Cuando la invasión rusa de Ucrania está ya en su séptimo día, todos los ojos están puestos en este país que está sufriendo de una manera cruel y contraria a todo derecho, los efectos de la ambición patológica de Vladimir Putin. La resistencia ucrania es formidable, muy por encima de lo que cabe esperar de un Estado que no tiene capacidad militar para contrapesar, por capacidad logística, armamento y preparación para la guerra, a una fuerza de ataque cincuenta veces superior.
La estrategia bélica inaceptable del dictador ruso para ahogar toda capacidad de resistencia está siendo dispersar los ataques sobre las principales ciudades del país invadido. Las imágenes de los bombardeos simultáneos de Kiev, Odesa, Jartov, Mariupol y otras poblaciones son aterradoras. Las víctimas sobre la población civil deben ser cuantiosas. Aunque los valientes ucranios, obsesionados hasta la heroicidad para defender su país, informan de haber causado algunas muertes de militares rusos y han destruido también varios tanques y armamento atacante; una compensación simbólica a los miles de millones en bienes inmuebles e infraestructura, por ejemplo, destruídos por los atacantes y a los casi tres mil militares ucranios muertos en las batallas y las decenas de miles de heridos.
El presidente francés, Macron, ha mantenido hoy una conversación de más de una hora con el sátrapa Putin, sin ningún resultado tangible. El propósito del jerarca ruso es hacer tierra quemada del suelo ucranio. Algo intolerable. Su idea de abrir un «cordón sanitario» que permita la salida de las ciudades atacadas (especialmente, Kiev), para permitir la salida de personal no militar no es sino la confirmación de su intención maligna de recrudecer los ataques sin importarle los daños que pueda causar.
De momento, las reservas que Putin ha venido acumulando durante más de una década -principalmente, con divisas aportadas por Alemania para abastecerse de gas- le permiten un margen económico temporal para seguir financiando la guerra. Suenan a error patético las palabras de Angela Merkel, la laureada ex canciller, cuando afirmaba que «Rusia es un suministrador fiable»; el cierre pautado de las centrales nucleares alemanas, unido al abandono del carbón como recurso energético, pesan ahora como una pesada losa sobre la necesidad de buscar un mix energético de urgencia para solventar la crisis energética que se cierne sobre los teutones en un invierno que no se ha ido aún.
Hay presión creciente sobre el dictador para que detenga la guerra: la mayoría de la comunidad internacional, la voz enérgica de intelectuales, políticos, artistas, sociólogos, deportistas o empresarios (por citar solo algunos sectores) se une a los jerarcas rusos que ven ahora peligrar sus inversiones en el exterior, y piden un alto al fuego.
Los refugiados ucranianos crecen a miles cada día. Las filas de coches en las fronteras, que pretenden salir del país, ocupan decenas de kilómetros. Putin sigue emitiendo su descabellada justificación de que Ucrania está llena de fascistas y xenófobos, en una fórmula especular por la que el agresor juega a ser el agredido, como sucede también con el generador del mobbing, que se refugia en su crymobbing, haciéndose pasar por el que lo sufre. También acusa a Ucrania de poner escudos humanos frente al lanzamiento de sus misiles
España ha enviado cerca de 1.400 lanzagranadas, 700.000 cartuchos de amertalladoras y amatralladoras ligeras, que llegarán mañana viernes, 4 de marzo, a un punto cercano a la frontera de Polonia con Ucrania. La división causada por este envío en el mismo seno del Gobierno ha saltado a la opinión pública, que está, sin embargo, más preocupada por la repercusión de esta postura de apoyo bélico al país invadido que por elucubraciones acerca de hipotéticas disensiones del gobierno Sanchezstein.
Otra noche en vela para los ucranianos. Otra noche de dolor, rabia, desgarro humanitario, solidaridad desde la distancia pero con la proximidad del afecto y la solidaridad con su lucha defensica con los valerosos habitantes del país que ya padeció, bajo el poder de otro dictador loco, Stalin, el horror del Holodomor (término derivado de las palabras ucanianas hólod -hambre- y mor -exterminio-.
Estoy leyendo un libro de Anne Applebaum, «Hambruna roja» sobre la guerra de Stalin contra Ucrania. Mucha información sobre las inicuas razones de la invasión del imitador Putin. Permita el lector que transcriba un breve poema de Shevchenko, que pedía que lo enterraran a orillas del Dniéper, el río que atraviesa Ucrania para convertirla en el granero de Europa. Una Europa que llora esta masacre y sufre este despropósito criminal. «Cuando me hayáis enterrado, levantáos/ destrozad las cadenas/ y con la sangre del enemigo/regad la libertad. (Nota: He traducido el poema del ruso, libremente)









