Al socaire

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El ansia de destrucción como razón para la última guerra

11 marzo, 2022 By amarias Deja un comentario

No sabemos aún cómo terminará esta guerra, la guerra de nuestra generación -aunque a algunos nos coge ya talluditos-, pero es hora de que analicemos cómo empezó. Por supuesto, la respuesta simple a esa cuestión tan relevante, apuntaría a un único culpable, el invasor Vladimir Putin, líder necrófago por excelencia en este momento de la Historia, cuya ansia de poder y relevancia desató su megalomanía, encontrando en la pieza deseada, Ucrania, que creía presa fácil, el objetivo perfecto para calmar, momentáneamente su psicosis. La anomia de la Unión Europea y la falta de interés inicial de los presidentes norteamericanos (y de su sociedad) para entender los entresijos del patio de vecindad del viejo continente habría hecho el resto.

Muy respetables historiadores e inmensos eruditos se han encargado de espurgar en los restos de las dos guerras mundiales precedentes, para sacar brillantes consecuencias. La mística nacionalista, el sonambulismo europeo, el crecimiento de las enfermedades de los neurópatas del momento (el más conocido Adolf Hitler, pero no faltaron ejemplos de la misma ralea entre las élites dirigentes que condujeron a la primera), la concepción mesiánica de algunos líderes de su pretendido papel en el mundo o la confrontación entre imperios caducos (el astrohúngaro o el de la gran Rusia) y un Estado que vivía en una persistente adolescencia (el alemán, siempre Alemania) son citados como motivadores, tanto de una guerra como de otra.

De todas las opciones de análisis de lo que motivó el comienzo de esta tercera guerra -que quieran los dioses que no tenga jamás lugar-, me quedaría con una maravillosa conjunción de palabras que apelarían a la «sensación de decadencia moral». En ese término genérico incluyo: la percepción del ocaso, y la necesidad de catarsis purificadora, redentora, que, con persistente regularidad y llevada por un impulso al parecer incontenible, prende simultáneamente en varios sitios en el mismo momento de la Historia.

Intoxicados como estamos, metidos de lleno en la harina espesa del miedo y la pererza, ya no podemos analizar con tino si las amenazas que nos llegan son reales o resultan simples añagazas para cubrir un expediente de guerra que lleve al contrario la convicción de que aún se es fuerte, de que la victoria es posible del bando en el que milita el mentiroso, porque, en esta etapa inicial, se trata de conseguir adeptos que hagan más sólida nuestra posición.

En esta guerra, como en las anteriores, hubo un agresor y un ofendido. Pronto, ya no importará eso, si no se consigue poner coto a tanto desatino del invasor Putin y la heroicidad del defensor, ahora juzgada heroica (con razón) acabará empañándose de matices, de disensiones. de juicios que acabarán metiendo al agredido en la misma hoguera del agresor, especialmente si (los dioses no lo quieran) el bloque que conformará su equipo gana la batalla, auque sea unos milisegundos antes del Gran Armageddón.

Ya no me apetece imaginarme al héroe  Zelenski con camiseta de gimnasia militar en su búnker situado en un lugar tal vez irreal, con la imagen de la plaza de la Independencia (Maidán  Nezalezhnosti), y al malvado Putin sentado en un extremo de una mesa que se va haciendo cada vez más larga, agarrado como si fuera un juguete a una caja de plástico con un muy aparente botón rojo. Tiene que ser de ese color, así lo mandan los cánones de todas las películas que hemos visto sobre el final nuclear. Y la mesa tiene que aparecer cada vez más larga y, al otro lado del sátrapa, cada vez más poblada, porque tenemos que caber todos nosotroos.

Va entrando mucha más gente en la trama, cn papeles muy relevantes. Un tercero en esa discordia de egos -Vladimir lo tiene gigantesco, pero Volodomir también tiene el suyo- en la que nos vamos convirtiendo aceleradamente en víctimas propiciatorias (sí, el buco emisario, el macho cabrío expiatorio de la redención), es Joe Biden, quien anuncia hoy, viernes, once de enero del año cero, para que no quepan dudas, que si el cacique toca un solo pelo a cualquier país de la OTAN, la tercera guerra mundial está garantizada. Ergo, ya podemos poner nuestros miedos a remojar. Y están también Boris Johnson y JiPing, y Macron (s´il vous plaît) y Ursula von der Leyen, y …

Si yo fuera ministro, pongo por ejemplo, de Energía, de Agricultura, o de Industria o de Defensa (estoy citando al azar, porque ninguna de estas opciones me resulta apetecible en lo más mínimo) de cualquier país europeo, no me preocuparía en este momento crítico ni por la posibilidad de que la Temperatura media de la Tierra suba dos grados antes de terminar el siglo, ni por aprobar inversiones en generación nuclear o en plataformas flotantes eólicas que garanticen el suministro eléctrico dentro de dos lustros, o si la carne de vacuno podrá ser sustituida definitivamente por la soja transgénica, o si las innovaciones tecnológicas de la era digital destruirán tanto empleo convencional que tendríamos que subvencionar desde los presupuestos de los Estados más de la mitad de la población en edad de trabajar y el cien por cien de los que ni se lo plantean.

Tampoco estaría preocupado por dedicar el dos o el diecisiete por ciento del Presupuesto a Defensa, ni aparecería entregado a dotar a mis Ejércitos de más tanques, muchos más drones, millones de cascos de visión nocturna y chalecos antibalas o, de forma aparentemente más brillante, llenar el país de escudos protectores contra misiles nucleares inteligentes.

Si yo fuera ministro (por favor, ponga el lector la música del If I were a rich man, la canción de Chaim Topol) pasaría todo el día pidiendo a todo el que quisiera escucharme que alguien pare a Vladimir Putin, y hagamos todos un ejercicio de catarsis frente al impulso destructivo que se ha vuelto a adueñar de la Humanidad. Yo he vivido ya bastante. Pero mis nietas, no. Una de ellas, a sus nueve años, lo expresó claramente, en representación no esperada de todos los niños del mundo – «mi vida, abuelo, aún no la viví y yo también quiero tenerla».

Miro las fotos de las decenas de niños ucranianos que han muerto en esta guerra -pero también las de todos los niños que son asesinados cada día en las decenas de guerras que florecen en el mundo como la peste, que son muchos más- y se me encoge el corazón. Esos pobres cretinos teledirigidos que entraron en la central nuclear de Zaporiyia gritando que si los funcionarios que estaban trabajando en ella no les cedían el control, apretarían el botón rojo, no sabían que estaban siendo víctimas del síndrome de la decadencia el ansia de la autodestrucción.

Hagamos todos un esfuerzo por generar un período de distensión, otra Guerra Fría, y esta vez ha de ser muy gélida, porque tiene que durar siglos. Paren esta guerra, que yo me apeo. No quiero vivir cómo se desarrolla la última. Son ustedes unos imbéciles, sonámbulos del siglo XXI.

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Maríupol, Kiev, Járkov, Dnipro, Chernóbil, Odesa…

10 marzo, 2022 By amarias 1 comentario

Hace quince días viviamos en un mundo con apariencia normal. Cierto que había guerras en diversos lugares del Planeta, que millones de personas padecían de la hambruna o parecían condenados a sufrirla, que existían amenazas naturales y provocadas por el hombre que comprometían nuestra tranquilidad futura (cambio climático, desertización, catástrofes de diversa índole,…) pero, al menos en nuestro entorno occidental y particularmente en esa unión comercial con pretensiones de ser modelo de comportamiento mundial que llamamos Unión Europea, nos sentíamos poseedores de manejar las claves fundamentales del futuro.

Hoy, 10 de marzo de 2022, toda esa estabilidad se ha desmoronado. Un personaje de cuento malvado, Vladimir Putin, después de semanas de mentir sobre sus intenciones reales y de años de almacenar armamento y capacidad destructiva, decidió pasar a la Historia, escribiendo páginas principales según un guión demencial.

Seguro que en su mente enferma de planificador, ese objetivo no pretendía colocar a Rusia y al mundo al borde de un desastre global. Sería demasiado. Solo querría, allá en sus momentos de visión de autocomplacencia, conquistar en un par de días a la vecina Ucrania, que juzgaba como un Estado fallido, inerme, desestructurado y falto de conciencia nacional. En una guerra relámpago -una Blitz Krieg- de apoderamiento de las estructuras del país por donde discurría el fértil Dniéper, podría incorporar ese territorio para confirmar, en un magnífico paso hacia delante, su idea de una Gran Rusia.

Ese sueño de falócrata, de demente sin reparos para realizar su megalomanía, se rompió por muchos costados. Los cientos de tanques que había dispuesto en la frontera rusa con Ucrania y en el Estado satélite de Buelorusia, simulando estar realizando prácticas militares sin intención invasora alguna, cuando se les dio la orden de penetrar en terreno ajeno, se encontraron con una resistencia sólida, heroica, por parte de un Ejército que se creía poco profesional y desmoralizado. La población del país invadido se movilizó, atendiendo a la llamada a todo reservista, y se comportó como un bloque valiente contra el agresor y en un abrir y cerrar de ojos, suplió con arrojo la falta de preparación militar y consiguió paralizar la invasión, atascando las líneas de ataque de los blindados, que vieron inutilizada su capacidad de sorpresa.

Hélos ahí, luchando con armas de todo tipo, mal equipados, poco protegidos, aunque sintiéndose cada vez más invencibles. También, sabiendo que no están solos, ni abandonados. Entre tanta valentía y capacidad de resistencia, surgió un líder, un antagonista del malvado, un capitán sin miedo, que aglutinó la capacidad defensiva internamente y consiguió involucrar en su apoyo, y ya no solo moral, a la OTAN y a la Unión Europea. Volodomir Zelenski.

Está claro que Estados Unidos, en concreto, está compartiendo datos de inteligencia con las autoridades militares ucranianas y que, con su excelsa capacidad cibernética y de localización, tiene perfectamente situados a todos y cada uno de los tanques y de los grupos de tropas tanto de invasores como de defensores. No se está participando físicamente en la guerra, con botas militares de la OTAN sobre el terreno ni con armamento ni aviones manejados o pilotados por personal no ucraniano, pero el compromiso de apoyar la defensa del país invadido con medidas económicas y de aportación de medios es actualmente claro y firme. Como la propia embajadora de Estados Unidos en España, Julissa Reynoso Pantaleón ha declarado en entrevista con Antena 3. el Gobierno norteamericano no tiene la intención de entrar en conflicto con Rusia, pero está firmemente involucrado para conseguir que la guerra termine cuanto antes.

He situado en el título de este Comentario los nombres de algunas de las ciudades ucranias que están soportando una intolerable tensión bélica, algunas, como el caso de Mariupol o Jarkov, ya en poder de los ilegales invasores. Los daños a la población civil y la destrucción de edificios administrativos y privados son dolorosos y, claro está, intolerables desde posiciones del derecho internacional y el respeto a la independencia de los pueblos para decidir sus aliados y su destino colectivo.

Putin está perdiendo la guerra, aunque esté convencido que la va a ganar. Aunque la gane. La defensa de los ucranianos por mantener su independencia es tan notable, contagiosa, ejemplar, que ha movilizado a su favor la inmensa mayoría de las capacidades de simpatía. Por eso, jamás se entregarán a la derrota. El sueño de Putin se sepultará, y muy pronto, por el desprecio general y habrá convertido su ideal de grandeza recuperada en una Corea del Norte, en un lugar apestoso. Y habrá guerra de guerrillas contra el invasor mientras ese espíritu de independencia ucraniano siga infundiendo el ánimo de uno solo de esos héroes que están determinados a no dejarse vencer.

Quisiera que la embajada de Rusia en España, con su embajador a la cabeza, Yuri Korchagi,  junto con todas las embajadas rusas en los países de la Unión Europea, tomasen la decisión de desmarcarse de la invasión. Hasta ahora, y pienso especialmente en la de España, la mentira inicial y el silencio después de inciado el ataque, han señalado con su estigma la actuación de los diplomáticos y del personal relevante de las embajadas. Su posición de descuelgue respecto a la agresión a Ucrania reivindicaría su honestidad, su credibilidad, su obligación de respeto a las leyes internacionales y a los compromisos expresos que rigen y deben regir las actuaciones de la diplomacia.

¡Viva Ucrania Libre!, хай живе вільна Україна!

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Estamos en un punto de no retorno

7 marzo, 2022 By amarias Deja un comentario

Cuando miro, una y otra vez, la fotografía de esa familia ucraniana masacrada en el momento en que se disponía a huir de la zona de mayor peligro, utilizando el señuelo del corredor humanitario, -un término equívoco en sí mismo que se transformó en mortal para ellos-, mis ojos se fijan obsesivamente en la maleta que quedó en pie, junto a los cuerpos inertes de la pareja y sus hijos. ¿Qué podían haber amontonado, sin duda apresuradamente, en ella? ¿Qué esperanzas de salvación se les quebraron cuando el misil de un soldado sanguinario los eligió a ellos como símbolo del aumento de la barabarie?

Hay muchos testimonios desgarradores, imposibles de entender desde la calma que aún vivimos, de personas que nos cuentan sobre sus miedos, sus esperanzas, sus ilusiones, desde la frialdad de una pantalla de plasma a través de lo cual podemos correr el riesgo de pensar que no son reales, de que nada es real,ni verdadero ni cierto.

Putin es un canalla de película, pero cierto; sus secuaces del Kremlin son un hatajo de asesinos cobardes, letales por acción y omisión; los soldados rusos que han invadido una tierra de paz respondiendo a designios criminales que nadie les habrá explicado, pero que ahora seguro que lo entienden muy bien, son una pandilla de asalteadores dotados de armas preparadas para matar inocentes. Nada les salvará de su ignominia.

Una niña ucraniana, Amelia, que parece tener la edad de mis nietas, canta en un refugio, con una voz bien timbrada, melódica, cautivadora, la canción Let it go de la película Frozen que habla de libertad y que parece escrita para proclamar la gran verdad, que nadie podrá vencer jamás la decisión de ser uno mismo, de romper las amarras con la tiranía y la mentira. Me uno a los aplausos que cierran la interpretación genial, desde el silencio del búnker, roto por esa manfestación de entusiasmo espontáneo.

Me gustaría ser optimista, necesito serlo, aunque todo está conjurándose para que el final sea, no solo triste, sino caótico. Dicen que el presidente chino, Ji-Ping y el turco, Erdogan, pedirán o han pedido a Vladimir Putin que cesen las hostilidades. La presión internacional y, en la medida en que puede expresarse sin riesgo a terribles represalias, debiera ser insostenible para el tirano. El sátrapa insiste que solo se detendrá si Ucrania se rinde y acepta que los territorios del Dombás y Crimea se incorporen a Rusia y que el país invadido renuncie a su libertad de decisión, apartándose de la Unión Europea y de la OTAN.

No puedo entender, ni consentir por tanto como postura digna, que en el Gobierno de España se sienten individuos que no apoyen el envío de armas a Ucrania, que es lo que ha solicitado el héroe Zelenski (junto con medicinas, alimento y ayuda humanitaria). Esta disensión en el Gobierno, que por ley, debe tomar decisiones colegiadas y tener una sola voz, es la representación de la ruptura de la coalición y la mejor muestra de la incapacidad para asumir la complejidad de la situación, actuando en consecuencia. Ucrania, país libre,ha sido invadida y se está resistiendo ante la agresión con un orgullo y una unidad dignos de todo respeto y apoyo. Incluso, en mi opinión, aunque los países de la OTAN están mostrando una prudencia y un temor a la escalada que no se corresponde con los principios éticos y jurídicos que deben regir las actuaciones de los países democráticos, la aplicación del art. 2 del Acuerdo debería ser suficiente para justificar involucrarse en el conflicto en la defensa de la libertad de Ucrania,

Querámoslo o no, ya estamos metidos en la guerra. De momento, España solo lo ha hecho mediante el envío de armas en un segundo nivel. Se dice que son para incrementar la capacidad de defensa individual y se pretende que no nos involucra…demasiado. No dejo de pensar que un combatiente sin experiencia en el manejo de material militar al que se envía al frente de guerra y a combatir con un enemigo sin escrúpulos y mejor alimento, se convierte en blanco fácil.

La heroicidad de los ucranianos, sosteniendo la situación con valor, entereza y capacidad de respuesta improvisada pero efectiva (hasta ahora) es acreedora, no solo de palabras de ánimo, aplausos y oraciones, sino de apoyo sin reservas. Si las medidas que pretenden el colapso económico de Rusia (a costa de provocar acercarnos nosotros también a la pérdida sustancial de nuestro bienestar) no tienen el efecto de detener la barbarie, si los desvelos negociadores de Macron (en campaña electoral en Francia), o de los presidentes chino y turco, no sirven más que para que Putin eleve su apuesta destructora, la OTAN debe tomar una decisión difícil, honrosa y legítima: o Putin se retira de Ucrania o entraremos en guerra directa con Rusia.

Quién nos iba a decir hace apenas unas semanas que nos tendríamos que confrontar con un porvenir tan sombrío. Putin no puede vencer en esta guerra.

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Putin está a punto de ganar su batalla para hacerse con Ucrania

4 marzo, 2022 By amarias Deja un comentario

El criminal de guerra Vladimir Putin está a punto de ganar su batalla con Ucrania. Pero está perdiendo todas su guerra contra la libertad y provocando un aislamiento económico y politico de su feudo que se traducirá en el mayoritario desprecio internacional hacia su persona (que acabará, y no se lo remediará nada ni nadie, siendo juzgado por sus crímenes en la Corte Penal Internacional enjuiciado por genocidio, e infracción múltiple de principios del derecho internacional), y en el deterioro que sera difícil de recuperar en la imagen del pueblo ruso, empañada por el apoyo de los plutarcas rusos y de su gobierno y el silencio cómplice de gran parte del pueblo ruso.

La sensación de estar reviviendo, en aspectos sustanciales, la época nazi que provocó la segnda guerra mundial es imborrable. Otros personajes, otro pueblo perseguido, un parecido mirar hacia otro lado de la población de la Rusia ocupada por el dictador de la KGB, no queriendo conocer la realidad que se esconde en la invasión a la libertad de otro pueblo eslavo,

Ha habido vencedores, y no precisamente pírricos, sino muy consistentes, El presidente Volodomir Zelenski, desde luego, es un vencedor moral en esta falsa disputa provocada por el criminal invasor. Ojalá que su vida salga indemne de tanto ataque lleno de odio e incomprensión hacia lo que representa: la libertad de Ucrania, la defensa del deseo legítimo de de un pueblo de decidir su destino. Ha vencido Josep Borrel, el alto Comisionado Europeo, quien desde un principio del ataque del ruso a Ucrania (y antes de él, con clarividencia que le honra) ha detectado el riesgo que significaba Putin, su obsesión armamentística, y la debilidad de la Unión Europea por carecer de una Fuerza de Defensa propia y depender exclusivamente de la protección que Estados Unidos pueda ofrecerle, a través de ese mecanismo heterogéneo y ya decadente que significa la OTAN.

Ha ganado puntos Joe Biden, aunque sus primeras comunicaciones resultarn ininteligibles y parecieron débiles para atajar a tiempo la determinación genocida del dictador ruso, aunque hay que entender ahora que una parte sustancia de la población norteamericana se mantiene intoxicada por su orate local, el expresidente Donal Trump y, desde luego, la convicción de que Europa no estaba haciendo lo que debía por protegerse, con su insuficiente colaboración a la dotación del presupuesto de la OTAN. También cuenta en su descargo que una decisión de involucrar en mayor medida a la Alianza, enviando a militares norteamericanos a la posibilidad de morir en una nueva guerra sentida como ajena.

Hoy, 4 de marzo, nos hemos enterado de que la planta nuclear de Zaporiyia, la mayor de Europa,  ha pasado a ser ocupada por los invasores y las tropas rusas se han hecho cargo de la gestión de la central, después de un ataque que provocó un gran incendio en las inmediaciones que, en este momento, parece controlado. El espectro de Chernobil ha vuelto a aparecer, pues se desconoce la capacidad de control de una instalación de alta tecnología y subsigiente riesgo de desastre en caso de caso de mal funcionamiento. Tanto Biden como Boris Johnson (el primer ministro del Reino Unido) han identificado el ataque a la central como una amenza direcra a la seguridad de toda Europa.

A nivel muy local, es decir, nuestro pequeña tierra de Taifas, se ha perfeccionado hasta límites de sonrojo, la discrepancia en el Ejecutivo español sobre cómo actuar contra el sátrapa ruso. A discrepancia de la vicepresidenta Yolanda Díaz, que se ha expresado en apoyo de la decisión de Gobierno de apoyar con armamento a los defensores ucranios, la ministra Ione Belarra, la ministra María Jesús Montero, el ministro Alberto Garzón y otros portavoces de los partidos de la izquierda desorientada y falsaria, proclaman su apoyo sentimental a la Ucrania invadida, pero discrepan profundamente de cualquier apyo que no sea la negociación para «parar la guerra».

Quieren ignorar estos personajes ahítos de buenismo que las condiciones de Putin para detener la guerra son que Ucrania reconozca que ha perdido la guerra, se deponga el gobierno legítimo, disuelva su Ejército y renuncie a entrar en la Unión Europea y, por supuesto, en la órbita de la OTAN. Es decir, que pierdan la libertad, los derechos humanos más libertades, sucumba el derecho internacional. Da vergüenza que tengamos a estas gentes de ministros y portavoces de partidos que se dicen activos militantes por la mejora del nivel de vida de los españoles.

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Rusia camina hacia su aislamiento

2 marzo, 2022 By amarias Deja un comentario

La imagen del Parlamento Europeo aplaudiendo ayer de mañana, con todos sus miembros puestos en pie, la intervención telemática de Volodomir  Zelenski esgrimiendo que Ucrania «lucha por su libertad» y solicitando ayuda para que su país no sea fagocitado por la ambición patológica de Vladimir Putin se mantiene en mi retina como una emotiva demostración de solidaridad con el presidente de una nación asaltada. Hizo bien en recordar que «si Ucrania cae, Rusia estará a las puertas de la Unión Europea», en la que volvió a solicitar la integración.

Joe Biden expresa, por fin, desde que empezó la invasión, la determinación de ayudar a Ucrania y condenar la agresión, «con medidas que Rusia lamentará para el resto de los días». La OTAN mantiene su criterio de no considerar la agresión a Ucrania como algo que le competa directamente y, desde luego, prefiere mantener una guerra sicológica, económica o de consola, evitando recoger muertos propios en un campo de batalla. Habrá que estar atento a la interpretación que el loco del Kremlin hace de la contraofensiva.

En la intervención de hoy en el Congreso de Diputados, el Presidente Pedro Sánchez anunció inesperadamente que España enviará también material bélico a Ucrania. Es decir, España entra, de esa manera, en la guerra de Ucrania con Rusia, como país aliado.

La decisión fue apoyada fuera del hemiciclo por la vicepresidenta Yolanda Díaz y por Jaume Asens, portavoz de En Común Podem que se desmarcan con ello de la ministra de Asuntos Sociales Ione Belarra y de Pablo Echenique, portavoz de Unidas Podemos, que calificaron el envío de armas de «error» y reiteran su posición de No a la guerra, y No a la OTAN. Esa facción que apoya al Gobierno de coalición revela, por tanto, una fisura en el mismo. Echenique la concreta, no ya al proclamarse partidario de negociar la paz (rebelando una inocencia casi mística, pues Putin es el invasor y nohay nada que negociar con un asesino), sino expresa como filosofía a tener en cuenta en los anales de las invasiones que no se debe armar a la población civil «contra un ejército».

A pesar de estas manifestaciones contrarias, «la lealtad de Gobierno» de esa coalición en trance de ruptura permanente se ha traducido en ratificar el envío y con ello, Sánchez ha podido, aunque con algo de retraso, unirse al bloque de cabeza de los países que presentan oposición clara al líder con diagnóstico de patología narcisista. Por parte de la portavoz del Partido Popular, Cuca Gamarra, que cubre el hueco del cesado Pablo Casado, se ofreció ayuda de su grupor para apoyar la medida, si «los socios de Gobierno se desmarcaran del apoyo». La situación política española merecería un análisis profundo, sino fuera que las preocupaciones se han concentrado en un nivel mucho más alto.

El cerco de medidas económicas y, desde ayer, con el apoyo de armamento de alto alcance y potencia a Ucrania, no ha servido, de momento, para modificar la actitud de Putin, centrado en su megalomanía, que sigue amenazando con la escalada de terror belicista y mantiene la orden de bombardear las principales ciudades ucranias que resisten heroicamente.

Se anuncia para mañana, jueves, 3 de marzo, el segundo intento de negociaciones por la paz entre representantes rusos y ucranios, aunque la presión beligerante se mantiene. Como acertadamente expresó en entevista televisiva el ex embajador de España en la OTAN, Carlos Miranda y Elío, «no se puede hablar de negociaciones para la paz si los contendientes no han establecido una tregua».

La población ucrania sufre una presión ilimitada, cruel, injusta. Largas colas de personas ue huyen de la barbaria se forma en las salidas del país, especialmente hacia Polonia, con kilómetros de retencionese imaginables necesidades de atención humanitaria. En su intención de destruir los edificios históricos de Ucrania, Rusia bombardeó ayer el edificio del Gobierno Regional de Járkov (la segunda ciudad ucrania) y varios otros monumentos, además de barriadas residenciales, causando miles de muertos.

Para detener esta barbarie, las medidas muy duras contra Rusia adoptadas por la inmensa mayoría de los Estados occidentales perfilan que este país se convertirá en una nueva Corea del Norte (solo se han manifestado expresamente a favor de Putin, el déspota venezolano Nicolás Maduro y el afectado por demencia senial que responde por el acróstico de AMLO).

En cuanto a la posibilidad de parar la guerra en una negociación, no soy optimista. Como todo afectado por megalomanía tiránica, Putin no admitirá una derrota y tiene, al carecer de escrúpulo alguno, el botón nuclear a su alcance,y no le importará provocar una hecatombe, pues cree que le asiste la razón. Por eso, hay que ofrecerle alguna salida edulcorada para que crea que su esfuerzo destructivo le ha merecido la pena. No, obviamente, la rendición de Ucrania, sino algún caramelo que la diplomacia intrnacional deberá encontrar.

Porque la presión de los oligarcas que ahora ven en peligro sus inmensas riquezas, la intervención del presidente chino a favor del cese de las hostilidades, el clamor del pueblo ruso para derrocar a Vladimir Putin, son sueños fantasiosos que no tienen lugar más que, eso, en el mundo de la imaginación. Desgraciadamente.

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Con Ucrania y contra Putin

1 marzo, 2022 By amarias Deja un comentario

Hoy, uno de marzo, comienza oficialmente la primavera en Ucrania. Poco tienen este año de 2022 los ucranianos que celebrar. La guerra continúa, e incluso se ha recrudecido. Del apoyo sentimental inicial, más bien simbólico, de los países de la Unión Europea -como si fueran los aplausos que se dispensan a un equipo que no defiende nuestros colores en el estádium, pero que nos cae simpático- hemos pasado a posiciones más enérgicas.

No se puede decir que haya acuerdo unánime entre los Estados de la Unión en desplegar acciones concretas, siendo Alemania, país que tiene más que perder por su dependencia energética del gas procedente de Rusia, quien ha tomado las medidas más enérgicas. El gobierno español, poniendo de manifiesto su falta de coherencia también en el plano internacional, ha tenido oficialmente que doblegarse ante la postura de sus socios de la izquierda inconsistente, desistiendo del envío al país invadido de material bélico que pudiera ser utilizado en maniobras ofensivas.

Los efectos económicos de la congelación de la mayor parte de los intercambios en divisas (la suspensión de los acuerdos de swift, o de transferencias telemáticas) han empezado a notarse en Rusia y en las fortunas de los oligarcas rusos. Algunos de estos últimos, con intereses en España, como el propietario del supermercado Dia, Mijaíl Fridman (amigo personal de Putin), han tratado de desmarcarse de la realidad de la invasión con un comunicado en que la desaprueban. Pero el efecto boomerang también está siendo acusado en Europa y, particularmente en España, en donde la mafia rusa (con apariencia de legalidad) ha utilizado nuestra permisividad para blanquear divisas y lo apacible de pasar desapercibido disfrutando de un buen clima para invertir en la Costa mediterránea y obteniendo, incluso, en algún caso, la nacionalidad española.

Las víctimas civiles ucranias aumentan, porque el déspota agresor ha autorizado (dice lo contrario, pero no se le debe creer a un mentiroso crónico) el bombardeo de barrios residenciales. El domingo, un comando ruso destruía en el aeoropuerto de Gostomel, el hexareactor AN225, orgullo constructivo de la compañía Antonov, el mayor avión del mundo.

La OTAN se prepara para el despliegue de la Fuerza de Respuesta Rápida, dispuesta a ordenar la defensa de su ala este, formada por Lituania, Letonia, Estonia, Polonia, Rumania y Bulgaria, lo que supondría el desplazamiento de militares (esto es, «fuerzas» armadas) para afianzar esas fronteras. La Brigada Guadarama, con su batallón de infantería mecanizado, se vería afectada si tuviera que entrar en combate, suponiendo la entrada indirecta de España en la guerra.

Sigue pareciendo heroico, numantino pero ejemplar, el esfuerzo defensivo ucranio, animado ahora por el hálito del apoyo internacional, cada vez más concreto y abierto a aportar más que afectos, mantas de abrigo y comida enlatada. Unas primeras negociaciones para parar la guerra, calificables más como hipotéticas que reales, se han traducido en un fracaso, aunque las líneas de conversaciones entre beligerantes (invasor y ofendido) deben permanecer abiertas. Se desconoce, sin embargo, lo que quiere Putin: ¿un rendimiento de Ucrania sin condiciones? ¿Que la OTAN reconozca la adhesión del territorio ucranio -todo o parte de él- a la órbita rusa?

Sería interesante conocer, sobre todo, qué piensan los rusos de esta invasión. En España, desde la lejanía y la necesidad de proteger sus intereses y apacible vivencia, muchos de los ciudadanos rusos residentes han manifestado su repulsa y el apoyo al hermano pueblo eslavo. ¿Están los rusos que viven en Rusia dispuestos a seguir apoyando mayoritariamente a Putin? Hasta el momento, las protestas en territorio del jerarca hitleriano se han ahogado en detenciones, mamporros y silencio cómplice de un pueblo aletargado.

En este contexto de desorientación informativa, se acumula el fracaso de los comunicados por la paz, las manifestaciones ante las embajadas rusas exigiendo la suspensión inmediata de los ataques, el reconocimiento triste del aumento de la barbarie bélica, la simpatía hacia la heroica defensa ucrania, el aplauso emocionado hacia la posición ejemplar y elegante de Volodomir y su gobierno, un sentimiento de adhesión empática imparable hacia el pueblo invadido. Han surgido iniciativas que ponen focos intensos y luces de solidaridad y simpatía hacia los que resisten, enviando toneladas de materiales de abrigo, víveres, dinero mediante convoyes que tienen por destino las principales ciudades del país invadido, atravesando vías convertidas en my peligrosas por la guerra.

Se conoce que cientos de miles de reservistas se apresuran a alistarse en el Ejército, y que hombres que viven fuera del pais retornan a él en vehículos particulares para ponerse en disposición de empuñar las armas contra el invasor.

Para apoyar la alimentación del número creciente de refugiados, miles de personas -mujeres, niños y ancianos- que se han visto obligados a huir de su país para salvar sus vidas, ha resurgido, siempre atento a ofrecer su conocimiento como cocinero y gestor, José Andrés Puerta, el asturiano universal nacionalizado estadounidense, que se desplazó a Polonia para instalar su cocina solidaria, World Central Kitchen. «La gente mala siempre gana» (porque miramos hacia orto lado) ha escrito José Andrés en su cuenta de Twitter, calificando a Putin de «matón».

Tenemos una cuenta abierta con la Historia que estamos construyendo. No podemos cerrarla sin la victoria de la razón, el orden internacional, el respeto a la libertad y la independencia de los pueblos. Putin debe ser depuesto de su ignominioso afán conquistador por la sólida oposición internacional y el firme rechazo de sus súbditos, el sufrido pueblo ruso que no se merece este baldón de miseria intelectual en las páginas de su historia colectiva.

 

 

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Ucrania resiste

28 febrero, 2022 By amarias Deja un comentario

A punto de terminar el domingo, 27 de febrero de 2022 no puedo menos que registrar, en esta crónica emocionada de una situación que puede significar un cambio sustancial en el equilibrio económico y político mundial, la evolución de los acontecimientos, porque suponen el agravamiento del conflicto.

Los dos hechos más significativos recientes son, por una parte, la defensa de los ucranianos ante la invasión, movilizando a buena parte de sus reservistas y consiguiendo despertar ub profundo espíritu de patriotismo y la solidaridad de la opinión pública europea expresada ésta en multitud de manifestaciones en las calles de las ciudades principales. La actitud valiente y digna del presidente de Ucrania, el respetable cómico Valodomir Zelenski, en el mejor y más duro papel de su vida, ha controbuido a elevar el ánimo de sus compatriotas y atraer la simpatía de todos los amantes de la paz y del derecho.

Kiev resiste. Odesa, también. David está ofreciendo resistencia heroica contra un Goliat matón y fuertemente armado, más poderoso incluso en una guerra convencional. Pero vencer a un contrario correoso, dispuesto a todo, no se llevará a cabo sin desgaste propio, muerte de los soldados que se envióa la invasión, pérdidas económicas sustanciales, críticas y oposición internas.

Por otra parte, el presidente ruso aparece como incapaz de asimilar la resistencia encontrada y amenaza, en el más puro estilo de matón de barrio, con emplear armamento nuclear y no tolerar que Finlandia y Suecia, se adhieran a la OTAN, augurando que tendrá graves consecuencias.

Las medidas contra Rusia alcanzan ahora  un máximo nivel, tras las últimas decisiones emanadas de los Estados Unidos, que se va configurando como el contrapeso ideológico y la condena cada vez más dura contra la agresión invasora propiciada por Putin. La mayor parte de las operacione bancarias con Rusia se han congelado, al prohibir con ella las transacciones swift -acuerdos de clearing bancario que permiten disponer de dinero sin necesidad de trasporte físico de divisas-; se han congelado las cuentas em el exterior de Putin y otros oligarcas. La decisión tiene damnificados colaterales, como han puesto de manifiesto personas que venían realizando envíos de divisas a familiares y proveedores en Rusia.

Es, obviamente, muy preocupante que el dictador ruso haya puesto en alerta, como comunicó,  su fuerza nuclear. Europa, falta de músculo militar colectivo y con desigual potencia armamentística en sus miembros, observa atónita la escalada de tensión. Suecia y Finlandia han contestado de inmediato a la amenaza del dictador, expresando que son países libres de tomar la decisión que les convenga, sin aceptar imposiciones de terceros.

Pienso, como todos los amantes de orden y la paz, pero también del derecho a la libertad y a la defensa ante quien pretende ultrajarnos o sojuzgarnos, en los ucranianos. Alabo y aplauso la valentía, la gallardía y el honor de su Presidente y equipo de gobiernos, convertidos en comandante en jefe y generales de un ejército, en parte improvisado, de patriotas. Están dspuestos, han dicho, a defender su libertad hasta el final.

No podemos estar impasibles. Si Putin, que imagino tendrá algún asesor sensato que intervenga para detener este despropósito, que ya ha causado miles de mertos y miles de millones de euros en pérdidas económicas, no reconoce que la invasión fue una decisión eqivocada y no retira sus tropas de Ucrania, tenemos segura la tercera guerra mundial.

Para muchos, será la última.

Publicado en: Actualidad, Europa, Guerra en Ucrania, Rusia, Ucrania Etiquetado como: estados unidos, guerra, Kiev, manifestaciones, paz, Ucrania, Vladimir Putin, Volodomir Zelenski

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