Al socaire

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Que Melquíades Alvarez no calle

4 febrero, 2019 By amarias Deja un comentario

Hay, en España, algunas calles Melquíades Alvarez.

La calle de Oviedo discurre oblicua a la de Uría, como prolongación de la de Independencia hasta la de Covadonga. Es, por tanto, una travesía céntrica, relativamente corta, con poca densidad comercial:su enclave más relevante es la iglesia de San Juan el Real, que levanta su silueta historicista en una plazoleta en donde se congregan ovetenses y foráneos, con la frecuencia que determinan los ritmos vitales, para celebrar bodas y entierros.

Gijón tiene una calle Melquíades Alvarez, por supuesto. Es más larga que la de Oviedo, y va desde la de la Trinidad hasta la de Ventura Alvarez. Madrid, después de décadas de olvido, aprobó en 2017, por iniciativa de Ciudadanos, sustituir la dedicada al también asturiano, el general colungués Juan Vigón, por la advocación al político gijonés.

Melquíades Alvarez no merece el silencio. Su voz, que fue inspiradora de una parte notable de la Constitución de 1978, mantiene la vigencia que proporciona la sensatez, el equilibrio, el respeto a las ideas de otro si no coinciden con las nuestras, pero están expresadas sin la vehemencia que ofusca la razón, atendiendo a la enseñanza que proporciona la Historia y el conocimiento.

Tengo el libro que recoge los Discursos parlamentarios de Melquíades Alvarez, editado en 2008 por empeño de su biznieto Manuel Alvarez-Buylla. Son 820 páginas en las que se puede recorrer, y disfrutar, aprendiendo, del itinerario ideológico y su brillante expresión dialéctica. Melquíades Alvarez fue, en su tiempo, un orador admirado y envidiado y en el anodino discurrir dialéctico de nuestros actuales Parlamentos y foros, se debe recordar como un gigante de la oratoria y de la mayéutica.

A Melquíades Alvarez lo mataron en circunstancias vergonzosas y aún no del todo aclaradas (es decir: no se aclararán nunca) al principio de la guerra incivil, en agosto de 1936, en una saca de la Cárcel Modelo de Madrid, en donde había sido confinado por el gobierno «para protegerlo».

Podía escribir muchas cosas desde la admiración que profeso a este brillante político reformista, convencido republicano -pero respetuoso con la monarquía parlamentaria-, centrista con visión a izquierda y derecha, moderado pero no inmovilista, abogado, en fin, de gran prestigio y jurisconsulto de excepción.

Tengo anotadas múltiples citas tomadas de sus discursos y, sobre todo, he leído y leo con fruición sus alegatos, sus exposiciones y réplicas. También, la de sus opositores. Expresados con altura discursiva, emoción y fuerza expresiva, los argumentos e ideas que desarrollaban aquellos parlamentarios de principios del siglo XX, combinaban una exquisita educación con  formación técnica y amplia cultura. Encomiables.

En momentos convulsos para el país (¿cuándo no los ha habido?), en sucesivas y elocuentes intervenciones entre los años 1903 a 1936, Melquíades Alvarez no ahorró ocasiones de expresar, desde varias responsabilidades parlamentarias -bien como portavoz ocasional de la bancada minoritaria, como fundador del partido reformista, como jefe de la oposición y, ya próximos a la debacle, como Presidente de la Cámara- muy sensatas opiniones sobre los numerosos asuntos que afectaban a la vida pública.

Sus orígenes modestos, las dificultades provocadas por el nepotismo de otros, las enfermedades, los cambios de gobierno  y las tensiones nacionales e internacionales (la monarquía de Alfonso XIII, la dictadura de Primo de Rivera, la República, la primera guerra mundial), así como el pesado pesimismo institucional de la época, impregnadas del pesimismo por la pérdida de Cuba y colonias, revueltas sociales y malestar en los cuarteles, no parecían capaces de hacer mella en su empuje vitalista, intelectual y, por encima de partidismos, honesto.

Permita el lector un ejemplo de su fino talante, con notas de clara atemporalidad. Antes de intervenir en el debate sobre los «Sucesos ocurridos en Barcelona con ocasión de un banquete regionalista» (27 de noviembre de 1905), se había expresado con estas palabras: «Hace tiempo que rindo fervoroso culto al silencio, porque me he convencido que es inútil abusar de la palabra, y porque, además, en esta Cámara, que es la representación más alta del país, se desnaturalizan en fuerza de digresiones todos los debates y caen al poco tiempo en la esterilidad más absoluta.» (1)

Quiero suponer que algunos de nuestros parlamentarios actuales tienen el libro con los discursos parlamentarios de Melquíades Alvarez. Sería conveniente que lo tuvieran todos. Y, desde luego, es imprescindible que lo lean.

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(1) Los «sucesos catalanes» que propiciaron el debate de aquellos días tuvieron su origen en la publicación, en la revista satírica ¡Cu-Cut!,  de ideología próxima a la Lliga Regionalista de Cambó y Prat de la Riba, de una viñeta antimilitarista de Joan Junceda.

La Lliga había celebrado un banquete el día 25 de noviembre de 1905 para celebrar su triunfo en las elecciones municipales, y la revista publicó una caricatura obra de Junceda en la que se veían dialogando a un civil y a un militar, éste vestido de húsar: » -¿Qué se celebra aquí que hay tanta gente?, preguntaba el uniformado; -El Banquete de la Victoria, contestaba el otro; -¿De la victoria? Ah, vaya, serán paisanos.»

En el contexto del momento, se reflejaba la crítica humorística a la pérdida de confianza de la sociedad civil en el Ejército, después de la pérdida de Cuba, Puerto Rico y Filipinas y los descalabros africanos. Como reacción impulsiva, varios militares descontentos irrumpieron en la sede de la revista, provocando graves destrozos. El hecho, que dio aún más alas a la posición separatista catalana, demostró la debilidad de la Restauración alfonsina, provocó la dimisión del jefe de gobierno Mortero Ríos y, como colofón legislativo, supuso la aprobación de la llamada Ley de Jurisdicciones, por la que todos los delitos que afectasen a la patria y al ejército pasaban a ser entendidos por la justicia militar.

La prudencia y objetividad de Melquíades Alvarez se manifestó en la discusión parlamentaria, cuando replicó a los catalanistas, republicanos como él, que utilizaron los sucesos para exacerbar sus intenciones separatistas.

Sus expresiones tienen un halo de proféticas. «El regionalismo catalán (…), como una especie de pequeña nacionalidad dentro de otra mayor, con su poder soberano y autónomo, con sus Cámaras, con leyes propias, (…) me parece incompatible en absoluto con los grandes ideales de la vida moderna, (,,,) Es un ideal mezquino de la época del desaliento (,,,) contraria a todas esas  corrientes de la moderna política mundial, que exige para su desenvolvimiento la formación de grandes núcleos orgánicos (…)»

 

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Publicado en: Actualidad, Cataluña, Derecho, Ejército, España, Política Etiquetado como: calle, Cataluña, Ciudadanos, Gijón, guerra civil, Ley de Jurisdicciones, Melquíades Alvarez, Oviedo, parlamento

Venezuela en el foco mundial

2 febrero, 2019 By amarias 1 comentario

Mañana, día 3 de febrero de 2019, se cumple el plazo impuesto por algunos países de la Unión Europea, entre ellos España, para que Nicolás Maduro, presidente de Venezuela, convoque elecciones o reconocerán a Juan Guaidó, presidente de la Asamblea Nacional y autoproclamado presidente interino con el apoyo de una parte de la población, como máximo mandatario del país.

Se ha generado una situación extremadamente complicada en el país, que parece preludio de una guerra civil. La confianza de Guaidó y quienes lo apoyan desde dentro -al parecer, varios millones- es que el Ejército venezolano se mantenga neutral, aceptando como buena la promesa del presidente interino de que no se realizarán cargos ni se tomarán represalias contra los militares que no apoyen a Maduro. Ese deseo no va a cumplirse, aunque han aparecido algunas fisuras entre los altos jefes de la república bolivariana.

Pero el presidente Maduro sigue agrupando en su entorno a la mayoría de la cúpula militar, formada, sin duda, `por estómagos agradecidos, que han expresado en sus apariciones públicas y en algunas declaraciones privadas, que apoyan al incalificable sátrapa, un endiosado personaje, manifiesto incompetente para dirigir un país, pero experto en latrocinio de los bienes públicos en beneficio propio y de sus secuaces y poseedor de un verbo fluido, incendiario y voluntariamente indocumentado, que se ha evidenciado muy capaz para movilizar a millones de individuos, muchos de ellos sin formación ni información, crédulos con cuanto emana de la dicción con cuño de soflama del déspota sin escrúpulos.

Podía extenderme en calificativos -no precisamente laudatorios- respecto a la personalidad y actuaciones del presidente Maduro y, en la línea de juzgar como antidemocrática su voluntad de perpetuarse en el poder, cuestionar su legitimidad como presidente de un país al que ha estado esquilmando de los resultados de su mayor riqueza natural (el petróleo).

Sin embargo, lo que me pregunto hoy, ahora, en la fecha llena de simbolismo para el pueblo venezolano del dos de febrero, en que están convocadas sendas manifestaciones encaminadas a demostrar al mundo y, sobre todo, a los sufridos naturales de ese hermoso país, que tanto Maduro como Guaidó cuentan con el mayor respaldo popular, es ¿por qué el mundo «civilizado» ha creído llegada la hora de tomar postura respecto a la terriblemente deteriorada situación venezolana, capitaneada por la hiperinflación, la hambruna y el descrédito de su gobierno militar?

Otros analistas con más información que yo podrán responder, seguramente, con mejor tino y mayor acierto a la cuestión. Yo, simplemente, estoy convencido de que Guaidó y los venezolanos que le apoyan desde el exilio (también algún destacado líder de la oposición a Maduro, exiliado, represaliado o encarcelado, del que Antonio Ledezma, Henrique Capriles y López  de Mendoza  aparecen como más significados) han conseguido,- antes de actuar en una maniobra que pretende desestabilizar el régimen del tirano del que muchos Estados supuestamente defensores del mundo civilizado y demócrata, el plácet del gobierno norteamericano de Donald Trump.

El apoyo de la Unión Europea, lamentablemente, resulta, por las declaraciones de algunos mandatarios europeos, una vez más incapaces de ponerse de acuerdo, haber sido buscado tardíamente, a contrapié y construido de forma improvisada, lo que explicaría, que no justifica, su carácter heterogéneo y friable.

El en otras ocasiones desconcertante Donald Trump (cuyo único lema de acción, si existe, ha explicitado con la aporía: America first, entendiendo por América, solo Estados Unidos, por supuesto), ha echado mano de una lógica militar al afirmar, ante el hecho consumado de Guaidó de haber encendido las mechas de la simpatía o rechazo ante su levantamiento cívico, que «no excluye ninguna actuación» al respecto. En lenguaje paladino: «no solo te animo a tener firmeza, amigo Guaidó, sino que estoy dispuesto a apoyarte con lo que haga falta, incluso a riesgo de involucrarme en un conflicto armado».

El descuido  premeditado del consejero de Seguridad Nacional John Bolton -curiosa denominación la de su puesto para quien se ha puesto en primera línea de las declaraciones contra Maduro- dejándose ver con dos líneas de su bloc escolar, en la que todos pudimos traducir  «5.000 tropas a Colombia», alimenta la deducción de que los grandes Estados Unidos de Norteamérica están preparados para una intervención armada en Venezuela: la frase sería un aviso para los navegantes que apoyen a Maduro.

Vaya, pues. Los asesores de Trump saben bien que, además de la fuerza propia, (bien educados sus mandos y muchos de sus efectivos en la fidelidad que dan los garbanzos garantizados), Nicolás Maduro,  cuenta con la intendencia y el saber militar sobre el terreno de miles de curtidos militares cubanos, hoy destacados en el país amigo, que forman un contingente preparado, no para luchar en el exterior, sino para defender con las armas, si fuera preciso, el orden tiránico del sátrapa.

No va la cuestión de ideologías (el régimen putrefacto del Sr. Maduro carece de ellas),  sino de la capacidad de persuasión de la bota puesta sobre el cuello del pueblo inerme sometido, emanada de un grupo armado y entrenado para apoyar un régimen que se ha especializado en aprovechar el poder para apropiarse de los beneficios del petróleo, cambiando dólares por boliviaranitos sin valor. ¿La fórmula? Controlar la información exterior, perseguir toda oposición y utilizar como álibi eficaz la eficaz cortina de humo que proporciona a las vísceras sentimentales la figura del «enemigo yanqui», paradigma del capitalismo más apestoso, según el manual chavista.

Permanezco atento a la pantalla, porque no veo claro el desenlace. Preciso: no veo un desenlace sencillo, salvo que Maduro y parte de su cúpula más significada fleten un avión y se vayan con su viento fresco y los ojos cerrados de la opinión internacional a algunos de los paraísos fiscales en donde han ido amontonando, sin empacho ni vigilancia exterior,  el dinero hurtado a su país.

La posición del Gobierno español, concediendo un plazo de ocho días a Maduro (que acaba el lunes, cuatro de febrero) para que convoque nuevas elecciones o reconocerá la legitimidad de Guaidó, al no contar con pleno apoyo de todos los Estados de la Unión Europea, aparece doblemente delicada: cabe preguntarse cómo se ha pensado actuar si el cuestionado presidente venezolano no se aviene (como bravuconamente ha anunciado) a aceptar la presión y…qué se pretende, en realidad, conseguir si el deplorable dictador convoca elecciones, que, como su anterior proceder ha demostrado varias veces, convertirá en un nuevo pucherazo, a despecho de los observadores internacionales.

Más aún. Incluso en el caso de que Maduro adopte el camino de tomar las de Villadiego, la cuestión que me hago es si se les prometerá impunidad o se les ofrecerá inmunidad frente al Tribunal Penal Internacional, por sus muy evidentes crímenes contra la población civil, a la que ha dejado, con ayuda de sus cómplices y palmeros, en la miseria. Venezuela está hoy necesitada de una recuperación de la estabilidad y el camino del progreso, surgiendo de un pozo tan profundo que solo se puede comparar (aunque, en este caso, con ventaja para Maduro) con los descalabros a la decencia y a la ética protagonizados por otros tiranos de parecido pelaje de adulterado doctrinario marxista-cristiano, próximos geográficamente (habitan en Nicaragua, Bolivia, Cuba, …)


Me gusta esta fotografía, con la que pretendo aliviar algo la tensión que me provoca, y provocará con seguridad a cualquiera interesado en Venezuela y en la paz mundial, el momento venezolano.

La he publicado ya en otra ocasión. Un zorzal común (turdus philomelos), que en Asturias conocemos como malvís, dedicado a devorar el fruto del tejo, uno de sus predilectos proveedores de alimento, allí donde se encuentra. Un ave pequeña más que su pariente el mirlo común, distinguible por sus motas ventrales y, en el amanecer y atardecer (sobre todo) de los días primaverales, identificable por el hermoso canto, lleno de notas vibrantes, de gran melodiosidad.

El fruto del tejo es dulce y sabroso (animado por mis amigos pueblerinos en mis días de vacaciones veraniegas, cuando maduraba, ya a final de verano, tuve ocasión de probarlo, temerariamente. Escupíamos las pepitas, venenosas, como lo son también las hojas del emblemático árbol de los celtas.

 

 

 

Publicado en: Actualidad, Ejército, España, Venezuela Etiquetado como: conflicto, Guaidó, John Bolton, Maduro, manifestaciones, Unión europea, Venezuela

Made outside

31 diciembre, 2018 By amarias Deja un comentario

Hace unos días leía que los productores de carne de cordero abulense se quejaban de la entrada masiva de carne australiana, a menor precio y peor calidad. Según los entrevistados, el consumidor español no apreciaba las diferencias organolépticas y solo se fijaba en el precio y no en la etiqueta que reflejaba el origen de la carne. La consecuencia de la pérdida de competitividad era que se estaba perdiendo la cabaña propia ovina.

Circunstancias similares serían de reseñar en la carne de vacuno, en donde la entrada de canales procedentes de Argentina, está doblegando la tradicional supremacía de los bóvidos del Cantábrico o de las sierras madrileña y salmantina a la hora de poner un filete o un guiso de ternera al plato.

Venía yo fijándome en las etiquetas de la ropa y calzado que entra en mi casa y ya había tenido ocasión de admirarme de la procedencia de los pantalones, chaquetas, corbatas y calzados (por ejemplo) que adquiríamos en los comercios españoles, incluso aunque fueran de nombres tan acreditados por su vinculación con la piel de toro como Zara, el Corte Inglés o Cortefiel. No hace falta sumergirse en la plétora de tiendas chinas que han inundado las calles de la geografía citadina, para saber que casi todas provienen de Marruecos, India, Bangladesh, Portugal, Brasil o Túnez.

Por supuesto, tengo asumido que los productos llamados de alto valor tecnológico añadido serán, con gran probabilidad, chinos, coreanos, alemanes o norteamericanos; que los libros habrán sido editados en México o Argentina y que los cacharros de loza y las toallas serán portugueses. Pero…¿y los productos alimenticios que pueblan las estanterías de los hipermercados? ¿Habrán sucumbido también las multinacionales con sede en Francia o en Alemania al encanto de la producción más barata, pasándose por el arco de su triunfo la calidad de los genuinos géneros hispanos?

Sí. La respuesta es, sí. Las lentejas y garbanzos de la prosaica y conspicua marca «La asturiana» provienen de USA o Canadá, y no importará la denominación que debiera teóricamente servir para identificar el origen de un producto, ya sean los espárragos de Tudela, las lentejas de Andújar o las naranjas de Valencia, habrán sido recolectados sabe dios dónde, aunque probablemente «envasados en la UE».

Puedo seguir así hasta hartar al lector. Las patatas, ya sean de freir o de asar, serán francesas; los langostinos, junto con sus semejantes, sin importar se denominen gamba, gambón o camaroncito, habrán sido criados en las piscifactorías de Cuba, Estados Unidos o Ecuador y, por supuesto, el salmón, la corvina, la merluza y los sucedáneos de pulpo, percebes y rodaballos, serán chilenos, noruegos, argentinos o de cualquiera otro lugar especializado en el nursering y hatchering de alevines de especies con buen pedigree oficial criadas en cautividad para alimentar los estómagos de los no veganos.

No pretendo romper una lanza (ni media) a favor del consumo de productos españoles. Allá se las entienda el mercado con el problema. Pero sí debo preguntarme: Si casi todo lo que necesitamos aquí viene de fuera, incluso lo que, por la mera lógica económica, aunque los costes de mano de obra fuera sensiblemente menos, sería tremendamente caro transportar desde allende los mares, ¿qué está sucediendo? ¿Puede ser admitido, sin más, que países con una renta per cápita muy superior a la nuestra, se hayan convertido en proveedores de productos básicos? ¿Qué milagro de incompetencia productiva y de distribución ha hecho posible que en un país con amplias extensiones de tierra semiárida, las pipas de girasol vengan envasadas primorosamente como «producto de USA»?

Mientras trato de responder a esta y a otras preguntas, ayudo a mi esposa a preparar una tarta con semillas de amapola -sí, esa simpática papaverácea que inunda los campos castellanos-. Miro la etiqueta del envase y leo en voz alta. «Producto envasado en Alemania».

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Un mosquitero común (phylloscopus collybita) apaga su sed y, de paso, se libra de suciedades y parásitos, dándose una zambullida en las aguas de un estanque del Parque del Retiro, en Madrid. Este ejemplar ha elegido para pasar la invernada el centro de la capital de España, en uno de las decenas de pulmones verdes de la contaminada ciudad. Estuve observando sus evoluciones durante un buen rato, entusiasmado yo por el bello contraluz y absorta el ave en sus abluciones. De pronto, el pájaro se fue a su aire y este torpe filósofo de aparentes realidades, debió seguir con su paseo, cámara en ristre, pensamientos a la deriva.

 

 

Publicado en: Actualidad, Economía, España Etiquetado como: amapola, Andúajr, asturiana, denominación de origen, garbanzos, hatchering, importación, lentejas, mercancía, mosquitero cómún, nursering, papaverácea, productos españoles

Reformar la Constitución, ¿para quién?

6 diciembre, 2018 By amarias 1 comentario

Cada 6 de diciembre, día en el que se conmemora  el referéndum de aprobación de la vigente Constitución Española, – y, con mayor intensidad, en los últimos años de los cuarenta que lleva vigente-, políticos, periodistas y constitucionalistas (oficiales o sedicentes), se esfuerzan en hacer ver al resto de los españoles que hay varias cuestiones de calado en esta Carta Magna que deben cambiarse.

No me imagino un debate similar en Estados Unidos, en donde desde 1787 mantienen, si bien con diversas enmiendas, el texto básico. Claro que allí dicen confiar en Dios (in God we trust, reza el lema adoptado por el Congreso en 1956), lo que no impide que, por si acaso, la realidad actual haya puesto en primera línea un lema más práctico: America first, con el que se dejan muy claras las intenciones prioritarias, sin que sea necesario advertir, para incautos que quieran interpretar el apelativo America de forma correcta, que los únicos americanos que importan para los estadounidenses del norte son ellos.

Si lo comparamos con nuestro panorama, no resulta el inmenso país multitestatal del otro lado del Atlántico ejemplo de solidaridad para nosotros, ni tampoco para la Unión Europea: ni social o ambiental, ni económica, tanto en lo interior como en el exterior. En lo que a nosotros estrictamente respecta, debemos admitir que la pertenencia a la Unión Europea (antes Comunidad Económica Europea) nos ha servido como impulso sustancial para alcanzar el estado de bienestar del que hemos disfrutado hasta ahora, ayudándonos a olvidar rápidamente una dictadura que trató durante cuarenta años de hacernos uniformes.

Como fiel aplicación de una de las leyes de Parkinson, la existencia en España de un par de centenares de constitucionalistas de profesión (catedráticos y profesores titulares), ha dado por resultado académico que la Constitución Española sea analizada, por arriba y por abajo, letra a letra, capítulo a capítulo, y que, de resultas de tanto manoseo, haya propuestas al gusto de cada facción política.

Sabemos de dónde se copió o mejoró cada título y cada párrafo; estamos enterados de las dudas de cada partícipe en la redacción y cómo fueron resueltas; podemos seguir la deriva de los acuerdos previos hasta el resultado final; y, en fin, disponemos de otros detalles  sustanciales o nimios acerca de la marcha de las negociaciones entre los representantes de los partidos más relevantes entonces en su esfuerzo para sacar un texto consensuado que, además, contentara o no levantara demasiadas suspicacias a los beneficiados por el régimen anterior.

De los análisis eruditos como de los pedestres, han surgido muchas voces pidiendo reformas. Algunas, perfectamente inviables aunque parezcan razonables; otras, descolocadas de la razón, sin otra función que alborotar. La Constitución Española es definida como Norma Suprema de obligado cumplimiento y, por ello, los cambios de sustancia implicarían superar barreras hoy insalvables, en el estado de fragmentación del espectro ideológico parlamentario.

El artículo 168 es un impedimento, no ya para la revisión total de la Constitución sino incluso para un retoque parcial del Titulo preliminar, del Capítulo segundo, o de los Títulos I (en su Sección Primera) y II, porque afectar a su redacción actual exige un pacto entre partidos que aparece inviable, incluso aunque se limitara la necesidad de consenso a los llamados «constitucionalistas», perdidos cada uno en sus propios cerros, y hasta cerrilidades, ideológicos. El Partido Popular es el único que parece plenamente satisfecho con la redacción actual.

Para enmarcar la opción de sacar adelante las propuestas más agresivas de los partidos, incluso de los llamados constitucionalistas,  cabe decir, en lenguaje directo, que no se podrá tocar la forma de Estado, que seguirá siendo una monarquía parlamentaria, ni reducir los derechos y deberes fundamentales previstos en el texto. Sería factible, supuesto el acuerdo, únicamente, la ampliación de los derechos y deberes no contemplados , y, si no fuera posible tocar la dicción de los ya enunciados en la Carta Magna, habría que apuntar a una más extensa interpretación.

Podrá gustar o no la Monarquía, pues, pero no habrá República (salvo una revolución que no deseo para mi país), por mucho que algunos hagan ostentación de banderas tricolores y denuncien partidismos afectivos por parte del actual monarca. Tratándose  de prever el future con sensatez y posibilismo, vale más dedicar la pena y el esfuerzo a un espacio de serena discusión a la preparación de la Princesa de Asturias, para que pueda ejercer, cuando llegue el momento, de magnífica Reina de España, proyectando una imagen de modernidad y saber estar a las generaciones coetáneas de ese entonces.

Y no me duelen prendas en admitir, como ya hice en otras ocasiones, aún siendo republicano de corazón, que el actual monarca, Felipe VI, cumple casi a la perfección mis expectativas de Jefe de Estado de primer nivel.

Para mí, el problema fundamental que tenemos en España es la disparidad entre las Autonomías, resultado de las competencias asumidas por ellas en virtud de un artículo para el que no se pusieron límites, que es el 150, y de un problema de esencia, que reside en su gran disparidad en población y territorio.

Tenemos demasiadas regiones y no es sencillo meter la mano en el avispero de los orgullos locales. Es cierto que llevar el poder de decisión hacia el ciudadano desde el centro, facilita la adopción de decisiones más cercanas a la necesidad, y mejora su capacidad de valoración. Pero no todas las acciones dependen de la proximidad, sino que hay bastantes, las principales, que están ligadas al tamaño crítico mínimo y a la necesidad de coordinación.

La permanente expansión de las competencias regionales, ha provocado el efecto perverso de aumentar las disparidades entre las Autonomías, y, con ello, la proliferación de reductos de incompetencia y desigualdad en la enseñanza, la sanidad, las oportunidades laborales, la gestión administrativa, los impuestos locales. Se está faltando al principio de la solidaridad que sí está previsto entre los derechos fundamentales: todos los españoles serán iguales ante la ley y dispondrán de la misma calidad en la prestación de los servicios básicos.

La Constitución no ha quedado inservible, ni mucho menos. La que está rota o profundamente deteriorada es la unidad entre los españoles, aunque no se sea plenamente consciente del descalabro.

La rompió el gobierno catalán, encendiendo deslealmente a la mitad de la población de esa región, en un camino de tensiones de imprevisible futuro y que se complicó por la dejadez y falta de visión del anterior Gobierno en no atajarlo a tiempo y se envenenó aún más por haber aceptado el apoyo secesionista del actual para sacar adelante, por primera vez en España vigente esta Constitución, una moción de censura.

La pretenden romper, por la derecha y por la izquierda, aquellos partidos que han buscado su identidad en la destrucción de lo que tenemos sin ofrecer alternativas o levantando expectativas que no se pueden cumplir en ámbitos sustanciales: creación  de empleo, crecimiento económico, mejora de prestaciones, etc. Falta, con desgraciada vocación de permanencia, el encaje entre la sociología y la economía, entre la técnica y la filosofía, entre lo que se imagina poder conseguir y lo que se puede lograr en la práctica.

Me alarma ver la pérdida del principio de la viabilidad de lo más razonable, en particular, los dos partidos antes mayoritarios, PP y PSOE, inmersos en una búsqueda de nueva identidad, propiciada por personalismos más que por ideas, y despreciando opciones de consenso o el uso de la perspicacia y visión del interés general, dejando que pactos entre otros partidos hagan viables gobiernos en minoría.

Y me preocupa también que un partido nacido, según se dijo, para el equilibrio, Ciudadanos, sea bombardeado sin piedad por la izquierda, por la derecha, y por los medios, adulterando y falsificando, con cada andanada, la visión de ponderación que han pretendido dar, y afectándola, por razón del desconcierto que provoca tanta exposición pública. La incorporación de Manuel Valls como candidato a la alcaldía de Barcelona ha significado aceptar un verso libre más cercano al socialismo, cuya asimilación por el partido y sus votantes objetivo, está por descubrir.

El resultado de las elecciones en Andalucía ha puesto también de manifiesto la descomposición ideológica de España, fragmentada de una forma que pensábamos estaba superada. Como efecto de esa segregación que tiene que ver con sentimientos viscerales más que con programas, se está hablando hoy de la necesidad de un pacto de derechas para dar el poder al Partido Popular, integrando a Vox (segregación teórica por la derecha del PP, con capacidad de captación del votante descontento), Ciudadanos y al propio PP, desbancando al gobierno socialista que ha reinado (es una metáfora) en la región durante casi cuarenta años.

A quienes vimos con interés, en su momento, la opción de un gobierno estatal PSOE-Ciudadanos como la vía para recuperar calmas perdidas, apetece ponerse de perfil para no ver el final de la opción que preconizada hace ya siglos el partido de Albert Ribera, de traer calma y equilibrio a la escena política. Si Ciudadanos se funde en el magma en donde ya están ya licuadas las derechas de todo color, desaparecerá.

Un consejo, pues. Dejen Vds., españoles que se dedican profesionalmente a la política, y voceros de la reforma constitucional, de presionar sobre lo que saben inviable y concéntrense, por el bien de todos, en recuperar la unidad entre españoles, analizando, con extrema atención y cuidado, lo que puede hacerse para que la sanidad sea, de verdad, la misma en toda España; la educación vuelva a tener el mismo baremo de exigencia y opciones para todos los españoles; las administraciones dejen de ser pequeños monstruos faltos de coordinación y voraces, refugio de independentistas de salón. Para que el ejercicio del derecho a la justicia no tenga interferencias de ningún tipo, se eliminen leyes y normas que solo crean confusión, se uniformice tanto el derecho vigente como su aplicación.

Reconstruyamos la unidad de España, antes de que nos encontremos, de nuevo, en los auspicios de un revenido 1936. Repasemos entre todos la Transición, para detectar dónde nos hemos desviado de lo que pretendíamos lograr y creímos haber alcanzado.

Estamos a tiempo de evitar que generaciones que no han vivido la transición o no la conocen, tengan que llevarse las manos a la cabeza, diciendo “ no es eso, no era eso”.

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Pocas imágenes necesitan explicación acerca de su belleza. Estos flamencos forman parte de un grupo de algunas decenas a los que sorprendí en las marismas del Odiel, comiendo de las aguas someras en hoy abandonadas salinas, a la misma vera del puerto de Huelva. Se espantaron ante mi presencia y saqué varias instantáneas cuando emprendieron el vuelo.

 

Publicado en: Actualidad, España Etiquetado como: Constitución, flamencos, partidos, reforma

Demasiada Cataluña

24 septiembre, 2017 By amarias 2 comentarios

Ayer escuché por la TV3 a Tardá y a Nart hablar sobre el simulacro de referéndum al que el gobierno de la Generalitat Cataluña ha empujado a los residentes en esa región española. El debate fue muy aplaudido en las redes sociales como ejemplo de diálogo entre dos posiciones contrapuestas, realizado por dos contertulios inteligentes y serenos.

Nart habló en español y sus comentarios, en un medio televisivo que apoya el referéndum ilegal y el separatismo, estaban destinados, sobre todo, a quienes, no están de acuerdo con la sedición, tanto catalanes como españoles. No era tanto una cuestión de hacerse entender por quienes no dominan la lengua catalana, como poner de manifiesto la contraposición entre lo constitucional y la rebeldía. Por eso, me sorprendió que se prestara el avezado jurista a ser parte principal de un mensaje subliminal, aunque tan transparente.

Hubiera yo preferido que todo el debate se hubiera desarrollado en catalán. No es la lengua la que marca la diferencia, sino la diferencia de posición ante los conceptos de: democracia, historia de España, marginación, explotación por una clase dominante, izquierdismo, apoyo al régimen constitucional, memoria del pasado, etc.

Me ha hecho daño ver a unos cientos de universitarios tomando el paraninfo de la universidad de Barcelona y reclamar democracia, al tiempo de anunciar que la region catalana es ya una Republica.

Me ha hecho daño ver que al gobierno de España -que lo es también de Cataluña- no se le haya ocurrido nada mejor, completando las actuaciones judiciales, que enviar tres buques de recreo cargados de guardias civiles para dejar claro su propósito de sofocar la realización del simulacro de referéndum con la fuerza.

Me hace daño la falta de entendimiento entre las gentes de este país, en una demostración tumultuaria de incomprensión recíproca, animadversión soterrada, ilusionismos sin fundamento y odios, envidias, falsedades o cerrazones mentales aflorando como setas en el ejercicio intelectual.

No me esconderé, pero sabed, unos y otros -independentistas y nacionalistas- que lo que percibo os iguala es vuestra cerrazón para ver en el otro, no un enemigo, sino sólo un diferente.

Publicado en: Actualidad, Cataluña, España Etiquetado como: Cataluña, Catalunya, debate, independiente, Nart, secesión, Tardá, TV3

Cuerdas, hilos y ataduras

30 octubre, 2016 By amarias Deja un comentario

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Para quienes, conscientes de que no hay tiempo para profundizar en todo, pero curiosos para conocer lo más, nos quedamos con lo que se presenta como esencial de una partitura, la teoría de cuerdas es un modelo de física teórica por el que se admite como principio que las partículas elementales, que aparecen como puntos cuando observados con instrumentos de la máxima precisión conocida, no son sino estados de vibración en el espacio de más de cuatro dimensiones.

Esas vibraciones corresponderían a la actividad de unos entes imaginados, con pura existencia teórica, no comprobada, que, por analogía con lo conocido, se identifican con cuerdas de carácter metafísico.

1.Cuerdas .-No tendría sentido que me pusiera ahora a dar una torpe clase de física cuántica, cuando lo que me propongo es analizar, desproveyéndola de cargas emocionales, el importante suceso (para nuestro pequeño escenario de polichinelas) por el que Mariano Rajoy, en cumplimiento ciego de lo que se había convertido en previsible en las últimas semanas, fue revalidado como Presidente del Gobierno de España.

Cualquiera que se tome la molestia de acercarse a la partícula Rajoy -fácil de observar en su quietismo aparente-, convendrá conmigo en que es la suma de multitud de estados de vibración, unos más fuertes que otros, entre los que predominan quienes, complacidos con lo que tienen y creen poder obtener, defienden que las cosas no cambien lo más mínimo, o que, en caso de que lo hagan, sea para recuperar un estado gravitacional aún más placentero. Esa minoría -digamos, intelectual- está apoyada por un grueso de votantes (no me atrevo a designarlos como simpatizantes), en el que se combinan, -además de la convicción de que el mejor estado es el que se tiene y el deseo intuitivo de que es mejor estar arropados por una mayoría anodina que en encontrarse en un tumulto-, la comodidad, la ignorancia, el miedo y la desconfianza hacia las personas y actitudes que apoyan cualquier cambio.

Nadie crea, en su inocencia, que la derecha no tiene trabajo por hacer. Albert Rivera, que es una partícula inteligente, razonable en sus argumentos y con atractiva proyección mediática, tiene, por su parte, gran recorrido como renovador de la derecha española, hoy también sin rumbo (se verá al poco tiempo de empezada la legislatura de la que, con descaro incomprensible, algunos se han sentido tan satisfechos). Está agotada para ella la opción simple, con la que tan bien le fue, de mimetizarse con ciertos avances y logros de la socialdemocracia, asumiéndolos como suyos, para, entre bambalinas, seguir tejiendo sus hilos de Ariadna.

2. Hilos.- Casi de forma simultánea, los que tuvimos ocasión de ser testigos, gracias a los despliegues mediáticos, de la evolución de otras actitudes particulares, ya de partículas como de sus cuerdas subyacentes, vimos a Pedro Sánchez, hasta hace nada líder del Partido Socialista, presentarse ante la opinión pública como dispuesto a iniciar su peculiar marcha penitencial, recorriendo en su coche la España de chichas y nabos para hacer resurgir -dijo-la verdadera esencia del socialismo en el suelo patrio. Su actitud merece todo el respeto, tanto por el talante y el contenido, como por la sorpresa para quienes ya no tenemos lágrimas, de encontrarlo al borde de deshacerse en sollozos.

La partícula Sánchez no está, ni mucho menos, sola, sino que en su espacio metafísico (y, por supuesto, en el físico), hay miles de cuerdas vibrantes y varios millones de cuerdas calladas, dispuestas a votar potencialmente en las próximas elecciones -que tendrán lugar muy pronto- por un Gobierno que explique con menos petulancia y mucho más calor social, cuál debe ser el mejor destino para las plusvalías colectivas.

Estar de acuerdo con Sánchez no significa, sin embargo, estar dispuestos a seguir a Sánchez. El hipotético Partido Todos Junto a Sánchez (PTJS) no tiene apenas fuelle. La partícula Sánchez hubiera sido de maravillosa contemplación al microscopio demoscópico, sino fuera por la interferencia de otra partícula con mucho mayor peso mediático, Pablo Iglesias (al menos, al principio de la noche oscura de las elecciones). Si ambas fueran estrellas del firmamento visible, diríamos que Pablo tiene potencia lumínica inferior a la unidad negativa (es decir, está pasado de vueltas) y Pedro, también muy brillante, pero menos,  andaría rondando la potencia uno. Sirio frente a Betelgeuse, para entendernos.

La relevancia de las estrellas y de las constelaciones depende del momento. En esta época del año, Sirio destaca como ningún otro astro del firmamento visible. Entrada la noche, sin embargo, desaparecido Sirio bajo el horizonte, Betelgeuse recupera un espacio propio, y ya con nuestra vista acostumbrada a la nocturnidad, las constelaciones de las Pléyades o de las Hiadas -entre otras- atraen poderosamente la atención del curioso noctámbulo, por su singularidad y belleza. Pero el cosmos gira aparentemente sobre la polar, las constelaciones visibles pasan a ser otras, y las noches pueden ser neblinosas, oscuras y hasta tétricas para el espectador temeroso.

3. Ataduras.-Permaneciendo en la metáfora cuántica, si se pone la lupa del análisis sociológico en la partícula Iglesias, se descubre en ella un batiburrillo de cuerdas disonantes. Junto a los seguidores estrictos de la filosofía más detectable de la cúpula de Podemos (ahora, Unidos Podemos), que, en esencia, y sin ánimo de vulgarizarla, sino de poder entenderla mejor, sería la de generar una discontinuidad disruptiva en la Historia de España, encontramos  la amalgama de cientos de miles de partículas y cuerdas de grado inferior, en un totum revolutum, hasta alcanzar la cifra de varios millones.

Muchos son los mimbres, pero fuertes las ataduras, aunque no se distingan a simple vista, entre los votantes de Unidos Podemos. Quienes se manifiestan públicamente -la mayoría visible- son, si me perspicacia no me falla, funcionarios del Estado, -desde profesores universitarios y centros de enseñanza públicos a profesionales de la Sanidad, técnicos de las administraciones-, desempleados y amenazados por las próximas «reconversiones» de la decadente sociedad industrial, jóvenes ni-nis y jóvenes postuni-nis. Está ahí el núcleo duro de los filósofos de la viabilidad del preconizado cambio de paradigma.

Lamento mucho indicar además, porque parece que estoy dando la razón a quienes se encuentran muy distantes de mi forma de pensar, pero advierto que entre las cuerdas y partículas de Podemos son extraordinariamente visibles, junto a los que protestan con sus buenaws razones, los alborotadores profesionales y los psicópatas con tendencias agresivas, que no tienen ninguna. Estas ataduras no son nada sencillas de eliminar, y espantan al más pintado.

4. Partículas.- Repuesto Rajoy y animadas de nuevo sus cuerdas de apoyo en el poder oficial para ordenar las cuentas del Estado, la preocupación -no obsesiva, prudente- de quienes no nos sentimos identificados con el espacio de acción pública del conservadurismo, debiera ser la reconstrucción de un orden finalista con las cuerdas más sólidas del descontento, conformando una mayoría de cambio, pragmática, creíble y realizable, agrupándolas en torno a partículas de gran competencia y experiencia y un guión con empuje social.

No se consiguió en 2016, pero debe conseguirse, y a la primera de cambio. Por eso, el momento tiene un gran atractivo, porque configura una situación novedosa. El camino hacia la mayor igualdad en las prestaciones sociales, en hacer pagar más -de verdad- a los que más tienen, en defender la viabilidad de iniciativas que favorezcan a los más necesitados, desenmascarar las trampas del liberalismo, extremar la vigilancia para que los talentos no se pierdan pero el capital no los absorba y monopolice, etc., tiene largo recorrido.

Me apetecería decir lo contrario, porque Pedro Sánchez ha adquirido en estos meses un bagaje de expresividad y experiencia del que carecía, pero sin escaño y aspecto de escaldado, no tiene opciones reales para reconstruir las fuerzas de la izquierda socialista. Tiene demasiados enemigos y afectos al abrazo del oso dentro del PSOE -y fuera de él- y, después de un período de reflexión, encarado con el duro frío de la estepa ideológica para un solitario, abandonará su periplo y, como otros, escribirá sus memorias. Le han precedido en esa señal de la fe derrotada otros insignes líderes frustrados.

Entre tanto se organizan las huestes derrotadas – que otros analicen si fue por no haber sabido reunir fuerzas, por retirarse a destiempo, por atacar en sitio equivocado y haber desviado la atención hacia las cuerdas sin poner en valor a las partículas-, me siento, cómodamente, a esperar que el tiempo cambie.

Está todo muy seco, y necesitamos como comer que llueva pronto en este campo.


P.S. Los flamencos, como otras aves migratorias (garzas, ánades, etc.) vuelan aparentemente dirigidos por un cabecilla, al que las demás de su grupo, siguen ordenadamente, formando una o varias uves, muy vistosas desde tierra. La observación atenta ha detectado, sin embargo, que los líderes cambian de cuando en cuando, aunque el objetivo conjunto de llegar al destino previsto, permanece. Cuando la que encabeza desfallece, se retira a la cola para descansar, y el instinto de otra la impulsa al lugar vacante, dispuesta a romper el aire de la marcha, que demanda un mayor esfuerzo que hacer de séquito, si bien todas parecen saber o intuir a dónde van.

Hay algunos momentos, en que el grupo parece sufrir la amenaza que lo llevaría a descomponerse en varios. Se incorporan otros migrantes, y se precisa una reconstrucción de fuerzas dirigentes, puede que también de objetivos. ¿A Fuente de Piedra, Santa Pola, Doñana, …?  Se forma en las alturas un aparente guirigay. No tardan los expedicionarios, sin embargo, en volver a encontrar su posición ideal: alguien que dirige, más fuerte o más osado, dispuesto incluso -quién sabe por qué razones misteriosas- hasta inmolarse en el empeño. Y los demás, siguiéndolo. No ciegos, sueltos. Qué cosas, qué aves.

La foto, correspondiente a la migración de flamencos rosas de paso por Navarra, fue tomada en octubre de 2016. Hay más historias, para otros momentos.

 

 

 

 

Publicado en: Actualidad, Economía, España, Política Etiquetado como: Albert Rivera, aves, cisne, Ciudadanos, flamenco, gobierno, Mariano Rajoy, migratorias, Pablo Iglesias, Pedro Sánchez, Podemos, PSOE, recomposición

Tiempo entre costuras

5 octubre, 2016 By amarias 1 comentario

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Tomo prestado el atractivo título del magnífico libro de María Dueñas, inspirador de una serie de televisión, para enmarcar mi Comentario sobre el Partido Socialista español. Pero advierto al amable lector que no me refiero de esta forma a la labor de zurcidor que le espera a mi colega en la ingeniería Javier Fernández, sino a los años transcurridos desde que Rodríguez Zapatero y su equipo de circunstancias hicieron lo imposible para ocultar bajo la cama de la complacencia la basura de la crisis que inundaba las estancias del estado social y hasta que Pedro Sánchez derrotó a Eduardo Madina en las primarias para elección de Secretario General del primer partido de la oposición.

Tiempo perdido fue para el PSOE. Desde la dimisión de Rodríguez Zapatero en 2011 hasta julio de 2014 fue secretario general del PSOE, candidato a Presidente y líder de la oposición, Alfredo Pérez Rubalcaba, doctor en química orgánica y una de las cabezas más sensatas del panorama político español. Ejerció, en lo que lo tengo analizado, un liderazgo de capacidad, de solvencia académica, con dotes peculiares para explicar lo que estaba pasando en el país y fuera de él. Su música pareció celestial, no ya a los militantes, sino a las mayorías que sirven para elegir presidente de Gobierno, y Mariano Rajoy y su equipo de coordinados guerreros del antifaz se hicieron con el poder y, una vez conseguido, se aferraron a él, sin importarles monsergas.

Tengo que admitir que la socialdemocracia (o lo que sea lo que representa el PSOE) tiene incapacidad congénita para proponer alternativas en momentos de crisis. Le asusta tomar riesgos. No se atreve a profundizar en las propuestas para aumentar los impuestos al gran capital (que en España, país intermedio, no dejan de ser cuatro amigos), por miedo a alborotar de refilón a la clase media (que, en efecto, es la que paga los patos) , y carece de visión económica global (y eso que muy insignes profesores universitarios que se autoproclaman de izquierdas no dejan de publicar estudios académicos con análisis retrospectivos)

En esas circunstancias, y sabiendo que, como señala la Biblia, a períodos de vacas flacas y espigas macilentas seguirán siempre vacas gordas y cosechas henchidas, cualquier líder de un partido conservador de un país de medio pelo, no tiene más que echar la culpa de mala gestión al equipo al que le tocó lidiar con la crisis mundial y esperar tranquilo la rentabilización del éxito de su teórico buen hacer con los frutos que pongan en su feudo las bonanzas externas: más exportación, aumento del empleo menos cualificado, disminución de deuda externa, miedo al cambio.

Ni la corrupción, ni los desgastes personales, ni los escándalos ocasionales, prevalecerán contra un partido conservador aupado a gobernar al tiempo en que empiecen a soplar los aires buenos. De él serán los triunfos y, pretendiendo diferenciarse, los que, desde la oposición pretendan innovar, tropezarán con la dificultad de proponer propuestas que alcancen consenso interno.

Que el PSOE esté hoy dividido entre los que proponen abstenerse en la investidura de Mariano Rajoy y los que ven opciones en embocar unas terceras elecciones que mejore el número de escaños y facilite un gobierno de coalición con los del abrazo del oso podemita, no es más que un síntoma de la desorientación ideológica de la izquierda prudente

Dejen, pues, los diputados de ese partido que ha perdido el contacto con los votantes, que gobierne Rajoy gracias a la abstención del mínimo de la bancada socialista que, con estricta disciplina de voto, le abra el camino para agotar la leche que aún darán las enflaquecidas vacas. Y que, desde el reposo, los militantes de los llamados partidos de izquierda (desde el PSOE hasta Unidos Podemos) piensen bien lo que van a hacer cuando las tornas se hagan claras. Sin cal viva de por medio, sin insultos, sin gritos ni algaradas en las calles. Teniendo presente que les tocarán vacas y espigas flacas.

Porque mientras algunos militantes crean que es tiempo de desgarros, cortes de tijera, exhibición de retales y fuertes desencuentros a cuchillo, no esperen que los que tienen que votar la credibilidad de sus opciones, les vayan a dar apoyo incondicional.

Javier Fernández tiene, ante sí, un reto de los que menos rédito personal producen. Tratar de coser los rotos, mientras dentro y fuera de su partido, muchos andan aún con las tijeras. Rubalcaba no lo consiguió; Javier Fernández tiene la expectativa soplándole a la cara.

—–

P.S. Incluyo hoy la fotografía en vuelo rasante de una urraca. Gregarias, agresivas, en expansión al parecer imparable. Me contaba un lugareño, aficionado a la caza, que un día en que volvía de vacío, encontró forma de aliviar su frustración disparándole a una de esas aves, y la llevaba al cinto. Al cabo de un rato, notando dolor en un costado, observó que el animal, aunque herido de muerte, le estaba picoteando el flanco con ardor.

Publicado en: Actualidad, España, Sociedad Etiquetado como: costuras, Dueñas, Rajoy, Rubalcaba, Sánchez, terceras elecciones, tiempo, urraca, Zapatero

El general Rodríguez en el laberinto

5 noviembre, 2015 By amarias 2 comentarios

Conozco al general Julio Rodríguez Fernández desde hace poco tiempo, pero con una amistad construida desde la perspectiva de las edades maduras, en las que se descubren rápidamente, sin la contaminación de erróneas expectativas ni de fugaces destellos de falsas sintonías, las personalidades, actitudes y temperamentos, con los que uno comparte la asimilación de una vida intensa y comprometida, que concede pericia para separar pajas y semillas sin que nadie nos marque el libreto.

Cuando Julio Rodríguez fue presentado, el 4 de noviembre de 2015, por el candidato Pablo Iglesias como fichaje estrella y futuro ministro de Defensa para el caso problemático, pero no imposible, de que su corporación política obtenga condiciones para situarle como presidente de Gobierno, me conté entre quienes se sorprendieron con la decisión del general.

Me apresuro a puntualizar que no me extrañó porque descubriera de pronto su posicionamiento ideológico o social, crítico con las rigideces económicas, políticas y mentales que se han convertido en camisa de fuerza que nos impide analizar errores, construir alternativas y vencer resistencias, que me eran conocidas y que no tengo el menor reparo en reconocer que comparto.

Lo que yo no era capaz de entender en Julio afectaba a su sentido de la oportunidad y la valoración de ofrecerse a la exposición pública de forma tan aparatosa, exhibiendo un compromiso personal, completamente legítimo y plausible, que rompía el ánfora de discreción y reserva con el que había guardado hasta ahora sus afinidades con quienes se han convencido de que hay que intentar otros caminos, porque la oferta del mercado ideológico huele a caducada.

Tuve ocasión de oír, a lo largo del día de ayer, variados comentarios críticos respecto a la decisión del general Rodríguez, mezcladas con elucubraciones, la mayor parte, intencionadas hacia la descalificación de su talante, cualidades personales y hasta su trayectoria militar y méritos.

Como quien más corre en esa labor de echar basura encima del que se mueva fuera de su tiesto, es la derecha reaccionaria, nostálgica permanente de rediles mentales en los que confinar a propios y extraños, el intento más burdo de menosprecio a la acción del antiguo jefe de Estado Mayor provino del programa televisivo El gato al agua. Esta tertulia, especializada en ridiculizar y dejar con la palabra en la boca a representantes de las posiciones de izquierda, contó para la ocasión con su experto polemista en temas militares, almirante retirado (R), Angel Tafalla, quien, a pesar de su detectable intento de no dejarse llevar por la jauría dominante, no reconoció más que errores a las actuaciones del general Rodríguez, al que calificó como «persona de vídeo y no de audio», queriendo con ello significar, como sus comentarios adicionales aclararon, que su antiguo colega y jefe tenía más fachada que contenido.

La decisión del general Julio Rodríguez, es responsabilidad suya y no tengo la menor duda de que, como hombre reflexivo, la ha meditado con su almohada. El éxito de su fichaje para la agrupación de Podemos es incuestionable. Supone aportar mayor respetabilidad, serenidad y sentido plural, entre otros adjetivos que no me costaría nada proponer, a un movimiento que aún me sigue pareciendo desordenado y necesitado de varias cocciones, incluida la eliminación de postureos y declaraciones que son propias de penenes o agitadores asamblearios de Universidades de letras.

Para otras corporaciones políticas de la izquierda ideológica y, en especial, para el PSOE,  supongo que será motivo de profunda reflexión el que se haya escapado de su territorio natural un candidato tan valioso para reforzar una alternativa al PP o a Ciudadanos. El general Rodríguez no es un insensato, ni un extremista, y su conocimiento de las cuestiones de Defensa, su formación general, su talante y su bagaje cultural -también su edad y experiencia-(1) son un acervo de máxima calidad.

Es decir, en  mi opinión, el laberinto es el nuestro, no el del general Rodríguez. Y apuesto doble contra sencillo a que, aunque intenten presentarlo sus envidiosos y detractores de otra forma, no se le oirá decir ninguna tontería ni descalificar al contrario, menospreciándolo. Es un militar de carrera, y un hombre de firmes principios, y sabe mucho de estrategias y es experto en pilotar aviones de combate.

—

(1) No me resisto a cotillear que Julio Rodríguez y yo somos rigurosamente coetáneos, nacidos en 1948 y con solo un mes de diferencia.

 

Publicado en: Actualidad, Ejército, España Etiquetado como: defensa, El gato al agua, general, Julio Rodríguez, Pablo Iglesias, Podemos, PSOE, Tafalla

País torístico

20 julio, 2014 By amarias Deja un comentario

España es un país torístico, lo que le confiere muchas cualidades adicionales. Por ejemplo: La fiesta nacional se llama corrida, que es una de las pocas palabras del idioma español -que catalanes y otros amigos de llamar a pan, panceta y al vino, clarete, entienden que debe renombrarse como castellano- que, junto a torero, Messi y sangría conocen la mayor parte de los ingleses que no saben  hablar nuestra lengua a la perfección (que existen, desde luego).

A muchos españoles, especialmente si han nacido en una población lindante con el País Vasco llamada Pamplona, les gusta ver correr a los toros por las calles. No todos los días, a veces. Esta manifestación de algo que no tiene nombre definido, aunque se han propuesto muchos, (no del todo elogiosos la mayoría), sucede todos los años, con ocasión de la festividad del santo Patrón de la ciudad, llamado Fermín, que, según parece, era mayoral de una ganadería.

La velocidad que alcanza un animal de aproximadamente media tonelada de peso, cuando se lanza a la carrera, puede ser aumentada algo si delante del mismo se ponen a correr también unos cuantos miles de personas con un pañuelo rojo al cuello. Según ensayos no científicos, llegarían a alcanzar hasta los 40 y los 45 km/h, en trechos cortos y en descenso; mayor velocidad de la que puede evidenciar un humano en llano (los atletas especializados en correr los 100 m lisos, pueden bajar algo de los 10 s; es decir, podrían jactarse de correr en ese corto tramo a 36 km/h)

En general, se trata, pues, de plantear las bases de un espectáculo divertido -al decir de los fanáticos-, sobre todo cuando alguno de los astados empitona a cualquiera de los humanos -suelen ser, por razones ignotas, australianos o sudafricanos-, y le da unas cuantas volteretas, lo que llega a provocarle terribles contusiones e incluso heridas profundas de las denominadas, en atención a su origen, producidas por asta de toro -que deberían renombrarse «causadas por estupidez manifiesta»-. De todo ello se informa oportunamente en un parte médico, que se difunde al acabar la carrera mixta, y que se difunde por una cadena de televisión nacional en riguroso directo.

No es el único espectáculo en el que gente no profesional se pone en peligro porque sí. Hay toros embolados, bous con teas, cornúpetas lanceados a caballo, juegos que tienen por fin hacer caer al bicho al agua, etc.

Como no solo de torismo vive un país, España ha apostado de forma decidida por poner en valor el sol, particularmente, combinado con arena, agua de mar y barra libre. Los ensayos iniciales de esta idea se llevaron a cabo en Ibiza y fueron un completo éxito, consiguiendo poner el nombre de San Antonio -otra manifestación de la devoción católica que es signo identificador del país- de moda en todo el mundo, en especial, en Inglaterra y Suecia. Hoy, Magaluf ha recogido la antorcha, y otras poblaciones de la costa rivalizan por poner el escenario al espectáculo lamentable de jóvenes drogados,  borrachos o, simplemente, desquiciados.

Se está estudiando, aunque con prudencia, para evitar la contaminación con las fuentes del torismo más seguras, introducir en la oferta el conocimiento de la historia y la cultura hispañas, pues aún se conservan algunos monumentos y piezas artísticas, algunos ya en deplorable estado.

Sin embargo, como se ha comprobado que la inmensa mayoría de los visitantes de cualquier lugar -tanto los alóctonos como los autóctonos- cuando viajan, solo están interesados en comer pizzas o hamburguesas y beber cerveza y, según su edad, dar un recorrido rápido por la ciudad o no hacer ninguno, de momento, se descarta la posibilidad de ampliar la oferta, pues siempre se podrán ver tranquilamente en casa las fotografías tomadas a la carrera, en las que la exacta identificación del vestigio de lo que antes se denominada cultura, carece de interés propiamente dicho.

Obviamente, el torismo impide analizar vías para impulsar actividades de otro tipo, ya que, según se ha difundido, el estudio en profundidad, la investigación científica o el reconocimiento del mérito -por ejemplo- exige un cambio de mentalidades para las que, ni en este país, ni en los países desde donde se contempla con admiración nuestra incapacidad para sacar mejor partido a lo que tenemos, no estamos preparados.

(Publicado el julio 18, 2014 como angelmanuelarias)

Publicado en: Actualidad, España, Sociedad Etiquetado como: conclusiones, España. torístico, Navarra, Pamplona, San Fermín, toro de la vega, turístico

No es un Cuento de invierno: Minutos de reflexión

11 marzo, 2014 By amarias 1 comentario

Hace diez años, varias bombas controladas a distancia explotaron en cuatro trenes de cercanías de la capital de un país real, que tenía cierto parecido con el de Valgamediós, aunque la principal diferencia era que en aquel país no había mucho lugar para la fantasía.

El atentado terrorista que padeció Madrid cambió muchas cosas. Para algunos, de forma definitiva. Los artefactos explosivos mataron a 191 personas y causaron heridas físicas de diversa consideración a más de dos mil. Hubo también miles de heridos síquicos, quizá millones, porque a éstos sería imposible contarlos, ya que, como es natural, la mayoría no solicitaron tratamiento.

Cuando se propagó la información de que la capital de España había sido elegida por las fuerzas del mal para hacer una exhibición cruel de su minúsculo poder, hubo algunos que pensaron de inmediato que el atentado era obra de los terroristas que tenían instaladas sus tiendas junto a las nuestras, los «asesinos de casa», por así decirlo. ETA, de la que se creía conocerlo todo.

Era el momento de estar más unidos que nunca contra ese enemigo interior que había hecho de la extorsión y el miedo su forma de vida.

No era fácil imaginar, desde la sorpresa inicial, que los atentados tenían como autores a un grupo de fanáticos religiosos que reinterpretaban, manchándolas de sus odios, las voluntades por las que Dios había sido creado, y que querían, por encima de todas las cosas, hacer daño, cuanto más daño, mejor, sin importar a quién. Los yihadistas, de los que se sabía muy poco.

Estos asesinos con talantes medievales y artefactos de hacer daño modernos, no se estrellaron con un avión que ellos mismos conducían. No se inmolaron con sus víctimas. Pudieron disfrutar del momento de gozo de conocer que su operación había tenido el éxito que esperaban: la masacre de centenares de personas a las que no conocían de nada; generar la desesperación y el miedo de miles de desconocidos; abrir las especulaciones de millones de hombres y mujeres que se preguntaban para qué se había asesinado a tantos.

Se han guardado desde entonces, en los lugares más dispares, muchos minutos de reflexión. Como es sabido, en los minutos de reflexión, las gentes se ponen de pie, guardan silencio con la mente generalmente en blanco, y esperan que el tiempo, que parece en esos casos terriblemente lento, pase de una vez. Después, aplauden o gritan, aunque -convencidos a priori de que no pueden hacer nada más-, sencillamente, vuelven por donde solían.

La fecha del once de marzo de 2004, para muchos españoles y, en especial, para quienes han sufrido las consecuencias del atentado directamente, está marcada de rojo en el calendario de sus vidas.

También lo está, por razones muy diferentes, para quienes han instigado y participado o colaborado en el atentado.

Algunos de ellos -no podemos dudarlo- están muertos, o en la cárcel.

Pero, con seguridad, hay decenas, quizá centenares de seres diferentes -no podemos llamarlos semejantes-, para los que este día significa un momento de gozo, de triunfo. Me escalofría saber que, dos años después del atentado, un 16% de los musulmanes que vivían en España simpatizaban con la acción terrorista.

Puede que sean miles quienes, al escuchar que las víctimas y sus familiares y la inmensa mayoría de quienes están a su lado en el dolor y en la memoria, vuelven a vivir aquellos momentos, deseando que nunca hubieran existido, sientan por su parte la sensación de que han conseguido algo, de que han hecho bien.

Para los que aún puedan creer -dentro como fuera de España- que la actuación de tenía fundamento, no tengo más que una combinación de lástima y desprecio.

Que esos minutos de silencio caigan sobre ellos, sobre los asesinos y sus cómplices, sobre los que creen que matar está justificado para que las ideas, cualquiera que sean, se impongan sobre las razones. Que les aplasten las fuerzas de la sensatez.

Y que esta maldición, surgida del respeto al hombre y no del odio, nos libere, a los pacíficos, a los que siempre estaremos junto a las víctimas, de la desgracia de tener que convivir con los criminales, con los asesinos, con sus cómplices, con sus encubridores, con los que nos siguen mintiendo sobre los móviles para superponer sobre las verdades, sus deseos y fantasías.

FIN

 

Publicado en: España Etiquetado como: atentado, conmemoración, islámico, Madrid, once-eme, terrorismo, víctimas

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