Al socaire

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Caben más días

7 julio, 2014 By amarias 1 comentario

Hoy, siete de julio, cumplo años. A mi edad, mis abuelos varones habían muerto; mi bisabuelo Vicente, que falleció con ochenta y ocho, andaba por estas sus fechas en La Habana, y su yerno, Manuel, que acababa de volver allá para enderezar los asuntos y, tal vez, evitar que lo mataran sus compatriotas, lo encontró «acriollado».

A mi padre le quedarían todavía doce años de su cuenta particular, antes de caerse al pie de la cama, diciendo a su viuda Isabel que «no era nada». Mi madre haría ya décadas que se había muerto, dejándome cambiado.

El escribano del libro de Job, después de poner en boca de Jehová unas poéticas palabras sobre la fortaleza del hipopótamo (Behemot) y del cocodrilo (Leviathan), que habrían de servir como prueba, si fueren creídas, de que además de su simpatía contrastada por coleccionar escarabajos, Dios nos tiene a los humanos por seres debiluchos, concluye que el virtuoso varón «después de esto, vivió ciento cuarenta años y vio a sus hijos, y a los hijos de sus hijos, hasta la cuarta generación. Murió, pues, Job, viejo, y lleno de días». (1)

Haré como que no me doy cuenta del tiempo que me pasa. Como suelo hacer desde que los encierros de Pamplona se corren por la tele, he conectado el aparato, para ponerme en conexión con la estupidez humana, de la que formo parte alícuota.

Ver a miles de individuos acelerarse delante de seis toros (hoy fueron cinco, porque uno se rompió una pata en el encierrillo de ayer), exponiéndose a que en la carrera les pisoteen los bravos o los cabestros, sufran magulladuras por efecto de la pasada de la manada cornúpeta o la bípeda, e incluso se lleven un puntazo de recuerdo a la enfermería o al otro mundo, me encandila. Manera segura y barata de ponerme a tono con la naturaleza de la que formo parte: Polvo soy, y, desde luego, nihil me alienum puto.

Si me hago yo el currículum, lo puedo llenar de fechas, episodios, diplomas y menciones y hasta podría sentirme tentado a incluir, ocultando fracasos, ciertos logros. No me impide esa fatuidad carente de escenario, reconocer que, a salvo a algunos de la familia más directa, y puede que también a un par de amigos de cuidado, a nadie más le llevaría más de un segundo despacharme.

En fin, repito la misma historia particular, con el empeño de quien se piensa un héroe. No queriendo ser consciente (qué remedio) de que lo que tendré vivido, bien resumido, serán dos meras fechas escritas sobre el viento, caídas junto a millones de hojas de otros tantos que también se empeñaron en contarse. Incluso sospecho, escéptico ilustrado, que lo que nos cuentan de los cuatro personajes que han pasado a la Historia, son inventos, leyendas, mitos que mienten más que corroboran su existencia: pudieron no haber nacido.

Caben más días. No me veo con el vaso colmado, tengo ganas de más. Quiero saber mejor, recibir de los que amo, ver crecer, poder contar. Por eso, mientras le doy cuerda al reloj, me esfuerzo en disimular, tratando de pasar desapercibido, no a ti que me lees, sino al que siega los propósitos.

—–

(1) En otras traducciones, «colmado de días».

Publicado en: Sociedad Etiquetado como: cumpleaños

Cuatro vidas convergentes

6 julio, 2014 By amarias Deja un comentario

Mientras redacto estas líneas, tengo a la vista la portada del libro «Edith Stein en compañía», de Jesús Moreno Sanz (Ed. Plaza y Valdés, presentado en la reciente Feria del Libro de Madrid, 2014). El volumen, de 556 páginas -excluidas la Introducción y el Índice onomástico, lleva el subtítulo: «Vidas filosóficas entrecruzadas de María Zambrano, Hannah Arendt y Simone Weil», que permite aventurar el esquema del tratamiento que el autor se ha propuesto para su trabajo.

La portada, en fondo blanco, incorpora con un diseño en cruz las fotografías en blanco y negro con los rostros de las cuatro pensadoras (bastante mayor la de la santa copatrona de Europa), insinuando, con manchas solapadas que discurren de arriba abajo (de Arendt a Stein) y de izquierda a derecha (de Zambrano a Weil), el martirio de la protagonista principal de la hagiografía y el final asimilable de la fonéticamente homónima de la diputada que presidió el Parlamento Europeo -casada con Antoine Veil, del que tomó el apellido-,  subrayando en rojo sangre las palabras «en compañía».

He leído el libro constatando en mi ánimo varias fases de un proceso de acercamiento a la obra, que no me resisto a expresar: escepticismo, desánimo, interés, entrega y curiosidad renovada. La razón de este periplo ha de encontrarse, ante todo, en la portentosa erudición de Moreno Sánz, que, a quienes hemos desarrollado el maligno vicio de tratar de apurar las conclusiones sin pasar por el calvario de la construcción metodológica, nos conduce a empezar a leer un escrito de terceros empezando por el final y, tras hojear a salto de mata el denso precipitado en el crisol del alquimista poliédrico, nos vemos acometidos por la sensación de que nos encontramos ante un producto indigerible.

Sería un error, y nos privaría de la satisfacción de saber más y mejor, guiados por un enseñante profesional, a veces, como corresponde a un maestro, reiterativo, en ocasiones, como es de esperar en un investigador académico, prolijo por minucioso y respetuoso con las fuentes, pero nunca lejano, como debe serlo un amigo.

Jesús Moreno es, a estas alturas de su vida -somos coetáneos- un filósofo maduro y en ese libro que cabría calificar de monumental, destila, junto a las de sus biografiadas, las razones de su propio pensamiento, perfectamente incardinado en un iter metodológico que tiene sus raíces en la savia fructífera de Spinoza, en los místicos españoles (san Juan de la Cruz y santa Teresa de Jesús) y en la asimilación constructiva de los planteamientos de Husserl, Heidegger y, entre otros muchos, de las elucubraciones con raíces sufíes y resultados ecuménicos, de ese pensador menos conocido, que el prolífico autor ha traducido en un texto memorable, el gran islamólogo Massignon, admirado por María Zambrano.

Y al citar a Zambrano es de inexcusable justicia indicar que, a su interpretación, a la difusión de su pensamiento, a detallar su biografía y al titánico propósito de realizar el desmenuzamiento de su trayectoria vital enlazándola con su discurso filosófico, ha entregado buena parte de sus desvelos intelectuales, ese legatario y albacea impagable que es Jesús Moreno.

El libro de Moreno admite varia lecturas, y la menos provechosa -aunque la más divertida- es la que se detenga exclusivamente en los pormenores biográficos de las cuatro pensadoras. Los paralelismos en la tetralogía, que Moreno pormenoriza, con citas innúmeras y una rigurosidad implacable, permiten descubrir, sin fisuras, el pathos que conduce, al menos a tres de ellas, a su inmolación intelectual y física.

En este sentido, la incorporación al grupo de Zambrano, la mejor conocida, sin duda, por Moreno, tanto en sus vivencias como en su obra, resulta algo forzada. No veo en ello un hándicap ni un descuido, sino, por el contrario, la evidencia de la asimilación  por el glosador del pensamiento y trayectoria vital de la singular discípula de Ortega y Gasset, lo que, en pura recreación intelectual, le permite ya a Moreno un cierto distanciamiento, al profundidar en su singularidad, domeñándola desde dentro del personaje, como suele ser la meta de un biógrafo encandilado con el sujeto de su estudio.

El periplo personal de Zambrano aparece como especial, distinguible, y su martirio interior, construido, como en las demás -mujeres e inteligentes y, salvo la citada, judías-, desde luego, por la sinrazón del menosprecio de la intelectualidad oficial,  incluidos quienes fueron sus admirados maestros, y la reafirmación continuada de sus ansias de ser reconocidas, tiene menos relación en ella con lo externamente vivido, puesto que la longevidad de la pensadora española le ha permitido alcanzar, antes de su muerte, un reconocimiento importante, al que todas ellas hubieran sido, y legítimamente, acreedoras, y sin los altibajos de aprecio que tuvo que sufrir Arendt.

He creído observar en el tratamiento de lo que afecta a la vida y filosofía de Simone Weil que hace Moreno, a pesar de ser un personaje secundario en esta laudatio dedicada a Stein, un cariño más natural, una complicidad más fresca que la que le ha permitido glosar, con rigor pero sin tanta pasión, la trayectoria filosófico-vital de la, para mí, mejor conocida con anterioridad, Hannah Arendt

Pero es en la lectura como un manual de filosofía práctica en donde el libro de Moreno, en mi modesta apreciación, alcanza su máximo valor. Las múltiples referencias a la concreción del pensamiento de Stein, así como, en menor medida pero paralela intensidad, del de las demás, permiten hacerse una idea perfecta, muy sólida, excepcionalmente sugerente, de cómo han llegado a una conclusión luminosa: la búsqueda de la verdad es una trayectoria personal, construida con base en la propia introspección, en la que las experiencias vitales, las lecturas ajenas, son solo un elemento más, incluso accesorio. «Lo mío, es solo mío/ lo tuyo es solo tuyo», como recoge la Sharia al Islamiya (la vía de perfección del Islam)

He disfrutado con el libro, y me propongo, una vez recorrido todo él en una primera lectura -en absoluto sosegada, pues Moreno reclama atención casi en cada página- a sacarle aún más beneficio intelectual. Me permito extraer aquí, sin la pretensión de resumir en una recensión imposible, una obra tan singular, la anécdota del encuentro entre dos Simone, Weil y De Beauvoir, en el patio de la Sorbona, que recuerda Moreno (pág. 138). «En aquella ocasión Weil afirmó que lo único importante era una revolución que diera de comer a todos, ante lo que de Beauvoir replicó que el problema no era proporcionar felicidad a los hombres, sino el encontrar sentido a la existencia. Simone Weil la miró de arriba abajo de modo implacable y le dijo: «Cómo se nota que usted nunca ha tenido hambre».

Desde esta posición crítica, podrá entenderse muy bien (extraigo, con omisiones que el autor debería disculparme, el tuétano de una de las muchas frases que Moreno, didácticamente, dedica -pág, 321- a explicar la «convergencia» más que el «paralelismo» de sus analizadas), aplicándosela a Stein: «Las ciencias del espíritu (…) han de tomar como objeto de investigación al individuo en su individualidad. Y para ello es indispensable delimitar bien la relación entre la conciencia -como el lugar del puro vivenciar (…)- y el espíritu -en el que los actos espirituales son vivencias intencionales- (…).»

Moreno ha escrito una nueva tesis doctoral, trabada, literariamente muy bien escrita, y filosóficamente encantadora. No será fácil leerlo, pero el problema, si existe, está, en mucha mayor medida, del lado de la responsabilidad del lector.

 

 

 

 

Publicado en: Filosofía Etiquetado como: Arendt, Editorial, fenomenología, Hannah, Heidegger, Husserl, Jesús Moreno Sanz, judias, Massignon, Plaza y Valdés, Simone, Stein, Weil, Zambrano

Creo en la resurrección de los sueños y en un mundo mejor, amén

5 julio, 2014 By amarias 1 comentario

(Con este Comentario termino la serie de seis a los que he dedicado la confección de mi Credo tecnológico)

6. A modo de conclusiones

Las evidencias apuntan a que el conocimiento tecnológico más avanzado se concentrará (en realidad, se concentra) en pocas instituciones, en tanto que, a los niveles inferiores, las telecomunicaciones contribuirán a una rápida expansión y homogeneización de los conocimientos científicos, haciendo irrelevante su posesión, premiándose, en cambio, la disponibilidad de materias primas.

El papel de la mano de obra no cualificada será de manera creciente, irrelevante, generándose graves tensiones, a nivel global como local, respecto a la distribución de la riqueza y su disfrute. Las necesidades de ayuda social, incluso existencial, crecerán, y los Estados, de forma independiente, no podrán hacer frente a la resolución de los problemas generados por la combinación de desarrollo tecnológico, insuficiencia de trabajo disponible y presión reivindicativa sobre lo que se conoce como nivel de vida deseable.

La valoración de la situación es diferente por países, pues no cabe hablar de convergencia. En Alemania, por ejemplo, se advierte un crecimiento en la creación de empleo de muy alta cualificación (hasta un 25% de la población activa), en tanto que los empleos auxiliares (que no demandan especiales habilidades) se han reducido hasta un 15%. Muy diferente a lo que sucede en China, India, Pakistán, etc. Y bastante diferente a lo que se observa en España, empeñada en consolidarse como un país a remolque de las circunstancias.

Admitiendo que la celeridad en la asimilación de los conocimientos tecnológicos y la redistribución de los mercados, obligará a una adaptación constante, tanto de las estructuras como de aquellos que tengan empleo, no puede pretenderse que esa «versatilidad», invocada continuamente por los políticos y analistas, sea posible para la gran mayoría. No depende tanto de la formación previa, ni siquiera de la actitud personal, sino de la orientación recibida. Deberíamos sacar consecuencias del exceso de peluqueros, cocineros, camareros, expertos en lenguajes informáticos obsoletos, empresarios de bares y mercerías arruinados, etc. Se les ha impulsado a un fracaso personal y económico, porque se les ha hecho abrigar esperanzas en lo que estaba vacío.

Es imprescindible que los empresarios, las representaciones sindicales y las instituciones políticas de todo orden se pongan de acuerdo en objetivos comunes. No los tenemos en la actualidad: ¿despido libre? ¿mini trabajos? ¿formación continuada? ¿ruptura definitiva entre la Universidad y el mundo real? ¿disminución de las prestaciones sociales a golpe de martillazos en el modelo existente? ¿incremento de impuestos a las clases medias para sostener el estado «social y de derechos»?…

Tenemos un tejido industrial con múltiples deficiencias, pero lo tenemos y tiene elementos muy aprovechables, que hay que poner en valor y saber potenciar. Se han de promover constantes reuniones (la palabra «reunión» está adulterada por el uso, pero no tengo otra forma de referirme  a encuentros dinámicos de trabajo), en las que se pueda plasmar el intercambio de información, la voluntad de coordinación, la transparencia en los objetivos y en la detección de dificultades y las conclusiones para apoyo recíproco.

La Administración no tiene por qué participar en ellas con voto, y ni siquiera con voz, pero debe de estar, y saber estar. Me produce sonrojo cuando, en un Congreso o Sesión en las que representantes de empresas exponen sus planes en ponencias por lo general muy bien preparadas, contando lo que hacen, sus sugerencias de solución a los problemas, etc., veo que los políticos que han realizado la inauguración de la Jornada se han marchado todos (principal y séquito), después de la intervención del Ministro o Secretario de Estado. ¿Tanto tienen que hacer? ¿Cómo se enteran de lo que pasa? ¿Por los periódicos?.

Habrá cada vez menos trabajo disponible, las cualificaciones cambiarán y las empresas no podrán garantizar el empleo indefinidamente. Los demandantes de empleo y la población actualmente activa ha de organizarse, y de manera diferente a como lo ha venido haciendo hasta ahora. El fracaso de las organizaciones sindicales en la detección del problema es notorio: se han preocupado de mantener el empleo y no por la creación, con lo que han sido testigos ineficientes de la corrosión de los fundamentos del sistema socio-laboral.

Es necesario, por tanto, la organización desde la oferta de trabajo, teniendo en cuenta la formación requerida, y las necesidades familiares y personales. Puesto que las empresas -las grandes empresas- no pueden garantizar los puestos de trabajo, los que lo necesitan para vivir han de plantear propuestas colectivas nuevas. Si la demanda de trabajo ha de ser a tiempo parcial, temporal y no indefinido y remunerado con criterios no transparentes, no se puede permanecer inactivo o con obsoletos esquemas desde la oferta, y hay que recuperar olvidados elementos de solidaridad, forzando a que el Estado se alinee en la defensa de los más débiles, no para argumentar junto a los que ya poseen.

No pretendo la originalidad de esta propuesta. La sustitución progresiva del tipo de empleado contratado laboralmente por la de un ofertante de prestaciones que negocia con las empresas o con la Administración el precio de las mismas, está cobrando creciente interés sociológico. Existen ya, como es bien sabido, empresas que se ocupan de la externalización de trabajos y servicios, franquicias, subcontratistas a precio inferior al que fue contratado el principal y otras que ofrecen una cartera de trabajadores a tiempo parcial. La modalidad de empresas que ofrecen solo trabajo y capacidad ha de crecer exponencialmente, y muchos de los actuales autónomos, deben organizarse para una oferta colectiva.

Y si se asumen todos los riesgos de los períodos en los que no se disponga de empleo (es decir, los no cubiertos por las prestaciones públicas), ese ofertante de disponibilidades tiene que organizarse y pensar como un empresario, no como un empleado… con todas las consecuencias: fijación del precio de sus servicios, potenciación de su capacidad, interconexión gremial, creación y selección de oportunidades, creación de oligopolios y soporte de estrategias, concreción de los espacios en los que se realiza la publicidad de las ofertas, modos de interconexión física y virtual de los miembros que forman las empresas de la oferta.

Creo, en definitiva, en un mundo mejor, reforzado por la puesta en valor de la versatilidad de ese tradicionalmente menospreciado factor de producción que es el trabajo. No me refiero al trabajo físico (al menos, no solo), sino, y sobre todo, al trabajo de alta cualificación, aquel que caracteriza la genialidad de la especie humana, que se ha de convertir en el eje de reconstrucción de las relaciones entre capital y empleo en el mundo global, si queremos que sea sustentable y no una fantasía de papel.

Así sea en España como en toda la Tierra, así en los países intermedios como en el cielo de la más alta tecnología. En defensa de la honesta distribución de las plusvalías generadas entre todos, de acuerdo con el trabajo, capacidades y oportunidades de cada uno.

(No hay por qué ocultar que esa defensa de posiciones es, por sí misma, revolucionaria. La superación de las ventajas circunstanciales que derivan del poder irregularmente adquirido, de la herencia descomunal de origen injusto, de las acumulaciones desorbitadas de beneficios obtenidas por razón de las ineficiencias del mercado o sus trampas, y, en fin, de todas esas espurias razones derivadas del azar, la corrupción histórica y no de los méritos propios, es revolucionaria. La forma de llegar al objetivo puede ser pacífica o violenta. Depende de la capacidad de liderazgo y convicción de los que se encuentren a ambos lados del conflicto)

Por la inteligencia. Amén.

FIN

Publicado en: Actualidad, Cultura, Economía, Empresa, Ingeniería, Internacional Etiquetado como: conflicto, cooperación, desarrollo, empleo, intenacional, mini-jobs, organización, tiempo, trabajo

Creo en el cuestionamiento sostenido

4 julio, 2014 By amarias Deja un comentario

(Es continuación de los cuatro Comentarios anteriores)

5. Análisis crítico de las perspectivas de la cuarta revolución tecnológica

Las dos primeras «revoluciones industriales» fueron consecuencia de la difusión generalizada de una nueva tecnología que modificaba sustancialmente el aprovechamiento de las fuentes energéticas. Pero el efecto práctico tanto de la máquina de vapor como el motor de combustión interna fue la mejora sustancial en la conectividad. Los seres humanos y las mercancías podían desplazarse de forma mucho más rápida, barata y segura que en la etapa precedente.

La tercera revolución industrial, en terminología aceptada por el Parlamento Europeo en 2006, según la idea de Jeremy Rifkin,  no está relacionada con la energía, sino con la difusión generalizada de la aplicación de la tecnología digital, cuyos efectos aún están en fase inicial.  Las telecomunicaciones han significado también la accesibilidad instantánea a los conocimientos disponibles en la red pública -o la interactividad e  intercambio dentro de las redes privadas- a una inmensa variedad de usuarios.

La ausencia de filtros de autoridad, o la posibilidad de enmascarar, adulterándolos, los criterios de verdad o verisimilitud con fines perversos, hace de las redes, también, un foco de distorsión del conocimiento científicamente contrastado, sirviendo para la propagación de falsas teorías, informaciones interesadas sin otro aval que la maldad o la codicia y, en fin, convirtiendo a una herramienta neutral por esencia en vehículo de intoxicación de la más amplia especie.

La cuarta revolución tecnológica discurre paralela a la tercera, solapándose con ella. No ha sido, desde luego, analizada, ni para unificar y clarificar su concepto, ni, obviamente, para estudiar sus posibles consecuencias. Un intento de definición sería la de «aquel proceso, de naturaleza exclusivamente tecno-sociológica, que plantea la necesidad de combinar el conjunto de conocimientos científicos -en sentido lo más amplio posible-, abierto a toda la Humanidad, con la obtención de niveles de calidad de vida satisfactorios y homogéneos, que alcancen a todos los seres humanos y que tome en consideración la necesidad de mantener el equilibrio dentro de la naturaleza.

En efecto, esta idea implica la valoración y reconocimiento del papel de los restantes seres vivos en el equilibrio natural, la preservación ambiental, el aprovechamiento razonado y restrictivo de los recursos, teniendo en cuenta sus reservas, distribución y su capacidad de renovación y, en fin, y como más importante, la plasmación de un objetivo común para la Humanidad, en el que se haya considerado el papel de las generaciones venideras, a las que corresponderá recoger el testigo de la existencia y el conocimiento en la imaginada carrera por alcanzar las claves que rigen el cosmos.

Por ambicioso o utópico que parezca el planteamiento, la aplicación a un país concreto resulta sencilla. Hay que garantizar la continuidad de lo que tenemos al alcance de nuestra actuación: no agotar, no contaminar, ser solidario, ser creativo, e impulsar la capacidad creadora de las nuevas generaciones, abriéndoles vías de pensamiento. Esto nos lleva a conceder prioridad a la formación, a la investigación, y a la evaluación y conservación de los recursos, compatible con su aprovechamiento actual si fuera imprescindible para garantizar, no el máximo bienestar de unos pocos, sino la supervivencia con el nivel de satisfacción adecuado, de la actual población.

Si hay que sacrificar algo, que sea el disfrute máximo de la capa más beneficiada de los actuales pobladores, en beneficio de la formación y desarrollo de las generaciones futuras.

La difusión generalizada de internet (es decir, de las comunicaciones telemáticas) en la producción industrial es solo un aspecto modificador, que reducirá -está reduciendo-la cantidad de trabajo disponible para el hombre y desplazará -está desplazando- la rentabilidad de muchas empresas, haciendo no pocas inviables en competencia con los nuevos planteamientos de negocio.

La reacción ha de ser coordinada y completa, porque la evolución natural es hacia el desequilibrio, y un desequilibrio no controlado en un sistema dinámico conduce implacablemente al caos. Las Escuelas de formación y las Universidades deben orientarse de inmediato hacia el total aprovechamiento de esas oportunidades, que se concretarán en la puesta en marcha de nuevas formas de emplear los recursos naturales y la mano de obra, especialmente en los países hoy menos desarrollados.

No son los centros de enseñanza los detentadores en la actualidad de los conocimientos tecnológicos más avanzados (puede que lo sean en cambio, de los filosóficos, por reflejar con este nombre los vinculados a las antes conocidas como Humanidades). Conseguir que las grandes empresas abran sus centros de investigación y compartan sus resultados es un reto al que no veo tan fácil solución, dado el egoísmo y cortoplacismo imperantes.

Pero generar la voluntad de comunicación abierta del conocimiento de muy alto nivel no es el fin último, sino solo una etapa en el camino.

La generación de una nueva infraestructura internacional, de cooperación y estímulo es también inexcusable, pues hay que evitar que las tensiones de esas nuevas relaciones de mercados y tecnologías se traduzcan en la aparición de una guerra de intereses que, dada la actual capacidad destructora de los países, nos llevaría al cataclismo final, provocaría la hecatombe de una Humanidad a la que perdió su incapacidad para dominar su evolución tecnológica, haciendo sus logros útiles para la totalidad y no para las élites.

No tengo propuestas generales de solución a largo plazo. A medio plazo, entiendo que la exacta valoración del problema,  para atender exclusivamente al nivel nacional, sugiere algunas actuaciones intermedias concretas, que implicarían el aprovechamiento, profundización y mejora de la cualificación competitiva internacional -mejorando así la Balanza de pagos, aumentando las exportaciones y restringiendo el consumo de bienes importados, sin que ello signifique la autarquía, sino la selectividad de lo adquirido en el exterior-.

De la estructura industrial y de servicios propia, dependerá la demanda de empleo y la cualificación necesaria. En un país dedicado al turismo mayoritariamente, necesita trabajadores de escasa formación, que serán remunerados con salarios bajos y se consolidará una estructura dependiente tecnológicamente, de baja capacidad de consumo y manipulable.

El aprovechamiento de nichos de mercado en países menos desarrollados, apoyados en la exportación de bienes producidos con tecnologías intermedias -o que no se puedan mantener en primera línea por falta de alimentación en origen- tendrá un carácter temporal, circunstancial, pues habrá de admitirse que estos países estarán interesados en asimilarlas rápidamente, captando técnicos extranjeros para sus centros de investigación.

En suma, si no se lleva a cabo, simultáneamente, la revisión de los postulados de cooperación mundial, asumiendo nuevas formas de distribución de tareas y beneficios, la cuarta revolución industrial será la última.

(continuará)

Publicado en: Actualidad Etiquetado como: ciencia, cuarta, guerra, industrial, investigación, mundo, revolución, tecnología

Creo en la intervención vigilante del Estado sobre el mercado

3 julio, 2014 By amarias Deja un comentario

(Continúa de los tres comentarios precedentes, a modo de Credo particular, con raíces en mi gnosticismo práctico y en la experiencia vivida)

4. Necesidad de una revisión crítica del papel del Estado

La gestión de la economía de un país intermedio, implica la convivencia y en su caso,  alineamiento, con intereses supranacionales, la defensa de los elementos que pueden ser impulsados desde la actuación local, y la búsqueda permanente de los huecos en los que implantarse, incluso circunstancialmente, utilizando las ventajas diferenciales que se consiga generar.

España tiene una desdibujada posición internacional, producto de la debilidad en el sostenimiento de sus objetivos. Pretendíamos tener un papel preponderante en relación con la conexión entre Europa y Latinoamérica, e incluso en las relaciones intraamericanas (norte-sur) y no lo hemos sabido aprovechar, o hemos despilfarrado en gran parte el capital moral, sin haber sabido suplir en demasiadas ocasiones los déficits en seguridad jurídica o solvencia económica de un área con gran potencial en recursos, con habilidad negociadora y confianza en su futuro.

En la relación con el mundo árabe, que ingenuamente queríamos basar en una pseudo-identidad cultural e histórica harto cuestionables, hemos pedaleado más sobre la imaginación que sobre la realidad, si bien se debe reconocer que ha habido grupos empresariales que se beneficiaron -en el sector de la construcción, sobre todo-, aunque no alcanzo a ver las ventajas para la creación de empleo en nuestro territorio, a salvo de unos pocos técnicos expatriados.

En cuando al papel español dentro de la Unión Europea, entidad que por sí misma se halla a la busca de su propia personalidad, nuestro peso es marginal, y se nos ve más como problema que como parte de la solución, siendo nuestro europeísmo más próximo al de estómago agradecido o pedigüeño necesitado, en un escenario en el que parece regir el sálvese quien pueda antes que la cooperación.

En relación con las organizaciones internacionales (desde la OTAN al Banco Mundial, de la ONU a la OMS) la posición de España es más pasiva que otra cosa. Se tiene fama, posiblemente merecida, de ser incumplidores de compromisos e ignorantes o remisos a la intervención activa, y no solamente con ideas.  El papel exterior, en las relaciones exteriores, debería concretarse en aprovechar las posibilidades de erigirse en portavoz, no de filosofías, sino de concretas propuestas de resolución de las necesidades de los países y zonas más desfavorecidas, utilizando la capacidad de convicción que pueda derivarse de…nuestro camino hacia sus posiciones.

No es, sin embargo, cuestión de criticar, a lo que somos tan dados por tradición e idiosincrasia, sino de actuar con solvencia, desde la consciencia de cuáles son nuestros problemas y no los de la Humanidad (en especial, los que no podemos resolver de éstos últimos). En España, la urgencia surge del lado social, y su gradación y valoración, para definir la entidad de las medidas a adoptar solo puede hacerse desde dentro. Es imprescindible conseguir la estabilidad de las capas sociales, de manera que los niveles de satisfacción de los integrantes de la pirámide de ingresos y gastos no se muevan descontrolados. Y en esto, no vale engañarse.

Por la parte de la generación de productos y servicios, si las expectativas de los grupos socioeconómicos que forman el sustento básico de la economía no son atendidas, y las perspectivas de futuro no son razonadamente halagüeñas, las empresas se irán, y la actividad regeneradora de los sectores dañados será insuficiente o nula.

Desde la parte del consumo, que está vinculada directamente con la oferta laboral,  el descontento provocará tensiones revolucionarias. Si no hay ingresos familiares, una vez consumidos los ahorros privados, e inexistente el crédito, el número de dependientes de los servicios sociales, de la asistencia pública, o de los pobres y desarraigados, subirá hasta que la tensión explote.

Tenemos, además, en España, el problema especial de que habíamos alcanzado un nivel de bienestar que pretendíamos consolidado, y sobre él se auparon las opciones políticas tanto de la izquierda como la derecha. Apuntábamos hacia unas prestaciones del modelo económico que, evidentemente, no pueden cumplirse en una perspectiva de crisis estructural. Y si falla la credibilidad de las instituciones, no puede esperarse que la reconstrucción del tejido socioeconómico dañado se realice por apelación a elementos mágicos.

Después de llevarnos unas cuantas veces las manos a la cabeza -y depurar, por supuesto, las bolsas de corrupción, ineficacia y avaricia que se han formado-, debemos de aplicarnos a poner en pie formas concretas que nos vuelven lo más rápidamente a una zona de estabilidad. La actuación del sector público es, en esta situación, determinante, pues no se puede confiar, en absoluto, que los agentes que se guían por el mercado y la máxima rentabilidad (la responsabilidad social de los grandes grupos es, en esencia, un placebo), permitan solucionar los problemas urgentes de quienes se encuentran, por el cambio de coyuntura, desplazados, particularmente si están en la base de la pirámide.

La responsabilidad de los gestores públicos abarca desde las administraciones locales a las más altas estructuras del Estado, y exige una actuación coordinada. Las finanzas del conjunto del Estado han de ser vistas como un bloque, y la coherencia de las medidas que se adopten para su saneamiento es fundamental. No se puede abandonar a los municipios el problema de resolver su saneamiento, a base de impuestos y tasas locales, o privatización de servicios públicos. La falta de solidaridad regional tampoco puede ser alimentada, y las tendencias a la disgregación del modelo nacional ha de ser atajadas con serenidad y firmeza.  No habrá desarrollo sin la colaboración de todos los agentes regionales, y la reforma de la Administración pública, en todas sus formas, es urgente y ha de ser debatida sin miedos ni a priori, y con firmeza.

La automatización y la informatización de la prestación de los servicios públicos, la transparencia en las inversiones y gasto de las Administraciones y empresas públicas son una obligación, y especialmente si se pretende la coordinación y evitar los despilfarros.

Soy partidario de la inversión pública en empresas, al menos como referencia para contrastar información, en algunos sectores; no como ha sido utilizada en el pasado para rescatar empresas en dificultades, sino, al contrario, para acompañar a las que actúen en campos preferentes; los proyectos dimanantes de los centros de investigación que emplean dineros públicos deberían encontrar en esas empresas una continuación natural; esto es, me refiero a los sectores frontera.

La eliminación de la burocracia, el secretismo, la ineficiencia, y la desconexión entre los intereses públicos y privados no puede tolerarse en época de crisis y ante la necesidad de cambiar sustancialmente algunos enfoques que nos llevaron hasta aquí.

(continuará)

 

Publicado en: Actualidad, Economía, Sociedad, Tecnologías Etiquetado como: centros de investigación, control, creatividad, eficiencia, enseñanza, estado, gestión, impulso, inversión, vigilancia

Creo en la competencia más que en la competitividad

2 julio, 2014 By amarias Deja un comentario

(Continúa de los dos Comentarios inmediatamente anteriores, con los que forma una unidad)

3. Urgencia de aumentar la inversión neta en investigación y mejorar el control de su eficacia

Todo el mundo parece estar de acuerdo en la importancia de la investigación, y empeñado en ponerle adjetivos y apéndices, aunque la realidad es que no se le presta atención, confiando más en la aparición del genio aislado que en el resultado de los trabajos en equipo, con orientaciones en sectores o líneas preferentes.

Se acostumbra, además, a reducir la valoración del esfuerzo en investigación a porcentajes referidos al presupuesto público anual o del producto interior bruto del país: un 1,3% del PIB parecería poco y un 2%, suficiente, por ejemplo. No hay necesidad de engañarse. Si se pretende analizar nuestras posibilidades competitivas en el marco internacional, habrá que referirse a cifras absolutas.

Los datos disponibles -manejo las grandes cifras, importando menos al respecto de mi razonamiento, el detalle exacto- indican que el gasto absoluto en i+d en Estados Unidos es 25 veces superior al de España y el de China, por ejemplo, 10 veces más alto. Países próximos, como Alemania o Francia, lo cuadriplican.  Podemos ser escépticos respecto  a la homogeneidad con la que han sido obtenidos los datos (estoy convencido de que en España se han inflado, en tanto que en Estados Unidos se subestiman…y pongo en duda cualquier dato que provenga de China), pero no debemos dejar de captar el mensaje de que las opciones para competir en resultados investigadores con países que dedican medios muy superiores a los nuestros son comparativamente ridículas.

Debemos, en consecuencia,  concentrar los recursos en algunas áreas concretas, siendo, además, conscientes, de nuestra condición genérica de país tecnológicamente dependiente. Es decir, desde la perspectiva de la mercadotecnia de productos que precisen alta tecnología , estamos del lado de los consumidores y no de los productores, de la demanda y no de la oferta. Solo nos falta -ni más ni menos- que tener con qué pagar lo que nos gusta consumir.

Los 13.000 millones de euros anuales que se dedican, según los datos, en España, a actividades de i+d+i son escasos, y,  por si fuera poco, están distribuidos heterogéneamente entre nuestras regiones (tres regiones concentran el 80% del gasto total innovador) y presentan múltiples duplicidades y ocasión de despilfarros y muestras de descoordinación. Con un gasto privado de 150 euros por habitante (nuevamente, se repiten ratios de proporción similares a los que nos separan de los países más avanzados), tampoco cabe esperar que nuestras empresas den la campanada tecnológica. (1)

(c0ntinuará)

—-

(1) Según el Estudio de una Escuela de Negocios, al que concedo un carácter fundamentalmente académico, hay unas 40.000 empresas innovadoras, y que tenemos algo más de 200.000 empleados, en ellas y en los centros públicos, dedicados a idear, todo el tiempo o a ratos: me pregunto dónde están y lo que hacen, si bien el análisis expresa que se concentran en farmacia, electrónica, química y automóvil, espacios tan imprecisos y genéricos que se me antojan equivalentes a música celestial o a aplicaciones de la cultura general.

Si el lector quiere datos para profundizar en lo pesimista del análisis, puede recorrer las páginas del Informe de la COSCE (Confederación de Sociedades Científicas de España).

 

Publicado en: Actualidad, Sociedad, Tecnologías Etiquetado como: Alemania, corporación, COSCE, creatividad, empleo, españa, estados unidos, gasto, investigación, países en desarrollo, tecnología, Universidad

Creo en la formación teórica básica

1 julio, 2014 By amarias 1 comentario

(continúa del Comentario anterior)

2. Importancia capital de la formación amplia e intensiva en conocimientos teóricos básicos.

Se ha introducido un grave error en la formación de los educandos, en nuestro país como en otros de nuestro entorno, y es la errónea creencia de que se puede llegar a dominar una técnica sin conocer sus fundamentos teóricos. Resulta, en consecuencia, que se han formado generaciones de jóvenes que saben utilizar alguna herramienta tecnológica, (el grave peligro de los «user friendly») pero no tienen ni idea de cómo funciona.

La situación se detecta, no solo en las enseñanzas técnicas, sino también en las denominadas tradicionalmente humanísticas, aunque opino que la carencia es especialmente grave en los casos en los que se han producido vacíos en la formación básica tecnológica (matemáticas, física, química, electricidad, etc.), porque esas carencias no son fáciles de cubrir en la edad adulta, convirtiéndose en lagunas de conocimiento persistentes.

España debe cuidar con especial atención la recuperación del prestigio de sus Escuelas y Universidades Tecnológicas. Es evidente que, con la actual proliferación de centro de enseñanza técnica, el desorden en la denominación de las carreras, la gratuita y desquiciante selección de las disciplinas y la insuficiente formación de buena parte del profesorado, añadido a la desorientación y bajo interés y motivación por el saber de una población discente universitaria excesiva, el objetivo no puede cumplirse.  No sirve indicar plácidamente que el mercado volverá a poner a los centros universitarios en su sitio, porque no se puede justificar el dispendio público con una expectativa cuya formulación es perversa. Y no es cuestión de acumular reformas sobre reformas. Si no se reconoce el mal, o se menosprecia su intensidad, no se encontrará la solución.

La referencia a la enseñanza técnica de alto nivel no implica imaginarla como un colgante en la estructura formativa de la sociedad. No es una lámpara (aunque, desde luego, debe servir de luminaria), sino el elemento cumbre de una pirámide bien construida, en la que las formaciones intermedias y las más elementales, sostienen el edificio.  La minusvaloración del objetivo de impulsar puntas de lanza tecnológicas, cuyo arco es dotar de la máxima calidad a la enseñanza superior de la ingeniería, entendiendo erróneamente que a este país le basta con tener técnicos especializados en el saber utilizar (tener idea del para qué y el manual básico de instrucciones de empleo) y que no hace tanta falta saber los porqués.

Es un desvío tan grave del camino que conduce a la potenciación de la creatividad y tan evidente el percibir que andamos perdidos en la mediocridad y en la dependencia tecnológica, que escalofría que no se haya puesto de manifiesto a voces en todos los foros.

España tiene una capacidad académica de supuesto alto nivel formativo sobredimensionada, y su adelgazamiento es imprescindible para dotarla de verdadero músculo. No necesita tantos profesores universitarios, tantos catedráticos o titulares, porque no precisa de tantas Universidades, sino mejores. Por lo menos, hay que conseguir que los mejores docentes, los más experimentados, los que estén imbuidos de la más alta vocación docente -que no es necesariamente la investigadora- se concentren en ellos.

No se ha hecho mucha reflexión -desde luego, no la suficiente- en relación a los itinerarios formativos que implican cruzar viejos esquemas, creando otros más adaptados a la evolución y necesidades actuales: ingeniería médica, bioingeniería, ingenieros economistas, ingenieros juristas, médicos químicos, ambientalistas médicos, etc. Hay que vencer, para ello, la resistencia de los que están aupados a sus teorías, defendiendo sus sitiales, y mirar con ojos limpios la realidad exterior.

(continuará)

Publicado en: Actualidad, Economía, Ingeniería Etiquetado como: alta tecnología, empleo, Escuelas Técnicas, formación, formación técnica, ingenieros, Universidades

Creo en el empleo, señor y dador de vida

30 junio, 2014 By amarias Deja un comentario

No encuentro razones para estar tranquilos. Por las brechas que el bombardeo tecnológico ha abierto, penetra, implacable, la destrucción de aquello que creíamos más sólido para garantizar nuestro bienestar, instalados en la complacencia de que tendríamos, más tarde o más temprano, la solución para todos los problemas que planteaba nuestro impulso irrefrenable de consumir.

Es cada vez más escaso, numéricamente hablando, el pelotón de quienes pueden permitirse vivir mejor. Para la inmensa mayoría, el futuro se presenta con un condicionando brutal: tendremos que acomodarnos a vivir peor. Habrá menos recursos disponibles, serán más caros y, lo que es mucho más cruel, su aprovechamiento generará menos empleo. Es decir, tenemos que arbitrar nuevas formas de distribuir el que sea preciso, que será, además, bipolar: necesitamos gentes de muy alta cualificación -relativamente pocas- y, para ocupar los puestos en lo que llamaríamos sostenimiento de los elementos del bienestar (el que sea), la demanda se desviará hacia empleados en servicios de poca exigencia formativa, aunque especializados.

Tengo desde hace tiempo la convicción de que, al menos en el plano metodológico, no faltan análisis, y ni siquiera respuestas para paliar las consecuencias negativas de lo que nos está sucediendo. Hace falta, sencillamente, seleccionar las mejores y aplicarlas, en la voluntad de que las decisiones habrán de tener una componente adaptativa muy importante, porque las rígidas planificaciones a largo plazo, en un entorno tan cambiante y con tantos agentes interactuando en su propio beneficio, no sirven.

Me ha gustado siempre hurgar en las propuestas que sirven de actuación -al menos, en la parte confesa- a países más desarrollados y, sobre todo, más coherentes y sistemáticos en sus programas estratégicos, que el nuestro. En relación con la muy importante necesidad de creación de empleo, he seleccionado estas ideas generales:

1. Necesidad de mejorar la formación en conciencia social y nuevas tecnologías desde la más temprana edad

Sufrimos del déficit de una juventud mal educada y peor formada. Como siempre, las excepciones son muy importantes y extremadamente valiosas, pero su existencia no desvirtúa la conclusión genérica. La familia no educa o mal educa a los niños y los centros de formación, incluídos, por supuesto, los universitarios, viven en la inopia, desgraciadamente consciente, de lo que sería necesario hacer para conseguir egresados capacitados para integrarse, de forma inmediata, en las formas de actividad eficientes para la sociedad que es, también, aquello que a ellos les sería necesario para conseguir un empleo en ella.

Es imprescindible introducir una nueva concepción pedagógica, y desde la escuela elemental, que inculque principios de conciencia ambiental, solidaridad, aprecio a la tecnología y a los elementos de progreso, al empleo consciente y responsable de los recursos y al papel que cada uno juega y debe jugar en la sociedad. Los niños bien educados en estos principios tienen la base para ser buenos estudiantes, curiosos colaboradores en la generación del tejido social, activos elementos en la contribución a mejorar la sociedad. Cada euro invertido en formación elemental se recupera con creces en la madurez del individuo.

La cifra de ocho veces -¡y hasta veinte veces!- como retorno a lo empleado en educación básica está en las valoraciones de los países más eficientes. Lo que se entrega a infantes de menos de cinco años se recupera, multiplicado, en beneficios globales, a la larga, cuando el joven se convierta en elemento activo de la sociedad. Hay que aumentar la formación de los educadores, reforzar su prestigio social, remunerarlos adecuadamente, y estimularlos de continuo, con el reconocimiento de su labor.

Las familias forman parte de este esquema de intervención, pero también, los estamentos locales, la sociedad en su conjunto. El niño tiene que verse como elemento apreciado por los que le rodean, un valor de futuro. Es la tribu la que educa, en afortunada expresión de José Antonio Marina. La horda y el desorden, desquician, confunden, estropean.

(seguirá)

 

 

Publicado en: Actualidad, Cultura Etiquetado como: educación, empleo, formación, Marina

Agnósticos

29 junio, 2014 By amarias 2 comentarios

Dice la copla que  «quien no sabe lo que es ver  no tiene tanta penita como el que ha visto y no ve» y esta referencia me sirve para glosar que hay dos tipos de agnósticos: quien han llegado a su escepticismo después de haber analizado las alternativas y quienes se apuntan a él sin tener conocimiento de ninguna.

Respeto, por ello, y con comprensión y afecto intelectual, a quienes se reconocen agnósticos en relación con las diferentes teorías, dogmas y elucubraciones filosófico-recreativas que pretenden encontrar alguna respuesta a la molesta pregunta de porqué tenemos conciencia de nuestra limitada existencia y no se nos alcanza entender el objetivo de un fenomenal despliegue cósmico que, por lo que nos parece haber ido percibiendo, no nos tiene, desde luego, como centro, pero seguramente ni si siquiera inventariados.

No quisiera que el lector viera en el párrafo anterior una aplicación exclusiva hacia esa parte de la filosofía aplicada que es la religión, sino que le atribuyera un sentido tan amplio como le sea posible. Porque eso le permitirá entender lo que quiero decir con los dos tipos de agnósticos: quienes desprecian cualquier análisis o conocimiento y se apuntan a las conclusiones, y quienes llegan a ellas o a otras parecidas, después de absorber, situándolas en su contexto y encontrándoles el sentido de su evolución, cuantas teorías, formulaciones y especulaciones -muchas de ellas, con excelentes conclusiones prácticas- les sea factible.

Estamos en un momento de agnósticos. Por una parte, se encuentran, y desgraciadamente los percibo como inmensa mayoría, quienes no creen en ninguna religión, en ninguna técnica, en ninguna solidaridad e, incluso (o por ello) en otro futuro que no sea el de ellos mismos o, tal vez, el de su familia inmediata. No saben porqué han llegado ahí, porque no les ha preocupado el camino, sino el final: Dios no existe, la sociedad es corrupta por naturaleza, la técnica es falsa y los hallazgos científicos producto de la casualidad, los políticos y los que dirigen han llegado a sus puestos gracias al poder de sus mafias y nos mienten sistemáticamente, la justicia es injusticia encubierta, el futuro es incierto y no depende de lo que hagamos, etc.

Me acerco con timidez a ese grupúsculo de quienes son agnósticos, pero tratan de entender los porqués: desde el respeto a las religiones, sabiendo que cumplen y han cumplido una función de terapéutica social, y también de control y canalización de intereses, a lo largo de lo siglos; desde el respeto a las formas de gobierno y a sus instituciones, como solución transitoria más adecuada (o más oportuna) para controlar los avances de los que exigen frente a la resistencia de los que poseen; desde la admiración a quienes, a despecho de penurias, escepticismos y dificultades, han descubierto los principios que sirven al funcionamiento de las máquinas, los aparatos y los artilugios que conforman lo que ahora entendemos como fundamento de nuestra calidad de vida y nuestro bienestar.

Necesitamos en España muchos más agnósticos de este segundo tipo. Hombres y mujeres que no se preocupen de las conclusiones que han sacado otros sino que busquen las razones para las suyas propias. Que conozcan, porque los han estudiado y valorado, los métodos y argumentos de quienes nos han conducido hasta aquí, hasta nuestro actual nivel de respuestas, y sigan preguntándose cómo avanzar, con la antorcha de su trabajo y de su capacidad, en las tinieblas del desconocimiento.

Publicado en: Sociedad, Tecnologías Etiquetado como: agnósticos, ciencia, conocimiento, crédulos, investigación, sociedad, tecnología

Hoy falleció Juan Manuel Fernández Carrio

26 junio, 2014 By amarias 3 comentarios

Hace ya años, publiqué una semblanza de mi tío Manolo Carrio. Hace unas horas, mi prima María del Mar me comunicó su muerte, mientras dormía. Era ya mayor. Muy mayor (92 años). Ha sido para mí, como para la mayoría (¿todos?) de cuantos le conocimos, un ejemplo a seguir.

Le dediqué algunas entradas en mi blog, pero en este día especial, quiero conectar mis sentimientos a esta en concreto:

http://amarias.blogia.com/2008/061601-jugando-en-corto-una-persona-importante-para-la-siderurgica-asturiana.php

Publicado en: Actualidad, Asturias Etiquetado como: carrio, ejemplo, fallecimiento, juan manuel carrio, químico

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