Al socaire

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¿Interesaremos a nuestros biznietos?

2 junio, 2013 By amarias2013 Deja un comentario

Tengo fácil respuesta a la pregunta que me formulo en el título, que obtengo por simple trasposición analógica: No. Tendrán cosas más importantes que hacer, que preocuparse por reconstruir una historia de malversación. En realidad, será la cosecha de una actitud de la que, en el presente estamos dando muestras continuas: sembramos y consentimos desprecio.

¿Por qué vamos a preocuparnos de hacer algo por las futuras generaciones? ¿Les importamos nosotros? Esta estupenda contra-reflexión de Groucho Marx es, en realidad, uno de los principios de la actuación colectiva de la sociedad coetánea, la nuestra. Lo qye me resulta especialmente desconcertante es que no son los más ancianos de mis contemporáneos quienes evidencian tal perversión contra natura. Advierto, para mi inquietud -no soy el único- que los impulsos destructores son más intensos, obtienen mayor frecuencia, entre los más jóvenes

No se trata, advierto, de rebelarse contra la sociedad, presionar para el cambio a mejor, introducirse, con fuerza, en el orden establecido, para mejorarlo. Veo demasiados impulsos destructivos, sin preocupación por buscar y presentar alternativas. Soy de los que siempre han defendido -y defenderán- que la juventud es la fuerza que garantiza el futuro mejor. Me parece lamentable, por ello, no solo que los que mandan no abran huuecos para qe aflore esa fuerza, sino, y sobre todo, que una parte demasiado significativa de esa juventud parezca esforzarse en demostrarse a sí misma de que el futuro no les interesa.

Una sociedad que se ha inventado muchos términos rimbombantes para ocultar su desprecio por el futuro, encubriendo sus acciones de macro-delincuente con azúcar-glass: globalización, desarrollo sostenible, responsabilidad social corporativa, respeto ambiental, estado social, prestación sustitutoria, vida digna, salario mínimo, pleno empleo, principios éticos, etc., merece ese castigo.

Pero los jóvenes jamás deben renunciar a asentarse en él, y en lugar de destruir, sin razones, lo que tienen a la vista, estarían mucho mejor ubicados, para su tranquilidad, y la de los mayores que piensen como yo, empeñados en la labor de construir, mejorar, hacerse el hueco con la inteligencia y no con el martillo.

Como, por consuelo esperanzador, hacen algunos, reacios a admitir que lo que nació para ser ubicado en el futuro, no les pertenece, y luchan, inventan, generan, trabajan, estudian, actúan, demostrando con hechos de que creen que ha llegado su momento; no el de destruir: el de hacer más cosas, y mejores.

Publicado en: Actualidad, Sociedad Etiquetado como: confianza, contruir, creer, futuro, hacer, juventud, mejorar

El tiempo en Biología

1 junio, 2013 By amarias2013 Deja un comentario

La atención con la que el público que llenaba el salón La Nueva Estafeta del Ateneo de Madrid seguía la conferencia, era una consecuencia física. Hablaba Alfredo Tiemblo Ramos, Dr. en Físicas, investigador del CSIC, laureado profesor y maestro de muchas generaciones de investigadores. Y lo hacía sobre un tema apasionante: «El tiempo en la Física». Y lo desarrollaba con la claridad, el atractivo y la provocación que solo puede dar a un asunto quien ha estudiado a fondo lo que se sabe de él, lo ha analizado para ponerlo del revés y, por ello, sabe de sus limitaciones.

Porque, en el Universo somos entes de frontera. Una anomalía que, formando parte de él, tiene la esperanza, teóricamente imposible, acientífica, de descubrir algún día la explicación de lo que está sucediendo alrededor, experimentando desde dentro, con instrumentos de medida -lupas, sobre todo- cada vez más perfectos y reduciendo postulados hasta quedarse, tal vez, con unos cuantos, uno solo o…ninguno.

Es Tiemblo un gran comunicador y no es ahora cuestión de descubrir la amplitud de su perfil. Bastaría recomendar alguno de sus libros, o leerse cualquiera de sus muchos escritos destinados a explicar, (que no a vulgarizar), lo que se conoce del Universo, o repasar la relación de sus propios trabajos e investigaciones y los de quienes formaron y forman sus equipos.

«Nosotros y el Universo», es uno de ellos. Una guía para quien se anime a que alguien más sabio le ayude a reflexionar sobre lo mucho que ignoramos, y le de un paseo, cogido de la mano de su curiosidad, por las carencias intelectuales -de ambos-, al mismo tiempo que le explique unas cuantas razones de lo que conocemos p creemos concoer. Es decir, adentrarse en el paisaje de los por qué, por qué, por qué, -como hacen los niños- hasta llegar a ese momento en el que, -aconseja Tiemblo-, el que responde debe acudir a Karl Popper («El conocimiento de la ignorancia»).

Si he titulado este Comentario «El tiempo en Biología» no es, en absoluto (nada más lejos de mi intención) con el propósito de enmendarle la plana al conferenciante y al título de su disertación («charla», la llamó un par de veces, dando así también la medida de su prudente modestia erudita).

Tiemblo aconsejó leer a Roger Penrose («La nueva mente del emperador»), que defiende que la mente humana no es algorítmica, y por tanto no habrá derivado de las máquinas de Turing que la pueda modelar, por lo que habría que recurrir a la mecánica cuántica para explicar su funcionamiento. Pero no está de acuerdo con la sugerencia, entre otras razones, porque la mecánica cuántica no es más que una teoría superada, pero -así creí entenderle- sobre todo porque para entender la biología y, ya no digamos, el proceso que nos hace parecer diferentes a los seres humanos, inteligentes e interactivos, hay que aplicar, ante todo, muchas matemáticas al estudio de esas relaciones.

El coloquio resultó, en fin, también interesante. Porque la física teórica se entrelaza con la filosofía y, por tanto, nos acaba apuntando a nosotros, centros de experimentación individuales, con una sustancial aportación de materia oscura que, sin que podamos pretender ser trasunto del Cosmos, en algo tenemos que parecernos.

Me gustó también la pregunta-reflexión de otro buen amigo, físico también, ingeniero de armamento, José Molina, que intervino para apuntar que no la teoría cuántica partía de un efecto (la deriva hacia el rojo, clave para justificar la expansión del Universo) resultante de la imprecisión de los elementos de medida en muy grandes distancias («fatiga fotónica», subrayó Tiemblo). Para Molina, el Universo es estático. (Como me regaló su libro «El Universo, maravillosamente razonable», se, quizá mejor que otros, de qué va esa hipótesis de Molina).

No se define tan precisamente Tiemblo en esto, que apunta más a la utilidad práctica y en la reproductibilidad de lo que se sabe y pone interrogantes abiertas en todo aquello que creemos saber explicar sin que hayamos encontrado el fondo. Por ejemplo: ¿Es el tiempo un continuo o hay una unidad de medida mínima para él, un componente elemental, como parece que existe para la materia?

«Muy buena pregunta», fue la no-respuesta de Tiemblo a la que cerró el coloquio. «No sabemos. Puede que nos encontremos, al seguir investigando en la composición del parámetro tiempo, con un stop, un no-va-más, o una cadena indescifrable de elementos repetidos, una cadena de fractales».

Lo que es seguro, había dicho, es que el tiempo solo va en una dirección: la flecha del tiempo va hacia delante, porque el crecimiento de la entropía es continuo y el segundo principio de la termodinámica se cumple en nosotros. Nuestro envejecimiento es una consecuencia de esa constatación inexorable. La materia de la que estamos formados está condenada a descomponerse, degradarse y desorganizarse.

Pero, me decía a mi mismo mientras bajaba hacia la calle en una tarde luminosa madrileña, mientras estemos en el campo de la Biología, aún mantendremos opciones de importunar a la física teórica.

Publicado en: Cultura, Energía, Ingeniería Etiquetado como: Alfredo Tiemblo Ramos, Ateneo, Biología, cosmos, CSIC, Física, José Molina, La mente nueva del emperador, máquina de Turing, mecánica cuántica, Nosotros y el Universo, Penrose, Popper, tiempo

Carajal energético urbano

31 mayo, 2013 By amarias2013 1 comentario

El RD 235/2013, aprobado en abril, sirve perfectamente para reflejar el terrible desorden que se ha instalado en la administración española, como resultado combinado de la incapacidad y la improvisación propias de nuestro pequeño país y la presión de la Comisión Europea, pertechada en Bruselas con las armas de un herramental jurídico potente, que está puesto al servicio de la troika centroeuropea, y que se cocina como un guiso infumable que combina los intereses propios con la idea parcialmente atrabiliaria (1) de servir de modelo al desarrollo mundial.

Veamos: tenemos un España instalada una crisis insoportable, con un número de viviendas que rondará los 10 millones, construídas en los últimos quince años, de las que unas 500.000 (por lo menos) están en el limbo de haber sido terminadas o haberse encontrado a punto de serlo desde hace tres o cinco años, pero sin comprador, y, por tanto, deteriorándose. Tenemos, además, uno de los índices de viviendas en alquiler más bajos de Europa. Además, mantenemos una ley de arrendamientos urbanos que deja, a la primera, desprotegido al arrendador al que su inquilino no paga el alquiler prometido, por lo que es normalmente mejor mantener un piso vacío que exponerte a que te lo destrocen, y, además, no puedas echar al que no cumple lo pactado sino tras un largo, costoso y exasperante proceso judicial para recuperar la posesión del inmueble.

La necesidad de implantar, con el Reglamento de aplicación correspondiente, la Directiva europea 2010/31/UE, para no exponerse a sanciones por incumplimiento de plazos, ha llevado al Gobierno español a aprobar a la trágala el citado Real Decreto, dejando abiertas tantas indeterminaciones, que lo ha convertido en terreno abonado para la especulación, el chanchullo y un lugar de caza de desorientados por parte de aprovechados de varios pelajes. (1)

No se ha explicado el R.D., ni sus objetivos, ni los plazos para aplicación. No se sabe quiénes serán los técnicos competentes para la emisión de la certificación energética, ni el contenido o alcance de los certificados y, desde luego, tampoco para qué servirán, más que para presionar a la baja el precio ya lastrado de los pisos propiedad de particulares. Se ha abierto la puerta a certificaciones manipuladas sin ningún decoro, emitidas por jetas que carecen de la formación y de los medios para responsabilizarse de nada.

Se desconoce por qué organismos y con qué procedimientos se otorgará la calificación de técnico competente para la certificación, y se ha iniciado ya una guerrilla entre colegios profesionales para llevarse al agua la mayor parte del botín, cuyos paganinis serán, como otras veces, las clases medias (y, en este caso, los propietarios ancianos que se planteen, por ejemplo la hipoteca inversa de sus viviendas).

Un carajal energético nuevo. Urbano, esta vez. Y si Vd. quiere vender un piso o alquilarlo, solo puedo darle un consejo: no haga caso, de momento, a ninguna de las ofertas de certificación que se le hagan. Deje que se aclaren, primero, los que han sacado de la chistera un R.D. que, más que conejo, es un gato, y, por lo inmóvil que lo veo, muerto. (2)

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(1) La R.A.E., siempre a su bola, no reconoce todavía «carajal» como palabra digna de figurar en sus diccionarios, aunque como habla de carajo y caraja como forma utilizada en ciertos países hispanoparlantes para evitar nombrar a hombre y mujer de comportamiento poco recomendable, la explicación me puede servir para definir carajal como la tierra en donde se mueven, crecen y pululan tipos con los que uno preferiría encontrarse de día y con más gente.

En cuanto a ser solo por mitad atrabiliario, la idea me viene también de la R.A.E., que dice que tal término ha de aplicarse a quien tiene genio destemplado y violento; no encuentro violentos a los funcionarios que chinchan desde Bruselas, pero, vaya si los encuentro faltos de mesura, y vaya si los tiempos que nos crean los juzgo destemplados…

(2) Estas ideas me han sido inspiradas, además de haber echado mano de mi experiencia personal, por la conferencia pronunciada el 29 de mayo de 2013, en el Salón de Actos (Claustro) de la ESIMM, por María Cubillos, co-propietaria y gerente de SinCeO2, organizada por el CEMA y que llevaba el título: «La nueva normativa para la eficiencia energética de edificios»

Publicado en: Energía Etiquetado como: carajal, certificación energética, desorden, edificación, energía, R.D. 235/2013, Unión europea

Esbirros y vasallos

30 mayo, 2013 By amarias2013 Deja un comentario

Sin que pretenda hacer una revisión erudita o pedantuela de significados, me refiero aquí a los esbirros como aquellos que están a sueldo de un señor más principal, al que protegen y hasta adulan, -mientras les pague-, y por vasallos, a los que, sabiéndose inferiores en alcurnia y poder, pero libres para decidir, suscriben un contrato con el que más manda, ofreciéndose para colaborar con él y dándose protección y apoyo recíprocos, conseguir avanzar juntos, junto a todos aquellos que también han suscrito el contrato de vasallaje.

Un señor con muchos fondos, podrá permitirse mantenerse solo con esbirros. Si es sabio y prudente, y carece de bienes propios, deberá apoyarse en la fuerza de los que le respetan como líder, preocupándose por mantenerla con decisiones acertadas.

No estoy escribiendo de cuestiones hístóricas, sino, allá en el fondo, de lo que nos está pasando ahora mismo, y estoy afinando el tiro a lo que es la política y los asuntos serios de un invento para gobernarnos entre todos, y que se llama democracia.

El votante es un señor de su casa, como dicen los suecos que venden muebles de usar y tirar, y cuando concede su apoyo en las urnas a un ciudadano más alto que está en una lista con un programa de actuaciones, está rindiendo un acto de vasallaje, pero que no se entienda sin más como de sumisión, sino conjunción de libertades. Se firma un contrato en el que se reflejan los compromisos asumidos por ambas partes. En lenguaje más llano, mi voto te lo doy adelantado, porque vas a cumplir un programa, que es tu propuesta, y si no lo cumples, me siento libre para cambiarme a otro feudo, y hasta para luchar contra tí, por tramposo.

El afiliado a un partido y mayormente si el o alguien de su familia está comiendo del duerno de los puestos de la administración pública o cobrando de los sobres por los contratos que adjudican -quiero suponer que no en subasta de a ver quién mete más billetes en el involuto, sino por haber hecho la mejor oferta en el mundo real- es un esbirro. El contrato que tiene con la cúpula del partido en cuestión es otro al del votante, su recompensa por el servicio que presta, la tiene en la nómina o… en la lista de los pagos que recibe en B.

Miro enrededor, y veo alborotados a los esbirros, como zánganos a punto de cambiar de abeja reina; los veo, por talantes, más que nunca, mercenarios. Lo que me sorprende es la calma de los vasallos; no sé si atribuirlo a que estamos en un cambio de la sociedad feudal política a un nuevo renacimiento de la sociedad civil o, con esto de la involución y el big-bang-bounce, no nos estaremos metiendo en una etapa oscura, en una especie de neodictadura, en la que, entre la descomposición del imperio de la Unión Europea por un lado y los ataques noramericanos-chinos-sarracenos por otros, nos la estén dando, sencillamente, con queso, o, incluso, por mantequilla y por el c…

Publicado en: Sociedad Etiquetado como: acto de vasallaje, contrato, esbirros, incumplimiento, mercenarios, partidos polítcos, programa político, renacimiiento, sarracenos, sociedad civil, vasallos

Comer como comercio

29 mayo, 2013 By amarias2013 Deja un comentario

Entre los animales, los más fuertes comen primero, especialmente, entre los carnívoros, que pasan por ser la sofisticación de la escala evolutiva. Los biólogos justifican, por ejemplo, que los leones desplacen a las hembras de su grey que acaban de cazar una pieza, para llevarse los más energéticos trozos de la víctima, porque han de estar fuertes para defender a su prole, aunque el peligro verdadero venga de otros machos.

Pero convertir una necesidad vital en manifestación de estatus, es una operación de cambalache que solo puede concebir y poner en práctica un ánimo perverso; esto es, un ser humano. No es invención moderna: se pierde en la penumbra de los siglos, si bien encuentra ejemplos gloriosos en los registros históricos recientes.

Reyes que comían (y defecaban) delante de sus súbditos -no me consta que esa práctica esté en uso actualmente-. Ventanales abiertos a la calle en donde se exhiben, en restaurantes en donde respirar ya cuesta una pasta, gentes que disfrutan no del comer, sino por ser vistos.

La complejidad de las actitudes relacionadas con el acto de comer merece un análisis riguroso y completo. No tengo información, ni ganas, ni capacidad para hacerlo. Voy a referirme especialmente a dos maneras muy diferentes de entender el circuito de preparación e ingesta de la comida en nuestras sociedades avanzadas. Acoto para sociólogos el estudio, por ejemplo, de las razones por las que unos cuantos millones de estómagos satisfechos dejan, sin remordimiento, padecer y hasta morir de hambre, a más de mil millones de congéneres, y sin ni siquiera poder esgrimir la excusa de que están lejos o de que no lo sabían.

Existe, por un lado, la combinación afectiva del cocinero familiar (suele ser una mujer) que se pasa más de la mitad de la mañana preparando platos cuya componente esencial es el cariño con el que han sido elaborados, y el grupo de comensales al que van destinados. El ingrediente aglutinador de ese conjunto de personas es la felicidad que ilumina al esforzado artífice (una mujer, casi siempre), que sabe interpretar incluso el slencio de quienes han consumido en poco más de quince minutos lo que a él (a ella) le llevó varias horas.

Y en el otro extremo, está el cocineroide, combinación de alumno de química recreativa e iluminador de estampitas, que se rodea de aparatos que congelan, oxicineran, emplastan, difuminan y hasta lapidan, productos de exóticos orígenes e indigestibles amenazas, para ponerlos sobre la mesa de un grupo de idiotas cuyo privilegio es tener las carteras bien pertrechadas de papelotes, que estarán deseando marcharse del lugar para cumplir el fin con el que llegaron, que es, a no dudar, poder contarlo.

El único ingrediente que encuentro como presunto aglutinador de ese segundo grupo, por más vueltas que le doy para ver si hay más asunto, es el comercio, la rentabilización de la picardía de los que cocinan en el mostrador de cambio en el que algunos están dispuestos a entregar mucho dinero para tener que comer lo que les digan, sabiendo garantizado que muy pocos pueden permitírselo.

Exhibición de poder de clase que proporciona un placer que no se encuentra en el estómago de los que engullen tales delicatesen, sino en su cerebro anabolizado con la estulticia, porque he sabido por algunos que han pasado por la experiencia (así dicen) que, después de haber pagado, para comer, han tenido que irse con su hambre a un sitio más acorde en el que conseguir saciarla.

Publicado en: Cultura, Restauración Etiquetado como: amor, clase, estulticia, exhibición, ingesta, química recreativa, restauración, restaurante

Ciento un años de rompedores de bolsas de aguas

28 mayo, 2013 By amarias2013 Deja un comentario

El alumbramiento pesó casi cinco kilos de peso, y cuenta con 814 páginas de texto y fotografías, y fue presentado en sociedad en el Salón de Actos de la Fundación Gómez Pardo (Alenza, 2, Madrid), que estaba lleno a rebosar por profesionales del agua y de la mina, esto es, de su intersección natural, que es el mundo de la hidrogeología.

Se trata de un libro de esos que están destinados a ocupar un lugar preferente en las bibliotecas de las salas de estar. Fue coordinado por dos investigadores de renombre, ya en camino de la jubilación, y, por tanto, testigos de una parte no desdeñable de la historia que se cuenta, miembros relevantes de la plantilla del Instituto Geológico y Minero de España: los hidrogeólogos Juan Antonio López-Geta (Dr. Ingeniero de Minas) y Juan María Fornés (Dr, en Ciencias Geológicas).

El título del magnífico ejemplar que ahora tengo a la vista es «Cien años de Hidrogeología en España (1900-2000)», o sea, en realidad, 101 años, de los que el último pasó hace ya casi 13, o sea que ya llovió algo. Es una historia apasionante, densa, forzosamente incompleta, porque, en algunos pasajes, se echa de menos una posición crítica, distante.

Es un libro hecho con cariño, por unas cuantas decenas de profesionales que tienen algo que ver con la materia fluida, a veces viscosa, incluso sólida como una piedra, que es el agua subterránea. Han sido, en cierto modo, cien años de soledad, con la actividad especialmente concentrada en los últimos 30 añps del siglo pasado.

Se citan muchos nombres, se hace un notable intento de acercamiento al gran público, casi de vulgarización, de una cuestión que estuvo mucho tiempo olvidada, a veces infrautilizada, otras, sobreexplotada, y que hoy el fracking (el dichoso gas de esquisto) ha vuelto a poner de actualidad, como potencial virgen destinada a ser mancillada, según apuntan los que disparan a dar a todo lo que se mueve, aunque lo hagan desde la igorancia culpable.

Hubo, incluso, un cóctel, después de la presentación. Se vio allí a los Geólogos e ingenieros de minas compartiendo pinchos y charlando animadamente, -eso lo supongo, porque yo me fui raudo, porque no solo de literatura y actos públicos vive el hombre, al menos, yo- sobre el futuro del Instituto Geominero (así lo seguimos llamando algunos), un último reducto de investigación y ciencia sobre la Tierra y las tierras en general que, en esta época terminal -estos trece años que ya formarán parte del segundo tomo, cuando se haga-, si el campo fuera de batalla, estarían ganando por goleada los geólogos y hasta los biólogos, pero en el que, basta hojear el libro, estuvieron siempre muy bien afincados los ingenieros de minas, al principio, especie dominante en el feudo del Instituto.

Pero eso que queda por contar es ¿otra historia?. No sé. Allí, en el acto, en primera fila, junto a Sagrario, su esposa, estaba un maestro de promociones de Hidrogeólogos españoles, el plurilaureado Rafael Fernández Rubio, granadino convicto y confeso, al que hace nada nombraron los de Algete, ciudadano predilecto. A él, como justamente glosa José Benavente Herrera en algunas páginas sepia del libro, a Antonio Pulido y a Javier Cruz se debe haber puesto en el mapa de la ciencia española la hidrogeología, como enseñanza universitaria.

Publicado en: Ambiente Etiquetado como: Antonio Pulido, Cien años de Hidrogeología en España, Fundación Gómez Pardo, geólogos, hidrogeología, ingenieros de minas, Instituto Geologico y Minero, Javier Cruz, José Benavente Herrera, Juan Antonio López-Geta, Juan María Fornés, Rafael Fernández Rubio

Sostiene Pedreira

27 mayo, 2013 By amarias2013 1 comentario

«Sostiene Pereira» es el título de un novela de Antonio Tabucchi, y Marcello Mastroianni le dio rostro cinematográfico al personaje inolvidable. Antonio Pedreira es, aquí en España y en nuestra vida real, el magistrado del Tribunal Superior de Justicia de Madrid, que tuvo la incómoda suerte de recoger el machete de desbrozar la trama del «caso Gürtel» que estaba utilizando el juez de la Audiencia Nacional, Baltasar Garzón, hasta que fue obligado a dejarlo en el casetón de las herramientas, por haber escuchado ilegalmente (Tribunal Supremo dixit) conversaciones entre los abogados del caso y sus defendidos.

El asunto ha dado pies y alas, y los seguirá dando, en muchos sitios, porque el melón no está abierto del todo, y más bien parece un melonar. Sostiene Garzón, en una entrevista de esas que le hacen de vez en cuando, que la figura penal por la que le han obligado a dejar la toga de magistrado hasta 2021 es resultado de una prevaricación de gran altura, que desvelarán los jueces de Estrasburgo fallando a su favor, porque «fue creada exprofeso para condenarle», apartándole de la causa en la pretensión, parece, de hallar togados más proclives a hacer la vista gorda.

Sea lo que fuere lo pretendido, la operación no tuvo más resultado que descabalgar a Garzón, porque la yeguada de la financiación irregular del Partido Popular, siguió corriendo. Sostuvo Pedreira, mientras pudo, que la competentencia para investigar el asunto le correspondía a él, hasta que le ordenaron devolver el caso a la Audiencia Nacional. Lo sostuvo aunque tuvo que entregar algunos trozos de salud en el empeño, y añadió, firme, decenas de presuntos culpables de turbios manejos a la lista de imputables, Sostuvo Pedreira, incluso, que dejaran de presionarle para que archivara el caso, o para que declinara su competencia en manos de otros magistrados, que alguien debería haber calificado de más afines, o proclives a quién sabe qué intereses. Pedreira se sostuvo sin caer hasta cuando le empujaron desde el confesionario, apelando a su condición de católico practicante, que hasta la religión tiene que ver cuando se trata de asuntos del César.

Sostiene ahora Pablo Ruz, el juez de la Audiencia Nacional que heredó el caso de Pedreira, que es hora de levantar el secreto del sumario, y que hay que llamar a empresarios de alto copete para que expliquen si es verdad que entregaron los dineros que figuran en los papeles de quien fue tesorero del Partido Popular, Luis Bárcenas, y, en su caso, qué intención tenían al ser tan dadivosos.

Sostiene Rajoy que todo es falso, salvo algunas cosas, y sostiene Cospedal que Bárcenas tuvo la indemnización que le correspondía, y Bárcenas sostiene que se le está causando un daño injusto, y, quien más, quién menos, todos sostienen y tratan de sostener.

Pero a los que sostienen, apuntalando, los presiento incapaces, de aguantar lo que es por naturaleza insustentable, y, por tanto, se cae sin remedio. Impresión que consolido cada día, cuando contemplo el montón de cascotes que provoca el trabajo tenaz de los instructores judiciales, que sostienen, libres de ataduras, implacables, el estado ruinógeno del edificio argumental de los políticos populares, desvelando más y más grietas a medida que avanzan, demoliendo.

Publicado en: Derecho Etiquetado como: Antonio Pedreira, Baltasar Garzón, Estrasburgo, financiación ilegal, imputación, Juez Ruz, Luis Bárcenas, papeles del PP, Pereura

Violentos de todo género

26 mayo, 2013 By amarias2013 Deja un comentario

Supongo que el lector estará de acuerdo en que la naturaleza del ser humano no es violenta; más bien, somos pacíficos. Considerados individualmente, casi me atrevería a decir que la mayoría somos cobardes, en el sentido de rehuir los conflictos, incluso aunque tengamos razón o razones para defender nuestro derecho con muestras de beligerancia frente a quien nos lo niega o arrebata.

Ah, pero grupalmente tendemos a ser dogmáticos, avasalladores, belicosos. Debe ser un residuo orgánico de la necesidad de cada tribu de resistir el riesgo de ser absorbida por las vecinas, y la tendencia a hacer que el clan propio fuera el líder de las comunidades mayores, acumulando así sobre él poder y dinero, además, si las cosas venían así dadas, de entroncarlo con la estirpe de los dioses.

Si las masas pueden ser fácilmente convertidas en violentas, como saben, desgraciadamente muy bien, los guardianes del orden público, es más raro que un tipo normal se transforme en violento. Un encuentro deportivo, una manifestación autorizada para expresar una posición razonable, pueden generar en algaradas multitudinarias en las que, por el placer de destruir, grupos de individuos exterioricen comportamientos muy violentos.

No soy capaz de entender qué tipo de malformación mental lleva a un tipo al que sus vecinos han caracterizado como «normal, y simpático» a matar a la que fue su pareja. Por eso mismo, no me parece que las Leyes contra la llamada Violencia de Género, que exageran sobre todo las penas a los que agreden, como consecuencia de momentos de ira o expresión de principios de desequilibrio senil, a sus esposas, sirvan para mucho. El individuo que es capaz de matar a quien amó está, ante todo, y en dignóstico preclínico, mal de la cabeza.

Hay un hilo conductor, sin embargo, en esa madeja de despropósitos que teje y desteje la compleja naturaleza de los seres humanos, entre quienes son capaces de encontrar razones para matar a sus parejas, y los que estrellan aviones cargados de pasajeros contra las torres gemelas, explosionan mochilas en trenes de Atocha, matan a un soldado en plena calle de Londres… y todo los violentos. Es el hilo que mezcla cualquier tipo de fanatismo, intransigencia, creencia en que un sexo o religión o idea es superior a otro, implica reservas y puede desembocar en odios.

Esos individuos, sin duda, abyectos, que desprecian la vida de los demás, que han llegado a ese punto de enajenación incomprensible por el que nada más les importa que suprimir al otro, aunque desaparezcan al tiempo ellos mismos (con o sin promesas de vida eterna), no están, sin embargo, aislados, no se producen solos, no son producto de la casualidad.

Son alimentados por las mismas fuentes que lo somos todos los demás, solo que en ellos el mejunge les provoca una reacción descontrolada. Pero todos estamos inmersos en mares de ignorancia, de falta de solidaridad, de orgullos estúpidos que enaltece a un clan, grupo, raza, religión, cultura, y menosprecian los otros. Ríos y mares que se hacen anchos, muy anchos, en las sociedades en donde vivimos, porque no tenemos más remedio, los pacíficos. Asistiendo, con espanto, a la eclosión continua de esos productos aberrantes del caldo que se cultiva en las sociedades, que son los violentos. De todo género.

Publicado en: Cultura, Mujer, Sociedad Etiquetado como: clan, comportmiento, dogmático, fanatismo, género, grupo, legislación, sociedad, violencia

Abogados y derechos

25 mayo, 2013 By amarias2013 Deja un comentario

Aunque se está poniendo énfasis en la función de los jueces como guardianes del Derecho, siempre he creído que esa tarea no la están ejerciendo ellos -o no solo ellos-, sino que, sobre todo, descansa en los profesionales que asumen la defensa de los derechos de los demás, es decir, de los abogados.

No parece tener tampoco muchas dudas al respecto ese impulso legiferante que, como ciclón de magnitud destructora, está encargándose de poner trabas legales al funcionamiento independiente de la sociedad civil.

Los colegios profesionales, con sus hándicaps y fallos, son uno de los vehíclos de representación de la sociedad civil ante las administracione públicas. Por propia esencia, políticamente independientes, podría argumentarse que defienden posiciones gremiales, pero quedarse ahí sería ignorar, a sabiendas, que cumplen, principalmente, una función mucho más clara e importante: servir de garantía para el control deontológico de sus miembros, de que el ejercicio de la profesión que aglutinan se realiza con criterios de calidad y, no en último lugar, son el vehículo para expresar ideas, peticiones, propuestas y reivindicaciones ante los demás estamentos.

Si peculiares son los Colegios profesionales en la estructura compleja de la sociedad civil, mayor especialidad tienen, aún, los Colegios de Abogados. En el Editorial de la revista Abogados, el Consejo General de la Abogacía Española, al denunciar que la Ley de Servicios Profesionales amenaza con la desaparición de muchos Colegios de Abogados y expresar que eso va a dejar en desamparo al ciudadano, concluye: «Defendemos el mantenimiento de la actual estrctura, con los 83 Coelgios de Abogados, la colegiación obligatoria como garantía y exigencia deontológica y el mantenmiento del máster y el exxamen de acceso (…) qe aseguran al ciudadano que el abogado que le defende está adecadamente preparado para hacerlo».

Me resulta pátético, porque lo comparto, y entiendo que refleja la tremenda disentonía entre los poderes públicos y la ciudadanía, representada aquí por los profesionales del derecho, de la defensa de los derechos de los demás, este titular: «Escuchen, negocien y no aplasten».

Publicado en: Actualidad, Derecho Etiquetado como: abogados, Colegio profesional, Consejo Superior de la Abogacía, deontología, derecho, jueces, sociedad ciivil

Emprendedores en el biotopo de los Depredadores

24 mayo, 2013 By amarias2013 2 comentarios

En la pirámide trófica que representaría visualmente las relaciones que dan lugar a los mercados, los emprendedores serían los herbívoros y la mayoría de los consejos de administración de los grandes consorcios multinacionales ocuparían el vértice y la cúpula, podrían asimilarse a los más implacables carnívoros depredadores.

Me imagino a los pacientes rumiantes de las oportunidades de mercado, paciendo en el prado hoy bastante yermo de las ideas con las que generar un negocio. Tiene razón Iñaqui Arrola (Expansión, 23 de mayo de 2013, «Que no nos pongan de moda: qeremos trabajar en paz»), emprendedores somos todos; solo que, unos pocos, tienen éxito; la mayor parte, mueren de hambre en las sabanas yermas de los falsos Parques Nacionales tipo Serengueti.

Como la aprobación de la Ley de Apoyo a los Emprendedores ha puesto en la primera plana del diario de los políticos a los que crean empresas, la prensa especializada en contar los desencuentros del mercado dedica mucho espacio a «los motores del crecimiento«, esos generadores de nevs profesiones y oportunidades, que cambian la cultura y la gestión de las compañías (copio del subtitular que agrupa, en la publicación citada, las dos páginas dedicadas a «Emprendedores, la fórmula magistral».

Arriola recoge en su artículo de Opinión unos cuantos lugares comunes, en el sentido de que se trata de reflexiones bien conocidas y compartidas por el mundo de los herbívoros-emprendedores. Pero me llamó la atención un mensaje excelente, que revela el exacto conocimiento de las artes y artimañanas que son la mejor defensa para quien se sabe potencial víctima apetitosa en un biotopo hostil y quiere sobrevivir: «que nos dejen en paz«.

El mayor peligro del antílope que busca su lugar entre los matorrales para parir es que le delate el olor de estado en ese momento de creación. En el Serengueti real, la tribu protege como nunca a quien está en el momento de debilidad que ha de garantizar el mantenimiento de la especie. En la nuestra, parece que los demás miembros de la sabana socioeconómica, no solo no saben cómo proteger y cuidar a los que tienen ideas y ganas de llevarlas a cabo, sino que algunos de los buitres y cuervos vocingleros de la política trapacera avisan a los carnívoros dónde encontrarlos, gritando que les ayudan.

Pues eso, al menos, que los dejen vivir en paz su circunstancia emocionante. Que el buey solo, bien se lame.

Publicado en: Economía, Empresa, Sociedad Etiquetado como: depredador, emprendedor, Expansión, fórmula magistral, hervíboro, Iñaqui Arrola, Ley de Apoyo, pirámide trófica

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