Al socaire

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Virus economicus

17 marzo, 2020 By amarias Deja un comentario

Llevamos solo tres días de drásticas medidas oficiales de confinamiento, y nos encontramos ante una perspectiva de enclaustramiento muy abierta. Aunque la declaración del estado de excepción apunta, como dicta el texto legal, a un período de quince días (prorrogable en condiciones especiales), la sensación transmitida desde el Gabinete de crisis gubernamental y, sobre todo, por expertos propios y ajenos -y en especial, por quienes dicen haber superado o contenido el brote epidémico en su país- es que estaremos en situación de reclusión forzosa varios meses. Se desconoce, en realidad, cuántos.

Nada me cabe decir, como lego en materias de propagación vírica y contención epidemiológica, al respecto de las medidas dimanadas desde el Gobierno español, propuestas y respaldadas, como se os repite con insistencia, por técnicos sanitarios, microbiólogos y epidemiólogos. Así que no me queda más que cumplirlas, sin tratar de interferir lo más mínimo -desde mi modesta atalaya- en los mensajes que, según se nos promete, han de sacarnos a casi todos -salvo algunos daños colaterales lamentables- de esta pesadilla.

Me preocupo, pues, exclusivamente, por los aspectos económicos de esta crisis vírica y sus medidas de contención. De los que, sin duda, está ya provocando -las noticias, que al principio obviaban este carácter sustancial, ahora se ocupan ya de las muchas personas que han perdido su empleo, quizá para siempre (varios cientos de miles), y de los casi un millón de autónomos que, al dejar de facturar por su actividad, carecerán de ingresos con los que sostener a sí mismos, a sus familias y a sus dependientes.

Entiendo bien que el gobierno se encuentre sobrepasado ante un problema de tal magnitud. Las medidas de apoyo, tanto en lo sanitario como en lo económico, debieran venir de todos los ámbitos. La mirada hacia la Unión Europea es comprensible y debemos esperar que de allí provengan fondos para coadyuvar en la defensa de lo que se adivina como un descalabro económico y financiero sin precedentes, del que la caída brutal de las Bolsas es solo un anticipo de cómo se las gasta el capital.

Supongo que algunos teóricos de un cambio socioeconómico piensen que el virus nos habrá dado la oportunidad de cambiar de paradigma, es decir, abandonar el modelo liberal capitalista y abrazar una economía centralizada, siguiendo el modelo chino que, según parece, tan eficaz ha sido para contener el avance vírico y recuperarse del daño económico.

Creo, por el contrario, que la oportunidad estará en hacer bien el análisis de los sectores que habrán quedado afectados, estudiar medidas concretas de apoyo y reactivación y ponerlas en práctica. No han de ser solamente financieras y, por supuesto, éstas no pueden ser cicateras. La movilización de recursos que vuelva a poner en el escenario laboral los varios millones de puestos de trabajo circunstancialmente perdidos, implica a factores científicos, técnicos, universitarios, sociológicos y no solamente micro o macroeconómicos relativos a la recuperación, sino, y sobre todo, estratégicos.


Una cigüeñuela vuela junto a un archibebe común, ambos molestados por el intruso: un aficionado a la ornitología que, provisto de su cámara con teleobjetivo, encontró placer en plasmar el momento.

Publicado en: Actualidad, Economía

Oportunidad, ¿para quién?

14 marzo, 2020 By amarias Deja un comentario

Se nos ha dicho repetidas veces que, para los chinos, según la interpretación del grafismo con la que se expresa, crisis es sinónimo de oportunidad. No se mucho de este complejo lenguaje cuya expresión escrita es aún más compleja que la oral, pero  he podido comprender que para los chinos, como  para todo ser vivo inteligente, en la realidad como en su escritura, crisis significa lo que debemos suponer: situación anómala, con circunstancias y riesgos que obligan a tomar decisiones excepcionales y que, todo a su escala, pone a prueba las eficiencias y virtudes de liderazgo de quienes deben sacar del atolladero a otros y, a nivel general,  la preparación, capacidad y resistencia de quienes tienen que soportarla hasta que se consiga su superación.

La pandemia del Covi-19 (es inevitable recordarse de aquel muñeco simpático creado por Mariscal como mascota a los Juegos Olímpicos de Barcelona de 1992, el Cobi) está poniendo a prueba lo más sustancial de nuestras reglas de colaboración y resistencia ante la adversidad. A nivel global y, sobre todo, en las etapas intermedias hasta llegar a considerar los efectos específicos en el nivel familiar e individual.

Los misterios que envuelve la forma de propagación y contagio del coronavirus 2019, han generado una nueva realidad que nos ha cogido desprevenidos. Estábamos admitiendo que deberíamos prepararnos para un aumento de la temperatura media de la Tierra, y los responsables de los países más contaminantes en la emisión de gases con el llamado efecto invernadero, se venían poniendo de perfil, alegando incredulidad, necesidad de crear empleo y riqueza o ser capaces de adoptar otras medidas más eficaces que las propuestas a nivel colectivo.

Habíamos soportado, durante años, el aumento de la desgracia ajena, llámense guerras tribales, movimientos de ocupación o xenofobia; teníamos experiencia en volver la cabeza hacia otro lado cuando miles de desgraciados se ahogaban cada año en su intento desesperado de huir de la hambruna y la falta de futuro para arañar algunos restos de nuestro estado de bienestar, cada vez más decadente.

En fin, como representantes y autodenominados herederos del depósito cultural, liberal y ético de la Humanidad, los europeos habíamos creído ser capaces de enseñar al resto del mundo lo que era necesario hacer para construir un mundo globalizado y solidario.

Pues el coronavirus nos ha puesto patas arriba la escala de preferencias y dificultades. Seguro que la crisis sanitaria durará solamente un par de semanas, máximo algunos meses. Claro que la superaremos (o la superarán): después de todo, las medidas a adoptar no son tan difíciles: dejar pasar el tiempo, mientras permanecemos en casa, lavándonos a menudo las manos y el rostro y deseando que los síntomas del enano infiltrado no nos afecten.

Pero la crisis grande, esa que afecta a economía, reparto laboral, distribución de oportunidades y riqueza, mejor explotación de recursos naturales, óptimo aprovechamiento de los recursos intelectuales, etc. esa crisis se quedará mucho más tiempo con nosotros.

Y sigo sin estar confiado en que podamos superarla con solvencia, sin que nos deje heridas aún más profundas y graves que las que nos acompañan como signo de identidad desgraciada del hombre y su mundo. Que estas semanas de forzosa meditación hagan resurgir la llama de la solidaridad, y el verdadero valor de la existencia compartida.


Ilustro este Comentario con otro de los dibujos que figuran en mi libro de Sonetos desde el Hospital, titulado: «Salida de un vagón de metro».

Publicado en: Actualidad, Economía, Sanidad Etiquetado como: beneficios, coronavirus, crisis, economía, globalización, solidaridad, superación, viajeros

El sector Defensa como vía eficiente para crear actividad y empleo (1)

5 junio, 2019 By amarias Deja un comentario

 

Mientras oigo los tambores y timbales que, ora preludian nuevas elecciones generales, ora anuncian la inmediata investidura del atleta Sánchez, me pregunto si nuestros representantes políticos, además de esforzarse por tomar posiciones que les garanticen un salario apetitoso en los próximos cuatro años, van teniendo más clara la manera de poner letra y música al objetivo de crear actividad y empleo para todos los demás, que debería estar en la parte más alta de las tareas que tendrían que asumir las Cámaras.

La tarea es compleja y no puede dejarse a la improvisación, ni a la coyuntura internacional ni, mucho menos, al azar. Porque aunque parezcan existir fuerzas misteriosas que sostienen la economía, los devotos de la disciplina sabemos, aunque no siempre se nos quiera escuchar, que esto no es así: el futuro se trabaja con tiempo, y confiar en que los demás nos ayuden a sacar nuestras castañas del fuego (si no es para darse un atracón con ellas) es un ejercicio de ilusos, máxime en este momento de la coyuntura en el que los Estados de mayor tamaño están ocupando sin remilgo alguno las mejores posiciones frente a la perola del concierto económico mundial.

Me quiero salir de los tópicos, en lo posible. Doy por supuesto que necesitamos una reforma educativa, elevar el nivel medio de la enseñanza media y, sobre todo, de la universitaria, y resolver de una vez por todas la cuestión de la formación dual, convenciendo de paso al personal joven de que hay empleo y satisfacción en muchas profesiones que no exigen pasar por la Universidad, que, por si no lo saben, no garantiza ni el primero ni la segunda.

Doy por supuesto que necesitamos la activación de los centros de investigación, analizar su coordinación, proponer vías efectivas de colaboración público-privada y dotar de becas y buenos salarios para que no se nos vaya la excelencia por la puerta de la emigración despechada.

Y, en fin, antes de entrar en la harina que promete el título de este comentario, advierto a quien quiera escuchar, que el sostenimiento y, en su caso, la mejora del estado de alto bienestar en el que nos encontramos, obliga a serios planteamientos de impulso empresarial. Porque con subvenciones no sostendremos el edificio: hay que crear actividad empresarial de éxito, apoyar a las iniciativas privadas en sectores clave y, desde luego, activar la inversión en infraestructuras y mejora o reforma de las existentes. Todo ello con señales claras al inversor (presente y futuro) de que su esfuerzo es valorado social y políticamente.

El conocimiento preciso de los recursos y posibilidades del país, en cada uno de los sectores -fortalezas y debilidades- es elemento sustancial para perfilar con garantías las líneas de futuro. No podemos ignorar, desde luego, que España forma parte de una estructura superior, la Unión Europea, con la que le unen lazos importantes y,, seguramente, duraderos. Pero no podemos lanzarnos sin ninguna reserva en brazos que califiquemos como amigos, pues los intereses particulares prevalecerán siempre que entren en conflicto con los generales.

La Industria de Defensa ha celebrado en Madrid, entre los días 29 y 31 de mayo de 2019, la FEINDEF, presentada como International Defence and Security Exhibition. Ha sido una oportunidad excelente para calibrar el nivel de nuestra industria de Defensa, sus perspectivas y conseguir algunos elementos de referencia para su comparación internacional.

La Base Industrial y Tecnológica de Defensa (BITD) española, según información que recogí en la Feria, representa una facturación ligeramente superior a los 6.000 Mill. de euros (aproximadamente, el 4,4% del PIB interior bruto de la industria manufacturera nacional (aquella industria que se ocupa de transformar materias primas -sector primario de la economía- en productos y bienes listos para la distribución o el consumo)

El dato en sí no es para tirar cohetes. El sector industrial español necesita un fortalecimiento. Con un 16% en 2018 la aportación al PIB nacional (que en 2018 se cifró en 1,2 billones de euros) no consigue acercarse a la recomendación del Consejo de la UE (el 20%) y cada vez está más lejos de la de Alemania (28% y 3,4 billones de euros de PIB nacional).

(seguirá)


Una hembra de gorrión alimenta a su cría, ya talludita y volantera, pero que permanece vinculada a la sobrealimentación que le proporcionan sus progenitores.

El final de primavera proporciona al observador ornitológica una gran variedad de escenas que no es posible encontrar en otras épocas del año. En primer lugar, porque la existencia del nido -en donde son incubados los huevos y luego alimentados los polluelos hasta que alcanzan suficiente autonomía para abandonarlo-, determina un lugar fijo al que acuden regularmente los progenitores y, con discreción, permite al curioso obtener una información sobre el comportamiento de padres e hijos, pautas de alimentación y, si posee una cámara adecuada, conseguir fotografías claras sobre la morfología de las aves adultas, tanto del macho como de la hembra (en el caso, que es habitual, en que ambos progenitores alimenten a la camada).

En segundo lugar, esta época del año es pródiga en actividad y es más frecuente encontrar aves que es imposible ver el resto del año, bien porque son migrantes que solo acuden a nuestro territorio para anidar, o porque la necesidad de alimentar más bocas les obliga a estar más cerca de las fuentes de alimentación y exponerse más.

 

 

 

Publicado en: Actualidad, Defensa, Economía, Industria Etiquetado como: actividad, defensa, FEINDEF, industria, PIB

Reflexionando sobre la democracia

24 marzo, 2019 By amarias 1 comentario

La expresión ser o no demócrata se ha convertido en un arma arrojadiza, por la que descalificar a un contrario o afirmar la calidad del propio pensamiento. Todos queremos aparecer como liberales y tolerantes, en un juicio para el que no admitimos contradicción.

Opino, sin embargo, que tenemos adulterado el concepto o, por lo menos, el significado, de lo que debe ser la democracia. Porque la clave de ser demócrata, para un dirigente político, residiría en su capacidad para captar y defender el interés más general. Y como nos encontramos en un país terriblemente dividido, en el que hemos perdido la capacidad para encontrar puntos de coincidencia en lo sustancial, me temo que en demasiados aspectos no es posible detectar cómo y cuándo un responsable de la gestión pública está actuando democráticamente, es decir, en conexión con el mandato de la mayoría.

Hay un ejemplo espeluznante de cómo en un sector de la propia sociedad española se han adulterado los objetivos de democracia, justicia y libertad. Pienso, en efecto, en ese conjunto de ciudadanos, fundamentalmente residentes en Cataluña, que han llegado al convencimiento de que la democracia es dar cumplimiento a lo que ellos desean para su propio y exclusivo beneficio, hacer justicia es adulterar las leyes para conseguir que se exonere de culpa y responsabilidad a quienes les apetezca, sustrayéndolos a cualquier otra autoridad jurídica y, en fin, que la única libertad tolerable y digna de aprecio debe garantizar el sometimiento a la propia voluntad, despreciando de manera frontal los criterios y raciocinios con los que no estén de acuerdo.

Pero no me detengo ahí. Hoy, cualquiera de los líderes políticos españoles tiene muy difícil garantizar que actuará democráticamente, porque la voluntad del pueblo español está excepcionalmente dividida en los asuntos sustanciales. Al no existir expresión mayoritaria, no puede decirse que el pueblo tenga una opinión que canalizar a través de sus representantes.

En consecuencia, los elegidos en las urnas no representan más que facciones minoritarias, tienen visiones parciales de la sociedad y, por grande y honesta que pudiera ser su voluntad de actuar democráticamente, solo podrán hacerlo de manera intuitiva y, además, adulterando el mandato específico que le hubiera hecho sus votantes, de acuerdo con un programa que no consiguió alcanzar el apoyo mayoritario.

Me parece muy grave que no tengamos opciones de acuerdo mayoritario por no decir unánime, en asuntos tan serios como el modelo definitivo de Estado, las acciones imprescindibles para impulsar de verdad el desarrollo económico, la revisión de la gestión de la educación (básica, profesional o universitaria), la recentralización del desbarajuste autonómico,  la garantía de la igualdad en la sanidad y, en general, en el modelo asistencial, la homogeneidad en las tasas e impuestos independientemente de la ubicación del obligado fiscal, definir una política de Defensa y Estrategia propias y coherentes, atender a la imprescindible reducción de la terrible y dispar complejidad de las legislaciones y reglamentos según regiones (en cuestiones ambientales, sociales, sancionadoras), procurar el aprovechamiento pleno de los recursos naturales, precisar un modelo energético meditado, sostenible económicamente y técnicamente realizable, definir el óptimo aprovechamiento agrario en relación con la naturaleza de los terrenos, las disponibilidades hídricas y la valoración de los mercados, cuantificar de una vez el modelo hidrológico, incorporando los riesgos de sequía e inundaciones y el uso eficiente del recurso agua,…

En este desordenado panorama, se entiende como natural la aberración que los políticos busquen solo el mantenimiento de sus puestos, en general, falsamente representativos, atentos solo a alinearse con los cabezas de fila de los partidos, cuyo lenguaje es mitinero y con intenciones de alcanzar proyección mediática, pero vacíos de contenido eficaz para captar el apoyo de la inmensa mayoría. Es cierto que «fuera de la política hace mucho frío», expresión que recoge el temor de los que arriesgan ser eliminados de las listas en las diferentes circunscripciones.

Sorprende también que se pretenda captar el voto incorporando a personas que carecen de anterior proyección social o política, de las que se desconoce cuál es su visión de lo que llevarán al Parlamento o al Senado si resultasen elegidas. ¿Ex militares en la política? ¿Jueces en excedencia incrustados en las listas? ¿Astronautas? ¿Actores? ¿Empresarios con cierto éxito en su sector? ¿Futbolistas, entrenadores de disciplinas deportivas? ¿Combinaciones imaginativas de ciudadanos tendentes a demostrar, no sus capacidades personales, sino la diversidad de sus orígenes, situaciones físicas o familiares?

Para recuperar la democracia, habrá que replantearse a quienes representan los diferentes partidos en estos momentos en liza política, y por qué han llegado a esa situación. No es casual, supongo, que todos los cabezas de partido, en encuestas de opinión entre posibles votantes, no alcancen siquiera el aprobado. El país está inmerso en la mediocridad, se presenta como apático pero dispuesto a movilizar su crispación con cualquier motivo, y, sobre todo, se encuentra falto de ideas, que es tanto como decir, a riesgo de sufrir una opa hostil de su esperanza.


El cormorán es ave de gran voracidad, combinada con una excelente capacidad piscatoria. Es un espectáculo verle sumergirse en las aguas tranquilas o agitadas y, luego de unos minutos de inmersión, aparecer en superficie con un pez en el pico. Parecería imposible que pudiera engullirlo.

Solo que, después de varios movimientos precisos, destinados a darle vueltas para encontrar la posición precisa, asistiremos al momento en que, ya sea el pez grande o pequeño, es deglutido entero, tal vez aún agitándose, vivo.

 

 

Publicado en: Actualidad, Economía, Política Etiquetado como: cormorán, democracia, elecciones, gobierno, partidos

La orina del enfermo

7 febrero, 2019 By amarias Deja un comentario

Cuando preparo entradas para este blog, en el que llevo ya más de once años de actividad, no me obsesiono por comentar la actualidad. Para eso están los diarios y, en concreto, las decenas de columnistas a los que, supongo, se les paga por su trabajo, como debe ser.

Lo mío es afición discursiva, una vocación literaria que no me esfuerzo lo más mínimo por encauzar, ya que disfruto escribiendo sobre lo que me apetece y hacerlo público, para que lo disfruten, si así lo desean, tanto amigos como desconocidos.

La situación actual, sin embargo, invita a dedicar algunas líneas gruesas a lo que está pasando a nuestro alrededor, porque tengo la impresión de que estamos viviendo un momento crucial de nuestra historia inmediata. Centro esta aseveración en tres temas, sobre los que deseo llamar la atención del lector:

  1. Venezuela. La encomienda al joven Guaidó de convocar elecciones en el período más corto posible, marginando al dictador Maduro, presidente elegido en unas urnas amañadas, pero con el poder sobre el Ejército y capacidad para movilizar a una parte no despreciable de la población, ha generado una situación de bloqueo en el país. No quiero imaginar lo que podría desencadenarse si el megalómano Trump decide una intervención armada en Venezuela, pero sigo sin entender qué es lo que se desea que suceda, por parte de ese grupo europeo de países que apoyan al presidente de la Asamblea Nacional y lo han nombrado presidente interino (que es una intervención, en mi opinión, nada pacífica: me recuerda lo de “el mensaje a García”).
  2. Cataluña. La vicepresidenta del gobierno español ha transigido con el gobiernín catalán en incorporar a un diálogo -cuya naturaleza ineficaz está en la misma sustancia de los planteamientos anticonstitucionales, es decir, delictivos, de la facción separatista- a una figura exótica, incalificable, que han llamado relator, notario, mediador y otros calificativos de la posición inaceptable de ese comisionado. Escribo “transigir” porque no puedo imaginar que la propuesta haya venido del lado del gobierno que tiene la obligación de velar por los intereses de todos los españoles (al menos, de la mayoría, pienso yo).Las críticas han llovido desde dentro del partido socialista (que se supone que es el que gobierna) y , por supuesto, desde los partidos de la oposición, que no se han ahorrado adjetivos y exabruptos para definir la operación, llegando incluso a hablar de traición, felonía y otras lindezas. El movimiento no va a servir para salvar los presupuestos del Estado para 2019, ya que se han presentado enmiendas a la totalidad que imposibilitan el trámite parlamentario. Solo va a servir para confirmar que el gobierno improvisa, falto de coherencia y apoyos. Sánchez debe convocar elecciones. Sí o sí. Habrá que esperar, luego, que se recomponga el espectro político, y que los partidos recuperen sus esencias. Creo que ni la derecha, ni la izquierda, ni el centro saben, en este momento dónde están. Es decir, están perdidos.
  3. China. El gigante asiático no se encuentra, ni mucho menos, dormido. Se nos ha colado por nuestra economía confiada por todos los resquicios. China no es vecina, sino que nos alucina. Vestimos chino, comemos chino, nos solazamos con productos chinos. Se nos han colado los chinos hasta en la sopa; nos tomaron por chinos. Ha sido una invasión pacífica en las formas, pero letal en los resultados. Se ha perdido gran parte de la capacidad de fabricación y de respuesta. No hemos calculado lo que significaba abrir los mercados a un mundo globalizado, cuando uno de los agentes tiene una dimensión muy superior al resto. Nos coge, además, a los europeos, sin haber conseguido ni la unión comercial, ni la industrial, ni -por supuesto- las estructuras de defensa.En resumen: no me gusta la orina del enfermo, que es lo que oía decir a mi padre cuando las cosas pintaban mal. Que es como pintan ahora, solo que en el cuadro estamos todos, chino más o menos, catalanes y venezolanos, incluidos.
    ___
    Presento aquí a un pico menor (dendrocopos minor), habitante escaso de bosques caducifolios y zonas de ribera con árboles maduros, según dice uno de mis libros de cabecera en cuestiones ornitológicas. Es un pequeñin con semejanza clara con el pico mayor, pero con el dorso listado de rayas blancas. Otra diferencia: carece del rojo en el plumaje del abdomen y los machos tienen solo una caperuza roja (mancha pileal) con bordes negros, en lugar de la gran mancha que adorna la cabeza de la otra especie. El macho de pico menor de la foto vive en las recuperadas graveras de Velilla de San Antonio, en donde lo sorprendí esta mañana de febrero, trepando silencioso por un sauce de la antigua grsvera

Publicado en: Actualidad, Economía Etiquetado como: Cataluña, China, enfermo, invasión, mercado global, pico menor, Venezuela

Made outside

31 diciembre, 2018 By amarias Deja un comentario

Hace unos días leía que los productores de carne de cordero abulense se quejaban de la entrada masiva de carne australiana, a menor precio y peor calidad. Según los entrevistados, el consumidor español no apreciaba las diferencias organolépticas y solo se fijaba en el precio y no en la etiqueta que reflejaba el origen de la carne. La consecuencia de la pérdida de competitividad era que se estaba perdiendo la cabaña propia ovina.

Circunstancias similares serían de reseñar en la carne de vacuno, en donde la entrada de canales procedentes de Argentina, está doblegando la tradicional supremacía de los bóvidos del Cantábrico o de las sierras madrileña y salmantina a la hora de poner un filete o un guiso de ternera al plato.

Venía yo fijándome en las etiquetas de la ropa y calzado que entra en mi casa y ya había tenido ocasión de admirarme de la procedencia de los pantalones, chaquetas, corbatas y calzados (por ejemplo) que adquiríamos en los comercios españoles, incluso aunque fueran de nombres tan acreditados por su vinculación con la piel de toro como Zara, el Corte Inglés o Cortefiel. No hace falta sumergirse en la plétora de tiendas chinas que han inundado las calles de la geografía citadina, para saber que casi todas provienen de Marruecos, India, Bangladesh, Portugal, Brasil o Túnez.

Por supuesto, tengo asumido que los productos llamados de alto valor tecnológico añadido serán, con gran probabilidad, chinos, coreanos, alemanes o norteamericanos; que los libros habrán sido editados en México o Argentina y que los cacharros de loza y las toallas serán portugueses. Pero…¿y los productos alimenticios que pueblan las estanterías de los hipermercados? ¿Habrán sucumbido también las multinacionales con sede en Francia o en Alemania al encanto de la producción más barata, pasándose por el arco de su triunfo la calidad de los genuinos géneros hispanos?

Sí. La respuesta es, sí. Las lentejas y garbanzos de la prosaica y conspicua marca «La asturiana» provienen de USA o Canadá, y no importará la denominación que debiera teóricamente servir para identificar el origen de un producto, ya sean los espárragos de Tudela, las lentejas de Andújar o las naranjas de Valencia, habrán sido recolectados sabe dios dónde, aunque probablemente «envasados en la UE».

Puedo seguir así hasta hartar al lector. Las patatas, ya sean de freir o de asar, serán francesas; los langostinos, junto con sus semejantes, sin importar se denominen gamba, gambón o camaroncito, habrán sido criados en las piscifactorías de Cuba, Estados Unidos o Ecuador y, por supuesto, el salmón, la corvina, la merluza y los sucedáneos de pulpo, percebes y rodaballos, serán chilenos, noruegos, argentinos o de cualquiera otro lugar especializado en el nursering y hatchering de alevines de especies con buen pedigree oficial criadas en cautividad para alimentar los estómagos de los no veganos.

No pretendo romper una lanza (ni media) a favor del consumo de productos españoles. Allá se las entienda el mercado con el problema. Pero sí debo preguntarme: Si casi todo lo que necesitamos aquí viene de fuera, incluso lo que, por la mera lógica económica, aunque los costes de mano de obra fuera sensiblemente menos, sería tremendamente caro transportar desde allende los mares, ¿qué está sucediendo? ¿Puede ser admitido, sin más, que países con una renta per cápita muy superior a la nuestra, se hayan convertido en proveedores de productos básicos? ¿Qué milagro de incompetencia productiva y de distribución ha hecho posible que en un país con amplias extensiones de tierra semiárida, las pipas de girasol vengan envasadas primorosamente como «producto de USA»?

Mientras trato de responder a esta y a otras preguntas, ayudo a mi esposa a preparar una tarta con semillas de amapola -sí, esa simpática papaverácea que inunda los campos castellanos-. Miro la etiqueta del envase y leo en voz alta. «Producto envasado en Alemania».

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Un mosquitero común (phylloscopus collybita) apaga su sed y, de paso, se libra de suciedades y parásitos, dándose una zambullida en las aguas de un estanque del Parque del Retiro, en Madrid. Este ejemplar ha elegido para pasar la invernada el centro de la capital de España, en uno de las decenas de pulmones verdes de la contaminada ciudad. Estuve observando sus evoluciones durante un buen rato, entusiasmado yo por el bello contraluz y absorta el ave en sus abluciones. De pronto, el pájaro se fue a su aire y este torpe filósofo de aparentes realidades, debió seguir con su paseo, cámara en ristre, pensamientos a la deriva.

 

 

Publicado en: Actualidad, Economía, España Etiquetado como: amapola, Andúajr, asturiana, denominación de origen, garbanzos, hatchering, importación, lentejas, mercancía, mosquitero cómún, nursering, papaverácea, productos españoles

Buscar al mirlo blanco

18 octubre, 2018 By amarias Deja un comentario

En abril de 1898, cientos de personas se congregaban en cada uno de los puertos españoles en donde estaban a punto de embarcar los cuarenta mil soldados de reemplazo que iban a luchar contra el enemigo norteamericano. Estados Unidos había declarado la guerra a España por un quítame allá esas pajas: la voladura del acorazado Maine, anclado en funciones de espionaje en la bahía de la Habana.

Pocos de los soldados que, pertrechados con uniformes de campaña y flamantes mosquetones, se alineaban en los muelles a toque de cornetín de órdenes, eran, en voluntarios. Esos soldados de cupo, obligados a defender los intereses patrios tan lejos de la Metrópoli, pertenecían a las clases más modestas de la sociedad, que no habían podido liberarlos pagando las mil quinientas pesetas que hubieran supuesto su exención del servicio militar.

Entre los que acudían a despedirlos, junto a esposas, novias y madres -algunas con niños pequeños en los brazos o agarrados de la mano-, los que más gritaban y enardecían los ánimos, con inflamados vítores patrióticos y soflamas incendiarias contra la pérfida Norteamericana, eran los que se habían librado del servicio y sus allegados.

Esa guerra se perdió, y con ella, los restos del Imperio. Estados Unidos, más potente económicamente, mejor dotado de armamento y otros recursos, y con la excusa adicional de ayudar a los rebeldes que, desde hacía tres años se habían levantado contra el Estado español, se hizo con el control de Cuba, Puerto Rico y Filipinas, iniciándose así una época de hegemonía internacional norteamericana.

Traigo esto a colación, no porque me interese refrescar a memoria acerca de sucesos bien conocidos, sino por poner de manifiesto, como saben bien los «analistas de sistemas», esos especialistas en buscar modelos genéricos de amplia aplicación, adaptables a problemas concretos, que el modelo se repite con obstinada frecuencia, camuflado de múltiples maneras.

Tengo a la vista un artículo de Moisés Naím (El Pais. 30.09.2018) en cuyo titular se plantea: «¿Va usted a perder su trabajo?» y en unas pocas líneas enumera las «cuatro ideas» que, hasta ahora, se han puesto sobre el tapete para analizar lo que se debe hacer frente al «tsunami de la desocupación laboral» que está provocando la revolución digital.

Esas cuatro ideas serían, escuetamente: el proteccionismo digital (aranceles e impuestos frente a los avances); reeducación a los desempleados; aumentar el empleo público; y garantizar un ingreso básico universal. Por irrealizable, errónea o costosa, Naím las rechaza todas. Concluye provisionalmente con una esperanza: «Es perfectamente posible que esas nuevas tecnologías produzcan más y mejores empleos que los que destruirán». Ha sucedido, en efecto, en las otras revoluciones tecnológicas.

Después de esta afirmación tan positiva, retorna a la gran cuestión: «¿Y si esta vez es diferente? ¿Si los nuevos empleos no aparecen a tiempo?»

He visto, de pronto, a algunos cientos de personas que han conseguido liberarse de bajar al campo de batalla de las verdades tecnológicas, avistando con sus catalejos de precisión, desde sus torres de control, las áreas de tranquilidad económica o profesional, animando a acudir a la batalla, despidiendo, con pañuelos de ánimo y vítores de confianza, a millones de contemporáneos, embarcados con escasos pertrechos, mal preparados, faltos de directrices, ayunos de claridad en las ideas, para enfrentarse a un enemigo muy superior, en una guerra que, en esas condiciones, está perdida de antemano.

¿Dejaremos que la cuestión planteada la despejen otros, mejor pertrechados?


La fotografía es de un curioso mirlo común (turdus merula), con las mejillas emplumadas de un blanco níveo. Parece un conato de mirlo blanco. Si se le observa con cuidado, se verá que en una de sus extremidades inferiores, esta preciosa ave, tan singular dentro de lo común de esta especie, está anillada.

Publicado en: Actualidad, Economía, Política Etiquetado como: 1898, competitividad, creación de empleo, Cuba, formación, mirlo, paro, trabajo

Hércules y la reforma de la Universidad

4 julio, 2018 By amarias Deja un comentario

Mi admirable colega Pedro Duque (Ministro de Ciencia, Innovación y Universidades) se ha propuesto reformar la manera de hacer Investigación en España, elevar el nivel de la formación universitaria y, en suma, impulsar el país hacia las estrellas and beyond.

No lo tiene fácil, porque: a) en España nada es sencillo, dada la especialidad de muchos en poner palos a las ruedas y b) el Ministro astronauta viene de la estratosfera formativa y, aunque se esfuerce en aprenderlos, ni conoce ni le dará tiempo a desentrañar los entresijos educativos de nuestro país, en el que llevamos muchos años de desmantelamiento sistemático de la enseñanza de calidad.

En su visita a la Universidad de Salamanca (el 21 de junio de 2018) ha reconocido que, de entre los muchos temas que se le ocurre renovar, de momento, «solo puede mantener las expectativas», por ejemplo, de duplicar el gasto en investigación y desarrollo. Tampoco pudo anunciar, aunque hubiera querido, un Pacto de Estado por la Ciencia, que, por supuesto, aplicaría criterios de excelencia, porque para ello se necesitarían recursos que no tiene su Ministerio, que está -lo apunto yo- «a la cuarta pregunta».

El discurso de réplica del rector, ese día viajero, puso de relieve que la USAL (Universidad de Salamanca, para los amigos) es un ejemplo a seguir. Sus elogios a la institución, decana de los centros de docencia de las élites académicas hispanas, «Universidad literaria» que no presta lo que natura no da, fueron rayanos en lo apologético.

Doy por seguro que cuando el buen Duque vaya de visita a otras Universidades se encontrará con los mismos o parecidos cantos de autosatisfacción, con el riesgo claro de que se deje confundir por lo deseos sin penetrar en los abismos de la realidad.

Para reformar la Universidad hay que meterse muy hondo, con escafandra para aguantar fuertes presiones y con el machete imprescindible para liberarse de las algas correosas que cercan cualquier intento de avanzar entre las matas de posidonia complaciente y endogamia aberrante.

Para conseguir calidad de verdad, habrá que revisar las competencias del profesorado, romper clanes claustrales, borrar asignaturas sin sentido, desmadejar carreras sin profundidad, poner en solfa títulos sin valor de mercado. Hay que volver seguramente a tiempos anteriores a Bolonia, no tener pavor a incorporar profesorado no titular y sí experimentado para que imparta otras visiones, y en fin, recuperar la ordenación universitaria como algo propio del Estado central, de las competencias que nos afectan a todos, y no dependiente de los caprichos, veleidades y desinformación de las autonomías y sus intereses por el yo más y no importa lo que cueste.

Para conseguir que la Universidad se relacione de tú a tú con las empresas (y no solo con los grandes grupos empresariales), hay que revisar los acuerdos de colaboración, el destino que se haga de las dotaciones, y evaluar con serenidad e independencia la realidad de lo conseguido y su aplicación práctica.

Para conseguir una Universidad eficiente hay que eliminar la presión del (mal) alumnado sobre los títulos, elevar sin miedo los niveles de exigencia, proteger a los profesores eficaces y serios y aparcar a los adormecidos e indolentes, y, por supuesto, defender a los alumnos que desean ser formados en calidad y no ser aprobados por conmiseración, atendiendo, por medida de resultados, a la empleabilidad de los egresados y al éxito de sus trayectorias curriculares posteriores.

Pedro Duque sabe lo que hay que hacer, pero quizá ignora que no le van a dejar hacerlo. Hay demasiados intereses en juego.

Y, por cierto, debería ponerse de acuerdo con la Ministra de Educación y Formación Profesional, Isabel Celaá, que también tiene las ideas muy claras y que igualmente quiere lograr la excelencia, e incluso que los alumnos aprendan inglés (¿por qué no chino?). Como quiere impulsar la formación dual (que llevamos teóricamente empujando en este país de conceptos desde hace varios años sin que se noten los efectos), tendrá que dialogar, y mucho, con las empresas y con los profesores, y realizar en conjunto el cuadro de lo necesario antes de lanzarse por lo vistoso. Tarea de titanes.

Por cierto que la Ministra Celaá ha reconocido que en estos días de intensa actividad del nuevo Gobierno han trabajado sin descanso (lo que me creo a pies juntillas) y que, contrariamente a lo que la gente cree, ya tienen un programa de Gobierno completo. Sería, en mi opinión, conveniente que lo divulguen.

Y repito, sin ánimo de disculparme: el mío es fuego amigo, y disparo, por tanto, con cartuchos de salva.


Esta foto corresponde a un escarabajo pelotero (onthophagus taurus), al que rescaté de una piscina en la que se había deslizado la noche anterior. La instantánea es de mala definición, (está tomada con un móvil y baja luminosidad) pero creo que se trata de una hembra. Mi débil convicción proviene de que no le distingo los cuernos con los que defienden los machos su deseo sexual. Claro que lambién puede tratarse de un macho que haya nacido sin ellos o los haya perdido, traicionando así el nombre específico que le han puesto los naturalistas: más que toro, coleóptero mocho, novillo de boñigas.

 

Publicado en: Economía, Política, Sociedad Etiquetado como: Celaá, coleóptero, escarabajo pelotero, formación dual, Ministerio de Formación Profesional, Ministerio de Innovación, Pedro Duque, reforma, Universidad

A alinearse tocan

20 junio, 2018 By amarias 3 comentarios

Debo reconocer que la vida me ha favorecido con muy buenas oportunidades de conocer a gentes excelentes. Algunas no están ya aquí, aunque su ejemplo, amistad y maestría espero residan en mi para siempre conmigo.

Me concentro más, desde la experiencia y la necesidad de cubrir la inmediatez que da la edad, en los amigos con los que comparto el presente. Carlos Yárnoz, periodista, es uno de los más perspicaces, de los que tomo con asiduidad referencia, para opinar mejor.

Escribe hoy Carlos, en la página 5 de El Pais, que leo mientras espero mi sesión oncológica, bajo el título “Alinearsr: por Eutipao contra Europa” y concluye que, con la crisis de la coalición alemana, en la que la CSU ha dado un ultimátum a Merkel, para que acuerde sobre migración en la UE o cierre fronteras, “Europa ha tocado fondo”.

No voy a enmendar la plana trazada de forma coherente por Carlos Yárnoz, aunque me atrevo a opinar que el fondo es tan inseguro que puede desmoronarse en cualquier momento.

Porque Europa ya es un mosaico de incongruencias y el egoísmo seudo patriota pero anti solidario nos ha crecido por doquier. Se esgrime que Europa es hegemón en la defensa de las libertades, pero se ha perdido la homogeneidad y están creciendo los enanos del antiguo circo de buenas voluntades.

Y si, lean los amigos de este blog a Carlos Yárnoz. Sus opiniones siempre merecerán la pena. Hasta servirán para discrepar con calidez respetuosa.

——

La foto que incorporo a este Comentario se explica por si sola. Lo que dice el pleito enjaulado no se oye y, por eso pongo palabras a la ausencia de sonido: Quo vadis, Europa?

Publicado en: Actualidad, Economía Etiquetado como: alinearse, Europa, Macron, Merkel, Unión europea, Yárnoz

Ciudadanos en la picota

10 junio, 2018 By amarias 3 comentarios

En el negocio bursátil (ese juego para adultos en el que aún no he conocido a nadie capaz de asesorarme con solvencia y no con palabrería) existe la figura clave de los cuidadores del valor. Son expertos en proporcionar noticias sobre contrataciones reales  o en perspectiva, comentarios de coyuntura, juicios sobre mercados y competencias, aderezado con avances de cuentas de resultados y apoyado con dineros contantes y sonantes en los momentos oportunos.

Este despliegue de saber hacer, con efectos sobre la cotización de una acción y con el menor coste posible, tiene como destinatario al ahorrador particular, pero cuenta con la mediación (no necesariamente desinteresada) del experto en analizar curvas de fundamentales, topes de resistencia al alza o a la baja, volúmenes de contratación y su fino olfato de asesor de terceros sin poner precio a su propia cabeza.

Pues bien, en el escenario político español, los expertos en analizar el caos de la polis, coinciden en cacarear que toca ahora apostar por el valor del PSOE de Pedro Sánchez, (hay varios, como el lector sabe), encaramado a las labores y tejemanejes del Gobierno, y, en correspondencia, se airean consejos para vender acciones, confianzas, apuestas de futuro, de todos los demás grupos políticos, o, en el más benévolo de los casos, tenerse ojo avizor sobre su evolución inmediata.

Dé por perdido, oímos lo invertido en el PP, víctima de una burbuja explotada por la corrupción sobrecalentada y sin capacidad de reacción debido a la concentración excesiva en el sector de la autocomplacencia. Cierto que existen importantes activos inmobiliarios y personales que podrán aprovecharse, aunque en este momento lo que procede es ver quién es el nuevo equipo gestor de los valores de la derecha tradicional tras la debacle.

Si ya lo tiene en su cartera ideológica, mantenga, aunque consciente del riesgo que asume, las acciones que haya destinado a Unidos Podemos, devaluadas en este momento por la pérdida de credibilidad de sus otrora mediáticos líderes. Consideradas inicialmente como «chicharros» -denominación despectiva para aquellos valores que fluctúan en exceso, sometidos a vaivenes especulativos-, no se descarta una recuperación rápida si volvieran a entrar en el parqué las inversiones de los fondos antisistema que potencian las revueltas callejeras y la apuesta, por los que saben poco de la economía real y quieren ver en las tecnologías de ficción socioeconómica, la solución a sus necesidades que es el punto fuerte del valor.

Dentro de este panorama, en el que los partidos nacionalistas y, en especial, los anticonstitucionalistas, no cumplen otra función que la de enmerdar el parqué para su propio beneficio, jugando de farol con los intereses legítimos de la mayoría y despreciando las reglas según les convenga, destaca, en mi opinión, una anomalía.

Vencido y derrotado el ejército de la derecha tradicional, cerrada la puerta con un golpe en las narices a la izquierda montana, el ascenso a los cielos de la facción de Pedro Sánchez por mor de una carambola y un equipo de figuras del santoral, sorprende la casi total unanimidad de representantes de los demás partidos, informadores, analistas y amigos del tertulianeo de café, en utilizar a Ciudadanos como trasunto del muchacho al que toca vapulear en los recreos. Suele ser, ¿recuerdan? ese chaval de gafas, negado para la gimnasia, militante entre los mejores de la clase, que levantaba la mano cuando el maestro hacía una pregunta y salía voluntario cuando se solicitaba desde la tarima una colaboración.

Sí, también era al que, cuando la autoridad tenía que ausentarse por cualquier necesidad, ésta le encargaba de apuntar en la pizarra a todos aquellos que no guardasen la compostura.

No quisiera confundir deseo con factibilidad, pero si me preguntan qué valor político es al que concedo mejor evolución futura, les contesto sin dudar: Ciudadanos. Cómprenlo ahora que está bajo. Por los fundamentales.

 

 

Publicado en: Actualidad, Economía, Política

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