes de una democracia que ya sabemos que se ha corrompido, están poseídos del enajenamiento de su pretensión de entrar en la Historia, desde la involución más rancia, recuperando la independencia del capitalismo regional, el aislacionismo tan egoísta como cutre, la insolidaridad. Vuelta, pues, al pasado de las tensiones, los desencuentros, las batallas dialécticas y, puede ser, físicas.

No le veo solución a este problema, porque no se puede negociar con enajenados, iluminados, visionarios que se jactan de estar enviados por los dioses para avanzar haca una tierra prometida que no existe más que en su imaginación.

Desde luego, la judicialización del tema es un error, pero no cabía otra opción. La cuestión es que la aplicación del Derecho tiene muy mala vuelta atrás, e iniciado el pulso con los levantiscos por esa vía, solo cabe el aplicar la parafernalia penal, hasta el final. Hasta que se sofoque el incendio. La resistencia empecinada de los que apoyan a los secesionistas, de no conseguirse que ceda, provocará muertos. Es un milagro que no los haya habido aún, y solo lo puedo achacar a la disciplina y aguante de las fuerzas del orden.

Me gustaría poder escribir que los verdaderos problemas económicos y sociales del país (los que nos afectan a todos y a no a minorías incalificables) están siendo tratados en los foros políticos. No es evidentemente así, y lo atribuyo a una falta de capacidad intelectual y pragmática muy importante. Me resulta descorazonador que el partido de gobierno nos mienta tan descaradamente. El tufo de las prebendas repartidas, de los títulos académicos falseados, de las empresas con resultados amañados, del lenguaje de superioridad y de la falta de sensibilidad social ahoga.

Me parece también increíble que no pueda concretarse una alternativa de renovación que nos cure del desgobierno y la ausencia de diálogo. No creo que el PSOE en solitario la constituya, por supuesto, atenazado por su propia corrupción e ineficacia. Me parece que el complejo artificial construido entre los machos y hembras alfa de Podemos y la ingenua colaboración del equipillo que navega con los restos de Izquierda Unida, nos ha decepcionado ya suficientemente como para no concederle credibilidad absoluta y, sobre todo, la capacidad de conocimiento del mundo real, que nos evitaría caer en un desastre o una debacle sin precedentes.

En este contexto, que la prensa y los otros partidos se vuelquen contra Ciudadanos y sus representantes, se me antoja un síntoma más de lo miserable del momento. A sus dirigentes se debe lo más sensato de lo que estamos escuchando. Sí, son gente de derechas, es decir, de orden, de sensatez. No nos llevarán a una revolución, sin duda. Pero necesitamos calma, mucha calma para restañar las heridas del guirigay al que nos condujo, pardiez, nuestro permanente complejo de no querer trabajar juntos, de querer ser el gallo de la quintana, el que se lleva el santo y la peana.

En fin, entiendo que estamos abocados a un gobierno de concertación, de revisión de postulados, de encaje de las intenciones de cada sección, sin pretender la imposición a los demás de lo que solo representa una valoración desde una minoría.


Unas agujas colinegras (limosa limosa) se disputan un bocado apetitoso (en otras fotos de la secuencia pude detectar que se trataba de un cangrejo), con el transfondo indolente de una polla de agua. En los marjales herbosos de Doñana, en marzo de 2018, cuando los bandos de primavera de estas limícolas son numerosos, ya en los inicios del período de cría, que se convierten en espectáculo ruidoso.

Publicado en: Actualidad, Cataluña, Política Etiquetado como: aguja colinegra, Cataluña, Ciudadanos, Partido Popular, política, PSOE, situacion

La evolución de China novelada por una periodista

10 mayo, 2018 By amarias Deja un comentario

Georgina Higueras, periodista, ha escrito una novela sobre China ofreciendo al lector una visión personal, intensa, de dos momentos de la historia reciente de ese macro-país. Lo hace utilizando y, en mi opinión, muy bien, el recurso literario de hacer que la protagonista vuelva a China después de varios años, tratando de reencontrarse con una amiga de la que perdió la pista desde la época en que estudió allí.

Georgina no renuncia a su formación periodista para poner en pie su relato. «En busca de mi hermana china» (Edit. La esfera de los Libros, S.L., 2018). En realidad, el argumento literario se resume con precisas pinceladas en la propia carátula del libro: A finales de los setenta, muerto ya Mao, Beatriz, una española estudiante de postgrado en Historia, obtiene una beca para estudiar en Beida (la Universidad de Pekín) y se hace amiga de Zhou Xin, estudiante de arqueología. Treinta años después, sin haber tenido contacto entre ambas, con una vida compleja tras de sí, Beatriz vuelve a China para reencontrarse con Xin.

Pero la novela es un repaso muy interesante, contado desde el conocimiento, desde dentro -y con una visión crítica y culta del país- de los acontecimientos históricos y la cultura, desde la perspectiva de los convencionalismos, los oportunismos personales y las posiciones ideológicas cambiantes.

La narración está separada en breves capítulos, con títulos que parecerían el encabezado de artículos periodísticos. La formación/deformación de la licenciada en ciencias de contar cosas, se advierte también en la manera en que se detalla la conversación con algunos de los personajes de la novela, que parecen responder a un cuestionario. Todo ello, lejos de hacer perder agilidad al relato, lo introduce en una zona de gran atractivo: conocer detalles de la vida y de la política chinas, contada por hombres y mujeres a los que es imposible no conceder una existencia real.

No se lo que tiene de autobiográfico la novela de Georgina. Seguramente, en lo que corresponde a la visión del país, del ambiente universitario de la ciudad de Pekín, e encanto de los descubrimientos arqueológicos de Xi´an, y, muy en particular, al perfil detallado de algunos personajes, bastante.

Cuando alguien lee la novela de un amigo -y Georgina lo es, y cuenta con mi aprecio profesional como uno de los mejores periodistas de este país- puede correr el riesgo de tratar de identificar pasajes y momentos con la vida real del autor/autora. Esa tentación no tiene interés para mí. La novela me pareció sugerente, espléndida en su concepción de contar lo que alguien sabe de un país aún misterioso, al margen de los eruditos (y falsarios en gran medida) libros de economía o historia académicos.

Le encontré un aliciente más, que me recordó -en una asimilación de ideas sorprendente, incluso para mí- «La naranja mecánica», de Kubrick, en la que los malvados protagonistas incorporan palabras y expresiones rusas cuando hablan entre sí. Los principales personajes de Georgina son gente buena, de ética irreprochable, de un bilingüismo contagioso. He anotado, por curiosidad, las palabras y expresiones chinas -traducidas al español- que se vierten en la novela. Más de doscientas. Constituye, en este sentido, también un acicate para iniciarse en este complejo e imprescindible idioma del presente y, claro, del futuro.

Un libro, en fin, entretenido y, al mismo tiempo, ilustrativo.


La portada del Libro del que hago corta recensión en este Comentario es magnífica (tomada, por lo que creo deducir de AGE Fotostock, y con derechos de autor). Me permito, por tanto, ilustrarlo con una de las más hermosas fotografías que he tomado recientemente, en homenaje a Georgina y a nuestra amistad.

Se trata de una pareja de camachuelos (Pyrrhula pyrrhula), fringílidos de aspecto inconfundible, discretos en su comportamiento (aunque no se puede decir que sean tímidos), que se pueden encontrar con alguna frecuencia en las zonas de sotobosque y hayedos del norte. Esta pareja nidificante, en concreto, posó para mí en la frontera de un bosque de castaños bastante abandonado y una pomarada cercana al río Narcea.

Publicado en: Actualidad, China, Cultura, Economía, Literatura, Tecnologías Etiquetado como: camachuelo, China, Georigina Higueras, la hermana china, libro

Máster a comanda

17 abril, 2018 By amarias 2 comentarios

La presidenta de la Comunidad de Madrid, Cristina Cifuentes, otrora admirada -en círculos incluso extraños a su partido- por su talante resolutivo y su capacidad de mangonear a diestro y siniestro, ostenta en su amplio currículum un título que la prestigiosa Universidad Rey Juan Carlos le otorgó con amplias facilidades, y que el indomable y sagaz ánimo inquisitorial de Ignacio Escolar jr. y su equipo han dejado al descubierto.

El máster en Derecho Público de Cifuentes, de la que tiene el título oficial correspondiente, fue obtenido en circunstancias extraordinarias. Y lo que es más extraordinario, para arropar lo irregular de tales circunstancias, un equipo de diligentes funcionarios, se han dedicado a cubrir con sus burdas hilaturas, emponzoñando el caso hasta enmerdarlo sin solución, y siguiendo instrucción de quién sabe quién y por qué, los huecos procedimentales del singular íter académico.

En resumen: el máster iba desnudo. Se pagaron, sí,  las tasas, y no seré yo quien dude que con dineros del mismo bolsillo de la Presidenta, pero no hubo asistencia a las clases y, al parecer, ni fue necesaria la comparecencia para los exámenes reglados, ni aparece el reglamentario trabajo de fin de título, que debiera cerrar con broche de oro o plata los desvelos del aprendizaje.

La Presidenta defiende su honradez, en una carta dirigida al rector de la URJC, el ingeniero naval Javier Ramos,  con argumentos de gran peso: hizo lo que se le pidió, y si se le hubiera pedido más, no hubiera cursado un máster que no añade nada a su currículum. Es licenciada en Derecho, tienen otro Máster equivalente y ostenta una experiencia profesional que ya quisieran otros. Así que devuelve la titulación, y aquí paz y después gloria, porque no está dispuesta a dimitir, como lo pide la desleal oposición, de su posición como Presidenta de la Comunidad.

Me duele el caso, que viene a perjudicar a la Universidad española, además de especialmente a la URJC, concediendo pábulo a la especie tan querida por quienes carecen de títulos académicos o los tienen de medio pelo, de que el saber se regala a quien tiene dinero y que los méritos son adornos de los que poseen medios para emplumarse con ellos. Como titulado doble que soy, como profesor que fui, como estudiante en varias Universidades en las que cursé decenas de asignaturas por el placer de aprender, y defensor a ultranza de la importancia de conocer, y conocerlo bien, me parece deplorable que se esté utilizando el caso para despreciar a la Academia, y aprovechar que este río suena para ver que toda el agua está viciada.

No es así, ni es momento para dejar al descubierto las miserias de la Universidad, que son muchas, pero de otro percal. Si a Cifuentes le han regalado el título, le doy la razón: la culpa no es suya, sino del dadivoso. No hagamos más daño, apuntando al que recibió la prebenda, y sí analicemos con rigor quiénes y por qué andan usando el sello prestigioso de la autoridad del saber oficial para favorecer a unos y poner muy alto el listón a los demás, que somos mayoría.

No creo, en resumen, que deba dimitir Cifuentes, aunque sí deberían dimitir, por vergüenza, quienes se ofrecen a cambiar las normas para favorecer a algunos, con su nepotismo servil, dándoles más plumas con la que pavonearse delante de los demás, pobres diablos, que tenemos que sudar la camiseta para avanzar cada peldaño.

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Este bello pájaro es un moscón europeo (remiz pendulinus) macho, sorprendido a orillas del Guadalquivir, en Sevilla. Un dichoso polígamo que fabrica un nido en forma de bolsa plumosa, colgando de una rama fina de sauces o álamos, principalmente. Le delata, más que su pico puntiagudo de insectívoro (también le gustan las arañas), el antifaz oscuro (no negro), más ancho en el macho que en la hembra. .

Publicado en: Actualidad, Aves Etiquetado como: cifuentes, dimisión, master, moscón europeo, rey juan carlos, Universidad

Encallados

10 abril, 2018 By amarias Deja un comentario

No tiene gracia. La posición de credibilidad internacional de nuestro país -una democracia seria y consolidada- va perdiendo enteros a velocidad que resulta insoportable. El conflicto generado por una facción secesionista catalana, utilizando las estructuras institucionales contra el Estado central, y que ha levantado en pie de guerra formal a una parte importante de la ciudadanía de esa región contra el resto de la población -regional y nacional- es, sin duda, un elemento coadyuvante para alimentar esa sensación de descontrol.

Es penoso el espectáculo del desentendimiento entre los responsables del gobierno central y el autonómico, pero la situación alcanzó ribetes de mala ópera bufa, gracias al afán protagonista de algunos personajes, a sus aficiones histriónicas, a su descaro irresponsable, saltándose el respeto que merecen las instituciones -las que representan y las que critican-, la ciudadanía -a la que dicen defender y la que ofenden-, las empresas interesadas en hacer las cosas bien -y las que apoyan la imposición revolucionaria, creyendo tal vez que el mar revuelto les puede beneficiar-, y el orden jurídico, al que apelan con desfachatez, para destrozarlo con desenvoltura.

Que un Tribunal alemán regional intermedio se atreva a enmendar la plana a un magistrado del Tribunal Supremo español (que ha actuado siempre refrendado por la Sala de apelaciones) es increíble. Que una ministra de ese país de la Unión Europea se atreva a interferir, con su opinión, en la vida política de otro Estado miembro, es inaceptable. Que se aireen discrepancias en la interpretación de los Tratados de extradición dentro de la Europa común, es increíble. Que existan graves diferencias en los Códigos penales de países que mantienen libre circulación de personas y bienes -en los tipos delictivos y en las sanciones previstas-, cuestión de la que quienes tenemos en el ejercicio de derecho nuestra profesión ya habíamos advertido, es intolerable.

El asunto del máster conseguido, presuntamente, por la cara, de la presidenta de la Comunidad de Madrid ha subido, por su parte, muchos enteros, la escalada de los despropósitos por el que algunos, desde distintos ángulos de la versión política, nos empujan para convertir la imagen del país en objeto de risión. Se sabe ahora, además, que ese título universitario no era un adorno más en el currículo de la empecinada política, sino que resultaba la consecuencia de un contubernio entre amigos del partido para otorgarle una titulación que le sería imprescindible para poder ejercer la docencia, a la que parecía vocacionalmente destinada, cuando dejase de dirigir los destinos colectivos de la región madrileña.

Este máster maldito está emponzoñando, de refilón, la credibilidad de otra institución necesitada de consolidar su prestigio, la Universidad española, perjudicando la trayectoria profesional y curricular de quienes han obtenido sus títulos con trabajo y dedicación, y no como resultado de contubernios de despachos.

Podía poner, lamentablemente, otros ejemplos del descalabro en el que se encuentra nuestra vida socio-política. La pareja dominante del partido que estaba autoproclamado para hacer una revolución salutífera, el clan Iglesias Montero, no da ejemplo precisamente de democracia, conocimiento de mundo real y serenidad pragmática. Las pullas desde el decaído partido de gobierno contra un eternamente bisoño, pero tenaz, Alberto Ribera, no mueven tampoco a la devoción política. Y el partido en el que vegeta Pedro Sánchez y una vieja guardia decaída, más bien parece guardián del cementerio antes que alternativa creíble,

Me detengo aquí. Da asco el panorama. Y lo que más me duele es que esa falta de originalidad, de decencia política, de objetivos y programas de gobierno o alternativa, nos esté perjudicando a todos, dando mecha a una posición antiespañola, despreciativa, de la Europa centralista, clasista, hispanófoba por vocación, que gusta de utilizar nuestro descontrol para ocultar sus graves lacras. Nuestra guerra incivil les sigue pareciendo mucho más grave a algunos europeos de mentirijillas, que una guerra mundial posterior en la que mataron sin piedad a quienes fijaron como objetivo de su rapiña y sin apelar a la defensa ni del orden institucional ni de los intereses de clase.

 

Publicado en: Actualidad, Política Etiquetado como: antiespañolismo, Catalunya, credibildiad, empecinados, master, Pedro Sánchez, perjuicio, Puigdemont

Sin hegemón

27 marzo, 2018 By amarias Deja un comentario

La detención del expresident de la Generalitat Carles Puigdemont en Alemania, poniendo punto y seguido a una escalada de agravios al Estado de derecho del que se convirtió, por voluntad propia, en portavoz principal, no significa el final de la historieta.

No lo va a ser, como lo demuestra la excelente disposición de unos cuantos miles de catalanes, entremezclados con revoltosos profesionales y descerebrados de ocasión, para bloquear autopistas, congregarse ante la delegación del Gobierno central para pedir a gritos Democracia o libertad para los presos políticos, o incluso, aplaudir las amenazas de agresión al juez del Tribunal Supremo que instruye las causas por la rebelión independentista.

No lo va a ser, porque el movimiento secesionista catalán no solamente carece de lógica social y económica, además de ser anticonstitucional y, por tanto, ilegítimo, sino que le falta un hegemón, un líder capaz de negociar con los opositores, al mismo tiempo que con el carisma de representar sin fisuras a sus partidarios.

La carencia es recíproca, en realidad. Del lado de quienes se han concentrado en defender, con argumentos de infalible peso, el Estado de Derecho y la unidad de España, falta también un hegemón. No disponemos de un caudillo capaz de ilusionarnos, no porque no estemos convencidos de que la verdad (¡ay, la verdad!) está de nuestro lado, porque en esta ocasión somos «los buenos», sino porque los cabecillas a los que tenemos la obligación jurídica de seguir, tienen una apariencia de cochambre que nos contagia y debilita. Los argumentos, podríamos decir, son buenos, pero expuestos por las bocas enfangadas de la miseria mental de sus ponentes, resultan deplorables.

En este lado del campo dialéctico, tenemos un presidente de Gobierno hábil en el escapismo del centro de las batallas y torpe en la expresión verbal; la presidenta de la Comunidad madrileña, que disponía de un porte atractivo frente a su inmediata antecesora, resulta que quiso tener un título académico sin pasar por los exámenes reglamentarios, y la han pillado (parece ser que por denuncia pública de sus correligionarios); hay ministr@s que no se sabe en defensa de qué o dónde actúan y otr@s que estarían mejor callad@s.

No se acaba ahí la cosa, pues de hegemones se trata en este Comentario. Las dos alcaldesas de las ciudades principales, han convertido la gestión municipal en la versión de un guirigay en el que su función más visible, y lamento escribirlo, consiste en ocultar sus contradicciones y las discrepancias entre los miembros de su gobierno.

¿Y en los partidos políticos? Entre machos y hembras alfa o beta llevamos perdidos toda esta legislatura y aventuro que alguna más de las que vienen. ¿Es tan difícil decir claramente que la secesión catalana es inviable, pero que sus reivindicaciones tienen entidad para ser analizadas con serenidad y la solución que encontremos nos puede ayudar a todos? ¿Es imposible -¡Señor!- volcar la atención de los agentes sociales hacia lo que más debe preocuparnos, que es el mantenimiento de los servicios asistenciales, la elevación de los niveles educativos, y la generación de empleo y riqueza, que implica acercar al debate constructivo a las grandes empresas, pero también ayudar a que no se pierdan los impulsos emprendedores de los que tienen buenas ideas?

¿Es tan difícil reconocer, para sacar la cuestión del debate, que tenemos una jefatura del Estado muy, pero que muy homologable internacionalmente, y que es la mejor alternativa a cualquier propuesta republicana del momento?

Necesitamos hegemones, no mamones.

…

Los gorriones que picoteaban este pasado domingo sobre este margen terrero del Parque madrileño de la Dehesa de la Villa, son representantes de la especie gorriones molineros (passer montanus), distinguible del gorrión común -con el que el no avezado en los entresijos de la ornitología se confunde- por la mancha negra de la mejilla, contrastando fuertemente con el blanco puro de la cabeza. Es algo más pequeño, menos confiado y, aunque también gregario, parece como algo más elegante.

Publicado en: Actualidad, Cataluña, Sociedad Etiquetado como: Cataluña, hegemón, jefatura de estado, Puigdemont, rebelión

Manifestaciones callejeras

25 marzo, 2018 By amarias Deja un comentario

Calle o parlamento. La opción parece estarse desviando hacia la manifestación personal en ese foro sin reglas (o apenas) que supone la ocupación de las aceras. Es igual que se trate de pedir justicia -cómo no- para la presunta asesina del niño Gabriel, o la libertad del ex President Puigdemont a quien la policía alemana acaba de trincar para conducirlo a la prisión de Neumünster en cumplimiento de una orden cursada vía Interpol por la judicatura española.

La calle es lugar de acogida tanto para quienes deseen protestar ante el gobierno por la ridícula revisión anual de las pensiones de jubilación, como para los preocupados por el futuro (negro) del carbón autóctono.

No tengo tan claro, en cambio, hacia quién van dirigidas todas esas expresiones, generalmente de descontento. En el caso de las peticiones que reclaman el ejercicio de las previsiones del Derecho, me parece interpretar que se trata simplemente de dar salida a una tensión emocional: la señora que, fuera de sí, fue interceptada por la policía cuando pretendía abalanzarse sobre la homicida confesa del niño almeriense, no creo que fuera consciente de que arriesgaba convertirse, ella misma, en delincuente, si se le hubiera permitido ofrecer el espectáculo ante las cámaras televisivas de asesinar (o tal vez solo agredir) a quien tanto odiaba.

Quienes se manifiestan -lo están haciendo en este momento- por las calles de Barcelona para reclamar. incluso con carteles en alemán (Freiheit für Puigdemont), la inmediata libertad del tipo que más daño ha hecho a la democracia en la Historia reciente española, no creo sean conscientes de que están apoyando a un delincuente. Seguro que, si fueran preguntados, contestarían que lo que desean es reflejar la injusticia que se está cometiendo por el Estado opresor español contra el deseo de Cataluña de ser una nación independiente, y republicana. No necesito, para quienes no tengan la venda ante los ojos, expresar que no hay opresión ni falta de libertad o democracia en este sufrido país en el que a los españoles nos toca compartir la inmensa belleza con algunas inmundicias.

Tampoco me parece que los que se desgañitan por mantener el carbón autóctono como fuente energética, a pesar de su nula competitividad, sean conscientes de que mejor estarían defendiendo la energía solar fotovoltaica, la energía nuclear o, simplemente, denunciando el despilfarro energético del que hacemos gala continuamente, en edificios públicos o privados, en desplazamientos innecesarios o en medios de transporte personales no compartidos.

En fin, tampoco estoy convencido de que los jubilados vean revisadas sus pensiones al alza, sin despreciar en absoluto los graves argumentos que esgrimen los más sagaces de los que se lanzaron a las calles blandiendo pancartas que pedían Pensiones Dignas. Es cierto que no pocos pensionistas -¿el 25%?- constituyen el único ingreso familiar del módulo impresentable en el que conviven abuelos, hijos y nietos, mientras el país es incapaz de resolver seriamente el problema del paro, que es el mismo que el que ha generado salarios basura y el crecimiento de la economía sumergida.

Vuelvo al principio. La calle no puede sustituir al Parlamento. Necesitamos políticos serios, instruidos, creíbles, sagaces. Gentes con formación y capacidad de persuasión que resuelvan los problemas con buenas decisiones de gobierno y que, si no los pueden solucionar, digan las razones.

Entretanto, faltos de esa dirección, crecen las expresiones en la calle, los revoltosos, los tipos con el rostro tapado que lanzan cóctels molotov y rompen cristales, incluso de los furgones policiales. Peligro para todos y profunda desilusión para quienes siempre creímos en la fuerza de la evolución.


Este ave es un morito (plegadis falcinellus), fotografiado en las marismas del Guadalquivir. Suele buscar en pequeños grupos, rastreando los marjales, los insectos, batracios y pececillos  que le sirven de alimento, aprovechándose de su largo pico curvado. También le ayuda su plumaje negro -en invierno, sin los visos purpúreos que despliegan en la capa veraniega- para pasar desapercibido de quienes lo pueden detectar bajo el agua somera o entre los carriezales.

 

Publicado en: Actualidad, Sociedad Etiquetado como: asesina, calle, derecho, Gabriel, manifestaciones, Parlament, Puigdemont

Ejército y sociedad civil (16)

12 febrero, 2018 By amarias Deja un comentario

La cuestión nuclear del objetivo (u objetivos) a cubrir por las Fuerzas Armadas, en tiempos de paz como de guerra y, sobre todo, su incardinación con la sociedad civil a la que, indiscutiblemente, pertenecen sus miembros, ha tenido varias respuestas a lo largo de la Historia reciente de España. En una medida que no me atrevería a calificar de forma contundente, esta indefinición sigue presente hoy.

La «falta de densidad política» -expresión que copio del análisis de Mariano Aguilar Olivencia («El ejército español durante la segunda República», Econorte, 1986)- se ha visto como razón por la que el Ejército había tomado preponderancia con anterioridad al advenimiento del segundo intento de instaurar un cambio de régimen en nuestro país. Azaña vio, según destacaba ya Nazario Cebreiros («Las reformas militares», 1931) que la «principal necesidad no era atender a la guerra exterior probable, sino a los conflictos interiores, que constituyen el verdadero fondo de nuestra historia».

No pretendo encontrar – ¡en absoluto!- coincidencias destacables entre la situación desgraciada que condujo a la guerra civil en 1936, pero quisiera poner de manifiesto dos puntos de delicada imbricación entre lo civil y lo militar, que ponen de relieve que es imposible una separación dicotómica, como algunos ingenuos pretenden.

  1. La falta de solución, hasta el momento (12 de febrero de 2018) al movimiento secesionista catalán, que afecta directamente al cumplimiento de los pactos de convivencia y a la unidad de España, definidos en la Constitución vigente,  pone énfasis acerca de las limitaciones del Estado de Derecho contra la revuelta civil, cuando la debilidad de la política ha permitido que líderes antidemócratas ocupen instituciones claves para la gestión pública.

La movilización de la mitad de la población catalana para generar un Estado independiente en Cataluña, es un intento enquistado, muy grave, de rebelión  que el débil gobierno actual (un Partido Popular con minoría parlamentaria y acosado por la corrupción y con un líder falto de carisma) ha intentado conducir, sin éxito hasta ahora, por la vía del empleo del código penal y con la apelación continuada al Tribunal Constitucional. Que la policía local catalana, los Mossos de Esquadra, hayan apoyado la revuelta (en proporción que aún está por dilucidar y que, seguramente, nunca se podrá aclarar), aumenta el tono de gravedad hasta límites no alcanzados nunca en democracia.

Estamos, cierto, en un contexto de paz, pero dentro del cual se plantean situaciones de alto riesgo para la seguridad ciudadana, para la economía y para el bienestar social,que no pueden ser resueltas simplemente por la vía del derecho. Tampoco sirve para el caso la policía, porque no está preparada para atender una revuelta social (pacífica o no) de tanto alcance, y ya que el uso de la fuerza está limitado. La policía no tiene el deber de defensa de la colectividad: los policías son empleados de la Administración pública correspondiente.

Por tanto, si se toma la decisión de enviar a las Fuerzas Armadas o la Guardia Civil a una zona de posible conflicto, y especialmente, si este afecta al régimen interior, ha de cuidarse en extremo las condiciones de presencia, los medios previstos para la actuación y las consecuencias de ésta.

Las Fuerzas Armadas representan, por arcaica que suene la expresión, «el honor del Estado». Su actuación en problemas de orden interior está prevista, como ya indiqué en otro momento, como estado de excepción y el bien jurídico que defiende el Ejército en esos casos, sometido a la disciplina militar, si bien bajo la máxima autoridad prevista en la Constitución, es la unidad del Estado.

2. En relación con el papel de las Fuerzas Armadas y la disciplina de ese cuerpo excepcional del orden constitucional, se plantea la igualmente delicada cuestión de la jurisdicción militar. Cierto que el debate tiene bastante de maniqueo y las opiniones al respecto se deben considerar dentro de un proceso continuo de transformación, que no debiera estar influido (al contrario de lo que los españoles solemos hacer en casi todas las cuestiones importantes) por ideas de oportunidad.

La ley Orgánica 4/1987, de 15 de julio, de la Competencia y Organización de la Jurisdicción Militar (vigente, con algunas modificaciones ligeras recientes), establece la vis atractiva del Código penal militar en tiempo de paz (art. 12), circunscrita al ámbito estrictamente castrense (incluida la potestad disciplinaria), extendiendo su competencia a aquellos lugares ocupados por Unidades militares españoles, siempre que el inculpado sea español.

No hay doctrina inmutable al respecto, aunque los especialistas recuerdan que un Ejército de paz es un oxímoron, un absurdo. No es posible pasar de modo paz a modo guerra sin más que apretar un botón electrónico, y la preparación de las Fuerzas Armadas para lo que es, no su fin, pero su forma de trabajo en situación de máxima solicitud, exige una formación, una disciplina y un régimen de conducta especiales.


Una pareja de cogujada común (galerida crista), se ve interrumpida en sus juegos por el caminante. Muy parecida a la alondra común (alauda arvensis) se distingue apenas por su tamaño algo mayor, color aún más terroso y con el pico un poco más largo. De cerca, y en buenas condiciones de luz, el borde inferior de las alas aparece teñido de tonos de herrumbre, siendo su cresta más sobresaliente y aplanada.

Publicado en: Actualidad, Ejército Etiquetado como: Cataluña, disciplina militsr, ejército, ley, sociedad civil

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