Al socaire

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No me abstengo

13 julio, 2014 By amarias Deja un comentario

Me parece preocupante que crezca el número de los que se abstienen. En las votaciones para decidir sobre cuestiones políticas o económicas, incluso muy relevantes, me he preguntado siempre qué significado exacto reside detrás de la abstención ante un tema de importancia.

Entiendo que no puede ser interpretado como «no me interesa en absoluto lo que se debate» y sería pernicioso igualmente identificarlo con «me da lo mismo que se haga lo que se haga, todo me parece bien». Particularmente demoledor sería atribuir al que se abstiene la opinión de que «como el sistema está corrupto y dominado por intereses que no comparto, ni siquiera con los que están en contra de la propuesta, me declaro al margen».

Sospecho que una buena parte de los que se abstienen, al menos en las votaciones normales de nuestra vida corriente y moliente, lo hacen para no enseñar su posición, esto es, para no comprometerse. Si la votación es a cara descubierta, y puede identificarse al autor de la opinión o juicio, el número de los que se abstienen, crece.

Me ha intrigado, desde que era niño, el silencio de los que callan su opinión sobre lo que se debate. ¿Por qué están allí, si aparentemente, no les interesa lo que se dice? ¿Para aprender, para vigilar a otros? ¿Tal vez para informar a alguien que no quiere aparecer visible, actuando como sus confidentes o espías, dispuestos a proporcionar munición a un poderoso ausente contra el que se ha expuesto, al decir lo que piensa?

En las reuniones, cuando me tocó y toca dirigirlas, procuro animar, especialmente a los que parecen más retraídos, a que se manifiesten. Generalmente, me encuentro con un regalo producto de ese empeño: los que guardaban silencio, son quienes tienen las opiniones más interesantes, las ideas más novedosas.

En cambio, los que hablan mucho, acaparando los espacios, raras veces tienen algo nuevo que aportar o decir.

No te abstengas. Habla. Y, después y en todo momento, escucha. Sobre todo, a los que callan. Y desentraña las causas de su silencio.

Publicado en: Cultura, Sociedad Etiquetado como: abstención, debate, discusión, reunión, silencio

Me gusta

10 julio, 2014 By amarias 2 comentarios

Nos estamos idiotizando a pasos agigantados, y, lo que es más singular, no parecemos ser conscientes de ello.

Nos hemos hecho capaces de manifestar con un «me gusta» (un simple teclear instantáneo en ese lugar que nos ofrece Facebook para calificar sin compromiso el comentario de ese amigo virtual al que quizá no conocemos ni de vista y que, desde su soledad, nos ametralla en el ipad con los disparos de su no diagnosticada psicopatía), nuestra confusa impresión personal ante cualquier noticia. Ya sea la muerte de setenta iraquíes por una bomba suicida, la frase teóricamente genial y falsamente atribuida por las redes a un personaje cuyo nombre nos suena de algo o una disquisición razonada sobre la conveniencia de utilizar un lenitivo para aligerar el vientre colapsado, por poner ejemplos a lo que circula a rienda suelta, por las redes

Esa dejación de interés no tendría, después de todo, mayor importancia, si no se correspondiera coherentemente, con otros síntomas terribles. No somos capaces de concentrarnos en la lectura de ninguna información que no sea intrascendente, hace años que no leemos un libro desde la primera página a la última, y, siguiendo en esa línea, de los vecinos no nos interesa más que el que no causen ruidos por las noches. y nos hemos hecho tan insensibles que solo lloramos cuando nuestro ídolo futbolero falla un disparo a puerta que era gol cantado.

Me produce estupor, pero me encaja con el tono vital de nuestra sociedad en estado de colapso catatónico, el que un flamante secretario de la OCDE -Angel Gurría, «diplomático» mexicano con un título en Economía por la Autónoma de México- afirme, sin que nadie le haga tragarse sus palabras a gorrazos (1), que nuestros titulados universitarios están al mismo nivel formativo que un estudiante de segunda enseñanza de Japón.

Debe tener que ver con la dejación con la que contemplamos, impertérritos, que nuestras instituciones más preciadas se han emponzoñado hasta las corvas con los males apocalípticos de la corrupción, la incompetencia feroz y la desidia. Puede que esté relacionado ese mal con este otro, que nos hace sentir incapacidad al tiempo que apatía, mientras apartamos al paso pedigüeños y parados, y oímos expresar, con los mismos argumentos, que estamos saliendo de la crisis o profundizando en ella. Puesto que faltan soluciones, los alibis sirven a ambos lados.

En fin, que no me gusta, para entendernos. Y, adelantándome a que el lector, descartando llegar hasta aquí y haciendo como que me sigue, me regale con un su «me gusta» lo que he escrito, quiero que sepa que lo interpreto como es debido: está atrapado también por la indiferencia con la que nos hemos acostumbrado a mirar, sin ver, lo que tenemos enfrente y a los lados.

—

(1) Lo hizo en un Foro conscecuente: estaban presentes el Presidente del Consejo de Rectores de la Universidad española (CRUE), Manuel López, el Rector de la Politécnica de Madrid, Carlos Conde, el Secretario de Estado de Universidades, Federico Morán, con ocasión del demoledor Informe Anual (2013)  de la Fundación Conocimiento y Desarrollo, dirigido por Martín Parellada y patrocinado por el Banco de Santander. Fue el 6 de julio de 2014.

Publicado en: Actualidad, Sociedad Etiquetado como: desgana, Facebook, Gurría, ignorancia, indiferencia, líquida, me gusta, México, opinión, sociedad

¡Por Dios!

9 julio, 2014 By amarias Deja un comentario

Israelíes y palestinos se encuentran de nuevo enzarzados en una escalada de violencia de un conflicto que no tiene solución, porque no es cuestión de diálogo, sino de principios. Y cuando los principios son inamovibles, de poco vale que los que asisten a la exhibición de intransigencia exhorten a que se pongan de acuerdo los que se confrontan.

El antiguo responsable de Asuntos Exteriores de la Unión Europea, Javier Solana, actualmente Presidente de EsadeGeo (Center for Global Economy and Geopolitics), ha expresado que ese nuevo incidente en las estériles relaciones de ambas colectividades, «no conducirá a nada», lo que ha de interpretarse, no como una frase diplomática, sino como una conclusión nacida de su amplia experiencia en asistir a empecinamientos políticos, tratando de mediar entre quienes tienen clara su voluntad de no entenderse.

¿Por qué ha de ser así? Existen, como un análisis elemental puede poner de manifiesto, discrepancias religiosas, que solo pueden servir a los que creen todavía que la religión es un fundamento y no una excusa. Los judíos se creen descendientes de Isaac y los musulmanes pretenden serlo de Ismael, los hijos mitológicos de Abraham, habidos, respectivamente, con su esclava Agar y con su esposa Sara, y a los que Jehová, o Alá, en tiempos en los que los dioses hablaban con los humanos, encomendó de manera suficientemente oscura la construcción de la genealogía para su futura encarnación en el descabellado propósito de darse un paseo por nuestras miserias, sellando ese pacto con una acción realmente singular, es decir, estrambótica: ordenando que se cortara el prepucio a los descendientes varones.

No voy a adentrarme más en la narración bíblica, salvo para recordar sin mayor énfasis que uno de los hijos de Isaac fue Jacob (Israel), que tenía un hermano gemelo, Esaú, al que le gustaban mucho las lentejas y con el que compartía, al menos, un exagerado carácter pendenciero, pues peleaban ya desde el seno materno.

Poco que ver el cuento divertido con la complicada historia geopolítica que se tejió en torno a Palestina, aunque se podría adivinar por él, pero no justificar, los cientos de años de esclavitud y persecución que sufrieron los judíos, ni se encontrarán atisbos del juego descarado al que se sometió por las llamadas potencias occidentales, el territorio del cercano Oriente, ni hay preludios del genocidio nazi durante la segunda guerra mundial y, mucho menos, del estrambótico reconocimiento como nación de Israel, dándole un trozo de la tierra prometida, fabricando un parche sin futuro en una zona rodeada por musulmanes. Hay tanto escrito sobre la cuestión que es imposible resumirlo y no menos difícil, comprenderlo.

Los israelíes han conseguido, con la ayuda de los Estados Unidos, convertirse en una potencia militar, capaz de mantener a raya a los países árabes que la circundan y, no solo eso, apta para aventurarse en incursiones bélicas gracias a las cuales ha ido ampliando el espacio de su asentamiento. Los palestinos, empujados a una mísera dependencia económica del próspero estado israelí, -adobados también, por su parte, pero en mucha menor cuantía, con circunstanciales ayudas norteamericanas y subvenciones de subsistencia surgidas de aquí y de acullá-, se han convertido en un pueblo empobrecido, dividido y aislado: sus razones se ven como apestosas, su resistencia, inútil, las discrepancias entre sus líderes forman parte del folclore mundial, y, lo que es gravísimo, sus derechos -a la libertad, a la tranquilidad, a la construcción de una economía autosuficiente-, son ignorados sin despertar el menor sentimiento de culpabilidad ajena.

Los hechos recientes no son más que una consecuencia de algo que, en 1938!, la clarividente pensadora judía Simone Weil, inteligente cosmopolita renegada de sus raíces semíticas, ya veía como la prolongación de la sempiterna conflagración por hincar banderas en ese territorio estratégico.

Para Israel, atento a cualquier excusa, el asesinato de tres adolescentes judíos atribuido -de forma poco creíble- a miembros de Hamás, justifica hoy las represalias, el lanzamiento de misiles sobre Gaza, e incluso la movilización de 40.000 reservistas «dispuestos a defenderse» de quien no tiene capacidad de ofensa suficiente. Es decir, los dirigentes israelíes se declaran dispuestos a invadir otra vez las tierras que añoran como expansión de su Estado consentido.

David esgrimiendo la honda frente a otro David armado con torpedos de cabeza atómica y cohetes antimisiles.

¡Por Dios! ¿No seremos capaces nunca de contener los impulsos destructivos de la especie humana contra sí misma, allí donde afloren? ¿A qué necesitamos apelar, no para entendernos -en Israel y Palestina como en cualquiera de los múltiples lugares del planeta Tierra en donde la Humanidad se está destruyendo a sí misma, apelando a la religión, es decir, a la economía y a la ambición de unos pocos, escudada en designios de Aquel que, cuando le hacen hablar, los que no estamos en la procesión no sabemos interpretar lo que quiere decir?

¿O es que no hay quien, como yo -y otros que tienen más elementos que yo para analizar lo que nos pasa- entienda que hay que dejarse de una vez por todas de hacer atribuciones fuera de nuestra capacidad de actuación, y reconocer que mientras los que dirigen lo sustancial de lo que nos tiene que pasar sigan, en realidad, adorando a Belcebú-dinero, no tenemos solución?

Aunque momentáneamente parezca a los que las promueven y a los que creen obtener beneficio de aplastar a otros, tantas guerras y guerras, …no conducen a nada.

Porque nada es destruir lo creado por nosotros, una y otra vez, hasta que sea la última.

 

Publicado en: Actualidad, Internacional, Sociedad Etiquetado como: conflicto, guerra, Hamás, historia, Israel, judíos, palestinos, Solana

Caben más días

7 julio, 2014 By amarias 1 comentario

Hoy, siete de julio, cumplo años. A mi edad, mis abuelos varones habían muerto; mi bisabuelo Vicente, que falleció con ochenta y ocho, andaba por estas sus fechas en La Habana, y su yerno, Manuel, que acababa de volver allá para enderezar los asuntos y, tal vez, evitar que lo mataran sus compatriotas, lo encontró «acriollado».

A mi padre le quedarían todavía doce años de su cuenta particular, antes de caerse al pie de la cama, diciendo a su viuda Isabel que «no era nada». Mi madre haría ya décadas que se había muerto, dejándome cambiado.

El escribano del libro de Job, después de poner en boca de Jehová unas poéticas palabras sobre la fortaleza del hipopótamo (Behemot) y del cocodrilo (Leviathan), que habrían de servir como prueba, si fueren creídas, de que además de su simpatía contrastada por coleccionar escarabajos, Dios nos tiene a los humanos por seres debiluchos, concluye que el virtuoso varón «después de esto, vivió ciento cuarenta años y vio a sus hijos, y a los hijos de sus hijos, hasta la cuarta generación. Murió, pues, Job, viejo, y lleno de días». (1)

Haré como que no me doy cuenta del tiempo que me pasa. Como suelo hacer desde que los encierros de Pamplona se corren por la tele, he conectado el aparato, para ponerme en conexión con la estupidez humana, de la que formo parte alícuota.

Ver a miles de individuos acelerarse delante de seis toros (hoy fueron cinco, porque uno se rompió una pata en el encierrillo de ayer), exponiéndose a que en la carrera les pisoteen los bravos o los cabestros, sufran magulladuras por efecto de la pasada de la manada cornúpeta o la bípeda, e incluso se lleven un puntazo de recuerdo a la enfermería o al otro mundo, me encandila. Manera segura y barata de ponerme a tono con la naturaleza de la que formo parte: Polvo soy, y, desde luego, nihil me alienum puto.

Si me hago yo el currículum, lo puedo llenar de fechas, episodios, diplomas y menciones y hasta podría sentirme tentado a incluir, ocultando fracasos, ciertos logros. No me impide esa fatuidad carente de escenario, reconocer que, a salvo a algunos de la familia más directa, y puede que también a un par de amigos de cuidado, a nadie más le llevaría más de un segundo despacharme.

En fin, repito la misma historia particular, con el empeño de quien se piensa un héroe. No queriendo ser consciente (qué remedio) de que lo que tendré vivido, bien resumido, serán dos meras fechas escritas sobre el viento, caídas junto a millones de hojas de otros tantos que también se empeñaron en contarse. Incluso sospecho, escéptico ilustrado, que lo que nos cuentan de los cuatro personajes que han pasado a la Historia, son inventos, leyendas, mitos que mienten más que corroboran su existencia: pudieron no haber nacido.

Caben más días. No me veo con el vaso colmado, tengo ganas de más. Quiero saber mejor, recibir de los que amo, ver crecer, poder contar. Por eso, mientras le doy cuerda al reloj, me esfuerzo en disimular, tratando de pasar desapercibido, no a ti que me lees, sino al que siega los propósitos.

—–

(1) En otras traducciones, «colmado de días».

Publicado en: Sociedad Etiquetado como: cumpleaños

Creo en la intervención vigilante del Estado sobre el mercado

3 julio, 2014 By amarias Deja un comentario

(Continúa de los tres comentarios precedentes, a modo de Credo particular, con raíces en mi gnosticismo práctico y en la experiencia vivida)

4. Necesidad de una revisión crítica del papel del Estado

La gestión de la economía de un país intermedio, implica la convivencia y en su caso,  alineamiento, con intereses supranacionales, la defensa de los elementos que pueden ser impulsados desde la actuación local, y la búsqueda permanente de los huecos en los que implantarse, incluso circunstancialmente, utilizando las ventajas diferenciales que se consiga generar.

España tiene una desdibujada posición internacional, producto de la debilidad en el sostenimiento de sus objetivos. Pretendíamos tener un papel preponderante en relación con la conexión entre Europa y Latinoamérica, e incluso en las relaciones intraamericanas (norte-sur) y no lo hemos sabido aprovechar, o hemos despilfarrado en gran parte el capital moral, sin haber sabido suplir en demasiadas ocasiones los déficits en seguridad jurídica o solvencia económica de un área con gran potencial en recursos, con habilidad negociadora y confianza en su futuro.

En la relación con el mundo árabe, que ingenuamente queríamos basar en una pseudo-identidad cultural e histórica harto cuestionables, hemos pedaleado más sobre la imaginación que sobre la realidad, si bien se debe reconocer que ha habido grupos empresariales que se beneficiaron -en el sector de la construcción, sobre todo-, aunque no alcanzo a ver las ventajas para la creación de empleo en nuestro territorio, a salvo de unos pocos técnicos expatriados.

En cuando al papel español dentro de la Unión Europea, entidad que por sí misma se halla a la busca de su propia personalidad, nuestro peso es marginal, y se nos ve más como problema que como parte de la solución, siendo nuestro europeísmo más próximo al de estómago agradecido o pedigüeño necesitado, en un escenario en el que parece regir el sálvese quien pueda antes que la cooperación.

En relación con las organizaciones internacionales (desde la OTAN al Banco Mundial, de la ONU a la OMS) la posición de España es más pasiva que otra cosa. Se tiene fama, posiblemente merecida, de ser incumplidores de compromisos e ignorantes o remisos a la intervención activa, y no solamente con ideas.  El papel exterior, en las relaciones exteriores, debería concretarse en aprovechar las posibilidades de erigirse en portavoz, no de filosofías, sino de concretas propuestas de resolución de las necesidades de los países y zonas más desfavorecidas, utilizando la capacidad de convicción que pueda derivarse de…nuestro camino hacia sus posiciones.

No es, sin embargo, cuestión de criticar, a lo que somos tan dados por tradición e idiosincrasia, sino de actuar con solvencia, desde la consciencia de cuáles son nuestros problemas y no los de la Humanidad (en especial, los que no podemos resolver de éstos últimos). En España, la urgencia surge del lado social, y su gradación y valoración, para definir la entidad de las medidas a adoptar solo puede hacerse desde dentro. Es imprescindible conseguir la estabilidad de las capas sociales, de manera que los niveles de satisfacción de los integrantes de la pirámide de ingresos y gastos no se muevan descontrolados. Y en esto, no vale engañarse.

Por la parte de la generación de productos y servicios, si las expectativas de los grupos socioeconómicos que forman el sustento básico de la economía no son atendidas, y las perspectivas de futuro no son razonadamente halagüeñas, las empresas se irán, y la actividad regeneradora de los sectores dañados será insuficiente o nula.

Desde la parte del consumo, que está vinculada directamente con la oferta laboral,  el descontento provocará tensiones revolucionarias. Si no hay ingresos familiares, una vez consumidos los ahorros privados, e inexistente el crédito, el número de dependientes de los servicios sociales, de la asistencia pública, o de los pobres y desarraigados, subirá hasta que la tensión explote.

Tenemos, además, en España, el problema especial de que habíamos alcanzado un nivel de bienestar que pretendíamos consolidado, y sobre él se auparon las opciones políticas tanto de la izquierda como la derecha. Apuntábamos hacia unas prestaciones del modelo económico que, evidentemente, no pueden cumplirse en una perspectiva de crisis estructural. Y si falla la credibilidad de las instituciones, no puede esperarse que la reconstrucción del tejido socioeconómico dañado se realice por apelación a elementos mágicos.

Después de llevarnos unas cuantas veces las manos a la cabeza -y depurar, por supuesto, las bolsas de corrupción, ineficacia y avaricia que se han formado-, debemos de aplicarnos a poner en pie formas concretas que nos vuelven lo más rápidamente a una zona de estabilidad. La actuación del sector público es, en esta situación, determinante, pues no se puede confiar, en absoluto, que los agentes que se guían por el mercado y la máxima rentabilidad (la responsabilidad social de los grandes grupos es, en esencia, un placebo), permitan solucionar los problemas urgentes de quienes se encuentran, por el cambio de coyuntura, desplazados, particularmente si están en la base de la pirámide.

La responsabilidad de los gestores públicos abarca desde las administraciones locales a las más altas estructuras del Estado, y exige una actuación coordinada. Las finanzas del conjunto del Estado han de ser vistas como un bloque, y la coherencia de las medidas que se adopten para su saneamiento es fundamental. No se puede abandonar a los municipios el problema de resolver su saneamiento, a base de impuestos y tasas locales, o privatización de servicios públicos. La falta de solidaridad regional tampoco puede ser alimentada, y las tendencias a la disgregación del modelo nacional ha de ser atajadas con serenidad y firmeza.  No habrá desarrollo sin la colaboración de todos los agentes regionales, y la reforma de la Administración pública, en todas sus formas, es urgente y ha de ser debatida sin miedos ni a priori, y con firmeza.

La automatización y la informatización de la prestación de los servicios públicos, la transparencia en las inversiones y gasto de las Administraciones y empresas públicas son una obligación, y especialmente si se pretende la coordinación y evitar los despilfarros.

Soy partidario de la inversión pública en empresas, al menos como referencia para contrastar información, en algunos sectores; no como ha sido utilizada en el pasado para rescatar empresas en dificultades, sino, al contrario, para acompañar a las que actúen en campos preferentes; los proyectos dimanantes de los centros de investigación que emplean dineros públicos deberían encontrar en esas empresas una continuación natural; esto es, me refiero a los sectores frontera.

La eliminación de la burocracia, el secretismo, la ineficiencia, y la desconexión entre los intereses públicos y privados no puede tolerarse en época de crisis y ante la necesidad de cambiar sustancialmente algunos enfoques que nos llevaron hasta aquí.

(continuará)

 

Publicado en: Actualidad, Economía, Sociedad, Tecnologías Etiquetado como: centros de investigación, control, creatividad, eficiencia, enseñanza, estado, gestión, impulso, inversión, vigilancia

Creo en la competencia más que en la competitividad

2 julio, 2014 By amarias Deja un comentario

(Continúa de los dos Comentarios inmediatamente anteriores, con los que forma una unidad)

3. Urgencia de aumentar la inversión neta en investigación y mejorar el control de su eficacia

Todo el mundo parece estar de acuerdo en la importancia de la investigación, y empeñado en ponerle adjetivos y apéndices, aunque la realidad es que no se le presta atención, confiando más en la aparición del genio aislado que en el resultado de los trabajos en equipo, con orientaciones en sectores o líneas preferentes.

Se acostumbra, además, a reducir la valoración del esfuerzo en investigación a porcentajes referidos al presupuesto público anual o del producto interior bruto del país: un 1,3% del PIB parecería poco y un 2%, suficiente, por ejemplo. No hay necesidad de engañarse. Si se pretende analizar nuestras posibilidades competitivas en el marco internacional, habrá que referirse a cifras absolutas.

Los datos disponibles -manejo las grandes cifras, importando menos al respecto de mi razonamiento, el detalle exacto- indican que el gasto absoluto en i+d en Estados Unidos es 25 veces superior al de España y el de China, por ejemplo, 10 veces más alto. Países próximos, como Alemania o Francia, lo cuadriplican.  Podemos ser escépticos respecto  a la homogeneidad con la que han sido obtenidos los datos (estoy convencido de que en España se han inflado, en tanto que en Estados Unidos se subestiman…y pongo en duda cualquier dato que provenga de China), pero no debemos dejar de captar el mensaje de que las opciones para competir en resultados investigadores con países que dedican medios muy superiores a los nuestros son comparativamente ridículas.

Debemos, en consecuencia,  concentrar los recursos en algunas áreas concretas, siendo, además, conscientes, de nuestra condición genérica de país tecnológicamente dependiente. Es decir, desde la perspectiva de la mercadotecnia de productos que precisen alta tecnología , estamos del lado de los consumidores y no de los productores, de la demanda y no de la oferta. Solo nos falta -ni más ni menos- que tener con qué pagar lo que nos gusta consumir.

Los 13.000 millones de euros anuales que se dedican, según los datos, en España, a actividades de i+d+i son escasos, y,  por si fuera poco, están distribuidos heterogéneamente entre nuestras regiones (tres regiones concentran el 80% del gasto total innovador) y presentan múltiples duplicidades y ocasión de despilfarros y muestras de descoordinación. Con un gasto privado de 150 euros por habitante (nuevamente, se repiten ratios de proporción similares a los que nos separan de los países más avanzados), tampoco cabe esperar que nuestras empresas den la campanada tecnológica. (1)

(c0ntinuará)

—-

(1) Según el Estudio de una Escuela de Negocios, al que concedo un carácter fundamentalmente académico, hay unas 40.000 empresas innovadoras, y que tenemos algo más de 200.000 empleados, en ellas y en los centros públicos, dedicados a idear, todo el tiempo o a ratos: me pregunto dónde están y lo que hacen, si bien el análisis expresa que se concentran en farmacia, electrónica, química y automóvil, espacios tan imprecisos y genéricos que se me antojan equivalentes a música celestial o a aplicaciones de la cultura general.

Si el lector quiere datos para profundizar en lo pesimista del análisis, puede recorrer las páginas del Informe de la COSCE (Confederación de Sociedades Científicas de España).

 

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Agnósticos

29 junio, 2014 By amarias 2 comentarios

Dice la copla que  «quien no sabe lo que es ver  no tiene tanta penita como el que ha visto y no ve» y esta referencia me sirve para glosar que hay dos tipos de agnósticos: quien han llegado a su escepticismo después de haber analizado las alternativas y quienes se apuntan a él sin tener conocimiento de ninguna.

Respeto, por ello, y con comprensión y afecto intelectual, a quienes se reconocen agnósticos en relación con las diferentes teorías, dogmas y elucubraciones filosófico-recreativas que pretenden encontrar alguna respuesta a la molesta pregunta de porqué tenemos conciencia de nuestra limitada existencia y no se nos alcanza entender el objetivo de un fenomenal despliegue cósmico que, por lo que nos parece haber ido percibiendo, no nos tiene, desde luego, como centro, pero seguramente ni si siquiera inventariados.

No quisiera que el lector viera en el párrafo anterior una aplicación exclusiva hacia esa parte de la filosofía aplicada que es la religión, sino que le atribuyera un sentido tan amplio como le sea posible. Porque eso le permitirá entender lo que quiero decir con los dos tipos de agnósticos: quienes desprecian cualquier análisis o conocimiento y se apuntan a las conclusiones, y quienes llegan a ellas o a otras parecidas, después de absorber, situándolas en su contexto y encontrándoles el sentido de su evolución, cuantas teorías, formulaciones y especulaciones -muchas de ellas, con excelentes conclusiones prácticas- les sea factible.

Estamos en un momento de agnósticos. Por una parte, se encuentran, y desgraciadamente los percibo como inmensa mayoría, quienes no creen en ninguna religión, en ninguna técnica, en ninguna solidaridad e, incluso (o por ello) en otro futuro que no sea el de ellos mismos o, tal vez, el de su familia inmediata. No saben porqué han llegado ahí, porque no les ha preocupado el camino, sino el final: Dios no existe, la sociedad es corrupta por naturaleza, la técnica es falsa y los hallazgos científicos producto de la casualidad, los políticos y los que dirigen han llegado a sus puestos gracias al poder de sus mafias y nos mienten sistemáticamente, la justicia es injusticia encubierta, el futuro es incierto y no depende de lo que hagamos, etc.

Me acerco con timidez a ese grupúsculo de quienes son agnósticos, pero tratan de entender los porqués: desde el respeto a las religiones, sabiendo que cumplen y han cumplido una función de terapéutica social, y también de control y canalización de intereses, a lo largo de lo siglos; desde el respeto a las formas de gobierno y a sus instituciones, como solución transitoria más adecuada (o más oportuna) para controlar los avances de los que exigen frente a la resistencia de los que poseen; desde la admiración a quienes, a despecho de penurias, escepticismos y dificultades, han descubierto los principios que sirven al funcionamiento de las máquinas, los aparatos y los artilugios que conforman lo que ahora entendemos como fundamento de nuestra calidad de vida y nuestro bienestar.

Necesitamos en España muchos más agnósticos de este segundo tipo. Hombres y mujeres que no se preocupen de las conclusiones que han sacado otros sino que busquen las razones para las suyas propias. Que conozcan, porque los han estudiado y valorado, los métodos y argumentos de quienes nos han conducido hasta aquí, hasta nuestro actual nivel de respuestas, y sigan preguntándose cómo avanzar, con la antorcha de su trabajo y de su capacidad, en las tinieblas del desconocimiento.

Publicado en: Sociedad, Tecnologías Etiquetado como: agnósticos, ciencia, conocimiento, crédulos, investigación, sociedad, tecnología

De corbata

11 junio, 2014 By amarias Deja un comentario

El Banco de Santander anuncia el final de la crisis económica española, del brazo de varias autoridades en el tema de vender optimismo, porque para eso les pagan: el ICEX, y varios miembros del Gobierno Regional de la Comunidad madrileña, la Directora General de Madrid Excelente, el Presidente de Avalmadrid, Consejeras, Decano de la EOI, etc.

Lo ha hecho en el marco de una Jornada que, celebrada el 11 de junio de 2014 tenía el apasionado título «Las pymes ante la nueva etapa de crecimiento». La inauguración oficial duró hasta las 10 h20m, lo que redujo el tiempo disponible para la «conferencia magistral» de Rafael Pampillón, catedrático de la San Pablo CEU que, ante tan selecto auditorio (los inauguradores ya se habían ido), optó por dar unas cuantas pinceladas de lo mismo.

Había muchas, muchísimas, corbatas rojas en el auditorio que, como el lector conoce, es el distintivo corporativo de los trabajadores del Banco de Santander (cerca de mí, en el Salón de Actos, uno de ellos comentaba a su acompañante que también se había puesto calzoncillos de ese color, lo que ya no me consta que sea obligatorio).

Hace unos días, empleados de Tecnocasa me explicaron que la corbata verde era obligatoria para ellos, y yo, que presumo de pintar con fondo neoexpresionista, asocié a propaganda inmobiliaria la corbata de ese mismo color que llevaba, desde su abdicación, nuestro ciclotímico casi ex-rey (cuando esto escribo), D. Juan Carlos Primero de España y Nada de Alemania.

Vuelto a andar por do solía, agarré de las estanterías mi tesis sobre «Planteamiento de una estrategia industrial a partir de la experiencia reciente», escrita en 1989, y releí las Conclusiones de la misma. Estaba dedicada a la situación de Asturias, pero tenía intención de valorar la aplicación de lo que allí decía al resto de España.

Me acometió una tristeza sobria, un penar de tono desasosegado. Decir aquí que todas las Conclusiones que extraía hace 25 años me parecen, hoy, completamente válidas, parecerá una agresión o una petulancia.

Pido perdón. Sobre todo, por apuntar aquí, en este blog que pretende ser tan serio, los temores y asechanzas que se me pusieron de corbata.

Publicado en: Actualidad, Economía, Sociedad Etiquetado como: Banco de Santander, Comunidad, Excellent Talks, Madrid, Pampillón, Polacci

T-shirts para concienciar a los niños de que se juegan el futuro

8 junio, 2014 By amarias 2 comentarios

T Shirts for academic fansMe crucé con un pequeño, acompañado de su madre, que llevaba una camiseta, perfectamente ajustada a su tamaño de personilla, con los colores de cierto equipo de fútbol (equipamiento principal) y el nombre de un jugador de esa disciplina deportiva en la espalda.

-¿Te llamas igual que el jugador? -le pregunté, fingiendo cara de sorpresa.

-No, claro -me contestó como quien responde a un loco de atar-. Me llamo Yónatan -(ruego se me disculpe si la grafía no es correcta).

La mamá me sonrió, evidentemente orgullosa de las incipientes habilidades de su retoño en el arte de controlar la pelota.

-Jonathan, -me dirigí a la madre, una joven a la que juzgué, inequívocamente, como universitaria con responsabilidades ejecutivas- ¿Como Jonathan Swift, el autor de los Viajes de Gulliver?.

-Ah, no. A mi marido no le gusta viajar. Es Yónatan, por el capitán de la selección nacional cuando el niño nació. Fue una premonición. Porque Yónatan juega muy bien al fútbol, ¿verdad, Yónatan?

Me disculpé ante la singular pareja de aficionados y me fui con un pensamiento en la cabeza. Es evidente que estos niños a quienes sus padres o familiares compran camisetas con nombres de futbolistas, están encaminando a sus retoños en una sola dirección, sean o no conscientes de la enseñanza que les transmiten. La sociedad, en su conjunto, crea el clima adecuado: los ídolos, los portadores de los valores de la tribu, los ejemplos a seguir, en comportamiento y actitudes, son estos atletas.

Me he puesto a dibujar camisetas con nombres de científicos, escritores, químicos, físicos, ingenieros, filósofos, economistas, juristas,…, «famosos». (Pongo las comillas no sin rubor).

¿No habría alguna empresa seria, fundación o sociedad científicas interesadas en propagar el mensaje de que, si se quiere jugar en equipos con futuro, hay que tratar de emular a los Enmanuel, Maria, Jorge Juan, Isaac, René, Fedor, Paul, …?

Por supuesto, sean quienes sean los modelos elegidos, habrá que explicar a esos niños, además, que no pretendemos que los admiren por todo lo que hicieron, sino por algo concreto de lo que hicieron. Porque un modelo absoluto, solo existe en los cuentos de hadas.

Publicado en: Sociedad Etiquetado como: camisetas, científicos, futbolistas, ídolos, t-shirts

Algo por lo que ilusionarse

7 junio, 2014 By amarias 2 comentarios

«Por Dios, por la Patria y el Rey»,  han sido históricamente los tres conceptos sublimes por los que merecía la pena luchar y morir, al menos en las cristianas belicosidades que formaban el mosaico europeo de nacionalidades.

Ese mensaje trascendente fue recogido, de una u otra forma, en no pocos himnos y cánticos, pero pocos alcanzaron la rotundidad con la que se recogió el patriotismo, la religiosidad y la devoción al monarca que creían más legitimado para gobernarlos, con los que los carlistas festejaban la victoria de Oriamendi  1837) sobre los cristinos. Por esa triada superior «lucharon» (en otras versiones, incluso se dice, «murieron») «nuestros padres/ por Dios», y «por la Patria y el Rey/lucharemos nosotros también». (1)

Hasta en la guerra incivil española de 1936, un siglo más tarde, la arenga fue incorporada sin reparos por el bando sublevado -luego triunfador-, y luego sería cantado, no solo como himno de los requetés, en institutos y colegios de la postguerra por inocentes criaturas dirigidas sus voces por otras adultas nada inocuas («Cueste lo que cueste/ se ha de conseguir/ que los boinas rojas/ entren en Madrid»… «defendiendo todos juntos la bandera de la santa Tradición»).

Tiene que ser decepcionante,  si queda en nuestro convulso país alguien idealista, que esos tres conceptos no solo hayan caído en desuso como elemento inspirador de los ánimos y los cánticos, sino que hayan sido  sustituidos por otros sin el menor misterio.  Porque ni «la roja», ni «Ronaldo», ni «Shakira» ni «Beyoncé» (cito al azar) o cualquiera de esos ídolos de carnes y huesos que mueven el fervor de los jóvenes, tienen el encanto poético de un Dios omnipotente, una Patria ahíta de hazañas bélicas contra pérfidas albiones, califas malandrines o caudillos impíos.

Por no decir de un Rey, al que Dios salve, que represente el aglutinante, el liante pegamento que relacione las dos esencias anteriores, conectando la vulgaridad doliente con lo que es inalcanzable, abstracto, metafísico, poniendo poesía y magia de la buena a la monotonía de nuestras vidas.

Un grupo de jóvenes universitarios parece haber encontrado una vía de ilusión en las elecciones europeas de mayo de 2014. El análisis serio y ponderado, realizado por mentes sesudas, de lo que pretenden, ha revelado que su programa -o lo que fuera- es irrealizable, por costoso y por utópico.

No se han dado cuenta estos sensatos, que los símbolos que han movido a la humanidad son, justamente, intangibles, etéreos, inextricables. Lo que necesitamos es algo por lo que ilusionarnos. Cuanto más incomprensible e inexplicable, mejor.

—

(1) Pertenecí durante cierto tiempo al grupo de chavales incompetentes (para entender de tradiciones) que creían incluso que ese era también el himno de las «tropas rojas» que querían volver a entrar en Madrid, después de haberlo perdido para la República, pues hasta tan punto se nos había teñido de rojo todo lo que no era franquista.

 

Publicado en: Economía, Política, Sociedad Etiquetado como: 1837, 1936, Dios, fin, ilusión, inextricable, Monarquía, objetivo, Oriamendi himno, Patria, República, rey

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