Al socaire

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A mi me gusta la gaita que tenga fuelle de terciopelo

5 junio, 2014 By amarias 3 comentarios

Hay una deliciosa canción popular que propongo se convierta en himno nacional. Su letra, en la que el cantor o cantora expresan sus gustos, con las variaciones que permita el ritmo («a mi me gusta lo blanco», «a mi me gusta lo nuevo», «a mi me gusta lo guapo»…) se desarrolla perversamente con el deseo de que desaparezcan sus opuestos: lo negro, lo viejo, lo feo.

Después de ese repaso por los contrarios, ensalzando lo que a uno le gusta y expresando que se muera aquello que «no sea cosa buena», el letrista concluye que «a mi me gusta la gaita que tenga el fuelle de terciopelo».

Veo en rededor injusticias, aprovechados perversos, mentirosos convulsos, ladrones embozados. He tratado durante toda mi vida de combatirlos, en la medida de mis posibilidades, con reproches y actuaciones, a veces directas, otras discretas. Me considero formalmente republicano, liberal, agnóstico, serio, inquieto.

No es mérito exclusivo, porque, por fortuna, somos mayoría. Y espero que por mucho tiempo. Somos mayoría los que siendo monárquicos, respetamos a los republicanos, y al revés; somos mayoría, los que, siendo creyentes, comprendemos a los agnósticos, y lo contrario; somos mayoría los que siendo comunistas, tenemos información suficiente para entender que no se puede creer en el mercado como único dios, y otro tanto se puede decir de los liberales que comprenden las ventajas del comunismo…

Porque nos gusta la gaita que tenga fuelle de terciopelo. En estos momentos en que muchos grupos y grupúsculos gritan, de pronto, aprovechando una grieta, que lo suyo es lo mejor y que hay que explorar las selvas, no vendría mal un poco de música. Para calmar los ánimos.

(P.S. Señalo algo de este Comentario y que a mi me parecía sutileza, pero puede haber pasado desapercibido al lector que no entienda de gaitas, ni aún menos, de templarlas. El fuelle de ese instrumento jamás es de terciopelo, pues se construye de piel de oveja, de cabra e incluso de cabrito, y más modernamente, de gomas y otros materiales elasto-plásticos de variado pelaje: la que es generalmente de terciopelo, para que haga bonito, es la tela que cubre al fuelle. Y, por supuesto, que viva la gaita, que viva el gaitero.)

Publicado en: Sociedad Etiquetado como: Blanco, cambio, gaita, grupos, Monarquía, negro, República, revuelta, terciopelo

Smart global citizenship

3 junio, 2014 By amarias Deja un comentario

Piero Fassino, alcalde de Torino, fue el ponente principal en el «desayuno del Ritz» del 3 de junio de 2014, actividad organizada por Nueva Economía Fórum. El segundo ponente fue Alfredo Pérez Rubalcaba -aunque, según la convocatoria, le correspondía ser solamente el presentador del conferenciante-. Las circunstancias por las que atraviesa España y la reciente dimisión del secretario general del PSOE, impusieron esa revisión del programa, consentida desde la organización.

Fassino, en un español muy aceptable, disertó sobre las Smart-cities, concepto ya de uso común, y enfocó las luces, como le corresponde, hacia Torino. Esa «nueva manera de pensar y organizar la vida de la comunidad», necesita -dijo, para explicar el concepto- «un alfabeto propio, un nuevo paradigma», y, por ello, «una Smart community».

Avanzando por el camino de incorporar el rutilante adjetivo a todo lo que se toca, apuntó hacia la necesidad de una «Smart democracy»(adaptada al tiempo de las TICs, «ya que los modelos estructurados en el siglo XX no son hijos de la tecnología digital»), y se debe tener en cuenta que «las nuevas tecnologías generaron partidos sin ideología, organizaciones fuertes, estableciendo una relación directa con los electores». Esto ha de ser así, porque, «a través de la web, la sociedad va organizándose en un nuevo lenguaje».

No tengo duda alguna de que el modelo general de mayor aproximación al ciudadano y a la resolución de sus problemas -ambientales, energéticos, de transporte, de ocio, de comunicación, etc.- es imprescindible. Las ciudades tienen -Pérez Rubalcaba se encargó de poner el lápiz rojo sobre una frase de Fassino- que reconstruirse desde el aprecio al «papel de la cultura en las nuevas ciudades».

Me gusta participar en los debates, y en el coloquio, propuse al moderador (José Luis Rodríguez) una cuestión que no mereció ser planteada al conferenciante, sepultada entre otras intervenciones -fundamentalmente, surgidas de los periodistas presentes en el acto, y, por tanto, buscando los titulares-.

Lo que me interesaba saber era si Fassino, que es también presidente de la Asociación de Smart cities europeas, tenía respuesta a la cuestión de la solidaridad, que no es un concepto anodino, sino que está imbricado en la resolución del problema del paro,  y en el avance o sostenimiento de los modelos de bienestar. Tiene que ver con el mejor reparto de la riqueza generada y no solo ha de enfocarse hacia el mayor disfrute y a disponer de más tiempo de ocio, si no alcanza a todos.  No deriva únicamente de la producción más eficiente, y ni siquiera se satisface con la puesta a disposición del ciudadano de oportunidades para pasarlo bien y ser más responsable ambientalmente.

La solidaridad implica la consciencia colectiva para hacer llegar, tanto a nivel individual como familiar, aquellos medios -económicos, asistenciales, culturales, formativos, …-suficientes que garanticen que todos sean co-partícipes de esa generación, distribución y consumo de bienes y servicios.

Hace falta una Smart-solidarity, que tenga en cuenta, en concreto, la creciente disminución del tiempo de trabajo preciso para desarrollar las actividades y fabricar los productos que son precisos en un mundo globalizado, con muy diferentes costes de mano de obra y expectativas personales. Una cuestión que apunta a la necesidad de encontrar urgentemente nuevas formas -Smart solutions- para el reparto de las plusvalías que una sociedad inteligente, animada por una Smart global citizenship, sea capaz de generar, para conducirse, en equilibrio dinámico, a una mayor satisfacción general.

Me quedé con las ganas de conocer la visión de Fassino sobre esa importante cuestión. Sí  nos enteramos ( a mí ne me hacía falta) de que Pérez Rubalcaba es partidario, a pesar de las «hondas raíces republicanas del PSOE», de mantener el «consenso que nos condujo al período más floreciente de la historia de España», que implica aceptar la monarquía como forma legal para la jefatura de Estado.

Torino parece estar en el proceso de su salvación específica, al menos de forma provisional, en base a proyectos como byke-sharing, car-sharing, mejora de la concienciación ambiental y energética, etc., y… una cierta ingenuidad que creí adivinar en alguno de los «proyectos novedosos» a los que hizo referencia su alcalde, menos convincente en esa parte de su discurso. Torino puede enorgullecerse, sobre todo, de haber logrado la reconversión de la vieja industria del automóvil y de encontrar la vía para potenciación turística de su legado monumental.

No me parece un modelo indefinidamente duplicable, porque no hay sitio para muchos clones de esa estrategia. Seguimos necesitando más opciones para cristalizar esa Smart global citizenship que nos ilusione por un futuro en el que las actuales nubes de tormenta se traduzcan en lluvias provechosas.

 

 

 

 

Publicado en: Economía, Política, Sociedad Etiquetado como: alcalde, Monarquía, Pérez Rubalcaba, Piero Fassino, PSOE, smart citizenship, smart city, sucesión, Torino

La abdicación

2 junio, 2014 By amarias Deja un comentario

El 2 de junio de 2014, a las 10 h 30 m de la mañana, el presidente del Gobierno de España, Mariano Rajoy, anunciaba que el Rey Juan Carlos «abdicaba la Corona».

La abdicación del Rey en la Jefatura del Estado es una figura no contemplada con rigor por la Constitución vigente, necesitando la rápida aprobación de una Ley Orgánica que, aprobada por las Cortes, garantice el cambio sucesorio que las peculiares reglas de la Casa Real han personalizado en S.A.R. el Príncipe Felipe, que será, por tanto, el nuevo rey, con el nombre de Felipe VI, si todo sucede conforme al libreto.

Convertido en portavoz del dimisionario, el presidente Rajoy ha indicado, en una rueda de prensa sin preguntas -¿para qué preguntar, -se podría decir-, si no habrá respuestas?- que «el momento es oportuno».

La oportunidad viene, en este caso, medida por la necesidad de recuperar alguna popularidad, desde el recambio de personas. El previsto como sucesor tiene 45 años, por lo que está en la edad en la que la mayoría de los españoles que se han quedado sin empleo por razón de la pésima gestión del país, verán reducidas a casi cero sus posibilidades de encontrar un nuevo trabajo.

La oportunidad no viene, desde luego, señalada por la pérdida galopante de simpatía hacia los partidos políticos que se siguen considerando mayoritarios; no está soportada, naturalmente, por la incapacidad demostrada de esta colectividad para generar actividades que permitan mirar hacia el futuro con optimismo generalizado y no solo desde la complacencia de los que más poseen; no tiene que ver, por supuesto, con el malestar rentabilizado por una urna de recogida de pesares cuyo mensaje es tan claro como contundente: no, así no, nos engañan, se enriquecen a costa nuestra, no nos representan.

A los más viejos de esta tribu les ha tocado vivir una parte de la historia de España insuperable en emociones: guerra civil injustificable, dictadura perniciosa, aislamiento insufrible, decadencia de la autarquía, ilusión irrefrenable, actividades imposibles, despilfarros impresentables, logros maravillosos, traiciones desvergonzadas, desilusiones galopantes, fracaso perdurable, desorden manifiesto.

Tengo la amarga impresión de que la Corona abdica cuando ha percibido que se le ha pasado el arroz. Oigo voces -nunca mayoría, pero siempre suficientes para que no se las desprecie- que reclaman una votación para refrendar al candidato a sucesor.

Un sucesor que, careciendo la Monarquía de programa y no tener la institución asignados cometidos constitucionales de entidad, lo que supone únicamente es cambiar el rostro de quien detenta el título. Como en esos tableros de feria en los que se puede meter la cabeza en el hueco abierto, para llevarse una foto de recuerdo del paso por el sitio.

Voto al chápiro verde, tenemos que cambiar el rumbo de la cosa, pero con tanto experto en marear, mal lo tenemos.

 

 

Publicado en: Política, Sociedad Etiquetado como: abdicación, Felipe, forma de etado, gestión, Juan Carlos, Monarquía, país, República, rey, trabajo

Rumbo al chápiro

2 junio, 2014 By amarias Deja un comentario

En este escenario polivalente en el que, quién más, quién menos, todos tenemos molestias en el humor, familiares en paro y dosis de mala leche para las horas sin dormir, solo hace falta que te crezcan las ganas de contar algo para crear un blog de estos gratuitos y que pasemos a crearnos influyentes como la gripe aviar.

Llevo varias décadas dándole a las teclas hablando de lo humano (y a veces, incluso, adentrándome en las tinieblas en busca de lo divino) para estar curado, sino de espantos, de los llantos. Tengo escritas más líneas en letras verana, arial, times y courier que la distancia por tierras castellanas entre Sevilla y Barcelona. A solas con la imaginación, pasé mas horas de las que sería aconsejable a un buen padre de familia, sean con baremos del Código civil o de la Biblia.

Cuando me puse a buscar un nombre que sirviera de título o referencia conjunta para una nueva sarta de elucubraciones, tanteé varias opciones, cuya pertinencia se me antojó que podía ser luego acreditada. Todas estaban ocupadas. Había arqueros, aurigas, saeteros y ocupantes de las torres del homenaje como de las barbacanas, en todas las esquinas del martirologio literario. Cuadernos de tareas, Libros de estilos, Notas para vacantes, Informes ejecutivos y Asuntos pendientes florecían por doquier, incluso hasta boyantes.

No descarto que en otro lugar del universo virtual existan más Rumbos al chápiro. Ya no importa, el paso está avanzado. Me gustó tomarlo para mí, porque admite sentidos figurados.

El chápiro, etimológicamente, es sombrero o caperuza, y, por tanto, de sus telas se hace el capirote. Pero su polisemia es más fecunda, porque, dícese que se dice, también designa a un duende o tipo imaginario que lo llevaría como distintivo, por lo que pasa a ser, sin más, sinécdoque.

Convertido en referencia general casi multiuso, el chápiro verde es sustituto, elipsis, metáfora soberbia.

Ha servido, por ejemplo, desde aquellos tiempos del cuplé para expresar el disgusto por lo que no nos salió que ni pintado, evitando jurar en vano o pecar de mal dicente, sin que nos atizaran un coscorrón en el cogote.

¡Voto al chápiro verde! era también la jaculatoria más común con la que los niños de esa época nos animábamos en los trances, escupiéndonos, llegado el caso, sucesivamente, las dos manos.

Después de la travesía de la rebeldía, casi desiertos los campos de la ilusión, descritos como zonas de peligros y trampas los espacios de lo que queda por venir, poner rumbo al chápiro puede que parezca  insolente o signo de insania. Ruego paciencia al lector. Pero, le advierto: para votarlo, para eso sí que hay que estar ya muy perjudicado.

 

 

Publicado en: Actualidad, Economía, Política, Sociedad Etiquetado como: chápiro, economía, política, reflexiones, rumbo, sociedad, verde

No es un Cuento de Primavera: Por qué Podemos

28 mayo, 2014 By amarias Deja un comentario

La irrupción en el panorama político español, con ocasión de las Elecciones al Parlamento Europeo, de una plataforma aglutinada en torno a la figura mediática del profesor Iglesias y el tremendo atractivo del nombre, Podemos, está motivando todo tipo de comentarios.

Muchos de ellos, interesados, es decir, intrascendentes para hacer una valoración.

Desde luego, no hubiera merecido la misma atención de medios, comentaristas políticos y candidatos de otras fuerzas políticas, de no haber conseguido algo más de 1,2 millones de votos (casi el 8% de los emitidos), que le otorgan 5 diputados en el Parlamento Europeo, y que prometen, de aumentar la tendencia, una presencia importante en las Cámaras españolas y en los Ayuntamientos.

Se les acusa ahora de no tener programa, de carecer de objetivos concretos, de responder a un concepto de marxismo-leninismo trasnochado, de apoyar el movimiento bolivariano, de pretender volver a las cavernas sociales, económicas y tecnológicas, prometiendo lo imposible.

Sería, sin embargo, un grave error no considerar que, al margen de ideologías, esos votantes que han manifestado su apoyo a Podemos, son, fundamentalmente, jóvenes, parados, y descontentos frontalmente con los dos partidos mayoritarios, junto a no pocos desconfiados, en general, de la actuación que pudiera esperarse de los demás partidos que tenían ya representación parlamentaria.

Constituyen, sin duda, una nueva vía. Pujante. Una conmoción contra lo establecido, lo que era «normal».

Los que apoyaron a Podemos pretenden, sin discusión, lanzar una clara llamada de atención respecto a los planteamientos tradicionales. Su Programa, que puede ser calificado, sin que ello implique su menosprecio, de utópico, entremezcla reclamaciones razonadas -que no es cuestión de detallar aquí, pues basta con la lectura atenta y sin prejuicios del mismo- con otras, inexcusablemente, irrealizables.

¿Merecen, por ello, el líder del movimiento y sus votantes, la descalificación frontal? En absoluto. Muy por el contrario, sus propuestas exigen un análisis reposado, desprovisto de fundamentalismos -que es. justamente, de lo que más se les acusa-, que implica analizar con autocrítica, lo que se está haciendo mal, -muy mal-, desde la mayoría social que representan, o dicen representar, los partidos mayoritarios.

Algo que esta sociedad ha consentido, mirando, no pocas veces, hacia otros lados.

Hay una corrupción injustificable, una falta de profesionalidad intolerable en el comportamiento de algunos de quienes ocupan puestos relevantes, una avidez por la acumulación de bienes y dinero por parte de unos pocos, despreciando la vinculación solidaria que corresponde a los que detentan el capital y la capacidad de decisión, una ausencia de un programa de desarrollo empresarial, educativo y tecnológico pragmático, una descoordinación injustificable entre los estamentos, una perniciosa tendencia a perpetuarse por quienes ocupan sillones y prebendas, etc.

Podemos. Podemos y debemos cambiar muchos comportamientos, revisándolos desde la honestidad y el compromiso con los que menos tienen.

Lo que se echa en falta, no está en el programa de Podemos. Qué va. Se echa en falta un programa acomodado a la realidad y a sus problemas, de todos esos partidos que se dicen con vocación de ser mayoritarios, y que pretenden, sin credibilidad y sin la necesaria concreción, tener las soluciones a lo que nos pasa.

La cuestión no es si Podemos. Claro que Podemos. La cuestión es Qué queremos y poner, de inmediato, manos a la obra. Nos hace falta, con tal urgencia, que hace bastante tiempo que debiéramos haber iniciado el proceso de cambio.

Publicado en: Actualidad, Política, Sociedad Etiquetado como: mayoría, partidos, Podemos, programa

No es un Cuento de primavera: Lo que va de marzo de 1979 a marzo de 2014

24 marzo, 2014 By amarias Deja un comentario

El 23 de marzo de 2014, a comienzos de una primavera, ha muerto Adolfo Suárez, ex-presidente de Gobierno de España, premio Príncipe de Asturias de la Concordia.

Todos hablan bien de este personaje de nuestra historia reciente, calificado de hábil negociador, político de resistencia, seductor de multitudes, genio de la concordia. Son tantos los elogios que se amontonan sobre su féretro, se han movilizado tantos afectos sobre su cadáver, están siendo tantos los abrazos a sus hijos -representados estoicamente por el mayor de sus descendientes, un ya canoso político frustrado que se le parece en físico y talante-, que la ocasión parece propicia para olvidar los desprecios, las desconfianzas e incluso los insultos que llovieron sobre Adolfo Suárez cuando solamente él (y tal vez algunos visionarios) parecía saber a dónde había que dirigir el rumbo de un país lleno de interrogantes.

Han pasado treinta y cinco años y la Historia de España nos ha recorrido con tanta intensidad que parecería que hemos sido testigos -y algunos, hasta se sentirán protagonistas- de muchos momentos cruciales; seguramente, dentro de unas cuantas generaciones, poco quedará para el recuerdo meritorio y, pasados algunos siglos, lo que hoy nos obsesiona se habrá sepultado en el olvido.

Sería injusto, incluso desde la perspectiva del ahora, recordar que el primero de marzo de 1979, cuando este país buscaba nuevas señas de identidad, este hombre que nos ha dejado físicamente (síquicamente, llevaba más de una década apartado de nosotros), era llamado «tahúr del Mississippi con chaleco floreado» por  un beligerante Alfonso Guerra, tenido entonces por cerebro gris de un socialismo que estaba cambiando de piel, con el objetivo de hacerse con la vacante de poder que se vislumbraba como resultado evidente de una dictadura que era la única forma que muchos conocíamos como caldo de existencia política.

No teníamos, entonces, los que éramos jóvenes y confiábamos que el mundo nos daría más razones, ni idea de lo que iba a pasar.  Pocos meses antes del marzo de 1979, ni siquiera podríamos ser plenamente conscientes de que la democracia, o las libertades habrían de ganarse en un pulso diario, que ni siquiera quedaba garantizado bajo el hipotético cerrojo y siete llaves que algunos decían haber echado sobre el franquismo, con el argumento de disponer de una Constitución fabricada de recortes y consenso, surgida de un pacto de salón y a la que muchos sabihondos auguraban poco futuro.

Adolfo Suárez aportó su contribución al futuro en el que nos instalamos desde entonces, como solo lo pueden hacer los iluminados. A despecho de zancadillas, ignorando dificultades, concentrándose en lo posible, pactando con los enemigos, desconfiando de los que se decían más fieles. En solitario.

Así se convirtió en el héroe que hoy veneramos. Siempre tarde, y, por tanto, de forma injusta con él. Porque, vencido su talento por el Alzheimer, rendida su resistencia de coloso solitario por las enfermedades de su mujer y de una de sus hijas, abandonado de los que le habían utilizado para tomar su carrerilla apoyándose en su virtud, Alfonso Suárez se mantuvo iluminando el camino que se iba recorriendo, gracias a las puertas y ventanas de la concordia entre los españoles que había sabido abrir, aunque no nos dimos cuenta hasta que él abandonó la escena.

Tenemos que pedirle perdón a Adolfo Suárez, ahora que está muerto y es solo un personaje para la Historia. Le hemos tratado mal, no le hemos entendido a tiempo y cuando supimos lo que había significado en nuestras vidas, el ya no podía escucharnos.

Dános la paz, Adolfo Suárez. Devuélvenos la paz que teníamos cuando, al conocer que te retirabas de la política, después de más de cuatro años de aguantar tarascadas de los que creían saber mejor que tú lo que había que hacer, sufrimos de pronto el espejismo de pensar que teníamos claro lo que nos quedaba por recorrer. Y apareció Tejero, y apareció el socialismo que nos encandiló unos años, y pensamos que a lo mejor el centro derecha podría servir para atraer al gran capital a nuestro empeño, y estuvimos a punto de dejarnos seducir por un nuevo talante con tintes de universalidad, y caímos en el engaño de un programa de fantasía y estamos ahora pateando por un fangal lleno de decepciones y desconfianzas.

Haznos, como tú, resistentes a la adversidad, inmunes a los que ladran, sordos ante los que adulan, y enséñanos, como un nuevo Mesías, el camino para salir de los atolladeros. Sin ideologías, pero con determinación y firmeza. Avanzando entre la oposición hasta donde tendríamos que llegar si deseamos estar mejor situados para alcanzar a ese sitio que, desde luego, no será el final del camino, pero, por lo menos, nos abra nuevas posibilidades.

 

 

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El texto perdido del Discurso de Navidad del Rey Juan Carlos

25 diciembre, 2013 By amarias2013 Deja un comentario

La Casa Real acaba de informar que se ha encontrado el discurso que se había preparado para que el Rey Juan Carlos lo pronunciara con motivo de la Navidad de 2013. Al darle ahora difusión, pide disculpas por haberse tenido que improvisar apuradamente un texto alternativo, en el que se han tenido que utilizar recortes de los mensajes de años anteriores.

A continuación, se recoge el texto perdido (y que, según parece, se había traspapelado entre los envoltorios de los regalos de Papá Noel, fiesta que la Familia Real viene celebrando en lugar de la de los Reyes, desde que el príncipe Felipe descubrió que los Reyes eran, en efecto, los Reyes).

«Queridos compatriotas:

Seré especialmente breve este año. Se bien que pocos estaréis viéndome ante la Televisión, porque, con razón, después de haberme oído repetir las mismas ideas, preferiréis dedicar vuestro tiempo a otra cosa. Tendréis ocasión mañana de conocer lo fundamental de lo que voy a decir, y comentarlo entre vosotros, porque el día 25 de diciembre no hay fútbol.

Los tres temas de que quiero hablaros son éstos: la imputación de mi yerno Ignacio Urdangarín (yo nunca lo llamé Iñaky) y, por lo que me han filtrado, la de mi hija Cristina; la intención separatista de bastantes catalanes, que quieren formar un estado independiente, y, por supuesto, republicano; y la incapacidad de la economía española para recuperarse.

Se que la mayoría de los españoles sois republicanos, así que me he preguntado muchas veces porqué se soporta un Rey, que es una figura anacrónica, como lo prueba el que solo se mantiene en algunos países subdesarrollados -económica o mentalmente-, como Inglaterra, Suecia, Holanda, Bélgica y ciertas antiguas colonias africanas europeas. No lo sé, la verdad. Tal vez la razón principal es que las alternativas no os convenzan, o que, sencillamente, os guste creer que tengo sangre azul y que poseo poderes especiales. Como los españoles, en general, son gente muy crédula o muy confiada, no me extrañaría cualquier cosa.

He puesto en la página web de la Casa Real la comparación entre lo que cuesta un Rey y un Presidente de la República, y, como veréis, los costes están más o menos equilibradas. Lo comido por lo servido, vamos. Lo que no me negaréis es que un Rey farda más. Y aunque, en mi caso, he tenido que ayudar a varios miembros de la familia, tanto de la mía como de la mi mujer, tampoco en eso veo el asunto diferente a lo que han hecho cientos de presidentes republicanos. Pero que nadie crea que me estoy defendiendo, las cuentas están claras y guardo los justificantes. Con todo, mi puesto está permanentemente a disposición, y hasta, cuando lo comento con Spottorno, me maravilla el tiempo que este reinado está durando, para lo que se acostumbra aquí-

No quiero que nadie se haga la ilusión de que Cristina va a ir a la cárcel. Hasta ahí podíamos llegar. Ni siquiera voy a consentir que enchironen a mi yerno. Ya está bien de tonterías. Se que está trabajando mucha gente importante para que esto no suceda, y tengo confianza en Roca para que movilice sus contactos, y, allí donde haga falta, ponga el énfasis jurídico adecuado.

No juzguéis y no seréis juzgados. Lo que hicieron puede sonar mal a algunos, pero es lo que hace todo el mundo que tiene alguna influencia. Si este país ha querido tener una familia real, tiene que asumir que, con discreción, que es lo que se estaba haciendo, íbamos a aprovecharnos del puesto. El fallo no ha sido nuestro, sino del sistema. Pero ojo, que nunca se sabe cómo pueden acabar las cosas. Se que hay grupos de fieles que están dispuestos a acudir a utilizar la fuerza, lo que a mí, como comandante supremo del Ejército no voy, en este caso, a intentar controlar. No me va a temblar la mano en defender la inocencia y honor de mi familia hasta el final y, ya sabéis, que soy un buen tirador.

Respecto a los catalanes separatistas, encuentro que, en este tema también, ya son ganas de tocar las narices. ¿Qué se cree ese grupo de funcionarios, que pueden pasarse por alto la Constitución, que todos hemos jurado? Aquí no se va a hacer ningún referéndum, porque ya tenemos las encuestas periódicas que hacen el CIES y las agencias de opinión.

Hay viajes para los que no se necesitan alforjas. Todos tenemos claro que los españoles quieren ser independientes, trabajar poco y ganar campeonatos mundiales, preferiblemente de fútbol. Los dos últimos objetivos están prácticamente cumplidos (aunque debo reconocer que no trabajan, pero tampoco cobran). En cuanto al primero, IKEA ha hecho un gran avance para que todos se sientan cómodos en su casa, incluso los catalanes. Pues que se atengan a las consecuencias, porque va a haber felpudos para todos.

Me queda el tema de la economía. Lo tengo clarísimo. En eso, pienso que es hora ya de que os caigáis del pino: no hay trabajo para todos, máxime desde que las mujeres se empeñan en trabajar. El trabajo que hay, es lógico que esté mal remunerado, porque donde había un puesto de trabajo, ahora, con suerte, hay dos, y se ha reducido lo que se paga por cada uno a bastante menos de la mitad. No se tanto de economía como De Guindos o Montoro, pero hasta el más tonto sabe que los puestos importantes están cubiertos y no es posible acceder a ellos para la mayoría. El mundo globalizado ha permitido que casi cualquier producto se pueda hacer en países en donde la mano de obra es baratísima y se pueda transportar casi en el día hasta donde se desee.

Así que lo único que puedo deciros es que tenéis que apretaros el cinturón, y no se hasta cuándo, porque no veo que el panorama va a cambiar. Eso sí, como España es un país católico, mayoritariamente la gente irá al cielo.

En fin, feliz Navidad a todos, tanto escépticos como creyentes. Y si queréis encontrarme, ya sabéis dónde estoy.

(El discurso se acompaña con la canción «Resistiré», del Dúo Dinámico, con intérpretes reales)

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Tortura y muerte de los Colegios profesionales

16 diciembre, 2013 By amarias2013 Deja un comentario

Si cabe calificar de alguna forma la actual situación vivida por las Juntas de Gobierno de los Colegios profesionales sería la de desaliento. En especial, para aquellos Colegios que basaban sus ingresos en la obligación de la colegiación y en los visados de proyectos (los de arquitectura e ingeniería, en particular), el momento no puede ser más crítico.

A la situación de incertidumbre se añaden los continuos aplazamientos de la aprobación de la Ley de Servicios Profesionales. Desde hace ya más de un año, se hace circular, provenientes de organismos nunca identificados plenamente, borradores de esa Ley que daría la puntilla a los Colegios, al reducir a carácter testimonial los proyectos que deben ser visados, proclamar la colegiación voluntaria y obligar a que los cobros por los servicios sean ajustados al coste de los mismos. Tanta información contradictoria ha provocado, como es natural, la desorientación y el desánimo, al comprenderse desde los órganos rectores de los Colegios que no se está atendiendo, en absoluto, a sus observaciones.

Porque los Colegios desearían que la situación anterior se mantuviera y, eso sí, estarían dispuestos a hacer la declaración de un firme propósito de enmienda. Más transparencia, más servicios a los colegiados y más conexión con la ciudadanía en general. Por supuesto, también defienden que son un instrumento de la sociedad civil, que cumplen una función de control deontológico y que, en el caso de los proyectos, el visado implica una garantía, que podría mejorarse, desde luego, de la identidad del firmante, la cobertura de sus responsabilidades y, en una medida no bien concretada, de la calidad del proyecto.

Con el hacha del verdugo administrativo bien afilada, la amenaza del problema se ha convertido en real, sin necesidad de que se ejecute ninguna sentencia. La realidad es que las colegiaciones han disminuido en casi todos los Colegios profesionales, las bajas son un goteo incesante y los, en general, vetustos y nobles edificios en los que desarrollaban sus actividades se van cubriendo de un cierto polvo, mezcla de apatía, falta de ideas, y obsolescencia de sus actuales dirigentes.

Claro que hay excepciones. Pero son pocas, y las que hay, no por ello dejan de estar amenazadas. La supervivencia de los Colegios pasa por un profundo análisis de sus objetivos, una revisión de su oferta y la incorporación masiva de jóvenes que enderecen un rumbo que, con Ley o sin ella, está anquilosado por la artrosis de un bienestar que no estaba fundado en el servicio concreto que estaban prestando a los colegiados y a la sociedad, sino en unos ingresos garantizados por la colegiación de profesionales que, en muchos casos, no sabían para qué les servía el Colegio, ni habían pisado su sede jamás.

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Si me lo tararea…

14 diciembre, 2013 By amarias2013 Deja un comentario

¿Saben de aquél que entra en un bar de copas y pide una bebida cualquiera y cuando se lleva el vaso a los labios aparece un mono que le introduce groseramente sus testículos en el recipiente? El tipo que atiende en la barra, le vuelve a servir varias veces el combinado, pero el macaco repite otras tantas la operación, para desesperación del cliente y del camarero.

En el local únicamente hay una tercera persona, que, con profesional dedicación, enlaza en el piano piezas románticas, a la espera de que lleguen más clientes. El contrariado bebedor se acerca a él, y le pregunta, poniendo el vaso sobre el instrumento:

-¿Sabe de quién cojones es el mono que mete los huevos en la bebida?

El pianista le mira con los ojos distraídos.

-No lo sé, señor. Pero tal vez si me lo tararea…

Cuando me constituyo en el desalentado observador de nuestra sociedad, en la que, ante los menores vestigios de que, por fin, parece que recuperaremos la tranquilidad económica y social, aparece en escena un elemento perturbador, que, sin ánimo de polémica, juzgo desagradable, me pregunto de quién es el interés para desbaratarlo todo.

Algunos de los hechos estaban ahí, y no hemos sabido o querido descubrirlos. La corrupción de ciertos personajes, su voluntad falsaria de enriquecerse a costa de los demás, no son cosa nueva en el panorama del despilfarro; haberlos detectado no nos hace más pobres, solo más sabios, y por ello, deberíamos dejar que la Justicia hiciera de lo suyo, y atender con mayor ahínco, por nuestra parte, a la generación de actividad y riqueza, eliminados de la escena quienes nos mentían con sus actos, palabras y mensajes de complacencia.

Otras interferencias son nuevas, es cierto. Los movimientos separatistas catalanes, las intenciones de destruir una parte de lo conseguido en lo que llamábamos sociedad del bienestar, la falta de discusión en los temas sustanciales relativos a investigación, educación, sanidad, defensa, desarrollo,… revela una carencia de liderazgo, una voluntad de marear, conscientemente, la perdiz.

No me atrevo a valorar lo que está pasando. me faltan, supongo, datos sustanciales, y me sobra ruido de fondo.

Pero si alguien me lo tararea…

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Corto paseo por la Democracia, la Ética y la Ley

13 diciembre, 2013 By amarias2013 3 comentarios

Hemos estado oyendo durante años, de boca de quienes se decían nuestros representantes en las Administraciones públicas, amparados en que les habían votado unos cuantos ciudadanos, que eran demócratas convencidos.

Aunque no hubiéramos estudiado en las Facultades de Sociología y Políticas, sobreentendíamos que, quienes decían así, se manifestaban totalmente a favor de escuchar cuantas más opiniones, mejor, antes de tomar una decisión y que serían plenamente capaces de justificar ante la totalidad, especialmente ante aquellos que no les hubieran votado, el porqué habían elegido, de entre las diversas acciones posibles, una y no otra.

Por supuesto, como existía una norma general para actuar, aunque con muchas lagunas, que llamábamos Constitución, lo que nunca hubiéramos imaginado es que, siendo demócratas, fueran capaces de saltársela a la torera. Y si nos hubieran comentado que su conocimiento de lo público les serviría después para sacar más rendimiento desde lo privado, y no al revés, atajaríamos tal insensatez argumentando que ser demócrata es, también, ser honesto.

Desde muy niños, nos han educado para distinguir lo que está bien de lo que estaría mal. Incluso, nos han enseñado unas cuantas historias bastante curiosas en libros sagrados y algunas formas de dirigirse respetuosamente a los seres muy superiores, cuyo fundamento común, según entendimos, era que se debería respetar y amar al prójimo, ser solidario con él, ayudar a los que lo necesitaban y no aprovecharse de los estados de debilidad de los otros, ya que la fortuna es un regalo de los dioses que saben cómo controlar el azar, y premiarán en otra vida a los que no tuvieron su oportunidad en ésta.

Incluso los más escépticos de que todos estos relatos antiguos fueran un invento fantasioso de los hombres, reconocían que se podía encontrar en el interior del propio yo unas varillas sostenedoras de las guías de actuación que nos permitirían, en cualquier caso, dormir tranquilos, y que llamaron ética universal.

Nunca hubiéramos imaginado que algunos de quienes habíamos elegido para que cuidaran y rentabilizaran en beneficio común lo que era de todos, fueran capaces de detraer para su propio goce una parte de lo que les habíamos confiado.

Ya adultos, entendimos que, allí donde la voluntad colectiva de hacerlo lo mejor posible no bastaba para controlar las intenciones de algunos de hacerlo mal, debía actuar el imperio de la Ley. Esa primacía de lo legal era una manera algo rimbombante de expresar que tendríamos como garantía de que nadie malinterpretara los derechos propios y de los demás, a unos cuantos ciudadanos ejemplares que, sin intereses particulares prevalentes ni tendencias o amistades que les impidieran ser muy objetivos, dilucidarían entre quienes creían tener una razón mayor. Y confiábamos en que lo harían de una manera neutral, siguiendo la guía marcada por unos cuantos libros quasi-sagrados que recogían las normas de actuación y convivencia destilados durante siglos, los principios más universales, la ética, y, donde hiciera falta, la tradición y la costumbre, además de ser coherentes con lo que ellos mismos hubieran decidido antes.

Lo que no se nos habría pasado por la cabeza, si no hubiéramos perdido la inocencia infantil, es que algunos de esos jueces estuvieran atentos a sus preferencias políticas para retorcer la ley que deben aplicar, ni que, según quien fuera el juzgador predeterminado por la Ley pero deducido por complejos caminos de asignación digital o, en fin, según fuera el color con que se viera el caso en primera, segunda, tercera o enésima instancia, la razón del que se encuentra frente a la Justicia pudiera cambiar de traje, y que la independencia de algunos jueces no merezca ese calificativo, si se escarbase en sus trayectorias con la azada de la coherencia.

No me atrevo a sacar conclusiones, porque, después del repaso por lo que nos está sucediendo, y aunque es terrible que paguen justos por pecadores, me viene a la mente la frase terrible de los defensores del cuartel de Simancas, y, en verdad que en este caso no me importa la ideología: «Disparad sobre nosotros, porque el enemigo está dentro».

Solo que no sé bien quien ha de disparar, y con qué balines.

Publicado en: Política, Religión, Sociedad Etiquetado como: Administración, coherencia, cuartel, democracia, disparos, enemigo, ética, justicia, ley, Simancas, universal

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