Al socaire

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Tengo un mapa para ti

22 enero, 2016 By amarias 9 comentarios

mapa geologico españa y portugal 1 1.000.000

Los más de doscientos asistentes a la presentación del mapa estratigráfico a escala 1:1.000.000 de España y Portugal que auspiciaban el Instituto Geológico y Minero de España (IGME) y el Laboratorio Nacional de Energía y Geología de Portugal (LNEG) fueron obsequiados con un canuto de plástico de 1m15 cm en cuyo interior se alojaba la criatura.

Si, al llegar a sus casas, se tomaron la molestia de abrir el cilindro y desplegar su contenido, habrían dejado a la vista una bella impresión multicolor, cuyo gran tamaño les obligaría, a falta de encontrar un sitio en la pared adecuada, a volver a alojarlo en su guarda, previamente enrollado a la forma anterior.

El mapa fue presentado por el geólogo Jorge Civis, presidente del IGME desde 2012, en el marco del Salón de Actos de la Escuela de Minas de Madrid (así se llamaba, al menos el recinto académico, antes del desorden educativo propiciado por la sesgada interpretación de los acuerdos de Bolonia) el 21 de enero de 2016.

Actuó de introductor de los ponentes, el también geólogo Juan José Durán Valsero, bajo cuya competente batuta se desarrolló la sesión, que contó con la participación especial de Philippe Rossi (ex Presidente de la Commision for the Geological Map of the World) y las explicaciones de los editores principales del mapa J. Tomás Oliveira ( actualmente, jubilado del LNGE) y  Luis Roberto Rodríguez  (investigador titular del IGME).

El nuevo mapa recoge por primera vez la geología de todos los territorios de Portugal y España, incluidas sus islas y plataformas continentales, y ha supuesto el cuidadoso enlace de las cartografías desarrolladas por ambos países, especialmente, en su frontera.

En la web del IGME, como también lo hizo su actual presidente en el Acto, se enfatiza que, para España, este mapa es una consecuencia del desarrollo del Plan MAGNA  (Mapa Geológico de España a escala 1:50.000), que viene desarrollándose desde 1972 y que supuso una inversión pública superior a 130 M€. También se comunicó que el ahorro social ha sido estimado en casi 20 veces esta cifra, aunque no se ofreció información sobre este cálculo.

Oliveira, en su intervención, tuvo un recuerdo emocionado para el Grupo español de Ossa-Morena, creado en Belmez (Córdoba) en 1979, y del que fue impulsor principal el ingeniero técnico de minas Rafael Hernando Luna, catedrático de la Escuela cordobesa.

Para un ingeniero de minas, resultó inevitable recordar (aunque lo hiciera para mi coleto) los tiempos en los que los ingenieros de minas dieron impulso a la geología en nuestro país, especialidad de la carrera que resultó tradicionalmente, para decenas de generaciones de estos profesionales, una de las más apetecidas.

El IGME tiene sus raíces en la creación de la Comisión para la Carta Geológica de Madrid y General de Reino, por Isabel II, el 12 de julio de 1849. Después de la breve Presidencia de Fermín Arteta y Sesma (hasta noviembre de ese año) contó con el impulso del ingeniero de minas Francisco de Luján, que incorporó a sus colegas Casiano de Prado (director del área de Geología y Paleontología), Rafael Aznar de la Torre o el inspector general de Minas Guillermo Schulz (quien realizó la Memoria de 1855).

Sin acercarme a épocas recientes, me vienen a la cabeza los nombres de Lucas  Mallada y Pueyo, amigo íntimo del también ingeniero de Minas Serafín Baroja -padre de Pío Baroja- , o de Manuel Fernández de Castro, vinculados a las primeras décadas del Instituto.

Cuando salía del Salón de la Escuela, con mi canuto cartográfico en ristre, coincidí con José Antonio Obis Salinas, que me recordó que el primer mapa geoestratigráfico a escala 1:50.000 de España, publicado por el Instituto Geológico y Minero de España fue el de Villafamés (El Maestrazgo, Castellón), del que él fue coautor principal junto al geólogo francés Joseph Canerot.

No me pude quedar al cóctel posterior, porque ando con el tratamiento, así que felicito aquí a los autores de esta culminación, arabesco lateral o derivada tercera del proyecto MAGNA. Formulo asimismo mi deseo, por el bien de la ingeniería geológica, que los geólogos, ingenieros geólogos e ingenieros de minas, trabajen juntos, revueltos si fuera necesario, en el definitivo impulso a la explotación minera de España y Portugal.

Lo han estado haciendo, sin duda, pero advierto que recientemente los geólogos tienen deseos por asumir el protagonismo principal o total. Los ingenieros de minas, por formación y vocación, no podemos quedar a un lado. Sin rivalidades forzadas, sin olvidos injustos. Muchos recursos están pendientes del fruto de esa colaboración de capacidades, que está siendo especialmente puesta sobre el tapete por la gran oportunidad de optimizar la exploración de la franja pirítica del suroeste de la Península Ibérica. Así se lo entendí a Oliveira, y así lo suscribo con mi firma.

 

 

 

Publicado en: Actualidad, Geología, Ingeniería, mineria Etiquetado como: Casiano Del Prado, franja piritica, geoloico, IGME, J. Tomas Oliveira, Jorge Civis, Jose Antonio Obis, LNEG, Lucas Mallada, mapa, Ossa-Morena, Philipe Rossi, Rafael Aznar de la Torre, Villafames

La voz del pueblo

20 enero, 2016 By amarias 2 comentarios

En el concepto resbaladizo y sinuoso de democracia, hay un componente bastante perverso que aparece cuando se consulta al pueblo -es decir, a la generalidad que se supone resultará afectada por la decisión que se tome- qué es lo que opina sobre una cuestión concreta.

Claro está que, como no se va a entregar al personal al que se interroga un cuestionario completo con las diferentes opciones, ni mucho menos, se va a facilitar a cada individuo la posibilidad de expresar matices, condiciones o añadidos en unas hojas supletorias, la cuestión queda reducida a que diga sí, no, o nada (paleta en blanco o quedarse en casa) o  a que se deje convencer por la labia, el careto o el programa de quienes han decidido dedicarse, de por vida, o por una temporada, a manejar los dineros públicos.

En particular, si se trata de un asunto tan complejo (aunque no necesariamente el más delicado) como designar representantes de la población por una temporada larga, incluida la opción de que entre ellos nombren un Presidente de Gobierno que ordene los asuntos de la caja común, no dejará de sorprender al votante juicioso e independiente, la cantidad de opciones a las que entregar su voto.

El dicho popular indica que «si llueve como si hace calor, el culpable es el alcalde». (1) Con mayor razón, si la economía va mal o regular, el culpable es el partido de Gobierno, y, en este caso, además, en España hemos tenido la fortuna de que el Jefe de Gobierno es un señor bastante mayor y al que, perdóneseme la osadía, no parece haberle dado natura el don de la labia jacarandosa.

Como tocaba convocar elecciones generales, el momento parecía oportuno para lograr una alternancia, que diese nuevos aires -no ventarrón- al paquebote en donde viajamos todos los españoles. Me gustaría haber subrayado «todos», pero ahí lo dejo, porque no hay que menospreciar la sagacidad del lector.

Dicen que el pueblo, pues, habló. Y lo hizo con claridad tan sutil que no hay analista que se aclare, por más que se estrujen las meninges, se tracen líneas rojas o verdes por los portavoces de los partidos y se barajen al tuntún o de buena fe las combinaciones para formar gobierno, pues existen cuatro agrupaciones -de los cientos que se postularon- que andan más o menos igualadas y que, si se combinan dos a dos, no alcanzan mayoría simple para nombrar quien lo presida.

¿Tenemos un país ingobernable? En absoluto. Aunque la Historia tenga ejemplos de Estados que se fueron al garete por la ambición, insidia o dejación de sus mandatarios, no es ese el riesgo que corremos. Lo que nos ha pasado es que las opciones de los cuatro partidos que han salido como minivencedores de esta contienda electoral tienen cosas buenas y malas, según cómo se mire, pero ninguno ha conseguido seducir de manera convincente a algo más de la mitad de los votantes.

Porque, de eso se trata, cuando se pide al pueblo que elija: de elegir entre dos opciones, carne o pescado; de postre: arroz con leche o café solo. Y que una de ellas obtenga la mayoría -aunque sea por un pelo, o incluso, que lo sea de esa mínima manera-.

El país estaba ya adquiriendo la costumbre de escoger entre Derecha liberal o Socialdemocracia, que a mí me sigue pareciendo de lo más saludable. Aparecieron más opciones, de las que dos resultaron destacadas: Podemos (bajo el lema subterráneo de Cambiarlo todo de momento y Luego ya se verá) y Ciudadanos (con su eslogan de Somos capaces y sensatos y, además, separaremos la caja común de la propia).

Todas tienen su puntito, sobre el papel. Pero, como la inmensa mayoría no leerá papeles, el asunto de decidir se trasladó a los caretos y a la labia, con el resultado conocido. Lamentablemente, el Menú no permite combinar tantas opciones y, aunque las encarguemos a la mesa, lo que tendríamos garantizado es un empacho colectivo.

Por tanto, es preferible que no se alcancen acuerdos en esta ronda. Que se vuelvan a sus rediles, mediten los muñidores de cocina que les falta a cada una de las opciones para alcanzar la mayoría, y que se presenten con nuevos platos a la mesa. Porque si han de ir modificando las enjundias, las salsas y el porqué cuando estamos sentados, con el hambre que tenemos, presumo que no habrá Hoja de reclamaciones a la que dirigirnos con solvencia.

—

(1) Circulan múltiples variantes de esta imputación gratuita. Me gusta especialmente, ésta, en bable occidental: «Cuando llueve y fai aire, tola culpa tienla l’alcalde; cuando llueve y fai sol, tola culpa tienla el rexidor».

 

Publicado en: Actualidad, Política, Sociedad Etiquetado como: acuerdo, elecciones, gobierno, programa, pueblo, reclamaciones, repetición, voz

Formas de vivir

17 enero, 2016 By amarias Deja un comentario

Si hay dos formas de morir -de repente y tras una larga y dolorosa enfermedad-, existen tantas formas de vivir como maneras de abordar la ignorancia. La frase no es de Tolstoi, ni de Dostoievski, sino mía, por lo que cabe darle un limitado alcance intelectual.

Sin embargo, me permito convocar en defensa de mi tesis a Claude Shannon y su teoría de la información y, apuntando, sino más alto sí a especulaciones más recientes (2010), a la proposición de Vlatko Vedral, según el cual el universo no estaría formado ni por materia ni por energía, sino de información.

La idea me resulta atractiva y reconozco que fue el Diálogo entre Jorge Wagensberg y Juan Ignacio Cirac  (dirigido por el primero) que publica Ahora (núm.19, 15-21 enero 2016) lo que me golpeó la puerta donde cobijo mi ignorancia. Dice Cirac que «La teoría de Shannon está en la raíz de toda comunicación» y, más adelante, que «si no se puede evitar que los errores ocurran, aún queda otra solución: corregirlos».

El dilema que está en la raíz misma de la naturaleza consciente del ser humano (desconozco si afecta a otros entes, aunque supongo que también) es la forma de resolver  la ausencia de información suficiente para poder corregir los errores que constituirán su existencia.

En la cumbre de todas las incógnitas estaría -en mi personal catalogación- la cuestión de si somos o no trascendentes a la desintegración de la materia y a la desaparición de los síntomas de energía de los que estamos compuestos. Sin que su decisión implique la certeza de haber encontrado la solución, no son pocos de los humanos que se han adherido a la idea de que existe una entidad superior que todo lo controla y, rizando el rizo de la ignorancia voluntarista, algunos entienden que, además, esa metacategoría cósmica nos quiere para sí y consigo si cumplimos determinadas condiciones.

A un nivel más inmediato, que es el de decir cómo aprovechar mejor ese trozo de la eternidad inasible en el que nos podemos catalogar (aunque sea una fantasía) como materia y energía combinadas, el aprendizaje debería ofrecer soluciones para tranquilizar, al menos en parte, la angustia derivada de tener información tan escasa acerca de lo que nos puede llegar a suceder y no saber cómo evitar lo que nos hará daño.

La búsqueda de la mejor información a este respecto tendría que combinar la utilidad individual, pero, sobre todo, la colectiva, y su empleo nos permitiría corregir o intentar corregir lo que tenemos catalogado como errores del pasado.

Recurro, para cerrar este comentario, nuevamente a la idea de Vedral, cuyo atractivo filosófico (metafísico) no niego: en este momento de nuestra historia colectiva, en España, se están confrontando -confío en que solo dialécticamente- propuestas diferentes de disminuir la ignorancia respecto al futuro común.

Tenemos definido, sin grietas, el objetivo básico: queremos generar más riqueza para repartir y ser más justos en el reparto.

No dudo en que quienes las capitanean, están convencidos de la seriedad y solvencia de sus ofertas para conseguirlo.

Pero, a medida que avanza la flecha del tiempo, y aunque juro o prometo que me esfuerzo en sintonizar, me resultan más aparentes las perturbaciones de sus mensajes que su contenido mismo.

Publicado en: Actualidad, Sociedad Etiquetado como: Cirac, españa, formas, gobierno, l, Shannon, sociedad, teoría de la información, Tolstoi, vivir, Wagensberg, Wlatko Vedral

La caspia

15 enero, 2016 By amarias Deja un comentario

Aunque escribo en castellano -me gusta más decir, español, pero se va imponiendo esta forma limitante de denominar a nuestra hermosa lengua-, quiero dedicar este Comentario a un vocablo del bable que me retrotrae a los tiempos de mi niñez.

Contaba mi padre que, en los tiempos de escasez derivados de la guerra incivil (y durante ella), los chavales le pedían, a quien estaba comiendo una manzana, que les dejase la caspia, es decir, el corazón de la fruta. Así, alguno de los que no había podido disfrutar de la carne, al menos alcanzaba el regusto de la pulpa.

Bien, pues resulta que los asturianos parecemos habernos especializado en comer las caspias, que se nos entregan después de hacérsenos creer que es la parte más jugosa, mientras otros se deleitan atracándose con lo enjundioso.

No estoy hablando de política (aunque podría aplicar la reflexión a este ámbito sin mayor esfuerzo), sino de economía, que es su hermana mayor.

Asturias ha soportado, con valorable gallardía, la implantación durante más de dos siglos de una industria hullera y otra siderúrgica fatalmente sobredimensionadas y altamente ineficientes; no por la incapacidad de quienes las dirigieron y aún menos de quienes trabajaron en ellas, sino por su intrínseca naturaleza: pobre materia prima, situación deslocalizada, equipamiento insuficiente, inadecuado u obsoleto.

Los asturianos estuvimos convencidos, y lo hemos agradecido, de que esa dinámica industrial benefició a la región, obviando que el objetivo principal era ayudar a la recuperación y sostenimiento de la economía nacional, y al enriquecimiento de algunos grupos empresariales.

Cuando la situación desembocó en una crisis imparable, que redujo el empleo y la actividad en la región a límites de caricatura y dejó en Asturias una herencia de pasivos ambientales que no es posible poner en valor ni con la mejor imaginación, pasamos a comernos la caspia de una hipotética reconversión industrial imposible, con unas subvenciones que tenían un carácter fundamentalmente simbólico, y tragándonos la desubicación en objetivos empresariales, el paro masivo repentino,  y la falta de futuro convincente para los más jóvenes, mientras otras regiones gozaban de la mejora de sus comunicaciones y el impulso de nuevas inversiones con futuro creíble.

Nuevamente, los asturianos agradecimos disciplinadamente las promesas continuas de reactivación, las alardeadas pero pequeñas nuevas inversiones, los planes de regulación de plantillas que descapitalizaron de conocimientos técnicos al tejido industrial propio. Lo que obtuvimos a cambio fueron miles de jubilaciones anticipadas y pensiones contributivas o fantasiosas que durarán lo que los cuerpos aguanten, y que se traducen en consumo precario pero no en producción sustentable.

Ahora, mientras la atención general española -y parte de la internacional- está centrada en el movimiento del siempre perspicaz para atender a lo suyo, capitalismo catalán -que no otra cosa es lo que veo moverse en las bambalinas del independentismo, con su obsesión de pedir con la amenaza de irse-, los asturianos, y específicamente, el empresariado asturiano, tienen, de nuevo, la esperanza de comerse la caspia, mientras otros se comen la pulpa de la manzana.

Si alguno se pregunta sobre qué diablos estoy escribiendo, le invito a leer los Informes del BBVA (por ejemplo), que reflejan las perspectivas de crecimiento de las regiones españolas, y aportan una visión forzadamente optimista de la recuperación.

Atribuyen estos trabajos bancarios a Asturias la posible creación de 16.000 puestos de trabajo en el bienio 2015-2016 (no preciso recordar que solo Hunosa contaba en 1967 con 27.000 empleados y hoy tiene 1.600) y a Cataluña, para el mismo período, le vaticina 167.000 nuevos.

Para encajar algo mejor estas previsiones, conviene apuntar que, mientras Asturias perdió, desde que comenzó la crisis agro-sidero-carbonífera-naval, más de 250.ooo habitantes, navegando ahora por el declive que le llevará por debajo del millón de residentes (incluidos los jubilados retornados a la tierrina), Catalunya no ha parado de crecer en población y reivindicaciones, desde los 6 millones que era la cifra de la primera de ambas variables, hasta los 7.250.000 catalanes de asiento del último censo. De ganar por seis a uno, ha pasado, pues, a adelantarnos por más de siete y pico.

Y antes que lo digan otros, por lo menos, bienvenida sea la caspia.

Publicado en: Actualidad, Asturias, Sociedad Etiquetado como: Asturias, campo, carbón, caspia, Catalunya, crisis, habitantes, jubilados, reconversión, siderurgia

La conjura de los sensatos

13 enero, 2016 By amarias Deja un comentario

No descartemos que, parodiando a Groucho Marx (1), y ante lo que trasciende de las, sin duda, complejas negociaciones para formar/no formar Gobierno después de los resultados electorales del 20-D, en las que están ocupados tanto representantes políticos como, sobre todo, tertulianos y comentaristas mediáticos, un número no despreciable de ciudadanos se convenza de que «nunca ha de votarse a un partido político que muestre su programa antes de las elecciones».

A medida que nos vamos enterando de que hay líneas rojas que, según el líder negociador, no pueden traspasarse por «mandato electoral», no cabe sino convencerse de que nos aproximamos, paso a paso, esto es, cumpliendo los plazos y los eventos previstos constitucionalmente, a unas elecciones anticipadas.

Ni el PSOE habrá de pactar con Podemos (o viceversa) un Gobierno conjunto, porque la verdadera línea roja que no pueden traspasar sus dirigentes es aquella que produciría la confusión definitiva sobre los propósitos de hacerse con el electorado de izquierdas, y dejar a la otra formación como testimonial.

Ni el PP habrá de pactar con el PSOE (o viceversa) un Gobierno conjunto -al que, por supuesto, se adheriría con fruición, Ciudadanos-, porque la línea roja que tiene trazado el partido socialdemócrata es, justamente, ésta, conscientes sus dirigentes que perderían para siempre una parte de su electorado, que se desviaría, ya en oleada imparable, hacia Ciudadanos o Podemos, según su calentura emocional.

El ex Honorable Mas utilizó un artificio especial, cuya validez circunscribo solamente a la multifacética Catalunya -puesto que su utilización, comprando votos de la representación de contrario, que utilizó el PP de Madrid para robar la cartera al PSOE en las elecciones de 2003, ha quedado sancionada como execrable transfuguismo-, que supondría «corregir lo que las urnas no dieron» (2) , pactando que algunos parlamentarios electos cambien el mandato de las urnas por cualquier conveniencia extra-electoral.

En este contexto de permanente confusión, mientras la economía del país se deteriora a ojos vistas, y la incertidumbre añade sacos de arena sobre la imprescindible recuperación de actividades que nos pueda garantizar un futuro presentable, sigo creyendo que, en lugar de trazar líneas rojas que acabarán convirtiendo el tablero de negociación en un problema de contorno sin solución socio-matemática alguna, lo que agradeceríamos los votantes pasados y los que estarán llamados a votar en mayo (que incorporarán algunos cuantos jóvenes más y serán reducidos, principalmente, en unos cuantos ancianos menos) es que se nos fuera indicando si los programas electorales van a ofrecer alguna novedad.

Porque soy escéptico -por mi experiencia en la Universidad del tardofranquismo- respecto a la eficacia de organizar asambleas y debates multitudinarios, que provocarían discusiones inacabables respecto a los métodos adecuados para decidir lo que convendría hacer sin llegar a conclusión válida alguna. Es momento de sacrificar lo que apetecería hacer en beneficio de lo que sería posible, y de concentrarse en lo imprescindible en lugar de desparramarse en lo que podría parecer conveniente pero para lo que no se dispone de recursos suficientes.

En lugar de tanto repetir que «hay que escuchar al pueblo» o que «la mayoría opina que»  (ya habló el pueblo, y su mensaje es que no lo tiene claro, que está dividido entre ofertas que no le convencen del todo), va siendo hora de que los sensatos se conjuren y, aunando sus propuestas, pongan a los políticos a trabajar en lo que importa, marcando las prioridades generales y no las de liderazgos o partidos. (3)

Como ejemplo de lo que puede aplazarse, me refiero a las propuestas de modificar  la Constitución, y más concretamente, a la obstinada concentración, por varias vías, en la reforma del Título VIII (ése que sirve de referencia para el reparto competencial entre el Estado central y las autonomías, y cuya aplicación desorbitada ha dejado prácticamente sin competencias al primero, convertido en un pollo sin cabeza).

¡Si lo que habría que plantearse es la recuperación de cometidos y responsabilidades por parte de la centralidad del Estado, arrebatados -que no cedidos- por unos Parlamentos autonómicos que, por ánimo de emulación, ignorancia o afán protagonista de sus diputados, se han cargado, en la mayoría de los casos, con competencias que no pueden desarrollar adecuadamente!

Si existiera esa agrupación de sensatos -independientes, pero no sin ideas propias-, podríamos encontrar un camino entre los entregados sin fisuras al liberalismo económico y los fieles a la dictadura de los comités asamblearios, entre los inmolados a la libertad de cátedra y la crítica sistemática, entre los que se creen infalibles y los que dudan permanentemente,  entre los que aconsejan a los demás sobre lo que no harán jamás y los que se ciegan sin atender a ningún consejo…En fin, entre los que creen saber a donde hay que ir por ciencia infusa o análisis exotéricos y los que no tienen más referencia que los libros o se guían por lo que hicieron otros y les funcionó bien o les llevó al fracaso.

—

(1) Sé que no hace falta recordar la cita, pero para el caso de que este Comentario sea seguido por un lector ultramontano, me refiero a la frase: «Nunca pertenecería a un club que me admitiera como socio».

(2) En vernácula: «Allò que les urnes no ens va donar directament s’ha corregit mitjançant la negociació».

(3) ¿Cómo no hacer un guiño al inolvidable libro de John Kennedy Toole, «La conjura de los necios»?

Publicado en: Actualidad Etiquetado como: acuerdo postelectoral, Artur Mas, Groucho Marx, Kennedy Toole, Pablo Iglesias, Podemos, programa, sensatos

Se enroca Torres, Puigdemont se afila

11 enero, 2016 By amarias 1 comentario

Cuenta Amin Maaluf en Orígenes (Alianza Editorial, 2004) que el abuelo del protagonista recibió una misiva de un hermano que había emigrado a Cuba, con sus cuatro esquinas quemadas, como señal de la extrema urgencia con la que necesitaba su ayuda.

Si el lector consigue apartarse del sopor colectivo, que encuentro aderezado con medidas dosis de complacencia respecto a la situación que está viviendo en España, seguramente compartirá conmigo que el juego que estamos librando en el país es muy arriesgado y que tenemos las cuatro esquinas del tablero ardiendo, y arreciando el viento.

No faltan motivos para serias preocupaciones. Con un gobierno en funciones que ha probado su incapacidad para ilusionar, no ya al votante, sino a los poderes económicos; con una facción separatista que ha secuestrado el poder legítimo de la región más industriosa del país (al menos, hasta hace algunos años) anunciando que empieza un proceso de independencia contra ley y mayorías; con la jefatura del Estado amenazada por recios embates republicanos, animada también por los oscuros comportamientos de varios significados miembros de la realeza; con una dispersión injustificable de los partidos que podrían formar gobiernos progresistas y se dedican a presentar oposición entre ellos mismos…

Lo enunciado sería suficiente para reclamar la máxima atención de quienes tienen alguna capacidad para enderezar el rumbo de las cosas, pero a estas cuestiones relativamente generales, se añaden otras específicas, más urgentes, por ser menos filosóficas: la ausencia de una recuperación económica tangible, que actuara de vehículo veraz para la generación de empleo (y evitara la destrucción del existente); el riesgo de quiebra de la seguridad social y de las prestaciones asistenciales -enseñanza y sanidad, como más significativas-, por la descompensación grave de ingresos y gastos y el deterioro de calidad; la pérdida creciente de credibilidad de las instituciones, que envenena desde la Banca hasta la misma Administración de Justicia; etc.

Este concreto mes de enero viene ya muy caliente.

El 11 de enero de 2016, España ha visto el comienzo del proceso penal por el llamado caso Noos, que ha sentado en el banquillo de los investigados/imputados a la infanta real Da. Cristina y a su esposo D. Iñaki Urdangarin, ex duques de Palma.

Ayer, 70 diputados de la Generalitat hicieron President a Carles Puigdemont, en una votación en la que creí ver rostros de burla entre los que lo apoyaron, como si estuvieran tratando algo cómico. Por cierto, los portavoces de los partidos opositores se limitaron a criticar el contubernio que convirtió al alcalde de Girona en portavoz forzado de la causa independentista, sin preocuparse de trazar un mínimo programa alternativo, desaprovechando que el resto de España estaba atento a lo que se cocía en Cataluña, y dejando a los alfiles Mas y Puigdemont rodearse de peones, con las otras piezas que forman el elenco de presagios negros aún enmascaradas.

Son demasiadas emociones.

En el Objetivo de la Sexta, ayer también, Ana Pastor entrevistaba al ex socio de Urdangarin en las empresas por las que se les acusa de falsedad, evasión de impuestos, malversación y otras lindezas, y pudimos ver a un seguro y recio Diego Torres defendiendo las actuaciones, no ya la suya propia, sino también la de su socio, como impecables, tanto en lo fiscal como en lo económico, afirmando que era supervisada y controlada ¡quincenalmente! por asesores de la Casa Real. Más sorprendente aún resultaba el empecinamiento con el que reiteró varias veces que el juez instructor, el confeso podemista Castro, recogió en su Auto de instrucción datos falsos, ocultó documentos irrefutables e introdujo apreciaciones personales sobre hechos no probados.

Quise ver en ello la mano de Miquel Roca, preparando la desimputación de la infanta y coordinando la defensa de Torres y del -permítaseme la licencia- caballo de carga Urdangarin, enrocando posiciones con el  propósito de defender la Monarquía, amenazada seriamente por las negras intenciones de los antisistema, que van desde los republicanos irredentos a los anticapitalistas confesos o a los antieuropeístas rampantes.

Lo que no puedo entender es qué hacemos los del pueblo llano jugando esta partida, con nuestros peones vencidos, doblados o demasiado adelantados, y en la que el único resultado posible sería perder parte de lo que ya teníamos.

Publicado en: Actualidad Etiquetado como: alfil, Diego Torres, Generalitat, Infanta Cristina, juez Castro, Miquel Roca, Noos, Puigdemont, urdangarín

On va? D’on ve Catalunya?

9 enero, 2016 By amarias Deja un comentario

Hoy, 9 de enero de 2016, quienes desde Cataluña apoyan la separación de su territorio respecto al resto de España, en una actuación al margen de la Constitución y de las leyes, ven más cerca la consecución de esa independencia. En una operación en la que es imposible no ver la mano conductista del desprecio a las instituciones del Estado español, y a punto de terminar el plazo para votar el President de la Generalitat, se comunicó haberse logrado un pacto por el que el actual alcalde de Girona, Carles Puigdemont, obtendrá el número mínimo de apoyos para su investidura.

La comunicación puede que haya cogido por sorpresa a algunos, aunque desde que la CUP realizó una votación vinculante, cuyo resultado fue difundido el día 28 de diciembre (festividad de los Santos Inocentes), por la que 1515 compromisarios votaron a favor y un  número idéntico en contra, de apoyar al candidato Artur Mas, -de la estrambótica plataforma Junts Pel Sí-, todas las opciones quedaban abiertas.

Cuando Antonio Baños, portavoz de la agrupación tenida por antisistema, licenciado en ciencias exactas, y difusor radiofónico, con Toni Garrido, de los recovecos mágicos de las matemáticas, explicó el resultado, atribuyéndolo a que «la aritmética es diabólica», las probabilidades y la estadística descendieron a las profundidades tenebrosas donde reina Plutón, que, con solo ponerse el casco que le regalaron las Cíclopes, tiene la facultad de hacerse invisible a su antojo.

No dudo, pues, que mañana, a las cinco de la tarde, con la atención del resto de España (aún) puesto sobre el Parlament, Puigdemont pasará a ser Honorable y Mas, mártir del independentismo. Y no faltará quién, recordando el brete en el que se vio metido Felipe IV, allá por 1640, y cuya resolución fue confiada al Conde Duque de Olivares, lamente, una vez más, que el valido hubiera mandado concentrar las fuerzas militares en defender Cataluña contra los franceses, en lugar de dedicarse a sofocar la revuelta portuguesa, con lo que ahora tendríamos una Iberia más homogénea y los catalanes estarían negociando la salida de Francia, apoyándose, cómo no, en la revuelta de los Segadores.

Como se me da mal llevar la ironía hacia el sarcasmo, me detengo ahí, para expresar que el movimiento de ficha de la extraña familia de independentistas catalanes, obliga a jugar más fuerte de lo que se había tal vez imaginado, en este lado del tablero (que, en realidad, debiera ser, el de la Banca, en sentido real y figurado). Me parece que lo que hay que poner sobre la mesa desde la acción constitucional es un pacto de Gobierno que reúna al PP, PSOE y Ciudadanos (y los demás que quieran unirse), con un programa concreto que suponga una reforma constitucional en plazo corto, que nos alivie, para siempre, o al menos, por un buen período, de estos furores separatistas que les dan a algunos políticos catalanes cuando creen llegada su oportunidad de ocupar un hueco en los libros de Historia.

Companys, lo tuvo, desde luego. Sin llegar a tanto sacrificio, convendría dejar a Mas un par de líneas y concentrarse en generar cuanto antes una alianza de interlocución fuerte con el Gobierno catalán, para enterarse de una vez, si van, o vienen. Que, por cierto, distinguir entre un verbo y otro es dificultad que, aunque suele endosarse a la capacidad de los gallegos para disimular por dónde andan, es genuinamente catalana. Aquellos que han tenido que desentrañar si un catalán nos invita a ir a su casa o vendrá a la nuestra, sabrán de lo que hablo.

 

 

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El joven imprudente y el taxista tozudo

6 enero, 2016 By amarias 3 comentarios

Entre los curiosos sucesos de la vorágine de final de año, me llamó la atención especialmente el grave accidente sufrido por un joven que tuvo la ocurrencia de encaramarse al techo de un taxi, y que, habiendo sido invitado por el conductor a bajarse, se empecinó en mantenerse en esa peligrosa plataforma, con el obvio resultado de que, cuando el taxista puso el vehículo en marcha, al doblar una esquina, salió despedido y se rompió la cabeza contra la acera.

La historia, siendo real, me parece aplicable también como metáfora a la actual situación de la política española, y en los frentes tanto general, como local. Si, salvando el que el asunto verídico está aún bajo investigación judicial, se me permite suponer que ambos -jovenzuelo y guía- no estaban en perfecto uso de sus facultades mentales, encuentro similitudes en el comportamiento de los que se presumen líderes de opinión -conductores del vehículo colectivo-, empeñados en ponerse en marcha sin haber elegido el destino, y la sociedad danzante sobre el capó, inconsciente de que la sensatez aconseja bajarse del carro y discutir a dónde se quiere ir, y cuál será el precio de la carrera.

Si estuviéramos hablando de cocina, diría, siguiendo con el gusto por las metáforas, que estamos en un momento en que se cargan tintas para que llamar la atención sobre lo que se guisa antes de probarlo, poniendo nombre rimbombante al menú y sirviéndolo con pinzas y lente de aumento en plato grande.

Pero lo que se está cocinando hoy en nuestra sociedad, y específicamente en la española, tiene un sabor amargo, porque a los ingredientes de carne y de pescado que vienen frescos de la plaza común, se le están aportando al buen tuntún, por aprendices de brujo e infiltrados en cocina, estas delicadas especies: improvisación, dejación, desprecio e ignorancia.

Tengo para mí que hay una parte nada despreciable de la población española en edad de discernir que no saben lo que quieren aunque están muy dispuestos a admitir lo que no quieren.  Faltándoles conocimiento, tiempo o ganas, se incorporan, por gracia, devoción, omisión o simple inercia, al ideario elemental difundido por monologuistas más adecuados para el Club de la Comedia que para tomar las riendas del carro colectivo.

Resultado: entre quienes se han esforzado en presentarse con su lado más seductor, con las  entradillas más graciosas y los estirados de piel propia y despellejamiento de contrario más logrados, el público asistente ha seleccionado los cuatro o seis actores que merecerían pasar a la siguiente fase del concurso.

Solo que no estamos en un concurso, sino que nos jugamos el futuro.

En uno de los grupos vocingleros, están los que aseguran que lo que necesitamos para curarnos del mal que tenemos -antes incluso de diagnosticar su naturaleza- es una nueva República, que sería, por tanto, la tercera; pero, en lugar de echar mano a los conceptos, se prefiere echar mano a los símbolos, colando en cada oportunidad la bandera tricolor (que es enseña prestada), el menosprecio a la Constitución o el gusto por las algaradas (de las que la procesión en Valencia de tres señoras y su séquito de fantasías, en época de cabalgatas de Reyes Magos, representando a la Libertad, la Fraternidad y la Igualdad, ataviadas con disfraces que apuntaban a su identificación con animadoras de salones para un western, es la última ocurrencia).

Están también, en otro grupo, los que gritan que se vive mejor de forma insolidaria; no es éste, principio de acción nuevo, ni ha germinado solo entre ciertos catalanes. Lo cultivan también serenísimos ingleses y franceses, no pocos montaraces norteamericanos, muchos intuitivos israelíes, turcos, sudaneses, marroquíes,…Vamos, que se estila en todos y cada uno de los rincones del globo, cercanos como lejanos, y se buscará siempre el amparo en la supuesta supremacía de una etnia, una religión, una intuición.

Para los que hemos sido educados en la religión católica (y hemos evolucionado, serenamente, hacia el agnosticismo), crecido en el seno de una dictadura (y sabemos, por tanto, lo que implica vivir en democracia), conocemos, por la teoría como por la práctica, la libertad de mercado (y hemos comprendido sus limitaciones); para quienes creímos en la igualdad de oportunidades (y hemos visto cómo se la transformaba en una fórmula para proteger clanes y determinados intereses), en la fortaleza conseguida desde el respeto a los demás (y lamentamos cada muestra de su incumplimiento, porque nos debilita), en la importancia de las ideas y del intercambio de opiniones para encontrar las mejores con las que avanzar (y asistimos, rebeldes, a la imposición de criterios, al aturdimiento que se pretende provocar desde el griterío, a la trampa fácil de la ocultación de evidencias), …para todos aquellos que, dudando acerca de la forma preferible, y, por tanto, sin concederle la importancia decisiva, hemos consolidado un núcleo corto de razones al que adscribirnos sin reservas, … todas esas posturas de coetáneos que defienden las formas y no presentan sus fondos y las concretas maneras de avanzar, nos parecen añagazas.

Porque sí, hay que progresar, y rápido, hacia la mayor igualdad (que no es uniformidad, sino estímulo para diferenciar para conseguir el óptimo colectivo), hacia la mayor libertad (que, claro que no es libertinaje, sino respeto a la frontera de la intimidad del otro), hacia una coherente fraternidad (que no es contubernio de amiguismos, sino sensibilidad social para reconocer los méritos y las necesidades de los demás), y la forma de conseguirlo de manera eficiente es muy dura: abandonando muchos de los propios intereses, siendo espléndido para compensar las desventajas con las que parten los demás.

Se ha avanzado mucho, en España, por múltiples razones, en muy buenas direcciones. Sin embargo, el edificio en el que se acumulan los logros, presenta grietas evidentes (y otras, más ocultas). Lo sensato sería estudiar por qué, y analizar cómo incrementar los unos y apuntalar o corregir las otras.

No hay que improvisar, ni pretender ser los primeros de la clase, desconociendo que el ritmo lo están marcando otros y que una carrera de resistencia no se gana por ir en cabeza los primeros metros. Tampoco se debe destruir lo que se tiene, si funciona bien o no molesta para el viaje.

Algunos quieren convencernos de que la fórmula salvífica es apelar a la tradición -recogiendo del arcón del pasado unos unos ritos y pretendiendo ridiculizar, de paso, otros-, son traiciones, invasiones en el terreno de las creencias y derechos de otros. No hay que ver como inocuas ni inocentes esas intromisiones: si se hace mofa de una religión, una postura política, una etnia, se está pretendiendo marginar a los que la practican, la defienden o pertenecen a ella; si se denuncia que otros nos están robando bienestar, y se oculta el latrocinio de quienes tuvieron al lado, se está sirviendo de cómplice y no de guía.

Mi sugerencia, pues, es apearse del vehículo sin perderlo de vista, invitar a los que conducen o quieran conducir a que también lo hagan y, ya serenos todos y decidido a dónde queremos ir y lo que cuesta, volvamos a montarnos.

 

Publicado en: Actualidad Etiquetado como: Constitución, democracia, fines, joven, objetivo, partidos políticos, programa, taxista

Barajar y volver a repartir las cartas, pero…¿cuál es el juego?

4 enero, 2016 By amarias 1 comentario

La consolidación de la sospecha de que la fragmentación de las preferencias manifestadas en las elecciones generales y catalanas hace inviable la formación de un gobierno con las mínimas garantías de estabilidad, empuja hacia la convocatoria de unas nuevas elecciones.

Cuando escribo este Comentario, hay aún voces que defienden que es posible llegar a algún acuerdo, prendido con alfileres de voluntarismos esencialmente frágiles, para investir, respectivamente, a un Presidente de Gobierno y a un President de la Generalitat de Catalunya. Con parecida panoplia imaginativa que la que se utiliza para prever la evolución de la situación económica cuando se estanca la crisis, se especula sobre posibles coaliciones, incluso con cambio de candidatos presidenciables.

Así, según el color del comentarista, o los intereses de los portavoces de partido, los nombres de Rajoy y Sánchez iluminan la pirinola o Mas se desdibuja del panel como el gato de Chehshire y parecida sonrisa.

Me parece muy grave que, en esta pugna por reparto de un poder cuyos efectos para el ciudadano normal (el no politizado) se han convertido en una mera especulación, no se esté hablando de programas de gobierno, sino de melifluas líneas rojas.

¿Es importante, de veras, realizar un referéndum en Catalunya, para que se vuelva a votar acerca de su independencia? ¿Va a obtenerse un resultado que no signifique -además de la obvia creciente abstención, dimanante del desinterés galopante por la cuestión- sino que la sociedad está dividida, que es lo mismo que confusa?

¿Importa mucho, con serenidad, que creamos que la tenue (por imperceptible y frágil) recuperación de la economía que dice haber conseguido el Gobierno ahora en funciones, necesita, para eclosionar, más dosis del mismo placebo?

Estoy entre los que defienden que, tanto si han de convocarse -como parece- nuevas elecciones, como si no, lo que interesa es lo que van a hacer los gobiernos que se constituyan. Qué actuaciones concretas, con qué medios, a qué coste. Y, por supuesto, con qué cuentan -en personas, relaciones, ideas- para llevarlas a cabo.

Porque si solo se trata de barajar una y otra vez las cartas, sin cambiar ni rostros ni concretar los programas (no fantasías, por favor: acciones específicas, indicando cómo se van a llevar a cabo, con qué apoyos, y de dónde sacarán los dineros y las capacidades), será tiempo perdido. Peor aún: ahondaremos en la miseria, por mucho que nos la quieran revestir de fantasía.

Cómo crear empleo para los jóvenes (y es justo que protesten indignados los que no lo tienen, pero eso no mejorará si situación). Repartir mejor y de forma más eficiente las partidas de gasto público (y habrá que llamar a capítulo a los despilfarros autonómicos, regenerando economías de escala). Apoyar a las empresas más eficientes e impulsar la generación de otras nuevas en sectores estratégicos y de futuro (y, para eso, habrá que combinar sabiamente la economía de mercado con la de Estado); etc.

Me repito, lo sé. Lo preocupante es que no seamos muchos los que tenemos la sensación de clamar en el vacío.

 

Publicado en: Actualidad, Política Etiquetado como: Catalunya, crisis, elecciones, empresas, gobierno, Mas, Pedro Sánchez, plan, Podemos, PSOE, Puigdemont, reactivación

Epitafio para 2015

31 diciembre, 2015 By amarias 6 comentarios

Hoy enviaremos al pasado a 2015, un año inolvidable.

En el avance hacia la autodestrucción, la Humanidad ha seguido dando pasos importantes. Algunos de los sucesos protagonizados a lo largo del año,  por dirigentes, colectivos organizados, agrupaciones espontáneas y particulares, acogidos tanto a la improvisación como a un variado argumentario, han puesto de manifiesto el carácter dual de nuestra naturaleza.

Jano se complace en que el hombre sea dirigido por Jeckyll y Hyde, y, al actuar sobre Gea, combina espectaculares avances tecnológicos con inmersiones en los abismos de la insolidaridad colectiva y el egoísmo fetichista.

2015 ha conocido más guerras, invasiones, genocidios, torturas, desastres -naturales y provocados-, muertes violentas y asesinatos ideológicos que sus inmediatos antecesores. Ha supuesto el progreso en el incremento evitable de la contaminación atmosférica, que miles de congresistas en París, convocados para pactar un concreto final al calentamiento global que nos amenaza, no han sido capaces sino de ocultar con bellas palabras de compromiso e inacción.

Millones de expatriados forzosos vagan por el planeta, demandando una acogida que los dirigentes de los países más ricos negocian desde la aritmética. Se especula con mayor virulencia sobre los precios, ya sean de productos agrarios, de combustibles o de la carne y la sangre humanas. Las divinidades, a las que antaño nos acogíamos para impetrar su auxilio y consejo, parecen habernos abandonado, cambian de piel o transmiten mensajes ininteligibles que torpes exégetas traducen en violencia y caos. Quedaría la ética universal, sino estuviera tan avergonzada.

A nivel local, los partidismos nos impiden ver el final de los túneles, los nacionalismos nos envenenan las ideas, los gerifaltes locales enarbolan banderolas rancias gritando que saben donde está la tierra prometida, aunque parecen ignorar cómo sacarnos del atolladero al que nos han conducido previamente.

Claro que no sería justo ver solo el trabajo de Hyde y no advertir la fuerza creativa de Jeckyll. Ha habido importantes avances en múltiples campos, que evidencian el poder de la inteligencia aplicada: en la medicina, en la ingeniería, en la microbiología, en la aviónica, en el control del deterioro ambiental, de la robótica, de las telecomunicaciones, de la producción agroforestal, o del tratamiento de datos. Seguro que han nacido y por supuesto que se han consagrado, más poetas, más soñadores, más ilusionistas, más filósofos y más ilusos.

A nivel personal, 2015 me ha dado la alegría inconmensurable de ver crecer en inteligencia, belleza y picardía a mis cuatro nietas, y me ha hecho sentir la fuerza de saber que mis hijos han formado familias fuertes y unidas, como la mía. El final de año me ha dejado de recuerdo una metástasis ósea que estoy tratando.

Nos deja, en fin, este año que ahora despedimos, un panorama complicado, lo que nos garantiza un 2016 entretenido.

Publicado en: Actualidad, Personal

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