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Tsunamis de desolación y olas de solidaridad en Ucrania

14 marzo, 2022 By amarias Deja un comentario

A los diecisiete días de la invasión rusa de Ucrania, son muchas las derivas de este conflicto iniciado por el sátrapa Vladimir Putin y su equipo del Kremlin, Desde luego, el elemento sustancial de este baldón en la Historia de la Humanidad, es la agresión criminal de un Estado con ambiciones imperialistas a un Estado soberano, libre y con una calidad democrática muy superior a la del invasor.

Esta inconcecible vuelta a la barbarie esclavista sucede cuando creíamos -al menos, desde nuestras gafas de visión limitada occidental- que estábamos avanzando velozmente en un mundo globalizado, tecnológicamente muy capaz y en el que los derechos más básicos, aunque con algunas deficiencias, resultaban respetados por todas las naciones. Hoy lamentamos que ese juguete de autocomplacencia se nos ha ido por los aires.

La guerra en Ucrania sigue, porque la invasión no solo no cede, sino que la defensa de los ucranianos de su país se ha consolidado a niveles heroicos. La ayuda internacional en armamento y apoyo logístico ha aumentado, desde unos primeros momentos de indecisión y, aunque siguen existiendo graves reticencias para proporcionar desde los países de la OTAN dispositivos bélicos que puedan permitir un mejor equilibrio de fuerzas, el desequilibrio entre los dos bandos combatientes es notorio.

Es casi inexplicable, salvo por la intención perversa de machacar sistemáticamente cualquier oposición y dejar tierra quemada en Ucrania, que Rusia no se haya hecho ya con el control. Los avances de las fuerzas armadas rusas, cuando se observan sobre el terreno como una mancha de sangre, destrucción y dolor que se propaga por Ucrania, son tan angustiosamente lentos, tan devastadores, que no me atrevo a asignárselos (aunque quisiera) solo a la capacidad de resistencia, sacrificio y valor de los ucranianos; porque no puedo ignorar que el Estado asolado carecía de un Ejército de entidad y la inmensa mayoría de los que luchan del lado del invadido, hace un mes no sabían manejar un arma.

Una consecuencia tremenda del conflicto, que nos afecta a todos, y que, en olas de solidaridad y afecto, surgidas de forma espontánea, han avanzado por la Unión Europea, es la acogida a refugiados. Son ya más de tres millones de personas, básicamente mujeres, ancianos y niños, porque los hombres se han quedado en los frentes. A España también están llegando algunas de estas familias, que han perdido absolutamente todo. Polonia es, con distancia, el país que más refugiados ucranianos ha acogido, por proximidad al conflicto. Un conflicto que, por ese calculado incremento de presión sobre la OTAN del megalómano director de la invasión, está ya muy cerca de activar el  compromiso de defensa de la OTAN si se amenaza a un Estado de la Alianza.

El entusiasmo por ayudar, de dar salida al deseo de ofrecer cooperación desde el burladero de la guerra a los ucranianos, mezclada con la indignación y la rabia, no debería hacer olvidar que esa colaboración tiene que realizarse de forma ordenada. Muchos españoles han llevado víveres, ropa, material de primera necesidad y farmacos, a centros de recogida para Ucrania y no son pocos los ucranianos residentes aquí que, acompañados con frecuencia de españoles, han hecho o están haciendo los más de dos mil kilómetros (casi tres mil desde los puntos más distantes de la frontera polaca), para llevar esa ayuda a centros próximos a la zona de guerra para que se los hagan llegar directamente a los desplazados a la frontera de Polonia o a puntos del conflicto.

Han empezado a llegar familias rotas ucranias que lo han dejado todo atrás, salvo el dolor de haber sufrido el arranque brusco de la tranquilidad y tal vez de forma definitiva. Hay mucho frío en este invierno en la zona. Los desplazados han tenido que soportar, con las prendas de abrigo recogidas de manera veloz y el impulso desgarrado de su dolor, condiciones durísimas, inimaginables desde nuestros asientos de confort.

Las ONGs especializadas en ayuda humanitaria y, también, portavoces del Ministerio responsable de Migración y ayuda a refugiados, advierten de la necesidad de poner orden a estas entradas, de momento realizadas de manera no reglada, espontánea y con riesgo de entrar en caos. Los trabajadores sociales están tratando de dar cobertura afectiva, pero también orientación válidad a esos recién llegados.

Toman sus datos básicos, les dan el primer apoyo, se interesan sobre si cuentan con redes aquí en España y tratan de concretar sus necesidades. Tienen autorización para estar tres meses sin permiso de residencia, pero precisarán al cabo de ese tiempo, saber si cuentan con un trabajo con garantías de estabilidad, si los niños que les acompañan pueden ser escolarizados y, por supuesto, dónde residir. Si valoramos además que la gran mayoría no conocen el idioma, podemos darnos alguna cuenta de la dimensión del problema.

No son refugiados, tienen el Estatuto de protección temporal, porque oficialmente se cree que la guera terminará pronto. Lo que no terminará en años, aunque la demencial agresión finalice, es el dolor y la desolación causados. Ni la necesidad de reflexionar con absoluta seriedad y profundidad por qué nos ha explotado esta bomba en nuestras manos.

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Saber más de la guerra

12 marzo, 2022 By amarias Deja un comentario

España tiene Embajada en Ucrania y la actual embajadora es Silvia Josefina Cortés Martín, que fue nombrada por el gobierno de Mariano Rajoy el 15 de septiembre de 2017.  Pocas personas como ella conocen el país, la evolución de la situación, los efectos en la población de la invasión de Crimea. el crecimiento de la tensión cuando se inició la invasión, el peligro de vivir en un edificio en el centro de una ciudad amenazada por el presidente de uno de los Estados con mayor Ejército y armamente del mundo, y poseedor de un juguete nefasto: la bomba atomica.

Silvia Cortés es vallisoletana, licenciada en Historia Moderna  y, por supuesto, diplomática por la Escuela de Madrid. Fue embajadora en Albania y ocupó cargos importantes en Organismos internacionales y llevo a cabo misiones internacionales que, seguro, le permitieron adquirir una visión muy correcta de por dónde discurren los intereses de algunos de quienes se empeñan en hacer la historia de los demás.

Evacuada  de Kiev el pasado 27 de febrero, en un convoy militar junto a un centenar de españoles, tomó la decisión de pertenecer cerca del país de su misión, en suelo polaco, en Cracovia. Hasta muy recientemente, pues, ella y los miembros de la embajada se arriesgaron a permanecer en el edificio de la calle Khoriyva. ayudando a españoles y colaborando con los ucranianos en labores humanitarias.

Me la supongo en contacto permanente con el ministro José Manuel Albares, informando de lo que entendía que estaba pasando, hablando con su familia vallisoletana (su madre y hermanos cada vez más inquietos por lo que oían y veían; ella, tranquila, porque sabía que su misión se había convertidfo en muy importante) mirando por las ventanas de la Embajada hacia la calle, saliendo de vez en cuando con el lógico temor, a visitar a algunos conocidos y amigos, tratando de enterarse de lo que podría suceder al día siguiente. Preguntando, claro, una vez decidida la evacuación, si el personal de la embajada había cumplido la orden de destruir todo documento comprometedor, cualquier información confidencial y cerrar, el último día, sin disimular una profunda tristeza, su despacho en la Embajada, recogiendo la bandera para depositarla con cuidado en el coche oficial. Porque no sabía cuándo podría volver y en qué condiciones.

Enhorabuena, Silvia Josefina Cortés. Valiente. Sabemos poco de tí, embajadora. Quisiera saber más, poder contarlo.

 

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El ansia de destrucción como razón para la última guerra

11 marzo, 2022 By amarias Deja un comentario

No sabemos aún cómo terminará esta guerra, la guerra de nuestra generación -aunque a algunos nos coge ya talluditos-, pero es hora de que analicemos cómo empezó. Por supuesto, la respuesta simple a esa cuestión tan relevante, apuntaría a un único culpable, el invasor Vladimir Putin, líder necrófago por excelencia en este momento de la Historia, cuya ansia de poder y relevancia desató su megalomanía, encontrando en la pieza deseada, Ucrania, que creía presa fácil, el objetivo perfecto para calmar, momentáneamente su psicosis. La anomia de la Unión Europea y la falta de interés inicial de los presidentes norteamericanos (y de su sociedad) para entender los entresijos del patio de vecindad del viejo continente habría hecho el resto.

Muy respetables historiadores e inmensos eruditos se han encargado de espurgar en los restos de las dos guerras mundiales precedentes, para sacar brillantes consecuencias. La mística nacionalista, el sonambulismo europeo, el crecimiento de las enfermedades de los neurópatas del momento (el más conocido Adolf Hitler, pero no faltaron ejemplos de la misma ralea entre las élites dirigentes que condujeron a la primera), la concepción mesiánica de algunos líderes de su pretendido papel en el mundo o la confrontación entre imperios caducos (el astrohúngaro o el de la gran Rusia) y un Estado que vivía en una persistente adolescencia (el alemán, siempre Alemania) son citados como motivadores, tanto de una guerra como de otra.

De todas las opciones de análisis de lo que motivó el comienzo de esta tercera guerra -que quieran los dioses que no tenga jamás lugar-, me quedaría con una maravillosa conjunción de palabras que apelarían a la «sensación de decadencia moral». En ese término genérico incluyo: la percepción del ocaso, y la necesidad de catarsis purificadora, redentora, que, con persistente regularidad y llevada por un impulso al parecer incontenible, prende simultáneamente en varios sitios en el mismo momento de la Historia.

Intoxicados como estamos, metidos de lleno en la harina espesa del miedo y la pererza, ya no podemos analizar con tino si las amenazas que nos llegan son reales o resultan simples añagazas para cubrir un expediente de guerra que lleve al contrario la convicción de que aún se es fuerte, de que la victoria es posible del bando en el que milita el mentiroso, porque, en esta etapa inicial, se trata de conseguir adeptos que hagan más sólida nuestra posición.

En esta guerra, como en las anteriores, hubo un agresor y un ofendido. Pronto, ya no importará eso, si no se consigue poner coto a tanto desatino del invasor Putin y la heroicidad del defensor, ahora juzgada heroica (con razón) acabará empañándose de matices, de disensiones. de juicios que acabarán metiendo al agredido en la misma hoguera del agresor, especialmente si (los dioses no lo quieran) el bloque que conformará su equipo gana la batalla, auque sea unos milisegundos antes del Gran Armageddón.

Ya no me apetece imaginarme al héroe  Zelenski con camiseta de gimnasia militar en su búnker situado en un lugar tal vez irreal, con la imagen de la plaza de la Independencia (Maidán  Nezalezhnosti), y al malvado Putin sentado en un extremo de una mesa que se va haciendo cada vez más larga, agarrado como si fuera un juguete a una caja de plástico con un muy aparente botón rojo. Tiene que ser de ese color, así lo mandan los cánones de todas las películas que hemos visto sobre el final nuclear. Y la mesa tiene que aparecer cada vez más larga y, al otro lado del sátrapa, cada vez más poblada, porque tenemos que caber todos nosotroos.

Va entrando mucha más gente en la trama, cn papeles muy relevantes. Un tercero en esa discordia de egos -Vladimir lo tiene gigantesco, pero Volodomir también tiene el suyo- en la que nos vamos convirtiendo aceleradamente en víctimas propiciatorias (sí, el buco emisario, el macho cabrío expiatorio de la redención), es Joe Biden, quien anuncia hoy, viernes, once de enero del año cero, para que no quepan dudas, que si el cacique toca un solo pelo a cualquier país de la OTAN, la tercera guerra mundial está garantizada. Ergo, ya podemos poner nuestros miedos a remojar. Y están también Boris Johnson y JiPing, y Macron (s´il vous plaît) y Ursula von der Leyen, y …

Si yo fuera ministro, pongo por ejemplo, de Energía, de Agricultura, o de Industria o de Defensa (estoy citando al azar, porque ninguna de estas opciones me resulta apetecible en lo más mínimo) de cualquier país europeo, no me preocuparía en este momento crítico ni por la posibilidad de que la Temperatura media de la Tierra suba dos grados antes de terminar el siglo, ni por aprobar inversiones en generación nuclear o en plataformas flotantes eólicas que garanticen el suministro eléctrico dentro de dos lustros, o si la carne de vacuno podrá ser sustituida definitivamente por la soja transgénica, o si las innovaciones tecnológicas de la era digital destruirán tanto empleo convencional que tendríamos que subvencionar desde los presupuestos de los Estados más de la mitad de la población en edad de trabajar y el cien por cien de los que ni se lo plantean.

Tampoco estaría preocupado por dedicar el dos o el diecisiete por ciento del Presupuesto a Defensa, ni aparecería entregado a dotar a mis Ejércitos de más tanques, muchos más drones, millones de cascos de visión nocturna y chalecos antibalas o, de forma aparentemente más brillante, llenar el país de escudos protectores contra misiles nucleares inteligentes.

Si yo fuera ministro (por favor, ponga el lector la música del If I were a rich man, la canción de Chaim Topol) pasaría todo el día pidiendo a todo el que quisiera escucharme que alguien pare a Vladimir Putin, y hagamos todos un ejercicio de catarsis frente al impulso destructivo que se ha vuelto a adueñar de la Humanidad. Yo he vivido ya bastante. Pero mis nietas, no. Una de ellas, a sus nueve años, lo expresó claramente, en representación no esperada de todos los niños del mundo – «mi vida, abuelo, aún no la viví y yo también quiero tenerla».

Miro las fotos de las decenas de niños ucranianos que han muerto en esta guerra -pero también las de todos los niños que son asesinados cada día en las decenas de guerras que florecen en el mundo como la peste, que son muchos más- y se me encoge el corazón. Esos pobres cretinos teledirigidos que entraron en la central nuclear de Zaporiyia gritando que si los funcionarios que estaban trabajando en ella no les cedían el control, apretarían el botón rojo, no sabían que estaban siendo víctimas del síndrome de la decadencia el ansia de la autodestrucción.

Hagamos todos un esfuerzo por generar un período de distensión, otra Guerra Fría, y esta vez ha de ser muy gélida, porque tiene que durar siglos. Paren esta guerra, que yo me apeo. No quiero vivir cómo se desarrolla la última. Son ustedes unos imbéciles, sonámbulos del siglo XXI.

Publicado en: Actualidad, Guerra en Ucrania, Rusia, Ucrania Etiquetado como: Adolf Hitler, ansia de autodestrucción, Boris Johnson, decadencia moral, guerra, Joe Biden, Marcron, patología, Van der Leyen, Vladimir Putin, Volodomir Zelenski

¿Es la tercera guerra mundial evitable?

6 marzo, 2022 By amarias Deja un comentario

El 6 de marzo de 2022 la guerra en Ucrania no se detiene. Ni se amortigua el impulso destructor de las fuerzas invasoras, que ahora ya no parece dirigido a objetivos seleccionados, sino encaminado a la destrucción o arrasamiento del país. El déspota Putin manda atacar incluso los pasillos con intencionalidad humanitaria que se habían pactado entre beligerantes para permitir que mujeres y niños pudieran abandonar Kiev y las zonas más amenazadas, ofreciendo una vía de escape hacia Polonia, fundamentalmente.

Sus amenazas de matón de barrio elevado a la categoría de líder mundial del despropósto alcanzan también a países de la Unión Europea, a los que advierte que los considerará enemigos si ofrecen apoyo bélico a los defensores ucranios. Mantiene, además, la imagen -nada retórica, dada su neuropatía- de tener preparado el «botón nuclear» ante cualquier propósito intervencionista de la OTAN en su guerra «privada»-

¿Cómo podría terminar esta guerra? Resultan lamentables las voces -entre timoratas, insolidarias y falsamente buenistas- que defienden que debe dejarse sola a Ucrania en su defensa, absteniéndose de envar armas e, incluso, ayuda humanitara; algunos culpan incluso a la mafia ucrania (o ucranio-rusa) del conflicto, por su supuesta intención de controlar la independencia del país, convirtiéndolo en foco de nazis, dinero de las mafias y mercado de la droga.

Entiendo que la negociación directa que conduzca a cualquier tipo de acuerdos entre Volodomir Zelenski y Vladimir Putin es imposible, pues, en su posición de dictador con toda la superioridad respecto a Ucrania, solo cederá ante el presidente del país invadido, si se atiende completamente a sus deseos. Ha manifestado que la única vía de salida al conflicto sería que Ucrania abandone cualquier intención de incorporarse a la Unión Europea. La independencia de Ucrania pasa, para él, por la subordinación a Rusia como un país satélite, al modo de Bielorusia. Por supuesto, además, exigirá la integración a Rusia de las regiones del Dombás y, dado que se considera vencedor en la guerra, un pasillo fronterizo que llegue a Odesa y conecte con Crimea.

Al no parecer factible la rendición de Ucrania, pues la nación invadida ha puesto de manifiesto que no se rendirá, si no se produce la intervención de presión del único Estado al que puede atender (la China de JiPing) Putin no parará hasta arrasar este Estado soberano, causando cientos de miles de muertos y una masiva destrucción de edificios, lugares protegidos por su interés cultural y artístico y, por añadidura, provocando una gran hambruna que afectará también, por la dependencia agrícola que tenemos muchos países con el granero de Europa, a la economía de la Unión Europea. La presión de la opinión pública occidental, el desapego de una parte significativa de la población rusa respecto a la intencionalidad invasora (con la disidencia controlada y perseguida), un hipotético clamor que, exigiendo la paz, llegase hasta la fortaleza del Kremlin, no parecen capaces de causar mella alguna en la mente enferma del hijo de la KGB,

La situación está generando y generará aún con mayor intensidad, el aislamiento de Rusia (si es que ya no puede hablarse de ello en el momento actual), y traerá como consecuencia una división en dos bloques que tardarán décadas en superarse, causando la ruptura de los sueños de globalización y teniendo como consecuencia en el aspecto armamentistico, la preparación para repetir el esquema en otros países que puedan ser apetecibles por sus recursos naturales y que no tengan capacidad de defensa propia ni alianzas eficaces. China ha aumentado más del 7% su presupuesto anterior en Armamento (Defensa, eufemísticamente) y la Unión Europea considera cumplir definitivamente con el número mágico del 2% del PIB en en robustecer sus presupuestos para Defensa y conformar, al fin, un Ejército Europea. Esto se debería calificar como camino firme hacia la guerra total.

Una tercera opción, que puede venir provocada por las actuaciones de Putin y los jerarcas del Kremlin, si se decide a agredir a algún Estado vinculado a la OTAN, es la entrada en guerra de Estados Unidos y la Unión Europea contra Rusia. La posición de China en este punto sería determinante para llegar a la guerra total, aunque no cabe descartar que, por virtud de acuerdos no conocidos y simpatías largamente expresadas, el país controlado por Jinping no sostenga su neutralidad. Ergo, el camino de la tercera guerra mundial aparecería expedito.

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Putin está a punto de ganar su batalla para hacerse con Ucrania

4 marzo, 2022 By amarias Deja un comentario

El criminal de guerra Vladimir Putin está a punto de ganar su batalla con Ucrania. Pero está perdiendo todas su guerra contra la libertad y provocando un aislamiento económico y politico de su feudo que se traducirá en el mayoritario desprecio internacional hacia su persona (que acabará, y no se lo remediará nada ni nadie, siendo juzgado por sus crímenes en la Corte Penal Internacional enjuiciado por genocidio, e infracción múltiple de principios del derecho internacional), y en el deterioro que sera difícil de recuperar en la imagen del pueblo ruso, empañada por el apoyo de los plutarcas rusos y de su gobierno y el silencio cómplice de gran parte del pueblo ruso.

La sensación de estar reviviendo, en aspectos sustanciales, la época nazi que provocó la segnda guerra mundial es imborrable. Otros personajes, otro pueblo perseguido, un parecido mirar hacia otro lado de la población de la Rusia ocupada por el dictador de la KGB, no queriendo conocer la realidad que se esconde en la invasión a la libertad de otro pueblo eslavo,

Ha habido vencedores, y no precisamente pírricos, sino muy consistentes, El presidente Volodomir Zelenski, desde luego, es un vencedor moral en esta falsa disputa provocada por el criminal invasor. Ojalá que su vida salga indemne de tanto ataque lleno de odio e incomprensión hacia lo que representa: la libertad de Ucrania, la defensa del deseo legítimo de de un pueblo de decidir su destino. Ha vencido Josep Borrel, el alto Comisionado Europeo, quien desde un principio del ataque del ruso a Ucrania (y antes de él, con clarividencia que le honra) ha detectado el riesgo que significaba Putin, su obsesión armamentística, y la debilidad de la Unión Europea por carecer de una Fuerza de Defensa propia y depender exclusivamente de la protección que Estados Unidos pueda ofrecerle, a través de ese mecanismo heterogéneo y ya decadente que significa la OTAN.

Ha ganado puntos Joe Biden, aunque sus primeras comunicaciones resultarn ininteligibles y parecieron débiles para atajar a tiempo la determinación genocida del dictador ruso, aunque hay que entender ahora que una parte sustancia de la población norteamericana se mantiene intoxicada por su orate local, el expresidente Donal Trump y, desde luego, la convicción de que Europa no estaba haciendo lo que debía por protegerse, con su insuficiente colaboración a la dotación del presupuesto de la OTAN. También cuenta en su descargo que una decisión de involucrar en mayor medida a la Alianza, enviando a militares norteamericanos a la posibilidad de morir en una nueva guerra sentida como ajena.

Hoy, 4 de marzo, nos hemos enterado de que la planta nuclear de Zaporiyia, la mayor de Europa,  ha pasado a ser ocupada por los invasores y las tropas rusas se han hecho cargo de la gestión de la central, después de un ataque que provocó un gran incendio en las inmediaciones que, en este momento, parece controlado. El espectro de Chernobil ha vuelto a aparecer, pues se desconoce la capacidad de control de una instalación de alta tecnología y subsigiente riesgo de desastre en caso de caso de mal funcionamiento. Tanto Biden como Boris Johnson (el primer ministro del Reino Unido) han identificado el ataque a la central como una amenza direcra a la seguridad de toda Europa.

A nivel muy local, es decir, nuestro pequeña tierra de Taifas, se ha perfeccionado hasta límites de sonrojo, la discrepancia en el Ejecutivo español sobre cómo actuar contra el sátrapa ruso. A discrepancia de la vicepresidenta Yolanda Díaz, que se ha expresado en apoyo de la decisión de Gobierno de apoyar con armamento a los defensores ucranios, la ministra Ione Belarra, la ministra María Jesús Montero, el ministro Alberto Garzón y otros portavoces de los partidos de la izquierda desorientada y falsaria, proclaman su apoyo sentimental a la Ucrania invadida, pero discrepan profundamente de cualquier apyo que no sea la negociación para «parar la guerra».

Quieren ignorar estos personajes ahítos de buenismo que las condiciones de Putin para detener la guerra son que Ucrania reconozca que ha perdido la guerra, se deponga el gobierno legítimo, disuelva su Ejército y renuncie a entrar en la Unión Europea y, por supuesto, en la órbita de la OTAN. Es decir, que pierdan la libertad, los derechos humanos más libertades, sucumba el derecho internacional. Da vergüenza que tengamos a estas gentes de ministros y portavoces de partidos que se dicen activos militantes por la mejora del nivel de vida de los españoles.

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La guerra en Ucrania sufre una escalada

3 marzo, 2022 By amarias Deja un comentario

Cuando la invasión rusa de Ucrania está ya en su séptimo día, todos los ojos están puestos en este país que está sufriendo de una manera cruel y contraria a todo derecho, los efectos de la ambición patológica de Vladimir Putin. La resistencia ucrania es formidable, muy por encima de lo que cabe esperar de un Estado que no tiene capacidad militar para contrapesar, por capacidad logística, armamento y preparación para la guerra, a una fuerza de ataque cincuenta veces superior.

La estrategia bélica inaceptable del dictador ruso para ahogar toda capacidad de resistencia está siendo dispersar los ataques sobre las principales ciudades del país invadido. Las imágenes de los bombardeos simultáneos de Kiev, Odesa, Jartov, Mariupol y otras poblaciones son aterradoras. Las víctimas sobre la población civil deben ser cuantiosas. Aunque los valientes ucranios, obsesionados hasta la heroicidad para defender su país, informan de haber causado algunas muertes de militares rusos y han destruido también varios tanques y armamento atacante; una compensación simbólica a los miles de millones en bienes inmuebles e infraestructura, por ejemplo, destruídos por los atacantes y a los casi tres mil militares ucranios muertos en las batallas y las decenas de miles de heridos.

El presidente francés, Macron, ha mantenido hoy una conversación de más de una hora con el sátrapa Putin, sin ningún resultado tangible. El propósito del jerarca ruso es hacer tierra quemada del suelo ucranio. Algo intolerable. Su idea de abrir un «cordón sanitario» que permita la salida de las ciudades atacadas (especialmente, Kiev), para permitir la salida de personal no militar no es sino la confirmación de su intención maligna de recrudecer los ataques sin importarle los daños que pueda causar.

De momento, las reservas que Putin ha venido acumulando durante más de una década -principalmente, con divisas aportadas por Alemania para abastecerse de gas- le permiten un margen económico temporal para seguir financiando la guerra. Suenan a error patético las palabras de Angela Merkel, la laureada ex canciller, cuando afirmaba que «Rusia es un suministrador fiable»; el cierre pautado de las centrales nucleares alemanas, unido al abandono del carbón como recurso energético, pesan ahora como una pesada losa sobre la necesidad de buscar un mix energético de urgencia para solventar la crisis energética que se cierne sobre los teutones en un invierno que no se ha ido aún.

Hay presión creciente sobre el dictador para que detenga la guerra: la mayoría de la comunidad internacional, la voz enérgica de intelectuales, políticos, artistas, sociólogos, deportistas o empresarios (por citar solo algunos sectores) se une a los jerarcas rusos que ven ahora peligrar sus inversiones en el exterior, y piden un alto al fuego.

Los refugiados ucranianos crecen a miles cada día. Las filas de coches en las fronteras, que pretenden salir del país, ocupan decenas de kilómetros. Putin sigue emitiendo su descabellada justificación de que Ucrania está llena de fascistas y xenófobos, en una fórmula especular por la que el agresor juega a ser el agredido, como sucede también con el generador del mobbing, que se refugia en su crymobbing, haciéndose pasar por el que lo sufre. También acusa a Ucrania de poner escudos humanos frente al lanzamiento de sus misiles

España ha enviado cerca de 1.400 lanzagranadas, 700.000 cartuchos de amertalladoras y amatralladoras ligeras, que llegarán mañana viernes, 4 de marzo, a un punto cercano a la frontera de Polonia con Ucrania. La división causada por este envío en el mismo seno del Gobierno ha saltado a la opinión pública, que está, sin embargo, más preocupada por la repercusión de esta postura de apoyo bélico al país invadido que por elucubraciones acerca de hipotéticas disensiones del gobierno Sanchezstein.

Otra noche en vela para los ucranianos. Otra noche de dolor, rabia, desgarro humanitario, solidaridad desde la distancia pero con la proximidad del afecto y la solidaridad con su lucha defensica con los valerosos habitantes del país que ya padeció, bajo el poder de otro dictador loco, Stalin, el horror del Holodomor (término derivado de las palabras ucanianas hólod -hambre- y mor -exterminio-.

Estoy leyendo un libro de Anne Applebaum, «Hambruna roja» sobre la guerra de Stalin contra Ucrania. Mucha información sobre las inicuas razones de la invasión del imitador Putin. Permita el lector que transcriba un breve poema de Shevchenko, que pedía que lo enterraran a orillas del Dniéper, el río que atraviesa Ucrania para convertirla en el granero de Europa. Una Europa que llora esta masacre y sufre este despropósito criminal. «Cuando me hayáis enterrado, levantáos/ destrozad las cadenas/ y con la sangre del enemigo/regad la libertad. (Nota: He traducido el poema del ruso, libremente)

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Con Ucrania y contra Putin

1 marzo, 2022 By amarias Deja un comentario

Hoy, uno de marzo, comienza oficialmente la primavera en Ucrania. Poco tienen este año de 2022 los ucranianos que celebrar. La guerra continúa, e incluso se ha recrudecido. Del apoyo sentimental inicial, más bien simbólico, de los países de la Unión Europea -como si fueran los aplausos que se dispensan a un equipo que no defiende nuestros colores en el estádium, pero que nos cae simpático- hemos pasado a posiciones más enérgicas.

No se puede decir que haya acuerdo unánime entre los Estados de la Unión en desplegar acciones concretas, siendo Alemania, país que tiene más que perder por su dependencia energética del gas procedente de Rusia, quien ha tomado las medidas más enérgicas. El gobierno español, poniendo de manifiesto su falta de coherencia también en el plano internacional, ha tenido oficialmente que doblegarse ante la postura de sus socios de la izquierda inconsistente, desistiendo del envío al país invadido de material bélico que pudiera ser utilizado en maniobras ofensivas.

Los efectos económicos de la congelación de la mayor parte de los intercambios en divisas (la suspensión de los acuerdos de swift, o de transferencias telemáticas) han empezado a notarse en Rusia y en las fortunas de los oligarcas rusos. Algunos de estos últimos, con intereses en España, como el propietario del supermercado Dia, Mijaíl Fridman (amigo personal de Putin), han tratado de desmarcarse de la realidad de la invasión con un comunicado en que la desaprueban. Pero el efecto boomerang también está siendo acusado en Europa y, particularmente en España, en donde la mafia rusa (con apariencia de legalidad) ha utilizado nuestra permisividad para blanquear divisas y lo apacible de pasar desapercibido disfrutando de un buen clima para invertir en la Costa mediterránea y obteniendo, incluso, en algún caso, la nacionalidad española.

Las víctimas civiles ucranias aumentan, porque el déspota agresor ha autorizado (dice lo contrario, pero no se le debe creer a un mentiroso crónico) el bombardeo de barrios residenciales. El domingo, un comando ruso destruía en el aeoropuerto de Gostomel, el hexareactor AN225, orgullo constructivo de la compañía Antonov, el mayor avión del mundo.

La OTAN se prepara para el despliegue de la Fuerza de Respuesta Rápida, dispuesta a ordenar la defensa de su ala este, formada por Lituania, Letonia, Estonia, Polonia, Rumania y Bulgaria, lo que supondría el desplazamiento de militares (esto es, «fuerzas» armadas) para afianzar esas fronteras. La Brigada Guadarama, con su batallón de infantería mecanizado, se vería afectada si tuviera que entrar en combate, suponiendo la entrada indirecta de España en la guerra.

Sigue pareciendo heroico, numantino pero ejemplar, el esfuerzo defensivo ucranio, animado ahora por el hálito del apoyo internacional, cada vez más concreto y abierto a aportar más que afectos, mantas de abrigo y comida enlatada. Unas primeras negociaciones para parar la guerra, calificables más como hipotéticas que reales, se han traducido en un fracaso, aunque las líneas de conversaciones entre beligerantes (invasor y ofendido) deben permanecer abiertas. Se desconoce, sin embargo, lo que quiere Putin: ¿un rendimiento de Ucrania sin condiciones? ¿Que la OTAN reconozca la adhesión del territorio ucranio -todo o parte de él- a la órbita rusa?

Sería interesante conocer, sobre todo, qué piensan los rusos de esta invasión. En España, desde la lejanía y la necesidad de proteger sus intereses y apacible vivencia, muchos de los ciudadanos rusos residentes han manifestado su repulsa y el apoyo al hermano pueblo eslavo. ¿Están los rusos que viven en Rusia dispuestos a seguir apoyando mayoritariamente a Putin? Hasta el momento, las protestas en territorio del jerarca hitleriano se han ahogado en detenciones, mamporros y silencio cómplice de un pueblo aletargado.

En este contexto de desorientación informativa, se acumula el fracaso de los comunicados por la paz, las manifestaciones ante las embajadas rusas exigiendo la suspensión inmediata de los ataques, el reconocimiento triste del aumento de la barbarie bélica, la simpatía hacia la heroica defensa ucrania, el aplauso emocionado hacia la posición ejemplar y elegante de Volodomir y su gobierno, un sentimiento de adhesión empática imparable hacia el pueblo invadido. Han surgido iniciativas que ponen focos intensos y luces de solidaridad y simpatía hacia los que resisten, enviando toneladas de materiales de abrigo, víveres, dinero mediante convoyes que tienen por destino las principales ciudades del país invadido, atravesando vías convertidas en my peligrosas por la guerra.

Se conoce que cientos de miles de reservistas se apresuran a alistarse en el Ejército, y que hombres que viven fuera del pais retornan a él en vehículos particulares para ponerse en disposición de empuñar las armas contra el invasor.

Para apoyar la alimentación del número creciente de refugiados, miles de personas -mujeres, niños y ancianos- que se han visto obligados a huir de su país para salvar sus vidas, ha resurgido, siempre atento a ofrecer su conocimiento como cocinero y gestor, José Andrés Puerta, el asturiano universal nacionalizado estadounidense, que se desplazó a Polonia para instalar su cocina solidaria, World Central Kitchen. «La gente mala siempre gana» (porque miramos hacia orto lado) ha escrito José Andrés en su cuenta de Twitter, calificando a Putin de «matón».

Tenemos una cuenta abierta con la Historia que estamos construyendo. No podemos cerrarla sin la victoria de la razón, el orden internacional, el respeto a la libertad y la independencia de los pueblos. Putin debe ser depuesto de su ignominioso afán conquistador por la sólida oposición internacional y el firme rechazo de sus súbditos, el sufrido pueblo ruso que no se merece este baldón de miseria intelectual en las páginas de su historia colectiva.

 

 

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Ucrania resiste

28 febrero, 2022 By amarias Deja un comentario

A punto de terminar el domingo, 27 de febrero de 2022 no puedo menos que registrar, en esta crónica emocionada de una situación que puede significar un cambio sustancial en el equilibrio económico y político mundial, la evolución de los acontecimientos, porque suponen el agravamiento del conflicto.

Los dos hechos más significativos recientes son, por una parte, la defensa de los ucranianos ante la invasión, movilizando a buena parte de sus reservistas y consiguiendo despertar ub profundo espíritu de patriotismo y la solidaridad de la opinión pública europea expresada ésta en multitud de manifestaciones en las calles de las ciudades principales. La actitud valiente y digna del presidente de Ucrania, el respetable cómico Valodomir Zelenski, en el mejor y más duro papel de su vida, ha controbuido a elevar el ánimo de sus compatriotas y atraer la simpatía de todos los amantes de la paz y del derecho.

Kiev resiste. Odesa, también. David está ofreciendo resistencia heroica contra un Goliat matón y fuertemente armado, más poderoso incluso en una guerra convencional. Pero vencer a un contrario correoso, dispuesto a todo, no se llevará a cabo sin desgaste propio, muerte de los soldados que se envióa la invasión, pérdidas económicas sustanciales, críticas y oposición internas.

Por otra parte, el presidente ruso aparece como incapaz de asimilar la resistencia encontrada y amenaza, en el más puro estilo de matón de barrio, con emplear armamento nuclear y no tolerar que Finlandia y Suecia, se adhieran a la OTAN, augurando que tendrá graves consecuencias.

Las medidas contra Rusia alcanzan ahora  un máximo nivel, tras las últimas decisiones emanadas de los Estados Unidos, que se va configurando como el contrapeso ideológico y la condena cada vez más dura contra la agresión invasora propiciada por Putin. La mayor parte de las operacione bancarias con Rusia se han congelado, al prohibir con ella las transacciones swift -acuerdos de clearing bancario que permiten disponer de dinero sin necesidad de trasporte físico de divisas-; se han congelado las cuentas em el exterior de Putin y otros oligarcas. La decisión tiene damnificados colaterales, como han puesto de manifiesto personas que venían realizando envíos de divisas a familiares y proveedores en Rusia.

Es, obviamente, muy preocupante que el dictador ruso haya puesto en alerta, como comunicó,  su fuerza nuclear. Europa, falta de músculo militar colectivo y con desigual potencia armamentística en sus miembros, observa atónita la escalada de tensión. Suecia y Finlandia han contestado de inmediato a la amenaza del dictador, expresando que son países libres de tomar la decisión que les convenga, sin aceptar imposiciones de terceros.

Pienso, como todos los amantes de orden y la paz, pero también del derecho a la libertad y a la defensa ante quien pretende ultrajarnos o sojuzgarnos, en los ucranianos. Alabo y aplauso la valentía, la gallardía y el honor de su Presidente y equipo de gobiernos, convertidos en comandante en jefe y generales de un ejército, en parte improvisado, de patriotas. Están dspuestos, han dicho, a defender su libertad hasta el final.

No podemos estar impasibles. Si Putin, que imagino tendrá algún asesor sensato que intervenga para detener este despropósito, que ya ha causado miles de mertos y miles de millones de euros en pérdidas económicas, no reconoce que la invasión fue una decisión eqivocada y no retira sus tropas de Ucrania, tenemos segura la tercera guerra mundial.

Para muchos, será la última.

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Kiev como objetivo y baluarte

26 febrero, 2022 By amarias Deja un comentario

El 26 de febrero de 2022, día tercero de la invasión rusa del Estado libre e independiente de Ucrania, la situación en el país invadido permanece confusa, pero las posiciones de condena y reacción frente a la acción intolerable del autócrata ruso, Putin, se han perfilado bastante. La decisión del presidente norteamericano Biden de destinar una importante cantidad económica y también ayuda militar a Ucrania ha servido para que los países de la Unión Europea reduzcan su ambigüedad, si bien no en la condena a la invasión (unánime prácticamente sin matices), muy moderada en cuanto al alcance de las medidas de presión para que Vladímir abandone su descabellada y peligrosa decisión de ataque a la democracia.

Los analistas coinciden en expresar que está en juego la confrontación entre una concepción dictatorial del mundo y la democracia y libertad que, con dificultades y desvíos, es la guía de actuación del mundo occidental. Comunismo dirigido desde el gobierno del Estado controlado por una élite reproducida a sí misma sin elecciones libres, frente a una concepción liberal en la que los poderes ejercidos desde el gobierno del Estado estén controlados y revisados por la población, con elecciones periódicas.

Comunismo o Democracia suenan a eslogan falsario, maleable,porque ni uno ni otro de esos conceptos se pueden definir de forma impecable, sin acudir a tópicos o a experiencias históricas ayunas de la ejemplaridad que cabría esperar de un modelo impecable. La deriva del comunismo hacia la conformación de una élite de gobierno que tenderá a reproducirse, enriqueciéndose ella y privando a la población de la expresión de discrepancias, es una constante fiel en la que han caído todos los países que elevaron a su cúpula a líderes antes carismáticos y embaucadores, qur prometieron igualdad y beneficio para todos.

La democracia, aunque con mucho menores debilidades, también tiene algunas zonas mohosas u oscuras en su traje impoluto, pues la naturaleza humana tiende a que, cuando se adquiere una posición, se haga lo imposible por mantenerla, a despecho de los que puedan aspirar, con mejores expedientes y capacidades, a sustituirlos.En ambos casos, el objetivo de impulsar bien común o de incrementar al bienestar global con actuaciones medidas desde el Estado arriesga verse, cuando fallan los controles, como un oxímoron, un juego de palabras hermoso pero vacío.

En esta guerra, el propósito de Putin, cuidadosamente planeado desde la profunda intoxicación previa y las falacias propagadas por todos sus secuaces -desde los Miniserios a las Embajadas rusas-, afirmando a quien deseaba escucharlo que no se iba a invadir Ucrania y que Rusia era un Estado pacífico y respetuoso con la democracia, es llegar a Kiev, rendir al gobierno legítimo con una presión insoportable y obligarlo a huir del país, para implantar un gobierno títere.

Los Ejércitos de Ucrania y Rusia se encuentran hoy enfrentados en una guerra desigual, que no dejará de causar víctimas en ambos lados, entre los jóvenes soldados de estos países que cumplen las decisiones de sus gobernantes, sin preguntarse, tal vez, ni siquiera lo que defienden o atacan. No me leerán, pero quiero decírselo desde aquí. Jóvenes que vais a luchar hasta quizá morir, sois, una vez más en la Historia, juguete útil para los intereses de los que os envían a los frentes de guerra, blandiendo un arma que no os convertirá en invencibles, sino en blancos predilectos.

La guerra sigue. Kiev se defiende. Zelenski agradece la ayuda internacional pero pide más armas, más dineros, más presión sobre Rusia. Putin amenaza con castigar a los que apoyen a Ucrania y pide a los militares ucranios que no defiendan al dictador, al que llama, en lenguaje mimético, nazi y déspota. Europa se arrima al poder norteamericano y se declara unido a él como un grano a su culo.

Adenda. Entre viejos sonetos que no he publicado aún, encuentro éste, que me ha hecho revivir momentos tristes y que incorporo, no sé si como colofón o como meditación apesadumbrada a mi Comentario de hoy.

La vida al paso deja mil secuelas
pues no olvida marcar cada momento
y donde encuentra vacíos, pone esquelas
sin que le sirva la muerte de alimento.

Acompañamos difuntos con las velas
que, indolente, al pasar, apaga el viento.
Me despojo del sombrero y de las suelas
y me entrego desnudo a hacer recuento.

Que es tanto mi dolor que nada siento,
y aunque duelen del riñón hasta las muelas
pongo en cada muerto el triste acento.

Y guardo al caminar todas cautelas
por si al tiempo, por no estar atento,
se borren por descuido las estelas.

(@angelmanuel arias, 2019)

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Guerra por Ucrania

22 febrero, 2022 By amarias Deja un comentario

Ahora se puede esgrimir clarividencia, pero si alguien lo percibió con antelación suficiente, no fue capaz de trasmitir esa impresión a quienes tenían fuerza y argumentos atajar la evolución a tiempo. Asi que ahora estamos ahí, en una situación terriblemente embarazosa, ya que me resisto a identificarla como peligrosa para la Unión Europea. Sencillamente, porque no se tomarán otras medidas que llevarse los manos a la cabeza.

Ucrania es un Estado con importantes riquezas naturales que, debido al retraso industrial del país,  la corrupción y a la tremenda inestabilidad política, no están sirviendo para aumentar el bienestar de la población, que sufre los índices de pobreza mayores de Europa. La mayor parte de sus más de cuarenta millones de habitantes, en un país que tiene una superficie cercana a la de España (604.000 km2), tienen como esencia común de su nacionalismo el ser antirusos. Así, en ese sentimiento de odio hacia el vecino del este, son educados en las escuelas. Salvo en las regiones del Donbás (Donetsk y Lugansk) donde las mayorías son prorusas y tienen el ruso, y no el ucraniano, como lengua propia.

Desde el punto de vista de la «democracia a la Europea», Ucrania es un Estado con un pasado reciente no democrático, incumpliendo en muchos puntos sustanciales esa prueba del algodón que -por cierto- tampoco consiguen superar Polonia, Hungría y otros países de la Europa del Este, cuya historia está plagada de ejemplos del control judicial por el poder político, desencuentros, luchas internas y depuraciones étnicas y religiosas. La inestabilidad geopolítica estalló cuando las fuerzas especiales antidusturbios reprimieron con disparos a matar las manifestaciones estudiantiles en contra de la posición del presidente Yanukóvich, que apoyaba la incorporación del país a la Federación Rusa y abandonar las negociaciones para entrar en la Unión Europea (el otro sueño imperalista de una Europa sin rumbo ni liderazgo claros).

Por hacer el recuerdo de la Historia reciente del país muy corta, la huída a Rusia de Yanukóvich y las discrepancias internas, unidas a la ausencia de un Ejército propio, facilitaron la incorporación de Crimea a Rusia que se realizó en un ejemplar testimonio de dejación y desinterés de la OTAN y la Unión Europea por el destino de esa parte del territorio ucranio. Las cosas han cambiado después (desde 2014), pues Ucrania, con la ayuda de la OTAN y créditos muy favorables, dispone hoy de un «ejército» de 1,3 millones de soldados (la inmensa mayoría, reservistas -900.000- y del contingente propiamente militar, una buena parte, adolescentes), tiene misiles de cabeza nuclear y armamento de muy aceptable tecnología destructiva (contrastando con el deficiente desarrollo industrial y técnico de otros sectores). Es decir, está bien preparado para una guerra nada convencional contra su enemigo ruso e, incluso, la población tiene ganas de revancha.

Tras varios tanteos quele permitieron valorar la oposición que podría encontrar de Estados Unidos (es decir, de la OTAN), Putin se ha animado el 21 de febrero de 2022 a invadir las regiones del Donbás. Las llamadas potencias internacionales, dirigidas por el enigmático Biden, han puesto el grito en el cielo y amenzado con duras represalias económicas. Poco efecto tendrán y escasa duración en el tiempo, pues los Estados europeos tienen también mucho que perder si Rusia congela sus envíos de gas natural y su comercio con ellos.

Así que asistiremos a un «nuevo Crimea». Grandes voces, reuniones de los brillantes diplomáticos de una y otra parte, que se sentarán, alarmados, sobre unos cuantos miles de muertos por defender la incorporación o segregación (según se mire) de un trozo de territorio de la fallida Gran Ucrania en la que nadie cree desde hace décadas.

Desearía que se llegara a un pacto con el oligarca ruso Putin que evitara derramamientos de sangre inútiles, permitiera la segregación pacífica del Donbás y, simultáneamente, se realizara de forma acelerada incorporación de la Ucrania restante a la Unión Europea y/o a la OTAN. Si eso sirve para calmar por el momento la ambición de Putin, bienvenida fuera la decisión.

La otra opción sería poner pie en pared contra la invasión rusa, situarse decididamente al lado de Ucrania, animar a este Estado a realizar una defensa numantina,m prestar la ayuda de material bélico no armamentístico que solicita el presidente ucraniano, dejar que la guerra se encrespe, asistir con el ánimo convulso al lanzamiento de algunos misiles, soportar la réplica rusa contra ciudades ucranias (y, si no valora bien el alcance estratégico contra alguna ciudad europea) y, ya puestos, enfrentarse a la tercera guerra mundial.

En ese caso, las últimas crónicas se escribirán desde el caos.

 

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