Al socaire

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Archivo de 2014

Creo en el cuestionamiento sostenido

4 julio, 2014 By amarias Deja un comentario

(Es continuación de los cuatro Comentarios anteriores)

5. Análisis crítico de las perspectivas de la cuarta revolución tecnológica

Las dos primeras «revoluciones industriales» fueron consecuencia de la difusión generalizada de una nueva tecnología que modificaba sustancialmente el aprovechamiento de las fuentes energéticas. Pero el efecto práctico tanto de la máquina de vapor como el motor de combustión interna fue la mejora sustancial en la conectividad. Los seres humanos y las mercancías podían desplazarse de forma mucho más rápida, barata y segura que en la etapa precedente.

La tercera revolución industrial, en terminología aceptada por el Parlamento Europeo en 2006, según la idea de Jeremy Rifkin,  no está relacionada con la energía, sino con la difusión generalizada de la aplicación de la tecnología digital, cuyos efectos aún están en fase inicial.  Las telecomunicaciones han significado también la accesibilidad instantánea a los conocimientos disponibles en la red pública -o la interactividad e  intercambio dentro de las redes privadas- a una inmensa variedad de usuarios.

La ausencia de filtros de autoridad, o la posibilidad de enmascarar, adulterándolos, los criterios de verdad o verisimilitud con fines perversos, hace de las redes, también, un foco de distorsión del conocimiento científicamente contrastado, sirviendo para la propagación de falsas teorías, informaciones interesadas sin otro aval que la maldad o la codicia y, en fin, convirtiendo a una herramienta neutral por esencia en vehículo de intoxicación de la más amplia especie.

La cuarta revolución tecnológica discurre paralela a la tercera, solapándose con ella. No ha sido, desde luego, analizada, ni para unificar y clarificar su concepto, ni, obviamente, para estudiar sus posibles consecuencias. Un intento de definición sería la de «aquel proceso, de naturaleza exclusivamente tecno-sociológica, que plantea la necesidad de combinar el conjunto de conocimientos científicos -en sentido lo más amplio posible-, abierto a toda la Humanidad, con la obtención de niveles de calidad de vida satisfactorios y homogéneos, que alcancen a todos los seres humanos y que tome en consideración la necesidad de mantener el equilibrio dentro de la naturaleza.

En efecto, esta idea implica la valoración y reconocimiento del papel de los restantes seres vivos en el equilibrio natural, la preservación ambiental, el aprovechamiento razonado y restrictivo de los recursos, teniendo en cuenta sus reservas, distribución y su capacidad de renovación y, en fin, y como más importante, la plasmación de un objetivo común para la Humanidad, en el que se haya considerado el papel de las generaciones venideras, a las que corresponderá recoger el testigo de la existencia y el conocimiento en la imaginada carrera por alcanzar las claves que rigen el cosmos.

Por ambicioso o utópico que parezca el planteamiento, la aplicación a un país concreto resulta sencilla. Hay que garantizar la continuidad de lo que tenemos al alcance de nuestra actuación: no agotar, no contaminar, ser solidario, ser creativo, e impulsar la capacidad creadora de las nuevas generaciones, abriéndoles vías de pensamiento. Esto nos lleva a conceder prioridad a la formación, a la investigación, y a la evaluación y conservación de los recursos, compatible con su aprovechamiento actual si fuera imprescindible para garantizar, no el máximo bienestar de unos pocos, sino la supervivencia con el nivel de satisfacción adecuado, de la actual población.

Si hay que sacrificar algo, que sea el disfrute máximo de la capa más beneficiada de los actuales pobladores, en beneficio de la formación y desarrollo de las generaciones futuras.

La difusión generalizada de internet (es decir, de las comunicaciones telemáticas) en la producción industrial es solo un aspecto modificador, que reducirá -está reduciendo-la cantidad de trabajo disponible para el hombre y desplazará -está desplazando- la rentabilidad de muchas empresas, haciendo no pocas inviables en competencia con los nuevos planteamientos de negocio.

La reacción ha de ser coordinada y completa, porque la evolución natural es hacia el desequilibrio, y un desequilibrio no controlado en un sistema dinámico conduce implacablemente al caos. Las Escuelas de formación y las Universidades deben orientarse de inmediato hacia el total aprovechamiento de esas oportunidades, que se concretarán en la puesta en marcha de nuevas formas de emplear los recursos naturales y la mano de obra, especialmente en los países hoy menos desarrollados.

No son los centros de enseñanza los detentadores en la actualidad de los conocimientos tecnológicos más avanzados (puede que lo sean en cambio, de los filosóficos, por reflejar con este nombre los vinculados a las antes conocidas como Humanidades). Conseguir que las grandes empresas abran sus centros de investigación y compartan sus resultados es un reto al que no veo tan fácil solución, dado el egoísmo y cortoplacismo imperantes.

Pero generar la voluntad de comunicación abierta del conocimiento de muy alto nivel no es el fin último, sino solo una etapa en el camino.

La generación de una nueva infraestructura internacional, de cooperación y estímulo es también inexcusable, pues hay que evitar que las tensiones de esas nuevas relaciones de mercados y tecnologías se traduzcan en la aparición de una guerra de intereses que, dada la actual capacidad destructora de los países, nos llevaría al cataclismo final, provocaría la hecatombe de una Humanidad a la que perdió su incapacidad para dominar su evolución tecnológica, haciendo sus logros útiles para la totalidad y no para las élites.

No tengo propuestas generales de solución a largo plazo. A medio plazo, entiendo que la exacta valoración del problema,  para atender exclusivamente al nivel nacional, sugiere algunas actuaciones intermedias concretas, que implicarían el aprovechamiento, profundización y mejora de la cualificación competitiva internacional -mejorando así la Balanza de pagos, aumentando las exportaciones y restringiendo el consumo de bienes importados, sin que ello signifique la autarquía, sino la selectividad de lo adquirido en el exterior-.

De la estructura industrial y de servicios propia, dependerá la demanda de empleo y la cualificación necesaria. En un país dedicado al turismo mayoritariamente, necesita trabajadores de escasa formación, que serán remunerados con salarios bajos y se consolidará una estructura dependiente tecnológicamente, de baja capacidad de consumo y manipulable.

El aprovechamiento de nichos de mercado en países menos desarrollados, apoyados en la exportación de bienes producidos con tecnologías intermedias -o que no se puedan mantener en primera línea por falta de alimentación en origen- tendrá un carácter temporal, circunstancial, pues habrá de admitirse que estos países estarán interesados en asimilarlas rápidamente, captando técnicos extranjeros para sus centros de investigación.

En suma, si no se lleva a cabo, simultáneamente, la revisión de los postulados de cooperación mundial, asumiendo nuevas formas de distribución de tareas y beneficios, la cuarta revolución industrial será la última.

(continuará)

Publicado en: Actualidad Etiquetado como: ciencia, cuarta, guerra, industrial, investigación, mundo, revolución, tecnología

Creo en la intervención vigilante del Estado sobre el mercado

3 julio, 2014 By amarias Deja un comentario

(Continúa de los tres comentarios precedentes, a modo de Credo particular, con raíces en mi gnosticismo práctico y en la experiencia vivida)

4. Necesidad de una revisión crítica del papel del Estado

La gestión de la economía de un país intermedio, implica la convivencia y en su caso,  alineamiento, con intereses supranacionales, la defensa de los elementos que pueden ser impulsados desde la actuación local, y la búsqueda permanente de los huecos en los que implantarse, incluso circunstancialmente, utilizando las ventajas diferenciales que se consiga generar.

España tiene una desdibujada posición internacional, producto de la debilidad en el sostenimiento de sus objetivos. Pretendíamos tener un papel preponderante en relación con la conexión entre Europa y Latinoamérica, e incluso en las relaciones intraamericanas (norte-sur) y no lo hemos sabido aprovechar, o hemos despilfarrado en gran parte el capital moral, sin haber sabido suplir en demasiadas ocasiones los déficits en seguridad jurídica o solvencia económica de un área con gran potencial en recursos, con habilidad negociadora y confianza en su futuro.

En la relación con el mundo árabe, que ingenuamente queríamos basar en una pseudo-identidad cultural e histórica harto cuestionables, hemos pedaleado más sobre la imaginación que sobre la realidad, si bien se debe reconocer que ha habido grupos empresariales que se beneficiaron -en el sector de la construcción, sobre todo-, aunque no alcanzo a ver las ventajas para la creación de empleo en nuestro territorio, a salvo de unos pocos técnicos expatriados.

En cuando al papel español dentro de la Unión Europea, entidad que por sí misma se halla a la busca de su propia personalidad, nuestro peso es marginal, y se nos ve más como problema que como parte de la solución, siendo nuestro europeísmo más próximo al de estómago agradecido o pedigüeño necesitado, en un escenario en el que parece regir el sálvese quien pueda antes que la cooperación.

En relación con las organizaciones internacionales (desde la OTAN al Banco Mundial, de la ONU a la OMS) la posición de España es más pasiva que otra cosa. Se tiene fama, posiblemente merecida, de ser incumplidores de compromisos e ignorantes o remisos a la intervención activa, y no solamente con ideas.  El papel exterior, en las relaciones exteriores, debería concretarse en aprovechar las posibilidades de erigirse en portavoz, no de filosofías, sino de concretas propuestas de resolución de las necesidades de los países y zonas más desfavorecidas, utilizando la capacidad de convicción que pueda derivarse de…nuestro camino hacia sus posiciones.

No es, sin embargo, cuestión de criticar, a lo que somos tan dados por tradición e idiosincrasia, sino de actuar con solvencia, desde la consciencia de cuáles son nuestros problemas y no los de la Humanidad (en especial, los que no podemos resolver de éstos últimos). En España, la urgencia surge del lado social, y su gradación y valoración, para definir la entidad de las medidas a adoptar solo puede hacerse desde dentro. Es imprescindible conseguir la estabilidad de las capas sociales, de manera que los niveles de satisfacción de los integrantes de la pirámide de ingresos y gastos no se muevan descontrolados. Y en esto, no vale engañarse.

Por la parte de la generación de productos y servicios, si las expectativas de los grupos socioeconómicos que forman el sustento básico de la economía no son atendidas, y las perspectivas de futuro no son razonadamente halagüeñas, las empresas se irán, y la actividad regeneradora de los sectores dañados será insuficiente o nula.

Desde la parte del consumo, que está vinculada directamente con la oferta laboral,  el descontento provocará tensiones revolucionarias. Si no hay ingresos familiares, una vez consumidos los ahorros privados, e inexistente el crédito, el número de dependientes de los servicios sociales, de la asistencia pública, o de los pobres y desarraigados, subirá hasta que la tensión explote.

Tenemos, además, en España, el problema especial de que habíamos alcanzado un nivel de bienestar que pretendíamos consolidado, y sobre él se auparon las opciones políticas tanto de la izquierda como la derecha. Apuntábamos hacia unas prestaciones del modelo económico que, evidentemente, no pueden cumplirse en una perspectiva de crisis estructural. Y si falla la credibilidad de las instituciones, no puede esperarse que la reconstrucción del tejido socioeconómico dañado se realice por apelación a elementos mágicos.

Después de llevarnos unas cuantas veces las manos a la cabeza -y depurar, por supuesto, las bolsas de corrupción, ineficacia y avaricia que se han formado-, debemos de aplicarnos a poner en pie formas concretas que nos vuelven lo más rápidamente a una zona de estabilidad. La actuación del sector público es, en esta situación, determinante, pues no se puede confiar, en absoluto, que los agentes que se guían por el mercado y la máxima rentabilidad (la responsabilidad social de los grandes grupos es, en esencia, un placebo), permitan solucionar los problemas urgentes de quienes se encuentran, por el cambio de coyuntura, desplazados, particularmente si están en la base de la pirámide.

La responsabilidad de los gestores públicos abarca desde las administraciones locales a las más altas estructuras del Estado, y exige una actuación coordinada. Las finanzas del conjunto del Estado han de ser vistas como un bloque, y la coherencia de las medidas que se adopten para su saneamiento es fundamental. No se puede abandonar a los municipios el problema de resolver su saneamiento, a base de impuestos y tasas locales, o privatización de servicios públicos. La falta de solidaridad regional tampoco puede ser alimentada, y las tendencias a la disgregación del modelo nacional ha de ser atajadas con serenidad y firmeza.  No habrá desarrollo sin la colaboración de todos los agentes regionales, y la reforma de la Administración pública, en todas sus formas, es urgente y ha de ser debatida sin miedos ni a priori, y con firmeza.

La automatización y la informatización de la prestación de los servicios públicos, la transparencia en las inversiones y gasto de las Administraciones y empresas públicas son una obligación, y especialmente si se pretende la coordinación y evitar los despilfarros.

Soy partidario de la inversión pública en empresas, al menos como referencia para contrastar información, en algunos sectores; no como ha sido utilizada en el pasado para rescatar empresas en dificultades, sino, al contrario, para acompañar a las que actúen en campos preferentes; los proyectos dimanantes de los centros de investigación que emplean dineros públicos deberían encontrar en esas empresas una continuación natural; esto es, me refiero a los sectores frontera.

La eliminación de la burocracia, el secretismo, la ineficiencia, y la desconexión entre los intereses públicos y privados no puede tolerarse en época de crisis y ante la necesidad de cambiar sustancialmente algunos enfoques que nos llevaron hasta aquí.

(continuará)

 

Publicado en: Actualidad, Economía, Sociedad, Tecnologías Etiquetado como: centros de investigación, control, creatividad, eficiencia, enseñanza, estado, gestión, impulso, inversión, vigilancia

Creo en la competencia más que en la competitividad

2 julio, 2014 By amarias Deja un comentario

(Continúa de los dos Comentarios inmediatamente anteriores, con los que forma una unidad)

3. Urgencia de aumentar la inversión neta en investigación y mejorar el control de su eficacia

Todo el mundo parece estar de acuerdo en la importancia de la investigación, y empeñado en ponerle adjetivos y apéndices, aunque la realidad es que no se le presta atención, confiando más en la aparición del genio aislado que en el resultado de los trabajos en equipo, con orientaciones en sectores o líneas preferentes.

Se acostumbra, además, a reducir la valoración del esfuerzo en investigación a porcentajes referidos al presupuesto público anual o del producto interior bruto del país: un 1,3% del PIB parecería poco y un 2%, suficiente, por ejemplo. No hay necesidad de engañarse. Si se pretende analizar nuestras posibilidades competitivas en el marco internacional, habrá que referirse a cifras absolutas.

Los datos disponibles -manejo las grandes cifras, importando menos al respecto de mi razonamiento, el detalle exacto- indican que el gasto absoluto en i+d en Estados Unidos es 25 veces superior al de España y el de China, por ejemplo, 10 veces más alto. Países próximos, como Alemania o Francia, lo cuadriplican.  Podemos ser escépticos respecto  a la homogeneidad con la que han sido obtenidos los datos (estoy convencido de que en España se han inflado, en tanto que en Estados Unidos se subestiman…y pongo en duda cualquier dato que provenga de China), pero no debemos dejar de captar el mensaje de que las opciones para competir en resultados investigadores con países que dedican medios muy superiores a los nuestros son comparativamente ridículas.

Debemos, en consecuencia,  concentrar los recursos en algunas áreas concretas, siendo, además, conscientes, de nuestra condición genérica de país tecnológicamente dependiente. Es decir, desde la perspectiva de la mercadotecnia de productos que precisen alta tecnología , estamos del lado de los consumidores y no de los productores, de la demanda y no de la oferta. Solo nos falta -ni más ni menos- que tener con qué pagar lo que nos gusta consumir.

Los 13.000 millones de euros anuales que se dedican, según los datos, en España, a actividades de i+d+i son escasos, y,  por si fuera poco, están distribuidos heterogéneamente entre nuestras regiones (tres regiones concentran el 80% del gasto total innovador) y presentan múltiples duplicidades y ocasión de despilfarros y muestras de descoordinación. Con un gasto privado de 150 euros por habitante (nuevamente, se repiten ratios de proporción similares a los que nos separan de los países más avanzados), tampoco cabe esperar que nuestras empresas den la campanada tecnológica. (1)

(c0ntinuará)

—-

(1) Según el Estudio de una Escuela de Negocios, al que concedo un carácter fundamentalmente académico, hay unas 40.000 empresas innovadoras, y que tenemos algo más de 200.000 empleados, en ellas y en los centros públicos, dedicados a idear, todo el tiempo o a ratos: me pregunto dónde están y lo que hacen, si bien el análisis expresa que se concentran en farmacia, electrónica, química y automóvil, espacios tan imprecisos y genéricos que se me antojan equivalentes a música celestial o a aplicaciones de la cultura general.

Si el lector quiere datos para profundizar en lo pesimista del análisis, puede recorrer las páginas del Informe de la COSCE (Confederación de Sociedades Científicas de España).

 

Publicado en: Actualidad, Sociedad, Tecnologías Etiquetado como: Alemania, corporación, COSCE, creatividad, empleo, españa, estados unidos, gasto, investigación, países en desarrollo, tecnología, Universidad

Creo en la formación teórica básica

1 julio, 2014 By amarias 1 comentario

(continúa del Comentario anterior)

2. Importancia capital de la formación amplia e intensiva en conocimientos teóricos básicos.

Se ha introducido un grave error en la formación de los educandos, en nuestro país como en otros de nuestro entorno, y es la errónea creencia de que se puede llegar a dominar una técnica sin conocer sus fundamentos teóricos. Resulta, en consecuencia, que se han formado generaciones de jóvenes que saben utilizar alguna herramienta tecnológica, (el grave peligro de los «user friendly») pero no tienen ni idea de cómo funciona.

La situación se detecta, no solo en las enseñanzas técnicas, sino también en las denominadas tradicionalmente humanísticas, aunque opino que la carencia es especialmente grave en los casos en los que se han producido vacíos en la formación básica tecnológica (matemáticas, física, química, electricidad, etc.), porque esas carencias no son fáciles de cubrir en la edad adulta, convirtiéndose en lagunas de conocimiento persistentes.

España debe cuidar con especial atención la recuperación del prestigio de sus Escuelas y Universidades Tecnológicas. Es evidente que, con la actual proliferación de centro de enseñanza técnica, el desorden en la denominación de las carreras, la gratuita y desquiciante selección de las disciplinas y la insuficiente formación de buena parte del profesorado, añadido a la desorientación y bajo interés y motivación por el saber de una población discente universitaria excesiva, el objetivo no puede cumplirse.  No sirve indicar plácidamente que el mercado volverá a poner a los centros universitarios en su sitio, porque no se puede justificar el dispendio público con una expectativa cuya formulación es perversa. Y no es cuestión de acumular reformas sobre reformas. Si no se reconoce el mal, o se menosprecia su intensidad, no se encontrará la solución.

La referencia a la enseñanza técnica de alto nivel no implica imaginarla como un colgante en la estructura formativa de la sociedad. No es una lámpara (aunque, desde luego, debe servir de luminaria), sino el elemento cumbre de una pirámide bien construida, en la que las formaciones intermedias y las más elementales, sostienen el edificio.  La minusvaloración del objetivo de impulsar puntas de lanza tecnológicas, cuyo arco es dotar de la máxima calidad a la enseñanza superior de la ingeniería, entendiendo erróneamente que a este país le basta con tener técnicos especializados en el saber utilizar (tener idea del para qué y el manual básico de instrucciones de empleo) y que no hace tanta falta saber los porqués.

Es un desvío tan grave del camino que conduce a la potenciación de la creatividad y tan evidente el percibir que andamos perdidos en la mediocridad y en la dependencia tecnológica, que escalofría que no se haya puesto de manifiesto a voces en todos los foros.

España tiene una capacidad académica de supuesto alto nivel formativo sobredimensionada, y su adelgazamiento es imprescindible para dotarla de verdadero músculo. No necesita tantos profesores universitarios, tantos catedráticos o titulares, porque no precisa de tantas Universidades, sino mejores. Por lo menos, hay que conseguir que los mejores docentes, los más experimentados, los que estén imbuidos de la más alta vocación docente -que no es necesariamente la investigadora- se concentren en ellos.

No se ha hecho mucha reflexión -desde luego, no la suficiente- en relación a los itinerarios formativos que implican cruzar viejos esquemas, creando otros más adaptados a la evolución y necesidades actuales: ingeniería médica, bioingeniería, ingenieros economistas, ingenieros juristas, médicos químicos, ambientalistas médicos, etc. Hay que vencer, para ello, la resistencia de los que están aupados a sus teorías, defendiendo sus sitiales, y mirar con ojos limpios la realidad exterior.

(continuará)

Publicado en: Actualidad, Economía, Ingeniería Etiquetado como: alta tecnología, empleo, Escuelas Técnicas, formación, formación técnica, ingenieros, Universidades

Creo en el empleo, señor y dador de vida

30 junio, 2014 By amarias Deja un comentario

No encuentro razones para estar tranquilos. Por las brechas que el bombardeo tecnológico ha abierto, penetra, implacable, la destrucción de aquello que creíamos más sólido para garantizar nuestro bienestar, instalados en la complacencia de que tendríamos, más tarde o más temprano, la solución para todos los problemas que planteaba nuestro impulso irrefrenable de consumir.

Es cada vez más escaso, numéricamente hablando, el pelotón de quienes pueden permitirse vivir mejor. Para la inmensa mayoría, el futuro se presenta con un condicionando brutal: tendremos que acomodarnos a vivir peor. Habrá menos recursos disponibles, serán más caros y, lo que es mucho más cruel, su aprovechamiento generará menos empleo. Es decir, tenemos que arbitrar nuevas formas de distribuir el que sea preciso, que será, además, bipolar: necesitamos gentes de muy alta cualificación -relativamente pocas- y, para ocupar los puestos en lo que llamaríamos sostenimiento de los elementos del bienestar (el que sea), la demanda se desviará hacia empleados en servicios de poca exigencia formativa, aunque especializados.

Tengo desde hace tiempo la convicción de que, al menos en el plano metodológico, no faltan análisis, y ni siquiera respuestas para paliar las consecuencias negativas de lo que nos está sucediendo. Hace falta, sencillamente, seleccionar las mejores y aplicarlas, en la voluntad de que las decisiones habrán de tener una componente adaptativa muy importante, porque las rígidas planificaciones a largo plazo, en un entorno tan cambiante y con tantos agentes interactuando en su propio beneficio, no sirven.

Me ha gustado siempre hurgar en las propuestas que sirven de actuación -al menos, en la parte confesa- a países más desarrollados y, sobre todo, más coherentes y sistemáticos en sus programas estratégicos, que el nuestro. En relación con la muy importante necesidad de creación de empleo, he seleccionado estas ideas generales:

1. Necesidad de mejorar la formación en conciencia social y nuevas tecnologías desde la más temprana edad

Sufrimos del déficit de una juventud mal educada y peor formada. Como siempre, las excepciones son muy importantes y extremadamente valiosas, pero su existencia no desvirtúa la conclusión genérica. La familia no educa o mal educa a los niños y los centros de formación, incluídos, por supuesto, los universitarios, viven en la inopia, desgraciadamente consciente, de lo que sería necesario hacer para conseguir egresados capacitados para integrarse, de forma inmediata, en las formas de actividad eficientes para la sociedad que es, también, aquello que a ellos les sería necesario para conseguir un empleo en ella.

Es imprescindible introducir una nueva concepción pedagógica, y desde la escuela elemental, que inculque principios de conciencia ambiental, solidaridad, aprecio a la tecnología y a los elementos de progreso, al empleo consciente y responsable de los recursos y al papel que cada uno juega y debe jugar en la sociedad. Los niños bien educados en estos principios tienen la base para ser buenos estudiantes, curiosos colaboradores en la generación del tejido social, activos elementos en la contribución a mejorar la sociedad. Cada euro invertido en formación elemental se recupera con creces en la madurez del individuo.

La cifra de ocho veces -¡y hasta veinte veces!- como retorno a lo empleado en educación básica está en las valoraciones de los países más eficientes. Lo que se entrega a infantes de menos de cinco años se recupera, multiplicado, en beneficios globales, a la larga, cuando el joven se convierta en elemento activo de la sociedad. Hay que aumentar la formación de los educadores, reforzar su prestigio social, remunerarlos adecuadamente, y estimularlos de continuo, con el reconocimiento de su labor.

Las familias forman parte de este esquema de intervención, pero también, los estamentos locales, la sociedad en su conjunto. El niño tiene que verse como elemento apreciado por los que le rodean, un valor de futuro. Es la tribu la que educa, en afortunada expresión de José Antonio Marina. La horda y el desorden, desquician, confunden, estropean.

(seguirá)

 

 

Publicado en: Actualidad, Cultura Etiquetado como: educación, empleo, formación, Marina

Agnósticos

29 junio, 2014 By amarias 2 comentarios

Dice la copla que  «quien no sabe lo que es ver  no tiene tanta penita como el que ha visto y no ve» y esta referencia me sirve para glosar que hay dos tipos de agnósticos: quien han llegado a su escepticismo después de haber analizado las alternativas y quienes se apuntan a él sin tener conocimiento de ninguna.

Respeto, por ello, y con comprensión y afecto intelectual, a quienes se reconocen agnósticos en relación con las diferentes teorías, dogmas y elucubraciones filosófico-recreativas que pretenden encontrar alguna respuesta a la molesta pregunta de porqué tenemos conciencia de nuestra limitada existencia y no se nos alcanza entender el objetivo de un fenomenal despliegue cósmico que, por lo que nos parece haber ido percibiendo, no nos tiene, desde luego, como centro, pero seguramente ni si siquiera inventariados.

No quisiera que el lector viera en el párrafo anterior una aplicación exclusiva hacia esa parte de la filosofía aplicada que es la religión, sino que le atribuyera un sentido tan amplio como le sea posible. Porque eso le permitirá entender lo que quiero decir con los dos tipos de agnósticos: quienes desprecian cualquier análisis o conocimiento y se apuntan a las conclusiones, y quienes llegan a ellas o a otras parecidas, después de absorber, situándolas en su contexto y encontrándoles el sentido de su evolución, cuantas teorías, formulaciones y especulaciones -muchas de ellas, con excelentes conclusiones prácticas- les sea factible.

Estamos en un momento de agnósticos. Por una parte, se encuentran, y desgraciadamente los percibo como inmensa mayoría, quienes no creen en ninguna religión, en ninguna técnica, en ninguna solidaridad e, incluso (o por ello) en otro futuro que no sea el de ellos mismos o, tal vez, el de su familia inmediata. No saben porqué han llegado ahí, porque no les ha preocupado el camino, sino el final: Dios no existe, la sociedad es corrupta por naturaleza, la técnica es falsa y los hallazgos científicos producto de la casualidad, los políticos y los que dirigen han llegado a sus puestos gracias al poder de sus mafias y nos mienten sistemáticamente, la justicia es injusticia encubierta, el futuro es incierto y no depende de lo que hagamos, etc.

Me acerco con timidez a ese grupúsculo de quienes son agnósticos, pero tratan de entender los porqués: desde el respeto a las religiones, sabiendo que cumplen y han cumplido una función de terapéutica social, y también de control y canalización de intereses, a lo largo de lo siglos; desde el respeto a las formas de gobierno y a sus instituciones, como solución transitoria más adecuada (o más oportuna) para controlar los avances de los que exigen frente a la resistencia de los que poseen; desde la admiración a quienes, a despecho de penurias, escepticismos y dificultades, han descubierto los principios que sirven al funcionamiento de las máquinas, los aparatos y los artilugios que conforman lo que ahora entendemos como fundamento de nuestra calidad de vida y nuestro bienestar.

Necesitamos en España muchos más agnósticos de este segundo tipo. Hombres y mujeres que no se preocupen de las conclusiones que han sacado otros sino que busquen las razones para las suyas propias. Que conozcan, porque los han estudiado y valorado, los métodos y argumentos de quienes nos han conducido hasta aquí, hasta nuestro actual nivel de respuestas, y sigan preguntándose cómo avanzar, con la antorcha de su trabajo y de su capacidad, en las tinieblas del desconocimiento.

Publicado en: Sociedad, Tecnologías Etiquetado como: agnósticos, ciencia, conocimiento, crédulos, investigación, sociedad, tecnología

Hoy falleció Juan Manuel Fernández Carrio

26 junio, 2014 By amarias 3 comentarios

Hace ya años, publiqué una semblanza de mi tío Manolo Carrio. Hace unas horas, mi prima María del Mar me comunicó su muerte, mientras dormía. Era ya mayor. Muy mayor (92 años). Ha sido para mí, como para la mayoría (¿todos?) de cuantos le conocimos, un ejemplo a seguir.

Le dediqué algunas entradas en mi blog, pero en este día especial, quiero conectar mis sentimientos a esta en concreto:

http://amarias.blogia.com/2008/061601-jugando-en-corto-una-persona-importante-para-la-siderurgica-asturiana.php

Publicado en: Actualidad, Asturias Etiquetado como: carrio, ejemplo, fallecimiento, juan manuel carrio, químico

Un país para turistas

25 junio, 2014 By amarias 6 comentarios

La resistencia de ciertos grupos de opinión a la implantación de nuevas actividades industriales o mineras, se ha centrado en el argumento de que, con ello, se perjudicaría gravemente al sector turístico, que se presenta como la actividad con mejor comportamiento ante la grave crisis de la que España no parece aún capaz de recuperarse.

España ha pasado en pocas décadas de ser un país con base económica fundamentalmente agrícola y ganadera, a gozar de un desarrollo industrial notable, lo que motivó el despoblamiento del campo, hoy en una situación lamentable de abandono. El análisis detallado de las razones y consecuencias del cambio de tendencia, no puede ser expuesto en pocas palabras, aunque no admite réplica el hecho de que el crecimiento de los sectores industriales que mayor empleo generaron en la segunda mitad de siglo XX descansó peligrosamente en procesos y tecnologías que resultaron extremadamente vulnerables, pues los países emergentes se convirtieron rápidamente en eficaces competidores.

Los mayores de este pueblo hemos vivido tiempos de vacas flacas y gordas, y la revisión de un pasado próximo en el que la demanda de empleo, relativamente muy bien remunerado, se polarizaba hacia sectores que hoy están en profunda crisis (siderurgia, carbón, construcción naval, edificación, etc.) revela las graves carencias de un modelo que no supo aprovechar la bonanza para robustecerse, avanzando hacia la diversificación y la obtención de mayores valores añadidos y…se agarrotó, en no pocos casos, en la defensa a ultranza de unos objetivos empresariales y, por tanto, de unos puestos de trabajo derivados, que no eran económicamente sostenibles.

No están lejanos los tiempos en los que cada Municipio de este país celebraba la instalación de Parques Industriales -hoy, en su mayoría, simplemente, eriales-. Tenemos demasiadas autopistas y carreteras que no conducen a ninguna parte (o casi), y la geografía se han poblado de muñones de estructuras que serán, sin duda, monumentos permanentes a la pésima adopción de injustificadas decisiones de las Administraciones, adobadas con la avidez de ciertos grupos empresariales por obtener beneficio inmediato de los presupuestos públicos.

Han sido muchos los pecadores, y desde las entidades financieras a unas Universidades endogámicas y poco eficientes, pasando por la cortedad de los planteamientos de decenas de centros de investigación descoordinados, incapaces para abrir y potenciar caminos alternativos, no es posible salvar muchos trastos del naufragio colectivo.

Vueltas las cosas del revés, las Administraciones parecen haber redescubierto que España es un país turístico: tenemos playas, sol, buena gastronomía, precios aceptables, monumentos, buenas carreteras (por ahora), seguridad ciudadana y una tendencia innata a querer caer simpáticos al extranjero.

Pues bien: alerto de que estamos ante una nueva burbuja, que no servirá para crear empleo estable de calidad y que, además, nos distanciará aún más de ese pelotón de cabeza industrial que concentra su empeño en desarrollar aún más su músculo para fabricar productos más y más sofisticados, tecnológicamente más avanzados en cada remesa y que, dirigido desde la practicidad del «sálvese el que pueda», no tiene empacho en seguir desplazando la fabricación de lo que es intensivo en mano de obra, contaminante o de menor empaque tecnológico, allí donde están lo centros de consumo más importantes, reservándose la recolección de la nata de sus plusvalías.

 

Publicado en: Actualidad, Economía, Empresa Etiquetado como: desarrollo, españa, industria, sectores, turismo

Linkweak, investigador principal

24 junio, 2014 By amarias Deja un comentario

Linkweak investigador principal 001

Publicado en: Linkweak Etiquetado como: ayuda, bebé, centro, cerveza, electrónico, investigador, Linda, Linkweak, liquidación, microscopio, programa, subvención

Linkweak, de expurgos

23 junio, 2014 By amarias Deja un comentario

Linkweak va de expurgos 001

Publicado en: Linkweak Etiquetado como: angel arias, biblioteca pública, cómic, electrónico, expurgo, investigación, Linkweak, microscopio, personaje, sótano

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