Al socaire

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Celebración de 50 años de finalizar los campamentos de Milicias

2 octubre, 2020 By amarias 6 comentarios

Se que no son tiempos para celebraciones y, muy seguramente, habrá lectores que piensen que conmemorar los cincuenta años de haber finalizado los campamentos de la milicia universitaria (entonces la I.P.S, la Instrucción Premilitar Superior) es un anacronismo.

Pero aquí está el hecho. Hoy, dos de octubre, los componentes de la Segunda Compañía de Zapadores de MontelaReina, teníamos previsto acudir a esta población zamorana para reunirnos, cumpliendo la promesa que habíamos hecho en ese mismo lugar hace cuatro años. No pude ser por el coronavirus, pero mantenemos la celebración virtual. Y este es el escrito que yo preparé para el acto, y que ahora tengo el gusto, y el honor, de difundir en este blog:

Queridos compañeros de la segunda compañía de Zapadores de MontelaReina, que hoy celebramos el cincuenta aniversario de haber terminado nuestro segundo campamento de milicias, obteniendo los despachos para hacer las prácticas de alférez o sargento:

Hoy es dos de octubre de 2020, el día que habíamos elegido para reunirnos. Nada hacía prever que, cuando hace cinco años, nos convocábamos para conmemorar este cincuenta aniversario, con la idea de una celebración que pusiera la nota de emotividad deseada por quienes, después de tanto tiempo, mantenemos lazos de amistad y compañerismo, una circunstancia externa lanzara al traste esta convocatoria.

Me refiero, claro, al Covid 19, un virus de dudosa procedencia y rápida propagación, muy peligroso, que obliga a llevar mascarillas, mantener distancias con las demás personas  no convivientes y, en algunas provincias, supone actualmente, por su reincidencia, nuevos confinamientos a los que ya tuvimos en esta primavera. Implacable e inanimado enemigo destructor de nuestro propósito de celebrar de forma especial, peculiar, y para muchos insólita, una efemérides singular.

No estaremos, pues, hoy, en MontelaReina, ni habrá una visita a las deterioradas instalaciones para comprobar si, tal vez forzando los candados, encontraremos totalmente abandonados los lugares en donde hicimos instrucción o gimnasia, ni si quedará en pie algo del hogar del soldado en donde, alguna vez, adquiríamos con vales un cubata o unas latas como complemento al rancho-dieta oficial, ni tendrá sentido investigar entre la maleza si existen vestigios de las tiendas a cuya vera nos alineábamos cada mañana, somnolientos, al toque de  diana, para recibir luego, en el cacillo en donde pondríamos luego el agua para afeitarnos a brocha, la dosis de un líquido parecido lejanamente al café y que según decía el clamor popular contenía bromuro para tratar de contener nuestra lívido juvenil.

No buscaremos pisadas de jabalí entre las zarzas, ni comprobaremos si seguirá un árbol creciendo en mitad de la piscina, en donde el capitán José Escolar, q.e.p.d. amenazó varias veces con hacernosña atravesar con todo el armamento y hasta con petates. No habrá comida de Hermandad, ni nos daremos abrazos reales, palmadas en la espalda, gritos y gestos de sorpresa al comprobar que, a pesar de haber envejecido seguimos siendo reconocibles. No habrá intercambio verbal feliz de recuerdos, ni palabras al terminar la comida, antes o después de la foto de grupo, tanto del que fue nuestro teniente Magín, hoy jubilado como coronel o general del Ejército (que ya no lo sé muy bien, y pido se me excuse), o de los que fueron alféreces en alguno de los dos campamentos, ni el brigada Peña hoy convertido en teniente honorario por mor de nuestra voluntad revolucionaria de los grados oficiales, entregará en mano los diplomas que ha mandado imprimir con fotos que nos sirvan para identificar cómo éramos o cómo somos.

Habrá, eso sí, llevados de la mano voluntariosa y firme de Antonio Fernández Peña, momentos especiales para recordar cómo fuimos y conocer mejor cómo somos, y espero de corazón que todos o la  mayoría contribuyamos aportando anécdotas, pequeñas o grandes. También sería deseable que, en unas pinceladas, contáramos cómo estamos hoy, que es lo que nos preocupa o nos llena de orgullo, qué aspiraciones tenemos por delante y cuáles creemos cumplidas.

Nos gustará recordar, como si fuera un sueño con ribetes agradables, las veladas haciendo imaginarias envueltos en una manta que abrigaba poco, las partidas de mus que nos convirtieron a todos en campeones mundiales de ese arte de la baraja. Podemos reírnos de los golpes que algunos se dieron contra el caballo, el potro u otros instrumentos de tortura, hacer recuento de los que nunca tiraron una granada, porque supieron escaquearse a tiempo y de los que manejaron el cetme con la habilidad de una escopeta de perdigones. Espero que algunos refuercen con comentarios, anécdotas y fotos, de esas que todavía seguro que algunos guardan en sus álbumes secretos, muchos momentos de esos campamentos y, desde luego, la jura de bandera, con los padres, las novias o los hermanos aguardando a plena sol en la tribuna.

Algo se podrá decir, por supuesto, de los paseos nocturnos por la explanada para llegar a letrinas o aliviarse a medio camino, de los saludos a alféreces que llevaban un gorro de faena con una estrella tan gorda que les hacía parecer comandantes de inspección por el campo. Habrá momentos para reírnos de los exámenes de teoría de aquellos libros de tácticas y estrategias que había que saberse más bien mal que bien para poder disfrutar de un sábado y domingo  libres, de las carreras para coger el autobús cada fin de semana a Galicia, a León, a Asturias o de los castigos sin poder salir por cualquier cuestión ya olvidada. Cómo olvidarse de los chiribiqueros, de los bocatas de tortilla, del vino amargo en bota de cuero, de las prácticas de tiro, de los asaltos a una loma que llamaban Jeroma, de las guardias, las marchas, los desfiles interminables  bajo un sol de justicia y de las duchas liberadoras del sudor y del polvo.

Tendremos, desde luego, tiempo y muchas ganas para el recuerdo cariñoso, lleno de profundo respeto, con que honrar la memoria de los compañeros fallecidos y de los fueron mandos en aquellos campamentos que ocuparon dos períodos de vacaciones de nuestra juventud y que hoy no pueden estar con nosotros.

Me gustaría pensar que, a pesar la distancia física y las dificultades de conexión, todos los que estamos vivos de la que fue la Segunda de Zapadores, pudiéramos enviarnos hoy correos de felicitación, curiosidades, notas de amistad y afecto  comunicando algo de nosotros mismos.

Las terribles circunstancias de la pandemia, que nos obliga a mantener confinamientos y distancias para evitar contagios  añadido a que, además, resulta que estamos en edades de riesgo, no deberían amilanarnos. No ahora, claro, que no podemos estar juntos. Nunca, como filosofía vital. Nada podrá vencer la voluntad y propósito de lo que nos gustaría hacer, si no nos faltan las fuerzas físicas. Y nada nos impedirá llegar con la imaginación donde nos apetezca, porque ese es el principal privilegio de nuestra edad,  haber ganado independencia mental.

Se, por el contacto que he mantenido y mantengo con muchos de vosotros, que aquellos años en MontelaReina, cuando teníamos envidiables edades en torno a los veinte años, estarán para siempre presentes en nuestro recuerdo.  Por distintas razones, con distintas intensidades. Pero están.

El campamento, con su singularidad, incorporó a nuestra vida momentos especiales, que rompían o cambiaban de manera brusca los postulados de exigencia y mérito que nos guiaban para terminar nuestras carreras en las facultades  y escuelas superiores. Dedicados como estábamos a estudiar,  con la visión próxima del final de nuestros estudios universitarios, bastantes ya con novias con las que pensábamos en casarnos pronto, el campamento aparecía como una distorsión, una barrera, un incordio.

La vida del campamento resultaba para la inmensa mayoría, extraña, falta de alicientes, y era vista como una imposición. Muchas actuaciones aparecían fuera de contexto, inútiles y hasta estrafalarias, Había que madrugar, después de una noche agrupados en el calor y el olor de las tiendas, para desfilar en formación, dedicar horas al estudio de libros de tácticas y cálculo de trayectorias que parecían extraídos del túnel del tiempo. Además, había un fondo de incertidumbre. Debo recordar que España estaba en tensión con Marruecos y radio macuto difundía continuamente las falsas noticias de que nos iban a enviar a África. Tampoco la edad del entonces jefe de estado Francisco Franco evitaba especulaciones continuas sobre su muerte, con consecuencias para nosotros que derivarían en un largo confinamiento.

Ninguna de las predicciones fatalistas sucedió mientras vestimos el uniforme, aunque a algunos si nos tocó, ya como alféreces o sargentos provisionales, en los cuatro meses de prácticas, vivir de cerca algunas dificultades políticas. Yo, por mi parte,  guardo un inmejorable recuerdo de las prácticas de alférez, en Palma de Mallorca, ya casado, de las que escribí una  novela, Cómo no ganar una guerra.

Algunos acontecimientos, ocupados como estábamos en hacer las milicias, nos los perdimos. Mientras hacíamos el segundo campamento, en junio de 1970, se celebraba el mundial de futbol en México, en el que Brasil resultó campeón. Otros sucesos ocuparon páginas luctuosas y nos pasaron desapercibidos: el 3 de julio de ese año se estrelló un avión en Gerona muriendo 107 personas, y en Granada fallecieron 3 personas en un enfrentamiento con la policía. Ah, y el 29 de agosto, en la isla de Wight, se celebró el tercer festival pop que reunió a mas de 200.000 personas. En ese año, también, se promulgó la ley general de educación general básica que hacia obligatoria la escolaridad desde los seis a los catorce años.  A no olvidar que, entre 1970 y 1973, todo lo concerniente al Sáhara Occidental fue declarado “secreto oficial” y, por tanto, motivo de especulaciones para los especialistas en crear inquietudes desde radio macuto.

¿Qué huella nos dejó el campamento? Cada uno debe encontrar su respuesta. En mi opinión, después de tantos años transcurridos, me parece que podemos estar seguros de algunas cosas. Nos enseñó a conocernos mejor, generando vínculos, mucho más duraderos incluso, que los que ya teníamos de nuestras escuelas o facultades, por el hecho de convivir tan de cerca y superar dificultades que no estaban relacionadas con los estudios, sino con circunstancias vitales más simples, pero que podían en algún caso servir como enseñanzas valiosas.

Hoy, cincuenta años después, me siento orgulloso de poder decir que estuve en Montelareina y que hice la milicia universitaria. Me ayudó, en alguna medida, a formarme como persona, a conocerme mejor y conocer mejor a algunos de mis mejores amigos, a superar dificultades, a perfeccionar la manera de encarar con decisión o paciencia los riesgos, a educar el cuerpo, a manejar y entender el funcionamiento de algunas armas, a cuestionarme y defender algunas ideas que no me había imaginado que no me había planteado, a sufrir con mayor estoicismo inclemencias del tiempo y de la vida, a sentirme orgulloso de pequeñas cosas. Me sirvió para entender mejor el concepto de Patria, de solidaridad, y de respeto a la ley y el orden.

Por supuesto, no fue el campamento el único elemento que me dio esas resistencias y cualidades, y tampoco fue, en general, el mejor. Pero hoy, con la perspectiva de la edad y el convencimiento de haber tenido que pasar por otros momentos que podría considerar, con mayor razón, perdidos o inútiles, creo que resultó un elemento más para conformar mi personalidad. Contribuyó, en una medida que no me atrevo a cuantificar, a que hoy pueda sentirme orgulloso de haber transmitido a mis hijos y a mis nietas la educación en valores. A valorar por encima de todo, el respeto a los demás, la idea de solidaridad con los compañeros con los que compartimos lengua, historia, tradición defectos y virtudes.

Por eso, me duele la deriva que estamos viendo en algunas personas que se dicen políticos, es decir servidores del bien público, trabajadores por el entendimiento común, que dicen no ser o no sentirse españoles, que combaten o desprecian la Constitución que es la norma básica para la convivencia de todos, que insultan la monarquía, que es la forma de Estado que tenemos porque así lo hemos elegido por inmensa mayoría. Me duele, además, no porque sienta en mi contradicción con los que se creen, de corazón, agnósticos, republicanos o escépticos. Me duele porque estoy convencido, porque así lo he vivido y lo defiendo, que juntos podemos más y que necesitamos destacar lo que tenemos en común, para mostrarlo orgullosos.

Hemos pasado ya una parte de nuestra vida con el resultado de habernos hecho respetar y querer de familia, amigos, subordinados, compañeros y jefes. Hemos luchado para vencer dificultades. Esa es hoy nuestra victoria. Somos supervivientes, y vencedores. Y tenemos con nosotros, en este momento de invocación y celebración a los diecisiete compañeros de la segunda de Zapadores, jefes o aspirantes  que  hoy no pueden estar aquí porque han fallecido.

Yo los convoco, y os digo, a todos vosotros, compañeros: todos estamos hoy presentes, unidos en esta alineación de recuerdo, cariño y respeto. Desfilando en apretado compás por el camino de la vida, que deseo que aún nos sea largo, fructífero, lleno de felicidad.

¡Viva España, viva el Rey, viva la Constitución! ¡Por compromiso y lealtad a la palabra dada, por la paz, el orden y la unidad de España!

Angel Manuel Arias

2 de octubre de 2020

Publicado en: Actualidad Etiquetado como: 50 aniversario, campamento, celebración, milicias universitarias, montelareina

Fieles a la palabra dada

27 septiembre, 2020 By amarias 4 comentarios

El Gobierno de España, cuya legitimidad original no puedo poner en duda, pues Pedro Sánchez, encabezando la candidatura socialista ha sido propuesto por S.M. el Rey en su momento para formar la coalición que le permitiera obtener mayoría suficiente en el Parlamento, ha derivado hacia comportamientos anticonstitucionales. Su posición actual, como conjunto, es antidemocrática y algunos de los ministros que lo forman, empezando por uno de sus vice Presidentes, alardean de una posición facciosa, republicana, secesionista.

Para todos cuantos hemos defendido a lo largo de nuestra vida, como compromiso de honor, el ser coherentes y cumplidores con la palabra dada, la desfachatez que trasciende en múltiples actos del Gobierno actual es signo de su descrédito y nos causa gran alarma. Que el propio alto estamento que es el mayor símbolo de la representación democrática se haya convertido en enemigo declarado de otras instituciones, que las desprecie o ningunee, es signo de la terrible degradación de la convivencia social y preludio, desgraciadamente, de momentos muy dolorosos en la Historia de España.

No estoy ahora escribiendo sobre la incompetencia del Gobierno, suficientemente demostrada en muchos ámbitos -tanto por acción descabellada como por omisión consciente-. Ya no importa que algunos de los más de veinte ministros tengan carteras cuyo contenido y cometidos, por sus actos, es desconocido para la ciudadanía, porque nada han hecho salvo cobrar sus emolumentos y generar gastos complementarios incorporando a sus Ministerios decenas de personas de confianza, con aptitudes indemostradas.

Lo que me preocupa ahora, y mucho, es el deliberado intento de destruir la institución monárquica, ninguneando y desacreditando a S.M. el Rey Felipe VI y, en el mismo movimiento, pretender, ni más ni menos, que doblegar a sus arbitrarios designios al poder judicial, garante, por su independencia de la democracia, como soporte de ella y de la convivencia. La ausencia forzada, impuesta, del Monarca en los actos de entrega a los nuevos jueces de sus mandamientos, que tuvo lugar en Barcelona el pasado 25 de septiembre, que debería haber contado -por tradición y por mensaje de solidez democrática- con la presidencia regia es más que un símbolo. Es un esperpento del camino emprendido por este Gobierno, centrado en su propia miseria intelectual e ideológica

Las palabras soeces, insolentes, del ministro de Justicia, replicando por lo bajinis (aunque de forma suficientemente clara para que lo registraran los micrófonos de ambiente) al grito de Viva el Rey pronunciado por un miembro del Consejo Superior del Poder Judicial, con un «se ha pasado tres montañas», son representación genuina de la bajeza moral que se ha inmiscuido, como una baba apestosa, en muchos actos del Gobierno, ocupado solo de su ombligo, esto es, de la continuidad en el poder, conseguido con acuerdos contra natura.

No es la única demostración de que la Monarquía está en el punto de mira de algunos miembros del Gobierno. Iglesias y Garzón, como más significados, no se recatan en insultar al Jefe de Estado, proclamando a diestro y siniestro su intención de acabar con la Monarquía, porque «son republicanos».

Se nos han colado varias cabras en nuestra vida social y económica y algunas de las más activas, y dolorosas, son conducidas por miembros de este Gobierno y por altos personajes que apoyan la espuria coalición. Como republicano sensato, pero también como persona de orden y constitucionalista, no puedo sino juzgar de miserables, desleales, tales actitudes y soflamas. Me asombran como ciudadano y las desprecio.

Me temo que estamos llegando, si no lo hemos hecho ya, a un punto de no retorno. Por España, por el respeto a las instituciones, por la palabra dada, por la defensa del orden y la legitimidad democrática, grito con todas mis fuerzas ¡Viva el Rey!

No estoy llamando a ninguna insurrección, porque no me corresponde, pero estoy seguro de que, o el Gobierno cambia brusca y definitivamente su deriva anticonstitucional, y se atiene con rectitud y urgencia al valor de los compromisos, juramentos y promesas que realizó poniendo como testigo al pueblo soberano ante la Norma Suprema, o estamos en vísperas de un levantamiento. No se si pacífico, aunque así lo deseo.

Publicado en: Actualidad

¿Es esto realidad, o vivimos una pesadilla?

23 septiembre, 2020 By amarias 14 comentarios

Se han reunido en estos momentos de mi vida varios elementos que componen un cuadro muy singular, al menos, al nivel de realidad al que me había acostumbrado. Tenemos una pandemia sobre nuestras cabezas, con especial reincidencia sobre Madrid, que arrastra una situación económica cuyos efectos no han hecho más que empezar, y cuyo alcance no somos capaces de prever (y, lamentablemente, aún menos, el Gobierno actual y, apurando en la misma línea, la oposición).

La grave situación vírica y económica se magnifica por la tensión entre el gobierno central y el regional de la Comunidad de Madrid. La importancia referencia, a escala nacional e internacional, que supone la capitalidad de España, se ha traducido en un ataque continuado desde algunos portavoces del Gobierno (en especial, pertenecientes a la agrupación Unidas-Podemos, aliada con el PSOE y otras minúsculas facciones regionalistas) contra la actuación de la presidenta de esta Comunidad, Isabel Ayuso.

Se califica con reiteración desde miembros relevantes del Gobierno y de portavoces parlamentarios de los partidos que tienen silla en él, a la presidenta Ayuso como mala gestora, carente de liderazgo e incluso se la tacha de ser manifiestamente incapaz para ejercer el cargo que ostenta. Son expresiones de extremada dureza, injustos y, desde luego, ajenos a la cortesía institucional.

Aunque los ataques desde la coalición de PP-Ciudadanos (esto es, de derechas) que rige en la Comunidad de Madrid y en su Ayuntamiento hacia el gobierno central son menos intensos -se esgrime abandono a su suerte de la Comunidad, falta de apoyo desde las instancias más altas, etc.-, porque no se está calificando tan directamente de incapacidad al Ejecutivo o a sus miembros, el efecto hacia el exterior, es decir, hacia el ciudadano no comprometido políticamente es la plasmación perfecta de una falta de sintonía entre quienes están conduciendo el vehículo de nuestros destinos.

La escenificación del pasado lunes (21 de septiembre de 2020) cuando ambos Presidentes -central y autonómico- pretendieron ofrecer un marco de cooperación (a destiempo) en la lucha contra la pandemia, por su torpe planteamiento, escasos recursos y previsibles mermados resultados, la juzgo de pura pantomima.

Me preocupa también, y mucho, el cerco a la Jefatura del Estado, es decir, hacia la Monarquía. Miembros cualificados del gobierno se han manifestado sin ambages como anticonstitucionalistas, apoyando la república como objetivo y despreciando la figura de Felipe VI (apuntando hacia actuaciones de su padre, Juan Carlos, presuntamente anómalas y, en todo caso, realizadas cuando ya no era Jefe de Estado, en que fungió como responsable máximo del período de paz más longevo de nuestra Historia, ejemplo incuestionable de transición de una dictadura a una espléndida democracia).

El apoyo precario y espurio que encontró Sánchez a su deseo de ser Presidente de Gobierno en los independentistas catalanes y en los hijos del terrorismo vasco, mírese como se mire, es un síntoma de la extrema peligrosidad de la situación actual, desde el punto de vista de la estabilidad democrática y del equilibrio regional.

A escala internacional, aunque la preocupación por los difíciles asuntos internos invita a menospreciar la importancia de lo que pasa fuera, la situación es muy compleja. El avance de la economía china, liberada del virus -por arte de birlibirloque u oscuras razones- convierte a esa República de Repúblicas en líder mundial, con la bandera de un sistema antidemocrático, dictatorial, autárquico y de naturaleza incomprensible -en valores y métodos- para nuestra cultura occidental. Desgraciadamente, esta situación coincide en el tiempo con un Presidente norteamericano que parece sacado de un cuento de ogros y fantasmas, más dado al despropósito verbal como portavoz de un sentimiento egoísta e insolidario, que a asumir un papel relevante como conductor de las economías occidentales.

No necesitaba más para sentirme anonadado de la deriva que adoptó la realidad próxima (de mi país y compatriotas) y externa (tanto de la Unión Europea como de los bloques hegemónicos de la economía mundial, y tampoco quiero olvidar la falta de democracia que se ha instaurado en Rusia y demasiados países latinoamericanos, por no apuntar más que a lo que sobrenada).

Pues hubo más. En pocas semanas, la metástasis que se encontraba aparentemente dormida, ha decidido despertarse y golpear con fuerza. Recojo todos los ánimos de que soy capaz para no desanimarme y, como siempre expresé -a propios y extraños- para no perder la capacidad de analizar lo que pasa fuera y pasa en mi cuerpo, con toda la objetividad que pueda. Pero, caramba, no dejo de preguntarme: ¿Es esto la realidad, o una pesadilla?

Ya se la respuesta, aunque nunca vienen mal algunos comentarios sensatos que me ayuden a entender mejor lo que nos pasa. Gracias, por leerme, por estar ahí (aunque sea en la sombra), por compartir lo que pienso.

 

 

Publicado en: Actualidad Etiquetado como: antidemócratas, Ayuso, catalanismo, China, felipe VI, independentistas, Juan Carlos Rey, Monarquía, República, Sánchez, situación política, Trump, Unidas Podemos

Actos sociales

20 septiembre, 2020 By amarias 1 comentario

El recrudecimiento de los casos de contagio por la pandemia vírica y el duro reconocimiento clínico de que seguimos ignorando  muchas cosas de cómo tratar a los  infectados y casi todo de cómo evitar contagiarnos, ha vuelto a poner el énfasis en la necesidad de enclaustrarse. Suprimir los actos sociales, reducir las salidas a la calle, procurar no utilizar el transporte público. Y hacer lo que se haga siempre con mascarilla, esa tela de variadas hechuras y misteriosas composiciones -desde la tela de colorines a juego con el calzado al triple refuerzo vital made in China, como el pangolín que nos aguó la verbena-.

Los actos sociales, como todo el mundo sabe, son la base del comportamiento humano, lo que nos hace distintos a la mayoría de los animales que, en las categorías superiores, solo suelen reunirse por parejas y en el acto de la procreación. Nosotros, la especie del sapiens, con el paso del tiempo le hemos añadido mucha más gracia y bastantes calamidades.

Disfrutamos con la mayoría de los actos sociales (excluyo las guerras, aberración de los mismos, pero muy utilizada a lo largo de la Historia). Nos gustan las fiestas, compartir aficiones, e incluso señalamos con ellos momentos importantes de la vida: el nacimiento, la pubertad, el tomar pareja, el tener hijos, los cumpleaños, la muerte.

Este «puto virus» -como se conoce entre nosotros- impide la celebración de actos sociales fundamentales. Y los actos sociales no son exhibiciones del ego particular (muy raras veces, si), sino la demostración, ante el resto de la tribu, que hemos tomado una decisión importante o superado una etapa vita. Puede que algún lector piense en la asistencia a un encuentro de fútbol o a una sesión de ópera (por ejemplo) como acto social, aunque yo me quiero referir aquí a los actos sociales en los que somos protagonistas o acompañantes afectivos de éstos.

Una boda  no es acto social, aunque tenga efectos legales, sin la celebración del banquete ad hoc, sin compartir el momento con la familia -la propia y la añadida- y los amigos. Puedes casarte por la Iglesia, o por el rito que de validez jurídica al enlace, pero entiendo buen que muchas parejas pospongan el anuncio de su compromiso hasta que nos veamos libres del huésped venido del Oriente.

Sufro al advertir cuántos infantes -mi querida nieta Carlota, entre ellos- han tenido que celebrar una Primera Comunión (el atávico rito al reconocimiento de la entrada en la «edad de la razón») sin el fausto de la asamblea familiar. Yo guardo un magnífico recuerdo de mi Primera Comunión -compartida la celebración posterior en la cafetería Arrieta, de Oviedo, con mi primo Javier Pérez Montoto-, con el salón del local lleno de familiares de ambas familias, unidas por vínculos colaterales.

Pues bien: resulta que los que mandan, ya que no tienen mejores argumentos para atajar el virus, prohíben los actos sociales y nos confinan hasta que alcance su cénit la «curva de contagios» (el punto de saturación en mecánica de fluidos). Lo entiendo, claro, en justificación de la «buena causa», ya que no soy negacionista, nihilista ni estúpido y amo mi vida y, mucho más que la mía, la de quienes quiero.

Pero lo que no puedo entender es que se autoprohíban los pactos sociales. Sí, he escrito los pactos sociales, la forma inteligente, avanzada, democrática, de vivir en sociedad. Acordar, pactar, llegar a puntos de encuentro en beneficio de la inmensa mayoría, la paz social, el bien común, el sostenimiento de la democracia…esas cosas.

Tenemos unos partidos políticos que, para desgracia  de este momento que han convertido en histórico por su mala maña, son incapaces de pactar. Quieren tanto su parcela de poder, se aman tanto a sí mismos, se creen tan imprescindibles, que no quieren pactar. Se han unido, es cierto, en momentos precisos, con gentes de parecida calaña, en pactos internos para alcanzar su cuota de poder, pero no quieren pactar con los demás. Caca, culo, pis.

Y, por ello, por su cerrazón, por su incomprensible inquina hacia el que entienden que puede quitarles sillón y poder, lo cercan, lo insultan, lo desprecian y ,,,a cuantos defienden o apoyan a aquel con el que no quieren pactar, los consideran enemigos, indocumentados, fachas, rojos de mierda, descerebrados, pijos, comunistas de salón, … Y esa lacra se ha convertido en contagiosa. Es la otra epidemia, el virus más letal.

La situación económica provocada por el virus, la inmensa crisis en la que estamos y el tsunami que asoma debía animar, aunque los virus se consideren seres inanimados, a fuertes y novedosos pactos sociales.

No creo que vote nunca a Ayuso, presidenta de la Comunidad de Madrid por la gracia de los pactos, pero simpatizo ahora con ella y con su equipo. Me han desviado a ello tipos que dicen estar en la acera de enfrente. Cuando leo o escucho las opiniones de los Abalos, Sánchez, Iglesias, que se han focalizado en tirar dardos contra su gestión de la pandemia, echándole las culpas, me recuerdan a todos los que andan por ahí tirando piedras contra lo que tiene más talla que ellos mismos o presiente que su crecimiento los convertirá en enemigos peligrosos. Esconden al tirar piedras a obras ajenas, que están afectados de la misma o parecida incapacidad.

No recojo aquí nada de los independentistas catalanes, de los terroristas vascos y de otros personajes del actual escenario político para no ensuciar aún más esta pagina.

Pactad, malditos.

Publicado en: Actualidad, Sociedad Etiquetado como: Abalos, Ayuso, Comunidad de Madrid, gobierno, pactos, Sánchez, virus

Rehenes

19 septiembre, 2020 By amarias 2 comentarios

Mi nieta más joven (Claudia, ocho años) me decía ayer que está empezando a escribir una historieta. Ya tiene el título: «El virus sin fin», o sea el virus infinito. Me cuenta también que «pensaba escribir cien capítulos, pero, al final, me decidí a que sean solo tres».

Puede que mi jovencísima e inspirada autora no tenga claro el concepto matemático de infinitud. Lo que sí es seguro que ha conseguido una plena comprensión del hecho de encontrarse encadenados, dando vueltas sin rumbo, ante lo que se ha convertido una pesadilla, la rueda desesperante de la fortuna al revés, el artilugio de la jaula que nos tiene confinados y nos obliga a estar en movimiento continuo sin poder ir a ninguna parte, atrapados en la trampa de una molesta repetición de los mismos hechos.

El «innombrable virus» (remedo a Agatha Ruiz de la Prada que se refiere así a uno de sus ex) no solo no se había ido de entre nosotros, sino que, además, se ha reactivado. Si necesitábamos confirmación de la singularidad española, aquí tenemos una prueba más. Pocas semanas después de haber tenido noticia de que los chinos celebraron la total erradicación del molesto pasajero, con una fiesta insultante en la que desde el presidente al último mono restregaban al mundo su victoria frente al mal que había surgido de sus propias entrañas, en España sufrimos un nuevo ataque de la Covid 19.

Como sucedió con la gripe de 1919, que el ingenio malsano de los portavoces de nuestra permanente leyenda negra bautizó como gripe española, este virus del pangolín, nacido en Wuhan, provincia de Hubei, recoge méritos para ser reconocido como el «virus español».

¿Qué diablos nos hace padecer más duramente que cualquier otro país europeo y de prácticamente todo el elenco de integrantes de Naciones Unidas, el ataque de esta absurda combinación de proteínas, ávidas de encontrarse con células huésped a las que dominar, adulterar y convertir en difusoras de sus efectos malignos?

Los expertos en analizar datos, los mismos que han descubierto el efecto del movimiento de las alas de mariposa sobre el aumento de la avispa velutina en las tierras galaico-astures, han deducido que la razón de que los españoles padezcamos más con este virus, es que somos más socializadores que el resto de los habitantes del planeta, que nos abrazamos y besamos más, que tenemos más tendencia a divertirnos en grupo y, además, somos más independientes e incumplidores de normas y restricciones.

No me lo creo. Quienes han tenido ocasión de conocer, y hasta vivir, en concentraciones humanas del tipo de Beijing, Nueva York, Londres, Buenos Aires, Nueva Delhi  o México, podrán atestiguar que la sensación de presión humana es más alta que la que se puede sentir en Madrid o Barcelona. La limpieza de las calles y locales de ciudades como La Paz, El Cairo, Shangai, Casablanca o Moscú, no es superior (ni hablar) a la de cualquiera de nuestras poblaciones. Y, en fin, si alguien conoce cómo se las gastan, en promiscuidad, cercanía y apelaciones a espíritus malignos, en muchos garitos de Chicago, Bogotá, París o Hamburgo,…que calle su experiencia para siempre, pero reconozca que no somos los españoles capitanes ni en virtudes ni en vicios para que un virus que viene con el made in china en los ijares nos maltrate de esta manera.

Hay una realidad incuestionable, que es la salida de la caja negra. Los contagios suben exponencialmente en la mayoría de las ciudades españoles, y Madrid, siempre Madrid, está a la cabeza de la segunda oleada del mal. La presidenta de la Comunidad, Ayuso, que venía pidiendo ayuda al Gobierno central, ha conseguido, al fin, a la vista de las cifras de avance de la pandemia en la capital, que Sánchez haga el camino desde Moncloa a la Puerta del Sol para estudiar medidas urgentes de contención y cuidados. No hace falta utilizar la imaginación para adivinar que tendremos más confinamiento y se volverán a prometer mejoras en la asistencia social y sanitaria.

Claudia, mi querida nieta, no ha escrito por el momento más que la portada de su historieta. Aguardo con interés y emoción la entrega de los tres capítulos prometidos. De momento, lo que puedo afirmar, desde mi pobre atalaya de desconocimientos, es que seguiremos dando palos de ciego mientras la economía avanza, cada vez más rápido, hacia el precipicio de la desestabilización social. Es una mala suerte que esta lanzada de origen chino sobre la economía occidental nos haya descubierto con un gobierno de coalición que convierte nuestra habitual falta de sentido de Estado en un guirigay de intereses por destruirlo.

Niña, con esa perspicacia que proporciona estar libre de pecado y servidumbres, ayúdanos a poner punto final feliz a esta historia infinita.

 

Publicado en: Actualidad Etiquetado como: Claudia, historieta, nieta, pangolín, virus

Clases de economía para políticos

13 septiembre, 2020 By amarias 2 comentarios

Hace unos días, mientras yo trataba de recuperar mis ánimos del duro golpe que supone enterarse de que su tumor ha mutado y ha decidido afincarse en el torrente linfático, un amigo me aconsejó que dedicase mis elucubraciones en este blog a resaltar los asuntos divertidos o cómicos de la vida política.

No pretendo convertir estas líneas en un remedo de aquella divertida secuencia de marionetas críticas con políticos que, en la versión original inglesa se llamó Spitting Images. Me lo impiden limitaciones de espacio, medio y capacidad, pero aunque no soy aficionado a tomar a broma las cosas serias, reconozco que andamos necesitados colectivamente de desdramatización de los contextos.

La falta o la apariencia de ausencia de formación económica en la mayoría de nuestros políticos es uno de los despropósitos de la vida pública para tratar de encontrar gracias en lo que tanto nos afecta. No se lo que han estudiado en sus respectivos caminos curriculares hasta encontrar un sitio preferente en la influencia sobre nuestras vidas, aunque sí puedo afirmarse, como en el cuento del gallego, que será cierto que han estudiado economía, pero lo que han estudiado es poco y lo poco que han estudiado no sirve, porque no se lo saben.

Vamos a ver: ¿Es tan complicado reconocer que la economía tiene una estructura entretejida muy sólida, que es imposible romperla con medidas aisladas y que cualquier presión sobre uno de los agentes de mayor entidad se traduce en descalabros y pérdidas de actividad y empleo?

Pues debe parecérselo a los ministros de este Gobierno, que, empezando por su vicepresidente segundo -por nombre Pablo Iglesias Turrión- está convencido de que las cantidades que prestará a España el Fondo Económico Europeo serán en parte a «fondo perdido» y el resto, servirán para cumplir las previsiones expansionistas del pacto de gobierno PSOE-Podemos. Cualquiera que haya tenido el menor contacto con la vida empresarial ha de saber que los créditos han de ser devueltos y esa situación genera la servidumbre de encontrar la forma eficiente de rentabilizarlos, generando actividad que, además de mantener el negocio propio, genere excedentes para restituir el préstamo y sus intereses.

No parece, con ser singular el pensamiento de Iglesias desde el punto de vista económico ortodoxo, que su peculiar concepción no tenga respaldos en el Gobierno. Puede suponerse, con razón, que sus colegas en el retrocomunismo coincida con estas ideas: gastar como si los dineros no tuvieran que ser devueltos, conceder dádivas como su el Estado español tuviera en su mano la manivela de generar billetes, ahuyentar al empresariado extranjero con incrementos fiscales y amenazas de movilizaciones sociales y, como colofón, pretender demostrar que este país tiene un concepto ético especial, que le lleva a hostigar hasta obligarlo a salir del país al Rey de antes -magnífico valedor de la transición democrática y con merecida popularidad internacional, que se ha rentabilizado en provecho de todos-, pero no tiene problemas en generar tantos ministerios, cargos públicos y prebendas particulares como sea necesario para premiar la fidelidad de los cabecillas, sean o no sean matrimonio o pareja de conveniencia.

Podemos pensar que el mal del desprecio a los principios económicos que rigen en el resto del mundo sea específico de la facción más para-comunista del Gobierno. Pero no es así. Los afanes de liberar las amarras de la economía en una situación de pandemia y crisis grave en todos los sectores productivos, no impiden que se siga defendiendo un Presupuesto de Estado expansionista también por el resto de los infinitos ministerios con los que el afán de permanecer en su puesto de comando ha admitido Pedro Sánchez.

Basta de bromas. Necesitamos un liderazgo económico y social firme en convicciones. Esto supone, desde luego, que dejemos de disparar a lo que nos sostiene, y de disfrutar quitando los puntales al edificio económico. No podemos dejar la esperanza de reactivación económica en manos de la judicatura, persiguiendo hipotéticas o reales corruptelas que, en contexto más amplio, son temas de chicha y nabo. Que los «grandes empresarios» reconozcan que para conseguir contratos -internacionales o no- ha sido y es necesario untar algo los engranajes. Que admitan los representantes sociales que no saben cómo manejar la economía y solo se rigen por la improvisación y la fuerza de la inercia. Que los equipos de docencia, investigación (técnica o social) expliquen con claridad nuestra situación en el contexto mundial. No tiene interés alguno ser campeones de la Champion League si somos los peores en productividad, los últimos en la gestión de la pandemia.

Si no se han reído, queridos lectores, es que han perdido el sentido del humor.

—

Esta hermosa mariposa, en su aparente modestia, es un macho de la pararge agera, la mariposa de los muros, también llamada maculada (por los ocelos de sus alas). Los machos de esta especie, según los estudios de campo realizados por los entomólogos, tienen un comportamiento sexual diferenciado, según sean territoriales o deambulantes. Los primeros, defienden su zona de apareamiento -un espacio soleado y con flores abundantes- de los rivales y, por ello, son los preferidos por las hembras que valoran su fortaleza frente a los que andan a la deriva, buscando hembras a la que salta.

La naturaleza enseña, vaya si enseña.

Publicado en: Actualidad, Política Etiquetado como: corrupción, economía, empresarios, Iglesias, mariposa maculada, política, Sánchez

Mucho por hacer

31 agosto, 2020 By amarias Deja un comentario

José Miguel Mas-Hesse, investigador principal del equipo Consolider-GTC Estallidos-CSIC, es un magnífico divulgador. He escuchado algunas de sus conferencias, todas de gran interés y efectividad. La que me causó más impacto, por lo contundente de la visión que ofrece es la que pronunció, hace ya algunos meses, en la U.P. Carmen de Michelena de Tres Cantos, que, bajo el título: «De la formación del Universo al origen de la vida» está recogida en internet en el enlace:   https://www.youtube.com/watch?v=-xn0cfgcNm0

Recomiendo escuchar esa hora de brillante erudición del Dr. Mas, a todos cuantos tienen preguntas sobre la naturaleza de nuestro Gran Entorno. No obtendrá todas las respuestas, pero se habrá enterado en tan corto espacio de tiempo de las principales conclusiones a las que ha llegado la astrofísica. Hay que advertir, claro, para los no acostumbrados al lenguaje científico, que esas conclusiones podrían ser revisadas o matizadas si varían las bases experimentales y los fundamentos de los cálculos que han conducido a ellas. Pero, hoy por hoy, son nuestra verdad.

Ese m0mento en que «el tiempo y el espacio desaparecen» sucedió hace 13.800 millones de años, según se ha podido deducir, en cálculo retrospectivo, a partir de la velocidad de expansión del Universo, dato que puede ser observado y medido con gran exactitud.  También se sabe que el sistema solar tiene una antigüedad de 5.000 millones de años y que su futuro a muy largo plazo está regido por la gran probabilidad de ser absorbido por la galaxia Andrómeda, a la que se encamina, lo que sucederá dentro de otros cuantos miles de millones de años.

Se ha llegado a predecir, con los datos y observaciones más recientes, las opciones más probables de evolución del Universo:  a) su colapso (en el caso de que la fuerza gravitatoria venza a la llamada materia oscura), o b) la expansión indefinida de las galaxias (si la energía oscura gana el pulso, aunque no será suficiente para romper las galaxias).

Si enfocamos el periscopio cósmico hacia dentro de nuestro organismo, la complejidad de nuestro cuerpo parece una réplica a escala diminuta de lo cosmológico. Casi una caricatura micro-liliputiense. Tenemos más células en él que estrellas hay  en la galaxia (40 billones). Sorprendente resulta conocer que albergamos más de 100 billones de microorganismos, si bien esta población de la que somos el soporte físico, solo representa un 2 por ciento de nuestro peso corporal.

Nuestra peculiaridad no proviene del campo físico, sino del metafísico. Somos el único organismo conocido capaz de la consciencia, esto es, de tomar conocimiento de que existe, o -dicho con palabras menos agradables-, de saber que está condenado a morir, consecuencia de nuestra condición de «ser finito» en un tiempo y un espacio minúsculos.

La brillante conferencia de José Miguel Más, me sirve para poner de manifiesto el poso de obligada reflexión que produce tomar consciencia concreta de nuestra ínfima categoría cósmica. Contemplar el firmamento en una «noche estrellada» resulta siempre muy evocador y poético, aunque es inevitable concluir que la existencia de una realidad inabarcable empequeñece, hasta hacerlas banales, nuestras preocupaciones, nuestras vidas, nuestros logros y afanes. Solo conocemos de qué está formado el 4,9% del Universo. El resto, es aún oscuro, no sabemos nada de él.

¿Será ese porcentaje similar a lo que conocemos de nosotros mismos? Pienso que sí. Aunque hemos avanzado mucho en el análisis de lo que sucede, aparecen continuos retos y el camino a recorrer parece estar recomponiéndose a medida que avanzamos. Con todo, aquí estamos, en un esfuerzo personal, pero sobre todo colectivo, empeñados en dirigir la potencia de nuestra capacidad de discernir, para adentrarnos en lo desconocido.

La consciencia de nuestra finitud nos confirma que no podremos dominarlo, porque el cosmos tendrá existencia mucho más allá de la nuestra como Humanidad. No importa. La satisfacción vendrá por el lado del conocimiento. Saber por qué. Debemos conformarnos con eso.

Publicado en: Actualidad, Fisica, Sociedad Etiquetado como: miguel mas-hesse, Universo

Nos guarde Dios

28 agosto, 2020 By amarias 5 comentarios

Está claro, incluso para el lector más distraído, que el titular de este comentario hace directa referencia a los conocidos versos de Antonio Machado: «Españolito que vienes al mundo, te guarde Dios; una de las dos Españas ha de helarte el corazón».

La situación por la que atraviesa nuestro pequeño país -aún más recortado en su dimensión comparada por la terrible afición al genocidio cultural, empresarial y hasta afectivo que es marca de clase de nuestro empobrecido ambiente social- es muy dura. No necesito siquiera detallar los muchos problemas que nos acongojan, basta con enumerarlos para que cada uno ponga el énfasis donde le parezca mejor: crisis pandémica, económica, política, ética, médica, técnica, investigadora…

Pero, sobre todo, lo que más nos está afectando es el desánimo. Languidecen los ánimos generales, y los rostros, ocultos desde hace meses por las máscaras, nos convierten a la mayoría en extraños, en fantasmas que vagamos por las calles con miedo a encontrarnos con alguien conocido, porque cualquiera puede ser portador del virus que mata.

Nuestra sociedad está poseída por el desconcierto y el miedo, aunque lo principal que diagnostico es que se encuentra aletargada, desanimada hasta límite de la paranoia, exangüe como quien viene sin fuerzas de una batalla que ha perdido. Salimos de casa lo justo para comprar alimentos o para ir y venir del trabajo -quienes aún lo tienen-, pero hemos renunciado al abrazo de la familia y los amigos, a las salidas al teatro o al cine, al restaurante y al ocio.

Ah, no es esa limitación ambulatoria lo que me parece más importante. Lo grave es que se ha perdido fuerza para expresar las opiniones, han decaído los foros de discusión, vamos camino de la uniformidad viscosa que produce el estar cociéndonos en nuestra propia salsa ideológica y sentimental. Nuestra desorientación, lo monocromo de las opiniones que recibimos sobre los hechos nos está polarizando. La televisión y la radio, los únicos medios de información que entran en nuestras casas y monopolizan nuestros cerebros nos va uniformizando, agudizando la polaridad de las creencias. Estamos en el camino de ser A o B, favorables al Gobierno o contrarios, rojos o azules, monárquicos o republicanos, necios de un lado o del otro.

Es ya un tópico enunciar que tenemos un Gobierno falto de iniciativa e ideas, incompetente y falaz por parte de una sección importante de la población. Cierto que la papeleta con la que le ha tocado lidiar a este Gobierno frankestein, con más ministros que iniciativas, es dura. Ha cubierto la incapacidad y las dificultades de encontrar solución a los problemas, con ocultación y mentiras, ahorrando explicaciones y haciéndonos mirar al dedo antes que a la luna. No lo aplaudo sin más, porque, en lugar de tender puentes, buscando la colaboración con las fuerzas de los que disienten pero están dispuestos a colaborar, profundiza en el disenso, aumenta la concordia.

¿Estaríamos mejor si el manejo de la situación correspondiera a la oposición? No lo creo. El ánimo pendenciero es contagioso, se ceba en sí mismo, y en lugar de manejar ideas, se expresan improperios. Los partidos de la oposición -en especial, el Partido Popular- vociferan continuamente el «así no», pero no oigo propuestas elaboradas, que sean válidas por la contundencia de su elaboración y  la fuerza de la idea que los impulsa. ¿Formas de crear más empleo? ¿Maneras de atajar el crecimiento de los casos de pandemia entre nosotros? ¿Vías de esperanza para soportar la tensión emocional que nos agarrota?. No las hallo, sólo ideas generales, peticiones de principio y de confianza en temas que supondrían cooperación y no esgrimir los garrotes.

La tensión recíproca llega hasta el punto de abandonar a su antojo, como apestados, a nivel regional e incluso municipal, a la corporación que tiene la responsabilidad de gobierno, criticando su incapacidad con saña. La fórmula es la misma: zaherir y menospreciar al que dirige, desde la oposición, del signo que sea ésta.

¿Ayuso y Almeida se equivocan en lo que hacen en la Comunidad y Ayuntamiento de Madrid?, ¿Illa y Celáa yerran y carecen de capacidad de liderazgo? La capacidad para generar críticas se autoalimenta incluso en la coalición de Gobierno de España, en donde parecen haber encontrado la forma de coexistir, para destruirse, maneras de gestionar España.

Estamos en épocas de mudanza, por decirlo de manera suave y la práctica teresiana y la costumbre aconsejan gran templanza. No es la prudencia lo que domina. Más bien, la voluntad de sacar la cabeza con el exabrupto correspondiente, para que los correligionarios aplaudan. En Barcelona, la corporación de la ciudad condal, como si no tuvieran problemas graves que resolver, han censurado al Rey de antes, eliminando sus honores y tratándolo de apestado, acogiéndose, supongo, al derecho que les da la pureza de su propia sangre y trayectoria. La república, como ente casposo y sin la pureza que debería acompañar a toda opción de gobierno seria y decente, toma posiciones aquí y allá, que e conducen, cada vez con más fuerza, a la anarquía y al desorden. El revisionismo incompetente domina la esfera política, mientras nos hundimos más hondo.

Después, o por encima de todo, está el virus. No quiere irse esta Covid 19, que está encantada de habernos conocido, de haberse encontrado con una colectividad amiga de la juerga, del jolgorio, del contacto social intenso, y que cuenta con suficientes individuos para mofarse de cualquier consejo o medida profiláctica. No vale lo que les digan ni expertos en virología, médicos, investigadores o pacientes. El empeño de esos pocos, pero suficientes, para conseguir que nos situemos en las primeras posiciones del ránking de contagios, de enfermos graves, de fallecidos es insuperable.

No soy un adivino, por supuesto, pero vaticino que con la vuelta al cole viviremos una escalada de casos de contagio, habrá que cerrar escuelas y colegios, uno tras otro, y tendremos un otoño-invierno vigilando nuevamente las cifras de evolución de la pandemia, hasta alcanzar esa cresta del pánico que, ojalá, nos coja mejor preparados sanitariamente.

Ayer, uno de los oncólogos del Ramón y Cajal donde me tratan de mi cáncer metastásico, me comunicaba que este mal que habita en mí, había empezado de nuevo a moverse, a reclamar su lugar en mis preocupaciones. Como en esas obras teatrales en los que todo va mal hasta que alguien llega con la varita mágica de la componenda feliz, sube para mí la tensión en este rompecabezas maligno.

Aunque, como hace décadas que no me creo el centro del mundo (abandoné la idea interesante cuando tenía cinco años), estoy seguro que, tarde o temprano, España encontrará una vía de escape de esta hiperpandemia, vírica, económica y social. Saldremos con heridas y destrozos, pero saldremos. Entretanto, mantengo helado el corazón, y confieso que no sé de qué lado cojeo. No es que una facción me guste más que otra; no me gusta ninguna. Los dos costados me duelen por igual. Las dos Españas me hacen daño.

Publicado en: Actualidad Etiquetado como: coronavirus, crisis, desorden, españa, gobierno

Entre arrullos y cantos de sirena

14 agosto, 2020 By amarias Deja un comentario

Manuel Fernández Sanz, autodenominado Manolito el Pollero, poeta de la bohemia matritense, con un solo libro publicado, y póstumo, ha sido rescatado del olvido por mi amigo Mario Fernández, librero de viejo y nuevo, que ha tenido el buen gusto de reeditar «Silva, Grillera y Cigarral de Manolito el Pollero», inencontrable rareza publicada en 1966, editada y prologada en su momento por Camilo José Cela.

El prólogo de Mario con el que da nuevo lustre a la colección de poemas, cuenta detalles de la vida de Manuel  Fernández, y ofrece pinceladas certeras del ambiente literario de la época, en el que El Pollero se desenvolvía con soltura y respeto.

Recuerda el re-editor que Manuel se definía de esa curiosa manera, y alardeaba de ser el único poeta que vivía de la pluma, con el fondo de solfa y retintín que ponía en evidencia sus orígenes astures. Su familia era propietaria de un próspero negocio de venta de pollos en el barrio madrileño de Tetuán.

Persona de refinada cultura, amigo de muchos de los escritores famosos de la época, fue un genuino vividor, un vago genial, un poeta con una habilidad seductora para la palabra que escribía con facilidad versos rimados de los que se conservan pocos, pues algunos recibieron publicación puntual esporádica y esta selección (o lo que fuera) fue realizada por el propio Manolito el Pollero y entregada a Cela, con disposición de sufragar él mismo la edición, lo que no pudo cumplir porque le llegó antes la Parca, si es que el premio Nóbel, gran amigo, le hubiera permitido tal dispendio.

Dicen las crónicas de esos que reinventan la misma historia para aplicarla donde les convenga, que Manuel escribía en servilletas de papel, que tiraba al suelo con menosprecio, y que sus amigos recogían y planchaban y que gracias a ello se pudo recomponer aquel libro que Cela publicó al mes de su fallecimiento. No debió ser así, porque el propio Cela cuenta que el manuscrito se lo entregó el autor, y si existen poemas aún por descubrir en servilletas, vengan luego.

Manolito el Pollero está enterrado en el cementerio de San Justo, en Cornellana, junto a su mujer y su hijo. Aunque nacido en Madrid, Manuel Fernández Sanz era de familia asturiana y disfrutaba con asiduidad del reposo que le proporcionaba, sin duda, la casa que poseían en San Justo, cerca del lugar en donde hoy reposa.

Esta cuidada edición del propietario de la librería Berceo nos recuerda que Manuel Fernández Sanz reclama desde el silencio forzado de su voz apagada pero la fuerza vitalista permanente de sus versos, un recuerdo-homenaje póstumo. Por qué no, «Entre arrullos y cantos de sirena», como reza el soneto que dedicó A una Caracola.


Nota P.S.

Mario Fernández, a poco de enviarle yo esta modesta reseña, me llama para corregirme la versión anterior, en la que atribuía la recopilación a la aportación de amigos recolectores de servilletas arrugadas. Dice que esto es un cuento chino, del gusto de los que buscan truculencia anecdótica donde solo hay verdad simple, y que hay que leerse bien el prólogo de Cela (y el suyo mismo) para encontrar el desmentido.

Corrijo, pues, y pido disculpas. Aunque la falsa anécdota tenía jugo, éste no era leal, sino prestado.

Publicado en: Asturias, Poesía Etiquetado como: Cela, Cornellana, Grillera y Cigarral, librería Bercero, Manolito el Pollero, Mario Fernández, Silva

Asturias, el paisanaje

13 agosto, 2020 By amarias 2 comentarios

El reconocimiento de la gravedad de la situación asturiana, con un tejido industrial y una base de generación de actividad y empleo crudamente dañadas por la pérdida de los sectores básicos que propiciaron un falso éxtasis de bienestar, vuelca la atención en prácticamente todos los análisis sobre la «reinvención», la «reconstrucción» o «el nuevo resurgir» de la región sobre su capital humano.
Este énfasis sobre la calidad de la población, en mi opinión, no deja de ser una carga trasladada a quien no tiene capacidad para resolver el problema. Equivale a la  típica frase de ánimo (no niego que bien intencionada) con la que intentamos estimular al enfermo de un mal grave, presuntamente incurable: «Animo, tú puedes». O la medicina y la terapéutica acuden a la operación de salvamiento, o, si la enfermedad es  letal, solo se conseguirá agravar la tensión emocional sobre el paciente, culpabilizándolo de su desgracia.

Tiene Asturias un aceptable capital humano, sin duda, pero ese factor clásico de la función del trabajo, debe ser activado y canalizado en emprendimientos productivos. Si consideramos únicamente la actividad empresarial, no discuto la calidad de la formación técnica y, en general, la universitaria, de los egresados de las muchas ramas del saber que tienen enclave formativo en la región.

He escrito muchas veces -sin éxito, porque, sin duda, resolver la cuestión, no por necesaria, es sencilla- que tenemos una disparidad y densidad excesiva en centros de formación técnica. Todos ellos cuentan con profesionales cualificados, y exigencias formativas muy altas. El número de ingenieros de minas o industriales,  en las modalidades actuales de grado o máster, es, sin duda, excesivo para la capacidad de absorción de la región. En consecuencia, desde hace ya décadas, se están formando profesionales para que busquen su empleabilidad fuera de la región.

Sucede lo mismo en las facultades literarias, desde Derecho a Filosofía e incluso sicología. No es distinta la situación en Medicina y Enfermería. En todos los casos, quienes acaban su cualificación se ven forzados, en gran número, a marcharse de la región si quieren encontrar aplicabilidad a sus estudios. Eso sí, la buena fama de la mayoría de las carreras asturianas, muy exigentes, favorece la empleabilidad.

Creo que debería atenderse con máxima intensidad a apoya trabajos de investigación, tesis doctorales y trabajos fin de grado que tengan orientación preferente, ya que no exclusiva, al desarrollo regional. Y, en esa línea, habría de apoyarse, con subvenciones e impulsos públicos sin reticencia, a la formación de empresas en las que participen, como socios, jóvenes egresados, sus profesores, e inversores asturianos.

He enunciado en otras ocasiones que debería estimularse la creación de empresas en las que los aportadores de capital fueran jubilados con esa disponibilidad económica y los proyectos, construidos con ideas y patentes surgidos de las Universidades asturianas. Se trata de orientar la formación académica hacia la aplicabilidad regional. ¿De qué nos sirve saber que la densidad de abogados en Asturias es de las más altas de España, y que hay más ingenieros por metro cuadrado que en cualquier otro punto del mapa nacional?

En relación con la mano de obra cualificada de formación profesional, la situación es especialmente urgente. Tenemos ya pocos especialistas mineros, mantenedores de centrales térmicas, caldereros, operadores de laminación, instrumentistas, etc., jubilados la mayoría. Sucede lo mismo que, en otros sectores y regiones españolas, con los especialistas en mantenimiento de centrales nucleares, prospección profunda, expertos en resistencia de materiales o producción farmacéutica, entre otros campos, porque se han dejado caer o han cerrado las empresas matrices sostenedoras de la necesidad.

Animo, pues, a la revisión de la formación de grado medio, recuperando la vieja pero vigente teoría de las escuelas de formación profesional. No necesitamos tantos ingenieros de formación (en este estado de desarrollo) y sí más especialistas en máquinas herramientas, control numérico, robótica, telecomunicaciones, informática. Es decir, con aplicaciones trasversales a la mayor parte de las necesidades empresariales, cualesquiera que sea su rubro de actividad.

No concibo, y apelo a mi propia experiencia, que las pequeñas empresas, producto de iniciativas individuales, florezcan y triunfen sin apoyos públicos y privados. Puede que siete de cada diez mueran, en intentos fallidos. Pero la formación de quienes las emprendieron servirá para otros emprendimientos y la experiencia adquirida no tiene desperdicio. No creamos que los catalanes y vascos -por poner un ejemplo- son más listos ni más emprendedores que los asturianos. Quiá. Les apoya el entramado generado en estas regiones, de apoyos públicos sin rubor, de fronteras de nacionalismos embutidos a la gente desde las escuelas. Aunque el tamaño de estas regiones es superior al de Asturias, la falta de conciencia regional aquí pesa como un lastre. Cada vez que veo en un comercio, por ejemplo, que Lentejas la Asturiana, proviene de Canadá o Estados Unidos, me pregunto si basta creer que la faba asturiana es la mejor del mundo, cuando nuestros fértiles valles están perdiéndose, faltos de cuidado, sin remedio.

Hay que generar empleo con urgencia, porque los subsidios que se reciben en la región por la vía de las jubilaciones, se perderán a corto plazo, al fallecer sus detentadores. Y hay bolsas tremendas de posible actividad, que se deben cubrir: recuperación de edificios históricos, abandonados en la desidia de la ausencia de mantenimiento, bosques sin aprovechamiento cabal, pasto periódico de incendios provocados o no, antiguos campos de labor ahora sin otro destino que las zarzas. Solo la eliminación de esos miles de ruinas que pueblan nuestra geografía regional, o la recuperación de estos centenares de edificios en lugares nobles de nuestros pueblos, que se caen a pedazos, ya generaría muchos puestos de trabajo. ¿Quién lo ha de pagar? Desde luego, el propietario; y si no lo hace, la administración pública, previo expediente.

Tenemos que convencernos que Asturias, el Paraíso Natural de nuestros cuentos, tiene, como lo imaginamos desde los sueños de grandeza regional, los días perdidos.

Caminamos hacia una región con poco más de seiscientos mil habitantes, quizá como deseable lugar de residencia para eficientes y dichosos propietarios de un puesto decente de teletrabajo. Pero no lograremos la recuperación de un tejido industrial suficiente para mantener la actual población y el nivel de bienestar de que disfrutamos, solo mirando con avidez hacia el turismo.

Se me objetará que podía ser más optimista. Tal vez. Aunque para alimentar el optimismo, desde hace ya décadas, se bastan los centenares de acomodados estudiosos y expertos que, desde sus atalayas, animan a cambiar el «paradigma regional».

Y juro que no tengo ni idea de lo que eso significa.

Publicado en: Actualidad, Asturias Etiquetado como: Asturias, desarrollo regional, Formación Profesional, industria, Universidad

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