Al socaire

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Tambores de guerra, proclamas patrióticas, confusiones estructurales

17 noviembre, 2015 By amarias 3 comentarios

Francia está oficialmente en guerra contra el Daesh.  Lo está, porque, interpretando como una declaración de guerra práctica el múltiple atentado en París, reconocido por el grupo de terroristas que se han adueñado de una parte de Siria e Irak, como organizado por ellos, ha respondido inmediatamente atacando varias instalaciones en Raqqa, que se considera la capital del rebelde «estado islámico».

En estos días han proliferado las manifestaciones de solidaridad con el pueblo francés, realizadas a niveles oficiales como particulares. Ha sido impresionante, en todos los sentidos de la palabra. Largos minutos de silencio, mensajes de condolencia, repulsa a los asesinos, velas, flores…Incluso se ha cantado repetidas veces, tanto dentro como fuera de Francia, el himno nacional francés.

Tal vez no se ha reparado exactamente en la letra como en lo que significa todo cántico patriótico cuando es coreado por otros pueblos, como demostración de proximidad y afecto. Para expresar sentimientos colectivos inmediatos, son necesarios los símbolos, los ritos ya establecidos: la apelación a un lugar común de inmediato acceso.

Pero, analizado en su dicción concreta, la Marsellesa es  un verdadero cántico guerrero, que expresa que «ha llegado el día de gloria» y, después de enfatizar la malsana intención del enemigo con frases inequívocas, que parecerían incluso destinadas a caracterizar ataques como los sufridos («¿Oís en los campos el bramido de aquellos feroces soldados? ¡Vienen hasta vosotros a degollar a vuestros hijos y vuestras compañeras!»), repite, como estribillo: » ¡A las armas, ciudadanos! ¡Formad vuestros batallones!¡Marchemos, marchemos!¡Que una sangre impura inunde nuestros surcos! La Patria está amenazada».

Esta es la situación, pues. La decisión política está tomada por parte, al menos, tanto de los dirigentes franceses como norteamericanos: esas naciones, se aprestan al combate y atacan, con medios militares efectivos por su carácter de destructivo, los cuarteles en donde entienden que está la cabeza impulsora de las agresiones. Quieren llevar el escenario de la guerra lejos de su territorio, a pesar de que el ataque terrorista por el que se sienten directamente afectados ha tenido lugar dentro de sus fronteras.

Desde mi ignorancia del uso adecuado que cabe dar a  los instrumentos bélicos, a las contraofensivas, y sin entender muy bien los intríngulis por donde discurren las estrategias militares modernas en los países llamados civilizados, atisbo, sin embargo, un doble problema.

El primer problema surge de la sencilla constatación de que «el enemigo», admitiendo incluso que su centro coordinador sea único y esté localizado en algún sitio, no emplea un ejército ni utiliza instrumentos bélicos convencionales -a pesar de la aparatosa propaganda que muestra a guerreros sacados de la guerra de las galaxias haciendo ejercicios de algo parecido a las técnicas del kung fu- sino que está utilizando comandos, cédulas guerrilleras, en número indeterminado, que se hallan dispersos por el propio territorio de quienes han aceptado asumir la declaración de guerra. Individuos sin escrúpulos para matar que, con seguridad, han venido siendo adoctrinados desde hace tiempo para hacer daño hasta su propia inmolación y a los que se ha prometido dinero a sus familias y el paraíso para su eternidad.

Existe, por lo tanto, una potencial consecuencia nefasta derivada de la obsesión por apresurarse en confirmar una guerra contra un enemigo difuso: se puede tranquilizar durante unos días a la población local asustada, pero el riesgo de sufrir más ataques terroristas en el propio territorio no disminuirá (tal vez, incluso, aumente: la locura no alcanza límites por el lado de la razón).

De esa situación de tensión, dimana un  riesgo colateral y nada despreciable para las propias ciudadanías: que quienes se sienten amenazados por el terrorismo islámico, confundan, identificándolos, a mahometanos (es decir, a los fieles de una religión pacífica y respetable) con los yijadistas.

No me encuentro, por ello, entre los que se han empeñado en ridiculizar los argumentos del «general de Podemos», Julio Rodríguez, que reclama calma y sensatez antes de abordar objetivos militares no matizados en territorios ocupados por un ejército terrorista, pero en donde hay una importante población civil. Se trata de voces que provienen del trasfondo belicoso, guerrero, intransigente y frontal que subyace en quienes no quieren entrar en análisis, sino que se mueven por intuiciones primitivas: ojo por ojo, diente por diente: mato porque matas.

Es, sin embargo, la de Julio Rodríguez, ante el silencio de los militares en activo de mayor grado, que no han exteriorizado su opinión, -supongo que porque están utilizando los canales de mando establecidos o por respeto hacia la autoridad civil, que es la que toma las decisiones políticas-, la única opinión profesional, -de un experto en estrategia, de un antiguo jefe de Estado Mayor, de un prestigioso militar-, sobre la conveniencia o no de atender a la provocación, declarándose en estado de guerra y atacando un territorio ajeno.

Porque, lo que parecería más razonable y urgente sería extremar la vigilancia de movimientos de sospechosos y comandos en el propio territorio, que teníamos, por los desgraciados resultados, bastante descuidada, y analizar con mucha serenidad quiénes serán los que padecerán los efectos de una guerra en territorio ocupado por terroristas.

 

Publicado en: Actualidad Etiquetado como: atentado, Francia, general, guerra, musulmán, Podemos, yijadista

Mi Diccionario desvergonzado: Pasión, guerra, comisión, pringado, chocolate, grano, escándalo

3 septiembre, 2014 By amarias Deja un comentario

Amigo. 1. Destinatario del afecto que se siente en la adolescencia por el coetáneo con el que se intercambian objetos de poco valor, como cromos de futbolistas o galanes de cine, según los sexos. 2. Nombre con el que se designa a la pareja con la que se tienen relaciones sexuales sin encontrarse legalmente casados. 3. Forma enfática de dirigirse a cualquier desconocido para encabezar los escritos comerciales o la propaganda electoral por quien ocupa un cargo público.

Caca. 1. Expresión seca del infante incontinente para advertir que acaba de ensuciar el vestido impoluto con el que se le acaba de preparar para salir de paseo. 2. Mierda de perro abandonada por su dueño en la acera, que, al mantenerse siempre fresca, resulta muy difícil de quitar del zapato con la que se la ha pisado. 3. Manera genérica de expresar a un educando infantil que algo no se hace o no se come, y que le sirve de indicativo u orientación para que lo repita.

Guerra. 1. Catarsis periódica de la Humanidad por la que se pone fin a la estrategia de coexistencia pacífica, para empezar un nuevo ciclo de lo mismo. 2. Modalidad de colaboración perversa entre las oligarquías, con la intención de generar actividad económica de reconstrucción de las infraestructuras y, de paso, reducir el paro juvenil. 3. Cuando la conflagración destructiva recibe posteriormente el calificativo de mundial, se hace referencia a que los responsables de haber organizado los combates, satisfechos por el cumplimiento de los objetivos principales, por los que han acordado el reparto de los recursos y tierras de los países no beligerantes, han firmado públicamente un Tratado de Paz definitivo que, por supuesto, no tienen la menor intención de cumplir.

Bombón. 1. Mujer joven, perteneciente al espectáculo mundano, que muestra de forma desvergonzada todos o casi todos sus carnales encantos en el reportaje por el que ha cobrado una cantidad respetable. 2. Golosina que se ofrece al final de una comida de negocios en el restaurante y que se convierte en una masa pegajosa en el bolsillo del pantalón de quien lo recoge, si se le olvida entregarlo de inmediato a la subalterna con la que se flirtea.

Chocolate. 1. Hasta hace escasos años, en que se generalizó la cocaína, material de consistencia pétrea que, mezclado con drogas más adictivas y algo más baratas, llamadas alcohol y  tabaco, servía para confeccionar unos cómicos cigarrillos que eran utilizados como pretexto en las reuniones sociales para fingir que se estaba colocado y poder expresar insolencias o estupideces que causaban gran incomodo a los que no tenían esa excusa. 2. Sobrealimento inventado por los indios americanos, que, con la evolución tecnológica, se fabrica hoy solo a base de grasa vegetal y harina de pescado en agua, a la que se añade un porcentaje variable de cacao y colorantes, para distinguir entre las variedades con leche, puro, extra, negro y extrafino.

Pringado. 1. Torpe que solo sabe hacer su trabajo, sin capacidad para las relaciones públicas. 2. Persona a la que alcanza de refilón la marea de corrupción principal, por recibir una pequeña participación en una coima, y a la que se juzgará con todo rigor con fines de catarsis colectiva, liberando con su culpabilidad a los actores más beneficiados.

Grano. 1. Protuberancia con pus y sangre que siempre aparece donde menos se la espera, siendo sus asentamientos preferidos, la cara o el culo. 2. Alimento para el ganado, que se utiliza por los humanos como componente de casi  todas las dietas infalibles de adelgazamiento provisional .

Pasión. 1. Lo que siente un currante al que no le han explicado para qué sirve su trabajo. 2. Arrebato del ánimo que ofusca totalmente el entendimiento de una persona y que ilumina de forma meridiana el horizonte de la que lo percibe, y que, por ello, suele menospreciarlo.

Comisión. 1. Porcentaje de una venta,  que recibe alguien por haber facilitado un negocio entre dos entidades, cuyos máximos responsables se conocían con anterioridad, y del que debe entregarse la mayor parte  a uno de éstos, o a ambos. 2. En política, dinero con el que el adjudicatario de una obra  servicio públicos, recompensa a la autoridad o a su representante, por haber reconocido que su precio y calidad eran los mejores en una licitación. 3. Grupo de personas designadas a dedo para hacer creíble una decisión de interés peculiar.

Escándalo. 1. Tipo de escote con el que las mujeres enseñan toda su carne hasta el ombligo. 2. Apelación muy versátil del lenguaje periodístico de batalla, pues puede aplicarse tanto a la tela que falta en una falda que permite ver la ropa interior de quien la porta, como a la pierna y muslo que dejan al descubierto. 2. Manera eufemística de referirse a cualquier noticia que ocupa la atención, y que está destinada a ser olvidada en el mismo instante en que se conozca otra de igual o superior magnitud, lo que sucede indefectiblemente.

Publicado en: Diccionario desvergonzado Etiquetado como: amigo, bombón, caca, comisión, diccionario desvergonzado, escándalo, guerra, pasión, pringado

¡Por Dios!

9 julio, 2014 By amarias Deja un comentario

Israelíes y palestinos se encuentran de nuevo enzarzados en una escalada de violencia de un conflicto que no tiene solución, porque no es cuestión de diálogo, sino de principios. Y cuando los principios son inamovibles, de poco vale que los que asisten a la exhibición de intransigencia exhorten a que se pongan de acuerdo los que se confrontan.

El antiguo responsable de Asuntos Exteriores de la Unión Europea, Javier Solana, actualmente Presidente de EsadeGeo (Center for Global Economy and Geopolitics), ha expresado que ese nuevo incidente en las estériles relaciones de ambas colectividades, «no conducirá a nada», lo que ha de interpretarse, no como una frase diplomática, sino como una conclusión nacida de su amplia experiencia en asistir a empecinamientos políticos, tratando de mediar entre quienes tienen clara su voluntad de no entenderse.

¿Por qué ha de ser así? Existen, como un análisis elemental puede poner de manifiesto, discrepancias religiosas, que solo pueden servir a los que creen todavía que la religión es un fundamento y no una excusa. Los judíos se creen descendientes de Isaac y los musulmanes pretenden serlo de Ismael, los hijos mitológicos de Abraham, habidos, respectivamente, con su esclava Agar y con su esposa Sara, y a los que Jehová, o Alá, en tiempos en los que los dioses hablaban con los humanos, encomendó de manera suficientemente oscura la construcción de la genealogía para su futura encarnación en el descabellado propósito de darse un paseo por nuestras miserias, sellando ese pacto con una acción realmente singular, es decir, estrambótica: ordenando que se cortara el prepucio a los descendientes varones.

No voy a adentrarme más en la narración bíblica, salvo para recordar sin mayor énfasis que uno de los hijos de Isaac fue Jacob (Israel), que tenía un hermano gemelo, Esaú, al que le gustaban mucho las lentejas y con el que compartía, al menos, un exagerado carácter pendenciero, pues peleaban ya desde el seno materno.

Poco que ver el cuento divertido con la complicada historia geopolítica que se tejió en torno a Palestina, aunque se podría adivinar por él, pero no justificar, los cientos de años de esclavitud y persecución que sufrieron los judíos, ni se encontrarán atisbos del juego descarado al que se sometió por las llamadas potencias occidentales, el territorio del cercano Oriente, ni hay preludios del genocidio nazi durante la segunda guerra mundial y, mucho menos, del estrambótico reconocimiento como nación de Israel, dándole un trozo de la tierra prometida, fabricando un parche sin futuro en una zona rodeada por musulmanes. Hay tanto escrito sobre la cuestión que es imposible resumirlo y no menos difícil, comprenderlo.

Los israelíes han conseguido, con la ayuda de los Estados Unidos, convertirse en una potencia militar, capaz de mantener a raya a los países árabes que la circundan y, no solo eso, apta para aventurarse en incursiones bélicas gracias a las cuales ha ido ampliando el espacio de su asentamiento. Los palestinos, empujados a una mísera dependencia económica del próspero estado israelí, -adobados también, por su parte, pero en mucha menor cuantía, con circunstanciales ayudas norteamericanas y subvenciones de subsistencia surgidas de aquí y de acullá-, se han convertido en un pueblo empobrecido, dividido y aislado: sus razones se ven como apestosas, su resistencia, inútil, las discrepancias entre sus líderes forman parte del folclore mundial, y, lo que es gravísimo, sus derechos -a la libertad, a la tranquilidad, a la construcción de una economía autosuficiente-, son ignorados sin despertar el menor sentimiento de culpabilidad ajena.

Los hechos recientes no son más que una consecuencia de algo que, en 1938!, la clarividente pensadora judía Simone Weil, inteligente cosmopolita renegada de sus raíces semíticas, ya veía como la prolongación de la sempiterna conflagración por hincar banderas en ese territorio estratégico.

Para Israel, atento a cualquier excusa, el asesinato de tres adolescentes judíos atribuido -de forma poco creíble- a miembros de Hamás, justifica hoy las represalias, el lanzamiento de misiles sobre Gaza, e incluso la movilización de 40.000 reservistas «dispuestos a defenderse» de quien no tiene capacidad de ofensa suficiente. Es decir, los dirigentes israelíes se declaran dispuestos a invadir otra vez las tierras que añoran como expansión de su Estado consentido.

David esgrimiendo la honda frente a otro David armado con torpedos de cabeza atómica y cohetes antimisiles.

¡Por Dios! ¿No seremos capaces nunca de contener los impulsos destructivos de la especie humana contra sí misma, allí donde afloren? ¿A qué necesitamos apelar, no para entendernos -en Israel y Palestina como en cualquiera de los múltiples lugares del planeta Tierra en donde la Humanidad se está destruyendo a sí misma, apelando a la religión, es decir, a la economía y a la ambición de unos pocos, escudada en designios de Aquel que, cuando le hacen hablar, los que no estamos en la procesión no sabemos interpretar lo que quiere decir?

¿O es que no hay quien, como yo -y otros que tienen más elementos que yo para analizar lo que nos pasa- entienda que hay que dejarse de una vez por todas de hacer atribuciones fuera de nuestra capacidad de actuación, y reconocer que mientras los que dirigen lo sustancial de lo que nos tiene que pasar sigan, en realidad, adorando a Belcebú-dinero, no tenemos solución?

Aunque momentáneamente parezca a los que las promueven y a los que creen obtener beneficio de aplastar a otros, tantas guerras y guerras, …no conducen a nada.

Porque nada es destruir lo creado por nosotros, una y otra vez, hasta que sea la última.

 

Publicado en: Actualidad, Internacional, Sociedad Etiquetado como: conflicto, guerra, Hamás, historia, Israel, judíos, palestinos, Solana

Creo en el cuestionamiento sostenido

4 julio, 2014 By amarias Deja un comentario

(Es continuación de los cuatro Comentarios anteriores)

5. Análisis crítico de las perspectivas de la cuarta revolución tecnológica

Las dos primeras «revoluciones industriales» fueron consecuencia de la difusión generalizada de una nueva tecnología que modificaba sustancialmente el aprovechamiento de las fuentes energéticas. Pero el efecto práctico tanto de la máquina de vapor como el motor de combustión interna fue la mejora sustancial en la conectividad. Los seres humanos y las mercancías podían desplazarse de forma mucho más rápida, barata y segura que en la etapa precedente.

La tercera revolución industrial, en terminología aceptada por el Parlamento Europeo en 2006, según la idea de Jeremy Rifkin,  no está relacionada con la energía, sino con la difusión generalizada de la aplicación de la tecnología digital, cuyos efectos aún están en fase inicial.  Las telecomunicaciones han significado también la accesibilidad instantánea a los conocimientos disponibles en la red pública -o la interactividad e  intercambio dentro de las redes privadas- a una inmensa variedad de usuarios.

La ausencia de filtros de autoridad, o la posibilidad de enmascarar, adulterándolos, los criterios de verdad o verisimilitud con fines perversos, hace de las redes, también, un foco de distorsión del conocimiento científicamente contrastado, sirviendo para la propagación de falsas teorías, informaciones interesadas sin otro aval que la maldad o la codicia y, en fin, convirtiendo a una herramienta neutral por esencia en vehículo de intoxicación de la más amplia especie.

La cuarta revolución tecnológica discurre paralela a la tercera, solapándose con ella. No ha sido, desde luego, analizada, ni para unificar y clarificar su concepto, ni, obviamente, para estudiar sus posibles consecuencias. Un intento de definición sería la de «aquel proceso, de naturaleza exclusivamente tecno-sociológica, que plantea la necesidad de combinar el conjunto de conocimientos científicos -en sentido lo más amplio posible-, abierto a toda la Humanidad, con la obtención de niveles de calidad de vida satisfactorios y homogéneos, que alcancen a todos los seres humanos y que tome en consideración la necesidad de mantener el equilibrio dentro de la naturaleza.

En efecto, esta idea implica la valoración y reconocimiento del papel de los restantes seres vivos en el equilibrio natural, la preservación ambiental, el aprovechamiento razonado y restrictivo de los recursos, teniendo en cuenta sus reservas, distribución y su capacidad de renovación y, en fin, y como más importante, la plasmación de un objetivo común para la Humanidad, en el que se haya considerado el papel de las generaciones venideras, a las que corresponderá recoger el testigo de la existencia y el conocimiento en la imaginada carrera por alcanzar las claves que rigen el cosmos.

Por ambicioso o utópico que parezca el planteamiento, la aplicación a un país concreto resulta sencilla. Hay que garantizar la continuidad de lo que tenemos al alcance de nuestra actuación: no agotar, no contaminar, ser solidario, ser creativo, e impulsar la capacidad creadora de las nuevas generaciones, abriéndoles vías de pensamiento. Esto nos lleva a conceder prioridad a la formación, a la investigación, y a la evaluación y conservación de los recursos, compatible con su aprovechamiento actual si fuera imprescindible para garantizar, no el máximo bienestar de unos pocos, sino la supervivencia con el nivel de satisfacción adecuado, de la actual población.

Si hay que sacrificar algo, que sea el disfrute máximo de la capa más beneficiada de los actuales pobladores, en beneficio de la formación y desarrollo de las generaciones futuras.

La difusión generalizada de internet (es decir, de las comunicaciones telemáticas) en la producción industrial es solo un aspecto modificador, que reducirá -está reduciendo-la cantidad de trabajo disponible para el hombre y desplazará -está desplazando- la rentabilidad de muchas empresas, haciendo no pocas inviables en competencia con los nuevos planteamientos de negocio.

La reacción ha de ser coordinada y completa, porque la evolución natural es hacia el desequilibrio, y un desequilibrio no controlado en un sistema dinámico conduce implacablemente al caos. Las Escuelas de formación y las Universidades deben orientarse de inmediato hacia el total aprovechamiento de esas oportunidades, que se concretarán en la puesta en marcha de nuevas formas de emplear los recursos naturales y la mano de obra, especialmente en los países hoy menos desarrollados.

No son los centros de enseñanza los detentadores en la actualidad de los conocimientos tecnológicos más avanzados (puede que lo sean en cambio, de los filosóficos, por reflejar con este nombre los vinculados a las antes conocidas como Humanidades). Conseguir que las grandes empresas abran sus centros de investigación y compartan sus resultados es un reto al que no veo tan fácil solución, dado el egoísmo y cortoplacismo imperantes.

Pero generar la voluntad de comunicación abierta del conocimiento de muy alto nivel no es el fin último, sino solo una etapa en el camino.

La generación de una nueva infraestructura internacional, de cooperación y estímulo es también inexcusable, pues hay que evitar que las tensiones de esas nuevas relaciones de mercados y tecnologías se traduzcan en la aparición de una guerra de intereses que, dada la actual capacidad destructora de los países, nos llevaría al cataclismo final, provocaría la hecatombe de una Humanidad a la que perdió su incapacidad para dominar su evolución tecnológica, haciendo sus logros útiles para la totalidad y no para las élites.

No tengo propuestas generales de solución a largo plazo. A medio plazo, entiendo que la exacta valoración del problema,  para atender exclusivamente al nivel nacional, sugiere algunas actuaciones intermedias concretas, que implicarían el aprovechamiento, profundización y mejora de la cualificación competitiva internacional -mejorando así la Balanza de pagos, aumentando las exportaciones y restringiendo el consumo de bienes importados, sin que ello signifique la autarquía, sino la selectividad de lo adquirido en el exterior-.

De la estructura industrial y de servicios propia, dependerá la demanda de empleo y la cualificación necesaria. En un país dedicado al turismo mayoritariamente, necesita trabajadores de escasa formación, que serán remunerados con salarios bajos y se consolidará una estructura dependiente tecnológicamente, de baja capacidad de consumo y manipulable.

El aprovechamiento de nichos de mercado en países menos desarrollados, apoyados en la exportación de bienes producidos con tecnologías intermedias -o que no se puedan mantener en primera línea por falta de alimentación en origen- tendrá un carácter temporal, circunstancial, pues habrá de admitirse que estos países estarán interesados en asimilarlas rápidamente, captando técnicos extranjeros para sus centros de investigación.

En suma, si no se lleva a cabo, simultáneamente, la revisión de los postulados de cooperación mundial, asumiendo nuevas formas de distribución de tareas y beneficios, la cuarta revolución industrial será la última.

(continuará)

Publicado en: Actualidad Etiquetado como: ciencia, cuarta, guerra, industrial, investigación, mundo, revolución, tecnología

Cuento de invierno: Viviendo entre amenazas

19 febrero, 2014 By amarias Deja un comentario

El nombre de País de la Tranquilidad no debiera llamar a engaño. Aquella época alegre y despreocupada, en la que -según decían las antiguas crónicas- bastaba con meter, con mínima pericia, la mano en el arroyo más cercano para sacarla con una trucha atrapada entre los dedos, o los frutos de los melocotoneros y naranjos se pudrían en el suelo porque nadie se molestaba en agacharse a cogerlos, había quedado atrás.

El País de la Tranquilidad estaba, hoy en día, sometido a muchas amenazas. Era una sensación difusa, imprecisa, pero que había cobrado cuerpo en todos sus habitantes. que se habían vuelto recelosos.

La fama que habían adquirido tampoco les beneficiaba, porque seguía siendo un atractivo irresistible para los habitantes de otros países, en los que la hambruna, la falta de recursos y la desesperación eran aún superiores.

-Ayer, a pleno día, han robado en casa de mi vecino -era un comentario que podía oírse en la mercería de la esquina, mientras la propietaria del negocio envolvía los seis botones que le acababa de comprar una cliente, y que iban destinados a ser cosidos en una chaqueta de ante a la que había hecho recortar los faldones en una sastrería especializada en arreglos, regentada por unos comerciantes cochinchinos.

-Dice la policía que los ladrones son bandas organizadas extranjeras que disponen de llave maestra de cualquier puerta de seguridad -ratificaba, en otro lugar y momento, exponiendo su información, el encargado del concesionario de automóviles a la cajera, quien le acababa de traer un café con azúcar de la máquina expendedora y con la que, dicho sea de paso, tenía una relación sentimental.

-En un programa de televisión han explicado que esos individuos envían la fotografía de las cerraduras a una empresa italiana y, a vuelta de correo,  contra reembolso, les mandan la llave maestra. Actúan en grupos de tres personas, y mientras uno vigila la calle, los otros dos entran en el piso. Prefieren pisos altos, van directamente a la habitación principal  y usan la escalera, no el ascensor, para evitar el encuentro con un vecino – podría ser la explicación que, para completar el dibujo del panorama, ofrecía el técnico en comunicaciones avanzadas que había sufrido un ERE la semana pasada y estaba esperando. mientras tomaba una cerveza,  que, de un momento a otro, le avisaran de que su esposa se había puesto de parto.

El Comité de Seguridad del País de la Tranquilidad estaba al tanto de la preocupación ciudadana y, por eso, llevaban reuniéndose, en una sesión de las llamadas permanentes, desde hacía más  cinco años. Habían avanzado mucho en su tarea: tenían localizadas muchas de las amenazas, y detectado la mayoría de las vulnerabilidades.

-Antes de tomar una decisión -expresó aquel día de enero su Presidente, repasando sus notas- es imprescindible establecer prioridades, puesto que nuestros recursos son muy limitados.

-La mayor amenaza a la que nos enfrentamos es, sin duda, la del cambio climático, que puede derretir los polos, elevar la altura del mar más de seis metros, inundar los pueblos costeros y calentar la  superficie de la Tierra en más de seis grados.

-No estoy de acuerdo -replicó el Jefe del Estado Mayor de los Ejércitos-. El riesgo más alto que sufre nuestra sociedad es el de la guerra atómica, en la que los países del arco fanático quieran probar la eficiencia de sus armas nucleares atacando uno de nuestros aliados.

-Quiá -mantuvo, con firmeza, el Comisionado de la Federación de Empresarios que, por cierto, venía de declarar ante el Tribunal justiciero por una presunta apropiación de las cuotas de los asociados, y que habría empleado en un viaje a las Hébridas con su concubina-. El máximo peligro de nuestra sociedad es la invasión de los productos corniculianos, a precios ridículos, porque sus salarios son la décima parte de los de nuestra clase trabajadora.

A pesar de que llevaban tantas reuniones, analizando amenazas y vulnerabilidades, no conseguían ponerse de acuerdo en establecer las prioridades, porque todos los peligros les parecían de muy alta importancia. Cuando ya declinaba el día, un asistente muy joven que, al parecer no había sido invitado porque no formaba parte del Comité, dijo en voz muy alta:

-¿Será de alguno de Vds. un todoterreno azul que se está llevando la grúa?

Hubo un silencio, y varios de los presentes salieron corriendo, asustados.

FIN

 

 

Publicado en: Cuentos y otras creaciones literarias Etiquetado como: amenaza, cambio climático, cuento, cuento de invierno, global, guerra, seguridad

Cuento de verano: Olvido busca Memoria

20 septiembre, 2013 By amarias2013 Deja un comentario

Ya sé que es un título raro para un cuento. Tenía pensado uno buenísimo pero no consigo recordarlo.

Yendo directamente al grano del asunto, el protagonista de este relato no es un pueblo concreto, ni una raza, sino una especie. La humana. Y el marco de referencia no es la Tierra, sino el cosmos. Puede parecer pretencioso, aunque no es exactamente mi intención.

Cuando quienes imaginaron el Universo habían ya colocado toda la escenografía, activado los mecanismos semiautomáticos y decidido los momentos en que se producirían los momentos más impactantes, y se disponían a disfrutar de los efectos, tranquilamente sentados en la primera fila de butacas, uno de ellos tuvo una idea singular:

-Pongamos la condición de que, en la evolución de las especies, una de ellas no tenga memoria.

El resto de los artífices del Universo estuvo de acuerdo de inmediato en que podría ser interesante, y ese y no otro es el origen de la especie humana, tal como la conocemos hoy. La ausencia de memoria afecta por igual a hombres y mujeres, porque lo importante para este cuento no es ignorar o no dónde dejaste las llaves o cuál era el traje que llevabas el día que se casó tu prima la de Logroño, sino que me estoy refiriendo a la Memoria colectiva, a los hechos claves de la Historia de la Humanidad que hubieran permitido reconocer porqué estamos y somos así, y no repetir más que los éxitos, evitando caer por segunda vez en lo que salió mal.

Me he referido en el párrafo anterior a «la Historia de la Humanidad» y, en realidad, no existe. Tenemos a disposición de los curiosos y eruditos una colección de anécdotas, en su mayor parte inventadas o tergiversadas, que es imposible interpretar, por mucho que te rompas la mollera. Como la especie humana es actualmente muy numerosa -hace tiempo que alcanzó la masa crítica-, hay centenares de análisis de lo que pudo haber pasado, y hay que reconocer que algunos llegan a conclusiones divertidas.

Tanta palabrería no impide ser claro en afirmar que la humanidad, como no tiene memoria, esté continuamente volviendo a empezar, para diversión de los dioses de esta gran aldea global, aunque lo hace cada vez con menos margen de actuación, como si estuviera representando ya el último acto. Esto explica -es un decir- que, con las tensiones entre pueblos y razas, que hace apenas un siglo desembocaban en guerras y operaciones destructivas de ámbito local, ahora tengan un carácter general, y por un quítame allá esas pajas, se esté a punto de organizar la de vámonos, Juana. Como si esto fuera un patio de colegio, los grandullones y los gallitos no paran de trazar líneas rojas y de tirar petardos al lado del vecino, que te dejaban sordo un par de días.

Aunque todo parece más estructurado, no hay tal. El origen de la tensión no ha cambiado, y es el afán de dominar y acapararlo todo que surge, como una enfermedad, en ciertos grupos y en todas las generaciones. La ausencia de Memoria es la razón.

A nivel individual, como han resuelto algunos estudiosos, lo deseable es llegar a la vejez con buena salud y mala memoria. Solo que, como especie, hemos llegado a este punto con mala salud y nula Memoria. Lo que es muy poco tranquilizador.

He soñado que los autores del libreto y la escenografía, en este acto, habían previsto que Olvido saliese a buscar a Memoria. Era un sueño muy entretenido, que me hubiera gustado recordar.

FIN

Publicado en: Cuentos y otras creaciones literarias Etiquetado como: angel arias, creación, cuentos de verano, dioses de la aldea, éspecie, especies., evolución, guerra, humanidad, memoria, memoria colectiva, olvido, paz

La mente embotada del emperador y la guerra de Siria

10 junio, 2013 By amarias2013 Deja un comentario

Ya alguna otra vez me he referido a La nueva mente del emperador, el primero de los libros de Roger Penrose destinado a demostrar, con argumentos no aptos para todos los públicos, que no puede haber ningún artefacto que pueda competir con la mente humana en su capacidad de generación de algoritmos.

Es decir, en explicación para andar por casa y cuya torpe redacción es de mi exclusiva responsabilidad, aunque en algún momento se llegara a desvelar el truco de magia cósmica con el que se puso en evolución, por generación espontánea o capricho de un Hacedor metafísico, un punto gordo de sutil energía atiborrado de nanopartículas hacia una compleja diversidad de puntos de materia de los que la mayoría no están destinados a ser contemplados por nosotros, tendríamos pendiente de solución otro asunto, de mucho mayor interés para nosotros.

Tenemos, sí, montones de ecuaciones y fórmulas irrefutables que nos dicen ya mucho del comportamiento de la materia cuando fuerzas externas actúan sobre ella o cuando la obtenemos para observarla, en su propia quietud, bajo una lupa y medirla con una regla.

Estamos a punto, nos dicen, de encontrar el Primer Postulado a partir del cual lo sustancial de lo físico se desplegará como un manto de coherencia interna. Pero no tenemos casi nada avanzado en el estudio de la lógica que rige nuestro propio comportamiento, y no digamos, del colectivo humano, empeñado en un continuo proceso, y cada vez con mayor aceleración, de generación de ideas e interferencias sobre la energía y la materia, y de las que resultan especialmente perturbadoras sus dos categorías extremas: las geniales y las estúpidas.

La guerra de Siria pertenece, sin duda, a la esfera de las intervenciones destructivas de la especie humana sobre la materia. No es tan grave para ésta, porque la materia se puede reconstruir con ecuaciones y fórmulas que conocemos, en procesos que, como colectivo, dominamos. Así que se podrán poner en pie edificios parecidos, reparar carreteras y monumentos demolidos, fabricar armas incluso más eficaces, gases tipo sarin mucho más letales. No habrá problemas por ese lado.

Lo que no podremos jamás reconstruir será la vida de los miles de muertos en esa batalla por el poder sobre una parte ínfima de la materia, eliminar el dolor y el sacrificio de los miles de heridos, mutilados, refugiados, huídos, enloquecidos, desorientados… No lo podremos hacer aunque seamos millones los personajes que contemplamos, impávidos -no impotentes, impávidos- la desgracia de una parte de quienes llamamos, sin embargo, semejantes. Como lo son los de Irak, Afganistán, el Sahel,…

Una joven siria, perdida en algún lugar de Grecia, a la que había llegado atravesando Turquía desde su país en llamas, y que se encuentra, sin documentación, sin medios, sin familia, a punto de ser remitida a Túrquía, devuelta porque, ya se sabe, -lo oí de uno de sus jefes de Policía- Grecia tiene una grave crisis y no puede, además, conceder permiso de entrada a la Unión Europea a quien no reúna las condiciones legales, preguntaba: «¿Qué haceís por nosotros, más que tomar fotos? ¡Solo fotos!¡Fotos!».

La mente del emperador está embotada. Y con la mente en ese estado, las máquinas imaginadas por Turing cobran más sentido; somos reproducibles en gran medida, asquerosamente repetitivos en demasiados de nuestos comportamientos.

Publicado en: Actualidad, Economía, Internacional Etiquetado como: emperador, guerra, Penrose, refugiados, Siria, Turing

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