Al socaire

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Los futuros perdidos y el futuro que espera

26 noviembre, 2021 By amarias 2 comentarios

Hace algo más de un mes (octubre de 2021), Eduardo Madina y Borja Sémper, como resultado de una larga conversación con Lourdes Pérez, han situado en el convulso mercado de opinión español un libro singular, titulado «Todos los futuros perdidos (conversaciones sobre el final de ETA)».

Vengo siguiendo con decreciente interés y en la medida en que mis ocupaciones profesionales y oncológicas me lo permiten, las intervenciones de Madina y Sémper en el espacio «La ínsula», los viernes, en la emisora Onda Cero que dirige Alsina. Me parece que aportan una visión fresca y lúcida sobre el deterioro de la política española actual, aunque su tono conciliador y sus críticas al estilo de caballero gentilhombre, resultan demasiado discordantes con el girigay falto de elegancia y altura intelectual de nuestros representantes en el hemiciclo. Por eso, me han llevado hacia la sensación de cansancio a fuerza de oírles. La situación se encamina hacia la batalla campal y el Gobierno sanchista y sus palmeros están pidiendo a gritos una oposición de rompe y rasga, que les convenza de que la inmensa mayoría de los españoles no están/estamos dispuestos a seguir aplaudiendo, ni manteniendo el silencio, ante su manejo grandilocuente y suicida.

El libro es un testimonio de alto voltaje. Su título refleja un pesimismo alarmante, viniendo de dos jóvenes -en plena madurez- que tienen la edad de mis hijos. En verdad, el ejemplar que tengo en mis manos está dedicado por Eduardo Madina a mi hijo Miguel, quien me consta que tiene una relación de amistad y bastantes dosis de recíproca complicidad con los autores.

No puedo decir que me leí el libro de un tirón, porque su estructura no se presta a ello y, además, mi curiosidad me llevó a consumir en primer lugar alguno de sus capítulos más llamativos.

Comencé a leer el libro por el Capítulo 5, «Llega el dia. La conciencia de ser un superviviente». Primero, se cuenta la amenaza de muerte comprobada que pendía sobre Borja Sémper; luego, con más detalle y tintes especialmente emotivos, el atentado contra Eduardo Madina, en el que perdió su pierna izquierda.

Me daría cuenta después, al repasarlo con método, que la factura del relato pretende trazar el testimonio de dos vidas paralelas, cada una convergiendo desde una hipotética divergencia política y con el tremendo trasfondo de una sociedad, la vasca, con una capacidad probada para la enajenación colectiva. No es fácil, en este momento, discernir quién está a la derecha y quién a la izquierda del espectro político, aunque Borja se define como liberal y Eduardo como socialdemócrata y, como ratificación de ese sesgo, el uno milita (o, por lo menos, ha militado) en el Partido Popular y el otro en el Partido Socialista, en el que llegó a postularse contra Pedro Sánchez, y perdió. En este momento, no se dedican a la política, aunque…la hacen, al juzgarla.

Es muy emocionante leer que sería mucho más interesante conocer las razones por las que, tipos maduros, -de cuarenta o cincuenta años (como los autores ahora)- organizaron  el entramado de ETA,  que pretender analizar los móviles de los que colocaban bombas y asesinaban a bocajarro, jovenzuelos descerebrados que obedecían instrucciones sin plantearse porqués.

Me gustaría admitir que ETA está derrotada, y que «los niños y niñas de España deben crecer sabiendo que» lo está (pág. 209). También quisiera creer que el fantasma de una guerra civil -pocos pueblos han decidido a lo largo de la Historia, dirimir sus diferencias matándose entre sí- ha desaparecido. Pero, cuando atiendo a lo que se expresa en la Cámara de Diputados y fuera de ella, por individuos que se dicen representantes del pueblo y que tienen la obligación de atender a intereses generales, y advierto su incapacidad para encontrar el punto de acuerdo en la negociación y el pacto, y su gozo por la descalificación y el aspaviento, removiendo ascuas de un pasado que no conocieron en primera persona o que lo protagonizaron en mala hora, no puedo menos de lamentar que muchos hombres y mujeres jóvenes, pero ya en plena madurez, como Borja y Eduardo, puedan pensar y tengan serias razones para creerlo, que «todos los futuros están perdidos».

Coño, no. Vuestro presente, la experiencia acumulada, la sensatez manifiesta, ha de conducirnos a un futuro mejor. Tenéis, junto a los mejores de vuestra generación, la capacidad, el empuje y el discurso para ser los timoneles. No nos dejéis en la estacada. Los mayores, hemos podido llegar hasta aquí (la paz, la democracia, una España unida con vibrantes realizaciones, con un lugar de privilegio en el mundo) superando muchos obstáculos para dejarnos abrazar por el pesimismo o la tristeza. Debemos empujar fuera del estrado a los que solo saben hablar desde el odio, la ignorancia, la falsedad y el menosprecio a la inteligencia.  Son un estorbo, una lacra remanente.

Publicado en: Actualidad, Política, Sociedad Etiquetado como: Borja Sémper, Eduardo Madina, ETA, Lourdes Pérez, Partido Popular, partido socialista, terrorista, Todos los futuros perdidos

Señales desde el futuro

18 noviembre, 2021 By amarias 1 comentario

El ciego avance de la cuarta revolución -industrial, tecnológica, social-  está llevando a la sociedad humana, si un milagro de entendimiento global no lo remedia, hacia la masiva destrucción de la especie de homínidos que se llamó homo sapiens.(Se  cumple el aforismo: «stupidus dicentes se esse sapientes, stulti facti sunt”.)

Los síntomas apuntan que la destrucción provendrá del eficaz empleo de la inmensa capacidad armamentística, con los más variados y sofisticados equipos (drones, misiles, taques, buques, aviones dotados con máximo poder de destrucción).

Pero antes de que se produzca esa desgracia, que vendrá a confirmar que nuestra especie lleva en sí misma la capacidad de exterminio, tendrá lugar la división tricotómica de la sociedad global que abarcará múltiples aspectos, desde el intelectual al moral y, por supuesto, el tecnológico y económico.

Desde hace décadas se viene produciendo -últimamente de manera acelerada- el cambio del liderazgo mundial, en el que el papel que venían desempeñando, sin rivales, los Estados Unidos de Norteamérica, desde la segunda guerra mundial, ha pasado a contar con un émulo de musculatura creciente, China, que se benefició de manera muy efectiva de la apertura económica que se llamó la globalización de los mercados.

Los poco eficientes presidentes estadounidenses (el último con visión global y relevancia política real fue Bill Clinton), se han empeñado en mantener inútiles guerras de distracción de su declinante supremacía y, ya cuando todo estaba perdido, se han concentrado en el refugio del «América first», es decir, la autarquía en unos productos y la defensa arancelaria en otros.

No debemos dejar sin mencionar, en este rápido repaso de geopolítica para párvulos, que la Unión Europea, empeñada en ejercer un liderazgo moral -sobre todo, en lo ambiental y, en menor medida, en lo social, acuciada por las crecientes invasiones «pacíficas» de los migrantes de los países limítrofes- ha ido perdiendo capacidad negociadora. Ha visto también, para confirmar el dramatismo de la situación, que su supremacía tecnológica ha servido para que en el Oriente -desde China a India y Pakistán, pero sin olvidar a Japón- se estén produciendo, con tecnologías que en inicio fueron suyas, pero ejecutadas hoy con mano de obra mucho más barata, los bienes que sus ciudadanos se empeñan en comprar para agotar sus necesidades de consumo (desde automóviles a chupetes tecnológicos -móviles, cámaras fotográficas, ordenadores, etc.)

La tricotomía a la que me refiero, de manera enfática, es la división social cada vez más evidente entre:

1) el grupo selecto de tecnólogos, científicos e investigadores de primer nivel, junto con gestores y comerciales de mayor rango, trabajando para las grandes empresas multinacionales (farmacéuticas, de energía, agua, producción de microchips, materiales especiales (grafeno, aleaciones ligeras, cerámicas de alta resistencia, etc.) y en los centros universitarios y de desarrollo punteros; a ellos se deberá añadir el grupo de sanitarios altamente cualificados;

2) la masa de  trabajadores con cualificaciones intermedias (universitarias, de formación profesional, de artesanías diversas), en número creciente y con cualificaciones cada vez peores, así como la gran oferta de personal para servicios (camareros, empleados en hostelería, atención doméstica y a enfermos), así como actores, empleados en centros de diversión, etc., compitiendo duramente por la creciente oferta de mano de obra y con salarios cada vez menores y

3) el gran contingente de desempleados crónicos, jubilados, clases pasivas de todo tipo, enfermos dependientes del auxilio social, migrantes y refugiados, etc.

El 17 de noviembre de 2021 he tenido ocasión de asistir, en directo, a la presentación del libro «España, a ciencia cierta». Tuvo lugar en el auditorio de la Fundación Rafael del Pino. Después de un breve bosquejo sobre la intención del libro y de los resultados de la investigación (el estudio que lo cobija detecta diez tecnologías con mayor capacidad impulsora para España), el eficiente y laureado director de la Fundación, Vicente J. Montes Gan realizó dirigió un coloquio «amistoso» con sus autores, Javier García Martínez, Sonia A. Contera e Iñaki Berenguer.

No abrigo ninguna duda de que los diez sectores tecnológicos con desarrollo expuestos en el libro son, todos ellos, líneas magníficas de futuro actual e, incluso, del pasado más floreciente que apunta a hacer más eficiente ese futuro: la telemedicina y la nanomedicina, la realidad mixta (virtual y aumentada), los sensores provistos de chips para detectar enfermedades sin necesidad de desplazamiento al centro médico, la agricultura de precisión, la masiva aplicación de las matemáticas a la economía (con énfasis sobre el tratamiento de los big data), la cadena de valor del hidrógeno (su producción y uso generalizado), la supercomputación (en la que España, según dijeron los propios intervinientes, es ya una potencia mundial), etc. Quien quiera conocer los detalles, que compre el libro.

Me quiero detener, sin embargo, en comentar, con mis propias palabras, algunas de las frases que creo más relevantes del interesante coloquio.

  • Frustración de los científicos y tecnólogos españoles. Sonia (Contera) enfatizó, y varias veces, sobre la falta de identidad científica propia para España. Nuestro país no supo recuperar la identidad científica que poseía, y que se perdió con la guerra civil. No solo éso: existen muchos movimientos en el mundo anticientífico. Existen buenos científicos y técnicos españoles trabajando en prestigiosos centros académicos (y empresas) extranjeras, pero no tienen el acicate para trabajar en nuestro país, porque falta el ambiente, la atmósfera adecuada. Los autores del libro estuvieron de acuerdo que el científico no trabaja por dinero (al menos, hay que puntualizar, supongo, cuando ya ha tenido un razonable éxito económico y tiene un puesto de trabajo fijo), sino por la «satisfacción».
  • No existen caminos claros para la comercialización de la ciencia, que es clave para el desarrollo tecnológico. Iñaki (Berenguer) diferenció entre «hacer ciencia» y «comercializarla», que sería una habilidad diferente. En ese segundo aspecto, los investigadores y científicos españoles no son tan relevantes. Nos falta incluso, el impulso para el primer paso: que no se pongan trabas burocráticas, administrativas (y añado yo, incluso endógenas, surgidas de envidias en los propios centros de investigación y docencia).
  • La Universidad es, o debe ser, el gran polo de innovación y ciencia. Así sucede en los países más desarrollados. No es el caso de España, carencia dramática que debería corregirse de inmediato (la concreción del articulado es mío).
  • La identidad científica no se regala. Debe crearla el propio investigador, sin ayuda de nadie (o de muy pocos). Sonia puso el ejemplo de su personal periplo en Boston. «¿Española y mujer?» Nadie me ayudó; lo que ha llegado a ser lo consiguió por su propia dedicación y esfuerzo.
  • Asia va a dominar la ciencia del siglo XXI. Le ayuda, también, el sentimiento religioso del pueblo, el confucionismo, que favorece la visión colectiva, el apoyo recíproco en vías de un beneficio común. España es un país fragmentado, sin identidad como país. Esa situación constituye un grave perjuicio para el desarrollo tecnológico. Los distintos actores hablan lenguajes distintos.
  • La ciencia no crea desigualdad por ella misma, sino por el uso que se hace de ella. Falta liderazgo científico en España.
  • Es importante la diversidad en todos los órdenes, no solo de género. Eliminar la reacción, que es anticiencia y favorecer los equipos multidisciplinares, el trabajo en equipo, la selección de los mejores, estimulándolos y creando plataformas adecuadas de desarrollo y comunicación técnica y científica.
  • Hay que alinear objetivos e incentivos. Javier (García Martínez) es partidario de esa concordancia, aunque Iñaki y Sonia subrayaron que en sus centros no se habían identificado ni los objetivos ni los incentivos y ello no fue hándicap para el desarrollo ejemplar de la investigación.
  • España dispone de un clima excelente que debiera servir de atractivo para que los investigadores pasaran un tiempo en centros españoles. «El invierno es muy duro en Boston», señaló Iñaki. Debería analizarse con seriedad la eliminación de trabas administrativas para facilitar la doble residencia, suprimiendo o aliviando cargas fiscales a científicos españoles residentes en el extranjero.

Publicado en: Actualidad, Economía, Investigación, Sociedad, Tecnologías Etiquetado como: Fundación Rafael del Pino, Iñaki Berenguer, Javier García Martínez, Sonia A. Contera, Tecnologías para impulsar España, Vicente J. Montes Gan

Espectáculos de variedades (Segunda Parte)

7 noviembre, 2021 By amarias Deja un comentario

La divulgación de temas científicos o técnicos supone, por parte del aspirante a divulgador, la combinación de la voluntad de hacer llegar un tema a conocimiento general, con la capacidad de selección de los aspectos más cualificados del mismo. El divulgador no es, en general, un científico él mismo, pero debe disponer de una formación suficiente para que su trabajo tenga sentido, no introduzca errores y, al eliminar aspectos del proceso que ha permitido a los más sabios llegar a sus propias conclusiones, no hacer sus conclusiones ininteligibles o falseadas.

Estamos en un momento delicado para la difusión del conocimiento. Los medios de difusión masiva, al alcance de cualquiera, están favoreciendo, tanto la aparición de la figura del falso divulgador que, en realidad, lo que realiza es una labor de emponzoñamiento y falsificación de la verdad, contagiando los conocimientos de mentiras, aberraciones y supuestas conclusiones sin valor alguno. Existen miles de envenenadores de la ciencia, algunos de los cuales alcanzan, merced a la falta de criterio selectivo y conocimientos de muchos de aquellos a quienes tienen acceso por las redes telemáticas, la categoría de máximos influenciadores de opinión, esto es, de «influencer».

Pero la misma presión mediática, el afán de saber el porqué de lo que nos sucede, explicado de forma sencilla para que el más lego pueda creer que lo entiende, fuerza también a personas que, por su nivel de conocimientos, deberían manifestarse con prudencia ante la justificación de los fenómenos naturales, a salir a la palestra opinando con impostada solvencia lo que, en puridad, deberían expresar como conjeturas.

En el caso de la erupción volcánica de la isla de la Palma, el fenómeno natural se está viendo acompañado de la aparición de decenas de expertos en vulcanología (unos más serios y documentados que otros, desde luego) que, en la presión por explicar en tiempo real lo que está sucediendo, han caído en el error de poner al descubierto las oscuridades del trabajo científico, que, cuando es forzado a expresarse sin matices, empaña su credibilidad ante quienes, por escasez de conocimientos y la urgencia en llegar a conclusiones, solo se quedan por las ramas.

Cuando la eclosión del volcán palmeño, desde hace hoy más de cuarenta días, ha roto bruscamente la calma isleña de los últimos cincuenta años (la últimas erupciones en la Palma han sido las del volcán de San Juan, en 1949 y el Teneguía-Cumbre Vieja de 1971), los expertos definieron la erupción como estromboliana. Los materiales que lanzaba el volcán se concentraban en explosiones esporádicas, de poca violencia y con emanaciones de lava discontinuas y densas. Al cabo de unas semanas de actividad, la erupción pasó a ser hawaiana, con lavas más fluidas y, tanto, con mayor difusión y facilidad de movimiento sobre el terreno. Por la evolución de la salida del magma y de los gases, no se descarta que podamos pasar revista a otros representantes de la tipología vulcaniana , como la peleana (tapón en el cráter por la lava consolidada) o vesuviana (explosión violenta, con gran emisión de ceniza y lava viscosa).

Tantas explicaciones eruditas no solo no empañan, sino que magnifican, el dramatismo de la realidad por la que están pasando los palmeños. Una fuerza magmática, de naturaleza en gran medida imprevisible en su capacidad de destrucción (por lo que ya les parece) ha llevado por delante casas, plataneras, carreteras, animales domésticos y buena parte de la capacidad de sustento económico de la isla. Lo que les interesa no es cómo se llama la erupción, pues lo que les gustaría conocer con exactitud es, ya que la lava y las cenizas, y los gases altamente contaminantes, siguen saliendo por las bocas volcánicas ahora aparecidas en la isla, cuál será su modo de vida en el futuro, ahora que más de dos mil familias se han quedado, literalmente, sin nada.

No es pues, cuestión de científicos. Se trata de la solidaridad y, también, de la incorporación de una capacidad de gestión del territorio frente al futuro que permita acotar con máxima solvencia los riesgos de vivir sobre un volcán. Se ha expresado en estos días, con toda crudeza, la capacidad del ser humano para olvidar las desgracias sobrevenidas con el paso del tiempo. Instalarse de nuevo en las zonas afectadas por la lava, puede ser atractivo y barato, pero será siempre peligroso. Cuando el gobierno promete (Sánchez lleva ya seis viajes realizados a la isla en su haber) que hará todo lo posible para recuperar La Palma, a algunos nos gustaría saber a qué se refiere.

Y como divulgador científico, a mi me apetecería saber si, además, de poner eruditos nombres a las manifestaciones volcánicas, tomar muestras y medidas que, sin duda, ayudarán a mejorar el conocimiento del comportamiento efusivo del magma en una de las regiones más activas del globo, podrían haberse evitado los cuantiosos daños materiales acaecidos. Preventivamente, acotando las zonas de mayor riesgo, con análisis sobre el terreno y, una vez iniciada la erupción, con actuaciones destinadas a forzar el camino de las lenguas de magma hacia lugares donde hubieran provocado menor destrucción.

 

Publicado en: Actualidad, Seguridad, Sociedad, Tecnologías Etiquetado como: estromboliano, hawaiano, La Palma, Pedro Sánchez, recuperación, vulcanólogo

Aprender a convivir

13 agosto, 2021 By amarias Deja un comentario

Desde que estamos investigando en qué consiste en realidad la democracia, no faltan indicios de que la cuestión puede ponerse cuesta arriba. Un síntoma preocupante es que los diferentes planes de estudio de la enseñanza primaria, se empeñan en incluir una asignatura o materia educativa a la que se concede carácter capital, que ha recibido diferentes nombres. Aunque la materia principal no cambia, los niños reciben máximas y consejos sobre conceptos tan flexibles como educación para la ciudadanía, formación para la convivencia social, respeto a los demás, cuidado del medio ambiente, etc.

No tengo a la vista libros de texto u orientación sobre los contenidos educativos con los que se cubre la enseñanza de un aspecto tan fundamental en la formación infantil y juvenil, pero no dudo que incluirá el respecto a las creencias y expresiones religiosas de los demás (cuando no interfieran con la libertad de otros y, desde luego, no pretendan alimentar el odio contra quienes no practiquen el mismo credo); debo imaginar que, como ejemplo concreto del respeto debido a la ley y a las disposiciones de las Administraciones, tendrá lugar especial el conocimiento de los límites del derecho de propiedad y la obligación de proteger a los propietarios o poseedores en su uso y disfrute razonable (y habrá que expresar algunas ideas sobre la interpretación de los términos abstractos o de aplicación polémica, como «razonable», «importante», «sustancial» o «perjudicial», por ejemplo).

Dada la propensión de ciertos pequeños a abusar de los más débiles -ya se apuntan maneras de adultos en algunos-, los diligentes maestros, motivados o no, vigilarán que no se den en las aulas y durante los recreos muestras de avasallamiento, marginación, vejación o desprecio, así como que se abortarán los intentos de formar grupos en torno a cabecillas y rebeldes, con el objetivo único de doblegar por la fuerza de la masa desbocada, talentos, debilidades físicas o habilidades despuntadas.

Por intensas que sean las enseñanzas, y complejos los programas de esa disciplina académica transversal que atienden a la formación integral de nuestros  educandos querubines, la realidad que puede observarse es que no ha calado demasiado en los espíritus de la mayoría, que, cuando ya empiezan a distinguirse las pasiones y las apetencias sexuales, se rige fundamentalmente por el menosprecio a la mujer (de la que ella misma se convierte en objeto ofrendado, con exhibicionismos de sus cuerpos juveniles que no encuentran explicación), no puede sustraerse al principio elemental de «el que venga detrás, que arree», en botellones que arrasan el espacio y en aglomeraciones que no buscan el placer intelectual sino el pasar el tiempo grupalmente, etc.

Puede que los frutos de esa propuesta educativa no sean tan fáciles de obtener, porque la sociedad está contrarrestando continuamente los buenos principios con ejemplos del éxito de los que aplican los contrarios. No tiene que ver con la crisis económica ni con la pobreza, salvo con la intelectual.

En lo ambiental, cualquier zona, independiente de su valor ecológico oficial, es susceptible de funcionar como vertedero. Los mares, ríos, arroyos y lagos, son objeto de continuas amenazas de degradación, que periódicamente se consolidan con destrucción masiva de la fauna. Los lugares previstos para entregar residuos urbanos pueden servir para dejar abandonados los artilugios más diversos, no importa que sean de obligada recogida por entidades especializadas o claro muestrario de cómo una empresa o un ciudadano particular pueden, con su negligencia o desprecio, afectar al coste de la retirada de residuos, encareciéndolo. ¿Se ha mejorado? Sí, pero poco.

En el plano simplemente ético (pero, desde luego, no desgajable de lo estético), los medios de difusión se encargan de ensalzar situaciones, personajes y tipos extraídos de la profundidad de la miseria humana, poniéndolos a la exposición del espectador, que tendrá difícil escaparse de la babosidad que impregnan sus historias, que parecerían inventadas, sino fuera porque se entroncan perfectamente en la vida real de sus protagonistas.

La enseñanza y el ejercicio de la educación para la convivencia debería abarcar también, de forma ejemplar, las actuaciones de todos los representantes públicos. La agresividad verbal sin sentido, la exposición petulante de la ignorancia esgrimida como verdad irrefutable, la mentira consciente y nunca desmentida, la descalificación de contario, el aprovechamiento egoísta de la condición pública, el despilfarro de los bienes comunes, la apropiación privada de lo que es de todos, la toma de decisiones relevantes sin consultar a los que saben (guiados por la intuición, la cerrazón mental o la desinformación culpable) son simples ejemplos de lo que se deduce del comportamiento de los que debería dar ejemplo de convivencia.

Pertenezco a una generación en extinción -no solo por edad- que no tuvo ocasión de estudiar ni educación para la convivencia, ni defensa medioambiental, ni respeto a los mayores ni tuvo ocasión de ser animado a cumplir con el propio deber. Nunca se nos explicó más allá de que era necesario saber para defenderte en la vida, es decir, subsistir.

Tuvimos mucha suerte. Cedíamos el asiento a las personas mayores, escuchábamos en silencio lo que decían sin intervenir, íbamos a misa los domingos y fiestas de guardar, jugábamos al fútbol en la calle, teníamos una onza de chocolate por merienda, veníamos de una familia numerosa, no sabíamos lo que era el lujo ni falta que nos hacía, sabíamos de carrerilla las comarcas y los pueblos de toda España, nos sonrojamos la primera vez que vimos a una mujer desnuda al natural, creímos en el pecado y la vida eterna y en las bondades del franquismo y lo malo que eran los norteamericanos. Hasta que se nos cayeron muchas falsas verdades, pero supimos por qué. Nadie nos las dio ya machacaditas, sin ocasión de discutirlas o aprender de su trasfondo.

Educación para la ciudadanía, ¡la tribu ha dejado de enseñarte!

Publicado en: Actualidad, Sociedad Etiquetado como: educación para la ciudadanía, enseñanza, juventud

Descalabrando el centro

12 marzo, 2021 By amarias Deja un comentario

La sorprendente decisión de la presidente de la Comunidad Autónoma de Madrid, Díaz Ayuso, de disolver el Parlamento regional y convocar elecciones para el próximo 4 de mayo de 2021, ha significado un duro golpe para el hipotético partido de Centro, los maltrechos restos del otrora poderoso y esperanzador Ciudadanos. Las declaraciones de Ignacio Aguado, vicepresidente de la Comunidad, cogido a traspiés de esta convocatoria, soltando por su boca duras palabras contra Isabel de Madrid, pone de manifiesto que la campaña y votaciones de mayo se harán a cara de perro, esto es, a navaja trapera, entre estas facciones de la derecha.

Conviene repasar, para la historia corta de los políticomanejos y raquíticodescalabros  españoles, lo que trascendió de  lo sucedido en los entresijos de las cloacas de la gestión política de nuestro país. El hipocentro  del terremoto se localizó en Murcia, con una moción de censura contra el presidente de esta comunidad (el muy ponderado, en talante y acción, Fernando López Miras), siguiendo un pacto contra natura (a destiempo) ente el PSOE y Ciudadanos. En una rápida reacción, Isabel Díaz Ayuso, que sospechó -según ella reconoció- que se preparaba la misma operación para descabalgarla, se adelanta en cuestión de minutos para anunciar la convocatoria de elecciones. (1)

De todo este asunto, lo que se saca en limpio entre los tachones, es que Ciudadanos ha cavado más hondo la fosa de su desaparición, suicidándose, al aceptar el abrazo del oso del sanchismo. Desde el injustificado y no explicado jamás, disparo en el pie de Albert Ribera en las elecciones que anunciaron que no sería posible acuerdo entre el PSOE de Sánchez y su partido, henos asistido a la pérdida sistemática de fuelle en el partido de centro. Lo que no resultaba imaginable es que Inés Arrimadas, zumbándole la cabeza por los sucesivos descalabros electorales, creyera que podía obtener algo útil abrazándose al PSOE de Sánchez, acuchillándose a sus aliados naturales.

La situación que se alumbra para la derecha española es muy delicada, y parece obra de un maquiavélico muñidor en su contra. Doy por seguro que Ayuso, que goza de creciente mayoría entre los madrileños (siempre proclives a sostener al que recibe las bofetadas, si las estima injustas), ganará las elecciones regionales. Tengo la bola de cristal  dañada en un lado, por lo que no puede prever si esa mayoría será suficiente para no tener que contar con el apoyo de Vox, que no se le brindará ni debe ser aceptado.

Lo más grave, en mi opinión, será la desaparición del centro político.  La fuga de cerebros y apoyos desde Ciudadanos hasta la decepción y los partidos ideológicamente limítrofes es imparable. Arrimadas ha perdido el rumbo y se ha quemado a lo bonzo. En el PP, la ascensión a los cielos regionales de Ayuso pone en peligro el liderazgo de Casado, aunque también supone retrasar la reconstrucción de una fortaleza para el partido de la derecha que pueda ser alternativa a la coalición de conveniencia entre PSOE, Podemos y los independentistas.

Por partes: que gane Ayuso con suficiente mayoría, que Gabilondo (Angel) se retire en buena hora a la Defensoría del Pueblo, que Arrimadas ceda su lugar en el centro a un nuevo partido y a nuevos líderes, que Casado se crea su posición y se apoye en los que más saben de política real para consolidar el PP (o ahueque), que Sánchez deje de jugar al desconcierto, apoye sin tapujos a la Monarquía de Felipe VI como lo más decente que nos queda y se desprenda de la costra de Podemos, que la izquierda verdadera recupere su fuerza representativa de los que menos tienen y no como expresión del folclore mediático y, en fin, que alguien organice, con cabeza y autoridad, la grave cuestión de las vacunas.

Porque nos estamos ahogando en la inmundicia y, para encima, seguimos maltratados por el coronavirus, aunque nos salen las vacunas hasta de debajo de las piedras. Sin embargo, aún no se ha vacunado ni a un miserable 5 por ciento – qué va, estamos en el 3%-  de la sufrida población española.

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(1) Ultima hora del 12 de marzo de 2021. La moción de censura contra Lopez Miras no ha prosperado, porque 3 diputados de Ciudadanos han votado en contra, es decir, a favor de su continuidad, rompiendo la disciplina de voto. Sin duda, un disparo más sobre el velamen de la balsa que pilota Inés Arrimadas, en su travesía por el Amazonas, en una aventura que parece trazada como trasunto de la película de Herzog «Aguirre o la cólera de Dios» .

 

Publicado en: Actualidad, Política, Sociedad Etiquetado como: Aguado, Albert Ribera, Ayuso, Casado Vox, Ciudadanos, Conunidad de Madrid, Inés Arriadas, moción de censura, Sánchez, vacuna

Actos sociales

20 septiembre, 2020 By amarias 1 comentario

El recrudecimiento de los casos de contagio por la pandemia vírica y el duro reconocimiento clínico de que seguimos ignorando  muchas cosas de cómo tratar a los  infectados y casi todo de cómo evitar contagiarnos, ha vuelto a poner el énfasis en la necesidad de enclaustrarse. Suprimir los actos sociales, reducir las salidas a la calle, procurar no utilizar el transporte público. Y hacer lo que se haga siempre con mascarilla, esa tela de variadas hechuras y misteriosas composiciones -desde la tela de colorines a juego con el calzado al triple refuerzo vital made in China, como el pangolín que nos aguó la verbena-.

Los actos sociales, como todo el mundo sabe, son la base del comportamiento humano, lo que nos hace distintos a la mayoría de los animales que, en las categorías superiores, solo suelen reunirse por parejas y en el acto de la procreación. Nosotros, la especie del sapiens, con el paso del tiempo le hemos añadido mucha más gracia y bastantes calamidades.

Disfrutamos con la mayoría de los actos sociales (excluyo las guerras, aberración de los mismos, pero muy utilizada a lo largo de la Historia). Nos gustan las fiestas, compartir aficiones, e incluso señalamos con ellos momentos importantes de la vida: el nacimiento, la pubertad, el tomar pareja, el tener hijos, los cumpleaños, la muerte.

Este «puto virus» -como se conoce entre nosotros- impide la celebración de actos sociales fundamentales. Y los actos sociales no son exhibiciones del ego particular (muy raras veces, si), sino la demostración, ante el resto de la tribu, que hemos tomado una decisión importante o superado una etapa vita. Puede que algún lector piense en la asistencia a un encuentro de fútbol o a una sesión de ópera (por ejemplo) como acto social, aunque yo me quiero referir aquí a los actos sociales en los que somos protagonistas o acompañantes afectivos de éstos.

Una boda  no es acto social, aunque tenga efectos legales, sin la celebración del banquete ad hoc, sin compartir el momento con la familia -la propia y la añadida- y los amigos. Puedes casarte por la Iglesia, o por el rito que de validez jurídica al enlace, pero entiendo buen que muchas parejas pospongan el anuncio de su compromiso hasta que nos veamos libres del huésped venido del Oriente.

Sufro al advertir cuántos infantes -mi querida nieta Carlota, entre ellos- han tenido que celebrar una Primera Comunión (el atávico rito al reconocimiento de la entrada en la «edad de la razón») sin el fausto de la asamblea familiar. Yo guardo un magnífico recuerdo de mi Primera Comunión -compartida la celebración posterior en la cafetería Arrieta, de Oviedo, con mi primo Javier Pérez Montoto-, con el salón del local lleno de familiares de ambas familias, unidas por vínculos colaterales.

Pues bien: resulta que los que mandan, ya que no tienen mejores argumentos para atajar el virus, prohíben los actos sociales y nos confinan hasta que alcance su cénit la «curva de contagios» (el punto de saturación en mecánica de fluidos). Lo entiendo, claro, en justificación de la «buena causa», ya que no soy negacionista, nihilista ni estúpido y amo mi vida y, mucho más que la mía, la de quienes quiero.

Pero lo que no puedo entender es que se autoprohíban los pactos sociales. Sí, he escrito los pactos sociales, la forma inteligente, avanzada, democrática, de vivir en sociedad. Acordar, pactar, llegar a puntos de encuentro en beneficio de la inmensa mayoría, la paz social, el bien común, el sostenimiento de la democracia…esas cosas.

Tenemos unos partidos políticos que, para desgracia  de este momento que han convertido en histórico por su mala maña, son incapaces de pactar. Quieren tanto su parcela de poder, se aman tanto a sí mismos, se creen tan imprescindibles, que no quieren pactar. Se han unido, es cierto, en momentos precisos, con gentes de parecida calaña, en pactos internos para alcanzar su cuota de poder, pero no quieren pactar con los demás. Caca, culo, pis.

Y, por ello, por su cerrazón, por su incomprensible inquina hacia el que entienden que puede quitarles sillón y poder, lo cercan, lo insultan, lo desprecian y ,,,a cuantos defienden o apoyan a aquel con el que no quieren pactar, los consideran enemigos, indocumentados, fachas, rojos de mierda, descerebrados, pijos, comunistas de salón, … Y esa lacra se ha convertido en contagiosa. Es la otra epidemia, el virus más letal.

La situación económica provocada por el virus, la inmensa crisis en la que estamos y el tsunami que asoma debía animar, aunque los virus se consideren seres inanimados, a fuertes y novedosos pactos sociales.

No creo que vote nunca a Ayuso, presidenta de la Comunidad de Madrid por la gracia de los pactos, pero simpatizo ahora con ella y con su equipo. Me han desviado a ello tipos que dicen estar en la acera de enfrente. Cuando leo o escucho las opiniones de los Abalos, Sánchez, Iglesias, que se han focalizado en tirar dardos contra su gestión de la pandemia, echándole las culpas, me recuerdan a todos los que andan por ahí tirando piedras contra lo que tiene más talla que ellos mismos o presiente que su crecimiento los convertirá en enemigos peligrosos. Esconden al tirar piedras a obras ajenas, que están afectados de la misma o parecida incapacidad.

No recojo aquí nada de los independentistas catalanes, de los terroristas vascos y de otros personajes del actual escenario político para no ensuciar aún más esta pagina.

Pactad, malditos.

Publicado en: Actualidad, Sociedad Etiquetado como: Abalos, Ayuso, Comunidad de Madrid, gobierno, pactos, Sánchez, virus

Mucho por hacer

31 agosto, 2020 By amarias Deja un comentario

José Miguel Mas-Hesse, investigador principal del equipo Consolider-GTC Estallidos-CSIC, es un magnífico divulgador. He escuchado algunas de sus conferencias, todas de gran interés y efectividad. La que me causó más impacto, por lo contundente de la visión que ofrece es la que pronunció, hace ya algunos meses, en la U.P. Carmen de Michelena de Tres Cantos, que, bajo el título: «De la formación del Universo al origen de la vida» está recogida en internet en el enlace:   https://www.youtube.com/watch?v=-xn0cfgcNm0

Recomiendo escuchar esa hora de brillante erudición del Dr. Mas, a todos cuantos tienen preguntas sobre la naturaleza de nuestro Gran Entorno. No obtendrá todas las respuestas, pero se habrá enterado en tan corto espacio de tiempo de las principales conclusiones a las que ha llegado la astrofísica. Hay que advertir, claro, para los no acostumbrados al lenguaje científico, que esas conclusiones podrían ser revisadas o matizadas si varían las bases experimentales y los fundamentos de los cálculos que han conducido a ellas. Pero, hoy por hoy, son nuestra verdad.

Ese m0mento en que «el tiempo y el espacio desaparecen» sucedió hace 13.800 millones de años, según se ha podido deducir, en cálculo retrospectivo, a partir de la velocidad de expansión del Universo, dato que puede ser observado y medido con gran exactitud.  También se sabe que el sistema solar tiene una antigüedad de 5.000 millones de años y que su futuro a muy largo plazo está regido por la gran probabilidad de ser absorbido por la galaxia Andrómeda, a la que se encamina, lo que sucederá dentro de otros cuantos miles de millones de años.

Se ha llegado a predecir, con los datos y observaciones más recientes, las opciones más probables de evolución del Universo:  a) su colapso (en el caso de que la fuerza gravitatoria venza a la llamada materia oscura), o b) la expansión indefinida de las galaxias (si la energía oscura gana el pulso, aunque no será suficiente para romper las galaxias).

Si enfocamos el periscopio cósmico hacia dentro de nuestro organismo, la complejidad de nuestro cuerpo parece una réplica a escala diminuta de lo cosmológico. Casi una caricatura micro-liliputiense. Tenemos más células en él que estrellas hay  en la galaxia (40 billones). Sorprendente resulta conocer que albergamos más de 100 billones de microorganismos, si bien esta población de la que somos el soporte físico, solo representa un 2 por ciento de nuestro peso corporal.

Nuestra peculiaridad no proviene del campo físico, sino del metafísico. Somos el único organismo conocido capaz de la consciencia, esto es, de tomar conocimiento de que existe, o -dicho con palabras menos agradables-, de saber que está condenado a morir, consecuencia de nuestra condición de «ser finito» en un tiempo y un espacio minúsculos.

La brillante conferencia de José Miguel Más, me sirve para poner de manifiesto el poso de obligada reflexión que produce tomar consciencia concreta de nuestra ínfima categoría cósmica. Contemplar el firmamento en una «noche estrellada» resulta siempre muy evocador y poético, aunque es inevitable concluir que la existencia de una realidad inabarcable empequeñece, hasta hacerlas banales, nuestras preocupaciones, nuestras vidas, nuestros logros y afanes. Solo conocemos de qué está formado el 4,9% del Universo. El resto, es aún oscuro, no sabemos nada de él.

¿Será ese porcentaje similar a lo que conocemos de nosotros mismos? Pienso que sí. Aunque hemos avanzado mucho en el análisis de lo que sucede, aparecen continuos retos y el camino a recorrer parece estar recomponiéndose a medida que avanzamos. Con todo, aquí estamos, en un esfuerzo personal, pero sobre todo colectivo, empeñados en dirigir la potencia de nuestra capacidad de discernir, para adentrarnos en lo desconocido.

La consciencia de nuestra finitud nos confirma que no podremos dominarlo, porque el cosmos tendrá existencia mucho más allá de la nuestra como Humanidad. No importa. La satisfacción vendrá por el lado del conocimiento. Saber por qué. Debemos conformarnos con eso.

Publicado en: Actualidad, Fisica, Sociedad Etiquetado como: miguel mas-hesse, Universo

Más Sonetos desde la Crisis

23 marzo, 2020 By amarias Deja un comentario

He puesto en orden los Sonetos que ya tengo publicados en este blog. Ayer, en que tenía algo más de tiempo, he revisado algunos de los que había desechado cuando publiqué Sonetos desde el Hospital. No son precisamente optimistas, y lo lamento. Prometo que en los próximos días me dedicaré a escribir en positivo, porque también se trata de animarme yo mismo.

Pero, como sabéis los que escribís poesía y aquellos a quienes gusta leer poesía, el verso es muy pegajoso a los sentimientos reales.

Allá van, y numerados. Leedlos, si os apetece, lentamente. Mejor en voz alta, conservando los versos y las rimas y tratando de encontrar el ritmo interno.

7

Me levanto del fango, pienso airado
que la caída me produjo rencor ciego
y atiendo sin dudar a cualquier ruego
sin confiar por ello ser lisonjeado.

Pongo en cada detalle gran cuidado
y espero con tensión si acaso luego
arroja el tiempo la creación al fuego
o vierta la ilusión en campo helado.

Sin poder darlo todo por perdido
planto cara y razón a quien acaba
entregando ilusión al mal, aún viva.

¡Cuánto becerro de oro conducido
al altar de adoración donde estaba
la ocasión de gozar, tal vez cautiva!

8

Siempre vendrá la muerte muy temprana
aunque no llegue en plena juventud
y abrirá con un golpe la ventana
trayendo la oscuridad a humana luz.

Nacimos en tiempos de miedo y avestruz
sin barruntar que en esperanza vana
se disolverían fe, deseos y virtud.
Pusimos nuestro esfuerzo en el mañana

sin preocuparnos la gloria ni la cruz.
Fue la vida, contra los vientos, sana,
aguantando en pie el traicionero alud

que si impidió lucir edad anciana,
nos servirá de adorno en la quietud,
limpios de culpa al paso de la aduana.

 

9

He encontrado en un mar de conjeturas
una verdad renuente a su belleza
que oculta por discreción en la maleza
era objeto de chanzas y locuras.

Puso a prueba un mendaz su fortaleza
ofreciendo serle guía por oscuras
conclusiones de improbable certeza
que prometían pingües rentas futuras.

“Espero pasar el tiempo en este sitio
replicó, asomando la cabeza.
que es para brillar única conditio

y no atribuyas miedo ni pereza
a mi renuncia a entrar en un litigio
si no a mi peculiar naturaleza.”

 

10

«Retirado en la paz de este desierto»
Francisco de Quevedo

Recogiendo espejismos del desierto
donde instalar la tienda y estar juntos
fui apartando cuerpos de difuntos
dudando al caminar si estaré muerto.

Encontrando al soñar mares abiertos
puse a remojo todos mis asuntos
ordenados a pares contrapuntos
y lamenté, amor, no estar despiertos

pues a falta de verdad el mal se ausenta
porque pierde su fuerza vengadora,
reducido al nivel de pie de imprenta.

Cuando aliviado de cargas, por la hora,
me bajé del soñar sin darme cuenta.
Allí esperabas tú con la mejora.

(Con las mismas rimas que el  Soneto de Quevedo)

23.03.20 @angelmanuelarias «Sonetos desde la crisis»


La foto es la de un carbonero común, agarrado a la bombilla del porche de la casa de enfrente, en Madrid. Está buscando moscas y mosquitos que quedaron pegados a la bombilla.

Publicado en: Actualidad, Poesía, Sociedad Etiquetado como: angel manuel arias, coronavirus, Quevedo, Sonetos desde el Hospital, sonetos desde la crisis

Nos preparamos contra un enemigo (Soneto)

22 marzo, 2020 By amarias 1 comentario

Nos preparamos contra un enemigo
y centramos en armas nuestro esfuerzo
la clave siendo contra ti o contigo.
Pero un virus precisa otro refuerzo.

Qué equivocados estamos, amigo.
Y en la vía emprendida me retuerzo
que, sin asegurar lo que consigo,
de portavoz con este verso ejerzo.

Nuestra desgracia como tú maldigo
preguntándonos por la resistencia
del mal que junto a ti vencer persigo.

Cuido de provocar interferencia
en la confusión: me importa un higo
cuanto no valoremos en conciencia.

(22 de marzo de 2020 @angelmanuelarias, Sonetos desde la crisis)

Publicado en: Actualidad, Sanidad, Sociedad Etiquetado como: armamento, coronavirus, crisis, sonetos, vencer

Aparentando tranquilidad

19 marzo, 2020 By amarias Deja un comentario

Recluidos forzosos en nuestras casas, ahítos de información intranquilizadora, vagamos de habitación en habitación sin rumbo. Qué hacer, qué no hacer. La necesidad de salir a la tienda de ultramarinos para adquirir algunos víveres nos incorpora nuevas angustias. ¿Cómo prepararse? ¿Bastarán los guantes de cocina? ¿Habrá que tirarlos luego, limpiarlos con lejía, eliminar las bolsas en las que transportamos la comida?

Y luego están las angustias mayores. Qué sucederá con nuestros mayores, padres, tíos, amigos y familiares de amigos que superan los setenta y que están solos en sus casas, o en residencias de mayores o atendidos por emplead@s de ahogar que se encuentran secuestrados con ellos.

Qué está pasando en los Hospitales, en los Centros de Salud, en todos los servicios asistenciales. ¿Habrá unidades de cuidados intensivos para todos, respiradores, analgésicos? ¿Tienen batas, mascarillas y guantes suficientes todo el personal sanitario?

¿Cómo irá la investigación que permitirá combatir con calidad este virus silente y letal, que se nos coló desde la lejana China, que ahora, superado por los habitantes de ese siempre misterioso y gigantesco país, nos obsequian con su experiencia y material clínico, del que tanto nos falta?

Abro una Biblia al azar y en Los Salmos, leo sin prestar al principio atención: «Ansias de huir a la soledad. (…) El corazón tiembla en mi pecho, y me acometen mortales angustias. El temor y el terror me invaden, y me envuelve el espanto. Y exclamo: «¡Oh, si tuviera yo alas como la paloma, para volar en busca de reposo! Me iría bien lejos a morar en el desierto. Me escaparía al instante del torbellino y de la tempestad»

Hay palabras, escritas por otros y hace mucho tiempo, que nos hablan en tiempo presente de lo que nos preocupa, obsesiona y atormenta.  Buscamos consuelo, proximidad, afecto.  En tiempos modernos, desde este aislamiento forzoso, con el temor de que la espada del ángel exterminador no seleccione a nosotros, tratamos de protegernos siguiendo señales, admitiendo ritos y nuevos carismas, abrazados a cualquier esperanza.

Está claro que tenemos que encontrar confianza. Ante la multitud de falsas esperanzas, de consejos vanos, de palabras que atormentan sin motivo por despreciables individuos que gozan generando terror, abracémonos a lo que nos da fuerza: la solidaridad de los seres humanos para vencer cualquier dificultad, superar la desgracia.

Pero no podemos olvidar, jamás, que hoy más que nunca dependemos de dos categorías muy especiales de seres humanos: a) el personal sanitario, esos profesionales vocacionales que nos cuidan, que sufren con nuestra enfermedad y dolor, que se exponen para salvarnos y caen a veces en el verdadero campo de batalla, en su lucha en primera línea contra el enemigo vírico y la patología contagiosa; y b) los investigadores, los científicos de todo tipo que, en el silencio de sus laboratorios y centros de trabajo, están buscando afanosamente una solución que nos libere.

Es correcta, en mi opinión, la actitud del Gobierno, aunque adoptada con tardanza, de obligar a la reclusión y vigilarla incluso con las fuerzas del orden y el personal militar (que, por supuesto, también está en su profesión ayudar si alguien lo necesita); y tampoco puedo olvidarme de todo ese conjunto de personas expuestas a riesgos especiales para mantener, al menos, viva, la cadena de suministro alimentario y la producción básica, con atención particular a lo sanitario.

Necesitamos ganar tiempo para que la propagación del virus se limite espacialmente y para evitar que nuestros Hospitales no se colapsen con los terribles picos de contagiados graves, obligados a cuidados intensivos. Quiero creer que pasado bastante tiempo, con o sin vacuna, cuando todos o casi todos hayamos sido contagiados y la inmensa mayoría hayáis/hayamos sobrevivido, nos arrimaremos a las plazas de cada pueblo, al centro de cada lugar, por pequeño que sea. para lanzar un grito de victoria.  Un inmenso grito que llegue a todas las esquinas del cosmos, y anuncio de una nueva solidaridad de la que nunca deberíamos separarnos.

Publicado en: Actualidad, Sanidad, Sociedad Etiquetado como: afectados, Biblia, cadena alimentaria, coronavirus, meddas, Militares, personal sanitario, políticos, Salmos

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