Al socaire

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A la mierda la alta tecnología

23 octubre, 2016 By amarias 2 comentarios

gorriones-alimentando-a-sus-congeneres

Necesitamos, en media, 2.100 kcal diarias, unos más y otros menos. Los 6.000 millones de seres humanos sobre la Tierra, precisamos unos 12 billones (esto es, millones de millones, 10 exp 12) a diario para no encontrarnos desnutridos. En  la presentación del Indice Mundial del Hambre 2016, Bärbel Dieckmann, presidenta de la organización humanitaria alemana Welthungerhilfe, recordó que 795 millones de personas en el mundo,  todavía (la cifra tiene una ligera tendencia decreciente, de ahí el uso del adverbio de tiempo) padecen desnutrición.

Hay zonas en las que se están produciendo dramáticos desplazamientos de población, como consecuencia de las guerras y de la sequía, principalmente. En nuestro apacible reducto de comodidad seudo-intelectual y de minusvalías éticas, hemos puesto cuotas de refugiados a los que estamos dispuesto a acoger, y encerramos con diligencia, a la espera de no soy capaz de entender bien qué acontecer, en Centros de Internamiento, a aquellos insensatos con mala suerte que no han conseguido escapar de los controles de frontera, y que han llegado hasta aquí con su desnudez por único pasaporte.

Hemos leído con tranquilidad superlativa que China ha comprado 3 millones de Hectáreas al gobierno de Etiopía, para atender a las necesidades crecientes de su población, sin llegar a valorar el significado para un país en el que 13 millones de etíopes sufren crisis alimentaria. India, Japón y otros países más poderosos económicamente se están haciendo con las mejores tierras del cuerno de Africa, del Sahel y de otras zonas paupérrimas del continente africano. La apropiación de Israel de tierras palestinas, los avances de las urbanizaciones de élite sobre deltas y áreas agrícolas de sus propios países, tiene el mismo fundamento: aprovecharse de la debilidad del otro en beneficio despiadado propio.

No empece a esta situación de desequilibrio el que se nos indique, por serios estudios, que la Tierra tiene capacidad suficiente para alimentarnos a todos, y bien. Solo que las oportunidades, los medios económicos y la tecnología no están bien distribuidos. No hace falta, en realidad, movilizar grandes masas de capital. Tampoco alta tecnología.

Para poner en marcha bombas de baja potencia con las que extraer agua de los niveles freáticos poco profundos, para instalar baterías de alimentación solar capaces de abastecer autónomamente de electricidad a pequeñas poblaciones, para tender unos cuantos kilómetros de tubería de pvc con la que llevar agua a territorios yermos, para ilustrar sobre los cultivos más adecuados a las características de la tierra, para educar a los niños en el mejor conocimiento de cómo ayudar a su país dándoles capacidad para replicar a los hijos de los magnates que pudieron educarse en prestigiosas escuelas del exterior, para trasladar vacunas que erradiquen las enfermedades ya superadas  en Occidente o para dotar a hospitales básicos de medios elementales con los que elevar el nivel sanitario,…no hay que apelar a genios de la ingeniería, la medicina o la sociología. Hace falta solo el concurso de voluntades, la oferta real de medios humanos y materiales sobre el terreno.

Por eso, el título de mi Comentario. A la mierda la alta tecnología. Por supuesto, la creo imprescindible para avanzar como colectivo humano. La defiendo y he defendido con el rigor de que soy capaz. Pero, por razones éticas de las que no quiero desprenderme, tengo que lamentar que, mientras celebramos, por ejemplo, que la tecnología de móviles evidencia la potencia creativa de -como recordaban hace unos días en un programa científico-, al menos, veinte premios Nobel, no seamos capaces de atajar crueles conflictos, arrumbar a dictadores de sus injustos pedestales (no hace falta matarlos, ni menos provocar un conflicto), y, sobre todo, llevar la mínima tecnología y recursos a las zonas más pobres de la Tierra, para conseguir -no dentro de décadas, mañana- que nadie muera de hambre, que nadie sufra de desnutrición, que nadie perezca ni sufra por no haber sido asistido en su enfermedad, de la que se conoce cómo curarlo y hasta como prevenirla.

Se trata, en fin, de extender la capa de solidaridad sobre la Tierra, como un manto de protección ética contra nuestro exterminio como especie o contra la pérfida valoración de que el lugar de nacimiento o la clase social determinan el futuro del individuo. No debería haber duda en emplear lo que ya sabemos como especie,  -y basta empezar con lo más elemental para lo más urgente-, en recoger a los últimos de la fila, para que -mierda- sobrevivan.

Repito lo que ya escribí hace varios meses. El mugriento trapo con la frase «Refugees welcome», que luce en el edificio central del Ayuntamiento de Madrid, me golpea el ánimo. Que lo quiten, por favor. Se me antoja una exhibición cruel de nuestro cinismo.


P.S. En el comedero de pájaros sobre el que tengo una visión privilegiada, un gorrión citadino alimenta a otro, con alta probabilidad, de la nidada de este año, mientras otros dos observan -una pareja- encaramados en el artilugio; parecen tutelar la operación. Dos aves más, una hembra y un juvenil, esperan su turno sin tomar su parte aún del apetitoso mejunge que el vecino ha puesto a la libre disposición del muestrario avícola de la zona.

Me resulta chocante que, a pesar de que el talludito juvenil tendría  acceso directo al alimento, siga recibiendo el cebado de quien supongo fue su progenitor, que, cumpliendo con un impulso natural, no duda en proporcionárselo. Alguna deficiencia, invisible para el ojo humano, debe detectar el adulto en la que fue su cría. Puede que solo desee estar seguro de que recibe la dosis de alimento precisa.

No actúa aquí el instinto de supervivencia propio, sino el cuidado del ajeno, esto es, de lo colectivo.

Publicado en: Actualidad Etiquetado como: China, Dieckmann, erradicación, Etiopía, gorrión, Hambre, mundo, refugees, solidaridad, welcome, Welthungerhilfe

¿Revisar la Constitución para perder solidaridad?

19 noviembre, 2014 By amarias 1 comentario

Entre las reglas de aplicación universal, creo debería anotarse que, si se las deja que desarrollen su vitalidad sin control, crisis y solidaridad crecen en direcciones yuxtapuestas. Precisamente, a los que más tienen -y a sus voceros- se les suele llenar la boca expresando con rotundidad el falso aforismo de que crisis significa oportunidad.

A los que tienen poco o nada, la crisis solo viene a hundirlos aún más en la miseria.

Esta segunda década del siglo XXI se va a caracterizar en España porque nos toca desbrozar una tremenda desorientación, con tantos recovecos que no conozco a nadie que se aventure a vaticinar cómo saldremos de ella. No estoy escribiendo acerca de cómo salir de la crisis, sino de la desorientación.

No tengo la solución, pero si creo disponer del método. Cuando no se sabe cómo resolver un problema, hay que tratar de complicarlo aún más, para que, al eliminar las pejigueras nuevas, se obtenga la calma que es imprescindible para resolver los temas viejos. Es la fórmula, a la que otras veces me he referido, de la cabra, deducida de un cuento judío que debería ser incorporado como conocimiento obligatorio en las escuelas de negocios y de politología.

Algunos catalanes y, de entre ellos, una mayoría de los líderes que en este momento tienen su representación institucional, desean separarse de España, con el argumento -más o menos edulcorado- de que «España nos roba» (y que adopta otras modalidades no tan impertinentes, pero que desembocan en lo mismo: «Desde la independencia, gestionaríamos mejor», «Tomando las decisiones en Cataluña para los catalanes, se generaría más actividad y riqueza para todos», etc.).

No tengo información suficiente para desentrañar la verdad -o falsedad- de los Balances fiscales según los cuales, Cataluña podría ser deficitaria o excedentaria, según el cristal con que se miren, y ni siquiera me parece hábil, por parte de los que defienden mantener la actual unidad de España, expresar que «la eventual secesión de Cataluña ha de ser votada por todos los españoles, y no solo los catalanes» o que «una Cataluña independiente no es viable».

Desde luego, tampoco estoy por la invasión militar de Cataluña, o apresar a sus díscolos dirigentes o disolver las Cortes catalanas con algún espadón o a golpe de sentencias del Tribunal Constitucional o de Supremo. No alimento la política ficción más que cuando me pongo a escribir novelas.

Pero no me parece descabellado plantear, aprovechando la ocasión, la reforma constitucional del Estado de las autonomías, revisando la aplicación de un principio que considero irrenunciable: la solidaridad. Analicemos una nueva asignación territorial, reduciendo el número de autonomías, y hagamos bien y publiquémoslas de forma transparente, las cifras de ingresos y gastos por Autonomías, reduciendo despilfarros y redundancias y tratando de que las prestaciones que emanen de gastos de las Administraciones converjan para todas ellas, con un calendario pactado.

Lo que estimo que es de una cortedad estratégica indisculpable es pensar que, en el escenario de la dura competencia internacional, se tienen más posibilidades de sobrevivir en soledad que en compañía, y se pueda ignorar que romper un país de casi cincuenta millones de habitantes en trozos depara ventajas para algunos de éstos.

¿Que no se quiere avanzar por este camino? Pues tengo una alternativa aún mejor: apoyemos, en el seno de la Unión Europea, la Europa de las regiones. Esta era una aspiración que se manejó por un tiempo y que se aparcó, erróneamente, incorporando, por el contrario, a minipaíses que han desequilibrado profundamente la toma de decisiones en la institución que estaba llamada a transformarse, de unión de comerciantes, en unión de solidaridad y libertades.

¿Qué tampoco se quiere pensar en la Europa de las regiones?. No hay problema; es decir, tampoco va a acabarse el mundo por ello. Sentémonos a la puerta de nuestras cortedades nacionalistas y veremos pasar, en este caso, no el cadáver de nuestro enemigo, sino los restos de las últimas ilusiones de que Europa pudiera cumplir un papel relevante en el orden mundial.

 

 

Publicado en: Actualidad Etiquetado como: autonomías, balance fiscal, Cataluña, Constitución, pacto, revisar, secesión, solidaridad

El arte de la guerra y el trazado de nada sutiles líneas rojas

11 noviembre, 2013 By amarias2013 Deja un comentario

Supongo que los chavales más belicosos de cada centro de enseñanza siguen trazando líneas en el suelo y amenazando con golpear al entrometido hasta la muerte si se atreve a traspasarla. Por los más fútiles motivos.

Hace tiempo que no me acerco a los Institutos y Colegios de donde deduzco, por lo efectos exteriores que contemplo, que se ha avanzado bastante en conseguir desorientar a jóvenes y jóvenas sobre lo que se espera de ellos en el más allá de las aulas, pero apostaría doble contra sencilla a que los viejos hábitos con los que se consigue auto-perfeccionar, sin ayuda de nadie (perdón de la redundancia) los comportamientos agresivos, se mantienen incólumes. No en vano forman parte de la esencia de la especie.

Nacemos preparados, con la espada bajo el brazo, para el arte de la guerra, Y, ay de los que no tengan el filo siempre a punto.

El actual presidente de los Estados Unidos más numerosos (por ahora), Barak Obama, está demostrando un dominio supino del arte de la guerra que parece, por su perfección, sacado de los libros orientales y haberlo experimentado en los patios de colegio de barrio multirracial.

Porque se ha especializado en trazar líneas, que me recuerdan poderosamente a las que los bravucones del Colegio de pago al que fui (con beca) dibujaban con la punta del zapato en la arena, acompañadas de un escupitajo.

-«Si te atreves a pasar de aquí, te ostio» -acostumbraban a decir, asustando a los más pequeños o más débiles.

Y resulta que luego, las atravesabas y no pasaba nada.

-«Por esta vez, pase. Pero, a la próxima, ya verás» -era la revisión de la amenaza con la que se tranquilizaban a sí mismos para justificar el incumplimiento de una regla que se habían imaginado y que maldito si interesaba a nadie que se cumpliera.

El lector puede estar pensando que me refiero exclusivamente a la amenaza de Obama de castigar con ciertos imprecisos males del infierno al gobierno sirio si se comprobaba que habían empleado armas químicas contra la inocente población civil (por cierto: la población civil es la única que merece tal apelativo en las crónicas de la guerra). Puede que también piense en el mantenimiento de un oscuro sistema de ayudas sociales en un país con el mayor número de hambrientos contabilizados de todo el orbe civilizado (si es que existe tal Utopia; la de la civilización, aclaro).

Pero se equivoca si me atribuye tal simpleza. El mundo está plagado de líneas rojas. Y, por esta vez, la línea roja a la que dedico este Comentario está trazada para proteger la sociedad del bienestar de la Unión Europea. Y no es solo imaginaria, tiene ribetes muy reales. La defendemos con alambres de púas, con patrulleras, devolviendo a los que consiguen superarla al punto de partida (como en el juego de la Oca) y, si hiciera falta, no me cuesta trabajo creerme que se agujerearían a los que se acerquen a ella los botes salvavidas con disparos al aire (que es lo propio, tratándose de balsas inflables).

Tanto esfuerzo es, por los resultados, inútil. No evita que, en esta época de penuria, aumente de forma constante el número de desarrapados que superan las líneas rojas, ocupan las calles, se instalan en las esquinas, llenan los poblados marginales de las ciudades y, ayudados por empresarios y particulares que no me atrevo a calificar de caritativos, llenan espacios de la cada vez más amplia economía sumergida.

Son zombis del desarrollo, de la globalización, de la superación de la lucha de clases que distinguía el proletariado de los capitalistas, por la confrontación entre el precariado (la palabra no es mía; y lo lamento, porque es una joya semántica), y los amedrentados, en beneficio de la estabilidad y crecimiento de los beneficios de unos pocos, ahora ya, gracias a la internacionalización (no la Internacional, otra cosa), ubicados en los paraísos fiscales, mayoritariamente.

Aparentemente, son solo los inmigrantes irregulares, y los que intentan serlo, los que se esfuerzan en traspasar, obstinadamente las líneas de colorines con las que pintamos el mar Mediterráneo, delimitamos las fronteras de Schengen, incluso las que habilitamos como zonas de protección, con la colaboración de países bastante pobres que dicen ser amigos porque aspiran a recibir mejores tajadas de lo que aún envidian, porque no ven el espejismo de nuestra prosperidad.

Son líneas imaginarias, sutiles, inexistentes en realidad, porque han sido definidas con una bravuconería de golfo de instituto que no podemos defender.

Deberíamos darnos cuenta de una vez que solo hay una sola actitud posible, y no es de defensa, sino de cooperación: no consiste en trazar líneas rojas, ni apabullar con voces y gritos, ni, mucho menos, manejando las armas.

Si nos creemos la globalidad, solo ganaremos esta guerra aceptado cuál es el enemigo. La falta de solidaridad, la trampa de la globalización, el despilfarro y el acaparamiento ilícito de recursos. Se gana con solidaridad, con ideas, con apoyos recíprocos y, también, con el reconocimiento de que es una tarea de todos. E implica prestar mayor atención a algunos países, justamente, a los que les hemos estado sustrayendo recursos para nuestro desarrollo, y no aplaudiendo a los que trazan aquí y acá rayas que solo duran recién pintadas mientras no se traspasen en tropel por los que están teóricamente al otro lado.

Publicado en: Ejército, Sociedad Etiquetado como: arte de la guerra, belicoso, ejército, espada, inmigrante, irregular, línea roja, Obama, precariado, responsabilidad, solidaridad

Día de disjuntos

2 noviembre, 2013 By amarias2013 Deja un comentario

En toda cultura se encontrarán fórmulas de respeto a la memoria de los muertos, en particular, de los familiares y amigos a los que hemos conocido, que van desde la aparatosa manifestación externa hasta el recogimiento más íntimo.

El 2 de noviembre era, hasta que España dejó de ser católica, Día de difuntos. Pero los que hemos sido educados en esa fe, aunque se nos haya perdido en los recovecos de la razón, mantenemos vínculos con esa fecha. Para quienes no necesitamos de efemérides para mantener viva la memoria de los que se nos murieron, hoy puede ser un día para acordarnos de los que nos dejaron aunque siguen vivos por ahí. Un Día para los Disjuntos.

Estas pueden ser las advocaciones con las que recuperamos su recuerdo.

A ti, que un día dejaste las aulas que compartíamos, y desapareciste sin que nadie nos explicara los motivos.

A ti, que no me diste oportunidad de explicar por qué actué de esa manera que te disgustó, y ya no contestaste a mis llamadas, permitiendo que el tiempo marchitara nuestra amistad.

A ti, que me cambiaste por otro más listo o más hermoso, desapareciendo de mi cercanía para irte de su brazo hacia un proyecto del que ya no supe nada.

A ti, que creíste que no era de los tuyos, porque te dejaste confundir por lo que te dijeron nuestros enemigos.

A ti, que creías que podía haberte servido de algo para alcanzar tus intereses, y me abandonaste cuando te cercioraste de que mi influencia era, además de escasa, inservible para lo que pretendías.

A ti, que dedicaste una parte de tus esfuerzos en impedir que mis cualidades fueran valoradas para que no te hicieran sombra en la parcela en la que crecía tu ambición.

A todos los que no hicieron lo más mínimo -al menos, lo necesario- para entenderme, a todos los que no supe entender, a los que se fueron sin despedirse, a los que se quedaron y hoy no me reconocen o me ignoran, a los que jamás se cruzarán en nuestro camino porque estarán atentos a cambiar de acera, a los que nos menosprecian desde sus pedestales de presunta sabiduría, a los que les gustaría que nos conociéramos pero no se atreven a llamarnos, a los que nunca se les pasará por la cabeza qué interés podría tener el que nos conozcamos, a los que piensan diferente en algún tema y no quieren confrontarlo con lo que sabemos, a los que piensan igual que nosotros pero no lo han manifestado por temor a las represalias, a los que viven lejos de otras maneras y en otras circunstancias, a los que tal vez podría ayudar con lo que tengo si conociera en qué, a los que no ayudo porque no sé cómo o no me lo planteé, a los que no me ayudan porque no les preocupa lo más mínimo lo que puedo necesitar, a los que…

A todos ellos, mi recuerdo hoy. Porque es el Día de Disjuntos.

Con todo el afecto de que hubiera sido capaz, si las cosas hubieran discurrido de otra manera. Porque no ignoro que al lado de toda persona que odia, hay alguien que le ama, o que junto a los que desprecian, hay necesidades y, sobre todo, los que necesitan no siempre tienen la oportunidad de hacerse notar de aquellos a los que les sobra.

Publicado en: Actualidad, Cultura, Sociedad Etiquetado como: advocación, amistad, aulas, ayuda, compañerismo, compartir, comprensión, controversia, desaparecer, día de difuntos, disjuntos, educación, fe católica, recuerdo, rencor, solidaridad

Cuento de otoño: La verdadera historia del pueblo que se volvió invisible

16 octubre, 2013 By amarias2013 Deja un comentario

En las secciones de Historia Universal y Particular de las Bibliotecas y Hemerotecas se pueden encontrar montones de verdaderas historias que, cuando se las rasca para comprobar su verosimilitud, se transforman en cuentos chinos.

Lo que voy a contar es justamente, lo contrario. Un aparente cuento chino tan verdadero como la vida misma; vamos, súper, súper-real.

Para empezar por algún lado, debo aclarar que en la época en la que se sitúa este relato, hacía ya mucho tiempo que se habían erradicado o controlado todas las formas de epidemia que, en la antigüedad, habían provocado cientos de miles de víctimas. No había ni peste, ni mal español o francés, ni tuberculosis, ni viruela, ni, mucho menos, hambre.

Podíamos decir que, salvo ligerísimas excepciones, los que morían lo hacían porque habían agotado el fluido vital que cada uno lleva dentro de sí o decidían irse a conocer el otro mundo de forma acelerada, quitándose de en medio.

Hecho este más bien largo prolegómeno, indicaré de inmediato que así estaban las cosas cuando en la ciudad de Opulencia, allá en la región de La Desgana, famosa por sus habichuelas de ojo amarillo, una mujer muy observadora le comentó a su esposo, muy agotado de tanto aventar humos y pajas, en el descanso publicitario de un programa de variedades que ofrecían por la televisión nacional.

-Hoy, cuando volvía en el metropolitano de la clase de aeróbic, entró en el vagón un tipo al que le faltaban una pierna y un ojo, pidiendo ayuda para subsistir.

-¿Y? ¿En qué nos afecta a nosotros? ¡Ya sabes que esos tipos que piden son ladrones o drogadictos!- razonó el esposo, que aprovechaba el momento para cambiar de canal y enterarse así de los resultados de la Fase Previa de la Copa Federaciones.

-Solo te lo comentaba porque el hombre atravesó el vagón, que estaba lleno, y nadie lo miró. Pasó entre la gente como si fuera invisible. -dijo la mujer, al tiempo que advirtió- Vuelve a la Uno, que seguro que ya empieza Enterados.

El programa Enterados estaba aquella noche especialmente interesante, porque reflejaba la historia de una modelo muy cotizada (la que salía con aquel locutor de pelo pincho) que había sido fotografiada con el hermano pequeño de un futbolista, ese del anuncio de agua de colonia que tiene un tatuaje en el muslo izquierdo.

La constatación de la esposa observadora, que llamaré, Perspica Lopersigo, no tenía porqué haber sido casual. En las calles de Opulencia (nombre que estaba ligado a la Edad de Oro de la ciudad, y que la Corporación había decidido mantener, aunque se había propuesto por el sector crítico cambiarlo por el de Decadencia, quizá más apropiado), se podían encontrar con creciente intensidad, nuevos moradores.

Eran hombres, mujeres y niños, venidos de muchas partes, pero sobre todo, del sur y del oriente, que se afanaban en buscar el vellocino dorado, el oligofante pétreo o la piedra filosofal, que alguien les había convencido previamente que se encontraría por aquellos lugares.

Como pronto se les hacía evidente que, de eso, nada, todos cuantos llegaban desaparecían, procurando no dejar rastro, y los que quedaban en la calle, parecían disponer de la extraña cualidad de hacerse invisibles.

Pespica lo comentó con sus mejores amigas.

-¿Os habéis dado cuenta de que todos pasamos entre estas gentes, que están tiradas en el suelo, ocupan las cabinas vacías de los bancos, pretenden limpiar el parabrisas del coche o se acercan para ofrecernos toallitas, sin verlos?

-Hay que acostumbrarse. Si les prestas atención, son unos pesados de agárrate. Además, casi todos son drogadictos -le explicó su amiga Condolen.

-Por no decir, extranjeros, que no se lo que es peor -apuntó Sincerita, que estaba casada con un jefe de protocolo.

Pasó algún tiempo y Perspica notó que los habitantes de Opulencia, cuando pasaban unos al lado de otros, tampoco se miraban. Se habían contagiado. Hacían como si fueran invisibles. Ponían los ojos en el horizonte o la mirada extraviada y aparentaban tener mucha prisa en ir hacia cualquier parte.

-Creo que me he hecho invisible yo también -se lamentó Perspica, mientras veía con su marido una nueva temporada de Enterados-. Ayer me crucé con Condolen y no me vio.

No obtuvo respuesta.

-Me parece que me he hecho invisible incluso para ti -continuó Perspica.

Se dirigía hacia el sofá, creyendo que su esposo estaba allí, pero él se había levantado por una cerveza.

FIN

Publicado en: Cuentos y otras creaciones literarias Etiquetado como: angel arias, cuento de otoño, hombre, invisible, matrimonio, pobre, solidaridad

Visita a los talleres de creación de valor

17 febrero, 2013 By amarias2013 Deja un comentario

Hace algunos años que el doctrinario para alimentación cultural colectiva y, en especial, el catecismo empresarial, incorporó la «creación de valor» como objetivo.

Pocos son, desde entonces, los dirigentes que, cuando la ocasión les parece propicia para explicar a qué se dedican sus entidades, no se acogen a la oscura expresión de encontrarse creando valor: para el accionista, para el empresario, para la sociedad.

Lo que no he escuchado aún salir de una boca bienaventurada es que su auténtica satisfacción pudiera limitarse a tener éxito en crear valor para sí mismo; aunque sospecho que no son pocos los que encuentran en la autovaloración de estar haciéndolo mejor que cualquier otro y, sobre todo, en los buenos dineros que les acarrea, la medida fiel de su trabajo por el resto de la Humanidad, situada varios palmos más abajo.

He imaginado una incursión por los terrenos de la creación de valor, a la manera como Dante se aventuró en el averno. Y, tratando de ser sistemático, he dividido las dependencias de esa fábrica imaginaria, en cinco talleres de actividad.

En el taller primero, se hallan disfrutando de sus iniciativas, los que explotan los recursos naturales de países o zonas más atrasadas tecnológicamente, con legislaciones más permisivas o administraciones más complacientes. Su desplazamiento es continuo por el planeta, como las langostas, puesto que cuando agotan o creen haber agotado una zona, se desplazan a otra de inmediato, que no tardan en dejar monda y lironda.

En el taller segundo, se encuentran los generadores de burbujas, ocupados febrilmente en inflar los globos de sus ambiciones por los terrenos de la necesidad de sus congéneres, imaginando de continuo, bajo la fórmula infalible de las estafas piramidales, falseadas perspectivas de enriquecimiento ajeno, cuando en realidad, solo es seguro el beneficio propio, que sabrán poner a buen recaudo en paraísos fiscales, que es donde acumulan el valor que otros han creado, convertido en su riqueza.

En el tercer taller, se encuentran los corruptores y corruptos, enmarañados en sus propias creaciones y construcciones fantasiosas realizadas con los trozos que han restado al exacto cumplimiento de las necesidades colectivas, alimentadas las ambiciones personales de unos y otros a base de dineros provinientes de las arcas  públicas (aunque tampoco se desdeñan las aportaciones privadas), dejando visibles huellas de su paso por la realidad en forma de estructuras fallidas (junto a otras innecesarias o inútiles) y, solo si nos fijamos atentamente, por la estela menos evidente que delata el trasiego de los dineros ciertos circulando sobre falsos motivos.

En el cuarto taller, hallamos los centros de investigación, los laboratorios y fundaciones públicos, departamentos univesitarios y de Escuelas Técnicas, entre otros variopintos organismos, que conforman sitios peculiares en donde se entregan a su actividad jóvenes y no tan jóvenes obsesionados por hacer crecer alguna nueva tecnología, y cuyos motivos personales son tan variados casi como tantos cuantos individuos fueran consultados . La mayor parte del trabajo no se dedica a la creación de valor sensu escrictu, sino a la producción literaria. Pero es sintomático ver cómo cuando algunos de esos equipos o individualidades, -pocos y muy de tarde en tarde-,  tienen éxito real en sus investigaciones, casi al mismo instante del hallazgo, el resultado le es arrebatado o adquirido por cuatro perras, por entidades más poderosas, que, siguiendo sus propios criterios de creación de valor, deciden implacables  sobre la oportunidad de convertirlos en objeto de mercado o, frecuentemente, en mera pieza de estantería.

En fin, en el quinto taller, en la zona más baja y oscura del infierno de la creación de valor, se encuentran miles de personas trabajando cada una en su covacha, frecuentemente con los ojos y parte de los cerebros extraviados por no poder conciliar el sueño debido a la tensión, que se afanan, de forma que se podría juzgar fantasmagórica, por encontrar la manera de generar un minimo de la sustancia que les permite subsistir. Están juntos, pero actúan aislados. Pocos de entre ellos, como los galimpeiros del cuento real, encuentran de pronto una piedra distinta, una fórmula genial , una idea feliz -casi siempre, por casualidad-. Si tienen suerte de superar los controles de salida del taller, podrán aparecer con su gema a la luz, fuera de las ficciones de creación de valor, y deberán echar a correr como si huyeran del diablo, porque les perseguirán para controlarlos y devolverlos al redil.

Cuando acostumbren sus ojos para distinguir los nuevos objetos,  se sorprenderán al advertir que fuera de los talleres que les habían mantenido tan obsesionados, está la luz. Y allí, en aquel espacio de virtud, es donde se desarrollan los proyectos que van conformando a Utopia, la ciudad de la solidaridad y la verdad, la tierra en donde no preocupa el objetivo de la creación de valor, porque, en realidad, solo tienen sitio en ella los que tienen valor por sí mismos y lo ponen al servicio de los demás, que lo reconocen y premian.

No está en la acumulación desmedida de dinero, ni en el lujo abominable, ni en la ostentación lujuriosa, ni en la deslealtad, ni en la explotación de la necesidad de otros.

Publicado en: Economía, Empresa, Sociedad Etiquetado como: burbujas, creación de valor, empresa, mito, responsabilidad, solidaridad, talleres, trabajo

Deutsche UnterstÜtzung

5 febrero, 2013 By amarias2013 Deja un comentario

La canciller alemana Angela Merkel, anfitriona en Berlín de un circunstancialmente crecido Primer Ministro español -Mariano unter uns-, expresó su voluntad de ayudar al país amigo, envuelto en dificultades de tanta diversidad que podríamos calificar de «esféricas» -globale Schwierigkeiten-, con unas cariñosas palabras.

Sonó algo así: «Animamos a nuestras empresas alemanas en España a que contraten españoles y a nuestras empresas en Alemania a que se fijen en los técnicos cualificados españoles, especialmente, los jóvenes, cuando piensen en ampliar sus plantillas«. (Rueda de prensa posterior a la cumbre hispano-alemana del 4 de febrero de 2013, Berlín).

El presidente Rajoy debía tener la cabeza ocupada con la repetición mental de las expresiones tajantes con las que estaba decidido a reconocer, por fin, que no había tenido conocimiento de contabilidad paralela en su partido, que toda la información publicada por los periódicos controlados por la oposición política era una invención malintencionada, y que las siglas LB no correspondían a Luis Bárcenas, ex- tesorero del PP durante más de una década, ni tampoco a Lehman Brothers, sino a Lysoghenia Broth, el caldo de cultivo utilizado en los laboratorios para el crecimiento de las bacterias, con las que los envidiosos del buen hacer de su gobierno estaban contaminando la economía.

Si el presidente-primer ministro español hubiera tenido la cabeza despejada, hubiera rechazado con una sonrisa la ridícula oferta de cooperación, y, con sus más cuidadas palabras, hubiera expresado esta idea:

«Guárdese su ayuda, Sra. Merkel. Wir brauchen nicht so fortzuleben, wie wir gestern gelebt haben. Macht uns nur von dieser Anschauung los, und tausend Möglichkeiten laden uns zu neuem Leben ein.»

El prejuicio hispano es el inmovilismo. Pasamos más tiempo discutiendo lo mal que lo hemos hecho que lo que tenemos que hacer. Con o sin Alemania.

—

(1) El título del Comentario es: «Apoyo alemán» y la frase con la que termino, tomada de C. Morgenstern, refleja lo siguiente: «No necesitamos seguir viviendo como hemos vivido hasta ayer. Liberémonos» (en el original, se dice, «libéranos») «de este prejuicio, y miles de posibilidades nos invitarán a una nueva vida».

Publicado en: Política Etiquetado como: apoyo alemán, crecimiento, cumbre, deutsche, economía, emprendedor, empresa, españa, Merkel, política, Rajoy, responsabilidad, schwierigkeiten, solidaridad, unterstützung, verantworlichkeit

Eutanasia para pobres

28 enero, 2013 By amarias2013 Deja un comentario

Que se mueran los viejos. Pronto. El ministro japonés de Finanzas, Taro Aso, para escándalo de la hipócrita sociedad contemporánea ha expresado su fórmula para aligerar las cuentas públicas de Japón.

Naturalmente, no lo ha expresado tan crudamente, porque aún no estamos preparados para asumir la valiente propuesta. Su propuesta para reducir el déficit que dificulta la recuperación económica del país más eficiente del planeta, apunta a agujeros presupuestarios concretos: Sectores improductivos, no rentables.

En la cúspide del despilfarro de una sociedad condescendiente con los débiles, se encuentran los pacientes terminales, especialmente, los viejos sin posibilidades de recuperación, que son mantenidos vivos con caros tratamientos en hospitales del Gobierno. Esa «gente del tubo» ha agotado su derecho a vivir.

Reabrir la caja de Pandora de la eutanasia activa, aunque se haga solo para cerrarla de inmediato y pedir disculpas por la osadía, incluso avergozándose por el revuelo causado, es algo que suena a provocación: es… valiente, pero es intolerable,

En esta zona del planeta en donde mantenemos los principios éticos incólumes, ni nos lo planteamos. Tenemos principios inquebrantables.

Cuidamos a nuestros ancianos: Nadie se muere de hambre entre nosotros. Vigilamos las calles para que los sin techo no pasen frío: les damos mantas y caldo caliente, cuando los encontramos vivos… lo que, desgraciadamente, no siempre es posible. Ofrecemos a la mayoría, pensiones que garantizan su subsistencia; tampoco es tan complicado, porque vigilamos los precios de la cesta de la compra: una barra de pan puede adquirirse por 30 céntimos, el kilo de pollo entero se compra por 3 o 4 euros y eso mismo cuesta un kilo de sardinas o mejillones: comida variada, rica en proteínas.

Atendemos a lo que conviene a la satisfacción de estos amortizados, con gran esmero. Con poco más de 50 años, decimos a nuestros mayores, con los mejores modales, que ya no los necesitamos activos en nuestra sociedad. Ya han cumplido. Queremos que descansen, que vean la televisión (magníficos programas divulgativos, para que no les cunda el tiempo que les queda), que paseen y se relacionen con otros ancianos en esos magníficos Centros comunitarios que llamamos De Día, y que hemos creado específicamente para ellos, para que se cuezan en sus salsas; allí podrán leer todos los periódicos que deseen y muchas revistas con noticias sociales imprescindibles, y, si les apetece, los fines de semana, hasta podrán escuchar en ellos la música que les gusta, la que encandilaba a sus padres, ¡y bailarla!.

Puede que no tengamos tiempo para visitarlos en la vieja casa familiar, con frío y goteras, por la que pagan una renta irrisoria (¿qué querrían, que los mandemos a una clínica geriátrica, con el precio que tienen?), pero les hemos conectado a un servicio de ayuda inmediata, que en caso necesario los llevaría con urgencia al hospital comarcal. Funciona incluso aunque no tengan teléfono, que, en general, hemos dado de baja, pues a los ancianos no les gusta hacer llamadas y no reciben ninguna.

Es cierto, en fin, que los viejos nos cuestan mucho dinero, y que tendríamos más capacidad de gasto para otras cosas si no fueran tan longevos y, siendo longevos, como mal menor, mantuvieran facultades de autonomía suficientes para asearse, vestirse y no darnos la lata.

Pero así son las cosas. Porque somos sensibles ante la desgracia ajena y sabemos responder a las muchas dependencias a que nos obliga nuestro sentido del deber. También son una carga los parados, desde luego, al menos cuando tenemos que cubrirles su período de prestaciones sociales. Ah, sí y dedicamos mucho dinero para que los hijos de los pobres puedan estudiar algo; con buenos profesores, muy motivados éstos por sus sueldos adecuados y horarios cómodos.

También, por obligación constitucional, atendemos a todos por igual en hospitales con magníficos equipos, -físicos y humanos, y hasta divinos-, que apenas tienen nada que envidiar a los que están disponibles en centros privados, a los que, por inveterada costumbre, suelen seguir yendo los ricos, sin advertir que, en no pocos casos, el personal sanitario es el mismo (y, aunque esto debería comprobarse, las malas lenguas dicen que incluso el horario coincide).

Pero hay que tener paciencia y saber encontrar el  lado bueno. Ancianos, pobres, enfermos, parados, son una rémora necesaria, un contraste, para que luzcamos mejor los jóvenes, sanos, activos, guapos.

Es un alivio no encontrarse en ninguno de esos grupos de miseria.

Publicado en: Sociedad, Uncategorized Etiquetado como: ancianos, centro de día, ética, eutanasia activa, geriatría, justicia, responsabilidad, sanidad, solidaridad

España, una división territorial pragmática

15 enero, 2013 By amarias2013 2 comentarios

Redefenir el espacio autonómico español es tarea prácticamente imposible. Se han colado tantos fantasmas como «realidades históricas»; pasiones junto a intenciones de racionalidad. Y, entre medias, una gran dosis de falta de solidaridad, de egoísmos liberales (o sea, capitalistas), de decaimientos progresistas.

Cuando Diocleciano (284-305) dividió Hispania en cinco provincias, no tenía compromisos constitucionales ni presiones culturales ni tradiciones que mantener. Con el pragmatismo de quien desea tener una visión equilibrada de un territorio alejado de la metrópoli, aunque productivo, trazó las líneas que conformaron la Tarraconense, Gallaecia, Lusitania, Cartaginense y Baetica.

Tenemos ahora un problema muy distinto, que viene señalado por la fiebre separatista de ciertos capitostes políticos de Catalunya y Euskadi, y que el pueblo llano de esas regiones sigue con la misma pasión con que jugábamos los partidillos al terminar las clases del día cuando éramos niños, que terminaban al marcar un gol, sin límite de tiempo.

¿Por qué no atender a la división de España por población? Al generar una estructura territorial uniforme, por ejemplo, de seis a ocho estados federados, con un número de habitantes similar en cada uno, la atención a la distribución de los medios económicos en relación con las necesidades de población centraría crudamente las discusiones de reparto. Es decir, hablaríamos, sin tapujos, de solidaridad.

Esta sería una propuesta de Estados federales:

1. Castilla (Madrid, Cáceres, Badajoz, Toledo, Avila, Segovia, Soria, Ciudad Real, y Guadalajara): 9,7 millones hab. (censo 2011)
2. Catalunya: 7,5 Mill. hab.
3. Arco Atlántico (La Coruña, Pontevedra, Lugo, Orense, Asturias, León, Santander, Zamora, Valladolid, Palencia y Burgos). 6,8 Mill hab.
4. Andalus (Huelva, Sevilla, Cádiz, Córdoba, Málaga, Jaén, Granda, Almería y Murcia): 9,9 Mill. hab.
5. Euskadi-Aragón (Vizcaya, Alava, Guipúzcoa, Navarra, Huesca, Zaragoza, Teruel, La Rioja): 5,3 Mill hab.
6. Valencia (Valencia, Castellón, Alicante, Albacete, Cuenca e Islas Baleares) : 6,5 Mill. hab.
7. Canarias (Santa Cruz, Las Palmas, Melilla y Ceuta: 3,5 Mill hab.

¿Parece provocador? A mí me parece pragmático. Por supuesto, cabrían otras soluciones inspiradas en el mismo principio: solidaridad.

Publicado en: Política Etiquetado como: Andalus, Aragón, Arco Atlántico, autonomías, Canarias, Catalunya, Ceuta, distribución, división, españa, estado, Euskadi, federal, Islas Baleares, Melilla, población, pragmatismo, solidaridad, territorial

Lo que necesitamos en 2013

1 enero, 2013 By miguelarias Deja un comentario

Está a punto de terminar 2012, un año malo. Dicen algunos que estamos ante un cambio de tendencia, pero no les creo. Dicen otros que necesitamos cambiar de paradigma, y no me convencen.

Expresan unos que tienen la solución, y no me inspiran confianza. Intervienen otros para manifestar que los que toman decisiones lo hacen en su provecho o que se equivocan en lo que otros hacen, y no tienen credibilidad, porque no acertaron cuando tuvieron la oportunidad.

Opino que a todos nos hace falta mucha humildad. Para no opinar de lo que no sabemos, no actuar sobre lo que ignoramos, no aparentar lo que no tenemos.

Si tuviéramos perfectamente detectados a los que conocen bien sobre un tema y les dejáramos opinar, sin el ruido de los que solo hablan de oídas o por intereses propios o al mandato de los que los tienen, tendríamos la oportunidad de saber cuáles son, en verdad, la magnitud de los problemas y las opciones para solucionarlos.

Y, si los que tienen el poder para actuar se dejasen guiar por los que saben y tomasen las decisiones adecuadas -solo las imprescindibles- para llegar por el camino más derecho a solventar las dificultades, todos estaríamos mejor y más tranquilos.

Pero no es así. Quizá el mundo está organizado para que nunca sea así. Hay demasiados papeles ya distriubuídos entre personas que no son suficientemente capaces, y que, desde luego, no están dispuestos a ceder su posición relevante. Hay demasiadas personas que están encumbradas en centros de poder y que, por el hecho de estar allí, creen que deben opinar y tomar decisiones acerca de lo que ignoran. Peor aún, muchos de los que toman decisiones actúan desde la extraña convicción de que deben cambiar lo que los ánteriores hicieron, por cuestiones de ideología, intuición o, simplemente, porque se pretenden con la autoridad para modificar lo que se encuentran en su feudo de acción, acercándolo a sus intereses, creencias o imaginaciones.

Y luego, estamos todos los demás. Los que somos conscientes de que sabemos poco de casi todo, aunque pretendemos dominar una pequeña esfera en la que hemos acumulado nuestra específica experiencia y conocimientos. No tenemos ocasión de manifestarnos y cuando lo hacemos, no tenemos público. Nos ignoran.

La verdad hace daño a quien desearía tener su dominio absoluto. Los que tienen el dominio hacen daño con sus decisiones, fundadas con demasiada frecuencia en sus conocimientos limitados, en su información imprecisa o, aún peor, en la confianza que les da el actuar como lo hacen solo por saberse apoyados por un pequeño grupo de instigadores, que quieren convencernos de que hay que hacer las cosas así, como ellos o los que los mandan, quieren.

Necesitamos humildad, pero también fortaleza. La fortaleza que se consigue aglutinando las opiniones de los mejores, de los que saben de verdad de los temas, de los que manejan la información cierta, de los que no tienen otra ideología que la del progreso de todos.

Pero no tenemos muchas probabilidades de que esto sea así, como la mayoría queremos, y como muchos pensamos que debería hacerse. Con honestridad, con conocimientos, con seriedad, con sentido de la solidaridad.

Nadie tiene el derecho a pensar que lo está haciendo muy bien, porque no será así. Nadie tiene el derecho a creer que es tan bueno que merece ser recompensado con un salario que no guarda ninguna relación sensata con la de los que están a sus órdenes o bajo su cuidado. Nadie puede jactarse de haber tenido suerte en su vida, porque haya heredado una fortuna, conseguido con trampas y artimañas acumular un magnífico inventario de bienes, alcanzado en solo él sabe qué condiciones un puesto de dominio en la academia, en la política, en la empresa, en la judicatura o en cualquier otro orden de la vida.

Necesitamos humildad para reconocer lo que no sabemos y los que sabemos poco necesitamos fortaleza para defender aquello que sabemos bien y no desfallecer en utilizar todos los medios legítimos para hacer llegar nuestra voz. A los que padecen la injusticia de las decisiones atropelladas y a los que disfrutan del placer de tomarlas, convencidos de que nadie podrá desmentirlos.

Ese es mi deseo para 2013. Y para siempre.

Publicado en: Actualidad Etiquetado como: 2012 año malo, angel arias, año nuevo, balance 2012, consciente, credibilidad, decisiones adecuadas, decisiones atropelladas, deseos, deseos para 2013, dominio absoluto, hacer llegar nuestra voz, hacerlo bien en 2013, humildad, imprescindibles, intereses, propósitos, solidaridad

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