Al socaire

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Ruidos

19 agosto, 2018 By amarias 7 comentarios

¿Notan, como yo, que hay demasiado ruido en el escenario de la convivencia? ¿Qué una gran cantidad de secundones, arribistas, deslenguados, corruptos, incompetentes, aprovechados, cínicos, pendencieros, necios… se han apropiado de  los espacios fundamentales en los medios de expresión?

Me hartan, encorajinan, duelen. Ocupan con insolencia muchos de los mejores lugares en la letra impresa,  llenan las calles con reivindicaciones egoístas, excesivas, imposibles. Se apropian de tribunas y foros y emiten opiniones infundadas desde las ondas; se alzan con voz sonora para emitir juicios bobalicones pero intocables, en los bares, las tertulias, las reuniones de empresa, los momentos para estar entre amigos.

Parecen muchos, -en todo caso, demasiados-, quienes, faltos de capacidad para discernir el alcance y consecuencias de sus dicciones y actos, se aventuran por el camino peligroso de la confrontación, usando, no la dialéctica, la comprensión o la tolerancia, sino el desprecio, la burla, el griterío y, en suma, la ausencia de respeto hacia el que discrepa con ellos.

No tengo más que una voz, no represento más que una opinión, no valgo sino un voto, pero llamo la atención sobre la forma en que se está marginando a los pacíficos, a los tolerantes, a los que mantienen como sabiduría el ejercicio de la prudencia.

En ese arca en el que se alimenta la disensión, con la estúpida pretensión de la novedad, se va directo a las bases de nuestra cultura de convivencia: se aplaude a todo el que haga burla de una religión (la católica), sin reparar en que, para la inmensa mayoría, no existe otro soporte para la -ética, faltos de formación filosófica.  Sin que convenga echar en el olvido que se critica, como postura plausible, lo que provenga de esa Iglesia, sus sacerdotes y fieles, como añejo, en tanto se procede con un respeto cerval a cuanto toque a la religión musulmana, ajena a nuestra cultura y, -sin querer entrar en polémica en este punto-, más retrasada en la evolución de las religiones por reencontrar el camino seguro de la ética universal y la necesidad de encontrar una respuesta individual al misterio de la anomalía de nuestra capacidad de raciocinio en el orden cósmico.

Por ese mismo camino de hacer gracia de lo que más importa, se critica la forma de Estado que tenemos (la Monarquía) y al actual detentador de su Jefatura, con anécdotas inventadas a mala uva, acumulando menosprecios a la persona sin darse por enterados de que se trata de una institución clave de nuestra democracia constitucional, y, como paradigma del desequilibrio mental colectivo, se aplaude con fervor infantil la situación de otros países en los que, justamente, es la Monarquía la forma como se ha dado estabilidad al Estado social.

Todo me parecería menos importante, con serlo mucho, sino fuera porque se añade al desbarajuste, una dilapidación continua de caudales de conocimientos y oportunidades económicas. Ganan los que prefieren dispararnos a los pies de la estructura económica, en vez de arrimar el hombro para construir un orden institucional sólido. No es cierto que la economía se esté recuperando, porque la verdad es que tenemos una grave disfuncionalidad, una tensión no resuelta entre capital y trabajo, entre sectores de futuro y precariedad laboral y tecnológica.

No es cierto que tengamos una Universidad de élite, sino un desbarajuste formativo. No es cierto que avancemos en investigación, ni en tecnología, ni en crecimiento empresarial, ni en oportunidades de empleo.

No lo es porque no puede crecer la excelencia en el campo de cultivo de la intolerancia, la continua discusión, las huelgas reivindicativas, las pretensiones independentistas.

Pueden encontrarse muchas razones y tampoco sería justo ver un panorama negro, porque tenemos un país de oportunidades y una población capaz de ponerse en marcha hasta la heroicidad. Pero la notoria ausencia de liderazgos en España y una excesiva presencia de pretensiones de minorías y grupúsculos, dedicados a armar jaleo y propiciar el desorden, sembrando de reivindicaciones y alegatos egoístas, nos están conduciendo por el sendero de la catástrofe.

Estamos en un estado de malestar, no de bienestar. Y en ese caldo de cultivo, tenemos, otra vez, activas en su bulle bulle, la dos Españas. La que me hiela el corazón hoy es la que se mueve en la ignorancia de la Historia y en la añoranza de páginas que hicieron grave daño a los que tuvieron que vivirlas en primera persona.

Ni Casado, ni Torra, ni Sánchez, ni Iglesias, ni Garzón, ni Rivera, ni Díez, ni Perico de los palotes ni el pato Donald van a solucionarnos la papeleta. No saben, no pueden, no quieren. Necesitamos estabilidad, ya. Y esa solo se consigue con una mayoría capaz de gobernar con tranquilidad, conocimientos y criterio, asentada en lo real, no en suposiciones, inquinas o quimeras.

Conseguir esa mayoría de Gobierno no es cuestión de tiempo, sino de voluntades. Tengo solo un voto, una voz, una opinión, pero lo que yo deseo es que este país en el que vivo y al que he dedicado toda mi vida se ponga de acuerdo en tirar, en lo fundamental, hacia delante. Sin trampas, sin antojos.


Esta pareja de abubillas (upupa epops) fue fotografiada en el Pardo, en los jardines de lo que fue residencia de un Jefe de Estado que se aupó a esta posición después de una guerra civil, originada por un levantamiento militar contra el orden constitucional. Muchos de nosotros, los españoles de hoy, fuimos niños en esa postguerra.

El nombre latino de la abubilla hace referencia a su voz (un sonoro puup-puup-puup), que puede confundirse con un ladrido. Los dos sexos son indiscernibles, y de una belleza sin discusión.

 

Publicado en: Actualidad, Política Etiquetado como: abubilla, democracia, discusión, guerra civil

Por tierras movedizas

5 julio, 2018 By amarias Deja un comentario

Mientras los afiliados al Partido Popular, en número pulido hasta el ridículo, (al bajar desde los aires de grandeza insolente a la triste realidad de una entidad política en descomposición), se disponen a votar sin mucha convicción entre tres candidatos tocados de ala, los restantes partidos españoles, con la mirada perdida, mordisquean las uñas a la espera de que el tiempo mejore.

Cierto que el Partido Socialista de Pedro Sánchez, impulsado por el azar y el deseo de varias figuras del plantel de principales, por poner su nombre entre los ex ministros del país, tiene en este momento la sartén del poder por el mango. Pero el asa de ese instrumento de cocinar el pote común, está que quema y no se sostendrá en la mano por mucho tiempo.

El ojo tan lleno de altanería como falto de visión pragmática de Pablo Iglesias Turrión y sus amigos de Podemos-Desunidos ofrece un compañero de viaje que se asemeja, sobre todo, a un easy rider, un oportunista atento al beneficio propio más que a ayudar a gobernar mejor.

La historia, aún inconclusa, para nombrar un presidente para la Televisión pública o la imposibilidad de formar un Consejo para el ente en el que figuren representantes de todas las facciones públicas, no refleja sino la peligrosa combinación de la exigencia de altos peajes para mantener al PSOE en el Gobierno como la cerrazón de los partidos de derecha y centro derecha para acercarse al diálogo con quienes, según su lectura, les han usurpado el poder.

Nadie sabe lo que podrá salir de ese debate entre enemigos acérrimos en el que se ha convertido el debate a porrazos por la sucesión de Mariano Rajoy en el PP, aunque las encuestas -que no tengo ni idea de cómo se lavan y peinan en este caso- apuntan a que la ex vice Soraya Saenz de Santamaría tendrá la mayoría, lo que no evitará que esta camaleónica política deba emprender un camino de expiación por su partido, al estilo del que Pedro Sánchez realizó por el suyo.

En este guirigay de afectos descompuestos, me preocupan, como seguramente a una mayoría de españoles a los que interesa que la política se haga de la mejor manera posible, tres o cuatro cosas de mayor calado:

a) el silencio de Ciudadanos y de sus dirigentes, obviados por los media tendenciosa como si se tratara de apestados, cuando han ofrecido los argumentos más serios de esta reciente historia de nuestro malhadado país;

b) la obstinación de Torra, Puigdemónt y sus secuaces separatistas en insultar al resto de los españoles y a la mayoría de los españoles residentes en Cataluña (es decir, a los catalanes) con una agresión y una falta de respeto institucional que si no merece el castigo de la Justicia (hoy demasiado solicitada) debiera encontrar el desprecio masivo en las urnas;

c) y, finalmente, para no hacer el cuento largo, me asombra que se haya sepultado a la izquierda histórica, la del Partido Comunista, sin que se adviertan voces no ya discrepantes, sino aullidos de dolor, actuando de enterrador. Alberto Garzón, que más que líder de la rancia institución, aparece como un joven aficionado al glamour y falto del carácter crítico y reivindicativo que correspondería a la verdadera izquierda consciente de que su papel es el de actuar de mosca cojonera del poder establecido y no de comparsa de populismos ni florituras de salón.


He fotografiado una pareja relativamente insólita: una cigüeñela (Himantopus himantopus) , elegante con sus patas de color rosado y su fino y alargado pico, y una polla de agua (gallinula Chloropus), también inconfundible por el pico rojo con  punta amarilla de los adultos.

Cierto que estas dos aves casi parecerían domesticadas, compartiendo hábitat circunstancialmente con los patos azulones y las fochas comunes que ocupan ocasionalmente como dormitorio uno de los grandes estanques de la urbanización de Costaballena, hoy en crecimiento desmesurado al haberse recuperado en parte, por lo que parece, la anterior burbuja inmobiliaria y estarse preparando una segunda.

 

 

Publicado en: Actualidad, Política, Sociedad Etiquetado como: cigueñela, Ciudadanos, focha, Garzón, Izquierda Unida, Partido Popular, Podemos, polla de agua, PSOE, Sánchez

Hércules y la reforma de la Universidad

4 julio, 2018 By amarias Deja un comentario

Mi admirable colega Pedro Duque (Ministro de Ciencia, Innovación y Universidades) se ha propuesto reformar la manera de hacer Investigación en España, elevar el nivel de la formación universitaria y, en suma, impulsar el país hacia las estrellas and beyond.

No lo tiene fácil, porque: a) en España nada es sencillo, dada la especialidad de muchos en poner palos a las ruedas y b) el Ministro astronauta viene de la estratosfera formativa y, aunque se esfuerce en aprenderlos, ni conoce ni le dará tiempo a desentrañar los entresijos educativos de nuestro país, en el que llevamos muchos años de desmantelamiento sistemático de la enseñanza de calidad.

En su visita a la Universidad de Salamanca (el 21 de junio de 2018) ha reconocido que, de entre los muchos temas que se le ocurre renovar, de momento, «solo puede mantener las expectativas», por ejemplo, de duplicar el gasto en investigación y desarrollo. Tampoco pudo anunciar, aunque hubiera querido, un Pacto de Estado por la Ciencia, que, por supuesto, aplicaría criterios de excelencia, porque para ello se necesitarían recursos que no tiene su Ministerio, que está -lo apunto yo- «a la cuarta pregunta».

El discurso de réplica del rector, ese día viajero, puso de relieve que la USAL (Universidad de Salamanca, para los amigos) es un ejemplo a seguir. Sus elogios a la institución, decana de los centros de docencia de las élites académicas hispanas, «Universidad literaria» que no presta lo que natura no da, fueron rayanos en lo apologético.

Doy por seguro que cuando el buen Duque vaya de visita a otras Universidades se encontrará con los mismos o parecidos cantos de autosatisfacción, con el riesgo claro de que se deje confundir por lo deseos sin penetrar en los abismos de la realidad.

Para reformar la Universidad hay que meterse muy hondo, con escafandra para aguantar fuertes presiones y con el machete imprescindible para liberarse de las algas correosas que cercan cualquier intento de avanzar entre las matas de posidonia complaciente y endogamia aberrante.

Para conseguir calidad de verdad, habrá que revisar las competencias del profesorado, romper clanes claustrales, borrar asignaturas sin sentido, desmadejar carreras sin profundidad, poner en solfa títulos sin valor de mercado. Hay que volver seguramente a tiempos anteriores a Bolonia, no tener pavor a incorporar profesorado no titular y sí experimentado para que imparta otras visiones, y en fin, recuperar la ordenación universitaria como algo propio del Estado central, de las competencias que nos afectan a todos, y no dependiente de los caprichos, veleidades y desinformación de las autonomías y sus intereses por el yo más y no importa lo que cueste.

Para conseguir que la Universidad se relacione de tú a tú con las empresas (y no solo con los grandes grupos empresariales), hay que revisar los acuerdos de colaboración, el destino que se haga de las dotaciones, y evaluar con serenidad e independencia la realidad de lo conseguido y su aplicación práctica.

Para conseguir una Universidad eficiente hay que eliminar la presión del (mal) alumnado sobre los títulos, elevar sin miedo los niveles de exigencia, proteger a los profesores eficaces y serios y aparcar a los adormecidos e indolentes, y, por supuesto, defender a los alumnos que desean ser formados en calidad y no ser aprobados por conmiseración, atendiendo, por medida de resultados, a la empleabilidad de los egresados y al éxito de sus trayectorias curriculares posteriores.

Pedro Duque sabe lo que hay que hacer, pero quizá ignora que no le van a dejar hacerlo. Hay demasiados intereses en juego.

Y, por cierto, debería ponerse de acuerdo con la Ministra de Educación y Formación Profesional, Isabel Celaá, que también tiene las ideas muy claras y que igualmente quiere lograr la excelencia, e incluso que los alumnos aprendan inglés (¿por qué no chino?). Como quiere impulsar la formación dual (que llevamos teóricamente empujando en este país de conceptos desde hace varios años sin que se noten los efectos), tendrá que dialogar, y mucho, con las empresas y con los profesores, y realizar en conjunto el cuadro de lo necesario antes de lanzarse por lo vistoso. Tarea de titanes.

Por cierto que la Ministra Celaá ha reconocido que en estos días de intensa actividad del nuevo Gobierno han trabajado sin descanso (lo que me creo a pies juntillas) y que, contrariamente a lo que la gente cree, ya tienen un programa de Gobierno completo. Sería, en mi opinión, conveniente que lo divulguen.

Y repito, sin ánimo de disculparme: el mío es fuego amigo, y disparo, por tanto, con cartuchos de salva.


Esta foto corresponde a un escarabajo pelotero (onthophagus taurus), al que rescaté de una piscina en la que se había deslizado la noche anterior. La instantánea es de mala definición, (está tomada con un móvil y baja luminosidad) pero creo que se trata de una hembra. Mi débil convicción proviene de que no le distingo los cuernos con los que defienden los machos su deseo sexual. Claro que lambién puede tratarse de un macho que haya nacido sin ellos o los haya perdido, traicionando así el nombre específico que le han puesto los naturalistas: más que toro, coleóptero mocho, novillo de boñigas.

 

Publicado en: Economía, Política, Sociedad Etiquetado como: Celaá, coleóptero, escarabajo pelotero, formación dual, Ministerio de Formación Profesional, Ministerio de Innovación, Pedro Duque, reforma, Universidad

Madrid vence a Carmena

26 junio, 2018 By amarias 4 comentarios

La gestión de las grandes ciudades supone especiales dificultades. La mayoría de las urbes son resultado de siglos de intervenciones -unas en el vuelo y otras en el suelo y el subsuelo- y las corporaciones municipales, al margen de los propósitos que les animen y de sus programas (si los tienen) se deben confrontar a inercias y resistencias no siempre fáciles de detectar ya que no de vencer.

El equipo de la alcaldesa de Madrid, Manuela Carmena, se ha conformado, como es sabido, con gentes de aluvión político y social, apareciendo como una galería variopinta de personalidades e, incluso, de ideologías. Se ha presentado a Carmena como una persona juiciosa, experimentada en el trato personal y, por supuesto, bien intencionada, capaz de aglutinar con su personalidad las complejas singularidades.

Se percibe que lo intenta. No tiene el empaque de Gallardón, la capacidad impulsora de Aguirre, la popularidad de Tierno, pero mantiene incólume la credibilidad de su postura, (al menos, entre quienes no tienen cargas ideológicas contrarias). ¿Por qué? Porque aparece con la firmeza de la abuela, correctora, pero indulgente. Todo, endulzado con una capacidad de expresión verbal sorprendentemente pobre para una persona que procede de las altas cimas de la magistratura.

Las cosas buenas de Madrid lo siguen siendo, sin que pueda apreciarse que hayan mejorado: bastantes Parques, bien distribuidos por el espacio urbano, aunque algunos  (el Retiro es el paradigma) terriblemente solicitados en los días de asueto, sometidos a una presión demográfica insoportable y de uso, además, consuntivo/destructivo muy importante en algunas zonas.

La ciudad está bien dotada (con excesiva concentración en zonas de paso turístico) de bares y restaurantes para todos los bolsillos, si bien no puede decirse que tengan, en conjunto y hasta en lo particular, la calidad que cabría esperar de la capital de la cocina mundial, desplazada, en realidad, al eje Barcelona-París y sepultada por la terrible inundación de Burgers, pizzerías de tres al cuarto, kebabs de dudosa factura, pollos asados para llevar, etc,

Aunque los restaurantes, cafeterías y bares han mejorado en limpieza (presionados suavemente por un Reglamento obligatorio que se incumple e inspecciones que no se realizan), el servicio es -siempre en términos de generalidad- lento, poco profesional y distraído. Los «platos típicos», y los menús del día, destinados a oficinistas apresurados y ay turistas despistados, al mínimamente exigente defraudan por su factura convencional, cuando no están manifiestamente recién descongelados (paellas de mentirijillas, fabadas de bote, carrileras sin identidad reconocible, cocido madrileño a la trágala, ensaladas de canonigos, filetes con patatas o lubina a la plancha).

Veo un grave riesgo para Madrid de caer en el pozo de la vulgaridad, convertirse, al fin, en un poblachón sin personalidad, lo que siempre abominó. La plaza Mayor es el paradigma del despropósito, sin que la tolerancia pueda justificar ese bodrio. Decenas de figurantes sin gracia, disfrazados de Homer, Pocoyó, Charlot o lo que salga; falsos  equilibristas -algunos en composición de larga elaboración en la misma plaza con dos y hasta tres pedigüeños integrados en una carcel voluntaria durante horas,  ocupan los espacios públicos, apelando a la generosidad de los viandantes que quieran hacerse una instantánea olvidable.

El espectáculo de naturaleza propia que forman las carreras de los vendedores de mercancía falsificada y la policía municipal solo tiene réplica acorde con el vergonzoso letrero -¡en inglés!- que adornó durante meses, con desfachatez oficial,  el falso mensaje de acogida «Refugees welcome». Por supuesto, el complemento obligado del despropósito son los miles de pobres llegados del fondo de Africa o la otra Europa que se reparten las puertas de supermercados, restaurantes y bares, iglesias, espacios de calles con tránsito,  huecos de edificios, solares abandonados, etc. y que forman ya parte  del paisaje urbano de Madrid.

Como concejala de Cultura, Carmena ha echado sobre sus espaldas una responsabilidad adicional, que parece haberse decantado hacia lo alternativo, y encuentra su mejor expresión en el espacio inmenso, desangelado y frío del Matadero.

La oferta cultural de Madrid promovida desde el municipio es escasa, reiterativa y, en esencia, pobre, tirando hacia lo marginal y cutre. En lo teatral, en lo musical, y, por supuesto, en la creación literaria.

Aunque las responsabilidades no dependan solo del Municipio, la falta de subvención y apoyos hace que, por ejemplo, el Ateneo languidezca entre sus pasados laureles y en la falta de atractivo de sus actuales ofertas, escasas y desordenadas. A veces, la ciudad sorprende con la proliferación de Meninas de cartón piedra y otros monstruos aptos para ser compañeros de instantánea de pasajeros con prisa, sin gusto ni capacidad para entender o disfrutar del arte.

Madrid tiene un buen eje museístico (me refiero, claro, al trinomio Pardo-Thyssen-Reina Sofía, completado por la Fundación Mapfre y Caixa Fórum), pero su oferta se moviliza en torno a algunas exposiciones concretas, que acaparan un público numeroso que impide el disfrute de las obras e, incluso, su contemplación. El Teatro Real es un espacio escaso para una ciudad como Madrid y, por ello, sus abonos son presa codiciada y objeto de movimientos especulativos.

Alcaldesa, Madrid sigue siendo una ciudad sucia. Muy sucia. No lo era, pero entre ciudadanos irresponsables, fumadores descuidados, marranos de profesión, cacas de perro y mal uso de los contenedores, lo hemos conseguido y no será fácil quitar esa lacra sin firmes castigos. No sé por qué se tolera que camionetas con individuos la organización adecuada para abrir las bolsas de basura o asaltar los contenedores de recogida separativa, recorran a toda marcha la ciudad, dejando tras sí recipientes destripados y desechos esparcidos. Ignoro por qué no se multa a desaprensivos que utilizan los puntos de entrega de papeles o cristales, como puntos limpios (o sea, sucios), para abandonar sus inservibles.

En fin, alcaldesa, no dudo que Vd. tenga toda la buena intención del mundo, pero le fallan las actuaciones y la coherencia entre sus compañeros de coalición. Demasiadas actuaciones anunciadas y no consumadas, consumadas y fallidas. Los carril bici se han convertido en un sendero de sustos para peatones y ciclistas, por su falta de continuidad. Las calles (no solo la M30) están atascadas en las horas punta, (y no tan punta), por autos con un solo ocupante que, supongo, a algunas horas, solo pueden ir de ninguna parte a ninguna parte. Hay líneas de autobús que, a pesar de los paneles «en pruebas», no consiguen coordinarse. Igual aparece el vehículo al cabo de 20 minutos de espera o vienen dos seguidos.

No me detengo en actuaciones independientes de alguno de sus concejales, llevados por sus pasiones sociales y su sesgo para contentar a los que les puedan aplaudir. Si se da un paseo por la ciudad, a pie, en metro o a caballo, verá que seguimos teniendo los mismos (o más) baldosines levantados, postes mal ubicados, cornisas amenazantes, terrazas irregulares, obras ilegales, etc. Supongo que la policía municipal precisa motivación (además de autoridad): a la entrada de algunos metros leo cada día escritos en la acera que exigen su dimisión, firmada por «la policía municipal»; extraños grafiteros.

No lo tome a mal, alcaldesa, pero Madrid está más fea. La culpa la tenemos todos los que la usamos, sea a diario o ocasionalmente, pero Vd. es la cabeza visible del desaguisado creciente, y, aunque sea como buco emisario, alguien tiene que pagar por las culpas de todos.


El ave que he fotografiado no me resulta de fácil identificación. Su canto estridente me recordaba al cetia ruiseñor (cettia cetti), pero su aspecto uniforme y blanquecino, sin marcas, me inclinaba hacia la buscarla unicolor (locustella luscinoides), a salvo de la cola bifurcada de esta especie, ya que el animalillo la tiene claramente redonda y oscura, con un pico de carricero.

Cuando pasé la foto al ordenador, vi que este pájaro tenía solamente una patita, y la otra estaba replegada y encogida sobre sí misma, en una deformación insólita.

 

Publicado en: Política

Ciudadanos en la picota

10 junio, 2018 By amarias 3 comentarios

En el negocio bursátil (ese juego para adultos en el que aún no he conocido a nadie capaz de asesorarme con solvencia y no con palabrería) existe la figura clave de los cuidadores del valor. Son expertos en proporcionar noticias sobre contrataciones reales  o en perspectiva, comentarios de coyuntura, juicios sobre mercados y competencias, aderezado con avances de cuentas de resultados y apoyado con dineros contantes y sonantes en los momentos oportunos.

Este despliegue de saber hacer, con efectos sobre la cotización de una acción y con el menor coste posible, tiene como destinatario al ahorrador particular, pero cuenta con la mediación (no necesariamente desinteresada) del experto en analizar curvas de fundamentales, topes de resistencia al alza o a la baja, volúmenes de contratación y su fino olfato de asesor de terceros sin poner precio a su propia cabeza.

Pues bien, en el escenario político español, los expertos en analizar el caos de la polis, coinciden en cacarear que toca ahora apostar por el valor del PSOE de Pedro Sánchez, (hay varios, como el lector sabe), encaramado a las labores y tejemanejes del Gobierno, y, en correspondencia, se airean consejos para vender acciones, confianzas, apuestas de futuro, de todos los demás grupos políticos, o, en el más benévolo de los casos, tenerse ojo avizor sobre su evolución inmediata.

Dé por perdido, oímos lo invertido en el PP, víctima de una burbuja explotada por la corrupción sobrecalentada y sin capacidad de reacción debido a la concentración excesiva en el sector de la autocomplacencia. Cierto que existen importantes activos inmobiliarios y personales que podrán aprovecharse, aunque en este momento lo que procede es ver quién es el nuevo equipo gestor de los valores de la derecha tradicional tras la debacle.

Si ya lo tiene en su cartera ideológica, mantenga, aunque consciente del riesgo que asume, las acciones que haya destinado a Unidos Podemos, devaluadas en este momento por la pérdida de credibilidad de sus otrora mediáticos líderes. Consideradas inicialmente como «chicharros» -denominación despectiva para aquellos valores que fluctúan en exceso, sometidos a vaivenes especulativos-, no se descarta una recuperación rápida si volvieran a entrar en el parqué las inversiones de los fondos antisistema que potencian las revueltas callejeras y la apuesta, por los que saben poco de la economía real y quieren ver en las tecnologías de ficción socioeconómica, la solución a sus necesidades que es el punto fuerte del valor.

Dentro de este panorama, en el que los partidos nacionalistas y, en especial, los anticonstitucionalistas, no cumplen otra función que la de enmerdar el parqué para su propio beneficio, jugando de farol con los intereses legítimos de la mayoría y despreciando las reglas según les convenga, destaca, en mi opinión, una anomalía.

Vencido y derrotado el ejército de la derecha tradicional, cerrada la puerta con un golpe en las narices a la izquierda montana, el ascenso a los cielos de la facción de Pedro Sánchez por mor de una carambola y un equipo de figuras del santoral, sorprende la casi total unanimidad de representantes de los demás partidos, informadores, analistas y amigos del tertulianeo de café, en utilizar a Ciudadanos como trasunto del muchacho al que toca vapulear en los recreos. Suele ser, ¿recuerdan? ese chaval de gafas, negado para la gimnasia, militante entre los mejores de la clase, que levantaba la mano cuando el maestro hacía una pregunta y salía voluntario cuando se solicitaba desde la tarima una colaboración.

Sí, también era al que, cuando la autoridad tenía que ausentarse por cualquier necesidad, ésta le encargaba de apuntar en la pizarra a todos aquellos que no guardasen la compostura.

No quisiera confundir deseo con factibilidad, pero si me preguntan qué valor político es al que concedo mejor evolución futura, les contesto sin dudar: Ciudadanos. Cómprenlo ahora que está bajo. Por los fundamentales.

 

 

Publicado en: Actualidad, Economía, Política

No precipitarse a gobernar sin Programa

7 junio, 2018 By amarias 1 comentario

Después del impacto emocional y mediático que supuso la presentación del gobierno con el que Pedro Sánchez anunció su disposición a convertir el asalto a la Moncloa en una demostración de solvencia, es imprescindible poner el énfasis en la inmensa tarea por delante.

He escuchado ya, entre los optimistas informados, que la limitación que supone tener que atenerse a un Presupuesto aprobado por el anterior gobierno, y al que se manifestó expresamente su rechazo en la votación del Congreso, no es tan grave.

Grave no parecerá a algunos, pero no puedo estar de acuerdo con que se caiga en la tentación de cambiar partidas y hacer reasignaciones presupuestarias, pues contravendría las obligaciones legales de ajustarse a lo aprobado.

Sin embargo, queda poco más de medio año de ejecución presupuestaria y el horizonte presenta un magnífico regalo adormecedor a la posible presión de reivindicativos y descontentos: el Mundial de Fútbol, y concede margen de preparación fuera de focos para generar un buen programa de gobierno con el que conseguir, tal vez, la aprobación del presupuesto para 2019 -es imprescindible utilizar una capacidad de convicción a contrarios que  no será ni fácil para el PSOE ni asimilable para sus competidores políticos-.

Sin embargo, ese programa y las buenas maneras y los puntuales logros que se consiga poner de manifiesto, han de estar destinados a conseguir el apoyo mayoritario del pueblo llano en las próximas elecciones.

El mundial de fútbol juega, pues, un papel relevante para aliviar la presión sobre el nuevo ejecutivo. Si la suerte que acompaña a Sánchez se concreta en que la selección española llegue a jugar la final, y no digamos si se gana la competición, nos plantaríamos, vacaciones de verano mediante, a finales de septiembre y con una sensación placentera como placebo para aliviar las adversidades de cada día.

Opino que este flamante gobierno de 17 capacidades innegables, 17 personalidades muy potentes, no debe es cometer el error de empecinarse en acelerar el inicio de la labor de cada Ministerio de forma independiente.

Que hablen poco, o que lo que digan no suponga apuntar a objetivos imposibles. Porque lo más urgente es confeccionar un Programa de Gobierno, una relación concertada, seria, ambiciosa, con la convicción realista de que no podrá ser ejecutado de inmediato. No hay consenso y, por encima de los deseos, no lo olvidemos, no hay dinero.

El trabajo inmediato de los ministros -perdón, me resisto a hablar de ministras y ministros- debería ser, en las próximas semanas o meses, analizar ese Programa conjunto, ponerlo en claro, expresarlo con rigor a la ciudadanía y, en lo posible, abstenerse de realizar declaraciones de intención que pondrán de manifiesto altura de miras y nobleza de criterios, pero tropezarán con el muro de la realidad inevitable.

Como deseo que no suceda esta dicotomía entre realidad y ficción presupuestaria, opino que ese riesgo de que muchos de los responsables de las carteras se evadan por los cerros de Ubeda de sus querencias de gestores eficaces en el mercado de los dineros, atiendan más a quienes conocen los entresijos de la zona pantanosa por donde discurre la labor pública. Serenidad. En aportar ese sentido, ha de emplearse Sánchez con mano directora, poniendo él mismo en valor una capacidad de gestión y control que sus opositores le niegan.

Ha tenido la inteligencia y la oportunidad de convencer a personas de capacidad, con ideas de reforma, incluso con criterios discrepantes, si atendemos a las trayectorias anteriores. Yo no desearía que se embarcaran en grandes cambios inmediatos, salvo los de talante, y no porque no los vea necesarios, sino porque deseo que perduren en el Gobierno, y eso pasa por la confirmación en las urnas.

La buena política no se improvisa, sino que se define y traza, y no es posible actuar sin programa de Gobierno. Aplíquense, pues, los flamantes ministros, y su presidente a la cabeza, rodeado de aquellos asesores y avezados funcionarios que crean conveniente, a confeccionarlo, y no se preocupen de hacerlo ambicioso y con objetivos a medio y largo plazo.

Porque se debe tratar de convencernos, a nosotros, los votantes, ilusionados, recelosos o discrepantes, de que serán capaces de impulsar a un maltrecho socialismo a ganar las próximas elecciones, y eso solo se conseguirá con los cestos tejidos con los mimbres que se vayan seleccionando y concretando en ésta, desde las marismas de las oportunidades recobradas.

 

Publicado en: Actualidad, Política Etiquetado como: gobierno, programa, Sánchez

Poniendo los bueyes

6 junio, 2018 By amarias 2 comentarios

Aunque no han tomado todavía posesión de sus cargos, los nombres de los ministros del gobierno de Pedro Sánchez se han ido conociendo a lo largo de esta primera semana de junio y, en el momento en que esto escribo (la mañana del día 6 de este mes de 2018), el gabinete se haya ya prácticamente perfilado.

Es justo reconocer una doble cuestión en relación con este primer equipo de gobierno de la nueva era socialista. No me refiero (aunque entiendo que es de valorar en ciertos foros) a la imparidad de género del futuro ejecutivo, a favor de las mujeres.

Lo que me llama especialmente la atención es que Sánchez se ha preocupado de elegir a personas con un currículum excelente y experiencia de gestión, ya que no pública, privada. Son personas conocidas en prácticamente su totalidad, con marchamo de solventes en sus anteriores cometidos.

La segunda cuestión que creo necesario resaltar es que los nombramientos le han servido para marcar algunas líneas intencionales de su actuación.

Borrel (Josep), ingeniero aeronáutico y economista,  representa, además de un peso personal de gran mérito, al catalanismo no separatista, con argumentos expresados con rotundidez en múltiples apariciones públicas.

Ribera (Teresa) es, de los funcionarios españoles involucrados en temas ambientales y, en concreto, los relativos a los acuerdos de contención del incremento de temperaturas por efecto de los gases de producción humana, una de las voces más respetadas y competentes.

A primera hora de la mañana trascendió que el astronauta Duque (Pedro), también ingeniero aeronáutico,  se encargará del Ministerio de Ciencia, Innovación y Universidades. Una apuesta importante -y arriesgada, por el perfil de exigencia que presupongo al candidato- por remover el océano de descoordinación de la investigación en España, a la que hay que dedicar, por supuesto, más medios, aunque también, esfuerzos de coordinación.

Podría, de la misma forma que he trazado algunas pinceladas sobre la idoneidad de los tres nombrados, referirme a los demás futuros ministros. Todos ellos, en conjunto y de forma unitaria, representan la voluntad de trazar un camino de solvencia y seriedad. No será posible, supongo, llevar a cabo grandes operaciones en lo que queda de legislatura, si es que llega a completarse. No habrá tiempo, no habrá apoyos. El PP ya anunció su voluntad beligerante, y Podemos no oculta su decepción por no haber entrado en el Gobierno.

Los portavoces del PNV se muestran prudentes ante la previsible modificación presupuestaria que recordará la dotación extraordinaria que motivó su apoyo, con el anterior gobierno y que, de eliminarse aquella, pondrá de manifiesto la profundidad de su deseo de cambio. El PdeCat y todo el independentismo catalán ha visto, en el nombramiento de Borrel, un portazo a sus deseos de república por la vía rápida anticonstitucional, aunque el ministro se encargará de los temas de exteriores.

Creo que Sánchez ha hecho un movimiento de ajedrez muy inteligente, sin duda, bien asesorado. Es de agradecer que personas con tan buena trayectoria profesional haya accedido a formar parte de un gobierno al que las previsiones auguran carácter efímero.

Hay un pulso en el escenario. El país espera con expectación, con ilusión, con necesidades. Los bueyes (me perdonarán la metáfora) imagino que están deseosos de tirar del carro de la verdad, ese que no discurre por los avatares del Parlamento, que no ara por los caminos de la dialéctica, sino que ha de avanzar por los vericuetos de la realidad, embarrados y con parajes ignotos.

 

Publicado en: Actualidad, Política Etiquetado como: Borrel, Duque, ministros, Ribera, Sánchez

Presidente Sanchezstein

31 mayo, 2018 By amarias Deja un comentario

En el momento en que redacto este Comentario, 31 de mayo de 2018, el secretario general del PSOE, Pedro Sánchez, se confirma como ganador de la moción de censura presentada por su partido contra el presidente de Gobierno, Mariano Rajoy. En consecuencia, a partir de mañana mismo -a más tardar, el sábado, una vez que los resultados de la votación en el Congreso de Diputados sean presentados al Rey Felipe VI-, será el nuevo Presidente de Gobierno de España.

No es el cambio de presidente de Gobierno, ni mucho menos, lo que mueve al análisis matizado y tiñe de incertidumbre el futuro político inmediato. Son los apoyos que ha conseguido el candidato, para hacerse con el máximo poder ejecutivo en nuestro país, los que ponen demasiadas incógnitas sobre la necesidad de estabilidad imprescindible para salir con solvencia de un embrollo de magnitud espeluznante.

Ni los antisistema de Unidos-Podemos, embarcados en una notable falta de credibilidad y liderazgo, ni los nacionalistas vascos, ni mucho menos, los independentistas catalanes, que son los que habrán aupado a Sánchez a la Presidencia, ofrecen garantía de tranquilidad ni conceden margen para gobernar con solvencia.

Las discrepancias de ideológicas entre los votantes de cada uno de esos partidos, la deriva anti-constitucionalista de los partidos separatistas y, en fin, la total ausencia de sentido de la realidad política del grupo pre-revolucionario que alimenta Podemos y sus adlátares, aseguran un panorama bronco, de contestación callejera y persistencia en la caída de la economía, que se acelerará.

¿Es que debe entenderse que apoyo que Rajoy permanezca en el Gobierno? En absoluto. El Partido Popular, confirmada la participación sustancial de miembros muy destacados de la coalición en la corrupción que ha convulsionado los cimientos sociales de España, no tiene ninguna opción de mantener un rumbo serio, estable y creíble, para la economía.

Habrá ministros que sepan -y hasta puede que quieran- hacer las cosas profesionalmente con pulcritud, pero no se puede sostener el gobierno del Partido Popular. Las cifras concretas no importan tanto como la descubierta pública de la corrupción económica con la que se alimentó parte de la fuerza electoral. Una vez que la judicatura, en un trabajo impecable pero implacable, ha puesto de manifiesto la verdad que se esconde tras las cifras del Partido Popular, y el objetivo deplorable de enriquecimiento personal de demasiados de los que se encontraron en núcleos de decisión relevantes para nuestra sociedad, el cambio, no solo de rostros, era imprescindible. El PP está muerto como partido.

Yo hubiera preferido un cambio de gobierno sustentado en una coalición PSOE-Ciudadanos, que me parece mucho más homogénea (y serena para los mercados y la sociedad) que el desbarajuste institucional, como vaticino, sin mayor esfuerzo mental, que se producirá a partir de junio.

Mi deseo voluntarista no se cumplió y, con la gran mayoría silenciosa, me convierto en espectador involucrado (¡qué remedio!) en el devenir inmediato. Mi bola de cristal, ya bastante desgastada por el uso, presenta como panorama un guirigay de manifestaciones callejeras a favor de la independencia de Cataluña (y del País Vasco, claro), soflamas identitarias que no solo ignoran la Historia real, sino que alimentan el desorden jurídico y atentan contra la noble identidad española y desprecian la solidaridad y respeto debidos entre pueblos.

No solo eso, el gobierno de Sánchez se encontrará con la necesidad de lidiar con reclamaciones desmesuradas que, surgidas del desequilibrio económico y social, no tendrán posibilidad de ser atendidas con sensatez y oportunidad.

Y no me olvido, no, de que la monarquía está hoy más débil que nunca, y se agudizará su tensión de supervivencia en un pueblo que siempre fue monárquico (religión obliga) pero no se atreve a reconocerlo, porque todos nos sentimos indefectiblemente republicanos de corazón y revolucionarios de intención. Cuando se conozca, por fin, la sentencia inapelable del caso Noós, Felipe Sexto y su consorte plebeya Letizia sufrirán un revés personal que también afectará al supuesto carácter superior y quasi-sagrado de la rancia institución monárquica.

Esto será así, porque para dispararnos a los pies y preparar eternamente la próxima revolución no tenemos competencia. En Europa, desde luego que no; ni en Italia, ni en Grecia, ni en los Balcanes.

Buena suerte, presidente Sanchezstein. La necesitas, la necesitamos todos.

Publicado en: Actualidad, Política Etiquetado como: moción de censura, nacionalistas, Pedro Sánchez, PNV, presidente, Rajoy, separatistas

Malos tiempos para la mesura

12 mayo, 2018 By amarias 5 comentarios

Siempre pensé que me había tocado vivir en una época interesante, pero la terca realidad parece dispuesta a demostrarnos lo contrario. Con una mayoría de españoles nacidos después de la guerra incivil, y aún conscientes de que las heridas que produce haberse matado entre hermanos y vecinos supurarán siempre, tuvimos la ventana de oportunidad de una democracia que nos acercó a la visión de libertades y tolerancia como ningún otro ciudadano del mundo hubiera soñado.

Tuvimos mucha suerte, pues los avances sociales alumbrados por los inexpertos dirigentes de un reconstruido partido socialista no quedaron en agua de borrajas, sino que sirvieron de plataforma de continuidad para un equipo que caracterizamos como de derechas (calificación que, por otras latitudes, allí donde todo el país está escorado hacia el puro capitalismo, se les hubiera discutido). Estábamos haciéndolo distinto, y nos parecía que muy bien. Los aplausos, el recelo envidioso, el expectante vaticinio de nuestro descalabro -en su caso- de quienes nos habían menospreciado hasta entonces nos calentaban el cogote.

Pero todo empezó a deteriorarse sin que aún podamos entender las razones verdaderas, ni los mejores historiadores nos lo han conseguido explicar aún. No hay una clara línea divisoria entre los errores cometidos por los partidos de gobierno, que marcaron una inestabilidad agudizada por la mala gestión de las crisis: guerra de Irak, ley de extranjería, burbuja inmobiliaria, crecimiento de la población activa, incongruencias en la planificación de los recursos hídricos, posiciones estrafalarias en política internacional, corrupción, nacionalismos resurgentes, etc.

Los españoles aprendimos de pronto que los nuevos políticos nos mentían. No estábamos en una dictadura, desde luego, pero las cosas se aproximaban peligrosamente a una anarquía en la que los que estaban arriba miraban demasiado por sus intereses particulares. Y, cuando sucede algo así, todo el que puede atiende preferentemente por sus intereses particulares y los de sus allegados, allí donde se percibe el descontrol.

No pretendo realizar un repaso a la reciente historia de nuestro país, pero no puedo por menos que poner de relieve que, en lo que se refiere a este concreto momento, nos pesan demasiado las malas noticias y, aún peor, el desencanto de sospechar que no podemos fiarnos los unos de los otros.

El mayor problema actual (12 de mayo de 2018) es, sin duda, Cataluña, que está siendo guiada hacia su propio desastre y, por tanto, empuja el de una gran parte de la economía de todo el país que aún llamamos España. Los que conducen el timón, con la apariencia del respaldo mayoritario de los votantes de una democracia que ya sabemos que se ha corrompido, están poseídos del enajenamiento de su pretensión de entrar en la Historia, desde la involución más rancia, recuperando la independencia del capitalismo regional, el aislacionismo tan egoísta como cutre, la insolidaridad. Vuelta, pues, al pasado de las tensiones, los desencuentros, las batallas dialécticas y, puede ser, físicas.

No le veo solución a este problema, porque no se puede negociar con enajenados, iluminados, visionarios que se jactan de estar enviados por los dioses para avanzar haca una tierra prometida que no existe más que en su imaginación.

Desde luego, la judicialización del tema es un error, pero no cabía otra opción. La cuestión es que la aplicación del Derecho tiene muy mala vuelta atrás, e iniciado el pulso con los levantiscos por esa vía, solo cabe el aplicar la parafernalia penal, hasta el final. Hasta que se sofoque el incendio. La resistencia empecinada de los que apoyan a los secesionistas, de no conseguirse que ceda, provocará muertos. Es un milagro que no los haya habido aún, y solo lo puedo achacar a la disciplina y aguante de las fuerzas del orden.

Me gustaría poder escribir que los verdaderos problemas económicos y sociales del país (los que nos afectan a todos y a no a minorías incalificables) están siendo tratados en los foros políticos. No es evidentemente así, y lo atribuyo a una falta de capacidad intelectual y pragmática muy importante. Me resulta descorazonador que el partido de gobierno nos mienta tan descaradamente. El tufo de las prebendas repartidas, de los títulos académicos falseados, de las empresas con resultados amañados, del lenguaje de superioridad y de la falta de sensibilidad social ahoga.

Me parece también increíble que no pueda concretarse una alternativa de renovación que nos cure del desgobierno y la ausencia de diálogo. No creo que el PSOE en solitario la constituya, por supuesto, atenazado por su propia corrupción e ineficacia. Me parece que el complejo artificial construido entre los machos y hembras alfa de Podemos y la ingenua colaboración del equipillo que navega con los restos de Izquierda Unida, nos ha decepcionado ya suficientemente como para no concederle credibilidad absoluta y, sobre todo, la capacidad de conocimiento del mundo real, que nos evitaría caer en un desastre o una debacle sin precedentes.

En este contexto, que la prensa y los otros partidos se vuelquen contra Ciudadanos y sus representantes, se me antoja un síntoma más de lo miserable del momento. A sus dirigentes se debe lo más sensato de lo que estamos escuchando. Sí, son gente de derechas, es decir, de orden, de sensatez. No nos llevarán a una revolución, sin duda. Pero necesitamos calma, mucha calma para restañar las heridas del guirigay al que nos condujo, pardiez, nuestro permanente complejo de no querer trabajar juntos, de querer ser el gallo de la quintana, el que se lleva el santo y la peana.

En fin, entiendo que estamos abocados a un gobierno de concertación, de revisión de postulados, de encaje de las intenciones de cada sección, sin pretender la imposición a los demás de lo que solo representa una valoración desde una minoría.


Unas agujas colinegras (limosa limosa) se disputan un bocado apetitoso (en otras fotos de la secuencia pude detectar que se trataba de un cangrejo), con el transfondo indolente de una polla de agua. En los marjales herbosos de Doñana, en marzo de 2018, cuando los bandos de primavera de estas limícolas son numerosos, ya en los inicios del período de cría, que se convierten en espectáculo ruidoso.

Publicado en: Actualidad, Cataluña, Política Etiquetado como: aguja colinegra, Cataluña, Ciudadanos, Partido Popular, política, PSOE, situacion

Encallados

10 abril, 2018 By amarias Deja un comentario

No tiene gracia. La posición de credibilidad internacional de nuestro país -una democracia seria y consolidada- va perdiendo enteros a velocidad que resulta insoportable. El conflicto generado por una facción secesionista catalana, utilizando las estructuras institucionales contra el Estado central, y que ha levantado en pie de guerra formal a una parte importante de la ciudadanía de esa región contra el resto de la población -regional y nacional- es, sin duda, un elemento coadyuvante para alimentar esa sensación de descontrol.

Es penoso el espectáculo del desentendimiento entre los responsables del gobierno central y el autonómico, pero la situación alcanzó ribetes de mala ópera bufa, gracias al afán protagonista de algunos personajes, a sus aficiones histriónicas, a su descaro irresponsable, saltándose el respeto que merecen las instituciones -las que representan y las que critican-, la ciudadanía -a la que dicen defender y la que ofenden-, las empresas interesadas en hacer las cosas bien -y las que apoyan la imposición revolucionaria, creyendo tal vez que el mar revuelto les puede beneficiar-, y el orden jurídico, al que apelan con desfachatez, para destrozarlo con desenvoltura.

Que un Tribunal alemán regional intermedio se atreva a enmendar la plana a un magistrado del Tribunal Supremo español (que ha actuado siempre refrendado por la Sala de apelaciones) es increíble. Que una ministra de ese país de la Unión Europea se atreva a interferir, con su opinión, en la vida política de otro Estado miembro, es inaceptable. Que se aireen discrepancias en la interpretación de los Tratados de extradición dentro de la Europa común, es increíble. Que existan graves diferencias en los Códigos penales de países que mantienen libre circulación de personas y bienes -en los tipos delictivos y en las sanciones previstas-, cuestión de la que quienes tenemos en el ejercicio de derecho nuestra profesión ya habíamos advertido, es intolerable.

El asunto del máster conseguido, presuntamente, por la cara, de la presidenta de la Comunidad de Madrid ha subido, por su parte, muchos enteros, la escalada de los despropósitos por el que algunos, desde distintos ángulos de la versión política, nos empujan para convertir la imagen del país en objeto de risión. Se sabe ahora, además, que ese título universitario no era un adorno más en el currículo de la empecinada política, sino que resultaba la consecuencia de un contubernio entre amigos del partido para otorgarle una titulación que le sería imprescindible para poder ejercer la docencia, a la que parecía vocacionalmente destinada, cuando dejase de dirigir los destinos colectivos de la región madrileña.

Este máster maldito está emponzoñando, de refilón, la credibilidad de otra institución necesitada de consolidar su prestigio, la Universidad española, perjudicando la trayectoria profesional y curricular de quienes han obtenido sus títulos con trabajo y dedicación, y no como resultado de contubernios de despachos.

Podía poner, lamentablemente, otros ejemplos del descalabro en el que se encuentra nuestra vida socio-política. La pareja dominante del partido que estaba autoproclamado para hacer una revolución salutífera, el clan Iglesias Montero, no da ejemplo precisamente de democracia, conocimiento de mundo real y serenidad pragmática. Las pullas desde el decaído partido de gobierno contra un eternamente bisoño, pero tenaz, Alberto Ribera, no mueven tampoco a la devoción política. Y el partido en el que vegeta Pedro Sánchez y una vieja guardia decaída, más bien parece guardián del cementerio antes que alternativa creíble,

Me detengo aquí. Da asco el panorama. Y lo que más me duele es que esa falta de originalidad, de decencia política, de objetivos y programas de gobierno o alternativa, nos esté perjudicando a todos, dando mecha a una posición antiespañola, despreciativa, de la Europa centralista, clasista, hispanófoba por vocación, que gusta de utilizar nuestro descontrol para ocultar sus graves lacras. Nuestra guerra incivil les sigue pareciendo mucho más grave a algunos europeos de mentirijillas, que una guerra mundial posterior en la que mataron sin piedad a quienes fijaron como objetivo de su rapiña y sin apelar a la defensa ni del orden institucional ni de los intereses de clase.

 

Publicado en: Actualidad, Política Etiquetado como: antiespañolismo, Catalunya, credibildiad, empecinados, master, Pedro Sánchez, perjuicio, Puigdemont

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