Al socaire

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¡Ay, Carmena!

1 abril, 2016 By amarias 1 comentario

Como en mi casa no caben ya más libros, pero las bibliotecas públicas están cada vez más surtidas, sigo leyendo mucho y rápido, pero compro pocos. Uno de los últimos es «Por qué las cosas pueden ser diferentes (Reflexiones de una jueza)» (Ed. Clave Intelectual, 2014). Autora: Manuela Carmena. El ejemplar que tengo corresponde a su 6ª Edición.

La portada es una foto de la alcaldesa actual de Madrid, de pie, con las manos sobre el manillar de una bicicleta que, si la vista y Google no me engañan, es un artefacto de la marca y subespecie Specialized Expedition Sport FR Mujer 2014, accesible por 529 euros. La magistrada-jueza lleva zapatos de tacón, lo que indicaría que no viene precisamente de un paseo por el bosque, y la instantánea está tomada, seguramente, en su casa -se ve el arranque de una escalera de caracol, y hay un cuadro de una joven Manuela, pensativa, con una mirada algo melancólica.

En la imagen más actual, la agarrada a la bicicleta, Manuela mira a la cámara desde arriba, con la inconfundible expresión del que piensa: «A ver si terminas de una vez, que tengo otras cosas que hacer».

Me apresuro a decir que me cae bien esta señora. La defiendo siempre que ha lugar -y no faltan- porque siento que es de los míos: no hemos hecho nada de relumblón, de eso que el stablishment considera importante (yo, por lo menos, hasta ahora; ella, hasta mayo de 2015), pero lo tenemos currado, y bien curriculado. Manuela Carmena lo cuenta en su libro, con detalles que, si no se tienen puestas las gafas de entender, podrán parecer un tanto triviales, acaso, ñoños. Tal vez, presuntuosos.

Ni hablar. Su vida es una vida muy seria, consistente, coherente de principios a fines. Así me parece, y no la conocía de nada, ni la conozco más que de lo que he leído y visto, de ella y sobre ella. En parte, su vida es la de una pulpesa en sempiternos garajes. Salir viva, incluso de atentados mortales, es un milagro.

La que sería alcaldesa -la primera edición de este libro data de abril de 2014- nos cuenta, al final de sus páginas, que en 2013 constituyó la sociedad «Yayos Emprendedores S.L.» Por si me lee un marciano, yayos son los abuelos, porque la autora quería «transmitir la idea de que los abuelos, los viejos, tenemos una enorme capacidad de emprender, de idear y de inventar». Y más adelante: «Los viejos emprendedores podemos ser como una especie de puente de todo el causal de nuestras vivencias para los que ahora están comenzando sus propias vidas personales o sociales» (pág, 285).

El libro no tiene desperdicio, y entiendo bien que lleve muchas ediciones. Es una confesión de una campaña persistente, personal, en algunos momentos, íntima, en un campo de batalla. Puede ser tenido por la labor de una mezcla de dama de la Cruz Roja con uniforme de coronela de intendencias. Lo leí con fruición, que es un antídoto estupendo contra la vulgaridad que nos rodea.

Manuela Carmena es de mi partido político. En él militan muchas gentes independientes -no pocos de entre ellos, se consideran centro, pero que no saben lo que son en realidad-,  algunos pertenecen a las derechas prudentes, no pocos vienen de la izquierda consecuente, quedan unos pocos de la izquierda irredenta.

No me importa lo que piensan, sino lo que hacen. No se ponen a discutir lo que hay que hacer, ni se pasan días perfilando puntos de coincidencia que no encuentran en los programas, no se preocupan de colocar a la familia o amigos en los lugares para los que tienen alguna mano. Tratan de agrupar, reunir, sacar lo mejor de los equipos que tienen a sus órdenes; y, aún más curioso, dan pocas órdenes; señalan las rutas con el ejemplo.

Me llamó la atención, en especial, el tratamiento que la jueza-magistrada hace de la observación de la corrupción en la Justicia. Si hay algo más antagónico, supongo, es Justicia-Corrupción.

Hace Carmena un buen análisis de las oposiciones a juez, que compartimos muchos. El esfuerzo por la memorización de temas jurídicos sin conexión con la sociedad, la dura preparación para la oposición como meta y no como salida (el retruécano es mío), la falta de experiencia en la vida real para juzgar, justamente, casos reales, etapas que jalonan un currículum tempranero que superan jóvenes de menos de 30 años para «adquirir seguridad» y que, desde entonces, se ven encumbrados al poder de decidir sobre la vida de los demás.

Pero donde lleva la cesta llena de sembrar asombros a ignorantes es cuando nos cuenta lo que descubrió en su paso por los Juzgados. La tasa PSC (Por si cuela), las ayudas a algunos funcionarios para que se pierda algún expediente, las dietas  oscuras, el reparto «aleatorio» de los asuntos. la asignación de interventores concursales por complicidad.

Es una lástima que no haya pasado por el mundo de la empresa, porque nos hubiera ilustrado, con su desparpajo -el del que está de vuelta y ha sobrevivido- sobre lo que ha tenido que suceder en las relaciones entre las administraciones públicas y los contratistas. Nos ahorraríamos así muchos ayes y manos a la cabeza.

La abuela Carmena está ahora en una nueva batalla, de la que no sé si saldrá un nuevo libro, pero de la que sí deseo que salga, no solo incólume, sino reforzada. No se cuánto lleva analizado de ese Ayuntamiento de Madrid en el que no le faltarán capítulos para llenar con anécdotas. Si tiene tiempo para invitarme a un café con pastas, yo puedo contarle algunas historias enjundiosas.

Y, por favor, que en la próxima portada, se haga fotografiar con zapatillas de deporte, chándal y bicicleta de montaña. No hace falta que sean de marca, basta con que le funcionen dos o tres marchas, que hay mucha oferta de segunda mano.

 

 

 

Publicado en: Actualidad, Administraciones públcias, Administraciones públicas, Cultura, Derecho, Economía Etiquetado como: alcaldesa, clave intelectual, corrupción, cosas, diferentes, libro, Madrid, Manuela Carmena

La teoría del pacto

25 mayo, 2015 By amarias Deja un comentario

Los resultados de las elecciones municipales y autonómicas en España en 2015 han servido para poner de manifiesto varias cosas, que los especialistas en analizar a posteriori -lo que tantas veces no han sido capaces de predecir-, se encargarán de remover una y otra vez, sacándole todo el jugo posible.

Como el mayor interés del presente descansa en producir los hilos que sirven de apoyo para construir un futuro mejor, me gustaría compartir algunas reflexiones sobre las consecuencias de los posibles pactos que supondrían alcanzar las mayorías para garantizar lo que se ha dado en llamar «estabilidad de gobierno».

Desde luego, este análisis debe tener en cuenta la diferente situación que se presenta según se trate de municipios o de autonomías, de acuerdo con la legislación que rige la interpretación de los resultados en los comicios. En los Ayuntamientos, el alcalde electo es el cabeza de la lista más votada, aunque si no tiene la mayoría simple, un pacto entre otros partidos puede suponer que esta coalición post electoral le arrebate la alcaldía, en la votación de investidura.

En Madrid, parece seguro que un pacto entre Ahora Madrid y el PSOE hará a Manuela Carmena alcaldesa de la capital de España, aunque Esperanza Aguirre haya capitaneado la lista más votada, con un concejal más que los conseguidos por esa agrupación controlada por Podemos. El talante conciliador de Carmena, su serenidad como valor personal y los mensajes con irrefutable presunción de sinceridad por los que la candidata expresa su voluntad de tender puentes entre los extremos ideológicos de la ciudad, predisponen a suponer que dará a esta ciudad la dosis de apaciguamiento colectivo que precisa.

Bienvenido sea el pacto, pues, a posteriori de las votaciones, si bien quiero poner de manifiesto que los pactos entre partidos con características ideológicas marcadas no suelen funcionar. No sirven para generar estabilidad persistente durante la legislatura -acaban rompiéndose por los motivos más diversos, incluidos el trasfuguismo de alguno de los representantes- y, sobre todo, tienen el grave riesgo intrínseco de hacer perder la visibilidad de la identidad del partido que ha entrado como minoritario en la coalición, que arriesga por ello el que en las próximas elecciones sea castigado, tanto si las cosas han ido bien como, sobre todo, si han ido mal.

En fin, me apresuro a señalar lo que considero el factor diferencial de Madrid en estas elecciones, y su valor para avanzar en democracia.

Porque creo que el gran mérito de Ahora Madrid y del PSOE en esta jurisdicción no ha sido poner de relieve las diferencias ideológicas, sino el haber hecho pivotar la campaña en dos candidatos de consenso, razonables y serios: Manuela Carmena y Angel Gabilondo.

Ambos serían buenos alcaldes, en cuanto representan el buen sentido plural que debe presidir una sociedad madura y progresista, y en donde el primer regidor, precisamente por vivir el día a día de la ciudad, ha de estar lo más lejos posible de las discrepancias teóricas para atender a la solución de los problemas diarios y la mejora de la población en la que viven.

Como Gabilondo no compite por la alcaldía, ya que figuró en la lista del PSOE para la Presidencia de la autonomía, la posibilidad de que pudiera haber sido ese buen alcalde que Madrid necesita pertenece al terreno de la imaginación. Y en el campo que le compete, no tiene opciones reales de batir a Cristina Cifuentes, a la que, -y lo digo sin solicitar el perdón a mis amigos de la izquierda razonable, ni pretender el aplauso de mis amigos de la derecha liberal-, veo como una potencial buena presidenta de la Comunidad de Madrid, dotada también del sentido conciliador y positivo que necesita esta sociedad vapuleada por la crisis, la corrupción y la incomprensión hacia el que piensa lo contrario, sin saber matizar por qué.

Tendremos en Madrid, pues, si mis previsiones son correctas, dos pactos de signo diferente: PP y Ciudadanos, para aupar a Cifuentes a la Presidencia de la autonomía, y el de Ahora Madrid (con su núcleo en Podemos) y PSOE, para que Carmena sea alcaldesa. Más emoción, casi imposible. La teoría del pacto, puesta a prueba.

 

Publicado en: Actualidad, Política Etiquetado como: Ahora Madrid, alcaldesa, autonomía, carmena, carmona, cifuentes, elecciones, Gabilondo, Madrid, pacto, presidenta, PSOE

Pongamos que hablo de Madrid (y 8)

26 abril, 2015 By amarias Deja un comentario

Esta es la última entrada que acojo bajo el título de la popular canción de Joaquín Sabina, que tantas veces escuché en el coche, de camino entre Madrid y el norte y el sur de las Españas. Quienes hayan tenido la curiosidad de leer mis comentarios sobre la capital, en un momento de crisis económica y cultural, y conozcan la letra, habrán podido apreciar que no hay apenas distancia afectiva entre las dos visiones.

En una nota al final de esta entrada, copio la letra de Sabina, al que envío un saludo desde aquí. A mí, que me lleven al norte, por favor.

8. Respecto a las opciones razonables para mejorar la ciudad. La vida enseña a ser prudente, pero la historia muestra a las claras el destino de la inmensa mayoría de los que se arriesgan. Pretender cambiar la fisionomía de una ciudad, que es el resultado de siglos de convivencia (y de tensión) entre los elementos económicos sociales que la conformaron, sería una maniobra contra la Historia.

Sin embargo, no han faltado en la trayectoria de las ciudades, momentos en que se produjeron intromisiones sobre su evolución natural. Ha habido guerras, incendios, terremotos, inundaciones, políticos visionarios o ególatras, urbanistas ilustrados o herejes, etc., que han dejado su huella en muchas ciudades. A veces, son heridas en el escenario urbano; otras, como obras  forzosamente incompletas, inacabadas o reconducidas, producen la sensación de que se ha desperdiciado una excepcional oportunidad de conseguir Utopia.

El individualismo, la pretensión de dejar una huella para el futuro del paso por la ciudad de personajes y personajillos, es un elemento característico de la época en que vivimos, que se superpone a un feroz utilitarismo. Frente a bloques de hormigón anodinos, conformando colmenas para asentar habitantes en sus nichos de vivencia particular, han proliferado también supuestos monumentos a la megalomanía de quienes han dispuesto de dineros, públicos o privados, para poner su sello en la ciudad.

Madrid tiene, claro está, muchos ejemplos de este proceder, que ofrecen un resultado conjunto caótico. Aceptemos que es símbolo también de la ciudad, y forma parte del desprecio a la estética que se ha adueñado del hombre moderno, amenazando con constituirse en característica consuetudinaria. Plazas sin la menor gracia, sedes corporativas que solo rivalizan en ser más altas, más aparatosas, menos prácticas que caprichosas, se han adueñado del perfil de Madrid. Desde la plaza de Castilla hasta la Avenida del aeropuerto de Barajas, o desde la salida hacia Burgos, la avenida del Loira,  como desde el camino paralelo a la autovía A-6 que conduce hacia las poblaciones del norte, los ejemplos son múltiples, los resultados, saltan a la vista, dañándola.

Admitámoslo, pues. Más que en el urbanismo, la respuesta a la mejora de los ámbitos de convivencia, habrá de estar en propiciar puntos de encuentro de la ciudadanía, en la que se ponga en valor al individuo, incluso a pesar del paisaje urbano. No faltan aquí salones de actos, preparados para acoger conferencias, exposiciones, propiciar intercambio de opiniones, difundir conocimientos. Soy habitual, cuando mis ocupaciones me lo permiten, de algunos de estas convocatorias, en las que se cumple bien la observación, por los asistentes habituales -prejubilados y jubilados en su mayoría, hoy entre el público, pasado mañana en los atriles- de que «en Madrid, o das una conferencia, o te la dan» (Eugenio d´Ors).

Lamentablemente, pocas veces, a pesar del interés de esos actos, cuentan con una asistencia masiva. Madrid, aunque tiene una gran oferta cultural e intelectual, no mueve multitudes, salvo para asistir a un concierto de estrellas de la canción, o un partido de fútbol de sus equipos señeros. Entonces, sí, se colapsan las arterias alrededor del Palacio de deportes, el Bernabéu o el Manzanares.

El Rastro, los museos, e incluso los recintos feriales, concentran más a curiosos -en este caso, turistas más que locales- que a elementos activos. Las procesiones de Semana Santa, en su ámbito, no son prueba de religiosidad, sino parte del folklore. Y así, más ejemplos podría exponerse.

Necesita Madrid una corporación municipal que viva la ciudad, la anime con su ejemplo, y se vuelque en interés del ciudadano normal, ese ser anónimo que tiene escasas veces la oportunidad de manifestar lo que le hace más feliz. ¿Ha asistido el amigo lector al espectáculo de convivencia ciudadana que implican las fiestas de barrio, allí donde existe iniciativa para organizarlas? ¡Qué nostalgia de lo que puede ser el pueblo de Madrid, cuando se le convoca a pasar un buen rato, sintiendo al otro, como debió ser el viejo Madrid!

Libérese la ciudad de la tenaza de la excesiva burocratización, del falso control policial, de la cutrería y la pijería (orgullo de la ostentación del poder fatuo), y dése entrada a la sencillez, poténciese la manifestación cultural al alcance de todos, difúndase impulso de convivencia y solidaridad. Menos rotondas sin acceso posible, fuera coches inundando espacios peatonales y obturando arterias, persíganse ruidos molestos, revísense los circuitos de los transportes públicos, cuídese la limpieza de cada barrio (especialmente, los de fuera del casco central), impúlsese el adorno sencillo de los balcones, adecéntese las fachadas, elimínense los infectos solares abandonados…

En lo que respecta a la generación de actividad económica en Madrid, el modelo exige especial profundización, para no caer en clichés ni en peligrosas inercias: hay que involucrar al empresariado existente (particularmente, al responsable de las grandes empresas), promocionar las iniciativas privadas, orientar a los inversores. Son tópicos, sin embargo. Porque esas ideas generales se cruzan con otros principios igualmente comunes, aunque menos conocidos: las multinacionales solo mantendrán sus sedes próximas a los mercados (o a los centros productivos) si les compensa la obtención marginal de beneficios; los particulares que generen emprendimientos tienen peligrosa tendencia a pensar en local, lo que vincula su perspectiva de negocio a un entorno geográfico y de información reducido; los políticos carecen, en general, de la menor formación empresarial y, cuando la tienen, es muy probable que se encuentren prisioneros de sus relaciones anteriores.

Solamente desde un debate abierto, lo más transparente que sea posible en relación con la confidencialidad de estrategias de empresa, y en la que los inversores particulares puedan encontrar orientación para que sus dineros no se pierdan en la vorágine engullidora del fracaso, se conseguirá dinamizar de manera permanente una estructura productiva, comercial y de consumo. No soy estatalista, al contrario. Soy pragmático. Incluso los más avezados defensores del libre mercado hacen trampas en sus solitarios: a las pruebas me remito.

Y, por supuesto, es un despilfarro permanente que Madrid esté formando tantos y tantos jóvenes, universitarios o no, y no sea capaz de aprovechar mejor su fuerza vital, su creatividad real y potencial. Hace falta dar un vuelco a la forma de enseñar, implantar masivamente la formación dual, generar líneas coherentes de apoyo a las nuevas empresas y proyectos imaginados desde la Universidad y las Escuelas de Formación,…Creerse, en fin, que vivimos en colectividad y que esa colectividad está imbricada felizmente con el resto de España, de la que es impulso, modelo, banco de pruebas efectivo.

En las próximas elecciones municipales, me temo que los futuros representantes políticos se enzarzarán en prolijas, e inútiles, discusiones sobre malversación de fondos públicos, corruptelas varias, personalismos de charanga. Algunos dirán que hay que dar la voz al pueblo, para que elija, en permanente consulta, lo que desea que se haga.

Estoy de acuerdo en que hay que escuchar a todo el mundo, pero, sobre todo, hay que tener la claridad de ideas, la honestidad, la inteligencia, de saber decidir.

Y me viene a la memoria la magnífica entrevista que un periodista con excepcional habilidad, JordiEbole, hizo al actual presidente de Bolivia, Evo Morales, mientras visitaba con él un pueblo  en el que se acababa de inaugurar un polideportivo. Simultáneamente, presentaba las imágenes de unos niños bebiendo agua de un regato infecto. «¿No cree que hubiera sido prioritario haber mejorado el servicio de agua potable?», preguntó al político que acababa de ser aclamado por las gentes que había llenado el nuevo recinto. «El gobierno ha dado al pueblo lo que éste le pidió como más urgente», fue, más o menos, la contestación.

Magnífico ejemplo acerca de la necesidad de que el dirigente político no olvide las prioridades objetivas. Porque el pueblo, no siempre puede sacudirse de encima la ignorancia acerca de lo que es más conveniente, e, incluso, imprescindible. La educación la ciudadanía forma parte fundamental del ejercicio por la optimización de la polis, y no se suple con demagogias ni oportunismos trapaceros, sino que se ahoga en ellas.

FIN

——-

Letra de «Pongamos que hablo de Madrid», de Joaquín Sabina

Allá donde se cruzan los caminos,
donde el mar no se puede concebir,
donde regresa siempre el fugitivo,
pongamos que hablo de Madrid.

Donde el deseo viaja en ascensores,
un agujero queda para mí,
que me dejo la vida en sus rincones,
pongamos que hablo de Madrid.

Las niñas ya no quieren ser princesas,
y a los niños les da por perseguir
el mar dentro de un vaso de ginebra,
pongamos que hablo de Madrid.

Los pájaros visitan al psiquiatra,
las estrellas se olvidan de salir,
la muerte viaja en ambulancias blancas,
pongamos que hablo de Madrid.

El sol es una estufa de butano,
la vida un metro a punto de partir,
hay una jeringuilla en el lavabo,
pongamos que hablo de Madrid.

Cuando la muerte venga a visitarme,
que me lleven al sur donde nací,
aquí no queda sitio para nadie,
pongamos que hablo de Madrid.

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Pongamos que hablo de Madrid (7)

25 abril, 2015 By amarias Deja un comentario

Madrid es una ciudad dinámica, no cabe duda. Como en toda gran ciudad, y máxime siendo la capital de un Estado de los llamados desarrollados, múltiples factores interactúan continuamente, configurando una realidad con múltiples facetas.

Madrid es también una ciudad deforme. Su crecimiento  ha sido desmedido, y en él,  ha predominado la especulación sobre el suelo -el agotamiento de un suelo definido como urbanizable a capricho de una normativa dirigida por voluntades avariciosas- frente a la planificación (que, en una metrópolis, significa, sobre todo, contención y limitación al desarrollo indiscriminado).

La ciudad y el Area Metropolitana han pasado por los arcos del triunfo de intereses particulares, muchos de ellos, ocultos en las oscuridades de la toma de decisiones, todos los planes de urbanismo que en su mundo han sido.

¿Este crecimiento en el número de los habitáculos está justificado por el aumento paralelo de las fuentes económicas que permitirían garantizar el nivel adquisitivo de sus pobladores? En mi respuesta rápida, no tanto. El desequilibrio urbanístico, con la aparición y crecimiento de barrios marginales, ý áreas de asentamiento del «lumpen proletariat» que vive en una cuarta dimensión de la ciudad,   ha provocado también la acumulación de viviendas vacías -¿a la espera de una reactivación del mercado inmobiliario?-  en zonas incluso de supuesto alto standing… encuentra su reflejo en la precariedad de no pocas de sus fuentes de vitalidad económica, que se han destruido para siempre.

En este análisis informal de la identidad de Madrid y su problemática, es necesario abordar la cuestión de los elementos que configuran su economía. ¿De qué vive Madrid y, hasta donde sea posible preverlos (en mi modesta y particular apreciación), cuál es la capacidad de adaptación, innovación y resistencia de sus soportes principales?

7. Respecto al sostenimiento económico de la ciudad.- En el momento en que escribo estas reflexiones, España está aún inmersa en una grave crisis de actividad y empleo, que ha generado una pérdida de más de cinco millones de empleos declarados (es decir, respecto a la población activa registrada en su momento álgido);

El empleo total en la Comunidad de Madrid gira en torno a los 3,2 millones de personas, siendo el número de desempleados de unos 700.000. Indico los órdenes de magnitud, no porque carezca -en absoluto- de sensibilidad respecto a las situaciones individuales, sino por ayudar a que el lector se sitúe en el paisaje laboral. En la capital, desde 2006 (enero) hasta 2015 (marzo) el número de parados se ha duplicado (pasó de 113.000 a 230.000).

El crecimiento del número de parados ha venido paralelo, sin duda, aunque no lo reflejen las cifras oficiales, con el aumento de la economía sumergida. Basta darse un paseo crítico por los interiores de la ciudad para detectar el creciente número de acompañantes (latinoamericanos, fundamentalmente) de ancianos con avanzados grados de demencia senil, domésticas acarreando niños a los colegios y escuelas, obreros de la miniconstrucción (rumanos, rusos, marroquíes, principalmente) asumiendo trabajos de pintura y retabicado en viviendas particulares y reparando averías o tapando grietas en las calles y aceras, ayudantes ocasionales en bares y comercios, etc….

La mayor parte de los que tienen empleo en la Comunidad están censados en Madrid capital (2,8 millones), y de ellos, más de 420.000 son funcionarios (el 15%). Respecto al total de la población,  como se suele repetir con énfasis, hay 1 funcionario por cada 15 habitantes, aproximadamente (6% de la población). Teniendo en cuenta que hablamos de la capital de un Estado y que allí reside teóricamente el núcleo duro de las decisiones económicas y políticas, no parecen muchos. Al contrario, reflejan que el país se ha perdido en una descentralización, que ha generado muchas duplicidades e ineficiencias.

Lo que ya no puedo garantizar es que todos esos funcionarios tengan algo que hacer, aunque sí proclamo que todos deberían estar muy ocupados si tuvieran quién les dirigiera adecuadamente.

Pero esa es otra historia.

Madrid construyó la base su crecimiento desmesurado entre los años 40 y 70 del siglo XX, actuando como foco de atracción de la inmigración interior y de la internacionalización parcial de la economía, en las que las multinacionales intuyeron las perspectivas de aprovechar el impulso consumista latente en el español. Vivir en Madrid era más caro, pero había mejor nivel.

Todo eso ha pasado a ser pura fantasía en la segunda década del siglo XXI.

Madrid es ahora bastante más barato (al menos, para los que saben comprar y se molestan en patear la ciudad) que muchas ciudades de provincias, pero se vive bastante peor, agobiados los habitantes por la lejanía entre los centros de trabajo y los lugares de residencia, la ausencia de tiempos libres, la escasez de espacios de relax, la falta de lugares de auténtico encuentro y participación colectiva. Las variaciones de precios entre comercios son exageradas, pues los comerciantes se aprovechan del escaso tiempo que tiene el comprador para comparar, y, en ciertos casos, también cuenta el abono a la pijería de querer comprar en ciertos comercios «porque tienen garantía de calidad».

No me engaño con las cifras de la hipotética recuperación económica de España y de Madrid. No la veo. Una cosa es que las grandes empresas consigan beneficios, que los ejecutivos que cobran sus buenos sueldos (¿les pagan también también por ello?) difundan optimismo, y otra muy distinta es el pulso que se percibe en la calle. Hay más pobres, (pedigüeños visibles como vergonzantes), se ven más comercios cerrados, existen permanentes stocks en liquidación por supuesto cierre de negocio «por jubilación de su dueño», proliferan locales vacíos que ofrecen acumulan suciedad a sus puertas que antesdeayer eran sucursales bancarias, delegaciones de empresas.

Eso sí, cada dos por tres se encontrará una parafarmacia, un bareto-restaurante con tufillo a aceite de girasol quemado, una franquicia de un supermercado de cercanías, una peluquería bi-sex (?), un comercio regentado por una familia china (ahora, también, de marroquíes), …en muchos de ellos, no faltará el amigo de raza negra y procedencia desconocida que nos abrirá la puerta en solicitud de alguna ayuda para subsistir. En el centro, la calidad de los productos mejora: tiendas de los múltiples nombres comerciales de Zara, o del Corte Inglés, Sánchez Romero y delicatesen, farmacia 24 horas, Rodillas, cafeterías con mesa de mármol y café a tres euros, y…pedigüeños a la entrada y cada diez metros, flanqueando el itinerario de la complacencia.

Las telecomunicaciones han reducido y siguen reduciendo ferozmente los puestos de trabajo disponibles. Se puede comunicar más rápido, mejor, con menos intermediarios  cualquier decisión o adoptarla. Y esos puestos de trabajo que formaban secretarias, administrativos, bancarios, bedeles, carteros, conductores, mecanógrafos, agentes de viajes, comerciales, etc., etc., se han perdido para siempre.

Y no se van a recuperar por muchos programas informáticos que queramos enseñar a los jóvenes, ni mucha adaptabilidad o iniciativa privada que se preconice o pretenda estimular desde arriba.

Hace falta un nuevo modelo de ciudad para Madrid, y no será fácil construirlo. Tendremos Madrid convertida en una Smart city, es obvio, cualquier cosa que sea eso, y como les gusta denominar a los políticos que están a la última en poner nombre a las añagazas del desarrollo. Habrá, por impulso de la necesidad y de los hechos ajenos, más coches eléctricos (y menos coches), más trabajo a realizar en el hogar (y menos trabajo) , más geriátricos (y más caros), una atención sanitaria pública despersonalizada (y…¿menos eficiente?), hospitales privados muy buenos (para quienes puedan pagárselo), nuevos planes educativos selectivos (unos formarán élites; los más, a desorientados o incluso, a desgraciados), etc.

Tendremos una sociedad aún más dual. Puede que, incluso, con varias capas: con sedimentos económicos muy rígidos, anquilosados por la presión de los que se encuentren arriba. Madrid sufrirá de esa dicotomía muy especialmente, porque es una ciudad desconectada socialmente, en la que el anonimato impera. Eso era una ventaja hace décadas; hoy, ser un animal que pasa desapercibido entre otros semejantes que van a  lo suyo, preocupados con lo que les compete, es una rémora.

No se si estamos a tiempo de corregirlo. Como en el caso de la amenaza del calentamiento global, estamos muy avanzados en el diagnóstico, pero no parece que nos preocupe colectivamente el hallazgo de las soluciones.

(Continuará)

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De políticos y canciones

1 abril, 2015 By amarias 1 comentario

Una de las obras maestras de la literatura, de esas pocas creaciones de las que se puede disfrutar aunque por ellas hayan pasado siglos, guerras, pueblos y costumbres, es la Canción de Rolando (La chanson de Roland). (1) Sin detenerme a detallar el argumento -que los jóvenes bachilleres de mi generación recordarán, al menos, a grandes rasgos- apunto aquí solamente, para los que se contentan ahora con un par de brochazos, que el anónimo cronista detalla una traición y una proeza.

El héroe Rolando muere, junto a sus seguidores, tras sostener una imposible batalla contra un enemigo (no importa hoy al caso que allí sean seguidores de Mahoma), muy superior en número y que, además, por la felonía de un alto noble, familiar envidioso del elogiado, cuenta con la ventaja de la sorpresa.

Rolando se resiste valerosamente, vende cara su segura derrota y, solo cuando conoce que su muerte, herido ya mil veces, es inmediata, accede a la súplica de los suyos de pedir ayuda a Carlomagno, que está volviendo con el grueso del Ejército a sus palacios, y cuya retaguardia estaba protegiendo. Toca el olifante; el emperador acude y venga su muerte, consiguiendo una victoria total.

La Canción que aquí se escucha más en esta época no es la de Rolando, sino la de Robando. No es, por supuesto, ésta última, un episodio épico, ni arrastrará gloria alguna para sus protagonistas, que no son héroes, sino villanos.   No hay gesta, sino malicia. Se baten, sí, utilizando artilugios y artimañas, pero contra las mesnadas de la verdad y la justicia. Sus recursos son la esperanza en la superación de los plazos, la prescripción de sus delitos, la confianza en una artificiosa defensa legal, el beneficio del preciado indulto y, a no desdeñar, el cansancio colectivo, el olvido de los pecados, la redención por la expiación singular del tú-también.

En esta batalla trapacera, constituida en ceremonia de la confusión, en la que casi nada es como parece, y las promesas de ayer no son más que espejismos, y es imposible conocer si la solución está al alcance y si los que están al mando han tocado el cuerno para pedir más auxilios para ellos o para todos, se precisa que alguien ponga serenidad, ofrezca calma.  Ya está bien de mensajes en que los buenos son siempre los nuestros y los malos, los que militan con los otros.

Las elecciones de mayo, al menos en Madrid, ofrecen una oportunidad excelente para probar la capacidad de ciertas personas, a despecho de partidos, e incluso de ideologías.

Se trata de poner fin a la Canción de Robando, y recuperar, sino a los héroes, al menos, a los honestos y serios. Con su ejemplo, los demás ciudadanos, volveremos a las tareas propias despojándonos de la obsesión por criticar las ajenas. Necesitamos obtener la tranquilidad de que al mando del sistema tenemos personas creíbles, capaces de controlar la presumible presión de sus partidos, eficaces coordinadores de sus equipos, geniales impulsores de las ganas de todos, empeñados en hacer las cosas bien, y en obligarnos a todos a que hagamos lo que nos corresponda lo mejor que sepamos.

Hay una remota posibilidad de que Angel Gabilondo (cabeza de lista por el PSOE para la presidencia de la Comunidad de Madrid) y  Manuela Carmena (encabezando la variopinta relación de inquietudes que aglutina Podemos/Ganemos Madrid/Etc.), resulten ganadores en las elecciones de mayo.

No hago propaganda de partidos, que no me interesan. Tampoco me prodigo en el elogio de personas, aunque la vida me ha proporcionado la oportunidad de conocer a muchas, varios miles.

Me refiero a los dos citados porque son gente culta, y dan una imagen tolerante, inteligente, pacífica. Resultan ser gente experimentada, abierta, tranquila. No los veo fanáticos, sino aficionados al arte de pensar qué será mejor, y tratar de llevarlo a término.

Si no tuvieran un partido detrás, los votaría sin dudar. Supongo que bastante gente los votaría también. El que sean cabeza de lista de una agrupación política, me obliga a analizar con sumo cuidado el resto de los que la forman, sus tensiones internas, su homogeneidad ideológica, la trayectoria de sus miembros, sus declaraciones y experiencia concretas; por no hablar, de la coherencia de sus postulados con lo que yo entiendo que es practicable, razonable, oportuno…Muy complicado.

Y ahora viene la mayor carga de arena. Temo que, si los que indico más arriba fueran elegidos en las urnas, no duren en sus puestos mucho tiempo. Intuyo que, cansados de no poder hacer aquello que pensaban, desanimados por la tensión que provoca tener que avanzar entre zancadillas más que contando con apoyos, acabarán dimitiendo. Mayor probabilidad de tal posibilidad de abandono atribuyo, claro está a Carmena que a Gabilondo. No en vano este último ha sufrido ya en sus carnes la desilusión de no llevar a cabo lo que le parecía sensato, y le creo, por ello, más curtido en aguantar las heridas de la falta de acuerdos.

¿Conseguirán resistir los embates? ¿Seguirán fieles, como Rolando, al mantenimiento de su posición (que no de su puesto), sosteniendo su credibilidad? ¿Aguantarán traiciones, felonías, deserciones? ¿Elegirán a sus equipos de entre aquellos que estén dispuestos a luchar hasta el fin, o sucumbirán a presiones? ¿Tocarán el cuerno para pedir ayuda demasiado pronto, demasiado tarde, nunca?

Si se produce ese imposible de tener a dos personas de ese peculiar talante a la cabeza de las  instituciones más próximas a los madrileños, se abrirá un período muy interesante.  También por su edad (que otros juzgarán provecta), debe venir la enseñanza de serenidad que echamos de menos en la caldera de la crispación que otros alimentan.

—

(1) Rolando es, en la adaptación habitual al castellano, Roldán. Pero a mí me gusta recordar el original más fielmente.

Publicado en: Actualidad Etiquetado como: alcaldía, Angel Gabilondo, carmena, elecciones, Gabilondo, Madrid, Manuel Carmena, mayo, política

De corbata

11 junio, 2014 By amarias Deja un comentario

El Banco de Santander anuncia el final de la crisis económica española, del brazo de varias autoridades en el tema de vender optimismo, porque para eso les pagan: el ICEX, y varios miembros del Gobierno Regional de la Comunidad madrileña, la Directora General de Madrid Excelente, el Presidente de Avalmadrid, Consejeras, Decano de la EOI, etc.

Lo ha hecho en el marco de una Jornada que, celebrada el 11 de junio de 2014 tenía el apasionado título «Las pymes ante la nueva etapa de crecimiento». La inauguración oficial duró hasta las 10 h20m, lo que redujo el tiempo disponible para la «conferencia magistral» de Rafael Pampillón, catedrático de la San Pablo CEU que, ante tan selecto auditorio (los inauguradores ya se habían ido), optó por dar unas cuantas pinceladas de lo mismo.

Había muchas, muchísimas, corbatas rojas en el auditorio que, como el lector conoce, es el distintivo corporativo de los trabajadores del Banco de Santander (cerca de mí, en el Salón de Actos, uno de ellos comentaba a su acompañante que también se había puesto calzoncillos de ese color, lo que ya no me consta que sea obligatorio).

Hace unos días, empleados de Tecnocasa me explicaron que la corbata verde era obligatoria para ellos, y yo, que presumo de pintar con fondo neoexpresionista, asocié a propaganda inmobiliaria la corbata de ese mismo color que llevaba, desde su abdicación, nuestro ciclotímico casi ex-rey (cuando esto escribo), D. Juan Carlos Primero de España y Nada de Alemania.

Vuelto a andar por do solía, agarré de las estanterías mi tesis sobre «Planteamiento de una estrategia industrial a partir de la experiencia reciente», escrita en 1989, y releí las Conclusiones de la misma. Estaba dedicada a la situación de Asturias, pero tenía intención de valorar la aplicación de lo que allí decía al resto de España.

Me acometió una tristeza sobria, un penar de tono desasosegado. Decir aquí que todas las Conclusiones que extraía hace 25 años me parecen, hoy, completamente válidas, parecerá una agresión o una petulancia.

Pido perdón. Sobre todo, por apuntar aquí, en este blog que pretende ser tan serio, los temores y asechanzas que se me pusieron de corbata.

Publicado en: Actualidad, Economía, Sociedad Etiquetado como: Banco de Santander, Comunidad, Excellent Talks, Madrid, Pampillón, Polacci

No es un Cuento de invierno: Minutos de reflexión

11 marzo, 2014 By amarias 1 comentario

Hace diez años, varias bombas controladas a distancia explotaron en cuatro trenes de cercanías de la capital de un país real, que tenía cierto parecido con el de Valgamediós, aunque la principal diferencia era que en aquel país no había mucho lugar para la fantasía.

El atentado terrorista que padeció Madrid cambió muchas cosas. Para algunos, de forma definitiva. Los artefactos explosivos mataron a 191 personas y causaron heridas físicas de diversa consideración a más de dos mil. Hubo también miles de heridos síquicos, quizá millones, porque a éstos sería imposible contarlos, ya que, como es natural, la mayoría no solicitaron tratamiento.

Cuando se propagó la información de que la capital de España había sido elegida por las fuerzas del mal para hacer una exhibición cruel de su minúsculo poder, hubo algunos que pensaron de inmediato que el atentado era obra de los terroristas que tenían instaladas sus tiendas junto a las nuestras, los «asesinos de casa», por así decirlo. ETA, de la que se creía conocerlo todo.

Era el momento de estar más unidos que nunca contra ese enemigo interior que había hecho de la extorsión y el miedo su forma de vida.

No era fácil imaginar, desde la sorpresa inicial, que los atentados tenían como autores a un grupo de fanáticos religiosos que reinterpretaban, manchándolas de sus odios, las voluntades por las que Dios había sido creado, y que querían, por encima de todas las cosas, hacer daño, cuanto más daño, mejor, sin importar a quién. Los yihadistas, de los que se sabía muy poco.

Estos asesinos con talantes medievales y artefactos de hacer daño modernos, no se estrellaron con un avión que ellos mismos conducían. No se inmolaron con sus víctimas. Pudieron disfrutar del momento de gozo de conocer que su operación había tenido el éxito que esperaban: la masacre de centenares de personas a las que no conocían de nada; generar la desesperación y el miedo de miles de desconocidos; abrir las especulaciones de millones de hombres y mujeres que se preguntaban para qué se había asesinado a tantos.

Se han guardado desde entonces, en los lugares más dispares, muchos minutos de reflexión. Como es sabido, en los minutos de reflexión, las gentes se ponen de pie, guardan silencio con la mente generalmente en blanco, y esperan que el tiempo, que parece en esos casos terriblemente lento, pase de una vez. Después, aplauden o gritan, aunque -convencidos a priori de que no pueden hacer nada más-, sencillamente, vuelven por donde solían.

La fecha del once de marzo de 2004, para muchos españoles y, en especial, para quienes han sufrido las consecuencias del atentado directamente, está marcada de rojo en el calendario de sus vidas.

También lo está, por razones muy diferentes, para quienes han instigado y participado o colaborado en el atentado.

Algunos de ellos -no podemos dudarlo- están muertos, o en la cárcel.

Pero, con seguridad, hay decenas, quizá centenares de seres diferentes -no podemos llamarlos semejantes-, para los que este día significa un momento de gozo, de triunfo. Me escalofría saber que, dos años después del atentado, un 16% de los musulmanes que vivían en España simpatizaban con la acción terrorista.

Puede que sean miles quienes, al escuchar que las víctimas y sus familiares y la inmensa mayoría de quienes están a su lado en el dolor y en la memoria, vuelven a vivir aquellos momentos, deseando que nunca hubieran existido, sientan por su parte la sensación de que han conseguido algo, de que han hecho bien.

Para los que aún puedan creer -dentro como fuera de España- que la actuación de tenía fundamento, no tengo más que una combinación de lástima y desprecio.

Que esos minutos de silencio caigan sobre ellos, sobre los asesinos y sus cómplices, sobre los que creen que matar está justificado para que las ideas, cualquiera que sean, se impongan sobre las razones. Que les aplasten las fuerzas de la sensatez.

Y que esta maldición, surgida del respeto al hombre y no del odio, nos libere, a los pacíficos, a los que siempre estaremos junto a las víctimas, de la desgracia de tener que convivir con los criminales, con los asesinos, con sus cómplices, con sus encubridores, con los que nos siguen mintiendo sobre los móviles para superponer sobre las verdades, sus deseos y fantasías.

FIN

 

Publicado en: España Etiquetado como: atentado, conmemoración, islámico, Madrid, once-eme, terrorismo, víctimas

Problema de árbitros, castas y residuos

7 noviembre, 2013 By amarias2013 Deja un comentario

Son tantos los problemas pendientes de solución en España que el que Madrid lleve tres días sin que se recoja la basura tiene que ser visto, si alguien se pudiera jactar de tener el Estado en la cabeza, como un tema menor.

No he conseguido aclararme muy bien sobre lo que se discute en este concreto caso. He oído y leído demasiadas contradicciones, producto, sin duda, de intereses de parte. Por ejemplo, que las empresas concesionarias pretenden implantar un ERE por el que se reducirá el salario de los recolectores a 650 euros/mes y también que hay actualmente conductores de los vehículos de recogida de esas mismas empresas que ganan más de 3.500 euros por su mesnada.

He visto con mis propios ojos a varios tipos que volcaban contenedores, o esparcían basura por las aceras. En la televisión, se ofrecieron imágenes de recipientes y coches incendiados y no faltaron afirmaciones que acusaban de intolerancia, mala gestión y otros patatines y patatanes.

Lo de los residuos de Madrid no es tanto un problema de castas (ya ni siquiera en la India los recolectores de la mierda de otros son considerados gentes de inferior categoría, y no digamos en estos predios, donde la gente se puede llegar a matar por un puesto fijo en una empresa de servicios públicos y qué decir si se trata de ser concesionario de la llamada eufemísticamente recogida separativa de residuos y enseres, que a algunos ha hecho muy ricos).

Es un tema de árbitros.

Alguien podría pensar que es también un problema de equipos, o de jugadores o de reglas de juego, pero me obstino en afirmar que los sujetos clave son los árbitros.

En los residuos, como en tantos temas, faltan en España autoridad, transparencia y… árbitros. Desde luego, que haya una huelga de un servicio de primera necesidad y que, sindicados o por libre, unos individuos se dediquen a ensuciar más las calles, vertiendo basura por su cuenta, es una anomalía del sistema, es un desprecio a los demás, una piltrafa social.

Como lo es también que haya empresas que se enriquezcan desmesuradamente con la ejecución de esta actividad básica, para la que, dicho sea de paso, tampoco hace falta ser un virtuoso: barrer, recoger, retirar donde no se vea, lo que muchos no quieren; tal vez, seleccionar lo que aún es válido; puede que quemarlo si sabemos cómo sin que los humos nos delaten.

Falta credibilidad, solvencia y… arbitraje.

Ya hemos renunciado a que alguien, o incluso un equipo, pueda tener los problemas más acuciantes del país en la cabeza. Son demasiados y los complicamos a diario: pérdida de credibilidad de las instituciones (corrupción, latrocinios, engaños, etc.), decadencia hacia el caos en los sectores sanitario y educativo (por hablar de dos de los básicos), paro incontrolable por pérdida múltiple de rentabilidad en los más variados campos, intenciones separatistas que se pueden referir (seguramente) a egoísmos inconfesables, inseguridad jurídica en no pocos asuntos (largos plazos justicieros, dependencia del factor humano en las resoluciones judiciales, politización del Derecho, obsesión legiferante, etc.),…

En este panorama, no me preocupa que el PSOE, en IU, en UPyD o en el PP haya primarias. Son temas de partido, o sea, de equipos. A muchos ciudadanos de nuestro país, que somos los que nos la estamos jugando, lo que nos importa es que haya, no primarias ni primarios, sino buenos secundarios y terciarios. En masculino o en femenino.

Que esos secundarios, hoy ocultos, tomen de una vez el poder y nos convenzan de que son capaces de hacer un buen arbitraje, con solvencia y por encima de las castas. De las castas y de los que no son castos, en el sentido de los que son corruptos, vagos, ineficaces.

Porque necesitamos barrer los residuos de las demasiadas incongruencias que nos están impidiendo solucionar lo principal, que es mantener limpio el escenario, para que podamos trabajar, y se dejen ya de volcar los contenedores con la mierda.

Publicado en: Actualidad, Sociedad Etiquetado como: árbitros, basura, castas, honestidad, juego, Madrid, partidos políticos, residuos, solvencia, trabajo

He tenido un sueño

17 junio, 2013 By amarias2013 Deja un comentario

Estaba hoy, 17 de junio de 2013, asistiendo, con varios centenarios de invitados, a la Firma del contrato de una línea de préstamos entre la Comunidad de Madrid y varias de las entidades bancarias de este pequeño país, y no puedo precisar si fue cuando hablaba el ministro de Industria (José Manuel Soria) o el presidente de los empresarios de Madrid (Arturo Fernández) o el presidente de la Comunidad madrileña (Jaime Ignacio González), pero me quedé dormido.

Y he tenido un sueño.

He soñado que todos los presidentes de todas las compañías de España que cotizan en el IBEX hacían una declaración conjunta -era de ver a los 35, tan serios, y pulcros, poniendo cara de circunstancias- reconociendo que una parte de su solvencia estaba basada en el engaño. Que todos habían financiado, por la vía de ilegales dádivas, muchas de ellas vinculadas a contratos de las admnistraciones públicas, a los partidos políticos. Más dinero, claro, para los que habían tenido cualquier responsabilidad de Gobierno.

El documento decía (creo recordar): «Os hemos mentido. No somos lo leales que creíais, ni lo impolutos que podrías deducir de nuestras anteriores declaraciones y silencios. El juego del mercado es así: no basta ser el mejor en las licitaciones, hay que contribuir con ciertos peajes para que el sistema, o lo que sea, funcione. No estamos arrepentidos, pero no vemos otra forma de que esto, que llamamos economía de mercado, se mantenga. Todos lo hacen».

Ví después aparecer en mi sueño a los representantes de los partidos políticos, leyendo un documento que también habían preparado: «Es imposible mantener el aparato de los partidos con las subvenciones oficiales, aunque os parezcan altas. Los dirigentes, en particular, no se contentan con lo que reciben de forma transparente, en nóminas, dietas y sueldos. Quieren más, porque dicen que en la economía real les pagarían mejores salarios por hacer algo parecido. Y, desde luego, como no todos pueden pasar a ocupar puestos relevantes en las empresas a las que han ayudado con sus decisiones, necesitan otras garantías -económicas- para saber que no han perido el tiempo, defendiendo los intereses públicos».

En mi sueño, aparecieron también altos representantes de las instancias judiciales: «Nos tenéis que perdonar, si podéis. porque no es cierto que la Justicia sea igual para todos. Lo teníamos que expresar, pero no es posible resistirse a las presiones de los que más mandan, y no es lo mismo analizar la responsabilidad de un pobre diablo que ha cometido un delito, que la culpabilidad de altos ejecutivos y mandatarios que han sido llevados a nuestra jurisdicción por una estafa de gran volumen, una malversación importante, o haber pagado comisiones ilegales para lograr un contrato, o gratificarlo, para sus empresas. Nos daba miedo romper el orden establecido, y, por supuesto, estábamos cómodos en haber alcanzado una parcela de respeto y poder que nos costó años de estudio y, en algunos casos, movilizar apoyos nada sencllos de lograr».

Se leyó, también, un comunicado de las Iglesias: «Reconocemos que no sabemos nada de Dios, porque nunca se ha manifestado. Somos únicamente fieles a una tradición de sacordotes y falsos exégetas, que han ido añadiendo dogmas y revelaciones. El fin era, en principio, bueno: que la ética universal no se perdiera, ya que la filosofía no nos parecía suficiente. Pero esto ha dado lugar a muchas aberraciones y estamos arrepentidos».

No faltó un comunicado de la Casa Real, avalado por las Casas Reales de todo el mundo: «Afirmamos, como ya deberías saber, que somos iguales a todos vosotros. Con nuestros vicios, nuestras virtudes y nuestro deseo de vivir lo mejor posible. Hemos contribuído, en muchos casos, a que no hubiera guerras o derramamientos de sangre entre vosotros, aunque seguramente son más las que hemos provocado. Estamos arrepentidos, pero no sabemos si lo volveremos a hacer. No depende de nosotros; si fuera por nosotros, lo seguiríamos haciendo».

Se adelantó, algo balbuciente, en mi sueño, el portavoz de todos los catedráticos y profesores de las Universidades: «No es cierto que seamos los que más sabemos de la mayoría de las cosas, porque es muy grande el volumen de lo que ignoramos. Hemos preferido, hasta ahora, mantener la ficción, realimentándonos en lo posible, con un cuidado nepotismo, y manteniendo la utopía de lo que enseñamos servirá para algo en un mundo real que no conocemos.»

Los murmullos de quienes escuchaban eran ya ensordecedores. Cuando iban a hablar representantes de los órganos de seguridad, de los Ejércitos, de las asociaciones no gubernamentales, me desperté, sudoroso.

Creo que alguien estaba anunciando que el Acto terminaba, y expresaba que tenía plena confianza en que, con los 150 millones de créditos que ahora se ponían a disposición de las pymes madrileñas, con el objetivo de crear o apalancar 10.000 millones de empleos. O tal vez eso era también parte de mi sueño-pesadilla.

Como no había, esta vez, cóctel alguno en la Casa del Reloj de Madrid, pude encaminarme hacia la boca del Metro sin tiempo para comentar con otros si todos habíamos soñado lo mismo o algo parecido. Por las caras de póker con las que me crucé, creo que habían estado despiertos, es decir, profundamenten dormidos.

Publicado en: Actualidad, Economía, Sociedad Etiquetado como: arrepentimiento, Casa del Reloj, corrupción, empleos, empresarios, empresas, engaño, enseñanza, Ibex-36, Iglesias, instituciones, jueces, Madrid, monarquías, partidos políticos, profesores, sueño, Uniiversidad

En vos confío

7 marzo, 2013 By amarias2013 1 comentario

El «estallido» de varias botellas de oxígeno en la Clínica La Milagrosa de Madrid, en donde está hospitalizado el Rey Juan Carlos, convaleciente de una operación de hernia discal, ha desatado especulaciones sobre el origen de ese incidente, que causó al menos cinco heridos, y obligó a desalojar la unidad de cuidados intensivos.

Sucedió el 6 de marzo de 2013,a las 7h 45 min. Las crónicas del reino indican que innmediatamente, se desplazaron al sitio cinco dotaciones de bomberos, cuatro ambulancias del SAMUR, varios coches de policía, un hospital de campaña, se acordonaron las calles y aceras (la Clínica está situada en el centro de la ciudad), y se atendió a los afectados por las inhalaciones de humo y por las quemaduras de vapor.

No se más. La dirección del Hospital ha afirmado que, «se informará de las causas de incidente tan pronto se conozcan» y que «a partir del medio día el Hospital funciona normalmente», sin que «en ningún momento la seguridad del Rey se ha visto amenazada«.

La mía, sí. El Rey y la mayor parte de sus súbditos podrán dormir tranquilos, pero yo no.

Vengo denunciando, desde hace varios años, ante los organismos llamados competentes, que la manipulación de gases licuados en los hospitales y clínicas de Madrid -y no solo en los centros hospitalarios y supongo que también en toda España, porque la desidia es mal de general propagación- no cumple con las medidas de seguridad. Lo hice incluso en los periódicos, enviando fotografías de irregularidades y, en un caso, de un accidente, que he tenido la ocasión de presenciar en directo.

Sin mucho éxito, aunque debo reconocer que, en algunos casos, se han reforzado los muros de contención ante eventuales implosiones o explosiones de gases, se han incorporado carteles más grandes o cegado algunas ventanas por las que se arrojaban, inconscientemente, colillas encendidas sobre los depósitos sucios.

Las irregularidades, en mi opinión técnica, son múltiples: situación de depósitos de oxígeno de gan tamaño sin guardar las distancias mínimas -con las propias dependencias hospitalarias, incluso-, o sin que se indiquen (ni, por supuesto, cumplan) las limitaciones de acceso o la prohibición de fumar en sus proximidades; cargas mientras se produce el tránsito de peatones y coches; suciedad de todo tipo en los recintos donde se produce la carga y manipulación; almacenaje conjunto de botellas de gases licuados diferentes, y sin los adecuados anclajes; válvulas en mal estado; etc.

En la época de la anterior dictadura, las familias se pasaban de piso en piso unas imágenes de las que la más popular era la del Corazón de Jesús, que se entronizaba en los hogares. «Corazón de Jesús, en Vos confío», era la jaculatoria más socorrida, por la que se invocaba la protección permanente del Altísimo, en pretendida evitación de todo mal.

En esta sociedad no creyente, indolente y ácrata, confiamos ahora en que la casualidad nos proteja. Es decir, seguimos desconfiando de la obra bien hecha, en la seriedad de los controles, en el cumplimiento de la normativa, para apelar a la protección de lo desconocido.

En cada frontispicio, en cada despacho funcionarial, en cada dependencia municipal o empresarial, en cada hogar, con letras en tinta simpática que la hacen invisible, parece que hay escrita esta frase increíble:

«Venerable Casualidad, en vos confío y a vuestra invisible protección me someto, para que no suceda ese accidente del que, conociendo los riesgos, no hago nada por evitar. Y si, como por pura Probabilidad es seguro que acabará sucediendo alguna vez, te ruego que, por mor del inextricable Azar, me pille lejos, para no tener que ofrecer explicaciones».

Publicado en: Sanidad, Sociedad Etiquetado como: bomberos, clínica La Milagrosa, gases licuados, heridos, hospital, imcumplimiento, implosión, Juan Carlos, Madrid, manipulación, oxígeno, quemaduras, seguridad

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