Al socaire

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¿Qué quiere Vladimir Putin?

15 marzo, 2022 By amarias Deja un comentario

A los veinte días de esta guerra provocada por un infiel a las leyes de convivencia internacional, quizá ya algo cansados los improvisados comentaristas que se han convertido a alta velocidad en expertos en Ucrania, en armamento y hasta en interpretar las órdenes del infractor sobre el tablero de ajedrez en que convirtió un país hace un par de semanas, fértil y pacífico, seguimos preguntándonos cuánto va a durar esta guerra, cómo va a terminar, y con qué gravedad y por cuanto tiempo afectará a nuestras economías.

El escenario bélico, para quienes tenemos acceso diario y casi continuo sobre los desastres que está provocando esta barbarie, se va cubriendo de desolación, muertos, heridos, fugitivos y miles de millones de euros en edificios destruidos, pérdidas de terreno agrario, la ruina de empresas y familias ucranianas. No sabemos, o muy poco, cómo está afectando en verdad la presión internacional (me refiero, la del mundo occidental) sobre Rusia y, en concreto, sobre los bienes del propio Putin y los oligarcas que le rodean. Parece ser que la población rusa apoya mayoritariamente al sátrapa y permanece ignorante de la tremenda desolación que la pertinaz estrategia de tierra quemada del Kremlin está produciendo en el vecino pueblo eslavo, culpable únicamente de haber manifestado (por boca de su Presidente legítimo) que desearía incorporarse a la Unión Europea y, por qué no, disponer del abrigo antiainvasió de la OTAN.

El avance de la guerra permite tomar consciencia del resultado final previsible de esta contienda descomunal entre un perverso Goliat contra un enclenque David, provisto de una honda con una china que no llega a guijarro. Un David-Zelenski, al que, con una actitud que podría juzgarse de perversa, hemos estados animando desde la grada con aplausos y vítores.  No puede decirse lo mismo ahora, después de casi tres semanas de invasión, en la que la Unión Europea, a nivel colectivo e individual de los países miembros, ha comprendido que Putin-Goliat no va a detenerse hasta conseguir el rendimiento incondicional del Gobierno de Ucrania y que, aproximándose a la frontera de Polonia, en una maniobra de matón de barrio exhibiendo su fortaleza física mientras vapulea a un inocente estudiante de primario, parece indicar que está dispuesto a continuar la pelea con todo el que se acerque para separar a los contendientes o pretenda auxiliar al que, caído en el suelo, cubierto de tamaños moratones, con pundonor, rabia y fuerzas extraídas de su impotencia, tiene arrestos para reclamar del abusón, «¡Sigue pegándome, que te vas a enterar cuando me levante del suelo!»

Los comentaristas de este hecho singular que está marcando definitivamente la Historia coetánea, porque es capaz de señalar el final a muchos paradigmas, ponen de manifiesto, con esfuerzo inventivo, lo que quiere Putin: Apropiarse de una parte sustancial de Ucrania, e irse de rositas después de haber esquilmado el resto del país invadido y obligar, en un armisticio desleal, a que ese país mutilado jamás vuelva a intentar acercarse a la Unión Europea. La realidad es que la situación parece aún descontrolada -resiste Ucrania, persiste Rusia, observa Estados Unidos, teme el contagio la Unión Europea, y China se perfila como imposible tercero para mediar ante el loco de la badalaika y sus secuaces. Porque si existe un beneficiario claro de la guerra contra Ucrania es Xi JinPing, o sea, la capacidad expansiva de China para asumir el liderazgo económico y militar del mundo.

En verdad, no me interesa lo que piensa Putin. Me interesaría, y mucho, conocer lo que piensa la Unión Europea y, desde luego, nuestro chico de ZumoSol (perdón por la frivolidad) sobre cómo parar la guerra. Mientras -supongo- los thinktank occidentales se devanan los sesos sobre las opciones, debemos dar por seguro que, aunque se consiga detener mañana mismo la masacre ucraniana, por más que sea factible llegar en un plazo muy corto a contar exactamente los muertos, heridos y forzados expatriados del país de la bandera azul y amarilla, aunque se empeñen los amigos occidentales del Estado oprimido por el garfio del terror en recuperar la mayor parte de los edificios y la actividad destruída por la inicua guerra, los daños colaterales para la Unión Europea serán brutales. Estamos en vísperas de una recesión brutal.

¿Qué quiere la Unión Europea? ¿Va a dejar que sea un solitario Macron, en conversaciones telefónicas muy confidenciales con el sátrapa, quien pida clemencia sobre Ucrania? ¿Se atreverán todos los líderes del mundo occidental -todos, unidos. solidarios- a decir alto y claro, a Putin y sus secuaces, que no van a consentir que ni por un minuto más se siga machacando un país libre y que, nobleza obliga, vale más morir con honra que vivir con vilipendio?

No se si el lector duerme tranquilo, puede disfrutar sin sobresaltos de su hasta hace veinte días merecida sensación de bienestar. No oigo aún el clamor que llegue, por todos los medios al alcance occidental (ya que no parece que se pueda contar con esa otra mitad del mundo percibido como oriental y proclive a juzgar las cosas con sus propias anteojeras), hacia la población rusa.

La periodista Marina Ovsiannikova, detenida el libes al irrumpir durante la emisión de los informativos en la Primera cadena rusa, exponiéndose conscientemente a perder su libertad y se juzgada por terrorismo, marca un camino. Lo presentó en un cartel improvisado, con letras desiguales y aspecto cutre, en inglés y ruso. Sobre todo en ruso: No a la guerra. Os están mintiendo» Que pare ya este despropósito. No oigo el clamor. El morbo de contar noticias sobre refugiados, muertos en las calles, destrucción y centrales nucleares que se apagan, unido a la subida de precios constante, disparada en nuestros mercados, debe quedar sepultado, cuanto antes, por una posición sólida, inmensa, única, contra la guerra. No quiero que se nos juzgue desde el vilipendio, la complacencia, el mirar hacia otro lado. No va solo por mí, viejo y enfermo. Va por todos.

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Tsunamis de desolación y olas de solidaridad en Ucrania

14 marzo, 2022 By amarias Deja un comentario

A los diecisiete días de la invasión rusa de Ucrania, son muchas las derivas de este conflicto iniciado por el sátrapa Vladimir Putin y su equipo del Kremlin, Desde luego, el elemento sustancial de este baldón en la Historia de la Humanidad, es la agresión criminal de un Estado con ambiciones imperialistas a un Estado soberano, libre y con una calidad democrática muy superior a la del invasor.

Esta inconcecible vuelta a la barbarie esclavista sucede cuando creíamos -al menos, desde nuestras gafas de visión limitada occidental- que estábamos avanzando velozmente en un mundo globalizado, tecnológicamente muy capaz y en el que los derechos más básicos, aunque con algunas deficiencias, resultaban respetados por todas las naciones. Hoy lamentamos que ese juguete de autocomplacencia se nos ha ido por los aires.

La guerra en Ucrania sigue, porque la invasión no solo no cede, sino que la defensa de los ucranianos de su país se ha consolidado a niveles heroicos. La ayuda internacional en armamento y apoyo logístico ha aumentado, desde unos primeros momentos de indecisión y, aunque siguen existiendo graves reticencias para proporcionar desde los países de la OTAN dispositivos bélicos que puedan permitir un mejor equilibrio de fuerzas, el desequilibrio entre los dos bandos combatientes es notorio.

Es casi inexplicable, salvo por la intención perversa de machacar sistemáticamente cualquier oposición y dejar tierra quemada en Ucrania, que Rusia no se haya hecho ya con el control. Los avances de las fuerzas armadas rusas, cuando se observan sobre el terreno como una mancha de sangre, destrucción y dolor que se propaga por Ucrania, son tan angustiosamente lentos, tan devastadores, que no me atrevo a asignárselos (aunque quisiera) solo a la capacidad de resistencia, sacrificio y valor de los ucranianos; porque no puedo ignorar que el Estado asolado carecía de un Ejército de entidad y la inmensa mayoría de los que luchan del lado del invadido, hace un mes no sabían manejar un arma.

Una consecuencia tremenda del conflicto, que nos afecta a todos, y que, en olas de solidaridad y afecto, surgidas de forma espontánea, han avanzado por la Unión Europea, es la acogida a refugiados. Son ya más de tres millones de personas, básicamente mujeres, ancianos y niños, porque los hombres se han quedado en los frentes. A España también están llegando algunas de estas familias, que han perdido absolutamente todo. Polonia es, con distancia, el país que más refugiados ucranianos ha acogido, por proximidad al conflicto. Un conflicto que, por ese calculado incremento de presión sobre la OTAN del megalómano director de la invasión, está ya muy cerca de activar el  compromiso de defensa de la OTAN si se amenaza a un Estado de la Alianza.

El entusiasmo por ayudar, de dar salida al deseo de ofrecer cooperación desde el burladero de la guerra a los ucranianos, mezclada con la indignación y la rabia, no debería hacer olvidar que esa colaboración tiene que realizarse de forma ordenada. Muchos españoles han llevado víveres, ropa, material de primera necesidad y farmacos, a centros de recogida para Ucrania y no son pocos los ucranianos residentes aquí que, acompañados con frecuencia de españoles, han hecho o están haciendo los más de dos mil kilómetros (casi tres mil desde los puntos más distantes de la frontera polaca), para llevar esa ayuda a centros próximos a la zona de guerra para que se los hagan llegar directamente a los desplazados a la frontera de Polonia o a puntos del conflicto.

Han empezado a llegar familias rotas ucranias que lo han dejado todo atrás, salvo el dolor de haber sufrido el arranque brusco de la tranquilidad y tal vez de forma definitiva. Hay mucho frío en este invierno en la zona. Los desplazados han tenido que soportar, con las prendas de abrigo recogidas de manera veloz y el impulso desgarrado de su dolor, condiciones durísimas, inimaginables desde nuestros asientos de confort.

Las ONGs especializadas en ayuda humanitaria y, también, portavoces del Ministerio responsable de Migración y ayuda a refugiados, advierten de la necesidad de poner orden a estas entradas, de momento realizadas de manera no reglada, espontánea y con riesgo de entrar en caos. Los trabajadores sociales están tratando de dar cobertura afectiva, pero también orientación válidad a esos recién llegados.

Toman sus datos básicos, les dan el primer apoyo, se interesan sobre si cuentan con redes aquí en España y tratan de concretar sus necesidades. Tienen autorización para estar tres meses sin permiso de residencia, pero precisarán al cabo de ese tiempo, saber si cuentan con un trabajo con garantías de estabilidad, si los niños que les acompañan pueden ser escolarizados y, por supuesto, dónde residir. Si valoramos además que la gran mayoría no conocen el idioma, podemos darnos alguna cuenta de la dimensión del problema.

No son refugiados, tienen el Estatuto de protección temporal, porque oficialmente se cree que la guera terminará pronto. Lo que no terminará en años, aunque la demencial agresión finalice, es el dolor y la desolación causados. Ni la necesidad de reflexionar con absoluta seriedad y profundidad por qué nos ha explotado esta bomba en nuestras manos.

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Saber más de la guerra

12 marzo, 2022 By amarias Deja un comentario

España tiene Embajada en Ucrania y la actual embajadora es Silvia Josefina Cortés Martín, que fue nombrada por el gobierno de Mariano Rajoy el 15 de septiembre de 2017.  Pocas personas como ella conocen el país, la evolución de la situación, los efectos en la población de la invasión de Crimea. el crecimiento de la tensión cuando se inició la invasión, el peligro de vivir en un edificio en el centro de una ciudad amenazada por el presidente de uno de los Estados con mayor Ejército y armamente del mundo, y poseedor de un juguete nefasto: la bomba atomica.

Silvia Cortés es vallisoletana, licenciada en Historia Moderna  y, por supuesto, diplomática por la Escuela de Madrid. Fue embajadora en Albania y ocupó cargos importantes en Organismos internacionales y llevo a cabo misiones internacionales que, seguro, le permitieron adquirir una visión muy correcta de por dónde discurren los intereses de algunos de quienes se empeñan en hacer la historia de los demás.

Evacuada  de Kiev el pasado 27 de febrero, en un convoy militar junto a un centenar de españoles, tomó la decisión de pertenecer cerca del país de su misión, en suelo polaco, en Cracovia. Hasta muy recientemente, pues, ella y los miembros de la embajada se arriesgaron a permanecer en el edificio de la calle Khoriyva. ayudando a españoles y colaborando con los ucranianos en labores humanitarias.

Me la supongo en contacto permanente con el ministro José Manuel Albares, informando de lo que entendía que estaba pasando, hablando con su familia vallisoletana (su madre y hermanos cada vez más inquietos por lo que oían y veían; ella, tranquila, porque sabía que su misión se había convertidfo en muy importante) mirando por las ventanas de la Embajada hacia la calle, saliendo de vez en cuando con el lógico temor, a visitar a algunos conocidos y amigos, tratando de enterarse de lo que podría suceder al día siguiente. Preguntando, claro, una vez decidida la evacuación, si el personal de la embajada había cumplido la orden de destruir todo documento comprometedor, cualquier información confidencial y cerrar, el último día, sin disimular una profunda tristeza, su despacho en la Embajada, recogiendo la bandera para depositarla con cuidado en el coche oficial. Porque no sabía cuándo podría volver y en qué condiciones.

Enhorabuena, Silvia Josefina Cortés. Valiente. Sabemos poco de tí, embajadora. Quisiera saber más, poder contarlo.

 

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El ansia de destrucción como razón para la última guerra

11 marzo, 2022 By amarias Deja un comentario

No sabemos aún cómo terminará esta guerra, la guerra de nuestra generación -aunque a algunos nos coge ya talluditos-, pero es hora de que analicemos cómo empezó. Por supuesto, la respuesta simple a esa cuestión tan relevante, apuntaría a un único culpable, el invasor Vladimir Putin, líder necrófago por excelencia en este momento de la Historia, cuya ansia de poder y relevancia desató su megalomanía, encontrando en la pieza deseada, Ucrania, que creía presa fácil, el objetivo perfecto para calmar, momentáneamente su psicosis. La anomia de la Unión Europea y la falta de interés inicial de los presidentes norteamericanos (y de su sociedad) para entender los entresijos del patio de vecindad del viejo continente habría hecho el resto.

Muy respetables historiadores e inmensos eruditos se han encargado de espurgar en los restos de las dos guerras mundiales precedentes, para sacar brillantes consecuencias. La mística nacionalista, el sonambulismo europeo, el crecimiento de las enfermedades de los neurópatas del momento (el más conocido Adolf Hitler, pero no faltaron ejemplos de la misma ralea entre las élites dirigentes que condujeron a la primera), la concepción mesiánica de algunos líderes de su pretendido papel en el mundo o la confrontación entre imperios caducos (el astrohúngaro o el de la gran Rusia) y un Estado que vivía en una persistente adolescencia (el alemán, siempre Alemania) son citados como motivadores, tanto de una guerra como de otra.

De todas las opciones de análisis de lo que motivó el comienzo de esta tercera guerra -que quieran los dioses que no tenga jamás lugar-, me quedaría con una maravillosa conjunción de palabras que apelarían a la «sensación de decadencia moral». En ese término genérico incluyo: la percepción del ocaso, y la necesidad de catarsis purificadora, redentora, que, con persistente regularidad y llevada por un impulso al parecer incontenible, prende simultáneamente en varios sitios en el mismo momento de la Historia.

Intoxicados como estamos, metidos de lleno en la harina espesa del miedo y la pererza, ya no podemos analizar con tino si las amenazas que nos llegan son reales o resultan simples añagazas para cubrir un expediente de guerra que lleve al contrario la convicción de que aún se es fuerte, de que la victoria es posible del bando en el que milita el mentiroso, porque, en esta etapa inicial, se trata de conseguir adeptos que hagan más sólida nuestra posición.

En esta guerra, como en las anteriores, hubo un agresor y un ofendido. Pronto, ya no importará eso, si no se consigue poner coto a tanto desatino del invasor Putin y la heroicidad del defensor, ahora juzgada heroica (con razón) acabará empañándose de matices, de disensiones. de juicios que acabarán metiendo al agredido en la misma hoguera del agresor, especialmente si (los dioses no lo quieran) el bloque que conformará su equipo gana la batalla, auque sea unos milisegundos antes del Gran Armageddón.

Ya no me apetece imaginarme al héroe  Zelenski con camiseta de gimnasia militar en su búnker situado en un lugar tal vez irreal, con la imagen de la plaza de la Independencia (Maidán  Nezalezhnosti), y al malvado Putin sentado en un extremo de una mesa que se va haciendo cada vez más larga, agarrado como si fuera un juguete a una caja de plástico con un muy aparente botón rojo. Tiene que ser de ese color, así lo mandan los cánones de todas las películas que hemos visto sobre el final nuclear. Y la mesa tiene que aparecer cada vez más larga y, al otro lado del sátrapa, cada vez más poblada, porque tenemos que caber todos nosotroos.

Va entrando mucha más gente en la trama, cn papeles muy relevantes. Un tercero en esa discordia de egos -Vladimir lo tiene gigantesco, pero Volodomir también tiene el suyo- en la que nos vamos convirtiendo aceleradamente en víctimas propiciatorias (sí, el buco emisario, el macho cabrío expiatorio de la redención), es Joe Biden, quien anuncia hoy, viernes, once de enero del año cero, para que no quepan dudas, que si el cacique toca un solo pelo a cualquier país de la OTAN, la tercera guerra mundial está garantizada. Ergo, ya podemos poner nuestros miedos a remojar. Y están también Boris Johnson y JiPing, y Macron (s´il vous plaît) y Ursula von der Leyen, y …

Si yo fuera ministro, pongo por ejemplo, de Energía, de Agricultura, o de Industria o de Defensa (estoy citando al azar, porque ninguna de estas opciones me resulta apetecible en lo más mínimo) de cualquier país europeo, no me preocuparía en este momento crítico ni por la posibilidad de que la Temperatura media de la Tierra suba dos grados antes de terminar el siglo, ni por aprobar inversiones en generación nuclear o en plataformas flotantes eólicas que garanticen el suministro eléctrico dentro de dos lustros, o si la carne de vacuno podrá ser sustituida definitivamente por la soja transgénica, o si las innovaciones tecnológicas de la era digital destruirán tanto empleo convencional que tendríamos que subvencionar desde los presupuestos de los Estados más de la mitad de la población en edad de trabajar y el cien por cien de los que ni se lo plantean.

Tampoco estaría preocupado por dedicar el dos o el diecisiete por ciento del Presupuesto a Defensa, ni aparecería entregado a dotar a mis Ejércitos de más tanques, muchos más drones, millones de cascos de visión nocturna y chalecos antibalas o, de forma aparentemente más brillante, llenar el país de escudos protectores contra misiles nucleares inteligentes.

Si yo fuera ministro (por favor, ponga el lector la música del If I were a rich man, la canción de Chaim Topol) pasaría todo el día pidiendo a todo el que quisiera escucharme que alguien pare a Vladimir Putin, y hagamos todos un ejercicio de catarsis frente al impulso destructivo que se ha vuelto a adueñar de la Humanidad. Yo he vivido ya bastante. Pero mis nietas, no. Una de ellas, a sus nueve años, lo expresó claramente, en representación no esperada de todos los niños del mundo – «mi vida, abuelo, aún no la viví y yo también quiero tenerla».

Miro las fotos de las decenas de niños ucranianos que han muerto en esta guerra -pero también las de todos los niños que son asesinados cada día en las decenas de guerras que florecen en el mundo como la peste, que son muchos más- y se me encoge el corazón. Esos pobres cretinos teledirigidos que entraron en la central nuclear de Zaporiyia gritando que si los funcionarios que estaban trabajando en ella no les cedían el control, apretarían el botón rojo, no sabían que estaban siendo víctimas del síndrome de la decadencia el ansia de la autodestrucción.

Hagamos todos un esfuerzo por generar un período de distensión, otra Guerra Fría, y esta vez ha de ser muy gélida, porque tiene que durar siglos. Paren esta guerra, que yo me apeo. No quiero vivir cómo se desarrolla la última. Son ustedes unos imbéciles, sonámbulos del siglo XXI.

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Maríupol, Kiev, Járkov, Dnipro, Chernóbil, Odesa…

10 marzo, 2022 By amarias 1 comentario

Hace quince días viviamos en un mundo con apariencia normal. Cierto que había guerras en diversos lugares del Planeta, que millones de personas padecían de la hambruna o parecían condenados a sufrirla, que existían amenazas naturales y provocadas por el hombre que comprometían nuestra tranquilidad futura (cambio climático, desertización, catástrofes de diversa índole,…) pero, al menos en nuestro entorno occidental y particularmente en esa unión comercial con pretensiones de ser modelo de comportamiento mundial que llamamos Unión Europea, nos sentíamos poseedores de manejar las claves fundamentales del futuro.

Hoy, 10 de marzo de 2022, toda esa estabilidad se ha desmoronado. Un personaje de cuento malvado, Vladimir Putin, después de semanas de mentir sobre sus intenciones reales y de años de almacenar armamento y capacidad destructiva, decidió pasar a la Historia, escribiendo páginas principales según un guión demencial.

Seguro que en su mente enferma de planificador, ese objetivo no pretendía colocar a Rusia y al mundo al borde de un desastre global. Sería demasiado. Solo querría, allá en sus momentos de visión de autocomplacencia, conquistar en un par de días a la vecina Ucrania, que juzgaba como un Estado fallido, inerme, desestructurado y falto de conciencia nacional. En una guerra relámpago -una Blitz Krieg- de apoderamiento de las estructuras del país por donde discurría el fértil Dniéper, podría incorporar ese territorio para confirmar, en un magnífico paso hacia delante, su idea de una Gran Rusia.

Ese sueño de falócrata, de demente sin reparos para realizar su megalomanía, se rompió por muchos costados. Los cientos de tanques que había dispuesto en la frontera rusa con Ucrania y en el Estado satélite de Buelorusia, simulando estar realizando prácticas militares sin intención invasora alguna, cuando se les dio la orden de penetrar en terreno ajeno, se encontraron con una resistencia sólida, heroica, por parte de un Ejército que se creía poco profesional y desmoralizado. La población del país invadido se movilizó, atendiendo a la llamada a todo reservista, y se comportó como un bloque valiente contra el agresor y en un abrir y cerrar de ojos, suplió con arrojo la falta de preparación militar y consiguió paralizar la invasión, atascando las líneas de ataque de los blindados, que vieron inutilizada su capacidad de sorpresa.

Hélos ahí, luchando con armas de todo tipo, mal equipados, poco protegidos, aunque sintiéndose cada vez más invencibles. También, sabiendo que no están solos, ni abandonados. Entre tanta valentía y capacidad de resistencia, surgió un líder, un antagonista del malvado, un capitán sin miedo, que aglutinó la capacidad defensiva internamente y consiguió involucrar en su apoyo, y ya no solo moral, a la OTAN y a la Unión Europea. Volodomir Zelenski.

Está claro que Estados Unidos, en concreto, está compartiendo datos de inteligencia con las autoridades militares ucranianas y que, con su excelsa capacidad cibernética y de localización, tiene perfectamente situados a todos y cada uno de los tanques y de los grupos de tropas tanto de invasores como de defensores. No se está participando físicamente en la guerra, con botas militares de la OTAN sobre el terreno ni con armamento ni aviones manejados o pilotados por personal no ucraniano, pero el compromiso de apoyar la defensa del país invadido con medidas económicas y de aportación de medios es actualmente claro y firme. Como la propia embajadora de Estados Unidos en España, Julissa Reynoso Pantaleón ha declarado en entrevista con Antena 3. el Gobierno norteamericano no tiene la intención de entrar en conflicto con Rusia, pero está firmemente involucrado para conseguir que la guerra termine cuanto antes.

He situado en el título de este Comentario los nombres de algunas de las ciudades ucranias que están soportando una intolerable tensión bélica, algunas, como el caso de Mariupol o Jarkov, ya en poder de los ilegales invasores. Los daños a la población civil y la destrucción de edificios administrativos y privados son dolorosos y, claro está, intolerables desde posiciones del derecho internacional y el respeto a la independencia de los pueblos para decidir sus aliados y su destino colectivo.

Putin está perdiendo la guerra, aunque esté convencido que la va a ganar. Aunque la gane. La defensa de los ucranianos por mantener su independencia es tan notable, contagiosa, ejemplar, que ha movilizado a su favor la inmensa mayoría de las capacidades de simpatía. Por eso, jamás se entregarán a la derrota. El sueño de Putin se sepultará, y muy pronto, por el desprecio general y habrá convertido su ideal de grandeza recuperada en una Corea del Norte, en un lugar apestoso. Y habrá guerra de guerrillas contra el invasor mientras ese espíritu de independencia ucraniano siga infundiendo el ánimo de uno solo de esos héroes que están determinados a no dejarse vencer.

Quisiera que la embajada de Rusia en España, con su embajador a la cabeza, Yuri Korchagi,  junto con todas las embajadas rusas en los países de la Unión Europea, tomasen la decisión de desmarcarse de la invasión. Hasta ahora, y pienso especialmente en la de España, la mentira inicial y el silencio después de inciado el ataque, han señalado con su estigma la actuación de los diplomáticos y del personal relevante de las embajadas. Su posición de descuelgue respecto a la agresión a Ucrania reivindicaría su honestidad, su credibilidad, su obligación de respeto a las leyes internacionales y a los compromisos expresos que rigen y deben regir las actuaciones de la diplomacia.

¡Viva Ucrania Libre!, хай живе вільна Україна!

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«Z»: La ignominia rusa busca sus símbolos

9 marzo, 2022 By amarias Deja un comentario

Rusia aumenta su presión bélica sobre Ucrania, que se resiste a rendirse. Ejemplos de heroicidad se encuentran por todas partes, pero también vemos imágenes que producen dolor en la sensibilidad de cuantos nos informamos de la guerra sin capacidad de respuesta y sin evitar poner un acento distante, genuinamente estúpido, sobre las noticias que nos llegan a raudales. Muertos en las calles, bombardeos sobre hospitales materno-infantiles, edificios públicos y privados, grupos familiares que huyen sin saber dónde les acogerán,  Centrales nucleares que pasan a manos de soldados sin ninguna preparación, armas y ayuda humanitaria que no llega a sus destinos, desolación, muerte.

Hemos sabido que hay un increíble movimiento de solidaridad con Putin y con su tremenda barbarie, y que son muchos (en todo caso, cifras no despreciables) los rusos que esgrimen una «Z» blanca sobre sus vestimentas, que es el símbolo que llevan los tanques y uniformes de los atacantes, para distinguirse. Inicialmente previsto para identificar a las fuerzas que entraron en territorio ucraniano como «fuerzas de paz».

Los crímenes de guerra cometidos por el sátrapa ruso y sus secuaces son incontables y las muestras de la falta de ética, honor y principios humanitarios que esgrimen sobre el terreno los militares rusos alcanzan cotas impensables, pudiendo definirse como barbarie y monstruosidad sin ninguna reserva. Puede que no se consiga llevar nunca a Vladimir Putin ante una Corte Penal Internacional, pero no existe ningún sátrapa contemporáneo con dimensión tan despreciable.

La información que llega desde Ucrania es confusa. La caída de Kiev parece inminente desde hace días, y Leópolis se prepara para convertirse en la capital de facto. Se difunden también imágenes donde prisioneros de guerra por las tropas ucranias, declarando bajo presión evidente y después de haber sufrido torturas, aclaran sin convicción que han llegado engañados a la invasión, que no estaban convenientemente equipados y que piden perdón al pueblo ucranio. Algunos medios ponen de relieve que Ucrania está incumpliendo las normas de la guerra que son precisas respecto al trato que debe darse a los prisioneros enemigos. ¿A quién importa cumplir normas internacionales si el invasor no ha respetado ninguna?

La resistencia ucrania es meritoria y la solución diplomática no parece cercana, e incluso ni posible. Los Estados Europeos se mantienen con extrema prudencia, pretendiendo evitar que la guerra escale a dimensión internacional, lo que desembocaría -según ha reconocido Josep Borrell en declaraciones a la Sexta de hoy miércoles- en la tercera guerra mundial. Polonia, que tenía preparados para poner a disposición de los Ejercitos ucranios su flota de aviones de combate, ha retirado la propuesta, exigiendo que sea Estados Unidos el país que autorice la entrega. Con ello, se ha desestimado esa posible ayuda.

La guerra se mantiene, pues, por cauces convencionales. La amenaza del propio Putin de utilizar el botón nuclear (en caso de que la OTAN entre en liza) contiene los deseos de ayuda a los combatientes ucranianos. Las medidas económicas, aunque intensas, no parecen suficientes para doblegar, al menos de inmediato, al sátrapa. Se ha comprendido, además, y muy rápidamente, que el efecto boomerang es superior al esperado; las economías occidentales están padeciendo las consecuencias en sus carnes, con escalada de los precios de la energia y, también, de bienes de consumo y de primera necesidad. Los problemas actuales son, al menos en España, solo de precios, pero otros países -como Alemania y el resto de Europa, en general- tendrán problemas de abastecimiento a corto plazo, pues dependen del gas ruso.

El mundo no será igual a partir de esta guerra. Las relaciones con Rusia no podrán ser reconstruídas por los cauces anteriores. Las mentiras utilizadas por el presidente ruso y todos los representantes de su Administración (incluso, embajadores y agregados militares y comerciales en Europa) permiten cuestionar toda credibilidad que puedan pretender.

Todos debemos estar con Ucrania. La actitud de algunos miembros del gobierno español poniendo en cuestión el apoyo que se está otorgando a Ucrania es vergonzosa. No puede consentirse la falta de homogeneidad en nuestro Gobierno ante un tema que afecta de manera directa a la valoración que merece el respeto al orden internacional, a los más elementales derechos a la libertad de los pueblos. La violacion de normas internacionales y de la ética que debe ser principio basico de actuación de los seres humanos, no permite ser indulgentes. No caben contradicciones.

Ucrania debe resistir sola, parece el mensaje uniforme desde la OTAN y la Unión Europea (que juega aquí, penosamente para nuestra dignidad, el papel de chico de los recados). El temor a la tercera guerra mundial nos está obligando a ser inconsistentes y hace que Putin y sus colegas genocidas tengan la sartén del desastre por el mango de sus garfios apestosos.

 

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Estamos en un punto de no retorno

7 marzo, 2022 By amarias Deja un comentario

Cuando miro, una y otra vez, la fotografía de esa familia ucraniana masacrada en el momento en que se disponía a huir de la zona de mayor peligro, utilizando el señuelo del corredor humanitario, -un término equívoco en sí mismo que se transformó en mortal para ellos-, mis ojos se fijan obsesivamente en la maleta que quedó en pie, junto a los cuerpos inertes de la pareja y sus hijos. ¿Qué podían haber amontonado, sin duda apresuradamente, en ella? ¿Qué esperanzas de salvación se les quebraron cuando el misil de un soldado sanguinario los eligió a ellos como símbolo del aumento de la barabarie?

Hay muchos testimonios desgarradores, imposibles de entender desde la calma que aún vivimos, de personas que nos cuentan sobre sus miedos, sus esperanzas, sus ilusiones, desde la frialdad de una pantalla de plasma a través de lo cual podemos correr el riesgo de pensar que no son reales, de que nada es real,ni verdadero ni cierto.

Putin es un canalla de película, pero cierto; sus secuaces del Kremlin son un hatajo de asesinos cobardes, letales por acción y omisión; los soldados rusos que han invadido una tierra de paz respondiendo a designios criminales que nadie les habrá explicado, pero que ahora seguro que lo entienden muy bien, son una pandilla de asalteadores dotados de armas preparadas para matar inocentes. Nada les salvará de su ignominia.

Una niña ucraniana, Amelia, que parece tener la edad de mis nietas, canta en un refugio, con una voz bien timbrada, melódica, cautivadora, la canción Let it go de la película Frozen que habla de libertad y que parece escrita para proclamar la gran verdad, que nadie podrá vencer jamás la decisión de ser uno mismo, de romper las amarras con la tiranía y la mentira. Me uno a los aplausos que cierran la interpretación genial, desde el silencio del búnker, roto por esa manfestación de entusiasmo espontáneo.

Me gustaría ser optimista, necesito serlo, aunque todo está conjurándose para que el final sea, no solo triste, sino caótico. Dicen que el presidente chino, Ji-Ping y el turco, Erdogan, pedirán o han pedido a Vladimir Putin que cesen las hostilidades. La presión internacional y, en la medida en que puede expresarse sin riesgo a terribles represalias, debiera ser insostenible para el tirano. El sátrapa insiste que solo se detendrá si Ucrania se rinde y acepta que los territorios del Dombás y Crimea se incorporen a Rusia y que el país invadido renuncie a su libertad de decisión, apartándose de la Unión Europea y de la OTAN.

No puedo entender, ni consentir por tanto como postura digna, que en el Gobierno de España se sienten individuos que no apoyen el envío de armas a Ucrania, que es lo que ha solicitado el héroe Zelenski (junto con medicinas, alimento y ayuda humanitaria). Esta disensión en el Gobierno, que por ley, debe tomar decisiones colegiadas y tener una sola voz, es la representación de la ruptura de la coalición y la mejor muestra de la incapacidad para asumir la complejidad de la situación, actuando en consecuencia. Ucrania, país libre,ha sido invadida y se está resistiendo ante la agresión con un orgullo y una unidad dignos de todo respeto y apoyo. Incluso, en mi opinión, aunque los países de la OTAN están mostrando una prudencia y un temor a la escalada que no se corresponde con los principios éticos y jurídicos que deben regir las actuaciones de los países democráticos, la aplicación del art. 2 del Acuerdo debería ser suficiente para justificar involucrarse en el conflicto en la defensa de la libertad de Ucrania,

Querámoslo o no, ya estamos metidos en la guerra. De momento, España solo lo ha hecho mediante el envío de armas en un segundo nivel. Se dice que son para incrementar la capacidad de defensa individual y se pretende que no nos involucra…demasiado. No dejo de pensar que un combatiente sin experiencia en el manejo de material militar al que se envía al frente de guerra y a combatir con un enemigo sin escrúpulos y mejor alimento, se convierte en blanco fácil.

La heroicidad de los ucranianos, sosteniendo la situación con valor, entereza y capacidad de respuesta improvisada pero efectiva (hasta ahora) es acreedora, no solo de palabras de ánimo, aplausos y oraciones, sino de apoyo sin reservas. Si las medidas que pretenden el colapso económico de Rusia (a costa de provocar acercarnos nosotros también a la pérdida sustancial de nuestro bienestar) no tienen el efecto de detener la barbarie, si los desvelos negociadores de Macron (en campaña electoral en Francia), o de los presidentes chino y turco, no sirven más que para que Putin eleve su apuesta destructora, la OTAN debe tomar una decisión difícil, honrosa y legítima: o Putin se retira de Ucrania o entraremos en guerra directa con Rusia.

Quién nos iba a decir hace apenas unas semanas que nos tendríamos que confrontar con un porvenir tan sombrío. Putin no puede vencer en esta guerra.

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¿Es la tercera guerra mundial evitable?

6 marzo, 2022 By amarias Deja un comentario

El 6 de marzo de 2022 la guerra en Ucrania no se detiene. Ni se amortigua el impulso destructor de las fuerzas invasoras, que ahora ya no parece dirigido a objetivos seleccionados, sino encaminado a la destrucción o arrasamiento del país. El déspota Putin manda atacar incluso los pasillos con intencionalidad humanitaria que se habían pactado entre beligerantes para permitir que mujeres y niños pudieran abandonar Kiev y las zonas más amenazadas, ofreciendo una vía de escape hacia Polonia, fundamentalmente.

Sus amenazas de matón de barrio elevado a la categoría de líder mundial del despropósto alcanzan también a países de la Unión Europea, a los que advierte que los considerará enemigos si ofrecen apoyo bélico a los defensores ucranios. Mantiene, además, la imagen -nada retórica, dada su neuropatía- de tener preparado el «botón nuclear» ante cualquier propósito intervencionista de la OTAN en su guerra «privada»-

¿Cómo podría terminar esta guerra? Resultan lamentables las voces -entre timoratas, insolidarias y falsamente buenistas- que defienden que debe dejarse sola a Ucrania en su defensa, absteniéndose de envar armas e, incluso, ayuda humanitara; algunos culpan incluso a la mafia ucrania (o ucranio-rusa) del conflicto, por su supuesta intención de controlar la independencia del país, convirtiéndolo en foco de nazis, dinero de las mafias y mercado de la droga.

Entiendo que la negociación directa que conduzca a cualquier tipo de acuerdos entre Volodomir Zelenski y Vladimir Putin es imposible, pues, en su posición de dictador con toda la superioridad respecto a Ucrania, solo cederá ante el presidente del país invadido, si se atiende completamente a sus deseos. Ha manifestado que la única vía de salida al conflicto sería que Ucrania abandone cualquier intención de incorporarse a la Unión Europea. La independencia de Ucrania pasa, para él, por la subordinación a Rusia como un país satélite, al modo de Bielorusia. Por supuesto, además, exigirá la integración a Rusia de las regiones del Dombás y, dado que se considera vencedor en la guerra, un pasillo fronterizo que llegue a Odesa y conecte con Crimea.

Al no parecer factible la rendición de Ucrania, pues la nación invadida ha puesto de manifiesto que no se rendirá, si no se produce la intervención de presión del único Estado al que puede atender (la China de JiPing) Putin no parará hasta arrasar este Estado soberano, causando cientos de miles de muertos y una masiva destrucción de edificios, lugares protegidos por su interés cultural y artístico y, por añadidura, provocando una gran hambruna que afectará también, por la dependencia agrícola que tenemos muchos países con el granero de Europa, a la economía de la Unión Europea. La presión de la opinión pública occidental, el desapego de una parte significativa de la población rusa respecto a la intencionalidad invasora (con la disidencia controlada y perseguida), un hipotético clamor que, exigiendo la paz, llegase hasta la fortaleza del Kremlin, no parecen capaces de causar mella alguna en la mente enferma del hijo de la KGB,

La situación está generando y generará aún con mayor intensidad, el aislamiento de Rusia (si es que ya no puede hablarse de ello en el momento actual), y traerá como consecuencia una división en dos bloques que tardarán décadas en superarse, causando la ruptura de los sueños de globalización y teniendo como consecuencia en el aspecto armamentistico, la preparación para repetir el esquema en otros países que puedan ser apetecibles por sus recursos naturales y que no tengan capacidad de defensa propia ni alianzas eficaces. China ha aumentado más del 7% su presupuesto anterior en Armamento (Defensa, eufemísticamente) y la Unión Europea considera cumplir definitivamente con el número mágico del 2% del PIB en en robustecer sus presupuestos para Defensa y conformar, al fin, un Ejército Europea. Esto se debería calificar como camino firme hacia la guerra total.

Una tercera opción, que puede venir provocada por las actuaciones de Putin y los jerarcas del Kremlin, si se decide a agredir a algún Estado vinculado a la OTAN, es la entrada en guerra de Estados Unidos y la Unión Europea contra Rusia. La posición de China en este punto sería determinante para llegar a la guerra total, aunque no cabe descartar que, por virtud de acuerdos no conocidos y simpatías largamente expresadas, el país controlado por Jinping no sostenga su neutralidad. Ergo, el camino de la tercera guerra mundial aparecería expedito.

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Europa está en guerra junto a Ucrania

5 marzo, 2022 By amarias Deja un comentario

Después de diez días de la ignominiosa invasión de Ucrania por el déspota ruso y sus secuaces mafiosos, las operaciones de hostigamiento contra el régimen legítimo y sobre la población del país europeo alcanzan la catergoría de paroxismo demencial. El número de ucranianos huídos de la barbarie destructora supera ya el millón y medio, de los que aproximadamente un millón han atravesado la frontera con Polonia.

En su delirante concepción de una guerra de sometimiento de las voluntades de un pueblo libre, Putin se ha encontrado con la defensa heroica de los ucranianos y con el apoyo -ya no solo sentimental- de la Unión Europea a la resistencia frente al invasor. No destaca España precisamente .en relación con los países europeos que se han involucrado más en el apoyo a los combatientes frente al asedio- pues se ha criticado que los lanzacohetes C-90 y los cetme Ameli (que forman el cuerpo básico de equipamiento militar de nuestra aportación) ni son el armamento más moderno ni corresponden con los modelos de mayor calibre disponibles…pero la ayuda humanitaria está al más alto nivel y, en casi todas las ciudades y villas españolas de entidad se están realizando manifestaciones, incluso improvisadas, contra Putin, y a favor de la inmediata instauración de la paz.

Ajeno a esa voluntad de presión internacional sobre el dictador ruso, el sátrapa ha dado vía libre a la elucubrante oferta del líder Checheno, el sicóptata Ramzán Kadírov de enviar a 10.000 de sus efectivos para sembrar aún más pánico entre la población civil del país invadido y, como un comando terrorista, tratar de asesinar al valiente presidente Volodomir Zelenski, comandante en jefe del ejército resistente. Un ejército que, a pesar de estar formado mayoritariamente por efectivos no militares -Ucrania ha movilizado a todos los varones entre 18 y 65 años- está demostrando una capacidad de lucha y un ardor gerrero dignos de encomio.

He analizado con  máxima atención las declaraciones de Josep Borrel sobre la guerra y, en particular, el deseo expresado de que China debe ser la mediadora en el conflicto, reconociento la incapacidad de la Unión Europea y de Estados Unidos para actuar de mediadores. China parece estar mirando hacia otro lado, por no expresar mejor que se alinea del lado de Putin, al que considera su aliado. El presidente Xi JinPing señaló su influencia cuando consiguió que la invasión de Ucrania se retrasara para no afectar a los Juegos de Invierno que se celebraron en Beijin. El Ejercito chino es ya el mayor del mundo, con potencia superior a la de Estados Unidos y el Departamento de Defensa de Estados Unidos ha estimado en noviembre de 2021 que el Gobierno amarillo pretende cuadriplicar su arsenal nuclear antes de 2030.

Las previsiones de un final de la guerra próximo siguen inciertas. Por una parte, porque la estrategia militar rusa frente a la invasión se ha revelado inconsistente, si lo que pretendía Putin es una guerra relámpago y una rendición incomdicional en un par de días del gobierno ucranio. No solo no ha sido así, sino que la encarnizada defensa de los habitantes del país invadido, su alta moral y el creciente apoyo internacional están ofreciendo tremendas dificultades al avance militar. La previsión de invasión con tanques del terriitorio retrotrae la guerra a conceptos bélicos del siglo XX, alejados de las modernas concepciones militares. Las luchas, de gran intensidad, se concentran en los territorios de la frontera este (el eje Lugansk-Donetsk, Melitópol, Jersón hasta Odesa) y el avance para doblegar Kiev, ciudad a la que se ha tratado de rodear y que ha sufrido bombardeos localizados que han destruido edificios singulares públicos y otras instalaciones estratégicos, se ha visto impedido hasta ahora por su férrea defensa.

La bisoñez de los soldados rusos, jóvenes que estaban haciendo la larga milicia, y pertenecientes a las familias más pobres de la escala social (los ricos pueden obvar el servicio militar pagando unos rublos para ser eximidos de la carga), unida a su escasa motivación, está ralentizando los avances y causando muchos muertos de los invasores en los encuentros y emboscadas con la defensa ucrania, sino mejor dotada en equipamiento, sí mucho más resuelta y concienciada.

Otro aspecto que se está revelando como sustancial es la intervención de los hackers y especialistas informáticos ucranios -convocados por su Gobierno- en, al menos, un doble sentido. Primero, para provocar interferencias en las comunicacones, destruir o falsear información del mando ruso con los soldados desplazados hacia los objetivos, provocando su vulnerabilidad.

En fin, la destrucción del país invadido prosigue a gran escala. Los daños materiales son cuantiosos. La crisis humanitaria aumenta exponencialmente. La Unión Europea se prepara para una agudización de la inflación y una disminución de las expectativas que confiaban en la recuperación de la crisis que estramos soportando desde hace años. Las medidas de presión contra Rusia -que abarcan muchos niveles, pero sobre todo, se centran en las actuaciones contra su economía, tienen el esperado y no deseado efecto boomerang.

Esto no ha acabado. Recojo las palabras de Borrel «Estamos entrando en un mundo desconocido…» «Los europeos hemos construido la Unión como un jardín a la francesa. bonito, ordenado, pero el resto del mundo es una jungla.» (El Mundo, 5 de marzo de 2022).

Bienvenidos, pues, a la jungla. Por ella, no se camina con cámara fotográfica y traje de paseo. Hay que sacar el kit de supervivencia y el machete.

 

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La guerra en Ucrania sufre una escalada

3 marzo, 2022 By amarias Deja un comentario

Cuando la invasión rusa de Ucrania está ya en su séptimo día, todos los ojos están puestos en este país que está sufriendo de una manera cruel y contraria a todo derecho, los efectos de la ambición patológica de Vladimir Putin. La resistencia ucrania es formidable, muy por encima de lo que cabe esperar de un Estado que no tiene capacidad militar para contrapesar, por capacidad logística, armamento y preparación para la guerra, a una fuerza de ataque cincuenta veces superior.

La estrategia bélica inaceptable del dictador ruso para ahogar toda capacidad de resistencia está siendo dispersar los ataques sobre las principales ciudades del país invadido. Las imágenes de los bombardeos simultáneos de Kiev, Odesa, Jartov, Mariupol y otras poblaciones son aterradoras. Las víctimas sobre la población civil deben ser cuantiosas. Aunque los valientes ucranios, obsesionados hasta la heroicidad para defender su país, informan de haber causado algunas muertes de militares rusos y han destruido también varios tanques y armamento atacante; una compensación simbólica a los miles de millones en bienes inmuebles e infraestructura, por ejemplo, destruídos por los atacantes y a los casi tres mil militares ucranios muertos en las batallas y las decenas de miles de heridos.

El presidente francés, Macron, ha mantenido hoy una conversación de más de una hora con el sátrapa Putin, sin ningún resultado tangible. El propósito del jerarca ruso es hacer tierra quemada del suelo ucranio. Algo intolerable. Su idea de abrir un «cordón sanitario» que permita la salida de las ciudades atacadas (especialmente, Kiev), para permitir la salida de personal no militar no es sino la confirmación de su intención maligna de recrudecer los ataques sin importarle los daños que pueda causar.

De momento, las reservas que Putin ha venido acumulando durante más de una década -principalmente, con divisas aportadas por Alemania para abastecerse de gas- le permiten un margen económico temporal para seguir financiando la guerra. Suenan a error patético las palabras de Angela Merkel, la laureada ex canciller, cuando afirmaba que «Rusia es un suministrador fiable»; el cierre pautado de las centrales nucleares alemanas, unido al abandono del carbón como recurso energético, pesan ahora como una pesada losa sobre la necesidad de buscar un mix energético de urgencia para solventar la crisis energética que se cierne sobre los teutones en un invierno que no se ha ido aún.

Hay presión creciente sobre el dictador para que detenga la guerra: la mayoría de la comunidad internacional, la voz enérgica de intelectuales, políticos, artistas, sociólogos, deportistas o empresarios (por citar solo algunos sectores) se une a los jerarcas rusos que ven ahora peligrar sus inversiones en el exterior, y piden un alto al fuego.

Los refugiados ucranianos crecen a miles cada día. Las filas de coches en las fronteras, que pretenden salir del país, ocupan decenas de kilómetros. Putin sigue emitiendo su descabellada justificación de que Ucrania está llena de fascistas y xenófobos, en una fórmula especular por la que el agresor juega a ser el agredido, como sucede también con el generador del mobbing, que se refugia en su crymobbing, haciéndose pasar por el que lo sufre. También acusa a Ucrania de poner escudos humanos frente al lanzamiento de sus misiles

España ha enviado cerca de 1.400 lanzagranadas, 700.000 cartuchos de amertalladoras y amatralladoras ligeras, que llegarán mañana viernes, 4 de marzo, a un punto cercano a la frontera de Polonia con Ucrania. La división causada por este envío en el mismo seno del Gobierno ha saltado a la opinión pública, que está, sin embargo, más preocupada por la repercusión de esta postura de apoyo bélico al país invadido que por elucubraciones acerca de hipotéticas disensiones del gobierno Sanchezstein.

Otra noche en vela para los ucranianos. Otra noche de dolor, rabia, desgarro humanitario, solidaridad desde la distancia pero con la proximidad del afecto y la solidaridad con su lucha defensica con los valerosos habitantes del país que ya padeció, bajo el poder de otro dictador loco, Stalin, el horror del Holodomor (término derivado de las palabras ucanianas hólod -hambre- y mor -exterminio-.

Estoy leyendo un libro de Anne Applebaum, «Hambruna roja» sobre la guerra de Stalin contra Ucrania. Mucha información sobre las inicuas razones de la invasión del imitador Putin. Permita el lector que transcriba un breve poema de Shevchenko, que pedía que lo enterraran a orillas del Dniéper, el río que atraviesa Ucrania para convertirla en el granero de Europa. Una Europa que llora esta masacre y sufre este despropósito criminal. «Cuando me hayáis enterrado, levantáos/ destrozad las cadenas/ y con la sangre del enemigo/regad la libertad. (Nota: He traducido el poema del ruso, libremente)

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