Al socaire

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Archivo de 2016

Desnudando el gas de pizarra

7 febrero, 2016 By amarias Deja un comentario

Mi buen y laureado amigo Eloy Alvarez Pelegry, junto a Claudia Suárez Diez, -ambos ingenieros de minas-, han publicado el libro «Gas no convencional: shale gas» con un subtítulo comprensivo: «Aspectos estratégicos, técnicos, medioambientales y regulatorios» (Orkestra, Marcial Pons, 2016).

El volumen fue presentado en un acto organizado por la Real Academia de Ingeniería (Eloy es académico de esta rancia institución), y contó con la introducción cariñosa -y algo peculiar- de otro colega de la ingeniería, mi profesor de Ampliación de Física con base en el cálculo tensorial, José Luis Díez Fernández, quien dibujó con trazos más bien negros algunas cuestiones de la trayectoria seguida con el gas en España, que tiene muchos claros y algún oscuro. José Luis recordó, por ejemplo, en su intervención preliminar, accidentes causados por el peligroso grisú en las explotaciones de carbón de las cuencas del norte y ciertas explosiones en la red de Barcelona cuando las instalaciones que estaban previstas para gas ciudad se utilizaron para gas natural, lo que no dejó a la audiencia, desde luego, con el mejor cuerpo para el plato que nos disponíamos a degustar.

Eloy y Claudia han realizado un trabajo serio, no exhaustivo -el tema está abierto- pero sí sistemático y documentado sobre el presente del recurso. Es, sin duda, el mejor resumen técnico -más de 300 páginas, con multitud de cuadros y referencias- que se ha hecho en España, hasta ahora, sobre la cuestión. El propio texto, que encaja con lo que se podría considerar un trabajo académico de altura sobre una metodología, ofrece un Resumen, al final, en seis páginas,  de lo  sustancial expuesto por los autores, para aquellos escasos lectores -supongo- que prefieran, ante un tema de tanto interés y actualidad, contentarse con quedarse con algo de la música y no detenerse a oir la partitura entera.

El libro es una referencia obligada para ilustrarse sobre la situación mundial del shale gas, comenzando por definirlo bien, detectar las explotaciones del mismo actualmente en uso, la evolución de los precios de referencia, las tensiones geopolíticas que ordenan o complican su mercado y, como ya se advierte en el subtítulo del mismo, también aborda cuestiones legales, tanto al abrigo de la legislación medioambiental específica española como incorporando visiones adoptadas por países que ya están realizando la explotación de hace tiempo de estos reservorios a gran profundidad que se pueden extraer aplicando técnicas de perforación mixta, horizontal y vertical.

Se ha leído y oído tanto, y adornado con tonterías, nimiedades o medias verdades, acerca del shale gas, -traducido aquí, en general, como gas de esquisto, aunque Fernando Pendás, otro de los mineros que andan haciendo apología de la necesidad de explorar este potencial recurso autónomo, no pierde ocasión de corregir/nos que deberíamos decir gas de pizarra, o mejor gas de lutitas- que el viene bien poner orden, y hacerlo de forma documentada, con datos y referencias serias, acerca de una cuestión que aquí parece controvertida y es pan de cada día para otros. Ojalá sirva, al menos, para que los que sabiendo muy poco hablan por los codos, se callen o se les haga callar con buenos argumentos.

Recomiendo, pues, el libro. Aunque también advierto de su efecto limitado fuera de los ámbitos estrictamente técnicos o académicos: estas cuestiones que afectan temperamentalmente al ambiente y al riesgo técnico potencial, se envenenan muy fácilmente, y el asunto, en nuestro país, está muy contaminado por reservas a priori, datos falsos, e intereses económicos oscuros difíciles de detectar. No niego que también el llamado «lobby gasista» tenga su interés en que se autoricen las prospecciones, pero si no existe un móvil económico, también se paralizan los asuntos de interés general.

El salón de actos de la Real Academia de Ingeniería dio, pues, empaque a la difusión de un mensaje serio. En esencia, que hay que autorizar la exploración del recurso, y que existe experiencia suficiente para garantizar que la misma se hará con las garantías de seguridad del más alto nivel, y que, en fin, si se detecta que el subsuelo español tiene volumen extraíble suficiente para hace rentable la producción de gas de esquisto, no deberíamos de renunciar neciamente a la explotación de un recurso propio.

Se necesita es, sobre todo, tranquilizar a la opinión pública y, para ello, hay que aportar a los debates a personas que aporten credibilidad, experiencia concreta, y  contrarresten las opiniones negativas construidas desde la falsedad, con la verdad. Lo que no implica dejar de señalar los puntos débiles que toda tecnología posee, pero sin exagerar su alcance. Todo lo que sirve al hombre tiene riesgos: la función del que sabe es controlarlos.

Enhorabuena a Claudia y a Eloy, y que consigamos llevar al puerto de la sensatez el debate sobre el shale gas. Después de todo, lo que se está demandando es que se explore la existencia rentable del recurso, no que se explote. Aunque mi admirado José Luis Diez Fernández haya hablado de viejas explosiones relacionadas con gases, pero acaecidas en otro contexto, con otras sustancias, en otras circunstancias de exigencia y control en España y en el mundo.

Publicado en: Actualidad, Economía, Geología, mineria, Tecnologías Etiquetado como: Claudia Suárez Díez, defensa, Diez Fernández, Eloy Alvarez-Pelegry, fernando pendás, gas de esquisto, gas de lutitas, gas de pizarras, gases, Orkestra, shale gas, tecnología

En el Día Mundial del Cáncer, Guía para acompañantes

4 febrero, 2016 By amarias 5 comentarios

Desde el año 2000, cada 4 de febrero, se celebra el Día Mundial del Cáncer, por iniciativa de la Asociación Internacional de la que AEEC es miembro. Los enfermos de cáncer no tenemos necesidad de que nadie nos recuerde esa fecha, porque, para nosotros, cada día que pasa nos sirve de permanente recordatorio de que nuestro cuerpo tiene vidas propias.

Por eso, y como lo habitual es publicar Decálogos, Consejos y Recomendaciones para quienes están padeciendo tumores de variada índole, yo quiero contribuir con algo no tan habitual en la literatura oncológica: Una guía para acompañantes de Enfermos de Cáncer. Dedicada a cónyuges, parejas de hecho, amigos -íntimos o no-, familiares, compañeros de trabajo, y, por qué no…también a facultativos, enfermeras, y personal administrativo y de toda índole de los centros de tratamiento.

Guía básica para Acompañantes de Enfermos de Cáncer

Recomendaciones:

Primera.- Mentalícese que ha adquirido Vd. la categoría inesperada de Acompañante. De acuerdo con su relación con el paciente, deberá graduar sus intervenciones. Pero, en cualquier caso, no sobreactúe. La sensibilidad de los enfermos de cáncer ha quedado, se lo manifiesten o no, tocada en los elementos de susceptibilidad, filosofía acerca de la vida, sentido de temporalidad, afectividad y contingencia.

Segunda.- Evite preguntar al enfermo cómo se encuentra. Piense que no es agradable contestar una y otra vez a la pregunta de «¿Qué tal? ¿Cómo lo llevas? ¿Te duele mucho?». Son las cuestiones habituales que los acompañantes no avisados -en especial, los que no viven su día a día- realizan, con la mejor intención, cuando se topan con el enfermo, lo llaman por teléfono o le envían un mensaje con un emoticon o varios. Es mucho mejor que lo compruebe sin preguntas, y trate de derivar la atención hacia temas distintos de la enfermedad. Está hablando con un ser humano, que puede estar sufriendo, y mucho, pero, salvo casos raros, no le gustará tener presente que se ha convertido en un foco de atención inesperado, no por sus valores, sino por su enfermedad.

Tercera.- No le cuente historias de amigos, conocidos, o del yerno de un quiosquero que conoció hace años, que sobrevivieron «al mismo cáncer». Primero, porque no es apetecible escuchar cuentos sobre desconocidos. Segundo, porque cada cáncer es distinto, y también cada paciente: imagínese el efecto que produce el decir a un enfermo de cáncer de próstata que su vecina ha superado un cáncer de mama similar. Tercero, y muy importante, porque la medicina y los tratamientos oncológicos han evolucionado de manera brutal en los últimos dos o tres años. Mejoran cada mes, cada día.

Cuarta.- Internet proporciona mucha información, y es seguro que Vd., aunque sea un conocido distante del enfermo, ha mirado cuestiones relativas a tratamiento, historias de pacientes y centros prestigiados, que está deseoso de emplearlos a la primera ocasión con el paciente. Olvídese. El mejor equipo médico, el mejor tratamiento, el centro más prestigioso, es el que atiende al enfermo de cáncer que Vd. conoce. No cree la mínima distorsión sobre el mensaje que está recibiendo su amigo, familiar o conocido. ¿Le gustaría a Vd. que le dijeran, después de haber comprado un coche de cualquier marca, que se ha equivocado y que ha leído en internet que el mejor de ese tipo y prestaciones es otro que no se fabrica en España? Además, ha de saber que los planteles médicos españoles son magníficos, se hallan reputados en el extranjero entre los más prestigiosos del mundo y están, cómo no, a la última, con experiencia apreciable entre los mejores. Y los materiales y equipos de que disponen -especialmente la Seguridad Social- son de primera.

Quinta.-Si su proximidad o la atención que desea dispensar al paciente le lleva a acompañarlo a una visita al oncólogo, en la que se le vaya a pautar el tratamiento o comentar los resultados de los análisis, esté especialmente atento a lo que se les diga, y tome nota si es preciso. A pesar de la apariencia de entender lo que se le está diciendo y de que se halla asimilando lo que se le cuenta, es muy probable que no sea así, y el enfermo haya olvidado, al salir de la consulta, si las pastillas debe tomarlas antes o después de cada comida, por la mañana o a la noche, disueltas en agua o tragadas enteras. Es posible que ni siquiera recuerde la información que se le haya dado sobre la enfermedad, las citas próximas o, aún peor, que se haya imaginado algo distinto, debido al filtro o la distorsión creativa con la que, mentalmente, interioriza lo que se refiere a su tumor. Por ello, su función como recordatorio de lo que se le ha expresado por el facultativo y, en su caso, como controlador a posteriori de que el mensaje y directrices serán cumplidas, es fundamental: para tranquilidad del paciente y como garantía del exacto cumplimiento de las prescripciones.

Sexta.- Parecerá elemental, pero la intensidad de la actuación con el enfermo de cáncer y su compromiso personal con él, depende de múltiples factores: su grado de afinidad, la edad del paciente, su formación (la suya y la de él), y, por supuesto, el interés que le muestre el paciente porque le dedique atención especial. No deje, sin embargo, que la enfermedad del otro le arrastre a Vd., porque su fortaleza ha de permanecer como referencia para que el paciente no pierda la suya. Si se trata de un niño, y Vd. es el padre o la madre -o un abuelo, o alguien realmente muy próximo y con el que el menor tenga gran confianza anterior-, distráigalo, protéjalo del entorno que para él ha de resultar especialmente más duro que para un adulto, y trate de que no pierda el contacto con sus compañeros y mejores amigos. En este caso, no importa tanto que hablen de la enfermedad, porque el niño con cáncer podrá presentarse como héroe, como algo distinto, y, de todas maneras, los niños tienen una gran capacidad de superación y adaptabilidad y, por los limitados conocimientos respecto a la enfermedad y el tratamiento, la conversación derivará rápidamente hacia temas comunes. Si el paciente tiene más de diez años (o así), y aunque sea menor -ya sabe que la mayoría de edad desde el punto de vista médico y no solo civil se alcanza a los dieciocho años, aunque la clasificación clínica hace referencia a que el organismo no está plenamente formado-, deberá responder a sus preguntas y explicarle el tratamiento a que está sometido con claridad y sencillez adecuada a la edad. Debido a que el cuerpo está en transformación, la agresividad del cáncer puede ser mayor, los cambios más rápidos. Consulte al especialista a la menor duda, no improvise ni invente.

Séptima.- Esté preparado para un deterioro de la relación personal, quizá a un pasajero disentimiento con el paciente, en particular, si la enfermedad se agrava o el tratamiento se prolonga. Tenga en cuenta que la tensión emocional sobre un paciente que, quizá, intuya, imagine o reconozca que el cáncer no está siendo dominado o lo está siendo más lentamente de lo que se esperaba, es muy alta. Y Vd. será la válvula de escape idónea, por proximidad y, también, por afecto. Resulta doloroso para el familiar próximo -la pareja del enfermo, sobre todo- tener presente que los últimos meses de la vida de su ser querido han sido de desencuentro, de torpeza en el entendimiento recíproco. Para no martirizarse después ni hacer más duro el trámite final del paciente que no ha podido curarse, sea excepcionalmente indulgente. Y si, como será lo normal, el paciente se cura -nunca del todo, pues un enfermo de cáncer es típicamente crónico- dése la enhorabuena por haber superado con éxito la trampa afectiva.

Octava.- En las salas de espera (y son muchos las pruebas, análisis y procedimientos de examen y control a los que los avances técnicos someten a los pacientes oncológicos), en esos momentos destinados a perderse en la nada desde que su familiar o amigo ha sido llamado para que pase a someterse a la radiografía, la densitometría, la gammagrafía, las tomas de sangre, la implantación del catéter, las punciones, la operación, etc., en fin, para cada tratamiento en que Vd. no pueda acompañarlo hasta la sala de intervención, le sugiero que hable con otros acompañantes. Además de que siempre es agradable hablar con quien se encuentra en la misma situación -¡la de acompañante!-, le ayudará a pasar mejor el rato y se sorprenderá de la humanidad y sensibilidad que desarrolla la convivencia con el dolor, aunque sea de otro…de otro al que se quiere.

Nueve.- Todos agradecemos, en cualquier circunstancia y lugar, las manifestaciones sinceras de afecto, de interés, de admiración o cariño. No desaproveche la ocasión de decirle al enfermo de cáncer lo que piensa, en positivo, de él/ella. Les ayudará a ambos, pero, claro, mucho más al que sufre. Esta sociedad  tiene escasa o nula inclinación a reconocer méritos al otro, y, por ello, suele conceder homenajes preferentemente a los difuntos o, si a vivos, los dota de ribetes florales que parecen más propios para ensalce de panelistas que como manifestación de devoción ajena. El acto de homenaje puede ser una reunión familiar, o una pequeña fiesta de amigos, no hace falta pensar en organizar una cena de reconocimiento de servicios, o en un acto público con discursos y medallas en el que se glose la trayectoria profesional, ¡la vida no ha dado a todo el mundo las mismas oportunidades, pero seguro que la inmensa mayoría hemos pretendido aprovechar las que tuvimos y estamos orgullosos por ello!.  Por supuesto, no tiene que tener el aire de una despedida. Se trata de ayudar al enfermo con ánimos de pronta recuperación, no hacerlo caer más profundo en el temor -siempre subyacente, aunque no se reconozca o se trivialice- a una separación definitiva.

Décima.- No se sobrecargue de obligaciones ni compromisos frente al paciente. No se entregue al síndrome del rescatador de quien está a punto de ahogarse, y, sin entender su posición, tanto en ejercicio de su libertad como de su posicional superioridad, acaba siendo víctima con él. Por ello, debe tener, cuando antes, un soporte alternativo, una segunda opción que le pueda dispensar en suficientes momentos de prestar la atención que le demanda el enfermo de cáncer. Mientras dure el tratamiento, serán muchas las visitas al centro oncológico, algunas significarán períodos de estancia más o menos largos -quizá internamiento después de una operación-…muchas horas perdidas/entregadas de su trabajo y tiempo libre. Búsquese unos cuantos cómplices que, habiéndose mostrado realmente dispuestos (sin falsas cortesías de «cuenta conmigo», «llámame si me necesitas»), le ayuden a trasladar al enfermo, acompañarlo en su lugar algún día, visitarlo de vez en cuando, etc. No los sobreutilice, espacíe con discreción sus intervenciones, pero úselos.

Si esta Guía le sirve, estimado y desconocido Acompañante de Paciente Oncológico, estaré encantado de haber contribuido a clarificar algunos aspectos no siempre tratados o conocidos de la vida en el entorno del enfermo de cáncer. Una vida que deseo sea larga, exitosa, fructífera, para todos aquellos que, como yo, han sido diagnosticados de ese tumor que el sentir popular no ha desposeído aún de sus aviesas connotaciones, pero que cuentan, como es mi caso, de personas muy próximas, que lo quieren, y que quieren ayudarlo, como un tratamiento adicional al puramente médico, a superar la enfermedad. Sed fuertes, pacientes y acompañantes. Sedlo, porque, creyentes o no, en lo terrenal tenemos solo esta vida, y nos corresponde pasar sus vicisitudes con dignidad, fortaleza y, para lo que pueda servir, dando ejemplo.

 

Publicado en: Medicina, Personal Etiquetado como: acompañante, aeec, cáncer, decálogo, dia mundial, enfermedad, enfermo, guía, médico, oncología, oncólogo, paciente, tratamiento

Fábula del hombre, los lobos y las ovejas

3 febrero, 2016 By amarias 3 comentarios

Hace muchos años, pongamos cincuenta o así, los hombres descubrieron que las ovejas estabuladas proporcionaban más beneficios que las que se dejaban libres en el campo.

Eran más fáciles de controlar, producían más y mejor lana, tenían partos dobles viables con mayor frecuencia y, sin que eso signifique enumerar todas las ventajas, la carne de los corderos era más suave y el ordeño resultaba simple, produciendo más leche y más cremosa.

Con el avance tecnológico, las merinas, seleccionadas cuidadosamente,  se mantenían en inmensas naves, sujetas a  aldabas individuales mediante cadenas, con el fin de reducir al máximo su movilidad; así, perdían menos energía, comían más pienso y engordaban rápido y parían con mayor frecuencia, a ritmos de mercado y momentos que se elegían mediante adecuada inseminación artificial, para optimizar el beneficio. Se crearon puestos de trabajo muy cualificados.

Todo ello tenía, además, una ventaja: como ya no necesitaban salir al campo a pastar ni ramonear, no era necesario dejar a los rebaños bajo el cuidado y vigilancia en la montaña de pastores ni ganaderos,  no ya en las gélidas noches, ni siquiera en las suaves amanecidas primaverales. Las dosis simbólicas  de hierba fresca mezclada con hojas de romero, salvia y colorantes alimentarios, se traían a las granjas ovinas, en camiones, y se distribuía a los pesebres, mediante cintas transportadoras, una semana antes del sacrificio, para dar a la carne mejor sabor y un color apetitoso.

Como consecuencia colateral, las ovejas dejaron de caer víctimas ocasionales de sus imaginarios ancestrales enemigos, y los niños, por tanto, dejaron de oir historias de lobos y corderos. No había más lobos, para ellos, que los de los dibujos animados que se comían de un bocado a Caperucita, ni más corderos que los trozos de carne con los que se celebraban en los hogares las ocasiones especiales.

Los campos que proporcionaban praderías jugosas se abandonaron en su mayor parte. Donde los tréboles, las ulmarias, las orquídeas o las potentillas, crecieron espinos, matojos y artos de rosa canina; laureles, acebos y helechos de cien especies; surgieron en, según en qué partes, brezos, alisos; hasta rebrotaron raíces y prendieron bejucos, y hubo, dependiendo de los sitios, no solo eucaliptos que se hicieron gigantes, sino bosquetes de robles,  hayas, serbales y hasta de castaños, que, al crecer sin control, generaron un tapiz de hojas secas y ramas rotas o partidas por el rayo, que como nadie recogía, volvieron el espacio impenetrable.

El cambio -una revolución- fue generalizado y no afectó solo a las ovejas y a los lobos. La propiedad de las naves y de las merinas y la tecnología de muchos productos de consumo y de ocio se concentró en muy pocas manos, que terminaron siendo misteriosas, totalmente desconocidas. Se especulaba incluso, en algunos círculos, si se trataría o no de ser propiamente humanos. En concreto, las fórmulas de combinación de los piensos para las ovejas se hicieron secretos -como las de la Coca Cola y las patatas chips de los Burguer-; para evitar miradas indiscretas, las naves de producción se llevaron a lugares incógnitos, aunque los centros de transformación y distribución, se ubicaron en lo posible muy cerca de las ciudades, es decir, de los mercados, para ahorrar costes de transporte; algunas cantidades menores eran trasladadas a curiosos comercios al por menor, regentados en exclusiva por inmigrantes adaptados.

¿Y los lobos? Pues, crecieron y se multiplicaron con bastante rapidez. Es cierto que ya no tenían ovejas con las que alimentarse, pero el espacio que antes ocupaban las praderas pasó a ser prácticamente suyo. No habían de temer al hombre, que se acercaba raramente por sus andurriales -quizá algún micófago nostálgico a recoger algún rebozuelo en el otoño-. Cuando los humanos prefirieron no asumir riesgos y llamaron sin problemas hongos del bosque a los champiñones cultivados y al shitaki, se tornaron los dueños del espacio, porque carecían, como las urracas, los estorninos y los cuervos, de enemigos naturales.

Sin embargo, cuando la presión demográfica que sufrían los lobos aumentó, empezaron a hacerse visibles cerca de las ciudades, buscando carnes para comer. Desde luego, no podían acercarse a las naves en donde estaban siendo criadas con todos los adelantos científicos sus deseadas ovejas, defendidas con alambradas eléctricas, cuchillas afiladas y púas.

Fue más o menos por entonces cuando empezó a correr la noticia de que los lobos estaban atacando a los humanos. Primero, fue una niña que estaba jugando en un parque infantil, con un perrito de peluche. Un lobo le arrebató el juguete, seguramente creyendo que era comestible. Luego, se denunció que un lobezno había aparecido muerto en una autovía de circunvalación. Hubo más casos. La angustia se instaló y creció primero en una ciudad, y luego, en todas.

Estaban los ciudadanos y ciudadanas tan preocupados con la amenaza de los lobos que prestaron poca atención a que algunos médicos habían descubierto una enfermedad nueva en algunos humanos que les hacía comportarse de manera muy loca, y que, luego de meses de investigación y pedir a los veterinarios que los ayudasen, encontraron que las ovejas llevaban algún tiempo sufriendo de una epidemia causada por unas proteínas patógenas, que se llamaban priones, debido a que se las alimentaba con cadáveres de animales, muy económicos.

Había que tomar una decisión de largo alcance. Los responsables del bienestar de la ciudadanía convocaron a un debate intensísimo. ¿Qué hacer? ¿Matar a todas las ovejas afectadas, que eran muchísimas? ¿Reducir el número de lobos a una quintaesencia simbólica? ¿Volver a los tiempos en los que las ovejas pastaban en los montes?

Cada opción tenía sus inconvenientes. Desde luego, a los propietarios de las ovejas había que indemnizarlos, y no con cuatro dineros. Los lobos estaban protegidos por una ley de conservación de la naturaleza primigenia. Pero lo principal era que el bosque -al menos, el de esta fábula- se había hecho impenetrable.

Después de una reñida votación, en la que los partidarios de cada opción (y de otras que me callo, para no hacer el asunto demasiado largo) expusieron sus razones con vehemencia creciente, salieron empatadas dos posibilidades.

La de los que proponían quemar una parte de los bosques para que, en su lugar, retornaran los prados en los que pastaran las ovejas no afectadas del mal, y recuperar la cabaña. No era sencillo de poner en práctica, pues no había voluntarios que ofrecieran sus parcelas de bosque para quemar, y aunque algunas era de propiedad comunal, no se tenía claro donde empezaba cada una. Entendiendo que el debate se prolongaba demasiado… unos desconocidos empezaron a quemar algunos bosques y, sin control, las llamas estaban provocando graves incendios cuya extinción reclamaba medios mayúsculos.

Por supuesto, la oposición de los propietarios de las naves a esa medida había formado un lobbing poderoso. Tenían contratados expertos muy cualificados que defendían que la situación estaba perfectamente controlada y que, con ayudas públicas, se podría garantizar carne de oveja merina de una nueva subespecie, más sabrosa y resistente. Además, se estaba dispuesto a autorizar inspecciones más severas y frecuentes.

Mientras se celebraban los debates, que se hicieron interminables, un grupo de sabios cansados de no tener nada que hacer ni ser escuchados, se puso en marcha con un macuto, una brújula y un machete cada uno. No trascendió mucho de lo que llevaban en el macuto, pero sí comunicaron su propósito: dar, pian pianito, un rodeo al bosque, hasta llegar a la otra parte.

Fueron muchos los kilómetros y pasaron muchas aventuras. Ellos también discutieron, algunos desistieron, otros amenazaron con volver y no lo hicieron. Por fin, los supervivientes llegaron a unos prados verdes en donde había pastando unos magníficos rebaños de ovejas.

Sentados a la sombra de un castaño, un grupo de pastores estaba comiendo queso entre hogazas de un pan con muy buen aspecto y uno de ellos, tocando un caramillo, servía de guía para que otros dos cantaran una canción de amores frustrados y esperanza, con voces embriagadoras.

Los sabios, que estaban cansados de la caminata, pidieron permiso para sentarse con ellos, lo que se les concedió de buen grado. Y entre la bebida, la comida y los cánticos, no me lo podréis creer, pero se les olvidó para lo que habían llegado hasta allí.

Publicado en: Cuentos y otras creaciones literarias, Sin categoría Etiquetado como: fabula, hombres, lobos, ovejas, pastor, priones

Políticos, funcionarios y ciudadanos

1 febrero, 2016 By amarias Deja un comentario

La sociedad civil es, muy posiblemente, una entelequia formal. No es difícil asimilar, cuando se leen crónicas de sucesos y escritos aderezados de historias y políticas, a los civiles a sujetos/objetos pasivos, inermes, indolentes, anónimos. Son destino de actuaciones de otros, y aparecen no pocas veces como víctimas colaterales (casualties). Se les toma por masa homogénea, predecible, inmune al estímulo individual y, en todo caso, se consideran detectables sus vaivenes cuando se les somete a la servidumbre adicional de las encuestas y sus necesidades y deseos se jalonan, como marcas de clase en estadísticas.

Frente a ellos están las fuerzas vivas, los estamentos, los ejércitos y el aparato inescrutable del Estado  que actúa para ellos, pero sobre todo, por encima, sobre ellos, y, muy raras veces, con ellos.

Así que, demandando un esfuerzo de abstracción podríamos preguntar: ¿cuál es la esencia de la ciudadanía? ¿A quiénes se refieren con el término ciudadanos y sociedad civil los que la usan tan despreocupadamente, y oímos a diario?

Procedamos por exclusión, para acercarnos a un intento, ya que no de definición, al menos de los confines del asunto. Desplacemos con decisión a quienes, precisamente, por utilizar el término ciudadanos para enmarcar a terceros, ni se consideran de ese grupo, ni apetecen que se les confunda con sus miembros: hablo de funcionarios y, por supuesto, de políticos.

Como funcionarios, incluyo a todos cuantos ocupan un puesto laboral pagado total o parcialmente desde el Estado.

No importa si en calidad de militares, desde generales a soldados; desde magistrados a oficiales: a todos cuantos estén adscritos a los recovecos de las administraciones de justicia; vayan fuera (con respeto), médicos, enfermeros, ATSs, analistas, gerentes, celadores y, sin dudar, todo el personal con bata de los centros de salud públicos del Reino; eliminemos, cómo no, a catedráticos, profesores titulares y suplentes, conserjes, asociados, eméritos, becarios y a los que ocupen los escalones administrativos y subalternos de cualquier centro de enseñanzas públicas; sean caídos del panel, abogados del Estado, TACs, actuarios, inspectores, y, con ellos, a todo tipo de ocupantes, ya sea por oposición, designación digital o asignación provisional, de cuantos lugares sean previstos en el escalafón de las legal o reglamentariamente definidas estructuras de las Administraciones; incluyamos el personal de los servicios de aguas, saneamientos, residuos y depuraciones; de los transportes, tierra, mar y aire, si reciben la nómina del Estado o de contratas, apéense ; del censo grupal, no caben tampoco en este empeño, los directivos, titulados, y todo el personal contratado por empresas públicas, mixtas, y parapúblicas; y, en fin,  desclasifiquen de la cosa de la ciudadanía, a todos cuantos reciban, si no están ya comprendidos en alguno de los epígrafes anteriores, una parte de su salario, remuneración o prebenda del erario común o de los centros relacionados con él por cualesquiera de sus arabescos organizativos.

Vayamos, luego a desclasificar a los políticos. Más fácil está, pues no pocos se habrán caído antes. Pero, al grano. Habría que entender por tales, no solamente a los que ocupan posiciones -no importa si esporádicamente- en cualesquiera de los Parlamentos, Senados y Senadetes, Municipios, Diputaciones, Consejerías o Gobiernos de toda alcurnia y condición -desde los Ministerios hasta las Direcciones Generales y los asesores áulicos, ya hubieran accedido en virtud de carnet o afiliación, aún la imprecisa; saquemos del plantel, también, a cuantos reciban encargos retribuidos sobre actuaciones pasadas o futuras, regalos y dádivas más o menos sólidas, sean o no de marca, y, en especial, los que encubran compensaciones económicas por trabajos ya acabados o de los nunca empezados, y a no olvidar los que tengan expectativas  fundadas o infundadas de acabar recibiéndolas, y, si se cumplieron, bájense o retírense, aunque falten documentos y razones demostrables de que las hayan disfrutado.

Si quedaran aún gentes incólumes; de la batalla y purga, irredentas; vírgenes de oposición, limpios de maniobra o engaño; incumplidores tenaces de las condiciones que les habrían llevado a otra situación que no gustaban; orgullosos de su nulo poder; tibios para ascender, diligentes al bajar y ayudar; si hubiera algo remanente, ahí tendríamos, como aquella rosa de la creación siderúrgica que salió de la mano de Aranguren y que acabó llamándose Arcelor-Mittal, voilá, la sociedad civil.

Gentes inocuas, invisibles, oscuras: siervos de la gleba. No tienen nada que ver con políticos ni funcionarios, no esperan de unos y otros nada de particular (tal vez, disgustos), de lo que no saben no contestan, y prefieren no contestar de lo que saben, si no es a su debido tiempo. No comprenden de asuntos políticos y, cuando les toca con su mano de hierro la función pública, agachan, sumisos, la cabeza.

Lo que no quiere decir, que no sean ellos, sin embargo, los que sufren de las crisis, disfrutan de las migajas de la bonanza, reciben premios de lo que cae de la mesa, padecen disgustos, se someten aunque se muestren reacios, entregan su valor cuando las levas, y se esfuerzan en cumplir prescripciones, dictámenes, decisiones e incluso los caprichos que del otro mundo de la esencia vienen.

Si existieran, como yo me siento, más gentes pertenecientes a la sociedad civil, -que no representantes, pues la heterogeneidad excluye cualquier representación-, entenderán mi desconcierto.

Porque hétenos aquí llegados a un punto en que los políticos aparecen enzarzados, no en decidir cómo gobernar mejor la polis, sino en pavonearse entre sí acerca de lo bien que podrían hacer no se sabe qué y aún menos, cómo. Nos exhiben lo mucho que se valoran a sí mismos y quieren que los admiremos por ello.

Y vuelvo mi mirada hacia los funcionarios. Mientras la sociedad civil, esa formada por los que dependemos de nosotros mismos, los que, si no hemos conseguido en el día de hoy vender nuestra mercancía laboral no comeremos mañana, asistimos, con envidia, al hecho de que el aparato funcionarial sigue funcionando. Es buena cosa: sigue habiendo clases, asistencias médicas, multas, inspecciones fiscales, encausamientos, sentencias. Nadie marca a los funcionarios, desde arriba, el camino a seguir. El sistema tiene inercia, y actúa, no por las decisiones marcadas por los políticos, sino por la necesidad de otros, por la voluntad de unos, por conocimientos, perspicacias e intereses que no están dictados desde arriba.

Ya me gusta sentir ese aire en la cara. Se habla de corregir el rumbo, pero yo lo que creo es que hay que poner más dosis de realidad en la política. Si no saben descender a donde estamos los ciudadanos, si no saben qué dar o mandar a los funcionarios para que lo hagan mejor, renuncien los políticos a formar gobierno, olviden los resultados de las elecciones de diciembre de 2015, y dejen que se convoquen otras nuevas. Por favor, eso sí: Que no vuelvan a presentarse los mismos ni con los mismos programas -si es que hubo-, que a esos y a éstos ya los hemos votado.

Que vengan otros que utilicen la oportunidad de orientar y dirigir mejor el trabajo de los funcionarios, haciendo que el magma del que vive la sociedad civil se tranquilice, y el dinero y el trabajo dinamicen las ruedas, que se paran.

 

Publicado en: Actualidad, Economía, Política, Sociedad Etiquetado como: Ciudadanos, elecciones, funcionarios, políticos, sociedad civil

Libros que hubiéramos debido leer en 2015

28 enero, 2016 By amarias Deja un comentario

KnowSquare 2016 Premios Librosangel alda KN 27enero 16

KnowSquare, la plataforma de conocimiento compartido que creó el ingeniero de minas Juan Fernández Aceytuno hace ya unos cuantos años, presentó el 27 de enero de 2016 la selección de 10 libros de empresa (entiéndase por «libro de empresa», por lo que deduzco, aquel que tiene por fundamento principal dar consejos a gentes interesadas en recibirlos) que fueron publicados en español en 2015.

También se otorgó el premio a la mejor trayectoria divulgadora de los valores empresariales (entiéndase por «valores empresariales» aquellos que proporcionan una visión integral de lo que debería conocerse de quienes piensan igual que nosotros) a la Fundación Rafael del Pino, que recogió -en presencia de su madre, viuda del ilustre ingeniero fundador de Ferrovial-, María del Pino, presidenta de la misma.

El Acto tuvo lugar en el Salón de Actos de Caixa Fórum, que resultó justo para acoger a los más de 250 admiradores del proyecto de la Plaza del Conocimiento, a quienes se regaló, a la entrada, uno de los libros seleccionados, obsequio de Correos, que presentó, en vídeo, su nuevo y atractivo look.

El libro que el jurado seleccionó como ganador -por unanimidad, según consta en el Acta de la Comisión evaluadora, compuesta de 26 miembros, que tuvieron ánimo para leer e enjuiciar los más de 120 candidatos que presentaron las Editoriales- fue: «De Cero A Uno «, de Peter Thiel, traducido por María Maestro Cuadrado y editado hace justamente un año por EDICIONES GESTION 2000, y que se vende por 18,9 euros (aunque también se puede bajar de internet por algo más de 12). (1)

No lei el libro premiado, pero me propongo leerlo, como también leeré Los placeres ocultos de la vida (de Theodore Zeldin) que fue el volumen que me encontré en la bolsa, junto con una tarjeta con una clave para disfrutar de una semana de acceso a KnowSquare, a cuyo Consejo Editorial pertenezco, casi desde el principio de la andadura. Algo me descubrirá, con tan sugerente título, el bueno de Zeldin, que nos regaló a los asistentes uno de sus consejos, en vivo y en directo: dialogad, benditos. Ya tengo en mi biblioteca otros libros del palestino-británico.

Tomé algunas fotografías desde mi asiento en la Sala y, aunque son de pésima calidad, recojo dos aquí: La que sitúo a la derecha pretende ser amistoso homenaje a Angel Alda, glosador de las cualidades del libro premiado, ya que -me reconoció- fue el promotor de su candidatura, y que cumple hoy años, según me ilustra Facebook. Así que, felicidades a todos los que participaron activamente en el éxito del evento con su tiempo, calidad y esfuerzo -muchos y muy buenos- y a él, especiales.

—–

(1) No confundir con el libro de idéntico título, escrito  por Paulen Bom y Marcheld Huber, que trata de pedagogía.

Publicado en: Actualidad, Sin categoría Etiquetado como: Angel Alda, Ediciones Gestión, Fundación Rafael del Pino, Juan Fernández Aceytuno, KnowSquare, María del Pino, Peter Thiel, Premios, Theldin

Echando mano de la hemeroteca particular

27 enero, 2016 By amarias Deja un comentario

Si quiere leerlas todas, haga clic en Cartas filípicasIMG_20160128_125107

 

Publicado en: Sin categoría Etiquetado como: angel arias, cartas filípicas, felipe VI

Negociadores a tiempo completo

26 enero, 2016 By amarias Deja un comentario

El tablero político está enmadejado y no parece que haya quien lo desenmadeje, aunque el desenmadejador que lo desenmadeje, buen desenmadejador será.

Tengo en mi escritorio el libro «El arte de negociar», escrito por Enrique de las Alas-Pumariño Miranda. Me lo regaló hace unos días su autor, y me lo leí de inmediato. Al principio, movido por la voluntad de ser cortés con un amigo; a las pocas páginas, empujado por el interés de su contenido. En sus 204 páginas, este Dr. Ingeniero Industrial, que acaba de cumplir los noventa años y está «como una rosa», desarrolla, con orden, sabiduría y humor, una teoría teórico-empírica sobre cómo ha de desenvolverse «el negociador a tiempo completo» que es, también, el subtítulo del volumen, y del que tomo el titular para este Comentario.

Es sobre todo en su capítulo dedicado a las «estratagemas», en donde el lector más ávido encontrará lo que Alas-Pumariño llama las «doce guindas que rematan la obra», y que relatan historietas que reflejan otros tantos trucos que pueden utilizarse, o pueden ser detectados, en una negociación.

Desde las elecciones de diciembre, quizá sin saberlo, los representantes de los partidos políticos que han obtenido mejores resultados (es un decir), están utilizando unas cuantas de ese elenco. Quien, en mi opinión, lleva la palma con ventaja es el equipo de Podemos, seguido a considerable distancia por los portavoces del Partido Popular, incluido, por supuesto, el Presidente de Gobierno en prolongadas funciones, Rajoy.

Pablo Iglesias jr. ha introducido el señuelo de la cabra maloliente unas cuantas veces y se ha especializado en el uso del enredo de las cerezas; el PP no desprecia la treta de las caperuzas de paño y defiende la metamorfosis de la gallina de los huevos de oro. En las imperfectas negociaciones para decidir en dónde pretenden instalarse, el PSOE -tanto por boca de Pedro Sánchez como de la de Susana Díez, aclamada como la baronesa andaluza por demasiados de sus inspi-conspiradores- parece ensimismado en necesitar una habitación más para la casa, lo que corresponde al ardid del arquitecto.

Por supuesto, la estratagema de la Batalla de Fontenoy es el truco del almendruco preferido por Iñigo Errejón, y los partidos regionales que apoyan, con sus trajes folclóricos más o menos aderezados, a cada coalición ocasional, defienden a la perfección el subterfugio de la tortuga huidiza del denostado Aquiles.

En fin, debería animar al lector a leer el libro, lo que, desde luego, hago convencido. Pero, antes de despedirme por hoy, permítanme que haga una propuesta: me postulo como Presidente independiente del futuro gobierno, y animo a que todos los ciudadanos independientes, que deseamos que se forme de una vez un gobierno que acabe con esta pesadilla de indeterminaciones y juegos posturales, hagan lo mismo. Cuantos más, mejor.

Lo haría gratis y por poco tiempo: el justo para volver a poner en funcionamiento el reloj de la actividad del país. No tengo especiales conocimientos sobre la Administración pública -aunque me se la teoría-, pero no tienen por qué ser peores que los de todos los candidatos (excluido, tal vez, Rajoy); tengo buenas calificaciones académicas; he trabajado tanto para la empresa privada como para la pública y creo saber bien cómo se mueven los hilos, delante y detrás de bambalinas; etc.

Puede que algunos  lo interpreten como la artimaña del Caballo de Troya, y así es. Pero es que, en esta coyuntura de atasco hiper-maquiavélico, o cambiamos las Reglas de juego (sí, otra estratagema) o estaremos ensimismados con la reproducción de la farsa del halcón y la paloma -que escenifica estupendamente Albert Ribera-, maniobrando estúpidamente con el tiempo, mientras la necesidad nos come los pies y los negociadores se acabarían convirtiendo en elefantes en la cacharrería.

Que, obviamente, no es una de las doce estratagemas que relaciona Alas-Pumariño, sino la consecuencia indeseable de negociar sin rumbo ni concierto.

 

Publicado en: Actualidad, Política Etiquetado como: Alas-Pumariño, Ciudadanos, gobierno, Iñigo Errejón, negociaciones, Pablo Iglesias, presidente, Rajoy, Susana Díez

Tengo un mapa para ti

22 enero, 2016 By amarias 9 comentarios

mapa geologico españa y portugal 1 1.000.000

Los más de doscientos asistentes a la presentación del mapa estratigráfico a escala 1:1.000.000 de España y Portugal que auspiciaban el Instituto Geológico y Minero de España (IGME) y el Laboratorio Nacional de Energía y Geología de Portugal (LNEG) fueron obsequiados con un canuto de plástico de 1m15 cm en cuyo interior se alojaba la criatura.

Si, al llegar a sus casas, se tomaron la molestia de abrir el cilindro y desplegar su contenido, habrían dejado a la vista una bella impresión multicolor, cuyo gran tamaño les obligaría, a falta de encontrar un sitio en la pared adecuada, a volver a alojarlo en su guarda, previamente enrollado a la forma anterior.

El mapa fue presentado por el geólogo Jorge Civis, presidente del IGME desde 2012, en el marco del Salón de Actos de la Escuela de Minas de Madrid (así se llamaba, al menos el recinto académico, antes del desorden educativo propiciado por la sesgada interpretación de los acuerdos de Bolonia) el 21 de enero de 2016.

Actuó de introductor de los ponentes, el también geólogo Juan José Durán Valsero, bajo cuya competente batuta se desarrolló la sesión, que contó con la participación especial de Philippe Rossi (ex Presidente de la Commision for the Geological Map of the World) y las explicaciones de los editores principales del mapa J. Tomás Oliveira ( actualmente, jubilado del LNGE) y  Luis Roberto Rodríguez  (investigador titular del IGME).

El nuevo mapa recoge por primera vez la geología de todos los territorios de Portugal y España, incluidas sus islas y plataformas continentales, y ha supuesto el cuidadoso enlace de las cartografías desarrolladas por ambos países, especialmente, en su frontera.

En la web del IGME, como también lo hizo su actual presidente en el Acto, se enfatiza que, para España, este mapa es una consecuencia del desarrollo del Plan MAGNA  (Mapa Geológico de España a escala 1:50.000), que viene desarrollándose desde 1972 y que supuso una inversión pública superior a 130 M€. También se comunicó que el ahorro social ha sido estimado en casi 20 veces esta cifra, aunque no se ofreció información sobre este cálculo.

Oliveira, en su intervención, tuvo un recuerdo emocionado para el Grupo español de Ossa-Morena, creado en Belmez (Córdoba) en 1979, y del que fue impulsor principal el ingeniero técnico de minas Rafael Hernando Luna, catedrático de la Escuela cordobesa.

Para un ingeniero de minas, resultó inevitable recordar (aunque lo hiciera para mi coleto) los tiempos en los que los ingenieros de minas dieron impulso a la geología en nuestro país, especialidad de la carrera que resultó tradicionalmente, para decenas de generaciones de estos profesionales, una de las más apetecidas.

El IGME tiene sus raíces en la creación de la Comisión para la Carta Geológica de Madrid y General de Reino, por Isabel II, el 12 de julio de 1849. Después de la breve Presidencia de Fermín Arteta y Sesma (hasta noviembre de ese año) contó con el impulso del ingeniero de minas Francisco de Luján, que incorporó a sus colegas Casiano de Prado (director del área de Geología y Paleontología), Rafael Aznar de la Torre o el inspector general de Minas Guillermo Schulz (quien realizó la Memoria de 1855).

Sin acercarme a épocas recientes, me vienen a la cabeza los nombres de Lucas  Mallada y Pueyo, amigo íntimo del también ingeniero de Minas Serafín Baroja -padre de Pío Baroja- , o de Manuel Fernández de Castro, vinculados a las primeras décadas del Instituto.

Cuando salía del Salón de la Escuela, con mi canuto cartográfico en ristre, coincidí con José Antonio Obis Salinas, que me recordó que el primer mapa geoestratigráfico a escala 1:50.000 de España, publicado por el Instituto Geológico y Minero de España fue el de Villafamés (El Maestrazgo, Castellón), del que él fue coautor principal junto al geólogo francés Joseph Canerot.

No me pude quedar al cóctel posterior, porque ando con el tratamiento, así que felicito aquí a los autores de esta culminación, arabesco lateral o derivada tercera del proyecto MAGNA. Formulo asimismo mi deseo, por el bien de la ingeniería geológica, que los geólogos, ingenieros geólogos e ingenieros de minas, trabajen juntos, revueltos si fuera necesario, en el definitivo impulso a la explotación minera de España y Portugal.

Lo han estado haciendo, sin duda, pero advierto que recientemente los geólogos tienen deseos por asumir el protagonismo principal o total. Los ingenieros de minas, por formación y vocación, no podemos quedar a un lado. Sin rivalidades forzadas, sin olvidos injustos. Muchos recursos están pendientes del fruto de esa colaboración de capacidades, que está siendo especialmente puesta sobre el tapete por la gran oportunidad de optimizar la exploración de la franja pirítica del suroeste de la Península Ibérica. Así se lo entendí a Oliveira, y así lo suscribo con mi firma.

 

 

 

Publicado en: Actualidad, Geología, Ingeniería, mineria Etiquetado como: Casiano Del Prado, franja piritica, geoloico, IGME, J. Tomas Oliveira, Jorge Civis, Jose Antonio Obis, LNEG, Lucas Mallada, mapa, Ossa-Morena, Philipe Rossi, Rafael Aznar de la Torre, Villafames

La voz del pueblo

20 enero, 2016 By amarias 2 comentarios

En el concepto resbaladizo y sinuoso de democracia, hay un componente bastante perverso que aparece cuando se consulta al pueblo -es decir, a la generalidad que se supone resultará afectada por la decisión que se tome- qué es lo que opina sobre una cuestión concreta.

Claro está que, como no se va a entregar al personal al que se interroga un cuestionario completo con las diferentes opciones, ni mucho menos, se va a facilitar a cada individuo la posibilidad de expresar matices, condiciones o añadidos en unas hojas supletorias, la cuestión queda reducida a que diga sí, no, o nada (paleta en blanco o quedarse en casa) o  a que se deje convencer por la labia, el careto o el programa de quienes han decidido dedicarse, de por vida, o por una temporada, a manejar los dineros públicos.

En particular, si se trata de un asunto tan complejo (aunque no necesariamente el más delicado) como designar representantes de la población por una temporada larga, incluida la opción de que entre ellos nombren un Presidente de Gobierno que ordene los asuntos de la caja común, no dejará de sorprender al votante juicioso e independiente, la cantidad de opciones a las que entregar su voto.

El dicho popular indica que «si llueve como si hace calor, el culpable es el alcalde». (1) Con mayor razón, si la economía va mal o regular, el culpable es el partido de Gobierno, y, en este caso, además, en España hemos tenido la fortuna de que el Jefe de Gobierno es un señor bastante mayor y al que, perdóneseme la osadía, no parece haberle dado natura el don de la labia jacarandosa.

Como tocaba convocar elecciones generales, el momento parecía oportuno para lograr una alternancia, que diese nuevos aires -no ventarrón- al paquebote en donde viajamos todos los españoles. Me gustaría haber subrayado «todos», pero ahí lo dejo, porque no hay que menospreciar la sagacidad del lector.

Dicen que el pueblo, pues, habló. Y lo hizo con claridad tan sutil que no hay analista que se aclare, por más que se estrujen las meninges, se tracen líneas rojas o verdes por los portavoces de los partidos y se barajen al tuntún o de buena fe las combinaciones para formar gobierno, pues existen cuatro agrupaciones -de los cientos que se postularon- que andan más o menos igualadas y que, si se combinan dos a dos, no alcanzan mayoría simple para nombrar quien lo presida.

¿Tenemos un país ingobernable? En absoluto. Aunque la Historia tenga ejemplos de Estados que se fueron al garete por la ambición, insidia o dejación de sus mandatarios, no es ese el riesgo que corremos. Lo que nos ha pasado es que las opciones de los cuatro partidos que han salido como minivencedores de esta contienda electoral tienen cosas buenas y malas, según cómo se mire, pero ninguno ha conseguido seducir de manera convincente a algo más de la mitad de los votantes.

Porque, de eso se trata, cuando se pide al pueblo que elija: de elegir entre dos opciones, carne o pescado; de postre: arroz con leche o café solo. Y que una de ellas obtenga la mayoría -aunque sea por un pelo, o incluso, que lo sea de esa mínima manera-.

El país estaba ya adquiriendo la costumbre de escoger entre Derecha liberal o Socialdemocracia, que a mí me sigue pareciendo de lo más saludable. Aparecieron más opciones, de las que dos resultaron destacadas: Podemos (bajo el lema subterráneo de Cambiarlo todo de momento y Luego ya se verá) y Ciudadanos (con su eslogan de Somos capaces y sensatos y, además, separaremos la caja común de la propia).

Todas tienen su puntito, sobre el papel. Pero, como la inmensa mayoría no leerá papeles, el asunto de decidir se trasladó a los caretos y a la labia, con el resultado conocido. Lamentablemente, el Menú no permite combinar tantas opciones y, aunque las encarguemos a la mesa, lo que tendríamos garantizado es un empacho colectivo.

Por tanto, es preferible que no se alcancen acuerdos en esta ronda. Que se vuelvan a sus rediles, mediten los muñidores de cocina que les falta a cada una de las opciones para alcanzar la mayoría, y que se presenten con nuevos platos a la mesa. Porque si han de ir modificando las enjundias, las salsas y el porqué cuando estamos sentados, con el hambre que tenemos, presumo que no habrá Hoja de reclamaciones a la que dirigirnos con solvencia.

—

(1) Circulan múltiples variantes de esta imputación gratuita. Me gusta especialmente, ésta, en bable occidental: «Cuando llueve y fai aire, tola culpa tienla l’alcalde; cuando llueve y fai sol, tola culpa tienla el rexidor».

 

Publicado en: Actualidad, Política, Sociedad Etiquetado como: acuerdo, elecciones, gobierno, programa, pueblo, reclamaciones, repetición, voz

Formas de vivir

17 enero, 2016 By amarias Deja un comentario

Si hay dos formas de morir -de repente y tras una larga y dolorosa enfermedad-, existen tantas formas de vivir como maneras de abordar la ignorancia. La frase no es de Tolstoi, ni de Dostoievski, sino mía, por lo que cabe darle un limitado alcance intelectual.

Sin embargo, me permito convocar en defensa de mi tesis a Claude Shannon y su teoría de la información y, apuntando, sino más alto sí a especulaciones más recientes (2010), a la proposición de Vlatko Vedral, según el cual el universo no estaría formado ni por materia ni por energía, sino de información.

La idea me resulta atractiva y reconozco que fue el Diálogo entre Jorge Wagensberg y Juan Ignacio Cirac  (dirigido por el primero) que publica Ahora (núm.19, 15-21 enero 2016) lo que me golpeó la puerta donde cobijo mi ignorancia. Dice Cirac que «La teoría de Shannon está en la raíz de toda comunicación» y, más adelante, que «si no se puede evitar que los errores ocurran, aún queda otra solución: corregirlos».

El dilema que está en la raíz misma de la naturaleza consciente del ser humano (desconozco si afecta a otros entes, aunque supongo que también) es la forma de resolver  la ausencia de información suficiente para poder corregir los errores que constituirán su existencia.

En la cumbre de todas las incógnitas estaría -en mi personal catalogación- la cuestión de si somos o no trascendentes a la desintegración de la materia y a la desaparición de los síntomas de energía de los que estamos compuestos. Sin que su decisión implique la certeza de haber encontrado la solución, no son pocos de los humanos que se han adherido a la idea de que existe una entidad superior que todo lo controla y, rizando el rizo de la ignorancia voluntarista, algunos entienden que, además, esa metacategoría cósmica nos quiere para sí y consigo si cumplimos determinadas condiciones.

A un nivel más inmediato, que es el de decir cómo aprovechar mejor ese trozo de la eternidad inasible en el que nos podemos catalogar (aunque sea una fantasía) como materia y energía combinadas, el aprendizaje debería ofrecer soluciones para tranquilizar, al menos en parte, la angustia derivada de tener información tan escasa acerca de lo que nos puede llegar a suceder y no saber cómo evitar lo que nos hará daño.

La búsqueda de la mejor información a este respecto tendría que combinar la utilidad individual, pero, sobre todo, la colectiva, y su empleo nos permitiría corregir o intentar corregir lo que tenemos catalogado como errores del pasado.

Recurro, para cerrar este comentario, nuevamente a la idea de Vedral, cuyo atractivo filosófico (metafísico) no niego: en este momento de nuestra historia colectiva, en España, se están confrontando -confío en que solo dialécticamente- propuestas diferentes de disminuir la ignorancia respecto al futuro común.

Tenemos definido, sin grietas, el objetivo básico: queremos generar más riqueza para repartir y ser más justos en el reparto.

No dudo en que quienes las capitanean, están convencidos de la seriedad y solvencia de sus ofertas para conseguirlo.

Pero, a medida que avanza la flecha del tiempo, y aunque juro o prometo que me esfuerzo en sintonizar, me resultan más aparentes las perturbaciones de sus mensajes que su contenido mismo.

Publicado en: Actualidad, Sociedad Etiquetado como: Cirac, españa, formas, gobierno, l, Shannon, sociedad, teoría de la información, Tolstoi, vivir, Wagensberg, Wlatko Vedral

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