Al socaire

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Archivo de 2013

Sobra energía, falta fuerza (2)

17 noviembre, 2013 By amarias2013 Deja un comentario

(Este Comentario es continuación del inmediatamente anterior)

La cuestión del «mix equilibrado» en la producción de energía con destino eléctrico fue abordada también por José Manuel Soria en su alocución. «Tenemos un mix muy equilibrado, y así debe seguir siendo», afirmó, para referirse en concreto a continuación a la energía nuclear, que «debe mantenerse, incluyendo al posibilidad de continuar la vida útil de las instalaciones existentes, en tanto lo admite la Comisión de Seguridad Nuclear».

Se trata, en realidad, de una afirmación compartida por amplios sectores, que viene a reflejar que lo que se consiguió como consecuencia de una política falta de coherencia, en la que todos los agentes y opciones acabaron por encontrar su hueco en la producción de energía primaria, es visto actualmente como una fortaleza.

José Sierra, que actuaba de moderador en la siguiente mesa del Congreso, y que fue durante algunos años Director de la Agencia de Energía de la Unión Europea, discrepó de tal enorgullecimiento. «No creo que el mix sea tan perfecto. La política energética ha quedado subordinada a las ambientales, y la reforma energética del Gobierno tiene un planteamiento aún imperfecto.»

Esto es así, según Sierra, porque «las opciones tienen que ser adoptadas por los Estados y no por la pura competencia. La práctica ausencia de diálogo y de acuerdo entre los partidos se pagará después».

Aún más incisivamente, José Sierra -que más que un moderador, se convirtió en ponente- señaló que «la mayor parte del paquete normativo, va enfocada al déficit», «no hay visión de futuro» y «no se va a más mercado, garantizando las rentabilidades de algunas tecnologías, incluso con carácter retroactivo», lo que complicará la aplicación de las medidas de la Ley 15/2013 (1)

La grave infrautilización de los ciclos combinados, que Soria atribuyó al paralelo impulso a las energías renovables, y que supone que su empleo esté, en muchos casos, por debajo del 40 %, apunta a la «posibilidad de hibernación de algunos de estos ciclos».

Más tarde, Jesús Sanjuan, Director de Ciclos Combinados de Gas Natural-Fenosa, expresaría de forma más contundente el problema: «Los ciclos combinados tienen gran flexibilidad operativa, y el rendimiento término actual se acerca al 60%, combinando un ciclo Joule Brayton con la producción de vapor aplicando el ciclo de Rankine a los gases de escape». «Pese al esfuerzo inversor, las opciones de los ciclos combinados han disminuido, porque el hueco de acceso se ha hecho más estrecho cada vez, con una utilización en 2012 inferior al 12%, que aún ha disminuido en 2013, en donde ha habido centrales que solo han trabajado 650 h/año».

Esta situación sería expresada por José Cerezuela, que fue Director de Energía, con la frase: «No deberían haberse construido ciclos combinados que no fueran a trabajar por encima de 2.500 h/año».

(continuará)

—-

(1) Se refería a la Ley del 17 de octubre, glosada por el Ministro en su intervención, «por la que se establece la financiación con cargo a los Presupuestos Generales del Estado de determinados costes del sistema eléctrico, ocasionados por los incentivos económicos para el fomento a la producción de energía eléctrica a partir de fuentes de energías renovables y se concede un crédito extraordinario por importe de 2.200.000.000 de euros en el presupuesto del Ministerio de Industria, Energía y Turismo»)

Publicado en: Energía, Ingeniería Etiquetado como: Brayton, carbón, Cerezuela, ciclo combinado, Colegio de Ingenieros de Minas, congreso, Rankine, Sanjuan, Sevilla, Sierra, Soria, Sur

Sobra energía, falta fuerza (1)

17 noviembre, 2013 By amarias2013 Deja un comentario

«La energía, factor económico esencial de nuestra sociedad» fue el título con el que se aglutinaron más casi dos decenas de ponencias en el Congreso celebrado en Sevilla los días 14 y 15 de noviembre de 2013. Fueron organizadas por el Colegio de Ingenieros de Minas del Sur de España y contó con la asistencia de unos doscientos congresistas.

Decir que las jornadas fueron un éxito equivale a despachar con un «me gustó» la impresión causada por la película que se acaba de ver, sin extenderse en detalles.

Siendo la energía -en particular, la destinada a la producción de electricidad, que es la que centraliza la mayor parte de los debates- un elemento crucial para el desarrollo, me gustaría aprovechar las interesantes intervenciones que tuvieron su lugar en este Congreso, para resaltar, con mi peculiar lápiz rojo, los que considero elementos fundamentales de la cuestión para España.

En el acto de apertura, el ministro de Industria, Turismo y Energía, José Manuel Soria, nos ofreció un resumen de la posición de su Ministerio sobre la cuestión, que, aunque ya está avanzada la legislatura, se corresponde con una declaración programática. Algunos intervinientes posteriores se refirieron a ella.

Soria empezó su intervención expresando su visión sobre el futuro panorama energético mundial, en el que «en ocho o nueve años, USA será exportador neto de hidrocarburos», con un «incremento en la demanda -en el horizonte 2012-2022- liderada casi en exclusiva por los países emergentes», lo que «cambiará la geopolítica en el mundo».

Lamentó José Manuel Soria que «la situación europea, sin decisiones claras, sea diferente». En su opinión, «cada país debe legislar en esta materia», correspondiendo al Estado definir la legislación básica, «siendo las Comunidades Autónomas las que deben autorizar, restringir o prohibir, dentro de ese marco básico».

Esta afirmación del ministro resultó decepcionante para la mayor parte de los técnicos presentes en el Congreso, que apoyan la necesidad de explorar (como paso previo ineludible a la posibilidad de explotarlas) las reservas de gas de esquisto, propuesta que está siendo obstaculizada desde varias Autonomías, que se declaran «comunidades libres de fracking», despreciando la atribución de responsabilidades exclusivas y no delegables de los Estados miembros de la Unión Europea para la explotación de los recursos propios.

A este respecto, en una Nota preparada por el Colegio de Ingenieros de Minas del Noroeste, con la asesoría de mi colega y amigo Vicente Luque Cabal, y que se envió al Ministerio, se recordaba la competencia del Estado en la cuestión, haciendo referencia, entre otros elementos jurídicos, a que, según recordó el Tribunal Constitucional, el artículo 128.1 de la Constitución, establece que «toda la riqueza del país en sus distintas formas y fuese cual fuese su titularidad está subordinada al interés general», siendo la protección del medio ambiente y los recursos minerales, elementos indiscutiblemente vinculados a ese objetivo común, indelegable, del que no puede pretender ser garante un grupo concreto, y ni siquiera una Comunidad regional.

José Manuel Soria, sin embargo, advirtió que «sería un lujo prohibir las prospecciones en hidrocarburos, que no puede permitirse un país que tiene más de un 99% de dependencia exterior en ellos».

(continuará)

Publicado en: Energía, Ingeniería Etiquetado como: Colegio de Ingenieros de Minas de Sur, congreso, energía, esquisto, Felipe Lobo, fracking, José Manuel Soria, Ministro de Industria, Sevilla, Vicente Luque

Cuento de Otoño: El Viaje al centro de Facebook

13 noviembre, 2013 By amarias2013 Deja un comentario

Sobre las aventuras resultantes del carácter intrépido de Amalio Mentiría se podrían escribir enciclopedias. Apenas gateaba, y ya introdujo sus delicados deditos en un enchufe, pretendiendo comprobar de dónde provenía aquella fuerza que iluminaba las habitaciones (esa, al menos, fue la explicación que dio su madre a la ATS cuando le trataron las quemaduras).

Recién incorporado a la guardería, fue él y no otro, quien dejó en evidencia a la cuidadora que había sido contratada para cubrir una suplencia, levantándole las faldas en un descuido, y permitiendo así comprobar al padre Emeterio que no llevaba ropa interior, lo que en un invierno tan crudo resultaba, cuanto menos, sorprendente.

Tendría Amalio quince años cuando se propuso una aventura insólita: viajar al centro de Facebook, emulando -como se podría haber deducido- el viaje ideado por Julio Verne al Centro de la Tierra (libro que, por supuesto, el chico no había leído, pues estaba especializado en la técnica de los mensajes de un máximo de 125 caracteres).

Lo comentó con su mejor amigo real, Porfirio Resentido.

-¿Por qué no me acompañas? -le animó, mientras se fumaban la clase de Matemáticas.
-No le veo la gracia. Con Tuenti tenemos suficiente. Además, no veo para qué queremos más amigos- Fue la respuesta de Porfirio, que pasaba por sensato.
-Ahí está el tema. Se trata de tener el número máximo de amigos. El objetivo sería llegar a tener a toda la población mundial como amigos.
-Pero -objetó Porfirio-. Habrá algunos que no tengan perfil en Facebook, quizá ni siquiera ordenador.
-No importa -replicó Amalio-. No creo que haya nadie que no esté en alguna red social. Estaría muerto.

La idea, aunque descabellada, atrajo a Porfirio. Se trataba, en esencia, de avanzar, como en el truco de la pirámide, incrementando amigos y amigos, hasta cubrir el orbe (ya se sabe: esa fórmula perversa por la que una persona con la que hace años que no te ves te comunica en letras mayúsculas que hay que salvar a un niño en Bangla-Desh, aquejado con lepra percolante y que, para ello, es necesario llegar a 5 millones de peticiones al Director del Instituto Médico de Kuala Lumpur, por lo que debes enviar el mensaje a veinte amigos o un rayo vengador caerá sobre tu cabeza).

Necesitaban herramental, y trabajaron en conseguirlo: traductores del español a todas las lenguas, un método para ordenar nombres de acuerdo con los alfabetos de cada una, mensajes convincentes, melifluos o amenazantes, para que todo el mundo, absolutamente todo, todito el mundo, se sintiera en la obligación de ser amigo de Amalio y Porfirio.

Porque, en los perfiles ficticios que ambos habían tenido la picardía o la desfachatez de crear -empezaron con una docena, y llegaron a alcanzar la cifra de 4.275- se presentaban de todas las maneras que se les ocurrían, tratando siempre de seducir o de amedrentar. Eran, en unos, adolescentes buscando emociones fuertes; en otros, padres de familia angustiados porque sus hijos estaban enganchados a la droga; en alguno, eran escritores buscando la publicación de sus primeros versos; llegaron a crearse un personaje que era un sacerdote de cierta religión que había apostatado; su imaginación no tenía límites, y el número de amigos crecía.

Llegaron a tener doscientos cincuenta millones trescientos veinte mil ciento tres amigos. Suspendieron todas las asignaturas de primero de ESO, pero un día de noviembre apareció en su vida un tipo con aspecto de celador de discoteca, acompañado de cuatro miembros de la embajada norteamericana, y, esgrimiendo una orden de registro, les confiscó los ordenadores, bloqueando el acceso a las nubes con las que trabajaban.

-Las hijas del presidente han filtrado información de alta sensibilidad a sus amigos en Facebook y su hijo, utilizando la red social, la ha difundido a millones de personas, generando alarma social en el mundo musulmán -Más o menos, así dijeron a los papás de Amalio, al que habían encontrado los visitantes del más allá, encerrado, como siempre, con Porfirio, pretendiendo que lo que estaban haciendo era resolviendo ecuaciones diferenciales por el método tensorial -abreviado- de las relaciones de base finita.
-¡Horror! -Fue lo único que atinó a decir la mamá de Amalio, que estaba segura de que se le iba a quemar la quiche de calabacín en el horno, con tanta conversación.
-P…pero, ¿qué han hecho los niños, en realidad? -preguntó el padre, algo más repuesto del susto preliminar, doblando la Gaceta deportiva.
-Han llegado al centro de Facebook, y, por fortuna, el problema ha sido detectado por la Defensa Nacional, pues estuvieron a punto de generar un conflicto intergaláctico.

El papá de Amalio, que había trabajado algún tiempo en el centro de investigaciones de la Consejería de Sanidad, sonrió. Así que habían llegado al centro de Facebook, tirándose el pegote desde España. Era para estar orgullosos. Y…los de la NASA aún seguían discutiendo cómo llegar a Marte, los muy torpes.

-No van a castigar por eso a unos chiquillos, ¿verdad? Como todos los centros, estaría vacío, supongo -fue lo poco que acertó a pronunciar.

(Amalio y Porfirio fueron a parar con sus huesos a un correccional para superadictos a las telecomunicaciones, en donde solo les estaba permitido usar libretas de anilla y lápices de grafito. Allí estuvieron hasta cumplir los dieciocho años, edad en la que sintieron la vocación de alistarse al Ejército de Salvación Internacional, y por ahí andan, vendiendo pulseras de plástico, pegatinas y chapas.

Desde el reformatorio, escribieron un libro que tuvo un éxito arrollador de ventas, aunque los derechos de autor nunca les llegaron. Su título era algo así como: «El poder espiritual de la sangre menstrual mezclada con vino de Rioja» (The ingestion of menstrual blood mixed with red wine increase spiritual power). Y como no lo he comprado, no voy a especular acerca de su contenido. En las redes sociales fue trend topic hasta hace muy poco)

FIN

Publicado en: Cuentos y otras creaciones literarias Etiquetado como: Amalio, angel arias, aventura insólita, blood, cuento de otoño, Facebook, hijas del presidente, Julio Verne, menstrual, trend topic, viaje al centro de la tierra

Granja humana

12 noviembre, 2013 By amarias2013 Deja un comentario

El ensayo filosófico de George Orwell titulado Animal Farm y contado en forma de novela, podría haberse titulado Human Farm sin tener necesidad de cambiar el argumento, porque los animales de la historia son perfectamente identificables como seres humanos travestidos.

En verdad, y no solo en el idioma en el que esto escribo, se atribuyen a algunos animales defectos y virtudes para aplicarlos a los demás humanos (o a nosotros mismos), como si se reconociera que el grado máximo de una cualidad no se encuentra entre nosotros, los monos desnudos que analizó Desmond Morris.

Por eso, podemos tener hambre de lobo, memoria de elefante, ser taimados como un zorro o miedosos como los conejos o las gallinas. Faltos de coraje o de ideas, nos comportaremos como un corderito (o miraremos como uno de ellos degollado), disimularemos nuestra satisfacción con lágrimas de cocodrilo y nos arrastraremos como gusanos para pedir un favor o indulgencia.

Hay tipos que se comportan como una mosca -y, hay que prestar atención a las cojoneras-, o son molestos como ladillas. Si no merecen atención, no pasan de microbios y si son lentos como caracoles, mejor no encomendarles nada que demande prisa, ni a ellos, ni a quelonios. De tener cuidado con alguien, seámoslo con los taimados y prudentes como serpientes (consejo bíblico, además) y, como norma de felicidad, puede servir la de sentirse como pez en el agua (aunque sospecho que se siente mejor un escarabajo entre la mierda).

En el zoo humano con remedos animales, no faltan quienes tienen vista de águila, tanto para descubrir agujas en los pajares como para detectar, de lejos, a los que vienen bufando. Si encontramos a algún subordinado o criado que sea fiel como un perro, podemos sentirnos de enhorabuena, porque es más habitual que, cuando menos te lo esperas, aquel en quien confías te de una coz; que de desagradecidos está el mundo pleno, y está claro como el agua que eso de cría cuervos y te sacarán los ojos se refiere a la naturaleza de los humanos y no a la de los córvidos.

Aunque las cosas no se ven como hace años, siguen siendo motivo de murmuración ajena las cornamentas con las que se identifica a los que sufren infidelidades, ya sea por asuntos de cama o de trabajo, referencia visual tomada de animales machos -cabríos, pero también cérvidos y bóvidos- que pelean hasta la extenuación para aparearse con el mayor número de hembras del rebaño, utilizando, antes que el sexo, la testuz.

Por cierto, y sin que se sepa bien porqué, se atribuye a las gallinas la cualidad de ser promiscuas, a las ratas ser pobres y a los osos, la fealdad.

No está de mas precisar, para novatos en las delicias de esta lengua, que tenerlos como el caballo de Atila, Espartero y otros tipos que pasaron montados a la historia, no implica afición a la coyunda, sino al riesgo.

En el invierno, estés vacunado como si no, es raro que no pases unos días con una fiebre de caballo, y, en toda estación, se encontrará a especialistas en marear la perdiz o revolotear sin rumbo fijo. Se puede ser feliz como un pájaro (desde luego, no enjaulado), presumido como un pavo (real), patoso como es lo propio de los ánades, o ser tratado como un perro, que quiere decir, en este caso, mal (aunque para sí lo quisieran algunos).

Circunstancias exóticas también cuentan con adeptos en esto del lenguaje críptico, como encontrarse como pulpos en garaje o elefantes en cacharrería.

Lo dejo aquí. No quiero ser más pesado que una vaca en brazos, ni parecer más torpe que un pollo mareado, ni con menos ingenio que un mosquito, que ya serían ganas de estar por ahí pintando la mona.

Publicado en: Literatura, Sociedad Etiquetado como: asno, cocodrilo, conejo, cordero, cornudo, elefante, gallina, granja, humana, mono desnudo, Morris, Orwell, personificación, zorro

El arte de la guerra y el trazado de nada sutiles líneas rojas

11 noviembre, 2013 By amarias2013 Deja un comentario

Supongo que los chavales más belicosos de cada centro de enseñanza siguen trazando líneas en el suelo y amenazando con golpear al entrometido hasta la muerte si se atreve a traspasarla. Por los más fútiles motivos.

Hace tiempo que no me acerco a los Institutos y Colegios de donde deduzco, por lo efectos exteriores que contemplo, que se ha avanzado bastante en conseguir desorientar a jóvenes y jóvenas sobre lo que se espera de ellos en el más allá de las aulas, pero apostaría doble contra sencilla a que los viejos hábitos con los que se consigue auto-perfeccionar, sin ayuda de nadie (perdón de la redundancia) los comportamientos agresivos, se mantienen incólumes. No en vano forman parte de la esencia de la especie.

Nacemos preparados, con la espada bajo el brazo, para el arte de la guerra, Y, ay de los que no tengan el filo siempre a punto.

El actual presidente de los Estados Unidos más numerosos (por ahora), Barak Obama, está demostrando un dominio supino del arte de la guerra que parece, por su perfección, sacado de los libros orientales y haberlo experimentado en los patios de colegio de barrio multirracial.

Porque se ha especializado en trazar líneas, que me recuerdan poderosamente a las que los bravucones del Colegio de pago al que fui (con beca) dibujaban con la punta del zapato en la arena, acompañadas de un escupitajo.

-«Si te atreves a pasar de aquí, te ostio» -acostumbraban a decir, asustando a los más pequeños o más débiles.

Y resulta que luego, las atravesabas y no pasaba nada.

-«Por esta vez, pase. Pero, a la próxima, ya verás» -era la revisión de la amenaza con la que se tranquilizaban a sí mismos para justificar el incumplimiento de una regla que se habían imaginado y que maldito si interesaba a nadie que se cumpliera.

El lector puede estar pensando que me refiero exclusivamente a la amenaza de Obama de castigar con ciertos imprecisos males del infierno al gobierno sirio si se comprobaba que habían empleado armas químicas contra la inocente población civil (por cierto: la población civil es la única que merece tal apelativo en las crónicas de la guerra). Puede que también piense en el mantenimiento de un oscuro sistema de ayudas sociales en un país con el mayor número de hambrientos contabilizados de todo el orbe civilizado (si es que existe tal Utopia; la de la civilización, aclaro).

Pero se equivoca si me atribuye tal simpleza. El mundo está plagado de líneas rojas. Y, por esta vez, la línea roja a la que dedico este Comentario está trazada para proteger la sociedad del bienestar de la Unión Europea. Y no es solo imaginaria, tiene ribetes muy reales. La defendemos con alambres de púas, con patrulleras, devolviendo a los que consiguen superarla al punto de partida (como en el juego de la Oca) y, si hiciera falta, no me cuesta trabajo creerme que se agujerearían a los que se acerquen a ella los botes salvavidas con disparos al aire (que es lo propio, tratándose de balsas inflables).

Tanto esfuerzo es, por los resultados, inútil. No evita que, en esta época de penuria, aumente de forma constante el número de desarrapados que superan las líneas rojas, ocupan las calles, se instalan en las esquinas, llenan los poblados marginales de las ciudades y, ayudados por empresarios y particulares que no me atrevo a calificar de caritativos, llenan espacios de la cada vez más amplia economía sumergida.

Son zombis del desarrollo, de la globalización, de la superación de la lucha de clases que distinguía el proletariado de los capitalistas, por la confrontación entre el precariado (la palabra no es mía; y lo lamento, porque es una joya semántica), y los amedrentados, en beneficio de la estabilidad y crecimiento de los beneficios de unos pocos, ahora ya, gracias a la internacionalización (no la Internacional, otra cosa), ubicados en los paraísos fiscales, mayoritariamente.

Aparentemente, son solo los inmigrantes irregulares, y los que intentan serlo, los que se esfuerzan en traspasar, obstinadamente las líneas de colorines con las que pintamos el mar Mediterráneo, delimitamos las fronteras de Schengen, incluso las que habilitamos como zonas de protección, con la colaboración de países bastante pobres que dicen ser amigos porque aspiran a recibir mejores tajadas de lo que aún envidian, porque no ven el espejismo de nuestra prosperidad.

Son líneas imaginarias, sutiles, inexistentes en realidad, porque han sido definidas con una bravuconería de golfo de instituto que no podemos defender.

Deberíamos darnos cuenta de una vez que solo hay una sola actitud posible, y no es de defensa, sino de cooperación: no consiste en trazar líneas rojas, ni apabullar con voces y gritos, ni, mucho menos, manejando las armas.

Si nos creemos la globalidad, solo ganaremos esta guerra aceptado cuál es el enemigo. La falta de solidaridad, la trampa de la globalización, el despilfarro y el acaparamiento ilícito de recursos. Se gana con solidaridad, con ideas, con apoyos recíprocos y, también, con el reconocimiento de que es una tarea de todos. E implica prestar mayor atención a algunos países, justamente, a los que les hemos estado sustrayendo recursos para nuestro desarrollo, y no aplaudiendo a los que trazan aquí y acá rayas que solo duran recién pintadas mientras no se traspasen en tropel por los que están teóricamente al otro lado.

Publicado en: Ejército, Sociedad Etiquetado como: arte de la guerra, belicoso, ejército, espada, inmigrante, irregular, línea roja, Obama, precariado, responsabilidad, solidaridad

Animalario estrafalario

10 noviembre, 2013 By amarias2013 Deja un comentario

Antes incluso de que Esopo entendiera que el mundo es una fábula, los ejemplos de defectos y virtudes tomados de los animales y aplicados a la especie humana, eran ya numerosos.

Recientemente, la divulgación de los episodios del National Geographic ha puesto al alcance de todo el mundo imágenes que resultan excelentes para explicar algunos comportamientos colectivos.

El de los ñus esperando para cruzar el río Mara, plagado de cocodrilos, a que alguno se animase, fue empleado hace nada por el ex-presidente extremeño, Rodríguez Ibarra, para poner de manifiesto que, en el tránsito por el desierto del partido socialista, -en busca de mejores pastos-, se estaba esperando a que alguien diese el salto -«a riesgo» (dijo) «de perecer en el intento»-, postulándose para la faena de encontrar una vía por la que salir del atolladero ideológico.

Parecido ejemplo, aunque algo peor contado, fue utilizado por el periodista Alfonso Rojo en la Sexta cuando habló de la estampida de los señores diputados del Congreso hacia sus cavernas y guaridas de fin de semana, en el deseo de aprovechar al máximo el puente de Todos los Santos, poniendo en valor sus carnales devociones.

El mito del cementerio de elefantes (que tanto me impresionaba cuando fui niño), se ha quedado muy desmadejado al reconocerse, en esa obsesión por levantar los velos, que las acumulaciones de osamentas eran debidas, por mitades a las masacres de los cazadores de colmillos para la reventa en las vitrinas de los coleccionistas occidentales y a la muerte sobrenatural por deshidratación proboscídeos junto a los lechos secos del río en el que se habían juntado para abrevar, guiados (mal) por su instinto.

Sin embargo, la expresión «cementerio de elefantes» sigue siendo atractiva para designar lugares de reposo final, como el Parlamento Europeo, en donde políticos de variadas cataduras, que son ya inservibles para el mercado nacional, reciben sus últimas inyecciones para incrementar su patrimonio y de lo que, los demás, curados de espantos, ni nos inmutamos; así lo quiso ver, sacudiéndose de encima cualquier tentación para sí mismo, Juan Alberto Belloch, en otra entrevista -por cierto, muy jugosa, aunque nada tierna- que le hicieron en la cadena de los rojos de salón (la Sexta).

Como adicionado a las fábulas, me gusta ahora mucho la que han extraído de la China algunos estudiosos, para ponerla en circulación entre los nuestros:

Un mono observaba, desde lo alto de un árbol, un pez que sesteaba en la orilla. «Pobre animal -razonó- se está ahogando. Lo salvaré». Utilizando su pericia, lo extrajo del agua, y, cuando el de las aletas se debatía, ahogándose, se animó del resultado: «Vaya, parece que reacciona». Muerto el pez entre las manos del primate, éste sacó sus conclusiones: «Lástima no haber llegado antes, porque se hubiera salvado».

Lo he contado ya un par de veces, y le encuentro múltiples aplicaciones. Puede que incluso sirva para que le saquen partido quienes buscan nuevos caminos a la izquierda. Pero como soy proclive a parecer de casi todo, menos partidario, no seré yo quien, tal como están las cosas en la jungla, arriesgue a acomodar esta fábula a la historia de este animalario.

Publicado en: Sociedad Etiquetado como: Alfonso Rojo, animalario, Belloch, cococrilo, izquierda, Mara, mono, ñu, PSOE, Rodríguez-Ibarra, sío

Las ideologías adaptadas

9 noviembre, 2013 By amarias2013 Deja un comentario

Creo que es un buen momento para reflexionar sobre el fracaso de las ideologías rígidas, sean de izquierda como de derechas -y no digamos, de centro, que es como decir que se está dispuesto a chiflar con el que más mande-.

Afirmar con rotundidad que no existe -ni podrá existir, siendo maximalista- ninguna ideología que pretenda su implantación práctica por la aplicación inflexible de sus principios dogmáticos, tiene el aval de una amplia experiencia histórica de casi un millón de años y, por supuesto, cuenta con la referencia próxima de lo que estamos conociendo ahora.

En las democracias parlamentarias, los partidos políticos basan sus programas en presentar una serie de aspiraciones ideológicas junto con unas cuantas concreciones, destinadas a captar la atención de los votantes, sobre todo, de los que no se encuentran «ideológicamente comprometidos».

Es una banalidad, por no decir, una tontería que se ha venido admitiendo como verdad en los países más avanzados en esa entelequia que se ha convenido en llamar democracia, que existen dos corrientes generales de actuación política.

Desde una, se supone que la manera de mejorar la situación de los más débiles y desfavorecidos, es presionando sobre los que más tienen, distribuyendo mejor los excedentes desde el Estado.

Desde la otra, se acepta que todos pueden mejorar en una sociedad si se deja el campo libre a la iniciativa privada, verdadero motor del desarrollo.

Jamás se ha conseguido hacerlo así (al menos, de forma permanente), porque los intereses personales de quienes se han constituído como dirigentes, consiguen de forma inevitable corromper cualquier sistema. Solo funcionarían las ideologías adaptativas, pragmáticas, aquellas que, conociendo la realidad presente, se enfoquen a mejorarlo en el corto plazo.

No creo en los largos plazos en política, y no creo en ellos porque los Estados -en especial, los Estados intermedios y pequeños- no tienen capacidad de actuación en el mundo global, que es movido por los intereses, egoístas, pragmáticos, de los más poderosos.

Por eso, si un partido quiere convencer de su capacidad, más que presentar un programa con una panoplia de deseos irrealizables, debería decirnos cómo entiende que podrá resolver, de forma lo más inmediata posible, los problemas acuciantes de esta sociedad. Y si no sabe cuáles son (y, por tanto, cómo resolverlos) o si lo que se le ocurre son, simplemente, credos ideológicos, que se retire.

Publicado en: Política, Sociedad Etiquetado como: adaptación, aspiraciones, atención, banalidad., centra, compromiso, corto plazo, derecha, fracaso., ideología, ìmplantación práctica, partido, PP, programa, PSOE, socialismo, UPyD, votante, votantes

Cuento de otoño: La buena pipa

8 noviembre, 2013 By amarias2013 Deja un comentario

Doy por seguro que el lector ha sufrido, de niño, la tomadura de pelo del cuento de la buena pipa.

Una de mis abuelas, pretendiendo obtener algo de calma en las tardes otoñales en las que quedaba al tanto de la grey infantil, y ya agotado -supongo- el arsenal de cuentos conocidos que constituía el caudal del que disponía, solía recurrir a este último recurso, empezando la retahíla con algún atractivo prolegómeno.

-Vamos a ver, sentáos alrededor. Os voy a contar algo que me pasó. Anteayer, al volver a casa, me crucé con una señora que llevaba un cesto con una manteca y varias manzanas.

En caso como éste, todos rodeábamos a mi abuela, que tenía, desde luego, buena mano para contar historias.

-Yo conocía bastante a esa señora, pero no me acordaba de su nombre. Así que se me ocurrió un truco para conseguir que me dijese cómo se llamaba, que fue el cuento de la buena pipa. ¿Queréis que os cuente el cuento de la buena pipa?

Efectivamente, al unísono, el coro de niños decíamos que «sí». Y allí empezaba la penitencia.

-Yo no os pido que me digáis que «sí», sino que os pregunto si queréis que os cuente el cuento de la buena pipa -corregía mi abuela.

Cualquier frase que dijéramos sería inmediatamente incorporada a una cadena sin más límite que nuestra paciencia o la suya.

-Venga, abuela, empieza ya, -podía ser una de las formas por las que pretendíamos destapar el frasco de las esencias cuentacuentos.

-Yo no os pido que me digáis «Venga, abuela, empieza ya», sino que me contestéis de forma precisa y exacta, si queréis que os cuente el cuento de la buena pipa -continuaba la simpática, pero implacable, torturadora.

En mi condición de hermano mayor y, por ello, menos dado a soportar trucos para aquietar provisionalmente a revoltosos, era siempre el primero en rebelarme, marchándome a leer cuentos de más enjundia a la habitación contigua.

Una tarde, sin embargo, en que las apariencias indicaban que se iba a reproducir el mismo asunto, se me ocurrió contraatacar.

-Abuela, por fin me han contado el verdadero cuento de la buena pipa -dije.

Mi abuela me miró y, sin pestañear, continuó: «Yo no os estoy pidiendo que me digáis: «Abuela, por fin me han contado el verdadero cuento de la buena pipa», sino que me aclaréis si deseáis que os cuente el cuento de la buena pipa.

Yo tenía mi estrategia bien urdida.

-Resulta que, en un pueblo de pescadores, había un marinero que tenía dos pipas, una buena y otra mala, que tenía guardadas en un estuche. La buena, estaba hecha de madera de brezo, y la mala …-empecé.

-«Yo no os digo que me contéis que «Resulta que, en un pueblo de pescadores» y todo lo demás, sino que me…

Pero mi intención debía quedar clara, así que seguí:

-La mala estaba fabricada en madera de castaño, pero era mucho más bonita. Así que, si quería presumir pero no fumar, sacaba del estuche la…

Mi abuela se detuvo.

Fue uno de los primeros cuentos que imaginé. Podía, ahora, terminarlo de una manera inventada (no me acuerdo, ni siquiera, si lo que estoy contando podría haber sucedido así; seguramente, todo es producto de la imaginación).

Además, si le diera un final, no sería un cuento de la buena pipa, ¿verdad? Porque, ¿no querréis que os cuente el cuento de la buena pipa?

FIN

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Problema de árbitros, castas y residuos

7 noviembre, 2013 By amarias2013 Deja un comentario

Son tantos los problemas pendientes de solución en España que el que Madrid lleve tres días sin que se recoja la basura tiene que ser visto, si alguien se pudiera jactar de tener el Estado en la cabeza, como un tema menor.

No he conseguido aclararme muy bien sobre lo que se discute en este concreto caso. He oído y leído demasiadas contradicciones, producto, sin duda, de intereses de parte. Por ejemplo, que las empresas concesionarias pretenden implantar un ERE por el que se reducirá el salario de los recolectores a 650 euros/mes y también que hay actualmente conductores de los vehículos de recogida de esas mismas empresas que ganan más de 3.500 euros por su mesnada.

He visto con mis propios ojos a varios tipos que volcaban contenedores, o esparcían basura por las aceras. En la televisión, se ofrecieron imágenes de recipientes y coches incendiados y no faltaron afirmaciones que acusaban de intolerancia, mala gestión y otros patatines y patatanes.

Lo de los residuos de Madrid no es tanto un problema de castas (ya ni siquiera en la India los recolectores de la mierda de otros son considerados gentes de inferior categoría, y no digamos en estos predios, donde la gente se puede llegar a matar por un puesto fijo en una empresa de servicios públicos y qué decir si se trata de ser concesionario de la llamada eufemísticamente recogida separativa de residuos y enseres, que a algunos ha hecho muy ricos).

Es un tema de árbitros.

Alguien podría pensar que es también un problema de equipos, o de jugadores o de reglas de juego, pero me obstino en afirmar que los sujetos clave son los árbitros.

En los residuos, como en tantos temas, faltan en España autoridad, transparencia y… árbitros. Desde luego, que haya una huelga de un servicio de primera necesidad y que, sindicados o por libre, unos individuos se dediquen a ensuciar más las calles, vertiendo basura por su cuenta, es una anomalía del sistema, es un desprecio a los demás, una piltrafa social.

Como lo es también que haya empresas que se enriquezcan desmesuradamente con la ejecución de esta actividad básica, para la que, dicho sea de paso, tampoco hace falta ser un virtuoso: barrer, recoger, retirar donde no se vea, lo que muchos no quieren; tal vez, seleccionar lo que aún es válido; puede que quemarlo si sabemos cómo sin que los humos nos delaten.

Falta credibilidad, solvencia y… arbitraje.

Ya hemos renunciado a que alguien, o incluso un equipo, pueda tener los problemas más acuciantes del país en la cabeza. Son demasiados y los complicamos a diario: pérdida de credibilidad de las instituciones (corrupción, latrocinios, engaños, etc.), decadencia hacia el caos en los sectores sanitario y educativo (por hablar de dos de los básicos), paro incontrolable por pérdida múltiple de rentabilidad en los más variados campos, intenciones separatistas que se pueden referir (seguramente) a egoísmos inconfesables, inseguridad jurídica en no pocos asuntos (largos plazos justicieros, dependencia del factor humano en las resoluciones judiciales, politización del Derecho, obsesión legiferante, etc.),…

En este panorama, no me preocupa que el PSOE, en IU, en UPyD o en el PP haya primarias. Son temas de partido, o sea, de equipos. A muchos ciudadanos de nuestro país, que somos los que nos la estamos jugando, lo que nos importa es que haya, no primarias ni primarios, sino buenos secundarios y terciarios. En masculino o en femenino.

Que esos secundarios, hoy ocultos, tomen de una vez el poder y nos convenzan de que son capaces de hacer un buen arbitraje, con solvencia y por encima de las castas. De las castas y de los que no son castos, en el sentido de los que son corruptos, vagos, ineficaces.

Porque necesitamos barrer los residuos de las demasiadas incongruencias que nos están impidiendo solucionar lo principal, que es mantener limpio el escenario, para que podamos trabajar, y se dejen ya de volcar los contenedores con la mierda.

Publicado en: Actualidad, Sociedad Etiquetado como: árbitros, basura, castas, honestidad, juego, Madrid, partidos políticos, residuos, solvencia, trabajo

Una sonata particular

6 noviembre, 2013 By amarias2013 Deja un comentario

Mi vida está ligada por múltiples momentos al hotel de la Reconquista, como supongo sucede también a otros muchos ciudadanos de Oviedo. Porque para los ovetenses, este hotel, más que un lugar de hospedaje, es punto de encuentro, plataforma y emblema de la ciudad.

Cuando era niño, allí recalábamos bastantes domingos unos cuantos compañeros de clase, como una actuación más de la Acción Católica de nuestro colegio (el Auseva), para disputar un partido de fútbol con los que estaban internos allí y convivir con ellos durante unas horas, repasando lecciones. Porque entonces aquel majestuoso edificio era un Hospicio y albergaba a huérfanos sin recursos.

Perdíamos casi siempre al balón y lo que es más gracioso, los huéspedes hospicianos creían que nos dejábamos perder. Pero ganamos amigos y, sobre todo, seguro que nos ayudó a entender mejor la sociedad en la que nos estábamos educando para, cuando fuéramos adultos, hacerla más abierta y, por lo tanto, mejor.

Después, al convertirse el edificio en Hotel, allá por 1973, sus salones sirvieron de acogida a muchos de los acontecimientos que se organizaron en la ciudad. Unos más importantes y conocidos que otros, desde luego. En alguna de las Convenciones y Congresos que se celebraron en él participé, como asistente e incluso fui ponente.

Su cafetería fue soporte de tertulias literarias que organizábamos unos jóvenes ilusionados, entre otras cosas, en llegar algún día a escribir ese relato o ese poema que nos hiciera famosos.

Cuando me trasladé al extranjero, cada vez que volvía a la ciudad donde nací, no dudaba en hospedarme en él, y así pude disfrutar del lujo cómodo de sus habitaciones y conocer su excelente servicio, discreto y diligente. No era raro, a la hora del desayuno, coincidir con algún personaje, mezclados ilustres huéspedes con seres anónimos que nos sentíamos, por un momento, también imprescindibles para entender lo que estaba pasando.

Desde que se jubiló, mi padre acostumbraba a sentarse casi todas las tardes en uno de los sofás del amplio salón de la entrada, cerca del piano, mientras disfrutaba, casi invariablemente, de un vermú con aceitunas. “Es la mejor cafetería de la ciudad”, justificaba.

No era el único, por supuesto, que disfrutaba del placer de saberse socio honorario de aquel espacio privilegiado. Allí se reunía con asiduidad con otros amigos, todos ellos profesionales de mérito, a los que la experiencia vital permitía seleccionar sin equivocación los lugares en los que merece la pena pasar mejor el tiempo que compartimos con los que queremos y/o nos apetece estar.

Yo lo entendía muy bien, porque aquellos pasillos, desde la imponente entrada, la contemplación de los magníficos cuadros de las paredes, caminar sobre las tupidas alfombras que absorbían en calma las pisadas, dejarse seducir por el juego de contraluces y el arrullo de las reposadas conversaciones, te trasladaban al misterio de otra época, al que acumulabas tu propia forma de sentirlo.

Habíamos vivido siempre muy cerca de allí, y aquel escenario y aquellos momentos habían pasado a formar parte de nuestro paisaje.

Una tarde, aún residente con mi mujer y mis hijos en Alemania, y estando pasando unos días de vacaciones en mi ciudad, le confié a mi padre mis dos hijos –el mayor, con apenas siete años; el otro, cercano a los cuatro-. Los tres disfrutaban con aquellos momentos, que mi padre sabía convertir en experiencias inolvidables para los niños, aumentando la confianza en sí mismos.

Cuando pasé a recogerlos –“Estaremos en el Hotel”, me había dicho- me encontré a los dos pequeños tocando el piano a cuatro manos del salón, interpretando la única pieza que sabían por entonces. “Para Elisa”, de Beethoven.

Cuando terminaron, los presentes, rompieron a aplaudir, complacidos con aquella exhibición. Mi padre no cabía en sí de orgullo. “Son unos virtuosos”, -diagnosticó, para quien quiso oírle.

Me los llevé de allí de inmediato, alegando que teníamos prisa porque debíamos despedirnos de los otros abuelos, ya que al día siguiente teníamos que volver a Düsseldorf. “Pero no os vayáis todavía. Déjalos que toquen alguna otra cosa. Todos estamos encantados con el concierto.”

Cada vez que vuelvo al Hotel, miro el piano, frecuentemente mudo, que permanece, como hace años, en un lateral de la espaciosa estancia, uno de los antiguos patios donde jugué al fútbol. Los vuelvo a ver y oír, en mi imaginación, a los tres. Y escucho a mi padre comentar, mientras nos íbamos:

-¡Mis nietos lo recordarán toda su vida! ¡Haber tocado en el centro de Oviedo, una ciudad en donde hay una gran afición filarmónica!

Estaba sentado en este mismo sofá, en este donde tengo apoyado el ordenador con que esto escribo.

Publicado en: Asturias, Personal Etiquetado como: Acción Católica, Asturias, Auseva, Bethoven, cuento, hijos, Hospicio, Hotel reconquista, padre, Para Elisa, virtuoso

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