El 9 de noviembre de 2021, la presidenta de la Comunidad de Madrid, en el programa de entretenimiento El Hormiguero respondiendo a preguntas del conductor Pablo Motos y de dos hormigas animadas, tuvo una actuación estelar, bien preparada y orquestada para dar sensación de frescura y originalidad.
Isabel Díaz Ayuso había sido maquillada para presentar un aspecto más propio de modelos de pasarela o una dama del espectáculo; labios pintados de rojo carmesí, ojos primorosamente ribeteados de negro. Al principio, parecía que estaba excesivamente decorada, pero a los pocos minutos, los televidentes que acudimos a la promesa de espectáculo (¡dos millones y medio!) atisbamos la razón. No se trataba de exponer ideas, sino derrochar simpatía y atractivo sensual.
Ayuso está participando, aunque lo niegue -o, quizá, por eso mismo- en un concurso en el que compite con Pablo Casado, un soso. Si el alcalde de Madrid, Almeida, tuviera más gancho físico, quizá podría hablarse de un tercero en liza. Pero no ha que olvidar que el ganador del concurso debe enfrentarse en la final a Pedro Sánchez, un guapo aburrido y capaz de utilizar como un maestro de esgrima el arma social más letal: la mentira, las medias verdades, el engaño. (Ayuso: «Te mira y sabes que te está mintiendo»)
Hemos conocido ahora que, al menos, para eminentes cabezas jurídicas, si los políticos en ejercicio de su poder nos engañan, la culpa no está en ellos, sino en nosotros. La situación coincide en el tiempo con la posición expresada por la fiscalía de la Audiencia Provincial de Barcelona, preludio de una sentencia absolutoria, por la que no ve culpa alguna en el comportamiento de la vidente Pepita Vilallonga y dos colaboradores que, presuntamente, se habrían aprovechado del estado de vulnerabilidad de un mujer con depresión, porque «nadie obligó a la afectada a creerse que el tratamiento esotérico funcionaría».
Ayuso demostró fehacientemente que tiene un oído musical propio para exhibiciones circenses: adivinó -incluso tras oir solo un par de acordes o golpes de percusión- el título e intérprete de todas las pruebas de identificación de canciones españolas populares en los ochenta.
Las preguntas del entrevistador incidieron en los chismorreos sobre tensiones internas en el Partido Popular, detalles sobre la vida privada de la presidenta comunitaria, solicitud de opiniones sobre el presidente de Gobierno y otras personas, guardándose, ya al final del programa, la pregunta bomba: por qué el PP y Vox tumbaron la comisión de investigación por las muertes por coronavirus en las residencias de Madrid. La respuesta no debía estar preparada, porque me resultó una justificación incoherente: los fallecidos fueron más en Madrid porque es una ciudad grande y ninguno murió sin tener al lado una mano amiga, ya fuera de un sanitario o un militar o, a los efectos prácticos, alguien que pasara por allí.
La concursante Ayuso obtuvo la aclamación unánime de los asistentes en directo al plató del programa y, aunque las redes sociales han sacado también algunas lenguas viperinas que envenenan cuanto provenga de la oposición al Gobierno frankestein, la mayoría de los comentarios están siendo elogiosos.
Isabel Díaz Ayuso for President. No han quedado dudas, después de verla volar por el escenario de El Hormiguero con sus potentes alas, que aunque el debate parece estar centrado en su justa reivindicación de dirigir la estructura de la regional madrileña, está en verdad definiéndose como idónea candidata a presidenta del Gobierno de España, con paso firme y frescura innegable, quitándole el sitio, con empujón de las masas enardecidas de la derecha, tanto civilizada como la montuna, a Pablo Casado, soseras incapaz de perder la compostura, que no logra desprenderse de la sensación de faltarle agilidad o ingenio para convencer incluso a un partidario.










