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Archivo de 2013

Un Cuento real: La jubilación activa de los autónomos

5 noviembre, 2013 By amarias2013 11 comentarios

A quien pueda interesar, esta es la situación actual, a partir del 17 de marzo de 2013:

Si Vd. es autónomo y ha llegado a la edad de jubilación:

Si desea mantener su actividad como profesional, debe seguir dado de alta como autónomo, pasando a cotizar al mínimo correspondiente a Contingencias Comunes (IT).

Para trabajadores con 65 años de edad y 38 años y 6 meses de cotización ó 67 años de edad y 37 años de cotización este tipo es del : 3,3% ó 2,8%, si está acogido al sistema de protección por cese de actividad.

Por tanto, si está en la base de cotización máxima, que es de 1.888,8 euros, y no estando acogido al sistema de protección por cese de actividad, le correspondería pagar: 62,33 euros.

A partir del mismo momento en que alcance la edad legal de jubilación, puede empezar a cobrar el 50% de la pensión que le corresponda (determinado según la Base reguladora que le proporcionará en cualquier oficina de la SS, y que dependerá de sus cotizaciones anteriores y de que esté o no casado, y de los hijos a su cargo).

No importará que Vd. facture poco o mucho como autónomo, puesto que para estos profesionales, mientras se mantengan en esta situación, solo se les abonará el 50% de la Base reguladora.

Publicado en: Economía, Empresa, Sociedad Etiquetado como: actividad, autónomo, cese, cuota, edad, jubilación, jubilación activa, mínimo, protección, seguridad social, trabajo

Cuento de otoño: Un hongo irresistible

4 noviembre, 2013 By amarias2013 Deja un comentario

La excepcional afición de Diodoro por desentrañar los misterios de la naturaleza, que se manifestara desde la temprana niñez en tantas facetas, se concretó relativamente pronto en la micología.

Todo micólogo que se precie debe ser también un micófago aceptable, pues se puede decir que, en este arte como en todos, la satisfacción ha de compartirse entre la totalidad de los sentidos.

Diodoro no era, en el campo de las setas, una excepción. Seccionado o desprendido el carpóforo, con el cuidado que es de suponer, de sus hifas o micorrizas, escudriñaba entre las láminas y capelos, confirmando escotaduras, decurrencias, situaciones glabras, vulvosas o pilosas.

Si así le aparecía necesario, reforzaba la investigación con un cristal de aumento o unos frascos con sustancias colorantes que llevaba en un pequeño maletín, colgado de un cinto, para que no le estorbase el fácil acceso al cesto de mimbre en el que acababa depositando, en dos montones, separados convenientemente, los hongos comestibles de los que no lo eran.

Era tanta la ciencia de Diodoro, tanta la información que, con el transcurso de los años había asimilado sobre hongos, que raras veces faltaba a ese proceso identificatorio, la satisfacción intelectual de poner un nombre exacto a la seta recolectada. Cinco nombres, para ser más precisos: el vulgar, en cada una de las cuatro lenguas vernáculas y el que correspondía a la clasificación de Linneo que, como es sabido, admite incluso variantes y, a su vez, se compone de dos y hasta tres palabras.

La intelectual era rematada con la satisfacción de la ingesta del hongo. Cierto que, a base de primaveras y otoños, Diodoro no sentía ya el mismo placer de comerse sus múltiples raciones de setas, preparadas de las más variadas maneras, salteadas, asadas, rellenas, crudas o cocidas al vapor; solas o acompañando guisos; en bechamel o en rodajitas.

No era ya así. La ingesta se había convertido más bien en una obligación, un deber. Incluso alguna de las variedades que figuraban como comestibles en los múltiples manuales que abarrotaban su biblioteca monocromática, le llegó a provocar diarreas y hasta vómitos, seguramente por incómoda saturación del estómago o del intestino por constituyentes potencialmente indigestos.

Por supuesto, con las que aparecían como dudosas en los manuales o como venenosas o peligrosas para la salud, incluso las que podían resultar alucinógenas, no entraban en el cuerpo de Diodoro, que se limitaba a fotografiarlas, si era el caso, y las dejaba, llamándolas por su nombre, en el lugar en donde las había hallado, respetuoso como era de los misterios de la madre naturaleza.

La historia hubiera sido simple y sin interés, sino fuera porque el tal Diodoro, un otoño, paseando con su cesta y abalorios por parajes de la sierra de Aizkorri, se encontró con un corro de setas, de notable porte, que habían crecido aparentemente en campo abierto, aunque a cierta distancia de un alerce.

Tenían el sombrero parcialmente umbelonado, pero no eran cabezas de fraile, porque aún se veían, en los ejemplares más jóvenes, restos de lo que debía haber sido vulva o volva, aunque, al desenterrarlas, no encontró vestigios. En la parte baja del sombrero, no había láminas, sino unos como tubos, pero que más bien se aproximaban a púas, aunque, por la época y lugar, no podrían ser hydnum repandum, sino, más bien, ¿de la subespecie pantherina?.

¿Y qué decir del pie, ventrudo, adelgazado en la base, con unas manchas ferruginosas, no imputables a la esporada, casi blanca, sino, tal vez, al roce con el mero aire?

Diodoro seleccionó los ejemplares que le parecieron mejores, por más representativos y, abandonando la búsqueda de más boletos, hongos o carpóforos, estuvo escaso de tiempo en volver a su casa, y sumergir la testa entre las decenas de libros en las que creyó encontrar ayuda para identificar su hallazgo.

Pasó la noche, y nada avanzó. Cuando le parecía que tenía ya puesta al descubierto la identidad de aquellas setas, una observación más pertinaz, daba un vuelco a la hipótesis. La esporada a veces see le antojaba blaco ocrácea y otras, rojo pardusca, la carne era por momentos consistente y por situaciones, cedente a la presión digital. El olor, a rábano, pero, bien mirado (es decir, olido) podría ser también a almendras o incluso a membrillos revenidos.

Fuera como fuese, sin aguantar ya más la incertidumbre, y aún manteniendo el misterio de la identidad de aquellas setas, el alba encontró a Diodoro preparándose un guiso con ellas. Hizo, en fin, lo que tantas veces el mismo había desaconsejado hacer.

Era aquella la que se apoderó de él, como hubiera reconocido más tarde, de haber tenido ocasión, una tentación irresistible, el deseo de penetrar gustativamente en el misterio del ser y no ser de aquella muestra rebelde de la naturaleza, que se defendía de ser catalogada. Al menos, para él, Diosdoro, tocado en su orgullo fibroso de micólogo.

Tenía que probarla.

Como no quería enmascarar el sabor, apenas si puso una base de aceite en la sartén, añadió una pizca de sal, y, sentándose a la mesa, probó un poco. Excelente. La carne era sólida, el sabor fúngico con un regusto a asado de cordero, el olor que se desprendía al masticar, propio de un manjar solemne.

Comió todo el contenido de la sartén, sintiéndose feliz. Muy feliz.

Cuando, a mediodía, como acostumbraba, la chica de la limpieza, que disponía de una llave, entró para arreglar el apartamento de Diodoro, lo descubrió volcado sobre la mesa del comedor, con un lápiz agarrado en la mano, junto a una hoja de papel, en la que había escrito, con letras gigantescas:

«NO COMER. ESPECIE VENENOSA.»

Pero no había logrado identificarla, parece.

FIN

Publicado en: Cuentos y otras creaciones literarias, Cultura, Restauración Etiquetado como: angel arias, capelo, carpóforo, cuento de otoño, envenamiento, éspecie, glabra, hifa, hongo, identificación, indigestión, lámina, micófago, muerte, seta, venenosa, vulvo

Cuento de otoño: El guindo del que se cayó Juan José Crédulo

3 noviembre, 2013 By amarias2013 Deja un comentario

A unos sesenta kilómetros de Lepe existe un guindo que la tradición identifica con aquel del que se cayó Juan José Crédulo, hace ya casi trescientos años.

Se sabe muy poco de la existencia de este personaje casi mitológico, al que muchos confunden con Simón El Estilita, sin tener en cuenta que este último vivió en el siglo V de la era cristiana, y pasó a la historia por haber resiitido más de treinta años subido a una columna que, por razones no bien explicadas, crecía con el tiempo, hasta alcanzar la altura de 18 metros.

El Estilita, además, no vivió en Lepe, sino en Aleppa, una ciudad que perteneció a la antigua Siria (hoy, Estados Unidos de Afro-Asia), y de esa columna, hasta principios del siglo XXI, se conservaba un trozo considerable, convertido en polvo microscópico después de un bombardeo con drones israelíes.

Comparado con estar subido a una columna en pleno desierto, estarlo sobre un guindo en una huerta, aunque nadie niega la incomodidad, es una diferencia importante.

Juan José Crédulo adquirió fama mundial por ser el último ser humano que se negó a bajar de su guindo, queriendo convencer al mundo con su actitud de que no era posible que todo lo que le habían dicho que era cierto resultara producto de falsedades, triquiñuelas, o mentiras.

En sus últimos años, la gente acudía desde lugares muy lejanos, para admirarse de su terquedad.

-No existe ningún antivirus informático que mantenga la privacidad de tus comunicaciones en la red telemática, -le decían, a gritos, desde abajo, mostrándole los efectos nefastos que habían provocado en muchos de los que habían creído en la invulnerabilidad de sus archivos y datos personales.

-Así que, bájate de una vez de ese guindo -le instaban.

Pero Crédulo seguía, erre que erre, defendiendo que era posible confiar en las promesas de las redes sociales de que sus datos se mantendrían rigurosamente cubiertos de la curiosidad de terceros no deseados.

Otras veces, grupos de ciudadanos, en los que no faltaban funcionarios, políticos y empresarios, se congregaban junto al guindo, conminándole a que bajara o se dejara caer, de una puñetera vez.

-Ya no queda nadie que crea que es posible conseguir un contrato sin sobornar a alguien, y los últimos guindos en los que estaban subidos quienes confiaban en el funcionamiento leal de las instituciones, son ya árboles sin otro interés que el de dar frutos para el marrasquino.

-No me convenceréis -gritaba, desde arriba, Juan José Crédulo, agarrándose a las ramas, para no caer ante los meneos que le prodigaban a su árbol desde abajo-. No es posible que nos hayan mentido tantas buenas gentes que nos hablaron de su lucha contra la corrupción, ni que sean papel mojado tantos códigos deontológicos y manuales de buena conducta corporativa.

Crédulo era dado por imposible, y se convirtió en objeto/sujeto turístico, como los toros de Guisando, el brazo incorrupto de Santa Teresa o las ruinas de la colegiata de Cornellana (Asturias), por poner unos pocos ejemplos, elegidos al azar.

Pero la tradición cuenta que un día no especificado, se cayó del guindo. No se sabe si fue por haberse enterado de las razones de la existencia de las religiones, el motivo central de las guerras, o la fórmula de la Coca Cola, pero se cayó. Y se rompió la cabeza.

Desde entonces, agrandada con el paso de los años y los siglos, su memoria fue preservada como el último cabezón, el empecinado más recalcitrante en su empecinamiento, el confiado más crédulo que existió jamás.

FIN

s una ventaja importante. No conozco a ningún estagilita,

Publicado en: Uncategorized

Día de disjuntos

2 noviembre, 2013 By amarias2013 Deja un comentario

En toda cultura se encontrarán fórmulas de respeto a la memoria de los muertos, en particular, de los familiares y amigos a los que hemos conocido, que van desde la aparatosa manifestación externa hasta el recogimiento más íntimo.

El 2 de noviembre era, hasta que España dejó de ser católica, Día de difuntos. Pero los que hemos sido educados en esa fe, aunque se nos haya perdido en los recovecos de la razón, mantenemos vínculos con esa fecha. Para quienes no necesitamos de efemérides para mantener viva la memoria de los que se nos murieron, hoy puede ser un día para acordarnos de los que nos dejaron aunque siguen vivos por ahí. Un Día para los Disjuntos.

Estas pueden ser las advocaciones con las que recuperamos su recuerdo.

A ti, que un día dejaste las aulas que compartíamos, y desapareciste sin que nadie nos explicara los motivos.

A ti, que no me diste oportunidad de explicar por qué actué de esa manera que te disgustó, y ya no contestaste a mis llamadas, permitiendo que el tiempo marchitara nuestra amistad.

A ti, que me cambiaste por otro más listo o más hermoso, desapareciendo de mi cercanía para irte de su brazo hacia un proyecto del que ya no supe nada.

A ti, que creíste que no era de los tuyos, porque te dejaste confundir por lo que te dijeron nuestros enemigos.

A ti, que creías que podía haberte servido de algo para alcanzar tus intereses, y me abandonaste cuando te cercioraste de que mi influencia era, además de escasa, inservible para lo que pretendías.

A ti, que dedicaste una parte de tus esfuerzos en impedir que mis cualidades fueran valoradas para que no te hicieran sombra en la parcela en la que crecía tu ambición.

A todos los que no hicieron lo más mínimo -al menos, lo necesario- para entenderme, a todos los que no supe entender, a los que se fueron sin despedirse, a los que se quedaron y hoy no me reconocen o me ignoran, a los que jamás se cruzarán en nuestro camino porque estarán atentos a cambiar de acera, a los que nos menosprecian desde sus pedestales de presunta sabiduría, a los que les gustaría que nos conociéramos pero no se atreven a llamarnos, a los que nunca se les pasará por la cabeza qué interés podría tener el que nos conozcamos, a los que piensan diferente en algún tema y no quieren confrontarlo con lo que sabemos, a los que piensan igual que nosotros pero no lo han manifestado por temor a las represalias, a los que viven lejos de otras maneras y en otras circunstancias, a los que tal vez podría ayudar con lo que tengo si conociera en qué, a los que no ayudo porque no sé cómo o no me lo planteé, a los que no me ayudan porque no les preocupa lo más mínimo lo que puedo necesitar, a los que…

A todos ellos, mi recuerdo hoy. Porque es el Día de Disjuntos.

Con todo el afecto de que hubiera sido capaz, si las cosas hubieran discurrido de otra manera. Porque no ignoro que al lado de toda persona que odia, hay alguien que le ama, o que junto a los que desprecian, hay necesidades y, sobre todo, los que necesitan no siempre tienen la oportunidad de hacerse notar de aquellos a los que les sobra.

Publicado en: Actualidad, Cultura, Sociedad Etiquetado como: advocación, amistad, aulas, ayuda, compañerismo, compartir, comprensión, controversia, desaparecer, día de difuntos, disjuntos, educación, fe católica, recuerdo, rencor, solidaridad

Halloween, el juego de la diversión con la muerte

31 octubre, 2013 By amarias2013 Deja un comentario

El último día de octubre es el Jalouín, un pretexto para disfrazarse de zombi, vampiro o -como diría Sofía, una de mis nietas- de bruja mala. Es una fiesta divertida, en la que los niños se pintan ojeras, recortan ojos y bocas en calabazas para que reluzcan en la oscuridad los fulgores de las velas y reparten caramelos o gastan bromas a los mayores.

Por supuesto, quienes más disfrutan de este jolgorio colectivo son los adolescentes, siempre dispuestos a convertir cualquier pretexto en una aglomeración multitudinaria, en la que se canta, se baila, se bebe y se deja pasar el tiempo en la agradable compañía de amigos y, sobre todo, de desconocidos.

Los españoles tenemos fama de saber divertirnos, si bien nuestras raíces carpetocatólicas, siempre atentas a detectar el pecado en todo lo que hacíamos, han dotado a buena parte de las ocasiones en las que deberíamos de pasarlo bien de un trasfondo melancólico, adusto y trascendental. Tenemos una Semana Santa, un Corpus, una Sacramental, un Día de Difuntos,…casi todos los santos que veneramos son mártires, vírgenes y llevaron vidas aburridas.

Por eso, en los últimos tiempos, hemos demostrado una excepcional capacidad para incorporar fiestas ajenas a nuestro santoral despojándolas de cualquier significado, para convertirlas, pura y simplemente, en diversión. Halloween es, junto a las vacaciones de la Semana en la que celebramos la pasión de quien vino a darnos ejemplo de vida otorgándonos el espectáculo imaginero de una muerte llena de colorido, genuina demostración del travestismo ideológico.

Jalouín, es decir, Halloween, la transliteración de All Hallows’ Eve, es nuestro viejo Día de todos los santos, en el que las familias acudían a los cementerios para limpiar las tumbas de sus allegados difuntos, poner flores y rezar varios padrenuestros por su eterno descanso. Qué tiempos.

Publicado en: Religión, Sociedad Etiquetado como: cachondeo, difunto, diversión, fiesta, Halloween, Jálouin, jolgorio, muerte, todos los sanrtos

Qué pasó en el pozo Emilio del Valle

30 octubre, 2013 By amarias2013 3 comentarios

El gravísimo accidente en el que murieron seis mineros de la plantilla de la Hullera Vasco Leonesa que se encontraban trabajando a unos 700 m de profundidad en el pozo Emilio del Valle (en Santa Lucía, León), ha vuelto a desatar las especulaciones, no ya respecto a la seguridad de la minería, sino respecto a su misma necesidad.

Los primeros análisis de lo sucedido indican que se produjo una liberación de gas metano en la zona de trabajo, que no explosionó -es decir, no se produjo la «explosión de grisú» que está en la primera línea de culpables de los accidentes mineros en las minas de carbones bituminosos. Fue tan repentina que los fallecidos no tuvieron tiempo para poner en funcionamiento los equipos de auto-rescate que llevaban, y que les hubieran permitido un período de autonomía respiratoria de entre 20 y 30 minutos, suficiente, en principio, para escapar.

La mezcla de metano y aire es explosiva cuando el primero se encuentra en una proporción entre 4-5% y 14-15%. Por ello, cabe deducir que, aunque el grado de metano era superior al nivel explosivo, no había ninguna llama activa cuando se produjo la fuga (lo que se me antoja lo más probable). Los mineros estarían realizando labores de preparación, y alguna actividad en otro nivel o, simplemente, la cedencia espontánea del terreno agrietó uno de los hastiales, provocando la fatídica fuga.

Otra opción, que descarto, sería que la proporción que se alcanzó era inferior, pero de suficiente entidad y, sobre todo, aparecida con excepcional rapidez, como para que los mineros que se encontraban próximos al punto en el que se produjo la fuga la respiraran, por un corto espacio de tiempo.

Como son cuatro los mineros que se encontraban en las proximidades que ya han obtenido el alta hospitalaria (un quinto sigue en la UCI, aunque, por fortuna, se está recuperando), podrán dar una versión aquilatada de lo que sucedió.

Mientras la investigación del accidente hace su trabajo (una Comisión independiente ha sido nombrada al efecto), será bueno que los «falsos expertos» se abstengan de alimentar las especulaciones genéricas acerca de los males de la minería. En particular, me refiero a aquellos que asocian el accidente a los riesgos de la fractura hidráulica, y aprovechan la oportunidad para avivar la campaña en contra de la recuperación del gas metano subterráneo.

La minería del carbón español está sometida a un reglamento muy estricto, y las normas de seguridad de obligado cumplimiento son rígidas. Los mineros afectados por este accidente fatal eran gente experimentada, inteligente, joven -menos de 45 años- y sana. Si hay algún culpable, que sea la casualidad. Esa parte de lo natural que, a pesar de los avances técnicos, no siendo posible prever, no nos queda sino acotar en el terreno de la tutela del santoral.

Santa Bárbara, patrona de los mineros, y Maruxina de mi vida, mirai cómo vengo hoy, tengo la camisa rota y el ánimo descompuesto por la muerte de seis compañeros. No tengo ánimo para cantar, obviamente.

Publicado en: Actualidad, Ingeniería, Sociedad Etiquetado como: accidente, carbón, casualidad, emilio del valle, escape, experto, explosión, fallecidos, grisú, investigación, metano, minería, mineros, Santa Bárbara, Santa Lucía

Esto no es un Cuento de Otoño: Hatamura delata Fukushima

29 octubre, 2013 By amarias2013 Deja un comentario

El profesor Yataro Hatamura expuso con frialdad las conclusiones del Informe en el que la Comisión independiente había reflejado el resultado de sus investigaciones sobre el accidente nuclear de Fukushima.

Lo hizo en un inglés bastante deficiente, acompañándose de diapositivas que, en general, se limitó a leer. El público que abarrotaba el Salón de la Fundación Areces, el 28 de octubre de 2013, le escuchaba en silencio.

Hatamura es ingeniero mecánico, profesor emérito en su especialidad, el análisis de fallos. Durante toda su vida ha ido perfeccionando una teoría que se resume en esta cadena lógica, de apariencia demoledora:
«What could happen, happens; what cannot happen, happens as well; things beyond imagination, happen as well» (Lo que podía ocurrir, ocurre; lo que no puede ocurrir, sucede igualmente; lo que está fuera de la imaginación, también ocurre».

Quien designó al profesor japonés, que tiene ahora 73 años (nació en 1940), como presidente de la Comisión sobre Fukushima, sabía lo que hacía. Su propuesta filosófica viene siendo que «necesitamos introducir una cultura que se confronte a los riesgos y los discuta» (need to cultivate a culture to face risks and discuss them) y, por encima de lo que nos digan otros, «es preciso ver las cosas con los propios ojos, y pensar con el propio cerebro, para juzgar y tomar decisiones» (see with your own eyes, think with your own brain, to judge and take actions».

Por eso, es razonable pensar que, una vez cumplida su misión en Japón -la de hacer ver a la población de que, si se quiere mantener la actual calidad de vida, hay que asumir algunos riesgos y que lo que puede hacer el ser humano, incluso el más inteligente, es convivir con esa zona oscura que «we fail to recognize and are unprepared for»- se dedique a dar conferencias por el mundo para difundir un mensaje universal.

Lo expresó también en la conferencia del 28 de octubre: Debemos combinar la prevención de los desastres para aquellos riesgos conocidos con minimizar los daños para los riesgos que desconocemos (disaster prevention versus damage minimization).

Las preguntas que se hicieron en el coloquio resultaron irrelevantes. Hatamura, obviamente, no tenía más que decir. No hacía falta.

(P.S. La minería del carbón está de luto, y, con ella, toda España, por la muerte de seis mineros en la mina Emilio del Valle, en Santa Lucía (León). Parece que ha sido por un escape masivo de metano, procedente de una bolsa que no explotó ni delató previamente su presencia.

Descansen en paz, y mi condolencia más honda hacia los familiares y amigos de las víctimas.

No se si el lector del Comentario habrá encontrado la línea filosófica de conexión entre Fukushima, la mina Emilio, y todos los accidentes que resultan imputables al avance técnico, a la confianza excesiva, al ahorro de medios, a la necesidad de seguir subsistiendo y hacerlo cada día mejor.

Hatamura, cuyo nombre significa, en japonés, «Hombre del Pueblo», nos da la pista.

Desde el dolor, como ingeniero y como español, afirmo que sí, que existe un camino. Es la vía que impulsa e impulsará a la Humanidad a tratar de dominar la naturaleza. No tenemos más remedio que seguirla. Una batalla de David contra Goliat, que está en nuestra propia esencia: como seres racionales, somos una anomalía de la evolución, y conocer del todo aquello de lo que formamos parte, es la única forma de encontrar, si existe, la puerta que nos serviría de escapatoria.

Una labor imposible, aunque inexcusable.

Publicado en: Energía, Sociedad, Tecnologías Etiquetado como: accidentes, control, Fukushima, Hatamura, Ramón Areces, riesgo

Feeling start-up´s Initiatives (y 8)

28 octubre, 2013 By amarias2013 Deja un comentario

Con esta entrada termino la primera serie de Iniciativas de Inversión, que consta de 8 comentarios.

8. Senior Business Angels (Inversores jubiletas). Me he preguntado muchas veces qué es lo que lleva a los ahorradores a invertir su dinero en empresas de cuyos gestores no sabe nada, o muy poco, o incluso, lo que sabe, resulta poco tranquilizador, solo porque cotizan en Bolsas y Bolsines sobre las que no tiene ninguna capacidad de influencia.

Me he convencido de que lo que sucede es que los seres humanos confiamos en los dioses del azar y que nos gusta jugar, imaginando que nos va a tocar el premio gordo, justamente a nosotros, porque para esas deidades somos sus hijos predilectos.

Centrándome en aquellos que han tenido la suerte de acumular algún patrimonio en su vida profesional activa, y que, sabiéndose aún son capacidad intelectual más allá de la posibilidad de resolver sudokus en el transporte urbano, se resistan a abandonar este mundo por la puerta del silencio y el abandono, ¿por qué no invertir en proyectos de nuevas tecnologías, propuestos por jóvenes recién titulados de nuestras universidades (solos o en compañía de alguno de sus profesores)?

Si se creara un pool de inversión con personas que tuvieran esa capacidad y ese deseo, podrían, legítimamente, imponer que se ejercería desde él una tutela constructiva sobre los proyectos en los que se invirtiera, incorporando, en la medida de lo factible, su experiencia, consejos y relaciones.

Los Colegios profesionales, llamados según el anteproyecto de Ley de servicios profesionales, a sufrir un cambio profundo en su reglamentación e ingresos, quizá puedan profundizar en esta idea, y lanzarla como una interesante opción para sus miembros, enlazando las generaciones de los que no quieren irse con la de los que quieren empezar con paso firme.

Publicado en: Economía, Empresa, Tecnologías Etiquetado como: business angels, colegios profesionales, gestión, influencia, inversores, jubiletas, riesgo, start-up, sudoku, tecnología

Feeling start-up´s Initiatives (7)

27 octubre, 2013 By amarias2013 Deja un comentario

Continúo con la presentación y somero análisis de algunas ideas para generar nuevas actividades lucrativas:

7. All-Exchange Craigslist.- Desde finales de la década pasada se encuentran plasmadas en Internet listas de clasificados que reproducen, por supuesto dotándolas de mucha mayor agilidad e información, ofertas de compra-venta de inmuebles y productos, demandas y ofrecimientos de empleo, etc.

Lo que no me consta que exista, al menos en activo y general funcionamiento, es una plataforma de trueque, en la que, en lugar de realizar las transacciones en dinero, se haga intercambio, simplemente de uno o varios productos por otros.

Desde luego, no es tan sencillo aplicar el sistema a productos que exijan inscripción en el Registro mercantil, porque no creo factible mantener a nivel privado el trueque de un apartamento en Benidorm, por ejemplo, por el cuidado irreprochable, hasta su fallecimiento, de un anciano en León.

Pero, analizando las posibilidades en un amplio contexto, se me ocurren multitud de operaciones que no precisan ser traducidas monetariamente y, por tanto, pueden establecerse al margen del mercado del dinero.

El cambio de períodos de estancia en viviendas propiedad, respectivamente, de quienes han llegado a ese acuerdo es el más directo y ya bastante utilizado. En los pueblos agrícolas o ganaderos, siguiendo una tradición ancestral, se han venido cambiando, entre vecinos, trabajos, mercancías y favores, sin llegar a una traducción monetaria.

¿Por qué no llevarlo a todos los órdenes, y hacerlo desde internet?. He visto ya algunas ofertas en las redes sociales, pero no desde una plataforma dedicada a ello.

Quede aquí la idea, para que alguien la elabore o, por lo menos, la comente.

Publicado en: Economía, Empresa, Tecnologías Etiquetado como: all-exchange, bienes, craiglist, inciativas, intercambio, mercado, registro mercantil, start-up, trueque

Cuento de otoño: La empresa más rentable

26 octubre, 2013 By amarias2013 Deja un comentario

Cuando consiguió la licenciatura en Economía empresarial aplicable, Jorge Policarpo Méndez de Poliedro y Otrasierbas, lo festejó mucho. Al disipársele el dolor de cabeza de las prolijas libaciones, se propuso aplicar todo lo que sabía, montando una empresa de inmediato.

Como no estaba para dispendios inútiles, Méndez de Poliedro, se autoimpuso tres condiciones: debía ser una empresa con óptima rentabilidad, precisar de una inversión mínima y contar con el menor número de empleados posible.

Poliedro era imaginativo, pero tampoco era cuestión de reinventar la rueda, así que, con la inestimable ayuda de internet y una impresora, se hizo con la relación de todas las empresas que se habían creado en los últimos diez años en su país. Las separó por objetos sociales, empleando las palabras clave que tuvo a bien, y, finalmente, en lugar de ordenarlas siguiendo el alfabeto, las clasificó (automáticamente, por supuesto), según la cuantía del capital social declarado.

No tuvo tan claro cómo podría deducir la rentabilidad de los emprendimientos, por lo que se contentó -de momento- con recoger del registro informático las empresas que se habían disuelto en los últimos diez años, y las ordenó, igualmente, por objetos sociales y capitales comprometidos.

Para su confusión y horror, encontró que eran tremendamente coincidentes. Cumpliendo con el principio de la energía que indica que todo lo que se crea, se destruye, las empresas morían masivamente en períodos máximos de diez años y dejaban el sitio a otras que, cambiando alguna que otra palabra, o perspectiva, hacían lo mismo.

Puede que mejor o más rápido, o con menos personal y más rentables, pero el registro mercantil nada expresaba que permitiera aclarar esos supuestos. Las empresas nacían, crecían, languidecían y morían, como salmones que acuden, ya cumplido su ciclo vital, a desovar al río en donde se criaron de alevines, sirviendo de alimento para que osos, zorros y zancudas se entiendan con el suyo.

Descorazonado al ver que su idea original se desvanecía en cuanto a sus pretendidos propósitos, elucubró acerca de lo que podría ser su objetivo empresarial si tuviera que resolverlo matemáticamente. Máxima rentabilidad, mínimo riesgo, una dotación de personal en nada redundante.

Como Poli era ingenioso, plasmó esas condiciones en un software bastante sofisticado que, a la manera de esos programas de generación de poemas que combinan al azar palabras (sujeto, verbo y predicado) entre las que suponen rima (consonante o asonante, según gustos), permitía obtener como resultado (output) varias opciones válidas, de acuerdo con el problema de contorno planteado (1).

Por eso, Po, siguiendo fielmente lo propuesto por el software, creó una empresa de fabricación de humo. Y, según me ha contado, le va bastante bien.

No ha invertido un euro, ha generado su puesto de trabajo y, por lo que parece, le van a dar el premio a mejor empresario del año, como mejor idea para salir zumbando de la crisis.

Como Po es conocido desde los tiempos del parchís, quise satisfacer mi curiosidad preguntándole en directo:

-¿Fabricar humo? ¡Tío! ¿Y quién es tu clientela?

Jorge Policarpo Méndez de Poliedro y Otrasierbas me miró de hito en hito:

-Clientes somos todos -me espetó.

Y se fue tan campante.

—-
(1) Es decir, Boundary values in complex connected domains.

FIN

Publicado en: Cuentos y otras creaciones literarias, Economía Etiquetado como: angel arias, creación, cuento de otoño, economía, empleo, empresa, generación, humo, ordenadores, rentabilidad

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